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lunes, 23 de diciembre de 2024

Navidades 2024: más gasto y más desigual

Este año, la inflación no es la gran protagonista de la Navidad, como en 2023 y 2022, aunque algunos precios se han disparado. Y además de tener menos inflación (2,4%), hay medio millón de personas más trabajando que las Navidades pasadas. Por esto, se espera que gastemos algo más este año, sobre todo en comidas, regalos y viajes, aunque una parte sea a golpe de tarjeta o de créditos personales (con tipos que apenas bajan). Pero casi la mitad de los españoles (46,4%) tienen problemas para llegar a fin de mes (porque los sueldos siguen bajos y los alquileres y gastos altos), con lo que tendrán que gastar “con cuidado”. Y la Navidad es una mala época para los que están en situación de pobreza, 9.715.000 españoles, según los datos oficiales (ganan menos del 60% que la media), algo por lo que nos acaba de llamar la atención Bruselas. Celebremos estos días con familia y amigos, pero sin olvidarlos, porque necesitan apoyo (y son vecinos nuestros). ¡Feliz Navidad!

                           Enrique Ortega

El consumo de las familias se recuperó en el tercer trimestre, según el INE, creciendo un +1,1%, más que la economía (+0,8%) y el mayor aumento del año. Y todo parece indicar que el gasto de los hogares aumentará más en este 4º trimestre, dado que muchas personas han aprovechado el Black Friday (finales de noviembre y principios diciembre) para anticipar la compra de regalos (se han hecho más compras, aunque de menor importe, según los primeros balances) y porque todos los datos (reservas comidas y cenas, compras anticipadas, reservas de hoteles y viajes) anticipan que los españoles vamos a gastar algo más estas Navidades 2024, tras “cortarnos” en 2022 y 2023, por la alta inflación.

Este mayor consumo esperado para las Navidades 2024 se asienta en dos datos económicos claves, que impulsan el gasto. Uno, que hay más gente con trabajo este año, personas que ahora trabajan y las Navidades pasadas no: en noviembre había 21.302.463 cotizantes a la Seguridad Social, +496.392 ocupados más que en noviembre de 2023 (20.806.071 afiliados). Y el otro dato, básico para ellos y para el resto de consumidores, es que la inflación ha bajado este año, que los precios suben pero menos: la inflación anual estaba en el +2,4% en noviembre (2,3% en la zona euro), frente al +3,1% que subía en diciembre de 2023, el +5,7% en 2022 y el +6,5% de subida anual en las Navidades 2021, las más inflacionistas.

Y además, los que tienen una hipoteca media (150.000 euros) pagan ahora menos cuota, por las 4 bajadas de tipos que ha hecho el BCE : 127 euros menos al mes que hace un año. También los carburantes están algo más baratos que las Navidades pasadas: nos ahorramos 5,2 euros al llenar el depósito de un coche diesel y 2,6 euros en un coche de gasolina. La revisión de los alquileres será mucho más baja (+2,4% y un máximo del 3%), aunque los alquileres nuevos son mucho más caros (han subido un +11,1% en  el último año). Y también han subido la luz (74,60 euros el recibo medio en noviembre 2024, frente a 50,39 euros un año antes, según la OCU) y el gas natural, aunque ha bajado el gas de calefacción.

Con este panorama, de más empleo y precios en general más bajos, todos los expertos auguran un mayor gasto en las Navidades 2024. Y que España sea uno de los paises europeos con más consumo navideño, dado que crecemos más que la mayoría, Alemania está en recesión y Francia estancada, con Italia a medio gas. Así, la previsión de MasterCard es que el gasto “navideño” (noviembre y diciembre) aumente en España un +5,3%, frente al +2,9% que augura para toda Europa, con un mínimo aumento del gasto en Francia (+0,7%) y Alemania (+1,7%) y mayor en Italia (+3%) o Reino Unido (+3,6%). Para España, anticipan que el mayor gasto se dará en hostelería (+15,5%), hoteles y alojamientos (+13,2%), muebles y decoración (+55), alimentación (+4,5%), bricolaje (+4%) y ropa (+3,4%).

Resulta difícil saber cuánto se va a gastar cada familia estas Navidades, porque cada una tiene sus cuentas.  El Observatorio Cetelem estima, con una Encuesta, que el gasto medio será de 583 euros por persona, un 3% más que las Navidades pasadas (+15 euros), señalando que la mitad gastará lo mismo y que los productos con mayor intención de compra son los perfumes (el 47% piensa comprarlos), moda (44%), juguetes (43%), libros (el 36% los comprará), calzado y complementos (30%), viajes (16%) y ocio (15%). Otra Encuesta, de la OCU, eleva este gasto navideño a 683 euros por persona, aunque sorprende que sea una cifra un 8% menos del gasto las Navidades pasadas (-62 euros). Según este estudio, el mayor gasto se dará en regalos (359 euros por persona), comidas y fiestas (170 euros), viajes (86 euros) y Lotería (64 euros, aunque el gasto medio en España fue de 71,67 euros en 2023 ).

Un gasto que seguro aumentará estas Navidades son los viajes, porque este año ha sido récord en “escapadas”, de españoles y extranjeros, confirmando la nueva tendencia de que viajar es un gasto prioritario para los europeos tras la pandemia. Algunos buscadores señalan que “7 de cada 10 españoles harán algún viaje estas Navidades”, mientras los datos indican que las reservas hoteleras para diciembre crecen un +37% sobre las hechas en las Navidades de 2019, antes de la pandemia. Los principales destinos estas fiestas son las grandes ciudades (Madrid y Barcelona), zonas de nieve y montaña pero también destinos de costa (aprovechando temperaturas más altas) y Canarias. Y más viajes fuera. Un mayor gasto en viajes que contrasta con la fuerte subida de los hoteles (algunos han subido un 20% sobre la Navidad pasada), los bares, restaurantes y el ocio.

El mejor indicador de que habrá más consumo estas Navidades 2024 es que muchas empresas han aumentado sus plantillas (temporalmente). Según la empresa de trabajo temporal Randstad, se han hecho 491.175 nuevas contrataciones en España para cubrir la mayor demanda entre Black Friday, Navidades y rebajas de enero. Son 116.175 empleos más que la pasada temporada (347.000 empleos) . La mayoría son para logística y transporte (+211.400, un 25,8% más, sobre todo de mozos de almacén, transportistas y atención al cliente), hostelería (+179.000, +10,6%,  la mayoría camareros) y comercio (+100.775 empleos, +5,2%), concentrados en Andalucía (+86.3609), Cataluña (+77.780), Madrid (+74.715), Comunidad Valenciana (+50.000) y Canarias (+38.600 empleos estas Navidades).

