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jueves, 23 de julio de 2026

España exporta más, pese a Trump

Las exportaciones españolas han crecido este año (+1,3% hasta mayo), más que las europeas, a pesar de las guerras y los aranceles impuestos por Trump. Eso sí, han caído las ventas a EEUU (-2,5%), aunque más las compras (-8,8%), con lo que hemos reducido el déficit comercial con USA, mientras los aranceles sí han dañado al conjunto de Europa, que ha reducido a la mitad su superávit con EEUU. El problema para Europa sigue siendo China, que ha aumentado su superávit comercial con la UE-27 (160.516 millones de euros, +9,7%) y con España: tenemos un “agujero” comercial de -17.895 millones, el 71% de todo nuestro déficit comercial. Ahora, si continúa el conflicto con Irán y los altos precios de la energía, las exportaciones pueden resentirse y con ellas, el crecimiento y el empleo. Urge un Plan para revitalizar las exportaciones europeas y diversificarlas (con acuerdos como Mercosur). Y promover las ventas españolas en Asia, Oriente Medio y Latinoamérica, donde ahora caen. Nos jugamos crecimiento y empleo.

                 Exportaciones españolas a Europa crecen, pero caen las ventas a Asia y América

Los aranceles de Trump, anunciados el 2 de abril de 2025 e implantados finalmente el 1 de agosto pasado, no han sido tan dañinos como se temía. En 2025, el déficit comercial de bienes de EEUU con el resto del mundo aumentó incluso un +2,1%, hasta los 1,24 billones de dólares, una cifra récord. Y este año 2026, el déficit comercial USA se ha reducido un -31% (-434.600 millones de dólares hasta mayo, frente a -633.000 millones entre enero y mayo de 2025), pero en mayo (último dato publicado), el déficit comercial USA ha subido: -105.800 millones de dólares (frente a -91.500 en mayo 2025), el mayor “agujero comercial” en más de 1 año. Y esa podría ser la tendencia de los próximos meses, según los expertos, porque EEUU está aumentando las importaciones de productos de consumo extranjeros, informática, semiconductores, aeronaves, generadores industriales y vehículos, a pesar de los aranceles y las presiones de Trump para que empresas y particulares consuman productos “made in USA”.

En definitiva, lo que está pasando es que EEUU crece y la inversión de muchas empresas en tecnología e Inteligencia Artificial (IA) está obligadas a aumentar las compras en el extranjero de equipos, componentes para Centros de Datos e infraestructuras tecnológicas, así como coches, bienes de consumo y bienes de equipo industrial, a pasar de los aranceles. Eso sí, EEUU ha reducido su déficit comercial con los otros dos grandes bloques comerciales, Europa y China.

En 2025, el retraso en la entrada de los aranceles y el aumento de las importaciones USA en el primer semestre (para anticiparse a los aranceles) provocó que el déficit comercial de EEUU con Europa (UE-27) aumentara incluso, hasta los 199.600 millones de euros (frente a 198.000 millones en 2024). Este año 2026, las exportaciones europeas sí se han visto reducidas por los aranceles (sobre todo las ventas de automóviles, acero y aluminio) y, por ello, el superávit comercial de la UE-27 con EEUU se ha reducido a la mitad hasta mayo: de +116.999 millones de euros que era el superávit comercial en 2025 a +49.310 en 2026, según Eurostat. Quien se ha visto menos afectada es China. Si en todo el año 2025, EEUU tuvo un déficit comercial de -201.500 millones de dólares, este año lo han reducido a la mitad: era de -58.278 millones de dólares hasta mayo, frente a -102.310 entre enero y mayo de 2025.

Tras los aranceles y los conflictos geopolíticos (que han vuelto a disparar el precio de la energía y otras materias primas), Europa se ha resentido en su superávit comercial con el resto del mundo, no sólo con EEUU. Ha habido tres meses (enero, abril y mayo de 2026) en que la UE-27 tuvo déficit comercial con el resto del mundo, cuando antes siempre tuvo superávit. Y con ello, entre enero y mayo de 2026, Europa tuvo un déficit comercial con el resto del mundo de -15.905 millones de euros, algo inédito, dado que en esos primeros meses de 2025 (y de los años anteriores) Europa tuvo un superávit comercial de +70.100 millones, según Eurostat. La culpa es del mayor coste de las importaciones energéticas, pero también del aumento de las importaciones de muchos paises, en especial de China. El déficit comercial con China ha aumentado mes a mes y en mayo sumaba ya -160.516 millones de euros, +9,7% más que el déficit de enero-mayo 2025 (-146.346 millones).

España no ha salido tan mal parada como la mayoría de Europa por los aranceles de Trump y la nueva crisis energética por la guerra en Irán. De hecho, las exportaciones han crecido hasta mayo, un +1,3%, más que en todo 2025 (+0,7%) y más que la subida media en la UE-27 (+0,7% aumentaron las exportaciones europeas entre enero y mayo), aunque crecen menos que las exportaciones de Alemania (+1,7%), Francia (+3,5%) e Italia (+3,4%) y más que las de Reino Unido (-10,4%), según los últimos datos de Comercio. Lo que ha “pinchado” este año son las exportaciones de alimentos (caen -1,4%), productos químicos y medicamentos (-8,2%), pero crecen todas las demás, incluidos los bienes de equipo y automóviles. Las importaciones crecen el doble (+3,1%, más que en cualquier país europeo), por la mayor factura energética (el coste de las importaciones de petróleo se duplicó en mayo) y el  crecimiento de la economía y el consumo, que “tiran” de los productos importados más que en otros paises.

Al crecer más las importaciones que las exportaciones, el déficit comercial de España ha aumentado este año, hasta los -25.094 millones de euros en mayo (frente a -21.524,8 millones entre enero y mayo de 2025). La mayor parte de este déficit comercial se debe al comercio con Asia (-29.864 millones de déficit), especialmente a nuestro déficit con China, que crece y supone casi las tres cuartas partes del total: era de -17.895 millones de euros hasta mayo, frente a 16.533 millones entre enero y mayo de 2025.También son importantes los déficits comerciales que tenemos con Vietnam (-2.028 millones, algo menos que en 2025), Japón (-1.786,4 millones, el doble que el año pasado), India (-1596,4 millones, casi igual que en 2025) y Corea del Sur (-998,3 millones, algo más que en 2025) . Y fuera de Asia, destacan los déficits comerciales que tenemos con dos paises a los que compramos mucho petróleo y gas: Nigeria (déficit de -1895 millones) y Argelia (-1.617 millones). Y con Brasil (-1.815 millones de déficit comercial hasta mayo).

Pero después de China (-17.895 millones), el mayor déficit comercial lo tiene España con EEUU, aunque se ha reducido este año, a pesar de los aranceles y críticas de Trump: ha sido de -4.906 millones de euros hasta mayo, un 16,7% menos que en los cinco primeros meses de 2025 (-5.890,3 millones de déficit). Y ese menor déficit comercial se debe a que han caído algo las exportaciones a USA, nuestro 6º mayor cliente mundial (-2,5%), sobre todo medicamentos y productos siderúrgicos, pero han caído mucho más nuestras importaciones de EEUU (-8,8%), sobre todo de energía, maquinaria y equipos de transporte. Así que seguimos con déficit comercial con USA, pero menos que antes de los aranceles. Todo apunta a que las exportaciones e importaciones de España a EEUU seguirán cayendo, aunque menos de lo que se temía, sobre todo en medicamentos, bienes de equipo y alimentos.

