El Banco Central Europeo (BCE) retomó hoy 11 de junio un viejo camino: subir los tipos de interés oficiales en la zona euro, del 2 al 2,25% (+0,25%), tras un año sin tocar los tipos. Antes, había utilizado dos caminos. El 21 de julio de 2022 inició una senda de subida de tipos, para luchar contra la inflación (+8,7% en junio), agravada por la invasión de Ucrania y la consiguiente crisis energética, sobre todo en Europa. Entre 2022 y 2023, el BCE aprobó nada menos que 10 subidas, disparando los tipos oficiales del 0% en que estaban (desde 2016) hasta el 4,50% en que los colocó el 20 de septiembre de 2023. Ahí los mantuvo 9 meses, hasta que el 6 de junio de 2024, el BCE volvió a tomar otro camino, el de bajar los tipos, para intentar reanimar una débil economía europea entonces con menos inflación (+3,2% en mayo). Y los bajó 8 veces entre 2024 y 2025, dejándolos en el 2% el 16 de junio de 2025, para no tocarlos hasta ahora, un año después.
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jueves, 11 de junio de 2026
BCE: otra subida de tipos inútil y dañina
Hoy jueves, el Banco Central Europeo (BCE) volvió a
subir los tipos, tras bajarlos 8 veces entre 2024 y 2025
y subirlos antes otras 10 veces, entre 2022 y 2023. La “excusa”
para volver a subirlos es que la inflación lleva 4 meses subiendo
(hasta el 3,2%), por la energía y la guerra en Oriente Medio. Pero muchos expertos
critican esta subida, porque no sirve para bajar el precio del
petróleo ni abrir el estrecho de Ormuz, aunque sí dañará a la economía europea, que ya ha
caído en el primer trimestre (-0,2%). Y recuerdan que es la 3ª
vez que el BCE comete el mismo error : en 2011 primero y luego en
2022-23, subieron los tipos, no frenaron los precios y hundieron más a
Europa en una recesión. El camino de Europa no es subir los
tipos, dañando a familias (hipotecas), empresas (créditos e inversión) y a los Estados (más intereses deuda),
sino ayudar a buscar la paz y, mientras, aprobar más ayudas y medidas
para huir del petróleo. Enrique Ortega
El Banco Central Europeo (BCE) retomó hoy 11 de junio un viejo camino: subir los tipos de interés oficiales en la zona euro, del 2 al 2,25% (+0,25%), tras un año sin tocar los tipos. Antes, había utilizado dos caminos. El 21 de julio de 2022 inició una senda de subida de tipos, para luchar contra la inflación (+8,7% en junio), agravada por la invasión de Ucrania y la consiguiente crisis energética, sobre todo en Europa. Entre 2022 y 2023, el BCE aprobó nada menos que 10 subidas, disparando los tipos oficiales del 0% en que estaban (desde 2016) hasta el 4,50% en que los colocó el 20 de septiembre de 2023. Ahí los mantuvo 9 meses, hasta que el 6 de junio de 2024, el BCE volvió a tomar otro camino, el de bajar los tipos, para intentar reanimar una débil economía europea entonces con menos inflación (+3,2% en mayo). Y los bajó 8 veces entre 2024 y 2025, dejándolos en el 2% el 16 de junio de 2025, para no tocarlos hasta ahora, un año después.
El BCE se ha adelantado en la subida de tipos a los
demás bancos centrales, sobre todo a la Reserva Federal USA, que tendrá
que decidir esta semana si sube sus tipos (en el 3,50% desde diciembre de 2025),
ahora que la subida del petróleo ha
disparado su inflación al 4,2% en mayo y con Trump exigiendo desde
hace meses que bajen más los tipos. El BCE se ha adelantado esta vez porque tiene
“mala conciencia” de la última vez que subió tipos, porque cree (aunque
no lo reconoce) que lo
hizo tarde: subió los tipos el 21 de julio de 2022, casi 5 meses
después de la invasión rusa de Ucrania y con la inflación en el 8,7%,
muy por encima de su objetivo (+2%), muy superado desde septiembre de 2021
(+3,4%). Y una prueba de que “los subió tarde” es que el Banco de Inglaterra
empezó a subir tipos en diciembre de 2021 y la Reserva Federal USA lo
hizo cuatro meses antes, en marzo de 2022.
Ahora, el
BCE no quiere que nadie le critique por “retrasarse” y
quiere ser el más ortodoxo de los bancos centrales, aprobado la primera
subida antes de cumplirse 4 meses de los ataques a Irán (28 de febrero) y
cuando la inflación en la zona euro sólo ha subido al 3,2% en mayo (muy
por debajo de la inflación en la anterior crisis energética, donde los precios
europeos subieron más del 10% en octubre y noviembre de 2022, no bajando
del 6% hasta junio de 2023). Y frente a los que les critican por “precipitarse”,
el BCE se defiende diciendo que “es
mejor prevenir que lamentar”, que prefiere subir tipos ahora para
evitar que las subidas de la energía se contagien a toda la economía, algo
que todavía no ha pasado.
Muchos expertos reiteran que el
BCE vuelve a equivocarse subiendo tipos, porque la subida es ineficaz
cuando los precios suben por una “inflación de costes”, por una
subida de la energía, no porque la economía crezca demasiado y esté “recalentada”
(“inflación de demanda”, que es cuando la subida de tipos sí resulta
eficaz. Pero ahora, la subida de tipos no va a resolver el problema de las
infraestructuras petroleras dañadas o paradas ni servirá para reabrir el
estrecho de Ormuz, por lo que no servirá para bajar el precio del petróleo.
Tampoco sirvió en la anterior crisis energética, a raíz de la invasión
de Ucrania, cuando la inflación en la zona euro acabó bajando (del
10,6% en octubre de 2022 a menos del 3% en octubre de 2023) pero no por
las 10 subidas de tipos sino por las ayudas y medidas que aprobaron los
Gobiernos europeos, desde la excepción ibérica (clave para bajar la luz en
España) hasta las ayudas a familias o sectores y el aumento de las energías
renovables y la independencia energética europea. Ahora pasa lo mismo: si
la inflación no sube más, no será porque el BCE sube tipos sino por las medidas
que están tomando los paises (bajada impuestos) para luchar contra las
subidas energéticas.
El otro problema de esta subida de tipos del BCE es que, además
de ineficaz es perjudicial para la economía: los tipos
más altos no frenan la inflación pero sí deterioran
la economía de las familias, las empresas y los Estados, frenando
el crecimiento. Es como aplicar una sangría a un enfermo que está en la UVI.
Este error del BCE, promovido por los “fundamentalistas
monetarios”, ya lo cometió el Banco central europeo en 2011 y en
2022-2023. En 2011, el entonces presidente, Trichet, subió los tipos dos veces (en abril
y julio de 2011), lo que sirvió para agravar la incipiente recesión
europea: de crecer la zona euro un 0,2% en la primavera y verano de
2011, se pasó a una caída de la eurozona en los 6 siguientes trimestres (4º
de 2011, todo 2012 y primer trimestre de 2013), básicamente por la crisis de la
deuda y los rescates de los paises del sur pero también por “el ricino de la
subida de tipos”. La prueba del error es que, al llegar Draghi al
BCE (noviembre 2022), bajó 8 veces los
tipos de interés, hasta dejarlos en el 0% en 2016, ayudando a
reanimar la economía europea.
El error de Trichet en 2011 lo
repitió Christine Lagarde en 2022 y 2023, a raíz de la
inflación y la crisis desatada por la invasión de Ucrania. La primera
subida (+0,5%) se aprobó el 21 de julio de 2022 y tras ella, otras 9 subidas
más, hasta la última en junio de 2025 (dejando los tipos en el 4,50%, el nivel
más alto en 20 años). Y otra vez más, este “ricino monetario” agravó
la recesión de la economía de la eurozona: crecía el +0,9% en el 2º
trimestre de 2021 y cayó un -0,1% en el último trimestre, para no crecer apenas
en 2023 (entre un 0 y un 0,2% cada trimestre), con una resaca en 2024, en que la
eurozona sólo creció un -0,4%.
