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lunes, 17 de mayo de 2021

La generación de las 2 crisis

La generación nacida entre 1985 y 1995 tiene la maldición de ser la única en el último siglo que ha vivido 2 grandes crisis, la de 2008 y la pandemia. Y por eso viven peor que sus padres, pero sólo en la Europa del sur: en Alemania viven mejor, según un estudio reciente. Esta generación, entre 26 y 36 años, es “la pagana” de las dos crisis y eso ha afectado a su empleo, precariedad, bajos ingresos y problemas para emanciparse y crear una familia. Y ha cambiado la política en el sur de Europa, porque desconfían más de la democracia y son pasto de la apatía y el radicalismo de populistas y la extrema derecha. Urge tomar medidas, por ellos (quizás sea tarde) pero sobre todo para evitar que la siguiente generación, los nacidos entre 1995 y 2005, sean otra “generación perdida”. El Plan de Recuperación contempla inversiones europeas para crear empleo y oportunidades a los jóvenes. Hay que ofrecerles una salida ya.

Enrique Ortega

Europa se construyó, tras la II Guerra Mundial, gracias a un pacto político, económico y social entre democristianos y socialdemócratas que buscaba conseguir un alto crecimiento y repartirlo con potentes Estados del bienestar. Y funcionó: Europa tuvo tres décadas de fuerte crecimiento (“los treinta gloriosos”, entre 1945 y 1.973) y las generaciones europeas de postguerra vivieron “mejor que sus padres, una tras otra. Pero a mediados de los 70 empezaron las crisis, primero del petróleo, luego de las divisas y la deuda, enfriando el crecimiento y, sobre todo, repartiéndolo peor, por el auge de los neoliberales (Thatcher y Reagan), la reunificación alemana (que pagó toda Europa) y el recorte generalizado del Estado del bienestar. Y en 2008 estalló la crisis financiera, que en la Europa del sur se amplió con la crisis de la deuda, hasta 2013. Y tras sólo 6 años de débil recuperación, saltó una segunda gran recesión, por la pandemia, la mayor del último siglo. Con todo ello, el pacto político y social que alumbró la mejor Europa se ha derrumbado.

Las dos crisis han afectado duramente a todos los europeos, pero los grandes “paganos” han sido los jóvenes, que han visto caer y precarizarse su empleo, aumentar su paro, rebajar sus ingresos y no poder acceder a una vivienda y a crear una familia, obligados a vivir con sus padres hasta pasados los 30 años. Y con ello, la generación nacida entre 1985 y 1995, los que tienen ahora entre 26 y 36 años, “viven peor que sus padres”, algo que no sucedía en Europa desde antes de la II Guerra Mundial. Pero no pasa en todos los paises. Viven” peor que sus padres” los jóvenes de la Europa del sur, porque en Alemania y la Europa del norte, esa misma generación vive mejor que sus padres, según el estudio “La generación de la doble crisis”, elaborado por Esade y la Friedrich Naumann Foundation. Y eso, porque la crisis de la deuda (2010-2013) y los recortes impuestos a Grecia, Portugal y España han dañado más a los jóvenes del sur de Europa.

En España, los datos oficiales revelan con claridad que los jóvenes han sido los principales “paganos” de las 2 últimas grandes crisis. Por un lado, perdiendo más empleo. Entre junio de 2008 y marzo de 2014, España perdió 3.696.300 empleos, una caída del -17,90%, según la EPA. Los jóvenes de 16 a 19 años perdieron 251.500 empleos (-77,7%), los de 20 a 24 años otros 894.500 (-58,48%) y los de 25 a 29 años perdieron 1.198.400 empleos (-43,18%). En total, los jóvenes de 16 a 29 años perdieron con la crisis de 2008-2013 un total de 2.344.400 empleos (-50,65%), casi dos tercios de todo el empleo perdido en España.

Y al llegar la recuperación, en marzo de 2014, los jóvenes también se aprovecharon menos del mayor crecimiento conseguido hasta finales de 2019. Si España recuperó en estos casi 6 años un total de 3.016.300 empleos (+17,79%), un 81,6% del empleo perdido, los jóvenes de 16 a 19 años recuperaron 74.400 empleos (el 29,58% de los perdidos), los de 20 a 24 años otros 272.000 empleos (el 30,4% de los perdidos) y los de 25 a 29 años recuperaron 141.800 empleos más (el 11,8% de los perdidos). Así que en conjunto, los jóvenes de 16 a 29 años sólo recuperaron el 20,84% de los empleos perdidos.

Y en esto llegó la pandemia, con la mayor recesión del último siglo. Y otra vez se ha cebado sobre los jóvenes, sobre una generación que todavía no se había recuperado de la anterior gran crisis. Así, entre diciembre de 2019 y marzo de 2021, España ha perdido 760.000 empleos (casi la quinta parte que en la crisis anterior, por los ERTEs y las ayudas públicas), un -3,8% del empleo que había al final de la recuperación, según la EPA. Pero los jóvenes de 16 a 19 años han perdido 65.800 empleos (-44,91%, casi 12 veces más), los de 20 a 24 años han perdido otros 145.500 empleos (-16,06%, cuatro veces más que la media) y los de 25 a 29 años perdieron otros 131.900 empleos (-7,6%, el doble que el país). En conjunto, los jóvenes españoles de 16 a 29 años han perdido con la pandemia 343.200 empleos, casi la mitad (el 45,15%) de todos los empleos perdidos en los últimos 15 meses en España.

Esta mayor pérdida de empleo con las dos crisis se ha traducido también en un mayor paro, porque si antes les resultaba difícil encontrar trabajo, ahora, con la pandemia les cuesta mucho más. Veamos el salto del paro juvenil tras las dos crisis. Si el paro en España saltó del 9,3% en febrero de 2008 al 26,2% en julio de 2013 (+16,9%), el paro juvenil (menores de 25 años) subió del 23% en 2008 al 56,2% en 2013 (+33,2%, el doble de aumento que el paro total). Y aunque bajó el paro juvenil con la recuperación, todavía estaba en el 32% a finales de 2019. Ahora, con la pandemia, volvió a subir hasta el 37,7% en marzo de 2021, la tasa de paro juvenil más elevada de toda Europa, más del doble que la media de la UE-27 (17,1% de paro juvenil) y 6 veces el paro que tienen los jóvenes en Alemania (6%), según Eurostat.

