El 2º trimestre del año suele ser bueno para el empleo, por la Semana Santa (cayó en abril) y por los contratos previos al verano. Este año 2025, tras un primer trimestre donde cayó el empleo (-92.500), el 2º trimestre ha seguido la tradición y se han creado 503.000 nuevos empleos, según la EPA, el 2º mayor aumento en este trimestre tras el de 2023 (+603.900 empleos). Con ello, se afianza la recuperación del empleo iniciada en el verano de 2022, tras la pandemia, y la ocupación en España supera los 22 millones de personas: exactamente, 22.268.700 personas trabajando a finales de junio, la mayor cifra de ocupados de nuestra historia. Y 2.301.800 personas más trabajando que a finales de 2019.
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jueves, 24 de julio de 2025
EPA junio 2025: 22 millones trabajando
Hoy se ha conocido un dato histórico: España tiene más de 22
millones de personas trabajando: 22.268.700 ocupados a finales de junio.
Una cifra nunca vista en España: son 10 millones más trabajando que hace 60
años y 2,3 millones más que antes de la pandemia, gracias al fuerte
crecimiento de la economía y a los efectos favorables de la reforma laboral (el
84,6% de los asalariados son ahora fijos). Además, el paro roza el 10%
(10,29%), la tasa más baja desde 2008, aunque seguimos teniendo el doble de
paro que en Europa y casi la mitad de los parados no cobran nada.
Todo apunta a que la creación de empleo seguirá fuerte este año, pero podría
“pinchar” a finales de año, por culpa de los aranceles de Trump y la
crisis geopolítica. Por eso, urge estar vigilantes y preparar medidas para
fortalecer el empleo si hay problemas. Y sobre todo, urge reformar las oficinas de empleo, porque están colapsadas y no recolocan a
los parados. Enrique Ortega
El 2º trimestre del año suele ser bueno para el empleo, por la Semana Santa (cayó en abril) y por los contratos previos al verano. Este año 2025, tras un primer trimestre donde cayó el empleo (-92.500), el 2º trimestre ha seguido la tradición y se han creado 503.000 nuevos empleos, según la EPA, el 2º mayor aumento en este trimestre tras el de 2023 (+603.900 empleos). Con ello, se afianza la recuperación del empleo iniciada en el verano de 2022, tras la pandemia, y la ocupación en España supera los 22 millones de personas: exactamente, 22.268.700 personas trabajando a finales de junio, la mayor cifra de ocupados de nuestra historia. Y 2.301.800 personas más trabajando que a finales de 2019.
Para valorar el carácter histórico de los 22 millones de
ocupados basta hacer un
repaso al empleo en los últimos 60 años: en 1965 había 12
millones de personas trabajando en España (12.024.150) y una cifra similar
a la muerte de Franco (12.857.720 en 1975), para caer después a un mínimo
histórico en 1985 (11.004.200 trabajando, por la reconversión industrial) y
remontar a finales de siglo (14.689.830 ocupados en 1999). A partir de
ahí, los ocupados crecen, hasta 16,6
millones en 2002, 18,9 millones en 2005 y se alcanza el máximo en
septiembre de 2007 (20.753.500 ocupados). Con la crisis financiera, el
empleo cae año tras año hasta alcanzar el
mínimo en diciembre de 2013 (17.135.200 ocupados). Luego se
recupera poco a poco, para cerrar 2019 con 19.966.900 trabajadores. Y la
pandemia hunde el empleo a otro mínimo en 2020 (18.607.300 ocupados en
junio). Pero a partir de este suelo, el empleo se recupera con fuerza y supera
los 20 millones en marzo de 2022 (20.084.799) y los 21 millones en junio
de 2023 (21.056.600), para superar ahora los 22 millones de trabajadores, 10
millones más de personas trabajando que hace 60 años.
