El estudio
revela que la IA puede aumentar la productividad de las
empresas, mejorar los servicios públicos y generar oportunidades de empleo
cualificado, aunque también reconoce que puede intensificar las
desigualdades entre trabajadores y empresas. Y, sobre todo, el gran
temor que acarrea la IA es que suponga pérdida
de empleos, como se ha visto recientemente en Microsoft, Amazon y
Telefónica (el
ERE se ha justificado por la IA). De hecho, un
estudio del FMI (2024) revelaba que el 40% de los empleos del mundo
(1.320 millones) se verán afectados por la IA, perdiéndose
algunos y modificándose otros. Y
otro estudio de 2025, del World Economic Forum, vaticina que se perderán
92 millones de empleos en esta década por la IA, aunque también se
crearán 170 millones de empleos, lo que dará un aumento del empleo neto de
78 millones para 2030.
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lunes, 11 de mayo de 2026
Despidos "justificados" por la Inteligencia Artificial
En los cuatro primeros meses de 2026, las grandes
tecnológicas (Amazon, Meta, Oracle, Microsoft y Dell) han despedido a
92.272 trabajadores, justificándolo por la aplicación de la Inteligencia
Artificial (IA). Y también ha pasado en España (Amazon o Telefónica),
donde están cayendo los empleos tecnológicos desde septiembre de 2024
(-48.900 empleos), acogiéndose a la implantación de la IA, una “excusa”
para ajustar plantillas con menos coste, según denuncian los sindicatos.
La realidad es que 1 de cada 5 empresas españolas utilizan ya la
Inteligencia Artificial, lo que pone en peligro muchos empleos: un reciente
estudio revela que 1 de cada 5 empleos (entre el 18 y el 22%) están ya expuestos
a la inteligencia artificial en España, más entre las mujeres y trabajos
como la información, la informática y consultoría, telecomunicaciones, comercio
y turismo, logística y transporte, inmobiliarias, administrativos y finanzas y
seguros. Frente a este riesgo laboral por la IA (sea “excusa” o “realidad”)
sólo queda destinar más recursos públicos y privados a formarse
mejor. Ya. Europa está retrasada en la carrera por la
IA, tanto en tecnología como en inversiones, pero los europeos y las
empresas se están subiendo al tren de la IA, aunque lo conduzcan los
gigantes estadounidenses y chinos. Así, en 2025, 1 de cada 3 europeos de
16 a 74 años (el 32,7%) utilizó herramientas de IA generativa, según
los datos de Eurostat. La mayoría los utilizó para fines personales (el
25,1%), aunque también para trabajar (15,1%) y para formarse (el 9,4% para su
educación). El mayor uso de la IA se dio en los paises nórdicos y centro
Europa (56,3% en Noruega, 48,4% de la población en Dinamarca, 47% en Suiza,
46,6% en Estonia, 46,3% en Finlandia,44,9% en Irlanda, 44,7% en Paises Bajos, 42%
en Suecia y Bélgica). España se sitúa en el puesto 16º, con un
37,9% de adultos que la han utilizado, por delante de Francia (37,5%), Alemania
(32,3%) e Italia (19,9%).
En cuanto a las empresas, 1 de cada 5 empresas europeas
(20%) con más de 10 empleados utilizaron tecnologías de IA para sus
negocios en 2025, según
Eurostat, lo que supone un gran salto: en 2021 utilizaban esta tecnología
el 7,7%, el 8,1% en 2023 y el 13,5% en 2024. Otra vez, los paises con más
empresas utilizando la IA son los nórdicos y centro Europa: Dinamarca (42% de
las empresas), Finlandia (37,8%), Suecia (35%), Bélgica (34,5%), Luxemburgo
(33,61%), Paises Bajos (33,21%), Austria (29,95%), Noruega (28,89%) y Alemania
(25,97%). España (con el 20,7% de empresas utilizando la IA) ocupa el
puesto 13º en este ranking empresarial, por delante de Irlanda (19,64%),
Francia (18,16%) e Italia (16,40%).
En España, la utilización de Inteligencia
Artificial (IA) dio un enorme salto en 2025, sobre todo en las grandes
empresas, como Amadeus, Indra, Telefónica o Grifols, que están
desplegando la IA en procesos críticos. De momento, la IA afecta ya a 1
de cada 5 empleos en España (entre el 18 y el 22%), según
un reciente estudio de la Universidad Politécnica de Valencia. Su mayor o
menor utilización depende de sectores y territorios: se utiliza más en
servicios avanzados, comercio, educación, sanidad e información y comunicación,
especialmente en Madrid y Barcelona (21,5%), siendo baja la exposición en
Castilla y León, Castilla la Mancha y Aragón, por el mayor peso de la
agricultura, la construcción y la industria tradicional. Y están más
“expuestos” a la IA los empleos femeninos, porque se concentran en
sectores con más uso de la IA (educación, sanidad, servicios administrativos,
comercio y actividades sociales).
Pero la pérdida de empleo por la IA ya está
aquí y se ha agravado en 2026, especialmente en EEUU. Así, entre enero
y abril de 2026, varios gigantes tecnológicos han
anunciado 92.272 despidos en todo el mundo (básicamente en USA), “justificándolos”
por la aplicación de la Inteligencia Artificial: Oracle (30.000 despidos, el
19% de su plantilla), Amazon (28.000 despidos, el 2% de su plantilla mundial),
Dell (11.000 despidos, el 10% de sus empleados), Microsoft (8.750 despidos, el
7% de su plantilla USA), Meta (8.000 despidos, el 10% de su plantilla), Block
(4.000 despidos, el 40% de la plantilla), Nordea (1.500 despidos, el 5% de su
plantilla), Snap (1.000 despidos, el 16% empleados), Majorel (769 despidos, el
60% del personal), Pinterest (700 despidos, el 16% plantilla)… Y algunos de
estos “ajustes” afectan
a España, como los de Amazon (791 despidos aquí) o la
consultora tecnológica Inetum, que ha despedido a 400 empleados en
España (5% plantilla), que se suman al último ERE de Telefónica, en
noviembre pasado (4.772 despidos, el 35% de la plantilla).
Ha habido más despidos en otras grandes empresas este año
(ver
listado), pero las señaladas son las que han
justificado sus ajustes por la introducción de la IA, aunque los
sindicatos denuncian que en muchos casos se ha utilizado como “excusa” para
recortar plantillas y trasladar servicios (como Call Centers) a India o Bangladesh.
De entrada, los
más afectados por estos despidos han sido empleados con tareas
administrativas, traductores, programadores y consultores, más empleos de
atención a proveedores y clientes, periodistas y, en general, “trabajos en
oficina ante un ordenador”.
Muchos expertos dudan de que la IA sea capaz de aportar tanta
productividad como para prescindir de tantos empleos y creen que se trata
de una “excusa” para reducir costes y aumentar beneficios. Y sobre todo, para
poder seguir invirtiendo en IA: sólo en el primer trimestre de 2026
(mientras despedían), los 4 gigantes tecnológicos (Amazon, Alphabet, Microsoft
y Beta) han invertido
130.625 millones de dólares en proyectos de IA (Centros de datos, chips e
investigación), una cifra mensual que supera la inversión de todo el Proyecto
Manhattan ( 1ª bomba atómica). Y se estima que estos 4 grandes inviertan
715.000 millones de dólares en IA en 2026, casi el doble que en todo 2025
(375.000 millones de dólares). Por eso necesitan ajustar al máximo plantillas y
costes, así como conseguir capital e inversiones.
