El problema de la vivienda en España se agrava mes a mes. Los alquileres llevan ya 10 años consecutivos subiendo y en 2024 se han encarecido otro +6,7% entre enero y abril, según los datos del portal Idealista, que refleja un precio del alquiler que alcanza otro récord histórico: 13 euros por metro cuadrado, lo que supone un alquiler medio de 1.170 euros mensuales para un piso de 90 m2. Pero hay 7 grandes ciudades (donde viven 7,3 millones de españoles, la sexta parte de la población) donde el alquiler medio es más caro: Barcelona (21,1 euros/m2), Madrid (19,2 euros), San Sebastián (17,2), Palma (15,8), Málaga (14,2), Bilbao y Valencia (13,9 euros/m2). Y con estas subidas, los alquileres se han encarecido ya un +76,2% en los últimos 10 años (desde 2014), el triple que la inflación general (+22,8%) y casi cuatro veces lo que han subido los salarios (+20,66%). Por eso, ahora, un inquilino debe destinar un tercio de sus ingresos mensuales (el 33% de media en España, pero el 44% en Barcelona y el 37% en Madrid) a pagar su alquiler (si lo encuentra). Un agobio.
Veamos qué sucede con la oferta de alquileres. Los
expertos alertan que la oferta de pisos en alquiler se ha retraído en los tres
últimos años, debido primero a los topes impuestos a la revisión de
alquileres (2%
desde marzo de 2020 a diciembre de 2023 y el 3% para 2024) para
combatir la inflación y ayudar a los inquilinos más vulnerables. Eso provocó
que muchos propietarios se pensaran alquilar y muchos forzaron subidas bajo
cuerda o alquileres irregulares. Luego vino la
Ley de Vivienda, aprobada por el Gobierno Sánchez en febrero de 2022
y que entró en vigor hace casi un año, el 26 de mayo de 2023. El primer
efecto de esta Ley, que pretendía mejorar los alquileres, ha sido
el contrario: ha
retraído a muchos propietarios a alquilar, porque fija unos topes al
alquiler en las zonas tensionadas, por presión de Sumar y Podemos. Este “populismo
intervencionista” ha frenado drásticamente la oferta de pisos en alquiler,
porque la Ley congela los alquileres actuales en las zonas
tensionadas (lo tienen que solicitar las autonomías y por ahora sólo lo ha
hecho Cataluña) y fija un tope a los alquileres futuros, según un precio
máximo fijado para esas zonas tensionadas.