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jueves, 8 de enero de 2026

Más control de Bizum y tarjetas

Desde el 1 de enero, Hacienda obliga a los bancos a enviarle un listado mensual de los movimientos de Bizum que hagan profesionales y empresas (no los particulares), para controlar pagos que pretendan evadir al Fisco. Y también están obligados a informar de las tarjetas de crédito cuyos movimientos superen los 25.000 euros anuales, para cotejarlas con los ingresos que declaran sus propietarios. Se trata de medidas para controlar mejor los pagos que se hacen por Bizum y tarjetas, que se han multiplicado en los últimos años frente a los pagos en efectivo y las transferencias. Entre tanto, los bancos de España y otros 15 paises trabajan para crear un Bizum europeo que empezaría a funcionar entre verano y Navidad de este año 2026, revolucionando los pagos internacionales. Y el BCE trabaja en crear el “euro digital”, que será realidad a partir de 2029, mientras China opera con el yuan digital desde 2020 y USA apuesta por las criptomonedas. Entre tanto, los pagos en metálico pierden peso.

                               Enrique Ortega

La forma de comprar y pagar ha cambiado radicalmente, más en los últimos 5 años que en los 50 años anteriores, según VISA, con un mayor protagonismo de los pagos digitales (sin movimiento de efectivo), que se han duplicado desde 2022. Y la consultora PwC prevé que para 2030, los pagos electrónicos se tripliquen en el mundo, hasta superar los 3 millones de operaciones. En España, sólo el 57% de los consumidores siguen usando el dinero en efectivo para pagar sus compras, mientras un 27% utiliza sus tarjetas y un 15% paga con sus móviles, según un reciente informe del Banco de España e Ipsos. Y respecto a los pagos entre particulares, el 57% se hacen en efectivo, pero un 37% se hacen ya por Bizum, un 2% por transferencia bancaria y un 1% por otros medios de pago.

El uso de dinero en efectivo es cada vez menor entre los más jóvenes y es todavía mayoritario entre los mayores de 45 años, según el Banco de España. Así, los jóvenes de 18 a 24 años pagan mayoritariamente por móvil (39% compras), seguido del pago en efectivo (32%) y con tarjeta (28%), mientras los mayores de 45 años pagan mayoritariamente en efectivo (el 58% entre 45 y 54 años, el 66% entre 55 y 64 años y el 79% los mayores de 65 años), seguido de los pagos con tarjeta (del 32 al 19%) y con poco peso de los pagos por móvil (del 10 al 2%). Pagan más en efectivo los hombres (61% compras) que las mujeres (54%) y los que tienen menos estudios (77% de las compras entre los que tienen sólo estudios básicos, 53% con estudios medios y sólo el 39% de las compras quienes tienen estudios superiores).

Con todo, los españoles somos los europeos que más preferimos pagar con dinero en efectivo, un 26,40% (30,2% los jóvenes), frente al 21,90% de preferencia en todos los paises de la zona euro, aportando menos por los pagos con tarjeta (el 48,79% en España frente al 54,82% en la zona euro) y con un porcentaje similar entre los que no tienen preferencia por ninguno de estos dos sistemas de pago (23,51% en España frente al 22,85% en la zona euro), según el informe SPACE del BCE, que también revela que dos tercios de españoles (63%) y europeos consideran importante mantener el efectivo como medio de pago en el futuro.

La realidad es que se imponen los pagos digitales, sobre todo por tarjeta y móvil, mientras bajan los pagos en efectivo. Los datos revelan un salto tremendo en el número de tarjetas en circulación, que ya rondan los 100 millones en España. Las tarjetas de crédito han pasado de 16,06 millones en el año 2000 a 44,82 millones en 2008 y un máximo de 52,35 millones en 2017, para bajar después a 37,25 millones en 2019 y 43,10 millones en 2024, según el Banco de España. Y las tarjetas de débito han pasado de 29,74 millones en el año 2000 a 31,57 millones en 2008, 48,35 millones en 2019 y 51,42 millones en 2024. En conjunto, había 94,52 millones de tarjetas en 2024 y 95,43 millones en septiembre de 2025, casi 2 tarjetas por habitante (y casi 3 tarjetas por adulto).

En contrapartida, los españoles utilizamos menos el cajero y sacamos menos dinero en efectivo, según los datos del Banco de España: en el año 2002, se hicieron 899 millones de  operaciones en cajeros, por un importe de 82.024 millones de euros, un importe que marcó un máximo en 2019 (125.188 millones retirados en 908 millones de operaciones) para estancarse después en 127.485 millones retirados en 2024 (en 683 millones de operaciones). En contrapartida, los pagos con tarjeta en comercios (a través de TPV) se han disparado en este siglo, según el Banco de España: de los 46.828 millones pagados por TPV en 2002 (en 991 millones de operaciones) se pasó a 94.414 millones pagados en 2008, a 161.343 millones pagados en 2019 (en 4,536 millones de operaciones) y 271.528 millones pagados por TPV en 2024 (en 9.208 millones de operaciones). Así que los pagos por tarjeta (o móvil) se han triplicado desde 2008, mientras las operaciones se cuadruplicaron. Y este año 2025, ya se han pagado en TPV de comercios  210.700 millones de enero a septiembre, otro récord.