Junto al aumento del déficit comercial con China y la reducción con USA, España consigue este año casi mantener su alto superávit comercial con Europa (+16.148 millones hasta mayo, -5,8%) e incluso aumentar ligeramente su superávit comercial con la UE-27 (+11.190 millones hasta mayo, +0,38%). A pesar del bajo crecimiento en Europa y los conflictos geopolíticos que enturbian el comercio mundial, España dirige el 75% de sus exportaciones a Europa y mantiene superávit comercial con 13 paises, entre ellos Francia (+7.930 millones), Italia (+1.457 millones) y Portugal (+7.825 millones), más Reino Unido (+5.680 millones) . Y España mantiene déficit comercial con otros 13 paises UE, entre ellos Alemania (-3.491 millones), Paises Bajos (-3.823 millones) y Bélgica (-242 millones).

Cara al futuro, hay nubarrones en el horizonte de nuestras exportaciones (y de las europeas), sobre todo los conflictos geopolíticos que mantienen cara la energía y los nuevos aranceles de Trump (que afectan especialmente a los automóviles europeos, el acero, el aluminio, medicamentos y algunos alimentos). Y además, un grave problema que Europa no sabe cómo lidiar: China, que sigue vendiendo más cada año a Europa (ahora que tiene más dificultades para exportar a EEUU), agravando los déficits comerciales y poniendo en peligro empleos (la multinacional Volkswagen plantea recortar 100.000 empleos, el 16% de su plantilla).

El dato de que Europa tiene este año déficit comercial y no superávit con el resto del mundo debería haber disparado las alertas en Bruselas, porque las exportaciones son uno de los motores económicos de la UE (sobre todo de Alemania, Italia, Paises Bajos, Bélgica o Irlanda, también en España). Si estas exportaciones están en riesgo y se disparan las importaciones (sobre todo de China y el resto de Asia), los efectos sobre el crecimiento y el empleo serán inmediatos, en una coyuntura donde la UE lleva estancada varios años (creció +0,4% en 2023,+1,1% en 2024, +1,4% en 2025 y lo mismo se espera para 2026).

La Comisión Europea, a la vista de estos datos, debería aprobar un Plan de choque para apoyar las exportaciones europeas, que no sólo chocan con los aranceles de Trump y el empuje exportador de China sino que sufren un problema de fondo: una menor competitividad, por la falta de inversiones estratégicas y tecnológicas en Europa. Y a la vez, seguir avanzando en la búsqueda de nuevos mercados, sobre todo en Asia, Oriente Medio, África y Latinoamérica. Precisamente, acaba de entrar en vigor el acuerdo con Mercosur (Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay) y en mayo ya crecieron las exportaciones europeas a estos paises un +4,2% (mientras las importaciones sólo crecieron un +1,8%).

En el caso de España, aunque estemos saliendo mejor parados de los problemas geopolíticos y comerciales, también es urgente tomar medidas para ayudar a los exportadores, sobre todo porque las exportaciones crecen gracias a que vendemos más al resto de Europa (+2,6% hasta mayo), a África (+5,5%) y Oceanía (+61,6%), pero han “pinchado” nuestras exportaciones a Norteamérica (-0,3%), Latinoamérica (-7,8%), Asia (-7,6%) y Oriente Medio (-23,1%). Esto exige más medidas y recursos para promoción, más financiación a los exportadores y una política exterior volcada en ganar mercados. Algo que nos importa a todos, porque las exportaciones aportan un tercio del crecimiento y mantienen 4,6 millones de empleos. Por eso, urgen medidas para apoyarlas en un año crítico.

jueves, 26 de febrero de 2026

Las exportaciones crecen, a pesar de Trump

A Trump le ha salido el tiro por la culata con los aranceles. Por un lado, el déficit comercial de EEUU con el resto del mundo aumentó un +2,1% en 2025, hasta 1,24 billones de dólares, una cifra récord. Y tanto España como el resto de Europa aumentaron sus exportaciones globales en 2025, aumentando incluso Europa sus ventas a EEUU (España las redujo). Con ello, Europa ha aumentado su superávit comercial con USA (+199.630 millones de euros), aunque España aumentó su déficit con EEUU (-13.458 millones). Quien sale ganando es China, que alcanzó un superávit comercial récord con el mundo, aumentando mucho sus ventas a Europa y España. Por otro lado, el Tribunal Supremo USA ha rechazado los aranceles de Trump, quien ha reaccionado imponiendo un arancel global del 10%, que tendrá que ser aprobado por el Congreso, lo que aumenta la incertidumbre comercial en 2026. Por eso, urge que Europa y España aprueben Planes para apoyar la exportación, motor clave del crecimiento y el empleo.

                            Enrique Ortega

El anuncio de Trump, el 2 de abril, de imponer aranceles al resto del mundo no ha sido tan grave para Europa como se temía. Primero, porque la medida se retrasó desde su anuncio (25%) hasta el acuerdo definitivo , el 27 de julio (15%), con entrada en vigor el 1 de agosto de 2025. Y eso provocó que los importadores USA anticiparan compras en la primera mitad del año, con lo que las exportaciones europeas a EEUU aumentaron incluso la primera mitad del año pasado y cerraron con una subida anual del +4% (553.981 millones de euros). Y con ello, Europa consiguió aumentar su tradicional superávit comercial con USA, el primer año con aranceles, hasta +199.630 millones de euros (+1,07%), según Eurostat.

El problema de Europa fue China, que forzada por el fuerte aumento de aranceles de EEUU (donde sus exportaciones cayeron un 20% en 2025), buscó aumentar sus ventas en otros mercados, sobre todo en Asia, África y Europa. Con ello, las exportaciones chinas a Europa aumentaron un +8,4% y eso provocó un fuerte aumento del déficit comercial de Europa con China (+17,2%), que alcanzó los -358.672,6 millones de euros, otro récord.

En resumen, que Europa ha conseguido superar el primer año de los aranceles de Trump con un aumento de las exportaciones globales (+2%), tanto al propio EEUU como a otros paises (ha aumentado un 6% el superávit comercial con Reino Unido, hasta +187.327 millones de euros), con lo que sigue manteniendo un elevado superávit comercial con el resto del mundo, aunque se ha reducido algo (de +140.600 millones en 2024 a +133.500 millones en 2025), por el fuerte aumento del déficit comercial con China, lo más preocupante de 2025.

España ha conseguido también superar la incertidumbre del comercio mundial en 2025, aumentando sus exportaciones globales un +0,7%, hasta vender fuera por valor de 387.091 millones de euros, según los datos de Comercio, la segunda mayor cifra de la historia (muy próxima al récord de 387.599 millones exportados en 2022). Con todo, este aumento de las exportaciones en 2025 (+0,7%) es menor al del conjunto de Europa (+2,4) y al aumento de exportaciones en Alemania (+0,9%), Francia (+2,3%), Italia (+3,3%) y Reino Unido (+3,2%). Sin embargo, lo que subieron mucho más fueron las importaciones, las compras exteriores de España (+4,6%, frente al +2,7% que crecieron en la UE-27), debido a que las empresas y consumidores consumen e invierten más, la causa de que crezcamos más.

Este fuerte dinamismo de las importaciones españolas, que crecieron 6,5 veces más que las exportaciones, ha disparado el déficit comercial de España (la diferencia exportaciones-importaciones) hasta los -57.054,7millones de euros, un fuerte aumento del +41,65%. Una parte de este mayor déficit se debe al comercio con EEUU: hemos cerrado el año 2025 con un déficit comercial con USA de -13.458,4 millones de euros, +34,4% que en 2024, básicamente por los aranceles (nuestras ventas a EEUU cayeron un -8%, mientras les compramos un +7%). Pero el grueso de nuestro déficit comercial no es con EEUU sino con China: -42.287 millones de euros, +12,14% que en 2024 y casi las tres cuartas partes (74,11%) de todo nuestro déficit comercial. Y eso pasa porque nuestras compras a China crecieron casi el doble (+11,2%) que nuestras ventas allí (+6,8%).

