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lunes, 3 de agosto de 2026

Libros de geopolítica, vivienda y economía

El verano tenemos más tiempo para leer, así que aprovecho para aconsejarles 5 libros recientes, que ayudan a explicar temas económicos de actualidad, desde los conflictos geopolíticos a la vivienda, pasando por las élites que dominan el poder político y económico en España. El primero es una especie de Atlas visual que explica con mapas y gráficos las tensiones geopolíticas en el mundo, desde la energía a las tierras raras. El segundo libro explica la llegada al poder de “los depredadores, desde Trump y Milei a Putin, apoyados en los nuevos conquistadores tecnológicos. El tercero se centra en el grave problema de la vivienda, planteando el conflicto entre caseros e inquilinos y algunas soluciones heterodoxas. El cuarto repasa nuestra historia, desde Al Ándalus hasta hoy, explicando cómo las distintas oligarquías han “chupado” del Estado y de los españoles. Y se complementa con un  5º libro, que analiza las élites que han controlado el poder económico en España desde 1939 hasta hoy. Espero que alguno les interese. ¡Buen verano¡


El primer libro, “Las fuerzas que mueven el mundo: la geopolítica y la economía mundial en mapas” es más un Atlas que un libro al uso, porque consta de múltiples mapas que ayudan a explicar los principales problemas geopolíticos actuales, desde el reparto del petróleo y el gas por paises a las tierras raras o los chips. Su autor es un colectivo, el Orden Mundial, un equipo especializado en el análisis de la economía internacional. A lo largo de sus 205 páginas, en gran formato, aportan múltiples mapas con leyendas, textos y datos que sirven para entender “de un vistazo” los grandes problemas económicos y geopolíticos del mundo actual.

Tras una introducción donde resumen como está cambiando el mundo desde la pandemia (siempre con mapas), analizan los nuevos rumbos políticos, los gigantes tecnológicos, la crisis climática y los problemas comerciales globales, explicando la reorganización de los flujos de mercancías. Es muy importante el bloque que dedican a los recursos que sustentan la economía mundial y su distribución, desde el petróleo al uranio, las tierras raras y los chips, sin olvidar los recursos pesqueros y los alimentos. Otro apartado informa sobre los conflictos en el mundo y los puntos problemáticos, desde el mar de China al Ártico. También detalla la emergencia climática (en mapas) y el declive de la democracia en el mundo, anticipando las “nuevas fronteras”: los polos, los océanos y el espacio. Y destina un capítulo al papel de España en el mundo, también con múltiples mapas y datos, incluido un mapa sobre el uso del español en el mundo.

Tras este Atlas sobre la geopolítica actual, un libro que analiza los cambios en el poder mundial: “La hora de los depredadores”, de Giuliano de Empoli, un ensayo de un sociólogo y asesor político italiano que conoce muy bien los entresijos de la política internacional y que escribió en 2023 una novela imprescindible, “El mago del Kremlin, sobre Rusia y el poder de Putin. En este libro explica la llegada al poder en el mundo actual de los nuevos líderes (los “depredadores”) , que no respetan las reglas ni las instituciones y ejercen el poder a su antojo mediante la fuerza bruta, el engaño y la colaboración de los tecno oligarcas que controlan las redes sociales y la inteligencia artificial.

El libro de Empoli, que es un ensayo pero se lee como una novela, explica el acceso de estos lideres tecnológicos y políticos al poder, con ejemplos concretos: el príncipe Mohamed bin Salman en Arabia Saudita, Bukele en El Salvador, Trump en EEUU y el escándalo de Cambridge Analitics, Elon Musk y su apoyo a la extrema derecha alemana, Sam Altman y el acenso de OpenAI… El autor, que se ha movido en la ONU y foros internacionales como asesor político del italiano Mateo Renzi explica los entresijos de cómo actúan estos personajes en las instituciones internacionales y con los demás gobiernos, detallando las claves de cómo gana terreno su “nuevo orden”, que está llevando al mundo al caos.

Tras estos dos libros, que pueden ayudarnos a entender mejor el complejo mundo que tenemos, un tercer libro sobre el mayor problema de los españoles, la vivienda: “Generación inquilina”, de Javier Gil, un sociólogo investigador del CSIC que trata de explicar qué pasa con la vivienda y plantea alternativas de solución, ciertamente heterodoxas. La primera parte del libro analiza el problema de fondo de la vivienda, que considera estructural y político, no coyuntural: la vivienda ha generado una “economía rentista”, donde la vivienda es una inversión para unos caseros con altos ingresos, inmobiliarias y fondos de inversión, que controlan las Leyes y normativas en su beneficio, perjudicando a una “generación inquilina” que no tiene ningún poder ni influencia y que vive cada vez peor porque les transfiere una parte creciente de su renta, aumentando la desigualdad en España.

