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jueves, 4 de mayo de 2023

7ª subida de tipos: el BCE persiste en su error

Hoy 4 de mayo, el BCE volverá a subir los tipos de interés, la 7ª subida en menos de 9 meses. Se espera que los suba +0,25%, hasta el 3,75%, el tipo más alto desde 2008. La autoridad monetaria persiste así en su política “ortodoxa”, de subir los tipos para luchar contra la inflación, aunque ahora sea un error: la inflación no sube porque la economía esté “recalentada” y haya que “enfriarla” sino por la energía, los alimentos y la guerra, junto al aumento de los márgenes empresariales. Y por eso, los tipos suben pero la inflación apenas baja. Lo preocupante es que esta vieja receta “ortodoxa”  tiene un alto coste para familias (las hipotecas suben 3.500 euros al año), empresas (créditos) y paises (deuda), llevando a la economía europea al estancamiento: la zona euro crece +0,1% y Alemania 0%. Es hora de buscar otras medidas contra la inflación y acabar con el ricino inútil de los tipos altos, que hacen tanto daño. Es peor el remedio que la enfermedad.

Enrique Ortega

Los bancos centrales occidentales siguen “erre que erre” con su vieja receta ortodoxa de atacar la inflación a golpe de subidas de tipos de interés, una política monetaria que ya nos llevó a dos grandes recesiones en los años 80. Primero fue el Banco de Inglaterra, que ya ha subido 11 veces los tipos desde diciembre de 2021, del 0 al 4,25% actual (y espera subirlos otro +0,25% más el 11 de mayo). Luego le siguió la Reserva Federal USA, que desde el 16 de marzo de 2022 ha subido ya 10 veces sus tipos de interés, la última vez ayer 3 de mayo, otro 0,25%, dejándolo en el 5,25% actual, el tipo más alto desde septiembre de 2007 (5,25%). Y hoy le toca mover ficha al Banco Central Europeo (BCE): se espera que suba el tipo oficial del dinero en Europa un +0,25%, hasta el 3,75%, el tipo más alto desde noviembre de 2008 (3,75%). Eso siempre que en el Consejo del BCE de hoy no se impongan “los halcones, los paises que defienden una subida mayor (Holanda, Alemania, bálticos y nórdicos), del +0,5%, frente a “las palomas” (Italia, Francia, España, Portugal y Grecia), que defienden no subir más los tipos.

Este aluvión de subidas de tipos en Occidente ha sido la más rápida de la historia y  ha provocado ya un conato de crisis financiera, más en Estados Unidos que en Europa, debido a que los bancos (sobre todo medianos) se han encontrado con una cartera de deuda pública y de hipotecas que ahora valen mucho menos, al haberse disparado los tipos, lo que les hace incurrir en pérdidas contables si los clientes quieren recuperar sus depósitos. Eso ha frenado las últimas subidas de tipos en EEUU (+0,25% tres veces este año, tras subidas del +0,50% y del +0,75% cada vez en 2022), aunque no en Europa (el BCE subió un +0,50% en febrero y marzo), a pesar de la crisis del Credit Suisse.

Además, la Reserva Federal USA ha bajado la guardia, sugiriendo que va a frenar la subida de tipos en los próximos meses, porque la economía está creciendo la mitad de los esperado (un +1% en  el primer trimestre de 2023) y teme que caigan más bancos. Sin embargo, el BCE no se muestra preocupado porque sus 7 subidas de tipos (en menos de 9 meses) hayan llevado al estancamiento de la economía europea: los 20 paises de la zona euro sólo crecieron un +0,1% en el primer trimestre de 2023 (y un 0% el trimestre anterior), según Eurostat, con Alemania sin crecer nada (+0% en el primer trimestre de 2023), Francia casi nada (+0,2%) e Italia y España creciendo el 0,5% al inicio de este año. Y con la última previsión del Fondo Monetario Internacional (FMI) de que la zona euro sólo crecerá un +0,8% en 2023, cayendo Alemania (-0,1%) y Reino Unido (-0,3%), mientras esperan que EEUU crezca +1,6%, China +5,2%, Japón +1,2% y las economías emergentes +5,2%.

