Mostrando entradas con la etiqueta gasto en pensiones. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta gasto en pensiones. Mostrar todas las entradas

lunes, 31 de marzo de 2025

Estirar la vida laboral: jubilarse y trabajar

Mañana 1 de abril entra en vigor la 3ª fase de la reforma de las pensiones, iniciada por el Gobierno en 2021 y continuada en 2023. Los cambios, pactados con sindicatos y patronal el verano pasado (y apoyados por el PP en el Congreso), incentivan retrasar la jubilación y facilitar que un jubilado trabaje o se jubile parcialmente y siga trabajando. Se busca reducir los  nuevos jubilados (368.000 en 2024), para frenar el gasto en pensiones, que en 2024 superó los 200.000 millones (73% para pagar jubilaciones). De momento, las medidas tomadas para penalizar las jubilaciones anticipadas y retrasar la jubilación han dado frutos: 34.273 trabajadores retrasaron su jubilación en 2024, el 9,3% del total y el doble que en 2021. Con todo, cada año aumentan los jubilados, con pensiones más altas, y preocupa que las reformas consigan sostener a medio plazo las cuentas. Hoy, la AIReF publicará un balance, impuesto por Bruselas, para ver si las reformas funcionan o si hay que tomar nuevas medidas.

                            Enrique Ortega

El gasto en pensiones en España sigue batiendo todos los récords. En marzo de 2025, la Seguridad Social pagó 10,31 millones de pensiones, por un importe histórico de 13.492 millones de euros (+50% que los 8.946 de marzo 2018). Ya en 2024, el gasto en pensiones batió todos los récord: 200.000 millones de euros, +38% que en 2019 (144.834 millones). Y casi dos tercios de esta factura (el 73%) se destina a pagar pensiones de jubilación: 6.558.073 jubilaciones en 2024, que cobraron 6.450.903 jubilados el año pasado (3,82 millones hombres y 2,61 millones mujeres), con una pensión media de jubilación de 1.450 euros mensuales (1.143 en 2019).

El problema de la factura de las pensiones es doble. Por un lado, cada vez hay más españoles en edad de jubilarse, por el envejecimiento de la población. Así, el número de pensiones de jubilación ha saltado de 5.994.755 pensiones en diciembre de 2018 a 6.562.698 pensiones de jubilación en febrero de 2025 (+9,5%). Y por otro, estos nuevos jubilados (368.234 en 2024) cobran más, porque han tenido mejores carreras profesionales, han cotizado más años y por sueldos crecientes, con lo que se jubilan con pensiones mucho más altas. Así, los que se jubilaron en febrero pasado lo hicieron cobrando 1.650 euros de media, un 11% más de los que se jubilaron en 2019. Y además, aunque también hay bajas, los nuevos jubilados cobran un 20% más de lo que cobraban los que se han muerto.

Esta es la endiablada “trampa de las pensiones”: cada año hay más jubilados (en 2024 se jubilaron 64.671 trabajadores más que en 2019) y se jubilan cobrando más, porque han cotizado más años y por sueldos más altos. Y esto va a empeorar a medio plazo: a partir de 2025, el coste de las jubilaciones va a aumentar más (hasta 2044), porque se jubila la generación del “baby boom” (los nacidos entre 1960 y 1977). Y además, como van a vivir más (la esperanza de vida subirá de 83,5 años a 86,5 a mediados de siglo), cobrarán las futuras pensiones (más altas) durante más años (casi 20).

Para afrontar este panorama y conseguir que las pensiones sean “sostenibles”, en España se han hecho varias reformas en las últimas décadas. La primera reforma la hizo Zapatero, en julio de 2011, apoyada por los sindicatos, la patronal, PSOE y CiU. Era una reforma impuesta por la Comisión Europea, que exigía hacer recortes para que España evitara el rescate. Esta reforma de ZP intentó frenar el gasto futuro con 4 medidas polémicas pero eficaces: subir la edad de jubilación (de 65 a 67 años en 2027), elevar el periodo cotizado para recibir el 100% de pensión (de 35 a 37 años en 2027), aumentar los años exigidos para retirarse a los 65 años (de 35 a 38 y 6 meses en 2027) y aumentar el periodo de cómputo cotizado (de 16 años a 25 en 2022).

La segunda reforma de pensiones la aprobó Rajoy en septiembre de 2013, esta vez en solitario, con Bruselas también vigilante en una época de recortes. Dos fueron las medidas impuestas: una mínima revalorización de las pensiones (no con el IPC, sino en función del déficit de la SS), que aumentó las pensiones un +0,25% entre 2014 y 2017, y un Factor de Sostenibilidad, para subir menos las pensiones futuras (suponía un recorte del -30% para 2050). Al final, Rajoy tuvo que dar marcha atrás en 2017, forzado por el PNV (lo necesitaba para aprobar los Presupuestos de 2018) y aprobó una mayor revalorización (+1,6% en 2018) y retrasó (de 2019 a 2023) la entrada en vigor del Factor de Estabilidad.

En 2020, la mayoría progresista que apoyaba al Gobierno Sánchez, promovió en la Comisión del Pacto de Toledo (Congreso) la aprobación (el 27 de octubre) de 22 medidas de reforma de las pensiones (apoyadas por todos los partidos, salvo VOX, y la abstención de ERC y Bildu), que se resumían en 4 medidas básicas: revalorización de las pensiones con el IPC, quitar a la SS de gastos impropios, acercar la edad de jubilación real a la oficial y una subida extra de las cotizaciones del 0,6%. Con este amplio acuerdo político, el Gobierno Sánchez aprobó en 2021 y 2022 la 1ª fase de esta tercera reforma de pensiones. Primero, a finales de 2021, aprobó la revalorización de las pensiones con el IPC previsto para 2022 (+2,4%), un decreto Ley que votaron en contra PP, Vox y Ciudadanos. Segundo, ya en 2021 transfirieron a la SS 13.929 millones para cubrir parte de los gastos “impropios”. En 2022 transfirieron otros 18.396 millones y 22.567 millones más en 2023, lo que suprimía el déficit del sistema.

La 3ª medida, aprobada en 2022, fue penalizar más a los que se jubilen anticipadamente (la edad real de jubilación era 64 años y 6 meses en 2021), lo que suponía un gran ahorro (14.000 millones anuales por cada año que suba la jubilación real). Y en paralelo, incentivar (con un cheque) a los que se jubilen más tarde de lo debido. Y la 4ª medida, aprobada en 2022 y la única no apoyada por la patronal CEOE, fue implantar una cotización extra, del +0,6% (+0,5% lo pagarán las empresas y el 0,1% sus trabajadores), a pagar entre 2023 y 2032, para crear una “hucha” (el Mecanismo de Equidad Intergeneracional, MEI), para reforzar los ingresos del sistema de pensiones a partir de 2032, cuando se dispare el gasto con las jubilaciones del “baby boom”.

Estas 4 medidas de la 1ª fase de la reforma de pensiones del Gobierno Sánchez recibieron en 2022 el visto bueno de la Comisión Europea, obsesionada (como en 2011 y 2013) porque las pensiones disparen el déficit público en España. Pero no les bastaban: creían que se había tapado el déficit de la SS, con los ingresos trasvasados de los Presupuestos, pero que no se aseguraba el futuro de las pensiones. Y pedían más medidas, como requisito para que España siguiera recibiendo Fondos europeos en 2023. Así que el Gobierno contempló aprobar una 2ª fase de la reforma al revés: negociando primero con Bruselas.

