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jueves, 7 de enero de 2016

La luz baja en enero y subirá después


El Gobierno Rajoy no se cortó un pelo al decidir bajar la luz 4 días antes de las elecciones, como anticipé aquí en octubre. Una rebaja ridícula: 0,7% en enero. Pero la luz subirá después, a lo largo de 2016, porque tendremos que pagar facturas que han dejado pendientes para hacer ese “regalo electoral”. Y además, porque el cambio climático está encareciendo la luz, al producirse menos kilovatios con agua y viento, las energías más baratas. El recibo de la luz ha subido un 5,3% en 2015, tras bajar en 2014. Y en la pasada Legislatura, subió un 10,23%: ya somos el 4º país con la electricidad más cara de Europa. Y eso porque pagamos costes de más a las eléctricas, que multiplican beneficios. Tenemos la luz más cara y la más sucia: el carbón es la principal fuente de electricidad desde junio. Urge hacer una auditoría de costes, para pagar la luz por lo que vale y conseguir que sea más barata y más limpia.
 

enrique ortega


Bajar la luz antes de las elecciones. Era el gran objetivo del ministro de Industria desde septiembre, cuando supo que el sector eléctrico iba a tener superávit en sus cuentas (ingresos menos gastos), por primera vez desde el año 2000. Ya lo anticipé en este blog el 1 de octubre: “me la juego a que el Gobierno Rajoy nos hace un regalo en diciembre, antes de las elecciones: anunciar que la luz bajará en enero”. A finales de noviembre, el ministro Soria envió la propuesta de bajada (un ridículo 0,7%) a la CNMV, que la aprobó el 3 de diciembre, apareciendo ya la noticia de la bajada en los medios. Pero les debió parecer poco. Y el 16 de diciembre, 4 días antes de las elecciones, la Comisión Delegada del Gobierno para Asuntos Económicos “volvió a aprobar” la bajada de la luz. Más titulares.

La intención del ministro Soria era haber bajado más la luz, aprovechando los 550,3 millones de superávit en las cuentas del sector eléctrico en 2014, “vendidas” a la opinión pública como “un éxito de la gestión del Gobierno”, aunque en realidad es fruto de una serie de recortes que hemos pagado todos, en el recibo o como contribuyentes: el sector eléctrico tiene superávit por la implantación de un impuesto nuevo del 7% a la electricidad (que las eléctricas nos han acabado cargando en el recibo), por el recorte de ayudas a las renovables, por las subidas extras del recibo en 2012 y 2013  y por los costes eléctricos que ahora paga el Presupuesto (o sea todos nosotros). El problema era que este superávit eléctrico no se puede utilizar para bajar la luz, porque lo prohíbe la Ley Eléctrica de 2013, que obliga a destinar este excedente a amortizar la deuda eléctrica acumulada (26.000 millones). Así que el ministro Soria tuvo que buscar un subterfugio, una “ingeniería regulatoria” que ya había utilizado en agosto de este año, cuando nos bajaron el recibo de la luz un 2,2%, también pensando en las elecciones.

El “truco”utilizado ha sido rebajar los pagos por capacidad a las eléctricas, pagarles 517 millones menos de lo que les pagan por tener disponibles centrales (de gas y carbón) por si aumenta el consumo y para garantizar el suministro a las grandes empresas (para la bajada de agosto, los rebajó otros 200 millones). Es un pago que nos cargan en el recibo de la luz y que legalmente no se incluye dentro de los peajes de acceso que la ley Eléctrica prohíbe bajar (aunque también lo regula el Gobierno) Una “trampa legal” que le ha permitido rebajar ese 0,7% el recibo. Pero es algo temporal. En 2016, el próximo Gobierno tendrá que actualizar estos pagos por capacidad y lo normal es que los suba. Y con ello, el recibo de la luz. Pero ya habrán pasado las elecciones.

