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lunes, 30 de marzo de 2026

Otra Semana Santa récord y cara

Media España viaja o toma unas pequeñas vacaciones esta Semana Santa, tras no tener fiestas ni “puentes” desde Navidad. La fiebre por salir y moverse sigue ahí, en España y en Europa, a pesar de las guerras (Ucrania y Oriente Medio) y de la fuerte subida de precios (3,3% anual), sobre todo por los carburantes. Pero mucha gente no tendrá en cuenta estas subidas (llenar un depósito de gasóleo cuesta 31 euros más que el año pasado y 3,50 euros más si es de gasolina), ni tampoco las de los hoteles (+9,6% anual), bares y restaurantes o los billetes de autobús, tren o avión. Al final, si el tiempo no lo impide, los hoteleros esperan más clientes (sobre todo españoles)  que la Semana Santa 2025, que ya fue récord, sobre todo en Canarias, Baleares, Andalucía y Levante, más las ciudades de interior con procesiones. Y la guerra en Irán nos traerá también muchos extranjeros. Todos buscan evadirse de la realidad, “cargar las pilas” y afrontar una vuelta complicada. Descansen.

                           Enrique Ortega

El turismo en España ha empezado el año con fuerza, tras batir todos los récords en 2025 (96,8 millones de turistas extranjeros y 134.712 millones de gasto). Así, en enero de 2026 (último dato del INE), España recibió 5,1 millones de turistas extranjeros, un +1,2% que en 2025, con aumentos de visitantes de Italia (+8,1%), Reino Unido (+3,3%), EEUU (+3,2%, a pesar de Trump y de la fortaleza del euro), paises nórdicos (+1,8%) y del resto del mundo (+13,1%), aunque cayeron los turistas franceses (-19,2%) y alemanes (-2%). Además, y esto es importante, los turistas foráneos se gastaron un 9,3% más, lo que indica que sigue subiendo el gasto medio por turista (por la inflación y porque son turistas “de más calidad”). Y finalmente, han aumentado, en enero y febrero, las pernoctaciones hoteleras (+2,2%), más por los extranjeros (+3,3%) que por los españoles (+2,3%).

Ahora, se espera que la Semana Santa incentive la llegada de turistas extranjeros, aunque serán los españoles quienes dominen los viajes y la ocupación hotelera estos días, a pesar de las guerras y de las subidas de precios. El sector hotelero asegura que las reservas para Semana Santa serán algo superiores a las del año pasado (que ya fue récord) y que las grandes cadenas ya rozan “un lleno técnico” en Canarias, Andalucía y Baleares, con un aumento de reservas también en Madrid, Levante y Cataluña, más las ciudades de la España interior con procesiones, que disparan el turismo rural. Pero sobre todo, los hoteleros creen que mejorarán sus ventas y márgenes, por la subida de precios (la facturación media por habitación fue en febrero de 116,3 euros, +2,9% más que un año antes).

Hay varios factores que explican el aumento de la ocupación previsto para esta Semana Santa. Uno, que hay más gente trabajando que hace un año (+482.710 afiliados a la Seguridad Social en febrero 2026 que en febrero de 2025), lo que ha impulsado el consumo y el gasto, sobre todo en viajes, una prioridad de las familias tras la pandemia. Y el conflicto en Oriente Medio puede acabar desviando turistas internacionales hacia España, en perjuicio de los viajes a Turquía, Grecia, Egipto y norte de África. Pero también hay factores en contra de viajar estos días, como las subidas de carburantes y de los billetes de autobús, tren y avión. Y, sobre todo, la incertidumbre de muchas familias sobre los efectos negativos de la guerra.

Con todo, mucha gente tiene difícil llegar a fin de mes (por la inflación y los alquileres o hipotecas, mientras apenas suben los salarios), con lo que no todo el mundo viajará esta Semana Santa, aunque parezca que sí. De hecho, el 56% de los españoles no se moverá esta Semana Santa, la mayoría porque su economía no se lo permite, según una reciente Encuesta hecha por el Observatorio Cetelem. Los que sí viajen lo harán mayoritariamente (14%) dentro de España (al pueblo, a un destino interior o a la costa), siendo minoría (14%) los que viajarán al extranjero, básicamente a Europa. Y su gasto medio será de 538 euros por persona, un 13% más que el año pasado, según esta Encuesta. Un gasto medio que se destinará sobre todo a pagar alojamiento, restaurantes, compras y ocio.

Los que viajen esta Semana Santa notarán en sus bolsillos varias subidas de precios, que les obligarán a ajustar su gasto, para no pegarse un susto con el próximo pago de la tarjeta de crédito. La primera subida evidente la han tenido al repostar: el viernes 27 de marzo, el precio medio de la gasolina 95 era de 1,563 céntimos litro, inferior (-25 céntimos) al que costaba el sábado 21 de marzo (antes de los ataques a Irán), que era de 1,819 céntimos litro, gracias a la bajada de impuestos aprobada por el Gobierno. Pero algo superior al precio de la gasolina la Semana Santa de 2025 (1,56 euros/litro), con lo que llenar ahora un depósito de 55 litros de gasolina cuesta 3,50 euros más que hace un año. El mayor problema lo tienen quienes tienen un coche de gasoil: el litro costaba el viernes 1.774 euros/litro de media, 19 céntimos menos que antes de la guerra de Irán (1,964 céntimos), una rebaja menor porque el gasóleo se ha disparado más que la gasolina en los mercados internacionales. Pero al comparar el precio actual con el de la Semana Santa 2025 (1,40 euros/litro), resulta que llenar ahora un depósito de gasóleo cuesta 31 euros más que hace un año

La siguiente subida la notarán muchos al comprar un billete de autobús (+7,6%) o tren (+11,4%) y sobre todo, al comprar un billete de avión, más en los vuelos internacionales: el jet fuel (keroseno) ha subido hasta un 50% en los mercados internacionales, aunque las compañías aseguran los precios de un 80% de sus suministros para evitar extracostes. A pesar de eso, el propio director general de IATA ha vaticinado una subida de los billetes del 8 al 9%. Y lo mismo pasarán con los trenes, sobre todo los de alta velocidad (con más demanda), que además sufrirán más retrasos estos días por los tramos de menor velocidad (y no circulan directamente hasta Málaga, por los daños de las pasadas lluvias).

Otra subida la habrán visto al hacer las reservas de hoteles o apartamentos para estos días: aprovechando la mayor demanda, los precios de los hoteles han subido un +9,6% anual, según el IPC de febrero. Y lo mismo al sentarse en una terraza o comer en un restaurante o en un chiringuito de playa: la subida anual ha sido del +4,4%, según el INE. Lo mismo pasará con los locales de ocio, las copas o muchas entradas a parques o espectáculos: son muchos los que aprovecharán la subida de los carburantes para subir precios, algo que ya se está notando en los alimentos y supermercados y que se extenderá a todos los productos y servicios.

Eso sí, la Semana Santa y este mayor gasto permitirán mantener el crecimiento de la economía, alto a pesar de las guerras de Ucrania y Oriente Medio (+2,8% en 2025, el doble del 1,4% que creció la zona euro), gracias a que reanimará el consumo interno y el turismo, dos de los motores básicos de nuestra economía. Y también ayudará la Semana Santa a que crezca el empleo: el sector calcula que se han hecho 164.000 contratos para estos días, un +12,1% más que en 2025, sobre todo en hostelería (el 87%), transporte y logística (7,75%) y empresas de ocio (5,5%), un empleo que se ha concentrado (el 60%) en Andalucía, Cataluña, Madrid y Comunidad Valenciana, aunque muchos de estos empleos se pierden después.

