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lunes, 16 de febrero de 2026

Euro fuerte: ventajas e inconvenientes

El euro se ha fortalecido frente al dólar desde que gobierna Trump, revalorizándose un +14%, más por la desconfianza de los inversores en sus medidas que por la mejora de la economía europea, paralizada (como sus líderes). Esta revalorización del euro (llegó a costar 1,20 dólares el 27 de febrero) tiene ventajas e inconvenientes para Europa. Por un lado, abarata nuestras importaciones y la factura del petróleo y el gas, rebajando la inflación. Pero un euro más fuerte encarece los productos europeos, reduciendo las exportaciones y la competitividad de nuestras empresas. Y encarece Europa a los turistas con dólares. Pero la debilidad del dólar puede aprovecharse para aumentar el uso del euro en el mundo, ahora que los inversores huyen del dólar y los bonos USA. El BCE quiere lanzar el euro digital, para sustituir el pago con tarjetas que controlan las norteamericanas VISA y Master Card (gestionan 80% de nuestros pagos). También que Europa emita masivamente eurobonos, para atraer la inversión mundial. Más protagonismo del euro y de Europa.

                            Enrique Ortega

El euro ha cumplido 24 años de vida (lo usamos desde el 1 de enero de 2002) cotizando en máximos frente al dólar. Nació formalmente el 1 de enero de 1999 en 12 paises, cotizando algo por encima del dólar (1,07 dólares por euro), pero enseguida perdió la paridad, desde 2000 a 2002, cuando llegó a nuestros bolsillos (cotizando a 0,95 dólares). Luego se recuperó en 2003 (cotizando a 1,13 dólares), hasta alcanzar un máximo en 2008 (1,47 dólares por euro). Con la crisis financiera y la debacle de la deuda europea, cayó hasta alcanzar un mínimo en 2015 (1,11 dólares por euro). Y así se mantuvo (entre 1,11 y 1,18 dólares) hasta 2022, cuando la invasión de Ucrania y la hiperinflación revalorizaron el dólar como “moneda refugio”, perdiendo el euro la paridad: costó menos de 1 dólar entre el 22 de agosto y el 8 de noviembre de 2022. Posteriormente, las rápidas subidas de tipos y el temor a una crisis bancaria en USA fortalecieron la moneda europea, cotizando entre 1 y 1,07 dólares en 2023 y 2024. Y en 2025, tras la toma de posesión de Trump (20 enero), el euro volvió a revalorizarse: de costar ese día 1,041 dólares ha llegado a costar 1,2040 dólares (el 27 de enero 2026).

Ahora, el euro cuesta algo menos (1,1871 dólares el viernes 13 de febrero), pero eso supone una revalorización del 14% frente al dólar desde la llegada de Trump a la Casa Blanca. Una revalorización del euro que no es mérito de Europa sino demérito de EEUU, que está pagando así las consecuencias de las locas políticas de Trump: los inversores castigan sus polémicas medidas, sus ataques a la independencia de la Reserva Federal (su Banco central) y también su abultado déficit público (1,9 billones de dólares, el 5,8% del PIB, más del doble del déficit español, del 2,5% del PIB) y su disparada deuda (38,3 billones de dólares, el 101% de su PIB), que le obligan a emitir demasiados bonos USA, depreciando los actuales. Todo ello, incertidumbre y deuda, provocan que muchos inversores internacionales apuesten por reducir su posición en dólares, vendiendo, lo que deprecia la moneda USA.

Además, muchos expertos creen que Trump busca precisamente que el dólar se deprecie, para ayudar a las empresas norteamericanas a exportar mejor sus productos y a vender mejor su petróleo y su gas, aumentando el crecimiento USA, aunque sea a costa de más inflación (porque la debilidad del dólar encarece los productos importados), aunque todavía no se haya disparado la inflación, que cerró el año 2025 con una subida anual del 2,7% (superior al objetivo del 2% y mayor que el 1,9% de inflación en Europa).

