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lunes, 23 de mayo de 2022

3 meses de guerra revolucionan Europa

Mañana se cumplen 3 meses de la invasión de Ucrania, que ha agravado la situación económica y política de Europa. Por un lado, la subida de energía y alimentos frena el consumo y la recuperación, recortando el crecimiento europeo casi a la mitad. Y por otro, la amenaza de Putin obliga a los 27 a reforzar su gasto en Defensa y acelerar las energías verdes, con un Plan de choque para independizarse del gas y el petróleo rusos a medio plazo. Entretanto, España sufre más esta alta inflación, con carburantes 40 céntimos más caros, la luz esperando a bajar en junio y los alimentos disparados, lo que afecta especialmente a las familias más pobres, mientras las empresas aumentan beneficios y los salarios apenas suben: no se reparte el coste de la guerra. Ahora, el Gobierno debate si ampliar en junio las ayudas de marzo, que benefician más a los que más tienen. Ayudas costosas, que fuerzan a más déficit o a subir impuestos. La guerra nos trastoca.

Enrique Ortega

El peor balance de estos 3 meses de guerra lo sigue teniendo Ucrania, con miles de muertos, millones de refugiados y una buena parte del país destruido (los costes superan los 500.000 millones de euros). Mientras, los europeos sufrimos la guerra en nuestros bolsillos, con la continua subida de la energía y los alimentos: en abril, la inflación media de la UE-27 volvió a subir, al 8,1%, la mayor tasa de la historia. Es el reflejo de una subida continuada del petróleo, que costaba  el viernes 111,66 dólares por barril, un 14% más caro que antes de la invasión (97,89 dólares), aunque en realidad es mucho más caro (+19,5%) porque lo pagamos en euros que se han depreciado (-6,5% desde la invasión). Y eso ha encarecido los carburantes en Europa (+13,4% la gasolina y +14,2% el gasóleo). El gas natural, clave para la factura de la luz, ha atemperado su precio (75,81 euros el viernes, frente a 88,89 el 23-F), pero se va a disparar por la exigencia rusa de cobrarlo en rublos y los Planes para contar el suministro a medio plazo. Lo peor es la subida de los alimentos y materias primas (metales), que se ve en los supermercados y en muchas industrias, mientras siguen faltando componentes de Asia.

En España, la inflación sigue más elevada que en el resto de Europa (+8,3% de subida anual, en abril, frente al +8,1% en la UE-27 y el +7.4% en la zona euro, +5,4% en  Francia, +6,3% en Italia y +7,8% en Alemania), pero ha bajado desde el máximo histórico de marzo (+9,8%), según el INE. Esta es la subida media, pero hay una serie de productos que han subido muchísimo más en el último año, según el IPC de abril: electricidad (+ 34,9%), gasóleo (+32,1%), gas natural (+19,4%), gasolina (+16,1%) y muchos alimentos (+48,4% los aceites, +21,6% los huevos, +13,7% los cereales, +12,8% las legumbres y frutas, +12,7% el pollo, +11,4% el vacuno, +10,7% el cordero, +10,2% el café…).

Lo preocupante no es sólo que suban tanto estos productos básicos sino que las subidas se han contagiado al resto de bienes y servicios que no son energía y alimentos. Es lo que se llama “inflación subyacente”, la inflación “de fondo” (sin inflación y alimentos no elaborados), que ha pasado del 2,4% en enero al 3,4% en marzo y el 4,4% en abril, según el INE. Eso indica que la mayoría de la economía ha aprovechado para subir precios, no sólo aquellos sectores y empresas a los que les ha subido la energía y los alimentos.