Mientras los despidos “por la IA” se generalizan en EEUU,
en España también asistimos a una pérdida de empleo en el sector tecnológico, según
revela este estudio de UGT: desde septiembre de 2024 hasta marzo de 2026 (último
año y medio), el empleo “tecnológico” ha caído en España en 48.900 ocupados,
una reducción del 4,5% frente al 2,15% que creció el empleo total en ese tiempo
(+470.000 empleos). Esta caída contrasta con el impulso al empleo tecnológico
en España entre 2020 (menos de 800.000 empleos de este tipo) y 2024
(1.096.700 empleos tecnológicos), un empleo que se ha reducido después, hasta
los 1.047.800 empleos tecnológicos registrados en marzo de 2026 (-48.900).
En el primer trimestre de 2026, el último dato de la EPA, el
empleo tecnológico ha seguido cayendo, sobre todo en programación,
consultoría y otras actividades relacionadas con la informática (512.100
empleados, 23.400 menos que a finales de 2025), telecomunicaciones (113.100 empleos, 11.800 menos) y en servicios
de información, que incluye procesado de datos y portales web (17.000
ocupados, 8.600 menos que a finales de 2025). Sólo creció ligeramente el empleo
en este primer trimestre en los servicios de arquitectura e ingeniería, ensayos
y análisis técnicos (313.600 ocupados, +7.400 que en 2025) y en investigación y
desarrollo (92.000 ocupados, +1.400 que a finales 2025).
Estos despidos “tecnológicos” se
han justificado, según los sindicatos, en la incorporación de la
Inteligencia Artificial (IA) y han afectado sobre todo a empresas de
telecomunicaciones, Call Centers y consultoras, empujadas por el uso creciente
del vibe
coding (creación de software conversando con una IA). La patronal del
sector tecnológico cree que esta
caída del empleo señalada por la EPA es sólo un “ajuste cíclico” tras años de
fuerte creación de empleo y se agarran a los datos de afiliación a la Seguridad
Social de marzo, que reflejan un aumento de 21.595 afiliados en actividades tecnológicas en el último año (+3,48%), aunque han caído los asalariados “tecnológicos”
y han subido los autónomos. Pero los
sindicatos replican que los despidos están ahí y que las empresas
utilizan la IA como “excusa” para despedir barato: al ser despidos por
causas tecnológicas, la indemnización baja a 20 días por año (con límite 12
meses), frente a los 33 días (y 24 meses de límite) por despido improcedente.
Además, los despidos “por la IA”
se utilizan como “una perversa señal de prestigio” para
las empresas que los hacen, según
denuncia UGT.
Para España, es clave que este empleo tecnológico se
recupere y aumente, porque sirve para acompañar la modernización de la economía
y para conseguir aumentar la productividad, una de nuestras asignaturas pendientes.
Y aunque este empleo tecnológico se ha doblado desde 2015, España ocupa
todavía el puesto 20ª en Europa (éramos el 21º en 2015) en el ranking
de paises con más especialistas tecnológicos: un 4,7% del empleo frente al 5%
de media en la UE-27 o el 5,4% en Francia, según
el informe de UGT. Y son muy minoritarios (el 11,9%) los trabajos
con alta intensidad de tareas tecnológicas, estando a la cola en la
OCDE y muy lejos del porcentaje de trabajos muy tecnológicos en Paises Bajos
(24,5%), Suecia (23,5%), EEUU (22%), Finlandia (20%), Francia (17%), Alemania
(15,5%) o la media de la UE-27 (14,8%). Además, los trabajadores
tecnológicos (TIC) tienen más paro en España (hay 54.000 parados con
formación en nuevas tecnologías), una tasa del 9,9% frente al 6,5% en la UE-27.
Y por último, los
salarios de los trabajadores tecnológicos (TIC) en España son un 38%
más bajos que en la UE-27, un 71% inferiores a los franceses y un 75% menores a
los alemanes.
La conclusión es que España, aunque ha avanzado
mucho en empleos tecnológicos (los ha duplicado entre 2015 y 2025), todavía
tiene que dar un gran empujón y volver a doblarlos para 2030, lo que
supone crear
otro millón de empleos tecnológicos, la décima parte de los 10 millones
de empleos tecnológicos en Europa que se plantea como objetivo la Comisión
Europea. Eso supone hacer un inmenso esfuerzo en la formación de
los jóvenes (aumentando los que cursan carreras
STEM) y en el reciclaje de los trabajadores (aumentando la escasa
inversión empresarial en la formación de sus plantillas), para afrontar los
retos de las nuevas tecnologías y en especial la Inteligencia Artificial,
que va
a trastocar 1 de cada 5 empleos.
Todos los expertos y organismos internacionales coinciden
en que la IA va a revolucionar los empleos, suprimiendo algunos (como está
pasando), modificando otros y creando otros nuevos que ahora ni se intuyen. La
Organización Internacional del Trabajo (OIT)
propone una mejora de las habilidades y la formación y un aumento de
la protección laboral y social, a la vez que se protege a los trabajadores de
los algoritmos injustos. El World
Economic Forum insiste en que
los paises inviertan más en conseguir una mano de obra adaptable y
capacitada a las nuevas tecnologías, creando nuevos itinerarios docentes y
formativos. Otros
expertos hacen hincapié en que paises y empresas multipliquen sus inversiones
en capital humano (no sólo en la IA y en Centros de Datos), para re-cualificar
a los trabajadores (Paises Bajos ha destinado a formación gran parte de
los Fondos europeos recibidos). Y sobre todo, los Gobiernos deben intentar
reducir las brechas de empleo y desigualdad
(por sexo, edad, formación, sector, tamaño de empresa y región) que provocará
la Inteligencia Artificial.
En resumen, la Inteligencia Artificial es la nueva
panacea de la economía y muchos apuestan por su futuro, invirtiendo cifras
billonarias que hacen temer otra crisis bursátil. Pero la
IA ha venido para quedarse y puede suponer un salto económico
para el mundo, como lo fue la electricidad , los ordenadores o Internet.
Pero una innovación así, además de mejorar la productividad, tiene
también costes, en particular el
empleo de mucha gente que puede quedar fuera. España no puede
perder este tren de la IA, como tampoco Europa, pero aplicándola de una forma
proporcionada, sostenible y justa.
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lunes, 29 de diciembre de 2025
España no pierde el tren de la IA
La Inteligencia Artificial (IA) avanza imparable, con
1,5 billones de inversión, sobre todo en USA y China, alimentando una “burbuja”
bursátil que se teme estalle en 2026. Europa está muy rezagada
en tecnología e inversiones, pero 1 de cada 3 europeos utilizan ya las
herramientas de IA, que aplican en sus negocios 1 de cada 5 empresas
europeas. España no ha perdido este tren tecnológico e
incluso usan la IA más empresas que en Francia, Italia o Irlanda, más las grandes
empresas y poco las pymes. Y somos uno de los tres paises europeos, con
Alemania y Polonia, con 2 centros de supercomputación para desarrollar la IA,
al amparo de una Estrategia Nacional que gasta fondos europeos. El temor
es la pérdida de empleos que acarrea la IA, como se ha visto en Microsoft,
Amazon y Telefónica. Por eso, los sindicatos piden negociar su
aplicación en las empresas y que la IA pague impuestos para compensar cotizaciones
e ingresos perdidos. Y más formación, para no quedarse fuera.
