La pandemia marcó un antes y un después en el teletrabajo, que era marginal en 2009 (sólo trabajaban 1,12 millones de trabajadores, el 5,9% de los ocupados) y poco significativo en 2019 (teletrabajaban 1,64 millones, el 8,3% de la mano de obra, según el INE), para dar un tremendo salto en 2020, con el confinamiento (3.015.200 trabajadores, 1 de cada 6, trabajaron desde casa entre abril y junio de 2020, según la EPA), aunque perdió peso tras el final del estado de alarma y al final del año (2,87 millones teletrabajaron de media en 2020, el 15% de los ocupados en España . Y aunque se recuperó algo el porcentaje en 2021 (15,3%), cayó después en 2022 (13,7% ocupados teletrabajaron) y 2023 (14,1%), al querer recuperar la normalidad y el lugar de trabajo. Pero en 2024, el teletrabajo ha vuelto a subir en España y más de 3,3 millones de empleados teletrabajaron, el 15,4% del total.
jueves, 6 de noviembre de 2025
Teletrabajo, el último "gancho" laboral
La pandemia marcó un antes y un después en el teletrabajo, que era marginal en 2009 (sólo trabajaban 1,12 millones de trabajadores, el 5,9% de los ocupados) y poco significativo en 2019 (teletrabajaban 1,64 millones, el 8,3% de la mano de obra, según el INE), para dar un tremendo salto en 2020, con el confinamiento (3.015.200 trabajadores, 1 de cada 6, trabajaron desde casa entre abril y junio de 2020, según la EPA), aunque perdió peso tras el final del estado de alarma y al final del año (2,87 millones teletrabajaron de media en 2020, el 15% de los ocupados en España . Y aunque se recuperó algo el porcentaje en 2021 (15,3%), cayó después en 2022 (13,7% ocupados teletrabajaron) y 2023 (14,1%), al querer recuperar la normalidad y el lugar de trabajo. Pero en 2024, el teletrabajo ha vuelto a subir en España y más de 3,3 millones de empleados teletrabajaron, el 15,4% del total.
jueves, 6 de febrero de 2025
Reducción de jornada: ojo a cómo se aplica
Esta es la 4ª vez en poco más de un siglo que España cambia legalmente la jornada laboral. La primera vez fue el 4 de abril de 1919, cuando el Gobierno de Romanones (liberal) aprobó (tras la huelga de "La Canadiense") la jornada laboral máxima de 48 horas semanales (8 horas por 6 días de trabajo, frente a las 12 horas habituales entonces), adelantándose unos meses al primer Convenio mundial por las 48 horas semanales, aprobado por la OIT en octubre de 1919.Tras el largo paréntesis de la dictadura franquista, el 2º cambio llegó en marzo de 1980: el Gobierno Suárez (UCD) aprobó la jornada de 42 horas semanales. Poco después, en julio de 1983, el Gobierno de Felipe González (PSOE) aprobaba la jornada máxima de 40 horas, que rige hoy. Y casi 41 años después, este martes 4 de febrero de 2025, el Gobierno de coalición (PSOE y Sumar) aprobó la jornada laboral de 37,5 horas semanales, media hora menos de trabajo al día.
jueves, 20 de junio de 2024
El teletrabajo vuelve a crecer
jueves, 23 de septiembre de 2021
Se limita el teletrabajo
![]() |
| Enrique Ortega |
El teletrabajo se desinfla en España en el último año. Con el confinamiento, en lo peor de la pandemia, la opción de trabajar desde casa dio un salto histórico: en el 2º trimestre de 2020, un 16,2% de los trabajadores (3.015.200 empleados) trabajaron desde casa, cuatro veces más teletrabajadores que en 2019 (951.800, el 4,8%), antes de la pandemia, según el INE. Pero después, al terminarse el confinamiento (21 junio 2020), muchos teletrabajadores volvieron a sus empresas y el trabajo habitual en casa (más de la mitad de los días) cayó trimestre a trimestre: al 10,3% (2º trimestre), después al 9,9% (4º trimestre), subió al 11,2% (1º trimestre 2021) y cayó definitivamente esta primavera (2º trimestre 2021), al 9,4%, donde se calcula que sólo 1.849.600 empleados han teletrabajado, según Red.es. Y se espera que ahora, en otoño, con la vuelta a una “casi total normalidad”, el teletrabajo habitual siga desinflándose.
