Mostrando entradas con la etiqueta recorte plantillas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta recorte plantillas. Mostrar todas las entradas

jueves, 10 de septiembre de 2020

La 1ª fusión bancaria de esta crisis


Este domingo 13, los Consejos de Administración aprueban la absorción de Bankia por CaixaBank, que culminará en diciembre. Nace CaixaBankia, el primer banco en España y el 10º de la zona euro, que lleva en sus tripas 18 Cajas y 3 bancos, fusionados desde 2009. La fusión ha sido promovida por el BCE y el Banco de España, con el visto bueno del Gobierno, que la ven necesaria para recortar costes y afrontar mejor la recesión del coronavirus, los bajos tipos y la competencia digital. Eso sí, traerá despidos, cierre de sucursales y menos competencia. Y no se recuperarán los 24.000 millones públicos aportados. Ahora se esperan más fusiones, para evitar otra crisis bancaria, tanto en España (BBVA, Sabadell, Unicaja, Liberbank…) como en Europa. Lo importante no es lograr bancos más grandes y más resistentes sino crear una nueva banca, más eficiente, más transparente y más justa, que mejore su deteriorada imagen frente a clientes y empresas. Necesitamos una nueva banca.

enrique ortega

A la 6ª ha sido la vencida. El presidente de la Fundación La Caixa, Isidro Fainé, lleva 31 años intentando fusionarse con Caja Madrid. Lo intentó primero en abril de 1989, después en 2009, dos veces en 2012 (la primera, en enero, rechazada por Rato, entonces presidente de Caja Madrid) y la quinta en 2017, poco antes de irse el ministro de Guindos al BCE. Ahora, por fin, la fusión de la gran Caja catalana y la madrileña saldrá adelante, por la urgencia de la crisis abierta con el coronavirus y el apoyo explícito del BCE, el Banco de España y el propio Gobierno, que no quieren otra crisis bancaria como la de 2010-2015.

Hace un par de años que se esperaban nuevas fusiones bancarias, pero la pandemia las ha precipitado, por el desplome del crédito, que es la puntilla a una banca que sufre desde hace años unos tipos de interés cero y márgenes negativos, acrecentados por la competencia de los gigantes digitales y sus medios de pago y bancos online. Los resultados son muy explícitos: en el primer semestre de 2020, CaixaBank había reducido sus beneficios un 67% y Bankia un 64%. Se les había agotado la gasolina para afrontar esta grave recesión. La fusión, contemplada desde 1989, podría ser la solución, al aportar una reducción de costes y muchas “sinergias” (ventajas). Sólo quedaba buscar el momento ideal. Y tener apoyos políticos en España y Europa.

El momento de la fusión lo iba a fijar la Bolsa. CaixaBank, tres veces más grande que Bankia (en activos y beneficios) iba a ser el comprador, el que mandara en la fusión. Y buscaba pagar lo menos posible por Bankia. En mayo de 2013, una acción de CaixaBank valía lo que 1,21 de Bankia. La fusión era demasiado cara. Luego Bankia mejora y hasta 2017 su acción vale más que la de CaixaBank. A partir de ahí, sube CaixaBank y el 21 de mayo de 2020, en plena recesión, la acción de CaixaBank vale lo que 2,12 acciones de Bankia (ver gráfico cotizaciones). Ya es un buen momento para comprarla barata. Y esa proporción de canje se ha mantenido hasta mediados de julio. Era el momento del ataque. Faltaban los apoyos políticos y financieros.

Y llegaron, con mucha fuerza. Primero, del Banco Central Europeo (BCE), con múltiples declaraciones a favor de las fusiones, como antídoto contra una nueva crisis bancaria. Y con hechos: el 1 de julio, el Consejo de Supervisión del BCE rebajaba las exigencias de capital a los bancos que se fusionaran, una medida clave. Y por si no estuviera claro, el 20  de julio, el vicepresidente del BCE decía en Madrid sobre las fusiones: “Es ineludible. Si eran necesarias en el pasado, ahora son inevitables (…) En las próximas semanas y meses se deben ver movimientos a nivel nacional y en la zona euro”. Y el 1 se septiembre, dos días antes de saltar la noticia de la fusión, el BCE, el Banco de España y la patronal bancaria coincidían en Santander en decir que “no queda otra que las fusiones”. Más claro, agua.