Ahora, la nueva subida de tipos del BCE es aún
más peligrosa, porque se produce cuando la
economía europea ya está cayendo, según Eurostat: en el primer
trimestre de 2026, el PIB de la eurozona ha caído un -0,2% (-0,1% la
UE-27), con Francia cayendo también (-0,1% PIB primer trimestre) como
Irlanda (-12,1%), Suecia (-0,2%) o Lituania (-0,3), y con Alemania
e Italia estancadas (+0,3%), salvándose sólo España (+0,6% crecimos
en el primer trimestre) y Polonia (+0,9%) entre los grandes. Una caída
que contrasta con lo que crecía la eurozona en 2011 (+1,7%) y en 2022
(+3,6%), las otras dos ocasiones en que el BCE aplicó su ineficaz subida de
tipos, que acabó en dos recesiones: ahora el BCE aplica su “medicina”
en una economía que decrece y con dos importantes paises que no crean
empleo (+0% Francia en el primer trimestre y -0,1% Alemania, según
Eurostat.
La subida de tipos frena el crecimiento porque afecta
negativamente a las familias y a las empresas, dos de los motores
claves del crecimiento, deteriorando además las cuentas públicas.
Antes de que el BCE subiera tipos el jueves pasado ya había subido
el Euribor, el precio al que se prestan los bancos europeos, porque se
esperaba esa subida de tipos tras la guerra en Irán y la subida de la energía.
Concretamente, el Euribor mensual
sube desde marzo y podría acabar en
junio en el 2,850%, +0,77% más alto que hace un año (2,081% Euribor junio
2025). Eso encarecerá las hipotecas a revisar en junio, en torno
a 69 euros al mes para una hipoteca media de 174.132 euros (+826,80 euros
anuales). Pero como además suben
sin parar las viviendas, los que pidan una hipoteca nueva tendrán
que pagar dos subidas: la del Euribor (ojo, antes de la
subida del BCE, pronto será más) y la de los pisos. Tomando el precio
medio de una vivienda en España (2.795
euros/m2, según Idealista), pedir ahora una hipoteca para comprar un piso
de 90m2 cuesta ya una cuota de 1.042 euros mensuales, 218 euros al mes
más que hace un año. Y pronto se espera el Euribor en
el 3%.
Los tipos de los préstamos personales, para
comprar un coche o hacer un viaje, también están subiendo este año, aún antes
de la subida del BCE: el tipo estaba en el 7,94% en 2024, bajó al 7,41% en 2025
y este año ha escalado hasta el 7,79% en abril, según
el Banco de España. Lo mismo les pasa a los créditos que piden las
empresas: las pymes, para créditos hasta 250.000 euros, pagaban el
4,79% en 2024, les bajó al 4,01% en 2025 y este año les ha subido hasta el 4,63%
en abril. Y lo mismo las grandes empresas, que piden créditos de más
de 1 millón de euros: pagaban un tipo del 4,35% en 2024, les bajó al 3,49% en
2025 y en abril de este año ya pagaban el 3,69%, según
el Banco de España. Además, con esta subida del BCE, todos los tipos
subirán más y los bancos restringirán más sus créditos e hipotecas.
Y el daño de la subida de tipos no se queda en
las familias y las empresas. También lo paga el Estado, porque la
Administración central, las autonomías y los Ayuntamientos pagarán más
intereses por su deuda. Un termómetro es el coste de colocar la
deuda pública española a 10 años: tras pagar un máximo del 3,949% en
septiembre de 2023 (por la anterior subida de tipos, tras la invasión de Ucrania),
el
coste de la deuda española bajó al 2,787% en noviembre de 2024 y estaba en
3,213 al inicio de 2026, subiendo en junio a 3,5010, antes de la subida del
BCE. Esta subida de la deuda irá a más y el pago de intereses de nuestra
deuda (previsto en 43.300 millones de euros este año) subirá entre 6.000
y 9.000 millones por las subidas que se esperan tras la estrategia del
BCE. A lo claro: que tendremos entre 6.000 y 9.000 millones menos para
gastar en servicios públicos porque habrá que pagar más intereses.
Ahora, la incógnita es saber cuántas veces más subirá el
BCE sus tipos de interés oficiales: hay analistas que hablan de hasta
dos veces más, quizás en julio y en octubre o que espere para hacer
la tercera a diciembre. Pero todo apunta a tipos entre el 2,50 y el 3%,
según se comporte la inflación europea (que podría oscilar entre el 3,5 y el 4%
este año, tras cerrar 2025 en el 1,5% la UE-27). Y a su vez, el comportamiento
de la inflación va a depender de la evolución de la guerra en Oriente
Medio, cuyo futuro no se vislumbra. Pero incluso en el caso de un
acuerdo y de la reapertura de Ormuz, la economía internacional y los precios
tardarán meses en beneficiarse, por lo que el BCE “no bajará la guardia”.
Lo que sí está claro es que muchos expertos (incluido
el español Luis de Guindos, que acaba de dejar su puesto de vicepresidente del
BCE: “tenemos
que tener en cuenta el impacto sobre el crecimiento”) alertan sobre
el riesgo de que la subida de tipos agrave la recesión en Europa,
dado el estancamiento de Alemania y Francia. Y recuerdan los errores de
las subidas de 2011 y 2022-23. Y otros reiteran que la lucha contra la
inflación exige tomar medidas en dos frentes. Uno, volcarse política y
diplomáticamente en lograr una paz estable en Oriente Medio, un
conflicto en el que Europa sigue “ausente”. Y el otro, tomar medidas y
estrategias para contrarrestar la inflación (como las medidas fiscales y
en algunos sectores que ha tomado España) y acelerar
“la huida” de los combustibles fósiles, favoreciendo la electrificación
de la economía (con energías renovables) y la movilidad (facilitando
las ventas de coches eléctricos y los postes de recarga, ambas retrasadas en
Europa).
En resumen, que Europa está sufriendo en sus precios
los daños de la guerra en Oriente Medio, pero la solución no es agravar
aún más el actual estancamiento económico europeo subiendo los
tipos (lo que no sirve para bajar el precio del petróleo) sino
presionando con el resto del mundo a Israel, EEUU e Irán para que firmen la paz
y acelerando una política energética que apueste más por los combustibles
renovables y por consumir cada vez menos petróleo, para que estas crisis
energéticas (recurrentes) no nos hagan dado. El problema es que la
derecha europea (sobre todo el PPE) se ha dejado presionar por la
extrema derecha y están “devaluando”
las políticas medioambientales europeas, como demuestran los
ataques al Pacto Verde europeo y la
decisión aprobada por la Comisión en diciembre de suavizar la prohibición
de coches de combustión en 2035… Así nunca podremos evitar los
europeos los daños de la geopolítica y de las subidas del petróleo. Ni subiendo
tipos.
El Banco Central Europeo (BCE) retomó hoy 11 de junio un viejo camino: subir los tipos de interés oficiales en la zona euro, del 2 al 2,25% (+0,25%), tras un año sin tocar los tipos. Antes, había utilizado dos caminos. El 21 de julio de 2022 inició una senda de subida de tipos, para luchar contra la inflación (+8,7% en junio), agravada por la invasión de Ucrania y la consiguiente crisis energética, sobre todo en Europa. Entre 2022 y 2023, el BCE aprobó nada menos que 10 subidas, disparando los tipos oficiales del 0% en que estaban (desde 2016) hasta el 4,50% en que los colocó el 20 de septiembre de 2023. Ahí los mantuvo 9 meses, hasta que el 6 de junio de 2024, el BCE volvió a tomar otro camino, el de bajar los tipos, para intentar reanimar una débil economía europea entonces con menos inflación (+3,2% en mayo). Y los bajó 8 veces entre 2024 y 2025, dejándolos en el 2% el 16 de junio de 2025, para no tocarlos hasta ahora, un año después.
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jueves, 12 de diciembre de 2024
Bajan tipos, pero suben pisos e hipotecas
El Banco Central Europeo (BCE) ha bajado hoy jueves el
precio oficial del dinero, un -0,25%, hasta el 3%. Es la
4ª bajada de tipos desde junio, tras las 10 subidas hechas en 2023 y 2024,
que pusieron los tipos en el 4,5%. Esta bajada ha sido posible porque los
precios siguen moderados, en Europa y en España, pero los tipos son
aún demasiado altos, dado que la economía europea está estancada
y Alemania en recesión. Pero el BCE no quiere bajarlos más rápido
y quedarán en el 2% en 2025, aunque dependerá de los conflictos
geopolíticos y las medidas de Trump, que podrían relanzar la
inflación. Mientras, familias, empresas y Gobiernos disfrutan ahora de
tipos más bajos, pero mucho más elevados que en 2022. Y aunque ha bajado
el Euribor (2,395% en diciembre), como los pisos son ahora mucho más caros, hay
que pagar más de cuota hipotecaria que en 2021,2022 y 2023. Así que aunque
bajen los tipos, comprar piso es más caro. Enrique Ortega
La inflación europea parece controlada (2,3% en noviembre la UE-27 frente al 10,6% que llegó a alcanzar en octubre de 2022) y eso ha decidido al BCE a abrir la mano y volver a bajar hoy un -0,25% los tipos de interés, dejando el tipo de referencia en el 3%, el precio del dinero que teníamos en 2006. Es la 4ª bajada de tipos que hace el BCE, tras las de junio, septiembre y octubre de 2024, rebajado los tipos oficiales del 4,50 al 3%. Unas bajadas que todavía no compensan las 10 subidas de tipos aprobadas por el BCE entre julio de 2023 y septiembre del 2024, que dispararon el precio del dinero del 0% (en que estaban desde marzo de 2016) hasta el 4,50%, el tipo más alto desde mayo de 2001.