Con todo, el gasto estas Navidades será muy diferente, según la situación económica de las familias. Porque hay muchas que tienen ahora más gente trabajando y pueden gastar algo más, pero muchas otras no pueden y algunas siguen en situación muy vulnerable, pensando más en sobrevivir que en celebrar estas fiestas. Así que no hay una Navidad, sino tres tipos de Navidades, como tres tipos de familias.

Casi la mitad de familias tienen un problema, que se les agrava en Navidad: les cuesta llegar a fin de mes. Les sucede al 46,4% de las familias, según el INE: un 8,9% llegan “con mucha dificultad”, otro 12,7% “con dificultad” y un 24,8% más “con cierta dificultad”. Estas familias tienen dos opciones en Navidad: restringir gastos o endeudarse, tirar de tarjeta o pedir un crédito. Y, a pesar de las bajadas de tipos, no lo tienen fácil. Los créditos personales apenas han bajado: del 7,69% en diciembre de 2023 a 7,41% en octubre, el último dato del Banco de España. Y si optan por pagar con tarjeta, a crédito, el tipo estaba en octubre en el 18,62%, más caro que el 18,22% de diciembre de 2023. Pero ASUFIN denuncia que los tipos reales de las tarjetas “revolving” (se pide un crédito y se devuelve pagando una cuota fija al mes)  están en el 23,34% (21,34% hace un año). Significa que si tienes una tarjeta “revolving con un crédito de 1.000 euros y pagas una cuota fija de 25 euros al mes, acabas pagando 569 euros en intereses… (+99 euros que hace un año).

El otro grupo de familias, las más vulnerables, lo tienen peor: no es que tengan que restringir gastos o endeudarse, es que su prioridad sigue siendo “sobrevivir”. Y son muchos. En 2023, nada menos que 9.715.577 españoles estaban “en situación de pobreza o exclusión social”, según las estadísticas europeas y del INE, que consideran “pobre” a quien gana menos del 60% de la media de cada país (en España, menos de 916 euros al mes los solteros o menos de 1.932 euros al mes las familias con dos hijos). Este baremo supone que 1 de cada 5 españoles (20,28% en 2023) está en situación de “pobreza , lo que nos coloca como el 6º país europeo con más pobreza (tras Estonia, Letonia, Rumanía, Bulgaria y Lituania). Un dato sobre el que alertó la semana pasada la Comisión Europea, en su informe sobre España.

Para Cáritas, que se vuelca cada Navidad en este grupo de “españoles pobres”, el problema es que esta pobreza se ha hecho “estructural”, sigue ahí aunque mejoren la economía y el empleo y bajen los precios. Es una pobreza ligada a la falta de empleo o a los muchos empleos precarios, que explican que 2,5 millones de personas con trabajo “sean pobres”. Una pobreza que se concentra entre las mujeres con niños (hay 2 millones de niños y adolescentes en situación de pobreza, el 28% de los menores, la tasa más elevada de toda Europa, según Unicef), en los parados mayores de 45 años, bastantes jóvenes y muchos inmigrantes (aunque el 75% de los “pobres” son españoles, según Cáritas).

Escribo todo esto no para amargar las Navidades sino para que seamos conscientes de que no todo son luces y “consumismo”, celebraciones y bolsas con regalos. Que no podemos olvidar que hay muchos españoles (“vecinos nuestros”) que lo están pasando mal, con problemas serios para llegar a fin de mes e incluso para sobrevivir cada día. Seamos solidarios y si podemos, ayudémosles, donando a ONGs o ayudando a quienes sabemos que lo necesita. Es la mejor manera de celebrar esta Navidad y todas: hagamos que sea una fiesta de solidaridad con los que tenemos alrededor, con ayudas, atención y cariño.
¡ Feliz Navidad ¡

jueves, 14 de septiembre de 2023

El dilema de la 10ª subida de tipos

Hoy 14 de septiembre, el Banco Central Europeo (BCE) decide si vuelve a subir los tipos de interés (un +0,25%, hasta el 4,50%) o pospone la subida a octubre. La mayoría de expertos apuestan porque el BCE hará una “pausa”, tras 9 subidas de tipos en los últimos 14 meses, aunque también hay miembros del BCE que apuestan por una última subida, para atajar la inflación (5,3%). Pero preocupa que otra subida sea la puntilla para la economía europea, que no crece nada, con Alemania y 9 paises más decreciendo. Dilema: ser “ortodoxos” y subir tipos aunque la receta apenas baje la inflación (que sube por la energía y los alimentos) o ser “flexibles” y no agravar el estancamiento económico en Europa, sobre todo en Alemania, la que “manda” en el BCE. Suban o no, el problema es que no habrá bajadas de tipos hasta 2024. Y eso daña a familias, empresas y Presupuestos. Urge cambiar la política monetaria y reanimar la economía europea.

14.30 h. Confirmado el temor: el BCE ha subido tipos +0,25%, al 4,50%, el tipo más alto desde 2001

                Enrique Ortega

El mundo económico y financiero tiene la vista puesta hoy en el Banco Central Europeo (BCE), que debe decidir si aprueba o no la 10ª subida de tipos en los últimos 14 meses. El BCE empezó a aplicar su “receta” de subir tipos contra la inflación el 21 de julio de 2022, con un retraso de cuatro meses sobre la Reserva Federal USA, que empezó a subir los tipos el 17 de marzo. Desde entonces, hace 14 meses, el BCE ha subido los tipos de interés oficiales del 0% en que estaban al 4,25%, tras la última subida del 27 de julio, el precio más caro del dinero en Europa desde el año 2008. Y en estos 14 meses, tras “el ricino monetario”,  la inflación en la zona euro ha bajado, pero poco: estaba en el 8,6% en junio de 2022, subió hasta un máximo del 11,1% en noviembre de 2022 y luego ha bajado hasta el 5,3% en agosto de 2023, todavía muy lejos del 2% que es el objetivo del BCE. Y la bajada se debe a la rebaja en los precios del petróleo, el gas y la electricidad, no a la subida de tipos. 