Con estos apoyos políticos y la Bolsa a favor, CaixaBank prepara la operación en agosto, negociando con el FROB, que tiene el 62% de Bankia (en representación del Estado, que es el mayor accionista, al haberle aportado  24.069 millones de dinero público en 2012). Otra ventaja de CaixaBank en esta fusión es que ningún otro banco va a pujar por Bankia: sólo la fusión con CaixaBank permite que el Estado no sea el primer accionista de la entidad resultante (tendrá el 15% de CaixaBankia y la Fundación CaixaBank el 30%, el paquete de control). Si Bankia se fusionara con el Santander, el Estado sería el primer accionista del banco resultante (con el 5,8% del capital). Con el BBVA, el Estado sería también el primer accionista (con más del 10%), lo mismo que si Bankia se fusionara con Bankinter (tendría el 30%), Sabadell (tendría incluso el 40%), con Unicaja (50%) o Liberbank (más del 50%). Así que el único novio posible para Bankia era CaixaBank. Para los demás, comprar Bankia equivalía a nacionalizarse.

Visto el panorama, las negociaciones de la fusión han sido rápidas y culminarán este domingo 13 de agosto, al aprobar la operación los dos Consejos de Administración, paso previo para un proceso que podría culminar en diciembre, tras autorizar la fusión las autoridades europeas y españolas. Los temas polémicos en cualquier fusión están claros: quién manda (CaixaBank, que absorbe a Bankia y pone al consejero delegado, aunque se mantenga como presidente el actual presidente de Bankia), el nombre (CaixaBankia, casi igual) y la sede (Valencia, la actual sede de CaixaBank). Y además, facilita el proceso que las dos entidades tengan “una cultura de Cajas”, muy centradas en el negocio a particulares, pymes y empresas, con muchas hipotecas (28% del total).

Se crea así el primer banco por activos en España (con 627.211 millones de euros), aunque será el tercer banco español por tamaño global, dado que los otros dos grandes españoles tienen mucho más negocio extranjero y por eso tienen más tamaño global ( más de 1 billón de activos totales el Santander y 753.000 millones el BBVA). En conjunto, tendrá unas 6.200 oficinas en España, 43.500 empleados y 21 millones de clientes, concentrados en Cataluña, Madrid, Levante, Baleares y Andalucía. Un gigante bancario que lleva en sus tripas 18 Cajas absorbidas desde 2009 (Caixa Girona, Caja Navarra, Caja Burgos, Caja Canarias, Caja Sol y Caja Guadalajara absorbidas por CaixaBank y Bancaja, Caixa Layetana, Insular de Canarias, Caja Ávila, Caja Segovia, Caja Rioja, Caja Murcia, Sa Nostra, Caja Granada y Caja Penedés, absorbidas por Caja Madrid) y 3 bancos (Bankpyme, Banco de Valencia y Barclays España, absorbidas por CaixaBank).

La fusión gusta al BCE, al Banco de España, a la mayoría del Gobierno y a muchos expertos porque piensan que es una vacuna para evitar otra crisis bancaria, dado que la actual recesión podría volver a deteriorar las cuentas de Bankia (y de otros bancos). La primera ventaja de cualquier fusión es que recorta gastos (por recorte de oficinas y plantillas) y consigue “sinergias”, ventajas derivadas de tener un mayor tamaño. Además, serán muy importantes los beneficios diferidos que se logran: al comprar un banco por menos de su valor en libros (Bankia, a 0,28 veces su valor), la diferencia entre lo que CaixaBank paga y su valor en libros se computa como un beneficio contable (fondo de comercio negativo) y este beneficio extra servirá para pagar los costes de la fusión. Además, una fusión tiene beneficios fiscales, con lo que el banco resultante se ahorrará muchos impuestos durante años.

Otra ventaja, que ha pesado mucho al dar luz verde el FROB y el Gobierno, es que ahora habrá más posibilidades de recuperar parte de las ayudas públicas a Bankia, porque la entidad resultante tendrá más beneficios (el Estado cobrará más dividendos) y valdrá más la participación pública cuando se venda. El Gobierno debería haber vendido su 62% en Bankia antes de finales de 2017, por exigencia de Bruselas, pero ha habido tres prórrogas (2 con de Guindos y una con Calviño) y ahora la salida de Bankia está fijada para antes de diciembre de 2021 (aunque podría retrasarse por 4ª vez). En cualquier caso, parece que la venta del paquete público en Bankia (62% antes y 15% ahora en la nueva entidad) puede ingresar más si está fusionada con CaixaBank que sola. Pero ojo: por muy bien que vayan las cosas, no se va a recuperar todo el dinero público invertido en Bankia (24.069 millones, de los que ya se han recuperado 3.182 millones estos años). Y eso porque, a fecha de hoy, el valor en Bolsa de esa participación pública en Bankia no llega a los 2.000 millones