Esta 4ª bajada de tipos del BCE sigue la senda de las
bajadas hechas por otros grandes bancos centrales. Así, la Reserva
Federal USA, que marca la política monetaria mundial, hizo su 1ª bajada de tipos en septiembre de 2023, tras haberlos subido 11
veces desde marzo de 2022 (hasta un máximo del 5,25%). Y los bajó por
2ª vez, el 7 de noviembre de 2023, dejándolos en el 4,50% actual. Y
el Banco de Inglaterra, que también subió
14 veces sus tipos oficiales
(del 0 al 5,25%, entre julio de 2022 y septiembre de 2023), empezó a bajarlos
también en agosto de 2024 y por 2ª vez
en noviembre pasado, dejándolos en el 4,75% actual.
El BCE ha bajado los tipos más veces (4 en vez
de 2) y los mantiene más bajos (3% en vez del 4,50 y el 4,75% de USA y
Reino Unido) porque la economía europea está estancada y apenas crece: tiene
que suavizar “el ricino monetario” que aplicó contra la alta inflación y
que ha provocado un mayor debilitamiento de la economía europea. En
2023, la UE-27 sólo creció un +0,4%, siete veces menos
que la economía USA (+2,9%) y algo más que Reino Unido (+0,3%), mientras
Alemania cerró en recesión (-0,3%). Y para
este año 2024, la Comisión Europea prevé un crecimiento bajo, del +0,9%
en la UE-27, con Alemania otra vez en recesión (-0,1%), un bajo crecimiento
de Italia (+0,7%) y Francia (+1,1%) y mayor en España (+3%). Y mientras, EEUU
crecerá el triple (+2,7%) y Reino Unido un +1%.
Así que no está la economía europea como para tener
tipos altos, aunque esos mayores tipos de EEUU y Reino Unido estén atrayendo
capitales y fortaleciendo el dólar, en perjuicio del euro, que sigue
depreciándose casi un -7% (ha llegado a cotizar en
noviembre a 1,042 dólares,
cuando cotizaba a 1,119 dólares en agosto). Este es otro motivo de preocupación
para el BCE, porque si el euro sigue depreciándose y cotiza a 1x1
con el dólar, las importaciones europeas que se hagan en dólares
(energía y equipos) serán más caras y eso
reanimará la inflación, que ahora parece controlada. Pero de
momento, preocupa más el estancamiento de la economía europea, que exige
bajar los tipos para reanimarla.
De hecho, muchos
expertos critican al BCE por haber aplicado este ajuste monetario
tan drástico, esa subida de tipos del 0 al 4,50% en sólo 14 meses, que fue la
puntilla para la débil economía europea. Ya
insistí al escribir sobre las 10 subidas de tipos de 2022 y 2023 que podía
provocar este “estancamiento” y que no era una política correcta, como
señalaban muchos expertos, porque la inflación de los últimos años era una
inflación de costes (básicamente, por la subida de la energía), una “inflación
de oferta” y no la típica “inflación
de demanda” que teníamos a principios de siglo, cuando los precios
subían por el fuerte crecimiento económico y el exceso de consumo, con lo que
la subida de tipos sí resultaba efectiva para “enfriar la economía”.
Pero en 2022 y 2023, los precios subieron no por un exceso de consumo
sino por la subida del gas, el petróleo y las materias primas, más los embudos
en las cadenas de suministro y el comercio internacional. Así que la
subida de tipos poco podía hacer y de hecho, la bajada drástica de la
inflación se ha conseguido por medidas de los Gobiernos en los
mercados energéticos y las ayudas a familias y empresas, no con las
subidas de tipos, que han hundido a economías, familias y empresas.
Las familias españolas se han beneficiado de la
bajada de la inflación, pero a un alto coste para los que pagan una hipoteca o
un crédito. Así, los 4 millones de familias que están pagando una
hipoteca se han “empobrecido”, al subirles su cuota
mensual: los tipos medios de las hipotecas pasaron del 1,38% en 2021 al
2,96 en 2022 y al 3,80% en diciembre de 2023, estando ahora (octubre
2024) en el 3,20%, todavía por encima de 2021 y 2022, según
los datos del Banco de España. Y los créditos personales (para
comprar un coche, un electrodoméstico o un viaje) han pasado del 6,10% en
2021 al 7,69% a finales de 2023 para costar en octubre un 7,41%,
subiendo también el tipo de las tarjetas. A lo claro: una hipoteca de
150.000 euros, a 25 años y un tipo variable del Euribor+1%, costaba en
noviembre de 2021 una mensualidad de 532,85 euros, pasó a 878,81
euros en noviembre de 2023 y ahora cuesta algo menos, 751,42 euros, pero
mucho más que hace 3 años.
Las empresas también han sufrido la dureza de la
subida de tipos y aún pagan más por el dinero que antes del ajuste. Así, el tipo
por descubierto saltó del 1,56% en 2021 al 4,79% en diciembre de 2023 y
en octubre estaba en el 4,46%, según
el Banco de España. Los créditos de hasta 250.000 euros pasaron del
1,69% en 2021 al 5,33% a finales de 2023 y todavía cuestan el 4,43%.Los
créditos de 250.000 euros a 1 millón saltaron del 1,29% en 2021 al 5,08% en 2023
y están ahora en el 4,11%. Y los créditos de más de 1 millón de euros, que
costaban el 1,04% en 2021, saltaron al 4,98% en 2023 y estaban en octubre en el
4,22%.
Y la subida de tipos también hizo daño a los Estados,
al encarecer su deuda, que siguen colocando a tipos muy altos aunque hayan
bajado los tipos. El bono
español a 10 años pasó de pagar el 0,415% de interés en
noviembre de 2021 al 3,65% en diciembre de 2022 y un máximo del 3,949%
en septiembre de 2023, bajando ahora (diciembre 2024) al 2,763%. Eso se traduce
en que España tiene que pagar más intereses por su deuda (39.078
millones en 2024, frente a 30.175 millones pagados en 2022), con lo que se
puede gastar menos de lo que haría falta en sanidad, educación, dependencia, ayudas
públicas y pensiones.
Como se ve, el coste económico y social de la “ortodoxia
monetaria” del BCE ha sido alto y no se compensa con las 4 bajadas
hechas desde junio. Pero hay un sector que ha salido muy beneficiado
estos años: la banca, gracias a los mayores intereses cobrados a
familias, empresas y Estados. Así, los 6 grandes bancos españoles aumentaron sus
beneficios un
+28% en 2022 (ganaron 20.850 millones) y otro
+26,4% en 2023 (26.088 millones). Y con el retraso en las bajadas de
tipos del BCE, los 6 grandes bancos españoles han
ganado un +19,7%% más en 2024 (23.656 millones de enero a
septiembre),un beneficio histórico.
Así que lo
que hagan los tipos en 2025 va a depender mucho de las circunstancias geopolíticas
y de su efecto sobre la inflación. Pero de momento, las 4 rebajas ya hechas
por el BCE apenas suponen un alivio para las familias, empresas y el
Presupuesto, como hemos visto. En el caso de las hipotecas, la bajada del Euribor
ya beneficia a los que tienen una hipoteca y revisan anualmente
su cuota: cerró noviembre en el 2,5006% (el 8º mes consecutivo que baja),
frente al 4,022% de noviembre de 2023 y el 2,828% de 2022 (ojo: en noviembre de
2021 era negativo, -0,487%). Eso supone un
“alivio” de 127 euros menos al mes en una hipoteca tipo
(150.000 euros a 25 años al Euribor+1%). Y lo mismo pasará en los próximos
meses, con pequeñas rebajas: el Euribor puede cerrar el año en el
2,350% (frente al 3,679% en diciembre 2023) y bajar al 2% para el verano de
2025.
