Mostrando entradas con la etiqueta auditoría eléctrica.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta auditoría eléctrica.. Mostrar todas las entradas

jueves, 10 de noviembre de 2016

Luz: tarifas más "libres" y más caras


En octubre subió la luz, por sexto mes consecutivo, y seguirá subiendo, cerrando 2016 con un aumento del 5 %, tras subir un 10% la pasada Legislatura. El nuevo Gobierno intentará congelar en 2017 la parte regulada (la mitad del recibo), pero lo tiene difícil porque hay muchos costes pendientes de cargar, como compensaciones a renovables o el bono social. La otra mitad del recibo (coste de la luz) subirá por la meteorología, las compras de Francia (tiene nucleares cerradas) y el aumento de márgenes a la distribución. Además, las eléctricas nos cargarán 2 euros extras de refacturación. Mientras, ya hay más usuarios del mercado “libre” (eléctricas fijan tarifas) que del "protegido". Y pagamos la tercera luz más cara de Europa sin impuestos. Y la más sucia: España aumentó sus emisiones de CO2 en 2014 y 2015. Esto pasa porque pagamos costes de más con el recibo. Urge hacer una auditoría de costes y poner orden en el mercado eléctrico, para que la luz sea más barata y más limpia.
 
enrique ortega

Este año 2016, el Gobierno Rajoy (en funciones) decidió no subir la parte regulada de la luz (los “peajes”, la mitad del recibo). Pero poco pudo hacer para impedir que subiera la otra mitad del recibo, la que tiene que ver con los precios que alcanza la electricidad en el mercado eléctrico diario y donde cuenta mucho la meteorología, el tiempo que hace. En los cuatro primeros meses, con mucha lluvia y viento, el precio de la electricidad bajó un 20,6%. Pero en mayo cambió el tiempo: más calor, sequía y poco viento, con lo que se ha generado menos electricidad en las centrales hidroeléctricas y los molinos eólicos, la más barata. Y con ello, la luz ha subido 6 meses consecutivos, un 21,2% entre mayo y octubre. Y los contratos de futuros apuntan a nuevas subidas en noviembre y quizás diciembre, con lo que el año 2016 se podría cerrar con una subida del recibo de la luz del 5%, para una familia con dos hijos que tenga una potencia instalada de 4,4 kW y consuma 3.900 kilovatios. En la pasada Legislatura (2012-2015), el recibo de la luz subió una media del 9,88%.

Ahora, el nuevo Gobierno Rajoy trabaja ya en congelar de nuevo en 2017 la parte regulada del recibo de la luz (los “peajes”, la mitad de la factura). Pero lo tiene bastante difícil, porque hay una serie de costes que están esperando para ser cargados en el recibo del año que viene. El primero, la compensación a las renovables, por haberles pagado (entre 2013 y 2016) unos precios estimados más bajos de los que les correspondía (para intentar así bajar la luz). Eso supone que habrá que pagarles 525 millones en 20 años, unos 25 millones al año (empezando por 2017). Además, los peajes han de recoger también la compensación a las centrales de cogeneración que funcionan con “purines” (defecación de los cerdos), que ganaron un recurso al Supremo por el que hay que pagarles más por su electricidad: la nueva retribución supone pagarles 200 millones más en 2017, con nuestro recibo. Y el tercer concepto a pagar será el bono social, 200 millones anuales que antes pagaban las eléctricas y que ahora tendremos que pagar los consumidores en el recibo de la luz.

La “historia” de este bono social es como para enfadarse mucho. Lo pactó el ministro Sebastián (PSOE) con las eléctricas en 2009: a cambio de no exigirles 1.000 millones de euros que habían cobrado de más (por derechos de emisión de CO2 duplicados), acordaron que las eléctricas se harían cargo del bono social, un descuento del 25% en el recibo a los consumidores más vulnerables. Pero fue un acuerdo “verbal” y a los pocos meses, Iberdrola se saltó el “pacto” y recurrió el pago del bono social al Supremo. En 2012, una primera sentencia estableció que el criterio de reparto (sólo entre las 5 grandes eléctricas) era “discriminatorio” y obligó a devolverles el dinero pagado por el bono entre 2009 y 2012 (dinero que cobraron a costa de cargárnoslo en el recibo). En noviembre de 2014, Industria reformó el pago del bono, repartiendo su pago entre todas las empresas que vendían electricidad (unas 20), pero siguió cargándoles el bono (a pesar de la sentencia), como una manera de “ganar tiempo” y evitar subir la luz a corto plazo (2015 era “año electoral”). Las eléctricas volvieron a recurrir y el Supremo ha vuelto a fallar a su favor (en octubre de 2016), con lo que hay que volver a indemnizar a las eléctricas y devolverles lo pagado en 2014, 2015 y diez primeros meses de 2016, más intereses. En total, 503,21 millones de euros, que saldrán ahora de nuestros recibos.