Ahora, se espera que el dólar siga depreciándose en 2026 y llegue a cotizar a 1,25 dólares por euro, lo que supondría ya una caída del 20% desde que gobierna Trump. A favor de nuevas caídas del dólar está la errática política económica y comercial de Trump y la estimación de los expertos de que el déficit público USA seguirá subiendo (por las rebajas de impuestos), hasta los 3,1 billones de dólares en 2036 (el 6,7% del PIB) y también la deuda USA (hasta el 120% de su PIB), niveles que preocupan mucho a los inversores. Y en paralelo, aumentan los inversores que buscan destinos alternativos a los bonos de deuda USA. Así, el gobierno chino ha pedido a sus bancos, en febrero, que reduzcan su exposición a los bonos USA, algo que llevan haciendo años: en 2025, China tenía en cartera bonos USA por valor de 682.600 millones de dólares, el nivel más bajo desde 2008. Y ahora son el tercer mayor inversor en bonos USA, tras Japón (1,25 billones) y Reino Unido (885.000 millones), que también están reduciendo sus inversiones en bonos USA, lo mismo que algunas de las grandes gestoras de fondos norteamericanas, como Pimco o Amundi.

La depreciación del dólar y la consiguiente revalorización del euro (+14% desde la llegada de Trump y hasta un  posible +20% este año) preocupa en Europa, porque tiene consecuencias positivas pero también negativas .La principal ventaja de que el euro se revalorice es que se abaratan las importaciones que se pagan en dólares, en particular la energía (petróleo y gas) y todos los demás productos industriales y de consumo. Esto ayuda especialmente a los paises como España, que importan más de lo que exportan, pero no a Alemania, Francia, Italia, Bélgica o Paises Bajos, paises que exportan más de lo que importan. Con todo, un euro fuerte reducirá la inflación en Europa, algo en principio positivo, pero no tanto ahora, porque la inflación ya es baja (1,7% anual zona euro en enero 2026) y eso puede debilitar más el bajo crecimiento europeo, obligando al BCE a bajar más los tipos de interés (ya bajos, en el 2%).

Pero la revalorización del euro tiene un grave inconveniente: encarece los productos europeos (un 14% ahora y puede que hasta un 20% después) y eso frena las exportaciones europeas, uno de los motores del crecimiento europeo (débil: +1,5% en 2025), lo que reduce la competitividad de los productos y servicios europeos en el mundo. Y además, reduce la llegada de los turistas que pagan sus viajes en dólares, viajes que ahora son más caros (+14%), lo que afecta especialmente a España (un 16% de los turistas no son europeos).

En cualquier caso, con la depreciación del dólar se ha acabado una época, un siglo de hegemonía indiscutible del dólar como moneda de reserva y de inversión en el mundo. Sigue siendo la moneda dominante, pero menos: acapara el 57,8% de las reservas de divisas mundiales (frente al 72% en 1999), el 65,4% de la deuda internacional, el 52,2% de los préstamos internacionales y el 57,2% de los depósitos, aunque todavía acapara el 88,45% de las operaciones en divisas. Y han avanzado en las últimas décadas el euro, el yen, la libra y sobre todo el yuan chino, con unos inversores y paises que ahora reaccionan a la ruptura de la geopolítica mundial diversificando inversiones y monedas.

En esta nueva realidad, el euro tiene más posibilidades de ampliar su presencia internacional. Actualmente, el euro es la moneda común de 21 paises europeos (Bulgaria se sumó el 1 de enero), que utilizan a diario 350 millones de europeos. Y la 2ª moneda mundial, tras el dólar, con 60 paises (y 175 millones de personas) que tienen vinculada su moneda (directa o indirectamente al euro). Además, están en euros el 19,8% de las reservas mundiales (por delante del 5,5% del yen japonés, el 4,9% de la libra y el 10,7% del resto de monedas, sobre todo el yuan chino). Además, está en euros el 22,5% de toda la deuda mundial, el 26% de los préstamos internacionales y el 23,3% de los depósitos, así como el 30,5% de las operaciones diarias en divisas. Y se emiten en euros la mitad de los “bonos verdes” del mundo.

Ya en enero de 2021, la Comisión Europea aprobó una Estrategia para fortalecer el papel internacional del euro, como moneda de reserva y de transacciones, proponiendo un abanico de medidas a medio plazo: llegar a inversores de terceros paises, promover los bonos verdes de la UE, desarrollar índices de referencia y centros de negociación en euros, fomentar los derivados sobre materias primas en euros y mejorar los derechos de emisión de CO2 de la UE. Eso puede ayudar a mejorar el peso internacional del euro, pero todos los expertos creen que,  en las próximas décadas, el dólar seguirá siendo el rey (como lo es desde finales de la II Guerra Mundial), aunque ahora se haya depreciado frente al euro. Sigue siendo “la moneda refugio” del mundo y más en las crisis, como se vio tras la invasión de Ucrania. Y eso, a pesar de los intentos de China por comer terreno al dólar en el mundo con su yuan.