Ahora, el BCE debe decidir hoy si sigue con su racha de subidas y eleva los tipos otro +0,25% (hasta el 4,50%) o si se toma una tregua y deja la 10ª subida para la próxima reunión, el 22 de octubre próximo. Es lo que hizo la Reserva Federal USA en junio: no subió los tipos y esperó a hacerlo al 26 de julio, cuando sí aprobó la 11ª subida de tipos en 16 meses, un +0,25%, hasta el 5,50%, el tipo de interés más alto en EEUU desde el año 2001. Eso sí, la subida de tipos norteamericana ha sido más eficaz para reducir la inflación allí: ha caído de un máximo del 9,2% en junio de 2022 al 3,7% en agosto de 2023. Y eso porque allí la inflación estaba más motivada por el recalentamiento de la economía (inflación de demanda), que la subida de tipos ha “enfriado”, mientras en Europa se debe más a la energía, los alimentos y la guerra en Ucrania (inflación de oferta), costes sobre los que poco puede hacer que el BCE suba más o menos los tipos de interés. 

En el BCE hay dos posturas sobre qué hacer hoy con los tipos de interés. Los representantes de los paises llamados “halcones” (Alemania, Holanda, Austria, Estonia y Finlandia), defensores de la “ortodoxia monetaria”, creen que no hay que bajar la guardia y que debe seguir la subida de tipos “lo que haga falta”, hasta doblegar la inflación, aunque tenga un alto coste para familias (hipotecas), empresas (crédito e inversión) y paises (subida del coste de la deuda pública). Estos miembros del BCE se agarran a que la inflación en la zona euro es todavía demasiado alta (5,3% en agosto) y que no se redujo el mes pasado, por primera vez desde abril. Y que la inflación de fondo (subyacente), sin energía y alimentos no elaborados, sigue muy alta (6,2% en agosto), lo que indica que la inflación está “instalada” en las economías, sobre todo en el norte de Europa (la inflación es del 6,4% en Alemania o del 7,6% en Austria frente al 2,4% en España). Y que hay que seguir “dando leña al mono”… 

Pero algunos de esos mismos miembros “duros” del BCE (de Alemania) y los llamados “palomas” (Italia, Francia, Portugal o España) están más preocupados por el estancamiento de la economía europea que por la inflación. Y han frenado su afán de “subir tipos hasta doblegar la inflación” tras dos noticias recientes. Una, que la economía de la zona euro (20 paises UE) no creció nada en el 2º trimestre de 2023, según Eurostat, que rebajó del 0,3 al 0% su previsión anterior. Y lo peor: que Alemania no crece nada (+0%) y que hay 9  paises europeos que han decrecido, cuyo PIB cayó en el 2º trimestre de 2023: Italia (-0,4%), Paises Bajos (-0,3%), Suecia (-0,8%), Austria (-0,7%), Chipre (-0,4%), Estonia (-0,2%), Letonia (-0,3%), Hungría (-0,3%) y Polonia (-2,2%). La otra noticia, de este lunes, son las nuevas previsiones económicas  de la Comisión Europea para 2023: prevén que Europa crezca sólo un +0,8% este años (tres décimas menos de lo que esperaban en mayo y la cuarta parte del crecimiento de 2022: +3,4%). Y que Alemania, “la locomotora europea”, decrezca un -0,4% (tras la recesión a finales de 2022 y principios de 2023), con la mayoría de paises estancados, salvo España (crecerá un 2,2% este año) y Francia (+1%). 

Ante este panorama, algunos “halcones” (con Alemania a la cabeza, la que más “manda” en el BCE) y todas las “palomas” del Banco Central Europeo temen que si suben hoy los tipos agraven esta recesión y la economía europea, con el nuevo “ricino monetario” entre más en coma. Por eso, apuestan por retrasar el tratamiento, esperar a la próxima reunión del 22 de octubre, para ver cómo evolucionan la inflación y la economía. Pero sigue habiendo miembros del BCE (y “expertos”) que defienden el rigor (“rigor mortis”) y enviar el mensaje de que “están dispuestos a todo” para atajar la inflación. Aún a costa de la recesión. 

Hoy, hacia las 14,30 horas, sabremos la decisión que toma el BCE. Pero decidan la 10ª subida o una tregua, lo que está claro es que no valoran bajar los tipos para reanimar la débil economía europea. Ya lo han dicho claramente: los tipos seguirán altos en 2024 y sólo contemplan bajarlos dentro de un año, si la inflación amaina. Pero con mucha prudencia, porque ahora les preocupa que los salarios hagan repuntar la inflación. De hecho, en Alemania, los salarios han subido un +6,6% en el 2º trimestre. Y en España, los convenios firmados hasta agosto han aprobado una subida salarial del +3,38%. Es más que el año pasado, pero todavía no recuperan el poder adquisitivo perdido. Y sorprende que el BCE se preocupe ahora de que los salarios “realimenten la inflación” cuando no se han preocupado de los beneficios empresariales (márgenes), culpables (según el propio BCE) de dos tercios de la subida de la inflación en el último año… 

La inflación va a seguir alta en Europa, sobre todo este otoño e invierno, debido no a que la economía crezca demasiado y este “recalentada”, sino por culpa de la energía (el petróleo supera ya los 90 dólares, frente a los 72 en mayo, y el gas está subiendo, como la electricidad) y los alimentos (fruto de la sequía y el clima, en España y en medio mundo), además de los problemas en las cadenas de suministro y en el comercio mundial, además de las subidas de los márgenes empresariales (para recuperar las pérdidas del COVID). Por eso, la previsión del propio BCE es que la inflación en Europa no baje al 2% hasta mediados de 2025. Y por eso reiteran que seguirán con los tipos altos, sin bajarlos, hasta finales de 2024. 

Una política suicida e ineficaz, porque no baja la inflación (los precios suben por otras causas, no por un exceso de demanda, inexistente) y sin embargo daña la economía, a las familias, empresas y paises, agravando la recesión, en un momento en que la economía internacional se ha desinflado (según la OCDE) y China crece mucho menos. 