En definitiva, señala Gil, la vivienda no sube por factores demográficos (más jóvenes y familias) o de escasez (faltan viviendas) sino porque es un activo financiero con el que se especula. Y sube porque hay mucha liquidez y una creciente demanda especulativa que dispara los precios. Y explica el comportamiento de los Fondos de inversión, inmobiliarias, grandes fortunas o ahorradores, que han convertido la vivienda en un activo muy lucrativo (más que la Bolsa o la deuda). Así que cuanto más suba la vivienda y el alquiler, más rentabilidad y más demanda, alimentando la especulación. Por eso cree que la solución no es construir más viviendas: eso alimentará la especulación.
 

Para el autor, la solución al problema de la vivienda no es edificar más sino reordenar el mercado y acabar con la economía rentista, frenar la demanda especulativa y proteger la demanda residencial, facilitando el acceso a la vivienda a los que no tienen un techo y frenando las compras especulativas de viviendas. Pero duda que el Gobierno (este y cualquier otro) se ponga del lado de los inquilinos, que tienen menos peso político y numérico que los propietarios, Fondos y empresas inmobiliarias, con lo que no se atreven a imponer controles y cambiar el modelo de la economía rentista por uno que considere la vivienda como un derecho y un bien social. Por eso, propone que los inquilinos se organicen (Javier Gil es miembro y asesor del Sindicato de Inquilinos) y que multipliquen sus protestas contra los abusos en la vivienda, con la propuesta de una posible huelga de pago de alquileres, como medida de presión para que la vivienda sea un bien social.

El 4º libro, El Estado pesebre, de Carlos Arenas Posadas, un historiador económico de la Universidad de Sevilla, es un libro de historia, pero de otra historia: de cómo las élites y las oligarquías han “parasitado” las cuentas públicas (se lo han “llevado crudo” de forma “legal”) en España, desde la época de Al Ándalus al franquismo y la transición democrática. Es una nueva versión (desconocida) de cómo las élites sociales y los grandes negocios han prosperado siempre en este país a la sombra del Estado. O más bien, cómo el Estado ha sido “parasitado” por las oligarquías, ha sido el verdadero “pesebre” de nuestra historia. Un demoledor repaso histórico de quienes han sido los sucesivos depredadores del dinero público, desde la Edad Media, el imperio, la reconversión liberal, la Restauración, la República, el franquismo y la transición demográfica, con distintos nombres y similares comportamientos.

El historiador hace un detallado repaso de nuestra historia para revelar como los estamentos nobiliarios, eclesiásticos, militares, plutócratas y oligarcas se han enriquecido en el pesebre de los distintos Estados y Gobiernos, utilizando la violencia física, material y moral, la impunidad, las patrañas, los falsos victimismos, trampantojos y bulos dirigidos a legitimar su poder. Y a lo largo los distintos siglos y épocas, desfilan por el libro los protagonistas de lo que el autor llama “el gran Comedero”: señores, frailes, obispos, inquisidores, virreyes, militares, usureros, aristócratas, burgueses, asentistas, reyes, políticos, altos cargos de la Administración, agricultores, industriales, lobistas, banqueros, comisionistas, fondos buitres… Y así hasta hoy, con los casos de corrupción repetidos en el siglo XXI. ¿Y ahora qué? El autor responde que cambiar una trayectoria milenaria no es sencillo, pero aboga por una mayoría social que promueva reformas para lograr un cambio verdadero. Nada fácil…

El 5º libro, “Las élites que dominan España”, ahonda en este tema de los que controlan el poder, con un análisis centrado entre 1939 y hoy, del franquismo a la democracia. Su autor es Andrés Villena Oliver, un sociólogo y profesor de Economía en la Complutense, cuyo libro tiene una reveladora historia: iba a ser publicado por Ariel (Planeta), pero fue descartado en el último momento por la editorial (no se sabe la razón) y se ha publicado en otra (Libros del KO), con una “aureola” de libro “medio prohibido” que ha disparado sus ventas. La tesis del autor es que la élite española de poder se compone de tres elementos (capital, empresas y Estado) que llevan décadas conectados entre sí por puertas giratorias. Es más, sostiene que la estructura de poder que se generó en la España franquista se ha mantenido en lo fundamental, con pocos cambios en los grandes poderes, tanto la banca y las grandes empresas como los grandes cuerpos de funcionarios que controlan el Estado, algo que trata de justificar a lo largo del libro, desde 1.939 hasta hoy, con una investigación documentada sobre lobbies empresariales, bancos, sagas familiares, instituciones políticas y medios de comunicación. Setenta años de historia en los que tecnócratas, financieros, altos funcionarios y empresarios actúan “como piezas de una misma maquinaria, diseñada para que nada esencial cambie”.