Pero parece claro que se podrá recuperar más si Bankia se fusiona con CaixaBank que si afronta solo esta nueva crisis. Eso sí, la fusión tiene varias desventajas y problemas. El primero, los recortes de plantilla, la pérdida de unos 8.000 empleos, el 18%. Y aunque sean jubilaciones anticipadas, son personas que dejan de trabajar y una parte del coste acabará cargando en la Seguridad Social. Un problema que se suma a los recortes de otros bancos, que tienen previsto cerrar 4.000 oficinas entre este año y el próximo (con ello, la banca habrá pasado de 38.986 empleos en 2009 a 19.900 en 2021, la mitad). El otro problema es el cierre de sucursales, unas 1.500, el 25% del total, sobre todo en Madrid y Cataluña, lo que perjudicará a muchos clientes (sobre todo en zonas rurales, ya sin oficinas).

Y queda un tercer problema, la menor competencia bancaria, al reducirse el número de entidades, que ha pasado de 42 Cajas y 20 bancos en 2007 a 10 bancos ahora tras esta fusión (ver listado entidades). La consecuencia es que los grandes tienen cada vez más cuota de mercado y hay quien teme que se configure un oligopolio. De hecho, los 5 grandes bancos han pasado de controlar el 42% del mercado en 2008 al 61,8% en 2016 y el 68,5% en 2018, siendo el 4º país europeo donde más ha crecido la concentración bancaria, tras Chipre, Letonia y Lituania. Pero todavía tenemos un nivel medio (“moderado”) de concentración bancaria, según el BCE: ocupamos el puesto 13º en la UE, con un índice Herfindall de concentración de 1.328 puntos, por debajo de los niveles altos de Estonia (2.698), Finlandia (2.570), Chipre (2.375), Grecia (2.304), Lituania (2.278) y Holanda (2178) y muy por encima de la concentración bancaria de Alemania (índice 275), Reino Unido (353) o Italia (579).

La consecuencia de esta mayor concentración bancaria es más poder de las entidades para imponer condiciones a sus clientes, particulares y empresas, desde la concesión de créditos e hipotecas a las comisiones que fijan por tarjetas y servicios financieros. Claro que en los últimos años han entrado en el mercado financiero nuevos operadores, desde bancos online a empresas de tecnología (Google, Apple, PayPal, Amazon…) o telecos (Orange ha creado un banco y Movistar presta dinero), que compiten abiertamente con los bancos tradicionales. Y eso, para las autoridades y muchos expertos, asegura a los clientes que la competencia se va a acrecentar, aunque se reduzca el número de bancos. Eso sí, con la fusión de Bankia desaparece la posibilidad de convertirla en un banco público (como quería Podemos), que sirva como contrapunto a la gestión de los bancos privados.

Ahora, con CaixaBankia, “se ha abierto la veda de las fusiones. El BCE, el Banco de España y los Gobiernos van a promoverlas, como antídoto contra futuras crisis bancarias por culpa de la recesión provocada por la pandemia. La idea es que maduren fusiones dentro de los paises (en Italia, Monte dei Paschi de Siena, rescatado con dinero público, está buscando una fusión como Bankia) y luego se llegue a fusiones transfronterizas, entre bancos de distintos paises de la zona euro. En España, los ojos están puestos en Banco Sabadell, un mediano rentable y bien gestionado, y el BBVA, el único de los grandes que no ha entrado en fusiones recientes (Santander está todavía digiriendo al Popular). Y luego, podría culminar la fusión de Unicaja (Caja Duero, Caja España, Caja Jaén y Unicaja) y Liberbank (CajAstur, Caja Castilla la Mancha, Caja Cantabria y Caja Extremadura), que fracasó en mayo de 2019, por las exigencias de capital del BCE (ahora rebajadas). Y faltaría encajar en el puzle de las fusiones a Abanca (las antiguas Cajas gallegas, compradas por el grupo venezolano Banesco), Kutxabank (BBK, Kutxa, CajaSur y Vital), Ibercaja (Caja Inmaculada, Caja Badajoz, Caja Círculo Burgos e Ibercaja) y Bankinter (que quiere seguir solo).

La clave de las fusiones no es tanto sus cuentas sino aclarar quién manda: resolver “la lucha de egos”, encontrar el encaje entre directivos para que uno mande antes de retirarse (como presidente “florero”) y otro mande de verdad. Y lo mismo la negociación del nombre y la sede, los otros dos temas polémicos, más que el encaje de las cuentas. Eso sí, cualquier fusión necesita que haya un banco con músculo que absorba a otro más débil: sumar dos bancos débiles solo agrava los problemas de ambos.