Las familias llevan ya 14 meses sufriendo las consecuencias de las subidas de tipos del BCE: el Euribor, por el que se revisa la mayoría de las hipotecas (4 millones), lleva subiendo desde que se puso en positivo (en abril de 2022) y eso ha provocado ya que algunas familias hayan tenido que revisar al alza dos veces ya su pago mensual de la hipoteca. En agosto, el Euribor mensual cerró en el 4,073% (bajando ligeramente del 4,149 de julio, por primer mes), pero como estaba en el 1,249% en agosto de 2022, los que revisen su hipoteca en septiembre tendrán que pagar unos 305 euros más al mes (+3.660 euros al año), después de que en la revisión de hace un año ya pagaron hasta 120 euros mensuales más. Un coste extra que, unido a la inflación y a los bajos salarios, va a recortar aún más el consuno de las familias este otoño e invierno, frenando el crecimiento y el empleo. Y que dificulta la concesión de hipotecas (ha caído de febrero a junio) y la venta de pisos (cae ya 5 meses, hasta junio, agravando la crisis en la construcción). Además, suben los tipos en las tarjetas y créditos al consumo (al 8,05% de interés en julio, frente al 6,82% hace un año, según el Banco de España). 

Las empresas también sufren los altos tipos del BCE, sobre todo las pymes, que tienen ahora más difícil endeudarse (los bancos miran “con lupa” los préstamos que dan) y más caro: los créditos hasta 250.000 euros han casi triplicado su coste (del 1,7% en 2022 al 4,84% en julio de 2023), los créditos de 250.000 euros a 1 millón han más que triplicado su tipo (del 1,35% al 4,75%) y los créditos a empresas superiores al millón de euros han cuadruplicado con creces su coste (del 0,83 al 4,87%), según los datos del Banco de España, que reconoce que la subida de tipos ha reducido el crédito a empresas y familias. 

Y queda el efecto negativo de los altos tipos de interés sobre los paises, sobre sus cuentas públicas, al encarecer los intereses que han de pagar ahora por su deuda pública. En el caso de España, con una deuda de 1.569.000 millones de euros en junio (el 113% del PIB), ahora tenemos que dedicar más recursos públicos a pagar intereses: el bono a 10 años, por el que se pagaba el 0,76% en febrero de 2022, salto a un tipo del 3,657% en diciembre de 2022 y ayer estaba al 3,738%. Sin estas subidas, ya estaba previsto destinar 31.275 millones del Presupuesto 2023 a pagar los intereses de la deuda, la 2ª partida de gasto tras las pensiones. 

En definitiva, que la receta de subida de tipos del BCE, aunque sirve de poco para bajar la inflación (lo que ha bajado es por la bajada de la energía y las medidas de los Gobiernos), es muy dañina para las familias, empresas y paises más endeudados, por lo que recorta la actividad y el crecimiento, agravando el riesgo de recesión en Europa y poniendo en peligro el empleo. Y más en la Europa del sur, donde familias, empresas y paises son más vulnerables a la subida de tipos, porque tienen menos ingresos (sueldos más bajos y menos recaudación fiscal), menos competitividad y más deuda pública y privada. Además, el BCE comete una tremenda desigualdad: sube los tipos igual a todos, aunque España (2,4%) o Grecia (3,4%) tengan la mitad de inflación que Alemania (6,4%) o Austria (7,6%). 

No lo van a hacer, pero dado el estancamiento económico en Europa (provocado en parte por sus 9 subidas de tipos), lo que debería hacer el BCE es empezar a bajar los tipos, progresivamente, para ayudar a reanimar las economías. Y en paralelo, la Comisión Europea debería poner en marcha Planes de reactivación, como ha aprobado Alemania (aprobando un Plan de ayudas de 32.000 millones en 4 años). Todo ello, sin olvidar la inflación, pero avanzando en medidas para frenar las subidas de la energía (con una reforma del mercado eléctrico, que sigue pendiente) y ayudas a agricultores y ganaderos, para contener la inflación de los alimentos provocada por la sequía y el clima. Nos espera un otoño difícil en Europa, pero lo será más si el BCE persiste en su “extremismo monetario” y no baja tipos (o incluso los sube, hoy o en octubre). Y si Bruselas no reanima la economía, mientras España tampoco hace nada, por un parón político que va para largo. Triste panorama.

lunes, 29 de mayo de 2023

La ayuda de un euro fuerte

El euro cumplió en enero 21 años en nuestros bolsillos. Y sigue cotizando por encima del dólar (costaba 1,071 dólares el viernes), tras superar el bache de 2022, cuando cotizó por debajo. Este euro más fuerte ayuda a Europa, porque quita presión a la inflación, al reducir el coste de la energía y los productos importados, ahora más baratos (-10,5%). Pero también es una mala noticia, porque dificulta las exportaciones (que mantienen el crecimiento en España) y retrae el turismo con dólares, al que viajar a España le sale más caro. Con todo, el euro se mantiene como la 2ª moneda más usada en el mundo, tras el dólar, que resiste los intentos de China para que medio mundo utilice su yuan. Mientras, el BCE prepara el euro digital, para 2026, con retraso frente al yuan digital, que avanza en China, mientras EEUU retrasa aún más su dólar digital. En papel o digital, la clave del euro es que la economía europea se fortalezca. Y eso es difícil.

Enrique Ortega

El euro nació en los mercados financieros el 1 de enero de 1999, aunque durante los tres primeros años fue una “moneda invisible”: sólo se utilizaba a efectos contables y en pagos electrónicos. Las monedas y billetes en euros se pusieron en circulación el 1 de enero de 2002, en 12 paises de la UE, entre ellos España. Nació en 1999 cotizando por encima del dólar (1,07 dólares por euro), pero enseguida perdió la paridad, desde 2.000 hasta 2002 (0,95 dólares). Y se recuperó en 2003 (cotizando a 1,13 dólares), hasta alcanzar su máximo anual en 2008 (1,47 dólares por euro). Con la crisis financiera y la debacle de la deuda europea, cayó hasta alcanzar un mínimo en 2015 (1,11 dólares). Así se mantuvo (entre 1,11 y 1,18 dólares) hasta 2022, cuando la invasión de Ucrania y la inflación disparada revalorizaron al dólar como “moneda refugio”. Y el euro volvió a perder la paridad, costando menos de 1 dólar entre el 22 de agosto y el 8 de noviembre de 2022. Pero las rápidas subidas de tipos del BCE y el temor a una crisis bancaria en EEUU han fortalecido la moneda europea, que el viernes cotizaba a 1,071 dólares, un +10,5% sobre los peores momentos de 2022 (0,96 dólares en septiembre).