El BCE persiste en su ortodoxia monetaria y reitera que seguirá subiendo los tipos mientras la inflación siga elevada, una receta en la que le acaba de apoyar el FMI, quien le pidió en abril que subiera los tipos (mientras volvía a pedir ajustes en el gasto a los paises, como en los viejos tiempos…). Eso indica que podría volver a subirlos en junio o julio, otro +0,25% (hasta el 4%), aunque sabe que la inflación va a seguir alta varios años más: su previsión es que los precios subirán un +5,3% en 2023, un +2,9% en 2024 y un +2,1% en 2025, tres años por encima de su objetivo “ideal” de inflación para la eurozona, el 2%. Así que auguran tipos altos este año y el que viene y no bajarán los tipos al menos hasta 2025.

El problema es que esta política monetaria ortodoxa es ahora poco eficaz, ya que la inflación actual es diferente a la de otras veces, cuando la economía estaba “recalentada” por un aumento de demanda, que podía “enfriarse” encareciendo el dinero y frenando así el consumo y la inversión, los detonantes de la inflación “de demanda”. Ahora, la inflación tiene un origen diferente, es una inflación “de oferta: los precios suben porque suben los costes (inflación “de costes”), sobre todo la energía, las materias primas y los alimentos, no porque se haya disparado el consumo y la actividad. Y los tipos altos poco pueden hacer para bajar el precio del petróleo, el gas, la electricidad, los alimentos y las materias primas, así como las consecuencias inflacionistas de la ruptura de las cadenas de suministros o los embudos en el comercio mundial. Y menos, parar la guerra de Ucrania, un detonante de esta inflación disparada desde el verano de 2021. Por eso, esta vez, la subida de tipos es ineficaz para bajar la inflación, sobre todo en Europa.

Los datos demuestran que las duras subidas de tipos apenas bajan la inflación. De hecho, la inflación en la zona euro estaba en el 8,6% en junio de 2022 (antes de la primera subida del BCE, en julio), siguió subiendo hasta un máximo del 10,1% en noviembre (tras las subidas de julio y septiembre), bajó al 8,5% en febrero (casi igual que antes subidas) y ha subido del 6,9 al 7% en abril de 2023, según Eurostat: 7 subidas para bajar la inflación del 8,6 al 7%, más del triple del 2% objetivo del BCE. Y si analizamos la inflación de fondo (subyacente: sin energía y alimentos frescos), ha subido, del +4,6% que estaba en junio de 2022 (antes de la 1ª subida de tipos del BCE) al 7,5% en marzo y el +7,3% con que cerró abril de 2023, casi el doble de la inflación subyacente que teníamos antes de aplicar “el ricino monetario”. Vaya fracaso.

Las subidas de tipos del BCE (y de la Reserva Federal, aunque menos: la inflación ha bajado del 9,1 en junio 2022 al 5% en marzo 2023) no solo han sido ineficaces sino que  han tenido un alto coste para familias, empresas y paises, algo que ya sabían de antemano los responsables de la política monetaria (“el ajuste es doloroso, pero necesario para combatir la inflación”, advertían hace meses en el BCE). Y han llevado a la economía europea al estancamiento, a no crecer, encima para apenas bajar la inflación, lo que se traduce en menor empleo e inversión, en no salir de la crisis de la pandemia y la inflación.

La subida de tipos del BCE está dañando especialmente a las familias, porque las 7 subidas aprobadas han disparado el coste de sus hipotecas y créditos. El Euribor, el tipo al que se prestan los bancos entre sí y que marca la revisión de las hipotecas a tipo variable, se ha disparado en los últimos meses: ha pasado de estar 6 años en negativo (desde 2016) a empezar a subir en abril de 2022 (+0,013%), dispararse en agosto (+1,249%), septiembre (+2,233%) y diciembre (+3,018%) para seguir subiendo hasta rozar el 4% en marzo y luego bajar algo (por temor a una crisis financiera), cerrando abril en el +3,757%. Con ello, la familia que tenga que revisar ahora una hipoteca media  (180.000 euros a 25 años, contratada al Euribor+1%) pagará 291 euros más al mes (+3.500 euros anuales). Eso coloca a muchos de los 4 millones de hipotecados (con tipos variables) en una situación muy vulnerable, teniendo que dedicar el 40% y más de sus ingresos a pagar la hipoteca, después de que la inflación les haya comido unos sueldos que apenas han subido los dos últimos años.

