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jueves, 4 de mayo de 2017

Los videojuegos lideran el ocio audiovisual


Los videojuegos han sido la primera industria del ocio audiovisual en 2016, con 1.500 millones de personas jugando en el Planeta, uno de cada cinco habitantes. Y lo mismo pasa en España, donde hay 15 millones de jugadores, que gastan más en videojuegos que en el cine o en la música juntos. Ya somos el 8º país del mundo que más gasta en videojuegos, sobre todo niños y jóvenes, aunque el 95% sean importados y los vendan las grandes multinacionales. Pero la industria española del videojuego está creciendo con fuerza y pide reconocimiento social y ayudas públicas, como una industria “cultural” más, a pesar de que muchos videojuegos rebosan violencia y valores dudosos. Las empresas españolas de videojuegos acaban de conseguir apoyo del Parlamento y se  aprobará un Plan con ayudas fiscales e internacionalización, pensando que es un sector con futuro que puede crear empleo joven. Videojuegos sí, pero que entretengan, eduquen y no deformen 
  

enrique ortega


Los videojuegos llevan varios años siendo la primera industria del ocio audiovisual en el mundo, muy por delante del cine o la música. En 2016, los videojuegos facturaron 99.600 millones de dólares (94.850 millones de euros), un 8,5% más que en 2015, según los datos de Newzoo. Una cifra de negocio que duplica con creces los ingresos del cine y supone 6 veces los ingresos de la música grabada. Y ya hay 1.500 millones de jugadores en el mundo (1 de cada 5 habitantes), según datos de DFC Intelligence, la quinta parte de ellos (300 millones) muy “enganchados” y generando la mayoría de las ventas, mientras el resto gasta poco o juega gratis. En 2016, por primera vez, hubo más personas jugando en el móvil (75% de los jugadores) que en el ordenador (73%) y lo que más crecen son los juegos “online”.

El país líder en el consumo de videojuegos es China, donde hay 446,3 millones de jugadores, que consumen videojuegos por valor de 24.370 millones de dólares (2015), según datos de Newzoo. Le sigue muy de cerca Estados Unidos (23.600 millones de dólares de gasto y 184,9 millones de jugadores) y, a distancia, Japón (12.450 millones de dólares de gasto y 66,5 millones de jugadores). El cuarto en el ranking de consumo de videojuegos es Corea del Sur (4.050 millones de dólares y 25,2 millones de jugadores), seguido de Alemania (4.020 y 41,5 millones de jugadores), Reino Unido (3.830 y 36,4), Francia (2.740 y 30,7), España (1.810 millones de dólares y 23,9 millones de jugadores), Canadá e Italia, según Newzoo. La mitad del consumo mundial de videojuegos se produce en Asia-Pacífico y donde más crecen estos juegos ahora es en África (+26,2%) y Latinoamérica (+20,1%).

Todas las estimaciones hablan de que los videojuegos van a seguir creciendo con fuerza, hasta superar los 120.000 millones de dólares de ventas en 2019. Y eso porque hay varios factores que van a seguir tirando de este negocio. El primero y fundamental, los juegos online, que se van a disparar en los paises emergentes, a medida que crezca allí la banda ancha y la fibra óptica. Un segundo motor de crecimiento serán los juegos en las redes sociales, que ya se han disparado: hay 250 millones de jugadores en Facebook, por ejemplo. El tercero, el gran potencial de los smartphones y tablets para los videojuegos: representan ya el 75% de las aplicaciones desarrolladas para estos terminales. Y en cuarto lugar, estamos asistiendo al desarrollo de consolas cada vez más sofisticadas, con acceso a Internet, gafas y juegos de realidad virtual, que relanzarán el mercado de videojuegos “físicos”. Sin olvidar  el desarrollo de los videojuegos en la TV de pago y en la futura televisión 4K.

España es un gran mercado para los videojuegos: el 8º del mundo y el 4º de Europa, tras Alemania, Reino Unido y Francia. En 2016 se vendieron videojuegos por valor de 1.163 millones de euros, un 7,4% más que en 2015, según los datos de GFK y Gametrack. Continúa así la recuperación del mercado, iniciada en 2014 (996 millones de euros), tras el bache de ventas de 2012 y 2013. Y estas ventas consolidan a los videojuegos como la primera industria audiovisual en España: factura casi el doble que el cine (601 millones de euros) y 7 veces lo que la música grabada (163,7 millones de euros). Y vende un tercio más que las dos juntas. Un tercio de las ventas de videojuegos son online (382 millones, la mitad son apps para móviles) y los otros dos tercios (781 millones) son videojuegos físicos. Lo más visto son juegos de deporte (28,8%), juegos de acción y aventura gráfica (22,2%), juegos de estrategia (21,3%) y rompecabezas (21,3%), según datos de la asociación AEVI. Y los 5 videojuegos más vendidos en España en 2015 fueron FIFA 16, Call of Duty, Grand Theft Auto V, Just Dance 2016 y Star Wars: Battlefront.