La decisión tomada por el Gobierno Rajoy es tan jurídicamente dudosa que ha sucedido algo insólito: el director de promoción de la Sala de Competencia de la Comisión Nacional de la Competencia (CNMC, un organismo dependiente del Ministerio de Economía) publicó dos informes el 7 de diciembre (cuatro días después de que la Sala de Regulación de la misma CNMC aprobara la bajada propuesta por Industria) donde señalaba que la decisión contenía “una serie de ilegalidades, tanto de forma como de contenido”. O sea, que consideraba ilegal la rebaja y también otra decisión que ha tomado el Gobierno en diciembre: rebajar un 6,7% las tarifas de la luz de las empresas de Euskadi y Navarra, como “premio” a que el PNV apoyara al PP en 2013 para sacar adelante la Ley del Sector Eléctrico (ya les rebajó las tarifas en 2015). Según uno de los informes de la CNMC, esta decisión “rompe la unidad de mercado”, ya que la tarifa industrial de la luz no es la misma en toda España. Dos informes que podrían servir a las organizaciones de consumidores para reclamar ante los Tribunales.

Legal o ilegal, la bajada de la luz para enero está aprobada, pero podría durar poco, no sólo porque el próximo Gobierno tendrá que revisar los pagos por capacidad (y cargar el aumento en el recibo) sino porque también está pendiente de fijar el margen por comercialización que se paga a los suministradores de electricidad. El Gobierno Rajoy estableció un margen de 4 euros anuales por cliente, pero a las eléctricas les pareció poco y recurrieron al Supremo, que ha decidido a su favor, estableciendo que el pago se fijó sin una metodología previa por lo que obliga al Gobierno a establecerla y a partir de ahí, fijar una nueva tarifa a pagar a los comercializadores de la luz. Los expertos esperan que el futuro sistema suba un 50% la tarifa, al menos otros 2 euros. Y eso obligará, en su momento, a refacturar todos los recibos de la luz emitidos desde el 1 de abril de 2014. Vamos que en unos meses, nos tocaría pagar esos 2 euros de más (o los que fijen) desde 2014. Otra subida extra del recibo.

Y queda saber cuánto nos acabará costando en 2016 el cambio climático: como hace más calor del habitual y no hay agua ni viento, la electricidad se está produciendo menos con centrales hidroeléctricas y eólicas (kilovatios más baratos) y más con centrales de carbón y de gas natural (más caras). Esto es algo que ya viene encareciendo la luz desde el verano y por lo que subirá este año 2015, tras haber bajado un 4,9% en 2014. De hecho, se ha detectado que las eléctricas dan entrada a unas u otras centrales según vayan sus márgenes, lo que ha provocado ya una multa de la CNMC a Iberdrola, de 25 millones de euros, por “considerar probada la manipulación de precios en 2013”: Iberdrola “cerró el grifo” de sus centrales hidroeléctricas para subir artificialmente el precio de la energía hidroeléctrica y con ello forzar el suministro de electricidad nuclear, de carbón y gas, con la que obtuvo más margen y más beneficio, según considera probado el expediente de la CNMC. Unas “trampas que se achacan a todas las eléctricas, manipulando precios y subiendo el recibo más de lo debido.

De hecho, el recibo de la luz a un consumidor medio (3,98 kW de potencia y 210kwh de consumo mensual) subió un 4,84% en los nueve primeros meses de 2015, según un estudio  de la propia Comisión de la Competencia (CNMC). Y luego, la luz bajó en octubre y ha subido en noviembre y diciembre: el recibo ha subido un 5,3% en 2015, según los consumidores de FACUAtras bajar en 2014 (-4,9%). La factura mensual del usuario medio pasó de 72,84 euros en 2014 a 76,67 euros el año pasado, lo que supone una subida de 3,83 euros al mes (45,96 euros más en todo 2015).

