El consumo de las familias se recuperó en el tercer trimestre, según el INE, creciendo un +1,1%, más que la economía (+0,8%) y el mayor aumento del año. Y todo parece indicar que el gasto de los hogares aumentará más en este 4º trimestre, dado que muchas personas han aprovechado el Black Friday (finales de noviembre y principios diciembre) para anticipar la compra de regalos (se han hecho más compras, aunque de menor importe, según los primeros balances) y porque todos los datos (reservas comidas y cenas, compras anticipadas, reservas de hoteles y viajes) anticipan que los españoles vamos a gastar algo más estas Navidades 2024, tras “cortarnos” en 2022 y 2023, por la alta inflación.
lunes, 23 de diciembre de 2024
Navidades 2024: más gasto y más desigual
El consumo de las familias se recuperó en el tercer trimestre, según el INE, creciendo un +1,1%, más que la economía (+0,8%) y el mayor aumento del año. Y todo parece indicar que el gasto de los hogares aumentará más en este 4º trimestre, dado que muchas personas han aprovechado el Black Friday (finales de noviembre y principios diciembre) para anticipar la compra de regalos (se han hecho más compras, aunque de menor importe, según los primeros balances) y porque todos los datos (reservas comidas y cenas, compras anticipadas, reservas de hoteles y viajes) anticipan que los españoles vamos a gastar algo más estas Navidades 2024, tras “cortarnos” en 2022 y 2023, por la alta inflación.
jueves, 14 de septiembre de 2023
El dilema de la 10ª subida de tipos
Enrique OrtegaEl mundo económico y financiero tiene la vista puesta hoy en el Banco Central Europeo (BCE), que debe decidir si aprueba o no la 10ª subida de tipos en los últimos 14 meses. El BCE empezó a aplicar su “receta” de subir tipos contra la inflación el 21 de julio de 2022, con un retraso de cuatro meses sobre la Reserva Federal USA, que empezó a subir los tipos el 17 de marzo. Desde entonces, hace 14 meses, el BCE ha subido los tipos de interés oficiales del 0% en que estaban al 4,25%, tras la última subida del 27 de julio, el precio más caro del dinero en Europa desde el año 2008. Y en estos 14 meses, tras “el ricino monetario”, la inflación en la zona euro ha bajado, pero poco: estaba en el 8,6% en junio de 2022, subió hasta un máximo del 11,1% en noviembre de 2022 y luego ha bajado hasta el 5,3% en agosto de 2023, todavía muy lejos del 2% que es el objetivo del BCE. Y la bajada se debe a la rebaja en los precios del petróleo, el gas y la electricidad, no a la subida de tipos.
lunes, 29 de mayo de 2023
La ayuda de un euro fuerte
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| Enrique Ortega |
El euro nació en los mercados financieros el 1 de enero de 1999, aunque durante los tres primeros años fue una “moneda invisible”: sólo se utilizaba a efectos contables y en pagos electrónicos. Las monedas y billetes en euros se pusieron en circulación el 1 de enero de 2002, en 12 paises de la UE, entre ellos España. Nació en 1999 cotizando por encima del dólar (1,07 dólares por euro), pero enseguida perdió la paridad, desde 2.000 hasta 2002 (0,95 dólares). Y se recuperó en 2003 (cotizando a 1,13 dólares), hasta alcanzar su máximo anual en 2008 (1,47 dólares por euro). Con la crisis financiera y la debacle de la deuda europea, cayó hasta alcanzar un mínimo en 2015 (1,11 dólares). Así se mantuvo (entre 1,11 y 1,18 dólares) hasta 2022, cuando la invasión de Ucrania y la inflación disparada revalorizaron al dólar como “moneda refugio”. Y el euro volvió a perder la paridad, costando menos de 1 dólar entre el 22 de agosto y el 8 de noviembre de 2022. Pero las rápidas subidas de tipos del BCE y el temor a una crisis bancaria en EEUU han fortalecido la moneda europea, que el viernes cotizaba a 1,071 dólares, un +10,5% sobre los peores momentos de 2022 (0,96 dólares en septiembre).
