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lunes, 5 de junio de 2017

Renta 2017: un impuesto menos importante


Toca otro año más declarar a Hacienda y a nadie le gusta, pero sepamos que el IRPF (“la Renta”) es un impuesto cada vez menos importante: supone poco más de un tercio de todos los impuestos que pagamos. Y cada día pagamos mucho más con el IVA, los impuestos especiales o las tasas, sin darnos cuenta. Además, otra peculiaridad del IRPF es que pagamos muy distinto según donde vivamos: mucho más en Cataluña  o Andalucía que en Madrid o Castilla y León. El problema de fondo es que el menor peso de la Renta, un impuesto progresivo, lleva a que ayude poco a reducir diferencias entre ricos y pobres. Y lo que más reduce las desigualdades, las prestaciones sociales, es lo que Rajoy ha recortado. Deberíamos pagar más por el IRPF (según ingresos) y menos por impuestos indirectos, reducir el fraude y que pagaran más los que pagan poco (grandes empresas, multinacionales y ricos) para que el Estado pudiera reducir la desigualdad. Impuestos sí, pero más justos.

                                                                                                                          enrique ortega

Dos de cada tres españoles adultos tienen que presentar la declaración de la Renta en primavera. Este año 2017, Hacienda espera 19.750.000 declaraciones, unas 200.000 más que el año pasado, la mayoría individuales (15.900.000), mientras bajan las conjuntas (3.850.000). Pero tener que presentar la declaración no significa pagar: el 75% de todas las declaraciones (14,7 millones) saldrán este año a devolver (Hacienda les transferirá 11.198 millones), porque esos contribuyentes ya han pagado de más durante el año pasado, con las retenciones mensuales. Eso sí, otros 4,17 millones de declaraciones serán positivas y tendrán que pagar 8.537 millones, un 7,4% más que el año pasado, porque han aumentado las rentas y los que trabajan. Con todo, la declaración del IRPF que ahora presentamos apenas sirve para recaudar, ya que el 90% lo hemos ido pagando el año pasado, con las retenciones.

Este año no se han tocado los tipos ni los tramos de la declaración, que son los mismos que el año pasado y contemplan la bajada hecha por Rajoy en 2015 y 2016, rebaja que no compensa las fuertes subidas del IRPF hechas en 2012, 2013 y 2014. Y se mantienen los cambios del año pasado que penalizan a los contribuyentes. Uno, que los inquilinos con contratos posteriores al 1 de enero de 2015 pierden la deducción (10,5%) y los propietarios se pueden deducir sólo el 60% del alquiler cobrado (no el 100% cuando los inquilinos son jóvenes).Dos, se encarece fiscalmente la venta de viviendas, al eliminarse los coeficientes de actualización que rebajaban las plusvalías. Tres, que los propietarios de segundas residencias con valores catastrales revisados entre 1994 y 2005 pagarán más. Cuatro, que se ha eliminado la exención de los primeros 1.500 euros anuales en dividendos. Quinto, que la aportación máxima a un Plan de pensiones se ha bajado de 10.000 a 8.000 euros. Y sexto, que se ha cambiado la reducción general de rendimientos del trabajo de 2.652 euros por un gasto deducible de 2.000 euros. Y además, como sucede desde 2008, Hacienda no descuenta el efecto de la inflación sobre lo que ganamos, lo que supone una penalización de 33,24 euros por contribuyente (entre 18 y 1.321 euros), según los técnicos de Hacienda (GESTHA).

Pero luego, la realidad del IRPF es que pagamos muy distinto según donde vivamos, porque cada autonomía tiene sus tipos, tramos y deducciones. El Gobierno fija un tipo estatal del IRPF (del 9,50 al 22,50%) y luego se le suma un tipo autonómico, que va del 9,5 al 25,50%. Y así, sumando los dos tramos del IRPF, sale un tipo a pagar, del 19% mínimo (hasta 12.450 euros de ingresos) a un máximo del 48% (para más de 60.000 euros). Eso configura tres zonas fiscales, según un estudio de los economistas fiscales (REAF). Una, la España que cobra más IRPF, con tipos del 21,50% (mínimo) al 48% (máximo): Cataluña, Extremadura, Aragón, Murcia, Baleares y Andalucía. Dos, la España que cobra menos IRPF, entre el 19% (tipo mínimo) y el 43,50% (máximo): Madrid, Castilla y León y Castilla la Mancha. Y una “zona fiscal intermedia”: Comunidad Valenciana, Asturias, Galicia, Cantabria, la Rioja y Canarias.