Tras la vuelta de Semana Santa, el sector turístico ya tiene la vista puesta en el macropuente” de mayo: se pueden pedir 4 días de vacaciones para tener en total 9 días de vacaciones (del 25 de abril al 3 de mayo). Y a partir de ahí, mayo y junio pueden beneficiarse de la tendencia a tomar vacaciones fuera del verano (que ya se notó en 2025) y a las escapadas largas (con viernes y lunes incluidos), gracias a la generalización del teletrabajo. En cualquier caso, más escapadas y viajes antes de un verano que se espera rompa otra vez los récords de 2024 y 2025. Y de ahí, a por los 100 millones de turistas este año…

Claro que todo va a depender de Trump y Netanyahu, porque si persisten en su guerra ilegal con Irán (una dictadura teocrática dispuesta a “morir matando”) y el precio de la energía se dispara, con subidas de precios generalizadas (ya estamos en una inflación del 3,3% en marzo, que puede escalar del 4% en abril), lo sufrirán los consumidores, que frenarán su gasto, también en viajes, algo muy preocupante para una potencia turística como España. Así que crucemos los dedos y esperemos que no llegue otra crisis. Mientras, aprovechemos estos días para descansar y cargar las pilas” para la vuelta, que no será fácil.

lunes, 5 de enero de 2026

La cuesta de enero: subidas y ayudas

Tras la resaca de compras de estas Navidades, llega la dura realidad de afrontarlos, de hacer frente a tarjetas y pagos. En un mes, enero, donde muchas empresas aprovechan para subirnos casi todo: teléfono e Internet, luz, agua, basuras, billetes de avión, autopistas, taxis, alquileres, tabaco, paquetes y sellos de Correos, seguros…Así que este enero será más difícil llegar a fin de mes. La contrapartida es que también suben los ingresos de casi 10 millones de pensionistas (más los que menos cobran), 3 millones de funcionarios, 2,4 millones de trabajadores que cobran el salario mínimo y las ayudas del ingreso mínimo vital (IMV) que cobran 785.000 hogares, pensiones, sueldos y ayudas públicas que se revalorizan desde el 1 de enero. Y también aumentan las ayudas al transporte, manteniendo las actuales y creando una tarifa plana que permite viajar barato. Ahora, la clave es ver lo que suben los sueldos este año, porque los precios de los alimentos, la vivienda y la energía seguirán altos en 2026.

                            Enrique Ortega

Enero es el mes elegido por muchas empresas para subir sus tarifas y precios, con el argumento de la subida de costes y del aumento del IPC. Y este año, la lista de subidas es muy amplia. Empezando por la subida de las tarifas del teléfono e Internet, que suelen subir dos veces al año. Esta vez, suben con pocos días de diferencia: el 8 de enero las sube Vodafone (+3,9% de media, entre 1 y 5 euros al mes), el 12 de enero Orange (+3,8%, de 1 a 6 euros al mes) y el 13 de enero Movistar (+4%), mientras Digi no las sube. En los últimos años, las telecos justificaban sus subidas en la previsión de aumento del IPC, pero este año suben mucho más (el IPC puede subir un 2,1%) y lo justifican en que les han subido los costes, sobre todo los productos audiovisuales que ofrecen (fútbol y plataformas).

Otra subida que notaremos será la del próximo recibo de la luz, que será diferente según el contrato que tengamos. Los que tienen un contrato de luz en el mercado “libre” (20 millones de clientes) tendrán subidas del 4 al 7% cuando les toque la revisión anual de su contrato, subidas que ya han anunciado Iberdrola, Endesa o las filiales de Repsol, argumentando que a ellos les ha subido la luz en 2025 (y ahora) porque Red Eléctrica obliga a mantener centrales de gas de guardia (más costosas) para evitar un nuevo apagón como el de abril pasado. El resto de clientes, los que están en el mercado regulado (8,4 millones) ya han sufrido en 2025 esta subida y la seguirán pagando en 2026. Y todos pagarán más este año por la subida de los peajes (un tercio del recibo) que fija la Administración: los peajes de acceso subirán un +4,1% y habrá que pagar en el recibo los demás cargos, que también suben.

Si sube la luz, también subirá la factura del agua que pagamos. En Madrid, el Canal de Isabel II ya anunció una subida de la factura del agua del 3% anual hasta 2030, debido a que lleva años sin subirse y tienen que acometer nuevas inversiones. Aigües de Barcelona también ha anunciado una subida del +2,9% para 2026, mientras otros municipios de su área metropolitana también subirán el agua, hasta el 5,8%. Y Aguas de Bizkaia ha anunciado subida de tarifas del 4% en 2026, lo mismo que muchas ciudades de media España.

También subirán en 2026 las tasas de basuras de la mayoría de municipios, que ya han aplicado en 2025 sus nuevas tarifas, mucho más altas que los anteriores, que volverán a subir este año, para ajustarlas paulatinamente a las nuevas exigencias de recogida de residuos.

Y también pagaremos más al viajar en avión, porque las aerolíneas nos cargarán en los billetes la subida del canon aeroportuario que les ha hecho AENA el 1 de enero, un aumento del +6,44% para afrontar las inversiones en los aeropuertos españoles. También será más caro viajar en coche por autopista: los peajes subirán este año un +2,61% al menos, aunque en las autopistas rescatadas por el Estado subirán menos, un +2%. También podría subir este año el impuesto que paga el gasóleo, porque la Comisión Europea obliga a igualarlo con el de la gasolina, aunque el Gobierno no logró aprobar en 2024 el Decreto que los equipara, por el rechazo del PP, Vox, UPN y Podemos. Pero es una reforma exigida para recibir 460 millones de Fondos europeos, por lo que el Gobierno se ha comprometido a intentar aprobar la equiparación antes de finales de marzo. De conseguirlo, el gasóleo subiría 7 céntimos por litro.

El tabaco ya ha subido el 1 de enero, con nuevos precios para los paquetes de cigarrillos, cigarros y picadura (ver nuevo listado de precios por marcas), aunque todavía fumar es más barato en España que en la mayoría de Europa. Y también han subido ya las tarifas de Correos, tanto los sellos (+7,9%: el franqueo ordinario cuesta 96 céntimos, el doble que en 2015), los certificados y los paquetes (+5,5%). Y han subido también los taxis en la mayoría de España, desde Madrid (+2,36%) y Barcelona (+2,3%) a Sevilla, Málaga, Valladolid, Ferrol o Salamanca, lo que se trasladará también a los vehículos VTC.

Con todo, lo más preocupante volverá a ser la subida de la vivienda, tanto para alquiler como para compra. Se espera otra subida de los alquileres del +10% en 2026, que se sumaría a las fuertes subidas de los años anteriores: +40,3% han subido los alquileres de media en España desde 2019 (+50% en Madrid y +46,15% en Barcelona, según Idealista).. Además, muchos contratos de alquiler (por 5 años) se terminan en 2026, con lo que los propietarios intentarán revisar bastante al alza los nuevos alquileres, con lo que se espera “un aluvión de subidas”. Y en cuanto a los precios de compraventa, están ya en niveles prohibitivos: 2.605 euros/m2 de media, pero 5.089 euros/m2 en Barcelona y 5.758 euros/m2 en Madrid. Y podrían subir otro 15% más este año, según Idealista.

Lo que también subirá en 2026 serán las nuevas hipotecas, no sólo porque hay que pedir un mayor importe (el 80% del precio de venta) para afrontar los altos precios, sino porque el Euribor lleva 5 meses consecutivos subiendo (del 2,079% en julio al 2,267% en diciembre), con lo que los bancos cobrarán este año tipos más altos, en torno al 3,5%. Eso sí, los 4 millones de familias que están pagando una vieja hipoteca no tendrán un susto en la próxima revisión anual, porque el Euribor esperado para 2026 (por debajo del 2,5%) será todavía inferior al de 2025.

Y luego hay dos subidas aseguradas para 2026, aunque todavía no podamos decir cuánto. Una es la subida de los seguros, desde el seguro del automóvil y del hogar al seguro de salud, que llevan años subiendo mucho y que volverán  a subir bastante este año, justificándose en el aumento de costes de los talleres y reparaciones, los siniestros en casa y el aumento de los costes médicos en los hospitales privados. Y también están “cantadas” nuevas subidas de los alimentos: frutas y verduras (muy afectadas por el cambio climático y las cosechas), las carnes, los huevos, el café y el chocolate, más la bollería y las bebidas.

