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jueves, 22 de septiembre de 2022

Ojo al "agujero" comercial (déficit x5)

Todos sabemos lo que nos cuesta la inflación disparada por la crisis de la energía y la guerra de Ucrania. Pero quizás no sabemos lo que le cuesta al país: la factura del petróleo, el gas y las materias primas que compramos fuera se ha disparado y el déficit comercial se ha multiplicado por 5 este año. Ha pasado en toda Europa, pero somos el 2º país con más déficit comercial de la UE, tras Francia. El problema es que este “agujero” comercial hay que pagarlo y los ingresos por exportaciones (récord) y por turismo no aportan divisas suficientes. Y por ello, España ha vuelto a tener en 2022 déficit con el exterior, tras 10 años de superávit. Así que ahora, por esta crisis y este “agujero”, necesitamos financiarnos fuera (aumentar la deuda) y somos más dependientes del exterior, más vulnerables a inversores y subidas de tipos. Urge ahorrar energía, porque consumimos más gas y carburantes y casi la misma luz que antes. Y no podemos pagarlo.  

Enrique Ortega

A pesar de la actual crisis internacional, España vende más en el extranjero mes a mes: las exportaciones españolas alcanzaron los 222.961 millones de euros de enero a julio, una cifra histórica y un aumento del +24,2% sobre los 7 mismos meses de 2021. Somos el país europeo donde más crecen las exportaciones este año, por encima de la media UE (+21,4%), de Italia (+21,8%), Francia (+19,5%), Alemania (+13,2%) o Reino Unido (+19,1%), e incluso crecen más que las exportaciones de EEUU (+20,5%), China (+14,7%) o Japón (+15,8%), según los últimos datos de Comercio. Están creciendo todas las ventas españolas fuera, pero sobre todo de energía, materias primas medicamentos y productos químicos, más a América (+30,8%) que a Europa (+24,3%). Y con ello, continúa la racha de exportaciones récord, creciendo año tras año desde 2010, para contrarrestar primero la crisis y luego la pandemia, aprovechando ahora la caída del euro (-13,3% desde enero), que abarata nuestros productos fuera (un 13,3%).

Hasta aquí muy bien: las exportaciones nos ayudan a vender, crecer y mantener empleo en plena crisis internacional. Pero la otra cara de la moneda, las importaciones, llevan un camino muy preocupante: se han disparado este año, hasta los 261.485 millones de euros (enero a julio), una cifra histórica que supone un aumento del +40,2%, casi el doble de lo que crecen las exportaciones. Una factura importadora que se ha disparado por el fuerte encarecimiento de las compras exteriores de energía, materias primas y alimentos, que además hemos tenido que pagarlas en dólares más caros (el euro se ha depreciado un -13,30% frente al dólar): petróleo (35.044 millones importados, +101%), gas natural (14.241 millones, +318%), materias primas (8.377 millones, +23%), abonos (910 millones, +68%), aceites (3.265 millones, +56%), pescado (5.057 millones, +34,6%), hierro y acero (8.915 millones, +56%), papel (3.016 millones, +39%), productos químicos inorgánicos (2.185 millones, +66%), plásticos (9.862 millones, +33%), material de transporte (5.545 millones, +52%), motores (1.505 millones, +61%), ropa (15.046 millones, +30,8%) y calzado (2.280 millones importados, +38%).

Los países que se han beneficiado de estas mayores importaciones españolas son sobre todo Estados Unidos (las importaciones españolas de USA ascendieron a 20.787 millones hasta julio y crecen un +143,5%, por la fuerte compra de petróleo y gas), Brasil (5.450 millones importados, un +127%, por el petróleo, materias primas y alimentos), Emiratos Árabes (901 millones, +180%), Argelia (4.666 millones importados, +108,6%, sobre todo gas), Nigeria (5.705 millones, +104,3%, por el petróleo), Egipto (por el gas: 1.652 millones importados, +184%), Rusia (4.408 millones importados, +53,5%), China (27.201 millones importados, +52%), Taiwán (1.459 millones, +55,7%, por compras de hierro y acero, también hechas a Francia, Alemania e Italia), Vietnam (2.296 millones, +55%, por ropa y pescado), así como Turquía, Marruecos y Bangladesh, por mayores importaciones de ropa.

Este récord importador ha disparado el déficit comercial de España (la diferencia entre importaciones y exportaciones). Siempre hemos comprado fuera más de lo que vendemos, pero este “agujero comercial” se ha disparado este año, a pesar del récord de las exportaciones: el déficit comercial alcanzó los -38.534 millones de euros entre enero y julio de 2022, 5 veces más que en los siete primeros meses de 2021 (-6.995 millones) y más que en todo el año 2021 (-26.178 millones de déficit comercial). La culpa de este “agujero” comercial la tienen las compras de energía, que suponen el 80% del déficit comercial (-31.045 millones). Y por paises, la mayor parte del déficit comercial lo tenemos con China (-22.705 millones, un 44% más que el año pasado), Estados Unidos (-9.825 millones, 60 veces el déficit que teníamos el año pasado), Nigeria (-5.481 millones, el doble que en 2021), Argelia (-3.726 millones , el triple que en 2021), Rusia (-3.564 millones, más del doble que el año pasado), Brasil (-3.448 millones, el triple que en 2021), India (-2.405 millones, +35%) y Vietnam (-2006 millones déficit, el doble que el año pasado). Con el resto de Europa, España sigue teniendo superávit comercial, salvo con Alemania (-3.217 millones, déficit similar al de 2021), Paises Bajos (-1.915 millones, -16%), República Checa (-1.143 millones,+31%), Hungría (-669 millones déficit, +23%) e Irlanda (-553 millones, +42%).