Este fortalecimiento del euro frente al dólar supone una ayuda a las economías europeas, porque “quita presión a la inflación”, el mayor problema del continente. ¿Cómo? Pues reduciendo el coste de los productos importados que se pagan en dólares (ahora “más baratos”), reduciendo el efecto negativo de “la inflación importada”. La mayoría de la energía (petróleo, gas, carbón) se paga en dólares, al igual que los metales (hierro, acero) y muchas materias primas, además de los alimentos. Y todos estos productos importados que se pagan en dólares son ahora un 10,5% más baratos que en septiembre de 2022. Así que los europeos tenemos dos ayudas. Una, que ha bajado el coste de la energía y de muchas materias primas. Y la otra, que a esta rebaja se suma la rebaja de pagar en dólares “más baratos”. Un ejemplo, el petróleo. Ha bajado de 90 euros el barril (septiembre 2022) a 76 dólares (mayo), una rebaja del -15,6%. Pero ha bajado más en euros: de 93,8 a 69,1 euros, un -24,9%. Es la ayuda de tener un euro más fuerte.
Como la mayoría de paises europeos importa más que exporta (también España: 457.381 millones de euros frente a 389.208 millones en 2022), esta ayuda del euro fuerte ha sido clave para bajar la inflación, junto a las bajadas de la energía y las materias primas. Así, la inflación anual de la zona euro ha bajado del 10,6% en octubre (el peor dato) al 7% en abril, según Eurostat. Y en España más: del 7,3% en octubre al 3,8% en abril pasado. Y lo mismo en Alemania (del 11,6 al 7,6%), Francia (del 7,1 al 6,9%) e Italia (del 12,6 al 8,7%).
Pero ojo, tener un euro más fuerte que el dólar también supone problemas, básicamente dos. El primero, que resulta más difícil exportar a otros paises, sobre todo a los que pagan en dólares, porque los productos europeos les resultan ahora más caros (+10,5% que en septiembre pasado), al debilitarse el dólar frente al euro. Esto es clave para todos los paises, pero especialmente para España, donde llevamos varios años en que las exportaciones son claves para sostener el crecimiento. Así pasó en 2022: las exportaciones aportaron casi la mitad del crecimiento español (+2,6% del 5,5%). Y en el primer trimestre de 2023, la aportación exterior fue la clave (+1,3%), junto a la inversión, de que la economía creciera algo (un +0,5%), ya que cayó el consumo (-1,4%), según el INE.
Así que los exportadores miran con recelo la fortaleza del euro, porque les costará más vender fuera, aunque nos beneficie a los consumidores. De momento, esta fortaleza del euro perjudica menos a las exportaciones españolas (y alemanas), que vendemos menos a paises que pagan en dólares (un 30% del total de nuestras exportaciones), que a las exportaciones de Francia e Italia, más vinculadas a compradores de fuera del euro. Los últimos datos lo corroboran: si las exportaciones española crecieron un +21,2% en 2021 y un +22,9% en 2022, batiendo récords históricos, en el primer trimestre de 2023 crecen un +14,6%, menos pero el doble que las de la zona euro (+7,7%) y más que las de Alemania (+7,8%), Francia (+9,5%) e Italia (+9,8%). Claro que también ayuda que la inflación en España sea la más baja de Europa y que tengamos unos salarios un 31,5% inferiores a la zona euro (23,5 euros la hora frente a 34,3 euros en la UE-20, según Eurostat): menores costes y precios que ayudan a contrarrestar que ahora nuestros productos sean más caros en dólares.
El otro problema de tener un euro más fuerte que el dólar es que perjudica la llegada de turistas, al menos los que viajan con dólares, porque se les encarecen los paises del euro. Y eso es especialmente preocupante para España, el 2º mayor destino de turistas del mundo, que espera superar este año los 83.7 millones de turistas extranjeros que llegaron en 2019. Un turismo que es clave para sostener la economía y el empleo, porque se espera que deje casi 100.000 millones de euros en divisas. El riesgo es que ahora, con un euro más fuerte que les obligará a gastar más dólares, o no vengan (y se vayan a Turquía, Marruecos, Túnez o Egipto, donde su moneda se ha revalorizado) o vengan menos días o gasten menos, sobre todo los turistas de Alemania y Reino Unido, dos paises en recesión.