Este fortalecimiento del euro frente al dólar supone una ayuda a las economías europeas, porque “quita presión a la inflación”, el mayor problema del continente. ¿Cómo? Pues reduciendo el coste de los productos importados que se pagan en dólares (ahora “más baratos”), reduciendo el efecto negativo de “la inflación importada”. La mayoría de la energía (petróleo, gas, carbón) se paga en dólares, al igual que los metales (hierro, acero) y muchas materias primas, además de los alimentos. Y todos estos productos importados que se pagan en dólares son ahora un 10,5% más baratos que en septiembre de 2022. Así que los europeos tenemos dos ayudas. Una, que ha bajado el coste de la energía y de muchas materias primas. Y la otra, que a esta rebaja se suma la rebaja de pagar en dólares “más baratos”. Un ejemplo, el petróleo. Ha bajado de 90 euros el barril (septiembre 2022) a 76 dólares (mayo), una rebaja del -15,6%. Pero ha bajado más en euros: de 93,8 a 69,1 euros, un -24,9%. Es la ayuda de tener un euro más fuerte.

Como la mayoría de paises europeos importa más que exporta (también España: 457.381 millones de euros frente a 389.208 millones en 2022), esta ayuda del euro fuerte ha sido clave para bajar la inflación, junto a las bajadas de la energía y las materias primas. Así, la inflación anual de la zona euro ha bajado del 10,6% en octubre (el peor dato) al 7% en abril, según Eurostat. Y en España más: del 7,3% en octubre al 3,8% en abril pasado. Y lo mismo en Alemania (del 11,6 al 7,6%), Francia (del 7,1 al 6,9%) e Italia (del 12,6 al 8,7%).

Pero ojo, tener un euro más fuerte que el dólar también supone problemas, básicamente dos. El primero, que resulta más difícil exportar a otros paises, sobre todo a los que pagan en dólares, porque los productos europeos les resultan ahora más caros (+10,5% que en septiembre pasado), al debilitarse el dólar frente al euro. Esto es clave para todos los paises, pero especialmente para España, donde llevamos varios años en que las exportaciones son claves para sostener el crecimiento. Así pasó en 2022: las exportaciones aportaron casi la mitad del crecimiento español (+2,6% del 5,5%). Y en el primer trimestre de 2023, la aportación exterior fue la clave (+1,3%), junto a la inversión,  de que la economía creciera algo (un +0,5%), ya que cayó el consumo (-1,4%), según el INE.

Así que los exportadores miran con recelo la fortaleza del euro, porque les costará más vender fuera, aunque nos beneficie a los consumidores. De momento, esta fortaleza del euro perjudica menos a las exportaciones españolas (y alemanas), que vendemos menos a paises que pagan en dólares (un 30% del total de nuestras exportaciones), que a las exportaciones de Francia e Italia, más vinculadas a compradores de fuera del euro. Los últimos datos lo corroboran: si las exportaciones española crecieron un +21,2% en  2021 y un +22,9% en 2022, batiendo récords históricos, en el primer trimestre de 2023 crecen un +14,6%, menos pero el doble que las de la zona euro (+7,7%) y más que las de Alemania (+7,8%), Francia (+9,5%) e Italia (+9,8%). Claro que también ayuda que la inflación en España sea la más baja de Europa y que tengamos unos salarios un 31,5% inferiores a la zona euro (23,5 euros la hora frente a 34,3 euros en la UE-20, según Eurostat): menores costes y precios que ayudan a contrarrestar que ahora nuestros productos sean más caros en dólares.

El otro problema de tener un euro más fuerte que el dólar es que perjudica la llegada de turistas, al menos los que viajan con dólares, porque se les encarecen los paises del euro. Y eso es especialmente preocupante para España, el 2º mayor destino de turistas del mundo, que espera superar este año los 83.7 millones de turistas extranjeros que llegaron en 2019. Un turismo que es clave para sostener la economía y el empleo, porque se espera que deje casi 100.000 millones de euros en divisas. El riesgo es que ahora, con un euro más fuerte que les obligará a gastar más dólares, o no vengan (y se vayan a Turquía, Marruecos, Túnez o Egipto, donde su moneda se ha revalorizado) o vengan menos días o gasten menos, sobre todo los turistas de Alemania y Reino Unido, dos paises en recesión.

Los expertos apuestan porque la moneda europea siga fuerte el resto de 2023, salvo que se complique la guerra en Ucrania o vuelva a dispararse la inflación. Y eso porque el BCE va a seguir subiendo los tipos en junio y quizás en julio, mientras quizás no lo haga la Reserva Federal USA (aunque allí están en el 5,25% frente al 3,75% en Europa), lo que puede atraer inversiones y fortalecer al euro, sobre todo porque los mercados temen que caigan más bancos regionales en EEUU. Y aunque Europa apenas crece (+01% la zona euro, en el primer trimestre) y Alemania está ya en recesión (dos trimestres, el 4º de 2022 y el 1º de 2023 con la economía cayendo), también hay nubarrones sobre el futuro de la economía USA: la Reserva Federal ha anunciado una posible recesión en EEUU, una caída del crecimiento en el 4º trimestre de 2023 y el 1º de 2024, como fruto de las subidas de tipos.

Mientras esperamos la evolución de la cotización del euro, la moneda europea avanza, dentro y fuera del continente. Dentro, ya es la moneda de 20 paises europeos, tras la incorporación al euro de Croacia (1 enero 2023), que se suma a las de Lituania (2015), Letonia (2014), Estonia (2011), Eslovaquia (2009), Malta y Chipre (2008) y Eslovenia (2007). Ahora, está previsto que se incorporen al euro Bulgaria (1 enero 2024) y Rumanía (2029). Los demás paises, o no están por la labor de perder su moneda (caso de Suecia o Dinamarca) o tienen complicado cumplir las exigencias económicas que se piden para ingresar en el euro (caso de Polonia, Hungría o Chequia).

A nivel mundial, el euro gana peso pero muy lentamente. Actualmente, es la 2ª moneda mundial: 60 paises de fuera de la UE utilizan el euro como moneda o han vinculado su moneda al euro, según la Comisión Europea. En 2022, el 20,5% de las reservas mundiales están en euros (frente al 18,5% en 1999 y el 20% en 2015), sólo por detrás del dólar USA, que acapara el 58,4% de las reservas mundiales (frente al 72% en 1999) y por delante del yen japonés (5,5%), la libra (4,9%) y el resto de monedas (10,7%, la mayoría el yuan chino). En las transacciones en divisas, el peso del dólar es mayor (el 88% del total) y también en las emisiones de deuda (60% frente al 21% en euros), aunque se reduce en los pagos comerciales (42% en dólares y 38% en euros). Y destaca también el mayor uso del dólar en los préstamos internacionales (55% del total frente al 18% en euros).