Además de afectar a los que tienen una hipoteca, la subida de tipos va a dificultar que muchas familias piensen ahora en endeudarse para comprar un piso. Los tipos de las nuevas hipotecas se han encarecido del 1,38% de media en 2021 al 3,664% en marzo de 2023, según el Banco de España (menos, el 3,47%, de media en la zona euro). Con ello, pedir hoy una hipoteca ha subido, hasta una franja del 3,34% al /5,74% para las de tipo fijo y Euribor +0,48/+0,89% las de tipo variable, que los bancos vuelven a recomendar (porque ganan más). Y encima, como se ha producido una caída de la demanda de hipotecas, los bancos han frenado las subidas y a cambio endurecen la concesión, exigiendo más sueldos y garantías. Con todo ello, comprar una casa es ahora más caro y eso disparará la demanda de alquileres, cuyos precios suben cada día. Y en paralelo, la subida de tipos ha encarecido también los créditos consumo (para comprar un coche, un electrodoméstico o un viaje): han pasado del 6,27% en febrero de 2022 al 7,55% en febrero 2023, según el Banco de España.

Lo que no sube apenas es lo que los bancos pagan por los depósitos, salvo a los más ricos y a las grandes empresas (que tienen más poder de negociación): los depósitos a la vista de las familias se remuneran en España al 0,08% (frente al 0,12% en Europa), los depósitos hasta a 2 años al 0,30% (pagan el 1,07% en la zona euro) y los depósitos a más de 2 años se remuneran al 0,51% (1,72% pagan en Europa). Con este “racaneo” en el pago de depósitos, la banca española se ahorra casi 1.500 millones de euros (924,16 millones que dejan de cobrar las familias y 547,97 millones las empresas), según cálculos del BCE. Así que los bancos ganan con la subida de tipos por partida doble: cobran más por el dinero que prestan (hipotecas y créditos) y pagan casi lo mismo por los depósitos. Resultado: los grandes bancos españoles han ganado 5.696 millones netos en el primer trimestre (entre un +10 y un +69% más), después de pagar 1.120 millones por el nuevo impuesto que han recurrido a los Tribunales.

Junto a las familias, las empresas también llevan meses perdiendo con la inútil subida de tipos del BCE. El tipo medio de los créditos de menos de 250.000 euros, a pymes, ha subido del 1,70% (febrero de 2022) al 4,05%, los créditos de 250.000 euros al millón han triplicado su coste (del 1,35 al 3,93%) y los créditos superiores al millón de euros han cuadruplicado su coste, del 0,83% (febrero 22) al 3,87% (febrero 2023), según el Banco de España. Además de pagar más por financiarse, las empresas tienen ahora más difícil conseguir créditos. Y si miramos a los paises, los Gobiernos tienen más dificultades para colocar su deuda pública, que en el caso de España es muy elevada (1,5 billones): ahora tienen que pagar más intereses a los inversores, por la subida de tipos del BCE. Así, el tipo del bono español a 10 años ha subido del 0,76% (febrero 2022) al 3,657% (diciembre 2022) y al 3,306 ayer. Con ello, más dinero del Presupuesto para pagar la deuda (estaban previstos 31.275 millones en 2023, la 2ª mayor partida tras las pensiones) y menos para gastos sociales.

Como se ve, muchos y elevados costes para familias, empresas y paises derivados de la equivocada política de tipos del BCE y otros bancos centrales. Pero la presidenta del BCE y los consejeros “halcones” no se fijan en estos costes y defienden “seguir erre que erre”, volver a subir tipos (otro +0,25%, hasta el 4%) en la próxima reunión del 15 de junio. Y luego, esperar y ver, sin prisa para bajar tipos hasta 2025. Les importan poco los daños a las familias vulnerables, que no se puedan financiar algunas pymes o que pueden tener problemas para colocar su deuda Italia, Grecia, Portugal o España. Tampoco temen que algún banco europeo pueda entrar en crisis, como los bancos USA, porque tienen el mismo riesgo: los bancos han acumulado mucha deuda pública estos años, deuda que ahora vale menos de lo que indican sus libros (la vieja deuda baja su rentabilidad cuando la nueva sube). Y si tienen que venderla, para afrontar retiradas de depósitos, incurrirían en pérdidas. Nada de esto les preocupa: ortodoxia, ortodoxia, ortodoxia. Seguir recetando ricino para purgar la economía aunque el enfermo entre en coma. Todo vale para bajar la inflación.