El problema lo tienen los que piensan en pedir una
hipoteca ahora, con los tipos y el Euribor más bajos: tendrán que
pagar una cuota mayor que si hubieran pedido la hipoteca en 2021,2022 y
2023. Y eso porque la subida de los pisos se ha comido con creces el
ahorro en los tipos de las hipotecas. Veamos las cuentas, a lo claro.
Un piso medio en España, de 90m2, costaba 162.900 euros en noviembre de
2021, 170.460 en noviembre de 2022, 182.430 en noviembre de 2023 y 201.960
euros en noviembre de 2024, según
el portal Idealista. Y aunque los tipos ahora son más bajos que hace un
año, son más altos que hace 2 y 3 años. Así que el coste mensual de una
hipoteca para comprarlo (financiando el 80% del valor) era de 462,94
euros en 2021, 706,91 euros en 2022, 855 euros en 2023 y 809,37
euros al mes ahora. Mínimo ahorro.
En resumen, que las 4 rebajas de tipos del BCE
apenas reducen la cuota de la hipoteca a los que la estaban pagando
(-127 euros al mes) y la subirá para la mayoría de los que piensan
ahora en hipotecarse y compran piso, porque los
precios han subido mucho más de lo que han bajado las hipotecas. Así que no
hay que confiarse: sin medidas drásticas para aumentar la oferta de
viviendas (los últimos estudios indican que hacen
falta 3,5 millones), la mayoría de españoles no podrán pagar una
hipoteca, aunque bajen los tipos. Y aunque los bancos han entrado en una nueva “guerra” por
colocar hipotecas a tipo fijo, del
3 al 3,5%, aprovechando que “están bajando los tipos”. Sí,
bajan, pero no la cuota de la hipoteca que hay que pagar por conseguir una
vivienda mucho más cara.
Cara a 2025, la evolución de los tipos será
muy incierta, por Trump, las guerras y la incertidumbre geopolítica. Y existen
muchos riesgos de que vuelva a subir la inflación. Por eso,
habría que evitar que el BCE vuelva a las andadas y frene las
bajadas actuales o incluso vuelva a subir tipos. Las medidas contra
la inflación deben ser otras, actuando sobre los mercados energéticos y
eléctricos, con ayudas y bajadas del IVA, no a golpe de tipos,
que frenan la economía y tienen un alto coste para familias,
empresas y Estados. Tomen nota.
La inflación europea parece controlada (2,3% en noviembre la UE-27 frente al 10,6% que llegó a alcanzar en octubre de 2022) y eso ha decidido al BCE a abrir la mano y volver a bajar hoy un -0,25% los tipos de interés, dejando el tipo de referencia en el 3%, el precio del dinero que teníamos en 2006. Es la 4ª bajada de tipos que hace el BCE, tras las de junio, septiembre y octubre de 2024, rebajado los tipos oficiales del 4,50 al 3%. Unas bajadas que todavía no compensan las 10 subidas de tipos aprobadas por el BCE entre julio de 2023 y septiembre del 2024, que dispararon el precio del dinero del 0% (en que estaban desde marzo de 2016) hasta el 4,50%, el tipo más alto desde mayo de 2001.
El propio Banco
de España, que cree que las subidas de tipos han
servido para “anclar las expectativas”, para evitar males
mayores (que subieran más los salarios y los márgenes empresariales,
disparando más la inflación), reconoce y cuantifica el daño que han
hecho a la economía española estas subidas de tipos: han restado al
crecimiento un -2,65% del PIB entre 2022, 2023 y 2024, lo que supone un
coste cercano a los 40.000 millones de euros. Un coste que han sufrido
directamente en sus bolsillos las familias (al pagar más por hipotecas y
créditos), las empresas y hasta los Gobiernos, al encarecerse su deuda.
Y aunque han bajado los tipos, todos pagan ahora mucho más que en 2021 y
2022.
Ahora, el BCE irá decidiendo que hace con los tipos “mes
a mes”, con un ojo puesto en la inflación y el otro en la marcha de
la economía. En principio, su objetivo es aprobar
más bajadas de tipos en 2025, al menos 4 más de -0,25% cada una, para
dejar los tipos en el 2%, para el verano o para fin de año (si hay
problemas por medio). Los
riesgos de que repunte la inflación son elevados, por varias
causas: los conflictos en Ucrania y Oriente Medio, así como la incertidumbre
geopolítica internacional, especialmente la toma de posesión en enero
de Donald Trump y el temor a que imponga aranceles a América, China y
Europa, que aumentarían la inflación mundial y frenarían el comercio y el crecimiento
internacional. Y no ayudará tampoco la tensión política dentro de Europa,
con una Comisión más virada a la derecha ( que conlleva un mayor peso de las
posturas ortodoxas duras en el BCE), con crisis políticas en Francia y
Alemania y un constante enfrentamiento en España.
Pero las cuentas salen peor en las grandes ciudades,
donde el coste de los pisos ha subido mucho más. Veamos el caso de Madrid,
con
los datos el portal idealista. Un piso medio, de 90 m2, costaba 289.120
euros en noviembre de 2021, 252.440 euros en noviembre de 2022, 365.760 euros
en noviembre de 2023 y 440.190 euros en noviembre de 2024. Y aunque los
tipos ahora son más bajos que hace un año, son más altos que hace 2 y 3 años.
Así que el coste mensual
de una hipoteca para comprarlo (financiando el 80% del valor) era de 821
euros en 2021, 1.461,60 euros en 2022, 1.714 euros en
2023 y 1.764,09 euros en noviembre de 2024. Siempre más cuota, ahora por
la subida de los pisos.
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jueves, 25 de abril de 2024
Crece la "brecha" entre paises ricos y pobres
La gente no quiere leer sobre la pobreza (“no
vende”). Por eso, los medios han escondido esta reciente noticia: la
“brecha” entre los paises ricos y pobres se ha agrandado entre 2020 y 2024,
por primera vez en este siglo, según el Banco Mundial, por la pandemia,
la inflación, los conflictos y la subida de tipos. En paralelo, el Banco
Mundial lanza otra alerta: será “poco probable” cumplir
con el objetivo de acabar con la pobreza para 2030: los 700 millones
de pobres actuales sólo bajaran a 600 millones. Pero creen que todavía se
puede “cambiar el rumbo” y reducir la pobreza de los 75 paises más
afectados (la mitad en África y el resto en Asia y América). Por un lado, estos
paises tienen que reformar drásticamente sus economías, como hicieron
China, India o Corea (antes pobres). Pero es clave la ayuda del resto,
con inversiones y préstamos, ayudándoles a reestructurar su deuda y a afrontar
el cambio climático. No miremos para otro lado.
La cuarta parte de la humanidad (1.900 millones de
personas) vive en 75 paises pobres, cuya situación económica y
financiera es tan precaria que son los únicos paises del mundo que reciben
subvenciones y préstamos a bajo interés del Banco Mundial (BM). Son los
llamados “paises AFI” (porque reciben esa ayuda financiera de la Asociación Financiera
Internacional (BM). Más de la mitad de estos 75 paises AFI, los más
pobres, se encuentran en el África subsahariana (39 paises),
otros 14 paises se encuentra en Asia oriental (principalmente pequeños
estados insulares, otros 8 son paises de América Latina y el Caribe
(Nicaragua, Honduras, Haití, Guyana y varios estados insulares) y el resto son
pequeños paises de Asia central y meridional y de Oriente Medio (ver listado).
Los datos
que aporta este Informe son muy preocupantes. Uno de cada tres paises
AFI (o sea, 25 paises) es más pobre hoy que en 2019, antes de la
COVID. La tasa de pobreza extrema es más de 8 veces superior a la media del
resto del mundo: 1 de cada 4 personas de los paises AFI (475 millones de
habitantes) sobreviven con menos de 2,15 dólares al día (2 euros). Y en
31 paises AFI, los ingresos per cápita son menores a 1.315 dólares anuales
(3,60 dólares diarios, 3,38 euros al día). Además, el 92% de las
personas que padecen hambre o malnutrición viven en esos paises. Y la
mitad de estos paises pobres se encuentran en situación de sobreendeudamiento o en
grave riesgo de padecerlo, un pesado lastre para su futuro.
Este débil crecimiento y los problemas económicos y
geopolíticos de los últimos años han acrecentado
las debilidades que estos paises pobres ya tenían antes , lastrando
su desarrollo económico, social y político. Además, estos países son los que
más han sufrido (y sufrirán) las consecuencias negativas del cambio
climático: en la última década, los daños por fenómenos climáticos en
infraestructuras y cosechas se han duplicado. Y tampoco les ayuda el aumento
de la violencia y los conflictos, en sus paises o en la región: 33 de
los 75 paises AFI son Estados afectados por conflictos bélicos, políticos o
sociales. Por todo ello, el Banco
Mundial titula
su informe como “La Gran Regresión” y teme que los años 20 de
este siglo sean “una década perdida para el desarrollo”.