Lo que se mantiene mejor es el teletrabajo ocasional, el que se hace durante una parte de la jornada inferior a la media, esos empleados que trabajan en su empresa pero también desde casa, aunque sólo uno o dos días por semana. Antes de la pandemia, su porcentaje era testimonial (menos del 1%), pero con el confinamiento aumentó (2,9% en el 2º trimestre de 2020), utilizándolo 539.000 trabajadores, según el INE y Red.es. Y después, cuando se reanudó la actividad, aumentó trimestre a trimestre, alcanzando al 4,2% de los empleados en el 3º trimestre de 2020, un máximo del 5,4% a principios de este año y 5,3% de los trabajadores (1.051.400 empleados) en el 2º trimestre de 2021.
Así que, entre los que teletrabajan habitualmente (9,4% en junio 2021) y los que lo hacen ocasionalmente (5,3%), suman un 14,7% de empleados que de alguna manera trabajan a través de Internet, unos 2.900.000 trabajadores. Eso nos convierte en el 6º país con menos uso del teletrabajo en Europa (donde teletrabajan de una u otra forma el 21,5% de los empleados), sólo por delante de Italia (9,8%), Grecia (10,4%) y cuatro paises del Este, según Eurostat. Y estamos muy lejos de los paises europeos líderes en teletrabajo, que curiosamente son los más avanzados y competitivos, según se ve en este estudio de Adecco: Suecia (40,9% de los ocupados teletrabajan), Holanda (40,1%), Luxemburgo (37,5%), Finlandia y Dinamarca (35,5%), Reino Unido (31,1%), Bélgica (29,9%), Francia (28,3%) y Alemania (18,5%).
¿Por qué estamos más retrasados en teletrabajo? Básicamente, por nuestro modelo productivo (tenemos una economía muy basada en sectores donde es más difícil el trabajo a distancia, como el turismo, la hostelería y el comercio), porque tenemos un exceso de pymes (99% empresas), poco proclives a la digitalización y el teletrabajo, y también por la menor formación digital de nuestros trabajadores: 12 millones de españoles (un 33,5%) no son capaces de manejarse en entornos digitales y otros 7,6 millones más (un 21% adicional) sólo acredita habilidades digitales básicas, según este estudio de UGT.
Además de ser escaso, el teletrabajo se utiliza en España de una forma muy desigual, tanto por sexo, edad, autonomía y puesto de trabajo. Así, en junio de 2021 (últimos datos de la EPA y Red.es), las mujeres teletrabajaban más que los hombres: un 10% de forma habitual (y otro 5,5% de forma ocasional) frente al 8,9% (y 5,2% esporádicamente) los hombres. Y utilizan más el teletrabajo los empleados de mediana edad (10,3% de los ocupados de 35 a 44 años trabajaban habitualmente a distancia, 9,9% entre los de 25 a 34 años y 9,6% entre los 45 y 54 años), mientras baja entre los más jóvenes (sólo el 4,8% de los empleados de 16 a 24 años teletrabajaba habitualmente). Y también hay grandes diferencias por regiones: están por cima de la media nacional de teletrabajo habitual (9,4% en junio 2021) Madrid (18,7% teletrabajaban) y Cataluña (11,1%), siendo también elevado el porcentaje en Asturias (8,7%), Baleares (8,3%), Comunidad Valenciana y Galicia (7,4%), Andalucía y Canarias (7,1%). Y el teletrabajo habitual es testimonial en Extremadura (4,3%), Ceuta (4,6%), Navarra (5%), Cantabria (5,3%) y Murcia (5,4%), según el INE.