Al final, el 16 de marzo de 2023, el Gobierno Sánchez aprobó una 2ª fase de la reforma de pensiones, pactada con Bruselas y los sindicatos pero rechazada por la patronal, PP, Vox y Ciudadanos. Esa nueva reforma se centraba en aumentar los ingresos (15.000 millones anuales hasta 2050), que saldrán de aumentar las cotizaciones, sobre todo a los sueldos más altos. Y además, se subieron los años de cómputo para calcular la pensión, de 25 a 27 años, con dos “cautelas” para suavizar el ajuste: que los futuros pensionistas podrán “elegir” (hasta 2044) entre tomar los últimos 25 años cotizados o los últimos 29 quitando los dos peores  y que el nuevo sistema se implantará de forma progresiva hasta 2038.

Tras esta 2ª fase, quedaban unos “flecos” a la reforma de pensiones, que se pactaron entre los sindicatos, la patronal y el Gobierno en julio de 2024, firmándose en La Moncloa el 18 de septiembre de 2024 y trasladándose a un Real decreto Ley aprobado por el Gobierno en diciembre de 2024 y convalidado en el Congreso el 22 de enero pasado (con el voto favorable del PP y los votos en contra de Vox, Bildu, Podemos y BNG). Esta normativa, que cierra las reformas de las pensiones de 2021,2022 y 2023, pretende hacer compatible la jubilación con un empleo, que la opción de un trabajador no sea trabajar o jubilarse sino que pueda seguir trabajando después de los 65 años (o de los 66 años y 8 meses ahora, si ha cotizado menos de 38 años y 3 meses) e incluso compatibilizar pensión y trabajo (jubilación activa o parcial), como se permite en muchos paises. Objetivo: reducir el número de jubilados y frenar el aumento de la factura de las pensiones.

La nueva normativa pactada, que entra en vigor este 1 de abril, se centra en 3 tipos de jubilaciones. Una, la jubilación demorada: se aumentan los incentivos para que un trabajador retrase su jubilación después de los 65 años (o 66 años y 8 meses en 2025 y 67 años en 2027). Ya había un incentivo, aprobado en 2022, para aumentar un 4% cada año la pensión de quien la retrase. Ahora, se mejora este incentivo: se cobrará el extra por cada 6 meses de demora, sin esperar al año. Así, alguien que retrase su jubilación 2 años y 7 meses, cobrará un extra en su pensión del 4% por año y del 2% por los 6 meses de retraso (+10% en total).

El 2º cambio afecta a la jubilación activa, a los que compatibilizan durante un tiempo pensión y trabajo. Esto ya se podía hacer, pero ahora se introduce una mejora clave: se elimina el requisito de tener una carrera cotizada completa (38 años y 3 meses) y se permite compatibilizar pensión y trabajo a los que hayan cotizado 15 años. Esto beneficiará a los trabajadores con carreras cortas e intermitentes, especialmente a las mujeres. El acceso a poder trabajar de nuevo se permite 1 año después de la jubilación y el jubilado podrá cobrar el 50% de la pensión (si es autónomo con al menos 1 empleado, cobrará el 100%) y el sueldo que le paguen por su trabajo (a jornada completa o parcial). Otra novedad importante es que esta jubilación activa permitirá cobrar también los incentivos a la jubilación demorada señalados antes. Así que cada año que demore la jubilación y tenga una jubilación activa, aumentará el porcentaje que cobra de pensión (si es 5 años o más cobrará el 100%).

El tercer cambio afecta a la jubilación parcial, que permite compatibilizar la jubilación anticipada (a los 63 años si ha cotizado suficiente) con un trabajo por cuenta ajena con reducción de jornada: ahora se permite una reducción del 25 al 50% de la jornada, pero con el cambio puede llegar al 75% de reducción si se contrata a un joven como relevo (y además, en este caso, se permite la jubilación parcial a los 62 años). La pensión que cobrará el jubilado parcialmente será en función de lo que recorte su jornada como trabajador. El objetivo es incentivar a los trabajadores en sus últimos años de vida laboral (62 o 63) a que trabajen menos horas para dejar hueco a un joven (que debe tener contrato indefinido, para evitar fraudes), pudiendo cobrar una parte de su pensión según la jornada que haga.

Una variante que también cambia es la jubilación anticipada en la industria manufacturera, prorrogando el marco actual hasta 2029 (incluido), rebajando sus cotizaciones al 80%, permitiendo una organización más flexible de las empresas y mejorando la situación de los jóvenes “relevistas” (el que sustituye a un mayor que se jubila parcialmente). Estas mejoras son claves para muchas industrias, como las del automóvil, que han presionado al Gobierno y a los sindicatos a facilitarles la renovación de sus plantillas en España.

Otro cambio que incluye la nueva normativa es la mejora del acceso a la jubilación de los trabajadores fijos discontinuos, que sólo trabajan unos meses (o días) y el resto cobran el paro, una figura muy usual en hostelería, turismo, campo o construcción. Se mantiene el beneficio del coeficiente multiplicador (1,5) al calcular sus cotizaciones para jubilarse: 6 meses cotizados equivaldrán a 9 meses. Y por último, el Real Decreto aprovecha para incluir otro cambio: a partir de ahora, los médicos de familia podrán “derivar” a las Mutuas las pruebas y la rehabilitación de los trabajadores con bajas por problemas musculoesqueléticos, siempre que el trabajador quiera (el médico es quien seguirá dando las altas y bajas).

Todos estos cambios, la 3ª fase de la reforma de las pensiones, deberán ser evaluados por el Gobierno y la SS a finales de 2028, para ver si han funcionado y aceleran el retraso de las jubilaciones y las jubilaciones activas. De momento, las reformas de 2021 han reducido las jubilaciones anticipadas: de 123.498 en 2021 (el 39% del total) han bajado a 108.968 en 2024 (el 29,60%), por lo que mucho que se pierde ahora al jubilarse anticipadamente (del 3,26 al 21%: ver cuadro). Y en paralelo, los incentivos a retrasar la jubilación han hecho que lo hagan muchos más trabajadores: 34.273 en 2024 (el 9,31%), el doble que en 2021 (15.250, el 4,8%), según los datos de la Seguridad Social.