La Inteligencia Artificial (IA) sacude los mercados y es un imán para los inversores, llevando al máximo a las Bolsas. Este año 2025, el gasto mundial en IA supondrá ya 1,5 billones de dólares, según la consultora Gartner, frente a los 987.904 millones invertidos en 2024. Y apuestan por que se superarán los 2 billones de dólares de inversión en 2026, sobre todo en EEUU y en China, impulsada por la integración de esta tecnología en dispositivos como teléfonos inteligentes, ordenadores y tablets, así como en la necesaria infraestructura de Centros de Datos (CPDs). Sólo las grandes tecnológicas USA tienen previsto invertir en partidas relacionadas con la IA cerca de 3 billones de dólares hasta 2030, nada menos que el 10% del PIB estadounidense. Una cifra que marea y que está creando una “burbuja inversora” que podría estallar si los beneficios no llegan pronto. Europa está retrasada en esta carrera por la IA, tanto en tecnología como en inversiones, pero los europeos y las empresas se están subiendo al tren de la IA, aunque lo conduzcan los gigantes estadounidenses y chinos. Así, en 2025, 1 de cada 3 europeos de 16 a 74 años (el 32,7%) utilizó herramientas de IA generativa, según los datos recientes de Eurostat. La mayoría los utilizó para fines personales (el 25,1%), aunque también para trabajar (15,1%) y para formarse (el 9,4% para su educación). El mayor uso de la IA se dio en los paises nórdicos y centro Europa (56,3% en Noruega, 48,4% en Dinamarca, 47% en Suiza, 46,6% en Estonia, 46,3% en Finlandia,44,9% en Irlanda, 44,7% en Paises Bajos, 42% en Suecia y Bélgica). España se sitúa en el puesto 16º, con un 37,9% de adultos que la han utilizado, por delante de Francia (37,5%), Alemania (32,3%) e Italia (19,9%).
En cuanto a las empresas, 1 de cada 5 empresas europeas
(20%) con más de 10 empleados utilizaron tecnologías de IA para sus
negocios en 2025, según
Eurostat, lo que supone un gran salto: en 2021 utilizaban esta tecnología
el 7,7$, el 8,1% en 2023 y el 13,5% en 2024. Otra vez, los paises con más
empresas utilizando la IA son los nórdicos y centro Europa: Dinamarca (42% de
las empresas), Finlandia (37,8%), Suecia (35%), Bélgica (34,5%), Luxemburgo
(33,61%), Paises Bajos (33,21%), Austria (29,95%), Noruega (28,89%) y Alemania
(25,97%). España (con el 20,7% de empresas utilizando la IA) ocupa el
puesto 13º en este ranking empresarial, por delante de Irlanda (19,64%),
Francia (18,16%) e Italia (16,40%).
El uso empresarial más común de la IA es para
analizar el lenguaje escrito (11,8% empresas), seguido de su utilización
para generar imágenes y vídeos (9,5%), para generar lenguaje escrito o
hablado (8,8%) y para convertir el lenguaje hablado en formato legible para una
máquina (7,2%), según
Eurostat. Los sectores que más lo están utilizando son las
empresas de información y comunicación y los servicios profesionales y
científicos, sobre todo en las empresas europeas grandes (el 55,3% utilizan la
IA) y menos en las medianas (el 30,6%) y en las pequeñas (usan la IA sólo el
17%). Y su utilización es básicamente para tareas de marketing y ventas
(34,7%) y para organización de procesos o gestión (31,05%), destinándose
sólo un 6,08% para tareas logísticas.
En España, la utilización de Inteligencia Artificial
(IA) ha dado un enorme salto en 2025, sobre todo en las grandes empresas,
como Amadeus, Indra, Telefónica o Grifols, que están desplegando la IA en
procesos críticos. De momento, la IA afecta ya a 2 de cada 10 empleos en
España (entre el 18 y el 22%), según
un reciente estudio de la Universidad Politécnica de Valencia. Su mayor o
menor utilización depende de sectores y territorios: se utiliza más en
servicios avanzados, comercio, educación, sanidad e información y comunicación,
especialmente en Madrid y Barcelona (21,5%), siendo baja la exposición en Castilla
y León, Castilla la Mancha y Aragón, por el mayor peso de la agricultura, la construcción
y la industria tradicional. Y están más “expuestos” a la IA los empleos
femeninos, porque se concentran en sectores con más uso de la IA
(educación, sanidad, servicios administrativos, comercio y actividades
sociales).
El estudio
revela que la IA puede aumentar la productividad de las
empresas, mejorar los servicios públicos y generar oportunidades de empleo
cualificado, aunque también reconoce que puede intensificar las
desigualdades entre trabajadores y empresas. Y, sobre todo, el gran
temor que acarrea la IA es que suponga pérdida
de empleos, como se ha visto recientemente en Microsoft, Amazon y
Telefónica (el
ERE se ha justificado por la IA). De hecho, un
estudio del FMI (2024) revelaba que el 40% de los empleos del mundo
(1.320 millones) se verán afectados por la IA, perdiéndose
algunos y modificándose otros. Y
otro estudio de 2025, del World Economic Forum, vaticina que se perderán
92 millones de empleos en esta década por la IA, aunque también se crearán
170 millones de empleos, lo que dará un aumento del empleo neto de 78 millones para
2030.
La pérdida o ganancia de empleo va a depender del tipo de
empresas y empleos que tenga cada país y de las políticas de formación y
reciclaje que se apliquen. En España, un
estudio de Randstad (febrero 2024) estimó el coste laboral de la IA en
una década (2023-2033): se perderán 2 millones de empleos (casi el
10%) y se crearán 1,61 millones de empleos nuevos, con un saldo neto de 390.000
empleos perdidos. Profundizando más,
el informe de Randstad refleja que el 9,8% de los empleos actuales (2
millones) corren el riesgo de ser automatizados, mientras otro 15,9% de
empleos (3,25 millones) se mantendrán (aumentando su productividad,) y la
mayoría (el 74,3% restante, 15,19 millones de empleos) no tendrán cambios
significativos por la aplicación de la IA.
El informe concreta los
sectores que se verán más afectados negativamente por la IA:
el comercio (perderá 158.415 empleos netos), las actividades
administrativas (-147.915 empleos netos), hostelería (-112.770) y transporte
y almacenamiento (-47.490), teniendo un menor impacto negativo la
agricultura, ganadería y pesca, industria y construcción. Y los sectores más beneficiados por la IA
en España, que ganarán empleo neto, serán la programación y consultoría
(+76.364 empleos netos), actividades científicas y técnicas (+48.816), telecomunicaciones
(+8.995), medios y publicaciones (+3.576) . Mientras, la IA aumentará
la productividad del 15,9% de empleos, sobre todo en programación y
consultoría (mejorará el rendimiento del 40% de los empleos), los seguros (37%
empleos) y finanzas (36%), medios y publicaciones (33%), actividades
científicas y técnicas (27%) y telecos (subirá productividad 25% empleos).
El problema es que la IA va muy rápido y los
trabajadores tienen menos tiempo para adaptarse que en las revoluciones
tecnológicas anteriores, según otro
estudio de la consultora Oliver Wyman. Lo que parece claro, añaden, es que
la Inteligencia Artificial (IA) “cambiará el papel de los trabajadores”:
serán “un complemento” de los ordenadores y robots en la gestión de
equipos, transmisión de mensajes y gestión de las emociones, desempeñando un
papel más “humano y asistencial”. Parece claro que las máquinas necesitarán al
hombre para ser “inteligentes” y que el trabajador seguirá siendo clave en las
empresas, pero en muchos casos su papel cambiará radicalmente y en otros serán
suplantados por la IA.
De momento, los ajustes laborales en España por la IA
van despacio: el 89,66% de las empresas confirman que la IA no ha
tenido ningún impacto significativo en la contratación de nuevos trabajadores
ni en el despido de los actuales, según
un reciente informe de Adecco e Infoempleo. Pero revela dos cuestiones
preocupantes. Una, que el 67,19% de las empresas encuestadas reconocen
“no estar preparadas para la IA” (aunque el 53,1% “están en ello”).
Y la otra, que 9 de cada 10 trabajadores dicen “no han recibido
formación sobre el uso de la IA” (aunque al 69,32% “les gustaría”). Y
sólo 1 de cada 4 parados reconoce que ha utilizado la IA para buscar trabajo.
En general, las empresas españolas que utilizan la IA lo
hacen para automatizar tareas administrativas (47,8%), para automatizar
la atención al cliente (34,7%), para analizar datos (34,7%), automatizar
procesos productivos (28,2%), hacer control de calidad (10,8%) y
para selección de personal (el 2,17%).