Mientras el Gobierno Rajoy  vendía su “reforma eléctrica como otro éxito de su gestión, la CNMC (un organismo oficial) hacía el balance de la Legislatura: de 2011 a 2015, el recibo eléctrico medio se ha encarecido un 10,23%, tras dos años de subidas (+7,47% en 2012 y 4,84% en 2015) y dos años de bajadas (-1,96% en 2013 y -0,21% en 2014). Y con ello, España es el 4º país con la luz más cara de Europa para los consumidores domésticos, sólo por detrás de Dinamarca, Alemania e Irlanda, según un estudio para The Oxford Institute. Eso después de que la luz haya subido un 52% con la crisis (2008-2014), 81 euros por Mwh, el doble que en Europa (+42 euros/Mwh). Una factura que muchas familias españolas, en paro o con sueldos mínimos, no pueden pagar, lo que ha elevado un 69% la pobreza energética desde 2011: ahora hay 5.155.901 españoles (11,1% de la población) con problemas para pagar el recibo de la luz, según el INE, 2,1 millones más de “pobres energéticos” que hace cuatro años.

¿Por qué pagamos la luz más cara que los demás europeos? Básicamente, porque en el recibo estamos pagando costes de más, extracostes que el Gobierno mantiene (hoy Rajoy y antes Zapatero) desde la época de Aznar en dos de las tres partes del recibo. En la parte donde pagamos el coste de producir la electricidad (35,46% del recibo) pagamos de más los kilovatios que producen las centrales hidroeléctricas y nucleares (un sobreprecio que les garantizó Aznar en 1997), así como el exceso de centrales (ayudas a las centrales de gas y carbón solo porque estén disponibles, aunque no funcionen porque sobra potencia instalada) y la compensación a las grandes empresas consumidoras (550 millones por compensarles de “posibles cortes de suministro” que no se dan nunca). En la parte de los precios regulados por el Gobierno (43,17% del recibo) pagamos otros extracostes que deberían suprimirse o pagarse en los Presupuestos: ayudas a las renovables (6.728 millones) o al carbón nacional, al transporte (1.742 millones) y a la distribución de electricidad (5.000 millones), ayudas al parón nuclear y la hipoteca de la deuda eléctrica acumulada (22.000 millones pendientes, un extracoste del 6,5% del recibo de la luz). Y en la tercera parte del recibo (21,37% restante), los impuestos, pagamos menos que el resto de europeos (en la UE-28, el 32% del recibo son impuestos).

Y además, tenemos otro problema: no sólo pagamos una luz más cara sino que tenemos una luz “más sucia”, se produce una electricidad que genera más CO2. Y eso, porque las empresas hidroeléctricas están aumentando la generación de electricidad con carbón y gas natural, ante la caída de los precios de estas energías y por haber menos agua y viento, por el clima. Con ello, ha subido un 23% el consumo de carbón (la energía más contaminante), que se ha convertido en 2015 en la segunda fuente de producción de electricidad (20,3%), tras la energía nuclear (21,9%), aunque de junio a diciembre fue la fuente más utilizada (salvo en septiembre). Y ha crecido un 20% el consumo de gas natural (que también emite CO2, aunque menos) para producir electricidad. El resultado es que España sigue aumentando sus emisiones de CO2 y no cumple las exigencias europeas contra el Cambio Climático.

Habría que acabar de una vez por todas con esta situación, que nos sube el recibo y sólo beneficia a las eléctricas, las compañías del sector con más margen en Europa, lo que multiplica sus beneficios (8.166 millones en 2014) y sus dividendos, a costa de nuestro recibo. Incluso, el cambio de tarifa aprobado por el Gobierno Rajoy en marzo de 2014 (cambio de la tarifa TUR a la tarifa PVPC) ha mejorado los márgenes de las 5 comercializadoras eléctricas un 30%, según un estudio de la CNMC. La solución es sencilla: poner en marcha una auditoría de costes del sector eléctrico, para que los usuarios paguemos en el recibo lo que realmente cuesta producir, transportar y distribuir la electricidad, no los extracostes que se van sumando y pagamos injustificadamente desde hace 18 años. Según un riguroso estudio de Jorge Fabra, se pagan 60 euros/Mwh por la electricidad generada por las viejas centrales hidroeléctricas (ya amortizadas) cuando el coste real de producirlo es 11 euros/Mwh. Y 45 euros por el Mwh nuclear, cuando su coste real es 22 euros. Con ello, hemos estado pagando de más 28.000 millones de euros (el famoso “déficit de tarifa”) sólo en los últimos 10 años. Y así seguimos.