El libro analiza la estructura del poder en tres bloques. El primero, la dictadura y las redes del poder durante el franquismo, con los cambios de la tecnocracia a partir de 1959. Luego, los cambios de poder en la transición, con las crisis bancarias y los cambios en las grandes empresas. El segundo bloque detalla los cambios en la estructura del poder con la llegada del PSOE en 1982, que supuso la renovación del capitalismo español. Después analiza la llegada de Aznar, las privatizaciones, el clientelismo y el “milagro inmobiliario”. En el tercer bloque, analiza la época tecnocrática de Zapatero, la crisis política del 15-M y el final del bipartidismo, hasta el ascenso de Sánchez y la evolución de su Gobierno. Como conclusión,  dice que “la democracia ha operado como una carcasa, gracias a la cual las élites han maximizado beneficios y poder”. Y plantea que sólo los colectivos sociales pueden generar nuevas oportunidades. Que la respuesta está “en la gente”.

Bueno, confío en que alguno de estos 5 libros le interese. ¡ Buen verano y hasta septiembre !

lunes, 19 de mayo de 2025

La inversión despierta (lentamente)

La economía sigue creciendo, un +0,6% en el primer trimestre, el doble que Europa. La novedad es que la inversión, uno de los motores del crecimiento, lleva dos trimestres creciendo más que el consumo y las exportaciones, tras varios años languideciendo. Pero todavía está débil y se invierte casi lo mismo que en 2019 si descontamos la inflación. La inversión pública se ha recuperado, pero la inversión privada (el 90% del total) es todavía menor a la de antes de la pandemia. Las empresas han mejorado sus ventas y beneficios, pero los destinan a devolver deuda, pagar dividendos y comprar acciones propias y ajenas, no a invertir más. Un problema que afecta a la inversión en toda Europa y tiene que ver con la incertidumbre política, la fiscalidad y la regulación o la falta de financiación (el ahorro se escapa a otros paises), a pesar de los Fondos europeos. Hay que reanimar la inversión privada, en España y en Europa, porque es el cimiento del crecimiento y empleo futuros.

                             Enrique Ortega

España ha crecido más que el conjunto de Europa en 2021 (+6,7% frente a +6,3%), 2022 (+6,2% frente a +3,5%), 2023 (+2,7% frente a +0,4%) y 2024 (+3,2% frente a +0,9%), empujada por el consumo público (ayudas y gasto estatal tras la pandemia), el consumo privado y el turismo (apoyados por la inmigración) y las exportaciones. En el primer trimestre de 2025, la economía española  siguió creciendo, un +0,6%, el doble que en Europa, pero con un cambio, según el INE: lo que más creció (+1,1%) fue la inversión, como en el 4º trimestre de 2024 (+3,5%), más que el consumo público y privado y que las exportaciones, los otros tres motores del crecimiento. Por eso, los expertos destacan que la inversión “despierta” en España, tras bajadas y mínimos crecimientos tras la pandemia.

De hecho, la inversión total alcanzó los 306.748 millones de euros en 2024, un 20,6% más que en 2019, antes de la pandemia (254.566 millones de euros, según el INE). La inversión total creció en 2021, 2022, 2023 y 2024, pero si descontamos la inflación de estos años, el crecimiento real de la inversión en España ha sido sólo del +0,6% entre 2019 y 2024, según el informe de la Fundación BBVA e Ivie. Y además, la inversión ha perdido peso en la economía, como motor del crecimiento, mientras lo ganaban el consumo público, el privado y las exportaciones. Así, de aportar el 20,3% del PIB en 2019 ha pasado a aportar el 19,5% en 2024 (mientras en la zona euro, la inversión aporta el 21,5% del PIB).

En definitiva, que la inversión se ha estancado en términos reales y aporta menos al crecimiento que antes de la pandemia. Pero el dato encubre una diferencia. Una parte de la inversión, la inversión pública (34.868 millones en 2024), ha crecido un +40% entre 2019 y 2024, por el mayor gasto realizado por el Estado, autonomías y Ayuntamientos, en Sanidad, ayudas y servicios públicos. Y la otra parte, la inversión privada (271.879 millones en 2024,  el 90% de toda la inversión) ha caído un -3,5% entre 2019 y 2024, en términos reales (descontando la inflación), según el estudio de la Fundación BBVA e Ivie. Así que si la inversión ha ayudado poco al crecimiento de estos años, menos ha ayudado la inversión privada, que es 8.200 millones inferior a la de 2019.