El problema es que la inflación apenas baja e incluso hay el riesgo de que suba, por el repunte del petróleo (tras el recorte de producción de la OPEP y Rusia), las subidas de los alimentos y materias primas y el posible recrudecimiento de la guerra en Ucrania. Y sobre todo, porque no se afrontan las causas de fondo de la inflación actual: el mal funcionamiento de los mercados energéticos, el lento avance en la lucha contra el Cambio climático,  la subida desorbitada de los alimentos y materias primas, los embudos en las cadenas de producción y comercio, el debilitamiento del comercio mundial… Y, sobre todo, el aumento de los márgenes empresariales, que están disparando los beneficios de algunos sectores y empresas a costa del bolsillo de los consumidores.

El propio BCE acaba de reconocer que los márgenes empresariales han contribuido a dos tercios del crecimiento de la inflación en 2022, sobre todo en la energía, agricultura, industria, construcción, hostelería y restauración. Pero en lugar de pedir a las empresas que moderen sus márgenes, que suben más que los salarios, vuelven a subir los tipos. Y, de paso, dan otra receta a los Gobiernos europeos: que retiren los estímulos para luchar contra la inflación (rebajas de impuestos, ayudas, etc.), porque están ayudando a que no caiga más el consumo y los precios… Ojo, en España, el consumo de las familias ha caído en los últimos 6 meses (según el INE) a pesar de los estímulos, por la inflación y la subida de tipos. Si no existieran, como pide el BCE, la crisis sería peor, sobre todo para los más desfavorecidos. Aún así, defienden quitarlos. Y subir tipos. No les importan las consecuencias. Es la vieja ortodoxia neoliberal que triunfó en la política europea durante la crisis financiera de 2008. Ahora, los Gobiernos están en otra onda, pero el BCE no, como denuncia el Nobel Stiglitz. Aunque sean “independientes”, alguien debería pararles los pies.

jueves, 8 de septiembre de 2022

Segunda subida (peligrosa) de tipos de interés

Hoy jueves, el BCE subirá el precio oficial del dinero (+0,50%, quizás +0,75%), tras subirlo a finales de julio (+0,50%), por primera vez desde 2011. Una medida que pretende frenar la inflación en Europa, pero que va a ser poco eficaz, porque esta vez la inflación no es porque la economía esté recalentada y el dinero más caro no va a frenar el precio del gas, la luz o los alimentos. Pero la subida de tipos, que va a seguir en los próximos meses, va a tener un alto coste para la economía, para las familias y empresas: encarece las hipotecas (120 euros al mes), los créditos y la deuda pública, recortando aún más los ingresos de las familias y negocios, lo que reducirá su consumo e inversión y recortará el crecimiento, agravando los efectos de la inflación. Por todo ello, la subida de tipos es una receta peligrosa (e inútil), que puede provocar la recesión en Europa y daña más a los más vulnerables. Atajen la inflación por otros caminos, que los hay.

Enrique Ortega

Los tipos de interés son una herramienta básica de la política económica. El precio oficial del dinero lo fijan los bancos centrales (Banco Central Europeo, Reserva Federal USA, Banco de Inglaterra, Banco de Japón…), instituciones independientes de los Gobiernos, para que puedan decidir libremente cuando encarecen o abaratan el dinero, como principal “arma” contra la inflación. Cuando las economías crecen mucho, hay un exceso de consumo e inversión, los precios se disparan y hay riesgo de que la inflación se “coma” los ingresos de familias y empresas, provocando una crisis. Receta: los bancos centrales suben los tipos de interés, el dinero es más caro, se gasta y se invierte menos y la economía “se enfría”. Es lo que pasó en la “burbuja” de principios de siglo, cuando los tipos estaban en el 5,25% (USA, 2006 y 2007) y el 4% (Europa 2007). Pero llegó la crisis financiera, en 2008, y los bancos centrales hicieron lo contrario (ver gráfico): bajaron el precio oficial del dinero para “reanimar la economía”, bajando los tipos al 0% (en 2009 en USA y en 2016 en Europa), donde han estado hasta que estalla la actual inflación, desatada por la invasión de Ucrania.