Está claro que las dos crisis se han cebado más en los jóvenes en España y también en la Europa del sur (Grecia, Portugal e Italia), que ya sufrió mucho más la crisis financiera y de deuda de 2008 y que también está sufriendo más la recesión de la pandemia, por el gran peso del turismo y los servicios, donde los jóvenes tienen un mayor peso que los adultos. Esto, más los recortes de la última década y el menor gasto en políticas sociales y formación, explican que la generación de las 2 crisis, los nacidos entre 1985 y 1995, vivan ahora “peor que sus padres”, según el estudio de Esade y la Fundación Naumann. Estiman que esta generación ha perdido entre 1.000 y 2.000 euros de ingresos al año y que al llegar a los 33 años, han conseguido unos 13.000 euros menos de patrimonio que sus padres. Y esto les provoca no poder comprar una vivienda, emanciparse ni formar una familia.

Pero, ojo, el estudio revela que esto ha sucedido con los jóvenes del sur de Europa, en concreto los jóvenes de España, Italia y Portugal, donde la generación post crisis (nacidos entre 1985 y 1995) “vive peor que sus padres”. Pero en Alemania (y la Europa del norte) no ha pasado esto: la generación post crisis alemana (los jóvenes de 26 a 36 años) “vive mejor que sus padres” (igual que sus padres vivían mejor que sus abuelos): han conseguido acumular un patrimonio 40.000 euros mayor que sus progenitores. Y eso, porque sufrieron menos la crisis financiera y de deuda de 2008-2013, no les alcanzaron los ajustes y tienen una economía robusta y más saneada que ha aguantado mejor la pandemia.

El estudio revela con múltiples datos que la generación post-crisis (nacidos 1985-1995) de la Europa del sur tiene unas menores tasas de empleo y menores ingresos que la generación anterior pre-crisis (nacidos entre 1975 y 1984), que tienen menos patrimonio acumulado, menos viviendas en propiedad y más dependencia del alquiler, tardan más en emanciparse y formar una familia, lo que provoca una fuerte caída de la natalidad. Y este retraso en el nivel de empleo e ingresos no lo recuperan, frente a la generación pre-crisis, hasta los 33 años, lo que les retrasa construir su proyecto vital. Y más entre los jóvenes con menos formación.

Esta lamentable situación de la generación post-crisis en el sur de Europa explica muchas cosas, según detalla el estudio. La primera que estos jóvenes, pasados por “la trituradora” de dos graves crisis, tienen una percepción muy pesimista de las oportunidades que les ofrece la sociedad, al contrario que sus padres y abuelos, que confiaban en vivir cada vez mejor. La percepción sobre las oportunidades de trabajo que tienen por delante es de 5 sobre 10 en España y Portugal y de 4,1 en Italia, frente a 7 puntos en Alemania. Y eso nos lleva al siguiente punto que refleja el estudio, asentado en encuestas a jóvenes europeos post-crisis: creen que tienen una falta de oportunidades, están insatisfechos con la democracia (en España le dan una nota de 4,75 sobre 10, frente al 4,1 que puntúan italianos y portugueses) y defienden una mayor redistribución, para no ser “los paganos de todas las crisis”.

Esta ruptura del gran pacto político económico y social europeo de postguerra (“vivir mejor que nuestros padres”) ha provocado también una ruptura del mapa político europeo, del bipartidismo tradicional (democristianos y socialdemócratas, “aderezados” con liberales), alejando a los jóvenes post-crisis de la política y acercándoles a nuevas opciones políticas, ligadas al populismo y la extrema derecha, según revela el estudio. Sólo Portugal se salva de la ruptura del viejo sistema institucional, mientras Italia sufrió una primera ruptura en los años 90 (con Berlusconi y Matteo Renzi) que se ha agravado en la pasada década (con la irrupción de la Liga norte, de extrema derecha, y el Movimiento populista 5 estrellas). Y donde se ha puesto más en cuestión tras las dos crisis el viejo consenso institucional, según el estudio, ha sido en Grecia (irrupción de la izquierdista Syriza y la ultraderecha de Amanecer Dorado) y en España, con la irrupción de Podemos (2011) y Vox (2013). Partidos radicales a los que votan más los jóvenes de la generación post-crisis que la generación pre-crisis, según el estudio.

Hasta aquí, el tremendo panorama de una generación (1985-1995) que ha sufrido dos graves crisis, que trata de sobrevivir en la treintena. Pero ahora, tenemos delante otro problema: la falta de oportunidades de la generación siguiente, los nacidos entre 1995 y 2005. Y sus perspectivas son aún peores, según revela un reciente informe del Banco de España. Tienen un serio problema educativo (con un 29% de alumnos repetidores, una tasa de abandono escolar del 16% y un sistema educativo que no les forma para trabajar) y un grave problema de inserción en el mercado laboral (les resulta muy difícil trabajar en lo suyo) y de precariedad en el empleo (54% con contrato temporal). La consecuencia es que hay un 36% de jóvenes sin ingresos (frente al 19,5% en toda la población) y los sueldos de los que trabajan apenas llegan a los 1.000 euros, con lo que se repite el drama de la generación anterior: no pueden acceder a una vivienda, viven con sus padres (a los 26 años, el 87%) y no pueden pensar en formar una familia ni tener hijos (la natalidad cayó un 20% en enero de 2021).

Y además de cargar con este negro presente, el informe del Banco de España les augura un futuro muy gris, porque esta última generación de jóvenes va a tener que afrontar el pago de la deuda pública que les dejamos en herencia tras dos crisis, 1,5 billones de euros (120% del PIB), cuyos intereses y principal tendrán que pagar en los próximos 30 años, con sus impuestos. Y otra hipoteca más: tendrán que pagar las pensiones a los 15 millones de jubilados que tendrá España en 2050, sin saber qué pasará con las suyas. Y además, los salarios de la “generación millenials” (16-36 años) se verán lastrados a la baja durante los próximos 15 años, aunque la economía se recupere, según otro informe de Fedea.

