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lunes, 2 de marzo de 2020

Telecos: subidas, clientes hartos y otros negocios


 Este 5 de marzo, Movistar vuelve a subir sus tarifas de móviles e Internet, por 6º año consecutivo. Vodafone y Euskaltel las subieron en diciembre y Orange y MásMóvil en 2019. Nos obligan a pagar más con el truco de ofrecernos más datos. Y además ofrecen tarifas ilimitadas, caras y con demasiada letra pequeña. Pero su verdadera “guerra” son las ofertas “low cost, donde captan nuevos clientes que roban a los demás: 9,5 millones cambiaron de operadora en 2019. Con este panorama, las “telecos” se enfrentan a un negocio donde los clientes e ingresos apenas crecen, lo que les ha obligado a entrar en otros negocios, desde abrir un banco o vender electricidad (Orange), ofrecer alarmas y seguros (Movistar) o créditos rápidos (MásMóvil). Y mientras, los clientes están hartos de subidas y ofertas con trampa y han congelado su gasto en móviles e Internet. Pero poco podemos hacer, porque estamos “enganchados: casi 6 horas al día conectados. Y eso hay que pagarlo. Es "una droga" cara.

enrique ortega

Estamos ya en el 6º año de subidas de tarifas de móviles e Internet, iniciadas en 2015 por las empresas de telecomunicaciones, tras las bajadas de precios y guerras de precios hechas entre 2009 y 2014. En estos cinco años (2015-2019), las telecos han subido las tarifas dos veces al año, generalmente en febrero y julio, con la excusa de ofrecer a cambio más datos, más Gigas (que el cliente no pedía ni necesitaba). Es la estrategia del “más por más”, a la que los clientes sólo se pueden oponer cambiando de compañía (sin penalización). Pero la mayoría “tragamos” con las subidas, porque sabemos que todos las hacen.


En 2020, como otros años, ha sido Movistar, la empresa líder del sector (42,7% de cuota de mercado), la que inició las subidas. Empezó el 14 de febrero, con una subida de 3 euros en fibra y ADSL no asociados a otros servicios. El 15 de febrero subió una serie de servicios complementarios de telefonía, entre 0,50 y 5 euros al mes (desvío de llamadas, llamada a tres, llamadas al contestador, pack de servicios básicos, pack de teléfono, mantenimiento y servicios, restricción de llamadas al móvil y la IP estática). Y ahora cierra su estrategia con una subida, desde el 5 de marzo, de sus tarifas más populares: sube 3 euros al mes los paquetes Fusión 0 y Fusión Base, 4 euros los Fusión Selección, Total y Total Plus y entre 1 y 2 euros su tarifa de Netflix, repercutiendo así la subida que la empresa de contenidos hizo ya en junio de 2019. “A cambio”, Movistar ofrece en sus paquetes entre 8 y 15 GB más de datos.


Vodafone, el tercer operador en España (16,2% de cuota de mercado) se anticipó y subió el 1 de diciembre de 2019 las tarifas más antiguas de sus paquetes convergentes: One S subió 4 euros al mes a cambio de 6 Gigas más en el móvil, One M y One L subieron 5 euros (+10 GB), 2 euros la tarifa sólo móvil Mini S (+2GB) y 3 euros la Mini M y la Yuser (+3,5 GB). Euskaltel, la cablera vasca (5º operador), que ha comprado la asturiana Telecable y la gallega R, también adelantó la subida al 22 de diciembre pasado, subiendo un euro al mes sus tarifas a los antiguos clientes y simplificando sus ofertas. Orange, la 2ª operadora en España (17,3% de cuota de negocio) no ha subido sus tarifas desde que las aumentó el 28 de julio, entre 2 y 5 euros al mes. Y MásMóvil, la 4ª operadora (6,8% de cuota), apenas tocó los precios en 2019: sólo subió 2 euros mensuales la tarifa de Mi fijo.


En paralelo a estas subidas de los paquetes que ofrecen (fijo, móvil, internet fijo y móvil y TV), las telecos han seguido con sus ofertas, para “mover” un mercado donde cada día se bombardea con nuevos productos a un cliente inquieto. Así, Orange sigue con sus tarifas  personalizadas, lanzadas en enero 2019, con las que ofrece “una oferta para cada cliente” (Love González, Love Sánchez…), una estrategia de marketing que ofrece “atender mejor las necesidades de cada cliente”, pero que en realidad sirve para camuflar las subidas reales y evitar la comparación con la competencia, porque su paquete es “diferente”. Y así evitan  el titular de que "Orange vuelve a subir tarifas" como el resto.