En cambio, hay otro gasto importante, el transporte público, que se modera o baja en 2026, por las ayudas que ha prorrogado o ampliado el Gobierno. Por un lado se prorrogan los actuales descuentos al transporte en tren y autobús, manteniendo los descuentos actuales en Cercanías, corta y media distancia y autobús, a los que se añaden un nuevo abono trimestral y un abono de 10 viajes para Cercanías, manteniéndose la gratuidad de todos los viajes para los menores de 14 años (para educar a los menores en el transporte público). Por otro lado, se crea un nuevo bono transporte de 60 euros mensuales (30 euros para menores de 26 años) que permite viajes ilimitados en Cercanías y media distancia de Renfe, además de las líneas estatales de autobuses. Un bono que convive con el resto de ayudas al transporte.

Estas ayudas van a permitir que millones de personas gasten hasta un 75% menos en transporte público en 2026, ahorrándose este año 1.371 millones de euros (el coste de las ayudas). Unas ayudas públicas al transporte que han sido claves estos años, desde 2018 a finales de 2025, en que el Gobierno ha destinado más de 11.000 millones de euros (7.200 millones desde 2022)  a subvencionar los billetes de Cercanías, trenes de media distancia y Avant y los autobuses de líneas estatales, según datos de Transportes.

Un ahorro en transportes que no compensa el rosario de las otras subidas de precios, unas anunciadas y otras silenciosas, que afectarán a nuestros bolsillos en este año 2026. Menos mal que hay colectivos que van a tener también un aumento de ingresos para afrontarlas, básicamente pensionistas, funcionarios y los más desfavorecidos que reciben ayudas públicas, que también se han revalorizado el 1 de enero.

Empecemos por los pensionistas, 9,42 millones de personas que cobrarán algo más por sus pensiones (10,42 millones) ya desde este mes de enero. La subida media de las pensiones es del +2,7% (la subida de la inflación anual de noviembre 2024 a noviembre 2025), lo que supondrá cobrar unos 40 euros más al mes (una jubilación media de 1.512 euros en 2025). Pero los 2,12 millones de pensionistas que cobran pensiones muy bajas, con complementos de mínimos, tendrán una subida mayor: +11,4% para los pensionistas con cargas familiares (y las viudas) y +7% para los que no las tienen. Y para los 471.000 pensionistas que cobran una pensión no contributiva (dos tercios son mujeres), la subida es del +11,4%.

Los 3 millones de personas que trabajan para la Administración Pública cobrarán un +2,5% de subida retroactiva por 2025 y otro +2% de subida salarial en 2026, más otro +4,5% en 2027 y un 2% de subida en 2028, según el acuerdo pactado por el Gobierno, que supone una subida acumulada (por el efecto arrastre) del +11,4% entre 2025 y 2028, un aumento superior a la inflación esperada estos años, para recuperar parte del poder adquisitivo perdido por los funcionarios.

También volverá a subir este año el salario mínimo interprofesional (SMI), que cobran unos 2,4 millones de trabajadores, especialmente mujeres, jóvenes e inmigrantes que trabajan en el campo. De momento, en enero se ha prorrogado el salario mínimo actual (1.184 euros en 14 pagas), a la espera de que el Gobierno apruebe este mes la nueva subida, que se cobrará con efecto retroactivo desde el 1 de enero: los expertos consultados han propuesto que suba entre 37 y 56 euros al mes, mientras la patronal propone una subida de 18 euros (+1,5%) y los sindicatos piden subir 89 euros (+7,5%).

Y también sube el importe del ingreso mínimo vital (IMV) que reciben las familias más vulnerables, actualmente 785.722 hogares (beneficiando a 2,4 millones de personas). En 2025 cobraban entre 658,81 euros un adulto solo y 1.449 euros mensuales las familias numerosas, importes que han subido un 11,4% el 1 de enero, entre 75 y 170 euros más al mes. El problema es que esta ayuda (IMV) sólo llega a la mitad de las personas que están en pobreza severa (4,3 millones, según Cáritas). Y que muchas autonomías han aprovechado el IMV para suprimir o reducir su ayuda, las rentas mínimas de inserción: en los últimos 3 años se han reducido  más de 170.000 beneficiarios y 13 autonomías (Madrid y Aragón en cabeza, un -95%, seguidas de Castilla la Mancha, Castilla y León, Andalucía, la Rioja, Cantabria, Extremadura, Murcia, Asturias, Galicia, Cataluña y Navarra) han reducido su gasto en estas ayudas autonómicas, que sólo llegan a 532.700 personas, el 6,1% de quienes viven en el umbral de la pobreza, según los Directores y Gerentes de Servicios Sociales.

Ahora, la clave para afrontar las nuevas subidas de precios va a estar en los salarios, en la subida que se pacte para 2026. Todo indica que la patronal no ofrecerá una subida por encima del 2% (la inflación subirá el 2,1%, según el Gobierno) y que los sindicatos pedirán una subida mínima del 3,5%, para recuperar parte del poder adquisitivo perdido en los últimos años (los sueldos han subido un 13,45% entre 2022 y 2025 y la inflación un 15,4%). Y, sobre todo, pedirán que suban más los sueldos más bajos, porque el 30% de trabajadores ganan menos de 1.582 euros brutos al mes (y otro 40% ganan entre 1.582 y 2.659 euros brutos), según el Decil de salarios de la EPA 2024. Estos bajos salarios explican que casi la mitad de españoles (el 47,4% de los hogares, según el INE) lleguen con dificultad a fin de mes. Y más ahora, con la oleada de subidas de enero.

En definitiva, volvemos a sufrir subidas de precios en múltiples servicios y gastos, sin que tengamos claro lo que van a subir nuestros ingresos este año, lo que explica que muchos españoles no vean bien su economía (según el CIS) aunque España crezca más que la mayoría de paises occidentales. Eso debería obligar a tomar medidas para “repartir mejor el crecimiento, controlando las subidas más impopulares (alimentación, energía, servicios públicos) y aumentando las ayudas a los más vulnerables, con medidas fiscales para que paguen más los que más ganan y menos los que menos ingresan y viven de un sueldo. Y promover una negociación colectiva que suba más los sueldos más bajos, ahora que muchas empresas pueden hacerlo, porque llevan 5 años mejorando ventas y beneficios. Esas son las claves para que el crecimiento lo noten la mayoría de españoles.

lunes, 26 de mayo de 2025

Inundados de petróleo barato

No hay mal que por bien no venga. Así, los aranceles de Trump y las tensiones geopolíticas frenan la economía mundial pero también han provocado una caída del precio del petróleo, que cotiza a 64,71 dólares/barril, el precio más bajo desde 2021. Está barato porque hay un exceso de producción de crudo frente a una baja demanda, porque el mundo crece menos y aumentan las energías alternativas. Se espera que el petróleo siga barato este año y los próximos (sobre 65 dólares), lo que ha permitido ya una rebaja de los carburantes (Ojomenor de la debida) y una baja inflación, en España (2,2% en abril) y Europa (2,4%). Pero no hay que bajar la guardia, porque la importación de petróleo nos cuesta 46.251 millones de euros (2024), un 32% más que en 2019. Y España sigue con una altísima dependencia energética: importamos dos tercios de la energía que consumimos. El objetivo es ahorrar energía y potenciar las renovables, para rebajar esta dependencia e importar sólo el 50% de la energía en 2030.

                         Llenar el depósito cuesta entre 6,45 y 10 euros menos que hace un año

El precio del petróleo lleva más de 50 años condicionando la economía y nuestros bolsillos, desde las primeras crisis energéticas de los años 70. El precio del barril Brent sólo se desplomó con la pandemia (18,97 dólares/barril el 3 de febrero de 2020) y después recuperó su precio “habitual” (84,17 dólares/barril en octubre de 2021), para dispararse tras la invasión de Ucrania, en febrero de 2022 (llegó a costar un máximo de 118,67 dólares/barril en junio de 2022). Y a partir de ahí, osciló entre los 83 y los 91 dólares barril en 2022 y 2023, para caer este año, tras la victoria de Trump: costaba 75,53 dólares/barril el 5 de noviembre de 2024 (elecciones USA) y tras la amenaza de aranceles (3 de abril) cayó a un mínimo de 60,23 dólares el 5 de mayo: una caída de precio del -19,3% este año. Y ahora cotiza a 64,71 dólares/barril, el precio más bajo desde febrero de 2021 y una bajada del -13,31% desde principios de año (74,65 dólares costaba el barril el 31 de diciembre).