El problema además es que estos paises pobres se han
estancado unos años en que lo han hecho también todas las economías
: el crecimiento de la economía mundial bajó del 6,2% en 2021 al 3% en
2022, el 2,6% en 2023 y un 2,3% esperado para 2024, lo que supone el menor
crecimiento de la economía mundial en las últimas 3 décadas, según
el informe de enero del Banco Mundial . Eso provoca que los paises ricos
y en desarrollo tengan menos potencial para ayudar a los paises pobres, por
varias vías, entre ellas las inversiones y préstamos, que se han
frenado. Y con la crisis, todos han reducido su ayuda al desarrollo y los
proyectos de cooperación, lo que dificulta la lucha contra el hambre.
Analicemos más en detalle la deuda y el hambre en los paises pobres.
La abultada deuda externa es uno de los problemas
estructurales de los paises pobres, que se agrava con la subida de tipos y con
la reducción de inversiones y préstamos de los paises ricos. De hecho, la
deuda de los 75 paises más pobres ha crecido en los últimos años,
mientras la reducían las economías avanzadas, que se han ”desendeudado”. Así, el
país más endeudado del mundo es Sudán, con una deuda que supone el
280% de su PIB, muy por delante de la de Japón (254%), Italia (159%), Grecia
(158%), EE. UU. (123%), Maldivas (121%), Cabo Verde (112%), Francia (111%), Barbados (107%),
Bélgica (105%), Reino Unido (104%) o España (106%), según el Banco Mundial. Y
después les siguen en el ranking de más endeudados República Dominicana
(98,7%), Egipto (96,4%), Bolivia (86,7%), El Salvador
(84,4%), Gabón (73% PIB) y Angola (70,3%).
El otro problema estructural es el hambre, una
epidemia en los 75 paises AIF, que apenas se ha reducido en los últimos años,
por la menor renta per cápita. En todo el mundo hay 700 millones de personas
en situación de pobreza extrema, viviendo con menos de 2,15 dólares al día
(2 euros), según el último
dato del Banco Mundial. El 60% de estas personas en pobreza extrema
(pasando hambre) están en África subsahariana y más de la mitad son niños.
Lo que ha pasado es que, entre 2020 y 2023 se han frenado los avances en la
lucha contra la pobreza extrema y el hambre, por primera vez en décadas, y hay
122 millones de hambrientos más que en 2019. El Banco
Mundial lanzó en octubre otra alerta: es “poco
probable” que en 2030 se cumpla el Objetivo de Desarrollo y se suprima
el hambre en el mundo. Habrá
600 millones en pobreza extrema en 2030.
A pesar de este negro panorama, el informe del Banco
Mundial dice textualmente que “todavía se puede cambiar el rumbo”.
Por dos vías. Una, con cambios drásticos en los paises pobres,
que tienen un gran potencial: mucha población joven, numerosos
recursos naturales y minería y un tremendo potencial energético (energía solar,
eólica e hidráulica). Eso sí, necesitan mejorar la educación, la sanidad y las
infraestructuras para aprovechar este potencial. Pero pueden hacerlo. Y el
Banco Mundial pone el ejemplo de China, India y Corea, tres
paises que en su día fueron pobres y ahora son economías fuertes. Pero para
conseguirlo, necesitan una reforma a fondo de su política fiscal y
monetaria, aprovechar las oportunidades comerciales, luchar contra la
corrupción y mejorar sus estructuras políticas y sociales. Pero para todo
ello, hay que avanzar en otra vía, la ayuda de los paises
desarrollados.
Los paises ricos y en desarrollo necesitan
comprometerse con los países pobres con inversiones, préstamos y asesoramiento.
En los últimos años, tras la pandemia, la mayoría de los paises ricos y en
desarrollo se han replegado del Tercer Mundo, recortando
inversiones, préstamos y compras. A principios de abril, el
subsecretario del Tesoro USA expresó su preocupación porque los acreedores
privados y públicos se hayan alejado de los paises AIF (pobres), advirtiendo
a China y a otros acreedores emergentes que “no pueden reducir sus
préstamos a paises pobres justo cuando el FMI, el BM y otros bancos
multilaterales están inyectando más fondos”. Es hora de renegociar la
deuda (tipos y plazos), prestar más y destinar más inversiones a
proyectos en paises pobres. Y sobre todo, ayudarles a invertir en energías
limpias porque ellos solos no pueden hacerlo: crear
ese Fondo de 100.000 millones de dólares del que se habla en cada Cumbre
del clima.
“El mundo no puede permitirse dar la espalda a los
paises AIF”, dijo
la semana pasada en Washington el economista jefe y vicepresidente del
Banco Mundial, Indermit Gill. Y no sólo por humanidad y por justicia,
también por “egoísmo económico”: “La historia deja claro que cerrar las
brechas de renta y desarrollo entre las naciones más pobres y las más ricas
beneficia a todas las economías”, señala
el Banco Mundial. Porque si estos 75 paises más pobres mejoran y se
reduce la brecha con los ricos, todos saldremos ganando en
crecimiento, comercio, inversiones, empleo, con menos guerras, tensiones y
conflictos.
Ahora que parece que cada país y cada continente se cierran
sobre sí mismos, es el momento de coordinar esfuerzos, de aunar
fuerzas y reforzar las instituciones internacionales, para reducir el
hambre, la pobreza y la desigualdad entre paises. Hasta ahora habíamos reducido
la brecha entre ricos y pobres, pero ahora hay más desigualdad global.
Hay que atajarla entre todos.
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jueves, 1 de agosto de 2019
Cinco libros para leer este verano
Los españoles leen poco y menos de economía. Pero cada vez más gente se pregunta por qué su vida ha cambiado tanto tras la crisis. Y nadie se lo explica “a lo claro”. Por eso, recomiendo aquí 5 libros que pueden ayudar a comprender la crisis y sus consecuencias, con expertos que se entienden. Uno es una verdadera “historia de la crisis” que explica por qué ha cambiado el mundo. Otro analiza el papel de los economistas y advierte que “puede haber otra crisis en cualquier momento”. El tercero analiza el “por qué” de lo que ha pasado, el cambio de una economía industrial a una dominada por las finanzas. Un cuarto libro analiza la crisis en España y las élites que controlan el poder, con ZP, Rajoy y Sánchez. Y el quinto, un repaso muy actual a China, el país que determinará el futuro del mundo. Cinco propuestas para entender mejor lo que pasa. Que los disfruten. ¡Felices vacaciones y hasta septiembre¡
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| enrique ortega |
Se han escrito cientos de libros sobre la crisis, la mayoría en los dos o tres años posteriores a 2008, cuando estalló. Pero hacía falta dejar pasar un tiempo y analizarla con perspectiva. Es lo que ha hecho el historiador británico afincado en EEUU, Adam Tooze, que en 2016 publicó un libro imprescindible para los que se interesan por la historia: “El diluvio. La gran guerra y la reconstrucción del orden mundial 1916-1931”, donde analiza la gestación de la gran crisis de 1929 y cómo USA pasó a dominar el mundo. Ahora, este historiador con gran formación económica, ha publicado (2018) “Crash.Cómo una década de crisis financieras ha cambiado el mundo”, una verdadera “historia de la crisis”, escrita con muchísima documentación y sentido crítico, lo mejor que he leído (y he leído bastante).
“Crash”
es un amplio (780 páginas) relato
histórico de esta crisis, desde su gestación en los años 80 (con el neo-liberalismo
de Thatcher y Reagan) hasta sus últimas consecuencias en Europa, con la crisis
de la deuda y la humillación a Grecia, con un análisis incluso de las políticas
de Trump. Para mí, su mayor acierto
es que es meticuloso, analiza paso a paso la crisis, y sobre todo, es un
relato global: no se queda en EEUU, ni en Europa, sino que analiza de forma global una crisis que
afectó a todo el mundo, analizando su evolución en USA, Europa (también en
Europa del Este, donde tuvo efectos dramáticos), China, Japón, resto de Asia, Latinoamérica
y paises emergentes. Y a pesar de ser riguroso,
es un libro sencillo de leer por los
no expertos. Y un libro crítico, con las finanzas, los Gobiernos y las
instituciones, culpables de no haber detectado la crisis y de que cargara sobre
los más débiles.