En el 2º
trimestre, el aumento del empleo ha sido gracias a los servicios (+364.800 empleos creados), sobre todo
la hostelería (180.500 empleos) y el turismo, pero también han creado empleo la industria (+90.300), la construcción (+45.900)
y la agricultura (+2.800 empleos). El empleo se ha creado básicamente en el sector privado (+480.500 empleos)
y poco (+22.900 empleos) en el sector público, por el fin de
contratos en enseñanza y sanidad, según
la EPA de junio. La creación de empleo se ha repartido casi por igual entre los hombres (+265.800 empleos) que
entre las mujeres (+237.500). Y ha sido porcentualmente mayor la creación de
empleo entre los menores de 25 años (+136.700 empleos) y entre los mayores de 55 años (+120.100
empleos). Esta vez, la mayoría del empleo creado ha sido para españoles
(+356.300 empleos), creciendo menos entre los de doble nacionalidad (+31.500) y
extranjeros (+115.600). Por autonomías,
donde más creció porcentualmente el empleo fue en Baleares (+91.800), creciendo
mucho en Cataluña (+91.800), Andalucía (+70.600) y Madrid (+65.400), cayendo
sólo el empleo en Canarias (-2.200).
La importante mejora del empleo en el 2º trimestre (+503.000
empleos) no se traducido toda en una bajada
similar del paro (-236.100 parados),
porque en paralelo han
aumentado los españoles activos, las personas que buscan trabajo ahora:
los “activos”
han aumentado en +267.200 personas, impidiendo bajar más las cifras del
paro. Es un proceso que se ve trimestre a trimestre (hay 381.800 personas
más buscando trabajo que hace un año). Y hay un récord histórico de adultos
“activos” (trabajando y
buscando trabajo): 24.821.800 activos, 1,66 millones más que antes de la
pandemia (23.158.800 “activos” a finales de 2019). Todo apunta a que seguiremos
así, con lo que en los próximos meses sucederá lo mismo que ahora: el
paro bajará menos de lo que sube el empleo.
El paro ha bajado en el 2º trimestre (-236.100
parados) gracias a los servicios (-178.500 parados), por el tirón en el
turismo, la hostelería y el comercio, y a los que perdieron su primer
empleo hace un año (-42.100 parados ahora), aunque sube el paro en la
industria (+3.800) y entre los jóvenes que buscan su primer
empleo (+3.700), según
la EPA de junio. El desempleo baja más entre las personas de 25 a 54 años
(- 202.400 parados) y sólo aumenta entre los menores de 19 años (+23.200
parados). Y baja algo más el paro entre las mujeres (-129.100) que entre
los hombres (-107.000 parados), reduciéndose más entre españoles y con doble
nacionalidad (-203.200) que entre extranjeros (-32.900 parados). Por autonomías,
baja porcentualmente más en Balares (-44.500 parados), Madrid (-51.800) y
Andalucía (-50.600), subiendo el paro sólo en Navarra y Castilla la Mancha
(+2.000 parados cada una).
La cifra total de parados EPA roza los 2,5 millones (2.553.100 parados a finales de junio
2025), un dato que no se veía desde septiembre de 2008 (2.598.800 parados). Y
la tasa de paro baja al 10,29%, según
la EPA, mucho más baja que antes de la pandemia (13,78% en 2019) y la menor
tasa de paro desde junio de 2008 (10,36%).
Eso sí, todavía duplicamos la tasa de paro europea (5,9% en la UE-27 en mayo) y
cuadruplicamos la alemana (2,9% de paro), según
Eurostat. También baja mucho este trimestre la tasa de paro de los jóvenes
(menores 25 años), al 24,5% (14,4% en la UE-27).
Hay otros datos preocupantes del paro que también mejoran.
El primero, que hay 796.000 hogares con todos sus miembros en paro (86.100 hogares menos que hace un
año). El segundo, que seguimos con 8 regiones con más tasa de paro que la media (10,29%) : Melilla (25,91%), Ceuta (23,74%), Extremadura (15,48%), Andalucía (14,85%), Canarias (13,33%), Castilla la Mancha (13,23%), Murcia (11,61%) y Comunidad Valenciana (11,52%). Pero hay 11 autonomías con un paro
del 8% o menos (7,13% en el País Vasco y 7,41% en Baleares. Y el
tercero, que bajan los parados de larga duración, los que llevan más de
1 año sin trabajo: son 991.500, el 38,8
% de los parados (eran el 40% hace un año).