Y queda hablar de otro sistema de pago electrónico que bate todos los récords: el pago por Bizum: se lanzó en 2016 y ya tiene casi 30 millones de usuarios en España, que han realizado  4.210 millones de operaciones. Es el sistema de pago que más utilizan el 80% de los jóvenes y se puede pagar con Bizum en 90.000 comercios españoles.

El auge de los pagos digitales por tarjeta, móvil o Bizum preocupa a Hacienda, porque puede ser una vía de pagos que esconden ingresos y evaden impuestos, básicamente el IVA. Por eso, el Gobierno aprobó el 1 de abril de 2025 el Real Decreto 253/2025 (BOE 2 abril) por el que se modifican las obligaciones de información de los bancos sobre tarjetas y Bizum de sus clientes, un cambio que ha entrado en vigor el 1 de enero de 2026.

La nueva norma tiene dos partes. Una afecta a las operaciones hechas a través de Bizum: se obliga a los bancos a informar mensualmente a la Agencia Tributaria de la facturación acumulada  cada mes y realizada a través de Bizum por empresarios y profesionales. Así, en febrero, los bancos deberán informar ya de las operaciones realizadas este mes de enero de 2026, detallando el importe mensual facturado (no operación a operación) e identificando la cuenta bancaria a través de la que se efectuaron los pagos. Ante los bulos de que el Fisco iba a controlar todos los Bizum, Hacienda ha publicado una nota donde aclara que los bancos no deben informar de los Bizum entre particulares, sólo los de profesionales y empresas. Se pretende así evitar que un fontanero, por ejemplo, cobre un servicio por Bizum y trate así de esconder este ingreso (y el IVA).

La otra parte de la norma afecta a las tarjetas de crédito y débito: se obliga ahora a los bancos a informar anualmente a Hacienda sobre todas las tarjetas cuyos movimientos superen los 25.000 euros al año, ya sea en gasto total (suma de pagos en comercio o retirada de efectivo) o en abonos totales (dinero recibido en la tarjeta por devoluciones y cargos). Así, Hacienda controlará a los que gasten más de esos 25.000 euros al año, porque el banco estará obligado a informar de que es el titular de esa tarjeta y del gasto que ha realizado. El objetivo no es recaudar por este gasto, sino tener el dato para contrastarlo con los ingresos declarados. Así, si alguien gasta mucho más de lo que dice ingresar, el dato le salta a Hacienda y puede investigarlo fiscalmente.

Aunque el Decreto habla sólo de tarjetas y cobros profesionales a través de Bizum, hay que recordar que sigue vigente otro control, el de transferencias: los bancos deben reportar movimientos sospechosos o superiores a 10.000 euros y préstamos superiores a 6.000 euros (según el modificado artículo 38 del Decreto Ley). Esta es una vía para evitar fraudes, como que un padre haga una transferencia a su hijo para pagar un coche o la entrada de un piso, que deben formalizarse como donación o como crédito entre particulares para evitar una sanción de Hacienda.

En definitiva, Hacienda trata con estos cambios de controlar mejor los pagos por tarjeta o móvil, para reducir el fraude facilitado por las nuevas formas de pago, básicamente de empresas y profesionales, porque no afecta a los particulares (salvo que controlarán más a los que gasten en tarjetas más de lo que teóricamente ganan). Pero en el futuro, los pagos digitales irán en aumento y con ello las nuevas formas de fraude. En un futuro, ganarán peso las nuevas tarjetas sin banda magnética (gracias a la tokenización, un código aleatorio que sustituye al PIN y reduce el fraude), la autentificación biométrica, el monedero digital, las divisas digitales o el open banking (abrir los sistemas financieros a terceros).

Ahora, lo más inmediato va a ser la creación del Bizum europeo, un sistema de pago en todo el continente que están ultimando los grandes bancos europeos. El actual Bizum es un sistema de pago promovido por España, Andorra, Portugal e Italia, al que se han sumado en una segunda fase Grecia, Polonia, Noruega, Suecia, Dinamarca y Finlandia. Y esta plataforma trabaja ahora con la iniciativa EPI, integrada por Francia, Alemania, Bélgica, Paises Bajos y Luxemburgo, para alumbrar un Bizum europeo, promovido por los bancos de estos 16 paises y que permitirá el pago por móvil a 390 millones de europeos. La idea es lanzarlo en el tercer trimestre de 2026, y si se retrasa, en las próximas Navidades. Primero para los pagos entre particulares y después para compras online (en 2027) y para pagar con el móvil en  comercios físicos (para 2028).