Este grave problema, que se dispare el déficit comercial, lo está sufriendo toda Europa: la zona euro ha pasado de tener superávit comercial con el resto del mundo (+100.600 millones de euros en el primer semestre de 2021) a tener ahora un abultado déficit comercial (-140.400 millones de euros hasta junio). Pero España lo sufre más, porque somos un país con un déficit comercial crónico (mientras 11 países UE suelen tener superávit comercial) y porque tenemos una grave dependencia energética. De ahí que ahora, somos el 2º país con más déficit comercial de Europa (-33.500 millones en el primer semestre), sólo por detrás de Francia (-89.000 millones) y por encima del déficit comercial de Grecia (-17.600 millones), Portugal (-14.100 millones) o Italia (-13.000 millones), mientras Alemania tiene superávit (+33.200 millones), como Irlanda (36.100) y Países Bajos+28.800), según Eurostat.

La primera consecuencia económica de este problema, el disparado déficit comercial de España (por la inflación, la energía, la guerra de Ucrania y el euro débil), es que nos resta crecimiento y empleo. Hasta ahora, el crecimiento de las exportaciones (desde 1995 y sobre todo desde 2010: se han casi duplicado, pasando de 185.799 millones en 2010 a 316.609 millones en 2021) ha servido para contrarrestar las crisis interna, tanto la de 2008 como la pandemia: los empresarios intentaban vender fuera lo que no podían vender dentro. Y por eso, las exportaciones “nos han salvado dos veces”, en la crisis de 2008 y en la pandemia de  2020: cayó el crecimiento (PIB), pero habría caído más de no ser por las exportaciones (y por unas importaciones no disparadas). En 2021, el sector exterior aportó un 0,2% del 5,5% que creció España. Y en 2022, crecimos un +0,2 % en el primer trimestre gracias al sector exterior (+0,8%), porque la demanda interna cayó (-0,6%). Y en el 2º trimestre, el tirón de las importaciones ha restado al crecimiento, según el INE: crecimos un 1,1%, por la recuperación del consumo interior (+2,2%) y el sector exterior fue un lastre (restó un -1,1% al crecimiento total).

Ahora, el temor es que el sector exterior siga restando crecimiento y no ayude en la segunda mitad de 2022, provocando que España crezca muy poco o nada. Y además, el sector exterior es clave para el empleo: las exportaciones sostienen 2,5 millones de empleos en España, el 12% del empleo total (y 38 millones de empleos en toda la UE, ahora afectados). Hay que recordar que cuando se disparan las importaciones (recordemos: han crecido un +40,2%), se está creando empleo fuera de España (en China, USA, Brasil, Argelia, Nigeria, Rusia, Taiwán, Vietnam…) y no aquí. Por eso debe preocuparnos el déficit comercial.

Pero hay otro motivo de preocupación ahora, por haberse quintuplicado el déficit comercial: este “agujero” hay que taparlo, hay que financiarlo. Y lo grave es que España no tiene ahora divisas suficientes para hacerlo y ha incurrido otra vez en un déficit con el exterior: los ingresos por exportaciones y por turismo (divisas) no son suficientes para pagar la disparada factura de las importaciones. Y así, en el primer semestre de 2022, España tiene un déficit de -1.230 millones de euros con el exterior (llamado “déficit por cuenta corriente”), según el Banco de España, cuando teníamos un superávit de +2.087 millones en el primer semestre de 2021 (porque las exportaciones y el turismo ingresaban más divisas que el coste de las importaciones).

Volvemos así a un viejo problema de España, con Franco y con buena parte de la democracia: la insuficiencia de divisas para financiar las compras al extranjero, lo que nos obligaba a restringirlas y a endeudarnos para pagarlas. Sólo entre 1987 y 2011, España sufrió 26 años de déficit con el exterior (ver gráfico). Y sólo en los últimos 10 años, entre 2012 y 2021, hemos logrado tener superávit con el exterior (+17.057 millones en 2021), gracias a los sucesivos récords de ingresos por las exportaciones y el turismo. Ahora, al haberse disparado la factura de las importaciones, volvemos a las andadas, al histórico problema del déficit de España con el exterior, que reduce nuestra independencia económica, al obligarnos a endeudarnos para financiar este agujero exterior. Y nos pilla en un mal momento, porque España se ha visto obligada a aumentar su deuda externa con la pandemia: alcanzó un récord histórico en el primer trimestre de 2022, según el Banco de España: 2.341.000 millones de euros entre deuda pública (1,48 billones) y privada, 231.000 millones más de deuda externa que antes de la pandemia (diciembre 2019). Y encima, están subiendo los tipos de interés, lo que aumentará los intereses a pagar por esta abultada deuda externa.