Las diferencias a la hora de pagar el IRPF son importantes según donde se viva. Así, un trabajador con un sueldo medio (22.858 euros brutos anuales, según el INE) pagará de media en el IRPF 3.024 euros, pero abonará 163 euros más si vive en Cataluña y 63 euros menos si vive en Madrid, según el REAF. Y para los que ganan menos de 30.000 euros (8 de cada 10 declarantes), declarar en Cataluña les supone pagar entre un 5,7 y un 13,2% más que si declaran en Madrid (cuanto menos ganen, más diferencias). Eso en cuanto a tipos y tramos. Pero además, hay diferencias entre las deducciones que permiten las autonomías: unas dejan deducir a los jóvenes por comprar o alquilar vivienda (Madrid, Andalucía o Cataluña), otras por material escolar (Asturias, Valencia), por hijos (Aragón, Rioja, Castilla o León), por gastos de guardería (Canarias, Murcia), por seguros médicos (Cantabria), por ser viudo (Extremadura) o por autoempleo (Rioja). Un puzzle de deducciones que a veces ni conocen los contribuyentes.

También hay que declarar ahora por el impuesto del Patrimonio, donde hay importantes diferencias entre autonomías. Los contribuyentes censados en Madrid no tienen que hacer este impuesto, que declaran los que tienen más de 700.000 euros de patrimonio (más de 500.000 en Cataluña), unos 178.000 contribuyentes, que pagan a Hacienda unos 1.000 millones de euros con este impuesto. Y lo que pagan depende también mucho de donde vivan. Así, una persona con patrimonio de 800.000 euros (no cuentan los primeros 300.000 euros del valor de la vivienda habitual) paga 1.164 euros por Patrimonio en Aragón, 769 euros en Cataluña, entre 220 y 300 euros en Extremadura, Baleares, Andalucía, Galicia, Murcia y Asturias, 200 euros en Canarias, Cantabria y las dos Castillas, 100 euros en Rioja y nada en Madrid.

El impuesto sobre la renta, el IRPF que ahora declaramos, es el principal impuesto, pero su peso en la recaudación de Hacienda se ha ido reduciendo con los años: si en 2010 suponía el 45% de los ingresos fiscales, en 2016 ya suponía sólo el 38,88% (72.416 millones). Y eso se debe a que el Gobierno Rajoy ha ido aumentando el peso de los llamados impuestos indirectos, los que pagamos sin que se noten tanto: el IVA (62.842 millones, el 33,7% de lo recaudado en 2016), los impuestos especiales (carburantes, alcohol y tabaco: 19.866 millones, el 10,66% de lo recaudado en 2016) y todo tipo de tasas. Y la consecuencia es que mientras el IRPF se paga de una forma progresiva (pagan más los que ganan más), los impuestos indirectos son regresivos, injustos: el IVA o el impuesto de los carburantes o el alcohol lo paga lo mismo uno que está en paro que uno que gana más de 100.000 euros.

Por eso, la renta, el IRPF es el único impuesto progresivo del sistema tributario: los contribuyentes pagan más si ganan más. Pero no pasa eso con los demás impuestos, con lo que la progresividad de todos los impuestos es menor. Así, los españoles pagamos de impuestos una cuarta parte de nuestros ingresos, el 27,48% en 2014, según un estudio de Fedea. Pero el pago es distinto, según los ingresos de cada hogar. Los que ganan menos de  11.789 euros (el 20% de hogares más pobre) pagan el 28,9% de sus ingresos, los que declaran entre 11.789 y 19.784 euros (el 20-40% siguiente del tramo de hogares) pagan el 23,7%, los que ingresan entre 19.764 y 29.592 euros (del 40 al 60% de hogares con rentas medias) pagan el 23,6%, los que ingresan entre 29.522 y 45.236 euros (60-80% hogares con más rentas)pagan el 26%, los que ganan entre 45.236 y 62.453 euros (tramo 80-90% hogares con rentas altas)pagan el 27,7, los que ganan entre 62,453 y 129.952 euros (tramo 91-99% hogares) pagan el 30,2% y los que ganan más de 129.952 euros anuales (el 1% de hogares) pagan el 37,4% de sus rentas, según Fedea. Choca comprobar que el 20% de hogares más pobres pagan más (26,9%) que los demás hogares, salvo el 10% más rico. Esta injusticia fiscal se debe a dos factores que habría que corregir: el efecto regresivo de las cotizaciones y el IVA y que en este tramo del 20% más pobre hay hogares con pérdidas (autónomos).

