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lunes, 31 de octubre de 2016

Poco ahorro y mal pagado

El 31 de octubre se celebra el Día Mundial del Ahorro, promovido por las Cajas. Pero hoy casi no hay Cajas ni ahorro: lleva cayendo desde 2009, porque los españoles tienen menos ingresos y se ven forzados a gastar lo poco que tienen. Y los que consiguen ahorrar, no le sacan rentabilidad a su dinero. Los depósitos (donde está el 40% del ahorro) sólo pagan el 0,16% de interés, la tercera parte que en Europa. Y hay bancos que cobran incluso a grandes empresas e instituciones por guardarles su dinero. La Bolsa está muy nerviosa y el dinero va a los Fondos, que cobran demasiadas comisiones. Y  a pesar del miedo al futuro de las pensiones públicas, caen las aportaciones a los Planes de pensiones privados, que apenas rentan y pagan muchos impuestos al rescatarlos. Poco ahorro y mal pagado. Pero tenemos que intentar ahorrar, no para comprar un piso sino para invertir en nosotros y nuestros hijos (formación) y para complementar nuestra pensión futura. No queda otra.


enrique ortega

Los españoles no han sido nunca de mucho ahorrar, pero en los últimos años, con la crisis, el ahorro se ha desplomado. Primero se disparó, en 2008 y 2009, cuando las familias vieron las orejas al lobo y aumentaron su ahorro, por lo que se avecinaba: se pasó de ahorrar el 5,9% de la renta disponible en 2007 al 13,4% de ahorro en 2009, el máximo histórico. Y a partir de ahí, las familias empezaron a “tirar de la hucha”, de los ahorros, que han bajado año tras año hasta ser ahora del 8,3% de la renta disponible (junio 2016), según los datos del INE.

Cae el ahorro porque los españoles tienen menos ingresos, por la crisis. Primero, porque muchos han perdido su empleo (3,8 millones desde 2008, de los que 2 millones todavía no se han recuperado). Y segundo, porque los que han seguido trabajando han visto reducirse sus salarios (hasta un 15% entre 2012 y 1015), que son hoy muy bajos: el salario más habitual es de 1.602,5 euros brutos (1.280 euros netos), según el INE y hay 8 millones de españoles que declaran a Hacienda ganar menos de 12.000 euros al año (2014). Además, parados y trabajadores han visto subir estos años los impuestos, desde el IVA al IRPF y las tasas, con lo que, a pesar de las bajadas de última hora, hemos pagado 17.578 millones más de impuestos en 2015 que en 2011. Al final, entre menos ingresos y más pagos a Hacienda, la renta de los españoles ha caído estos años: de 28.206 euros de ingresos medios por hogar en 2010 a los 26.092 euros por familia en la primavera de 2015, según el último dato del INE. Y de 10.858 euros por persona (2010) a 10.419 euros (2015).

Esto son “medias”, pero hay familias donde la crisis se ha cebado más y cuya renta ha caído especialmente. Por eso, el 13,7% de los hogares confiesan que llegan a fin de mes “con mucha dificultad”, según la última Encuesta de condiciones de vida del INE (2015). Un 39,45% de familias no pueden afrontar gastos imprevistos y un 40,6% no puede irse ni una semana de vacaciones. Y el 9,4% de las familias se retrasa en el pago de la hipoteca, el alquiler, la luz o el gas, según esa Encuesta del INE. O sea, que una gran parte de hogares “viven al día” y tienen que “tirar de la hucha” para sobrevivir.O para pagar deudas. Por eso cae el ahorro en España desde 2009, más que en el resto de Europa.