Por eso, el Banco de España y muchos expertos coinciden en que hace falta un pacto generacional, para repartir mejor los costes de estas dos crisis y para dar más oportunidades a los jóvenes en la esperada recuperación, ya que en la anterior se beneficiaron más los más adultos y mayores. El informe de ESADE y la Fundación Naumann propone cuatro vías de actuación. Una, reorientar el Estado del Bienestar y las ayudas sociales, para mejorar la formación, la empleabilidad, la vivienda y la emancipación de los jóvenes. Dos, una política laboral que no les precarice. Tres, garantizarles la posibilidad de formar una familia, facilitando el trabajo de las mujeres jóvenes. Y cuatro, garantizar un sistema de protección social sostenible, que garantice las pensiones sin desatender a los jóvenes.

La pandemia podría ser una oportunidad para volver al pacto político, económico y social de la postguerra en Europa, para garantizar que las futuras generaciones “viven mejor que sus padres”. Una vía es destinar gran parte de los Fondos europeos a garantizar la formación, el empleo y las condiciones de vida de los jóvenes, sobre todo en la Europa del sur. De momento, el Plan de recuperación propuesto por España incluye gastar 765 millones en tres años (2021-2023) en un programa de empleo joven, un programa de primer trabajo en la Administración pública y un programa para el empleo de jóvenes investigadores. Y además, seguir con la Garantía Juvenil en 2021-2027 (ofrecer formación o empleo) y darles prioridad en las reformas de las políticas de empleo y en la modernización y digitalización de la economía.

Es un comienzo para intentar revertir una situación que viene de lejos y que debería darnos vergüenza como sociedad. Se ha medio perdido una generación (1985-1995) y no podemos permitir una nueva “generación perdida” (1995-2005). Tenemos que poner a estos jóvenes en el centro de nuestras prioridades económicas y sociales, en el centro de todas las políticas públicas. Sólo así podrán integrarse en la democracia y ayudarnos a construir un país con futuro. Hay que volcarse con nuestros hijos y nietos.

lunes, 30 de marzo de 2020

Coronavirus: una emergencia muy desigual


Los efectos del coronavirus son desiguales como la vida misma. La pandemia se ha cebado sobre Italia (10.023 muertos) y España (6.258 muertos), mientras apenas afecta a Alemania (325 muertos), Holanda (771), Austria (86 muertos), Finlandia (11), Suecia (110) o Dinamarca (72), que quizás por eso (y por el miedo a la ultraderecha) se resisten a ayudar a la Europa del sur. En España, la pandemia se ha cebado en Madrid (3.082 muertos), Cataluña (1.226), Castilla la Mancha (539), Castilla y León (380) y Euskadi (207 muertos), con grandes diferencias de gasto sanitario y medios, y en los ancianos (2 de cada 3 muertos son mayores de 80 años). En la emergencia económica, unos pocos sectores protagonizan los 2 millones de trabajadores temporalmente sin empleo, mientras hay otro millón de despedidos (el 75%, trabajadores temporales). Y los parados, madres solas con hijos, emigrantes, jóvenes y ancianos pobres sufren más la emergencia social. Urgen medidas desiguales, concentradas en los paises, autonomías y grupos sociales que más sufren esta emergencia. Y lo mismo después, en la reconstrucción. Hay que “plantarse” ante Europa.

enrique ortega

Llevamos las 2 primeras semanas confinados y parece que lo peor ha pasado, aunque queda mucho por delante: llevamos varios días en que los nuevos contagios crecen menos (del +40% que crecían en la primera mitad de marzo al +20% en la segunda mitad y un +9% ayer domingo), aunque aumentan las muertes y los datos son muy graves: 78.796 contagiados y 6.258 muertos ayer, lo que nos sitúa como el 4º país del mundo con más afectados (tras los 124.509 de EEUU, los 92.472 de Italia y los 82.120 de China) y el 2º país con más muertos (tras los 10.023 de Italia). Ahora, quedan 2 semanas duras, con un aumento de ingresos en UCI y más muertes, a las que seguirán uno o dos meses duros, con bajada de la curva pero una gran tensión sanitaria, económica y social.


Lo primero que choca es la desigual gravedad de la pandemia en Europa. Los datos disponibles quizás no revelen la realidad y haya más contagiados de los reconocidos, pero las estadísticas oficiales revelan que hay una enorme diferencia en el contagio del coronavirus en Italia (92.472 contagiados, 117,92 por 100.000 habitantes) o España (78.796 contagiados, 151,04 por 100.000 habitantes) frente a la Europa rica del norte: Alemania (48.582 contagiados, 54,10 por 100.000 habitantes), Francia (37.575 y 49,37), Holanda (10.866, 62,87), Austria (8.486 y 95,46), Bélgica (10.836 y 94,59), Suecia (3.700 y 36,16), Dinamarca (2.395 y 41,25) o Finlandia (1.221 y 22,13), con menos contagios en Reino Unido (17.089, 23,61 por 100.000 habitantes)  y aún menores en Portugal (5.962,un 58,01 por 100.000) y Grecia (1.061, el 9,89). 


Pero si contamos los muertos, el impacto más grave de esta pandemia, la mortalidad se ha cebado aún más sobre Italia (10.023 muertos, el 10,8% de los contagiados) y sobre España (6.258 muertos, el 8,3%) que sobre Alemania (325 muertos, el 0,7% de los contagiados, pero ojo: sólo cuentan los muertos en hospitales), Austria (86 muertos, el 1,01%), Bélgica (431 muertos, el 3,97%), Suecia (110 muertos, el 2,97%), Dinamarca (72 muertos, el 3%) o Finlandia (11 muertos, el 0,9%). Y tienen también menos letalidad Francia (2.314 muertos sólo en hospitales, el 6,15% contagiados), Holanda (771 muertos, el 7,09%), Reino Unido (1.228 muertos, el 6,29%), siendo mínima en Portugal (119 muertos, 1,99%) y Grecia (32 muertos, 3,01%).