Pero el tamaño no lo es todo. Los problemas de la banca, en España y en Europa, son de antes de la pandemia: bajos tipos de interés (incluso negativos), baja demanda de crédito, reducción de márgenes y dura competencia de nuevas entidades (gigantes de Internet y telecos). Todo ello se ha agravado con el desplome de la actividad por el coronavirus, pero los problemas estaban ahí y no se resuelven sólo con fusiones. La banca tiene que reconvertir su negocio, digitalizándolo y aumentando el peso de la banca online, recortando costes y mejorando sus servicios a los clientes. Y sobre todo, tiene que ser más transparente y mejorar su relación con particulares y empresas, que multiplican sus reclamaciones (14.621 presentadas ante el Banco de España en 2019 y un 22% desoídas) y sus recursos en los tribunales (que la banca pierde uno tras otro). Y todo ello ha deteriorado su imagen: La banca se ha ganado su mala reputación que tiene. No podemos echarle la culpa a nadie, no ha venido una norma y nos ha puesto mala reputación, sino que el sector se lo ha ganado”, decía a finales de 2019 el consejero-delegado de CaixaBank, Gonzalo Cortázar, que será ahora el primer ejecutivo de la nueva CaixaBankia.

En definitiva, vuelve el baile de las fusiones, pero la reconversión de la banca no pasa sólo por entidades más grandes sino por bancos más eficientes, más transparentes y más justos, que no ganen escondiendo costes y comisiones al cliente sino ofreciendo un mejor servicio en competencia con los gigantes de Internet. Necesitamos una nueva banca.

lunes, 25 de abril de 2016

La banca acelera su penúltima reconversión


La banca, uno de los sectores con más beneficios, despedirá este año 3.500 empleados más, tras haber recortado casi un tercio sus plantillas, 77.253 empleados desde 2008. Dicen que les ha caído el negocio y que les sobran oficinas porque la gente ya no va al banco y opera por Internet. Pero hay algo extraño: la reconversión que ha hecho la banca española es mucho mayor que la de la banca europea y aunque les han bajado los márgenes, es la banca con menos costes y más rentable del continente. Entonces, ¿por qué más despidos ahora? Los bancos temen que el futuro Gobierno les ponga más difícil el ajuste (o más caro) y además quieren “limpiar plantillas” para prepararse a futuras fusiones, en España y en Europa, que obligarán a más despidos. Mientras, la patronal  anuncia que los bancos nos cobrarán más comisiones para aumentar sus ingresos.  Y cada vez tienen más poder para hacerlo: en 28 provincias, “los 5 grandes” controlan más del 80% del mercado bancario. Eso sí, si no crece más la economía y el crédito, puede tocarnos "rescatarles" otra vez.
enrique ortega

La banca española es un sector “en ajuste permanente”. En los años 90 hizo su primer ajuste de plantillas (de 161.621 empleados en 1985 a 148.946 en 1995), al principio de este siglo la segunda (bajando a 111.298 empleados en 2005) y con la crisis actual la tercera “limpia” (quedando en 96.782 empleados, un tercio menos de los 155.015 trabajadores que tenían en 1975). Y en este último ajuste les acompañaron las Cajas, que pasaron de tener 118.072 empleados en 2005 a 78.738 en 2015, tras la crisis y cierres de los últimos años. Con ello, el conjunto de bancos y Cajas españoles han reducido sus plantillas en 77.253 personas desde 2008, casi un 30% de su personal, sumando ahora 175.520 empleados.

Y ahora ya han anunciado una nueva tanda de 3.500 despidos más este año (Santander, CaixaBank, Banco Ceiss, BBVA, Popular…), que ellos llaman “ajuste de plantillas”, con jubilaciones anticipadas a partir de los 55 años (con el 70% del sueldo bruto) y “bajas incentivadas” de hasta 200.000 euros de indemnización por despido (la media de una indemnización “normal” en España, tras la reforma laboral, es de 8.360 euros). Una medida que además, no sabemos cuánto costará al país, en forma de mayor gasto en desempleo y pensiones. Y todo apunta a que los despidos de la banca no pararán ahí: Comisiones Obreras teme que se pierdan unos 5.000 empleos en banca este año 2016 mientras Funcas, la Fundación de las Cajas de Ahorro, estima que habrá 14.688 despidos en la banca (un 12% de las plantillas) entre 2016 y 2019, junto al cierre de 3.000 oficinas más.