Fuera del déficit con USA y China, España tiene superávit comercial con Europa (+43.247 millones), salvo con Alemania (-8.229 millones), Paises Bajos (-7.485 millones), Rusia (-1.742 millones), República Checa (-1.648,3 millones), Hungría (-1.453,6 millones), Suecia (1.007,6 millones), Turquía (-431,2 millones), Austria (-390 millones), Eslovaquia (-333,3 millones), Dinamarca (-100,3 millones) y Luxemburgo (-73,5 millones). También tenemos déficit comercial con Latinoamérica (-4.188 millones), básicamente por Brasil (-5.226,4 millones) y Perú (-1.889 millones). Y respecto al resto del mundo, destaca nuestro déficit comercial con Vietnam (-5.115,9 millones) y la India (-4.082,3 millones), dos paises que ha visitado Sánchez para mejorar nuestras exportaciones, así como con Japón (-2.448,4 millones) y Corea del Sur (-1.775,9 millones) en Asia. Y con África tenemos también déficit comercial (-12.523 millones en 2025), por las compras de gas y petróleo a Argelia (-4.167 millones de euros) y Nigeria (-3847 millones). Y tenemos superávit comercial con Oceanía (+1.400,7 millones).

En 2025, a pesar de los aranceles y la apreciación del euro (+14% frente al dólar, lo que encarece los productos europeos), los exportadores españoles han conseguido vender algo más (387.091,6 millones, +0,7% que en 2024), gracias al aumento de las ventas de bienes de equipo (+0,8%), sobre todo maquinaria industrial, los productos químicos (+5,2%), medicamentos (+14,3%), bienes de consumo duradero (+7,1%), electrónica de consumo (+18,8%), alimentos (+4,1%) y juguetes (+37,7%), cayendo las exportaciones de energía (-13,7%) y los automóviles y componentes (-7,1%).

Otro tema destacado en 2025 fue que los exportadores españoles trataron de diversificar sus ventas, buscando nuevos mercados para compensar las menores exportaciones a EEUU. Así ha crecido el peso de las exportaciones españolas a África (del 5,5 al 5,8% del total), a Asia (del 7,9 al 8,1), aumentando nuestras ventas a Vietnam (+20,3%). Corea del Sur (+9,2%) y a China (+6,8%), a los paises UE que no están en el euro (del 8,2 al 8,5% de las exportaciones totales), así como las exportaciones al Reino Unido (+4,5%) y a Turquía (+7,9%). También crecen las empresas que exportan regularmente (46.230, +10,4% que hace 5 años).

Con todo, la exportación española debe seguir diversificándose, tanto en origen como en los destinos. En origen porque el 75,6% de todas las exportaciones se concentran en 6 autonomías (suponían el 74% en 2019): Cataluña (26%), Madrid (13,8%), Andalucía (10,4%), Comunidad Valenciana (9,7%), Galicia (8%) y País Vasco (7,7%). Y en destino, porque el 73,9% de las exportaciones españolas se concentran en Europa (ha ido a más: eran el 71,4% en 2019). Además, son pocas las empresas que exportan habitualmente (46.230 sobre más de 3 millones de empresas), concentrándose la exportación en las grandes empresas (pocas pymes) y en sectores con poca tecnología y valor añadido (salvo automóvil, maquinaria, material de transporte, industria química y medicamentos, claves).

Ahora, 2026 se presenta como un año más difícil para los exportadores españoles y del resto de Europa, básicamente porque persiste la depreciación del dólar (Trump la apoya para mejorar la competitividad de sus productos y encarecer los productos europeos) y porque los aranceles están en marcha desde el 1 de enero, mientras en 2025 entraron en vigor en agosto. Además, hay otro factor preocupante: la incertidumbre comercial, debido a que el Tribunal Supremo ha anulado los aranceles de Trump (el 20 de febrero), aunque el presidente ha reaccionado imponiendo un arancel global del 10%, que luego subió al 15% y que finalmente ha dejado en el 10% (desde el 24 de febrero), un arancel algo menor del 15% que pactó con Europa (con otros paises impuso un tipo del 25 al 35%), pero cuya aplicación es sólo por 150 días: pasado ese plazo, sólo se aplicará si lo aprueba el Congreso USA.

Esta importante novedad en los aranceles abre muchas incertidumbres que preocupan a los exportadores de todo el mundo, en especial a los europeos. Primero, porque no se sabe si Trump va a imponer más cambios ni lo que pasará dentro de 150 días. Segundo, que aunque el nuevo arancel global es del 10%, siguen los aranceles del 25% al automóvil y del 50% al aluminio y al acero. Tercero, porque pueden abrirse múltiples reclamaciones de importadores y exportadores para recuperar parte de los 200.000 millones pagados por aranceles a USA en 2025, lo que enturbia el panorama de muchas empresas. Y respecto a Europa, la Comisión exige que Trump mantenga el acuerdo comercial de julio, pendiente de aprobar esta semana por el Parlamento Europeo Este lunes, la Eurocámara ha decidido posponer la aprobación hasta que EEUU aclare los nuevos aranceles y el futuro del acuerdo. Mientras, Trump amenaza con nuevos gravámenes a los paises si "juegan" con la sentencia del Supremo.

Así que todo sigue en el aire estos días, con lo que regresa la incertidumbre al comercio mundial, con los exportadores españoles y europeos pendientes de la próxima “ocurrencia” de Trump, que va a reaccionar seguro con nuevas medidas tras la derrota legal de sus preciados aranceles, un elemento clave de su política: confiaba en ellos para recaudar miles de millones de dólares, con los que compensar su bajada de impuestos a los más ricos y a las empresas y su creciente déficit público y su deuda. Algo intentará, que no será bueno para Europa y que acabarán pagando los exportadores. Y con ellos, el crecimiento y el empleo: el sector exterior mantiene 1 de cada 4 empleos en España (5,3 millones), según la propia OCDE.

Por todo ello, Europa debe mantenerse firme ante las imposiciones de Trump y actuar con decisión por dos vías: fomentar más el mercado interno (aumentando las ventas internas entre los 27) y diversificando las exportaciones, buscando nuevos acuerdos comerciales como los alcanzados con Canadá, Mercosur, Indonesia y Corea del Sur. Es el caso del acuerdo comercial firmado con la India el 27 de enero, tras 18 años de negociaciones. Y, sobre todo, Europa tiene que reaccionar ante la invasión de productos de China, un problema más preocupante incluso que Trump y ante el que los paises europeos están reaccionado individualmente, con acercamientos de Alemania, Francia o España, mientras la Comisión busca una negociación conjunta frente a un gigante que ya no se ve como un enemigo comercial sino como un competidor con el que intentar pactar.