En España hay unos 15 millones de personas que juegan a videojuegos, un tercio de la población, según datos de la Federación Española de Software Interactivo (ISFE), aunque los datos mundiales de Newzoo los suben a 23,9 millones, lo que nos sitúa como el cuarto país con más jugadores de Europa, tras Francia, Alemania y Reino Unido. Los jugadores están jugando una media de 6,2 horas semanales y los que más juegan son los niños y adolescentes (el 75% de los que tienen entre 6-10 años y el 76% de los de 11 a 14 años, según AEVI), aunque también juegan muchos jóvenes (el 68% de los que tienen entre 15 y 24 años) y está creciendo mucho el juego entre los de mediana edad :entre 35 y 44 años han pasado de jugar el 15% hace un par de años al 37% ahora. Y aumentan las mujeres que juegan: ya son el 47% de los jugadores, un porcentaje superior al del Reino Unido.

España es un gran mercado para los videojuegos, pero el 90% de los juegos que se venden son importados, producidos por las grandes multinacionales del sector (norteamericanas, japonesas, canadienses y francesas). De hecho, los 20 videojuegos más vendidos en España en 2015 eran extranjeros. Actualmente, el juego online ha trastocado el mercado mundial de los videojuegos, liderado en ingresos por Apple IDS (15.000 millones de dólares de ingresos y 300 millones de jugadores) y seguido de Google Android (10.000 millones de dólares facturados y 750 millones de jugadores), quedando por detrás las ventas de las multinacionales tradicionales, la nipona Sony PlayStation (9.000 millones de dólares de ingresos y 50 millones de jugadores), Microsoft Xbox (7.000 millones de facturación y 42 millones de jugadores) y la japonesa Nintendo (4.000 millones de dólares de ventas y 42 millones de jugadores), según los datos para 2015 de DFC Intelligence.

La industria española de videojuegos, aunque sólo capte una mínima parte de las ventas interiores, ha crecido con fuerza, multiplicando por 7 su facturación, que ya fue de 510,7 millones de euros en 2015, lo que la convierte en la 8ª industria de videojuegos del mundo y la 6ª en Europa, tras Francia (3.677 millones de facturación en 2015), Alemania (1.820 millones), Reino Unido (1.490 millones), Suecia (952 millones) y Finlandia (800 millones). Y además, es una industria que exporta más de la mitad de lo que produce: 265 millones de euros en 2015, el 52% de la facturación, sobre todo a EEUU, Europa y Asia. Pero es una industria empresarialmente débil: la mayoría de las 480 empresas españolas (ver listado) del videojuego tienen menos de 5 empleados, facturan menos de 2 millones de euros al año y tienen menos de 5 años de vida. Y una de cada cuatro empresas españolas de videojuegos no facturan nada, mientras el 1% de las empresas (5 compañías) facturan el 50% del negocio y el 83% factura sólo un 8%, según los datos del “Libro blanco del desarrollo español de videojuegos 2016”, elaborado por la Asociación DEV.

Un problema que afecta mucho a las industrias españolas del videojuego es la piratería, siendo el tercer sector más afectado por las copias ilegales, tras la música y el cine: un 12% de los jugadores utilizan juegos piratas y en 2016 se piratearon en España 223 millones de contenidos, que tendrían un valor de 5.608 millones de euros, según los datos de la Coalición contra la piratería. Si se acabara con la piratería, el sector del videojuego cree que podría vender 247 millones de euros más al año, un 33% de su negocio actual.

Con todo, algunos expertos creen que la industria española de videojuegos está inmersa en una cierta “burbuja”: cada año se crean muchas mini-empresas, con pocas personas y sin capital, y cada año cierran muchas, por falta de inversión y marketing para vender unos juegos que tienen bastante creatividad y calidad. Además, el rápido crecimiento de empresas de videojuegos, la mayoría radicadas en Madrid, Cataluña, Valencia y Andalucía (ver mapa), ha provocado que muchas Universidades (sobre todo privadas) oferten estudios ligados a los videojuegos: ya se ofertan más de 30 títulos y hay un exceso de jóvenes titulados sin salida, lo que fuerza a muchos a emigrar. Actualmente hay 4.460 empleados en la industria del videojuego y el sector cree que, con apoyos, podrían emplear a 10.000 personas en unos años.