¿Por qué tenemos un petróleo tan barato? Hay varias causas. La más inmediata, que se ha producido un exceso de oferta: el 3 de mayo, los paises de la OPEP+ (los 14 paises de la OPEP más Rusia, México y otros 8 paises productores más) acordaron un aumento de su producción de 411.000 barriles diarios para junio, que se sumaban al aumento de 411.000 barriles acordado para mayo. Y se espera que en su reunión del 1 de junio mantengan una alta producción de crudo para el resto de 2025, dando un giro a su política de recortes de los últimos años, que muchos paises no cumplieron. En paralelo, la política de Trump es “perforar, perforar y perforar”, consolidando a USA como el mayor productor de crudo del mundo.

Además de estos acuerdos, hay tres paises productores con embargos y sanciones que podrían aumentar su producción y venta de crudo en los próximos meses, disparando más la oferta y haciendo caer los precios. Por un lado Irán, donde la posibilidad de un acuerdo nuclear con Trump podría aumentar sus exportaciones (de los 1,66 millones de barriles actuales a los más de 2 millones que vendía hasta 2018)  si desaparecen las sanciones de EEUU .Lo mismo puede pasar con Venezuela, si Trump suaviza sus sanciones y las medidas contra los barcos que transportan crudo venezolano. Y Rusia busca formas de exportar más crudo (a pesar de las sanciones), por paises y caminos indirectos, porque necesita urgentemente más ingresos para su guerra con Ucrania, tras la bajada del -13,77% en el precio del crudo.

Hay más petróleo en el mercado (y puede haber más en los próximos meses) mientras baja la demanda mundial de crudo, otra causa de que bajen los precios. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) acaba de publicar un informe donde anticipa que la demanda de petróleo crecerá este año la mitad que la oferta: la demanda crecerá este año en 740.000 barriles diarios  (hasta los 103,9 millones de barriles en 2025), mientras la oferta aumentará en 1,6 millones de barriles diarios (hasta los 104,5 millones de barriles en 2025), lo que augura un exceso de producción de crudo, que forzará a precios bajos, en torno a 65 dólares/barril (frente a 80,53 dólares de media en 2024).

La demanda mundial de crudo bajará en 2025 porque la economía mundial crecerá menos y porque muchos paises han reducido su consumo de energías fósiles gracias al aumento de la producción de energías renovables. La causa principal del “pinchazo” en la demanda mundial de petróleo es que la economía mundial va a crecer menos por los aranceles de Trump (aunque rebaje su envite, quedarán más altos de lo que estaban) y por la incertidumbre ante las crisis geopolíticas. La última previsión de la Comisión Europea refleja que el crecimiento mundial bajará del 2,3% en 2024 al 1,3% en 2025, por EEUU (crecerá +1,6% frente a +2,8% en 2024) China (4,1% frente al 5%) y Reino Unido (+1 frente a +1,1%) y el estancamiento de Europa (+1,1% crecimiento frente al 1% en 2024, con Alemania no creciendo nada este año) y Japón (+0,7% frente a +0,1% en 2024). Menos crecimiento (y riesgo de recesión si se agrava la guerra comercial) lleva a menos consumo de petróleo y como hay un exceso de oferta, a una bajada de precios (salvo nuevos” sustos” o guerras).

Además, hay muchos paises (España entre ellos) que han aumentado la aportación de energías renovables, tanto en la generación de electricidad (56% en España) como en el transporte (aunque la incursión del coche eléctrico va muy lenta, en toda Europa y más en España) y en la industria, que empieza a sustituir el fuel y el petróleo por electricidad renovable mucho más barata. Todavía el mundo sigue con su “adicción” al petróleo, pero a medio plazo habrá menos demanda y por eso tanto las grandes energéticas como los paises productores buscan fuentes alternativas de ingresos, sobre todo a partir de 2035.

Para este año 2025, los analistas apuestan por un petróleo barato, por debajo de 65 dólares por barril : Goldman Sachs cree que podría bajar hasta 63 dólares en 2025 y 58 dólares en 2026, mientras Citibank apuesta por que baje hasta los 60 dólares.  El Gobierno español, en las previsiones económicas enviadas a Bruselas a finales de abril, preveía una estabilidad de precios del crudo en 2025 (apuesta por los 65 dólares/barril), 2026 (64,6 dólares/barril), 2027 (65,3 dólares/barril) y 2028 (66,5 dólares/barril), lo que daría una cierta “estabilidad” a la economía, sin los sobresaltos de subidas de 2022 y 2023.

De momento, la rebaja del precio del petróleo ya se ha traducido en una bajada de la inflación general, en España (al +2,2% en abril, el menor aumento desde el 1,8% de octubre) y en Europa (+2,4% de inflación anual en abril, la más baja desde el 2,3% de octubre). Los menores precios del petróleo han repercutido positivamente en todos los sectores, desde la agricultura y la industria al transporte, pero se han reflejado sobre todo en una sensible bajada de los carburantes, que han notado los bolsillos de los consumidores.

Así, el 22 de mayo, el litro de gasolina costaba de media en España 1,454 euros, lo que supone una rebaja del 4,6% en lo que va de año y del -12,26% sobre el coste de la gasolina hace un año (y en Europa, esta bajada ha sido del -3,12 y del -9,44%), según el Boletín Petrolero Europeo. Y el litro de gasóleo cuesta ahora 1,366 euros/litro de media en España, lo que supone una rebaja del -5,28% en este año y un -8,6% que el precio hace un año (en Europa, la bajada ha sido del -5,38% y del 8,36% respectivamente). A lo claro: la rebaja del petróleo ha conseguido que llenar un depósito de gasolina (50 litros) cueste hoy 10 euros menos que hace un año y llenarlo de gasóleo cuesta 6,45 euros menos. Sin embargo, hay expertos y consumidores que se quejan de que los carburantes han bajado menos que el petróleo en euros, hasta 15 céntimos por litro menos de lo debido.

Ahora se espera que un petróleo barato ayude a mantener bajo control el IPC (Bruselas apuesta por una inflación del 2,3% en 2025, en España y en Europa), aunque los aranceles tenderán a subir los precios de los productos importados. Pero tenemos otra “ayuda”, gracias a la política económica disparatada de Trump: el dólar se está depreciando y cotiza ahora rozando los 1,13 euros, lo que supone una revalorización del euro del +9,17%. Eso significa que el petróleo (que pagamos en dólares), nos resulta ahora más barato en euros (-9,17%). Así que a la rebaja del petróleo (-13,31%)  hay que sumar la bajada del dólar (-9,17%), con lo que pagamos casi un 22,5% menos por el crudo que al comienzo de 2025.

Esta rebaja en la factura petrolera es un enorme balón de oxígeno para España y para el resto de economías. Pero ojo: todavía el petróleo es un gran lastre. Para España, la factura de las importaciones de petróleo supuso un gasto en divisas de 46.251 millones de euros en 2024, +32,14% que la factura petrolera anterior a la pandemia (35.001 millones de euros importamos de petróleo en 2019). Y esta factura petrolera supone el 10,9% del importe de todo lo que importa anualmente España, un tremendo “lastre” todavía. Y eso porque la importación de gasolinas ha crecido un 21,2% desde 2019 (importamos 6,51 millones de Tm en 2024, según Cores), aunque han bajado las importaciones de gasóleos (un -5,4%, 29,83 millones de TM en 2024) y han aumentado las de fueloil (+3,9%, 8,55 millones de TM).