Además de caer la inversión privada en España, en términos reales, tiene una serie de problemas de fondo. Primero, que la mayoría de las nuevas inversiones (el 75% del nuevo capital) se han destinado a reponer la depreciación de la inversión, con lo que sólo un 25% de lo invertido aumenta la inversión neta y el “stock” de capital apenas crece (+1,4% en 2024). El 2º problema es la composición de la inversión: en España tiene un gran peso la inversión inmobiliaria (polígonos industriales, locales, oficinas, suelo…) y poco peso la inversión en tecnología e innovación, con más peso en otros paises europeos. Y el tercer problema es la poca utilización del capital disponible: la inversión en infraestructuras, construcción, equipos y otros activos sólo se utiliza en un 81,8%. Y así, por ejemplo, no se aprovecha el 23,1% de la capacidad instalada en la industria, frente al 19,5% de no utilización en la UE-27 o el 16,6% en Alemania, lo que limita la capacidad de crecimiento del país.

Además, tenemos otro problema de fondo con la inversión pública en infraestructuras: pese a los avances de los últimos años, la inversión en infraestructuras no ha conseguido recuperar los recortes impuestos por Bruselas entre 2010 y 2015. Así, la inversión española en infraestructuras estaba en 2024 un 17,6% por debajo de la de 1995 y un -63% por debajo a la de 2009, en términos reales, según el informe de la Fundación BBVA e Ivie, que llama la atención sobre dos inversiones claves. Una, la inversión en infraestructuras hidráulicas, que es un -42% inferior en 2024 a la de 1995, lo que “explica” la falta de preparación del país ante una Dana como la de Valencia… Y la otra, la inversión en infraestructuras ferroviarias, que ha caído un -35% entre 2019 y 2024, lo que explica los numerosos problemas que sufre la red ferroviaria española, por la que circulan un 72% más trenes que en 2019.

En definitiva, que la inversión lleva años estancada, sobre todo por la caída en la inversión privada tras la pandemia: la inversión “productiva” (excluyendo la inversión en vivienda) ha caído un -1,6% sobre 2019, según este informe del Banco de España, que refleja  cómo las empresas que más invierten son las grandes (más de 250 trabajadores) y las medianas, sobre todo en los sectores de la energía, la industria, los servicios turísticos y los bienes de equipo. El informe incluye una Encuesta a 6.500 empresas sobre los obstáculos que detectan para invertir: el principal (para el 40%) es “la incertidumbre” sobre la política económica, seguido de la subcontratación (35%) y la excesiva  regulación (el 32%).

Sorprende que la inversión empresarial privada no despegue a pesar de los Fondos europeos “Next Generation”: España es el país que más subvenciones ha recibido y ya se habían adjudicado 44.163 millones a finales de 2024, de los 80.000  millones que nos corresponden. El 21,1% de las empresas encuestadas por el Banco de España han solicitado estos Fondos UE y casi la mitad reconoce que no harían las inversiones que tienen previstas si no esperaran contar con esos Fondos europeos, sin los cuales habrían invertido menos.

¿Por qué no invierten más las empresas españolas? Sorprende que la inversión privada no despegue cuando las empresas han aumentado sus ventas y beneficios en los últimos años, recuperándose de los problemas de la pandemia y la alta inflación. Así, en 2024, el beneficio neto de las empresas no financieras que operan en España aumentó un +12,1%, casi el doble que en 2023, según la Central de Balances del Banco de España. Lo que pasa es que muchas empresas han utilizado esta mayor “solidez financiera” para otros fines, no para invertir: para aumentar los dividendos que pagan a sus accionistas, para la recompra de acciones propias (fortalecer su capital) y ajenas (inversión en Bolsa, deuda y valores y depósitos en el extranjero) y para reducir su endeudamiento, para devolver préstamos (las empresas españolas han reducido su deuda más que las empresas del resto de Europa).

Sea por incertidumbre o por buscar otro destino a sus beneficios, el caso es que España y Europa tienen un problema: la baja inversión empresarial, que es un cimiento clave para asentar el crecimiento y el empleo del futuro. Está claro que la crisis geopolítica actual y la amenaza de los aranceles no ayudan a que las empresas programen nuevas inversiones, sobre todo en sectores de futuro (descarbonización, digitalización, tecnología e innovación). Pero sin esa inversión empresarial (recordemos: es el 90% de toda la inversión), será difícil mantener un crecimiento suficiente, en España y en Europa.