Con todo, no se puede cantar victoria, porque cada mes hay más jubilados y más gasto. Y aumentará más con la jubilación de los “baby boom” (nacidos entre 1960 y 1977). Por eso, la Comisión Europea nos vigila de cerca, porque “no quiere sustos” y que el gasto en pensiones rompa la extraordinaria bajada del déficit público (del 9,9% del PIB en 2020 al 2,8% en 2024) . Y ha encargado un informe a la Autoridad Fiscal española (AIReF) para que haga un balance del gasto en pensiones 2022-2024, tras las reformas. Informe que se conocerá hoy, 31 de marzo. Si hay un desfase entre ingresos y gastos (se habla de 12.000 millones), Bruselas podría forzar a España a nuevas reformas en los próximos meses. En realidad, la reforma de las pensiones es “una reforma permanente, con cambios periódicos para asegurar su futuro. Así que la reforma que entra en vigor mañana será “la penúltima”. Atentos a las noticias.

lunes, 20 de marzo de 2023

La penúltima reforma de las pensiones

El Gobierno ha aprobado la 2ª fase de su reforma de las pensiones, pactada con Bruselas y los sindicatos, rechazada por la patronal, PP, Vox y Ciudadanos. Mientras las anteriores reformas (Zapatero 2011, Rajoy 2013) estaban centradas en recortar el gasto, esta reforma (con medidas ya implantadas en 2022 y otras aprobadas ahora) se centra en aumentar los ingresos, 15.000 millones anuales hasta 2050, que saldrán de aumentar las cotizaciones, sobre todo de los sueldos más altos: subirá sólo 37 céntimos el coste por hora trabajada, de los más bajos de Europa. Y deja para 2044 la subida del periodo de cotización de 25 a 27 años (que recortará pensiones). Esta reforma, que también mejora las pensiones mínimas, pretende contener el gasto en pensiones hasta 2050. Importante: fija un mecanismo de seguimiento: si el gasto se dispara, obliga a futuros Gobiernos a tomar medidas. Si no lo hicieran, subirían automáticamente las cotizaciones. Casi seguro que necesitaremos futuras reformas. Lo importante es apostar por garantizar las pensiones futuras.

Enrique Ortega

El futuro de las pensiones preocupa a la mayoría, porque sabemos que el gasto se ha disparado en los últimos años y tememos que un día no haya dinero para pagarlas. Los datos demuestran que el gasto en pensiones ha crecido de forma exponencial: si en el año 2000, España gastó 52.451 millones del Presupuesto en pagar pensiones, en 2008 eran ya casi el doble (98.011 millones) y en 2019 casi el triple (144.834 millones). Y a partir de ahí, el gasto ha crecido hasta 171.165 millones en 2022 y 190.687 millones destinados a pagar pensiones en el Presupuesto 2023, casi el doble que hace 15 años. Hay otra forma muy visual de ver el salto en la factura de las pensiones (ver cuadro): en enero de 2008, pagar las pensiones costó 5.947 millones de euros mensuales (4,13 millones por minuto) y ahora, en enero de 2023, han costado 11.902 millones (8,26 millones de gasto por minuto)…

El problema no es sólo que el gasto en pensiones se ha disparado, sino que todo apunta a que va a crecer más rápido y con más intensidad en el futuro, sobre todo a partir de 2027, cuando se jubile la generación del “baby boom” (nacidos entre 1960 y 1975). Hay varias causas que forzarán ese mayor gasto. Una, la revalorización de las pensiones con el IPC, aprobada por Ley desde 2022, que ya ha supuesto un coste adicional de las pensiones de 13.600 millones en 2023 y que se irá consolidando año tras año. La segunda, que las nuevas pensiones son más altas y lo serán más en el futuro, por la subida de salarios y los años cotizados. Así, la pensión media era de 932 euros el 1 de febrero de 2018 y ha subido a 1.191 el 1 de febrero de 2023 (+27,7% en 5 años). Y en ese periodo, la jubilación media ha pasado de 1.077 a 1.370 euros (+27,2%). Y la tercera causa, la más importante, es que van a aumentar mucho los pensionistas: han pasado de 7.587.389 en febrero de 2008 a 9.067.267 pensionistas en febrero de 2023. Y serán casi 16 millones en 2050, según la AIReF. Además, vivirán más años (86,8 años en 2050 frente a 83 años ahora y 81,3 años en 2008), con lo que habrá que pagarles pensión más años (20 de media).

Todos estos factores van a disparar el gasto en pensiones, en España y en el resto del mundo, con dos “hándicaps” para nosotros: seremos el país más envejecido de Europa y nuestra población está cayendo más, por la baja natalidad (7,6 nacimientos por cada 1.000 habitantes frente a 9,3 de media en la UE, 9,5 en Alemania y 11,2 en Francia), con lo que tendremos menos gente trabajando (28 millones en edad de trabajar en 2050, frente a 30 millones ahora) y cotizando para pagar las pensiones futuras. El dato es escalofriante: en 2050 habrá 1,75 trabajadores cotizantes por cada pensionista, frente a 2,24 en 2022 (y 2,6 en 2007). Así que vislumbramos mucho más gasto con menos cotizantes para pagarlo.

Ante este panorama, los paises y Gobiernos han tratado y tratan (Francia) de hacer reformas de las pensiones, básicamente para recortar gastos. En España, la primera reforma de pensiones la hizo Zapatero, en julio de 2011, apoyada por los sindicatos, la patronal, PSOE y CiU. Era una reforma impuesta por la Comisión Europea, que exigía hacer recortes para que España evitara el rescate. Esta reforma de ZP intentó frenar el gasto futuro con 4 medidas polémicas pero eficaces: subir la edad de jubilación (de 65 a 67 años en 2027), elevar el periodo cotizado para recibir el 100% de pensión (de 35 a 37 años en 2027), aumentar los años exigidos para retirarse a los 65 años (de 35 a 38 y 6 meses en 2027) y aumentar el periodo de cómputo cotizado (de 16 años a 25 en 2022).

La segunda reforma de pensiones la implantó Rajoy en septiembre de 2013, esta vez en solitario, con Bruselas también vigilante en una época de recortes. Dos fueron las medidas impuestas: una mínima revalorización de las pensiones (no con el IPC, sino en función del déficit de la SS), que aumentó las pensiones un +0,25% entre 2014 y 2017, y un Factor de Sostenibilidad, para subir menos las pensiones futuras (suponía un recorte del -30% para 2050). Al final, Rajoy tuvo que dar marcha atrás en 2017, forzado por el PNV (lo necesitaba para aprobar los Presupuestos de 2018) y aprobó una mayor revalorización (+1,6% en 2018) y retrasó (de 2019 a 2023) la entrada en vigor del Factor de Estabilidad.

En 2020, la mayoría progresista que apoyaba al Gobierno Sánchez, promovió en la Comisión del Pacto de Toledo (Congreso) la aprobación, el 27 de octubre, de 22 medidas de reforma de las pensiones (apoyadas por todos los partidos, salvo VOX, y la abstención de ERC y Bildu), que se resumían en 4 medidas básicas: revalorización de las pensiones con el IPC, quitar a la SS de gastos impropios, acercar la edad de jubilación real a la oficial y una subida extra de las cotizaciones del 0,6%. Con este amplio acuerdo político, el Gobierno Sánchez aprobó en 2021 y 2022 la 1ª fase de esta tercera reforma de pensiones. Primero, a finales de 2021, aprobó la revalorización de las pensiones con el IPC previsto para 2022 (+2,4%), un decreto Ley que votaron en contra PP, Vox y Ciudadanos. Segundo, ya en 2021 transfirieron a la SS 13.929 millones para cubrir parte de los gastos “impropios”. En 2022 transfirieron otros 18.396 millones y 22.567 millones más en 2023, lo que suprimía el déficit del sistema.