En definitiva, que aunque ahora el petróleo sea más barato y no suponga un problema grave para la economía (como ha pasado muchas veces antes), no podemos bajar la guardia, porque la factura del petróleo es muy abultada (cuesta la mitad que la sanidad pública en España y la cuarta parte que las pensiones) y somos uno de los paises europeos más vulnerables: ya que importamos casi todo el petróleo que consumimos. Y considerando toda la energía que consumimos, importamos el 66,8%, dos tercios del total. Así que aunque celebremos que el petróleo está barato, sigue siendo un gran lastre para la economía.

El gran objetivo del Plan energético aprobado por el Gobierno (el PNIEC ) es reducir esta dependencia energética de España al 50% en 2030 (de dos tercios a la mitad de energía importada), por varias vías: aumento de la electricidad renovable (el 81% para 2030, frente al 56% actual), sustitución del consumo de petróleo y fuel por electricidad renovable en la industria, reducción de los combustibles fósiles en el transporte (coche eléctrico, electrificación de trenes y transporte terrestre y marítimo alternativo) y, sobre todo, un ahorro del consumo de energía en toda la economía (del 10% sobre 2023). No son objetivos fáciles, pero hay una firme voluntad de reducir el peso del petróleo, sobre todo a partir de 2035. Y tanto los paises productores como las multinacionales energéticas dan por hecho que su futuro es muy negro y por eso diversifican sus negocios a medio plazo.

En resumen, que no todo está mal en el panorama económico mundial. El petróleo, que nos ha dado tantos “sustos” en las últimas décadas, anticipa unos años de precios bajos, con un mercado inundado de petróleo y una demanda a la baja, que “huye” del crudo. Y encima, la caída del dólar, por la loca política económica y comercial de Trump, nos ayuda también, porque necesitamos menos euros para pagar el barril en dólares. Pero no podemos confiarnos. Primero, porque en cualquier momento salta un conflicto geopolítico o aparece un nuevo problema económico y el petróleo dispara su precio. Y segundo, porque somos todavía muy dependientes del petróleo, cuyo coste es un tremendo lastre para España: cada día de 2025, hemos gastado 121,5 millones de euros en importar petróleo. Una tremenda factura que no controlamos.

martes, 15 de marzo de 2022

Gobierno no se forra con la energía, señor Feijoo

Me han soliviantado las declaraciones de ayer del líder in pectore del PP, menos de 24 horas después de mostrarse como “moderado” en La Palma, apoyando al Gobierno ante la crisis de Ucrania: “El Gobierno se forra con la subida de la luz y de los carburantes, porque la mitad del precio son impuestos”. Mentira, señor Feijoo y por partida doble. Quien se “forra” con los impuestos de la energía es el Estado, o sea todos nosotros, los ciudadanos, que nos beneficiamos de esa mayor recaudación en la sanidad, la educación, los servicios públicos y las ayudas a particulares y empresas. Y además, la recaudación extra de la energía no va solo al Presupuesto del Estado, sino que se forran también las autonomías (incluida la Xunta de Galicia del señor Feijoo). Y más que el Gobierno central: la mitad del IVA que recauda la luz y los carburantes se destina a las autonomías y también el 52% del impuesto especial de hidrocarburos que pagan los carburantes (12.400 millones este año). Así que, puestos, se “forran” más las autonomías y el señor Feijoo que Hacienda y el Gobierno Sánchez

                                                                                                           Enrique Ortega
Pero además, el señor Feijoo miente también cuando dice que si el PP estuviera en el Gobierno habría bajado ya los impuestos a la luz y a los carburantes. Primero, los impuestos a la luz ya los bajó el Gobierno Sánchez en septiembre del año pasado (el IVA del 21 al 10% y el impuesto especial de la electricidad del   al mínimo del 0,5%) y ha prorrogado ahora esta rebaja hasta el 30 de junio. Y ni estos impuestos ni los de los carburantes (por cierto, los cuartos más bajos de Europa) puede bajarlos más sin autorización de Europa. Precisamente, lo que quiere el Gobierno español es que la próxima Cumbre de Bruselas (el 24 y 25 de marzo) autorice a los paises a bajar el IVA de los carburantes (del 21 al 10%) y el impuesto especial (hasta un mínimo). El señor Feijoo podría ayudar al Gobierno y a los españoles llamando a sus colegas del PP europeo (que son mayoría en la Comisión Europea) para facilitar esta bajada: sería más útil que su demagogia.

Todo el mundo tiene prisa porque se tomen medidas para bajar el precio de la luz y los carburantes. Pero no es fácil. Primero, si se reducen ingresos públicos, habrá que ver cómo compensarlos y eso es lo que quiere debatir Hacienda con las autonomías. Segundo, implantar cheques o ayudas directas a las familias, como han hecho Francia o Irlanda, es muy complicado a nivel administrativo. Otra cosa es aumentar el bono eléctrico a los más vulnerables, como se ha hecho. Y buscar ayudas a las familias y sectores más afectados, como industrias, transporte o pesca. Pero la clave, nos guste o no, está en Bruselas y, sobre todo en cambiar el sistema de fijación de precios de la luz y poder bajar impuestos a los carburantes. Y en Europa, las cosas van lentas: habrá que esperar 10 días más.

Mientras, tenga una cosa clara, señor Feijoo: quien se está “forrando” con la energía son las eléctricas (6.534 millones de beneficios en 2021 entre Iberdrola, Endesa y Naturgy) y las petroleras (2.499 millones de beneficio tuvo Repsol). Pero de ellas no habla usted, quizás porque son poderes económicos “cercanos”. Deje de hacer demagogia populista. Y que no “calen” sus mentiras.

jueves, 4 de noviembre de 2021

Los carburantes, por las nubes

Mucho se habla de la subida de la luz pero poco de los carburantes, con precios récord desde 2013, tras subir el gasóleo y la gasolina casi el +30% este año. Se culpa al petróleo, en máximos desde 2018, pero no explica toda la subida: cuesta hoy 26 dólares menos que en 2013, cuando los carburantes valían lo que ahora. Otra parte es por la subida de impuestos (casi el 50% del precio) y el tercer culpable son los márgenes de las operadoras, que han pasado de 17 céntimos por litro a 25,2 céntimos. Un margen que incluso subió en agosto, como los carburantes, aunque bajó el petróleo. Y es  8,5 céntimos por litro mayor que en Francia, lo que permite a las petroleras ganar 3.368 millones más al año (168 euros extras por automovilista). Todo porque en el mercado de los carburantes, dominado por un oligopolio (Repsol, Cepsa, BP), falta transparencia y competencia. Lea y entienda por qué la gasolina y el gasóleo están tan caros.

Enrique Ortega

La inflación en octubre ha alcanzado un 5,5% de subida anual, la tasa más alta en España de los últimos 29 años (desde 1992). Este IPC disparado se debe a dos factores: la subida de la luz (+44% en el último año) y la subida de los carburantes (+23% anual el gasóleo y +22,1% la gasolina), según el INE. Mucho se habla de la subida disparatada de la luz y en este blog he explicado que la luz es más cara que en el resto de Europa porque pagamos costes de más, debido a un mercado poco transparente y competitivo, que permite a las eléctricas beneficios millonarios a costa de nuestro recibo. Pues bien, en los carburantes pasa algo parecido: tenemos la gasolina y gasóleo más cara que en la mayoría de Europa (sin impuestos) porque hay tres empresas (otro oligopolio) que controlan el mercado (de la refinería a la gasolinera) e imponen unos márgenes más altos, que engordan sus beneficios.

Antes de entrar a ver cómo se forman los precios, veamos dónde han llegado los precios de los carburantes, que baten récords semana a semana. Al 1 de noviembre, el precio medio de la gasolina era en España de 1,5005 euros por litro, según el Boletín Petrolero Europeo, lo que supone una subida del +27% desde primeros de año (un +8,4% desde finales de junio) y el precio más alto desde marzo de 2013. Y en el caso del gasóleo, el precio medio alcanza los 1,381 euros por litro, un 29% más que en enero (y una subida del  +10,8% sólo desde finales de junio) y el precio más alto desde diciembre de 2013.