Y además, cara a 2017 y años siguientes, habrá que buscar una fórmula para pagar el bono social, que cuesta 200 millones al año y que saldrán de nuestro recibo, con cargo a los “peajes”, en lugar de pagarse con cargo a los Presupuestos, como una ayuda social más. Entre tanto, muchos expertos critican el bono social, porque lo consideran injusto. Hay 2.414.000 consumidores (mayo 2016) que se benefician de esta rebaja del 25%: son los jubilados con pensiones mínimas, familias con todos sus miembros en paro, los clientes con menos de 3kw de potencia y las familias numerosas, al margen de lo que ganen. Por eso, se estima que dos tercios de los beneficiarios de este bono social no debían disfrutarlo y sin embargo hay dos tercios de familias con problemas para pagar la luz que no tienen derecho al bono. Así que habría que reformarlo a fondo, además de ver cómo se paga.

Estos tres costes extras van a encarecer los peajes para 2017 (la mitad del recibo). Pero también hay motivos para que suba el año que viene la otra mitad del recibo, la que está ligada al precio de la electricidad en el mercado eléctrico. Por un lado, el Gobierno tiene que cumplir otra sentencia del Supremo y subir el margen que se paga a las eléctricas por comercializar la luz: se les estaba pagando 4 euros anuales por kW contratado y la Comisión de la Competencia (CNMC) lo ha fijado en 5,24 euros tras la sentencia. Eso supondrá una subida extra de la luz del 1 al 2% en 2017, además de una refacturación de todos los recibos desde abril de 2014. El Gobierno Rajoy en funciones la había parado, pero ahora tendrá que permitir que las eléctricas nos hagan una subida extra de unos 2 euros por cliente en 2017 para cumplir esa sentencia del Supremo (además de cobrarnos más por comercializar la luz en el futuro). Otro factor que hará subir el precio de la luz en el mercado eléctrico serán las compras de electricidad de Francia, que hasta ahora nos vendía (exportaba) luz: ahora ha empezado a comprárnosla, tirando hacia arriba de los precios, porque va a parar 21 de sus 58 centrales nucleares (ya desde octubre), para revisar un posible fallo en las vasijas de sus generadores de vapor. Un tercer motivo para que suba la luz es que está subiendo el precio del petróleo y con él el precio del fuel y el gas que utilizan las centrales térmicas para generar electricidad. Y luego, habrá que ver qué hace la meteorología: si en 2017 sigue “el tiempo loco” (hace calor, llueve poco y hay poco viento), la luz será más cara.

Un  problema adicional es que la mayoría de los consumidores ya no disfruta de precios protegidos, los denominados PVPC (precio voluntario al pequeño consumidor), que pagan por la electricidad el precio que se fija (cada día y cada hora) en el mercado eléctrico. Antes, la mayoría disfrutaba de estos precios “protegidos” y “transparentes”, pero en los dos últimos años, las eléctricas han hecho campañas para desviar estos clientes hacia el mercado “libre”, donde las tarifas las fijan las eléctricas “libremente”, estableciendo tarifas anuales o tarifas planas que normalmente incluyen otros costes (por mantenimiento) y cláusulas de revisión en caso de superar determinados consumos. El resultado es que en junio de 2016, 13.648.696 consumidores de electricidad están en el mercado “libre” (sometidos a las tarifas que les apliquen las eléctricas) y 12.076.194 clientes están en el mercado “protegido (sometidos al precio que tenga la luz cada día en el mercado). Así que cuando decimos que la luz sube en los últimos 6 meses, la estadística sólo afecta al mercado “protegido”. El resto de usuarios, más de la mitad de los consumidores, no sabemos si pagan más o menos por la luz con tarifa "libre" (pero mucho nos tememos que si las eléctricas gastan millones en publicidad para que nos cambiemos a las tarifas "libres", no es precisamente para que ellos cobren menos...).

Pero los consumidores sí lo saben y por eso un 20,9% se declara poco o nada satisfecho con el servicio de la electricidad, según la última encuesta de la Comisión de la Competencia (CNMC). Y el principal motivo que alegan es que la luz “es cara”. De hecho, la luz en España ha subido un 52% durante la crisis (2008-2014), casi el doble que en Europa (+34%). Y actualmente, los consumidores domésticos pagan la 5ª luz más cara de Europa (tras Dinamarca, Alemania, Irlanda e Italia): 0,237 euros por kWh, un 12,3% más que la media de la UE (0,211 euros por kWh). Pero si descontamos los impuestos, que en España son de los más bajos de Europa (un 21% frente al 33% de media en la UE o el 52% en Alemania y el 69% en Dinamarca), resulta que las familias españolas pagan la tercera luz más cara de Europa (0,184 euros por kWh), sólo por detrás de Reino Unido e Irlanda (dos islas, donde producir luz siempre es más caro) y un 30,5% más cara que Europa (0,141 euros por kWh la UE-28), según los últimos datos de Eurostat (2015). Y en el caso de las industrias, también pagan la tercera luz más cara sin impuestos (0,092 euros por kWh), un 16,4% más cara que la media UE-28 (0,079 euros por kWh), según Eurostat.

