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lunes, 9 de octubre de 2017

Universidad: cara, pocas becas y menos alumnos


Un millón y medio de jóvenes han comenzado otro curso en la Universidad, el 5º año consecutivo en que bajan los alumnos, por la caída de matrículas en las universidades públicas (suben en las privadas). Se debe, sobre todo, al elevado precio de Grados y Máster, que aunque se congelan o bajan este curso, son un 40% más caros que en 2011. Y las becas no ayudan: llegan a más universitarios, pero con 300 euros menos por alumno. Mientras, las Universidades siguen con escasos Presupuestos: crecen algo este curso, como los dos anteriores, pero sólo han recuperado un tercio de los 1.900 millones que les recortaron. Con esta penuria, les resulta difícil mejorar una enseñanza poco útil: un 16% de universitarios están en paro (7,4% en Europa)  y un tercio trabajan en empleos que no les exigen título. Urge un Pacto educativo que asegure a la Universidad una financiación estable y una educación de calidad y más orientada al empleo. Para que no sea una “fábrica de parados.


                                                                                                                                                                        enrique ortega  
 
Las 84 Universidades españolas (50 públicas y 34 privadas), que tuvieron el curso pasado 1.492.206 alumnos en Grados y Master (1.247.237 las públicas y 244.969 las privadas), volverán a perder alumnos este curso 2017-2018, por 5º año consecutivo. Desde el máximo de universitarios en el curso 2011-2012 (1.610.000 alumnos), la Universidad española ha perdido 118.905 alumnos, por la caída de matrículas en las universidades públicas, ya que aumentaron en las privadas. La caída se ha debido a la pérdida de alumnos en los estudios de Grado (4 a 6 años), donde hay 178.539 universitarios menos que en 2011-2012, mientras han subido los alumnos de Master (+59.745) y de Doctorado (+27.479), porque muchos universitarios prorrogan sus estudios ante la falta de empleo.


La caída de alumnos en la Universidad española se debe a tres causas. Una, la caída de la natalidad en los años noventa, causante de que haya un 6% menos de jóvenes entre 18 y 24 años. La segunda, que una parte de los jóvenes que antes iban a la Universidad tras el Bachillerato, se han ido a estudiar Formación Profesional de Grado Superior, porque piensan que tiene más salidas : ya la estudian más de 350.000 jóvenes, cuando sólo eran 221.000 en el curso 2011-2012. Y la tercera razón, quizás la más importante, porque estudiar en la Universidad es mucho más caro en los últimos años, por culpa de la subida de tasas aplicada en 2012 y el menor importe de las becas, que se conceden con más restricciones (de ingresos y docentes).


Este curso 2017-2018, muchas Universidades públicas han congelado sus tasas e incluso algunas las han bajado, como Madrid: un 5% las de Grado y un 10% los Master, tras haberlas bajado también los dos cursos anteriores. Pero estas rebajas no son suficientes para compensar las subidas aplicadas desde 2012. Así, en el caso de Madrid, los Grados han bajado un 20% pero antes subieron un 62% (balance: +42%). Y los Master han bajado estos tres años un 30%, pero antes subieron un 124% (balance: +94%). En todas las Universidades, estudiar hoy es entre un 30 y un 50% más caro que hace 5 años.


Y además, persisten las grandes diferencias entre Universidades, entre públicas y privadas y, sobre todo, entre regiones. Así, el coste de un crédito para una misma carrera (Medicina) varía entre 21,53 euros y 260,83 euros (un curso de Grado tiene 60 créditos) entre la Universidad pública y la privada, según un reciente estudio de la OCU. Y dentro de las Universidades públicas, las diferencias de precio son abismales: las más caras son las de Cataluña (33,58 euros por crédito: 2.014 euros un curso de Grado), Madrid (28,83 euros/crédito) y Castilla y León (24,48 euros). Y las más baratas, Andalucía, Galicia y Cantabria (de12,57 a 13,58 euros/crédito, según los estudios elegidos).


Al final, el resultado es que la Universidad española es una de las más caras de Europa. Hay 15 paises europeos donde la Universidad es casi gratuita: por menos de 100 euros al año se puede estudiar una carrera y completar su formación con un Master, según un estudio de Comisiones Obreras de 2016. Entre ellos están Alemania, Austria, Finlandia o Suecia. En el extremo opuesto, hay cuatro paises donde estudiar un Grado es más caro que España (Reino Unido, Irlanda, Letonia y Lituania, con más de 2.000 euros de coste anual) y luego ya hay un segundo grupo de paises caros para estudiar, donde además de España (1.100 euros de media un primer curso de Grado) están Italia y Holanda. Y en los Master, España está en el grupo de los paises más caros de Europa, junto a Reino Unido, Irlanda, Letonia, Lituania, Grecia, Bulgaria y Rumanía, con un coste medio de 2.020 euros anuales. A final, el estudio revela que de los 37 paises europeos analizados, España es el 8º país más caro para estudiar un Grado y un Máster. Y el 6º más caro (Grado) tomando sólo la Unión Europea.