Antes de este penúltimo ajuste, el de 2016, la banca española ya ha ejecutado una reconversión mucho mayor que la realizada por el resto de la banca europea, según Funcas. Por un lado, han desaparecido un 40% de las entidades financieras en España desde 2008, frente al 17% en la eurozona (y el 11% en Alemania, el 20% en Italia y el 36% en Francia). Por otro, el ajuste de plantillas ha sido del 27% en España entre 2008 y 2014, frente al 3% de plantillas que ha recortado la banca francesa, el 6% de la banca alemana, el 11% de la italiana o el 18% que ha recortado sus plantillas la banca británica. Y en cuanto a oficinas, en España se han recortado un 31% (de 46.000 en 2008 a 32.000 en 2014) mientras Francia cerraba sólo un 5%, Reino Unido un 7%, Italia un 10% y Alemania un 11%, con lo que España tiene ahora la mitad de empleados por oficina que la banca europea (6 empleados aquí frente a 10 en Italia, 11 en Francia, 18 en Alemania y 35 en Reino Unido).

Gracias a este mayor ajuste, de bancos, oficinas y personal, la banca española es más eficiente ahora que la mayoría de bancos europeos, según el último examen hecho por la Autoridad Bancaria Europea (EBA) a 105 grupos bancarios europeos, entre ellos 14 españoles, y publicado en noviembre de 2015. Por un lado, tiene menos costes: es la 6ª banca más eficiente del continente (sólo por detrás de la de Chipre, Noruega, letonia, Malta y Suecia), con un 47% de costes sobre ingresos, frente al 74% de costes de la banca alemana, 69% de la francesa o el 60% de la italiana. Y en consecuencia, aunque le ha bajado el margen (como a todos), la banca española es la quinta más rentable del continente (sólo por detrás de Letonia, Noruega, Malta y Suecia), con un nivel de beneficio sobre capital del 12,8%, muy por delante de la media europea (9,1%) y de la banca francesa (9,3% de beneficio/capital), alemana (6,2%) o italiana (60%). Eso sí, la banca española, en este examen, tiene menos capital (9%) que la media de banca europea (11,8%), pero las entidades argumentan que eso se debe a un diferente sistema de cálculo, no a que tengan menos activos. Y la prueba es que el supervisor europeo no les ha pedido que consigan más capital.

En definitiva, que el gran ajuste de la banca y las Cajas españolas desde 2008, ayudado por todos los españoles (las ayudas públicas a la banca, que en su mayoría no recuperaremos, han sido de 107.914 millones de euros, según el Tribunal de Cuentas) ha conseguido que tengamos una banca más eficiente y más rentable que el resto de Europa. Entonces, ¿por qué hacen ahora más despidos? La banca argumenta dos razones de peso: que les ha caído el negocio (prestan menos y a tipos muy bajos) y que tienen todavía demasiadas oficinas (ponerse a nivel europeo, 1 oficina por cada 2.000 habitantes frente a 1 por 1.452 hoy, obligaría a cerrar 9.000 oficinas de las 31.087 existentes en España) que los clientes "no pisan" y que tendrán menos sentido en el futuro, por el auge de la banca online. Sin embargo, tienen menos empleados por oficina, menos costes y más beneficios que los demás bancos europeos.

Entonces, ¿por qué tienen prisa ahora en hacer una nueva reconversión, en hacer más despidos? (3.500 antes del verano). Parece que hay dos poderosas razones que no dicen. Una, que temen un cambio en la legislación laboral con el futuro Gobierno, que dificulte los despidos o los encarezca. Y la otra, que quieren “limpiar cuanto antes las plantillas” y digerir el cierre de oficinas para estar preparados ante las futuras fusiones, en España (podrían desaparecer tres o cuatro bancos y Cajas medianos más)  y en Europa, que se esperan para 2017. Todos los expertos creen que será inevitable ir en Europa a una mayor “unión bancaria”, con una mayor competencia y supervisión a nivel europeo, que obligará a fusiones continentales, alentadas por el BCE, para ganar tamaño y reducir costes. Y estarán en mejor situación para buscar pareja y controlar las fusiones quienes tengan menos plantillas.