Esto provoca que a muchos parados se les acabe el desempleo
y no cobren ya ningún subsidio, pasando a una situación de
pobreza extrema. En mayo de 2025, último
dato de Trabajo, cobraban alguna ayuda 1.455.261 desempleados: algo
más de la mitad (52,5%) cobraban un subsidio contributivo (según lo cotizado)
de 1.004,5 euros de media y el resto (47,5%) cobraban un subsidio asistencial
de 480 euros. Así que sólo el 60,5% de los parados registrados en las
oficinas de empleo (2.405.963 en junio) cobran algún subsidio. Pero
en realidad, con los datos del paro estimado hoy (2.553.100 parados), sólo
cobran alguna ayuda el 57% de los
parados EPA. Eso significa que casi la mitad de los parados reales (47%%) no
cobran ninguna ayuda pública, empeorando la cobertura de 2019 (no cobraban el
38,5%). Así que baja el paro, pero también los que reciben ayudas.
Con todo, lo más positivo sigue siendo la mejor calidad
del empleo que se crea en España, tras la reforma laboral de 2022. Este
primer semestre, el
42,67% de los contratos firmados fueron indefinidos, algo menos que hace un
año (42,87% el primer trimestre de 2024) pero un porcentaje muy superior a los
de 2023 (38,7%), 2021 (10,9%) y la media de 2014 a 2020 (sólo entre el 6 y el
8% de los contratos eran indefinidos). Con ello, ya hay 16.057.400
asalariados con contrato indefinido, el 84,6% del total,
frente al 74,61% de trabajadores fijos a finales de 2021, antes de la reforma
laboral). Lo que no mejora son los contratos a tiempo parcial (por horas o
días), que aumentan (+151.300 en el último año) y superan los 3 millones de
asalariados, sobre todo por las mujeres (el 73,16% de estos contratos), que
trabajan a tiempo parcial porque no encuentran trabajos a jornada completa o
para cuidar a hijos y mayores.
Ahora, en 2025, el Gobierno y los expertos creen que España
seguirá creando empleo, más que el resto de Europa pero menos que en 2023 y
2024, porque creceremos algo menos (+2,6%, frente al +3,2% en 2024). La
previsión enviada
por el Gobierno a Bruselas, en octubre de 2024, apostaba por crear 1,6
millones de empleos entre 2024 (+556.132 empleos, aunque realmente se han
creado +468.100), 2025 (548.645 empleos)
y 2026 (494.878 empleos), con el objetivo de que España roce los 23 millones de
ocupados (22.989.350 en 2026) y baje su tasa de paro del 10% en 2026 (ahora
parece más factible).
Los datos indican que estamos en el buen camino para lograr
ambos objetivos. Pero el Gobierno Sánchez no puede “lanzar las campanas
al vuelo” con el empleo y el paro, por dos razones. Una, porque
seguimos siendo el país de Europa y de la OCDE (36 paises) con la mayor tasa de
paro: 10,29 % en España frente al 5,9%
en la UE-27 y el 4,9%
en la OCDE. Y la otra, porque la tasa de empleo en España es mucho más baja
que en Europa: a finales de 2024 trabajaban el 71,4% de los que tienen entre 20
y 64 años, frente al 75,8% que trabajaban en Europa, el 75,1% en Francia o el
81,3% en Alemania, según
Eurostat. A lo claro :que España tiene todavía 1,08 millones de
personas menos trabajando que las que deberíamos tener si fuéramos como
la media europea. Y que trabajan 2,4 millones de españoles menos de los que
deberían trabajar si tuviéramos la tasa
de empleo de Alemania.
Ese es nuestro gran reto: reformar la economía
para que ofrezca empleo a más gente (entre 1 y 2 millones más) y eso permita
reducir la tasa de paro “a niveles europeos”. En eso deberíamos centrarnos a
medio plazo, sin regodearnos en los récords. Y eso implica tomar 2
medidas a corto plazo, que exigen (¡ cómo no¡ ) un pacto político
económico y social. Una, aprobar un Plan de empleo, para fomentar la
contratación de parados mayores de 45 años, mujeres y jóvenes, sobre todo en
esas 8 regiones con más paro que la media, canalizando inversiones públicas y
privadas e incentivos a las
contrataciones.