Y lo más importante, la desigualdad por tipo de empresa y empleo: sólo un 22,3% de los ocupados (4,4 millones de trabajadores) pueden trabajar a distancia, según un estudio de Randstad. Y lo detalla por sectores, con datos de la EPA: los que más pueden teletrabajar son los ocupados en los servicios públicos (el 36% de ellos), los trabajadores de las eléctricas, agua y gas (podrían teletrabajar el 30,1%), los trabajadores de las finanzas (45%), los de las inmobiliarias y servicios empresariales (41,5%), los trabajadores educativos y sanitarios (35,9%), los de la industria química (29,8%) y los del papel y artes gráficas). El resto de actividades tienen un potencial de teletrabajo inferior a la media (22,3%), siendo muy bajo en el campo (4,1%), la construcción (13,3%), la industria agroalimentaria (13,8%), el comercio (13,9%) o la industria (14,3%). Y a su vez, los puestos de trabajo que permiten mejor trabajar a distancia son los directivos y gerentes (casi 100% pueden teletrabajar), técnicos y profesionales (59,9%), contables y oficinistas (46,3%), pero muy poco los trabajadores no especializados, vendedores y operadores.
Ahora que el teletrabajo se está desinflando, también se reduce de una forma desigual, según lo confirma esta Encuesta COTS realizada por CCOO en 2021. Si el teletrabajo habitual ha caído del 25,2% de los trabajadores encuestados en 2020 al 9,8% en 2021, el porcentaje es sólo del 2,9% en los trabajadores manuales y un 31,6% en los “no manuales”. Y por puestos de trabajo, el teletrabajo habitual ha caído más en los puestos directivos de las empresas (del 64% que teletrabajaban en 2020 al 20,1% en 2021) y entre los administrativos (del 55,7% al 35,6%) pero menos entre los técnicos (del 45,9% al 32%) y en la industria y la construcción (del 3,9% al 1,4%), que ya tenían un nivel mínimo de teletrabajo.
Con la vuelta de las vacaciones, a principios de septiembre, la mayoría de las empresas españolas han aprobado Planes para la vuelta al trabajo presencial de la mayoría de sus trabajadores, una vez terminado el estado de alarma el 9 de julio (el 9 de agosto, tres meses después, terminó el plazo legal para terminar con el trabajo remoto como medida de contención sanitaria). De momento, la mayoría de las grandes empresas han optado por un modelo híbrido, consistente en adoptar un trabajo 3+2 (3 días de trabajo presencial en la empresa) o 4+1 (sólo 1 día de trabajo a distancia). Y eso por dos razones. La primera y fundamental, porque todavía no han pactado con sus trabajadores, en convenio, la aplicación del Real decreto-ley de trabajo a distancia, aprobado el 22 de septiembre, que daba de un año a tres para adaptarse a las empresas que ya tenían un Plan de teletrabajo antes de la pandemia Y la segunda, que afecta más a las pymes, porque muchas empresas creen que aplicar el teletrabajo sólo les va a aumentar los costes y les crea muchos problemas (seguridad informática, absentismo y abusos, aislamiento de los equipos…).
Concretamente, la nueva normativa sobre teletrabajo obliga a las empresas a compensar a sus teletrabajadores de los gastos, dotándoles de medios informáticos y de trabajo (ordenador, teclado, ratón, cascos, silla ergonómica…) y compensándoles además algunos gastos adicionales, como la luz o la conexión a Internet. En las grandes empresas, la cuestión se ha resuelto (hasta que se pacte en convenio) con la entrega de “un kit de teletrabajo” y el pago de una cantidad fija al mes (de 35 a 55 euros en la mayoría). Pero en las empresas más pequeñas o sin presencia sindical, esto es más difícil y muchos optan por suprimir el teletrabajo, ahora que legalmente se puede por el reflujo de la pandemia.
En paralelo, la Administración pública también ha dado un paso atrás con el teletrabajo de los funcionarios. Si en abril de 2021 estaban teletrabajando un 30% de los funcionarios (la mayoría 3 días por semana), ahora el Gobierno ha decidido que sólo teletrabajen 1 día por semana, desde el 1 de octubre, mientras los sindicatos denuncian que el ministro Iceta les prometió (en abril de 2021) que podrían seguir teletrabajando en el futuro. La medida afecta a los 229.340 funcionarios de la Administración General del Estado, que volverán a trabajar presencialmente, con el objetivo de terminar con el sistema de cita previa el 31 de diciembre. Lo mismo están haciendo autonomías y Ayuntamientos (donde trabajan otros 2,3 millones de empleados públicos): en la mayoría se ha vuelto al trabajo presencial, salvo excepciones. Así, Cataluña prevé el 100% de atención presencial a finales de septiembre y en el País Vasco sólo teletrabajan 559 funcionarios, el 0,7% de la plantilla. La propuesta del sindicato CSIF es un modelo híbrido de trabajo para los funcionarios: 2 días en la oficina y 3 teletrabajando.