Con todo, ¿dónde tienen los españoles sus ahorros? La mayoría de las familias lo han invertido en comprar su casa, generalmente a costa de pesadas hipotecas: antes de la crisis, un 83% de españoles eran dueños de su vivienda, frente a un 60% de europeos, según datos del Banco central Europeo (BCE). De hecho, en 2015, el patrimonio inmobiliario de los españoles ascendía a 4.50 billones de euros, mientras el patrimonio financiero (dinero en cuentas, Bolsa, fondos, seguros y planes) era de 1,97 billones de euros, según INVERCO. O sea que de cada 6,5 euros de ahorro, 4,5 están en el ladrillo (70%) y casi 2 en las finanzas. Un reparto que ha cambiado drásticamente con la crisis, ya que en 2008, antes del estallido de la “burbuja inmobiliaria”, el patrimonio inmobiliario era 1,8 billones mayor (6,3 billones) y el patrimonio financiero mucho menor (1,6 billones). Entonces, en 2008, de cada 8 euros de ahorro, 6,3 euros estaban en el ladrillo (78%) y 1,6 euros en las finanzas.

El ahorro en forma de patrimonio inmobiliario de los españoles se está recuperando lentamente, con la subida de la vivienda desde 2014 (más de un 8%), que va a seguir, aunque poco a poco. Pero de este “ahorro” en forma de ladrillo no pueden “tirar” las familias, salvo que vendan su casa y alquilen. El ahorro más “asequible” a corto plazo es el ahorro financiero (en depósitos, valores, Fondos, Planes, seguros…), que  se está recomponiendo también, por la subida de valor de algunos activos (Bolsa y Fondos) y ,sobre todo, porque han bajado mucho los tipos de interés y eso ha reducido el pago de intereses de las familias por sus hipotecas. Se calcula que la bajada de tipos ha ahorrado a los hogares españoles 22.582 millones de euros en intereses (hipotecas y préstamos), que les han permitido gastar o ahorrar más.

Al final, el ahorro financiero de los españoles es de 1,98 billones de euros (1.980.092 millones) en junio de 2016, según el Banco de España, frente a 1,68 billones en 2008. Y lo más importante es que el ahorro neto (quitando las deudas) ha mejorado más, siendo ahora de 1,19 billones (frente a 0,72 billones en 2008), porque las familias han reducido mucho sus deudas en estos años (devolviendo hipotecas y préstamos): si la deuda de los hogares era de 960.360 millones de euros en 2008, ahora es de 782.444 millones (junio 2016).

¿Dónde tienen los españoles este ahorro financiero? La mayoría de este dinero, de esos 1,98 billones, está en los bancos: 861.614 millones están en cuentas corrientes y libretas (68.455 millones) y sobre todo, en depósitos (793.159 millones), que suponen ahora un 40% de todo el ahorro financiero (un porcentaje que no ha dejado de bajar desde el 57% del ahorro que suponían los depósitos en 1985). El segundo lugar donde está el ahorro financiero es en valores, en acciones cotizadas y no cotizadas: son 400.350 millones (marzo 2016), un 20,3% de todo el ahorro financiero. El tercer destino son los Fondos de inversión: 244.124 millones (marzo 2016), el 12,4% del ahorro. El cuarto es la inversión en seguros, que alcanza los 225.189 millones (marzo 2016), un 11,4% del total. Y el resto se invierte en renta fija y deuda (32.627 millones, un 1,7%), préstamos y otras inversiones, según INVERCO.

En esto del ahorro y donde invertirlo, España también “is different”. Los españoles tenemos más dinero en cuentas y depósitos (43%) que el resto de europeos (30% del ahorro). Invertimos mucho más en Bolsa (20,3% del ahorro en acciones frente al 11% en Europa): las familias españolas son propietarias del 26% de las acciones cotizadas (2014) frente a un 11% que tienen franceses o italianos y un 9% los alemanes. Pero invertimos menos en seguros y Planes de pensiones (15% frente al 40%). La gran diferencia está en los Planes: invertimos en ellos sólo un 5,6% del ahorro frente al 37,5% en Europa.