Y además de estas medidas, la Comisión Europea y los gobiernos de los 27 deberían avanzar más en la unión económica, comercial, financiera y fiscal de Europa, para dar un salto competitivo que nos permita seguir siendo un continente con superávit comercial con el resto del mundo, afrontando la competencia de China y EEUU. Eso exige más inversiones, más industria y más innovación y tecnología. Para conseguirlo, el informe Draghi proponía una inversión de 800.000 millones anuales, que deben salir del Presupuesto europeo y de la emisión de deuda europea, para competir con los bonos USA. Al final, las guerras comerciales son reflejo de las economías, del potencial de cada continente y cada país. Y si Europa quiere seguir liderando el comercio mundial de bienes y servicios, debe ponerse las pilas, mejorar su competitividad y ayudar a los exportadores. Y lo mismo España.

lunes, 16 de febrero de 2026

Euro fuerte: ventajas e inconvenientes

El euro se ha fortalecido frente al dólar desde que gobierna Trump, revalorizándose un +14%, más por la desconfianza de los inversores en sus medidas que por la mejora de la economía europea, paralizada (como sus líderes). Esta revalorización del euro (llegó a costar 1,20 dólares el 27 de febrero) tiene ventajas e inconvenientes para Europa. Por un lado, abarata nuestras importaciones y la factura del petróleo y el gas, rebajando la inflación. Pero un euro más fuerte encarece los productos europeos, reduciendo las exportaciones y la competitividad de nuestras empresas. Y encarece Europa a los turistas con dólares. Pero la debilidad del dólar puede aprovecharse para aumentar el uso del euro en el mundo, ahora que los inversores huyen del dólar y los bonos USA. El BCE quiere lanzar el euro digital, para sustituir el pago con tarjetas que controlan las norteamericanas VISA y Master Card (gestionan 80% de nuestros pagos). También que Europa emita masivamente eurobonos, para atraer la inversión mundial. Más protagonismo del euro y de Europa.

                            Enrique Ortega

El euro ha cumplido 24 años de vida (lo usamos desde el 1 de enero de 2002) cotizando en máximos frente al dólar. Nació formalmente el 1 de enero de 1999 en 12 paises, cotizando algo por encima del dólar (1,07 dólares por euro), pero enseguida perdió la paridad, desde 2000 a 2002, cuando llegó a nuestros bolsillos (cotizando a 0,95 dólares). Luego se recuperó en 2003 (cotizando a 1,13 dólares), hasta alcanzar un máximo en 2008 (1,47 dólares por euro). Con la crisis financiera y la debacle de la deuda europea, cayó hasta alcanzar un mínimo en 2015 (1,11 dólares por euro). Y así se mantuvo (entre 1,11 y 1,18 dólares) hasta 2022, cuando la invasión de Ucrania y la hiperinflación revalorizaron el dólar como “moneda refugio”, perdiendo el euro la paridad: costó menos de 1 dólar entre el 22 de agosto y el 8 de noviembre de 2022. Posteriormente, las rápidas subidas de tipos y el temor a una crisis bancaria en USA fortalecieron la moneda europea, cotizando entre 1 y 1,07 dólares en 2023 y 2024. Y en 2025, tras la toma de posesión de Trump (20 enero), el euro volvió a revalorizarse: de costar ese día 1,041 dólares ha llegado a costar 1,2040 dólares (el 27 de enero 2026).

Ahora, el euro cuesta algo menos (1,1871 dólares el viernes 13 de febrero), pero eso supone una revalorización del 14% frente al dólar desde la llegada de Trump a la Casa Blanca. Una revalorización del euro que no es mérito de Europa sino demérito de EEUU, que está pagando así las consecuencias de las locas políticas de Trump: los inversores castigan sus polémicas medidas, sus ataques a la independencia de la Reserva Federal (su Banco central) y también su abultado déficit público (1,9 billones de dólares, el 5,8% del PIB, más del doble del déficit español, del 2,5% del PIB) y su disparada deuda (38,3 billones de dólares, el 101% de su PIB), que le obligan a emitir demasiados bonos USA, depreciando los actuales. Todo ello, incertidumbre y deuda, provocan que muchos inversores internacionales apuesten por reducir su posición en dólares, vendiendo, lo que deprecia la moneda USA.

Además, muchos expertos creen que Trump busca precisamente que el dólar se deprecie, para ayudar a las empresas norteamericanas a exportar mejor sus productos y a vender mejor su petróleo y su gas, aumentando el crecimiento USA, aunque sea a costa de más inflación (porque la debilidad del dólar encarece los productos importados), aunque todavía no se haya disparado la inflación, que cerró el año 2025 con una subida anual del 2,7% (superior al objetivo del 2% y mayor que el 1,9% de inflación en Europa).

Ahora, se espera que el dólar siga depreciándose en 2026 y llegue a cotizar a 1,25 dólares por euro, lo que supondría ya una caída del 20% desde que gobierna Trump. A favor de nuevas caídas del dólar está la errática política económica y comercial de Trump y la estimación de los expertos de que el déficit público USA seguirá subiendo (por las rebajas de impuestos), hasta los 3,1 billones de dólares en 2036 (el 6,7% del PIB) y también la deuda USA (hasta el 120% de su PIB), niveles que preocupan mucho a los inversores. Y en paralelo, aumentan los inversores que buscan destinos alternativos a los bonos de deuda USA. Así, el gobierno chino ha pedido a sus bancos, en febrero, que reduzcan su exposición a los bonos USA, algo que llevan haciendo años: en 2025, China tenía en cartera bonos USA por valor de 682.600 millones de dólares, el nivel más bajo desde 2008. Y ahora son el tercer mayor inversor en bonos USA, tras Japón (1,25 billones) y Reino Unido (885.000 millones), que también están reduciendo sus inversiones en bonos USA, lo mismo que algunas de las grandes gestoras de fondos norteamericanas, como Pimco o Amundi.

La depreciación del dólar y la consiguiente revalorización del euro (+14% desde la llegada de Trump y hasta un  posible +20% este año) preocupa en Europa, porque tiene consecuencias positivas pero también negativas .La principal ventaja de que el euro se revalorice es que se abaratan las importaciones que se pagan en dólares, en particular la energía (petróleo y gas) y todos los demás productos industriales y de consumo. Esto ayuda especialmente a los paises como España, que importan más de lo que exportan, pero no a Alemania, Francia, Italia, Bélgica o Paises Bajos, paises que exportan más de lo que importan. Con todo, un euro fuerte reducirá la inflación en Europa, algo en principio positivo, pero no tanto ahora, porque la inflación ya es baja (1,7% anual zona euro en enero 2026) y eso puede debilitar más el bajo crecimiento europeo, obligando al BCE a bajar más los tipos de interés (ya bajos, en el 2%).

Pero la revalorización del euro tiene un grave inconveniente: encarece los productos europeos (un 14% ahora y puede que hasta un 20% después) y eso frena las exportaciones europeas, uno de los motores del crecimiento europeo (débil: +1,5% en 2025), lo que reduce la competitividad de los productos y servicios europeos en el mundo. Y además, reduce la llegada de los turistas que pagan sus viajes en dólares, viajes que ahora son más caros (+14%), lo que afecta especialmente a España (un 16% de los turistas no son europeos).

En cualquier caso, con la depreciación del dólar se ha acabado una época, un siglo de hegemonía indiscutible del dólar como moneda de reserva y de inversión en el mundo. Sigue siendo la moneda dominante, pero menos: acapara el 57,8% de las reservas de divisas mundiales (frente al 72% en 1999), el 65,4% de la deuda internacional, el 52,2% de los préstamos internacionales y el 57,2% de los depósitos, aunque todavía acapara el 88,45% de las operaciones en divisas. Y han avanzado en las últimas décadas el euro, el yen, la libra y sobre todo el yuan chino, con unos inversores y paises que ahora reaccionan a la ruptura de la geopolítica mundial diversificando inversiones y monedas.