Todo apunta a que el teletrabajo, en las empresas y en la Administración, seguirá cayendo en los próximos meses, con las vacunas y la bajada de los contagios. España perderá así una oportunidad, conseguida con la pandemia, de apuntalar un sistema de trabajo que crece en el mundo y que tiene múltiples ventajas. Básicamente, que se evita la pérdida de tiempo en los desplazamientos (hasta 3 horas diarias en grandes ciudades) y la consiguiente factura para el medio ambiente (contaminación, emisiones, gasto de combustibles fósiles), además de que el teletrabajo facilita la conciliación familiar y el cuidado de hijos y dependientes. Y además, teletrabajar puede ser tan productivo o más que el trabajo presencial, depende de cómo se organice y de que la empresa tenga un Plan y medios. Eso sí, el teletrabajo tiene inconvenientes que hay que prever y evitar: seguridad y más riesgo de ciberataques, un posible bajón en la creatividad, dificultades para el trabajo en equipo (y el liderazgo) y menores oportunidades para la formación y el aprendizaje de los nuevos empleados.
Pero todos estos inconvenientes se pueden contrarrestar, sobre todo si la empresa (o el ente público) tiene un Plan de teletrabajo y pone personal y medios en aplicarlo. Eso sí, España tiene que resolver dos cuellos de botella para ampliar el teletrabajo. El primero, la baja formación digital de los trabajadores: 10,7 millones de trabajadores no se han formado nunca en competencias digitales, según este estudio de UGT. Y más de la mitad de los adultos (el 55%) tienen competencias digitales a nivel básico y sólo un 32% las supera, con un 3,2% de empleados cualificados en TIC (tecnologías información y comunicación), frente al 3,9% en Europa, según el DESI 2020. Y lo peor: sólo el 17,5% de nuestras empresas contratan expertos TIC. El 2º cuello de botella para el teletrabajo es el retraso digital de las empresas españolas, sobre todo las pymes. En general, invierten poco en herramientas digitales, por lo que España es el 5º país de Europa con más empresas de bajo nivel digital: un 56,8% del total, frente al 45,8% en la UE-28, 38,4% en Reino Unido, 41,4% en Alemania y el 50,3% en Francia, según el estudio “Digitalización de la empresa española”, de UGT.
En resumen, que la pandemia disparó el teletrabajo y dio una oportunidad a las empresas y a la Administración de avanzar en el trabajo a distancia, comprobando sus ventajas. Pero ahora, el teletrabajo se ha desinflado y corremos el riesgo de dar marcha atrás y volver a la presencialidad, a la cultura de “calentar la silla” y los horarios interminables, a costa de perder tiempo, medio ambiente, calidad de vida y familia. Además, 6 de cada 10 trabajadores españoles quieren teletrabajar, al menos 2 días a la semana, según un estudio de Adecco. Pero, sobre todo, hay que apoyar el teletrabajo porque es una herramienta clave para digitalizar la economía, un reto donde España se juega su productividad, su empleo y su futuro. Avancemos a golpe de clic.
jueves, 1 de octubre de 2020
Teletrabajo con más garantías
Este 13 de octubre entra en vigor la nueva normativa del teletrabajo, que han utilizado 3 millones de trabajadores durante el estado de alarma, cuatro veces más que en 2019, antes de la pandemia. España se adelanta así a nuevas leyes sobre el teletrabajo que preparan Alemania y Portugal, pero el Decreto, pactado con sindicatos y patronal, tiene dos “trucos”: no afecta a los que teletrabajan por el coronavirus (aunque la empresa les tendrá que dar medios y compensarles gastos) y las empresas que tenían planes para trabajar a distancia tendrán entre 1 y 3 años para modificarlos. Pero la nueva normativa es un buen principio, que debería promover el teletrabajo con o sin pandemia, porque es menor que en el resto de Europa. Y podría ayudarnos a mejorar la productividad, conciliar y reducir atascos y contaminación, aunque sólo un tercio de trabajadores puede teletrabajar. La clave está en formar a los trabajadores y ayudar a las pymes, poco digitalizadas. Trabajemos a golpe de clic.