Estas futuras fusiones van a agravar un problema que ya tiene España con la banca: hay una excesiva concentración, por culpa de las compras y fusiones hechas durante la reciente reconversión de la banca: hemos pasado de 55 entidades (10 bancos y 45 Cajas) a 15 (8 bancos y 7 Cajas que ahora se llaman y operan como bancos). Y en 2017 serán aún dos entidades menos, porque el futuro Gobierno tendrá que privatizar (vender) dos Cajas nacionalizadas, Bankia y BMN (Caja Murcia, Caixa Penedés, Caja Granada y Sa Nostra). Eso y las esperadas fusiones  en España (posible absorción de tres o cuatro de los bancos medianos actuales) acrecentaría el poder que ya hoy tienen los 5 grandes bancos españoles, muy superior al del resto de la banca europea, según Funcas: controlan el 58,3% del mercado bancario (en 2008 controlaban el 42,4%), frente al 48% de media en la UE (y el 32% en Alemania, el 39% en Reino Unido, el 41% en Italia y el 48% en Francia).

Pero este dato de concentración bancaria global enmascara una concentración mucho mayor a nivel provincial, según desvela este interesante trabajo de Funcas. Así, hay 6 provincias donde los 5 grandes bancos (CaixaBank, BBVA, Santander, Bankia y Sabadell) controlan más del 90% (sí, el 90%) del mercado bancario: Ceuta y Melilla (100%), Teruel (95%), Zamora (92%), Huesca (91%) y Tenerife (90%). Y otras 22 provincias donde controlan más del 80% del mercado (entre ellas, Barcelona, con el 83%), quedando el resto por encima del 70% de Madrid (salvo Málaga, la única provincia donde los 5 grandes “solo” controlan el 68% del mercado). Tal es la situación que el propio Banco Central Europeo (BCE) ha “alertado” sobre un grado de concentración bancaria excesiva en 21 provincias españolas: Burgos, Cáceres, Cantabria, Gerona, Granada, Guadalajara, Huelva, Huesca, Navarra, Orense, Palencia, Santa Cruz de Tenerife, Segovia, Soria, Tarragona, Teruel, Toledo, Zamora, Zaragoza, Ceuta y Melilla.

¿Por qué es un problema tanta concentración bancaria, que se agravará con las futuras fusiones? Porque cuantos menos bancos controlen el mercado, más fácil es que se pongan de acuerdo en fijar e imponer precios y condiciones a los clientes, particulares y empresas. De hecho, la Comisión de la Competencia (CNMC) ya ha abierto expediente por “cartel” a los cuatro grandes bancos (Santander, BBVA, CaixaBank y Sabadell) por “posibles acuerdos” en la comercialización de “derivados” (un sofisticado instrumento financiero utilizado como cobertura de riesgo en los préstamos sindicados). Es una operativa menor, pero habría que ver qué pasaría si la CNMC se dedicara a investigar posibles “pactos” bancarios en los  precios y condiciones de comisiones, tarjetas, hipotecas, préstamos, seguros, Fondos, Bolsa…

Lo que está claro es que la banca española, y la europea, están en una encrucijada, porque  no despega la demanda de crédito solvente y el BCE ha bajado tanto los tipos que les resulta difícil ganar dinero con unos márgenes tan bajos. Ante esta situación, que no les impide ganar dinero (10.389 millones de beneficios de la banca española en 2015, un 5,6% más), las entidades reaccionan en una doble dirección. Por un lado, recortando  costes, cerrando oficinas, despidiendo empleados y pactando una mínima subida salarial (del 1,25% para 2016 y el 1,5% para 2017). Y por otro, tratando de aumentar sus ingresos, vía comisiones y captando clientes más rentables. Un doble camino que recorrerán mejor si son más fuertes.

En definitiva, el futuro de la banca española está en manos de sus trabajadores (cada vez menos y peor pagados: han pactado con los sindicatos contratos a 18.000 euros brutos el primer año, un sueldo mileurista) y de sus clientes, a los que tratarán de “seleccionar” y cobrar cada vez más por los servicios. De hecho, hay ya una callada  “guerra bancaria” por llevarse los clientes más rentables, los que no sólo tienen una pequeña cuenta sino que domicilian la nómina y los recibos, tienen hipoteca o préstamos, invierten en Fondos o Bolsa y además contratan algún seguro. Son los clientes que interesan, porque son una fuente de futuros ingresos a través de comisiones. De hecho, los ingresos por comisiones de la banca están en máximos históricos y aportaron 11.234 millones de ingresos en 2015. Y van a seguir subiendo, sobre todo en tarjetas, Fondos, Bolsa y seguros. Lo acaba de decir clarito el presidente de la patronal bancaria AEB, José María Roldán: "Las comisiones serán cada vez más frecuentes. El cliente tendrá que acostumbrarse a pagar de manera explícita por aquellos servicios que antes pagaba de manera menos transparente, algo que no será fácil ni pacífico". Así pagaremos los clientes nuestra parte de la reconversión de la banca.