No es sólo que estudiar en la Universidad sea más caro en España. Además, tenemos menos becas. España ocupa el puesto 14 entre 37 paises europeos en el porcentaje de universitarios con beca: unos 300.000, un 23% de los universitarios, frente a un tercio que reciben ayudas en Francia, Reino Unido  y muchos paises, según el estudio de CCOO. Y además, España ocupa el puesto 22 (entre 37 paises) por importe medio de las becas, más bajo que en el resto de Europa porque invertimos en becas un tercio menos que la OCDE, según el presidente de la Conferencia de Rectores. A partir de 2013, con la reforma que aprobó el Gobierno Rajoy, el sistema de becas cambió: se hizo más restrictivo (en criterios económicos y notas exigidas)  y ahora las reciben más estudiantes pero con menos importe. Las becas han bajado en 13 de las 17 autonomías: la beca media universitaria ha caída 300 euros desde 2011 (-12%) y más en las regiones más pobres, como Extremadura y Castilla la Mancha: cobran hasta 500 euros menos que en 2011, según los datos de una respuesta parlamentaria. Y, curiosamente, de los 20 Campus donde las becas han subido más estos últimos cinco años, la mayoría (14) son Universidades privadas.


Pero además de escasas, las becas universitarias se rigen por un sistema muy deficiente, que ha provocado encierros de protesta de alumnos este verano. Primero, por el calendario de concesión: se solicitan de agosto a mediados de octubre y se conceden con el curso en marcha, por lo que el alumno se tiene que matricular sin saber si tiene beca o no (en Francia, se sabe antes de empezar el curso). Segundo, la cuantía es muy desigual según regiones y se da el caso de que las becas son más bajas donde estudiar resulta más caro: la beca media más baja se da en La Rioja (1.292 euros), Baleares (1.579), Madrid (1.706 euros), Cataluña (1.743) y Asturias (1.773) y las becas más altas se dan en Extremadura (2.926 euros), Castilla la Mancha (2.579), País Vasco (2.519 euros), Galicia (2.490) y Andalucía (2.556) y Castilla y León (2.327), con un importe medio de 2.166 euros (curso 2016-2017). El tercer problema es que una parte de la beca (la variable, que depende del dinero a repartir y el número de solicitantes) se recibe al final del curso para el que se solicita (en junio, al conocerse las notas), con lo que las familias primero gastan y luego reciben esa parte de la beca (debería abonarse toda la beca al principio de curso, con las notas del curso anterior).


Entre tanto, las Universidades no consiguen superar su crisis financiera (déficit y deuda), a pesar de la brutal subida de tasas, por culpa del drástico recorte sufrido años atrás en la aportación del Estado (12% de la financiación) y sobre todo de las autonomías (financian el 82% de las Universidades públicas). Este curso 2017-2018 sube un 3% la media de Presupuestos de las Universidades públicas, algo más que en 2015-2016 y 2016-2017, los tres últimos cursos en que las Universidades han congelado o aumentado ligeramente sus gastos. Pero es todavía muy insuficiente para reponerse del recorte sufrido entre 2012 y 2015: 1.900 millones de euros, un 18% de su Presupuesto. Y por ello, apenas han podido mejorar plantillas (perdieron un 10%, 15.000 personas) y no pueden todavía invertir en mejoras (desde aulas a laboratorios o calefacción). Simplemente, se mantienen, a la espera de que se reforme el sistema de financiación de las autonomías y puedan conseguir más recursos.


El problema de fondo es que la Universidad española cuenta con pocos recursos públicos, menos que la mayoría de Europa. El gasto por alumno universitario en España era de 12.489 dólares en 2014 (último dato aportado por la OCDE), un 22% menos de los 16.164 dólares que se gastaban en Europa (UE-22) y de los 16.143 dólares que gastaban los 35 paises OCDE. Y el gasto es mucho menor que el de EEUU (29.328 dólares/universitario), Reino Unido (24.542 dólares), Suecia (24.072 dólares), Canadá (21.326), Japón (18.022), Finlandia (17.893), Alemania (17.180) o Francia (16.422), sólo superior a Portugal (11.813) o Italia (11.510), según los indicadores educativos OCDE 2017. Y si tomamos el esfuerzo económico que dedica cada país a su Universidad, en España supone el 1,3% del PIB, inferior al 1,4% de la UE-22, el 1,6% de la OCDE o al esfuerzo que hacen EEUU (2,7% PIB), Corea (2,3%), Reino Unido o Finlandia (1,8%), Holanda o Suecia (1,7%) o Francia (1,5%).