En cualquier caso, la Comisión Europea y el BCE creen ahora que la depreciación del dólar y la política errática y disparatada de Trump pueden ayudar a fortalecer el euro en el mundo. Y una de las medidas en que más confían es promover el euro digital, para conseguir una independencia estratégica del sistema de pagos europeos, ahora muy dependiente de EEUU. El hecho es que los pagos con tarjeta suponen un 39% de las operaciones en Europa (un 52% se hacen en metálico, un 6% son pagos con móviles y el 4% son con otros medios) y estos pagos están monopolizados por dos multinacionales USA, Visa y Master Card (que controlan el 80% de las operaciones con tarjeta que hacen los europeos). También otros pagos online que se hacen a través de Pay-Pal, Google Pay, Apple Pay o Samsung. El BCE cree que con el euro digital, la mayoría de los pagos podrían pasar a plataformas europeas.

Por eso, el BCE envió una carta al Consejo Europeo, de cara a su reunión informal del jueves pasado, para que aceleren la llegada del euro digital y no le pongan problemas, ni en la Comisión ni en el Parlamento europeo y en los paises europeos, aunque el proceso está siendo lento y el euro digital no se espera que sea una realidad hasta 2029.

Otra medida que propone el BCE, para promover el euro y mejorar la economía europea es promover emisiones de deuda en euros, los famosos eurobonos, un activo que hasta ahora no era bien visto por Alemania (“Europa no tendrá deuda compartida mientras yo viva”, dijo Angela Merkel en junio de 2012), Holanda, Austria y paises nórdicos, porque temían un fuerte endeudamiento europeo que compitiera con su propia deuda. Pero con la pandemia y las últimas crisis, la Comisión Europea ha roto “el tabú de los eurobonos”, emitiendo deuda europea en tres ocasiones: para financiar el Plan de recuperación de 2020 (Fondos Next Generation), para financiar los proyectos de seguridad y compra de armas (SAFE) y para financiar los créditos para Ucrania en 2026 y 2027. Pero son eurobonos extraordinarios, de poco volumen. Lo que propone ahora el BCE es emitir eurobonos en cantidad, para ayudar a financiar la economía europea y las urgentes inversiones en industria, tecnología, innovación e inteligencia artificial, digitalización medio ambiente, Defensa y Seguridad.

España, a través del ministro de Economía, acaba de apoyar esta propuesta de que Europa emita eurobonos y compita con los bonos USA por el ahorro mundial. Actualmente, el desequilibrio es escandaloso: hay 1 billón de euros en deuda europea y 33 billones de euros en deuda USA. Si Europa se lanza a este mercado y emite deuda, ayudaría a potenciar el papel internacional del euro y podría captar esas inversiones que ahora buscan salirse de la deuda USA, porque tiene un volumen peligroso y por la política insensata de Trump. Y el BCE cree que el euro digital sería otro elemento clave, mientras plantea la necesidad de que Europa integre de verdad sus mercados de capitales, algo que no existe hoy. Y todo ello, para dar un empujón a la economía europea, para que pueda competir mejor en el futuro frente a EEUU y China, con más financiación y una moneda fuerte.

En resumen, que la locura económica y política de Trump se traduce en una depreciación del dólar, que beneficia a la competitividad de EEUU pero perjudica a las empresas europeas y a las exportaciones y al turismo español. Pero Europa puede aprovechar la coyuntura para fortalecer el papel internacional del euro, como moneda de reserva y de pagos, lo que exige avanzar más rápido en el euro digital y que Europa emita deuda, eurobonos, para captar inversiones internacionales que nos ayuden a dar un salto económico frente a USA y China. Es hora de tomar medidas monetarias y financieras para aplicar el Plan Draghi y asegurar el futuro económico, financiero de seguridad de Europa, algo que han discutido la semana pasada los líderes europeos en Alemania sin lograr acuerdos concretos. Despierten y afronten que el mundo ha cambiado y que los europeos debemos reaccionar y actuar.