Una reconversión que no pasa sólo por recortar costes y aumentar ingresos de clientes. Hay dos grandes retos más en los que la banca se juega su futuro. El primero, la competencia de las compañías tecnológicas y telecos por ofrecer servicios online a sus clientes, desde pagos y transferencias a depósitos, Fondos e inversiones. Y aquí, la banca española está muy retrasada, sin haber desarrollado suficiente su canal online, que de momento sólo usan el 15% de los clientes. Hablan mucho de fintech” y banca digital pero invierten y avanzan poco, hasta que se encuentren con que Google, Apple, Facebook o Amazon les ha quitado la mitad del negocio. Y eso tiene mucho que ver con su segundo reto: superar su mala imagen. “La reputación de la banca está bajo mínimos. Es un problema muy serio”, ha dicho sin ambages el consejero delegado de CaixaBank. Si no mejoran  su mala imagen, será más fácil que pierdan clientes que cambien a Google, Apple o Amazon, tecnológicas con excelente imagen. El problema es que lo que tiene que hacer la banca para salvar sus cuentas, despedir y cobrar más comisiones, no ayudará precisamente a mejorar su mala imagen.

En resumen, que la banca nos está vendiendo su penúltima reconversión como algo “inevitable”, forzada por la crisis,  cuando la están acelerando para acabarla antes de que haya nuevo Gobierno y antes de que lleguen nuevas fusiones. Y esconden que han hecho más ajustes que nadie en Europa, con ayudas públicas pagadas por todos. Y que son más fuertes, con más cuota de mercado, lo que les permite imponer mejor comisiones y servicios a empresas y particulares, para salvar sus beneficios. Pero además, si la recuperación no llega, lo acabarán sufriendo en sus cuentas y tendremos que salvarles de nuevo: el FMI acaba de urgir a "sanear" la banca europea, por exceso de riesgos y morosidad. Y su directora general, Christine Lagarde, cree que los más vulnerables a los tipos negativos (tienen que pagar un 0,4% por tener su dinero en el BCE y no prestarlo) son los bancos alemanes, españoles y portugueses. Así que con la banca nunca podemos estar tranquilos : estamos condenados a la reconversión permanente. A nuestra costa. Y cada vez será más cara, porque serán más grandes. Demasiado para "dejarles caer". Esa es la trampa.

domingo, 25 de marzo de 2012

Llegan los recortes más duros, por triplicado


Se acabaron los “paños calientes”. Tras las elecciones en Andalucía y Asturias, llegan los recortes más duros, por triplicado: los del Estado central, Ayuntamientos y autonomías, que serán los peores, porque van a recortar más en sanidad, educación y gastos sociales. Pero no sólo habrá recortes y despidos (más de 300.000 empleados públicos contratados). Nos van a brear a subidas, sobre todo Ayuntamientos y autonomías, desde las tasas por agua y basuras al aumento de las matriculas universitarias o nuevos impuestos autonómicos sobre la gasolina, la compra de coches, la venta de casas, las recetas o el turismo. Al final, 34.000 millones de ajuste que se van a traducir en menos consumo, menos inversión y más paro. Y al final, con menos crecimiento, ingresarán menos y habrá que hacer otro recorte en otoño.
enrique ortega
Bruselas ha querido dejar claro quien manda en las cuentas españolas y ha forzado a Rajoy a hacer un recorte del déficit mayor (+5.300 millones): del 8,5% del PIB al 5,30% (en vez del 5,80%), lo que supone recortar 34.074 millones de euros en 2012. Un reto casi imposible, ya que en mayo de 2010, el ajuste ZP recortó 15.000 millones y en todo 2011, el Gobierno y las autonomías sólo recortaron otros 8.800 millones. Ahora toca ajustar cuatro veces más y sólo quedan nueve meses para hacerlo.

La mitad del recorte (17.037 millones) le toca al Estado central, en los Presupuestos que se presentan el 30 de marzo. Casi un tercio está hecho con la subida de impuestos (IRPF e IBI: 6.475 millones) aprobada en diciembre. El resto saldrá de todas las partidas (salvo pensiones y pago intereses deuda), con una rebaja del 12,5% en los Ministerios, que llegará al 40% en inversión pública (6.000 millones menos para infraestructuras). Pero no será suficiente. Rajoy tendrá que bajar el coste de los funcionarios, rebajando complementos y quizás alguna extra (una paga menos son 4.500 millones de ahorro), como ha hecho Cataluña. Y  acabará recortando plantillas estatales (687.000 empleados), de interinos y contratados.

