Mostrando entradas con la etiqueta Ley Wert. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ley Wert. Mostrar todas las entradas

jueves, 11 de septiembre de 2014

Curso escolar 2014-15: más recortes y LOMCE


Esta semana, más de 8 millones de niños y jóvenes de colegios e institutos vuelven a clase. Será el quinto curso con recortes, más duros porque el Gobierno Rajoy recortará otros 4.700 millones en educación en 2015, el doble que este año. Habrá menos profesores (para más alumnos), menos centros, menos medios y menos becas y ayudas, lo que supondrá un mayor coste para las familias. Y además, este curso se estrena la nueva Ley de Educación, la LOMCE, sólo en algunos cursos de primaria y FP, lo suficiente para poner patas arriba los centros. Al final, el descontento entre centros, profesores, estudiantes y padres es palpable, mientras varias autonomías boicotean la LOMCE y la han llevado al Constitucional. En octubre se anuncia una huelga de la enseñanza y todos los partidos (salvo el PP) anuncian que derogarán la LOMCE tras las elecciones. Un ambiente nefasto para que nuestros hijos se formen y aprendan. Urge gastar más en enseñanza y un gran pacto educativo.
enrique ortega

Empieza el quinto curso con recortes, para unos 8.100.000 alumnos matriculados en las enseñanzas no universitarias, desde infantil y primaria a la ESO, Bachillerato y FP. Tras una rebaja de 7.000 millones en el gasto educativo de 2009 a 2014, España reducirá su presupuesto educativo en otros 4.700 millones para 2015, el doble que en 2014 (-2.100 millones), según la previsión enviada por el Gobierno a Bruselas dentro del Plan nacional de Reformas 2014-2017. En total, el gasto educativo se reducirá al 3,90 % del PIB en 2015 (unos 39.000 millones), casi la cuarta parte menos que antes de la crisis (en 2009 se gastaba en educación 50.700 millones, un 5,07% del PIB).

Los recortes en educación los harán este curso sobre todo las autonomías, especialmente las 6 que incumplieron su objetivo de déficit en 2013 y a las que Hacienda ha pedido un recorte extra de sus presupuestos, ya este año y para 2015: Cataluña, Comunidad Valenciana, Castilla la Mancha, Murcia, Aragón y Navarra. Además, todas las autonomías tendrán que hacer nuevos recortes en 2015, como el Estado central, para cumplir con el objetivo de déficit exigido por Bruselas (4,2% del PIB), más exigente que el de este año. Por eso, el ministro Montoro ha enviado a las autonomías 255 propuestas de recortes de gastos y nuevos ingresos. Y 20 de estas propuestas afectan a la educación, que supone la tercera partida del gasto autonómico (22,6%), tras sanidad (31,4%) y gastos generales (26,1%).

Entre estos nuevos recortes para 2015, las autonomías barajan ampliar otro 10% el ratio de alumnos por clase (ya  subió de 25 a 35), reducir más profesores interinos, ampliar horarios a 40 horas (ya subieron de 35 a 37,5), reducir las escasas becas y ayudas, reducir el complemento específico y los sexenios de los docentes, reducir ayudas a los Ayuntamientos para guarderías y cobrar más algunos servicios, desde comedores al transporte escolar. Se trata de dar otra vuelta de tuerca a los recortes, centrándolos en los profesores, los horarios y los servicios, deteriorando aún más la calidad de la enseñanza.

Este curso 2014-2015 empieza otra vez con menos profesores y más alumnos: entre 2012 y 2013 se han perdido 24.248 profesores en la enseñanza no universitaria, según datos de Hacienda. Y CCOO estima que se han perdido 60.000 profesores desde 2009. Eso aumenta la masificación de las aulas (con una media de 27 alumnos en primaria y 33 en secundaria), pero sobre todo dificulta atender a los alumnos con problemas: menos refuerzos, desdobles (clases más reducidas algunos días) y recuperaciones, sobre todo en los institutos, los centros más afectados por los recortes. Y eso facilitará el abandono escolar, cuando en España el 22,7% de los jóvenes dejan de estudiar después de la ESO, el doble de fracaso escolar que en Europa.