Los expertos apuestan porque la moneda europea siga fuerte el resto de 2023, salvo que se complique la guerra en Ucrania o vuelva a dispararse la inflación. Y eso porque el BCE va a seguir subiendo los tipos en junio y quizás en julio, mientras quizás no lo haga la Reserva Federal USA (aunque allí están en el 5,25% frente al 3,75% en Europa), lo que puede atraer inversiones y fortalecer al euro, sobre todo porque los mercados temen que caigan más bancos regionales en EEUU. Y aunque Europa apenas crece (+01% la zona euro, en el primer trimestre) y Alemania está ya en recesión (dos trimestres, el 4º de 2022 y el 1º de 2023 con la economía cayendo), también hay nubarrones sobre el futuro de la economía USA: la Reserva Federal ha anunciado una posible recesión en EEUU, una caída del crecimiento en el 4º trimestre de 2023 y el 1º de 2024, como fruto de las subidas de tipos.
Mientras esperamos la evolución de la cotización del euro, la moneda europea avanza, dentro y fuera del continente. Dentro, ya es la moneda de 20 paises europeos, tras la incorporación al euro de Croacia (1 enero 2023), que se suma a las de Lituania (2015), Letonia (2014), Estonia (2011), Eslovaquia (2009), Malta y Chipre (2008) y Eslovenia (2007). Ahora, está previsto que se incorporen al euro Bulgaria (1 enero 2024) y Rumanía (2029). Los demás paises, o no están por la labor de perder su moneda (caso de Suecia o Dinamarca) o tienen complicado cumplir las exigencias económicas que se piden para ingresar en el euro (caso de Polonia, Hungría o Chequia).
A nivel mundial, el euro gana peso pero muy lentamente. Actualmente, es la 2ª moneda mundial: 60 paises de fuera de la UE utilizan el euro como moneda o han vinculado su moneda al euro, según la Comisión Europea. En 2022, el 20,5% de las reservas mundiales están en euros (frente al 18,5% en 1999 y el 20% en 2015), sólo por detrás del dólar USA, que acapara el 58,4% de las reservas mundiales (frente al 72% en 1999) y por delante del yen japonés (5,5%), la libra (4,9%) y el resto de monedas (10,7%, la mayoría el yuan chino). En las transacciones en divisas, el peso del dólar es mayor (el 88% del total) y también en las emisiones de deuda (60% frente al 21% en euros), aunque se reduce en los pagos comerciales (42% en dólares y 38% en euros). Y destaca también el mayor uso del dólar en los préstamos internacionales (55% del total frente al 18% en euros).
La Comisión Europea presentó en enero de 2021 una Estrategia para fomentar el uso del euro en el mundo, con un abanico de medidas a medio plazo: llegar a inversores de terceros paises, promover los bonos verdes de la UE (la mitad el total mundial), desarrollar índices de referencia y centros de negociación en euros, fomentar los derivados sobre materias primas en euros y mejorar los derechos de emisión de CO2 de la UE. Eso puede ayudar a mejorar el peso internacional del euro, pero todos los expertos creen que, en las próximas décadas, el dólar seguirá siendo el rey (como lo es desde finales de la II Guerra Mundial), aunque ahora se haya depreciado frente al euro. Sigue siendo “la moneda refugio” del mundo y más en las crisis, como se vio tras la invasión de Ucrania. Y eso, a pesar de los intentos de China por comer terreno al dólar en el mundo con su yuan.