La pregunta del millón es ¿Por qué España e Italia tienen más porcentaje de contagios y, sobre todo, más muertes por coronavirus? Los expertos apuntan varias causas: las estadísticas no son homogéneas, reaccionaron con retraso al aislar a  los contagiados, han hecho menos test (160.000 en la primera semana en Alemania y 30.000 en España), los primeros enfermos eran más jóvenes en Alemania, hay menos proporción de ancianos en la Europa del norte que en España e Italia (en Alemania es similar),  hay menos contactos familiares (en la Europa del norte hay más jóvenes que viven fuera de casa) y una menor cultura de relaciones y “vivir en la calle”. Pueden ser factores que lo expliquen, pero hay otro más clave: el desigual gasto en salud y las infraestructuras sanitarias.


Porque algo tendrá que ver el hecho de que España sea el 4º país europeo que más ha recortado el gasto sanitario entre 2008 y 2013 (-1,4%), tras Grecia (-9,4%), Islandia (-3%) y Portugal (-1,9%), e Italia sea el 5º con más recortes (-0,9%), mientras Alemania lo aumentaba un +2,1% y Corea (otro país con pocos muertos por coronavirus: 158) lo aumentaba un 5,4%, según datos del informe “Panorama de la salud 2019” de la OCDE. En el caso de España, el gasto sanitario se redujo en -9.787 millones entre 2009 y 2014 (se perdieron 1 de cada 7 euros), según los datos de Hacienda. Y entre 2010 y 2014 se perdieron 41.000 empleos sanitarios (-11.000 médicos y -30.000 enfermeras). A partir de 2015, el gasto y las plantillas aumentaron pero ha sido insuficiente: todavía hay 35.000 empleos menos y el gasto sanitario público en 2018 (70.804 millones) era todavía inferior al de 2009 (72.239 millones).


Al final, estos recortes han agravado la brecha en el gasto sanitario de España (e Italia) con Europa y los paises del norte : el gasto sanitario per cápita en España es de 3.323 euros (y de 3.428 en Italia), casi la mitad que en Alemania (5.986 euros), Suecia (5.447), Austria (5.395), Dinamarca (5.288), Holanda (5.288) e inferior a Francia (4.965), Finlandia (4.228) o Reino Unido (4.070 euros por habitante). Y esto se traduce en menos médicos (3,9 médicos por 1.000 habitantes en España y 4 en Italia frente a 4,3 en Alemania), muchas menos enfermeras (5,7 por 1000 habitantes en España y 5,8 en Italia frente a 12,9 en Alemania), menos camas de hospital (3 en España por 1.000 habitantes y 3,2 en Italia frente a 8 en Alemania y 12,3 en Corea) y, sobre todo, menos camas en UCI (9,7 por 100.000 habitantes en España y 12,5 en Italia frente a 29,2 en Alemania y 12,6 en Corea), según la OCDE.


Y ahora vayamos al desigual impacto del coronavirus dentro de España. La pandemia se ha cebado sobre todo en la comunidad de Madrid (22.677 contagiados, 287,14 por cada 100.000 habitantes) y Cataluña (15.026 contagiados, 186,46), seguidas del País Vasco (5.740, 231,45 por 100.000), Castilla y León (5.414, 213,46), Castilla la Mancha (5.246 y 238,33), Comunidad Valenciana (4.784 contagiados, 87,42 por 100.000 habitantes) y Andalucía (4.682 contagiados, sólo 50,45 por 100.000 habitantes), , según los datos de Sanidad. Y de momento se han "librado" Ceuta (21 contagios), Melilla (48), Murcia (872, 55,62 por 100.000 habitantes), Baleares (958 y 79,69), Cantabria (1.023 y 167,28), Asturias (1.088 y 92,88), Canarias (1.125 y 47,18), Extremadura (1.456 y 127,47) y la Rioja (ojo: 1.629 contagios, pero el índice más alto de España, 419,51 por 100.000 habitantes).


Lo más preocupante son los muertos y aquí el índice de letalidad varía mucho por autonomías. La mayor mortalidad se da en la comunidad de Madrid (3.082 muertos, el 13,59% de los afectados, superior al 8,3% de media en España), seguida de Castilla la Mancha (539 muertos y un 10,27% de letalidad), Cataluña (1.226 muertos y un 8,15% de letalidad), Castilla y León (380 muertos y un 7.01% de letalidad) y Extremadura (sólo 100 muertos, pero un 6,8% de letalidad), . Y a la cola en mortalidad por coronavirus se sitúan Ceuta (1 muerto), Melilla (1), Murcia (20, el 2,2%) y Galicia (60 muertos, el 1,9%), mientras el País Vasco (265 muertos, 4,6% letalidad), Navarra (84 muertos, 4,17% letalidad)  y Andalucía (207 muertos, 4,42% letalidad) tienen muchos contagios pero menos mortalidad, según los datos que difundió ayer el Ministerio de Sanidad.


La segunda pregunta del millón: ¿por qué hay tanta diferencia en el impacto del coronavirus por autonomías? Los expertos utilizan varios argumentos: mayor o menor concentración de población (deportes, manifestaciones, eventos), diferente intervención a la hora de aislar primeros afectados, mayor número de ancianos en la región (caso de las dos Castillas) y distinta infraestructura sanitaria. Y aquí también, hay que recordar otro factor clave: el desigual gasto en salud y las diferentes infraestructuras sanitarias.


Todas las autonomías hicieron recortes en sanidad con la crisis, pero unas más que otras. Así, los presupuestos autonómicos en sanidad se recortaron en -3.864 millones entre 2009 y 2018, según este informe de los Directores y Gerentes de Servicios Sociales, un -6,02% de media, con 9 autonomías que hicieron recortes: Cataluña (-3.328,2 millones, el -27,51%), Castilla la Mancha (-371,9 millones, el -11,83%), Aragón (-192,1 millones, el -7,96%), Extremadura (-100,3 millones, el -5,89%), Madrid (-381,2 millones, el  -4,78%), La Rioja (-18,5 millones, el-4,11%), Galicia (-79,5 millones, el -2,02%), Andalucía (-109,4, el -1,11%) y Canarias (-13,5 millones, el 0,46%).Mientras, las 8 autonomías restantes gastaban más en sanidad en 2018 que en 2009, sobre todo Baleares (+18,64%), Navarra (+9,55%), Cantabria (7.05%) y País Vasco (+4,55%). 