Este Bizum europeo será una revolución total para los pagos entre particulares y en comercios online y físicos, facilitando y disparando las operaciones en el continente. Y se adelanta al lanzamiento del euro digital, que va muy retrasado y que el BCE prevé lanzar “a partir de 2029, con el objetivo de facilitar los pagos en la zona euro (a falta de una verdadera unión financiera, todavía pendiente), algo que permitirá una mayor autonomía estratégica de Europa frente a la dependencia actual de los medios de pago USA (Visa y MasterCard). Este euro digital (emitido por el BCE) debería reforzar la unidad financiera y económica de Europa, potenciando la competencia e innovación, aunque tiene también riesgos de ciberseguridad, privacidad  de las operaciones y estabilidad financiera.

Pero Europa también va retrasada en la digitalización del euro, porque hay ya 60 paises del resto del mundo que se encuentran muy avanzados en la digitalización de sus monedas, desde China, India o Japón a Reino Unido, Canadá, Corea del Sur, Brasil o Emiratos Árabes. La llegada de Trump a la Casa Blanca ha prohibido el desarrollo del dólar digital para promover como alternativa las criptomonedas, el gran objetivo de los magnates tecnológicos y del nuevo poder en USA. Mientras, China está en cabeza de esta digitalización monetaria: ya en 2020 lanzó a prueba el “yuan digital”, respaldado por el Estado, y en 2025 ha creado en Shanghái un Centro de operaciones internacionales para los pagos digitales que ya realiza pagos con Singapur, Tailandia, Hong-Kong, Emiratos y Arabia Saudí. Un intento de que el “yuan digital” sea una verdadera alternativa al dólar en Asia.

En resumen, los pagos digitales tienen una gran peso en España y en el mundo y cobrarán más importancia en el futuro, donde será algo raro pagar con monedas y billetes. Eso facilitará las compras y transacciones, tanto dentro de Europa como en el resto del mundo, en beneficio de la economía, empresas y consumidores. Pero también hay riesgos, no sólo de ciberseguridad sino de evasión fiscal, de que muchos utilicen la tecnología para evadir impuestos (más de lo mucho que ya evaden). En España, Hacienda intenta ahora un mayor control de los pagos por tarjeta y Bizum, para evitar fraudes e impago de impuestos. A muchos no les gusta este mayor control, pero se hace para controlar a los que defraudan, no a los que hacen un Bizum a un hijo o a un amigo o a los que pagan con tarjetas sus compras. Más control no es más “vigilancia”, debería ser menos fraude y más recaudación.

jueves, 20 de julio de 2017

Volvemos a vivir a crédito


Con el verano, muchos españoles “tiran de tarjeta” para pagar sus vacaciones y piden un crédito para cambiar de coche o pagar un viaje. El gasto con tarjeta se ha disparado y se ha batido ya el récord histórico de tarjetas de crédito, con un gasto que supera el efectivo que se saca en los cajeros. Y los créditos al consumo llevan dos años creciendo mes tras mes, con la ayuda de la banca, que vuelve a ofrecer créditos personales a sus clientes, al mayor coste en Europa (casi el 9%). Y se multiplican las entidades que ofrecen créditos rápidos sin mucho papeleo, a tipos de usura. Incluso Movistar ha empezado a ofrecer créditos de hasta 3.000 euros a sus clientes de móviles. Volvemos a la fiebre de “comprar a crédito”, que tanto agobió a muchas familias al comienzo de esta crisis. El riesgo ahora es que van a subir los tipos de interés, en 2018, y habrá que devolverlos más caros. Ojo a endeudarse.



                                                                                       enrique ortega

En España hay más tarjetas bancarias que habitantes. En marzo de 2017 había 75,85 millones de tarjetas, el segundo mayor dato de nuestra historia, tras el récord histórico de 2008: 76,40 millones de tarjetas. Con la crisis, bajaron hasta un mínimo de 67,66 millones en 2014, pero luego empezaron a recuperarse en 2015 (69,92 millones) y 2016 (75,51 millones), hasta hoy, en que somos el quinto país de Europa con más tarjetas, tras Reino Unido (176 millones), Alemania (147), Francia (80) e Italia (77 millones). Y el mayor tirón lo han dado las tarjetas de crédito, que son ya 49,88 millones, un número que es un récord histórico en España, el triple que en el año 2.000 (16,06 millones), según el Banco de España. Y también crecen las tarjetas de débito (pagar en el momento o sacar dinero), 25,97 millones en abril, el mayor número desde 2009 (30,74 millones).