La guerra de ofertas ha estado centrada en 2019 en las “tarifas ilimitadas”, unas tarifas planas sin límites de datos, dirigidas a los clientes que se descargan muchos vídeos, series y películas y que ya no se tienen que preocupar por los Gigas que tienen contratados. La idea la inició en España, el 3 de abril de 2018, Yoigo (grupo MásMóvil), pero sólo fue una oferta testimonial (conjunta de fibra y móvil) para tantear el mercado. Un año después, el 15 de abril de 2019, irrumpió con fuerza en este nuevo negocio Vodafone, con tarifas planas de datos ilimitados sólo para el móvil y también convergentes (móvil y fibra en casa). Orange dijo el año pasado que “no iba a entrar en esta guerra”, pero al final se ha rendido y desde el 10 de febrero de 2020 ofrece también tarifas ilimitadas, aunque sólo de fijo y móvil a la vez (el único que permite contratarlo sólo para móviles es Vodafone). Y Orange aplicará automáticamente esta tarifa de datos ilimitada, sin coste extra, al casi millón de clientes que tienen las tarifas más caras (Love intenso, Intenso Max, Experto y Experto Más).


Estas tarifas “ilimitadas” suenan muy atractivas, sobre todo para los que están muy “enganchados” a Internet y agotan sus datos antes del límite. Pero ojo, son para una minoría: la media de internautas utiliza 4 Gigas al mes, según la Comisión de la Competencia (CNMC) y eso que tienen contratadas 10,20 y 30 GB. Además, estas tarifas “ilimitadas” son “caras” comparadas con las normales: entre 64,99 euros (Vodafone), 74,95 (Orange) y 79 euros al mes (Yoigo).Y además, son ofertas promocionales que pronto subirán. Pero, lo peor es que estas ofertas no son realmente ilimitadas, como explica un experto en este artículo. Por un lado, las telecos prohíben su uso en algunas aplicaciones (vigilancia, conexiones vía routers o uso intensivo y continuado), porque les puede colapsar la red. Y además, a partir de descargas elevadas (400 GB), la velocidad de conexión se reduce, porque el espectro radioeléctrico es limitado y cada operador tiene licencia para usar sus pequeñas porciones, según el reparto que hacen las antenas. Así que si hay un exceso de usuarios con potentes descargas en una zona o momento, baja la velocidad de conexión.


Al margen de esta batalla por  las tarifas “ilimitadas” (o por las tarifas “personalizadas”), la verdadera “guerra de tarifas” entre telecos está en las ofertas “low cost”, porque cada vez hay más usuarios que no quieren más datos ni más velocidad ni TV y otros servicios, sólo lo básico: llamar y conectarse a Internet pagando poco, entre 15 y 20 euros al mes sólo por el móvil y no más de 50 euros mensuales para utilizar un móvil con un acceso suficiente a Internet. Este aumento de clientes que buscan “lo básico” ha lanzado a todas las telecos, desde el verano de 2018, a movilizar a sus “segundas marcas” para competir a muerte en este mercado “low cost: Movistar a través de O2 y Tuenti, Orange con Amena, Simyo y República Móvil , Vodafone a través de Lowi y Bit y Mas Móvil con Yoigo, Pepephone, Lebara y Llamaya, mientras aparecen nuevos competidores con fuerza, como la rumana Digi (5GB y llamadas ilimitadas desde 10 euros al mes).


Esta “guerra de tarifas” low cost es un mal negocio para las grandes telecos, porque estos clientes aportan menos de la mitad del negocio y dan bajos márgenes. Pero tienen que pelear en este mercado porque es la única manera de ganar clientes (la mitad de las altas son de clientes low cost) y de no perderlos, sobre todo tras la agresividad de MásMóvil y Digi. De hecho, en 2019, 9,6 millones de clientes cambiaron de operador de móvil (7,3 millones) e Internet banda ancha (2,6 millones). Y al final, con los abandonos y las nuevas altas, las tres grandes telecos perdieron 1.243.000 clientes de móvil y fibra, sobre todo Movistar (-292.000 de móvil y -340.000 de fibra), Orange (-385.000 de móvil y +4.000 de fibra) y Vodafone (-116.000 de móvil y -114.000 de fibra). En cambio, ganaron muchos clientes MásMóvil (+427.000 móviles y +255.000 Internet fijo) y Digi (+235.000 clientes de móvil).


El resultado de esta guerra de ofertas y tarifas es que el mercado de las telecomunicaciones se ha hecho menos rentable para las telecos, muy afectadas porque apenas aumentan los clientes totales un 1% (se mueven mucho pero es difícil que crezcan porque hay 54 millones de contratos de móviles, más que españoles) y los ingresos o se estabilizan (Movistar) o han caído incluso en los últimos trimestres (Orange y Vodafone), lo que anticipa más despidos a medio plazo (tras varios EREs). Orange ya ha criticado que el mercado vaya al “low cost”, pero nadie se atreve a abandonarlo. Tratan de “minimizar daños” y recuperar márgenes con los clientes que más pagan, a los que suben dos veces al año y lanzan ofertas de servicios personalizados y “ilimitados”, para conseguir más ingresos.