El coronavirus ha dado un tremendo empujón al teletrabajo en España. Entre abril y junio, en pleno estado de alarma, 3.015.200 trabajadores (1 de cada 6 ocupados) optaron por el trabajo a distancia desde sus casas, según la EPA del 2º trimestre de 2020 (INE). Son un 16,2% de los trabajadores, menos de lo que estimaban algunos estudios, como el del IVIE y la Comunidad Valenciana, cuya encuesta reveló que un 34% los españoles teletrabajaron en abril. Pero el salto del teletrabajo es tremendo, porque en 2019 teletrabajaban la cuarta parte de españoles: un 4,8% de los ocupados trabajaban normalmente desde casa (o más de la mitad de los días), según el INE, quien suma otro 3,5% de ocupados que teletrabajaba “ocasionalmente”. Un porcentaje que se había casi duplicado desde 2007 (2,7% ocupados teletrabajaban normalmente) y que era mayor entre los hombres de edad madura y entre las parejas con hijos de Asturias, Baleares y Galicia, según los datos de Estadística.
A falta de datos europeos del teletrabajo durante la pandemia, lo normal es que España haya seguido por detrás de la media europea, como ya sucedía en 2019: nuestro 4,8% de ocupados teletrabajando era inferior al 5,4% de media en la UE-28, al 5,2% de teletrabajo en Alemania y al 7% de Francia, pero sobre todo estaba muy por debajo del trabajo a distancia en los paises nórdicos, desde el 14,1% de ocupados que teletrabajan en Finlandia y Holanda, el 9,9% en Austria y el 7,8% en Dinamarca, según los últimos datos de Eurostat (2019).
¿Por qué estábamos más retrasados en teletrabajo? Básicamente, por nuestro modelo productivo (tenemos una economía muy basada en los servicios (turismo, hostelería y comercio) y porque tenemos un exceso de pymes, poco proclives a la digitalización y el teletrabajo, además de una menor formación digital de los trabajadores: 12 millones de españoles (un 33,5%) no son capaces de manejarse en entornos digitales y otros 7,6 millones (un 21% más) solo acredita habilidades digitales básicas, según este estudio de UGT.
Ahora, el coronavirus y el confinamiento han servido para relanzar el teletrabajo y los expertos creen que mucho de lo avanzado se va a mantener tras la pandemia. Para impulsarlo, el Gobierno ha negociado desde junio con sindicatos y patronal, para aprobar un Decreto-Ley sobre el teletrabajo, que hasta ahora estaba regulado por un sólo artículo, el 13 (sólo unas líneas), del Estatuto de los Trabajadores, que es de 1980 (aunque se ha retocado por reformas laborales en 1.995, 2000, 2012 y 2015). En Europa, unos paises tienen una regulación legal específica (Francia, Portugal, Italia, Reino Unido y Paises Bajos) y otros lo dejan para que se regule en los convenios de sector o de empresa (Alemania, Suecia o Finlandia), aunque Portugal y Alemania preparan este otoño una Ley específica para el teletrabajo. Todos se rigen por el Acuerdo Marco Europeo del Teletrabajo de 2002 (actualizado en 2005), que establece los principios básicos: que sea voluntario, con acuerdo escrito, cargando con costes del teletrabajador, asegurando sus derechos y protegiendo sus datos y su derecho a desconexión.
El Real Decreto-Ley sobre el trabajo a distancia, aprobado el 22 de septiembre y que entra en vigor el 13 de octubre (para que las empresas se adapten), considera teletrabajo cuando se trabaja a distancia al menos un 30% de la jornada (1,5 días a la semana) durante 3 meses. Debe ser voluntario y reversible: el trabajador o la empresa pueden dejarlo con un preaviso, según concrete el convenio. Y la empresa tiene obligación de dotar al trabajador de los equipos necesarios y pagarle los gastos, según lo que se estipule en un acuerdo escrito o en el convenio de la empresa. Y ahí también ha de fijarse el horario, los medios de control que puede utilizar la empresa, el lugar elegido para teletrabajar, las instrucciones para hacerlo y la duración del acuerdo.