La inflación “objetivo para todos los bancos centrales es el 2% anual. Y como rondaba esa cifra, más con el parón económico de la pandemia, han estado “tranquilos” hasta 2021. El año pasado, la recuperación de la actividad tras lo peor del COVID, la mayor demanda, la falta de productos en China y otros productores, más los “atascos” en el comercio marítimo mundial, ya dispararon los precios en primavera y verano (4,2% inflación en USA en mayo y 3% en la zona euro en agosto). A finales de 2021, la inflación creció más (6,8% anual en USA y 5% en la zona euro), debido a la energía y a las maniobras de Putin para recortar la oferta de gas. Pero tanto el BCE como la Reserva Federal esperaron a tocar los tipos: pensaron que era una inflación “temporal”, que se iría corrigiendo. Pero con la invasión de Ucrania (24-F 2022), la inflación mundial se disparó (7,9% en marzo en USA y 7,4% en la zona euro).

La Reserva Federal USA no esperó más y el 17 de marzo de 2022 subió los tipos de interés un +0,25% (por primera vez desde 2018), cuando llevaban en el 0% desde marzo de 2020, por la pandemia. Y como la inflación no cae, sino que sigue subiendo (hasta un máximo del +9,1% en julio, el récord en 40 años), la Reserva Federal hace tres subidas más (+0,50% en mayo y +0,75% en junio y julio), hasta dejar los tipos en el 2,25%, aunque volverá a subirlos este mes de septiembre (+0,50%) y los siguientes, en un escenario que prevé dejarlos en torno al 3% a finales de 2022.

Mientras, el BCE “se ha estado pensando” subir tipos, porque temía llevar a Europa a la recesión si encarecía el dinero en plena crisis por la invasión de Ucrania. Y finalmente, presionado por los bancos centrales más “ortodoxos” (Alemania, Holanda, Austria y países bálticos), decidió subir tipos moderadamente (+0,50%) el 21 de julio, la primera subida del dinero en Europa desde noviembre de 2011. Y hoy, 8 de septiembre (con una inflación histórica del +9,1% en la zona euro en agosto), el BCE aprobará la 2ª subida de tipos (frente a las 5 subidas que hará EEUU), que podría ser incluso del +0,75%, dejando el precio oficial del dinero en el 1,25% (o el 1%), la mitad que en USA.Y hay fuertes presiones de países y expertos para que la subida del dinero siga y ronde el 2% a finales de año.

Hasta aquí, el distinto camino en la subida de tipos de EEUU y Europa, mientras también han subido tipos los demás países, desde Reino Unido (1,75%) o Canadá (2,50%) a China (3,65%), salvo Japón (-0,10%). La duda es si la receta de subir tipos servirá contra la inflación actual, porque esta vez (a diferencia de los años de la burbuja previa a 2008) no estamos ante una inflación de demanda (no suben los precios porque haya mucha actividad y la economía esté “recalentada”) sino ante una inflación de oferta (de costes), por el aumento desmesurado de la energía, los alimentos y las materias primas. Y por eso, ya hay expertos que alertan de que la receta “ortodoxa” de combatir la inflación encareciendo el dinero no va a funcionar, porque la subida de tipos no evitará que sigan subiendo el gas natural, la electricidad, el petróleo, los carburantes o los alimentos. Mercados que se rigen por otros mecanismos y donde Putin juega con los precios como “arma de guerra” contra Occidente.

El problema es que la subida de tipos puede no funcionar contra la inflación, pero es seguro que va a empeorar la situación de las familias y empresas europeas. De hecho, ya lleva meses haciéndolo, al haber subido el Euribor (el tipo al que se prestan los bancos europeos entre ellos) desde diciembre de 2021: estaba en negativo (-0,502) y se puso en positivo ya en abril (+0,013%), tras la primera subida de tipos en USA (marzo), y ha cerrado agosto en el +1,249%, el Euribor más alto desde mayo de 2012 (+1,266%). Y los expertos prevén que el Euribor cierre el año en el entorno del +1,8 al +1,9%, tras estar en negativo (por los tipos al 0%) entre febrero de 2016 y marzo de 2021.