En el último año se han producido una serie de noticias que confirman esta estrategia de China por promover su moneda, el renminbi (“moneda del pueblo”), más conocida como yuan: el anuncio de Rusia de incorporar la moneda china a sus reservas (un tercio están ya en yuanes, según el FMI), el acuerdo entre Brasil y China para usar el yuan como moneda de intercambio comercial en vez del dólar (y el anuncio de que el yuan ha superado al euro como moneda de reserva de Brasil), la decisión de Argentina de cambiar el dólar por el yuan en su comercio con China, el anuncio de Arabia Saudí para aceptar yuanes en lugar de dólares en las ventas de petróleo, y, más sorprendente, la primera compra francesa de gas natural chino pagado en yuanes… Además, destaca el anuncio de los paises BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) para estudiar la posibilidad de crear juntos una nueva divisa mundial, mientras India ha decidido ya liquidar compras y ventas con algunos paises pagando en rupias (su moneda) en vez de en dólares…
En definitiva, que una parte del mundo se mueve para superar el monopolio del dólar, con China a la cabeza. Pero el dólar es demasiado poderoso y aunque cede terreno, será la moneda dominante durante mucho tiempo. Máxime si China sigue siendo un país demasiado cerrado financieramente, con controles de capitales e intervenciones en la cotización del yuan (reiteradamente denunciadas por EEUU), que no acaban de gustar a los inversores. Una cosa es que Brasil o Argentina paguen en yuanes “de forma forzosa (a cambio de materias primas o créditos) y otra que inversores y paises “elijan el yuan frente al dólar o el euro”. De hecho, la proporción de reservas internacionales en yuanes (un 10% del total) ha bajado desde la guerra en Ucrania, un -12% el último año, según el FMI.
En lo que sí lleva ventaja China es en crear una moneda digital, e-Yuan, siguiendo la estela innovadora de sus antepasados, de la dinastía Tang: el dinero papel se inventó en China en el siglo VII y la innovación llegó a Europa con Marco Polo, en el siglo XIII. El proyecto se puso en marcha en 2014, cuando el Gobierno chino creó un grupo de investigación. Y las primeras pruebas se hicieron en abril de 2020, que se aceleró en enero de 2022, con el lanzamiento de una versión piloto de monedero virtual de e-Yuanes en las tiendas de iOS y Android. Con ello, la moneda digital china se ha ido extendiendo entre algunas regiones y ciudadanos y, según el Banco Central chino, ya hay 13.600 millones de e-Yuanes en circulación. Y más de 260 millones de chinos tienen ya cuentas en e-Yuanes (e-CNY).
Una anécdota: un pequeño país se adelantó a China y fue el primer Banco Central que creó una moneda virtual en el mundo: Bahamas, que puso en circulación su moneda digital (el Sand Dólar, el Dólar de Arena, la CBDC) en octubre de 2020. El proyecto salió adelante "por necesidad", tras la tremenda experiencia de la COVID y un huracán, que trastocaron la actividad financiera de un país con 400.000 habitantes que viven…¡ en 700 islas¡ Después, en 2021, Nigeria ha sido la primera nación africana en lanzar su moneda digital, la e-Naira.
Mientras, la Unión Europea iniciaba en julio de 2021 un proyecto del BCE para emitir una moneda digital europea, la e-Euro. Una moneda, que como la e-Yuan, no tiene nada que ver con las criptomonedas: es una moneda oficial, respaldada por el BCE, para operar en paralelo al euro físico (en moneda o papel). El objetivo es que pueda ser utilizado como medio de pago en los paises euro, por empresas y particulares, y que permita realizar pagos con tarjeta o móvil. El proyecto de la e-Euro tiene 2 fases. En la primera, que terminará en 2023, se realizarán pruebas entre el BCE y los bancos centrales y las entidades financieras de la zona euro. Dentro de estas pruebas, el Banco de España lidera un proyecto piloto de una moneda virtual (CBCD) para realizar operaciones digitales interbancarias. En la 2ª fase, el BCE y los bancos de los paises euro avanzarán en pruebas prácticas con la nueva moneda digital europea, que se espera podamos utilizar en 2026.
Mientras la moneda digital ya es una realidad en China y Europa espera tenerla en tres años, en Estados Unidos apenas se avanza en la e-Dólar. El empuje lo dio el presidente Biden, aprobando a principios de 2022 una Orden ejecutiva para “evaluar con urgencia la creación de una moneda digital”. Los primeros pasos del proyecto piloto no se dieron hasta noviembre de 2022, con una prueba de tres meses, que ha chocado con la crisis de los bancos regionales USA. En el subconsciente de las autoridades norteamericanas pesa también la crisis de las bitcoin y la dificultad de crear una moneda virtual que sea la moneda del mundo.