En esta nueva realidad, el euro tiene más posibilidades de ampliar su presencia internacional. Actualmente, el euro es la moneda común de 21 paises europeos (Bulgaria se sumó el 1 de enero), que utilizan a diario 350 millones de europeos. Y la 2ª moneda mundial, tras el dólar, con 60 paises (y 175 millones de personas) que tienen vinculada su moneda (directa o indirectamente al euro). Además, están en euros el 19,8% de las reservas mundiales (por delante del 5,5% del yen japonés, el 4,9% de la libra y el 10,7% del resto de monedas, sobre todo el yuan chino). Además, está en euros el 22,5% de toda la deuda mundial, el 26% de los préstamos internacionales y el 23,3% de los depósitos, así como el 30,5% de las operaciones diarias en divisas. Y se emiten en euros la mitad de los “bonos verdes” del mundo.

Ya en enero de 2021, la Comisión Europea aprobó una Estrategia para fortalecer el papel internacional del euro, como moneda de reserva y de transacciones, proponiendo un abanico de medidas a medio plazo: llegar a inversores de terceros paises, promover los bonos verdes de la UE, desarrollar índices de referencia y centros de negociación en euros, fomentar los derivados sobre materias primas en euros y mejorar los derechos de emisión de CO2 de la UE. Eso puede ayudar a mejorar el peso internacional del euro, pero todos los expertos creen que,  en las próximas décadas, el dólar seguirá siendo el rey (como lo es desde finales de la II Guerra Mundial), aunque ahora se haya depreciado frente al euro. Sigue siendo “la moneda refugio” del mundo y más en las crisis, como se vio tras la invasión de Ucrania. Y eso, a pesar de los intentos de China por comer terreno al dólar en el mundo con su yuan.

En cualquier caso, la Comisión Europea y el BCE creen ahora que la depreciación del dólar y la política errática y disparatada de Trump pueden ayudar a fortalecer el euro en el mundo. Y una de las medidas en que más confían es promover el euro digital, para conseguir una independencia estratégica del sistema de pagos europeos, ahora muy dependiente de EEUU. El hecho es que los pagos con tarjeta suponen un 39% de las operaciones en Europa (un 52% se hacen en metálico, un 6% son pagos con móviles y el 4% son con otros medios) y estos pagos están monopolizados por dos multinacionales USA, Visa y Master Card (que controlan el 80% de las operaciones con tarjeta que hacen los europeos). También otros pagos online que se hacen a través de Pay-Pal, Google Pay, Apple Pay o Samsung. El BCE cree que con el euro digital, la mayoría de los pagos podrían pasar a plataformas europeas.

Por eso, el BCE envió una carta al Consejo Europeo, de cara a su reunión informal del jueves pasado, para que aceleren la llegada del euro digital y no le pongan problemas, ni en la Comisión ni en el Parlamento europeo y en los paises europeos, aunque el proceso está siendo lento y el euro digital no se espera que sea una realidad hasta 2029.

Otra medida que propone el BCE, para promover el euro y mejorar la economía europea es promover emisiones de deuda en euros, los famosos eurobonos, un activo que hasta ahora no era bien visto por Alemania (“Europa no tendrá deuda compartida mientras yo viva”, dijo Angela Merkel en junio de 2012), Holanda, Austria y paises nórdicos, porque temían un fuerte endeudamiento europeo que compitiera con su propia deuda. Pero con la pandemia y las últimas crisis, la Comisión Europea ha roto “el tabú de los eurobonos”, emitiendo deuda europea en tres ocasiones: para financiar el Plan de recuperación de 2020 (Fondos Next Generation), para financiar los proyectos de seguridad y compra de armas (SAFE) y para financiar los créditos para Ucrania en 2026 y 2027. Pero son eurobonos extraordinarios, de poco volumen. Lo que propone ahora el BCE es emitir eurobonos en cantidad, para ayudar a financiar la economía europea y las urgentes inversiones en industria, tecnología, innovación e inteligencia artificial, digitalización medio ambiente, Defensa y Seguridad.

España, a través del ministro de Economía, acaba de apoyar esta propuesta de que Europa emita eurobonos y compita con los bonos USA por el ahorro mundial. Actualmente, el desequilibrio es escandaloso: hay 1 billón de euros en deuda europea y 33 billones de euros en deuda USA. Si Europa se lanza a este mercado y emite deuda, ayudaría a potenciar el papel internacional del euro y podría captar esas inversiones que ahora buscan salirse de la deuda USA, porque tiene un volumen peligroso y por la política insensata de Trump. Y el BCE cree que el euro digital sería otro elemento clave, mientras plantea la necesidad de que Europa integre de verdad sus mercados de capitales, algo que no existe hoy. Y todo ello, para dar un empujón a la economía europea, para que pueda competir mejor en el futuro frente a EEUU y China, con más financiación y una moneda fuerte.

En resumen, que la locura económica y política de Trump se traduce en una depreciación del dólar, que beneficia a la competitividad de EEUU pero perjudica a las empresas europeas y a las exportaciones y al turismo español. Pero Europa puede aprovechar la coyuntura para fortalecer el papel internacional del euro, como moneda de reserva y de pagos, lo que exige avanzar más rápido en el euro digital y que Europa emita deuda, eurobonos, para captar inversiones internacionales que nos ayuden a dar un salto económico frente a USA y China. Es hora de tomar medidas monetarias y financieras para aplicar el Plan Draghi y asegurar el futuro económico, financiero de seguridad de Europa, algo que han discutido la semana pasada los líderes europeos en Alemania sin lograr acuerdos concretos. Despierten y afronten que el mundo ha cambiado y que los europeos debemos reaccionar y actuar.

lunes, 21 de julio de 2025

Incertidumbre: aranceles, tipos, Europa, política...

No es habitual que a finales de julio haya tanta incertidumbre en la economía mundial, europea y española. Casi en vacaciones, no sabemos qué va a pasar con los aranceles de Trump a Europa, que van a afectar a múltiples empresas y a los precios, recortando el crecimiento. Y tampoco sabemos si el BCE bajará o no este jueves los tipos, por temor a la inflación y ante la fortaleza del euro, que dificulta las exportaciones europeas. Mientras, Europa afronta su próximo Presupuesto 2028-34, recortando algunos gastos (-80.000 millones para el campo) mientras quintuplica la partida de Defensa y Seguridad y con dos retos pendientes: las políticas climáticas (que se suavizan) y de emigración (que se “derechizan”). Y en medio de este panorama, España tiene un problema de bloqueo político e institucional que impide aprobar unos nuevos presupuestos y avanzar en las necesarias reformas (un bloqueo que ya nos ha restado Fondos europeos). Demasiadas incertidumbres que podrían frenar la buena racha de la economía española  y del empleo.

La mayor incertidumbre de la economía internacional son los aranceles de Trump, cuyo alcance real se debería despejar esta semana. Los anunció a bombo y platillo el pasado 3 de abril, con un  arancel general del 10% que subía al 20% para Europa y hasta el 34% a China y el 46% a Vietnam, más el 25% a sus vecinos México y Canadá. Pero a partir de ahí, Trump se ha dedicado a amenazar a los paises para que negociaran contrapartidas a cambio de rebajas en los aranceles, con lo que es un galimatías saber cómo quedan para cada país. Sí sabemos que sólo ha llegado a acuerdos con dos paises, Reino Unido (10%) y Vietnam (20%), alcanzando el 12 de mayo una tregua de 90 días con China. Y lo más importante, amenazando a Europa con un arancel del 30% (mayor del 20% inicial), que entraría en vigor el 1 de agosto si antes no se alcanza un acuerdo.

Eso sí, estos son aranceles “complementarios sobre los que ya ha impuesto Trump a todos los paises: un 25% a las importaciones de aluminio y acero (desde el 12 de marzo), otro 25% a los automóviles, piezas y recambios y un arancel general del 3 al 10% para todo el mundo. Y además, ha anunciado un arancel global del 40% al cobre y otro de hasta el 200% para los productos farmacéuticos, ambos desde el 1 de agosto.