¿Qué consecuencias tiene esta fuerte subida del Euribor? La primera y más llamativa, que las familias pagarán más por su hipoteca: se estima que hay 5,5 millones de hipotecas “vivas”, de las que 4,1 millones (el 75%) son a tipo de interés variable y el 90% de ellas referenciadas al Euribor (pagan de interés el Euribor más un diferencial del 1 al 2%). Así que las 3,6 millones de familias con una hipoteca variable referenciada al Euribor les ha subido o les va a subir su cuota mensual cuando la revisen (anualmente). La estimación es que, con el Euribor actual, la cuota de una hipoteca media (150.000 euros a 25 años) les suba 120 euros al mes (1.400 euros al año). Y será más cuanto más suban los tipos y el Euribor.

Además de pagar más por su hipoteca, los jóvenes y las familias tendrán más difícil conseguir una hipoteca nueva, porque ahora, al subir las cuotas y el dinero, los bancos “mirarán con lupa” (más) a los solicitantes, porque temen que les suban los impagos, dado que el endeudamiento de las familias ha aumentado con la pandemia, hasta los 704.000 millones de euros, según el Banco de España. Y lo mismo pasará con la solicitud de los créditos personales, que también se han encarecido. Además, la banca está tratando de que los clientes (nuevos y antiguos) contraten hipotecas a tipo fijo (más caras), que ahora parecen más convenientes, pero que pueden ser una mala opción a 25 años, cuando lo normal es que la inflación y los tipos vuelvan a niveles normales (en torno al 2%).

La subida de tipos perjudica también a las empresas, que ya están sufriendo la subida del Euribor a 3 meses, el que se utiliza con sus créditos: ha pasado del -0,572% en diciembre de 2021 a un tipo récord del +0,654% a finales de agosto. De hecho, en el primer semestre de 2022 (antes de la 1ª subida del BCE), el interés medio de los créditos a las empresas había subido entre un +11 (los préstamos de hasta 250.000 euros) y un +22% (los préstamos de más de 1 millón de euros), según el Banco de España. Así que las empresas tendrán que pagar más por los nuevos créditos y por los que ya tienen. El saldo “vivo” del crédito de la banca a las empresas es de 561.373 millones de euros y dos tercios de esa deuda está referenciada a tipo variable, los que más van a notar la subida de los tipos y el Euribor. Y estos mayores costes financieros les llegan a las empresas cuando aún están pendientes de pagar los créditos ICO solicitados para afrontar la pandemia (lo peor lo tienen las pymes, que están pendientes de devolver 130.000 millones de estos créditos).

Junto a las familias y las empresas, el Estado (el Presupuesto, todos) también sufrirá la subida de tipos hecha y por hacer. Primero, porque se han encarecido (y se encarecerán más) los intereses que hay que pagar por la deuda pública: si en enero de 2022, España colocaba sus bonos a 10 años pagando un 0,60% de interés, en junio ya pagábamos el 2,779% y ayer 7 de septiembre había que pagar a los inversores el 2,709% (una “prima” de riesgo o plus de 1,14% frente al bono alemán, que se colocaba pagando el 1,5640%). Este encarecimiento de la deuda, por la subida de tipos, irá a más y aumentará la factura de intereses del Presupuesto 2022 y 2023, después de pagar 31.675 millones en 2021 (la segunda mayor partida de gasto público, tras las pensiones). El problema es que esta mayor factura en pagar los intereses de la deuda pública podría ser de 12.000 millones extras entre 2022 y 2025, según la AIReF, lo que significa que la subida de tipos puede comerse en tres años el presupuesto anual de sanidad, educación y cultura juntos.

Así que la subida de tipos y de los intereses de la deuda complica aún más las cuentas públicas, restando recursos para otros gastos y ayudas (después de que las medidas contra la inflación hayan supuesto ya un gasto público extra de 30.000 millones de euros). Y todo será medianamente asumible mientras no estalle otra crisis de la deuda en Europa, como en 2010-2012. El BCE ha asegurado que no va a permitir que los mercados “especulen” contra la deuda de Italia, Grecia, España y Portugal, encareciéndola aún más, para lo que aprobó en julio un “mecanismo anti fragmentación, que permite la compra extraordinaria de deuda de los países que sean injustificadamente “atacados” por los mercados. Hasta ahora ha funcionado, pero veremos si es efectivo tras las elecciones en Italia, el 25 de septiembre, cuando existe el riesgo de que “vuelva el baile” contra la deuda de los países del sur.