¿Por qué pagamos la luz más cara que en Europa?  Básicamente, porque pagamos costes de más, por tres caminos. El primero, contratando más potencia de luz de la que necesitamos: seguimos con el miedo a que “nos salte el automático” y un 20% de españoles tienen contratada más potencia de la que necesitan, según un estudio de Mirubee. Antes no era caro hacerlo, pero desde 2013, con la “reforma eléctrica” aprobada por el Gobierno Rajoy, se subió mucho la parte de potencia del recibo (el +92% a los consumidores domésticos y el +145% a los industriales), con lo que ahora pagamos más por la potencia contratada que por la luz que consumimos (es una forma de "garantizarles ingresos" a las eléctricas, al margen de que suba o no el consumo de electricidad). Y si no, mire su recibo: en el último mío (septiembre 2016), pago 38,54 euros por potencia y 24,35 euros por  la energía consumida…

El segundo camino por el que pagamos costes de más es el sistema de precios que rige en el mercado eléctrico desde 1997 (Ley eléctrica de Aznar) y que afecta a casi la mitad del recibo (un 37,48% del precio de la luz, otro 41,14% son los “peajes” regulados por el Gobierno y el 21,38% restante del recibo son impuestos, según la CNMC). El sistema establece un precio medio para las distintas centrales que no cubre todos los costes de las renovables (más baratas pero con más gastos fijos) ni de las térmicas de fuel y gas, pero que paga en exceso los costes (fijos y variables) de las centrales hidroeléctricas y nucleares. O sea: pagamos de más el kilovatio hidráulico y nuclear y de menos el renovable y térmico. Es como si compráramos carne picada hecha con pollo, cerdo, ternera y chuletón y la pagáramos a precio de ternera: los del pollo y cerdo se forraban. De hecho, el experto Jorge Fabra estima que hemos pagado 20.000 millones de más a las eléctricas entre 2005 y 2015 por este sistema de precios, que prima a las centrales hidráulicas y nucleares, ya amortizadas.

Pero hay más extracostes. El tercer camino para pagarlos es la parte regulada del recibo (el 41,14% de los “peajes”), esos costes que el Gobierno carga al recibo cada año. Una parte pueden estar “justificados”, como el pago al transporte de la luz (2,96% del recibo) o a la distribución (10,04%), pero no otros extra costes que nos cargan: compensaciones a las renovables (17,22% del recibo, para compensarles por no pagarles la luz por los costes que tienen), compensación a las eléctricas por el mayor coste luz en Baleares y Canarias (4,14% del recibo), amortización de la deuda eléctrica acumulada (más de 30.000 millones) y sus intereses (2,84% del recibo), pago del bono social (0,41%), pago por interrumpibilidad (0,94% para grandes industrias, por “compensarles” ante posibles cortes de suministro que nunca han sufrido), moratoria nuclear (0,89% del recibo por el “parón nuclear” de Felipe González) y otros gastos (1,60%), como la compensación a las centrales térmicas por estar disponibles. Como se ve, un “cajón de sastre” donde los Gobiernos han ido sumando costes que pagamos en el recibo en lugar de cargarlos al Presupuesto (la mayoría) o suprimirlos.

Ya sabemos los tres caminos por los que pagamos costes de más y las razones de que paguemos la tercera luz más cara de Europa. Ahora, lo que debería hacer el nuevo Gobierno es lo que los expertos llevan dos décadas pidiendo: una auditoría de costes, para saber lo que cuesta de verdad producir electricidad y pagar cada kilowatio por lo que vale. Y lo que sean costes “externos”, como compensar a las islas o el bono social, pagarlo con impuestos, no en el recibo. Claro que eso supone recortar los ingresos de las eléctricas, un sector muy poderoso, con gran poder político y mediático, que además utiliza al Supremo para aumentar sus ingresos. De hecho, ni González ni ZP se atrevieron a clarificar sus cuentas y menos Aznar y Rajoy, que han aumentado sus ingresos y beneficios (5.009 millones de euros en 2015 sólo las tres grandes eléctricas, Iberdrola, Gas Natural y Endesa).