La inversión predilecta de los españoles, los depósitos, están de capa caída con el desplome de los tipos de interés en los últimos años. Con ello, los ahorradores reciben por sus depósitos (770.000 millones en junio de 2016) una rentabilidad media del 0,16%, con datos de agosto del Banco de España. Y además, somos el segundo país euro (tras Irlanda) donde los bancos pagan menos por los depósitos: en julio se pagaba un 0,19% en España, la tercera parte que en la eurozona (0,53% de interés) y mucho menos que en Holanda (1,75%), Francia (1,33%) o Italia (0,91%), según datos del BCE, que fija el mismo tipo de interés de referencia (0%) para toda la eurozona. Y ya hay bancos, en Europa y en España (Santander y BBVA), que han empezado incluso a cobrar por los depósitos, de momento sólo a los grandes clientes (grandes empresas y aseguradoras), justificándolo en que el BCE les cobra a ellos un 0,40% por los depósitos a un día que tienen con él.

No parece que los bancos acaben cobrándonos a todos por los depósitos, pero sí que el interés que se pague al ahorro siga siendo mínimo, sobre el 0,10%, en los próximos meses. Y el gran cambio es que la inflación va a subir, después un par de años en negativo. Si el IPC vuelve al positivo y la inflación sube un 1,3% en 2017, como prevé el Gobierno Rajoy en el cuadro macro enviado a Bruselas, eso significa que los ahorradores perderán dinero, porque la inflación se comerá con creces sus exiguos intereses. Y entonces, ¿dónde se puede invertir el ahorro? Los bancos van a seguir tentándonos con depósitos a más plazo y con depósitos estructurados, que son como “cestas de inversión” donde una parte se destina a depósito y otra parte a renta fija (deuda pública o de empresas), un Fondo o  acciones.  Pero la deuda pública tampoco es una salida: las Letras del Tesoro a un año pagan ahora intereses negativos (cobran el 0,26%) y también la deuda española a 3 años (-0,08%). Y la deuda pública a 5 años sólo da una rentabilidad del 0,10% y un 1,01% la deuda a 10 años.

Los expertos insisten: si se busca más rentabilidad al ahorro, hay que arriesgarse. Más con la Bolsa, que va a seguir con altibajos, ante el estancamiento de la economía internacional, el bajo crecimiento en Europa y la crisis de los paises emergentes (más el temor a China). La esperanza está en los valores que pagan dividendo (muchos no en dinero, sino en acciones, en “papelitos”, lo que deprecia su valor): para 2017 se estima que habrá 13 empresas que ofrezcan una rentabilidad por dividendo del 7% (Telefónica), el 6%(Endesa, CaixaBank y Repsol) o algo más del 5% (Mediaset, Gas Natural, Enagás, Abertis, Sabadell, BBVA, IAG, Mapfre o Iberdrola). Y para los que quieran menos riesgo están los Fondos de inversión, que han conseguido un récord de dinero en septiembre  (377.648 millones). Su ventaja es que se trata de “cestas” donde diversificar la inversión y se puede cambiar de un Fondo a otro sin penalización fiscal. El problema son sus altas comisiones.

Y queda destinar el ahorro a Planes de pensiones privados, como muchos europeos. Pero aquí, a pesar del miedo creciente sobre el futuro de las pensiones públicas, los Planes privados no cuajan: en 2016 están cayendo los partícipes (9,9 millones, casi 1 millón menos que en 2010), las aportaciones (-5,72% en el primes semestre) y su patrimonio (-0,2%). Hay tres razones que explican por qué los Planes no tienen éxito: su bajísima rentabilidad (1,75% a 10 años y -2,25% en el último año), sus elevadas comisiones y la alta fiscalidad cuando se rescatan (Hacienda “le da un palo” al jubilado). Urge un cambio drástico si se quiere que en España los Planes de pensiones privados sean una forma de ahorro popular para complementar la pensión pública.