La 3ª medida, aprobada en 2022, fue penalizar más a los que se jubilen anticipadamente (la edad real de jubilación era 64 años y 6 meses en 2021), lo que supone un gran ahorro (14.000 millones anuales por cada año que suba la jubilación real). Y en paralelo, incentivar (con un cheque) a los que se jubilen más tarde de lo debido. Y la 4ª medida, aprobada en 2022 y la única no apoyada por la patronal CEOE, fue implantar una cotización extra, del +0,6% (+0,5% lo pagarán las empresas y el 0,1% sus trabajadores), a pagar entre 2023 y 2032, para crear una “hucha” (el Mecanismo de Equidad Intergeneracional, MEI), para reforzar los ingresos a partir de 2032, cuando se dispare el gasto con las jubilaciones del “baby boom”.

Estas 4 medidas (ya en marcha) de la 1ª fase de la reforma de pensiones del Gobierno Sánchez, recibieron en 2022 el visto bueno de la Comisión Europea, obsesionada (como en 2011 y 2013) porque las pensiones disparen el déficit público en España. Pero no les bastaban: creían que se había tapado el déficit de la SS, con los ingresos trasvasados de los Presupuestos, pero que no se aseguraba el futuro de las pensiones. Y pedían más medidas, como requisito para que España siga recibiendo Fondos europeos en 2023. Así que esta vez, el Gobierno ha empezado la 2ª fase de la reforma al revés: negociando primero con Bruselas los cambios ineludibles y luego tratando de conseguir apoyos en España.

Las autoridades europeas insistían en que España recortara gastos y aumentara ingresos para asegurar el futuro de las pensiones. La petición más polémica era aumentar los años de computo para calcular la pensión (los que ZP aumentó de 16 a 25 años), lo que supondría una pensión menor. Pero aquí, el Gobierno chocaba con el rechazo frontal de los sindicatos (y de Podemos). Así que al final se ha optado por una vía intermedia: se subirán los años de cómputo, de los 25 actuales a 27, pero con dos cautelas, para “suavizar” el ajuste. La primera, que los futuros pensionistas podrán elegir (ojo: hasta 2044) entre tomar los últimos 25 años o los últimos 29 quitando los dos peores. Y la otra, que el nuevo sistema de cómputo será progresivo, desde 2026: los años de cómputo alternativo (y los meses a descartar) irán aumentando progresivamente hasta 2038, primer año en que se podrían elegir los últimos 29 quitando los dos peores. El Gobierno reitera que el nuevo sistema es “neutro”, no ahorra gasto, aunque puede beneficiar a algunos futuros pensionistas. Además, en paralelo, la reforma ayudará a los trabajadores con “vacíos de cotización, sobre todo a mujeres que dejaron de trabajar por atender a hijos y padres. Pero ojo, a partir de 2044, ya no habrá “paños calientes”: el periodo de cotización será de 27 años, lo que supondrá un ligero recorte de las pensiones a partir de entonces.

Una vez asumido este recorte “diferido, la 2ª fase de esta reforma de pensiones se centra en aumentar los ingresos, algo nada polémico para los sindicatos pero sí para la patronal. Para conseguirlo, se han aprobado tres medidas. Una, eliminar el tope de cotización a los salarios más altos (la parte del salario superior a 4.495 euros no cotiza ahora) y subir ese tope cada año (el IPC más un 1,2%). A cambio, estos altos sueldos tendrán ahora una pensión máxima de jubilación mayor (hoy es de 3.058 euros), aunque proporcionalmente crecerá menos (por solidaridad). La segunda medida aprobada es crear una cuota de solidaridad, que se aplicara a la parte de los sueldos altos que no coticen (hay 35.000 millones en salarios que no cotizan nada hoy): empezará con una cuota del 1% en 2025 e irá subiendo 0,25% al año hasta alcanzar el 6% en 2045, cuota de la que se excluye a los autónomos. Y la tercera medida consiste en reforzar el Mecanismo de Solidaridad Intergeneracional (MSI) aprobado en la 1ª fase de la reforma y aplicado desde enero de 2023: esa cotización extra del 0,6% se aumenta ahora, año tras año, hasta duplicarse (1,2%) en 2029.

El Gobierno estima que con estas tres medidas, los ingresos del sistema de pensiones aumentarán en 15.000 millones anuales para 2050, sobre todo por "destopar" los salarios altos (50% nuevos ingresos) y por duplicar la cotización extra intergeneracional (aporta otro 40%), una medida con la que se espera llenar “la hucha de las pensiones (que ahora tiene 3.000 millones)  con hasta 130.000 millones de euros para 2040. La reforma contempla que la SS pueda “tirar de esta hucha” desde 2032 (no antes), para pagar la mayor factura de las pensiones que se espera hasta 2044, por la jubilación del “baby boom”.

Ante este aumento de ingresos vía cotizaciones (que pagan empresas, 23,60% del salario, y trabajadores, 4,70%), la patronal CEOE ha mostrado su rechazo, acusando al Gobierno de “voracidad recaudatoria” y de “lastrar el talento” y “la competitividad de las empresas españolas”. Pero el Gobierno ha recibido el visto bueno de Bruselas porque las autoridades europeas saben que los costes laborales (sueldos más cotizaciones sociales) en España son de los más bajos de Europa y “hay colchón” para subirlos. Y más cuando su impacto es bajo, según insiste el ministro Escrivá: la subida de cotizaciones repercutirá 37 céntimos en los costes laborales de las empresas españolas en 2050 (10 céntimos en 2023, 13 entre 2024 y 2030, 6 entre 2031 y 2040 y 8 céntimos entre 2041 y 2050). Con ello, tendrán un coste total (sueldos más cotizaciones) de 23,8 euros por hora trabajada en 2050 (frente a 23,40 hoy), todavía un 30% por debajo de los costes laborales de la zona euro (33,8 euros por hora hoy) y muy inferiores a los costes laborales de Francia (39,2 euros por hora trabajada), Alemania (38,3 euros) e Italia (29,9 euros). Y además, las cotizaciones que más suben, las de los salarios altos, las pagan sólo 1,2 millones de trabajadores, el 7% de todos los asalariados.

Además de subir los ingresos y retrasar la subida del periodo de cómputo, la reforma incluye una subida de las pensiones mínimas, hoy demasiado bajas. Las mínimas contributivas subirán más cada año para que en 2027 lleguen al 60% de la renta media (y alcancen 1.178 euros al mes en 14 pagas, un 22% más que hoy). Y lo mismo las mínimas no contributivas (asistenciales), que subirán de los 457 euros actuales (en 14 pagas) a 593 euros en 2027. Algo bastante justo, que aumentará el gasto en 2.500 millones anuales.