En el caso de Europa, siguen las reuniones con la Administración Trump para evitar ese arancel general del 30% desde el 1 de agosto, sin demasiadas esperanzas de conseguir rebajarlo sustancialmente. Así como China ha sido firme frente al chantaje de Trump (aprobado unos “contra aranceles” que han llevado a la actual tregua), la postura europea ha sido menos firme, buscando antes el acuerdo que las contramedidas, aunque Bruselas dice que tiene preparada una lista de artículos y partidas comerciales USA a las que aplicaría aranceles si no se llega a un acuerdo esta semana: industria aeronáutica, automóviles, productos alimenticios y bebidas (bourbon, soja, vino), productos químicos, maquinaria y equipos electrónicos y médicos. Esta 2ª lista de represalias europeas (72.000 millones) se sumaría a una primera lista (20.000 millones), que se aprobó el 9 de abril, en respuesta a los aranceles del 25% al aluminio y al acero, pero que no ha entrado en vigor, para “no entorpecer la negociación” para rebajar el arancel general con que amenaza Trump (30%).

Mientras Europa negocia contra reloj, como Japón, Corea y sobre todo China, lo evidente es que Trump va a imponer al resto del mundo unos aranceles que van a dañar seriamente a la economía mundial. De hecho, los aranceles ya en vigor suponen elevarlos del 2,5% que estaban en enero de este año a un 16,6% actualmente, según la Universidad de Yale. Una subida espectacular ya que en su anterior mandato, Trump sólo subió los aranceles USA del 1,5 al 2,5%. Y si se cumplen las amenazas de aranceles planteadas para el 1 de agosto, el arancel promedio de EEUU al resto del mundo subiría al 20,6%, el más alto desde 1910. Eso supondría un estancamiento del comercio mundial, un freno a las cadenas internacionales de producción, un aumento generalizado de la inflación y un estancamiento de la economía mundial, con una fuerte inflación y una crisis también en EEUU.

Hasta ahora, las amenazas y los continuos vaivenes en los aranceles impuestos por Trump no han dañado a la economía, porque los inversores esperan hechos (y no amenazas) y porque muchos paises han adelantado importaciones y exportaciones. De hecho, las Bolsas todavía no son pesimistas: el Nasdaq USA ha subido casi un 7% este año, el Euro Stoxx otro +12% y el Ibex español sube un 22% este año, a pasar de las amenazas arancelarias de Trump. Pero si sigue adelante y se agravan a partir del 1 de agosto, las consecuencias negativas llegarán: primero sobre el comercio, luego sobre la producción (encareciendo costes) y los precios (más inflación) y finalmente sobre el consumo y  la inversión, frenando el crecimiento. Y también en EEUU, donde la economía ha caído ya un 0,2% en el primer trimestre, con una inflación del +2,7% en junio (2% en la eurozona).

En Europa, si Trump impone un arancel global del 20% (lo más posible), el mayor daño lo sufrirán los paises que más comercian con EEUU, en especial  Alemania, Francia e Italia. España podría “salvarse de la quema” de la guerra arancelaria, según Bruselas,  por el escaso peso del comercio con EEUU (sólo supone el 4,7% de todas nuestras exportaciones, frente al 10,4% que suponen las exportaciones alemanas a USA), por el tirón del turismo y el consumo y por el empujón inversor de los Fondos Europeos. Pero está claro que los aranceles nos acabarán afectando, sobre todo en las regiones que más comercian con EEUU (Cataluña, Andalucía y Comunidad Valenciana) y en los sectores que más exportan allí: automóvil y piezas, multinacionales energéticas, empresas de bienes de equipo y semimanufacturas, empresas textiles y de manufacturas de consumo, farmacéuticas y empresas químicas y sectores de alimentación, en especial aceites, vino y frutas.

La Comisión Europea estima que están “en riesgo” 4.500 millones de los 18.179 millones exportados por España a EEUU en 2024. Un riesgo menor al del conjunto de Europa, donde  la Comisión cree que están en riesgo una cuarta parte de las exportaciones europeas a EEUU, nada menos que 133.000 millones en riesgo (la UE exportó por valor de 531.600 millones de euros). De momento, las exportaciones europeas a EEUU han seguido creciendo en abril (+3,8%) y mayo (+4,4%), según Eurostat, con lo que Europa ha mejorado su superávit comercial con USA tanto en abril (+17.700 millones, +16,6% sobre abril de 2024) como en mayo (+18.400 millones de superávit de la UE con EEUU, +29,5% sobre mayo 2024), debido a que muchas empresas han querido anticipar ventas (y compras) antes de materializarse los aranceles finales.

En el caso de España, el viernes salió el dato de las exportaciones en mayo, que crecieron un +0,8% a todo el mundo (mientras caían las de Alemania e Italia), aunque caían nuestras exportaciones a Estados Unidos (-14,4%), lo que ya pasó también en abril (-13,8%). Con estas dos bajadas de nuestras ventas en abril y mayo, las exportaciones a USA en los 5 primeros meses de este año(enero-mayo) han caído un -4,8%, mientras las importaciones han crecido un +8% (por anticipo de compras). Con ello, el déficit comercial de España con EEUU se ha agravado: -5.890 millones hasta mayo, frente a -4.553 millones al inicio de 2024. Con aranceles más altos desde agosto, lo normal es que las exportaciones caigan más, lo que obligará a nuestras empresas a buscar nuevos mercados, como ya han hecho en abril y mayo.

Además del problema de los aranceles, los europeos tenemos otro problema: la debilidad del dólar (por la política errática de Trump y su elevada deuda), que ha reforzado al euro en lo que va de año: si empezó el año cotizando a 1,035 dólares, el viernes costaba ya 1,1624 dólares, lo que supone una revalorización del euro del +12,30%. Esto significa que todos los productos europeos cuestan ahora un 12,30% más caros para los países de fuera del euro, lo que dificulta la competitividad de los productos y servicios europeos (también encarece los viajes a Europa, retrayendo el turismo a España). Así que además de aranceles en USA, en Europa tenemos un problema adicional: la revalorización del euro.

Esto afecta también a los tipos de interés, porque una manera de “bajarle los humos” al euro sería seguir bajando los tipos de interés en Europa, aunque el tipo oficial (2%) ya es mucho más bajo que el de EEUU (4,50%). Pero el BCE, que se reúne este jueves, tiene difícil aprobar una nueva bajada, porque teme que los aranceles futuros suban la inflación en Europa, que de momento está controlada (en el 2%). Esta incertidumbre sobre el futuro de los tipos ha frenado ya la caída del Euribor, que está a mediados de julio en el 2,076%, prácticamente igual que en junio (2,081%), lo que frena también la rebaja que podrían conseguir en el futuro los hipotecados. Así que está todo relacionado: más aranceles, más difícil bajar los tipos y menos bajarán las hipotecas para las familias.

Pero hay más incertidumbres económicas en el horizonte. La principal, cómo se configura el futuro de Europa, una economía que lleva varios años estancada y que pierde competitividad frente a Estados Unidos y China. La nueva Comisión Europea, más derechizada tras las últimas elecciones, parece haber perdido el empuje que demostró frente a la pandemia y la crisis inflacionista y no acaba de unirse para afrontar sus mayores retos: el impulso económico y tecnológico, la digitalización y la descarbonización, la lucha contra la crisis climática y la creación de una Defensa Europea que cubra el vacío dejado por Trump y la OTAN. Hace unos meses (septiembre 2024), Mario Draghi, el expresidente del BCE, trazó una “hoja de ruta para que la Unión Europea modernizara su economía y la hiciese más competitiva, con un ambicioso Plan que preveía invertir 800.000 millones en 4 años. Pero ha pasado el tiempo y no hay ningún Plan, sólo divergencias a la hora de afrontar la emergencia climática, la llegada de inmigrantes, la renovación tecnológica y la Defensa Europea.