Recapitulando, el ahorro de los españoles sigue bajando, porque no se recomponen sus ingresos. Y los que consiguen ahorrar, le sacan poca rentabilidad a su esfuerzo, sobre todo los depósitos. Habría que fomentar el ahorro, con campañas desde la juventud y con medidas fiscales, porque el ahorro de un país permite financiar la inversión privada y pública, el crecimiento y el empleo del futuro. Todos deberíamos acostumbrarnos a ahorrar algo desde pequeños, ganemos más o menos. Pero sobre todo, debemos cambiar la mentalidad de lo que hacemos con el ahorro. No deberíamos “enterrarlo” en comprar un piso o en un banco. Deberíamos invertirlo en nosotros mismos, en dos destinos claves: mejorar  la formación (nuestra y de nuestros hijos), con cursos y reciclaje profesional que beneficiará nuestro trabajo y nuestro sueldo (y el de nuestros hijos), y asegurar nuestro futuro, con unos ingresos complementarios para la jubilación, ya sea un Plan, un seguro, un fondo o unas acciones. Al final, ahorrar es el precio de tener una mayor seguridad.

lunes, 4 de julio de 2016

Adiós a la clase media


Esta larga crisis  nos ha hecho a todos más pobres: la renta de las familias ha caído un 20% y hemos vuelto a los ingresos de 2003. Más de una década perdida. Pero el recorte del nivel de vida no ha sido uniforme y “el tajo” ha ido por barrios, afectando sobre todo a las rentas bajas y medias. Con ello, 3,5 millones de españoles han dejado de ser “clase media” y ahora son  “clase baja”, como un tercio de ciudadanos. Y el 1% más rico lo es aún más. Cara al futuro, se reducirá más la clase media, por la incertidumbre laboral, la precariedad y los bajos salarios. Se vislumbra una sociedad “low cost”, con una clase alta reducida y poderosa y una clase baja mucho más extendida, la “clase low cost”. Para evitarlo, habría que crecer más, conseguir más empleo “decente”, mejorar los salarios y utilizar los impuestos y las ayudas públicas para reducir las diferencias entre españoles. Nos jugamos la sociedad de nuestros hijos.
 
enrique ortega

La actual crisis  ha provocado una caída generalizada en los ingresos de todos los españoles, por cuatro vías. La primera, la pérdida de empleo que sufrieron 3.802.800 españoles entre el verano de 2007 y la primavera de 2014. Y aunque después se han recuperado 1.079.000 empleos, son más precarios y peor pagados, y todavía hay 2.733.800 españoles menos trabajando que antes de la crisis. La segunda vía de pérdida de renta son los salarios, que bajaron una media del 15% tras la reforma laboral de 2012 y que sólo han empezado a crecer (poco) en 2015 (+0,75%) y 2016 (1,20%). Y además, han caído más los salarios más bajos, menos los de los mandos intermedios y han subido incluso los de los directivos de las empresas. La tercera vía de pérdida de rentas fueron las subidas de impuestos, sobre todo en 2011 y 2012, que no han sido compensadas por las bajadas de 2015 y 2016. Además, unas subidas que han cargado más sobre las rentas más bajas, al centrarse mucho en el IVA, impuestos especiales y tasas. Y la cuarta vía de pérdida de ingresos son los recortes de servicios públicos (sanidad, educación, ayudas sociales y Dependencia) y de ayudas, desde becas a servicios sociales y copagos farmacéuticos.

Todo ello explica que la renta familiar disponible, lo que los hogares tienen para gastar, haya caído un 20% entre 2007 y 2013, según el INE: de 27.560 euros a 22.146 euros, la renta de las familias españolas en 2003. O sea, que la crisis nos ha hecho más pobres y hemos retrocedido más de una década. La caída de rentas ha sido mayor en Murcia (-27%), Comunidad Valenciana (-25,8%), Castilla la Mancha (-23,2%), Canarias (-22,6%) y Andalucía (-21,4%) y bastante menor en el país Vasco (-7,2%), Aragón (-16,6%) y Navarra (-17,7%). Los expertos creen que al ser tan grande la pérdida de rentas, España tardará años en recuperarse, al menos otra década, porque los menores ingresos de las familias afectarán negativamente a su formación y la de sus hijos, al consumo, al ahorro y a la inversión.