Cortar este “chorreo de extracostes” es un gran reto que no ha querido afrontar ningún Gobierno, porque supone enfrentarse a un sector con gran poder económico, político y mediático y a un verdadero oligopolio: las tres grandes eléctricas (Endesa, Iberdrola y Gas Natural-Fenosa acaparan el 92% de los consumidores domésticos y un 72% del mercado empresarial. Pero hay que presionar para que el próximo Gobierno lo haga. Porque no podemos seguir pagando una luz más cara y más sucia que el resto de europeos. Hagan algo ya. Luz y taquígrafos.

jueves, 1 de octubre de 2015

Baja la luz y bajará más con las elecciones


La luz volvió a bajar en septiembre, tras la bajada electoral de agosto. Van 5 meses de subidas y 4 de bajadas, con lo que el recibo baja un 1,3% anual. Y 2015 se podría saldar con una pequeña bajada anual, inferior a la del año 2014 (-4,9%) . Pero me la juego a que el Gobierno Rajoy nos hace un regalo en diciembre, antes de las elecciones: anunciar que la luz bajará en enero de 2016. Y eso porque entonces se sabrá oficialmente que en 2014 hubo superávit eléctrico, por primera vez desde el 2.000, gracias a las subidas de los últimos años, los recortes a las renovables y los nuevos impuestos que pagamos en el recibo. Baje o no en 2016, pagamos la cuarta luz más cara de Europa, porque nos cargan costes de más, aunque desde hoy se pague por horas (sólo 5,4 millones de usuarios). Y es una luz más contaminante, porque ahora se genera con más petróleo, carbón y gas. Un reto para el futuro Gobierno: auditar los costes de la luz y bajar de verdad el recibo y las emisiones de CO2.
 

enrique ortega


El recibo de la luz bajó en septiembre un 4,5%, con lo que un consumidor medio pagó un recibo mensual de 66,76 euros, según los datos de la Comisión de la Competencia (CNMC). Y ello pese al aumento de costes en el mercado eléctrico, debido a un mayor consumo, a la ola de calor y al menor peso de las energías renovables (hidráulica y eólica), por el clima. La razón básica de esta bajada mensual es el efecto de la bajada de la luz en agosto, un 3,7%, motivada por la decisión del Gobierno Rajoy de rebajar un 2,2% la parte regulada del recibo (41,14%), aprovechando para devolver a los usuarios 200 millones de euros que nos habían cargado de más para ayudar a las centrales a quemar carbón nacional y que no se usarán en 2015, por retraso en el marco legal. Un “truco legal que permitió esta bajada aunque lo pagaremos después.

De momento, son ya 5 meses de subidas de la luz este año: enero (+3%), marzo (+0,5%), abril (+1,8%), junio (+5,2%) y julio (+3,3%) . Y otros 4 meses de bajadas: febrero (-5,4%), mayo (-1,5%), agosto (-3,7%) y septiembre (-4,5%), según los datos de la CNMC. El balance de estos 9 meses es una bajada media del recibo del 1,3%, para un consumidor medio (familia con dos hijos y un consumo anual de 3.900 kWh). Ahora, los expertos apuestan por una ligera bajada este otoño en los costes de producir electricidad, para cerrar el año 2015 con una pequeña bajada anual del recibo, tras haber bajado un 4,9% en 2014. Pero estas bajadas no coinciden con otros datos que hablan de una subida de la luz. De hecho, según el INE (IPC), la luz subió un 2% en los ocho primeros meses de este año. Y los consumidores creen que la subida es aún mayor: FACUA estima que el recibo ha subido un 8% en  los nueve primeros meses de 2015 respecto a igual periodo de 2014, lo que supone pagar una media de 5,70 euros más al mes en el recibo de la luz (68,40 euros más hasta septiembre de 2015).