En definitiva, que la actual crisis de inflación no sólo afecta a nuestros bolsillos (encareciendo la cesta de la compra, la luz, los carburantes y casi todo) sino que ha disparado la factura de importaciones del país (+40,2%), multiplicando por 5 el déficit comercial. Y esto va a restarnos crecimiento y empleo en España, además de obligarnos a financiar este “agujero exterior” con más deuda externa, porque no llega con las divisas que aportan las exportaciones y el turismo, lo que reduce nuestra “independencia económica” y la maniobrabilidad del Gobierno. Y una deuda que ahora tendrá más coste para el Estado y las empresas, al estar subiendo los tipos de interés.

El tema puede parecer  algo técnico pero es una cuestión clave para la economía y para todos: las importaciones se han disparado y no las podemos pagar sin grandes sacrificios para el crecimiento, el empleo y el pago de la deuda. Por eso, urge frenar la factura energética: no podemos permitírnosla. Hay que recortar el consumo de petróleo, gas y materias primas, que empobrecen a las familias y al país. Y no parece que tengamos conciencia de ello. Porque los españoles consumimos ahora más energía que antes de la invasión de Ucrania. Veamos los datos. El consumo de gasolinas ha aumentado un +14% en el primer semestre y el de gasóleos, un +3,73%, a pesar de haberse disparado los precios, según CORES. El consumo de gas natural ha aumentado otro +5,2%. Sólo el consumo de luz ha bajado, pero muy poco: -2% de enero a septiembre, según REE.

Ahora, la Comisión Europea va a aprobar un Plan para recortar el consumo de energía en Europa un 15% de media cara al invierno, un paquete de medidas que pretende reducir el consumo de gas y racionalizar el uso de la energía, que está destrozando las cuentas de los europeos y las balanzas comerciales de los paises, sobre todo de España. No se trata sólo de ahorrar para evitar cortes de suministro de energía (a empresas y familias), sino sobre todo evitar que la factura de la energía rompa las economías y el empleo. No se trata de si cada uno de nosotros puede o no pagar la luz, la calefacción o los carburantes, sino que no podemos pagarlos como país. Acuérdese del tremendo agujero del déficit comercial (x5) y sus consecuencias: nos limita y nos endeuda. Recuerden esta otra visión de la crisis, de la que no se habla.

lunes, 27 de enero de 2014

Fracking: España apoya, Europa no se moja


Es la gran revolución energética del siglo XXI: perforar y romper las rocas para extraer gas (y petróleo). Es el fracking. Una técnica que ha permitido a EEUU, en sólo 15 años, autoabastecerse de gas y ser el primer productor mundial de petróleo. Pero es una técnica muy polémica y contestada  a la que se achaca contaminar acuíferos, emitir gases y provocar microseísmos, por lo que ha sido prohibida en zonas de EEUU y en Francia. Europa está dividida sobre el fracking y la semana pasada decidió que no haya una Directiva común y cada país legisle a su aire. El Gobierno Rajoy se adelantó y aprobó en octubre y noviembre dos Leyes para promover el fracking, a pesar de las protestas en pueblos y autonomías. España no puede perder el tren del fracking, pero debe ir poco a poco y con todas las garantías. Y buscar antes las energías de arriba (eólica, solar, biomasa) que las del subsuelo. 
enrique ortega

La mayoría del gas natural se extrae por métodos convencionales: perforando una bolsa que está a pocos cientos de metros, en una roca porosa, y el gas sale por la diferencia de presión. A finales de los años 90, se inició en EEUU la búsqueda de gas no convencional (gas pizarra), que se encuentra en capas de pizarra a más profundidad (de 2.000 a 5.000 metros), para lo que hay que romper esta roca poco permeable. La técnica de fractura hidráulica (fracking) consiste (ver gráfico animado) en hacer una perforación vertical hasta llegar a la pizarra (unos 5.000 metros) y luego otra perforación horizontal (de 1.500 a 3.000 metros), provocando pequeñas explosiones para fracturar las rocas. Después se inyecta agua a presión, con arena y aditivos químicos, que ayudan a liberar el gas y subirlo a la superficie.

EEUU lleva quince años extrayendo gas no convencional (y petróleo) con el fracking, y ha abierto más de un millón de pozos (ahora unos 35.000 al año). El boom del fracking se gestó a principios de este siglo, en 2005, con el apoyo de Bush hijo y su vicepresidente Cheney (su empresa Halliburton, que explotó el petróleo de Irak tras la guerra, es líder en tecnología de fracking), aunque también recibe apoyos (y un mayor control) con Obama. El éxito del fracking ha permitido que el gas pizarra suponga ya un 25% del consumo de gas y que EEUU sea ahora autosuficiente en gas y el primer productor mundial de crudo en 2013, según la OPEP, por delante de Rusia y Arabia Saudí. Una revolución energética, clave para asentar la recuperación norteamericana: EEUU paga un tercio por el gas y la mitad por la electricidad que Europa o Japón.