No es sólo que haya crecido el número de tarjetas, es que además se usan mucho más: en 2016 se hicieron más de 3 millones de operaciones con tarjeta, el triple que en 2002 (991.500). Y el gasto pagado con tarjeta fue de 124.406 millones de euros, casi el triple también que en 2002 (46.828 millones). El gasto con tarjeta ha ido subiendo año tras año, sin notar la crisis, porque los españoles se agarraban a ella para compensar sus menores ingresos. Pero en los tres últimos años, el gasto con tarjeta ha crecido por encima del 6% y este año 2017, hasta marzo, crece ya un 9%. Es más, los españoles gastan más con tarjeta del dinero que sacan por los cajeros: eso pasó por primera vez en 2016 (124.406 millones gastados con plásticos frente a 118.275 retirados en cajeros) y sigue pasando este año, hasta marzo (30.327 millones frente a 27.387), según los datos del Banco de España.

Este aumento récord del gasto con tarjetas se debe a cuatro razones. La primera, por supuesto, que hay 8 millones más de tarjetas de crédito que en 2011: 7 de cada 10 españoles tienen hoy una tarjeta de crédito y 5 de cada 10 una de débito, según la Encuesta CrediMarket. La segunda, que se usan más porque hay más tiendas que aceptan las tarjetas: hay 1,71 millones de terminales (TPV), 100.000 más que en 2008. Y los comerciantes ponen menos pegas al pago con tarjeta porque los bancos les han bajado las comisiones, forzados por Bruselas: del 0,81% que les cobraban en 2009 al 0,42% de media que les cobran en 2017.

La tercera razón es que se ha disparado el comercio electrónico, las ventas por la Red que se pagan casi siempre con tarjeta. Si España era uno de los paises europeos con menos ventas a través de Internet (por inseguridad y falta de costumbre), en 2016 el comercio on line ha despegado: creció un 20,8%, facturando 24.185 millones de euros, la casi totalidad pagados con tarjeta. El 20% son compras turísticas (10,7% viajes y 9,3% billetes de avión), el 7,2% ropa, 5,3% entradas de espectáculos y deporte, 4,2% compra de electrónica, imagen y sonido y el 4,1% coches de alquiler y billetes de tren y autobús. Las web españolas se llevan el 53,45 de las ventas y el resto las webs europeas (43,5%).

Una cuarta razón que explica el uso récord de las tarjetas son los pagos por móvil, que suelen estar asociados a una tarjeta. España lidera el uso del móvil en Internet en Europa, con un 93% de smartphones conectados a la red, por delante de Holanda (88%) y Reino Unido (86%), así como de la media UE (78%). Y 6 de cada 10 usuarios españoles del móvil afirman que ya lo han usado para comprar, ya sea directamente (en una tienda física, el 10%) o a través de una web (el 90% restante). El último año, los bancos han multiplicado sus ofertas de pago por móvil, con tecnología NFC (que permite pagar acercando el móvil a los TPV) y  el móvil se ha convertido en “la nueva tarjeta de crédito”.  

Al final, todo ello se traduce en más compras con tarjeta, recordemos 124.406 millones de euros gastados en 2016, más de 10.000 millones al mes. Y en esa cifra no están incluidas las compras con tarjeta que se hacen a crédito, las compras contarjetas revolving”: se paga cada mes una cantidad fija sobre lo gastado, que es como un crédito por el que se paga intereses. Los créditos con estas “tarjetas revolving” se han disparado también, pasando de 8.343 millones financiados por tarjetas en 2012 a 11.040 millones a finales de 2016, que eran ya 12.285 millones de euros en mayo de 2017, según el Banco de España.

El pago con tarjeta es cómodo, ágil e “indoloro” en el momento, aunque luego haya que hacer frente a ese gasto cada mes, ya sea pagando lo gastado el mes anterior o con una cantidad fija que incluye intereses (tarjetas “revolving”). Pero la realidad es que usar las tarjetas es caro, porque pagamos por varias vías. La primera, el pago de una comisión anual por el “plástico”, que a veces se perdona el primer año pero luego generalmente no: son de 35 a 45 euros al año. La segunda, el pago de intereses cuando se aplaza el pago de lo comprados: un tercio de todas las tarjetas que tenemos son así, las “tarjetas revolving”. Y al aplazar parte del pago, estamos pagando hoy un interés que ronda el 20% anual (interés mensual del 1,5%). El tope de interés a pagar debería ser el 24% anual, que es el máximo admitido por el Tribunal Supremo (sentencia 25 noviembre 2015): más considera que es “usura”. Y queda un tercer pago, los costes por descubierto, por superar el límite de la tarjeta: se pagan dos comisiones, por reclamación de posiciones deudoras (35 euros) y por descubierto (30 euros), más los intereses de demora (a un 20% TAE).