Pero hay otro problema con la caída de las rentas: no se ha producido de forma homogénea, sino que “ha ido por barrios”, afectando más a unas familias que a otras. La mayor caída de ingresos se ha dado en las familias más pobres y luego en la clase media, debido a que han sido las más afectadas por la caída de empleo y salarios y las que más han sufrido los recortes y la subida de impuestos. Y con ello, se ha producido “un trasvase social”: 3,5 millones de españoles han dejado de ser “clase media” durante la crisis y se han sumado a la “clase baja”, según un documentado estudio de la Fundación BBVA y el IVIE, con datos del INE. Significa que si en 2007 había un 60,6% de hogares que se consideraban “clase media” (con ingresos entre un 75% y un 200% de la media del país), en 2013 eran sólo el 52,3%. Y han pasado a engrosar la “clase baja” (los que ingresan menos del 75% de la media española), que de ser el 26,6% de los hogares en 2007 han pasado a ser el 38,5%, más de un tercio de la población.

La clase media apareció en los años 60 del siglo pasado, en toda Europa y en España (con el “desarrollismo” y el 600), como un “invento” del sistema para difuminar la vieja lucha de clases, entre obreros y empresarios. La economía crecía al máximo y muchos trabajadores empezaron a sentirse “superiores” porque su trabajo les permitía tener una casa, un coche, vacaciones y mandar a sus hijos a la Universidad. No eran trabajadores sino “clase media”. Y a principios de este siglo, con el “boom inmobiliario” y el dinero barato, se endeudaron a tope para comprar todo lo que deseaban. Y creían que “el mundo era suyo”. Pero en esto vino la crisis, cayeron el empleo y los ingresos mientras las deudas estaban ahí. Y familias enteras pasaron de vivir en la abundancia a apuntarse al paro e incluso a la pobreza. Adiós al sueño de la clase media.

Lo peor de todo es que, antes y ahora, muchos españoles se creen clase media y no lo son realmente, ni por sus ingresos ni por su patrimonio. Así, en el último Barómetro del CIS, un 56% de los españoles se considera clase media, frente al 63% que se consideraba así en 2007. Pero los datos de salarios nos dicen que hay mucha menos clase media. Así, sólo un 33,2% de hogares ingresan entre 2.000 y 5.000 euros al mes, mientras son ya un 64,4% las familias que ganan menos de 2.000 euros al mes (y de ellas, el 47,9% menos de 1.500 euros mensuales), según un estudio de la Fundación Encuentro a partir de los datos del INE. Y no olvidemos que el sueldo más habitual en España son 16.490 euros brutos anuales (942 euros netos en 14 pagas), según el INE (2014). Y que casi un tercio de los trabajadores, 4,5 millones, son mileuristas: ganan menos de 1.000 euros netos al mes.

Los mismos datos del INE (Encuesta de Condiciones de Vida 2014) nos hablan de un país donde el 40,6% de españoles no pueden ir una semana de vacaciones, donde un 39,4% no tienen capacidad para afrontar gastos imprevistos, donde un 9,4 % de familias tienen que retrasar pagos relacionados con su vivienda y donde el 13,7% de los hogares tienen muchas dificultades para llegar a fin de mes. Eso sin olvidar que, en 2015, un 28,6% de los españoles (13.300.000) tenían una situación de pobreza, escaso empleo o carencias materiales severas, según el indicador europeo AROPE.

Así que sólo mirando los salarios, no hay tanta clase media como se cree. Pero la clave no son los salarios, que se gastan, sino el patrimonio que tienen las familias, el verdadero “termómetro” de su clase. Y aquí, el economista Luis Molina ha clasificado los hogares españoles en “5 clases”, a partir de los datos de riqueza incluidos en el último estudio de Credit Suisse (2014). Y concluye que un 70% de los españoles son “clase baja”: un 20% los llama “precariado” (la clase más baja), que tiene sólo el 0,3% de la riqueza total del país (con más deudas que patrimonio), y otro 50% son la “clase trabajadora”, con un 21,9% del patrimonio total del país y una riqueza promedio de 35.000 euros por familia. A partir de ahí, el estudio considera que sólo un 20% de los hogares son “clase media”, que tienen un 28,6% de la  riqueza del país y 90.000 euros de patrimonio medio. Más arriba coloca a un 9% de los hogares como “clase media alta”, que representan el 28,6% de la riqueza total y tienen un patrimonio medio de 260.000 euros. Y finalmente está ese 1% de españoles, “la superclase alta”, que acapara el 27% de la riqueza total (tanto como el 50% de españoles que son clase trabajadora), con un patrimonio entre 1 y 72.330  millones de euros (la fortuna de Armando Ortega, el dueño de Inditex, según Forbes).