Es hora de clarificar las cuentas y afrontar la transición eléctrica pendiente. Urge imponer esta auditoría de costes y reducir la factura de la luz, además de hacerla más limpia. Porque crece la luz generada con carbón, fuel y gas, lo que ha provocado que España sea de los pocos paises donde han crecido las emisiones de CO2, un 0,5 % en 2014 y un 3,2% en 2015, mientras bajan en Europa (-4,1% en 2015). Hay que bajar el coste de la luz, porque pagamos de más y porque hay 5 millones de hogares con problemas para calentar sus hogares y pagar el recibo de la luz, según el estudio de ACA. Y porque nuestras empresas tienen más difícil competir y crear empleo al tener que pagar más caro el recibo de la luz. Y porque además de cara, la luz es sucia y destroza el medio ambiente. Gobierno y oposición deben poner orden en el mercado eléctrico, uno de nuestros grandes retos como país. Pacten soluciones, con luz y taquígrafos.

jueves, 7 de julio de 2016

La luz ha bajado pero vuelve a subir


El clima (las lluvias y el viento) ha ayudado a que paguemos menos por la luz hasta mayo, en que subió, como también en junio. Este verano seguirá subiendo, porque con el calor habrá menos energía hidráulica y eólica, las más baratas. Además, el Supremo ha autorizado que las eléctricas carguen una subida extra de 2 euros por recibo, en agosto o septiembre, por revisión del margen de comercialización desde 2014. Con todo, la luz, que ha bajado un 9,8% en el primer semestre, podría acabar 2016 bajando sólo la mitad,  tras subir un 10% la pasada Legislatura. España es el 5º país con la electricidad más cara de Europa, duplicando el precio de los 28. Y eso porque pagamos costes de más a las eléctricas, que multiplican sus beneficios. Además, tenemos la luz más sucia del continente, mucha generada con carbón y gas. Urge que el futuro Parlamento apruebe una auditoría de costes para que paguemos la luz por lo que vale y que sea más barata y más limpia. Luz y taquígrafos.
 
enrique ortega

El precio de la luz cambia cada día (y cada hora) y tiene mucho que ver con el clima. Por eso, al haber llovido bastante y hecho mucho viento en los primeros meses de 2016, la electricidad bajó entre enero y abrilun 19,5%, ayudada también por la decisión electoralista de Rajoy de bajar la luz en enero (un -0,7% la parte regulada), tras haberla bajado (también por las anteriores elecciones del 20-D) en agosto (-2,2%).  En mayo, la luz volvió a subir un 0,7%, por el calor y porque las eléctricas pararon por recarga dos centrales nucleares (Trillo y Ascó II), sustituyendo su producción con centrales de carbón y gas, que producen luz más cara. Y en junio ha subido otro 9%, con lo que el recibo medio (4 kW de potencia y 210 kWh de consumo mensual) habrá bajado un 9,8% el primer semestre, según la Comisión de la Competencia (CNMC).

Ahora, en el segundo semestre, se espera que la luz siga subiendo, sobre todo durante el verano, por la menor producción hidroeléctrica (los embalses están llenos, pero no se puede soltar agua ante riesgos de sequía por un verano que se anuncia muy caluroso) y eólica (menos viento), lo que aumentará la generación de electricidad con carbón, gas y fuel, más caros. Y además, en agosto o septiembre, las eléctricas nos harán una subida extra, de unos 2 euros por recibo, que afectará a los 13 millones de usuarios con tarifa regulada (PVCP). Un recargo consecuencia de una decisión del Tribunal Supremo, que dio la razón en 2015 a una demanda de las eléctricas porque el pago por comercialización de la luz (fijado en 2009) no cubría los costes (sólo el 60%) y había que subirlo. La CNMC hizo los estudios pertinentes y decidió que el nuevo margen debía subir de 4 a 5,24 euros anuales (mínimo). Y el Gobierno Rajoy ha aprobado este nuevo margen, con dos efectos, dos subidas. Una, que las eléctricas pueden refacturar la luz de todos los usuarios con tarifa regulada desde abril de 2014, lo que supone un recargo extra de 26 millones de euros a pagar por los usuarios. Y además, ya para el futuro, las eléctricas nos cargarán este nuevo margen anual de 5,24 euros por la comercialización de la luz.

Con todo ello, el recibo de la luz subirá en la segunda mitad de 2016, después de haber bajado un 9,8% en el primer semestre, según datos de la Comisión de la Competencia (CNMC). Y podría cerrar el año 2016 con una bajada media del 5%, la primera desde 2013. En la pasada Legislatura de Rajoy (2012-2015), el recibo de la luz subió, para una familia media, un 9,88%: subió un 7,47% en 2012, bajó un 1,97% en 2013 y un 0,23% en 2013 y volvió a subir un 4,61% en 2014. La asociación de consumidores Facua ha hecho un muestreo de recibos y aumenta esta subida en la pasada Legislatura hasta el 16,2%, lo que supondría a las familias haber pagado 500 euros más de luz los pasados cuatro años.