El último eslabón de la incertidumbre sobre el futuro de la UE ha sido la reciente presentación de los Presupuestos europeos para 2028-2034. Tienen dos problemas. Uno de fondo: el gasto es ridículo. Se propone un Presupuesto de 1,8 billones de euros para 7 años (257.000 millones anuales), que supone el 1,6% del PIB de la UE. Sólo el Presupuesto de España es el doble al año del propuesto para los 27. Y el Presupuesto de EEUU es 10,13 billones de euros anuales, el 37,6% del PIB USA (30 veces más). Estos datos revelan el problema de fondo: son los paises europeos los que ingresan y gastan y la Comisión Europea apenas tiene instrumentos para ingresar y gastar, es un Gobierno europeo “sin medios”.

El segundo problema de los futuros Presupuestos europeos, que se van a debatir los próximos dos años, es que ha cambiado la filosofía: los programas de los Fondos estructurales y el gasto agrícola se van a descentralizar, con programas a través de los paises: serán más planes nacionales que luego ratificará el Gobierno europeo (“menos Europa" en vez de más). Además, las nuevas prioridades como Defensa y Seguridad van a quintuplicar el gasto (131.000 millones), a costa de reducir otros programas (el campo tendrá 300,000 millones, 80.000 menos que ahora. Y el Fondo de Competitividad, la partida clave, tendrá sólo 451.000 millones (incluyendo Defensa), la mitad de lo que proponía Draghi. Pocos recursos para modernizar la economía europea y dar un salto tecnológico e industrial que permita competir mejor.

Y mientras, en España tenemos otra incertidumbre de fondo: la política. La economía va bien, lleva 4 años creciendo más que el resto de Europa y creando el 40% del empleo del continente. Pero la polarización política y el enfrentamiento institucional podrían afectar a la economía, si la coyuntura internacional se agrava y el Gobierno no tiene mayoría para tomar medidas y seguir con las reformas necesarias. Una paralización política que ya nos cuesta dinero: el 7 de julio, Bruselas recortó en 1.100 millones de euros el 5º pago de los Fondos europeos a España (ingresó 24.137 millones) por no haber compensado a los funcionarios interinos (626 millones) y por no aprobar un impuesto al diesel exigido por Bruselas: votaron en contra, en diciembre, PNV y Junts, a los que se sumaron Podemos, PP y Vox. Ahora, hay otras reformas pendientes sin las que España no recibirá los restantes Fondos UE.

En resumen, que hay demasiadas incertidumbres internacionales (aranceles, tipos, guerras) a las que sumar el incierto futuro de una Europa estancada y el parón político en España, con un Gobierno en preocupante minoría que tiene muy difícil legislar y gobernar. Son retos preocupantes con los que nos vamos de vacaciones y que seguirán ahí, quizás agravados, a la vuelta en otoño. Un panorama preocupante, fuera y dentro de España, porque podría afectar a las familias (menos consumo) y a las empresas (menos inversión), paralizando reformas y proyectos y poniendo en riesgo el llamativo despegue económico de España tras la pandemia. Por eso, urge más que nunca el diálogo y el consenso. Pero parecen imposibles.

lunes, 26 de mayo de 2025

Inundados de petróleo barato

No hay mal que por bien no venga. Así, los aranceles de Trump y las tensiones geopolíticas frenan la economía mundial pero también han provocado una caída del precio del petróleo, que cotiza a 64,71 dólares/barril, el precio más bajo desde 2021. Está barato porque hay un exceso de producción de crudo frente a una baja demanda, porque el mundo crece menos y aumentan las energías alternativas. Se espera que el petróleo siga barato este año y los próximos (sobre 65 dólares), lo que ha permitido ya una rebaja de los carburantes (Ojomenor de la debida) y una baja inflación, en España (2,2% en abril) y Europa (2,4%). Pero no hay que bajar la guardia, porque la importación de petróleo nos cuesta 46.251 millones de euros (2024), un 32% más que en 2019. Y España sigue con una altísima dependencia energética: importamos dos tercios de la energía que consumimos. El objetivo es ahorrar energía y potenciar las renovables, para rebajar esta dependencia e importar sólo el 50% de la energía en 2030.

                         Llenar el depósito cuesta entre 6,45 y 10 euros menos que hace un año

El precio del petróleo lleva más de 50 años condicionando la economía y nuestros bolsillos, desde las primeras crisis energéticas de los años 70. El precio del barril Brent sólo se desplomó con la pandemia (18,97 dólares/barril el 3 de febrero de 2020) y después recuperó su precio “habitual” (84,17 dólares/barril en octubre de 2021), para dispararse tras la invasión de Ucrania, en febrero de 2022 (llegó a costar un máximo de 118,67 dólares/barril en junio de 2022). Y a partir de ahí, osciló entre los 83 y los 91 dólares barril en 2022 y 2023, para caer este año, tras la victoria de Trump: costaba 75,53 dólares/barril el 5 de noviembre de 2024 (elecciones USA) y tras la amenaza de aranceles (3 de abril) cayó a un mínimo de 60,23 dólares el 5 de mayo: una caída de precio del -19,3% este año. Y ahora cotiza a 64,71 dólares/barril, el precio más bajo desde febrero de 2021 y una bajada del -13,31% desde principios de año (74,65 dólares costaba el barril el 31 de diciembre).

¿Por qué tenemos un petróleo tan barato? Hay varias causas. La más inmediata, que se ha producido un exceso de oferta: el 3 de mayo, los paises de la OPEP+ (los 14 paises de la OPEP más Rusia, México y otros 8 paises productores más) acordaron un aumento de su producción de 411.000 barriles diarios para junio, que se sumaban al aumento de 411.000 barriles acordado para mayo. Y se espera que en su reunión del 1 de junio mantengan una alta producción de crudo para el resto de 2025, dando un giro a su política de recortes de los últimos años, que muchos paises no cumplieron. En paralelo, la política de Trump es “perforar, perforar y perforar”, consolidando a USA como el mayor productor de crudo del mundo.

Además de estos acuerdos, hay tres paises productores con embargos y sanciones que podrían aumentar su producción y venta de crudo en los próximos meses, disparando más la oferta y haciendo caer los precios. Por un lado Irán, donde la posibilidad de un acuerdo nuclear con Trump podría aumentar sus exportaciones (de los 1,66 millones de barriles actuales a los más de 2 millones que vendía hasta 2018)  si desaparecen las sanciones de EEUU .Lo mismo puede pasar con Venezuela, si Trump suaviza sus sanciones y las medidas contra los barcos que transportan crudo venezolano. Y Rusia busca formas de exportar más crudo (a pesar de las sanciones), por paises y caminos indirectos, porque necesita urgentemente más ingresos para su guerra con Ucrania, tras la bajada del -13,77% en el precio del crudo.

Hay más petróleo en el mercado (y puede haber más en los próximos meses) mientras baja la demanda mundial de crudo, otra causa de que bajen los precios. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) acaba de publicar un informe donde anticipa que la demanda de petróleo crecerá este año la mitad que la oferta: la demanda crecerá este año en 740.000 barriles diarios  (hasta los 103,9 millones de barriles en 2025), mientras la oferta aumentará en 1,6 millones de barriles diarios (hasta los 104,5 millones de barriles en 2025), lo que augura un exceso de producción de crudo, que forzará a precios bajos, en torno a 65 dólares/barril (frente a 80,53 dólares de media en 2024).