Aunque las empresas y los europeos usan cada vez más la IA, queda
mucho por hacer para no perder el tren de EEUU y China. De hecho, la
Comisión Europea ha aprobado una Estrategia
de digitalización cuyo objetivo es que el 75% de las empresas
europeas utilicen la IA en 2030 (ahora son el 20% de las empresas
europeas, según Eurostat). Un salto enorme que exigirá inversiones en
tecnología, aplicaciones y formación, cuestiones incluidas en las ayudas del
Fondo de Recuperación “Next Generation”.
En el caso de España, en diciembre de 2020 se aprobó la
Estrategia Nacional de IA (ENIA), un Plan para destinar 600
millones de fondos europeos a proyectos de Inteligencia Artificial. Y en 2024,
se añadieron 1.500 millones más (de Fondos UE) para potenciar los Centros de
computación españoles. España ha sido el primer país en crear una oficina
para garantizar el uso ético de la IA (en
septiembre de 2023, en A Coruña), además de dedicar 10 millones de euros a
la creación de un modelo de IA en español, catalán, vasco, gallego, así
como la creación de un “chatbot” interno para la Agencia Tributaria (para
automatizar la atención al cliente) y un sistema de consulta en el Sistema Nacional
de Salud para el diagnóstico precoz de insuficiencias cardiacas. Y somos
uno de los 3 paises europeos (con Alemania y Polonia) en contar con dos
grandes Centros de Supercomputación: el MareNostrum de Barcelona
(uno de los 15 centros europeos elegidos por la Comisión Europea para el
desarrollo de la IA) y la Factoría de IA que acogerá Santiago para la innovación
en salud.
Todo indica que España no está perdiendo el tren de la
Inteligencia Artificial y que incluso somos un país “proactivo”,
que cuenta con 2.800
empresas nacidas para desarrollar esta
tecnología, que emplean ya a 100.000 trabajadores especializados.
España cuenta además con dos ventajas estratégicas de partida, debido a
su extensa red de fibra óptica de banda ancha (la
tercera del mundo, tras Corea y Japón, superior a la de Francia, Alemania y
Reino Unido juntos) y 5G, además de contar con la electricidad más barata de
Europa, clave para la instalación aquí de Centros de Datos (CPDs),
que ya
están proliferando. Pero falta avanzar en dos cuestiones básicas:
la penetración de la IA en las pymes y realizar un
gran esfuerzo en formación de gestores y trabajadores.
Pero el reto merece la pena porque España es un país de
servicios, un sector donde la aplicación de la IA supondrá
una mejora de productividad, que debería traducirse en un mayor
crecimiento y mejores salarios. Pero la IA tiene dos consecuencias negativas
que hay que anticipar y minimizar: su coste
medioambiental (los CPDs, que se van a multiplicar, consumen mucha
electricidad y agua) y su coste
laboral: es evidente que muchos de los empleos actuales van a
desaparecer por culpa de la IA, aunque se creen otros. Y eso obliga a
contemplar políticas de reciclaje y ayudas públicas a los futuros parados.
Por eso, los sindicatos piden participar en el
proceso de integración de la Inteligencia Artificial en las empresas, para que
se tenga en cuenta su coste laboral y social, por lo que exigen que su introducción
se negocie en las empresas. La propia Confederación
Internacional de Sindicatos (CSI) acaba de denunciar que la IA se
está aplicando sin consultar a los trabajadores y socavando derechos laborales
(horarios, salarios y despidos), exagerando en muchos casos las ganancias de
productividad y creando tremendas desigualdades entre trabajadores y paises. En
España, los
sindicatos reclaman participar en la introducción de la IA en las
empresas a través de la negociación colectiva, en los convenios.
Otros expertos alertan de que la IA va a exigir un alto
volumen de ayudas a los que se queden fuera (incluso se habla de un
ingreso mínimo vital para compensarles) y un enorme gasto en
formación y reciclaje, que los Estados van a tener que abordar. Y además, si
se reduce el empleo por máquinas, se reducirán también los ingresos por
cotizaciones e impuestos, mientras aumenta el gasto público en ayudas y
formación. Por eso proponen cobrar
impuestos a la IA, a través de un aumento de los impuestos al
capital, reducidos en las últimas décadas: el impuesto de sociedades
ha pasado en la OCDE del 33% (año 2000) al 25% actual, mientras la fiscalidad sobre el trabajo (cotizaciones más IRPF) apenas bajó (del 36,2% al 34,9%). A lo
claro: se ha incentivado a las empresas para que inviertan más en
automatización que en empleo. Y con la IA, se agudiza esta tendencia.
En resumen, la Inteligencia Artificial es la nueva
panacea de la economía y muchos apuestan por su futuro, invirtiendo cifras
billonarias que hacen temer otra crisis bursátil. Pero la
IA ha venido para quedarse y puede suponer un salto económico
para el mundo, como lo fue la electricidad , los ordenadores o Internet.
Pero una innovación así, además de mejorar la productividad, tiene
también costes, en particular el
empleo de mucha gente que puede quedar fuera. España no puede perder
este tren de la IA, como tampoco Europa, pero aplicándola de una forma proporcionada,
sostenible y justa.
La Inteligencia Artificial (IA) sacude los mercados y es un imán para los inversores, llevando al máximo a las Bolsas. Este año 2025, el gasto mundial en IA supondrá ya 1,5 billones de dólares, según la consultora Gartner, frente a los 987.904 millones invertidos en 2024. Y apuestan por que se superarán los 2 billones de dólares de inversión en 2026, sobre todo en EEUU y en China, impulsada por la integración de esta tecnología en dispositivos como teléfonos inteligentes, ordenadores y tablets, así como en la necesaria infraestructura de Centros de Datos (CPDs). Sólo las grandes tecnológicas USA tienen previsto invertir en partidas relacionadas con la IA cerca de 3 billones de dólares hasta 2030, nada menos que el 10% del PIB estadounidense. Una cifra que marea y que está creando una “burbuja inversora” que podría estallar si los beneficios no llegan pronto. Europa está retrasada en esta carrera por la IA, tanto en tecnología como en inversiones, pero los europeos y las empresas se están subiendo al tren de la IA, aunque lo conduzcan los gigantes estadounidenses y chinos. Así, en 2025, 1 de cada 3 europeos de 16 a 74 años (el 32,7%) utilizó herramientas de IA generativa, según los datos recientes de Eurostat. La mayoría los utilizó para fines personales (el 25,1%), aunque también para trabajar (15,1%) y para formarse (el 9,4% para su educación). El mayor uso de la IA se dio en los paises nórdicos y centro Europa (56,3% en Noruega, 48,4% en Dinamarca, 47% en Suiza, 46,6% en Estonia, 46,3% en Finlandia,44,9% en Irlanda, 44,7% en Paises Bajos, 42% en Suecia y Bélgica). España se sitúa en el puesto 16º, con un 37,9% de adultos que la han utilizado, por delante de Francia (37,5%), Alemania (32,3%) e Italia (19,9%).