Pero el problema de la Universidad española no es sólo de falta de dinero. Hay un problema evidente de calidad de la educación impartida: “el conjunto de habilidades de los graduados de educación superior se sitúa entre las más bajas de la OCDE, lo cual denota una educación universitaria de baja calidad…”, dice textualmente el informe de la OCDE "España 2017" (página 43), presentado en marzo de este año. Y añade que “estas bajas habilidades se deterioran después en los trabajos”, porque los universitarios españoles se emplean en tareas para las que no estudiaron (teleoperadores, camareros, vendedores o cajeras de supermercados) o porque las empresas no les forman (porque tienen contratos temporales y precarios).


La mejor muestra de que la Universidad española no funciona bien, no enseña para trabajar, es que los universitarios españoles trabajan menos que sus compañeros europeos (el 76% de los que tienen 25 a 34 años, frente al 82% en la UE-22 y el 87% en Alemania, Reino Unido o Suecia y el 86% en Francia) y que hay más del doble de universitarios parados (25-34 años): el 16% en España frente al 7,4% en la UE-22 y el 6,6% en la OCDE, con mínimos del 2,9% de paro universitario en EEUU, el 3,1% en Alemania o Reino Unido y el 6,7% en Francia. Y además, entre los que trabajan, hay muchos universitarios en precario: el 34,4% de universitarios españoles trabajan en puestos de baja cualificación, frente al 23% en Europa.  Un tercio de universitarios trabajan sobrecualificados, un despilfarro como país.

¿Qué se puede hacer? El propio informe de la OCDE da varias recetas, que el Gobierno Rajoy desoye sistemáticamente. La primera, asegurar una financiación suficiente para la Universidad, ligada no sólo al número de alumnos sino a baremos de calidad. Eso pasaría por aumentar las aportaciones del estado y las autonomías a las Universidades, para acercar el gasto a niveles europeos. Supondría destinar unos 2.200 millones de euros más cada año a la Universidad, frente a los 12.000 millones actuales. Y eso sin pensar en hacer gratuita la Universidad, algo que costaría 1.300 millones más al año, según CCOO. Pero se gaste lo que se gaste, la clave es controlar bien esos recursos y que no sea “café para todos”: que una parte sea una aportación fija (a tanto por alumno) y otra variable, según unos objetivos que la Universidad debería cumplir para cobrarlo. Es lo que se aplica ya en las Universidades de Cataluña, Andalucía, Galicia y Valencia y que Madrid quiere aprobar para el curso 2018-2019. Y que haya auditorías externas para rendir cuentas, como pide la OCDE.

Pero el problema de la Universidad no es sólo el dinero. Hay que aplicar  una serie de reformas que reiteran, año tras año, la OCDE y muchos expertos. Por un lado, ajustar la oferta, recortando titulaciones (hay 2.781 Grados y 3.772 Master) y fusionando centros (hay 234 Campus, con estudios similares  a pocos kilómetros de distancia. Por otro, la OCDE propone reducir la “endogamia” en la selección de profesores, incorporando a más extranjeros y del mundo empresarial: en 2015-2016, 3 de cada 4 profesores universitarios (el 73,1%) daban clase en la misma Universidad donde hicieron el Doctorado, según datos del Ministerio de Educación. Y en Canarias, Asturias y Valencia, eran más del 80%.

Otro reto pendiente de la Universidad española es conseguir una mayor internacionalización: incorporar a más alumnos y profesores extranjeros, para lo que necesitan mejorar la calidad de su oferta educativa. Y en paralelo, mejorar su capacidad investigadora y divulgativa, aumentando la inversión en I+D+i y los trabajos en revistas científicas, un “escaparate” que mejoraría su posición internacional. Actualmente, España es el único gran país que no tiene una Universidad en el Top 200 del ranking mundial Shanghái (si la tienen Italia, Portugal, Irlanda o Brasil). Las primeras Universidades españolas están entre las 200/300 mejores y son la Universidad de Barcelona, la Pompeu Fabra y la Universidad de Granada.

Con todo, el mayor reto es conseguir que los universitarios se preparen mejor para encontrar un empleo decente ligado a lo que han estudiado. Eso exige repensar a fondo carreras y temarios, en contacto con las empresas y los expertos en empleo, para dotar a los universitarios de las habilidades que se van a demandar en el futuro, sin olvidar por supuesto la formación complementaria (“humanística”) que la Universidad debe aportar . No se trata de “devaluar los títulos”, con carreras más cortas y luego Master más caros: pasar del 4+1 actual (4 años de Grado más 1 de Master) al 3+2 (o incluso 3+1), que ya implantaron el curso pasado algunas Universidades catalanas y que pueden ofrecer ya este curso todas las Universidades, aunque sólo para carreras nuevas. Se trata de otra enseñanza Universitaria, más práctica y con experiencias en empresas, más ligada a los futuros empleos.