Al final, estos distintos recortes autonómicos han agravado la brecha en el gasto sanitario entre regiones. Así, las dos autonomías que menos gastan por habitante (2018) son Cataluña (1.153,66 euros) y Madrid (1.154,20 euros), las dos más afectadas por el coronavirus, seguidas de Andalucía (1.161,14 euros), Murcia (1.254,89) y Comunidad Valenciana (1.285), las 5 autonomías que gastan menos de la media española (1.295,82 euros por habitante), según el informe de los Directores de Servicios Sociales. Y a la cabeza del gasto sanitario están el País Vasco (1.690,43 euros, un 46,5% más que en Cataluña o Madrid), Navarra (1.629 euros por habitante), Asturias (1.623) y Aragón (1.520 euros). 

Esto se traduce en diferentes medios sanitarios, desde médicos y enfermeras a camas de hospital, según se detalla en este Informe de la Federación en Defensa de la Sanidad pública. Y sobre todo, en las camas en UCI : 7,4 camas en UCIs públicas por 100.000 habitantes en Madrid (más 3,5 en centros privados) frente a 9,1 en la Comunidad Valenciana, 9 en Extremadura, 8,7 en Canarias (más 2,3 privadas) , 8,6 en Aragón, 7,6 en Murcia y Castilla la Mancha frente a sólo 6,9 UCIs públicas en Cataluña (más 1,9 privadas), 6 en la Rioja, 6,8 en Andalucía y 6,9 en Cantabria.



El impacto del coronavirus no sólo es desigual entre las autonomías sino también entre los españoles, según Sanidad. Sufren más la pandemia los hombres (50,09% contagios y 62,7% de las muertes) y los mayores: la mitad de los contagiados (48%), el 68% de los hospitalizados, el 70% de los que están en la UCI y el 95,3% de los muertos  tienen más de 60 años. Y sobre todo, la pandemia se ha cebado en los mayores de 80 años: son el 59,7% de los muertos.Este mayor impacto del coronavirus entre los ancianos tiene mucho que ver con la penosa situación de las residencias de ancianos en España, dado que el 63% de los muertos por coronavirus estaban en una residencia (1.517 muertos hasta el jueves, más de 1.000 en Madrid). En España hay 5.417 residencias, con más de 300.000 ancianos alojados, el 72 % en residencias privadas, gestionadas en su mayoría por inversores extranjeros y empresarios españoles, con mínimos recursos humanos y materiales, como reflejé en un blog reciente. Y ahora han colapsado, agravando nuestra alta mortalidad.

Ahora, la emergencia sanitaria continúa, suavizando la curva de contagios en Madrid y el País Vasco, agravándola en Cataluña, Castilla la Mancha y avanzando en Castilla y León, Comunidad Valenciana y Andalucía, retardando su impacto en el resto del país. Es prioritario reordenar la oferta, priorizando Madrid y Cataluña y ayudando al resto, como ha hecho Galicia prestando respiradores a Madrid. Y resulta clave ampliar las camas UCIs y los profesionales utilizando al máximo la sanidad privada, que tiene un 60% de los hospitales (460) y muchas UCIs: es una inmoralidad que cierren servicios e incluso soliciten un ERTE para 28.000 profesionales sanitarios mientras los sanitarios públicos duplican jornada y se contagian (12.298 hasta hoy). Urge ampliar los laboratorios de análisis, que son hoy un cuello de botella. Y crear de una vez una Reserva estratégica de mascarillas, guantes, batas, respiradores, medicamentos, hospitales de campaña, UCIs y personal, porque la batalla sanitaria va para largo.


Mientras, la emergencia económica avanza cada día que el país sigue confinado y paralizado. Ya empiezan a conocerse los primeros datos, que irán a más en las próximas semanas: 225.000 ERTEs el jueves pasado, que suponen 1,7 millones de trabajadores para los que se pide una paralización temporal de empleo. Y en paralelo, 1 millón de trabajadores que han sido despedidos (el 75%, trabajadores con contrato temporal) este mes de marzo, según ha denunciado CCOO. En total, nos acercamos a 3 millones de trabajadores sin empleo y que tendrán que cobrar el paro, este mes y el que viene, al menos. Y aquí, la emergencia económica es también muy desigual, porque afecta sobre todo a una serie de sectores (hostelería, turismo, automóvil, comercio y ocio) y más a unas provincias que a otras (Canarias, Baleares, Madrid, Cataluña, litoral mediterráneo). Y más a pequeñas empresas y autónomos que a grandes compañías. Aquí, algunas son “responsables”, como el Santander (que dice que no hará ERTEs) o Inditex (que “aguantará” hasta el 15 de abril), pero no otras con abultados beneficios, como el Corte Inglés o el Barça, que han pedido ERTEs.


Frente a este tremendo impacto económico del coronavirus, el Gobierno ha aprobado dos paquetes de medidas que permiten no pagar cotizaciones a las empresas afectadas y también a los autónomos que cierren o reduzcan un 75% su actividad (cobrarán un mínimo de 661 euros y se ahorrarán 289 en cotizaciones).Y se movilizan 200.000 millones en créditos a empresas y autónomos, con un 80% de aval público (70% en caso de grandes empresas). Además, hay una moratoria de 6 meses en el pago de hipotecas a los españoles afectados por el coronavirus y no se les podrá cortar la luz, el gas o Internet por impago. Ahora se estudian nuevas medidas para que las empleadas de hogar  (400.000) cobren un subsidio (del 70% de la base de cotización) y una moratoria en los alquileres a pymes, autónomos, empresas y particulares (asegurando que el propietario reciba el pago del alquiler con fondos públicos). Otra medida aprobada el viernes fue prohibir temporalmente los despidos por coronavirus, como hizo Italia.Y desde hoy lunes, se paralizan los trabajos "no esenciales" hasta el 9 de abril, otra "vuelta de tuerca" que puede ayudar pero que agravará la recesión.