Relanzar la inversión, para reanimar el crecimiento y el empleo, es uno de los grandes objetivos de Europa en esta nueva Legislatura. No se trata sólo de invertir más y reducir la brecha con EEUU y China, sino de invertir mejor, con más eficacia y competitividad. Porque los datos revelan que por cada euro público invertido en Europa en I+D+i, las empresas privadas europeas invierten otro euro, mientras en EEUU invierten 2 euros por cada euro público. Y en China y Corea, se multiplica por más de 3, según un estudio de la OCDE. Así que la clave no es sólo invertir más, sino invertir mejor, lo que exige un mejor funcionamiento institucional y más conexión entre inversión pública y privada.

En España, este doble reto es aún más importante, porque nuestra productividad no es sólo inferior a la de USA y China, sino a la de la mayoría de Europa. Y esa menor productividad tiene que ver solo con nuestro modelo económico (más servicios y menos industrias), nuestra menor tecnología, el mayor peso de las pymes respecto a las grandes empresas, la menor formación de los empleados o el menor peso de la exportación y la tecnología, sino también con la baja inversión (privada y pública) entre 2008 y 2024. Esta menor productividad de España se traduce en un menor crecimiento del PIB por habitante: creció sólo un +4% entre 2008 y 2023, frente al +14% en la UE-27 y el +22% en EEUU. Por eso, los salarios han crecido menos y “nos hemos empobrecido en los últimos 15 años”.

Existe una correlación clara entre lo que invierte un país y lo que crece, sobre todo por habitante (España ha crecido mucho, pero también su población). En España, la inversión por habitante cayó de 8.500 dólares en 2008 a 7.000 en 2023, mientras en Europa subía de 8.000 a 8.500 dólares y en EEUU aumentaba de 10.000 a 14.000 dólares por persona en 15 años. Estos datos sobre la evolución de la inversión  explican en buena medida que la producción por habitante aumente poco y España tenga un PIB por persona (27.714 euros en 2024) que es el 92% de la media europea. Y  que 13 paises europeos nos superen en PIB por habitante en 2024: Luxemburgo, Irlanda, Paises Bajos, Dinamarca, Bélgica, Austria, Alemania, Suecia, Malta, Finlandia, Francia, Italia y Chipre, según Eurostat.

En definitiva, si España quiere mejorar su productividad y su nivel de vida, tendrá que aumentar la inversión, además de modernizar su economía y afrontar los retos tecnológicos, digitales y medioambientales. Y también Europa, cuya productividad (33.530 euros por habitante en la UE-27 en 2024) es muy inferior a la de EEUU (79.305 euros por habitante). Los expertos creen que la inversión no tira en Europa (España incluida) por varias razones: falta de financiación, falta de rentabilidad de los nuevos proyectos, falta de empresarios innovadores, falta de “know-how” (saber hacer), personal técnico y mano de obra especializada, falta de infraestructuras innovadoras e investigadores y falta de un entorno institucional adecuado (legislación, fiscalidad, marco laboral…).

La presidenta de la Comisión Europea encargó al expresidente del BCE, Mario Draghi, un informe para mejorar la productividad y la competitividad de Europa, que presentó el 9 de septiembre. Draghi parte de señalar el grave problema que tiene Europa: el retraso económico respecto a EEUU, aunque socialmente sea un continente más avanzado. La cifra es impactante: la UE produjo (PIB) por valor de 17,5 billones de dólares en 2024, un 40% menos de la producción de EEUU (29,1 billones de dólares). Pero lo más grave es que esta brecha productiva entre Europa y EEUU se ha agravado en las dos últimas décadas. Para Draghi, este preocupante panorama plantea a la Unión Europea un triple reto: acelerar la innovación y encontrar nuevos motores de crecimiento, reducir los precios de la energía (sin dejar de “descarbonizar”) y aprender a reaccionar en un mundo inestable.

Pero estas propuestas y medidas tienen un coste: Europa necesita invertir 800.000 millones de euros al año, lo que supone cuadruplicar el Plan Marshall (de la postguerra europea) y superar con creces el Plan de Recuperación aprobado tras la pandemia (contemplaba invertir 750.000 millones de euros entre 2021 y 2026, unos 125.000 millones al año). Draghi señaló 3  vías para conseguir estos ingentes recursos: la financiación privada, de las Bolsas (creando un único mercado de capitales), la banca (avanzando en la unión bancaria y las fusiones transfronterizas) y los ahorradores (Europa ahorra mucho más que EEUU, pero 300.000 millones de ahorro europeo se desvían a financiar a EEUU), los préstamos del BEI (Banco Europeo de Inversiones) y la financiación pública (el Presupuesto UE es ridículo comparado con el de EEUU: un 1% del PIB de los 27) y la emisión de deuda europea, bonos que emitirían conjuntamente los 27 (como se hizo con el Plan de Recuperación), para financiar proyectos industriales, tecnológicos y medioambientales.