Al final, el objetivo de esta reforma es que el gasto en pensiones no se dispare en las próximas décadas y, aunque crezca (por el envejecimiento), no supere el 15% del PIB,  frente al 12% actual. El ministro Escrivá cree que, con las medidas aprobadas (entre 2021, 2022 y ahora), será posible consolidar los ingresos y “embridar” los gastos, para no superar ese tope, que es la exigencia de la Comisión Europea. Lo más importante no es sólo que se aprueba esta reforma, sino que incluye un mecanismo de seguimiento y control, que ha convencido a Bruselas. Por un lado, cada tres años habrá un informe de evaluación de ingresos y gastos, que elaborará la Agencia estatal independiente AIReF, la primera en marzo de 2025. En cada evaluación se hará un seguimiento y si se dispara el gasto, la AIReF propondrá al Gobierno de turno que tome medidas, enviando propuestas al Pacto de Toledo (Congreso). Y la reforma establece que las Cortes deberán aprobar esas medidas antes de finales de año. Pero ojo, si el Parlamento o el Gobierno no lo hacen, entraría en funcionamiento un mecanismo de ajuste automático: subirían las cotizaciones para compensar desde enero el 20% del exceso del gasto y el resto en los años siguientes.

La verdad es que el sistema de pensiones sale más robusto de esta reforma, aunque es muy probable que sea insuficiente en una década, lo que obligará a futuras reformas, que incidirán sobre el gasto (recortes) y los ingresos (cotizaciones y quizás un impuesto específico para las pensiones). Con todo, España debería avanzar en otras dos vías de las que apenas se habla: aumentar la natalidad y la población (la población “española” está cayendo y sólo van a salvar las pensiones los inmigrantes) y aumentar el empleo, avanzar en la modernización y competitividad de la economía para que trabajen (y coticen) más personas: deberían trabajar entre 1,7 y 4 millones de españoles más si nuestra tasa de empleo fuera como la media de la UE-28 y la de Alemania. Esos dos factores, más población y más gente trabajando, son las verdaderas garantías de las futuras pensiones.

jueves, 4 de junio de 2020

Pensiones: la COVID 19 acelera la reforma


El coronavirus ha afectado también a las pensiones. Por un lado, muchos mayores han retrasado su jubilación, al cerrarse las oficinas de la Seguridad Social. Por otro, 24.000 mayores han muerto por la pandemia, dejando de cobrar su pensión. Resultado: ha caído el número de pensiones (-45.258 en marzo y abril) y el gasto en pensiones (-26,38 millones), algo nunca visto. Pero lo más preocupante es que, con la fuerte recesión provocada, se desploman los ingresos por cotizaciones y como el gasto seguirá  creciendo, el “agujero” de las pensiones, se va a triplicar o cuadruplicar este año, según la AIReF. Este creciente déficit, que ha necesitado un 2º crédito extraordinario (van 44.300 millones este año), exige acelerar la reforma de las pensiones y reducir su déficit. El ministro de SS propone quitarle gastos que debería pagar el Presupuesto y retrasar la edad real de jubilación, ahora en 64,5 años. O aceleramos la reforma de las pensiones o nos la impondrán desde Europa.  

enrique ortega

La pandemia ha afectado también a las cuentas de la Seguridad Social, reduciendo el número de pensiones y el gasto, algo inaudito en la historia reciente. Este balance es el resultado de dos fenómenos. Por un lado, el cierre de las oficinas de la Seguridad Social a partir del 14 de marzo (por el estado de alarma) ha provocado que muchos mayores retrasaran su jubilación antes que hacer los trámites por vía telemática. Eso se ha traducido en menos altas de nuevas pensiones en marzo y sobre todo en abril, concretamente -28.579 altas entre enero y abril (todavía no hay datos de mayo) sobre las del año pasado, según la Seguridad Social. Y como la pandemia se ha cebado sobre los mayores (el 86% de los muertos han sido mayores de 70 años, unos 24.000 en total), pues también han aumentado las bajas de pensiones, +20.000 entre enero y abril sobre las del año pasado. El resultado es que el número de pensiones ha bajado en  -45.258 entre marzo (-6.750) y abril (-38.508), algo que no había pasado nunca antes. Y si contamos que también cayeron en febrero (-5.753), nos encontramos con que el 1 de mayo había reconocidas 9.754.137 pensiones, -51.011 pensiones menos que el 1 de febrero.


La primera consecuencia de esta caída del número de pensiones (y de pensionistas: bajaron en -40.339 entre febrero y abril, a falta de los datos de mayo) es el menor gasto en pensiones, que fue de 9.852,78 millones en abril, -26,38 millones de ahorro sobre la factura de marzo. Algo que tampoco había pasado nunca y que se debe a la bajada temporal del número de pensiones y pensionistas, ya que la pensión media sigue subiendo (990,01 euros en abril), lo mismo que la media de jubilación (1.137 euros), por la revalorización aprobada para este año (+0,9%) y porque los nuevos pensionistas se jubilan con una pensión más alta (1.295,66 euros la pensión nueva de jubilación en abril), según los datos de la SS.


Pero lo preocupante no es que baje el número de pensionistas, algo coyuntural por el estado de alarma, sino que haya caído el empleo y por tanto los ingresos por cotizaciones sociales, que además se han perdonado o retrasado a muchas empresas y autónomos en ERTEs (3,4 millones)  o suspensión temporal de actividad (1,3 millones de autónomos). Entre el 12 de marzo y el 31 de abril se perdieron 950.000 afiliados a la Seguridad Social. Y aunque en mayo se han recuperado una parte (187.814), todavía hay 760.082 afiliados menos a la SS que antes de la pandemia. Muchos ingresos menos para pagar las pensiones. Y menos que habrá a partir de julio, cuando algunas empresas puedan despedir, y en los próximos meses, cuando se terminen los ERTEs y suspensiones temporales para autónomos. De hecho, la Comisión Europea estima que España perderá este año un -8,7% del empleo, lo que supondría perder 1.737.000 empleos, un 9% menos de cotizantes a la SS.


Esto sí agrava las cuentas de las pensiones, su agujero, un déficit que se arrastra año tras año desde 2010, tras once años antes de continuo superávit (ver gráfico déficit SS). En 2019, el déficit de las pensiones mejoró ligeramente, quedando en -16.052 millones de euros, por debajo del “agujero” de 2018 (-17.088 millones), 2017 (-16.720 millones) y 2016 (-17.720 millones), aunque mayor que en 2015 (-13.038 millones), 2014 (-10.763 millones), 2013 (-11.541 millones), 2012 (-10.171 millones), 2011 (-1.063 millones) y 2010 (-2.433 millones). Como se ve, son ya 10 años continuados de déficit en las pensiones, sumando un “agujero total” de -116.642 millones entre 2010 y 2019. Déficit  que se ha “tapado” con créditos del Presupuesto a la SS (55.021 millones prestados a finales de 2019) y tirando de “la hucha” de las pensiones (que tenía 66.815 millones en 2011 y donde sólo quedan 2.150 millones). 

Ahora, con menos cotizantes, el déficit volverá a crecer. Y para anticiparse, el Gobierno acaba de aprobar, el 28 de mayo, otro crédito del Presupuesto a la Seguridad Social, por 14.000 millones de euros, que se suma al ya aprobado en abril (13.800 millones para pagar las dos extras de pensiones de este año). O sea, 44.300 millones más de préstamo del Estado que se suman a los 55.021 millones de años anteriores. Casi 100.000 millones de deuda pública para financiar el agujero de las pensiones.