Los carburantes también han disparado su precio en el resto de Europa, incluso más que en España: la gasolina cuesta 1,650 euros por litro en la UE-27 (+29%), siendo España el 12º país más caro del continente (menos que Francia, Italia, Alemania, Portugal, Grecia y los paises nórdicos). Y el gasóleo cuesta de media 1,507 euros por litro en la UE-27, ocupando España el puesto 16º en este ranking de precios. Pero si descontamos los impuestos (un 18/19% más bajos en España), resulta que la gasolina es más cara en España (0,771 euros/litro) que en la media europea (0,754 euros), aunque el gasóleo sin impuestos es algo más barato aquí (0,763 euros por litro frente a 0,767 euros de media en la UE-27, según el Boletín Petrolero Europeo.

Vistos los precios, ¿por qué han subido tanto los carburantes? La primera causa, de la que se habla siempre, es que se ha disparado el precio del petróleo. Concretamente, el crudo Brent cuesta hoy 82,90 dólares por barril, un 60,3% más que a principios de año (51,72 $) y un 9% más que al inicio del verano (76 dólares/barril el 2 de julio). Un precio récord que no se veía desde octubre de 2018 y que se debe al repunte del consumo tras la pandemia y a los acuerdos de la OPEP y Rusia para controlar la producción y mantener precios altos, en un camino donde algunos expertos apuestan por llegar a 100 dólares barril este invierno.

Además de subir mucho el petróleo, lo tenemos que pagar en dólares más caros para los paises que lo pagamos en euros. Así, el dólar se ha revalorizado un +5,4% frente al euro este año, con lo que hay que añadir, al +60,3% que ha subido el petróleo otro 5,4% que ha subido el dólar, lo que encarece nuestra factura petrolera casi un +66% este año.

En realidad, el precio del crudo importa mucho al explicar la subida de los carburantes, pero no es el elemento que juega en la fijación de precios: se tiene en cuenta la cotización internacional del gasóleo y la gasolina en dos mercados, Marsella (pesa el 60%) y Rotterdam (supone el otro 40%). Esta cotización, que cambia cada día, no depende sólo del petróleo sino también de la oferta y demanda de carburantes en Europa, que varía por fechas y paises, según el parque de vehículos. Y aquí España tiene un hándicap: la mayor parte de las refinerías europeas (y del mundo) producen gasolina y poco gasóleo, porque así es la demanda del parque automovilístico en Europa. Pero en España es al revés: consumimos 6 veces más gasóleo (28,5 millones de Tm en 2020) que gasolinas (4,24 millones Tm), con lo que nuestra demanda va contracorriente, busca más el carburante con menos oferta. Y por eso hay más tensión en el precio del gasóleo y lo pagamos más caro.

Una vez fijado el precio del carburante, hay que transportarlo, almacenarlo y distribuirlo. Y en este proceso, España cuenta con pocas grandes empresas (Repsol, Cepsa y BP) que tienen gran poder (un oligopolio) e imponen sus condiciones a lo largo del proceso en el que los carburantes llegan a nuestros coches y camiones. Empezando por el refino del crudo que se importa para producir carburantes no importados. En España, las 8 refinerías que hay son de Repsol (5 refinerías), Cepsa (2) y BP (1), mientras en Alemania hay 10 empresas que refinan (más competencia) y en Italia o reino Unido 7 empresas (3 en Francia). Con ello, empiezan imponiendo sus precios desde arriba y los demás mayoristas que venden carburantes tienen dos opciones: importar gasolina y gasóleo (requiere infraestructuras y financiación, tamaño) o comprárselo a “las 3 grandes”, al precio que impongan.

Siguiendo con el proceso, una vez refinado el crudo y producidos los carburantes, hay que almacenarlos. Y “las tres grandes” vuelven a controlar esta fase, porque están en el Comité de Dirección de la empresa mixta CORES, que fija las condiciones de almacenamiento y las reservas estratégicas. Y la siguiente fase, transportarlo, se hace a través de la empresa CLH (antigua CAMPSA), donde “las tres grandes” son también importantes accionistas, juez y parte a la hora de fijar las condiciones y el precio del transporte de los carburantes.

Y pasamos a la última fase, la comercialización de los carburantes en las gasolineras. Y aquí, el peso de “las tres grandes” vuelve a ser decisivo: controlan el 46,45% de las estaciones de servicio (27,37% Repsol, 12,70% CEPSA y 6,38% BP), según la CNMC (datos 2020), un porcentaje que ha bajado desde el 55,41 % de 2013, gracias a las medidas aprobadas ese año para  facilitar la entrada a operadores independientes, que ya suponen el 40,65% de las gasolineras españolas (GALP tiene otro 4,62%, DISA un 3,19% y el 5,08% restante se lo reparten otros grupos más pequeños. Este gran poder de “las tres grandes” en las gasolineras (controlan casi la mitad de las ventas) provoca una subida extra de los precios finales, según los análisis de la Comisión de la Competencia (CNMC): las abanderadas de las grandes petroleras cobran 9 céntimos más por litro que las independientes. Y encima, “pactan precios”, se ponen de acuerdo en las subidas, como ha detectado la CNMC, que les ha multado por ello varias veces desde 2009.

Y quedan los impuestos, que explican casi la mitad del precio final de los carburantes: con el precio del 1 de noviembre, el impuesto de la gasolina es 0, 728 euros por litro (el 48,5% del precio final) y en el caso del gasóleo bastante menos, 0,618 euros por litro (44,7% de impuestos). Es mucho, pero supone una carga impositiva menor a la que tienen los carburantes en Europa (pagamos -18,7% de impuestos por litro de gasolina y -16,3% en el gasóleo). Eso sí, como el precio antes de impuestos de los carburantes ha subido mucho (más del 51% este año), también han subido los impuestos que pagamos al repostar.

Ya tenemos el camino de los carburantes, del petróleo a la gasolinera y hemos visto los procesos que van engrosando el precio final. La CNMC acaba de publicar los “escandallos”, los distintos componentes del precio de los carburantes en agosto de 2021. Veamos. En la gasolina, el precio de 1,427 euros por litro se descompone en cotización internacional de los carburantes (0,454 euros, el 31,8% del precio final), los impuestos (0,721 euros, el 50,52%) y el margen bruto (0,252 euros, el 16,7% del precio final), que incluye todos los costes asociados a la distribución del carburante (descarga puerto, refinería, almacenamiento, transporte y gasolinera). En el caso del gasóleo, el “escandallo” es similar. Sobre un precio de venta de 1,274 euros/litro (agosto 2021), la cotización internacional explica el 32,96% del precio final (0,420 euros por litro), los impuestos otro 47,09% (0,600 euros/litro) y el margen bruto sube más, al 29,74% del precio final (0,379 euros por litro). O sea, que el gasóleo cuesta más en origen pero sobre todo supone un mayor margen bruto para las petroleras.

Lo más llamativo de este escandallo es que el margen bruto de las operadoras ha crecido en el último año (agosto 2021-agosto 2020) un +7,2% en el caso de las gasolinas, la tercera parte de lo que subió el precio final (+21,55%), siendo el grueso de la subida por la cotización internacional (+73,28% anual) y poco por los impuestos (+6,5%). Pero en el caso del gasóleo (recordemos que se vende 6 veces más que gasolina), el margen bruto de los operadores ha subido un +59,9% en el último año, cuando el precio final sólo subió un +19,06%, el precio internacional también menos (+56,7%) y lo mismo los impuestos (+6,2%).

Las empresas petroleras justifican esta fuerte subida de los márgenes brutos (eran 17 céntimos por litro en 2014 y superan ya los 25 céntimos por litro) en que tienen una serie de obligaciones normativas (como producir determinado porcentaje de biocarburantes o aportaciones obligatorias al Fondo Nacional de Eficiencia Energética) que explican esta subida extra del margen bruto. Pero la CNMC ha publicado estos costes normativos y dice que, aún con ellos, hay una parte del margen bruto (5,55 céntimos por litro de los 25,2/25,4 céntimos) que no está explicado, que “no se sabe de dónde viene” (sic)… Y detalla otro “caso extraño”: en agosto de 2021, el precio del petróleo bajó (-5,6%), también el precio internacional de los carburantes (-2,2/-2,5%) y sin embargo, subieron en España la gasolina (+0,8%) y el gasóleo (+0,04%)… ¿Explicación? El margen bruto  de las empresas subió en agosto: +2,02 céntimos por litro las gasolinas y 1,20 céntimos por litro el gasóleo.