En definitiva, que la receta de subir tipos contra la inflación tendrá un alto coste para familias, empresas y las cuentas públicas de los países. Y hay un coste más: la depreciación del euro. Al tener EEUU un tipo de interés más alto que Europa y reforzarse el dólar como “moneda refugio” de esta crisis (como en todas), el euro lleva meses perdiendo valor frente al dólar y ayer cotizaba a 0,9904 euros por dólar, el precio más bajo desde que existe la moneda europea (llegó a cotizar a 1,2324 euros en junio de 2021) y una caída del -12,7%   desde la invasión de Ucrania (cotizaba el 23-F a 1,1344 euros por dólar). Eso significa que la caída del euro encarece un +12,7% todos los productos importados que Europa y España pagamos en dólares (la mitad de lo que importamos). Así que otra consecuencia de la subida de tipos es que cae el euro y eso “alimenta más la inflación, al tener que pagar más euros por el gas, el petróleo, los carburantes, alimentos y materias primas que compramos en dólares...

Como vemos, la medicina de subir tipos tiene muchas contraindicaciones, un alto coste, sin que tengamos garantías de que baja la inflación (muy poco en USA y nada en Europa). A pesar de eso, los responsables de los bancos centrales, reunidos en agosto en USA, abogaron por más subidas, por “más ricino”, aun reconociendo que “la guerra contra la inflación puede ser algo doloroso para las familias y empresas” (Jerome Powell, presidente Reserva Federal USA). En el BCE, hay hoy un debate entre “halcones” (Alemania, Holanda, Austria, bálticos) y “palomas “ (Francia, España) para ver si suben más (0,75%) o menos (0,50%) los tipos y cuanto más hay que subirlos los próximos meses, dado el riesgo de que la medida recorte el crecimiento y provoque una recesión en Europa.

Además, lo que está claro es que el coste de la subida de tipos, aunque “doloroso” para todos, es mayor para las familias y empresas más vulnerables: afecta más a las familias con menos ingresos que están hipotecadas y a las pymes en peor situación tras la pandemia, así como a los países más endeudados (Grecia, 189% deuda/PIB, Italia (152,6% deuda, Portugal, 127% deuda y España, 117,7% deuda). Así que “el ricino de los tipos” no afecta por igual a todos. De hecho, el propio Banco de España considera que “afectará más a las familias más vulnerables”, porque pagar ahora la hipoteca les supondrá más del 36% de sus ingresos (ya recortados por la subida de la energía y los alimentos, que se llevan una mayor porción de sus gastos que en las familias más ricas).

En resumen, que la receta de subir los tipos en plena crisis de inflación puede ser ineficaz y es muy costosa para muchas familias, empresas y países vulnerables, entre ellos España. Así que habría que aplicar la medicina con mucho cuidado, para no agravar más la salud de los más afectados por la disparada inflación. Y convendría buscar otras recetas. Empezando por una estrategia energética internacional, que busque ahorrar en el consumo de energías fósiles contaminantes (petróleo y gas) y racionalizar la oferta, con acuerdos con los países productores y medidas de defensa contra los precios disparados (como la decisión del G-7 y la Comisión Europea de poner un tope al precio del petróleo y gas). También hay que reestructurar los mercados de alimentos y materias primas, con acuerdos internacionales y stocks de seguridad, que eviten altibajos de precios y hambrunas). Hay que recomponer las cadenas de suministros, racionalizando el tráfico marítimo, y diversificando la producción de componentes, para que Occidente no dependa tanto de Asia. Y hay que conseguir una política racional de producción de bienes y servicios, para evitar la falta de productos, inversiones y plantillas (mal pagadas) en medio mundo. Hay que redefinir” el capitalismo, tras la pandemia y la inflación. Medidas a medio plazo, pero más eficaces que el atajo de subir tipos.