Teóricamente, los impuestos están para lograr dos objetivos: conseguir ingresos y corregir desigualdades entre pobres y ricos. En España, por el creciente peso de los impuestos indirectos, resulta que los impuestos ayudan poco a corregir la desigualdad: los impuestos (y casi en exclusiva el IRPF) sirven sólo para reducir un 2,97% las desigualdades de rentas, según el estudio de Fedea. Y lo que sí funciona para corregir las desigualdades (las reducen un 28,9%) son las prestaciones públicas: pensiones (lo que más, el 80% del total), prestaciones desempleo, asistencia social y ayudas familiares. Y cuanto menor es la renta de una familia, más importantes son las prestaciones (al 20% de hogares más pobres, las prestaciones sociales les suponen el 67,7% de sus ingresos).

En definitiva, que los impuestos no ayudan apenas a redistribuir la riqueza y conseguir una España menos desigual y más justa, según deja claro el estudio de Fedea. Y que mientras no se dé más peso al IRPF y menos a los impuestos indirectos, la mejor herramienta para redistribuir la riqueza son las prestaciones públicas, sobre todo las pensiones. Pero resulta que la política de ajustes de Rajoy se ha centrado precisamente en recortar estas prestaciones públicas : si el gasto en protección social (pensiones, paro, ayudas familiares y sociales) era del 16,83% del PIB en 2011, en 2016 había bajado al 16,89%. Y ahora pretende, según el Programa de Estabilidad 2017-2020 recién enviado a Bruselas, que baje al 15,91% para 2020. En definitiva, que la estrategia de Rajoy es recortar aún más (en %) la protección social, lo más efectivo para corregir las crecientes desigualdades entre españoles. Mala política.

Así que pagamos impuestos, pero de una forma poco justa y que ayuda poco a conseguir una España más igualitaria. La alternativa debería ser conseguir más ingresos, para poder gastar más en protección social, pero sin hacer pagar más a los que ahora pagan: los que viven de una nómina. De hecho, el 79% del IRPF lo pagan los que viven de un sueldo o pensión. Y si miramos todos los impuestos, el 90% de los ingresos fiscales salen de las familias y sólo un 10% de la recaudación la pagan las empresas, bancos, multinacionales y grandes fortunas, según Intermon Oxfam. Este es el problema de fondo que hay que resolver en España: que paguen más los que defraudan o pagan legalmente menos de lo que debían.

De hecho, se puede y se debe recaudar más, porque España es uno de los paises que menos recauda en Europa: en 2016, ingresó (total ingresos públicos) el 38% de su PIB, por debajo de la media europea (44,9%) y sobre todo de la zona euro (46,2% del PIB). Eso quiere decir que si España recaudara como los demás paises euro, habría ingresado 90.200 millones más en 2016. No habríamos tenido déficit público (47.630 millones) y aún habría dado para gastar más en sanidad, educación y prestaciones sociales. Así de claro.

Así que hay otro camino alternativo a la austeridad y los recortes: recaudar más. Pero no haciendo que paguemos más impuestos la mayoría, sino reduciendo el fraude fiscal y haciendo que paguen más lo que ahora pagan poco “legalmente”: las grandes empresas (pagan sólo el 7,3% de sus beneficios, gracias a generosas deducciones), las multinacionales (apenas pagan en España, gracias a su utilización de paraísos fiscales) y los más ricos (tienen su dinero en SICAV y empresas pantalla). Los expertos de Hacienda (GESTHA) creen que se podrían recaudar 42.000 millones más al año luchando más decididamente contra el fraude fiscal y con cambios normativos. Y también hace falta más medios en la inspección, porque Hacienda cuenta con 1 inspector por cada 2.081 contribuyentes, frente a 1.914 en Italia, 1.176 en Reino Unido, 979 en Francia o 743 en Alemania. Y además, el 80% de su trabajo es vigilar a los asalariados, donde hay menos fraude, según reconocen  los propios inspectores.