Otro mérito de este libro es que aporta muchas novedades al relato de la crisis. Una de ellas es que
la crisis no sólo se gestó en USA, sino que fue clave el papel de Londres y los
bancos europeos, sobre todo británicos, irlandeses, islandeses,
franceses y alemanes, tanto o más culpables
de la burbuja que Wall Street. Otra aportación novedosa es que las ayudas de la Reserva Federal USA a
los bancos no fueron solo a las entidades de EEUU, sino que se repartieron
entre múltiples bancos de paises europeos. Y que no sólo el Gobierno Bush y
Obama “salvaron al mundo” de otra Gran Depresión, con sus ayudas públicas, sino
que fueron mayores las inyecciones de dinero
de China y otros paises. Y todo ello, con múltiples cuadros donde se
comprueba los miles de millones de dólares recibidos por los bancos culpables
de la crisis en todo el mundo, a costa del déficit público y la crisis de sus
economías.
“Crash” dedica
cientos de páginas a la crisis en Europa,
siempre ligándola a la crisis en USA y China. Y detalla el comportamiento de los líderes europeos (sobre todo Merkel y
Sarkozy), el BCE y el FMI (la “troika”)
un comportamiento que defiende posturas económicas “fundamentalistas”, en
beneficio de los bancos acreedores (alemanes y franceses) y a costa de una
austeridad que hundió la economía europea, analizando con más detalle los casos
de Irlanda y Grecia. La verdad es que el relato es “de juzgado de guardia”, por la
irresponsabilidad de los líderes europeos. Y de la Administración Obama, que gobierna en beneficio de los
bancos de inversión, que han colocado a sus hombres en la Reserva Federal y el
Gobierno. Tras leer “Crash”, uno se pregunta cómo ha sido posible “tanto desatino”,
a uno y otro lado del Atlántico. Y Tooze demuestra que no se ha aprendido de la
crisis, que no se han hecho cambios, que los
problemas siguen ahí y pueden estallar en el futuro.
Esta es también la tesis de un destacado economista español,
Antonio Torrero Mañas, catedrático
de la Universidad de Alcalá, que ha publicado el libro ”Los economistas y la crisis financiera (2007-2008)”. Torrero, que lleva
20 años estudiando las últimas crisis financieras, se centra en su pequeño libro
(144 páginas) en analizar el papel de los economistas en la crisis, reconociendo
que no supieron anticiparla y que la recibieron “con asombro y estupor”, debido sobre todo a que la mayoría estaban
influidos por “la teoría de la gran
moderación”: el fuerte crecimiento entre 1987 y 2007 parecía señalar que se habían acabado las grandes crisis,
“el fin de la volatilidad”. Y además, señala Torrero, la economía es una
ciencia social que no puede preveer el complejo comportamiento colectivo ni las
crisis. Lo que sí pueden hacer los economistas (y tampoco hicieron) es hacer
análisis y “formular hipótesis y recomendaciones” sobre las políticas a seguir
en el futuro.
En este libro, Torrero
advierte que el mundo y los economistas no han aprendido de la crisis. Y
por eso, considera la situación actual “más
alarmante que la previa a la crisis de 2007”. Los Gobiernos han evitado otra Gran Depresión como la de los años 30,
con su enorme creación de liquidez (mucho dinero a tipos casi cero), pero con
ello han creado dos graves problemas:
un excesivo aumento del precio de los activos (inmuebles, acciones), que ha agravado la desigualdad, y un elevadísimo endeudamiento, mayor que
en 2008, precisamente cuando hemos salido
de una crisis provocada por el excesivo endeudamiento. Por eso, Torrero alerta que el exceso de liquidez y los tipos bajos son “una bomba” que antes o
después estallará: “las finanzas
globales, cada vez más concentradas, pueden provocar una hecatombe en cualquier
momento, aunque no sepamos ni dónde ni cuándo ni cuál será el detonante”.
Esta tesis es compartida por el tercer libro que recomiendo:
“”Matar al huésped. Cómo la deuda y los parásitos financieros destruyen la economía global”, del
economista norteamericano Michael Hudson (78 años), uno de los pocos economistas
que advirtió
antes
sobre la crisis de 2008. Se trata del único libro que conozco que
explica con claridad algo básico: cuáles
son las causas de fondo que han provocado esta crisis. Y la causa básica
es que las finanzas han monopolizado las economías después de la I Guerra Mundial,
en perjuicio de la industria y las empresas productivas, alimentando un endeudamiento que “chupa” la mayoría de los recursos
de empresas y particulares, vía intereses de deudas e hipotecas, frenando el consumo y la inversión, con lo que la recuperación no despega. Y así, los bancos y propietarios de acciones y bonos controlan la economía y viven a
costa del resto (parásitos), haciéndonos creer que son “el motor del progreso”.
El profesor Hudson va paso a paso para demostrarlo, en un
documentadísimo libro donde certifica el peligro del endeudamiento, desde
Mesopotamia, Grecia y Roma hasta hoy. Y cómo los economistas clásicos (siglos
XVIII Y XIX) ya lo advirtieron, pero lo que ha sucedido es que el poder financiero ha cambiado la
teoría económica que se aprende ahora para subvertir los viejos valores y
defender el sector financiero "parásito". Y analiza cómo esta nueva élite (el 1%) trata
de dirigir el mundo y las democracias, a costa del 99%. Pero no es un panfleto: son 653 páginas con
cientos de citas, datos y análisis donde se
ve como “la financiarización de la economía” lleva a los paises a la crisis.
Y con mucho detalle, lo analiza en Estados Unidos y en Europa, con el papel
clave de Obama, el BCE y Merkel. Y con muchos capítulos sobre la larga crisis de la
deuda en Europa, sobre todo en Irlanda, Letonia y Grecia (todo un drama).
El análisis de Hudson pone
los pelos de punta: las finanzas y los bonos, los “depredadores de la deuda”,
viven a costa de que el resto del mundo (paises, empresas y
particulares) se endeuden, aunque eso reste consumo, inversión, crecimiento, empleo y nivel de vida. Por eso, la deuda mundial es de 250 billones de dólares, cuatro veces la de antes de la crisis. Una burbuja que puede volver a explotar
cualquier día. Si uno lee este libro, entiende mejor qué mueve el mundo y cómo
el nivel de vida del 99% está en peligro. Y también la democracia. El análisis,
frío, analítico, con miles de datos y declaraciones, asusta. Eso sí, al final,
Hudson, cree que “hay alternativa” y propone 10 medidas para frenar a los “parásitos
financieros” y apostar por la economía real. Pero no parece fácil
aplicarlas, cuando son los parásitos los que mandan.
El cuarto libro es sobre España y quién ha controlado el poder estos años de crisis: “Las redes de poder en España. Elites e intereses contra la democracia”, del
sociólogo y periodista Andrés Villena
Oliver. Aquí se trata de poner nombre y apellidos (decenas) a los que
han controlado los Gobiernos en los últimos 15 años, desde el primer
Gobierno Zapatero (2004) a los gobiernos de Rajoy (2012-2018) e incluso el
último de Sánchez (2018-19). Y el análisis es muy esclarecedor: hay
una élite de personas que han participado en los distintos Gobiernos, sin
distinción de color, básicamente funcionarios de alto nivel (técnicos
comerciales y economistas del Estado, abogados del Estado, inspectores de
Hacienda) y apellidos ilustres de distintas ideologías ligados por lazos familiares,
amistad, colegios o Clubes privados, que defienden primero sus intereses y
luego los de los grandes centros de poder, básicamente bancos, grandes
empresas, multinacionales y grandes fortunas.
Otra parte del libro de Villena se dedica a analizar las “puertas giratorias”, esos altos
funcionarios o expertos que pasan de las empresas y bancos a la política y luego
vuelven de la Administración a las empresas, en un repaso plagado de nombres,
algunos conocidos y otros desconocidos. Y analiza también ciertos núcleos de poder, como bancos de
inversión o grandes empresas auditoras, que son el origen de políticos como
Luis de Guindos. Y también la industria
de armamento y cómo ha colocado a ministros como Eduardo Serra o Pedro
Morenés. Sin olvidar los altos cargos que proceden de la banca (y vuelven a ella).