Sea mayor o menor la subida, el hecho es que España tiene un precio de la luz que es el 5º más caro de Europa, sólo por detrás de Dinamarca, Alemania, Irlanda e Italia, según los últimos datos de Eurostat (2º semestre 2015): 23,7 euros por 100 kWh frente a 21,1 euros en la UE-28 (un 12,3% menos) y 22,1 euros en los paises euro (un 7,2% menos). Y mucho más cara la luz que en Francia (16,8 euros por 100 kWh) o Reino Unido (21,8 euros). Si se mide el precio en función del poder de compra en cada país, España sale perdiendo más en la comparativa: el precio real se convierte en 26,5 euros por 100 kWh, frente a 21,1 euros en la UE-28 y 21,6 euros en la zona euro. Y nos coloca como el 3º país con la luz más cara en poder de compra, empatados con Rumanía y sólo por detrás de Portugal y Alemania. Y eso porque aquí pagamos menos impuestos con la luz: un 21% del recibo frente al 33% de media en Europa y un 38% en la zona euro. Eso quiere decir que si los españoles pagáramos los mismos impuestos que el resto de europeos, la luz sería todavía un 12% más cara.

Estos mayores precios son frutos de años de subidas de la luz, sobre todo durante la crisis. Así, los precios de la electricidad en España han subido un 52% entre 2008 y 2014, 81 euros por Mwh, el doble de lo que subió en el resto de Europa (+ 42 euros/Mwh). Una factura que muchas familias españolas, en paro o con sueldos muy bajos, no pueden pagar, lo que ha elevado un 70% la pobreza energética desde 2011: ahora hay 5.155.901 españoles (el 11,1% de la población) con problemas para pagar el recibo de la luz, según el INE. Son 2,1 millones más de “pobres energéticos” de los que había cuando Rajoy llegó a la Moncloa en 2011. Y con ello, a más de medio millón de familias se les cortó la luz en 2015 por impago de los recibos (sólo con datos de Iberdrola y Endesa). Además, se ha recortado el bono social, el descuento del 25% en el recibo a jubilados, parados y familias numerosas, que ahora sólo disfrutan 2.445.000 familias cuando lo tenían más de 3 millones en 2010.

¿Por qué pagamos la luz más cara que en el resto de Europa? Básicamente, porque pagamos costes de más, por tres caminos. El primero, contratando más potencia de luz de la que necesitamos. Los españoles seguimos con el viejo temor a que “nos salte el automático”, a quedarnos sin luz, y preferimos contratar más potencia de la que necesitamos. Antes no era muy costoso, pero desde 2013, con la “reforma” eléctrica aprobada por el Gobierno Rajoy, se subió mucho, en 2013 y 2014, la parte de potencia contratada del recibo (el 92% a los consumidores domésticos y 145% a los industriales). Y así, ahora, pagamos más por la potencia contratada que por la luz que consumimos. Y si no, mire su último recibo de la luz: en el mío, he pagado 34,75 euros por potencia contratada y 32,74 euros por energía consumida. La cuestión es que un 20% de los españoles tienen contratada más potencia de la que necesitan, según un estudio de Mirubee. Y eso supone que 3,6 millones de hogares tienen un contrato de luz inadecuado y están pagando potencia de más, una media de 52,82 euros extras por familia que engrosan los beneficios de las eléctricas.

Pero hay más. El mayor extracoste que pagamos con el recibo procede del sistema de precios que fijó en su día Aznar (Ley eléctrica 1997) y que no se han atrevido a desmantelar ni ZP ni Rajoy. En esencia, consiste en pagar un sobreprecio a los kilovatios que producen las centrales hidroeléctricas y nucleares (en buena parte amortizadas), así como otros recargos en el recibo para ayudar a las centrales de carbón y gas (cuando sobra potencia instalada) y a los grandes consumidores (empresas cementeras, aluminio, siderurgia…). También pagamos extracostes para ayudar a las renovables, al carbón nacional, al transporte y la distribución de electricidad, por el parón nuclear y para pagar la deuda eléctrica, extracostes que en parte debían pagar los Presupuestos. Según un estudio de Jorge Fabra, hemos pagado 28.000 millones de euros de más en los últimos 10 años. Y así seguimos.