A la espera de la e-Euro, el BCE va a cambiar los billetes de los euros en 2024, para intentar hacerlos más seguros. Y buscará que la moneda europea se utilice más en el resto del mundo. Pero la moneda no deja de ser “el espejo de una economía”, así que su fortaleza o debilidad tiene mucho que ver con el desarrollo económico, industrial y tecnológico, con la productividad y el potencial de un país o un continente en el mundo. Y ahí, Europa avanza pero tiene muchas tareas pendientes. Eso se reflejará en el euro.
jueves, 21 de julio de 2022
Subida de tipos: poco efecto y muchos riesgos
Hoy 21 de julio, el Banco Central Europeo (BCE) sube los tipos de interés, por primera vez en 11 años. Y volverá a subirlos en septiembre. Intenta así combatir la alta inflación en la zona euro (+8,6%). Pero la medida parece poco eficaz, porque esta inflación no se debe a que la economía esté “recalentada” por mucho consumo y haya que “enfriarla” encareciendo el dinero, sino a la subida de la energía y los alimentos, que no bajarán porque suban los tipos. Ahora, el dinero más caro va a encarecer créditos e hipotecas, agobiando aún más a familias y empresas. Y a los Gobiernos, porque les subirán los intereses de la deuda pública, recortando su margen para ayudas. Y si Putin corta el gas, las subidas de tipos serán la puntilla que lleve a Europa a otra recesión en otoño. La “medicina” del BCE contra la inflación puede ser inútil y peligrosa. Atajen la inflación por otras vías.
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Enrique Ortega |
Pero en 2022, Putin invade Ucrania (24-F) y se acelera la inflación, que ya repuntaba desde el verano de 2021, por la mayor demanda tras la pandemia, el cierre parcial de China (“la fábrica del mundo”), los “atascos” en el comercio mundial y la brusca subida de la energía. En marzo, los precios se dispararon y EEUU toma la iniciativa: subir los tipos de interés (en el 0% desde 2020, por la pandemia), un +0,25%. Y vuelve a hacerlo en mayo y junio de 2022, colocando los tipos en el 1,50-1,75% (la Reserva Federal volverá a subirlos otro +0,75% el próximo 27 de julio). Mientras, el BCE no se decide a seguirles, porque la economía europea está más débil que la de EEUU y la presidenta Lagarde teme frenarla más si sube tipos.
Pero la inflación europea sigue disparada (+8,6% en junio, una subida nunca vista) y los “ortodoxos” del BCE presionan para subir tipos, como en USA. Así que, el mes pasado, Lagarde (BCE) se compromete a subirlos dos veces, hoy (+0.25%, aunque podría ser un +0.5%) y en septiembre (otro +0,50% o más, según se comporten los precios este verano. Y no se descarta otra tercera subida en diciembre, para colocar los tipos oficiales en el 1,5% a finales de 2022 (con una inflación prevista entonces del 7,1%). Y en el 2% en 2023 (donde se espera una inflación del 3,5%, aún lejos del 2% de objetivo de inflación), todavía muy por debajo de los tipos en EEUU, que se pueden colocar en el 3,75% en 2023. Además, desde el 1 de julio, el BCE ha dejado de comprar deuda pública de los paises (sobre todo de Italia, España y Grecia), para retirar estímulos a la economía y atajar así la inflación.
La subida de tipos oficiales en Europa es una medida de primera magnitud, que va a afectar drásticamente a familias, empresas y paises. De hecho, la expectativa de que el BCE subiera los tipos, como USA, lleva subiendo el precio del dinero en los mercados desde principios de año. Así, el Euribor (el interés al que se prestan los bancos entre ellos) está subiendo, tras estar en tipos negativos desde febrero de 2016 (ver gráfico): llegó a su mínimo histórico en diciembre de 2021 (Euribor al -0,501%) y a partir de ahí empezó a subir en enero, febrero y marzo de 2022 (todavía en negativo, en el -0,237%), para ponerse en positivo en abril (Euribor medio al +0,013%), seguir subiendo en mayo y junio (Euribor al +0,852%, el interés más alto de los últimos 10 años) y alcanzar ayer, un interés del +1,164%, un Euribor desconocido desde 2011 (+2,044%).