Un agujero, un déficit que se va a disparar este año, según el reciente informe de la Autoridad Fiscal independiente (AIReF), que estima un desfase entre ingresos y gastos de la SS en 2020 entre -56.413 millones de euros (5% del PIB) y -68.824 millones (6,1% del PIB, según sea de profunda la recesión. Eso supondría triplicar o cuadruplicar el ya abultado déficit de 2019 (-16.052 millones, el 1,29% del PIB). Y eso porque el gasto en pensiones va a seguir creciendo (la bajada de marzo y abril será un “lapsus”) pero se van a desplomar los ingresos, por tres causas: menos cotizantes, bajos salarios y bajas cotizaciones (se van a congelar o bajar los sueldos) y menos ingresos por las exenciones a empresas y autónomos. 


En consecuencia, si antes de la pandemia ya teníamos un problema con las pensiones, ese déficit estructural que arrastran desde 2010, ahora se va a agravar mucho más, suponiendo más de la mitad de todo el déficit público previsto para 2020 (-10,1% del PIB, según la última previsión de la Comisión Europea). Así que si España quiere reducir su déficit público, tiene que afrontar el déficit de las pensiones, más preocupante ahora. Y no sólo por los efectos de la pandemia, sino porque el agujero de las pensiones se iba a agravar en cualquier caso a partir de 2027, cuando se jubilen los españoles del “baby boom”, los nacidos entre 1960 y 1975. Eso supondrá que los 9,75 millones de pensiones actuales serán 15 millones en 2050. Y para poder pagarlas sin problemas necesitaríamos contar entonces con 30 millones de españoles trabajando, 10,5 millones más de empleos que hoy, algo imposible: la Comisión Europea estima que sólo habrá 20 millones de españoles trabajando para 2050, lo que daría 1,3 ocupados por cada pensión. Y así no salen las cuentas.


Por todo esto hacía falta una reforma de las pensiones, que aumentara los ingresos y atemperar “ los gastos. Pero ahora, con la pandemia, esta reforma hay que hacerla antes, porque el déficit previsto este 2020 es muy preocupante. El ministro de Seguridad Social, José Luis Escrivá, un gran experto en pensiones desde su anterior cargo de presidente de la AIReF, ha hecho dos propuestas a corto plazo para ajustar las cuentas de las pensiones: desviar una serie de gastos de la SS al Presupuesto y retrasar la edad real de jubilación para reducir los nuevos jubilados (que ya crecen menos).


La primera propuesta supone “descargar” a las pensiones de una serie de gastos que nada tienen que ver con las pensiones pero que se pagan con cargo a cotizaciones y al presupuesto de la Seguridad Social: el coste de mantener el propio Ministerio (unos 4.000 millones anuales), las medidas de fomento de empleo (3.358 millones anuales en bonificaciones a empresas para que creen empleo, además poco útiles según los expertos), el coste de los permisos de paternidad y maternidad (2.558 millones que se pagan también con las cotizaciones), las prestaciones familiares (1.585 millones) y el pago del desempleo no contributivo (otros 6.392 millones en 2019). En total, son 17.893 millones de gastos que no tienen que ver con las pensiones y que si se cargaran directamente al Presupuesto del Estado y no a las cotizaciones, la Seguridad Social no habría tenido déficit en 2019.


La otra vía de actuación, según el ministro Escrivá, es reducir el gasto en pensiones retrasando la edad real de jubilación e incentivando a que los mayores se jubilen más tarde. La edad de jubilación ya se retrasó con la reforma de las pensiones de 2011 (ZP) a los 67 años para 2027, en un proceso de aumento gradual que exige este año jubilarse con 65 años y 10 meses (para los que han cotizado menos de 37 años). Pero muchos no esperan a esta edad para jubilarse y lo hacen antes, con penalización (un recorte del -6 al -7,5% por año anticipado), aunque las jubilaciones anticipadas se han reducido: si en 2016, un 44,3% de los trabajadores se jubilaban con menos de 65 años, en 2018 eran el 42,99%, en 2019 bajaron al 39,55% y en 2020, hasta finales de abril se han jubilado anticipadamente el 39,66% de los jubilados, según la Seguridad Social

Con todo, la edad media de jubilación es ahora de 64,5 años y aunque ha subido (era de 64,1 años en 2016), queda lejos de los 65 años y 10 meses de exigencia legal. Para Escrivá y los expertos, subir esta edad real de jubilación a 65 años y más supondría un enorme ahorro en el gasto en pensiones, lo consideran una de las medidas más efectivas. Eso implica incentivar que los trabajadores retrasen su jubilación, con la ayuda de las empresas, lo que tiene un impacto muy negativo: frena la incorporación de jóvenes al trabajo.


Aunque se avance por estas dos vías (menos costes y menos jubilados), urgen otras vías de reforma de las pensiones, porque el desplome de las cotizaciones va a forzar medidas más drásticas. De entrada, está en peligro la revalorización de las pensiones de 2021. La revalorización de 2020 (+0,9%) ya tiene un coste de 1.406 millones de euros, más el coste que supone para los próximos años (porque la subida se consolida en la pensión). Y se da el caso de que, por la recesión derivada de la pandemia, la inflación este año no será del 0,9% previsto inicialmente sino que no subirán nada los precios (inflación 0), según la previsión de la Comisión Europea. O sea, que los pensionistas ganarán poder adquisitivo este año. Y por ello, desde Bruselas pueden presionarnos para que, con el déficit disparado, no se suban las pensiones en 2021, salvo las mínimas. Es otro tema clave que debería acometer esa Comisión parlamentaria para la reconstrucción (por ahora tan inútil).


Con o sin revalorización, el Presupuesto para los próximos años deberá afrontar el coste de las pensiones (la principal partida, unos 145.000 millones anuales) y buscar reformas que aumenten los ingresos públicos (máxime si hay gastos que ahora pagan las pensiones y que podrían  pasar al Presupuesto) y “atemperen” el gasto en pensiones, para que esta partida permita frenar a medio plazo el déficit público, como exige Bruselas. Por todo ello, habrá que buscar nuevas fuentes de ingresos públicos, para el Presupuesto y para las pensiones (tasa digital, impuestos a las multinacionales que no pagan, impuestos ecológicos, tasa sobre operaciones financieras, impuesto sobre el patrimonio, subida del IRPF a los que más ganan, subida sucesiones a grandes empresas…) y, sobre todo, intentar que el gasto en pensiones crezca menos, "atemperando" las nuevas pensiones a un mayor número de años de vida. Acordar  que las nuevas pensiones sean menos altas para asegurar las pensiones para las generaciones futuras y el sistema no quiebre por el camino.


Esto no es “políticamente correcto”, pero las cuentas de las pensiones no son de chicle y no podemos cargar el problema a nuestros hijos y nietos. Hay que reformar el sistema, buscar los máximos ingresos posibles y en base a eso repartir el gasto, atemperando su crecimiento al crecimiento del empleo y la economía. Esta reforma ya era urgente antes y más ahora, con la pandemia, que va a triplicar o cuadruplicar el déficit de las pensiones. O hacemos nosotros esta reforma, de forma pactada y justa, o nos la harán desde fuera, desde Bruselas, con presiones para reducir el déficit vía pensiones. Y se agarrarán al dato (cierto) de que las pensiones en España son más altas que en la mayoría de Europa: suponen el 84,3% del último salario cobrado, frente al 63,5% de media en Europa, el 58,6% de media en los 36 paises OCDE, el 80,2% en Holanda, el 73,6% en Francia o el 51,9% del último salario en Alemania (eso sí, salarios mucho más altos), según este informe de la OCDE.