La otra estrategia de las telecos, a la vista que su negocio tradicional se estanca y pierde rentabilidad, es diversificar, entrar en nuevos negocios con los que intentar mejorar ingresos y beneficios. La idea es aprovechar que tienen 54 millones de clientes y tratar de venderles de todo, desde un seguro a electricidad o un crédito. Veamos qué han hecho ya. Movistar compró en septiembre de 2019 el 50% de Prosegur, para vender alarmas, ha relanzado la venta de créditos rápidos con Movistar Money (a través de su alianza con CaixaBank) y negocia vender seguros con varias compañías (Zúrich, Santa Lucía, BBVA Seguros). Orange también quiere vender seguros (vida y hogar), negocia distribuir energía y electricidad a finales de 2020 y ya tiene un banco en funcionamiento desde noviembre de 2019: Orange Bank, copiado de Francia (2018), que comercializa tarjetas, depósitos o créditos y aspira a tener 1 millón de clientes en 10 años. Y MásMóvil no se queda atrás: desde septiembre de 2019 tiene una alianza con Cetelem (filial de BNP Paribas) para ofrecer financiación al consumo, créditos rápidos para todo (también para comprar móviles).


Cara al futuro, la estrategia de las telecos será seguir diversificando su negocio (como Repsol y las constructoras) y en telecomunicaciones, intentar aumentar el ingreso por cliente en la factura mensual del móvil e Internet. Y esto pasa por ofrecer servicios cada vez más complejos, por los que se puedan cobrar mayores tarifas. Y subirlas año tras año, como hasta ahora desde 2015. Y eso, porque van a necesitar muchos recursos para seguir invirtiendo en redes (fibra) y en el 5G (totalmente disponible comercialmente para 2021 o 2022), recursos que saldrán de nuestros recibos. La gran apuesta de Vodafone es el 5G (es la única teleco que lo lanzó de prueba en 15 ciudades, con un 50% de cobertura y sólo para tres modelos de móviles) y toda su estrategia ahora de “tarifas ilimitadas” es para que el cliente se acostumbre a navegar sin límite de datos, algo que sólo va a poder a una velocidad adecuada  con el futuro 5G (que multiplicará por 10 las velocidades del 4G).


Las telecos van a necesitar ingresos extras antes del verano de 2020, porque se va a celebrar la principal subasta de frecuencias del 5G, el espectro de los 700 MZH. En principio, la Administración estimaba ingresar 2.500 millones por la venta de esta frecuencia, pero las telecos se temen que acabe costándoles más de 4.000 millones, como pasó en Italia en 2018 (inicialmente iban a ser 2.500 millones y acabó costando 6.550) y en Alemania en 2019 (el Gobierno esperaba recaudar 5.000 millones y la subasta quedó en 6.000), aunque en Reino Unido fue mucho más baja (1.550 millones). Sea cual sea el importe, es un pago extra que sumar a las fuertes inversiones que exige el 5G, una tecnología que permitirá multiplicar las conexiones a Internet (coches, casas, infraestructuras, juegos…) y la velocidad de conexión. Pero estas ventajas del 5G habrá que pagarlas.


Mientras las telecos afrontan una dura competencia y un estancamiento del negocio frente a la exigencia de fuertes inversiones, sus clientes están bastante “hartos” de tanta subida y de tantas ofertas con trampas. Y se defienden congelando su gasto en los dos últimos años, según revela el Panel de Hogares de la CNMC: el precio medio de los paquetes quíntuples (fijo, móvil, Internet fijo y móvil más TV a la carta) era de 79,40 euros al mes (junio 2019), prácticamente el mismo que hace dos años, cuando costaba 79,10 euros (junio 2017). Y en los paquetes cuádruples (fijo, móvil, Internet fijo y móvil), incluso han bajado 3,30 euros, de 54,20 (junio 2017) a 50,90 (junio 2019). Y eso se debe, al haberse producido varias subidas de tarifas en estos dos años, a que los clientes contratan paquetes más baratos (también han bajado los paquetes quíntuples y muchos buscan el fútbol y las series por otras vías), intentan rebajar su gasto mensual en el móvil e Internet. Y más cuando España es el 6º país europeo con las tarifas a Internet más caras (solo por detrás de Irlanda, Eslovenia, Croacia, Chipre y Grecia), según el índice DESI 2019 de la UE. 


Tenemos por delante otro año con múltiples ofertas, más guerra de tarifas y urgencia de nuevos ingresos para los telecos, que nos sacarán por algún lado, con subidas anunciadas y encubiertas. Y, aunque estemos “hartos” y tratemos de ahorrar, acabaremos gastando más, porque estamos “enganchados”: 43 millones de españoles se conectan cada día a Internet y navegan 5 horas y 46 minutos diarios (87 días al año), según Hootsuite. Y cada día gastamos más datos. Así que pagaremos lo que nos cobren: no podemos vivir sin “darle al dedo”. Y “la droga digitalserá cada vez más cara.

jueves, 10 de enero de 2019

Las subidas de precios de 2019


Año nuevo, subidas nuevas. Cada enero es igual: sube el precio de casi todo, más que nuestros sueldos o pensiones. Este 2019 ha empezado con la subida de los carburantes, un regalo de Reyes retardado que nos dejó Rajoy: supone pagar (sólo en 9 autonomías) entre 2,64 euros y 50 céntimos más por llenar el depósito. También suben las autopistas, el tren y los taxis, no los transportes públicos. Y volverán a subir la luz y el butano, mientras baja el gas. También será más caro mandar cartas o paquetes y las tarifas de móviles e Internet. Bajan las medicinas, unos céntimos, pero así corremos más riesgo de que falten. Y seguirán subiendo la vivienda, los alquileres y las hipotecas, tanto las nuevas como las revisiones anuales, porque sube el Euribor. Tras este rosario de subidas, el IPC puede ser más bajo este año, el 1,2%, gracias a un petróleo más barato. Ahí estará la clave de lo que finalmente suban los precios en 2019.