Los recortes también se traducen en el cierre de algunos centros docentes públicos, en zonas rurales y algunos barrios de ciudades (Madrid ha eliminado 500 plazas en centros públicos, según CCOO). Además, los menores presupuestos obligan a los centros a recortar sus medios y servicios, desde calefacción y limpieza a laboratorios, prácticas o materiales. Y hay menos ayudas autonómicas: menos becas de comedor (mientras crece la malnutrición infantil), menos ayudas para libros (un millón de alumnos las perdieron en curso pasado, según un informe del Defensor del Pueblo) y menos ayudas al transporte escolar (que sube tarifas y recorta rutas).

Al final, los recortes no sólo deterioran la calidad de la enseñanza sino la economía de las familias españolas, un 35% con hijos escolarizados. El coste por hijo fue de 1.054,42 euros el curso pasado (+11,6%), según un estudio de AIS Group, aunque varía mucho entre Madrid (1.635€) o Barcelona (1.450€) y Extremadura (356€), la Rioja (468€) o Castilla la Mancha (602€). Otro estudio de la OCU, el curso pasado, subía el gasto medio por alumno a 1.268 euros en un centro público, 2.386 euros en uno concertado y 5.232 en uno privado. Y lo seguro es que el coste subirá este nuevo curso, no los sueldos.

Por si no fuera suficiente con los recortes y las menores ayudas, este curso se complica con la entrada en vigor de la nueva Ley de Educación, la LOMCE, aprobada en solitario por el PP a finales de 2013 y que ha sido recurrida al Constitucional  por varios partidos y cinco autonomías (Cataluña, Andalucía, Asturias, Canarias y País Vasco), mientras PSOE, IU, PNV y CiU han pactado que la derogarán si el PP pierde las próximas elecciones.

La LOMCE (la Ley Wert) se empieza a aplicar este curso, sólo a 1,5 millones de alumnos: los que hagan 1º, 3º y 5º de primaria  y los que se apunten a la nueva Formación Profesional básica, una vía que se abre en 3º de la ESO (y excepcionalmente al finalizar 2º) a los alumnos “retrasados”, con dos años de duración. Esta nueva FP ha sido duramente criticada por la asociación de padres CEAPA, que recomienda no seguirla porque se estrena sin planificación y sin medios (no se da en muchos institutos y exigirá cambios de centro y hasta de ciudad). Además, la LOMCE modifica algunas asignaturas en los cursos afectados (suprime Educación para la Ciudadanía, desdobla Conocimiento del Medio por Ciencias de la Naturaleza y Ciencias Sociales, refuerza Lengua, Matemáticas e Historia) y cambia horarios (ahora clases de 45 minutos) y libros de texto. Y fija un examen de reválida para los de 3º de Primaria. Además, se crea una nueva asignatura alternativa a religión (Valores Cívicos) y se refuerza la enseñanza de Matemáticas, Lengua a Inglés.

Por si no fuera complicado introducir una nueva Ley sólo en algunos cursos, los centros sufren además la “insumisión” de algunas autonomías, como Andalucía, Asturias, Cataluña, Canarias o el País Vasco, que no han aprobado los desarrollos curriculares para implantar la reforma, alegando falta de tiempo. Además, hay 8 autonomías (entre ellas dos del PP, Castilla y León y Cantabria) que han recomendado a los centros no cambiar los libros de texto este curso, para no aumentar gastos a los padres (tendrían que gastarse 200 millones en nuevos libros). De hecho, la introducción de la LOMCE obligará a editar 150 millones de libros nuevos en tres años y los editores no lo tienen claro, por si se deroga la ley.

Al final, entre recortes y cambios legislativos, se presenta un curso escolar muy difícil, en medio de un ambiente laboral muy caldeado, con una amenaza de huelga docente para octubre. Lo que está claro es que la enseñanza sufre una asfixia financiera, por falta de fondos tras 5 años de recortes. Y resulta que el país con más paro de Europa (tras Grecia) y con más abandono escolar es el 8º país europeo que menos gasta en educación, sólo por delante de Italia y 6 países del Este: un 4,82% del PIB en 2011 (el 4,37% en 2014) frente al 5,25% en la UE-28 y muy por debajo de los países punteros (8,75% Dinamarca, 6,82% Suecia, 6,76% Finlandia) e incluso de Reino Unido (5,88%), Francia(5,68%), Portugal (5,27%) o Alemania (4,98%). Es urgente dar un balón de oxígeno a la educación, gastando una década por encima de Europa, el 6 del PIB (unos 20.000 millones más al año). Y además, hace falta un gran pacto educativo, encabezado por centros, profesores y familias, para dar estabilidad a la enseñanza al menos una década y alejarla de las peleas políticas. Si no, el deterioro será cada año peor, en perjuicio de nuestros hijos y de su empleo futuro. ¡Basta ya¡