Pero hay una tercera vía de pagos “extras”: el fraude, las “trampas” que los expertos achacan a las eléctricas, aunque muchas no se pueden demostrar. Se trata de ir cerrando y abriendo centrales (nucleares, hidráulicas, de carbón, fuel o gas) según cambien los precios en el mercado, no buscando generar la luz más barata sino sus mayores beneficios (por menos costes). Un comportamiento que ya provocó, en noviembre de 2015, una multa de 25 millones de euros de la CNMC a Iberdrola, por “considerar probada la manipulación de precios en 2013”: Iberdrola “cerró el grifo” de sus centrales hidroeléctricas para subir artificialmente el precio de la energía hidroeléctrica y con ello forzar al suministro de electricidad nuclear, de carbón y gas, con las que obtuvo más margen, según considera probado el expediente de la CNMC. Y esto es algo que no sólo se hace en España: Iberdrola se enfrenta ahora en EEUU a una multa de 330 millones de euros por presunta manipulación del precio de la luz: el organismo regulador FERC acusa a la filial USA de Iberdrola de alterar la cotización de precios en el mercado mayorista de la electricidad  y provocar que los consumidores de California pagaran entre 2 y 3 veces más cara la luz de lo que debían.

Además de pagar la luz más cara de lo que realmente cuesta producirla, pagamos una luz más sucia. España es, con Malta, Chipre e Islandia, uno de los 4 únicos paises europeos que aumentó sus emisiones de CO2 en 2014, un 0,5%, cuando Europa las bajaba (-4,1% la UE-28). Y una parte de la “culpa” (junto a los coches, los transportes y las grandes empresas contaminantes) la tienen las eléctricas, que han aprovechado la caída internacional de precios para aumentar la producción de luz con carbón, fuel y gas natural, lo que más contamina. Así, en 2015, el consumo de carbón creció un 24% y el de gas natural para electricidad un 18,8%. Y el carbón , la energía que emite más CO2, se convirtió en la segunda fuente de producción de electricidad (20,3% del total), por detrás de la nuclear (21,8%) y por delante de la energía eólica (19%), la segunda fuente en 2014. Y las centrales de ciclo combinado (gas y fuel) generaban el 10,1% de la electricidad, casi tanto como las centrales hidroeléctricas (11%) y muy por delante de la luz de origen solar (5,1%). Este año 2016, ha bajado algo el peso del carbón, en beneficio de la energía eólica (19,7%), pero aún es la tercera fuente y generó el 17,2% de la electricidad en los últimos 12 meses, según Red Eléctrica.

Ante este panorama, es normal que un 26% de los usuarios de la luz se declaren poco o nada satisfechos, según el panel de hogares de la CNMC. Y eso que casi  la mitad de los usuarios (46,6%) reconocen que no entienden el recibo de la luz e incluso no saben qué tarifa tienen (el 45,4%). En los últimos años, las eléctricas nos han bombardeado con ofertas y "tarifas planas", para atraer a más usuarios al “mercado libre”, que se llama así porque las eléctricas fijan “libremente” las tarifas, mientras los demás usuarios tienen tarifas reguladas, que modifica el Gobierno una o varias veces al año. Actualmente, el “bombardeo publicitario” ha provocado que ya sean más los españoles con tarifas “libres” (12.900.000) que los que pagan un recibo con tarifas reguladas o PVCP (12.750.000 usuarios). En general, hay que pensarse mucho cambiar a una tarifa “libre”, porque muchas ofertas son engañosas, con letra pequeña, y “tarifas planas” que penalizan mucho luego los excesos de consumo.

En cualquier caso, seamos consumidores con tarifas libres o reguladas, lo que debemos tener claro es que pagamos una luz muy cara (un 12,3% más que en Europa los particulares y hasta un 20% más las empresas). Y que eso pasa, fundamentalmente, porque pagamos costes de más, que multiplican los beneficios de las eléctricas españolas, más rentables que las del resto de Europa. Y además, una luz “más sucia”, que contamina más. Por eso, el futuro Parlamento debería tener como prioridad ajustar el precio de la luz, encargando una auditoría de costes que refleje lo que debería costar la luz con un beneficio razonable. Y, en paralelo, apoyar las energías renovables, penalizadas con el Gobierno de Rajoy, porque no es de recibo que Alemania o Reino Unido tengan más energía solar que España.