La primera subida de 2019 la hemos notado al ir a la gasolinera, donde el 1 de enero subieron unos céntimos las gasolinas y el gasóleo. Es el regalo de Reyes retardado que nos ha dejado Rajoy, al incluir esta subida en el Presupuesto 2018, con efecto en 2019. Todo viene del famoso “céntimo sanitario” que muchas autonomías aprobaron cobrar con los carburantes para financiar la sanidad y que el Tribunal de Justicia de la UE rechazó en 2014. El Gobierno Rajoy lo sustituyó por un impuesto especial autonómico, que tampoco gustó a Bruselas y que creaba un “efecto frontera”, distorsionando el mercado: camiones y coches echaban gasolina en la autonomía de al lado, si era más barata. En el Presupuesto 2018, el ministro Montoro optó por seguir cobrándolo pero una cifra igual para todas las autonomías: 7,2 céntimos por litro (antes eran 2,4 céntimos estatales y entre 0 y 4,8 céntimos según las autonomías). Y se decidió que la norma entrara en vigor este 1 de enero.

Con ello, hay 7 autonomías donde los carburantes no han subido nada (Andalucía, Baleares, Cataluña, Castilla la Mancha, Galicia, Murcia y la Comunidad Valenciana), porque ya cobraban el máximo de impuesto especial (4,8 céntimos). Y otras 9 autonomías donde han subido los carburantes, porque cobraban menos de impuesto especial (entre 0 y 3,84 céntimos por litro): han subido 4,8 céntimos/litro en País Vasco, Cantabria, Castilla y León, la Rioja y Navarra, 3,1 céntimos/litro en Madrid, 2,4 céntimos/litro en Aragón, 0,96 céntimos por litro en Extremadura y 0,8 céntimos/litro en Asturias. Y en Canarias no cambia el precio, porque los carburantes tienen una fiscalidad propia.

En los próximos meses, quizás en abril, podrían volver a subir los impuestos de los carburantes, si el Gobierno Sánchez consigue aprobar unos nuevos Presupuestos para 2019, algo bastante difícil. Su intención es que el gasóleo pague el mismo impuesto que las gasolinas, como vienen pidiendo desde hace años la Comisión Europea y la OCDE. Eso supondría un alza adicional del gasóleo de 9,369 céntimos/litro en toda España, lo que supondría pagar 5,15 euros más al llenar un depósito de 55 litros. El coste de esta medida, si se aprueba, sería de 2.140 millones de euros y el objetivo del Gobierno Sánchez es repartirlo en 2 años, con una subida en 2019 y otra en 2020. Los transportistas y la oposición están en contra de la subida, que ha provocado las protestas de los chalecos amarillos en Francia, pero la ministra de Hacienda dice que sólo supondrá un coste de 3,3 euros mensuales al automovilista medio, el que hace menos de 15.000 kilómetros al año.

Mientras llega o no esta nueva subida, ya está en vigor la subida de las autopistas, un +1,67% de media, que ha sido mayor en 5 autopistas: la AP-66 Campomanes-León (subió el 1,71%), la AP-7 Alicante-Cartagena (+2,69%), la AP-46 Málaga-Alto de las Pedrizas (+2,69%) y la AP-9 (+3,5%). Y subió algo menos (+1,65%) la AP-7 en el tramo Estepona-Guadiaro. Los que bajarán un 30% de media, desde el 15 de enero, son los peajes de las 9 autopistas privadas rescatadas por el Estado, que además serán gratuitas entre las 12 de la noche y las 6 de la mañana: las cuatro radiales madrileñas R-2, R-3, R-4 y R-5, la AP-41 Madrid-Toledo, la M-12 Eje Aeropuerto, la AP-36 Ocaña-la Roda, el tramo de la AP-7 entre Cartagena y Vera y la circunvalación de Alicante.

Siguiendo con los transportes, este año 2019 hay elecciones municipales y autonómicas y quizás por eso no suben los transportes públicos (autobús y metro) en las ciudades, aunque sí suben los taxis en Madrid y Barcelona, lo que podría arrastrar subidas en Uber y Cabify. Tampoco suben las Cercanías de RENFE, aunque sí suben los billetes de tren en los trayectos regionales (+3,5%) y en los trenes Avant (trenes regionales más rápidos, que circulan por vías AVE), que suben un 7%, mientras Renfe espera a más adelante para subir el AVE (a la vista de lo que hagan las tarifas aéreas). De momento, no suben los billetes de avión, tras haberse congelado las tasas aeroportuarias (AENA) y haber bajado un 1,2% las tasas de navegación aérea (ENAIRE), aunque la clave estará en lo que haga el petróleo (si sube o no el queroseno), con precios muy volátiles.