Esto indica que algunos han aprovechado la guerra y sus efectos para mejorar sus cuentas. De hecho, hay muchas empresas que ahora facturan más, básicamente porque han subido sus precios. Un indicador pueden ser las grandes empresas del IBEX, cuya cifra de negocio ha aumentado un 28,9% en el primer trimestre. Y aunque una parte del aumento es porque ahora venden más caro, también han aumentado sus beneficios: a cierre de marzo, las grandes empresas del IBEX habían ganado 12.896 millones de euros, un 51,5% más que en el primer trimestre de 2021, un año donde las 35 empresas del IBEX ya ganaron 58.543 millones de euros, el doble que antes de la pandemia (casi 28.000 millones en 2019). A pesar de la guerra, hay sectores (petróleo, banca, industrias básicas) que están ganando más que nunca. Y los dividendos que reparten crecieron un 86% hasta abril.

Mientras, los salarios apenas suben la cuarta parte que la inflación (+2,40% hasta abril) y lo mismo las pensiones (+2,5%), con lo que la inflación se come el poder adquisitivo de millones de españoles, sobre todo de esa 5ª parte de asalariados que ganan menos de 1.000 euros al mes. Los expertos, como CaixaBank Research y el propio Banco de España, han reiterado que “la inflación sí entiende de clases” y que las subidas actuales dañan más a las familias más vulnerables, a los que tienen menos ingresos, porque “pesan más” en su presupuesto los gastos en energía y alimentos. Así, los hogares con menos renta dedican 13% de su gasto a alimentación, frente al 10% los más ricos. Y dedican otro 33% a electricidad, gas, calefacción y vivienda, frente a sólo el 5% de sus ingresos los más ricos. Así que los efectos de la guerra de Ucrania y la inflación son desiguales y aumentará más la desigualdad.

Por eso, el Banco de España acaba de pedir, como antes hicieron la OCDE y el FMI, que los Gobiernos concedan ayudas dirigidas a los más vulnerables, no descuentos para todos (como se ha hecho con los carburantes), que son muy costosos y benefician más a los que más tienen. Y además, el Banco de España pide, como hizo el Gobierno, “un pacto de rentas”, que todo el mundo arrime el hombro: los trabajadores moderando las subidas de salarios (para no “alimentar” la inflación) y los empresarios moderando sus márgenes empresariales (y beneficios), no subiendo mucho sus precios. La realidad es que este pacto no se ha dado y que los más débiles pagan la inflación, los trabajadores no consiguen subir apenas sus salarios y casi todas las empresas han subido precios (y beneficios).

Mientras, los consumidores vemos subir sobre todo los carburantes, la luz y los alimentos. La gasolina ronda ya los 2 euros en muchas zonas y tiene un precio medio de 1,89784 euros por litro, más barata que la media UE (1,94054 euros/litro) y un +19,2% más cara que antes de la guerra, según el último Boletín petrolero europeo. El gasóleo ha bajado la última semana, con un precio medio de 1,88707, más caro que la media UE (1,8778 euros/litro) y un +27,5% más cara que el 23-F. Ambos carburantes, gasolina y gasóleo, cuestan ya 40 céntimos por litro más que antes de la invasión de Ucrania, aunque sólo 8 y 5 céntimos más que el 1 de abril, cuando entró en vigor la bonificación de 20 céntimos del Gobierno. Por cierto, que esta bonificación ha ayudado a subir el consumo de carburantes, algo en marzo (+4,15% las gasolinas) y más en abril, con la Semana Santa. Así que nos quejamos mucho de los altos precios, pero seguimos repostando como si nada.

La luz, otro “agujero” en nuestros bolsillos, nos ha dado un cierto respiro en abril, ya que el precio en el mercado mayorista bajó de los 200 euros el 8 de abril, con una media de 191,52 euros en abril  después de haber costado 283,3 euros de media en marzo. Eso ha servido para bajar el recibo medio de 143 euros (marzo) a 102,38 en abril, todavía un 46% más caro que un año antes (70 euros en abril 2021). Ahora, mayo sigue con la luz por debajo de 200 euros MWh (178,71 el sábado), menos que antes de la invasión (195,86 euros), y  bajará en junio, entre un 20 y un 30%, gracias al tope al gas autorizado por Bruselas durante un año. Y será “un seguro” importante, con recibos en torno a 80-85 euros al mes, a pesar de que el precio del gas y de la electricidad en origen se disparen si Rusia bloquea las ventas a Europa.