Vistas así las clases sociales, hay que añadir que la crisis ha provocado una caída del patrimonio en las clases más bajas y un aumento del pastel de la superclase alta, que ha aumentado “su trozo” del 22,3% de la riqueza total que tenían en 2008 al 27% de 2014. El número de millonarios españoles ha subido un 50% con la crisis: de 127.100 (2008) a 192.500 (2015), según un informe de Capgemini.Y eso porque se han visto menos afectados por la crisis, la caída del empleo y los salarios o los recortes y la subida de impuestos. Por eso ha aumentado drásticamente la desigualdad en España: es el segundo país de la OCDE donde más ha crecido la desigualdad desde 2007, sólo por detrás de Chipre, casi 10 veces más que la media europea (incluso 14 veces más que en Grecia). Y ahora, España es el cuarto país más desigual de Europa, tras Portugal, Italia y Grecia, según un informe de Morgan Stanley. Baste un dato escandaloso: los 20 españoles más ricos tienen tanto patrimonio como los 14 millones de españoles más pobres (el 30% de la población), según el último informe de Intermón Oxfam.

Si en realidad la mayoría de españoles son “clase baja” y la clase media real no llega al 25% de las familias, todo apunta a que aún serán menos en el futuro. Y eso porque la actual crisis ha destruido un elemento clave de la clase media: la seguridad en el empleo. Hasta ahora, muchos españoles vivían con la seguridad de que su empleo les permitiría tener coche, casa, vacaciones, segunda residencia, hijos en la Universidad y un futuro cada año mejor. Pero ahora saben que ya no es así, que pueden mantener su empleo o haber conseguido uno, pero que no tienen asegurado el futuro, que cualquier día su mundo se puede venir abajo. Que vivimos en un mundo “low cost”, donde se busca el bajo coste a cualquier precio y eso exige empleos y sueldos “low cost”, que conforman una nueva clase social, la clase “low cost”. Y ya hay muchos jóvenes que sólo conocen esta forma de vida, que se va a generalizar en el futuro, aunque la economía se recupere. Es otro modelo económico y social que se impone, empujado por la globalización, la tecnología y la robotización de los trabajos.

El riesgo de esta precarización de la mayoría de la población, del recorte de las clases medias, no es sólo el deterioro del nivel de vida de la mayoría y la inseguridad ante el futuro. Es que se configure una sociedad políticamente apática o descontenta, que desconfíe del sistema y de la democracia. Las clases medias sirvieron, en España y en todo el mundo, para atenuar las tensiones sociales. Ahora, con la generalización de la “clase low cost”, resurgen los antisistema, los populismos y los extremismos, en España y en Europa. Porque la crisis no sólo se ha llevado nuestras rentas, también nuestra seguridad y nuestras esperanzas.

Se impone que los Gobiernos tomen medidas, para recomponer el mapa social y la democracia. Y eso pasa por recomponer los ingresos y el nivel de vida de la mayoría, con una política activa para crecer más y crear más empleo “decente”. Eso pasa por recaudar más, no de la mayoría que ya pagamos sino de los que pagan menos de lo que deben (grandes empresas, multinacionales y los más ricos, que han salido ganando de esta crisis). Luchando contra el fraude fiscal y subiendo los impuestos sólo a estos grupos, se podrían recaudar 40.000 millones de euros más al año. Y con ellos, destinar una parte a inversiones públicas e incentivos al empleo estable, para que haya más españoles trabajando. Y además, hace falta tomar otras medidas para mejorar la productividad de las empresas, para que puedan pagarles más. Y con más empleo “decente”, mejores salarios y unos impuestos más justos, además de más gasto social y más ayudas a los que menos tienen, se pueden recomponer los ingresos de las familias, para que la clase baja no sea tan precaria y haya más clase media. Un camino que exige al menos una década para dar frutos. Pero hay que empezar ya.