Todo ello pasa por lograr un gran Pacto educativo y universitario, donde se asegure a los Campus una financiación suficiente y estable a medio plazo, a cambio de objetivos y reformas, con más participación de las empresas en la planificación y formación y una mejor coordinación entre autonomías, para que no haya 17 sistemas universitarios dispares (como ahora). Y un empujón a la Formación Profesional Superior, que cada vez tiene más salidas. Necesitamos otra Universidad, además de otro modelo económico y laboral, si queremos un mejor futuro para los jóvenes. Que deje de fabricar parados o subempleados.

jueves, 8 de junio de 2017

Más Selectividad, no estudiar para trabajar


Esta semana y la que viene se celebran en toda España los últimos exámenes de la Selectividad, el “filtro” al que se enfrentan 300.000 jóvenes bachilleres para acceder a la Universidad. Será la última vez: el año que viene, cada Universidad pondrá sus pruebas de acceso, como en casi todos los paises. Seguirá habiendo “filtros”, que dejan fuera a un 20% de jóvenes que quieren estudiar una carrera, porque muchas están saturadas. El contrasentido es que tenemos más universitarios que la mayoría de Europa y a la vez el doble de paro entre los que tienen una carrera. Porque los estudios van por un lado y las ofertas de trabajo por otro. Y las empresas se quejan de que les faltarán casi 2 millones de profesionales cualificados para 2020. Urge un gran acuerdo entre las Universidades y las empresas para delimitar estudios y carreras, planificando la formación a medio plazo. Lo contrario es estudiar para parados. Menos Selectividad y más preocuparse de enseñar para trabajar.



                                                                                            enrique ortega

Este año no debería haber pruebas de Selectividad. La polémica Ley educativa aprobada por el Gobierno Rajoy, la LOMCE, establecía que este curso desaparecían las tradicionales pruebas de Selectividad y se cambiaban por una reválida en 2º de Bachillerato y una prueba de acceso que fijaba cada Universidad. Pero la comunidad educativa se ha opuesto a las reválidas y los rectores de las Universidades le pidieron al Gobierno que retrasara un año las nuevas pruebas de acceso, porque no estaban preparados. Y así, en noviembre pasado, el Gobierno Rajoy acordó con los rectores y las Universidades que este año volvería a haber Selectividad y que la aplicación de la LOMCE se dejara para el año que viene (?).

Así que esta semana y la que viene, unos 300.000 jóvenes que han terminado el Bachillerato se enfrentan a varios días de pruebas para superar la Selectividad y poder luego estudiar una carrera. Las pruebas son bastante similares a las de años anteriores, con pequeños cambios. Hay una prueba obligatoria, que consta de 4 ejercicios, uno por cada materia troncal (Lengua y Literatura, Historia de España y Lengua extranjera) y el cuarto a elegir en función de la modalidad de bachillerato cursado (Matemáticas, Latín, Materias Aplicadas a las Ciencias Sociales y Arte), más un 5º ejercicio sólo en las autonomías con lengua oficial propia. La principal diferencia con la selectividad de 2016 es que los alumnos no se examinan ahora de las asignaturas de 1º de bachillerato (Filosofía, Historia Universal, Economía e Historia Contemporánea). Y para los que quieren mejorar nota, hay una prueba voluntaria, en la que se examinan de un máximo de 4 materias troncales de 2º de Bachillerato que han de ser diferentes a las materias elegidas en la fase obligatoria.

Al final, tras estas dos pruebas, el alumno consigue una nota de acceso a la Universidad, que suma tres componentes: el 60% de la nota media del Bachillerato más el 40% de la nota sacada en la prueba obligatoria de Selectividad más las calificaciones obtenidas en las 2 mejores materias de las cuatro examinadas en la prueba voluntaria. En total, pueden conseguir un máximo de 14 puntos. Y con esta “nota de corte”, mirar a ver si superan el mínimo exigido por cada Universidad (se puede utilizar este buscador de 2017),  mínimo que varía según la carrera (12,84 en Medicina o 6,50 en Humanidades) y, sobre todo, de si va a estudiar en Madrid o Barcelona o en provincias (para Administración de Empresas, ADE, oscila entre 11,14 puntos en la Pablo de Olavide de Madrid y los 5,07 en Castilla la Mancha). Al final, un 90% de los bachilleres aprueban la selectividad y un 80% logra ingresar en la carrera que prefieren, algunos cambiando de ciudad.

Las pruebas de acceso a la Universidad, en España la Selectividad, es algo que de una u otra forma se hacen en todos los paises, aunque en la mayoría no se trata de una prueba similar para todos los bachilleres, sino que cada Universidad es la que fija las pruebas de acceso de los estudiantes, aunque hay paises, como Alemania, donde también cuenta el expediente del Bachillerato. Y en Estados Unidos, además de aprobar el examen de acceso (el SAT), cuentan mucho el historial académico previo y las recomendaciones que se aporten.