Pero el fracking tiene su lado oscuro: los riesgos para el hombre y el medio ambiente. El principal, que utiliza hasta 600 productos químicos (muchos tóxicos y hasta cancerígenos) que pueden dispersarse por los acuíferos subterráneos o incluso en la superficie (almacenamiento, transporte), contaminando al hombre y al medio natural. Además, a veces se escapa metano, un gas con un potencial de efecto invernadero 21 veces mayor al CO2. Y puede provocar microseísmos. En cuarto lugar, genera muchos residuos y desechos líquidos, que hay que almacenar y gestionar. Y quinto, utiliza mucha agua (de 54.000 a 174.000 m3 en un campo de 6 pozos) y mucho espacio (entre 16 y 20 hectáreas por campo) y genera mucho ruido y movimiento de camiones (entre 8 y 12 meses de perforación día y noche). Por todo ello, en EEUU se han multiplicado las protestas contra el fracking, visualizadas en el documental Gasland. Y por ello, se ha prohibido en Nueva York, Buffalo y Pittsburg, a la espera de un informe definitivo de la Agencia de Protección Ambiental (EPA).

En Europa, las autoridades comunitarias están impactadas por los logros energéticos de EEUU con el fracking, pero se encuentran divididas a la hora de apoyarlo y legislar, por los riesgos de su impacto ambiental. Por un lado, Francia prohibió el fracking con Sarkozy (por Ley, en 2011) y otros países aplican moratorias, como Bulgaria, República Checa, Dinamarca o Irlanda. Y por otro, hay dos países firmes partidarios del fracking: Polonia y Reino Unido, donde el premier Cameron quiere abrir 20.000 pozos para 2020, en medio de las protestas locales. Ante este panorama, la Comisión y el Parlamento europeo están divididos sobre el fracking. Y la semana pasada, han tomado una decisión salomónica: que no haya una Directiva, sino aprobarunas recomendaciones y que cada país legisle a su aire.

España se ha adelantado a estas recomendaciones, aprobado el Gobierno Rajoy, en 2013, dos Leyes (en solitario, sin apoyo de otros grupos) para impulsar el fracking. “No podemos perder este tren”, ha dicho el ministro Soria. Primero, la noche del 9 de octubre de 2013, el PP introduce por sorpresa en el Senado una enmienda para incluir el fracking en la Ley de Hidrocarburos (de 1998), a través de algo tan estrambótico como dos disposiciones adicionales a la Ley de garantía del suministro eléctrico a Baleares y Canarias…Y el 28 de noviembre, el Congreso aprobó, por trámite de urgencia (no habitual), la Ley de Evaluación Ambiental, que complementa la legislación sobre fracking. Por un lado, centraliza en el Estado la competencia, quitándosela a las autonomías (el Parlamento de Cantabria prohibió el fracking en abril 2013). Además, acelera los proyectos, al reducir a 4 meses el plazo para resolver los expedientes de impacto ambiental (ahora 3 años). Y concede la cláusula de confidencialidad a los proyectos, dificultando las alegaciones (hay ya 102 municipios contra el fracking en España).

Con esta normativa, todo apunta a un boom del fracking en España. El Gobierno ya ha concedido 75  permisos de investigación (en Soria, Burgos, Álava, Cantabria, la Rioja, Huesca, Castellón, Guadalajara, Jaén, Sevilla y Cádiz) y hay otras 75 en espera (en Asturias, Navarra, Burgos, Palencia, Euskadi, Zaragoza, Lleida, Gerona y Albacete), de la mano de una decena de empresas, la mayoría multinacionales norteamericanas (BNK, Heyco, Trofagas, Schuepbach, Heritage Petroleum, True Oil, Cambia), canadienses (R2Energy) o británicas (Leni Oil Gas), además de la vasca SESHA, creada por el ex lehendakari Patxi López, con mayoría de capital público, para explotar el yacimiento alavés de Gran Enara. Ahora, los proyectos están en fase de investigación y no se hará ninguna prospección antes de dos años (según el ministro), con lo que se tardará en extraer gas masivamente hasta una década.

Los defensores del fracking argumentan que permitiría a España cubrir el consumo de gas durante 70 años (y el 20% del consumo de crudo durante 20 años), aunque un informe del Consejo de Ingenieros de Minas habla de reservas de gas para 39 años. Los detractores dicen que las estimaciones están infladas (como pasó en Polonia), para atraer inversiones al fracking: entre 700 y 1.000 millones de euros están ya comprometidos en España. Y temen que este nuevo negocio quite recursos a las energías renovables.

España es el país europeo más dependiente del petróleo y el gas extranjero (99% se importa) y pagamos cada año una factura energética de 45.000 millones de euros, lo que ingresamos por el turismo. Por ello, cualquier nueva técnica que nos permita extraer hidrocarburos debería ser bien recibida. Pero con matices. Porque nos hace falta más petróleo que gas, dado que existe una burbuja de centrales de gas, que funcionan al 10% de capacidad, por la política de incentivos que pagamos con el recibo de la luz. Y porque tenemos que concentrar los esfuerzos en buscar energía arriba (eólica, solar, geotérmica…) antes que en el subsuelo, que tiene más riesgos medioambientales y menos rentabilidad energética: la tasa de retorno energético (TRE) de la eólica (18) y solar (7) es mayor que la del gas pizarra (entre 2 y 5). Y las reservas disponibles son menores (que el sol o el aire).