Lo que sí subirá en 2019 será la luz, que cerró el año 2018 con otra subida del recibo del 2,5%, la tercera mayor de la última década (tras 2012 y 2015): el recibo medio de una familia (4,4 kW de potencia y un consumo de 3.500 kW anuales) fue de 784 euros en 2018, 19 euros anuales más que en 2017 (765 euros). Una parte importante de esta subida fue por el encarecimiento de la luz en el mercado eléctrico (supone en 35% de la factura), debido a la falta de agua y viento y a la subida del impuesto por el CO2 que emiten las centrales de carbón, lo que provocó un precio medio en el mercado eléctrico de 57,31 euros, el 2º más elevado de la última década. Y además, seguimos pagando costes de más en la parte regulada del recibo (44% de la factura) y más impuestos (21% factura).

Cara a 2019, los expertos creen que la luz volverá a subir, aunque el Gobierno haya vuelto a congelar la parte regulada de la factura (ese 44%), por 5º año consecutivo. Pero los precios de los futuros en el mercado eléctrico anticipan nuevas subidas de la luz, hasta un 8%, por la climatología, la fuerte demanda y la subida de los pagos por emitir CO2. Eso sí, el gas natural ha bajado en enero (-4,6% de media) y podría seguir bajando en 2019, al haberse congelado también los “peajes” (pagos regulados). Lo que subirá será la bombona de butano, que todavía consumen 8 millones de familias: en noviembre subió un 4,93% y podría subir  lo mismo este 15 de enero, con lo que costará ya más de 16 euros la bombona, cuando costaba 13,50 euros en 2010. Y podría subir hasta 3 euros más para finales de 2019, debido a las subidas de la materia prima y los transportes en el mercado internacional.

Otra subida nos espera en 2019: las tarifas de los móviles e Internet, que suelen subir dos veces al año. De momento, Movistar sube este mes de enero en 5 euros los servicios de sólo fibra óptica y las tarifas de móvil #15 y #25, mientras sube 2 euros las tarifas de móviles #1,5, #4 y #8. Y ha anunciado que el 5 de febrero sube 5 euros mensuales sus paquetes de Fusión. Unas subidas que seguirán Vodafone y Orange, como ha pasado otros años.

Y aunque cada vez nos comunicamos menos por carta, han subido también los sellos y las tarifas de Correos, el 1 de enero: el franqueo de cartas y tarjetas sube un 9%, de 0,55 a 0,60 euros, el doble de lo que valía en 2007 (0,30 euros). Sin embargo, España es todavía uno de los paises con las tarifas postales más baratas de Europa, donde el coste medio del franqueo es de 1,02 euros, 0,95 euros en Francia, 0,76 en Reino Unido y de 0,70 euros en Alemania. El envío de paquetes (principal negocio de Correos) también sube un 0,88%, un aumento mucho más reducido, por el auge de la competencia, que en años anteriores (+11,1% en 2017, +7,1% en 2016 y +10,5% en 2015).

Las medicinas serán algo más baratas este año, tras una nueva rebaja de los precios de referencia, que entró en vigor el 1 de enero y que reduce el precio de 15.500 presentaciones farmacéuticas (de las 17.500 que se venden). Todas bajan unos céntimos y las mayores rebajas (ver listado con los nuevos precios) se notarán en algunos ibuprofenos (que bajan del 65 al 81%), medicamentos contra el colesterol (bajan del 5,25% al 48%), anticonceptivos y medicamentos contra el asma. La rebaja para los particulares será de 8,44 millones, pero los laboratorios recortarán sus ingresos en 248,25 millones en 2019, según Sanidad. Esta rebaja de los medicamentos parece “una buena noticia”, pero tiene dos riesgos. Uno, que a los laboratorios, con precios tan bajos (bajan desde 2010 y el  55% valen ya menos de 3,50 euros), no les compense seguir vendiéndoles aquí y los exporten a otros paises, donde se cobran hasta un 30% más caros, lo que provocaría más desabastecimiento de medicamentos (ya sucede: hay más de 400 medicamentos en falta, según se ve en esta web de la Agencia Española del Medicamento). Y el otro riesgo, hundir las cuentas de las 22.046 farmacias españolas, que dispensan más recetas y facturan menos.

La vivienda sube y seguirá subiendo en 2019. Ya en 2018, el precio de la vivienda de segunda mano subió entre un 7,2% (según el INE, con datos a septiembre), un 7,8% (según Fotocasa) y un  8,4% (según el Idealista), con un precio medio de 1.720 euros/m2. Y todos los expertos creen que seguirá subiendo en 2019, entre el 5% y el 6%. Lo más preocupante es la subida de los alquileres, que habrá sido del 9,3% de media en 2018, según el Idealista, con precios medios elevadísimos del alquiler en Madrid capital (16,4 euros/m2), Barcelona (16 euros/m2), San Sebastián (15,6 euros/m2) o Baleares (13,5 euros/m2). Y todo apunta a que los alquileres seguirán subiendo en 2019, aunque quizás algo menos que en 2018.