jueves, 9 de enero de 2014

Informe PISA: la desigualdad educativa empieza en casa


Vuelta a clase, a proseguir el cuarto curso de los recortes, con menos profesores, menos medios y menos becas y ayudas. Y a la espera de concretar con las autonomías la nueva Ley educativa, que entrará en vigor en septiembre de 2014. Todo ello, teniendo muy reciente el último Informe PISA, que sitúa a España en un nivel educativo similar al de 2003, aunque en línea con  Europa. Preocupa que haya más desigualdad educativa, sobre todo entre las autonomías. Y no se debe tanto a que los jóvenes estudien en un centro u otro como a su origen social, al nivel de vida y educación de su familia y a la región donde viven: las más pobres dan peores resultados educativos. Y con la crisis y los recortes, ha aumentado la brecha económica y educativa entre el norte y sur de España. Ojo: la desigualdad económica (entre familias y regiones) se traduce en desigualdad educativa. Educarse empieza en casa.
Del perfil de Facebook de Literatura Infantil y Juvenil SM

El informe PISA, que la OCDE realiza cada tres años en 65 países, no es un examen de los conocimientos de los jóvenes de 15 años (4º de la ESO) sino sobre cómo saben usar esos conocimientos, la destreza que demuestran. Los resultados de España son polémicos: para unos, son muy malos, porque estamos por debajo de la OCDE en Matemáticas (484 puntos frente a 494), Lectura (488 frente a 496) y Ciencias (496 frente a 501). Para otros, estamos muy cerca de la media europea (489 en Matemáticas y Lectura y 497 en Ciencias) y hemos mejorado respecto al informe 2009, sobre todo en Ciencias. Pero hay un hecho claro: tenemos casi la misma nota que en el primer Informe de 2003 (incluso un punto menos en Matemáticas) mientras España ha aumentado su presupuesto en educación en estos diez años (del 4,4 al 4,8% PIB), sin que mejoren los resultados PISA.

El otro tema preocupante que refleja el informe PISA es que España tiene un menor porcentaje de alumnos excelentes: sólo un 8% de jóvenes españoles están entre los que destacan frente al 12% en la OCDE. Tenemos los mismos en los niveles de notas bajas (23%) y muchos más estudiantes “medianillos” (69%). Y nos baja mucho la nota el tener muchos más repetidores (1 de cada 3 estudiantes repiten curso en España): tienen 150 puntos menos de media que el resto de alumnos evaluados.

España, hasta 2009, daba un buen resultado en el informe PISA sobre equidad: teníamos una educación bastante igualitaria, al nivel de los países nórdicos. Pero con la crisis y los recortes, nuestra educación se ha hecho más desigual: los hijos de familias con mayores ingresos superan (PISA 2012) a los de niveles más bajos en 34 puntos (en Matemáticas), ya muy cerca del nivel de desigualdad de la OCDE (39 puntos de diferencia). Y lo peor, según el último informe: más del  85% de las diferencias en el rendimiento en Matemáticas de los alumnos españoles “es atribuible a diferencias socioeconómicas”, frente al 47% en Italia, el 16% en Canadá o el 26% en Australia. O sea: dime el nivel de ingresos de tu familia y te diré cómo son tus notas. En general, con excepciones que confirman la regla.

Esta desigualdad  no se debe sólo al nivel de ingresos familiar, sino a otros factores que suelen ir unidos, como el nivel educativo de los padres, donde España tiene un gran retraso: sólo el 40% de los españoles entre 25 y 64 años tienen educación secundaria no obligatoria frente a un 62% de media en la OCDE. Y eso tiene muchas consecuencias. Por ejemplo, que el alumno tenga en casa menos de 10 libros o más de 200 explica una diferencia de nota de 124 puntos (PISA). Y lo mismo, disponer de mayores recursos para ir a guarderías (obtienen después mejores notas), tener clases particulares o más o menos refuerzo en casa. El informe PISA refleja también que los hijos de inmigrantes (que se han triplicado en los colegios españoles, hasta el 9% de los alumnos) han obtenido 150 puntos menos, de media.