Con todo, es verdad que España no debe perder el tren del fracking, pero tampoco liderarlo. Hay que ser prudentes, avanzando poco a poco, con una normativa estricta y con transparencia, incorporando a los municipios implicados (se podría crear una Comisión de seguimiento, con participación pública, privada y ciudadana). Y abrir un debate riguroso, sin prejuicios ni mentiras , apoyado en informes técnicos independientes. Y siempre, en línea con lo que haga la mayoría de Europa. No pretenda el Gobierno vendernos ahora el milagro del fracking. La energía con mayúsculas está a la vista.

miércoles, 6 de marzo de 2013

Se dispara la factura del petróleo


En plena recesión, España consume más energía que nunca: en 2012 nos hemos gastado 45.500 millones en importar petróleo y gas, la mayor factura de nuestra historia. Y no sólo eso: gastamos en energía siete veces más que en 2005, importamos las tres cuartas partes (y el 99,8% del petróleo y gas) mientras Europa importa sólo la mitad  y la gastamos peor, con menos eficiencia que los países con los que competimos. Bruselas está obsesionada con que Europa ahorre un 20% de energía para 2020, pero el Gobierno Rajoy está haciendo recortes en los planes de ahorro y no cumple con las Directivas europeas. La factura energética, 125 millones al día, es un lastre para salir de la crisis. Hay que ahorrar energía (en transporte, coches, industria y viviendas) y fomentar energías propias (hidráulica, nuclear y renovables), para que la factura energética no se coma lo que ingresamos por turismo.
 
enrique ortega

España ha sufrido 5 crisis energéticas serias (1973, 1979, 1990, julio 2008 y febrero 2011), pero sigue consumiendo energía como si nada. En 2012, hemos importado petróleo, gas, carbón y electricidad por valor de 61.948 millones de euros, la cuarta parte de todas las importaciones españolas. Y contando la energía exportada, el agujero, la factura energética ha sido de 45.507 millones de euros, un 13,9% más que en 2011. Un récord histórico, causando porque hemos importado más petróleo (+12,5% en Tm) antes que porque se haya disparado su precio (subió 2,5 dólares/barril en 2012). Con ello, la energía nos cuesta ya más que la educación (44.000 millones), casi el doble que el desempleo (28.800 millones) y cerca del coste de la sanidad (55.000 millones). Y dedicamos a pagarla más divisas de las que ingresamos por el turismo (43.307 millones netos en 2012).

El problema no es sólo que la energía suponga una factura desorbitada. Además, se ha disparado en las dos últimas décadas: de 5.810 millones en 1995 a 33.815 millones en 2007 y 45.503 en 2012. O sea, se ha multiplicado por 7,8 veces, cuando la economía sólo ha duplicado su tamaño (PIB: +49,1%). Y España tiene un déficit energético del 4,5% de su producción (PIB), el doble que la media europea (2,2%). Y eso, porque, a pesar de la crisis, importamos el mismo petróleo que en 2008 (58.697 Tm) y lo pagamos al triple de precio (112 dólares a finales 2012 frente a 36 dólares a finales 2008).

Otro problema es que además de consumir mucha energía y cara, las tres cuartas partes viene de fuera, hay que importarla: un 75,6% (2011), mientras que en Europa sólo importan un 50%. Eso se debe a que algunos países tienen petróleo (Reino Unido, países nórdicos) o gas (Holanda, Noruega) y en otros hay un mayor peso de energías propias, ya sea nuclear (41,2% de la energía en Francia), renovables (24,8% en Austria) o un mix de ambas (Alemania, Suecia). Pero en España, el petróleo y el gas suponen un 70 % de la energía consumida y se importan en un 99,8%. Con ello, somos el quinto país europeo con más dependencia energética del exterior. Y además, estamos en manos de países geopolíticamente peligrosos: importamos un 58% del petróleo y un 71% del gas de África (Nigeria, Libia, Argelia) y Oriente Medio (Arabia Saudí, Irak, Irán y Quatar), dos zonas potencialmente conflictivas.

El tercer problema es que además de consumir mucha energía importada, la gastamos mal: necesitamos más energía que el resto de Europa para producir lo mismo, somos un 15% más ineficientes que la media UE. Y las industrias españolas consumen tres veces más energía que las de los grandes países con los que competimos (Alemania, Francia o Italia).

Una factura energética desmesurada e ineficiente que no se va a rebajar en los próximos años vía precios: se espera que el consumo de energía siga creciendo en el futuro (por la mayor demanda de China y países emergentes), con lo que el petróleo (y el gas) seguirá subiendo, hasta los 200 dólares barril en 2030 (ahora está en 112), según la AIE.

Sólo quedan dos caminos para rebajar la factura energética: gastar menos (ahorrar energía) y fomentar las energías propias (hidráulica, nuclear y renovables: solar, eólica, biomasa…). Bruselas está obsesionada con que Europa ahorre y ha trazado un objetivo: recortar un 20% el consumo para 2020. El Gobierno Zapatero se despidió (julio 2011) aprobando un Plan de Ahorro 2011-2020, que pretendía ahorrar 7.800 millones al año invirtiendo 4.500 en ahorro y eficiencia (500 la Administración). Un Plan modesto que el Gobierno Rajoy está frenando con sus recortes: en enero y febrero ha suprimido 200 millones de ayudas a programas de ahorro y ha quitado otros 150 millones a otros cofinanciados con las autonomías. Además, boicotea las normas europeas de ahorro: no ha traspuesto la Directiva europea que obliga a las viviendas a tener una etiqueta de eficiencia energética desde 2007 (Bruselas ha llevado a España al Tribunal de Luxemburgo) y en octubre de 2012 votó en contra de una nueva Directiva de eficiencia en edificios públicos, alegando el déficit público.