Pero tranquilos. Estoy seguro que el Gobierno Rajoy nos tiene preparados un regalo para diciembre, coincidiendo con las elecciones: el anuncio de que la luz bajará en enero de 2016.Y eso porque pronto se va a saber oficialmente que el sector eléctrico tuvo superávit en sus cuentas en 2014, por primera vez desde el año 2.000, cuando venía teniendo déficit (el recibo no cubría los costes). Ahora se espera un superávit de unos 500 millones de euros, conseguidos gracias a un paquete de medidas impuestas por el Gobierno Rajoy: subidas extras de la luz en 2012 y 2013, recortes drásticos de ayudas a las renovables (solar y eólica) y nuevos impuestos a las eléctricas que acabamos pagando todos en el recibo, además de algunos costes eléctricos (islas) que ahora paga el Presupuesto (o sea, también nosotros). Gracias a este superávit, el Gobierno podrá bajar la parte regulada del recibo (41,14%), que este año ha congelado, y rebajar así el total del recibo en enero de 2016.

Otra novedad es que este 1 de octubre, las eléctricas empezaron a facturar la luz por horas, según cuando se consuma, algo que no se hace en ningún país de Europa. Pero ojo, no es para todos los usuarios, sólo para los que cumplan dos condiciones. Una, tener un contrato de la luz con precio regulado (PVPC), con una potencia inferior a 10 kWh, un contrato que tienen 17 millones de los 25,4 millones de españoles con contrato de luz (el resto son contratos “libres). Y la otra condición, tener instalado un contador inteligente con telemedida, que envía los datos del consumo a la comercializadora o a la eléctrica. De momento, hay instalados 10,4 millones de contadores inteligentes pero sólo unos 5,4 millones tienen además telegestión, los únicos que permiten facturar por horas ( a un 21% de todos los clientes con contrato de luz) . El resto tendrá que esperar a que las eléctricas se lo instalen y tienen de plazo hasta finales de 2018. Eso sí, todos pagarán un alquiler por el nuevo contador de 1 euro/mes (ahora pagamos 60 céntimos).

Con estos nuevos contadores, la luz se cobrará a un precio diferente cada hora (24 tarifas al día), precio que se podrá consultar a las 20,30 horas del día anterior en esta web de Red Eléctrica. Los precios variarán de un día a otro y según la estación y la climatología, siendo más bajos entre enero y mayo y más caros en el resto del año. Las horas más caras serán entre 12 y 22 horas (invierno) o entre 13 y 23 horas (verano), destacando como las franjas horarias más caras las que van de 20 a 23 horas, sobre todo los lunes y entre semana. Y las horas más baratas serán desde las 12 de la noche a las 12 de la mañana, siendo la luz más barata los fines de semana y sobre todo los domingos entre 15 y 18 horas. Los expertos aconsejan que cambiemos los hábitos de consumo y pongamos algunos electrodomésticos (lavadora, friegaplatos, horno) y la calefacción por la noche y los fines de semana, para poder ahorrar hasta un 5%. Y acostumbrarse a mirar los precios cada día, algo difícil. Y poco efectivo: levantarse a las 4 de la mañana para poner la lavadora sólo ahorra... ¡ 1,8 céntimos !.

Con o sin tarifa horaria, la luz está muy cara en España, tras haber subido un 71% entre 2003 y 2013, según Industria, y el doble que en la zona euro entre el verano de 2013 y el de 2014:  un 4,1% frente al 2,7%, según Eurostat. Con ello, España era, a finales de 2014, el cuarto país de Europa con la electricidad más cara: 0,237 €/kWh, sólo por detrás de Dinamarca (0,304 €/kWh), Alemania (0,237 €/kWh) e Irlanda (0,254 €/kWh) y muy lejos del precio medio de la luz en Europa (0,208 €/kWh en UE-28, un 14% más barata) y en la zona euro (0,221 €/kWh, un 7,2% más barata que en España). Y peor lo tienen las empresas españolas, que pagan la electricidad un 20% más cara que las empresas alemanas, un 30% más que las francesas o un 50% más que las chinas.