jueves, 30 de enero de 2014

El ahorro familiar, por los suelos


Los españoles ahorramos menos que nunca desde 2007. Y nos hemos “comido” el ahorro que acumulamos en los primeros años de la crisis. Las familias (un tercio con la mitad de sus miembros en paro) viven al día y no pueden ahorrar, lo que les dificulta pagar sus deudas, sobre todo las hipotecas: uno de cada tres hogares tiene pendiente pagar su casa. Al final, la caída de salarios, las pensiones congeladas, la subida de precios básicos e impuestos y el empleo precario impiden que las familias españolas ahorren y eso puede agravar los desahucios y, sobre todo, impedir que se reanime el consumo, la única vía para crecer y crear empleo. Con las familias asfixiadas, sin poder ahorrar y con problemas para llegar a fin de mes, no hay recuperación posible. Hay que abrir la mano con los salarios más bajos, renegociar hipotecas y crear empleos dignos para que las familias ahorren y consuman.
enrique ortega

Antes de la crisis, los españoles ahorraban poco (un 11% de su renta), porque la mayoría gastaba sin temor o utilizaba su  remanente para comprar piso o cambiar de casa. Pero cuando vieron las orejas al lobo, en 2008, empezaron a ahorrar contra reloj, para prepararse ante lo peor: el ahorro subió sin parar, hasta un récord del 17,8% de la renta en diciembre de 2009. A partir de ahí, con 2 millones de empleos perdidos (y cayendo más) y los salarios a la baja, los españoles se vieron obligados a “tirar de sus ahorros” para sobrevivir y pagar deudas. Y en septiembre de 2013, el ahorro había caído ya al 10,5% de la renta, el nivel más bajo desde 2007, según el INE.

El ahorro de las familias está por los suelos, básicamente, porque han caído drásticamente sus ingresos, por la dramática caída del empleo (3.687.400 empleos perdidos desde septiembre de 2007) y la escasa subida (e incluso bajada) de salarios y pensiones, junto a los recortes de subvenciones y ayudas públicas (becas, subsidios). Los hogares han tenido menos ingresos y han afrontado subidas de precios e impuestos (IRPF e IVA), mientras pagaban sus hipotecas, con lo que se han comido parte de sus ahorros. En 2013, la renta disponible de las familias volvió a caer, por los menores ingresos (caída de salarios, congelación de pensiones y recorte de subsidios), mientras subían los precios de productos básicos (luz +3,5%, transporte público urbano +3,7%, interurbano +2,6%, alimentos +1,2%, carburantes +1,7%, enseñanza y gastos médicos +1,9%), las tasas (universitarias hasta el 50%) e impuestos locales (IBI) y autonómicos, además de mantenerse la subida del IRPF. Total que los españoles ingresan menos, consumen menos y ahorran menos.

España ahorra menos que el resto de Europa porque los españoles tienen también menos renta disponible: 18.000 euros de media, un 33 % menos que austriacos o noruegos (27.000 euros), un 25% menos que alemanes (26.000€) o franceses (24.000€) y un 10% menos que los italianos (19.700€). Pero además, tradicionalmente hemos ahorrado menos que muchos países europeos (un 11% de la renta disponible frente al 16% de Alemania, Francia o  Suiza) porque los españoles dedicaban su remanente a comprar casa: el 83% de los españoles son propietarios, frente al 60% en la UE y el 44% en Alemania. Con todo, ahora, con la crisis, también cae más el ahorro en España (y en Irlanda y la Europa del sur) que en el resto de Europa. Y eso, porque está cayendo la renta disponible, mientras sube en Centroeuropa.