La Comisión Europea presentó en enero de 2021 una Estrategia para fomentar el uso del euro en el mundo, con un abanico de medidas a medio plazo: llegar a inversores de terceros paises, promover los bonos verdes de la UE (la mitad el total mundial), desarrollar índices de referencia y centros de negociación en euros, fomentar los derivados sobre materias primas en euros y mejorar los derechos de emisión de CO2 de la UE. Eso puede ayudar a mejorar el peso internacional del euro, pero todos los expertos creen que,  en las próximas décadas, el dólar seguirá siendo el rey (como lo es desde finales de la II Guerra Mundial), aunque ahora se haya depreciado frente al euro. Sigue siendo “la moneda refugio” del mundo y más en las crisis, como se vio tras la invasión de Ucrania. Y eso, a pesar de los intentos de China por comer terreno al dólar en el mundo con su yuan.

En el último año se han producido una serie de noticias que confirman esta estrategia de China por promover su moneda, el renminbi (“moneda del pueblo”), más conocida como yuan: el anuncio de Rusia de incorporar la moneda china a sus reservas (un tercio están ya en yuanes, según el FMI), el acuerdo entre Brasil y China para usar el yuan como moneda de intercambio comercial en vez del dólar (y el anuncio de que el yuan ha superado al euro como moneda de reserva de Brasil), la decisión de Argentina de cambiar el dólar por el yuan en su comercio con China, el anuncio de Arabia Saudí para aceptar yuanes en lugar de dólares en las ventas de petróleo, y, más sorprendente, la primera compra francesa de gas natural chino pagado en yuanes… Además, destaca el anuncio de los paises BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) para estudiar la posibilidad de crear juntos una nueva divisa mundial, mientras India ha decidido ya liquidar compras y ventas con algunos paises pagando en rupias (su moneda) en vez de en dólares

En definitiva, que una parte del mundo se mueve para superar el monopolio del dólar, con China a la cabeza. Pero el dólar es demasiado poderoso y aunque cede terreno, será la moneda dominante durante mucho tiempo. Máxime si China sigue siendo un país demasiado cerrado financieramente, con controles de capitales e intervenciones en la cotización del yuan (reiteradamente denunciadas por EEUU), que no acaban de gustar a los inversores. Una cosa es que Brasil o Argentina paguen en yuanes “de forma forzosa (a cambio de materias primas o créditos) y otra que inversores y paises “elijan el yuan frente al dólar o el euro. De hecho, la proporción de reservas internacionales en yuanes (un 10% del total) ha bajado desde la guerra en Ucrania, un -12% el último año, según el FMI.

En lo que sí lleva ventaja China es en crear una moneda digital, e-Yuan, siguiendo la estela innovadora de sus antepasados, de la dinastía Tang: el dinero papel se inventó en China en el siglo VII y la innovación llegó a Europa con Marco Polo, en el siglo XIII. El proyecto se puso en marcha en 2014, cuando el Gobierno chino creó un grupo de investigación. Y las primeras pruebas se hicieron en abril de 2020, que se aceleró en enero de 2022, con el lanzamiento de una versión piloto de monedero virtual de e-Yuanes en las tiendas de iOS y Android. Con ello, la moneda digital china se ha ido extendiendo entre algunas regiones y ciudadanos y, según el Banco Central chino, ya hay 13.600 millones de e-Yuanes en circulación. Y más de 260 millones de chinos tienen ya cuentas en e-Yuanes (e-CNY).

Una anécdota: un pequeño país se adelantó a China y fue el primer Banco Central que creó una moneda virtual en el mundo: Bahamas, que puso en circulación su moneda digital (el Sand Dólar, el Dólar de Arena, la CBDC) en octubre de 2020. El proyecto salió adelante "por necesidad", tras la tremenda experiencia de la COVID y un huracán, que trastocaron la actividad financiera de un país con 400.000 habitantes que viven…¡ en 700 islas¡ Después, en 2021, Nigeria ha sido la primera nación africana en lanzar su moneda digital, la e-Naira.

Mientras, la Unión Europea iniciaba en julio de 2021 un proyecto del BCE para emitir una moneda digital europea, la e-Euro. Una moneda, que como la e-Yuan, no tiene nada que ver con las criptomonedas: es una moneda oficial, respaldada por el BCE, para operar en paralelo al euro físico (en moneda o papel). El objetivo es que pueda ser utilizado como medio de pago en los paises euro, por empresas y particulares, y que permita realizar pagos con tarjeta o móvil. El proyecto de la e-Euro tiene 2 fases. En la primera, que terminará en 2023, se realizarán pruebas entre el BCE y los bancos centrales y las entidades financieras de la zona euro. Dentro de estas pruebas, el Banco de España lidera un proyecto piloto de una moneda virtual (CBCD) para realizar operaciones digitales interbancarias. En la 2ª fase, el BCE y los bancos de los paises euro avanzarán en pruebas prácticas con la nueva moneda digital europea, que se espera podamos utilizar en 2026.

Mientras la moneda digital ya es una realidad en China y Europa espera tenerla en tres años, en Estados Unidos apenas se avanza en la e-Dólar. El empuje lo dio el presidente Biden, aprobando a principios de 2022 una Orden ejecutiva para “evaluar con urgencia la creación de una moneda digital”. Los primeros pasos del proyecto piloto no se dieron hasta noviembre de 2022, con una prueba de tres meses, que ha chocado con la crisis de los bancos regionales USA. En el subconsciente de las autoridades norteamericanas pesa también la crisis de las bitcoin y la dificultad de crear una moneda virtual que sea la moneda del mundo.