Las empresas españolas de videojuegos se quejan de la falta de ayudas, argumentando que en muchos paises (Francia, Reino Unido, EEUU, Canadá y Corea del sur), las industrias del videojuego reciben ayudas públicas (desgravaciones, financiación, terrenos…) para ayudarlas a competir. El sector del videojuego también recibe ayudas en España desde 2009, cuando el Congreso aprobó por unanimidad (25 de marzo) una iniciativa del PSOE para el reconocimiento del videojuego como “una industria cultural, equiparándola al cine, los libros y la música. Con ello, la industria del videojuego opta desde entonces a las ayudas del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Y desde 2014, también a las ayudas del Ministerio de Industria incluidas en la Agenda Digital. Pero el sector se queja de que ambas ayudas son escasas y se reparten con criterios muy restrictivos, que sólo benefician a las grandes.

Mientras el sector se queja de la falta de ayudas, también hay críticas a que se subvencione con dinero público videojuegos que tienen poco de “cultura” y que en muchos casos promueven la violencia entre niños y jóvenes. De hecho, dos de los videojuegos importados más vendidos son muy polémicos: “Call of Duty” (soldados dedicados a matar) y sobre todo “Gran Theft Auto”, plagado de armas, violencia, robos, prostitución, drogas y violencia organizada. Sin olvidar “Assasins Creed” (el protagonista es un sicario), “Halo” (guerra futurista), “Dead Space” (juego de terror y disparos). Juegos que teóricamente son para mayores de 18 años, pero que consumen muchos niños, en el mundo y en España. Frente a estas críticas, el sector reitera que los videojuegos tienen aplicaciones muy positivas, en la enseñanza, la salud, el deporte o la empresa (ventas, marketing o presentaciones virtuales).

De hecho, el sector del videojuego lleva un par de años empeñado en su reconocimiento social, económico y político, como una industria “cultural” a la que hay que apoyar. Ya en 2016 consiguieron el apoyo de la Asamblea de Madrid y ser escuchados en el Parlamento de Catalunya. Y el 26 de octubre pasado, la Comisión de Cultura del Congreso de los Diputados aprobó por unanimidad dos proposiciones no de Ley (Ciudadanos y PSOE) en las que se pedía al Gobierno apoyo a la industria española de videojuegos. El resultado ha sido su inclusión por el Gobierno Rajoy en el Plan Cultura 2020, presentado en el Congreso el 26 de marzo de 2017. Ahí se contempla aprobar incentivos fiscales y apoyo a la internacionalización de la industria española del videojuego. Y el pasado 18 de abril se reunió la mesa de trabajo creada entre el Gobierno central, las autonomías y el sector para elaborar un Plan específico para promover la creación y producción del videojuego en España.

Un gran paso para que España no quede al margen del “boom” que se augura para los videojuegos en el mundo. Puede ser una salida para jóvenes profesionales con gran talento que ya existen y para consolidar proyectos empresariales hoy muy débiles. Para ello hará falta proporcionar financiación suficiente (pública y privada), ayudas fiscales e incentivos a las fusiones, para ganar tamaño. Y fomentar acuerdos con empresas de otros paises, atrayendo capital extranjero, porque el triunfo de un juego pasa por contar con “músculo financiero” para su desarrollo y marketing (hacen falta 5 millones de euros para su venta a nivel mundial). Y en paralelo, tomar medidas más eficaces contra los videojuegos piratas. Al final, tiene sentido promover una industria española de videojuegos, pero si se apoya con ayudas públicas, hay que pedir a cambio que promuevan ocio, cultura y valores, no violencia.

lunes, 22 de junio de 2015

Los videojuegos, la primera industria "cultural"


Los videojuegos son la primera industria audiovisual mundial, por delante del cine y la música. Y la primera opción de ocio para 1.200 millones de personas. Cada año van a más, con el “boom” de los juegos en el móvil, las gafas de realidad virtual y la televisión, según se vio la semana pasada en la Feria mundial de los videojuegos, la E3. España es el cuarto país europeo consumidor de videojuegos, con casi 1.000 millones de ventas, más que el cine y la música juntos. Y juegan ya el 24% de los adultos, junto a muchos jóvenes y niños. Este mercado de ocio ha multiplicado las empresas españolas que hacen videojuegos, aunque el 95% son importados. Desde 2009, son considerados industria “cultural” y reciben subvenciones (pocas), que el sector pide aumentar, aunque muchos critican su violencia. Pero también son una gran herramienta educativa y de entretenimiento. Y una industria con gran potencial y tecnología, de la que España no puede marginarse. Eso sí, con juegos menos violentos.
 