Estos 3 meses de guerra en Ucrania no sólo han desbaratado nuestras economías domésticas sino que han revolucionado Europa. En primer lugar, han provocado un freno a la recuperación, porque la alta inflación ha frenado el consumo de los europeos, recortando su crecimiento. Ya en el primer trimestre, la economía de la UE-27 apenas creció un +0,3%, con una caída de la economía italiana (-0,2%), un estancamiento de Francia (+0%) y un mínimo crecimiento de Alemania (+0,2%), mientras España crecía sólo un +0,3% (frente al +2,2% el trimestre anterior), según Eurostat. Y ahora, el 16 de mayo, la Comisión Europea ha recortado drásticamente sus previsiones de crecimiento para 2022: la UE-27 crecerá un +2,7% (casi la mitad del 4,3% esperado en noviembre), con un menor crecimiento aún para Alemania (+1,6%, frente al 4,6% estimado en noviembre) e Italia (+2,4%, frente al +4,3% antes) y con un +3,1% para Francia (+3,8% antes). Para España, Bruselas prevé ahora un crecimiento del +4% este año, inferior al +4,3% que espera el Gobierno (y lejos del 5,5% que nos auguraban crecer en otoño pasado, antes de la guerra).

Así que la guerra de Ucrania llevará a Europa a crecer casi la mitad de lo esperado, incluso menos (rozando la crisis), si el conflicto se alarga. Pero además, la invasión ha puesto patas arriba el modelo europeo, desde la Defensa a la energía. Por un lado, ha revitalizado la necesidad de crear un modelo de Defensa europeo, en principio apoyado en la OTAN. Y eso pasa, además de la ampliación a Suecia y Finlandia, por gastar más en Defensa, destinar una buena parte del Presupuesto europeo a alcanzar el 2% de gasto militar, cuando ahora la UE destina el 1,30% del PIB. Eso significa, a lo claro, que Europa se propone gastar 43.350 millones de euros más en Defensa en los próximos años, un dinero que habrá que sacar de algún lado (de otras inversiones y gastos o con más impuestos).  Y en paralelo, la guerra de Ucrania ha revelado la urgencia de reducir la enorme dependencia energética de Rusia: importa el 41% del gas, el 46% del carbón y el 27% del petróleo. Para romper esta peligrosa dependencia, la Comisión Europea aprobó el 18 de mayo un nuevo Pacto verde europeo (“RePower EU”, que pretende acelerar las energías renovables, buscar nuevos suministradores de energía, aumentar el ahorro energético y movilizar 300.000 millones de euros para infraestructuras que ayuden a la independencia energética de Europa.

Así que Putin ha obligado a la Unión Europea a “ponerse las pilas” con la Defensa y la Energía, dos cuestiones claves para el futuro de Europa. Pero los dirigentes europeos no acaban de afrontar otro reto de futuro imprescindible: la Europa fiscal. Si ahora “pincha” la recuperación en toda Europa, harán falta nuevas ayudas a los paises más vulnerables, sobre todo a la Europa del sur. Si con la pandemia se aprobó un paquete extraordinario de ayudas e inversiones, el “Next Generation UE” (750.000 millones entre subvenciones y créditos, 140.000 para España), ahora, con la guerra de Ucrania, urge aprobar nuevos Fondos UE para afrontar los nuevos retos (más gastos de Defensa, más gastos en reconversión energética, más ayudas sociales), ya que lo previsto de momento es "rebañar" dinero de viejas partidas, no poner dinero nuevo. Y sólo se pueden conseguir esos nuevos fondos necesarios si Europa empieza a configurar una política fiscal común, con impuestos europeos más homogéneos y más solidaridad entre norte y sur.