Diferencias educativas según clase social y diferencias aún mayores entre autonomías, en perjuicio de las más pobres, del sur de España. Así, obtienen una nota por debajo de la media de España en el informe PISA 2012 (como en los anteriores) Extremadura (461 puntos en Matemáticas frente a 484 España), Murcia (462) y Andalucía (472), las tres con la menor renta per cápita de España, más Baleares (475 puntos, quizás por el peso del turismo, que fomenta el abandono escolar). Y sacan nota por encima de la media (y de la OCDE), Navarra (517 puntos en Matemáticas), País Vasco (505), Madrid (504), La Rioja (503) y Aragón (496), las cinco regiones con más renta per cápita junto a Cataluña (que saca peor nota por el tema de la lengua y la elevada inmigración). También Castilla y León (509 puntos), como fruto de sus planes de refuerzo, y Asturias (500 puntos).

La crisis económica y los recortes han agravado la brecha económica entre las autonomías, con mayores diferencias entre el sur, que cae más, y el norte: en 2012, las autonomías que más cayeron, según el INE fueron Castilla la Mancha (-3,1%, que no se incluyó en el informe PISA 2012), Extremadura (-2,8%), Andalucía y Asturias (-2,1%) y Murcia (-2%), otra vez las tres autonomías que sacan peor nota en el informe PISA. Una brecha escolar entre autonomías que será difícil de corregir en el futuro, aunque mucho pueden paliar sus políticas educativas (Andalucía ha mejorado más que la OCDE en el informe PISA 2012).

¿Qué se puede hacer para mejorar la nota PISA? El ministro Wert insiste en que los países que tienen mejores resultados son los que dan más autonomía a los centros educativos y los que hacen más evaluaciones externas, dos pilares de la nueva Ley de Educación (LOMCE). Pero los expertos dicen que esta Ley Wert y los recortes (que seguirán en 2014-2015), empeorarán las cosas. Primero, porque es falso que la Ley Wert dé más autonomía a los centros: quita poder a los Consejos escolares y refuerza a los directores nombrados por la Administración y no por sus compañeros. Además, refuerza el centralismo, ya que los temarios de las asignaturas importantes los fija el Ministerio. Y segundo, porque los recortes   (-7.300 millones entre 2010 y 2014) devalúan la  calidad de la enseñanza. Por un lado, porque han suprimido 21.800 profesores entre 2010 y 2013, además de reducir un 80% los cursos de formación del profesorado (los CAP y los CEP). Por otro, porque se ha reducido drásticamente la educación compensatoria (Plan PROA), las clases de refuerzo (-68%), claves para mejorar la nota de los rezagados. Y en tercer lugar, por la pérdida de becas (-600.000 sobre 2010) y ayudas a las familias (-1,1 millones menos de becas para libros, -30/-50% ayudas de comedor, becas transporte), claves para compensar el efecto de la desigualdad económica sobre la enseñanza.

Mejorar la educación no es sólo cuestión de dinero, de gastar más, aunque los recortes son claramente un suicidio. Hay que poner el foco en otros temas, a la vista del informe PISA. Primero, en los profesores: los países que  triunfan en educación  dan prioridad al profesorado, desde la selección (rigurosa) a la formación (aquí se recorta), los incentivos económicos por resultados y configurar una carrera profesional, más un mayor prestigio social. Segundo, dan mucha importancia a la autonomía real de los centros, para que configuren una educación  innovadora, más práctica (y menos “de memoria”, como en España). Y tercero, dan mucha importancia al papel de las familias y a una mayor responsabilidad de los alumnos: en Asia, que tiene cuatro países con las mejores notas en PISA (China, Singapur, Corea y Japón), los jóvenes estudian hasta 14 horas diarias y sus padres les exigen mucho y dan prioridad a invertir en su educación sobre otros gastos.  Y en todos los países líderes, la educación es un gran objetivo nacional, al margen de recortes y peleas políticas.