¿Por qué pagamos la luz más cara que los demás europeos? Básicamente, porque en el recibo estamos pagando costes de más, extracostes que el Gobierno mantiene (hoy Rajoy y antes Zapatero) desde la época de Aznar en dos de las tres partes del recibo. En la parte donde pagamos el coste de producir la electricidad (37,48% del recibo) pagamos de más los kilovatios que producen las centrales hidroeléctricas y nucleares (un sobreprecio que les garantizó Aznar en 1997), así como el exceso de centrales (ayudas a las centrales de gas y carbón solo porque estén disponibles, aunque no funcionen porque sobra potencia instalada) y la compensación a las grandes empresas consumidoras (550 millones por compensarles de “posibles cortes de suministro” que no se dan nunca). En la parte de los precios regulados (41,14% del recibo) pagamos otros extracostes que deberían suprimirse o pagarse en los Presupuestos: ayudas a las renovables (7.100 millones) o al carbón nacional, al transporte (1.689 millones) y a la distribución de electricidad (5.000 millones), ayudas al parón nuclear y la hipoteca de la deuda eléctrica acumulada (22.000 millones pendientes, un extracoste del 6,5% del recibo de la luz). Y en la tercera parte del recibo (21,38% restante), los impuestos, pagamos menos que el resto de europeos (en la UE-28, el 32% del recibo son impuestos y en la zona euro, el 36%).

Como puede verse, son muchos extracostes no justificados que encarecen el recibo de la luz mes tras mes y que engordan los beneficios y dividendos de las eléctricas españolas, que son las compañías del sector con más margen de Europa, las más rentables (las 4 grandes ganaron 8.166 millones en 2014) y con más dividendo (del 4,5 al 6,2%). Lo normal sería realizar una auditoría de costes del sector eléctrico, para que los usuarios pagáramos en el recibo lo que realmente cuesta producir, transportar y distribuir la electricidad, no los extracostes que se van sumando y pagamos injustificadamente desde hace 18 años. Un gran reto que no ha querido afrontar ningún Gobierno, porque supone enfrentarse a un sector con gran poder económico, político y mediático y a un verdadero oligopolio: las tres grandes eléctricas (Endesa, Iberdrola y Gas Natural-Fenosa acaparan el 92% de los consumidores domésticos y un 72% del mercado empresarial. No hay verdadera competencia entre ellos. Lo ha detectado incluso un informe preliminar de la Comisión de la Competencia (CNMC) publicado este martes. 

La propia Agencia Internacional de la Energía (AIE) acaba de recomendar a España que “limpie los costes de la tarifa de la luz” y traslade a otros sectores (Presupuesto) la responsabilidad del desarrollo de las renovables. Además de encarecernos el recibo, las eléctricas no consiguen reducir lo suficiente las emisiones de CO2 y facilitan que España incumpla las exigencias europeas para frenar el cambio climático. Y eso porque están quemando en sus centrales un exceso de petróleo y gas, ahora que están más baratos. De hecho, entre enero y agosto de 2015, España batió el récord histórico de importación de petróleo, 37,3 millones de toneladas (más incluso que antes de la crisis). Se ha disparado también el consumo de carbón para producir electricidad (25% venía del carbón este verano), la mayor fuente de emisiones de CO2 en el sector eléctrico (70% de todas las emisiones). Y también el uso de gas natural para quemar en las centrales: su consumo ha subido un 35,4% hasta julio. Todo mientras se utilizan menos energías renovables (más baratas y menos contaminantes), al haberse encarecido por el recorte de ayudas y el freno a nuevas inversiones.

Así que la luz sigue cara y encima consumimos más petróleo, carbón y gas que nunca, contaminando más que el resto de europeos. Un mal negocio para el bolsillo y el medio ambiente, aunque lo disfracen con bajadas electoralistas. Un doble reto para el futuro Gobierno que salga tras las elecciones: que paguemos la luz por lo que realmente cuesta y que sea una electricidad más limpia. Ténganlo en cuenta cuando voten.