El Gobierno Sánchez aprobó el 14 de diciembre un decreto-ley para tratar de bajar el precio de los alquileres, con dos medidas: impedir que se cobre más de 2 mensualidades con las fianzas y que los nuevos contratos de alquiler pasen de 3 a 5 años (y las prórrogas pasen de 1 a 3 años). Estas medidas podrían provocar el efecto contrario al buscado, según muchos expertos: si el particular o la empresa tiene que alquilar por más tiempo, puede querer “cubrirse” subiendo más el alquiler inicial. Algunos, como Podemos, defienden que hay que controlar los precios, poner topes máximos al alquiler y la ministra de Hacienda dice que el Gobierno está “dispuesto a hacerlo”, por una Ley o en los Presupuestos 2019.

Pero poner topes a los alquileres no es una buena solución, porque retraería a muchos propietarios e inmobiliarias a poner sus pisos en alquiler y fomentaría un “mercado negro”, con alquileres pagados “bajo mano” y sin garantías. La verdad es que “no hay atajospara frenar los alquileres: vivimos en un sistema capitalista y lo que funcionaría sería aumentar la oferta de pisos en alquiler. Y para eso hay dos caminos. Uno, incentivar a los propietarios de los 3 millones de casas vacías (particulares, bancos y empresas) para que las pongan en alquiler, con ayudas fiscales. El otro sería destinar suelo público y recursos a promover viviendas públicas (VPO) para alquiler, para destinarlas a alquileres sociales (de 150 a 300 euros al mes), como se hace en casi toda Europa (en Holanda hay 2,3 millones de viviendas públicas en alquiler). Estas VPO eran muy importantes antes (se hicieron  más de 100.000 al año entre 1957 y 1989 y 68.857 en 2008), pero se han desplomado con la crisis: sólo se entregaron 4.938 VPO en 2017. Habría que promover unas 100.000 VPO al año, no las 5.000 que propone ahora Fomento. Y conseguir que se alquilen otras 100.000 viviendas privadas vacías. Así, con 200.000 viviendas más en alquiler al año (1 millón en 5 años) sí bajarían los precios, no con controles de precios a la venezolana…

Al margen de los precios de venta y alquiler, muchos propietarios tendrán que pagar más impuestos por su vivienda en 2019, al revisarse el catastro en 1.179municipios (1 de cada 8 localidades) y actualizarse el valor sobre el que se paga el IBI, el impuesto municipal. El valor catastral subirá en 728 localidades (ver listado), un 5% (los que revisaron entre 1984 y 1.989), un 3% (los que revisaron entre 1990 y 2000) o un 2%) los que revisaron de 2001 a 2003. Y bajará en otras 449 localidades (ver listado), entre un 3% y un 7%, que son las que hicieron la anterior actualización en plena “burbuja inmobiliaria” (entre 2005 y 2013). Lo normal es que los Ayuntamientos esperen a actualizar el catastro después de las elecciones de mayo, pero lo importante es que tienen la autorización de Hacienda para hacerlo (BOE 29 diciembre). Y luego, pueden subir o bajar el tipo del IBI a aplicar sobre el valor actualizado. 

La compra de viviendas no sólo se va a encarecer porque suban los precios en 2019 sino porque suban las hipotecas. De hecho, ya han subido los tipos para compensar que, desde el 10 de noviembre, son los bancos los que tienen que pagar el impuesto (de actos jurídicos documentados). Así, el tipo medio de las hipotecas (TAE) ha subido del 2,13% en julio al 2,25% en octubre, según el portal del cliente bancario del Banco de España. Y hay bancos que también han subido comisiones. Además, la subida de tipos en EEUU está haciendo subir el precio del dinero en toda Europa, con lo que el Euribor, el tipo que se aplica para revisar anualmente dos de cada tres hipotecas (a  tipo variable) está subiendo desde abril y ha cerrado el año 2018 con un Euribor del -0,129%. Eso supone que quien tenga que revisar su hipoteca (120.000 euros a 20 años) en enero, pagará 2 euros más al mes. Y se prevé que el Euribor, que lleva 3 años en negativo, acabe 2019 en positivo (entre 0,10 y 0,20%), lo que tendrá dos efectos este año: las nuevas hipotecas serán más caras (Euribor+2%) y será más caro revisar las hipotecas actuales (5 euros más al mes, a finales de 2019). Y además, los bancos seguirán subiendo sus comisiones por casi todo en 2019.

A pesar de este rosario de subidas, los expertos apuestan porque los precios suban menos en 2019 que en 2018: la inflación anual en diciembre podría quedar en el 1,6% (más que el 1,2% en que acabó 2018, según el INE), pero la inflación media, que es la importante (para saber si salarios y pensiones pierden poder adquisitivo), podría bajar, del 1,7% en 2018 al 1,3% en 2019, según Funcas . Todo va a depender de lo que haga el petróleo: si sube más de lo previsto (hasta 80 dólares, cuando se espera que cueste 70 dólares de media en 2019), la inflación media subiría este año hasta el 1,8%, según Funcas, con lo que pensiones y salarios perderían poder adquisitivo. Y si sube menos (y cuesta 60 dólares), la inflación media anual subiría el 0,90% y todos ganaríamos poder adquisitivo. Así que para saber qué va a pasar finalmente con sus ingresos en 2019, miren lo que hace el petróleo. No se olviden. 