A la espera de la e-Euro, el BCE va a cambiar los billetes de los euros en 2024, para intentar hacerlos más seguros. Y buscará que la moneda europea se utilice más en el resto del mundo. Pero la moneda no deja de ser “el espejo de una economía”, así que su fortaleza o debilidad tiene mucho que ver con el desarrollo económico, industrial y tecnológico, con la productividad y el potencial de un país o un continente en el mundo. Y ahí, Europa avanza pero tiene muchas tareas pendientes. Eso se reflejará en el euro.

jueves, 21 de julio de 2022

Subida de tipos: poco efecto y muchos riesgos

Hoy 21 de julio, el Banco Central Europeo (BCE) sube los tipos de interés, por primera vez en 11 años. Y volverá a subirlos en septiembre. Intenta así combatir la alta inflación en la zona euro (+8,6%). Pero la medida parece poco eficaz, porque esta inflación no se debe a que la economía esté “recalentada” por mucho consumo y haya que “enfriarla” encareciendo el dinero, sino a la subida de la energía y los alimentos, que no bajarán porque suban los tipos. Ahora, el dinero más caro va a encarecer créditos e hipotecas, agobiando aún más a familias y empresas. Y a los Gobiernos, porque les subirán los intereses de la deuda pública, recortando su margen para ayudas. Y si Putin corta el gas, las subidas de tipos serán la puntilla que lleve a Europa a otra recesión en otoño. La “medicina” del BCE contra la inflación puede ser inútil y peligrosa. Atajen la inflación por otras vías.

Enrique Ortega

El mundo lleva décadas de dinero barato, para atajar primero la crisis de 2008, reanimar luego las economías, afrontar la pandemia y después ayudar a la recuperación. En Europa, tras el doble error del BCE con Trichet (subió los tipos dos veces, en abril y julio de 2011, agravando la crisis de la deuda), llegó Draghi el 1 de noviembre de 2011 y dos días después utilizó el BCE para bajar los tipos de interés 6 veces, del 1,50% al 0% en marzo de 2016, un nivel en el que se han mantenido hasta ahora. Y en paralelo, puso en marcha un programa de compra de deuda, para ayudar a los paises más endeudados del sur (Grecia, Italia, España y Portugal), dos medidas que ayudaron a superar la grave crisis financiera europea de 2010. A partir de 2018 y 2019, la economía europea empezaba a recuperarse, pero sin mucha fuerza, por lo que el BCE mantuvo los tipos a cero y las compras de deuda. Y en 2020 y 2021, con la pandemia, siguió “dopando” con dinero barato la economía, otra vez en crisis.

Pero en 2022, Putin invade Ucrania (24-F) y se acelera la inflación, que ya repuntaba desde el verano de 2021, por la mayor demanda tras la pandemia, el cierre parcial de China (“la fábrica del mundo”), los “atascos” en el comercio mundial y la brusca subida de la energía. En marzo, los precios se dispararon  y EEUU toma la iniciativa: subir los tipos de interés (en el 0% desde 2020, por la pandemia), un +0,25%. Y vuelve a hacerlo en mayo y junio de 2022, colocando los tipos en el 1,50-1,75%  (la Reserva Federal volverá  a subirlos otro +0,75% el próximo 27 de julio). Mientras, el BCE no se decide a seguirles, porque la economía europea está más débil que la de EEUU y la presidenta Lagarde teme frenarla más si sube tipos.

Pero la inflación europea sigue disparada (+8,6% en junio, una subida nunca vista) y los “ortodoxos” del BCE presionan para subir tipos, como en USA. Así que, el mes pasado, Lagarde (BCE) se compromete a subirlos dos veces, hoy (+0.25%, aunque podría ser un +0.5%) y en septiembre (otro +0,50% o más, según se comporten los precios este verano. Y no se descarta otra tercera subida en diciembre, para colocar los tipos oficiales en el 1,5% a finales de 2022 (con una inflación prevista entonces del 7,1%). Y en el 2% en 2023 (donde se espera una inflación del 3,5%, aún lejos del 2% de objetivo de inflación), todavía muy por debajo de los tipos en EEUU, que se pueden colocar en el 3,75% en 2023. Además, desde el 1 de julio, el BCE ha dejado de comprar deuda pública de los paises (sobre todo de Italia, España y Grecia), para retirar estímulos a la economía y atajar así la inflación.

La subida de tipos oficiales en Europa es una medida de primera magnitud, que va a afectar drásticamente a familias, empresas y paises. De hecho, la expectativa de que el BCE subiera los tipos, como USA, lleva subiendo el precio del dinero en los mercados desde principios de año. Así, el Euribor (el interés al que se prestan los bancos entre ellos) está subiendo, tras estar en tipos negativos desde febrero de 2016 (ver gráfico): llegó a su mínimo histórico en diciembre de 2021 (Euribor al -0,501%) y a partir de ahí empezó a subir en enero, febrero y marzo de 2022 (todavía en negativo, en el -0,237%), para ponerse en positivo en abril (Euribor medio al +0,013%), seguir subiendo en mayo y junio (Euribor al +0,852%, el interés más alto de los últimos 10 años) y alcanzar ayer, un interés del +1,164%, un Euribor desconocido desde 2011 (+2,044%).

Así que, aunque los tipos oficiales del BCE suban hoy,  las familias con una hipoteca ya han visto subir su cuota en los últimos meses, si les ha tocado la revisión anual con el Euribor. Y son muchas las familias afectadas: se estima que hay 5,5 millones de hipotecas “vivas”, de las que 4,1 millones (el 75%) son a tipo variable, y el 90% de ellas referenciadas al Euribor (se paga un interés del Euribor+ un porcentaje, del 1 al 3%). Así que 3,6 millones de familias tienen una hipoteca variable que les ha subido ya o les va a subir en los próximos meses, cuando se prevé que el Euribor llegue al 1,5% (y al 2% en 2023). La estimación de subida, para una hipoteca media de 150.000 euros a 25 años, es de 1.396 euros al año, unos 116 euros más de cuota cada mes.

Además, la subida del Euribor y la subida oficial del BCE ya han encarecido los créditos al consumo (para comprar desde un electrodoméstico, un coche o un viaje) que subirán aún más en los próximos meses, dificultando las cuentas de las familias, que tendrán más difícil el que se les conceda (por el temor de la banca a los impagos). La subida de tipos es preocupante para las familias, porque ahora están más endeudadas que antes de la pandemia: tienen deudas por 704.000 millones de euros, según el Banco de España.

La subida de tipos también perjudica mucho a las empresas, que tienen una deuda financiera de 962.000 millones de euros, también más que en 2019, según el Banco de España. Ahora, les subirán los intereses y tendrán más dificultad para financiarse, sobre todo las pymes de los sectores con alta inflación y que más se han visto afectadas por la pandemia. De hecho, el Banco de España ha alertado que están en riesgo de impago el 24% de los créditos concedidos a empresas de sectores vulnerables (hostelería, restaurantes, refino, ocio y transporte), unos 21.500 millones de créditos dudosos o en vigilancia especial.