Son varios caminos sobre los que se podría ir avanzando en el terreno educativo, desde los colegios y sus profesores a las familias y los alumnos, siempre que haya un pacto político y social en favor de la educación, la clave de nuestro futuro. Pero sabiendo que si no reducimos la pobreza y la desigualdad, habrá dos Españas también en educación. Porque mucha de la nota que saquen nuestros hijos empieza en casa.

jueves, 26 de septiembre de 2013

Aluvión de alumnos a Formación Profesional


Estudiar Formación Profesional está cada vez más de moda: este curso 2013-2014, son los estudios que más crecen, cinco veces que el resto. Y ya hay nueve autonomías donde hay más jóvenes estudiando FP que Bachillerato. El cambio se debe a la crisis, que hace volver a las aulas a muchos jóvenes, y a la subida de tasas, que hace a otros cambiar la Universidad por la FP. Pero aún, la Formación Profesional es minoritaria y la estudian en España un tercio menos que en Europa. Haría falta que 1,4 millones de jóvenes más eligieran la FP para rebajar el paro juvenil. Para eso hacen falta más medios y la colaboración de las empresas. Pero lo que hay son recortes, subidas de tasas también en FP, menos profesores y menos medios. Apostar de verdad por la FP es apostar por emplear a los jóvenes. Que estudien para trabajar.
 
enrique ortega

Este curso 2013-2014, de los 80.971 alumnos nuevos que estudian, casi la mitad (34.516) se han matriculado en Formación Profesional: 697.408 alumnos de FP, casi tantos como en Bachillerato (701.006), un 5,2% más que el curso pasado. Con ello, son ya tres cursos seguidos en que la FP crece más que toda la enseñanza (+1%), sobre todo la FP on line, a distancia, que se ha triplicado con la crisis. Y, ya son nueve autonomías donde hay más alumnos estudiando FP que en Bachillerato: Aragón, Asturias, Cantabria, Castilla y León, Cataluña, Comunidad Valenciana, Galicia, País Vasco y La Rioja. Más de la mitad de los alumnos se concentran en Cataluña (123.441), Andalucía (122.046), Comunidad Valenciana (85.781) y Madrid (72.530), con más mujeres que hombres en la mayoría de estudios, concentrados en sanidad, administración, electricidad y electrónica, vehículos e informática.

Al final, los alumnos de FP han crecido un 50% con la crisis, pasando de 462.492 alumnos en 2007-2008 a casi 700.000 este curso. La causa del boom es que muchos jóvenes que ni estudian ni trabajan (ni-nis) y parados maduros han vuelto a estudiar y han optado por la FP, pensando que era el mejor camino para encontrar trabajo. Además, con la subida de tasas universitarias, otros jóvenes que terminaron Bachillerato (y algunos parados con carrera) han preferido estudiar algo más barato, más corto (2 años la FP Superior) y con mejores salidas laborales (el 67% de los titulados en FP se coloca en el primer año).

Este boom de alumnos en FP contrasta con los problemas causados por los recortes educativos del Gobierno Rajoy (casi 7.000 millones desde 2010). El Ministerio lleva dos años reduciendo los programas de cooperación con las autonomías para impulsar la FP y ello ha agravado el recorte de profesores (sobre 10.000), la masificación de las aulas, la reducción de horas para gestionar prácticas, menos becas y menos medios, en una enseñanza que requiere muchas clases prácticas. Y donde este curso han faltado unas 80.000 plazas, según los sindicatos. Además, tres comunidades cobran ya tasas a los alumnos de la FP Superior: llevan dos cursos Madrid (400 euros) y Cataluña (360 euros) y se estrena este curso Aragón (245 euros). Y Madrid ha decidido retirar las ayudas a 45 centros concertados de FP, donde estudian 6.859 alumnos, que ahora tendrán que pagar diez veces más para estudiar (350 € mes), suponiendo que algún centro no cierre por falta de subvenciones.