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lunes, 13 de enero de 2025
Telecos: subida de tarifas y muchos cambios
Hoy 13 de enero, Movistar sube sus tarifas, después
de subirlas Vodafone el día 1 y antes de que suba MasOrange el 27
de enero. Es el 11º año consecutivo en que las telecos nos suben las tarifas
de móvil, Internet y TV de pago, +41,2% de media, casi el doble que la
inflación y los salarios. A la vez, las telecos siguen enzarzadas en su “guerra
de tarifas”, con ofertas hasta de 15 euros mensuales para los que
cambien de compañía. Con ello, sus ingresos se han estancado y
les resulta difícil afrontar nuevas inversiones en redes y telefonía,
obligándoles a reducir plantillas (5.600 despidos en 2024), buscar
nuevos ingresos (alarmas, energía, seguros, banca) y fusionarse: en
2024, MásMóvil absorbió a Orange y creó la 1ª teleco de España,
adelantando a Movistar. Además, los saudíes entraron como tercer
accionista de Telefónica y Vodafone cambió de dueño. Las
“movidas” empresariales seguirán, como las subidas y la “guerra de tarifas”,
ahora por el fútbol y la TV, que es donde ingresan más. Enrique Ortega
Otro año más, las telecos suben las tarifas de móviles, internet y TV de pago. Empezó Vodafone, subiéndolas el 1 de enero un +3% (menos que el +4,38% de 2024), justificándolo por la subida de la inflación. Es el tercer año que Vodafone aplica su cláusula de “revisión automática anual” de tarifas conforme al IPC, introducida en sus contratos en 2022.Ahora, la subida media es de 1,5 euros al mes por cliente, aunque será mayor en los contratos de fibra y móvil (+2,5 euros mensuales) y menor en contratos de sólo móvil (+0,6 euros). Y como contrapartida, ofrecen regalos y rebajas en suscripciones de antivirus y plataformas.
Movistar
sube este 13 de enero sus
tarifas, desde 0,10 céntimos (Mi Movistar base) a 3,10 euros (Mi Movistar Max)
y hasta 4 euros el paquete de TV. Además, Movistar también sube sus
tarifas de fútbol a los bares y locales de ocio. Y justifica
estas subidas (algo mayores que en 2024, cuando subió de 1 a 3 euros mensuales)
en “el aumento generalizado de costes” que ha tenido, especialmente de los
proveedores de TV (Netflix subió sus tarifas en octubre y también han subido el
resto de plataformas). Eso sí, Movistar da opción a sus clientes de darse de
baja sin penalización, mientras Vodafone establece que los clientes con permanencia
deben pagar una penalización si se dan de baja por estas subidas.
Los clientes de MasOrange, la compañía líder tras la
fusión de MásMóvil y Orange (operativa desde abril), también tendrán una subida
de tarifas, a partir del 27 de enero. Los paquetes convergentes Love,
de fibra, móvil y TV, suben entre 2 euros mensuales (los más básicos) y
6 euros (los que incluyen TV y fútbol), mientras su marca Simyo sube entre
2 y 3 euros sus paquetes convergentes. En contrapartida, MasOrange duplicará la
velocidad de la fibra más baja (de 300 a 600 Mbps) e incorporará en todos los
contratos el servicio de ciberseguridad que ofrece el grupo. Las restantes
telecos, como Digi, Avatel, Finetwork o Adamo no se suman a esta subida
anual de las grandes telecos y seguirán con sus ofertas “low cost”.
2025 será el
11º año consecutivo en que las telecos suben las tarifas de
móvil, Internet y TV. Empezaron en 2015, tras las fuertes bajadas hechas
entre 2009 y 2014, tras la liberalización de las telecomunicaciones. En estos
11 años (contando la subida de 2025), las telecos han subido sus tarifas
mensuales entre 30 y 44 euros de media, con lo que ahora pagamos entre
360 y 528 euros más al año por estar conectados, aunque no nos demos cuenta
porque han sido muchas pequeñas subidas consecutivas (hasta hace poco, dos al
año). En conjunto, las tarifas de móviles, Internet y TV han subido una media
del +41,2% en estos 11 años, casi el doble de lo que han subido los
precios (+26,3%Y y los salarios (+20%).
Lo peor no es que llevemos 11 años pagando más por
utilizar los móviles e Internet, sino que los usuarios sufrimos una
política de tarifas “de locos”,
que perjudica a los clientes antiguos
“fieles” en beneficio de los clientes nuevos, que consiguen mejores tarifas
de entrada al cambiarse de compañía. Lo que sucede desde 2015 es que los clientes antiguos sufren subidas
anuales (+41,2% en 11 años), mientras las mismas telecos se dedican a lanzar
“ofertas low cost” a través de
segundas marcas, con las que “tiran precios” para conseguir nuevos clientes y sustituir a los
cientos de miles que les roban cada año las nuevas telecos. Y así pagamos 85 euros al mes por un paquete
de móvil, Internet y TV (más de 100 euros con fútbol), mientras esa misma
teleco (a través de sus marcas low cost: O2, Lowi, Simyo) ofrece por 38 euros (y menos) un servicio básico de móvil e
internet. Y mientras, hay compañías que “rompen el mercado”, como la rumana Digi,
que sacó en octubre un
Plan de fibra y móvil a 15 euros mensuales (y luego un Plan TV, con
100 canales) a 7 euros más al mes…
Esta “locura de tarifas” y las “ofertas”
habituales en Navidad o verano (que complican aún más el mercado) son
fruto de la tremenda competencia entre las telecos, tanto entre las tres
grandes (MasOrange, Movistar y Vodafone) como entre
ellas y las nuevas operadoras (Digi, Avatel, Finetwork o Adamo), que no
tienen casi red y alquilan las redes de las grandes telecos para competir con
ellas, aprovechando que tienen menos inversiones, costes y personal. Eso
provoca cada año una
espectacular “fuga” de clientes, de las grandes telecos a las pequeñas,
las llamadas “operadoras móviles virtuales”.
En 2023,
Vodafone perdió 598.000 clientes, Movistar otros 273.000 y Orange 176.000 más,
ganándolos MásMóvil (+57.000) y sobre todo Digi (+598.000 clientes). En
2024, las cifras provisionales señalan que “la fuga” se ha
intensificado: Vodafone cedió 518.000 líneas (414.000 contratos de
móvil y 104.000 de banda ancha, Internet), MasOrange perdió 490.000 clientes
(439.000 líneas de móvil y 51.000 contratos de Internet) y Movistar sólo
perdió 82.000 clientes (-122.000 en Internet pero +40.000 contratos de
móviles). Y la gran ganadora fue la teleco rumana Digi: ganó
cerca de 1 millón de clientes (+737.000 contratos de móvil, donde opera
a través de la red de Movistar, con quien renovó contrato por otros 16 años, y +183.000
contratos de banda ancha fija, donde tiene una red propia).
Además de perder clientes, la otra consecuencia negativa
de la “guerra de tarifas” para las grandes telecos es que sus ingresos se
estancan. Los datos son muy explícitos: los ingresos totales se han “estancado”
entre 2017 (34.097 millones de euros) y 2023 (34.631 millones, según la Comisión de
Competencia (CNMC). Y si vemos sólo los ingresos minoristas (de los
clientes particulares), los ingresos percibidos por las telecos han caído, de
25.122 millones en 2017 a 24.336 millones en 2023. Y en 2024, los
ingresos minoristas de las telecos volvieron a caer en el segundo trimestre
(5.509 millones, -2,4%) y en el 3º (5.525 millones, 0,6% sobre 2023), según
los datos de la CNMC.
Y las telecos, con esta caída de ingresos (tremenda en el
negocio minorista), han tenido que afrontar enormes inversiones en redes
de telefonía (5G) y fibra, que han soportado endeudándose. Pero el
estancamiento de la facturación (y su caída “real”, contando la inflación) les
ha obligado a buscar otras vías de salida:
reducir plantillas, vender activos,
buscar nuevos negocios y, al final, fusionarse o vender la empresa para
sobrevivir.
Las telecos son y han sido una fuente de despidos:
sólo en
2024, redujeron sus plantillas en 5.600
empleados: 3.420 salieron de Telefónica, 900 en Vodafone (que hizo el
5º ERE en 11 años, tras la venta a Zegona), 650 personas en MasOrange (tras la
fusión) y otros 674 trabajadores despedidos en Avatel, la 5ª teleco. Pero estos
5.600 empleos suprimidos en 2024 se inscriben en los despidos hechos en la última década, unos
15.000. Y en total, desde la liberalización de 1997, se estima que las
telecos han perdido 60.000 empleos.