Como se ve, las tarjetas son una fuente de ingresos para la banca, que además cobra una comisión (“tasa de descuento”) a los comercios que venden con tarjeta, comisión que es libre y oscila entre el 0,5% y el 1,10% por operación (según el negocio), con un mínimo (que suele ser de 0,35 euros). Y a veces les cobra también una reducida cuota mensual por el PTV. Luego, el banco que ha instalado el PTV y que recibe el importe de la compra tiene que pagar una comisión (“tasa de intercambio”) al banco emisor de la tarjeta con la que se paga, una comisión fijada por el Gobierno y que tiene un tope máximo (0,3% por operación en las tarjetas de crédito y 0,2% en las de débito). Si tenemos en cuenta que se hacen más de 3 millones de operaciones al año, por importe de más de 120.000 millones de euros, se estima que la banca ingresa por estas comisiones entre 600 y 1.000 millones anuales. Un buen negocio que explica su interés por colocarnos más tarjetas y encarecer las retiradas en cajeros, que les resultan más costosas y les dan problemas de intendencia y seguridad.

Pero no sólo gastamos sin dinero con las tarjetas. La otra vía, cada vez más usada, es pedir un crédito al consumo, para comprar un coche (37%), financiar un viaje (11%), pagar un master, comprar muebles y electrodomésticos o reformar una vivienda. La banca lleva cuatro años aumentando la concesión de estos créditos al consumo, que han pasado de 12.811 millones prestados en 2012 al doble, 25.356 millones de euros en  2016, el nivel más alto en 7 años, según el Banco de España. Y en 2017 sigue la tendencia: se han prestado 11.276 millones hasta mayo, un 13,86% más que en los cinco primeros meses de 2016.

El Banco de España reconoce en su último informe que la banca española “ha relajado” la concesión de préstamos al consumo entre enero y marzo de 2017, “por 5º trimestre consecutivo”, mientras endurece los créditos a las empresas (no se fían). La razón es doble. Por un lado, les sobra liquidez y le falta negocio, con lo que tiene que buscar a quién colocar un préstamo. Y por otro, los créditos al consumo les resultan un gran negocio: en marzo de 2017, el tipo de interés medio que cobraba la banca española por estos préstamos al consumo era el 8,77%, 2,5% más caros que la media cobrada por los bancos europeos (6,21%), según los datos del Banco de España. Y este interés es un gran negocio para los bancos, teniendo en cuenta el dinero les cuesta el 0% (precio oficial del dinero) y que recogen dinero de sus clientes pagándoles de media un 0,09 % por los depósitos a 1 año. Además de este alto  interés (un 0,63% más elevado del 8,14% que cobraban por estos créditos en diciembre de 2016), los bancos también cobran varias comisiones al dar estos créditos al consumo: comisión de apertura (1 al 2%, con un mínimo de 100-150 euros) y comisión de amortización anticipada (0,5%), más los gastos de notario y registro.

Hoy por hoy, no solo bancos y Cajas están lanzados a “colocarnos” un crédito al consumo o un anticipo sobre la nómina, sino también las financieras (como El Corte Inglés, con 11 millones de tarjetas, a las que ofrece créditos “preconcedidos”), entidades especializadas en préstamos (como Cofidis o Cetelem) y más de 1.000 entidades que proliferan por Internet ofreciendo mini créditos “rápidos y fáciles, sin papeleo”, para los que necesitan dinero más desesperadamente. El último en lanzarse al ruedo de los créditos al consumo ha sido Movistar, que ha creado con La Caixa (en junio de 2017) Movistar Money, una entidad que ofrece créditos rápidos (en 48 horas) de 600 a 3.000 euros, al 16,48 % TAE a devolver en 12,24 y 36 meses, sólo con el DNI y el contrato de móvil con Movistar. Y Orange hará lo mismo en 2018, con su Orange Bank.

El auge de los créditos al consumo empieza a preocupar al Banco de España, que cree que van a seguir creciendo en los próximos meses. Y ha alertado al Defensor del Pueblo, que ya ha iniciado una investigación sobre las empresas de créditos rápidos. Porque muchas son “chiringuitos financieros” poco fiables, con sólo una web y poco capital detrás. Y están cobrando intereses claramente abusivos: según un estudio de Facua, algunas cobran entre el 1.269,7% TAE (Vivas) y el 4.507% TAE (Préstamo 10). Hay ofertas, como la de Kredito24.es que cobra 35 euros de interés por prestar 100 euros a 30 días. O Pepe Dinero, que cobra 30 euros de intereses. El problema radica en que a las entidades que prestan menos de 200 euros sólo se les obliga a estar registradas en el Ministerio de Sanidad y Consumo, sin estar vigiladas por el Banco de España, como bancos y financieras. Y las sanciones dependen de las autonomías, que apenas las vigilan. Todo esto ha disparado los fraudes en el mercado del dinero rápido, como denuncia el documental El descrédito” (verlo aquí).