Y la otra, reformar de verdad las oficinas de
empleo, porque están
colapsadas (se tarda días en conseguir que te den por teléfono una cita
previa para solicitar el subsidio) y además no ayudan a los parados a
recolocarse. Se han cumplido 2 años de la Ley de Empleo (entró en vigor el
2 de marzo de 2023) y no ha funcionado: ni se ha hecho un perfil de los parados
ni se les ayuda individualmente a colocarse. De hecho, las oficinas de empleo sólo
colocan al 1,9% de los parados y apenas un 10% de los desempleados hacen
cursos de formación (largos y poco útiles). Y en la web del SEPE sólo hay
registradas 85.786 empresas y 32.827 ofertas de empleo. Urge reforzar la
plantilla de la SEPE (con 2.000 trabajadores menos de los necesarios),
mejorar su sistema informático (pésimo) y cambiar la operativa de estas
oficinas (gestionadas
de forma muy desigual según las autonomías), para dedicarse menos a
tareas burocráticas y más a recolocar a los parados.
En definitiva, todos debemos alegrarnos porque haya 22
millones de personas trabajando en España, 10 millones más que hace 60
años, pero todavía trabaja menos gente que en Europa (de los que
están en edad de trabajar) y muchos empleos son todavía precarios, demasiados a
tiempo parcial y con bajos salarios. Y, sobre todo, muchos empleos se
concentran en los servicios, con altibajos en las contrataciones, y todavía
pocos en la industria, las empresas tecnológicas y exportadoras, que ofrecen
empleos más estables y mejor pagados. Además, no olvidemos que hay
mucha incertidumbre en la economía mundial, por los aranceles de
Trump, y esto acabará perjudicando al empleo. Así que habrá que estar
vigilantes y dispuestos a tomar medidas para salvar esos 22 millones de
empleos y conseguir que sigan creciendo. Debería ser nuestro gran reto
como país.
El 2º trimestre del año suele ser bueno para el empleo, por la Semana Santa (cayó en abril) y por los contratos previos al verano. Este año 2025, tras un primer trimestre donde cayó el empleo (-92.500), el 2º trimestre ha seguido la tradición y se han creado 503.000 nuevos empleos, según la EPA, el 2º mayor aumento en este trimestre tras el de 2023 (+603.900 empleos). Con ello, se afianza la recuperación del empleo iniciada en el verano de 2022, tras la pandemia, y la ocupación en España supera los 22 millones de personas: exactamente, 22.268.700 personas trabajando a finales de junio, la mayor cifra de ocupados de nuestra historia. Y 2.301.800 personas más trabajando que a finales de 2019.
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lunes, 19 de mayo de 2025
La inversión despierta (lentamente)
La economía sigue creciendo, un +0,6% en el
primer trimestre, el doble que Europa. La novedad es que la inversión,
uno de los motores del crecimiento, lleva dos trimestres creciendo más que
el consumo y las exportaciones, tras varios años languideciendo. Pero
todavía está débil y se invierte casi lo mismo que en 2019 si descontamos
la inflación. La inversión pública se ha recuperado, pero la
inversión privada (el 90% del total) es todavía menor a la de antes de la
pandemia. Las empresas han mejorado sus ventas y beneficios, pero los
destinan a devolver deuda, pagar dividendos y comprar acciones propias y
ajenas, no a invertir más. Un problema que afecta a la inversión en toda
Europa y tiene que ver con la incertidumbre política, la fiscalidad
y la regulación o la falta de financiación (el ahorro se escapa a
otros paises), a pesar de los Fondos europeos. Hay que reanimar la
inversión privada, en España y en Europa, porque es el cimiento
del crecimiento y empleo futuros. Enrique OrtegaEspaña ha
crecido más que el conjunto de Europa
en 2021 (+6,7% frente a +6,3%), 2022 (+6,2% frente a +3,5%), 2023
(+2,7% frente a +0,4%) y 2024 (+3,2% frente a +0,9%), empujada por el
consumo público (ayudas y gasto estatal tras la pandemia), el consumo privado y
el turismo (apoyados por la inmigración) y las exportaciones. En el primer
trimestre de 2025, la economía española siguió creciendo, un +0,6%, el doble
que en Europa, pero con un cambio, según el INE: lo
que más creció (+1,1%) fue la inversión, como en el 4º trimestre de
2024 (+3,5%), más que el consumo público y privado y que las exportaciones, los
otros tres motores del crecimiento. Por eso, los expertos destacan que la
inversión “despierta” en España, tras bajadas y mínimos crecimientos tras
la pandemia.