La 2ª vía de “escape” a la caída de ingresos es vender
lo que pueden, desde torres de telefonía a redes, además de firmar acuerdos
con telecos competidoras para compartir redes o fibra. La tercera vía ha sido diversificar,
meterse
en nuevos negocios para “sacarles más partido” a sus 54 millones
de clientes: venderles alarmas, energía (luz y gas), seguros de
salud, banca y créditos.
Y la cuarta vía son las ventas y fusiones, con importantes
operaciones cerradas en 2024. La más importante, la
fusión de Orange y MásMóvil (que la absorbió), dando lugar a MasOrange.
La operación se anunció en julio de 2022, pero se ha retrasado mucho por el
permiso de Bruselas, que no
llegó (condicionado) hasta el 20 de febrero de 2024. Y tras la autorización
del Gobierno español (12 de marzo), las dos compañías empezaron a operar
como una sola, MasOrange, el
1 de abril de 2024, consolidándose como la 1ª teleco española, adelantando
a Movistar, con más de 30 millones de clientes (30 millones de líneas móviles,
más de 7 millones de clientes de Internet y más de 2 millones de clientes de TV
de pago. Y un 43% del mercado, frente al 28% de Movistar y el 22%
de Vodafone.
La otra gran operación de 2024 ha sido la venta de
Vodafone a Zegona, un fondo de inversión británico, que compró
en octubre de 2023 el 100% de Vodafone España por 5.000 millones de euros. Otra
operación que se ha retrasado por la autorización de Bruselas, la CNMC y el
Gobierno español, que la
autorizó el 14 de mayo de 2024. Desde el 1 de junio, los ejecutivos
de Zegona gestionan formalmente Vodafone España, imponiendo nuevos despidos (un
ERE a 900 empleados, el 27% de la plantilla) y poniendo en marcha una
agresiva política de tarifas y promociones, que ha frenado pero no impedido
la fuga de clientes.
En 2024 se ha cerrado también la entrada en Telefónica de
la operadora saudí STC (controlada por el Fondo soberano PIF) , anunciada
en septiembre de 2023. Antes de autorizar esta entrada extranjera en
una empresa estratégica, el Gobierno aprobó (diciembre 2023) la
compra del 10% de Telefónica por la SEPI (la empresa pública que
controla las participaciones estatales en empresas privadas), que ha
costado unos 2.000 millones de euros. En paralelo, el 2º accionista de Telefónica,
Criteria CaixaBank, ha
aumentado su participación, del 6,03 al 9,99%, al que se suma el
4,83% del BBVA para asegurar mayoría española (24,82%). Y así, el 28 de
noviembre pasado, el
Gobierno autorizó a la saudí STC a tomar el 9,97% del capital de
Telefónica (ampliando el 4,4% que tiene ahora), lo que la convertirá en el
tercer mayor accionista de Telefónica, con un
puesto en el Consejo.
Con todas estas “movidas”, el sector ha sufrido en 2024 un
gran cambio empresarial, con un
nuevo liderazgo, de MasOrange (MásMóvil, el 4º operador de 2023 es ahora
el 1º), otro intento de “salvar Vodafone España” (tras varios cambios de
gestión y tentativas de venta) y un nuevo rumbo para Telefónica, que ya
no lidera en España y tiene que buscar su hueco en Europa y el mundo, evitando
que su bajísimo precio en Bolsa (cotiza a 3,90
euros por acción, frente a los 30 euros de principios de siglo) le haga presa
fácil de otra OPA (su valor total es bajo: 22.600 millones de euros). Y
luego está la carrera imparable de la
rumana Digi, que opera desde 2008 y que cerró 2024 con 8 millones de
clientes (la tercera parte que Movistar) y una gestión muy agresiva, aunque le
cueste bajos beneficios y un alto endeudamiento.
Y detrás le siguen otros operadores virtuales, con
cuentas complicadas pero que crecen a costa de arriesgadas ofertas “low
cost”. Avatel, la 5ª mayor operadora,
fundada hace 13 años por un pequeño
operador de la Costa del Sol y que ha crecido absorbiendo 155 pequeñas
operadoras regionales, con 1,43 millones de clientes (760.000 de Internet
y 670.000 de móviles). O Finetwork,
la 6ª mayor, propiedad en un 50% de un empresario de Elda (Alicante), que cerró
2024 con 1,3 millones de clientes (1 millón de móviles y 330.000 de Internet), coincidiendo
con el
cese de su consejero delegado. Y Adamo (200.000 clientes), controlada
por el fondo francés Ardian, especializada en instalar fibra en zonas rurales.
Un mercado, las telecos, que sobrevuelan los
fondos de inversión, buscando entrar y salir a corto plazo y conseguir
plusvalías. Y un mercado donde van
a seguir las fusiones, en España y a nivel europeo, porque no salen
las cuentas si las telecos no ganan tamaño y clientes. De hecho, las empresas
se quejan de que hay
98 empresas de telecomunicaciones en Europa, mientras en EEUU, China
y Japón sólo hay 3 grandes, por lo que Deutsche Telecom, líder europea,
tiene 40 millones de clientes, frente a 114 millones Verizon en USA y 900
millones China Mobile. Por eso, piden a la Comisión que facilite las
fusiones europeas y a los Gobiernos que no favorezcan la entrada de nuevos
operadores y limiten la competencia “desleal”.
Pero la “guerra de tarifas” va a seguir.
Incluso las grandes telecos hacen polémicas ofertas “low cost”: en diciembre, Movistar quiso “robar clientes” a Vodafone
ofreciéndoles (sólo a ellos) una tarifa de “todo fútbol” por 44,90 euros, 90
euros menos de lo que costaba al resto (incluidos sus clientes). Ahora,
con ofertas de Internet y móvil a 15 euros, la
gran batalla comercial está en la TV de pago y el fútbol: los
operadores han visto que los usuarios cada vez gastan menos en móvil e Internet,
por lo que los paquetes cuádruples (fijo, móvil internet fijo y móvil) cuestan una
media de 42,10 euros al mes, el precio más bajo desde 2015. Pero con TV de pago
(series, cine y fútbol), el precio medio de los paquetes “quíntuples” es ahora
de 80,3 euros, la tarifa más alta por estos servicios desde 2022, según
la CNMC. Porque dos de cada tres
internautas utilizan plataformas de TV de pago Ahí está el negocio.
Otro año más, las telecos suben las tarifas de móviles, internet y TV de pago. Empezó Vodafone, subiéndolas el 1 de enero un +3% (menos que el +4,38% de 2024), justificándolo por la subida de la inflación. Es el tercer año que Vodafone aplica su cláusula de “revisión automática anual” de tarifas conforme al IPC, introducida en sus contratos en 2022.Ahora, la subida media es de 1,5 euros al mes por cliente, aunque será mayor en los contratos de fibra y móvil (+2,5 euros mensuales) y menor en contratos de sólo móvil (+0,6 euros). Y como contrapartida, ofrecen regalos y rebajas en suscripciones de antivirus y plataformas.