Sea por las compras con tarjetas o sea pidiendo créditos al consumo, el hecho cierto es que los españoles nos hemos lanzado otra vez a “gastar a crédito, con “alegría”, olvidando que hace sólo unos años estábamos endeudados hasta los ojos y eso nos ha complicado la salida de la crisis. Y lo peor no es sólo que ahora tengamos más deudas, sino que los tipos de interés van a subir seguro en 2018, porque el Banco Central Europeo (BCE) acabará con su política de dinero gratis y subirá los tipos, como los ha subido ya dos veces Estados Unidos (tipos al 0,75-1%). Y con ello, pasaremos a pagar más del 10% de interés por los créditos que tengamos y cerca del 24% por las tarjetas. Una losa, sobre todo para los que tengan un trabajo precario y un sueldo de mileurista. Así que piénselo dos veces antes de “gastar a crédito”. “El que nada debe, nada teme”, dice el refrán. No se pille los dedos otra vez.

 

lunes, 26 de diciembre de 2016

Compras: las tarjetas ganan al cajero


Son días de compras masivas  que pagamos a golpe de tarjeta y con dinero en efectivo. Estamos enganchamos al móvil y a Internet, pero los pagos electrónicos son minoritarios. El número de tarjetas bate récords y los pagos con ellas superan ya el dinero que se saca de los cajeros. Pero sigue dominando el pago en efectivo: con dinero hacemos todavía el 70% de los pagos. Y eso, a pesar de las campañas de los bancos para que paguemos con tarjetas o el móvil y de las medidas del Gobierno, que ha prohibido los pagos en metálico de más de 1.000 euros desde el 1 de enero, para reducir el fraude fiscal. Pero el dinero en efectivo tardará mucho en desaparecer, a pesar del avance del dinero electrónico, que debe resolver problemas de seguridad y comisiones. Y ojo: pagar sin dinero es una tentación que puede endeudarnos más. Cuidado con darle a la tarjeta o a la tecla: luego hay que pagarlo.
 
enrique ortega

En España hay más tarjetas de crédito que habitantes. A primeros de octubre había 73,66 millones de tarjetas, cerca ya del récord de 2008, cuando llegaron a 76,40 millones. Dos de cada tres tarjetas son de crédito (la otra, de débito: pagar y sacar dinero) y su número ha batido este año todos los récords históricos, con 48,09 millones de tarjetas a principios de octubre, casi 4 millones más que en el anterior récord de 2008 (44,82 millones), según datos del Banco de España. Y no sólo es hay más tarjetas que nunca, sino que también se usan más: las operaciones con tarjetas superan desde esta primavera las 250.000 al mes, con pagos superiores a los 10.000 millones de euros mensuales, algo nunca visto.

Otro dato que habla del tirón de las tarjetas es que mueven más dinero del que se saca en los cajeros, algo que tampoco había pasado antes. Desde enero de 2016, los pagos con tarjeta (crédito y débito) superan al importe que se extrae de los cajeros de los bancos: fueron 32.713 millones en el tercer trimestre, frente a 31.317 millones extraídos en cajeros. Esto es fruto del auge de las tarjetas pero también de un cierto declive de los cajeros, que se resienten del aumento de comisiones aplicado por los bancos desde la Navidad de 2015: si antes cobraban entre 0,65 y 0,75 euros por sacar dinero en bancos ajenos, ahora cobran el triple, entre 1,80 y 2 euros por extracción. Con todo, aunque crecen menos, los cajeros también están funcionando más este año, con más operaciones y más dinero sacado: 31.317 millones en el tercer trimestre frente a 30.210 extraídos en el tercer trimestre de 2015.

Indudablemente, las mayores comisiones en los cajeros han dado alas a las tarjetas, con más operaciones (789.937 en el tercer trimestre) y más importes de compras (32.713 millones entre julio y septiembre de 2016). España es el quinto país de Europa por número de tarjetas (73,66 millones), por detrás de Reino Unido, Alemania (147 millones), Francia (80 millones) e Italia (77 millones), aunque ocupamos el puesto 13º en el ranking de tarjetas por habitante (1,48 tarjetas, frente a 1,82 de Alemania o 1,21 de Francia). Y todavía utilizamos menos las tarjetas que la mayoría de Europa: 52 operaciones por habitante y año frente a 79 de media en la UE (y más de 200 en los paises nórdicos).