España debe apuntarse a este “tren inversor”, aprovechando al máximo los Fondos europeos pendientes de adjudicar y relanzando la inversión interna, tanto la pública como la privada, con incentivos, fiscalidad y normativa a favor de los proyectos innovadores y competitivos. Hay que mimar” la inversión, canalizar el ahorro, los beneficios empresariales y los impuestos a proyectos que modernicen la economía y nos hagan un país más competitivo, con más innovación, tecnología, digitalización y descarbonización. Todo para relanzar la inversión, que es la clave para asegurar el crecimiento y el empleo del futuro.

jueves, 2 de enero de 2025

Año 2025: cierta normalidad y muchos riesgos

El año 2024 ha sido mejor de lo esperado (con más crecimiento y menos inflación). Y 2025 podría ser otro año de “recuperación”, tras cuatro años de crisis (2020-2023) por la pandemia y la inflación disparada. Pero hay demasiadas incertidumbres, que pueden convertirlo en un año “gris” o “negro”: las guerras abiertas en Ucrania y Oriente Medio, la llegada de Trump y su amenaza de aranceles, el temido repunte de la inflación y la energía, la enorme deuda mundial, el freno a la necesaria inmigración y, sobre todo, el avance imparable de la Crisis Climática. En Europa, la crisis política en Alemania y Francia dificulta el avance de una economía estancada y poco competitiva. Y en España, la economía “va bien” (aunque muchos no lo notan), pero la parálisis política impide aprobar los necesarios Presupuestos y las reformas que nos exige Europa, poniendo en peligro la recuperación. Y mejorar los servicios públicos o afrontar el grave problema de la vivienda, los grandes retos de 2025.

Los que hacen previsiones económicas coinciden: 2024 ha sido un año mejor de lo esperado. El mundo ha crecido, el empleo sigue fuerte, la inflación ha bajado y ha permitido reducir los tipos de interés, sosteniendo el consumo y la inversión, consolidando una “recuperación suave” de las economías tras cuatro años muy difíciles (2020 a 2023), por la pandemia y sus secuelas, la guerra de Ucrania y la inflación disparada. Ahora, esos mismos expertos creen que 2025 puede ser otro año de “cierta normalidad, donde se mantenga el crecimiento y el empleo, siga bajando la inflación y se recuperen más el consumo y la inversión, apoyados por una energía a precios estables. El problema es que hay “demasiadas incertidumbres” en el horizonte, desde los conflictos geopolíticos a la llegada de Trump, el exceso de deuda, el freno a la inmigración o el avance de la Crisis Climática. Y en Europa, desde Alemania y Francia a España, la crisis política que dificulta la recuperación económica.

Empezando por el crecimiento, la última previsión del FMI apuesta porque la economía mundial va a crecer en 2025 lo mismo que en 2024, un +3,2%. Sin embargo, las economías “avanzadas” tendrán un crecimiento bajo (+1,8%, lo mismo que en 2024), debido al estancamiento de Europa, que crecerá sólo +1,5% (casi el doble que en 2024: +0,9%), menos que EEUU (+2,2%, algo menos del +2,8% que creció en 2024). Este bajo crecimiento de los paises “desarrollados” vendrá compensado por un fuerte crecimiento de los paises “emergentes y en desarrollo”, que crecerán un +4,2% en 2025 (como en 2024), gracias al mayor crecimiento de los principales paises de Asia, Latinoamérica, África y Oriente Medio, aunque este año crecerán algo menos China (+4,5% frente al +4,8% en 2024), India (+6,5% frente al +7%) y sobre todo Rusia (+1,3% frente al +3,6% en 2024).

Así que se espera un crecimiento mundial similar, que permitirá mantener altos niveles de empleo y tasas de paro a la baja en la mayoría de paises. Y con una inflación mundial controlada, que puede subir al 3,5% a finales de 2025, tras cerrar el año 2024 en el 3,2%, muy lejos ambos de la inflación récord de 2022 (+9,4% en el verano de 2022). En EEUU también bajará la inflación (del 2,4% al 2,1% en 2025), lo mismo que en Europa (del 3,1 al 2,4%, para acercarse al ansiado 2% en 2026). Y con un crecimiento sostenido y menos inflación, se espera continuar las bajadas de tipos de interés (más en Europa, al 2% en 2025, y menos en EEUU, al 3% a finales de año, porque la demanda crece más).