En definitiva, el coronavirus nos ha hecho más pobres y afectará también a nuestras pensiones (que podrían congelarse en 2021) y a las pensiones futuras, porque la caída de empleo agrava el déficit de la SS y exigirá reformas, como frenar la revalorización y atemperar las pensiones futuras a la reconstrucción de la economía y el empleo. Si los “paganos” de la crisis de 2008 fueron los jóvenes y las mujeres (según el Banco de España), mientras ganaron los pensionistas, ahora podría no ser así. Quizás nos toque sacrificarnos, salvo los que tienen pensiones mínimas. Es hora de lanzar este debate.

lunes, 13 de marzo de 2017

Reforma pensiones: falsas recetas interesadas


Las pensiones han cerrado 2016 con un agujero” de 18.500 millones, 38 veces el que encontró Rajoy al llegar a la Moncloa. Y los expertos auguran un déficit similar hasta 2022. Urge reformar las pensiones para que sean sostenibles, con medidas que el Congreso estudia para proponerlas en mayo. Y aparecen “recetas” por todas partes, desde retrasar la jubilación a los 70 años hasta otras más descaradas, como la de la patronal de fondos, que propone destinar un 4% del salario a Planes privados. No habría que darle más vueltas: lo que necesitan las pensiones es más dinero, entre 50.000 y 80.000 millones más,  porque caen las cotizaciones y España gasta menos en pensiones que Europa. Y para eso no hay “recetas milagro”: hay que subir cotizaciones y recaudar más impuestos de los que pagan poco. Y fomentar la natalidad y el empleo, para que haya más españoles cotizando en 2050, cuando se dupliquen los pensionistas. Más ingresos para las pensiones, no recortes ni “milagros”.
 
enrique ortega

El Gobierno ha comunicado que la Seguridad Social cerró el ejercicio 2016 con un déficit de 18.500 millones (1,7% del PIB), un “agujero” que es 38 veces el que encontró Rajoy al llegar a la Moncloa a finales de 2011 (-487,30 millones). Y no ha sido porque se hayan disparado los gastos, ya que el número de pensionistas (8.598.985) y de pensiones (9.459.746) crece sólo un 1,20% (menos que en el pasado) y el gasto en pensiones (118.941 millones) aumenta un 3,1%, más por el aumento de pensionistas que porque cobren más: de hecho, los nuevos pensionistas se jubilaron en 2016 con 10 euros menos de pensión media (1.332,37 euros) que los de 2015, debido a los recortes introducidos por las “reformas” de pensiones aprobadas por Zapatero (2011) y Rajoy (2013). Así que si el déficit de las pensiones crece (+1.800 millones en 2016) se debe sobre todo a la caída de ingresos: la Seguridad Social recaudó 13.717 millones menos de lo presupuestado en 2016. Algo que ha pasado durante toda la crisis: los ingresos de la SS han sido 48.841 millones inferiores a lo previsto desde 2008.

Caen los ingresos previstos de la  Seguridad Social a pesar de que el empleo crece, de que se hayan creado 1.372.900 nuevos empleos entre 2014 y 2016, según la EPA. Y eso porque los nuevos empleos, a raíz de la reforma laboral de 2012, son muy precarios (el 92% temporales y el 36% por horas), con sueldos más bajos, que cotizan menos. Pero además, hay otros dos motivos para que crezcan menos los ingresos de la Seguridad Social, por dos decisiones del Gobierno Rajoy. Una, perdonar cotizaciones a empresas y autónomos (las famosas “tarifas planas”), una medida que se ha revelado poco eficaz para crear empleo pero que resulta muy costosa para la SS: estas bonificaciones han supuesto ingresar 3.439 millones menos por cotizaciones entre 2012 y 2015 (1.456 millones por la tarifa plana a autónomos). La otra, por los recortes en el desempleo: ahora hay 609.899 parados menos cobrando el subsidio contributivo que en 2011, parados que no cobran paro pero que tampoco cotizan.

Así que fallan sobre todo los ingresos y eso explica el agujero creciente de la Seguridad Social,  cuyas cuentas no dan para pagar  las pensiones, lo que ha obligado al Gobierno Rajoy a echar mano de “la hucha” de las pensiones, creada en 2006 y alimentada por los superávits que tuvo la SS hasta 2011, cuando llegó a tener 66.816 millones “ahorrados”. Ya en 2012, el Gobierno Rajoy “tiró de la hucha” para pagar las extras de verano y Navidad y ahora sólo quedan 15.915 millones, para la extra de este verano (8.700 millones) pero no llega para la de Navidad. Y los expertos auguran que el déficit de las pensiones rondará los 20.000 millones este  2017 y se mantendrá en los -15.000 millones hasta 2022.

Así que las pensiones tienen un serio problema a corto plazo, que exige tomar medidas urgentes. Desde noviembre, la Comisión parlamentaria del Pacto de Toledo está escuchando opiniones y propuestas de expertos, para proponer al Gobierno una reforma en mayo (se retrasará a junio). Y aprovechando la ocasión, se multiplican las “recetas” para salvar las pensiones, muchas de ellas “interesadas”. Quizás la más famosa sea la que propone retrasar la edad de jubilación a los 70 años, encabezada por José María Aznar (al que los españoles le pagamos ya una pensión vitalicia como ex-presidente de 60.000 euros anuales, más coche, escolta y 2 asistentes) y propuesta antes por el gobernador del Banco de España, Luis María Linde, que reformó la ley para mantenerse en su puesto hasta los 73 años (tiene 71) y que no tendrá problemas para jubilarse (su sueldo es de 183.969 euros anuales).

El retraso en la edad de jubilación es una propuesta engañosa y rechazable por varias razones. Primera, porque la reforma de Zapatero ya amplió la edad de jubilación a los 67 años (sube unos meses cada año hasta alcanzarse en 2027), una de las más elevadas de la OCDE, salvo los 68 años de Irlanda, Reino Unido y la República Checa. Segundo, porque impediría el empleo de los jóvenes, donde la tasa de paro ronda el 48%. Y sobre todo, porque de nada sirve aumentar la edad de jubilación para que los mayores trabajen y coticen si los mayores no tienen empleo. En España, el 56,5% de los mayores de 55 años son inactivos (ni trabajan ni buscan trabajo), frente a sólo un 30% en Alemania o Japón. Y hay 1.037.600 españoles mayores de 50 años en paro, que no encuentran trabajo, muchos sin cobrar el paro y teniendo que esperar más de una década para jubilarse.Su drama no es trabajar más años sino trabajar a secas. Y como no encuentran nada, intentan jubilarse antes (no después), aun perdiendo un 8% de pensión por año anticipado. La prueba es que el 44,3% de los jubilados en 2016 lo fueron anticipadamente. Y que la edad media de jubilación es de 64,1 años (diciembre 2016), ni 65 ni 67 años.