lunes, 14 de julio de 2014

Tarjetas: rebaja al comercio, no al cliente


A partir de septiembre, los comercios pagarán menos de la mitad de comisión por las ventas hechas con tarjetas de crédito. Es una de las medidas aprobadas el 4 de julio por el Gobierno Rajoy “para reactivar la economía”. Teóricamente, facilitará las ventas. Pero esta rebaja de las tarjetas tiene “truco”: es para los comercios, pero no se espera que los 200 millones que se ahorran en comisiones los trasladen en rebajas a sus clientes. Y como los bancos van a ingresar menos por las tarjetas, se teme que nos suban las cuotas anuales y el ya alto interés que cobran por las compras aplazadas. Lo dicen los consumidores  y hasta VISA Master Card. Y es lo que pasó en 2005, la otra vez que bajaron las comisiones de las tarjetas: no nos bajaron los precios y los bancos nos cobraron más por ellas, para resarcirse. Así que esta bajada de comisiones tiene retranca: puede acabar en subida para nosotros.
 
enrique ortega

En España hay casi 70 millones de tarjetas, dos por adulto: un tercio son de débito y los dos tercios restantes son tarjetas de crédito (43,26 millones, 8,2 millones menos desde 2008). Con estas últimas se hacen 1 de cada 6 compras en España: 72 compras y un gasto de 3.074 euros por segundo. Parece mucho, pero los españoles usamos menos las tarjetas que la mayoría de europeos: hacemos 52 compras al año por persona (una a la semana) frente a 79 compras en la UE, según el BCE. Los que más compran con tarjeta son los nórdicos (230 compras los suecos, 224 los daneses, 167 Reino Unido, 130 Francia y sólo 39 Alemania) y los que menos los europeos del sur (4 compras búlgaros y rumanos y 7 los griegos). En cuanto al gasto, España compró con tarjeta de crédito por valor de 2.305 millones en 2013, la mitad que Portugal, la cuarta parte que Reino Unido y la quinta parte que Suecia o Dinamarca.

En general, Europa está retrasada en el uso de tarjetas frente a Estados Unidos: aquí se usan para hacer el 21% de los pagos y en Norteamérica para el 40% de las compras. Por eso, el BCE quiere fomentar su uso como un instrumento de pago “eficiente, seguro y fiable”. Y la Comisión Europea lleva desde 2009 peleando con VISA y Master Card, a los que ha abierto varios expedientes para que bajen las comisiones que cobran por el uso de las tarjetas. Precisamente, en febrero de 2014 alcanzó un acuerdo con VISA para rebajar un 60% las comisiones de las tarjetas, a cambio de no multarles. Y en abril, el Parlamento Europeo aprobó un Reglamento que plasmará este pacto con VISA y regulará las comisiones máximas de las tarjetas, como hicieron antes EEUU, Canadá o Australia: serán de un 0,3% máximo para las tarjetas de crédito y un 0,2% para las tarjetas de débito. El nuevo Reglamento aún tiene que ser ratificado por el Consejo Europeo y entraría en vigor un año después, para 2016.

El Gobierno Rajoy ha querido adelantarse a Bruselas y ha aprobado el 4 de julio estas nuevas comisiones europeas, que entrarán en vigor el 1 de septiembre. Las comisiones de las tarjetas de crédito, que eran de las más altas de Europa, pasan del 0,74% de media al 0,30% (rebaja del 60%). Y las de las tarjetas de débito, que estaban en el 0,30% (mínimo 0,32 euros por operación) pasan al 0,20% (y 0,07 euros), una rebaja del 70%. Los comerciantes se han quejado siempre de que las elevadas comisiones retraían las compras con tarjeta y que por eso las tarjetas se usan menos en España. Sobre todo para los pequeños pagos (menos de 20 euros, sólo un 7% se hace con tarjeta), porque tienen unas comisiones abusivas: un pago con tarjeta de 3 euros, por ejemplo, soporta una comisión de 25 céntimos (ahora la comisión baja más que para el resto de pagos, al 0,2%).