En esta “bola de cristal” sobre 2025, Europa aparece como el continente que menos crecerá, un +1,5%, aún menos la zona euro (+1,2%), según el FMI. Y eso porque Alemania, la tradicional “locomotora” europea, apenas crecerá (+0,8%, aunque saldrá de 2 años en recesión) y Francia también crecerá muy poco (+1,1%, lo mismo que en 2024), como Italia (+0,8%, frente a +0,7% en 2024), siendo España el país occidental al que se vaticina un mayor crecimiento en 2025: +2,1%, tras cerrarse 2024 con un crecimiento del 3% (también superior al del resto de paises desarrollados, incluido EEUU). Esta “ligera recuperación europea” en 2025 se puede acompañar de una cierta creación de empleo y una baja tasa de paro (el 6,1 bajará al 5,9%), una menor inflación (el BCE augura una inflación del 2,4% en la zona euro a finales de 2024 y el 2,1% en diciembre de 2025, para bajar del 2% en 2026) y tipos de interés más bajos (del 3% actual al 2% en 2025).

Una vez disipada en el mundo “la niebla de la inflación” , aparecerán en 2025 los viejos problemas de la economía internacional y europea: el bajo crecimiento (menos al que había antes de la pandemia), los reajustes en las relaciones comerciales mundiales (menos globalización y más peso de los bloques y regiones) y el auge del proteccionismo, el alto endeudamiento mundial (la deuda global supera los 100 billones de dólares) y el aumento de los déficits fiscales de los paises, tras años de aumentar las ayudas por la pandemia y la inflación. Y los viejos retos: nuevas tecnologías,  Inteligencia Artificial, digitalización, baja productividad en la mayoría de Occidente y, sobre todo, el creciente impacto de la Crisis Climática, con un aumento de la temperatura, emisiones y desastres naturales.

Pero además de estas “asignaturas pendientes”, la economía internacional tiene en 2025 importantes “incertidumbresy “riesgos, que pueden acabar con la “recuperación” de 2024 y sumergirnos en otra crisis en cualquier momento. La más inmediata, la llegada a la Casa Blanca de Donald Trump, el 20 de enero. Un político “extremista” e “impulsivo”, cuya gestión puede trastocar la política y economía mundial. Su programa es tremendamente contradictorio y habrá que ver si sus amenazas y bravuconadas se transforman en hechos o no. Por un lado, su política de “bajar impuestos” (a los más ricos) y “desregulación” (dar más poder a los gigantes de Internet, las finanzas y las grandes empresas) podrían reanimar la económica USA y la del resto del mundo, aunque subiría la inflación y no bajarían más los tipos de interés. Pero, sus amenazas de aranceles al resto del mundo y las restricciones a la inmigración frenarían el crecimiento (sobre todo en Europa y China) y aumentarían la inflación.

Lo que más teme el mundo de Trump es que imponga aranceles, un impuesto a las importaciones que lleguen a USA de México y Canadá (+25%), de China y de Europa (+10% sobre los aranceles actuales), aunque en su anterior mandato amenazó con hacerlo y no lo hizo. En el caso de Europa, un 20% de sus exportaciones mundiales van a EEUU y ahora pagan un arancel medio del 2%. Subirlo al 10% dañaría especialmente a la industria química europea, aparatos ópticos, muebles, bienes de equipo y material de transporte. Y los paises más afectados serían Irlanda, Alemania e Italia, siendo España el 4º país europeo menos afectado (tras Rumanía, Eslovaquia y Croacia), según CaixaBank Research. Pero nos afectaría: el coste sería de 1.388 millones de euros, el 0,1% del PIB.

Otra incertidumbre en 2025 es que aumente el enfrentamiento comercial USA-China y ver si el gigante asiático puede reordenar su economía, que crece menos porque ha reducido sus exportaciones (a EEUU y a Europa) y no recupera su consumo interno, con un aumento de la deuda. Si Trump y China entran en “guerras comerciales”, lo pagará Europa (y España).

Otro enorme riesgo de 2025 son los conflictos geopolíticos, las guerras en Ucrania y Oriente Medio, que no terminan y obligarán a Europa a gastar más en armamento, tras la retirada de Trump de parte de sus compromisos con la OTAN. Y las guerras siempre complican los precios de la energía y las materias primas, lo que podría reavivar la inflación. De momento, el petróleo y el gas cotizan a precios razonables (salvo rachas de subidas del gas en Europa, por el frío o problemas de aprovisionamiento). Y los expertos apuntan a un petróleo más barato en 2025 (73 dólares barril frente a 82 en 2024), por la esperada caída de la demanda (más en China) y el exceso de oferta (a pesar de los recortes de la OPEP y Rusia). Y el gas natural, clave para el precio de la electricidad, está en 48,79 dólares y cotiza a la baja en las compras para primavera y verano, pudiendo cerrar 2025 a 46,72 dólares.