El año que viene, para junio de 2018, en España dejará de haber exámenes de Selectividad como hasta ahora y serán las Universidades las que fijen las normas y pruebas de acceso a sus distintas carreras. Eso romperá con la uniformidad y homogeneidad actual, porque las pruebas de acceso serán diferentes por autonomías y Universidades, más rigurosas en unas y menos en otras, con lo que “el filtro” será muy diferente. Y si ahora hay poca diferencia entre estudiar una carrera en un sitio que en otro, en el futuro será muy importante dónde se ha licenciado un universitario, desde las pruebas de acceso al final de la carrera. Y más porque la tendencia es que las Universidades españolas sean cada vez más autónomas, tanto para ofrecer planes de estudios como para cobrar tasas diferentes.

Ya hay Universidades, en Cataluña, que este curso han empezado a ofrecer licenciaturas de 3 años en vez de 4, una posibilidad abierta por el ministro Wert en 2015. Y el próximo curso 2017-2018, habrá más Universidades que ofrecerán licenciaturas de 3 años, a las que sumar 1 ó 2 años de Master (3+1 o 3+2). El único requisito, acordado en mayo de 2017 por el Consejo de Universidades, es que han de ser carreras “nuevas” (se teme que algunas Universidades "maquillen" carreras viejas...). De momento ya hay autorizadas 11 nuevas titulaciones de 3 años en Cataluña, la mayoría en Universidades privadas. Un sistema que permite ofrecer un título en menos tiempo y coste para las Universidades, además de atraer a estudiantes para hacer 2 años complementarios de Master (en vez de 1 como ahora), por los que las Universidades cobran un 50% más que por un curso de Grado.

Además de títulos distintos, las Universidades tienen precios distintos, sobre todo tras la fuerte subida de tasas decretada en 2012, que osciló entre el 20% (Andalucía o Castilla la Mancha) y el 60% (en Barcelona y Madrid), mientras sólo Galicia y Asturias las han congelado. Así, un grado de medicina o uno de Ingeniería cuesta 2.372 euros en Cataluña, el triple que en Andalucía (757 euros) y el doble que en Extremadura (1.111 euros). Y un grado de Derecho cuesta el doble en Cataluña (1.516 euros) que en Andalucía (757 euros). Y un master en la Universidad pública de Barcelona tiene un precio medio de 4.000 euros, frente a 1.800 euros máximo en las universidades de Andalucía.

Sean cuales sean los precios, estudiar en la Universidad en España se ha encarecido mucho y somos el 6º país de Europa con los grados universitarios más caros (1.100 euros de media), tras Reino Unido, Irlanda, Italia, Letonia y Lituania, según un estudio elaborado por comisiones Obreras. Y el 7º país más caro de Europa en Master (se pagan 2020 euros de media), tras esos mismos paises y Grecia. Y según un estudio de los propios rectores, España es el cuarto país más caro para estudiar en la Universidad (1.257 euros de media en 2013-2014), sólo por detrás de Reino Unido (4.409 euros), Irlanda (2.500 euros) e Italia (1.300 euros). De hecho, apenas se paga por estudiar en la Universidad en Alemania (200 euros) , Francia (283 euros) o Polonia (41 euros) y hay 11 paises europeos donde estudiar en la Universidad es gratuito (Austria, Dinamarca, Estonia, Finlandia, Grecia, malta, Noruega, Escocia-RU, Suecia, Turquía y Chipre). Y además de ser más cara, el Gobierno Rajoy ha endurecido los criterios y  recortado la cuantía de las becas a los universitarios.

La consecuencia de que la Universidad sea más cara y hayan bajado las becas es doble. Por un lado, hay 134.000 estudiantes que han dejado la Universidad desde 2012, según un informe de la Fundación CyD. Y por otro, han aumentado los alumnos en las universidades privadas, ahora que se han acortado los precios en Grados y sobre todo en los Master al subir más las tasas en las públicas. De hecho, los alumnos en los Grados de las 32 universidades públicas han crecido un 17,6% entre el curso 2008-2009 y el 2015-2016, mientras caían un 6,3% en las 50 Universidades públicas. Y en los Master, han crecido los alumnos de las públicas un 167% en estos 7 cursos, mientras aumentaban un 587% en las privadas. El resultado es que las Universidades privadas han ganado cuota de mercado a costa de las públicas: de un 11 a un 13% (173.381 alumnos) en enseñanzas de Grado y de un 15 a un 32% (52.710 alumnos) en enseñanzas de Master entre 2008-2009 y 2015-2016, según datos oficiales del Ministerio de Educación.