Los comercios estiman que se van a ahorrar unos 200 millones en pago de comisiones por las tarjetas. Pero el reparto será desigual, como es desigual el pago de estas comisiones, según un esquema complejo: las empresas emisoras (Visa, Master Card, American Express…) fijan una comisión por el uso de sus tarjetas, que es la tasa de intercambio que ahora baja el Gobierno (y Bruselas en 2016). Pero luego, el banco que trabaja con el comercio le traslada esta comisión  a su manera, cobrándole un porcentaje que puede ser mayor o menor, según las ventas y los servicios que le presta el banco. Los comercios que más pagan son los pequeños (las farmacias pagaban hasta ahora una tasa del 1,04%, los supermercados el 0,90%, los restaurantes un 0,88% y las ventas inferiores a 15 euros el 0,83%) y los que menos pagan los grandes negocios (0,26% las autopistas, 0,45% los híper, 0,49% las gasolineras y 0,51% las agencias de viaje). Ahora, lo lógico es que a todos los comercios les baje la comisión que les cobran los bancos, pero no por igual.

Esta rebaja de las comisiones al uso de las tarjetas (-60%) debería servir para que los comercios nos rebajaran sus precios, al menos una parte. Pero las asociaciones de usuarios bancarios, como ADICAE, temen que no bajen, como ya sucedió en 2005, tras la rebaja de comisiones del 50% pactada entre bancos y comercios (la comisión pasó del 1,52 al 0,74%): los comercios en vez de bajar sus precios, los subieron un 25% más que en la eurozona entre 2005 y 2010. El otro temor es que los bancos suban también a los usuarios el coste de las tarjetas, para resarcirse de los menores ingresos por comisiones en las ventas con tarjeta: es lo que pasó entre 2005 y 2010, que subieron un 27% sus ingresos financieros (cinco veces más que en la eurozona).

Ahora, hasta VISA y MasterCard han dicho que la rebaja de comisiones a las tarjetas “no va a beneficiar al consumidor”, ya que acabará pagando más por tener su tarjeta. La banca, molesta por la rebaja del Gobierno anticipándose más de un año a Europa, está pensando en cómo resarcirse. Algunas entidades piensan en cobrar un alquiler a los comercios por los datafonos o TPV (1,5 millones), como se hace en algunos países de Europa. Y antes o después, tratará de compensar los menores ingresos por comisiones con subidas a los usuarios, que pagan por dos conceptos. Uno, por tener la tarjeta, una cuota anual que ronda los 21 euros de media (eran 10,21 euros en 2010), aunque muchos bancos cobran más (30 euros Barclays, 43 euros Santander y 52 euros La Caixa). El otro, los intereses que cobra por aplazar los pagos, en las tarjetas revolving: el tipo medio está en el 20% (16% en la UE), pero en los grandes bancos el interés supera ya el 25% (26,75% La Caixa y Santander).

En definitiva, que se rebajan las comisiones a las tarjetas, pero los usuarios no lo vamos a notar, salvo porque nos acabará saliendo más caro usarlas. Ya antes, tener una tarjeta sale  caro y usarla más, sobre todo si se aplazan los pagos, algo cada vez más habitual con la crisis: se paga más cuanto menor sea la cuota mensual y más el gasto, porque se pagan intereses por lo pendiente. Además, si el cliente se retrasa en el pago de una sola cuota, paga tres comisiones más: comisión por reclamación de posiciones deudoras (35€), comisión de descubierto (30€ por exceder el límite de la tarjeta) y pago de intereses de demora (20,4% TAE). Así que lo mejor es pagar cada mes lo que se gasta y no tener muchas tarjetas, porque aunque al principio nos la ofrezcan “gratis”, al final nos acaban cobrando una cuota. Y lo peor es que muchas de las comisiones que pagamos son opacas, porque bancos y Cajas no tienen obligación de publicar su Libro de tarifas desde abril 2012: basta que comuniquen los cambios individualmente a sus clientes(muchos no se enteran).

La asociación de usuarios bancarios ADICAE ha presentado una denuncia ante la Comisión de la Competencia (CNMC) por presuntos acuerdos ilegales entre emisores, bancos y comercios en la fijación de los costes de las tarjetas. Y piden al Gobierno Rajoy y a Bruselas que tomen medidas efectivas para que la rebaja de comisiones se traduzca en una rebaja de precios a los consumidores y en un abaratamiento de las tarjetas a sus usuarios, algo que no pasó con la rebaja de 2005. Además, Bruselas y el Gobierno deben exigir más transparencia al sector, para saber con claridad los acuerdos entre emisores y bancos, la cuantía de las comisiones cruzadas y las diferencias de pago según el negocio, en perjuicio de los pequeños.