La subida de tipos del BCE afecta mucho a los distintos paises europeos, sobre todo a los más endeudados: Grecia (su deuda pública alcanza el 193,3% del PIB), Italia (150,8%), Portugal (127,4%), España (118,4%), Francia (112,9%), Bélgica (108,2%) y Chipre (103,6%), según la Comisión Europea. Y les afecta de dos maneras: pagarán ahora más intereses por su elevada deuda pública y además, tienen el riesgo de que “los mercados” (inversores y bancos) se pongan nerviosos y vendan la deuda de estos paises, dificultado su financiación (y encareciéndola) y provocando otra crisis financiera en la Europa del sur, como en 2010-2012.

España es uno de los paises más afectado negativamente por la subida de tipos. Por un lado, tendremos que pagar más por colocar la deuda pública, que en mayo (tras el aumento de las ayudas pública por la pandemia y la inflación) ascendía ya a 1.456.000 millones de euros. De hecho, si en enero de 2022 España colocaba sus bonos a 10 años al 0,60%, en junio ya nos pedían el 2,779% para financiarnos y ahora el tipo es el 2,53%. Eso supone que habrá que dedicar más dinero del Presupuesto a pagar intereses: +12.000 millones extras entre 2022 y 2025, según la estimación de la AIReF, que prevé que tengamos que pagar hasta el 3% para colocar la deuda pública española.

El otro riesgo es que España, y los paises de la Europa del sur (en especial Italia y Grecia) tengan problemas para financiarse, que los inversores no quieran nuestra deuda, ahora que el BCE ha dejado de comprarla. Eso se detecta ya en la subida de la “prima de riesgo”, el porcentaje extra que tenemos que pagar respecto a Alemania para que nos financien: ahora está en el 238% para Italia (ha de pagar un 2,26% más que Alemania para financiar su deuda), en el 219% para Grecia, el 124% para España y el 114% para Portugal. El BCE ha dicho que aprobará un sistema para evitar estas diferencias, para que el sur no pague más por endeudarse y eso rompa el euro, pero no será fácil… Y más con el problema añadido de la inestabilidad política en Italia.

En definitiva, que la subida de tipos (la que ya tenemos en los mercados y la oficial aprobada hoy por el BCE) va a encarecer aún más los costes de las familias y empresas y de los paises, obligándoles a gastar más en pagar intereses, a costa de recortar ayudas y otros gastos. Así que si teníamos un grave problema con la inflación disparada (más costes para todos), ahora las familias, empresas y Gobiernos tienen otro problema: el dinero más caro. O sea, más costes aún, menor margen de maniobra para gastar e invertir. Un mayor riesgo de que se frene más el crecimiento y el empleo, de que vayamos a otra recesión, sobre todo en Europa, donde la economía creció sólo un 0,7% en el primer trimestre (UE-27), pero mucho menos en Alemania (+0,2%), Italia (+0,1%) y España (+0,3%), cayendo en Italia (-0,2%), según Eurostat. Y con la amenaza del corte total del gas ruso, que si se confirma, llevaría a Alemania, Italia y a toda Europa a otra recesión en el último trimestre de 2022.

Como se ve, el coste y los riesgos de subir los tipos de interés, tras 11 años en el 0%, son muy elevados. Entonces, ¿por qué se encarece el dinero? La teoría monetaria “ortodoxa” indica que es la mejor arma contra la inflación que atenaza al mundo: con el dinero más caro, se gasta y se invierte menos, baja la demanda y con ella los precios. Pero en la actual coyuntura, esto no es así, porque la teoría funciona cuando tenemos una “inflación de demanda”, cuando una economía está “recalentada”, hay demasiado gasto y hay que frenarlo para bajar los precios. Pero ahora no pasa esto, sino que tenemos “una inflación de oferta”: han aumentado los costes, sobre todo la energía y los alimentos, y no van a bajar ni la luz ni los carburantes ni los cereales porque el dinero sea más caro. Al contrario, van a aumentar otros costes (créditos, hipotecas e intereses de la deuda pública y privada) y eso alimentará aún más la inflación, reduciendo el margen de familias, empresas y Gobiernos.

Pero las autoridades monetarias de EEUU y Europa no quieren ver este análisis, se agarran a la vieja ortodoxia de que la mejor arma contra la inflación es subir los tipos. Pero ahora no es así: es una medida poco eficaz y con múltiples costes. Lo que puede provocar es deteriorar más la salud del enfermo, al quitarle la respiración asistida del dinero barato. El gran objetivo no es sólo bajar la inflación sino evitar que el mundo entre en otra recesión, tras la larguísima crisis de 2008 y la pandemia. Y con las subidas de tipos hechas y anunciadas, el enfermo entrará en coma. Y encima no bajará la inflación.

Es hora de que Europa (y EEUU y el G-7) se planteen otras alternativas frente a la inflación, que no sea “el ricino” de los tipos. Hay que negociar a nivel mundial una recomposición de las economías, aumentando la oferta de energía (petróleo y gas), con acuerdo con la OPEP y los principales productores (dejando a Rusia al margen). Hay que reestructurar los mercados de alimentos y materias primas, con acuerdos internacionales y la creación de stocks de seguridad, que eviten los altibajos de precios y las hambrunas. Y hay que recomponer las cadenas de suministros, desde Asia a Europa y EEUU, racionalizando el tráfico marítimo de mercancías y la globalización. Y hay que replantear una política racional de producción internacional de bienes y servicios, para evitar los cuellos de botella derivados de la falta de inversiones y la escasez de plantillas (mal pagadas) en medio mundo. En definitiva, hay que “redefinir el capitalismo”, tras la crisis, la pandemia y la guerra.

Pero claro, todo esto es muy difícil y exige tiempo y valentía política, algo que no parecen tener los líderes actuales, que prefieren dejar la solución a la inflación en manos del BCE y la Reserva Federal, anclados en sus viejas recetas monetarias, hoy inútiles y peligrosas. Así que ahora, por si no teníamos bastante con la inflación disparada, nos subirá la hipoteca, los créditos y el coste de la deuda pública. Un nuevo problema para arreglar otro. Y “más boletos” para que este otoño entremos en crisis, tras el espejismo del turismo récord este verano. Lo siento, pero con la subida del BCE hoy, hay menos motivos para la esperanza.