Mientras, en España, la guerra de Ucrania está ya frenando la recuperación, con una caída generalizada del consumo, que seguirá limitando el crecimiento, aunque el empleo parece salvarse de momento (con un nuevo récord de cotizantes en mayo). La clave va a estar en el turismo este verano (que va a depender de que no “pinchen” los bolsillos de alemanes, franceses, nórdicos y británicos) y en que tiren los Fondos Europeos, que avanzan lentamente. En cualquier caso, a finales de junio se acaban las ayudas a los carburantes y la bajada de impuestos a la luz, dos medidas muy costosas (suponen unos 9.000 millones de gasto al semestre). El Gobierno tiene un dilema: o suprime estas ayudas y las de los sectores (transporte, campo, mar, industrias) o las prorroga, sabiendo su alto coste y que benefician más a los que más tienen. No es una decisión fácil. Y más sabiendo que, si la guerra dura varios meses más, tendrá un alto coste para las arcas públicas españolas, que ya tienen un elevado déficit y una altísima deuda.

Así que España también tiene, como Europa, un importante reto fiscal: si quiere hacer frente a las nuevas necesidades, de Defensa (gastar el 2% del PIB en lugar del 0,9% actual, supone destinar 13.500 millones más al gasto militar), de independencia energética o a ayudas a las familias y sectores más vulnerables, junto a todas las necesidades en sanidad, educación, Ciencia, digitalización e infraestructuras tiene que recaudar más. Y eso pasa por hacer una reforma fiscal, homogeneizando el IVA y los beneficios fiscales (como pide el Banco de España) y haciendo que paguen más los que pagan hoy poco (grandes empresas, bancos, multinacionales y los más ricos). Ese debería ser hoy el debate y no la consigna ideológica de “bajar impuestos”. Pero el tema, como pasa en Bruselas, no se va a afrontar de cara a los Presupuestos de 2023. Y menos de cara a un año electoral. Así que seguiremos con parches, en las ayudas y en el déficit, en Europa y en España, a esperar que la guerra de Ucrania amaine y no haya otra recesión este año. Recen.

lunes, 30 de diciembre de 2013

Lo que nos espera en 2014


El Gobierno ha bautizado 2014 como “el año de la recuperación”. Pero la mayoría de los españoles creen que será “igual o peor”. Y las previsiones de la Comisión Europea y el FMI, confirman que 2014 será el 6º año de la crisis, algo mejor que los nefastos 2012 y 2013, pero lejos de una recuperación: crecimiento mínimo, pérdida de empleo, paro estable, salarios bajando, subidas de precios (luz), más desigualdad y más pobreza. Seguiremos pagando más impuestos (la rebaja, si hay, será para 2015) y habrá nuevos recortes, en funcionarios, sanidad, educación y gasto social. Y Rajoy podría regalarnos en 2014 tres “reformas”: en el subsidio de paro (más recortes), en el despido (más barato) y en la contratación (en diciembre acaban de aprobar medidas para facilitar más los contratos a tiempo parcial, precarizando más el empleo). Todo por recortar gasto y cumplir las exigencias de Bruselas y la OCDE. Aunque esa política debilite el crecimiento y el empleo. No será un buen año.
enrique ortega

Los españoles tomaremos este año las uvas con bastante pesimismo sobre 2014, según el último Barómetro del CIS: la mayoría de los españoles ven que 2014 será igual (39,5%) o peor (29,5%) que 2013. Y mantienen el paro y la crisis económica como su principal problema. Es el ánimo de los ciudadanos, que, sin saber de economía, notan en sus carnes la crisis y no ven expectativas de mejoría. Igual que la Comisión Europea y el FMI, cuyas previsiones sobre España para 2014 se resumen así: será un año algo mejor que 2013, pero con un crecimiento tan mínimo que volverá a caer el empleo y el paro será casi igual, mientras seguirán bajando los salarios y se incumplirá el déficit público. Y crecerán la pobreza y la desigualdad. 