En definitiva, no nos agobiemos por hacer ahora la declaración de la Renta, porque la mayor parte ya lo hemos pagado en 2016, con las retenciones, y porque pagamos mucho más con todo los que compramos o echando gasolina. El problema es que nosotros pagamos bastantes impuestos, aunque todavía menos que en Europa, pero otros (empresas, bancos, multinacionales y los más ricos) pagan menos, legal o ilegalmente. Y así resulta que el Estado recauda menos y eso obliga a ir de recorte en recorte, tanto del Estado del Bienestar como de los gastos sociales, las herramientas que hacen un país menos desigual. Así que la mayoría pagamos impuestos como debe ser, pero crece la pobreza y la desigualdad en España porque otros no pagan lo que deben y no hay dinero para prestaciones públicas. Algo que debería llevarnos, al menos cuando toca declarar, a exigir una reforma fiscal a fondo. Impuestos sí, pero más justos.

jueves, 2 de junio de 2016

Renta 2016: pagamos menos tras pagar más


Otro año más, tenemos que declarar la Renta antes que acabe junio, aunque pagamos los impuestos mes a mes, con la nómina o pensión. Este año, el IRPF nos saldrá mejor porque entra en vigor la rebaja de impuestos que Rajoy lleva dos años vendiéndonos: unos 240 euros de rebaja media, que no compensa las subidas que hemos pagado los 3 últimos años. Además, el pago dependerá mucho de dónde vivamos: hay autonomías con más IRPF (Cataluña, Andalucía, Valencia, Extremadura y Galicia) y otras donde se paga menos (Madrid, las dos Castillas y Cantabria). Pero al final, las cuentas están claras: el 79% de la Renta lo pagamos quienes  vivimos de una nómina o pensión, los más controlados por Hacienda. Y el resto, grandes empresas, multinacionales o ricos, pagan poco o evaden. Por eso, cada uno pagamos 900 euros de más y  hay déficit público. Este mes, además de declarar a Hacienda, hay que votar. Y de eso dependerán los impuestos futuros. Recuérdelo el 26-J.
 
enrique ortega

La Renta, el IRPF que ahora declaramos a Hacienda, es el principal impuesto que hay en España. Habrá recaudado en 2015 unos 71.500 millones de euros, el 39,2% de todos los ingresos fiscales, aunque ha perdido peso, ya que en 2010 suponía el 45% de todos los impuestos. Eso significa que ahora tienen más peso los impuestos indirectos (IVA, gasolinas, luz, tabaco y alcohol, tasas), más injustos porque los pagan igual los más ricos que los que menos tienen, mientras la Renta es más justo y progresivo, porque se paga según lo que uno gana. Eso sí, la mayor parte del IRPF lo pagamos cada mes, casi sin darnos cuenta, con las retenciones que nos hacen en la nómina o pensión. De hecho, ahora en mayo o junio, con la declaración, sólo pagamos 1 de cada 10 euros del IRPF.

Por eso, a la hora de declarar el IRPF y hacer cuentas con Hacienda, a la mayoría de españoles les sale negativa la declaración: no es ningún regalo, es porque, con el juego de las deducciones y desgravaciones, sale que nos han retenido de más el año pasado. Así, de las 19.708.000 declaraciones que Hacienda espera esta primavera, 14.673.000 declaraciones con derecho a devolución, concretamente 10.858 millones a devolver (un 2,4% más que en 2015). Y sólo 1 de cada 5 declaraciones serán a pagar, 4.260.000 declaraciones positivas, que pagarán a Hacienda 7.948 millones de euros (un 4,9% más que en 2015).

Este año habrá 423.000 declaraciones más con derecho a devolución que en 2015 porque se notará por fin la bajada de impuestos que entró en vigor el 1 de enero de 2015 y que el Gobierno Rajoy nos está “vendiendo” desde 2014. Bajan los tipos (a una franja del 19,50% al 46%, según cinco tramos de ingresos) y suben las deducciones personales y familiares, con lo que los contribuyentes pagan menos impuestos por lo ganado en 2015. De media, la rebaja es de unos 240 euros para los trabajadores y pensionistas que ganaron menos de 40.000 euros, según la estimación de Hacienda. Sin embargo, los técnicos de Hacienda (GESTHA) han denunciado que la rebaja sólo es de 16 euros al año para la mitad de los contribuyentes. Y que es muy pequeña para los que ganan menos de 20.000 euros (35,4 euros anuales) y muy elevada para los que ganan más de 60.000 euros (862 euros anuales).