Las Universidades públicas pierden peso mientras no consiguen recuperarse de los recortes aplicados por Zapatero y sobre todo Rajoy: -1.370 millones, el 14% del Presupuesto de 2010. Y eso lleva a un problema de fondo, de falta de recursos: el gasto público en España por cada universitario es de 12.604 dólares, un  20% inferior a los 15.665 euros de gasto medio en Europa (UE-22) o a los 15.772 dólares por universitario que gasta la OCDE, según el informe “Education at a glance 2016”. Y España, como país, dedica el 1,3% de su PIB a financiar la Universidad, por debajo del 1,5%  del PIB que gasta la OCDE (34 paises). O sea, que tendríamos que gastar 2.250 millones de euros más cada año en la Universidad.

Pero hay más problemas en la Universidad española que la falta de dinero. Uno importante es ajustar la oferta universitaria, recortando titulaciones (hay 2.637 Grados y 3.661 Master) y fusionando Centros (hay 234 Campus, con ofertas de estudios similares a pocos kilómetros de distancia). Otro reto es reducir la endogamia (7 de cada 10 profesores trabajan en la misma Universidad donde leyeron su tesis) y abrir la docencia al mundo económico y empresarial. Y sobre todo, fomentar la autonomía universitaria y las auditorías de eficiencia y calidad (para que las Universidades españolas compitan en el mundo: sólo hay una, la de Barcelona, entre las 200 mejores Universidades del mundo). Pero, con todo, el mayor reto de la Universidad española es conseguir que sus licenciados trabajen.

Hoy por hoy, los títulos universitarios no son una garantía de empleo, aunque tengamos más universitarios que el resto de Europa (32,6% de los adultos frente al 27,1% en la UE). El 10,89% de los universitarios están en paro, menos que el conjunto de españoles (18,75% en paro) pero el doble de parados que en Europa (5,7% de paro entre universitarios) y en la OCDE (4,9% paro universitario). Y además, 1 de cada 3 universitarios que trabajan (el 33,7%) están subempleados, sobrecualificados: han hecho una carrera pero trabajan de otra cosa, de teleoperador o cajera de supermercado. Lo que sucede es que apenas hay trabajo para algunos licenciados (sólo el 4,8% de las contrataciones para Humanidades y Ciencias Sociales y un 9,7% para salud), mientras las contrataciones se concentran en licenciados en ADE, Economía y Derecho (40%), Ciencias e Ingenierías (27%), Informática y TICs (17,7%), según un estudio de la Fundación Everis sobre lo que demandan las empresas.

Cara al futuro, la brecha entre lo que se estudia y lo que necesitarán las empresas se va a agravar: en 2020 faltarán en el mercado español 1,9 millones de profesionales altamente cualificados, sobre todo perfiles STEM, el acrónimo en inglés de especialistas en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, según un estudio de Randstad. Y además, no bastará con tener esos títulos. Las empresas se quejan de que los universitarios españoles les sobra teoría y les falta formación práctica, habilidades para afrontar el reto laboral, que necesitan mejorar en idiomas y entorno digital, ser más flexibles y saber trabajar en equipo. Y saber adaptarse mejor a los cambios, empezando por cambiar de ciudad o país para trabajar.

Urge pensar menos en la Selectividad, en filtrar a los alumnos para entrar en la Universidad, y pensar más en lo que estudian para mejorar su salida laboral. Y eso exige un gran acuerdo Universidad-empresa, donde el mundo docente se abra a las necesidades de las empresas para configurar las carreras con más futuro, que mejor aseguren un empleo. Y enseñar practicando, en la Universidad y en las empresas. Esa debería ser la obsesión de la Universidad, los alumnos y los políticos cara a los próximos cursos. Enseñar para trabajar.

jueves, 8 de octubre de 2015

Universidad: cara, muy desigual y poco eficaz


Comenzó otro nuevo curso universitario con viejos problemas. El principal, la asfixia financiera de las 50 Universidades públicas, que han perdido 1.370 millones y 15.000 profesores desde 2010. Pero lo peor lo sufren los universitarios: el coste de las matrículas se ha disparado y España es el 4º país más caro de Europa para estudiar una carrera: 1.257 euros frente a 200 euros en Alemania o 185 en Francia. Y además, estudiar en Cataluña o Madrid cuesta más del doble que en Andalucía o Galicia. Los universitarios españoles tienen menos becas que los europeos y cobran muy distinto según donde vivan. En consecuencia, estudiar una carrera se ha puesto por las nubes y 70.000 jóvenes lo han dejado. Urge un pacto político para aportar más recursos a la Universidad y bajar las matrículas. Y reformar los Planes para que más universitarios estudien lo que las empresas necesitan. Si no, pasa lo que pasa: 14% de titulados en paro y 1 de cada 3 universitarios trabajando en lo que no han estudiado. Un desastre.
 

enrique ortega


Un millón y medio de jóvenes han iniciado el nuevo curso universitario 2015-2016, el quinto con recortes, aunque menores que en los años anteriores. España comenzó a recortar su gasto en educación en 2010, por primera vez en treinta años, y en este quinquenio se han recortado unos 8.000 millones en todas las enseñanzas. De ellos, a la Universidad (que se lleva un 20% del presupuesto educativo), le han tocado 1.370 millones de recortes, con lo que las 50 Universidades públicas tienen ahora un 14% menos para gastar que en 2010. Y para sobrevivir, han tomado dos medidas, sobre todo desde 2012: recortar gastos (unos 900 millones) y aumentar ingresos, subiendo las matrículas a los estudiantes (470 millones).