Empecemos por el crecimiento. El Gobierno Rajoy cree que la economía puede pasar de caer en 2013 (-1,4% probablemente) a crecer un +0,7% en 2014, gracias a una ligera recuperación del consumo (difícil, con casi 6 millones de parados, salarios a la baja y el alto endeudamiento de familias y empresas) y al tirón del turismo y las exportaciones (entorpecido por el bajo crecimiento de Europa, la pérdida de fuelle de los países emergentes y un euro que supera los 1,37 dólares, comiéndose los sacrificios salariales). Por todo esto, los organismos internacionales creen que creceremos menos: un +0,5% la Comisión Europea y la OCDE y un +0,2% el FMI.

Del crecimiento depende el empleo. El Gobierno confía en que aumente en 2014, pero los demás piensan que España seguirá perdiendo empleo en 2014, por 5º año consecutivo: la Comisión Europea apuesta por una pérdida de -105.000 empleos y el FMI de -123.000, por el bajísimo crecimiento de 2014. Y mantienen la tasa de paro por encima del 26% (bajaría dos décimas, porque habrá menos gente buscando trabajo), mientras el Gobierno lo baja al 25,9% (26,6% en 2013). Y los sindicatos temen que en 2014 haya más despidos: 200.000 en los Ayuntamientos (por la reforma local) y otros en industria aeronáutica (Airbus anunció 600 despidos en España), naval y servicios.

Los salarios, que bajan desde 2010, volverán a caer en 2014, un -1,7% según la Comisión Europea. Esta rebaja salarial está siendo mayor en los salarios más bajos: han caído un 17% con la crisis, mientras los altos bajan menos o incluso suben un 1%, según Fedea. Y  hay autonomías, como Extremadura, Galicia, Murcia o Andalucía, donde se gana hasta un 26% menos que en Madrid o el País Vasco.Con ello, aumenta la desigualdad entre españoles, la mayoría (7,5 millones de trabajadores) con sueldos mileuristas, que tienen muchos problemas para llegar a fin de mes, porque muchos están endeudados (una de cada tres familias paga hipoteca, con muchos problemas) y el resto afrontan subidas en productos y servicios básicos (luz, agua, transportes, carburantes, tasas universitarias, alimentos…).Con ello, hay ya 10 millones de españoles en el umbral de la pobreza (13,1 millones según Eurostat), que irán a más, porque en 2014 habrá más parados sin subsidio (en octubre había 3.279.000 parados EPA que no recibían ninguna ayuda). Y los pensionistas verán subir su pensión un 0,25% en 2014 (entre 50 céntimos y 6,3 euros al mes), que se comerá con creces la inflación.

En 2014, el Gobierno Rajoy seguirá obsesionado por recortar el déficit público, algo que no ha logrado cumplir ni en 2012 ni en 2013, a pesar de los recortes, porque la recesión ha hundido la recaudación. Ahora tocará ajustar otros 11.000 millones, para bajar el déficit al 5,8%, más un recorte extra de 2.500 millones que ha pedido Bruselas en diciembre. Para ello, volveremos a pagar más impuestos estatales, autonómicos y municipales, aunque se hable de bajada de impuestos (si la hay, difícil si se quiere recortar más el déficit, será para 2015, año electoral). Y además, habrá nuevos recortes, en funcionarios, en sanidad (recorte cartera básica de prestaciones y nuevo medicamentazo), educación (se recortan 536,6 millones más, junto a becas y ayudas de comedor, libros y transporte), Dependencia (cada día hay 100 ancianos menos con ayudas) y servicios sociales (la reforma local pondrá en riesgo la atención a 7 millones de españoles necesitados).

Todo esto ya nos “suena”, porque llevamos varios años sufriendo los recortes y subidas de impuestos. Pero en 2014, el Gobierno Rajoy nos sorprenderá con algunas “reformas”, que es como llama a los cambios que suponen pérdida de derechos. Por un lado, toca ahora reformar las pensiones no contributivas, las que no tienen relación con lo que se cotiza. En el Plan de Inclusión Social 2013-2016, aprobado en diciembre, el Gobierno dice que tiene intención de “reorganizarlas”, así que podemos temernos lo peor. Y por otro lado, la troika (FMI, BCE y Comisión Europea) y la OCDE han reclamado en diciembre al Gobierno que haga reformas, sobre todo en dos campos: nueva reforma laboral y en el seguro de desempleo.