Eso sí, la operativa de tarjetas está cambiando y cada vez se hacen más operaciones de pequeños importes, incluso de menos de 10 euros, sobre todo tras el auge de los pagos “Contact less” (acercando la tarjeta al datafono), que ya aceptan la mitad de los TPV (hay 820.000 terminales “Contact less” de los 1.647.646 terminales disponibles para tarjetas). El gasto medio por tarjeta es de 2.838 euros (+3,5% sobre 2015), de los que 413 euros se gastan ahora por Navidad.  Y en contra de lo que se piensa, gastan más los hombres (2.917 euros) que las mujeres (2.369 euros). Y más los que tienen entre 40 y 50 años, seguidos de los de 50 a 60 años, siendo bajo el gasto con tarjeta de los jóvenes. Y sobre su uso, el 23% de los pagos con tarjeta se hacen en el súper, el 16% en viajes, el 13% en gasolineras, el 12% en restaurantes, el 11% en grandes almacenes, el 9% en comprar moda, el 7% en electrónica y telefonía y el 6% en artículos para el hogar. Y un dato importante: en las compras online, el 67,2% de los pagos se hacen con tarjeta de crédito.

Los pagos con tarjeta no dejan de crecer y suponen un importante gasto para los usuarios y una creciente fuente de ingresos para la banca. Los que tienen tarjeta pagan por tres vías. Una, la comisión anual, que a veces se perdona el primer año pero no después (salvo en algunos bancos online): es de 35 a 43 euros al año. La segunda, el pago de intereses cuando se aplaza el pago de lo comprado con la tarjeta: un tercio de las tarjetas que tenemos lo hacen (se llaman “revolving”). Entonces se paga un interés, que oscila entre el 20 y el 25% (la media actual es el 21,1% TAE), aunque hay entidades que cobran el 15% (ING o Bankinter) y otras hasta el 30%. En noviembre de 2015, una sentencia del Tribunal Supremo estableció que los intereses superiores al 24% son “usurarios” y por tanto “nulos”. Y la tercera vía son los elevados costes en que se incurre por descubierto, por superar el límite de la tarjeta: se pagan dos comisiones, por reclamación de posiciones deudoras (35 euros) y por descubierto (30 euros), más los intereses de demora (más del 20% TAE).

Además, los comercios tienen que  pagar una comisión a los bancos que les instalan el terminal (TPV) con el que poder cobrar compras con tarjeta. Esta comisión (“tasa de descuento”) es libre y oscila entre el 0,5% y el 1,10% por operación, con un mínimo (que suele ser de 0,35 euros). Y a veces también les cobran una reducida cuota mensual por el TPV. Luego, el banco que ha instalado el PTV y que recibe el importe de la compra tiene que pagar una comisión (“tasa de intercambio”) al banco emisor de la tarjeta con la que se paga, una comisión que sí está fijada por el Gobierno y que tiene un máximo (0,3% por operación  en las tarjetas de crédito y 0,2% en las de débito). Al final, serán casi 3 millones de operaciones este año, con casi 120.000 millones pagados, de los que una parte (entre 600 y 1.000 millones de euros anuales) van a aumentar los ingresos por comisiones de la banca, que suponen ya un 23% de sus ingresos totales (vea aquí el porcentaje de comisiones que cobran los bancos españoles).

Por eso los bancos tienen tanto interés en “colocarnos” más tarjetas y en que no usemos el cajero, que les supone ingresos pero también muchos costes, no sólo en comprarlos e instalarlos sino en toda la intendencia de manejar “dinero físico”: almacenamiento, transporte, seguridad… En esto coinciden con los Gobiernos, que también mantienen una “guerra contra el dinero en efectivo”, porque alimenta la economía sumergida y es una fuente de fraude fiscal: el dinero electrónico deja huella y se rastrea con cierta facilidad, no así el dinero en metálico. Por eso, el Gobierno Rajoy limitó los pagos en efectivo a un máximo de 2.500 euros, en noviembre de 2012. Y ahora ha vuelto a hacerlo: desde el 1 enero de 2017, no se podrá pagar en efectivo más de 1.000 euros, a una empresa o a un profesional, no entre particulares (ahí, el pago es libre). Y si no se cumple, Hacienda puede multar por el 25% de los pagos ilegalmente hechos.

A pesar del auge de las tarjetas y de las prohibiciones, el dinero en efectivo es “el rey de los pagos, en España (84% de los pagos), en Europa (66%) y en todo el mundo (85% de los pagos), según datos de la consultora PwC. Además, el efectivo es el único medio de pago utilizado por el 100% de los españoles, en todas las edades. Las tarjetas las usan el 90,8% de españoles y el 66,7% de los que tienen entre 25 y 34 años. Les siguen los pagos por transferencias (85,8% españoles), los pagos alternativos tipo Pay-Pal (52,5% usuarios), los cheques (38,8%), las tarjetas virtuales (18% españoles), los pagos Contact less (15,2%), las APPs (4,4%) y el pago por móvil (sólo 2,4% pagos), según el estudio de PwC.