La emergencia sanitaria ha provocado una emergencia económica ya visible y va a acarrear una emergencia social, sobre colectivos que ya habían sufrido más la crisis y que ahora serán los mayores “paganos” del coronavirus (por detrás, claro de los muertos y sus familias): parados antiguos (hay que ampliar el paro a los que se les acaba) y nuevos, madres solas con niños, emigrantes, ancianos y algunos jóvenes, pobres que ahora lo van a pasar peor. Son esos 8,5 millones de españoles que el último Informe FOESSA (Cáritas) calificaba como vulnerables”, por su paro, empleo precario, formación o problemas de vivienda, educación o pobreza infantil. Ahora necesitan más ayudas sociales y dar recursos a las ONGs, Cáritas y la Cruz Roja. No en vano, el coronavirus ha hecho que Luis de Guindos, uno de los responsables de los recortes y ahora vicepresidente del BCE, defienda ahora la renta mínima. El Gobierno, que la había prometido, estudia implantar un ingreso mínimo vital, que será clave para afrontar la emergencia social del coronavirus.


Todas las medidas sanitarias, económicas y sociales contra el coronavirus tienen dos fases: unas son medidas urgentes, que habrá que aplicar y aumentar día a día, y otras vendrán después, cuando se acabe el confinamiento y haya que reconstruir la economía y el país. En conjunto, el esfuerzo económico será tremendo, miles de millones de euros para un país que tiene uno de los mayores déficits públicos de Europa (el -2,2%) y una elevadísima deuda pública acumulada durante la crisis (más de un billón de euros, casi el 100% del PIB). Con las medidas que hay que tomar, el déficit se puede ir al 8 y al 10% del PIB (como en 2009) y la deuda llegaría al 120% del PIB. Un esfuerzo imposible sin ayuda externa, tanto de los inversores (deuda) como de Europa.


Pero Europa no está por la labor, según se vio el jueves, en la segunda Cumbre europea por videoconferencia. Los paises ricos del norte, encabezados por Alemania y Holanda (con Austria, Finlandia, Dinamarca y Suecia detrás) no quieren oir hablar de Planes de ayuda extraordinarios a la Europa del sur, en concreto a Italia y España. Y nos dicen que ahí está el sistema de financiación del MEDE, un Fondo que puede prestar hasta 500.000 millones y del que salió el dinero para Grecia, Irlanda y Portugal y para el rescate bancario de España en 2012. Pero esto exigepedir un rescate” y someterse a la disciplina de Bruselas, dejar que los “hombres de negro” nos intervengan la economía. Y además, pedir ayuda sólo los 2 paises sería “señalarnos” ante los mercados, que nos pedirían más por prestarnos dinero.


El italiano Giuseppe Conte y Pedro Sánchez no quieren pedir ningún "rescate", porque esta  emergencia económica es por una pandemia, no por una discutible gestión económica. Y una pandemia que afecta a toda Europa y al mundo. Por eso, España e Italia piden tres medidas. Una, que se emitan eurobonos (“coronabonos), para financiar las necesidades de reconstrucción de ambos paises y la lucha contra la recesión que va a desplomar la economía europea (se estima una caída del PIB del -5% en 2020 en la UE-27 y del -3% en España). Eso supone emitir una deuda europea, que se podrá colocar con más seguridad y menos interés que si la colocan Italia o España. La segunda, aprobar un gigantesco Plan de reconstrucción europeo, una especie de “Plan Marshall”, para financiar inversiones públicas que ayuden a salir de la recesión. Y tercero, un subsidio de paro europeo.


Alemania, Holanda y los paises del norte han dicho no, de entrada, aunque la Comisión Europea se da dos semanas para buscar alternativas. El problema de fondo es que la Europa rica no quiere pagar más por ayudar a España e Italia, como ya pasó en la crisis de 2010-2015 con Grecia, Portugal, Irlanda y España. Pero hoy hay otra razón política: la ultraderecha es muy poderosa, en Alemania, Holanda y norte de Europa y sus dirigentes temen que si son “solidarios” con España e Italia, lo aproveche la extrema derecha y avancen en las próximas elecciones, gracias a una opinión pública cada vez más conservadora, egoísta y nacionalista. ¡Sálvese quien pueda¡


Todo apunta a que podemos esperar poco de Europa, salvo que el número de muertos por coronavirus avance en Francia (así Macron podría ponerse más a nuestro favor) o en Alemania y el norte de Europa. Sería trágico, pero nos ayudaría. Hay que “plantarse” ante Europa: así no nos vale de nada. Y si no conseguimos ayuda europea, sólo queda tomar las medidas que haga falta y ya veremos después cómo lo pagamos, con deuda e impuestos. Porque la prioridad ahora es salvar vidas, empleos y empresas. Y sin más desigualdad, que bastante hay ya. Todos a ello. Y ¡ánimo!  Parece que ha pasado lo  peor, pero esto va para largo. Aguantemos unidos.

jueves, 22 de noviembre de 2018

Europa se desinfla


Alemania, la locomotora de Europa, decreció en el tercer trimestre. Italia no creció nada, Holanda y Portugal crecieron menos y los demás paises, como España, crecieron igual. La Europa del euro está estancada: crece sólo el 0,2%, la quinta parte que EEUU y el menor crecimiento desde 2014. La Comisión Europea,el FMI y la OCDE acaban de rebajar las previsiones de crecimiento para  2018 y 2019. El proteccionismo comercial, Italia, el Brexit, la subida de tipos y del petróleo más la crisis de algunos paises emergentes hacen temer nuevas problemas en la zona euro, como en 2010, mientras no se descarta otra crisis mundial cercana. Pero Europa sigue sin completar una unión bancaria y fiscal que le permitan afrontar otra crisis. Urge ir hacía “más Europa”, algo difícil con el resurgir nacionalista y el parón que supondrán las elecciones europeas de 2019. En  España, donde crecen menos el consumo y las exportaciones, urge reanimar la economía, con o sin nuevo Presupuesto para 2019. Pero unas elecciones próximas también pueden frenar las medidas para evitar otra crisis.