El estudio de la CNMC va más allá y explica que aunque el petróleo cuesta igual para todos, lo mismo que la cotización internacional de los carburantes, los precios finales varían por paises según los impuestos y los márgenes brutos que cobran las empresas. Y el margen bruto en España, en agosto 2021, era de los más altos de Europa. Concretamente, supera a Francia en +8,2 céntimos  por litro en la gasolina y en +8,6 céntimos en el gasóleo. Eso significa que, teniendo en cuenta las ventas (5.700 millones de litros de gasolina y 33.739 millones de litros de gasóleo en 2020), las petroleras se han llevado un ingreso extra (sobre el margen de Francia) de 3.368 millones anuales, una media de 168 euros por automovilista

Los altos precios del petróleo y los carburantes están provocando que las grandes petroleras tengan beneficios récord este año: Exxon gana un 49% más,  Aramco (la mayor petrolera del mundo) un +158% y Repsol acaba de anunciar una subida de beneficios del +32% sobre 2019, antes de la pandemia. Y Cepsa aumenta su beneficio bruto otro +48%. Eso sí, a cambio, conductores y transportistas pagan mucho más caro los carburantes durante todo este año y más desde el verano. Con ello, llenar un depósito cuesta ya entre 10 euros (gasoil) y 11 euros más (gasolina) que a principios de año, lo que supone una factura adicional de más de 300 euros al año. Y encima, estos precios disparados de los carburantes están encareciendo el transporte, la agricultura y ganadería y la producción industrial, con lo que la subida se acabará trasladando a todos los precios, en especial a la alimentación, el comercio y los bienes manufacturados.

La subida de los carburantes preocupa en toda Europa y ya hay paises que han tomado medidas extraordinarias. En Francia, el Gobierno Macron ha aprobado entregar un cheque de 100 euros a 38 millones de franceses (los que ganan menos de 2.000 euros mensuales) para compensar la subida de los carburantes (y evitar otra protesta masiva como la de “los chalecos amarillos”, iniciada en 2018). Y en Portugal, el gobierno devolverá (desde el 10 de noviembre) 10 céntimos por litro de carburante comprado (hasta el 31 de marzo de 2022), con un tope de 5 euros al mes por persona. Esta nueva subvención se suma a la rebaja de impuestos a la energía aprobada el 15 de octubre y que incluía rebajar impuestos (2 céntimos por litro al gasóleo y 1 céntimo a la gasolina), mas compensaciones a las empresas de transportes de viajeros (autobuses y taxis) y ayudas fiscales a los transportistas.

En España, el Gobierno no contempla de momento ninguna medida, aunque los transportistas han pedido rebaja de impuestos a los carburantes. Ayudaría, pero ha llegado el momento de llegar al fondo del problema y actuar sobre los costes del proceso, tratando de conseguir más competencia y más transparencia en un sector (como el eléctrico) controlado por un oligopolio. Es hora de aplicar con rigor el catálogo de 30 medidas que ya propuso la CNMC en 2016 y que apenas se han desplegado: más limitaciones a las nuevas gasolineras de los grandes grupos, más facilidades a la entrada de nuevos operadores (en Francia, los híper venden el 60% de los carburantes), más gasolineras en las autopistas (donde el carburante es 9 céntimos más caro), auditorías del escandallo de costes y reducción del poder de las tres grandes en CORES y CLH. Se trata, como en la luz, de que paguemos por los carburantes lo que cuesta realmente producirlos, transportarlos y comercializarlos, desterrando los márgenes ocultos y los “pactos de precios”. Y conseguir que haya flexibilidad en los precios, que no suban cuando sube el petróleo y apenas bajen cuando se abarata. Transparencia.

jueves, 9 de mayo de 2019

La amenaza del petróleo


Éramos pocos y parió la abuela. Por si no bastara con el proteccionismo de Trump, el estancamiento de Europa, los temores sobre China y la subida de tipos, ha subido el petróleo: un +30 % desde enero. Ahora ronda los 70 dólares, pero podría subir, tras la amenaza de Trump con sanciones a 8 paises que compraban crudo a Irán. El problema de fondo es que se extrae menos petróleo (por Irán, Libia y Venezuela), la OPEP y Rusia han recortado producción y el consumo no baja, lo que sube el precio. Y eso hace peligrar la recuperación en Europa (muy floja) y en España, el país europeo más dependiente del petróleo. Estas subidas han encarecido los carburantes, entre un +11% y un +15% este año, los costes de las empresas y el déficit energético español (-25.000 millones de euros), lo que amenaza el crecimiento y el empleo. Habría que aprobar un Plan para “huir del petróleo”, en favor de otras energías, porque el petróleo es caro, muy volátil  y no lo controlamos. Es difícil, pero hay que hacerlo.


El petróleo y su precio condicionan tremendamente la economía internacional y la española. En 2008, tras la crisis financiera que estalló en EEUU, el petróleo se contagió de los temores mundiales y saltó a los 146 dólares/barril, el máximo histórico reciente, agravando la recesión. Luego, tras las medidas aplicadas para reanimar las economías, suavizó su precio, por debajo de los 80 euros en 2009 y 2010. A partir de ahí, volvió a subir, en torno a los 110 dólares entre 2011 y 2014, marcando otro máximo de 114,81 euros en junio de 2014. Y después, bajó durante año y medio, a 46,59 dólares en enero de 2015 y 27.88 euros/barril en enero de 2016, el mínimo histórico reciente. Un desplome del crudo del 75% en 18 meses, que ayudó decisivamente (junto a la bajada de tipos de interés y del euro) a consolidar la recuperación de la economía mundial y de España, no por los "éxitos" de Rajoy.

El precio del petróleo se mantuvo estable, en torno a los 50 euros, otro año y medio más, todo 2016 y la primera mitad de 2017, con un mínimo de 44,82 dólares en junio. Pero en verano de 2017, comenzó a subir y cerró el año en 66,70 dólares. Y la subida continuó todo 2018, superando en mayo pasado los 80 dólares barril y alcanzando un máximo de 85,92 dólares a principios de octubre de 2018, el precio más alto en casi tres años. Pero en el último trimestre bajó con fuerza y cerró el año 2018 con otro mínimo, en 50,49 dólares barril. Y todo este año 2019, el crudo está subiendo, hasta un nuevo máximo en abril (75,50 dólares el día 25) y un precio hoy de 70,20 dólares/barril, un 29,63% más caro que a principios de año y el precio más alto desde octubre de 2018.

Esta nueva subida de precios, la del verano-otoño de 2018 y la de 2019, tiene mucho que ver con Trump y su decisión de romper, en mayo de 2018, el acuerdo nuclear con Irán ,firmado en julio de 2015 por Obama y cuatro grandes paises más (Rusia, China, Reino Unido y Francia). El nuevo presidente de EEUU prohibió a los demás paises importar, desde noviembre de 2018, petróleo de Irán (para asfixiar su economía). Sólo permitió una excepción a 8 paises (China, Turquía, India, Japón, Corea del Sur, Italia, Grecia y Taiwán), para que importaran crudo iraní 180 días más. Y ahora, con fecha  2 de mayo, Trump acaba de poner fin a estas excepciones, con lo tampoco estos paises pueden ahora importar petróleo de Irán, que era antes de estas sanciones el 6º productor mundial de crudo. España no compra nada de petróleo iraní desde noviembre de 2018, aunque antes era nuestro 5º suministrador (le compramos 4.894.000 Tm de crudo en 2018, el 7,24% del total importado).