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lunes, 15 de enero de 2024
Subida telecos y pelea por Telefónica
Movistar sube hoy
sus tarifas de móviles e internet, como hizo Vodafone el 1 de enero y harán después los demás. Es el 10º año consecutivo de subida de tarifas,
entre 28 y 40 euros al mes desde 2015, un aumento (+38%) muy superior al del IPC y los sueldos. Mientras, las telecos tienen “una gran movida” en
España: esperan que Bruselas autorice la
fusión de Orange y MásMóvil (anunciada hace año y medio), un fondo británico
es el nuevo dueño de Vodafone y un Fondo saudí se ha convertido (sin
previo aviso) en el primer accionista de
Telefónica, la empresa que controla las comunicaciones de nuestras Fuerzas
armadas y de seguridad. Por eso, el Gobierno ha reaccionado,
aprobando la entrada del Estado en
Telefónica (10%) y promoviendo un frente de accionistas españoles (con BBVA
y la Caixa), para salvaguardar una empresa estratégica, como hicieron Alemania, Francia
o Italia, accionistas de sus grandes telecos. Son “movidas” que revolucionan el sector, aunque las subidas de tarifas
seguirán. Enrique Ortega
Otro año más, nos suben las tarifas del móvil, internet y TV de pago. Hoy 15 de enero, Movistar aplica la subida a sus 22,8 millones: entre 1 y 3 euros más al mes, según tarifas (y un 1 euro adicional en los contratos con TV de pago). Una subida media del +3,1%, inferior a la aplicada a principios de 2023 (entre 6 y 13 euros, un +6,18%). Como ya ocurrió en la subida de 2023, en esta de 2024 no hay una mejora de servicios, no se amplía a cambio ni la velocidad de conexión ni los datos. Y se justifica por el aumento de la inflación y costes. Otra teleco, Vodafone, ya subió el 1 de enero las tarifas a sus 11 millones de clientes: entre 0,70 y 4,30 euros más al mes, una subida media del +4,38% (inferior al 8,1% que subió Vodafone sus tarifas en 2023). Mientras, Orange no ha anunciado una nueva subida, aunque ya el año pasado se desmarcó y aumentó sus precios en marzo de 2023, dos meses después que Movistar y Vodafone. Y además, está pendiente de que Bruselas apruebe su fusión con MásMóvil, que en 2023 no subió tarifas (aunque sí las subió a finales de 2022 al 20% de sus clientes). Y Digi no va a subir tarifas este año, como tampoco lo hizo en 2023.
Otro año más, nos suben las tarifas del móvil, internet y TV de pago. Hoy 15 de enero, Movistar aplica la subida a sus 22,8 millones: entre 1 y 3 euros más al mes, según tarifas (y un 1 euro adicional en los contratos con TV de pago). Una subida media del +3,1%, inferior a la aplicada a principios de 2023 (entre 6 y 13 euros, un +6,18%). Como ya ocurrió en la subida de 2023, en esta de 2024 no hay una mejora de servicios, no se amplía a cambio ni la velocidad de conexión ni los datos. Y se justifica por el aumento de la inflación y costes. Otra teleco, Vodafone, ya subió el 1 de enero las tarifas a sus 11 millones de clientes: entre 0,70 y 4,30 euros más al mes, una subida media del +4,38% (inferior al 8,1% que subió Vodafone sus tarifas en 2023). Mientras, Orange no ha anunciado una nueva subida, aunque ya el año pasado se desmarcó y aumentó sus precios en marzo de 2023, dos meses después que Movistar y Vodafone. Y además, está pendiente de que Bruselas apruebe su fusión con MásMóvil, que en 2023 no subió tarifas (aunque sí las subió a finales de 2022 al 20% de sus clientes). Y Digi no va a subir tarifas este año, como tampoco lo hizo en 2023.
La subida de este año 2024 es la 2ª que no se justifica por una mejora de servicios (“más
por mas”: más velocidad o más datos), como tampoco la de 2023, sino por
la subida costes de las operadoras. Vodafone
ya cambió
sus contratos en 2022 para introducir una clausula de
revisión automática anual de tarifas, según la subida del IPC entre
octubre del año anterior y septiembre de cada año. Y también Movistar ha incluido una clausula para subir las tarifas por tres
posibles motivos: subida del IPC, cambios normativos o aumento de costes del
servicio (energía, licencias, impuestos). Eso sí, Movistar da la opción a sus
clientes de darse de baja sin penalización, mientras Vodafone establece que los
clientes con permanencia deben pagar una penalización si se dan de baja.
Con estas subidas de enero, es ya el 10º año consecutivo en que las telecos nos suben el precio del
servicio. Las
subidas empezaron en 2015, tras las fuertes bajadas de precios
hechas entre 2009 y 2014, en medio de una batalla salvaje por el recién liberalizado
mercado de las telecomunicaciones. En estos 10 años, las tarifas de las telecos por los servicios de móvil e Internet
(más TV de pago) han subido entre 28 y
40 euros al mes desde 2015, lo que supone que ahora pagamos entre 336 y 480
euros más al año, lo que significa que pagamos
casi el doble por estar conectados, aunque no nos demos cuenta
porque han sido muchas pequeñas subidas consecutivas. Una subida media global
del +38,1% desde 2015, muy superior a lo que ha subido la inflación
en estos años (+23%)
y mucho más de lo que han subido los
salarios (+16,86
subieron los convenios).
Lo peor no es que
llevemos 10 años pagando más por utilizar los móviles e Internet, sino que los usuarios sufrimos una
política de tarifas “de locos”,
que perjudica a los clientes antiguos “fieles”
en beneficio de los clientes nuevos, que consiguen mejores tarifas de
entrada al cambiarse de compañía. Lo que sucede desde 2015 es que los clientes antiguos sufren subidas
anuales (+38,1% en 10 años), mientras las mismas telecos se dedican a lanzar
“ofertas low cost” a través de
segundas marcas, con las que “tiran precios” para conseguir nuevos clientes y sustituir a los
cientos de miles que les roban cada año las nuevas telecos. Un “doble rasero”
que ya hemos visto en las aseguradoras:
subidas anuales a los clientes antiguos y ofertas a mitad de precio a los
clientes nuevos. Y así pagamos 85 euros
al mes por un paquete de móvil e Internet (y más de 100 euros con fútbol),
mientras esa misma teleco (a través de sus marcas low cost: O2, Lowi, Simyo) ofrece por 38 euros (y menos incluso)
un servicio básico de móvil e internet…
Esta locura de tarifas (y las “ofertas”
por Navidad o verano, que complican aún más el mercado) es fruto de la tremenda
competencia entre las
telecos, tanto entre las cuatro grandes (Movistar,
Orange, Vodafone y MásMóvil) como entre ellas y las nuevas operadoras
(Digi, Finetwork, Avatel o Adamo), que no tienen casi red y alquilan las de las
grandes telecos para competir con ellos, aprovechando que tienen menos costes e
inversiones. Esto provoca una espectacular “fuga de clientes” entre las
telecos: en 2021,
las tres grandes (Movistar, Orange y Vodafone) perdieron 1,5 millones de clientes y en
2022 perdieron otro millón, según los datos de la CNMC), en beneficio
de Más Móvil y Digi. Y en 2023, los
datos provisionales indican que Vodafone
perdió 598.000 clientes, Movistar
otros 273.000 y Orange 176.000, ganándolos
MásMóvil
(+57.000) y sobre todo la rumana Digi
(+598.000 clientes), que ya supera los 6,1 millones de clientes.
Esta guerra de tarifas y la fuga constante de clientes ha
hundido las cuentas de las principales telecos en España: las compañías tienen más clientes (varios contratos por persona), cada vez más
conectados, pero ingresan menos
que hace una década: la facturación
del sector se ha reducido un -25%, cayendo
de un máximo de 44.080 millones en 2008 a 32.693 millones en 2021. Ingresan menos por cliente, porque las tarifas reales de móviles (por la
guerra del “low cost”) han caído un -32%
desde 2008, según la CNMC. En 2022, las telecos congelaron sus ingresos por
servicios minoristas, que sólo crecieron un 0,96%. Y en 2023, las tres grandes telecos (Movistar, Orange y Vodafone)
ingresaron en España 15.734 millones de euros, de enero a septiembre, sólo
un 0,2% más que en ese periodo
de 2022 (MásMóvil facturó un 3% más y Digi un +30,5%), según la CNMC. Como
además de ingresar lo mismo, tienen que invertir en redes, sus
beneficios se resienten: Telefónica ganó 2.011 millones (-40%), Orange
1.111 millones (-4%), Vodafone 947 millones (-1,1%) y MásMóvil 1.199 millones
(+26%).