El Gobierno ya les ha hecho caso, aprobado en diciembre medidas para favorecer la contratación a tiempo parcial, algo que pedía la patronal CEOE. Se trata de repartir el poco trabajo que hay, con dos personas por cada puesto a mitad de jornada: así parece que se crea el doble de empleo (y baja doblemente el paro). Son los mini-jobs que tienen 4,6 millones de alemanes, con mini-sueldos. Una medida que va a precarizar aún más el empleo en España, donde el 92% de los nuevos contratos son temporales, de poquísima duración (40% por  menos de 1 mes y 24% por menos de una semana) y un tercio de ellos son ya a tiempo parcial (en hostelería, tareas administrativas y servicios).

Pero hay más “reformas” en preparación. Por un lado, una vuelta de tuerca a la reforma laboral de 2012, con tres puntos concretos: aumentar el periodo de prueba contratos (a 1 año), regular el despido colectivo improcedente (ahora no es posible) e impedir legalmente (salvo casos excepcionales) que los jueces puedan frenar un ERE, como ahora. Además, podría abaratarse el despido improcedente (ahora 33 días), como propone la OCDE.

La otra reforma será la del seguro de desempleo, que supone 32.000 millones de gasto. La troika y la OCDE sugieren que el paro no dure 2 años y forzar más las condiciones para cobrar el desempleo, con lo que se avecinan nuevos recortes (tras los que hizo Rajoy en 2012). Y eso cuando sólo el 45% de los parados EPA cobran algún subsidio (2.625.700 parados en octubre), casi la mitad (44%) de ellos el subsidio asistencial (426 euros). Otra vuelta de tuerca para ahorrar a costa de los parados, la mitad de ellos con mínimas posibilidades de encontrar trabajo (por edad y baja formación), mientras cada año se gasta menos en conseguir emplearlos (el SEPE sólo coloca al 3%), en políticas activas de formación e incentivos a su contratación.

En definitiva, nos encontraremos en 2014 con una economía estancada, que apenas crea empleo y el que ofrece es temporal, por horas y mal pagado. Recogemos lo que el Gobierno Rajoy ha sembrado con su política de austeridad a ultranza. Con casi 6 millones de parados (más de la mitad sin cobrar nada), 13,7 millones de trabajadores con el sueldo congelado o bajando y temiendo por su empleo, más 9 millones de pensionistas congelados, el consumo no tira y las empresas no venden, por lo que, asfixiadas por sus deudas y la falta de crédito (escaso y caro), no crean empleo y muchas siguen despidiendo o  cerrando. Y los recortes del Estado, autonomías y Ayuntamientos los sufren los ciudadanos en sus bolsillos y miles de empresas. Al final, es imposible así, sin consumo privado y sin gasto público, crecer y crear empleo. Y vamos al ralentí, sobreviviendo, la mayoría mal.

Para salir del pozo, hay que cambiar de política, empezando por Europa, que apenas crece (+1,1% previsto en 2014, frente a +2,6% EEUU y +5,1% los países emergentes) y debería terminar con la austeridad para reanimar las economías, sobre todo del sur. Y en España, terminando con los recortes, renegociando las deudas de empresas y familias, subiendo algunos salarios a cambio de mejorar la productividad,  ingresando más de quien más tiene (ricos y empresas) y poniendo al sector público al frente de reanimar la economía, con una política decidida de formación e incentivos al empleo. Sólo así, consumiendo e invirtiendo más, podremos crecer más y crear suficiente empleo, el primer problema de los españoles. Si Europa y Rajoy no cambian, 2014 será otro año de crisis. Y los que nos quedan (hasta 2018, según el FMI).