Así que, aunque los tipos oficiales del BCE suban hoy, las familias con una hipoteca ya han visto subir su cuota en los últimos meses, si les ha tocado la revisión anual con el Euribor. Y son muchas las familias afectadas: se estima que hay 5,5 millones de hipotecas “vivas”, de las que 4,1 millones (el 75%) son a tipo variable, y el 90% de ellas referenciadas al Euribor (se paga un interés del Euribor+ un porcentaje, del 1 al 3%). Así que 3,6 millones de familias tienen una hipoteca variable que les ha subido ya o les va a subir en los próximos meses, cuando se prevé que el Euribor llegue al 1,5% (y al 2% en 2023). La estimación de subida, para una hipoteca media de 150.000 euros a 25 años, es de 1.396 euros al año, unos 116 euros más de cuota cada mes.
Además, la subida del Euribor y la subida oficial del BCE ya han encarecido los créditos al consumo (para comprar desde un electrodoméstico, un coche o un viaje) que subirán aún más en los próximos meses, dificultando las cuentas de las familias, que tendrán más difícil el que se les conceda (por el temor de la banca a los impagos). La subida de tipos es preocupante para las familias, porque ahora están más endeudadas que antes de la pandemia: tienen deudas por 704.000 millones de euros, según el Banco de España.
La subida de tipos también perjudica mucho a las empresas, que tienen una deuda financiera de 962.000 millones de euros, también más que en 2019, según el Banco de España. Ahora, les subirán los intereses y tendrán más dificultad para financiarse, sobre todo las pymes de los sectores con alta inflación y que más se han visto afectadas por la pandemia. De hecho, el Banco de España ha alertado que están en riesgo de impago el 24% de los créditos concedidos a empresas de sectores vulnerables (hostelería, restaurantes, refino, ocio y transporte), unos 21.500 millones de créditos dudosos o en vigilancia especial.
La subida de tipos del BCE afecta mucho a los distintos paises europeos, sobre todo a los más endeudados: Grecia (su deuda pública alcanza el 193,3% del PIB), Italia (150,8%), Portugal (127,4%), España (118,4%), Francia (112,9%), Bélgica (108,2%) y Chipre (103,6%), según la Comisión Europea. Y les afecta de dos maneras: pagarán ahora más intereses por su elevada deuda pública y además, tienen el riesgo de que “los mercados” (inversores y bancos) se pongan nerviosos y vendan la deuda de estos paises, dificultado su financiación (y encareciéndola) y provocando otra crisis financiera en la Europa del sur, como en 2010-2012.
España es uno de los paises más afectado negativamente por la subida de tipos. Por un lado, tendremos que pagar más por colocar la deuda pública, que en mayo (tras el aumento de las ayudas pública por la pandemia y la inflación) ascendía ya a 1.456.000 millones de euros. De hecho, si en enero de 2022 España colocaba sus bonos a 10 años al 0,60%, en junio ya nos pedían el 2,779% para financiarnos y ahora el tipo es el 2,53%. Eso supone que habrá que dedicar más dinero del Presupuesto a pagar intereses: +12.000 millones extras entre 2022 y 2025, según la estimación de la AIReF, que prevé que tengamos que pagar hasta el 3% para colocar la deuda pública española.
El otro riesgo es que España, y los paises de la Europa del sur (en especial Italia y Grecia) tengan problemas para financiarse, que los inversores no quieran nuestra deuda, ahora que el BCE ha dejado de comprarla. Eso se detecta ya en la subida de la “prima de riesgo”, el porcentaje extra que tenemos que pagar respecto a Alemania para que nos financien: ahora está en el 238% para Italia (ha de pagar un 2,26% más que Alemania para financiar su deuda), en el 219% para Grecia, el 124% para España y el 114% para Portugal. El BCE ha dicho que aprobará un sistema para evitar estas diferencias, para que el sur no pague más por endeudarse y eso rompa el euro, pero no será fácil… Y más con el problema añadido de la inestabilidad política en Italia.