Con todo, el principal riesgo que sigue ahí, aunque apenas se cite, es la Crisis Climática: 2024 ha sido el año más cálido en milenios, con una temperatura media 1,5 grados más alta que en el periodo preindustrial (1.850-1900). Y las emisiones de CO2 vuelven a crecer, lo que provoca una concentración de gases de efecto invernadero de 422 partes por millón, un 50% más que en 1750, antes de utilizarse los combustibles fósiles. Y todo ello ha multiplicado estos años la proliferación de “desastres climáticos (sequías, inundaciones, olas de calor, huracanes, incendios, hambrunas…), que provocan cuantiosos daños humanos y materiales, especialmente en los paises pobres y en el sur de Europa. Y frente a este gravísimo problema, los paises apenas recortan su consumo de combustibles fósiles y crecen los políticos “negacionistas”, especialmente en EEUU (Trump podría salirse otra vez del Acuerdo del Clima) y Europa (con el auge de la extrema derecha y la derecha negacionista).

Centrándonos en las “incertidumbres” en Europa, el principal problema es que cuando EEUU vira a la extrema derecha y se concentra en sí mismo, Europa no tiene la fortaleza política para ser una referencia mundial, porque el continente está también muy polarizado, con un auge de la extrema derecha y la derecha tradicional, que dominan la Comisión Europea. Y por si fuera poco, los dos motores políticos y económicos de la UE, Alemania y Francia,  están “gripados”. En Alemania, la derecha democristiana podría volver al poder en las elecciones del 23 de febrero. Y en Francia, el nuevo Gobierno impuesto por Macron no consigue avanzar y resolver los graves problemas económicos pendientes (como la falta de reformas y el déficit disparado, que hacen que Francia tenga que pagar la misma prima de riesgo que Grecia: 0,84% más que Alemania y mucho más que el +0,68%  de España o el +0,47% de Portugal). Con esta debilidad política, resulta difícil que Europa pueda tomar las medidas que urgen (Plan Draghi) para mejorar su competitividad y peso político mundial.

Y queda hablar de España en 2025. Las previsiones de todos los organismos internacionales (FMI, OCDE, Comisión Europea) apuestan porque seguiremos siendo el país occidental con más crecimiento, un +2,1%, aunque será inferior al de 2024 (+3%). Pero será suficiente, según la previsión del Gobierno, para crear otros 548.000 nuevos empleos en 2025 (tras los 556.132 que se habrán creado en 2024), lo que supondría crear tanto empleo como Francia y Alemania juntos.

Este aumento del empleo, junto a otra rebaja de la inflación (1,9% de media anual en 2025, frente al 2,8% de subida media en 2024), podrían servir para reanimar el consumo de las familias, uno de los 4 motores del crecimiento este año, junto al turismo, la llegada de inmigrantes y la mejora de la inversión (empujada por los 48.000 millones de Fondos europeos, a los que se sumarían otros 20.000 más en 2025, entre el 5ª pago de subvenciones y los primeros créditos del Plan de Recuperación). Y eso contando que no se podrá aumentar el gasto público y que las exportaciones ayudarán menos en 2025.

Pero también en España hay muchas “incertidumbres” para 2025. La primera, si el Gobierno será capaz de pactar unos Presupuestos para 2025, que serían claves para poder recaudar más y así gastar más en los servicios públicos (Sanidad, Educación y Dependencia) y en la política de vivienda, la primera preocupación de los españoles (CIS diciembre), que exige un Pacto político entre el Gobierno central, las autonomías y los Ayuntamientos para conseguir suelo y financiación para promover 250.000 viviendas al año (frente a las 90.000 de 2024). El grave problema de la vivienda sólo se puede resolver promoviendo más viviendas (VPO y “libres”), la mayoría para alquiler, no empecinándose en imponer una Ley de Vivienda que ahuyenta a los propietarios y no consigue más suelo y más financiación para construir.

Pero quizás la mayor incertidumbre de 2025 es la política: la actual polarización y estancamiento político, que frenan cualquier reforma e impiden cualquier acuerdo (como el de la vivienda). La economía va bien, aunque muchas familias no lo noten, porque sus sueldos son bajos y la inflación y el deterioro de los servicios públicos se han comido parte de sus ingresos y tienen problemas para llegar a fin de mes. Pero la macroeconomía funciona, se crece y se crea empleo, se exporta y llegan inversiones extranjeras. El problema es que la incertidumbre política es tal que no ayuda a la economía, la lastra e impide reformas urgentes, desde la mejora de la sanidad o la educación a la construcción de viviendas o la atención a la Dependencia. El bloqueo político no ayuda a resolver los problemas de la gente. Y esta crispación política acabará dañando a la economía. Ese es el mayor riesgo para España en 2025, junto a Trump y al desconcierto en Europa.

Ojalá que estos riesgos se disipen y todo vaya bien. ¡Feliz 2025¡