A pesar de este boom con la crisis, la Formación Profesional sigue siendo “la pariente pobre” de la enseñanza, retrasada durante décadas por su mala imagen histórica: parecía una enseñanza “de segunda” y para “malos estudiantes”, en un país donde todos querían que sus hijos fueran universitarios, no torneros. Y eso nos ha provocado un gran retraso de la FP respecto a Europa. Basten dos datos. Uno: tras estudiar ESO, sólo el 35% de los jóvenes españoles eligen hacer FP de grado medio en vez de Bachillerato, mientras en Europa son el 58%. Y dos: tras estudiar Bachiller, sólo el 32% de los españoles eligen FP Superior en vez de la Universidad, mientras en la UE la eligen el 58% de jóvenes.

Y la consecuencia inmediata: España tiene el doble de tasa de paro, general y juvenil que Europa. Primero, porque tenemos muchos más jóvenes que han abandonado los estudios, sin acabar su formación: un 26,5% de abandono escolar, el doble que Europa (13,5%). Dos millones de jóvenes que ni estudian ni trabajan (ni-nis). Jóvenes sin formar (1 millón de jóvenes en paro no han terminado la secundaria) o excesivamente formados (tenemos más universitarios que Europa), pero que no han estudiado para trabajar.

Y aquí entra la Formación Profesional, más ligada al empleo y con más salidas: 4 de cada 10 ofertas de empleo son actualmente para titulados en FP, según Randstad. Y la Comisión Europea ha advertido que para 2020, un 50% de los empleos van a exigir una cualificación media (FP o Bachillerato) y otro 35% alta (FP Superior o Universidad). Eso obliga a que nuestros jóvenes (y maduros) se pongan las pilas, ya que un 48,2% de los españoles entre 25 y 64 años tiene una formación de la ESO o inferior (frente al 23,2% en Europa).

Para conseguirlo, un informe del Gobierno Zapatero en 2011 advertía que en España hace falta que estudien FP 1,4 millones más de lo que lo harían al ritmo actual. Y proponían crear 200.000 plazas más de FP en esta Legislatura, además de aprobar en julio 2011 un Plan para promover la FP, sobre todo creando puentes entre FP y Bachillerato, que eran dos enseñanzas separadas: si un joven elegía una y luego lo dejaba, no podía cambiar y entraba en una vía muerta. La reforma de 2011 pretendía que un joven que deje la ESO pueda ser recuperado para la FP y que cualquiera que saque el título de FP pueda entrar en la Universidad (sin cupos). El problema es que esta reforma debía ponerse en marcha en el curso 2012-2013 y muchas autonomías aún no la han aplicado, por falta de medios.

El Gobierno Rajoy abrió la vía, en noviembre de 2012, a la FP dual, un sistema mal copiado de Alemania: los alumnos (16-30 años) estudian en un centro de FP un tercio del tiempo y dos tercios en una empresa, durante 3 años, a cambio de un contrato de aprendizaje que paga 450 euros al mes. Este curso ya se imparte, en plan piloto, en casi todas las autonomías, con unos 5.000 estudiantes y 800 empresas. La idea es buena, pero tiene dos problemas. Uno, cómo financiarlo: está previsto que pague casi todo el Estado, cuando en Alemania las empresas asumen el 85% de la formación. El otro, que en España no hay grandes empresas (98% pymes) como en Alemania, que son las que pueden montar plataformas formativas. Por ambas razones, hace años que se optó por la actual FP reglada, más realista: hacer tres meses de prácticas (pagadas por la Administración) en las empresas al final de 2 años de FP.

Cara al futuro, al curso 2014-2015, la nueva Ley Educativa del ministro Wert pretende impulsar la FP por una vía tramposa: llevar a Formación Profesional a los peores alumnos de la ESO. La reforma crea una tercera FP, la FP Básica, de dos años, a la que irán los alumnos con 15 años tras 3º de la ESO (o tras 2º si tienen 15 años y han repetido): “el que vale, vale, y el que no a FP”, piensan en Educación. Y con ello, el Gobierno Rajoy mata dos pájaros de un tiro: consigue antes aprendices para trabajar, con 17 años (en lugar de los 18 de FP grado medio) y hace “ingeniería estadística”, se quita a estos alumnos conflictivos de las listas de abandono escolar, que ha prometido a Bruselas bajar al 15%.