Rebaja hay, pero en la declaración de este año también hay cambios que penalizan a los contribuyentes. Uno, que los inquilinos con contratos posteriores al 1 de enero 2015 pierden la deducción (10,5%) y los propietarios se pueden deducir sólo el 60% del alquiler cobrado, no el 100% cuando los inquilinos son jóvenes. Dos, se encarece fiscalmente la venta de viviendas, al eliminarse los coeficientes de actualización que rebajaban las plusvalías. Tres, que los propietarios de segundas residencias con valores catastrales revisados entre 1994 y 2005 pagarán más. Cuatro, que se ha eliminado la exención de los primeros 1.500 euros anuales en dividendos. Quinto, que el máximo de aportación por Plan de pensiones se baja de 10.000 a 8.000 euros. Y sexto, se cambia la reducción general de rendimientos de trabajo de 2.652 euros por un gasto deducible de 2.000 euros. Y además, como siempre desde 2008, Hacienda no descuenta el efecto de la inflación sobre lo que ganamos, lo que supone una penalización media de 33,24 euros por contribuyente (entre 18 y 1.321 euros), según GESTHA.

Y esto son los tipos y recargos sobre el papel, ya que la realidad del IRPF depende de dónde hagamos la declaración, porque cada autonomía tiene sus tipos y sus deducciones. Por un lado, el Estado fija un tipo estatal del IRPF (del 9,50 al 22,5%) y luego hay un tipo autonómico, que teóricamente va del 10% (mínimo) al 23,50%. Y así, sumando los dos tramos, sale un tipo total a pagar del 19,50% (hasta 12.450 euros de ingresos) al 46% (para más de 60.000 euros de ingresos). Pues bien, cada autonomía fija sus propios tipos y al final hay grandes diferencias. En el tipo mínimo total, destacan el 19% de Madrid, Canarias, Cantabria, Castilla la Mancha, Baleares y la Rioja, frente al 21,50% que se paga en Cataluña, Andalucía, Galicia y Comunidad Valenciana (21,40%). Y en el tipo máximo total, los más bajos son los de Madrid (43,5%), Galicia, Baleares, Castilla y León y Aragón(el 44% las cuatro), mientras los tipos más altos los cobran Cataluña, Andalucía y Asturias (48%), seguidas de Extremadura (47,5%), Canarias (46,5%), la Rioja y Murcia (46%).

Al final, entre tanto galimatías de tipos, quedémonos con esta idea: las comunidades donde se paga más IRPF, se gane lo que se gane, son Cataluña, Andalucía, Comunidad Valenciana, Extremadura y Galicia. Y donde menos, en Madrid, Castilla y León, Cantabria y Castilla la Mancha. La diferencia entre pagar la Renta en Cataluña, la autonomía con más IRPF, y Madrid, la más barata, es de 173 euros para un trabajador con el salario más habitual (15.500 euros, según el INE) y de 225 euros para un trabajador con el salario medio (22.698 euros). Y va subiendo a medida de que se gane más: un contribuyente con 60.000 euros paga 453 euros más de IRPF en Barcelona que en Madrid y uno con 100.000 euros paga 613 euros más. Y un “millonario” (1.000.000 € ingresos) se ahorra en Madrid 39.063 euros en el IRPF. Esto es especialmente preocupante porque un 53,44% de los contribuyentes más ricos (ingresan más de 600.000 euros) viven en Madrid, la autonomía donde menos Renta se paga.

Y eso contando sólo los tipos del IRPF. Pero también hay grandes diferencias por autonomías en las deducciones. Así, en Aragón y Baleares, las familias pueden deducirse el seguro médico privado, en Cantabria los gastos por enfermedad, en Baleares los libros de texto y en Cataluña los créditos para master o doctorados, en la Rioja, Aragón o Extremadura la compra o rehabilitación de una segunda residencia en el campo, en Galicia la compra de informática y algunas instalaciones renovables (como en Murcia o Valencia) y en la mayoría, las donaciones al patrimonio artístico regional… Otro galimatías con enormes diferencias entre autonomías.

No olvidemos que ahora no sólo hay que declarar el impuesto de la Renta (IRPF), sino también el impuesto sobre el Patrimonio, los que tengan propiedades por más de 700.000 euros (500.000 en Cataluña), salvo en Madrid (que está exento). En total, hay unos 178.000 contribuyentes que declaran Patrimonio, el 38% en Cataluña. Todos ellos están obligados a declarar por Internet y pagarán unos 1.000 millones de euros, una cantidad mínima pero que sirve a Hacienda para controlar sus propiedades y cotejarlo con sus ingresos. Aquí también, el pago del impuesto sobre el Patrimonio varía mucho entre las autonomías: así, una persona con un patrimonio de 800.000 euros (no cuentan los 300.000 primeros euros de la vivienda habitual) paga 1.164 euros de Patrimonio en Aragón, 769 euros en Cataluña, entre 300 y 220 euros en Extremadura, Baleares, Andalucía, Galicia, Murcia y Asturias, 200 euros en Canarias, Cantabria y las dos Castillas, 100 euros en la Rioja y nada en Madrid.