Las tarjetas de crédito son un gran invento, que facilita las ventas, pero no puede ser un negocio clave para la banca, que debe cobrar lo justo por su servicio y no aprovechar los plásticos para redondear unas cuentas que no les salen con su negocio tradicional (dar créditos, que no dan). Y las tiendas las tienen que verlas como una ayuda a la venta, no como un coste a cargar al cliente. Al final, no puede ser que las tarjetas sirvan para estrujar a los de siempre, a los usuarios. Que no nos engañen con bajadas que tienen retranca.

domingo, 7 de julio de 2013

Ojo a las tarjetas: salen mucho más caras


De cara al verano, usaremos más las tarjetas, tanto para comprar como para sacar dinero. Pero cuidado, porque bancos y Cajas han subido mucho las comisiones a los plásticos,  para compensar la caída de márgenes. Y sobre todo, el interés que nos cobran cuando pagamos a crédito con la tarjeta: supera el 20%. Además, bancos y Cajas cobran más que en Europa a los comercios de comisión por las compras con tarjeta, mientras Bruselas ha abierto dos expedientes a VISA y Master Card, que se han comprometido a bajarlas. Y el Gobierno está pactando reducir las comisiones  a los comercios para compras inferiores a 10 euros. El temor de los consumidores es que bancos y Cajas rebajen los costes por tarjeta a los comerciantes y a cambio, nos suban las comisiones por uso de tarjetas. Así que ojo a lo que le cuesta tener y utilizar sus tarjetas. Hay que usarlas con cabeza.
enrique ortega

Los españoles tenemos 68,17 millones de tarjetas, casi dos por cada ciudadano mayor de edad (37,4 millones). Dos de cada tres son de crédito (40,7 millones), para pagar en 1.535.885 terminales (comercios y servicios). Y las demás (27,47 millones) son tarjetas de débito, para pagar también compras al contado y sacar dinero en los 55.360 cajeros de la red, la mayor de Europa. Con todo, la crisis ha reducido el número de tarjetas, porque los clientes se han quedado con las imprescindibles: los plásticos se han reducido en 8.230.000 desde 2.008. Sin embargo, con menos tarjetas, se compra  a  crédito más que antes de la crisis: 97.385 millones en 2012 (+9 % sobre 2008 y -0,90% sobre 2011), 11,11 millones de compras con tarjeta cada hora. A cambio, ha caído la retirada de dinero en cajeros: 110.570 millones en 2012 (-5,1% sobre 2008), aunque crecen las compras al contado con tarjetas de débito.  

Menos tarjetas de crédito que se usan más porque, con la crisis, los españoles tienen más difícil llegar a fin de mes (uno de cada ocho) o hacer frente a imprevistos (4 de cada 10), según el INE, con lo que tiran de tarjeta (los que pueden) para tapar agujeros, pagar un viaje o cambiar un electrodoméstico. Y ahí, en las compras a crédito financiadas con la tarjeta es donde bancos y Cajas les dan los palos, con intereses que llegan al 35% TAE.

Con todo, tener una tarjeta, como un coche, sale caro aunque a veces no nos demos cuenta. Y más caro en el último año y medio, porque bancos y Cajas han subido todas sus comisiones (un 40% en 2012, según el Banco de España), para compensar su caída de márgenes (somos el 2º país europeo que paga más comisiones bancarias). Y más las de las tarjetas, porque son de las comisiones que menos “se ven”. Y hay muchas.

Todas las tarjetas, de crédito y de débito (compras al contado y cajeros) pagan una comisión de emisión o renovación, con un importe fijo anual: 21,90 € de media (y máximo de 30€) para la de débito y 38,45 € de media (con máximos de hasta 70 euros) para la de crédito. Además, se paga una comisión por retirada de efectivo en cajeros de otros bancos y otras redes (entre el 3 y el 5%, con mínimos entre 2,50 y 4 euros por operación). Y si se compra o se saca dinero en el extranjero, en países no euro, se paga una comisión que puede superar el 6%.