Así que no parece que los españoles mayores de 55 años quieran trabajar más años, sino jubilarse cuanto antes porque no se les dan oportunidades.  Y si se ampliara la jubilación a los 70 años, muchos tendrían que quedarse tres o cinco años más en paro, cobrando un subsidio asistencial de 426 euros. Así que la medida costaría más en lugar de recaudar. Por todo ello, dos ministros del Gobierno, el de Economía y la de Empleo, ya han dicho que no se ampliará la edad de jubilación en España. Otra cosa es permitir que el que se jubile pueda compatibilizar trabajo y pensión, aunque de forma voluntaria.

Otra “receta” para salvar las pensiones, ésta mucho más “descarada”, es la que ha hecho la patronal de los fondos y planes de pensiones INVERCO: que se aporten el 4% de los sueldos de los trabajadores (2% las empresas y 2% los empleados) para un Fondo con el que crear un Plan de pensiones privado complementario a las pensiones públicas. Sería una manera de asegurar un negocio “cautivo” de 200.000 millones de euros, donde bancos y aseguradores controlaran este dinero y se llevaran las correspondientes comisiones.

El Círculo de Empresarios tampoco se ha cortado al proponer que se suban las cotizaciones a la Seguridad Social ... de los trabajadoresporque son más bajas que las de las empresas (un 4,70% frente al 23,60% en contingencias comunes. Hablan de “equipararlas”, sin precisar si eso supone multiplicarlas por cinco (y sin hablar, por supuesto, de equiparar también sueldos y beneficios empresariales…). Claro que también hay expertos, como Manuel Lagares, que han propuesto lo contrario: bajar todas las cotizaciones sociales al 10% y cubrir la pérdida de recaudación subiendo el IVA al 24% para casi todos los productos. Y también hay empresarios y expertos que proponen calcular la pensión sobre toda la vida laboral del trabajador y no sobre los últimos 25 años, como ahora. Eso penalizaría mucho las pensiones futuras, sobre todo de los jóvenes, que tienen sueldos iniciales muy bajos y precarios.

Al final, entre tantas “recetas milagro”, casi todas “interesadas”, lo que parece claro es que la Seguridad Social tiene un problema de ingresos y que la clave es cómo puede recaudar más. Los sindicatos proponen subir las cotizaciones de los sueldos más altos, que hoy tienen un tope: 3.751 euros de base máxima y lo que se gane de más no cotiza. Si se quitase este tope y los sueldos altos cotizaran por lo que ganan, la SS podría ingresar 7.500 millones más al año. También se ingresarían 3.700 millones más quitando las vigentes bonificaciones de cotizaciones a empresas y autónomos. Y otros 3.000 millones se ingresarían si hubiera más parados cobrando el paro y cotizando. Y se ahorrarían 4.000 millones si las pensiones no tuvieran que pagar el Presupuesto del Ministerio de Empleo (un anacronismo sin sentido) y lo pagase el Presupuesto del Estado, como el de los demás Ministerios.

En total, serían 18.200 millones de más ingresos y menos gasto, que cubrirían el déficit, junto a una posible emisión de deuda para pagar la extra de Navidad y  “reponer la hucha”. Pero sería un “parche” insuficiente. Por dos razones. Una, porque con el déficit actual y la reforma de pensiones que aprobó Rajoy en 2013, no hay dinero para revalorizar las pensiones actuales por encima del 0,25% que han subido estos años. De hecho, el propio Banco de España cree que la mala situación financiera de las pensiones obligará a subir las pensiones solo ese 0,25% anual al menos hasta 2040. Y como se espera que la inflación suba una media del 2%, eso significa que los pensionistas actuales perderán hasta un 35% de su pensión, porque se la comerá la inflación. O sea que si un pensionista gana hoy 700 euros (son la mitad), en 2044 será como si ganara 455 euros. Insostenible. Pero es que si se revalorizan todas las pensiones con el IPC, el déficit de la SS subiría a 70.000 millones, según FEDEA.

La otra  razón de que haga falta una reforma de fondo y más ingresos es demográfica. Para 2050, España será el país más envejecido de Europa y un tercio de los españoles tendrán más de 65 años, con lo que las pensiones pasarán de los 9,5 millones de este año a 15 millones de pensiones para 2050. Y los pensionistas vivirán entonces más años (90 años de esperanza de vida en 2066, frente a 82,8 hoy). Mientras las pensiones casi se duplicarán, bajará la población española y habrá 900.000 activos menos para 2025. En definitiva, más viejos viviendo más años y menos jóvenes para trabajar y pagar las pensiones.

Para hacer frente a estos dos grandes retos, la revalorización de las pensiones actuales y el pago de las pensiones futuras, hace falta una reforma de fondo, que asegure más ingresos a las pensiones, entre 50.000 y 80.000 millones más de aquí a 20 años. Y hay que hacerlo por dos razones. Primero, porque España gasta menos en pensiones que el resto de Europa: un 10,6% del PIB en 2016, inferior al 11,6% de la UE-28 y por debajo de ocho paises europeos: Italia (15,8% del PIB), Grecia (14,5%), Francia (13,8%), Austria (13,2%), Portugal (13%), Eslovenia (11,4%), Polonia (10,8%) y Alemania (10,6%), según la OCDE. Y segundo, porque se puede: España ingresa menos que la mayoría de Europa por cotizaciones e impuestos.

Una vía clara de conseguir más ingresos es subir las cotizaciones sociales, aunque tenga el inconveniente de penalizar el empleo. Pero hay margen: los ingresos por cotizaciones netas suponen en España el 12,3% del PIB, frente al 13,2% en Europa y el 15,3% en la eurozona, muy por debajo de las cotizaciones en Alemania (16,5% del PIB), Francia (18,9%), Italia (13,3%) o Portugal (11,6%) y sólo por debajo de Reino Unido (7,8%), según Eurostat. Eso significa que si España recaudara por cotizaciones como la eurozona, podría ingresar 34.000 millones más. Y otro tanto pasa con los impuestos: la recaudación en España supone sólo el 38,2% del PIB (2015), frente al 46,6% del PIB que recaudan los países del euro y el 44,9% del PIB que ingresa la UE-28, según Bruselas. Y recaudamos mucho menos que Alemania (44,9%), Italia (48,2%) y Francia (53,4% de su PIB). Eso significa que si recaudáramos como la eurozona, España ingresaría 84.000 millones más al año en impuestos.

Con ambas medidas, subir cotizaciones (de empresas y trabajadores) y recaudar más impuestos (no subiéndolos a los que ya pagamos sino combatiendo el fraude y haciendo pagar más a los que pagan poco: grandes empresas , multinacionales, y los más ricos), España podría ingresar entre 80.000 y 120.000 millones más en una década. Y destinar buena parte de  esos mayores ingresos (entre 50.000 y 80.000 millones) a asegurar el futuro de las pensiones, sin descartar buscar algún nuevo recargo o impuesto específico. O se busca ese dinero extra, de estas u otras maneras (sin “milagros”) o no salen las cuentas. Y además, en paralelo, hay que fomentar la natalidad (debían nacer 719 niños más cada día, además de los 1.143 que nacen), modernizar la economía y crear más empleo estable, para conseguir los trabajadores necesarios para pagar las pensiones a mediados de siglo. Casi nada.