Estas amenazas de sanciones de Trump a quien compre petróleo iraní provocaron les fuertes subidas del crudo de 2018 y están detrás de las subidas de 2019. Y ahora, al cortarse el grifo también a grandes compradores, como China o Turquía (que amenazan con seguir comprando), se teme una subida adicional del petróleo en las próximas semanas. Y más si Irán cumple su amenaza de defenderse cortando el paso del estrecho de Ormuz, un paso de pocos kilómetros en el Golfo Pérsico por el que se exporta el 20% de todo el petróleo mundial, con una media de 14 superpetroleros atravesándolo cada día.

Al embargo petrolero a Irán (que antes exportaba 2,5 millones de barriles/día y en abril sólo 1 millón) hay que sumar otros problemas de suministro de crudo en Libia (por la guerra civil que amenaza la exportación de 1 millón de barriles/diarios) y Venezuela (el 10º productor mundial, con 1,44 millones de barriles/día, cuyas exportaciones están en peligro por el caos interno y las sanciones de Trump impuestas en abril), sin olvidar los problemas de bombeo en Angola (9º productor mundial), los conflictos en Nigeria y la guerra civil en Yemen (con terroristas pro-iraníes que amenazan las instalaciones petrolíferas de Arabia Saudí).

Junto es estos problemas geopolíticos, el mercado del petróleo se resiente de los recortes de producción acordados por los 14 paises de la OPEP y otros 10 paises productores (como Rusia, el 2º productor mundial de crudo). Primero acordaron reducir la producción en 2017 y después extendieron el recorte a 2018, para tratar de subir unos precios bajos que hundían sus economías. Y el 7 de diciembre pasado, volvieron a acordar un tercer recorte, a partir de enero de 2019, de 1,2 millones de barriles/día (800.000 la OPEP), con una Cumbre prevista el 25 de junio donde estudiarán si prorrogan el recorte hasta fin de año. Mientras, Trump presiona a Arabia Saudí (suníes) para que suban su producción y compensen así el recorte impuesto por las sanciones a su enemigo político-religioso, Irán (chiitas).

Al final, entre los embargos y los conflictos geopolíticos, la oferta real de petróleo se ha reducido y eso hace subir los precios internacionales del crudo, máxime cuando la demanda sigue fuerte, aunque se espera que se reduzca algo en 2019, por la desaceleración económica mundial. Con todo, la Agencia Internacional de la Energía espera que la demanda supere a la oferta a partir de junio y en la segunda mitad del año 2019, con lo que los expertos apuestan por un petróleo a más de 70 dólares, que podría superar los 80 y llegar incluso a 100 dólares si hay conflictos en algún país clave. Vamos, que habrá que estar pendiente del petróleo y también de la cotización del euro, porque el crudo se paga en dólares. Y si el dólar sigue subiendo, como ha pasado desde enero (se ha revalorizado un 3,5% frente al euro), pues eso encarece doblemente el petróleo que compramos.

Este encarecimiento del petróleo, en dólares y en euros, amenaza la recuperación en Europa y en España, en un mal momento de la economía internacional, por el auge del proteccionismo, el menor crecimiento del comercio mundial, el estancamiento de la zona euro (Alemania prevé crecer sólo un 0,5% este año), la crisis en algunos paises en desarrollo (Argentina, Turquía, Brasil), el temor a un menor crecimiento en China y la subida iniciada en los tipos de interés. Ahora, la puntilla del petróleo más caro va a frenar ese menor crecimiento, afectando más a Europa y a España, porque son mucho más dependientes del crudo que la mayoría del mundo. Así, la UE-28 importa el 86,7% del petróleo que consume y el 96,3% la zona euro, con porcentajes muy altos en Francia (97,5% del petróleo es importado), Alemania (96,4% e Italia (91%), con la excepción de Reino Unido (sólo importa el 33,9% del crudo), según los últimos datos de Eurostat.

España es todavía más dependiente, ya que importamos el  99,2% del petróleo que consumimos. Y además, lo compramos en paises con muchos riesgos geopolíticos: las 67.586.000 toneladas de petróleo compradas en 2018 vinieron de Nigeria (14,02%), México (13,88%), Arabia Saudita (11,08%), Libia (8,09%), Irán (7,24%), Irak (6,92%), Brasil (6,85%), Angola (3,81%) o Rusia (1,50%), según la estadística de CORES. La factura petrolera es muy importante para España, ya que supone el 75% del déficit comercial español. Es una tremenda hipoteca que, según el precio del crudo, dificulta más o menos la marcha de la economía, gobierne quien gobierne. En 2008, el déficit energético (importaciones-exportaciones) alcanzó un récord de -47-768 millones de euros, que se mantuvo alto entre 2012 (-45.041 millones) y 2013 (-40.983 millones), para ayudar mucho a la recuperación, sobre todo en 2015 (-25.844 millones de déficit energético) y 2016 (-20.136 millones) para subir en 2017 (-24.671) y sobre todo en 2018 (-25.132 millones de déficit energético). Y volverá a subir este año, lo que nos empobrecerá como país.

Esta es la factura “grande”, pero luego cada empresa tiene la suya y al subir el coste del petróleo suben también el gas y las demás energías, incluida la electricidad, que ya es la 2ª más cara de Europa para las familias y la 4ª más cara para las empresas. Y estos mayores costes se acaban trasladando a los precios de casi todo, en especial de los viajes, los transportes, la alimentación y los servicios, lo que hace perder poder adquisitivo a los salarios y las pensiones. Y las familias lo notan mucho en el precio de la luz y los carburantes.

La subida del petróleo ya ha encarecido el gasóleo un +11,35% entre enero y el 6 de mayo (1,258 €/litro)  y la gasolina súper (1,358 €/litro) un +15,17%, según el Weekly Oil Bulletin de la UE, unas subidas mayores a las de la UE-28 (+7,4% el gasóleo y +11,7% la gasolina súper). Pero los precios en la gasolinera “camuflan” la subida real de los carburantes por el petróleo, ya que más de la mitad del precio final son impuestos. Si los descontamos y miramos la subida de los carburantes sin impuestos, resulta que el diesel (0,660 €/litro sin impuestos) ha subido en España un +19% (y es el 10º más caro sin impuestos de la UE) y la gasolina (0,649 €/litro  sin impuestos) ha subido un +29,45% (y es la 4ª más cara sin impuestos, tras Suecia, Dinamarca y Grecia). Subidas que también son mucho mayores a las subidas medias de los carburantes la UE-28: un +13,37% ha subido el diesel sin impuestos en Europa y un +25,7% la gasolina súper sin impuestos, según el boletín petrolero de la UE. Y el riesgo es que los carburantes sigan subiendo hasta el verano.

Al final, la subida del petróleo no sólo nos quita dinero del bolsillo sino que afecta a la marcha de toda la economía, porque reduce el consumo de las familias y aumenta los costes de las empresas, con lo que frena el crecimiento, la inversión y el empleo. O sea, que el petróleo es una amenaza seria para la recuperación, lo que preocupa doblemente porque los otros vientos de fuera (crecimiento, comercio mundial, zona euro, tipos) soplan también de frente. Y en este caso, España y el resto de Europa poco pueden hacer porque las grandes decisiones que afectan al precio del crudo se toman lejos y por otros.

Pero lo que sí podemos hacer, España y el resto de Europa, es aprovechar este nuevo “susto” del petróleo para decir ¡basta¡ y “huir del crudo lo más posible, no sólo porque condiciona demasiado nuestra economía y nuestro bolsillo sino porque es uno de los principales responsables del Cambio Climático que pone en peligro el Planeta. Es hora de que el futuro Gobierno y toda la sociedad apoyen un Plan de reducción del consumo de petróleo a medio plazo, para reducir el consumo de crudo en la industria, los transportes, las viviendas y los vehículos, dentro de un Plan más global contra el Cambio climático. Urge plantear objetivos y conseguir recursos para ayudar a las empresas y familias a reducir el consumo de petróleo y su sustitución por energías limpias y renovables, con más independencia de suministro y sin sobresaltos en los precios. Costará hacerlo, pero hay que hacerlo.