Es grave seguir considerando a la FP como el desagüe de los malos alumnos o el mal menor contra el paro. Hace falta una apuesta decidida por la Formación Profesional, destinando más recursos (el 88 % lo financian las autonomías), más profesores, más centros, más títulos renovados (140 en España frente a 320 en Alemania) y más medios, en colaboración directa con las empresas. Dignificar la FP y ponerla a nivel europeo. Apostar por enseñar para trabajar.

lunes, 20 de mayo de 2013

El Gobierno impone su reforma educativa


Tras ocho meses de consultas inútiles, el Gobierno ha enviado al Congreso la misma reforma educativa que aprobó en septiembre, la séptima de la democracia. Entrará en vigor el curso 2014-2015, con la oposición de los demás partidos, varias autonomías y la mayoría de los profesionales de la enseñanza, desde rectores a profesores, padres y estudiantes. La Ley Wert pretende reducir el abandono escolar haciendo que los peores alumnos vayan antes a Formación Profesional y los “buenos” sigan Bachillerato y a la Universidad. Y fomentar la competencia: habrá colegios e Institutos de primera (concertados), que seleccionarán a los mejores alumnos, y otros de segunda (públicos) con los peores. Una enseñanza dual, con menos asignaturas y menos recursos: tras los 6.700 millones recortados desde 2010, Rajoy ha prometido a Bruselas (para recortar el déficit) gastar aún menos en educación hasta 2015. Más segregación, más desigualdades y menos recursos, un cocktail suicida.
 
enrique ortega

Con la democracia, cada Gobierno ha llegado con su reforma educativa bajo el brazo. Primero fue Suarez, con la LOECE (1980), que derogaba la LGE franquista de 1970. Luego, el primer gobierno de Felipe González aprueba la LODE (1985), que incorpora los colegios concertados, después la LOGSE (1990), que amplía la enseñanza obligatoria de los 14 a los 16 años, rematada por la LOPEG (1995). Aznar aprueba en 2002 la LOCE (sólo con los votos del PP y CC), que apenas entra en vigor, porque Zapatero la anula en mayo de 2004 (con un decreto) y aprueba en 2006 la LOE (con los únicos votos en contra del PP). Ahora, Rajoy recupera mucho de la reforma frustrada de Aznar con la Ley Orgánica de Mejora de la Calidad de la Enseñanza (LOMCE), que cuenta con el rechazo de todos los partidos salvo el PP.

El gran objetivo de la Ley Wert es reducir el abandono escolar, ahora en el 24,9% (el doble que en Europa), y bajarlo al 15% en 2020. Para ello, anticipa una puerta de salida a los peores alumnos: la Formación Profesional (FP). Si hoy los alumnos eligen su futuro (Bachillerato o FP) a los 16 años, ahora la Ley permite que los “malos alumnos” puedan acceder a los 15 años a una FP básica, de dos años, con lo que saldrían a los 17 con un pequeño título, como aprendices, para trabajar (en mini-jobs). Además, se adelanta a 2º de la ESO las vías alternativas para dirigir a FP a los alumnos con dificultades, con itinerarios muy cerrados, que dificultan volver a Bachiller y optar en el futuro a la Universidad.

Otro cambio clave: se reducen las asignaturas, centrando horarios y profesores (recortados) en Lengua, Matemáticas y Ciencias y reduciendo la educación artística y cultural (asignaturas que “distraen”, según Wert). Eso sí, cobra más peso la asignatura de Religión : contará como las demás (para medias y becas) y se impone como alternativa una asignatura fuerte (Valores culturales y sociales) para disuadir a los que no la quieran elegir. Y se suprime, también por presión de la Iglesia, la asignatura de Educación para la Ciudadanía.

Cambio de programas y un proceso de evaluación constante: habrá cuatro reválidas, dos en primaria (3º y 6º, sin consecuencias académicas), otra al terminar la ESO (16 años), distinta para los que quieran hacer Bachillerato y FP, y una cuarta al terminar el Bachillerato (la FP no tiene reválida, otra prueba de cómo se devalúa). Teóricamente, esta prueba sustituye a la Selectividad, pero la Ley permite a las Universidades que hagan pruebas de acceso, que aún no se sabe si será general o sólo para las carreras más solicitadas. En resumen, prueba tras prueba, que convertirá a los centros en “academias para pasar las evaluaciones”, con una enseñanza dirigida a superar estas pruebas y no a la formación integral de los alumnos. Y el riesgo de aumentar el fracaso escolar.