Y luego están las comisiones que se pagan por aplazar pagos, en las tarjetas llamadas revolving (hay 3 millones más desde que empezó la crisis), aquellas donde en vez de pagar a principios del mes siguiente todo lo comprado con la tarjeta, pagamos una cantidad fija al mes o un porcentaje del crédito utilizado. En estos casos, el tipo de interés oscila entre el 15% TAE del más barato (ING) al 19,56% de BBVA, 22,48% del Popular, 26,08% de Bankia, 29,86% del Sabadell o 35,83% TAE de Santander. Y se paga más cuanto menor sea la cuota mensual y más el gasto, porque se está pagando intereses sobre lo pendiente. Además, si un cliente se retrasa en el pago de una cuota, en cualquier tarjeta, paga tres comisiones más: comisión por reclamación de posiciones deudoras (35 €), comisión por descubierto (30€ por exceder el límite en tarjetas) y pago de intereses de demora (20,4%TAE en tarjetas).

Una maraña de comisiones de las que no siempre nos enteramos bien y que son ahora más opacas, ya que bancos y Cajas no tienen obligación de publicar su Libro de tarifas desde abril de 2012 (gracias a una norma aprobada por el Gobierno Zapatero en octubre de 2011): basta con que comuniquen los  cambios en las comisiones a sus clientes, individualmente. Y muchos clientes se quejan: las tarjetas son el tercer motivo de reclamaciones al Banco de España, sobre todo por las comisiones cobradas.

Las quejas por las comisiones de las tarjetas es algo histórico en los comerciantes, que llevan años peleando con bancos y Cajas. En Europa, las denuncias del comercio han llevado a la Comisión Europea a abrir varios expedientes contra MasterCard y Visa, acusadas de aplicar comisiones abusivas (también en EEUU tienen un litigio pendiente de los tribunales). Mientras Master Card podría ser multada, VISA trata de evitar la sanción de Bruselas prometiendo (en mayo) que va a rebajar sus comisiones al comercio en compras transfronterizas y en10 países (donde las fija ella y no los bancos, como en España), para dejarlas en el 0,30% (tarjeta crédito) y 0,20% (débito).

Mientras, en España, las comisiones que cobran bancos y Cajas a los comercios son más altas que en Europa: la media de tasa en las tarjetas de crédito está entre 0,74 % y 0,59%, según el Banco de España, aunque son casi la mitad que en 2006 (del 1,30% al 0,65%). Y en débito, las tasas a los comercios oscilan del 0,30% al 0,16% (aquí la rebaja ha sido menor: en 2006 oscilaban entre el 0,40% y el 0,25%). Pero estas medias esconden grandes diferencias, en perjuicio de algunos negocios y las tiendas más pequeñas. Los comercios que más pagan son las farmacias (tasa del 1,04%), supermercados (0,90%), restaurantes (0,88%) y compras inferiores a 15 € (0,83%). Y los que menos, las autopistas (0,26%), los híper (0,45%), gasolineras (0,49%) y agencias de viaje (0,51%).

Los comerciantes culpan a estas altas comisiones de que en  España se compre menos con plásticos: sólo un 16% de las compras, la mitad que en Francia (32%) y un tercio que en Reino Unido, Portugal o Suecia (47%). En 2005, el Gobierno ZP pactó con las entidades una bajada de tasas (al 1,4% máximo). Y ahora, en junio, el Gobierno Rajoy ha aprobado un Plan integral de apoyo al comercio que contempla negociar con las entidades financieras para bajar las tasas  a las operaciones de menos de 10 euros (23% de los pagos), que apenas se pagan con tarjeta en España (sí fuera) porque tienen un comisión abusiva para el comercio: 25 céntimos en un pago de 3 euros, por ejemplo.

Los consumidores temen que bajen las tasas a las compras con tarjeta, por pacto con el Gobierno o por imposición de Bruselas, a la vista de lo que ha pasado con la rebaja de 2005: los bancos compensaron los menores ingresos de los comercios subiendo las comisiones a los clientes y además, los comercios no rebajaron sus  precios, según denuncia ADICAE. Y ahora, con bancos y Cajas sumidos en una guerra por poner datafonos, a costa de ofertas y rebajas de comisiones, temen que lo paguemos los usuarios de tarjetas, con más comisiones.

Suban más o no, las tarjetas ya nos suponen un alto coste, cada año mayor, aunque su servicio sea imprescindible. Pero hay que vigilar su uso, utilizar sólo las tarjetas necesarias, no retrasar demasiado los pagos y vigilar los intereses, comisiones y cuotas anuales, negociando con nuestra entidad para rebajar costes a cambio de nuestra vinculación. Tarjetas sí, pero rigurosamente vigiladas para que no nos den sustos. Úsenlas con cabeza.