Los recortes en las Universidades públicas, promovidos por Hacienda y las menores aportaciones hechas por las autonomías (que financian el 84% de las Universidades), se han traducido en un fuerte recorte de los gastos (desde luz y calefacción a material y laboratorios), un desplome de las inversiones (ni arreglos ni nuevas aulas), en un abandono de proyectos (I+D+i), un fuerte endeudamiento (a costa de pagar elevados gastos financieros) y, sobre todo, en un despido o no renovación de profesores jubilados: se han perdido13.200 empleos sólo entre 2008 y 2013 (9% de su plantilla), según Hacienda. Y ya van más de 15.000 despidos. Todo ello en perjuicio de la calidad de la enseñanza universitaria española.

Pero si la asfixia financiera de las Universidades es grave, peor lo están pasando sus alumnos, obligados a pagar unas matrículas cada vez más caras y que ya financian un 23% del coste de sus estudios (el 77% restante lo pagan el Estado y las autonomías). El coste de las matrículas se ha disparado, según datos de la Conferencia de Rectores (CRUE): de media han subido un 45%, pero hay autonomías donde el coste se ha duplicado y más, como Cataluña (+158,4%), Madrid (+117,3%), Comunidad Valenciana (93,9%) o Castilla y León (+78%), mientras en otras subían poco, como Galicia (+5,1%) o Andalucía (+9,7%). Con ello, hay familias que, según donde viven, tienen difícil ya enviar a sus hijos a la Universidad: la matrícula media (gastos para vivir aparte) para estudiar un Grado costaba en el curso 2013-2014 (últimos datos de los Rectores) 2.011 euros en Cataluña, 1.820 euros en Madrid o 1.386 en Valladolid, frente a 713 en Galicia, 757 en Andalucía o 810 en Cantabria.

Con estos precios de las matrículas, España es el cuarto país de Europa donde resulta más caro estudiar en la Universidad, según los rectores (CRUE): 1.257 euros de media en 2013-2014, un coste sólo inferior al de Reino Unido (4.409 euros), Irlanda (2.500 euros) e Italia (1.300 euros) y muy superior al de las matrículas universitarias en Alemania (200 euros), Francia (283 euros), Polonia (41 euros) y países nórdicos (0 euros). De hecho, hay 11 países europeos donde estudiar en la Universidad es gratuito (Austria, Dinamarca, Estonia, Finlandia, Grecia, Malta, Noruega, Escocia –RU, Suecia, Turquía y Chipre). Y los precios de estudiar en Cataluña sólo se superan en Irlanda y Gales. Esto en cuanto a las tasas para estudiar un Grado. En las tasas para estudiar un Master, las diferencias son mayores, porque en España se paga una matrícula media de 2.094 euros (casi el doble que en un Grado), mientras en la mayoría de Europa las tasas son similares a las de Grado y por tanto mucho más bajas, salvo en Reino Unido (4.810 euros) e Irlanda (6.000 euros): 1.300 euros en Italia, 200 en Alemania, 254 en Francia, 41 en Polonia  y 0 euros en los países nórdicos.

Para este curso 2015-2016, las matrículas universitarias siguen subiendo, aunque algo menos porque los nuevos Gobiernos autonómicos controlados por la izquierda han tratado de congelar o frenar las subidas. Las Universidades más caras siguen siendo las de Cataluña (39,53 euros por crédito, a multiplicar por 60 cada curso: 2.371 euros), Madrid (33 euros/crédito), Castilla y León (30,25€), Comunidad Valenciana (24,89 €) y Aragón (25,83€). Y las más baratas, Andalucía (12,62 euros/crédito: 757 euros/curso), Galicia (13,93 €), Cantabria (16,65 €), Murcia (16,78€), Extremadura (18,51€) y Canarias (18,95€). Esto son medias, ya que hay carreras más caras (como Medicina) y otras más baratas (Humanidades). Al final, cuesta casi 4 veces más estudiar en la Universidad más cara (Politécnica de Cataluña: 3.345 euros) que en la más barata (La Coruña: 854 euros). Una injusta desigualdad.