Tras cinco años de recuperación, Europa frena su crecimiento y sobre todo la zona euro. Si 2014 fue el primer año de crecimiento en la Europa del euro (+1,4%) tras la crisis (-0,4% de caída entre 2009 y 2013), la economía de los 19 países creció más en 2015 (+2,1%), 2016 (+1,9%) y sobre todo en 2017 (+2,4%), el año con el crecimiento más alto desde 2007. Pero en 2018 han cambiado las tornas y la Europa del euro se desinfla: en los dos primeros trimestres creció un 0,4%, casi la mitad que a finales de 2017 (+0,7%), y  en el tercero volvió a frenarse la actividad, creciendo sólo el 0,2%, el menor aumento en la zona euro desde 2014, según los datos de Eurostat.

Europa se desinfla porque “ha pinchado” Alemania, la locomotora de la economía europea (supone el 29,21% del PIB de la zona euro): este verano, su economía “decreció” un 0,2%, (tras crecer +0,5% y +0,4% los dos trimestres anteriores), una caída que no se veía desde 2015 y que está motivada por los problemas en su industria automovilística (las ventas cayeron un 30% en septiembre, por la nueva normativa de emisiones y la caída del diesel), la bajada del consumo y el frenazo en las exportaciones, por la guerra comercial con EEUU. Otro país clave, Italia (15,37% del PIB de la zona euro) no creció nada (+0,02%) en el tercer trimestre, lo que no pasaba en los últimos 4 años, debido también a la debilidad de las exportaciones y la demanda, ante la incertidumbre por el enfrentamiento del Gobierno con la Comisión Europea. Holanda (7% del PIB de la zona euro) crece menos de la mitad (+0,2% frente a +0,7% y +0,5% los trimestres anteriores) y lo mismo Portugal (+0,3% frente a +0,6 y +0,4%), con lo que más de la mitad de la economía del euro (53,2% del PIB entre estos 4 paises) se desinfla. Y los demás se estancan, salvo Francia (crece al +0,4% frente a +0,2 los dos trimestres anteriores): Bélgica (+0,4% frente a +0,3% los dos anteriores), Austria (+0,4% frente a +0,3% y +0,9%), Finlandia (0,3% frente a +0,3% y +1%) y España (+0,6% frente a +0,6% los dos trimestres anteriores). Sólo Irlanda, Chipre y 4 paises del Este que están en el euro (Estonia, Letonia, Eslovenia y Eslovaquia) crecen algo más, mientras otro, Lituania decrece (-0,4% en el tercer trimestre), según Eurostat.

Con este panorama, no es extraño que también se haya desinflado el euro, que cotizaba la semana pasada al mínimo del año frente al dólar, como reflejo de esta debilidad económica europea: 1,14 euros por dólar hoy, un 8,8% de caída frente al máximo del 1 de febrero (1,2503 euros/dólar). La depreciación del euro es teóricamente buena para ayudar a las exportaciones y el turismo europeos (los productos y viajes son un 9,5% más baratos), pero ni aún así remontan las exportaciones (por el proteccionismo y la debilidad del comercio mundial) ni el turismo (por la competencia de Turquía, Egipto y Túnez más la saturación de muchos destinos en España). Pero la caída del euro refleja algo preocupante: los capitales apuestan más por el dólar y EEUU que por Europa, al calor de su mayor crecimiento (USA creció +0,9% en el tercer trimestre frente al 0,2% la zona euro) y sus tipos más altos (2-2,25% frente al 0%). Y si los inversores se ponen nerviosos con Italia y el Brexit, se irán más de Europa.

Al final, la Comisión Europea acaba de reconocer que Europa desacelera su crecimiento y en sus previsiones de otoño (8 noviembre) ha recortado un 0,2% el crecimiento previsto para la zona euro en 2018 (del 2,3 previsto en julio al 2,1%  ahora) y 2019 (del 2% al 1,9% que esperan crecer ahora). Y lo mismo para toda Europa (UE-28), que esperan crezca lo mismo que la zona euro (2,1% este año y 1,9% en 2019). Con ello, el gobierno comunitario certifica que la Europa del euro crecerá este año un 0,3% menos que en 2017, debido sobre todo a que crecerán menos los grandes paises: Alemania y Francia (los dos, 1,7% frente a 2,2% en 2017), Italia (1,1% frente a 1,6%) y España (2,6% en 2018 frente al 3,1% en 2017), además de Reino Unido (el 1,1% frente al 1,7% en 2017). Toda la Europa del euro crecerá menos este año 2018 que el pasado, salvo Grecia (2% frente al 1,5% de 2017), Irlanda (7,8 frente al 7,2%), Luxemburgo (3,1% frente al 1,5%), Austria (2,7% frente al 2,6%), Eslovaquia (4% frente al 3,2%) y Finlandia (2,9% frente al 2,8%), según las previsiones de la Comisión Europea. Y la mayoría de paises volverán a crecer menos en 2019 (2,2% España).

Para la Comisión Europea, el menor crecimiento europeo se debe a que las exportaciones han perdido fuelle (por el proteccionismo y la debilidad del comercio mundial) y a la desaceleración del consumo, por la subida del petróleo y la inflación, mientras crecen poco los salarios. Para Bruselas, los riesgos que afronta Europa son las tensiones proteccionistas , la incertidumbre financiera internacional (crisis de Argentina y Turquía), el futuro de los precios del petróleo (que ha caído un 25% el último mes y medio, hasta los 62,80 dólares/barril de hoy, tras subir un 29% desde enero, cuando empezó el año costando 66,50 dólares), la amenaza de una mayor subida de los tipos y el dólar (si la rebaja de impuestos de Trump recalienta la economía USA y dispara la inflación y el déficit, podrían subir más los tipos de interés en EEUU y el dólar) , que podrían crear nuevas tensiones financieras en el mundo. Y por supuesto, el efecto negativo del Brexit y la complicada situación en Italia, cuyo coste de la deuda se dispara y podría acarrear otra crisis del euro, como en 2010.