Se puede y se debe bajar el recibo de la luz, para ponerla a un precio “europeo”. Basta con pagarla por lo que realmente cuesta y producirla de forma más eficiente, sin tantas centrales de carbón, fuel y gas, que sobran (hay exceso de capacidad)  y además contaminan. Pero eso exige que el Parlamento y el futuro Gobierno se enfrenten al  oligopolio eléctrico, con un enorme poder económico, político y mediático. Hay que hacer la transición energética, empezando por el sector eléctrico, que sigue con el poder que tenía en el franquismo. Y lo pagamos cada mes en el recibo. Y en el aire. Luz y taquígrafos.

lunes, 29 de diciembre de 2014

La luz volverá a subir en 2015


La luz ha subido en diciembre, tras un 2014 que ha sido un tobogán de precios. Al final, la luz  bajará este año un 4,9%, según el Gobierno, tras rebajarse otro 3,7% en 2013. Pero la mayoría de recibos subirán en 2014, porque pagamos más por la potencia instalada. Y para 2015, los futuros indican que la luz subirá un 12%, trasladando al recibo una subida del 4,5%. El Gobierno no subirá en 2015 (año electoral) su parte del recibo, los precios regulados. Para ello, ha encajado las cuentas con varios trucos para que no haya déficit  eléctrico en 2014 y 2015, algo dudoso. Pero el balance real no se sabrá hasta diciembre 2015 y si hay que subir más la luz, será en enero 2016, cuando hayamos votado. Entre tanto, la luz nos ha subido ya un 72% en los últimos 10 años. Y eso, porque seguimos pagando de más, extracostes que el Gobierno no quita del recibo, en beneficio de las eléctricas. Suba o baje la luz.
 
enrique ortega

El año 2014 acaba con una fuerte subida de la luz en el mercado eléctrico, un 8,5% en diciembre, que cierra un año con grandes variaciones de precios: bajaron hasta mayo, subieron hasta octubre y luego se moderaron hasta diciembre. El mercado eléctrico es muy oscilante y los precios dependen mucho de la climatología (que haya agua, viento y sol) y de lo que hagan las eléctricas, que desde junio han aumentado su producción con carbón, fuel y gas, energías más caras, mientras el recorte a las renovables ha encarecido la eólica. De hecho, la Comisión de la Competencia (CNMC) ha iniciado una nueva investigación por si las eléctricas son responsables de la fuerte subida de la luz este verano (ya se les investigó en 2011). En conjunto, el Gobierno estima que los precios de la luz en el mercado eléctrico (que suponen un 37,48% del recibo) bajarán un 4,9% en 2014, tras haberse reducido un 3,7% en 2013.

Pero ojo, nuestro recibo no habrá bajado ese 4%, sino que subirá: la mayoría pagaremos más por la luz que en 2013. Y eso porque en febrero de 2014 cambió el recibo y se subió la parte fija de la tarifa, la que se paga por la potencia instalada: ahora supone el 60% del recibo cuando antes era el 35%. Eso significa que todos pagamos más por tener un contrato de luz, al margen de lo que consumamos o de que el precio de la luz baje o suba (es una forma de compensar a las eléctricas por la caída del consumo). Además, los 2,5 millones de familias que tienen el bono social (jubilados, parados, familias numerosas) están pagando más en su recibo, porque en 2014 se les ha cambiado el sistema y ahora pagan una cuota fija y se les han reducido los descuentos. Al final, los consumidores de Facua calculan que el recibo ha subido un 18,3% desde enero a noviembre de 2014, una media de 12,38 euros al mes.

Para 2015, los futuros anticipan una subida de la luz en el mercado eléctrico del 12% (47,93 euros Mwh frente a 42,68 en 2014 y 46,07 en 2013), según la CNMC. Eso, traducido al recibo (el precio de la luz afecta a un 37,48%) supondría una subida del 4,5% para 2015. La otra parte del recibo (un 41,14%, el resto son impuestos), los precios regulados por el Gobierno, no subirán en 2015, año electoral. Y para justificarlo, Industria ha hecho mil “enjuagues contables” para cuadrar las cuentas del sector eléctrico en 2014 y 2015, para que no haya déficit, sino un ligero superávit, por primera vez en 14 años. Para lograrlo, han recortado más las ayudas a las renovables, han buscado ingresos de un canon al agua que no se cobraba desde enero 2013, han “quitado” lo que pagan a las grandes empresas consumidoras (pago por interrumpibilidad) y recortado lo que pagan a las eléctricas por tener disponibles centrales (gas y carbón) para cuando no hay viento. Pero tiene truco, porque los 550 millones que pagaban a las industrias los incluirán en costes del mercado (los pagaremos “en otro sitio”). Y si caen los pagos por disponibilidad es porque van a “hibernar” (paralizar) centrales de gas que sobran, con ayudas que ya pagaremos (recibo o Presupuestos).

Al final, ajustar las cuentas (ingresos y gastos) para que no haya déficit de tarifa tiene una ventaja para el Gobierno: puede justificar que no sube su parte del recibo. Y si luego hay déficit (la CNMC tiene hasta 6 incertidumbres serias de que haya superávit en 2014 y 2015), no se sabrá hasta diciembre de 2015 (liquidación definitiva de 2014).Y habría que subir la luz en enero de 2016, cuando ya hayamos votado.