enrique ortega


Vivimos en un mundo donde los videojuegos se han convertido en la primera industria de ocio en el mundo, por delante del cine y la música. Este año 2015, la previsión es que la industria de los videojuegos facture 111.057 millones de dólares a nivel mundial, según previsiones de Gartner, por delante del cine (85.000 millones). Y se estima que hay 1.200 millones de consumidores, tantos como la población de China, que ya es el segundo consumidor mundial de videojuegos, por detrás de EEUU. El Gobierno chino los prohibió en el año 2.000, para “prevenir a la juventud de la violencia y la corrupción de los videojuegos”, pero ante su pujanza decidió levantar parcialmente el veto a las videoconsolas y juegos extranjeros, lo que ha multiplicado su consumo, como en el resto de Asia y Latinoamérica.

Los videojuegos llevan una década ganando la batalla al cine y a la música, con inversiones millonarias en el lanzamiento mundial de nuevos productos. El videojuego más caro de la historia, Destinity (de Activisión Blizzard) contó con un presupuesto de 380 millones de euros, mayor que la película más cara de la historia, Avatar, que costó 250 millones. Y además, estas enormes inversiones se recuperan antes que las del cine: Call of Duty Blacks Ops llegó a recaudar 350 millones de dólares el mismo día de su lanzamiento (tras haber costado 30 millones) y ha recaudado en total más de 1.000 millones de dólares. Por todo ello, el mundo del cine se ha rendido a los videojuegos y hay grandes estudios, como Disney o Warner, con divisiones de videojuegos y actores que doblan o protagonizan videojuegos, como Kevin Spacey (Call of Duty: Advanced Warfare), William Dafoe o Samuel L. Jackson.

El negocio mundial de los videojuegos se lo reparten entre las tres grandes empresas de videoconsolas, Sony (Play Station), la líder, Microsoft (Xbox) y a distancia Nintendo (Wii), y un reducido grupo de multinacionales norteamericanas, japonesas, canadienses y francesas,  que elaboran videojuegos físicos o para dispositivos móviles (Activision Blizzard, Electronics Arts, Bandai Namco, Kodami, Ubisoft y Gameloft). Cara al futuro, se van sofisticando las consolas, con acceso a Internet, incorporación de gafas virtuales y juegos de realidad virtual y realidad ampliada, mientras hay un enorme desarrollo de juegos para móviles, que en unos años supondrán ya la mitad del mercado, según se ha visto en la Feria mundial de los videojuegos, la E3, celebrada la semana pasada en Los Ángeles. Ahora, el gran reto del sector es captar a las redes sociales para los videojuegos. E incluirlos en la televisión a la carta, para lo que hay proyectos de Sony, Samsung y Google. El objetivo es incorporar a nuevos usuarios, a más adultos y más mujeres (el nuevo FIFA 16 incorpora futbolistas femeninas).

En España, los videojuegos son también la primera opción de ocio de los consumidores  y llevan una década vendiendo más que el cine y la música juntos. Tras un bache de ventas entre 2012 y 2013 (-16%), se han recuperado en 2014, alcanzando los 996 millones de euros, según datos de la patronal AEVI: 391 millones son por ventas de consolas (1,1 millones vendidas en España en 2014) y periféricos (4,4 millones) y otros 605 millones por la venta de videojuegos (casi 10 millones vendidos en 2014). Se estima que hay 17 millones de jugadores en España, mientras el 24% de adultos se declara jugador habitual (y uno de cada cuatro juega ya online). Eso sí, el consumo medio (16,42 euros por habitante) es todavía muy inferior en España al de otros países desarrollados, como Canadá (65,42 euros por habitante), Reino Unido (44,69 €), EEUU (39,37 €), Francia (37€) o Alemania (34€).

España es hoy el cuarto país europeo con más consumo de videojuegos, sólo por detrás de Reino Unido, Alemania y Francia. Pero el 95% de los videojuegos que se consumen son de importación, a pesar de que la industria española del videojuego ha pegado un gran salto en la última década, pasando de 30 a 340 empresas, la mayoría pymes (86% tienen menos de 25 empleados), localizadas sobre todo en Madrid (29,8%), Cataluña (27,1%), Comunidad Valenciana (10,5%), Andalucía (8,1%) y País Vasco (6,85), según el Libro Blanco del sector. Un sector que ya da trabajo a 2.700 personas (más 4.500 empleos indirectos), sobre todo jóvenes de alta cualificación. Y que exportan un 60% de los videojuegos que crean, algunos (saga Castelvania) empezando a ganar un hueco en el competitivo mercado mundial.