La consecuencia es que está ahogando a una incipiente industria, las empresas de eficiencia energética, que ofrecen su servicio sin coste: hacen planes de ahorro y cobran de lo que se ahorren de luz, gas y petróleo la Administración, empresas y particulares. Si el Estado no apuesta por el ahorro y la eficiencia energética, menos las empresas y los particulares, ahogados con la recesión. Y menos si el Gobierno no fomenta el ahorro de electricidad, para proteger a las eléctricas: si se reduce el consumo de luz, el sistema ingresa menos y sube el déficit de tarifa, con lo que el Gobierno tendría que subir la otra mitad del recibo (los costes regulados) para compensarlo. Y no es políticamente correcto. Así que si no baja el consumo de luz, mejor porque así el Gobierno tiene que subirla menos.

Para ahorrar energía, hay que ver quién la consume: un 39,3 % el transporte, un 30% la industria, un 17% las viviendas, un 10% los servicios y un 3,7% la agricultura. El mayor esfuerzo hay que hacerlo en el transporte, no sólo porque gaste más, sino porque el 95,9% de su consumo es petróleo (99,8% importado). Las medidas a tomar son claras: menos camiones (83% transporte mercancías en España y 45% en la UE-27), más tren (3% frente a 10,7% en Europa) y más barco (10% frente a 37,2% en la UE), además de renovar el parque de automóviles (40% tienen más de 10 años y consumen un 15% más) y potenciar las flotas públicas y empresariales de coches híbridos y eléctricos. En las industrias, más ayudas a la reconversión energética. En las viviendas, subvenciones al aislamiento, bombillas y electrodomésticos de bajo consumo. Y en las administraciones y el alumbrado público, planes decididos de ahorro. En todos los casos, la inversión se paga con el ahorro conseguido.

Hay que tomarse en serio la cruzada contra el gasto de energía: no podemos gastar 125 millones al día en comprar fuera petróleo, gas y electricidad. Es un lastre para el Estado, las empresas y los consumidores que nos dificultará aún más salir de la crisis. Hace falta un pacto político para rebajar la factura energética, tan necesario como los pactos por el empleo y la defensa del Estado del Bienestar (sanidad, educación y dependencia). Y hay que hacerlo ya, porque las medidas surten efecto en diez o veinte años. Y si no lanzamos ya esta cruzada energética, la sexta crisis energética (que llegará) nos pillará a contrapié. Y será tan grave como la de las hipotecas basura o la del ladrillo. Ya la sufrimos en 1973 y 1979. Evitémos que sea peor esta vez. 

miércoles, 27 de febrero de 2013

Exportaciones al ralentí, por la crisis europea


Rajoy y su Gobierno han echado las campanas al vuelo: España ha reducido a mínimos históricos su déficit comercial con el exterior. Y es verdad. Lo que no dicen es que se debe, sobre todo, a la caída de las importaciones, porque las exportaciones van al ralentí: han crecido sólo un 3,8%, la cuarta parte que en 2010 y 2011. Un dato preocupante, ya que la exportación es la salvación de muchas empresas y muchos empleos. Pero está sufriendo la recesión en Europa, donde van dos tercios de nuestras ventas. Y la dura competencia de los países emergentes. Con ello, la cuota de mercado de España ha caído al 1,59%, su mínimo histórico. Además, los exportadores se encuentran sin crédito y sin avales para vender fuera, lo que complica más su existencia, junto a los recortes de las ayudas públicas. Hay que volcarse en la exportación, porque es uno de los motores para salir de la crisis, junto a la industria. Hay que duplicar las ventas de España fuera para asegurar más empleo dentro.
enrique ortega

Las exportaciones españolas han pinchado en 2012, al crecer sólo un 3,8%, frente a los fuertes crecimientos de 2010 (+16,8%) y 2011 (+15,2%). Y si descontamos la inflación (2,9%), casi se han estancado. La causa principal es la recesión en Europa (donde van el 70,6% de nuestras exportaciones), que ha reducido las compras de nuestros principales clientes: -6,2% Francia (16,2% total exportaciones), -3,1% Italia (7,4% exportaciones) y -5% Portugal (6,6%), no compensadas por las mayores compras de Alemania (+6,7%), nuestro segundo cliente (10,5% de nuestras exportaciones) y Reino Unido(+0,2%, el 6,2%). Y el resto de nuestras ventas han sufrido el pequeño crecimiento internacional y del comercio mundial en 2012.

La recesión en España ha frenado mucho más nuestras compras fuera, las importaciones, que han caído un 2,8 % en 2012, tras aumentar en 2010 (+16,5%) y 2011 (+9,6%). Ello ha reducido el agujero comercial de España con el exterior, un déficit que está ahora en -30.754 millones de euros, la tercera parte que antes de la crisis. Y tenemos, por segundo año consecutivo, superávit comercial con la Unión Europea: les vendemos más de lo que les compramos. Una buena noticia que encubre otra mala: un tercio de las importaciones son necesarias para renovar instalaciones y material de nuestras empresas y para poder exportar luego más. Y este frenazo en las compras exteriores indica que no se están poniendo los cimientos de la futura recuperación. Además, por desgracia, lo único que sube es la factura energética (+13,9%): 45.503 millones de euros, lo que ingresamos por turismo.