En definitiva, que la inversión se ha estancado en
términos reales y aporta menos al crecimiento que antes de la pandemia.
Pero el dato encubre una diferencia. Una parte de la inversión, la inversión
pública (34.868 millones en 2024), ha crecido un +40% entre 2019
y 2024, por el mayor gasto realizado por el Estado, autonomías y
Ayuntamientos, en Sanidad, ayudas y servicios públicos. Y la otra parte, la inversión
privada (271.879 millones en 2024, el
90% de toda la inversión) ha caído un -3,5% entre 2019 y 2024, en términos
reales (descontando la inflación), según
el estudio de la Fundación BBVA e Ivie. Así que si la inversión ha
ayudado poco al crecimiento de estos años, menos ha ayudado la inversión privada,
que es 8.200 millones inferior a la de 2019.
Además de caer la inversión privada en España, en términos
reales, tiene
una serie de problemas de fondo. Primero, que la mayoría
de las nuevas inversiones (el 75% del nuevo capital) se han destinado a
reponer la depreciación de la inversión, con lo que sólo un 25% de lo
invertido aumenta la inversión neta y el “stock” de capital apenas crece
(+1,4% en 2024). El 2º problema es la composición de la inversión:
en España tiene un gran peso la inversión inmobiliaria (polígonos industriales,
locales, oficinas, suelo…) y poco peso la inversión en tecnología e innovación,
con más peso en otros paises europeos. Y el tercer problema es la poca
utilización del capital disponible: la inversión en infraestructuras,
construcción, equipos y otros activos sólo se utiliza en un 81,8%. Y así, por
ejemplo, no se aprovecha el 23,1% de la capacidad instalada en la industria,
frente al 19,5% de no utilización en la UE-27 o el 16,6% en Alemania, lo que limita
la capacidad de crecimiento del país.
Además, tenemos otro problema de fondo con la
inversión pública en infraestructuras: pese a los avances de los
últimos años, la inversión en infraestructuras no ha conseguido recuperar
los recortes impuestos por Bruselas entre 2010 y 2015. Así, la inversión
española en infraestructuras estaba en 2024 un 17,6% por debajo de la de 1995 y
un -63% por debajo a la de 2009, en términos reales, según
el informe de la Fundación BBVA e Ivie, que llama la atención sobre dos
inversiones claves. Una, la inversión en infraestructuras hidráulicas,
que es un -42% inferior en 2024 a la de 1995, lo que “explica” la falta de
preparación del país ante una Dana como la de Valencia… Y la otra, la inversión
en infraestructuras ferroviarias, que ha caído un -35% entre 2019 y 2024,
lo que explica los numerosos problemas que sufre la red ferroviaria española, por
la que circulan
un 72% más trenes que en 2019.
En definitiva, que la inversión lleva años estancada,
sobre todo por la caída en la inversión privada tras la pandemia: la
inversión “productiva” (excluyendo la inversión en vivienda) ha caído un -1,6%
sobre 2019, según
este informe del Banco de España, que refleja cómo las empresas que más invierten son las
grandes (más de 250 trabajadores) y las medianas, sobre todo en los
sectores de la energía, la industria, los servicios turísticos y los bienes de
equipo. El informe incluye una
Encuesta a 6.500 empresas sobre los obstáculos que detectan
para invertir: el principal (para el 40%) es “la incertidumbre”
sobre la política económica, seguido de la subcontratación (35%) y la excesiva regulación (el 32%).