En muchos países, como Francia, Reino Unido, EEUU, Canadá y Corea del Sur, las industrias del videojuego reciben ayudas públicas (desgravaciones, financiación, terrenos…), para ayudarlas a competir. En España, el sector también recibe ayudas desde 2009, cuando el Congreso aprobó (25 marzo) por unanimidad de todos los partidos una iniciativa del PSOE para el reconocimiento del videojuego como “una industria cultural”, como el cine, los libros o la música. Y así, las empresas de videojuegos pueden optar a las ayudas del Ministerio de Cultura, dentro del Plan de Fomento de las industrias culturales y creativas, así como a créditos ICO y avales de la SGR. En realidad, los fondos para todas las industrias culturales son muy escasos (han pasado de 1,8 millones en 2010 a 5,3 en 2012 y 1,7 millones para 2015) y el sector se queja de que se reparte con criterios muy restrictivos. Además, en 2014, el Ministerio de Industria ha abierto otra línea de nuevas ayudas específicas para los videojuegos, dentro de la Agenda Digital: el año pasado se concedieron 21,17 millones (19 en préstamos y el resto subvenciones) a 33 proyectos. Y este año hay otros 15 millones.

El sector se queja de que es poco dinero y muy difícil de conseguir para las pymes y autónomos que se dedican a diseñar videojuegos. Y por otro lado, hay críticas a que se subvencionen como “cultura” videojuegos que promueven la violencia entre niños y jóvenes. De hecho, dos de los videojuegos importados más vendidos son bastante polémicos: Call of Duty (soldados dedicados a matar) y sobre todo Gran Theft Auto, plagado de armas, violencia, robos, prostitución, drogas y violencia organizada. Sin olvidar Assasins Creed (el protagonista es un sicario), Halo (guerra futurista), Dead Space (juego de terror y disparos). Juegos que son para mayores de 18 años, pero que consumen muchos niños en todo el mundo. Pero los expertos recuerdan que los videojuegos tienen otras aplicaciones muy positivas, como la enseñanza (“aprender jugando”), la salud (simulación operaciones, tratamiento de fobias), el deporte (ejercicio y juegos) o las presentaciones virtuales para fomentar compras.

Lo que parece claro es que la industria de los videojuegos tiene un gran potencial y España no puede quedarse al margen ni vivir de importar videojuegos. Se puede y se debe crear aquí unas empresas más fuertes, dirigidas a cubrir la creciente demanda española (crecerá un 130% en los próximos tres años, según el Libro Blanco del sector) y a exportar. Es riqueza, tecnología y empleo, sobre todo para jóvenes, que llevan años formándose en Universidades públicas y privadas, que ofrecen Grados en diseño de videojuegos. Para ello, habría que mejorar las ayudas y sobre todo la financiación al sector (con una línea específica del crédito oficial, el ICO) y fomentar la inversión extranjera en las empresas españolas, para evitar la fuga de jóvenes diseñadores. Y seguir promoviendo la exportación, como hace el ICEX con el programa “Games from Spain en ferias internacionales.

Un elemento clave es reducir la piratería, que se come la mitad del negocio del sector de los videojuegos: en 2014, se piratearon en España 242 millones de contenidos (en videojuegos físicos y online), por valor de 226 millones de euros, según el estudio del Observatorio de la Piratería. Eso “roba” la mitad de las ventas legales de la industria y resta 1.517 empleos más que podrían crearse, además de otros 47,5 millones en impuestos. Y en paralelo está el problema de la importación ilegal de videojuegos, sin pagar impuestos, a través de multitud de tiendas online ilegales, que restan negocio  a distribuidores y tiendas legales.

Al final, nos guste o no, la industria de los videojuegos domina el mercado del ocio y tiene un gran futuro por delante. Y España está en manos de las grandes empresas y distribuidores extranjeros. Así que mejor sería promover una industria propia, que tiene ya una alta cualificación y tecnología y que precisa de un empujón desde el Gobierno, la banca y los emprendedores. Eso sí, a cambio de promover unos productos con más valores culturales y educativos y menos violencia. Videojuegos que entretengan, eduquen y no deformen.