Este año 2.013, el Gobierno confía en que la exportación nos vuelva a sacar las castañas del fuego, con un crecimiento del 6% (cinco veces el previsto este año, +1,6%), algo bastante difícil según muchos expertos. Y eso, porque el crecimiento en Europa será otra vez muy débil (-0,3% la zona euro, según la Comisión Europea), como el comercio mundial. Y no ayuda el tener un euro fuerte, que se ha revalorizado desde el verano un 10% frente al dólar, 6% frente a la libra y 30% frente al yen. Y hay dos factores más de preocupación para 2013: la falta de crédito (los exportadores no encuentras avales para apoyar sus ventas) y los recortes presupuestarios. El Gobierno ha reducido otros 100 millones (-20,5%) los programas para la internacionalización de nuestras empresas. Y el ICEX, la agencia estatal que promueve las exportaciones, reduce su presupuesto un 24,5%: se queda en 83 millones, menos de la tercera parte que en 2008 (264 millones) y la dotación más baja desde hace 25 años. Y cae a la mitad la ayuda al desarrollo, clave para “vender la marca España”.

A pesar de este difícil panorama, las exportaciones españolas han aguantado mejor que la mayoría de Europa: entre 1999 y 2011, España perdió un 8,9% de cuota exportadora, menos que Alemania (-12%), Italia (-30%) o Francia (-40%), según un informe del BBVA. Eso sí, hemos caído al puesto 17º del ranking exportador, superados por India y Taiwán, con una cuota del 1,59% del comercio mundial, la más baja de nuestra historia. Pero las exportaciones han ganado peso en la economía (del 28 al 32% del PIB) y han ayudado decisivamente a salvar empleo (22%) y a que la recesión no sea más profunda.

Ahora, España debe dar un salto en sus exportaciones. Y tiene potencial, ya que somos la quinta economía de Europa pero el séptimo exportador (nos ganan Holanda y Bélgica, países más pequeños). Y con una economía similar a la de Italia, exportamos la mitad que ellos. Estamos bien en la exportación de servicios (3,30% de cuota, frente a 3,82 de Francia, 2,61% de Italia o 6,31% de Alemania), pero por debajo de la mayoría en la exportación de bienes, de productos (1,95 % de cuota frente a 2,88% de Italia, 3,51% de Francia, 7,95% de Alemania), según un estudio de ESADE. Y sólo exportan de forma habitual 37.250 empresas, el 1,1% del total, la mayoría medianas y grandes, muy pocas pymes.

El reto es conseguir duplicar las empresas que exporten y que vendan más. Las claves para exportar son cinco, según un documentado estudio del BBVA: tener más tamaño (las empresas de más de 250 trabajadores tienen un 65% más de productividad y exportan mejor), tener tecnología e innovación (un 80% de las empresas que invierten en I+D+i exportan), tener personal cualificado, tener capital extranjero (exportan nueve veces más que las que tienen sólo capital español) y tener crédito suficiente y pocas deudas.

En consecuencia, las medidas a tomar parecen claras: fomentar fusiones para conseguir empresas de mayor tamaño (sólo 0,2% tienen más de 200 empleados: tenemos la quinta parte de grandes empresas que Alemania), volcarse en la formación y en la tecnología (sólo hay recortes en  ambas), fomentar la inversión extranjera en España y volcarse en financiar a las empresas exportadoras, con créditos y avales públicos (ICO y CESCE). Además, hay que reducir los trámites burocráticos (España ocupa el lugar 55 en el ranking mundial de facilidades a la exportación), mejorar los incentivos fiscales y laborales (bajada cuotas S. Social) y apoyar más a la internacionalización de las pymes, mejorando y ampliando todo el entramado de oficinas comerciales en el exterior (faltan en Asia y África).

Además, España tiene por delante dos grandes retos: diversificar lo que exporta y dónde lo vende. La mayoría de lo que exportamos son productos de tecnología baja (alimentos, ropa y calzado) y media (plásticos, metales y automóviles), mientras Alemania, el tercer exportador del mundo, vende más productos de alta tecnología (industriales), con más valor añadido, que no compiten tanto en precio como en innovación, diseño y calidad (ventas más estables). El otro reto es exportar más fuera de Europa (destino del 70,6% de nuestras exportaciones), sobre todo a Latinoamérica (6,2%), Asia (8,5%) y África (6,8%). Ahora, se está poniendo el acento en un grupo de países con gran potencial: Brasil, México, China, India, Indonesia, Filipinas, Vietnam, Argelia, Marruecos, Angola, Nigeria, Sudáfrica, Turquía y Australia.