Con estas cuentas tan
deterioradas, no sorprende que las
telecos necesiten subir cada año las tarifas a sus clientes. Además, han
buscado otras vías para ajustar sus cuentas. La primera vía, recortar
plantillas año tras año, en
perjuicio de la atención a los clientes: desde 2002 a 2021, las telecos que
operan en España han recortado 38.252 empleos, un 46% de las plantillas. Y no
paran. En enero de 2024, Telefónica ha pactado con los sindicatos un
ERE para despedir a 3.421 empleados mayores de 56 años, el 21% de la
plantilla (tras haber salido 11.000 empleados desde 2015). Y se teme que los
cambios accionariales en Vodafone España traigan más despidos este año a su plantilla
(4.000 trabajadores), lo mismo que a Orange y MásMóvil tras la fusión. La 2ª
vía para ajustar cuentas ha sido la
venta de activos, desde redes y clientes a torres de telefonía. La
tercera vía, diversificar
y meterse en nuevos negocios, para aprovechar sus 54 millones de
clientes, a los que intentan vender alarmas, energía, seguros de salud,
banca y créditos. Y la cuarta vía son las fusiones, intentar “ganar
tamaño” para conseguir “economías de escala” (más ingresos y menos costes).
Las telecos españolas llevan años quejándose
de que en Europa hay demasiada competencia, porque los Gobiernos han fomentado la entrada de nuevos operadores (sin
red ni inversiones), para forzar a la
baja los precios. Y denuncian también que hay demasiados
operadores: Europa
tiene 98 empresas de telecomunicaciones, mientras EEUU tiene solo 3 grandes (Verizon, T-Mobile y ATT), igual que China (China Mobile, China Unicom y
China Telecom) y Japón (Softbank,
NTT y KDDI). Y este enorme tamaño de norteamericanos y asiáticos (Verizon tiene
114 millones de clientes y China Mobile 900 millones frente a 40 millones de clientes
Deutsche Telecom, la teleco líder en Europa) es lo que les permite ingresar
más, invertir más, ofrecer más servicios y competir mejor con Europa. Y encima,
en España hay 8 operadores de
telecomunicaciones, frente a tres o
cuatro en los principales paises europeos.
Por todo ello, las telecos
que operan en España llevan años defendiendo
las fusiones, mientras la Comisión Europea no las apoya. En
2016, bloqueó
la venta de la filial británica de Telefónica, O2, a la china Hutchinson Whampoa.
Y ahora, la Comisión Europea está retrasando
la autorización de la fusión de Orange y MásMóvil, anunciada
en julio de 2022 y pendiente de que Bruselas se pronuncie en febrero, tras
varias dilaciones y exigencias. Esta fusión
Orange-MásMóvil creará la primera teleco en España, con 31 millones de clientes (el 43% del
mercado, por delante del 28% de Movistar y el 22% de Vodafone).
Mientras el sector espera la luz verde a esta fusión, este
mes de enero se ha concretado otro cambio
importante en Vodafone España, la 3ª mayor operadora (fruto de la compra de
Airtel en el año 2000 y de Ono en 2014): ha tomado las riendas de la gestión su
nuevo propietario, el fondo británico
Zegona, que compró en octubre el 100% de Vodafone España por 5.000
millones, una operación pendiente de aprobar por el Gobierno, la CNMC y
Bruselas. Al ser Zegona un fondo de
inversión y no una teleco, algunos expertos temen que utilice su control
para desmantelar Vodafone (vendiendo redes y clientes), mientras los sindicatos
temen más despidos. Y los
nuevos gestores anticipan que van a utilizar su marca low cost, Lowi, para
promover una política de tarifas más
agresiva y recuperar clientes.
En medio de la “movida” por la fusión de Orange y MásMóvil
y el cambio de propietario en
Vodafone España, el sector se ha visto impactado por otra compra, la que anunció el 5 de septiembre la teleco saudí STC (controlada por PIF, el Fondo soberano de
Arabia Saudí): había comprado
(por sorpresa, sin avisar antes) el 4,9%
del capital de Telefónica y
tenía intención de comprar otro 5%,
para convertirse en el primer accionista
de la compañía. Esta compra hizo saltar todas las alarmas,
en Telefónica y en el Gobierno Sánchez.
Primero, porque ya había
un precedente “poco edificante”: otro fondo de los Emiratos Árabes
Unidos (EAU), Etisalat,
compró entre 2022 y 2023 un 14,6% de la multinacional Vodafone, con la
intención de controlar el 25%. Y en octubre de 2023, decidió vender la filial
Vodafone España al fondo de inversión Zegona. Y segundo y más importante,
porque Telefónica es la compañía que
presta
servicios estratégicos de comunicaciones a las Fuerzas de Seguridad y las Fuerzas Armadas españolas, que
ahora controlaría un fondo soberano saudí. No por casualidad, es Defensa
quien tiene que autorizar la 2ª compra de STC, el 5% pendiente.
El Gobierno Sánchez decidió apostar por el carácter
estratégico de Telefónica y aprobó en Consejo de Ministros, el 19
de diciembre de 2023, la
compra del 10% de Telefónica por la SEPI (la empresa pública que controla las participaciones del
Estado en empresas públicas como Correos, Navantia, Mercasa, Hispasat o
Tragsa y en empresas privadas como Indra, Red Eléctrica, Enagás o Iberia), con
lo que el Estado
se convertirá en el primer accionista de Telefónica. Algo que, a
pesar de las críticas del PP, sucede ya en otros paises europeos,
cuyos Gobiernos
controlan su principal teleco,
por motivos estratégicos: el estado alemán posee el 13,8% de Deutsche Telecom, el francés
controla el 13,4% de Orange y el
gobierno italiano aprobó en agosto aumentar al 20% el control público en Telecom Italia. Además, el Gobierno promueve un frente de accionistas españoles en Telefónica, sumando al 10% de
la SEPI el 6,03% de la Caixa y Criteria y el 4,87% que tiene el BBVA. En total
un 20,9% de capital español, frente
al 9,9% de STC (si se autoriza el 5% pendiente), más las participaciones de fondos extranjeros (4,48% de Black Rock, 3,14% de Vanguard Group y 1,95% de Norges Bank).
Este mes de enero,
el Gobierno y la SEPI contratarán a un banco para organizar
la compra de ese 10% de Telefónica entre inversores y Bolsa, que hoy costaría 2.136 millones (la acción cotiza a 3,71 euros), algo más de lo que les costó a los saudíes
(2.000 millones, porque la acción de Telefónica estaba en agosto a 3,68 euros). Y a partir de ahí, el Estado y los inversores españoles
pasarán a controlar la gestión de Telefónica, al cumplir 100 años de crearse, el 19 de abril de 1924, durante la dictadura de
Primo de Rivera y controlada por la norteamericana ITT. En 1945, Franco
nacionalizó Telefónica, que se privatiza después, entre 1995 (Felipe González vende un
10,7%) y 1997, cuando Aznar privatiza el 20,96% restante y pone al frente a
directivos afines (Villalonga, Alierta), iniciándose su internacionalización, con 315
millones de clientes en 20 paises.
Como se ve, el sector de las telecos está en medio de “una gran movida” accionarial y de poder,
con los Gobiernos europeos intentando promover una independencia estratégica
frente a fondos especulativos y multinacionales extranjeras. Todo apunta a que habrá
más fusiones y menos empresas ofreciendo servicios, lo que puede ser
bueno para competir pero malo
para los usuarios: tendremos
menos operadores, más fuertes, que impondrán tarifas y condiciones, como se
ha visto con los bancos, las petroleras y las eléctricas. Es lo que viene. Y pagaremos
lo que nos cobren, porque no podemos vivir sin estar conectados. Cueste
lo que cueste.
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