La economía no sólo se desinfla en Europa sino que hay una desaceleración de toda la economía mundial, como reflejó el FMI en su Cumbre de Bali, a principios de noviembre. Allí redujo dos décimas el crecimiento de la economía mundial que había previsto en julio: del 3,9% al 3,7% en 2018 y 2019 (el mismo crecimiento que en 2017). Pero ese recorte no afecta a EEUU, China, Japón, Rusia o India (que van a crecer lo mismo) sino a dos zonas que crecerán menos de lo esperado: la zona euro (crecerá un 0,2% menos, el 2% en 2018, menos del 2,1% que espera la Comisión Europea) y Latinoamérica (crecerá un 0,4% menos, el 1,2% en 2018, por el pinchazo de Argentina, Brasil y México). La OCDE también acaba de rebajar dos décimas el crecimiento mundial (3,7% este año y 3,5% para 2019) y el de la zona euro, al 1,9% en 2018 (un 0,2% menos que la Comisión),  y el 1,8% para 2019, rebajando también dos décimas el crecimiento estimado para España: 2,6% este año y 2,2% en 2019.


Para el FMI, los grandes problemas del mundo son las guerras comerciales, la elevada deuda pública y privada (182 billones de dólares en total, el 60% más que en 2007), la subida del petróleo, las tensiones en los paises emergentes (acuciada por la subida de los tipos y el dólar) y los riesgos políticos derivados del Brexit, Italia y el auge de populismos y nacionalismos. Y la directora del FMI, Christine Lagarde, ha pedido a los paises que hagan reformas y se preparen, por si viene otra crisis: “El problema es que muchos paises no han aprovechado los días de sol para arreglar el tejado y si vuelven las lluvias pueden inundarse”.

Europa “tampoco ha arreglado su tejado” y si Italia, el Brexit o el bajo crecimiento desatan otra crisis financiera, la zona euro no tiene dispuestos los mecanismos que necesita para afrontarla. Falta culminar de verdad la unión bancaria y un eficaz mecanismo de rescate de bancos y depositantes. Falta un Tesoro europeo que asegure la financiación necesaria en caso de crisis (como el Tesoro USA) y garantice la deuda de los paises más vulnerables, con eurobonos. Falta una unión fiscal que asegure recursos para un verdadero Presupuesto europeo, la mejor palanca para reanimar la economía en un momento de desaceleración. En definitiva, falta avanzar en “más Europa”, la mejor arma contra cualquier crisis. El problema es que si vuelven los nervios a los mercados, si la zona euro vuelve a entrar en crisis, Europa no cuenta con muchas más armas que en 2010 y quizás esté más dividida, por el auge de los nacionalismos y populismos y el menor liderazgo de Alemania. Y pueden volver las tensiones, sobre todo a los paises más vulnerables por su alta deuda, como España, Italia y Grecia.

De momento, esta desaceleración europea ya afecta a España, que ha reducido su crecimiento: +0,6% en los tres últimos trimestres, según el INE, el más bajo desde la primavera de 2014, (que fue del 0,4%), aunque sea el país europeo de los grandes que más crece. Y eso por causas. Una, porque han “pinchado” las exportaciones, que de ser uno de los motores de la recuperación son ahora un freno (restaron -0,5% al crecimiento anual del tercer trimestre, que fue del 2,5%), porque nuestros paises clientes europeos ahora crecen y compran menos y por las tensiones proteccionistas en el comercio mundial. Y también se está “enfriando” el consumo, porque los precios suben (de 2014 a 2016, la inflación fue negativa) y se están comiendo las subidas de salarios y pensiones. Ya lo están notando los grandes almacenes, las ventas de coches y podría confirmarse la tendencia en las ventas de este Black Friday y esta Navidad, donde un informe de Deloitte prevé ya que el gasto bajará un 5%.

Si las empresas venden menos fuera y dentro y Europa se desinfla, mientras en el mundo crecen los temores de otra crisis, los próximos meses pueden ser complicados, con menos crecimiento y menos empleo. Por eso, urge tomar medidas, para evitar caer en otra crisis, en Europa y en España. Pero no parece fácil. Los gobernantes europeos están divididos, tras el auge de los nacionalismos y populismos, la contestación de Italia y varios paises del Este, la pérdida de Reino Unido (Brexit en marzo de 2019) y la falta de un liderazgo político claro, con el “bluff” de Macron y la marcha de Merkel en 2021, que genera más incertidumbre en Europa. Y además, la Comisión Europea, el gobierno comunitario, está “de retirada”, porque hay elecciones europeas el 26 de mayo. Si tienen que atajar antes una nueva crisis del euro, será más difícil que tomen ahora medidas de fondo que no han tomado en 5 años.

En España, la situación no es mejor. También podría haber elecciones a principios de 2019, con lo que será más difícil que los partidos, permanentemente enfrentados, pacten medidas en caso de que la economía empeore. Y habría que pensar ya en medidas para reanimar la economía: algo más de inversión y gasto público necesarios (para lo que urge recaudar más: se puede porque ingresamos 81.500 millones menos en impuestos que la media europea, según Eurostat), formas de reanimar el consumo (mejorando salarios y luchando por bajar la inflación en sectores monopolísticos, como energía, petroleras o telecos, y en la alimentación) y con un plan de choque para fomentar la exportación. Y sin dejar de mejorar la formación, la tecnología, el tamaño de las empresas, la digitalización, las claves para modernizar la economía, ser más competitivos y crecer más a medio plazo.

No sabemos si vendrá otra crisis, pero sí sabemos que los ciclos económicos terminan y todo apunta a que ahora, el crecimiento va a menos. Y además, Europa tiene un problema de fondo sin resolver: tener una moneda única pero 28 paises con políticas diferentes, un “pecado original” del euro que genera muchos problemas cuando hay turbulencias financieras. No sabemos si volverán las tensiones a la zona euro, pero si no es ahora será después, a no ser que se avance en una Europa más unida, con mecanismos eficaces para afrontar una crisis, que antes o después llegará. Lo mejor sería arreglar el tejado mientras hace sol. Es peor hacerlo cuando diluvie. Y eso vale también para España, porque seguimos con una economía muy vulnerable : tenemos 5 de los 14 indicadores económicos claves en situación de alerta , según acaba de decir Eurostat. Sólo Chipre está peor en Europa. Así que hay mucho tejado por arreglar..