La demanda mundial de crudo bajará en 2025 porque la economía mundial crecerá menos y porque muchos paises han reducido su consumo de energías fósiles gracias al aumento de la producción de energías renovables. La causa principal del “pinchazo” en la demanda mundial de petróleo es que la economía mundial va a crecer menos por los aranceles de Trump (aunque rebaje su envite, quedarán más altos de lo que estaban) y por la incertidumbre ante las crisis geopolíticas. La última previsión de la Comisión Europea refleja que el crecimiento mundial bajará del 2,3% en 2024 al 1,3% en 2025, por EEUU (crecerá +1,6% frente a +2,8% en 2024) China (4,1% frente al 5%) y Reino Unido (+1 frente a +1,1%) y el estancamiento de Europa (+1,1% crecimiento frente al 1% en 2024, con Alemania no creciendo nada este año) y Japón (+0,7% frente a +0,1% en 2024). Menos crecimiento (y riesgo de recesión si se agrava la guerra comercial) lleva a menos consumo de petróleo y como hay un exceso de oferta, a una bajada de precios (salvo nuevos” sustos” o guerras).

Además, hay muchos paises (España entre ellos) que han aumentado la aportación de energías renovables, tanto en la generación de electricidad (56% en España) como en el transporte (aunque la incursión del coche eléctrico va muy lenta, en toda Europa y más en España) y en la industria, que empieza a sustituir el fuel y el petróleo por electricidad renovable mucho más barata. Todavía el mundo sigue con su “adicción” al petróleo, pero a medio plazo habrá menos demanda y por eso tanto las grandes energéticas como los paises productores buscan fuentes alternativas de ingresos, sobre todo a partir de 2035.

Para este año 2025, los analistas apuestan por un petróleo barato, por debajo de 65 dólares por barril : Goldman Sachs cree que podría bajar hasta 63 dólares en 2025 y 58 dólares en 2026, mientras Citibank apuesta por que baje hasta los 60 dólares.  El Gobierno español, en las previsiones económicas enviadas a Bruselas a finales de abril, preveía una estabilidad de precios del crudo en 2025 (apuesta por los 65 dólares/barril), 2026 (64,6 dólares/barril), 2027 (65,3 dólares/barril) y 2028 (66,5 dólares/barril), lo que daría una cierta “estabilidad” a la economía, sin los sobresaltos de subidas de 2022 y 2023.

De momento, la rebaja del precio del petróleo ya se ha traducido en una bajada de la inflación general, en España (al +2,2% en abril, el menor aumento desde el 1,8% de octubre) y en Europa (+2,4% de inflación anual en abril, la más baja desde el 2,3% de octubre). Los menores precios del petróleo han repercutido positivamente en todos los sectores, desde la agricultura y la industria al transporte, pero se han reflejado sobre todo en una sensible bajada de los carburantes, que han notado los bolsillos de los consumidores.

Así, el 22 de mayo, el litro de gasolina costaba de media en España 1,454 euros, lo que supone una rebaja del 4,6% en lo que va de año y del -12,26% sobre el coste de la gasolina hace un año (y en Europa, esta bajada ha sido del -3,12 y del -9,44%), según el Boletín Petrolero Europeo. Y el litro de gasóleo cuesta ahora 1,366 euros/litro de media en España, lo que supone una rebaja del -5,28% en este año y un -8,6% que el precio hace un año (en Europa, la bajada ha sido del -5,38% y del 8,36% respectivamente). A lo claro: la rebaja del petróleo ha conseguido que llenar un depósito de gasolina (50 litros) cueste hoy 10 euros menos que hace un año y llenarlo de gasóleo cuesta 6,45 euros menos. Sin embargo, hay expertos y consumidores que se quejan de que los carburantes han bajado menos que el petróleo en euros, hasta 15 céntimos por litro menos de lo debido.

Ahora se espera que un petróleo barato ayude a mantener bajo control el IPC (Bruselas apuesta por una inflación del 2,3% en 2025, en España y en Europa), aunque los aranceles tenderán a subir los precios de los productos importados. Pero tenemos otra “ayuda”, gracias a la política económica disparatada de Trump: el dólar se está depreciando y cotiza ahora rozando los 1,13 euros, lo que supone una revalorización del euro del +9,17%. Eso significa que el petróleo (que pagamos en dólares), nos resulta ahora más barato en euros (-9,17%). Así que a la rebaja del petróleo (-13,31%)  hay que sumar la bajada del dólar (-9,17%), con lo que pagamos casi un 22,5% menos por el crudo que al comienzo de 2025.

Esta rebaja en la factura petrolera es un enorme balón de oxígeno para España y para el resto de economías. Pero ojo: todavía el petróleo es un gran lastre. Para España, la factura de las importaciones de petróleo supuso un gasto en divisas de 46.251 millones de euros en 2024, +32,14% que la factura petrolera anterior a la pandemia (35.001 millones de euros importamos de petróleo en 2019). Y esta factura petrolera supone el 10,9% del importe de todo lo que importa anualmente España, un tremendo “lastre” todavía. Y eso porque la importación de gasolinas ha crecido un 21,2% desde 2019 (importamos 6,51 millones de Tm en 2024, según Cores), aunque han bajado las importaciones de gasóleos (un -5,4%, 29,83 millones de TM en 2024) y han aumentado las de fueloil (+3,9%, 8,55 millones de TM).

En definitiva, que aunque ahora el petróleo sea más barato y no suponga un problema grave para la economía (como ha pasado muchas veces antes), no podemos bajar la guardia, porque la factura del petróleo es muy abultada (cuesta la mitad que la sanidad pública en España y la cuarta parte que las pensiones) y somos uno de los paises europeos más vulnerables: ya que importamos casi todo el petróleo que consumimos. Y considerando toda la energía que consumimos, importamos el 66,8%, dos tercios del total. Así que aunque celebremos que el petróleo está barato, sigue siendo un gran lastre para la economía.

El gran objetivo del Plan energético aprobado por el Gobierno (el PNIEC ) es reducir esta dependencia energética de España al 50% en 2030 (de dos tercios a la mitad de energía importada), por varias vías: aumento de la electricidad renovable (el 81% para 2030, frente al 56% actual), sustitución del consumo de petróleo y fuel por electricidad renovable en la industria, reducción de los combustibles fósiles en el transporte (coche eléctrico, electrificación de trenes y transporte terrestre y marítimo alternativo) y, sobre todo, un ahorro del consumo de energía en toda la economía (del 10% sobre 2023). No son objetivos fáciles, pero hay una firme voluntad de reducir el peso del petróleo, sobre todo a partir de 2035. Y tanto los paises productores como las multinacionales energéticas dan por hecho que su futuro es muy negro y por eso diversifican sus negocios a medio plazo.

En resumen, que no todo está mal en el panorama económico mundial. El petróleo, que nos ha dado tantos “sustos” en las últimas décadas, anticipa unos años de precios bajos, con un mercado inundado de petróleo y una demanda a la baja, que “huye” del crudo. Y encima, la caída del dólar, por la loca política económica y comercial de Trump, nos ayuda también, porque necesitamos menos euros para pagar el barril en dólares. Pero no podemos confiarnos. Primero, porque en cualquier momento salta un conflicto geopolítico o aparece un nuevo problema económico y el petróleo dispara su precio. Y segundo, porque somos todavía muy dependientes del petróleo, cuyo coste es un tremendo lastre para España: cada día de 2025, hemos gastado 121,5 millones de euros en importar petróleo. Una tremenda factura que no controlamos.