Al final, exportar no es sólo una necesidad por la recesión interna, sino un modelo de crecimiento: un país y una empresa sólo tendrá futuro si vende fuera la mitad de lo que produce. Es la única garantía de un empleo estable dentro. Hay que cambiar el modelo del ladrillo y las finanzas por la industria y las exportaciones, algo que no se hace en un año pero que hay que apuntalar ahora con firmeza, para que sean el motor de la esperada recuperación. Hay que mimar la exportación, invirtiendo sin recortes para asegurar el futuro. Nos jugamos el empleo de las próximas dos décadas.

domingo, 17 de julio de 2011

Energías renovables a paso lento

El Gobierno se despide aprobando un Plan de Energías Renovables 2011-2020 que busca obtener la quinta parte de la energía del aire, el sol y otras energías alternativas. Pero se trata de un Plan menos ambicioso que el anunciado el año pasado, con menores primas a las renovables, por la crisis. Y eso, a pesar de que Alemania, Italia y otros países van a relanzar las energías alternativas, tras la crisis nuclear de Japón. España, que está en primera línea en energías renovables, con empresas que son líderes mundiales en eólica y solar, corre el riesgo de quedar rezagada en la carrera por las energías limpias, que reducen la creciente factura del petróleo y crean tecnología, divisas y empleo. Podemos y debemos ser una potencia en renovables, pero hace una política decidida de apoyo, no recortes y cambios continuos.
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Las energías renovables han pasado en pocos años de aportar en España una pequeña parte de la energía (8,3% en 2005) a ser el 13,2% en 2010, con la vista puesta en que generen el 20% de la energía en 2020, la exigencia de Bruselas para toda la UE. Lo más importante es que un tercio de la electricidad (32,3%) que se consumió en España en 2010 ya procedía de las renovables: 14,6% de la eólica, 14,1% hidroeléctrica, 2,3% solar y el 1,6% de la biomasa y otras. Y en marzo de 2011, la energía eólica se convirtió en la primera fuente de electricidad (21%), por delante de la nuclear (19%), la hidráulica (17,3%) y el gas (17,2%).
Cara al futuro, la apuesta del Gobierno, en el PER 2011-2020 presentado en mayo, es mantener el esfuerzo, pero con menos ambición que el Plan anunciado en 2010: las renovables aportarán el 20% de la energía final, en  vez del 22,8%. Y sólo un 38,5% de la electricidad será renovable (ahora es el 32,3%), con altos porcentajes de kilovatios que vendrán del gas (34,7%) y nucleares (14,5%), aunque menos del carbón (8,2%) y el petróleo (2,2%). En la energía eólica, el nuevo Plan sólo incluye los proyectos ya autorizados por las autonomías y reduce a la cuarta parte la eólica marina. Se reducen también los objetivos para la biomasa y la geotermia es testimonial. En  cuanto a la solar, se asigna un objetivo de 350 MW al año, cuando Alemania ha instalado veinte veces más sólo en 2010.
La Fundación Renovables cree que este nuevo Plan retrasa en diez años el desarrollo de las renovables en España y propone dar un impulso para que aporten el 30% de la energía en 2020. De hecho, Alemania ya ha revisado sus objetivos, tras aprobar el abandono nuclear para 2022 por la crisis  de Fukushima, y busca ahora que las renovables aporten un 35% de su energía en 2020. Italia también ha parado su plan nuclear y tendrá que reforzar las renovables, como ha propuesto Obama en Estados Unidos y están haciendo otros países, incluido China.
España es uno de los países de referencia mundial  en energías renovables: somos líderes mundiales en energía eólica y nuestras empresas gestionan un tercio de la energía renovable en EEUU. Y en energía solar, somos el segundo país europeo en potencia instalada y tenemos la cuarta industria del mundo. Pero en 2010, con el recorte de primas a la energía eólica (240 millones) y solar (2.220 millones), para evitar mayores subidas de la luz, junto a los cambios normativos y la intromisión de las autonomías (concursos y nuevos impuestos), la industria española de renovables está muy tocada: la inversión cayó un 53 % y las empresas sobreviven ganando proyectos eólicos y solares en el extranjero.
Las energías renovables chocan con el sambenito de que son todavía muy caras y necesitan cobrar primas, que pagamos los usuarios en el recibo de la luz. Es verdad: el PER contempla pagar 18.500 millones en primas a las renovables, que irán perdiendo peso en el recibo: de suponer el 21,4 % de los costes del sistema eléctrico en 2010 pasarán al 10,1% desde 2018, año en que ya el ahorro de energía es mayor que el coste de las primas a las renovables. Son energías nuevas, en desarrollo, que exigen apoyo inicial, pero  que aportan grandes ventajas: ahorro en la factura energética (este año, más de 50.000 millones entre petróleo, gas y carbón), menos emisiones de CO2 (- 20% para 2020), más empleo estable (podrían crearse 100.000 en esta década), más tecnología y un creciente número de empresas españolas líderes en renovables, exportadoras y muy competitivas en Europa, Norteamérica y Asia.
De momento, el Gobierno ZP, abanderado de las renovables en 2004, ha plegado velas, acuciado por el ajuste presupuestario (el PER sólo contempla 323 millones/año en subvenciones y financiación pública a las renovables) y las presiones de las eléctricas, que prefieren las centrales de gas y las nucleares a pagar las primas de las renovables. Y no ha querido lanzar el debate nuclear, como Merkel o Berlusconi. Pero la cuestión está ahí y si no se renuevan las nucleares habrá que potenciar las renovables, una de las pocas industrias donde España puede ser líder mundial, una de las industrias para salir de la crisis. Pero la decisión, como tantas otras cosas, se retrasa para el futuro Gobierno en 2012. Y haría falta un gran Pacto energético, otro más, para trabajar a 20 años vista. Mientras, nuestras empresas venden generadores eólicos y centrales solares por todo el mundo, pero no en España.