¿Por
qué no invierten más las empresas españolas? Sorprende que la inversión
privada no despegue cuando las empresas han aumentado sus ventas y
beneficios en los últimos años, recuperándose de los problemas de la
pandemia y la alta inflación. Así, en 2024, el beneficio neto de
las empresas no financieras que operan en España aumentó un +12,1%, casi
el doble que en 2023,
según la Central de Balances del Banco de España. Lo que pasa es que muchas
empresas han utilizado esta
mayor “solidez financiera” para otros fines, no para invertir: para
aumentar
los dividendos que pagan a sus accionistas, para la recompra
de acciones propias (fortalecer su capital) y ajenas (inversión en Bolsa,
deuda y valores y depósitos en el extranjero) y para reducir
su endeudamiento, para devolver préstamos (las empresas españolas han
reducido su deuda más que las empresas del resto de Europa).
Sea por incertidumbre o por buscar otro destino a sus
beneficios, el caso es que España y Europa tienen un problema: la
baja inversión empresarial, que es un cimiento clave para asentar
el crecimiento y el empleo del futuro. Está claro que la crisis geopolítica
actual y la amenaza de los aranceles no ayudan a que las empresas
programen nuevas inversiones, sobre todo en sectores de futuro
(descarbonización, digitalización, tecnología e innovación). Pero sin esa
inversión empresarial (recordemos: es el 90% de toda la inversión), será
difícil mantener un crecimiento suficiente, en España y en Europa.
Relanzar la inversión, para reanimar el
crecimiento y el empleo, es uno
de los grandes objetivos de Europa en esta nueva Legislatura. No
se trata sólo de invertir más y reducir la brecha con EEUU y China, sino de invertir
mejor, con más eficacia y competitividad. Porque los
datos revelan que por cada euro público invertido en Europa en I+D+i,
las empresas privadas europeas invierten otro euro, mientras en EEUU
invierten 2 euros por cada euro público. Y en China y Corea, se multiplica por
más de 3, según
un estudio de la OCDE. Así que la clave no es sólo invertir más, sino
invertir mejor, lo que exige un mejor funcionamiento institucional y más
conexión entre inversión pública y privada.
En España, este doble reto es aún más importante, porque nuestra
productividad no es sólo inferior a la de USA y China, sino a la de la mayoría
de Europa. Y esa menor productividad tiene que ver solo con nuestro
modelo económico (más servicios y menos industrias), nuestra menor tecnología,
el mayor peso de las pymes respecto a las grandes empresas, la menor formación
de los empleados o el menor peso de la exportación y la tecnología, sino
también con la baja inversión (privada y pública) entre 2008 y 2024. Esta
menor
productividad de España se traduce en un menor crecimiento del PIB por
habitante: creció sólo un +4% entre 2008 y 2023, frente al +14%
en la UE-27 y el +22% en EEUU. Por eso, los salarios han crecido menos y “nos hemos empobrecido en los últimos 15 años”.
Existe una correlación clara entre lo que invierte un
país y lo que crece, sobre todo por habitante (España ha crecido mucho,
pero también su población). En España, la
inversión por habitante cayó de 8.500 dólares en 2008 a 7.000 en
2023, mientras en Europa subía de 8.000 a 8.500 dólares y en EEUU aumentaba de
10.000 a 14.000 dólares por persona en 15 años. Estos datos sobre la evolución
de la inversión explican en buena medida
que la producción por habitante aumente poco y España tenga un PIB
por persona (27.714 euros en 2024) que es el
92% de la media europea. Y que 13
paises europeos nos superen en PIB por habitante en 2024: Luxemburgo,
Irlanda, Paises Bajos, Dinamarca, Bélgica, Austria, Alemania, Suecia, Malta, Finlandia,
Francia, Italia y Chipre, según
Eurostat.
En definitiva, si España quiere mejorar su productividad
y su nivel de vida, tendrá que aumentar la inversión, además de
modernizar su economía y afrontar los retos tecnológicos, digitales y
medioambientales. Y también Europa, cuya productividad (33.530
euros por habitante en la UE-27 en 2024) es muy inferior a la de EEUU
(79.305
euros por habitante). Los
expertos creen que la
inversión no tira en Europa (España incluida) por varias razones:
falta de financiación, falta de rentabilidad de los nuevos proyectos, falta de
empresarios innovadores, falta de “know-how” (saber hacer), personal técnico y
mano de obra especializada, falta de infraestructuras innovadoras e
investigadores y falta de un entorno institucional adecuado (legislación,
fiscalidad, marco laboral…).