El mayor mérito de este libro sobre las élites del poder en España es que trata de revelar sus “pautas de
comportamiento”, cómo se generan, relacionan y ayudan, cómo se
intercambian favores, gobierne quien gobierne. Por eso, quizás la parte más
interesante es el análisis de las élites
con ZP, ya que en el caso de Rajoy,
las relaciones entre el poder económico y la política son más evidentes, sin
ninguna vergüenza (el caso que relata
con detalle, de Montoro y su equipo, pasando del Ministerio de Hacienda (en
2004) a un despacho de asesoraría de grandes empresas y luego otra vez al
Ministerio de Hacienda en 2012, es de
manual. También intenta el análisis con el fugaz Gobierno Sánchez, revelando el papel de Nadia Calviño y su equipo de técnicos comerciales (tecos), un cuerpo
siempre en el poder en la España democrática.
Y para terminar, un
libro sobre China, la potencia clave de los próximos años: “La China de Xi Jinping”, del
sociólogo Julio Aramberri. Si
no ha leído ningún libro sobre China, como me pasaba a mí, empiece por este: es un sencillo manual (331 páginas), muy fácil de
leer, que lo tiene todo, desde la historia de China y sus dinastías a la China
de Mao y los distintos cambios que ha sufrido el país en estas últimas décadas,
hasta el periodo actual, encabezado por Xi Jinping, cuya estrategia política y
económica analiza con detalle. Es especialmente
interesante su explicación del “milagro
económico chino”, asentado en un capitalismo de Estado que fuerza al ahorro de la población para
financiar su desarrollo.
Lo más interesante del libro es que Aramberri es crítico con el régimen chino y no
participa de la idea de que China acabará siendo una democracia porque el
desarrollo la forzará a ello. Al contrario, el libro explica que Xi
Jinping ha reforzado el papel del Partido Comunista, al que pertenecen
los grandes empresarios y banqueros chinos, y que no va a admitir ninguna “desviación”.
Y que su gran objetivo es reforzar la economía para ofrecer a los chinos mejoras en
su nivel de vida a cambio de no tener democracia. Y a nivel exterior,
reforzar su dominio económico, político y militar, para ser la primera potencia
mundial en 2049, cuando se cumplan los 100 años del Régimen. Leyendo este
libro, uno siente “el peligro de China”, no sólo para la economía del resto del
mundo, sino para la paz y la democracia
mundial.
Bueno, espero que alguno de estos 5 libros les interese, como a mí. Son analíticos, críticos,
esclarecedores y fáciles de leer. Aproveche a leerlos si quiere
entender mejor el mundo y lo que pasa y puede pasar.
¡Felices vacaciones¡ Hasta septiembre.
¡Felices vacaciones¡ Hasta septiembre.
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lunes, 12 de marzo de 2018
El lastre de una deuda pública récord
España va bien, reitera Rajoy, pero somos uno
de los países más endeudados del mundo y la deuda pública acaba de batir un récord histórico:
1.144.629 millones de euros, 24.500 euros de deuda por cada español.
Una deuda que ha crecido en 400.000
millones desde que gobierna Rajoy. Y lo peor: esta deuda pública se ha
hecho crónica y en 2028, pesará casi tanto como hoy (el 95%
del PIB), según la Comisión Europea. La deuda pública de España, la 6ª mayor de
Europa, es una losa para todos, porque pagarla nos cuesta 32.000 millones cada año, la
cuarta mayor factura tras las pensiones, la sanidad y la educación. Y en cuanto
suban los tipos, en 2018 o 2019,
pagar los intereses de esta deuda nos
costará mucho más (si los mercados quieren financiarnos). Parece que esto de la deuda pública no va con nosotros,
pero es un pesado lastre que van a
heredar nuestros hijos. Convendría aprovechar la recuperación para dejarles
menos deuda. Bastante tienen ya con el mundo que reciben.
La economía se recupera pero el mundo está mucho más endeudado que antes de la crisis. Y eso, porque la receta para evitar una debacle mundial en 2008 fue inundar el mundo de dinero barato. Esta medicina reanimó las economías y salvó a EEUU y a Europa, pero a cambio las economías se hicieron “adictas” al crédito casi gratis: si en el año 2000, el endeudamiento mundial (público y privado) era del 250% de la producción mundial (PIB), en 2008 había aumentado al 275% y hoy supera ya el 300% del PIB, según datos oficiales. El problema ahora, para las autoridades monetarias del mundo (Reserva Federal USA o BCE), es como “desenganchar” a las economías de la droga del dinero barato y que “no les dé el mono”, que no se paren y volvamos a la recesión. Tienen que recortar la dosis, porque el mundo está demasiado endeudado (“dopado”), pero lo tienen que hacer con cuidado, subiendo poco a poco los tipos, para no frenar en seco la recuperación.
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| enrique ortega |
La economía se recupera pero el mundo está mucho más endeudado que antes de la crisis. Y eso, porque la receta para evitar una debacle mundial en 2008 fue inundar el mundo de dinero barato. Esta medicina reanimó las economías y salvó a EEUU y a Europa, pero a cambio las economías se hicieron “adictas” al crédito casi gratis: si en el año 2000, el endeudamiento mundial (público y privado) era del 250% de la producción mundial (PIB), en 2008 había aumentado al 275% y hoy supera ya el 300% del PIB, según datos oficiales. El problema ahora, para las autoridades monetarias del mundo (Reserva Federal USA o BCE), es como “desenganchar” a las economías de la droga del dinero barato y que “no les dé el mono”, que no se paren y volvamos a la recesión. Tienen que recortar la dosis, porque el mundo está demasiado endeudado (“dopado”), pero lo tienen que hacer con cuidado, subiendo poco a poco los tipos, para no frenar en seco la recuperación.
En medio de este panorama, España es uno de los países más endeudados del mundo, junto a EEUU,
Japón, Italia o Grecia. La deuda total del país, entre
empresas, familias y administraciones públicas, alcanzó los 2.473.150 millones de euros (2,4 billones)
a finales de 2017 (el 236% del PIB), según el Banco de España, una deuda más elevada que antes de la crisis, cuando alcanzó 2.609.887
millones de euros en 2008. En estos últimos 10 años, la deuda total ha crecido
porque ha aumentado la deuda pública,
casi la mitad del total (1.144.150 millones en 2017) mientras se ha reducido la deuda de las empresas (894.131 millones en 2017) y las familias (704.390 millones), según
el Banco de España.
Como vemos, la mayor parte de toda la deuda española (58%)
es deuda privada, de las empresas y familias, que aumentaron
mucho su endeudamiento en los años 90 y a principios de este siglo, alimentando
la “burbuja del ladrillo”. Así, las empresas españolas pasaron de tener sólo 200.951 millones de deuda en
1995 a 1.009.429 millones en 2002 y seis veces más en 2008: 1.261.105 millones de euros de deuda
empresarial, la cifra récord. A
partir de ahí, vino la crisis, los bancos se cerraron como lapas y las empresas
se dedicaron a devolver créditos como pudieron, bajando su deuda un 29%, hasta 894.130 millones que debían a finales
de 2017. Las familias hicieron lo mismo: de
tener una deuda de 139.075 millones de euros en 1995, la subieron a 783.932 millones
en 2002 y luego, a golpe de pedir
hipotecas, la multiplicaron por seis en 2008: 908.160 millones de deuda de
las familias, el récord. A partir de ahí, con el paro y la caída de ingresos,
los hogares se dedicaron a devolver créditos y no pedir más, con lo que su
deuda ha caído un 22%, hasta 704.390
millones en 2017.
Mientras empresas y familias reducían su deuda, el sector
público, la Administración, hacía todo lo
contrario: endeudarse más cada año, para hacer frente a los gastos
extraordinarios de la crisis. Y así, la deuda pública,
que era baja en 2008, sólo 440.621
millones de euros (el 35% del PIB), la quinta parte que la abultada deuda
privada, dio un primer salto entre 2008 y 2011, con Zapatero, que la dejó en 744.323 millones a finales de
2011. Pero el mayor salto de la deuda pública lo ha dado Rajoy, que la subió a
1.041.621 millones en 2014 y la
ha vuelto a subir a 1.144.150 millones de euros a finales de 2017
(el 98,08% del PIB), un récord
histórico y 400.306 millones más de deuda (+53.8%) que cuando llegó a la
Moncloa. O sea, que debemos ya 24.589
euros por cada español, casi el triple de lo que debíamos en 2008. La mayor
parte de esta deuda pública es del Estado
(996.472 millones), seguido de las autonomías (288.313
millones), Ayuntamientos (29.161) y
Seguridad Social (27.393 millones). La suma no da los 1.144.150 millones de
deuda total 2017 porque hay que hacer ajustes por la deuda entre distintas
administraciones.