Las becas podrían ayudar a contrarrestar esta fuerte subida de las matrículas. Pero no es así. Desde 2012, el Gobierno Rajoy ha modificado la política de becas, recortando importes (270 millones) y endureciendo los criterios económicos y académicos para concederlas. El resultado es que hay más universitarios que reciben becas (unos 317.000, el 26%) pero con un importe mucho más bajo: la beca media ha bajado 466 euros por estudiante, de 2.530 euros (2010)) a 2.063 euros en 2014 (-18,5%), según datos de los Rectores (CRUE). Y pasa lo mismo que con las tasas: el importe de las becas varía mucho entre las autonomías. Los mayores recortes en el último quinquenio se han dado además en las autonomías más pobres, en Galicia (-21,3%), Andalucía (-21,3%) y Murcia (-19,5%) y los menores en Cantabria (-1,97%), Comunidad Valenciana (-6,11%) y Madrid (-6,58%).

En esto de las becas universitarias, España también “es diferente”. En la mayoría de países occidentales se gasta más en becas (0,31% del PIB en la OCDE y 0,39% del PIB en USA frente al 0,14% en España) y encima se dan más becas en los países con los estudios más baratos (o gratuitos), porque la beca se concede más para pagar los gastos totales de los universitarios que su matrícula (aquí, el 20% de las becas son sólo para pagar matrículas). Y sólo en 12 países europeos se utilizan criterios académicos para conceder becas, como hace el Gobierno Rajoy en España (en la mayoría, lo único que cuenta es la renta). Y en muchos países hay además desgravaciones fiscales a las familias.

Tenemos pues una Universidad asfixiada por los recortes y muy cara para los estudiantes, porque está mal financiada: le faltan recursos públicos. España dedica unos 8.400 millones a la Universidad pública, un 0,84% del PIB, muy por debajo de la media europea (1,26% PIB) y de países como Francia (1,35%) o Alemania (1,30%), en línea con Italia y Reino Unido (0,84%9, donde los universitarios pagan también matrículas caras. Haría falta aumentar esta financiación pública, hasta el 3% del PIB que recomendaba en 2013 el Comité de Expertos sobre la reforma universitaria. Eso supondría dedicar a la Universidad 22.000 millones más al año, algo impensable a corto plazo. Pero si muchos expertos defienden destinar 10.000 millones más cada año a toda la enseñanza, bien podrían destinarse 2.000 millones más a la Universidad, lo que permitiría contratar profesores, superar los recortes que más afectan a la enseñanza, rebajar matrículas y, sobre todo, aumentar becas, en importes y beneficiarios, para que nadie deje de ir a la Universidad por su precio (los Rectores estiman que 70.000 estudiantes la han dejado por eso desde 2012).

Pero no sólo hace falta más dinero, aunque sea prioritario. La Universidad tiene que resolver otros problemas, empezando por ajustar su oferta, recortando titulaciones (2.413 Grados y 2.758 Master) y fusionando centros (hay 236 Campus de 83 Universidades, 50 públicas y 33 privadas), con ofertas similares a pocos kilómetros. Y es clave orientar a los universitarios hacia carreras técnicas (más demandadas), reduciendo la oferta de Humanidades y Ciencias sociales (con menos salidas) y fomentando el trasvase de jóvenes bachilleres a la Formación Profesional Superior (con más empleos). Porque el gran drama de la Universidad es que, después de ser una de las más caras de Europa para las familias, no asegura el trabajo futuro de los jóvenes. Por un lado, los titulados tienen un 14% de paro, el triple que en la OCDE (4,8%), aunque sea la mitad que el paro de los no titulados (del 22 al 50%) y buena parte de la culpa la tenga la estructura de nuestra economía, no sólo la formación. Y por otro, 1 de cada 3 universitarios españoles acaban trabajando (con contratos temporales y por horas) en algo que nada tiene que ver con lo que han estudiado, sobrecualificados y frustrados, desde camarero a cajera de supermercado. "La educación española no prepara para el mundo laboral", acaba de dictaminar un estudio de la OCDE.

Así que habría que aprovechar las próximas elecciones para plantear un debate serio y un gran pacto político-educativo sobre el futuro de la Universidad española, centrado en su financiación, sus costes, su oferta y la utilidad para el empleo de la enseñanza que se ofrece, debatiendo de nuevo la conveniencia o no de aplicar última reforma impuesta por el Gobierno Rajoy, las carreras de tres años más uno de Master (3+1), en sustitución del sistema actual (4+1), un cambio motivado básicamente por recortar más gasto (entre 600 y 800 millones de euros) y que los Rectores han pedido retrasar dos cursos más, hasta el año 2017. La Universidad es clave para la recuperación y el empleo, pero ahora está medio quebrada y es poco eficiente, cara y muy desigual según donde los jóvenes vivan. Y eso es muy injusto. Hay que empezar a cambiarlo en la próxima Legislatura. Piense también en ello al votar en diciembre.