jueves, 5 de marzo de 2015

Enganchados al "smartphone" para todo


Barcelona es esta semana la capital mundial del móvil, con el Mobile World Congress. España es uno de los países con más móviles del mundo y el 85% son ya teléfonos inteligentes (smartphones), el mayor porcentaje en Europa y el cuarto del mundo. Y no es sólo que tengamos 43 millones de smartphones: lo relevante es que no podemos vivir sin este móvil inteligente, con el que más que hablar por teléfono, nos comunicamos vía Internet: mensajería instantánea, mails, envío de fotos y vídeos, redes sociales, juegos, noticias, música, vídeos, TV… Estamos tan enganchados al smartphone que uno de cada cuatro adultos lo miran más de 50 veces al día. Un aparato sin el que no podemos vivir. El problema es que a las telecos no les salen las cuentas: llevan cinco años perdiendo ingresos por la guerra de precios, y antes o después nos subirán las tarifas (lo acaba de advertir Vodafone en Barcelona: "subirá el móvil"). Y como estamos tan enganchados, tendremos que pagar lo que nos pidan.
 
enrique ortega

En España hay más móviles que habitantes: 51 millones de móviles a finales de 2014, según datos de la CNMC. Y de ellos, un 85% son ya teléfonos inteligentes (smartphones), según el informe “Consumo móvil en España 2014”, elaborado por Deloitte. Eso nos convierte en el cuarto país del mundo con más penetración de los smartphones, sólo por detrás de Singapur (89%), Corea del Sur (88%) y Noruega (87%). Y estamos muy por delante de la Unión Europea (71%), con más penetración de los móviles inteligentes que Reino Unido (76%), Francia o Alemania (67%), según el informe “La sociedad de la información en España 2014”, elaborado por la Fundación Telefónica. En España, el 88% de los teléfonos inteligentes son Android (el líder es Samsung) y el 7,5% son  de Apple (IOS).

El éxito de los smartphones ha permitido que el móvil sea el sistema más utilizado por los españoles para acceder a Internet, por primera vez en 2014: se conectan a la Red por el móvil el 81,7% de los hogares, frente al 72,7% por el portátil o tablet o el 53,5% con el ordenador de sobremesa. La gran revolución de Internet en España, donde 24,5 millones de personas se conectan ya cada semana, es el tirón del Internet móvil: es el modo de acceso de 20,2 millones de personas en 2014, casi el doble que en 2012 (10,4 millones), según la Fundación Telefónica. Y la forma preferida de conexión móvil es, como en la mayoría del mundo, a través de Wifi (59%, frente al 38% en 2013), siendo el 40% a través de redes (a pesar del 4G).

¿Para qué usamos el smartphone? Bueno, lo primero para hablar por teléfono (84%), pero esta función está bajando año tras año. Y cada vez usamos más el móvil para comunicarnos por otras vías: mensajería instantánea (ha pegado un salto hasta el 77% de uso y la utilizan ya  el 89% de los jóvenes 18-24 años), envío de mails (43%), acceso a redes sociales (42%), SMS (35%, ha caído estrepitosamente), envío de fotos o vídeos (7%) y llamadas VoIP (5%). Lo más destacado en 2014 ha sido la generalización de WhatsApp: el 98% de los smartphones lo tienen instalado y el 51,5 % lo usan diariamente, siendo España el país europeo que más utiliza WhatsApp, según un informe de la CNMC. Y el cuarto del mundo, sólo por detrás de Sudáfrica, Singapur y Hong Kong. La realidad es que el uso del WhatsApp (y Skype) se ha comido a los SMS (también porque eran más caros en España) y a las redes sociales, que crecen menos porque la juventud se comunica más por WhatsApp. Y a las telecos les está haciendo polvo, porque siguen cayendo las llamadas entre móviles.

Los  usuarios de smartphones se bajan cada día millones de aplicaciones, para multiplicar los usos de su móvil, desde navegadores a buscadores y apps para bajarse música, juegos, vídeos, ver películas, operar con su banco o buscar entradas, billetes de avión o viajes. De media, cada usuario de smartphones tiene instaladas 39 aplicaciones, según la Fundación Telefónica.  La mayoría busca que sean gratis, aunque también crecen las de pago. En el día a día, la mayoría utiliza el móvil para leer o descargar noticias (77,6%), participar en redes sociales (67,1%), acceder a la banca electrónica (49,2%) o vender cosas (13,4%).En general, el 43% de los usuarios utilizan el móvil para buscar información, el 66% para planificar sus viajes y el 25% para ver vídeos, según la Fundación Telefónica. Incluso, se piden por Internet el 36% de las citas médicas y se hacen un 63% de consultas con la Administración.

El smartphone no se utiliza todavía demasiado para comprar por Internet, aunque sí para informarse bien antes de hacer una compra física. En 2014, 14,9 millones de españoles realizaron alguna compra por Internet (1,9 millones por primera vez), un 32% de los internautas frente al 47% en Europa. Y muchos lo hicieron vía móvil. De hecho, los expertos creen que el futuro de las compras online está en el smartphone, sobre todo entre los jóvenes (18-34 años), que ya hacen la mitad de estas compras. Por eso, esperan que el comercio por móvil (m-commerce) crezca en España un 48% en 2015, cuatro veces lo previsto (+13%) para el comercio online (e-commerce), según un estudio de PayPal y la consultora Ipsos.