Al final, aunque este año paguemos menos a Hacienda, no podemos olvidar que hemos pagado más en las tres declaraciones anteriores, debido a la fuerte subida de impuestos aprobada por Rajoy a finales de 2011, la mayor de la democracia. Así, sólo en el IRPF, el tipo medio ha bajado del 13 al 12,1 % en 2015, pero era del 11,9% en 2011. Y eso significa que aunque paguemos 3.664 millones de euros menos de IRPF por nuestros ingresos en 2015, entre 2012, 2013 y 2014 ya pagamos 6.073 millones más en Renta, con lo que el balance es que hemos pagado 2.409 millones más de IRPF con Rajoy. Con datos oficiales de Hacienda. Y que pagamos más por la Renta ahora, con la rebaja de 2015, que en 2011. Eso sin contar los demás impuestos estatales (donde pagamos 15.169 millones más que en 2011) y los impuestos autonómicos (han creado 50 nuevos) y municipales, disparados también estos años, la mayoría gobernados por el PP.

El problema está en que aunque los impuestos han subido para la mayoría, al margen del “regalo” de 2015 que notamos en esta declaración, el Estado recauda poco y tenemos el segundo mayor déficit público de Europa (5% del PIB), sólo menor que el de Grecia. Y eso es porque España ingresa menos por impuestos que el resto de Europa: Hacienda recauda el 38,2% del PIB (2015), frente al 45% de la UE-28 y el 46,6% del PIB que recaudan los 19 paises del euro. Y esto no es algo que pase por la crisis: en 2002-2006, cuando las “vacas gordas” y el boom inmobiliario, España recaudaba el 38,9% del PIB y la eurozona el 44,1%.

Eso significa que si España recaudara impuestos como los demás paises del euro, en 2015 debería haber ingresado 85.000 millones de euros más. O sea, no habría habido déficit (50.000 millones) ni recortes e incluso nos podrían haber bajado impuestos. ¿Por qué España recauda menos? Porque hay más fraude, ilegal y “legal”, sobre todo de grandes empresas (pagan sólo el 7,3% de sus beneficios), multinacionales y los más ricos (SICAV), que pagan menos impuestos con “ingeniería fiscal” y enormes desgravaciones (eso “lo legal”, sin contar evasiones y paraísos fiscales). Baste un dato escandaloso, que apenas ha trascendido: Hacienda devolvió al Banco Santander 1.236 millones de euros por el impuesto de Sociedades en 2013 y 2014 (vea aquí los documentos de devolución), a pesar de ganar 10.186 millones de euros en esos dos años, debido a deducciones por pérdidas en 100 empresas del grupo. Todo “legal”.

Cara a la próxima Legislatura, es urgente aumentar la recaudación fiscal, para rebajar el déficit público (Bruselas exige recortes por 8.000 millones) y recuperar las pensiones y el Estado del Bienestar (sanidad, educación, dependencia y servicios sociales). Pero no subiéndonos los impuestos a los que ya pagamos, sino luchando contra el fraude y haciendo pagar más a los que pagan poco “legalmente”. Los expertos de Hacienda (GESTHA) creen que se podrían recaudar 42.000 millones más cada año con una lucha más decidida ante el fraude fiscal (cada uno pagamos 900 euros de más por el fraude de otros, según GESTHA, armonizando los impuestos de sucesiones y patrimonio entre las autonomías, reduciendo deducciones y desgravaciones en el impuesto de sociedades (grandes empresas), controlando mejor a las multinacionales y a los más ricos (SICAV), subiendo impuestos a los carburantes y creando nuevos impuestos medioambientales.

Se trata de que otros paguen más para que la mayoría paguemos menos. Porque actualmente, el 79% del IRPF lo pagan los que viven de un sueldo o pensión, que son además los que están más controlados por Hacienda. Y si miramos todos los impuestos, el 90% de los ingresos fiscales salen de las familias y sólo un 10% de las empresas, bancos y grandes fortunas, según Intermón Oxfam. Este es el problema de fondo que sigue sin resolverse en España (y en todo el mundo) y que debería llevar a una reforma fiscal de verdad en la próxima Legislatura: que otros paguen más para que la mayoría paguemos menos y baje el déficit. Que no nos engañe Rajoy con más promesas de “rebajas de impuestos”. Sólo podremos pagar menos si otros (empresas, bancos, multinacionales y ricos) pagan más. Piénselo al votar el 26-J.