La caída del ahorro ha sido diferente según las familias. Donde más ha caído ha sido entre las familias con menos rentas, que también tenían menos colchón de ahorros (no pueden cortar más sus gastos básicos y han de “tirar del ahorro”), entre las familias sin hipoteca (las que están pagando su piso, conservan lo más posible sus ahorros por si tienen que utilizarlos para pagar al banco) y entre los jóvenes con trabajo temporal y poca formación, según un estudio del Banco de España. Ahora, 4 de cada 10 españoles no son capaces de ahorrar nada, mientras sólo un 15% ahorra periódicamente, según un informe de Kelisto.es.

Para este año 2014, las previsiones son que el ahorro de las familias siga cayendo, por debajo del 10% de la renta, dado que los ingresos seguirán congelados o a la baja (salarios caerán un 1%, las pensiones suben un 0,25% y habrá muchos parados que pierdan el subsidio) y  los precios básicos siguen subiendo (luz, transporte, carburantes, alimentos, enseñanza y sanidad), como los impuestos y algunas cotizaciones sociales, mientras el poco empleo que se cree será temporal y precario, con ingresos mileuristas (como para ahorrar).

La caída del ahorro, además de agravar el panorama de muchas familias (no pueden hacer frente a gastos imprevistos, desde cambiar de coche a ayudar a un hijo), es una bomba de relojería para la banca y la economía: dificulta que los españoles, muy endeudados (una de cada tres familias está pagando su hipoteca) paguen sus deudas. De hecho, la deuda de las familias españolas aumentó en 260.000 millones de euros en los años del boom (2005-2008) y aunque han devuelto 125.783 millones con la crisis (a costa de comerse el ahorro), aún les queda devolver más de la mitad de la nueva deuda, 134.217 millones.

Una deuda difícil de pagar, porque han caído drásticamente el empleo y los ingresos y los precios de las casas (-40% desde 2007), que además no se pueden vender ni perdiendo (1 de cada 10 viviendas hipotecadas valen hoy menos que su préstamo), porque no hay compradores ni crédito. El FMI ya advirtió en verano del grave riesgo de esta enorme deuda privada (familias y empresas) sobre la banca, con un nivel de morosidad que ya ha superado el 13% y que no se frena. Ello debería obligar al Gobierno a promover con la banca planes de renegociación de la deuda, con aplazamientos y bajadas de tipos, con ayudas especiales para las familias más vulnerables (1 de cada 20 familias no puede pagar), para evitar los desahucios. Y hacer otra política económica: sólo con un crecimiento del empleo y los salarios, no con la austeridad a ultranza, las familias podrán hacer frente a una deuda pendiente que todavía está en 798.039 millones de euros (70% son hipotecas).

El pago de esta deuda (desapalancamiento) todavía podría llevar a las familias una década, según los expertos. Y mientras, esta losa de la deuda de las familias es el principal obstáculo para que consuman. Y el consumo es el principal motor del crecimiento (aporta el 57% del PIB). En definitiva, si las familias no recomponen sus ingresos, con más empleo y mejores salarios, no podrán pagar sus deudas y a la vez consumir. Y si no compran, las empresas no venden y no crean empleo. Con una economía paralizada, creciendo al 0,3%, y con unos salarios y pensiones perdiendo poder adquisitivo, no hay recuperación posible.

Al final, volvemos a lo mismo. Cae el ahorro porque las familias se están comiendo sus reservas y porque no pueden ahorrar con sueldos y pensiones mileuristas. Y así, ni pagan sus deudas (con lo que más bancos pueden tener problemas, que nos caerán encima) ni consumen, con lo que no se crece ni se crea empleo para mejorar rentas. Un círculo vicioso que sólo se puede romper acabando con la austeridad, reanimando la economía, subiendo los salarios más bajos y bajado impuestos a los que menos ganan, para que mejoren las rentas y las familias puedan pagar sus deudas y consumir, reanimando las ventas, la inversión y el empleo. Un camino que España debe emprender ya, con ayuda de Europa. En lugar de eso, Bruselas está forzando más ajustes para 2014, 2015 y 2016. Así, no habrá ni ahorro ni consumo ni recuperación. Seguiremos estancados. Con mucho paro y poco empleo precario.