Cuarto cambio clave: el Ministerio quiere poner a los centros “a competir, con la promesa de dar más recursos a los que mejor resultados tengan. El riesgo es que haya colegios e Institutos que seleccionen a los alumnos (la nota contará un 20% en el acceso) para Bachillerato y FP, dejando fuera a los “malos”, que acabarán en centros públicos, después con menos recursos porque tendrán peores resultados que los concertados, los más favorecidos con esta reforma. De hecho, España es ya hoy el país occidental con menor peso de la educación pública : 67,8% en la ESO frente al 85,8% en la OCDE (91,1% en Alemania y 78,2% en Francia) o 77,5% en secundaria postobligatoria, frente al 81,2% en la OCDE (92,5% en Alemania).

Hay más cambios polémicos. Uno, que padres y profesores pierden poder de decisión en la elección del director de los centros (del 60% actual al 30% votos) y no decidirán apenas sobre presupuestos, proyectos educativos y proceso selección de alumnos, dando más poder a los directores para cambiar a los profesores incluso de centro. Dos, que el Ministerio fijará los temarios de las asignaturas importantes, dejando a las autonomías sólo las secundarias (pero controlando también qué avalúan y cómo). Además, obliga a las autonomías a asegurar la enseñanza en castellano y a pagar los estudios en un centro privado si no hay uno público o concertado que lo haga. Y se asegura la subvención pública a los colegios concertados que separen a los alumnos por sexo, 70 centros en toda España, la mayoría del Opus Dei.

El rechazo a esta Ley Wert ha sido unánime, desde los sindicatos de la enseñanza, alumnos, asociaciones de padres, rectores y Universidades, expertos, autonomías (Cataluña, País Vasco, Andalucía, Asturias y Canarias) y todos los partidos, salvo el PP. Incluso el Consejo de Estado ha pedido cambios y consensuar la reforma, tras criticar que no incluya una Memoria económica. El Gobierno dice que costará 408 millones al Estado en tres años y hasta 927 millones a las autonomías, las encargadas de poner en marcha estos cambios (en el curso 2014-2015) y pagarlos en el futuro. Y creen que su coste será elevado y no podrán financiarlo.

Una reforma polémica y sin recursos, cuando el mayor problema de la enseñanza hoy es la falta de medios tras los recortes: 6.700 millones menos de presupuesto desde 2010 y unos 60.000 profesores menos, a pesar de que hay más alumnos. España dedica menos gasto público a la educación que el resto de Europa (4,7% en 2011 frente al 5,3% en la UE-27), mientras muchos países lo aumentan (Francia va a contratar a 60.000 nuevos profesores). Y lo peor es que Rajoy, para recortar el déficit, ha prometido a Bruselas seguir recortando el gasto en educación: del 5,01 % del PIB en 2009 al 3,9% en 2015. Y eso, a pesar de ser el país con el doble de paro juvenil (57,22%) que Europa.

La enseñanza en España se ha deteriorado mucho y es claramente mejorable. El problema de la reforma educativa de Rajoy-Wert es su ideología conservadora: creen que la educación es un bien para los que lo merecen (excelencia) y no para todos (equidad), por lo que apuestan por volcarse en ”los que se esfuerzan” y no en los que “no quieren estudiar” o “no tienen capacidades”. Es una filosofía segregadora, que no cree en la educación para integrar y formar a todos. Y que apuesta por resultados medibles por evaluaciones más que en una formación integral de los jóvenes para el futuro. Optan por EEUU (salvar a los mejores) frente a Finlandia (recuperar a los peores). Y por eso, han pegado un tajo, en 2012 y más en 2013, a las clases de refuerzo, los desdobles y las tutorías, en perjuicio de los alumnos con problemas.

La educación es demasiado importante para que cada partido imponga su visión ideológica, en contra de los que saben, profesores y expertos. Hay que pactar los cambios y conseguir más dinero y más profesores, no más recortes. Educar a todos, sin segregar a los peores alumnos y a los centros públicos, con una enseñanza de calidad accesible para todos. Nos jugamos el futuro de nuestros hijos y la salida de la crisis. Demasiado.