Otro reto pendiente para el smartphone son los pagos. España es el cuarto país europeo en la utilización de la banca móvil, tras Turquía, Holanda y Polonia: en 2014, un 48% de españoles utilizaron aplicaciones de banca móvil, para acceder a sus cuentas a través de Internet, según un estudio de ING. Pero la mayoría utiliza el móvil sólo para consultar las cuentas (50% usuarios) y pocos para mover dinero entre cuentas (11%), pagar facturas (8%) o hacer transferencias (3%), por temor a problemas de seguridad. Sin embargo, el futuro de la banca está en los teléfonos inteligentes, para lo que deberán invertir aún mucho en desarrollos, y ofrecer una operativa sencilla y segura. Otra gran potencialidad de los móviles es el pago directo en tiendas, algo poco desarrollado en España porque no todos los smartphones pueden hacerlo (necesitan la tecnología NFC) y porque aquí son bastante populares las VISA de pago sin contacto (hay 4,45 millones y somos el tercer país de Europa en estas tarjetas para pequeños pagos, tras Polonia y Reino Unido). Y también avanzan las transferencias vía móvil a través de PayPal. Cara a un futuro muy cercano, gigantes como Google, Apple, PayPal y Microsoft buscan quitar negocio a los bancos tradicionales a través del móvil.

Otro uso del smartphone es para los juegos online. En España hay ya 2 millones de jugadores vía Internet y la mitad al menos son jóvenes que juegan con su smartphone. Y más desde enero de este año, en que se han autorizado las tragaperras online. El problema es el grave riesgo de ludopatía, incluso para los adolescentes: se han detectado muchos casos de niños de 13 a 18 años que juegan online, utilizando el DNI y la tarjeta VISA de sus padres. Y por eso crecen los casos de adicción al juego online en hospitales y consultas médicas.

Para adicción, la que tenemos todos con el smartphone. Ya no es sólo que lo utilicemos para casi todo, desde mandar un WhatsApp a amigos y familiares a conectarnos a Facebook, comprar una entrada, preparar un viaje, ver el periódico o escuchar música. Es que nos pasamos el día consultándolo: 1 de cada 4 adultos miran su smartphone más de 50 veces al día, según el informe de la Fundación Telefónica. Y los jóvenes de 18 a 24 años, 75,6 veces al día, según el informe de Deloitte. Esto tiene implicaciones negativas en todos los ámbitos, desde la educación y el trabajo a la vida familiar y la conducción (cada vez hay más accidentes de tráfico por mirar un WhatsApp que nos llega conduciendo). Y hay médicos que ya tratan la adicción al móvil: no en vano, un 10% de jóvenes lo mira más de 100 veces al día

En cualquier caso, el smartphone ha cambiado nuestras vidas y ha venido para quedarse mucho tiempo: para 2020, el 90% de la población mundial tendrá un móvil y la mayoría serán smartphones más sofisticados. Veremos grandes cambios en los próximos años, sobre todo en pagos y servicios bancarios, vídeo y TV bajo demanda, educación y ocio. Todo apunta a móviles modulares, que ofrezcan más servicios a través de aparatos que se conecten con ellos, como apunta el Proyecto Ara de Google. Y móviles que estén conectados a las cosas, a nuestro hogar, a nuestros electrodomésticos y a nuestro coche, como una llave para hacer más cosas. Las posibilidades son casi infinitas y aún no podemos casi ni vislumbrarlas.

Pero como siempre, la innovación y el futuro hay que pagarlos. De momento, parece que tener un móvil inteligente nos sale bastante barato. Eso se debe a la tremenda competencia entre las telecos, que llevan cinco años con una guerra de ofertas y precios, que ha beneficiado mucho a los usuarios. Pero quizás hayamos llegado al límite: los ingresos de las telecos que operan en España se han desplomado un 35% entre 2010 y 2014, por el triple efecto de la bajada de tarifas (-50% en voz), la guerra de ofertas fijo-móvil-Internet y la pérdida de ingresos por el auge de WhatsApp y Skype. Y, en paralelo, necesitan hacer fuertes inversiones para extender y ampliar redes y ofrecer nuevos servicios. Una pinza que sólo se resuelve de una manera: consiguiendo más ingresos. Y ahí entramos nosotros, los usuarios.

De manera que, antes o después, las telecos empezarán a subirnos las tarifas, a cobrarnos más no tanto por la voz como por los datos, por los servicios, por los usos y descargas. Y más si el mercado lo acaparan "los tres grandes"  (Movistar, Vodafone y Orange), que controlan el 90% del mercado.  Lo acaba de advertir en Barcelona el consejero-delegado de Vodafone: "El móvil subirá en España". Es impepinable si no quieren irse a pique. Y ahí, nosotros tenemos un problema: estamos enganchados. Y nuestros hijos más. Así que podrán cobrarnos más fácilmente, aunque protestemos. Pero no podemos prescindir del móvil para casi todo. Nos tienen bien cogidos.