En definitiva, que la subida de tipos (la que ya tenemos en los mercados y la oficial aprobada hoy por el BCE) va a encarecer aún más los costes de las familias y empresas y de los paises, obligándoles a gastar más en pagar intereses, a costa de recortar ayudas y otros gastos. Así que si teníamos un grave problema con la inflación disparada (más costes para todos), ahora las familias, empresas y Gobiernos tienen otro problema: el dinero más caro. O sea, más costes aún, menor margen de maniobra para gastar e invertir. Un mayor riesgo de que se frene más el crecimiento y el empleo, de que vayamos a otra recesión, sobre todo en Europa, donde la economía creció sólo un 0,7% en el primer trimestre (UE-27), pero mucho menos en Alemania (+0,2%), Italia (+0,1%) y España (+0,3%), cayendo en Italia (-0,2%), según Eurostat. Y con la amenaza del corte total del gas ruso, que si se confirma, llevaría a Alemania, Italia y a toda Europa a otra recesión en el último trimestre de 2022.
Como se ve, el coste y los riesgos de subir los tipos de interés, tras 11 años en el 0%, son muy elevados. Entonces, ¿por qué se encarece el dinero? La teoría monetaria “ortodoxa” indica que es la mejor arma contra la inflación que atenaza al mundo: con el dinero más caro, se gasta y se invierte menos, baja la demanda y con ella los precios. Pero en la actual coyuntura, esto no es así, porque la teoría funciona cuando tenemos una “inflación de demanda”, cuando una economía está “recalentada”, hay demasiado gasto y hay que frenarlo para bajar los precios. Pero ahora no pasa esto, sino que tenemos “una inflación de oferta”: han aumentado los costes, sobre todo la energía y los alimentos, y no van a bajar ni la luz ni los carburantes ni los cereales porque el dinero sea más caro. Al contrario, van a aumentar otros costes (créditos, hipotecas e intereses de la deuda pública y privada) y eso alimentará aún más la inflación, reduciendo el margen de familias, empresas y Gobiernos.
Pero las autoridades monetarias de EEUU y Europa no quieren ver este análisis, se agarran a la vieja ortodoxia de que la mejor arma contra la inflación es subir los tipos. Pero ahora no es así: es una medida poco eficaz y con múltiples costes. Lo que puede provocar es deteriorar más la salud del enfermo, al quitarle la respiración asistida del dinero barato. El gran objetivo no es sólo bajar la inflación sino evitar que el mundo entre en otra recesión, tras la larguísima crisis de 2008 y la pandemia. Y con las subidas de tipos hechas y anunciadas, el enfermo entrará en coma. Y encima no bajará la inflación.
Es hora de que Europa (y EEUU y el G-7) se planteen otras alternativas frente a la inflación, que no sea “el ricino” de los tipos. Hay que negociar a nivel mundial una recomposición de las economías, aumentando la oferta de energía (petróleo y gas), con acuerdo con la OPEP y los principales productores (dejando a Rusia al margen). Hay que reestructurar los mercados de alimentos y materias primas, con acuerdos internacionales y la creación de stocks de seguridad, que eviten los altibajos de precios y las hambrunas. Y hay que recomponer las cadenas de suministros, desde Asia a Europa y EEUU, racionalizando el tráfico marítimo de mercancías y la globalización. Y hay que replantear una política racional de producción internacional de bienes y servicios, para evitar los cuellos de botella derivados de la falta de inversiones y la escasez de plantillas (mal pagadas) en medio mundo. En definitiva, hay que “redefinir el capitalismo”, tras la crisis, la pandemia y la guerra.
Pero claro, todo esto es muy difícil y exige tiempo y valentía política, algo que no parecen tener los líderes actuales, que prefieren dejar la solución a la inflación en manos del BCE y la Reserva Federal, anclados en sus viejas recetas monetarias, hoy inútiles y peligrosas. Así que ahora, por si no teníamos bastante con la inflación disparada, nos subirá la hipoteca, los créditos y el coste de la deuda pública. Un nuevo problema para arreglar otro. Y “más boletos” para que este otoño entremos en crisis, tras el espejismo del turismo récord este verano. Lo siento, pero con la subida del BCE hoy, hay menos motivos para la esperanza.