La presidenta de la Comisión Europea encargó al expresidente
del BCE, Mario Draghi, un informe para mejorar la productividad y la
competitividad de Europa, que presentó
el 9 de septiembre. Draghi parte de señalar el grave problema que
tiene Europa: el retraso económico respecto a EEUU, aunque
socialmente sea un continente más avanzado. La
cifra es impactante: la UE produjo (PIB) por valor de 17,5 billones de
dólares en 2024, un 40% menos de la producción de EEUU (29,1 billones de
dólares). Pero lo más grave es que esta brecha productiva entre Europa y EEUU se
ha agravado en las dos últimas décadas. Para Draghi, este preocupante
panorama plantea a la Unión Europea un triple reto: acelerar la innovación
y encontrar nuevos motores de crecimiento, reducir los precios de la
energía (sin dejar de “descarbonizar”) y aprender a reaccionar en un
mundo inestable.
De hecho, la inversión total alcanzó los 306.748 millones
de euros en 2024, un 20,6% más que en 2019, antes de la pandemia (254.566
millones de euros, según el INE). La inversión total creció en 2021, 2022, 2023
y 2024, pero si descontamos la inflación de estos años, el crecimiento
real de la inversión en España ha sido sólo del +0,6% entre
2019 y 2024, según
el informe de la Fundación BBVA e Ivie. Y además, la inversión ha
perdido peso en la economía, como motor del crecimiento, mientras lo
ganaban el consumo público, el privado y las exportaciones. Así, de aportar el
20,3% del PIB en 2019 ha pasado a aportar el 19,5% en 2024 (mientras en
la zona euro, la inversión aporta el 21,5% del PIB).
Sorprende que la inversión empresarial privada no despegue a
pesar de los Fondos europeos “Next Generation”: España es el país que
más subvenciones ha recibido y ya se habían adjudicado
44.163 millones a finales de 2024, de
los 80.000 millones que nos
corresponden. El 21,1% de las empresas encuestadas por el Banco de España han
solicitado estos Fondos UE y casi la mitad reconoce que no harían las
inversiones que tienen previstas si no esperaran contar con esos Fondos
europeos, sin los cuales habrían invertido menos.
Pero estas propuestas y medidas tienen un coste: Europa
necesita invertir 800.000 millones de euros al año, lo que supone
cuadruplicar el Plan Marshall (de la postguerra europea) y superar con creces el
Plan de Recuperación aprobado tras la pandemia (contemplaba invertir
750.000 millones de euros entre 2021 y 2026, unos 125.000 millones al año). Draghi
señaló 3 vías para conseguir
estos ingentes recursos: la financiación privada, de las Bolsas (creando
un único mercado de capitales), la banca (avanzando en la unión bancaria y las
fusiones transfronterizas) y los ahorradores (Europa ahorra mucho más que EEUU,
pero 300.000
millones de ahorro europeo se desvían a financiar a EEUU), los préstamos
del BEI (Banco Europeo de Inversiones) y la financiación pública
(el Presupuesto UE es ridículo comparado con el de EEUU: un 1% del PIB de los
27) y la emisión de deuda europea, bonos que emitirían
conjuntamente los 27 (como se hizo con el Plan de Recuperación), para financiar
proyectos industriales, tecnológicos y medioambientales.
España
debe apuntarse a este “tren inversor”, aprovechando al máximo los Fondos
europeos pendientes de adjudicar y relanzando la inversión interna, tanto
la pública como la privada, con incentivos, fiscalidad y normativa a favor de
los proyectos innovadores y competitivos. Hay
que “mimar” la inversión, canalizar el ahorro, los
beneficios empresariales y los impuestos a proyectos que modernicen la economía
y nos hagan un país más competitivo, con más innovación, tecnología,
digitalización y descarbonización. Todo para relanzar la inversión,
que es la clave para asegurar el crecimiento y el empleo del futuro.
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