Pero aunque el Gobierno no suba su parte del recibo en 2015, hay dos temas que harán que paguemos más o que evitarán que nos lo hayan bajado. Uno, que tendremos que cargar los consumidores con el regalo que le ha hecho Rajoy a las industrias vascas y navarras: el recibo les baja (15% potencia y 12% energía) como contrapartida de que el PNV apoyara la Ley del Sector Eléctrico, en vigor desde 2013. Son 30 millones de euros que no pagan y que tendrán que compensarse por algún lado (nosotros). Otro, que el coste del bono social (221 millones de euros), que ya no pagan las eléctricas (ganaron el recurso al Supremo) acabará siendo pagado por los usuarios (en el recibo o en los Presupuestos). Sin olvidar el pago a las industrias por interrumpibilidad (poderles cortar la luz si falta, algo que no sucede desde 2009), 550 millones que irán al componente energía (mercado) y que pagaremos en otro lado.

Ante todas estas subidas, los usuarios se están defendiendo reduciendo la potencia de su contrato de luz: bajando de 5,75 kWh (lo más habitual) a 4 kWh (no se pueden poner todos electrodomésticos a la vez), se ahorran más de 40 euros al año. Una medida defensiva  (la potencia contratada cayó un 2,4% hasta junio) que preocupa a las eléctricas y al Gobierno, porque reduce los ingresos del sector eléctrico y podría “obligar” al Gobierno a subir la parte regulada de la luz (20 euros por usuario con la caída actual). Así que esta vía de ahorro puede acabar volviéndose en contra de los usuarios.

Al final, el hecho cierto es que el recibo de la luz nos ha subido ya un 72,3% entre 2004 y 2014, según un estudio de Facua. El consumidor medio pagó en noviembre 76,01 euros al mes, frente a 44,11 a comienzos de 2004: son 383 euros más al año que en 2004. Y la luz para uso doméstico en España es la sexta más cara de Europa, con un precio 9,75% más caro que la media UE (0,225 € kWh frente a 0,205 € kWh), según Eurostat (primer semestre 2014). Y las industrias españolas pagan la luz un 20% más cara que sus competidores alemanes, un 30% más que los franceses o un 50% más que los chinos.

Pagamos más cara la luz porque pagamos unos extracostes que el Gobierno mantiene (hoy Rajoy y antes ZP) en las tres partes del recibo. En la parte que paga la producción de electricidad (37,48% del recibo) pagamos de más los kilovatios que producen las centrales hidráulicas y nucleares, un sobreprecio que les garantizó Aznar en 1997, así como por el exceso de centrales (ayudas a las de carbón y gas, sólo porque estén disponibles), dado que la potencia instalada duplica con creces al consumo.

En la parte de los precios regulados (41,14% del recibo), estamos pagando extras injustificados, además de los 7.100 millones a las renovables: 1.689 millones al transporte de la luz (que inflan los beneficios de Red Eléctrica), 5.000 a la distribución (un gran negocio para las comercializadoras), 887 millones a Endesa para que no cobre más la luz en Baleares y Canarias (debía pagarlo el Presupuesto) y 2.969 millones (2015) para pagar la hipoteca de la deuda eléctrica, el pago anual (hasta 2028) para compensar a las eléctricas del “déficit de tarifa” que no ha cubierto el recibo desde el año 2.000 (40.000 millones más los intereses). Y el pago de la interrumpibilidad (550 millones que van a grandes consumidores, desde la siderurgia y el aluminio a las cementeras), ahora en otro sitio. Y para colmo, 3.589 millones pagados de más a las eléctricas por compensaciones (1997-2006) y que el Gobierno socialista no les reclamó, lo que ha investigado la Fiscalía Anticorrupción, que acaba de archivar la denuncia.  En la tercera parte del recibo (21,38% para pagar impuestos), estamos por debajo de la media europea, con muchos países que pagan más impuestos por la luz, como Alemania (49%), Italia (35%), Francia (30,8%) o Portugal (41,7%).

Al final, el sistema eléctrico es muy complejo y sus cuentas un galimatías, pero hay algo que nos debe quedar claro: la luz es más cara porque pagamos costes de más, extracostes que inflan los beneficios de las eléctricas y sus dividendos pero que han encarecido drásticamente nuestro recibo. Y  esto ha provocado que a un millón de familias se les cortara la luz por falta de pago en 2013, mientras medio millón de familias han perdido el bono social desde 2009. No podemos seguir así. Urge hacer una auditoría de costes del sector eléctrico, para que paguemos por la luz lo que realmente cuesta, no ayudas y subvenciones encubiertas que deberían desaparecer o ir a los Presupuestos. Si no, seguiremos pagando de más, al margen de que unos meses suba o baje la luz. El fondo del recibo es lo que cuenta.