La deuda pública se
ha disparado porque los gastos públicos durante la crisis
se multiplicaron mientras caían los ingresos, lo que ha profundizado el déficit público:
de tener superávit en 2007 se pasó a un déficit del 3,8% del PIB en 2008, que
acabó siendo del 8,5% en 2011 para bajar después despacio hasta el 3,1%
esperado en 2017. Y cada año ha habido que “tapar”
este agujero en las cuentas públicas pidiendo prestado, endeudándonos. Los “culpables”
de esta deuda histórica que ahora tenemos son miles de partidas, pero podemos
citar algunas más importantes: rescate bancario (50.000 millones), déficit eléctrico (30.000 millones), Plan pago a proveedores (40.000 millones), pago parte española rescate de Grecia, Portugal e Irlanda
(30.000 millones), financiación de las pensiones (10.192 millones
prestados por el Tesoro a la SS, a los que se sumarán otros 15.000 este año)…
Suma y sigue.
Muchos países han visto disparar su deuda en estos años de
crisis, pero España tiene ahora más
deuda que la mayoría: somos el 6º país de Europa con más deuda pública
relativa (en relación al PIB): 1.144.150 millones de euros a finales de 2017, el 98,08% del PIB, sólo por detrás de Grecia
(su deuda pública es el 177,2% del PIB), Italia (133,3%), Portugal (128,9%),
Bélgica (106,5%) y Chipre (103,2%), según Eurostat. Y estamos muy por encima de la media de deuda de toda Europa (84,8% la UE-28) y del límite fijado a
los países euro (60% del PIB).
El gran problema de
la deuda es que hay que pagarla: hay que destinar cada año muchos millones a pagar intereses a los inversores y
bancos que la compraron, dinero que no se puede gastar en otras cosas. Así,
en 2017, España destinó 32.171 millones de euros a pagar intereses de la deuda, la cuarta mayor partida de gasto del país, tras las pensiones
(130.000 millones), la sanidad (80.000 millones) y la educación (50.000
millones). Y así, año tras año, hasta dentro de 10, 20, 30 ó 50 años que vence
mucha de esa deuda. Baste decir que si en 2008 nos gastábamos 15.000 millones
al año en pagar la deuda pública, en 2011 ya pagábamos 22.000 millones y este
año 2018 volveremos a pagar 32.000 millones. En conjunto, desde hace 10 años ya hemos pagado en intereses por la deuda pública más de 250.000 millones de euros, lo que cuesta pagar dos años de
pensiones.
El problema se
complica ahora, porque pagar la
deuda va a ser más caro. Desde 2015, el Banco Central Europeo (BCE) ha salido en auxilio de España
y los países más endeudados, con dos medidas muy eficaces: bajar el precio oficial del dinero a cero y comprar deuda pública en el mercado,
para rebajar su coste. Sólo en 2017, el BCE compró 80.000 millones de deuda
pública española, el 60% de lo emitido ese año. Y con la rebaja de tipos, el
Tesoro español se ahorró 2.500 millones sólo en 2017. Ahora, las tornas van a cambiar: el BCE
quiere “desenganchar a los países europeos de la droga del dinero barato y que
funcionen sin “dopaje”, por lo que va a reducir sus estímulos. En enero de 2018 ya ha reducido a la mitad sus
compras de deuda pública europea y comprará este año sólo 39.000 millones de deuda
española (la mitad que en 2007), Además, aunque el BCE quiere mantener sus tipos
este año y no subirlos hasta 2019,
el hecho cierto es que los mercados
están ya pidiendo más interés por comprar deuda, dado que EEUU ha subido ya 4 veces los tipos de interés oficiales y los volverá a subir
este año, lo que ha servido para encarecer el precio del dinero en todo el
mundo y también financiar la deuda española.
La consecuencia es que pagar
la deuda será más caro este año 2018 y sobre todo en 2019. Se calcula que por cada 1% que suba el precio oficial del dinero,
España paga 12.000 millones más por
su deuda pública. Y las empresas 9.000 millones más y las familias otros 7.000 millones
extras. Así que van a cambiar las tornas y tras una década de dinero
barato, volverá a ser caro. Y lo sufriremos más los países más endeudados, España entre ellos. El
Presupuesto tendrá que recortar otros costes, las empresas tendrán menos dinero
para invertir y crear empleo y las familias menos dinero para consumir. A
final, menos crecimiento por subir los tipos y encarecerse la
deuda, pública y privada.
Y el problema no se va
a arreglar a corto plazo, porque la recuperación (4 años de fuerte
crecimiento) no ha servido para
bajar la deuda pública, sino que sigue subiendo en España año tras año. La
propia Comisión Europea ha advertido a
España (aunque Rajoy no diga nada) de que la deuda pública se ha hecho crónica y se va a enquistar en niveles altos en los
próximos 10 años: si 2017 cerró casi con tanta deuda como lo que produce el
país (98,08% del PIB), en 2020 seguirá en el 95,6% del PIB y para 2028 prevén que España mantenga todavía una deuda casi igual, el 95,1% del
PIB. Y eso se traduce en que si hoy dedicamos el 3% de la riqueza a pagar intereses
(32.000 millones anuales), en 2020 seguiremos con el lastre de pagar ese 3% del
PIB en intereses (entonces ya serán más de 50.000 millones de euros de la
época). Y eso hace a España muy vulnerable, porque de aquí a 10 años tendrá que buscar la
financiación de los mercados y que no se pongan nerviosos, como en 2012, para
que nos financien y no nos cobren muchos
intereses.
De hecho, la Comisión
Europea acaba de publicar un informe donde alerta de que hay 5 países europeos considerados “de alto
riesgo” en caso de que Europa vuelva a tener un grave shock de deuda, si
vuelven los nervios a los mercados, como en 2012 y 2013: Bélgica, España, Italia, Francia y Portugal. Por eso, ahora que hay
recuperación, les piden medidas para ir reduciendo su deuda pública y poder cumplir el 60% de deuda sobre PIB, objetivo de la Comisión para 2032. Para España, ese objetivo supone reducir
la deuda un 38% del PIB en 14 años, recortarla
en 460.000 millones hasta 2032, unos
33.000 millones al año.
Parece un objetivo
imposible. Pero no lo debería ser reducir la deuda lo más que se pueda,
para no cargar cada año con la losa de los intereses, que pueden dispararse los
próximos años. El ministro Montoro ha apuntado una primera medida: perdonar parte o toda la deuda a las
autonomías, como compensación a la falta de financiación que han tenido
estos años. Pero es una solución “falsa
e injusta”. Falsa, porque sería
engañarnos a nosotros mismos: cambiar la
deuda de sitio, para que en vez de ser deuda de Cataluña o Valencia (ver reparto) lo
sea del Estado central. E injusta,
porque cargaría sobre los bolsillos de todos los españoles una deuda que han generado
los catalanes o valencianos, por ejemplo. La solución sólo puede pasar por ingresar más, porque no se pueden hacer más recortes en pensiones,
sanidad, educación, desempleo, gastos sociales o inversiones públicas, faltas
de recursos.
Así que para recortar
la deuda, el camino pasa, como casi todos, por recaudar más, sobre todo el Estado central (no bajar impuestos: eso iría "en la dirección contraria"). Y se puede hacer,
porque España tiene un problema de fondo
que genera los déficits públicos: ingresa
menos que el resto de Europa. Concretamente, en 2018, está previsto
recaudar un 38% del PIB en España
mientras la media europea (UE-27) recaudará el 44,6% del PIB, según Bruselas. Traducido, eso significa que si recaudáramos como el resto de
Europa, Hacienda debería recaudar 72.000
millones de euros más al año. Eso pasa por reducir el fraude fiscal y hacer
que paguen más los que ahora pagan poco, las grandes empresas, multinacionales
y los más ricos. Con esa mayor recaudación, esos 72.000 millones, podríamos destinar
una parte a bajar el déficit y amortizar
deuda y el resto a costear los gastos públicos necesarios, desde Planes
contra el paro y la pobreza a mejorar las pensiones, la sanidad, la educación, los gastos sociales y las inversiones públicas.
El Gobierno Rajoy ha visto
crecer la bola de la deuda pública sin tomar medidas, amparado en la ayuda del BCE y los tipos bajos. Pero
ahora van a cambiar las tornas y pueden volver las turbulencias. Aunque los
mercados estén calmados, es una
barbaridad destinar 32.000 millones a pagar intereses mientras hace falta de
todo. Y lo peor, esa deuda es la
herencia que dejamos a nuestros hijos, que tendrán que seguir pagándola sin
haberla generado. No es justo.
Intentemos dejarles una deuda menor. Bastante tienen ya.
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