Pero no bastará con hacer recortes. El Gobierno tendrá que buscar más ingresos y podría  subir los impuestos especiales que pagamos al comprar carburantes, tabaco y alcohol, rebañando 1.000 millones. Y subirnos  tasas. También puede rebajar deducciones en el impuesto de sociedades, un coladero para ahorrarse impuestos las grandes empresas. Y un poco de “contabilidad creativa”: cambiar subvenciones por créditos, para reducir el déficit.

El ajuste más duro lo harán las autonomías, no tanto por la cantidad (14.907 millones) como porque su gasto no es fácilmente recortable: el 71% se va en sanidad, educación y gastos sociales. Y además, el recorte concentra (73% del total) en cuatro autonomías, las que tienen más déficit: Cataluña (-4.335 millones ajuste), Andalucía (-2.469),  Comunidad Valenciana (-2.217) y Castilla la Mancha (-2.034). Un esfuerzo titánico si se recuerda que Cataluña, líder en recortes, sólo rebajó su déficit en 1.134 millones en 2011. Ahora tiene que ajustarlo cuatro veces más.

Los recortes de las autonomías van a ir primero por la vía de gastos de personal, el 40% del presupuesto. Cataluña ya ha rebajado un 5% las pagas extras para 2012 y otras podrían imitarla, según haga Rajoy con los funcionarios estatales. Y habrá más recortes de plantilla, ya que de los 1,3 millones de empleados autonómicos, 434.942 no son funcionarios (y la mitad son interinos o cargos de libre designación). Y tendrán que suprimir la mayoría de las 2.276 empresas públicas autonómicas. Además, van a suprimir obras públicas, reducir costes y alquileres, vender los edificios que puedan y reducir subvenciones a empresas, familias y Ayuntamientos.

Pero los recortes no son suficientes. Las autonomías van a subirnos impuestos: transmisiones patrimoniales (Baleares, Extremadura, Andalucía) y Actos Jurídicos Documentados (Cataluña, Comunidad Valenciana y Andalucía). Y crean otros nuevos, a la producción de energía y nucleares (Castilla y león), infraestructuras (Baleares) o residuos (Cantabria y Castilla y León). Y las que no lo han hecho ya (11 autonomías), subirán el céntimo sanitario a los carburantes (Baleares y Navarra).Otras subirán las tasas universitarias o el agua. Y algunas, como Cataluña, cobrarán (desde junio) 1 euro por receta y entre 1 y 3 euros por dormir en hoteles. Y el último invento que han acordado todas: cobrar por renovar la tarjeta sanitaria (10 €).

El recorte de los Ayuntamientos es pequeño (1.064 millones), pero la mayoría están quebrados y tienen que sanear a fondo sus cuentas. Empezarán por sus plantillas (45% del gasto), rebajando sueldos e ingresos (con menos horas), ajustando plantillas (un tercio de sus 656.000 empleados son interinos) y cerrando muchos de los 1.793 consorcios municipales. Tendrán que meter la tijera en sus gastos “impropios”, un 20% del total: protección civil, educación, servicios sociales y, sobre todo, en deporte y cultura (financian dos tercios de la cultura en España). Y nos subirán tasas (basuras, agua), aparcamiento, multas y todos los servicios, empezando por los transportes municipales.

El ministro de Hacienda va a forzar estos recortes de autonomías y Ayuntamientos, ya que tienen que presentar sus Planes de ajuste el 30 de marzo (Ayuntamientos) y el 30 de abril (autonomías), a cambio de ayudarles a pagar las facturas a proveedores en mayo (35.000 millones). Si  no, además, no les dará los adelantos de impuestos ni les dejará endeudarse. Como Bruselas con Grecia. A cambio, tratará de aprobar reformas (en los medicamentos, en la sanidad, en las prestaciones sociales) para ayudarles a hacer el ajuste.

Al final, el primer efecto de los recortes por triplicado va a ser el despido de unos 300.000 empleados públicos, contratados e interinos, entre Estado, autonomías, Ayuntamientos y empresas públicas. Y una caída de la actividad, la inversión y el consumo, junto a mayores estrecheces para los que más sufren  la crisis, al reducirse las ayudas. Medidas que agravan la recesión y el paro, ya graves antes de estos recortes. Y lo peor es que caerá la recaudación y en otoño harán falta más recortes. Y en 2013. Nos metemos más en el pozo.