Actualmente, se estima que un 70% de todo el consumo privado se paga todavía con dinero en efectivo y sólo un 30% mediante tarjeta o dinero electrónico, según datos recientes de MasterCard. Y lo que es más llamativo: sólo hay un 7% de españoles que pagan exclusivamente con tarjeta mientras hay un 22,6% que lo pagan todo sólo en efectivo, según Tecnocom. Eso indica que los pagos electrónicos aún están muy retrasados en España, aunque en los últimos años crezcan las propuestas para pagar online, por ordenador o móvil. Y todo apunta a que el dinero en efectivo tiene mucha vida por delante, no va a desaparecer a corto plazo, aunque los expertos vaticinan que 3 de cada 4 transacciones de dinero en el mundo serán on line o través del móvil para 2020, según la consultora Accenture.

La última apuesta por los pagos electrónicos ha llegado a España en diciembre de la mano de Apple, que ha lanzado su servicio “Apple Pay”, dos años después que en EEUU. Un servicio que permite pagar con el iPhone (iPad, Apple Wach o Mac) en tiendas físicas, en APPs y en comercios online y que complementa la oferta de Google para los smartphones Android, el “Google Wallet”, lanzado en 2009 y mejorado en 2013 con una tarjeta de débito prepago. Y otros gigantes de Internet, como Facebook o Twitter también han lanzado servicios de pagos en sus redes, aunque todavía no están operativos en España.

En paralelo, otras empresas tecnológicas se han lanzado a ofrecer compras online con tarjetas. La pionera, en el año 2.000, fue PayPal (eBay), que ya tiene 130 millones de cuentas activas en el mundo, con las tarifas más baratas para compras y envío de dinero persona a persona. Amazon lanzó en agosto de 2014 un lector de tarjetas de crédito que conectado a un móvil o una tablet permite a pequeños negocios aceptar pagos. Y las empresas chinas Alibaba y Tencent o la japonesa Rakuta ofrecen también desde hace años plataformas de pago a través de móviles, como la mayoría de empresas que venden por Internet.

Las grandes empresas de telefonía también se han lanzado a este negocio de los pagos electrónicos. Vodafone ofrece su monedero electrónico para pagos (“Vodafone Wallet”) desde 2014 en Reino Unido, Alemania, Italia, Holanda y España. Y en noviembre de 2015 renovó su aplicación para permitir el pago con móvil asociado hasta con 5 tarjetas diferentes. También Orange ofrece el servicio de pago por móvil “Orange Cash”. Y Samsung lanzó en España, en junio de 2016, su sistema de pago por móvil “Samsung Pay”, que ya funcionaba en otros tres paises europeos. Y Movistar ofrece  también un pago por móvil limitado, vinculado a una VISA de la Caixa, uno de sus principales accionistas.

Mientras los gigantes de Internet y las telecos avanzan en los pagos digitales, la banca española ha ido a la zaga, con dispersas aplicaciones desde 2013, la mayoría en colaboración con las telecos. En 2014, CaixaBank y Santander intentaron hacer una apuesta conjunta (con Movistar) de pago por el móvil, la plataforma Yapp, pero fue un fracaso que cerró en junio pasado, tras perder 8 millones de euros. Y finalmente, a finales de septiembre, toda la banca (27 bancos y cajas, el 95% del sector) lanzó Bizum, un servicio de transferencias y pagos por móvil de la banca española, con requisitos técnicos homologados con Europa, donde hay plataformas similares en Reino Unido, Suecia y otros paises. Con Bizum, las transferencias de dinero entre particulares no exigen saber el número de cuenta, sólo el móvil. En octubre se estrenaron las compras online y en diciembre han empezado las compras en comercios, acercando el móvil al TPV e introduciendo una clave que ofrece el banco al cliente que solicite el alta en  Bizum, tras el pago de una comisión que fijará cada entidad (algunos ofrecen gratis las 10 primeras operaciones o el primer año, pero luego cobrarán).

Precisamente, los dos problemas que tienen los pagos electrónicos son las comisiones (más “visibles” que las de las tarjetas) y la seguridad: los expertos creen que los ciberdelincuentes se van a volcar en estas operaciones en 2017, sobre todo en los pagos por móvil, aunque sus requisitos de seguridad son muy altos. Pero hay bastante “sensación de inseguridad” entre muchos usuarios y eso ha restado auge al comercio electrónico y puede frenar también los pagos electrónicos. Sobre todo si los bancos no refuerzan sus inversiones en ciberseguridad  y en seguros específicos, para compensar a los clientes (sin “peleas” y complejas reclamaciones) en caso de fraude online.

En definitiva, que cada vez compramos más por tarjeta pero todavía el dinero en efectivo es el rey de los pagos y lo será por mucho tiempo, a pesar de que crecen  los pagos electrónicos y por el móvil. Pero cuidado: estos nuevos pagos son una forma sencilla de endeudarnos más, de gastar sin control y luego darnos “sustos”. Ojo con darle a la tarjeta o a la tecla: luego hay que pagarlo.