Eso sí, el pacto alcanzado entre patronal y sindicatos con el Gobierno, traducido en el Decreto-Ley, deja dos vías de adaptación. Una, que la nueva normativa no se aplica a los que teletrabajen por la pandemia, aunque el decreto-Ley sí obliga a las empresas a proveer de equipos a los trabajadores que trabajen a distancia y el convenio “establecerá la forma de compensar los gastos”. La otra vía de flexibilidad es que se permite a las empresas que ya tenían un Plan de trabajo a distancia que pacten con sus trabajadores la adaptación a esta Ley, en el plazo de 1 año (y hasta 3 años).
La nueva normativa del teletrabajo, que deberá ahora traducirse en miles de acuerdos empresa a empresa, se va a aplicar también entre los trabajadores públicos, tras el acuerdo alcanzado entre la Administración pública, autonomías, Ayuntamientos y todos los sindicatos de funcionarios. Ahora hay que negociarlo y aplicarlo institución a institución, con el objetivo de que una buena parte de los 3 millones de empleados públicos puedan teletrabajar, garantizando a la vez la atención presencial a los ciudadanos. De momento, 2,5 millones de funcionarios podrán solicitar el teletrabajo a partir de este 1 de octubre.
La pandemia nos ha dejado claro las enormes ventajas del teletrabajo para quien pueda utilizarlo. A nivel global, el trabajo a distancia mejora la productividad de la economía, porque reduce pérdidas de tiempo y aumenta el rendimiento de los trabajadores, a la vez que reduce la rotación de empleados y los costes en instalaciones. En España, el teletrabajo podría aumentar la productividad entre un +6,2% anual (si lo utiliza la mayoría de los que pueden hacerlo) y un +1,4% anual (si se incorpora una minoría), según este estudio de CaixaBank. Y para valorar este impacto, recuerda que España tiene un serio problema de baja productividad, que sólo creció un +0,3% anual entre 2000 y 2018. Otra ventaja del teletrabajo es que favorece la conciliación laboral y puede ayudar a mejorar la natalidad, que tanta falta hace. Y una tercera, que reduce la movilidad, sobre todo en las grandes ciudades, donde un tercio de los desplazamientos son al trabajo. Eso supone menos costes y menos contaminación, a la vez que modifica la venta de viviendas: los que teletrabajan buscarán casa fuera de las ciudades, pisos más grandes (despacho) y con algo de jardín, según este otro estudio de CaixaBank.
Y además, la mayoría de los españoles están a favor del teletrabajo, más tras la experiencia durante el confinamiento, aunque muchos se hayan quejado de imprevisión y falta de medios. Así, una Encuesta de las Cámaras de Comercio, hecha en septiembre, revela que el 84% de los españoles querría trabajar desde casa durante más de la mitad de la semana. Y la mayoría, el 74% creen que su trabajo se lo permite. Pero, por desgracia, no es así. Sólo un 22,3% de ocupados (4,4 millones) pueden trabajar a distancia, según un estudio publicado en marzo por Randstad. Y lo detalla por sectores, con los datos de la EPA y el INE: los que más pueden teletrabajar son los ocupados en los servicios públicos (el 36%), seguidos de los trabajadores de las eléctricas, agua y gas (podrían teletrabajar el 30,1%), los trabajadores de las finanzas (45%), los de inmobiliarias y servicios empresariales (41,5%), los trabajadores educativos y sanitarios (35,9%), los de la industria química (29,8%) y los del papel y artes gráficos (28%). El resto de actividades tienen un potencial de teletrabajo inferior a la media (22,3%), siendo muy bajo en la agricultura, ganadería y pesca (4,1%), construcción (13,3%), industria agroalimentaria (13,8%), comercio (13,9%) o en la industria (14,3%).
Además, el teletrabajo es muy desigual según los puestos de trabajo en cada sector, siendo mayor entre los directivos y gerentes (casi 100%), técnicos y profesionales (59,9%), contables y trabajadores de oficina (46,3%), pero muy bajo en el resto de empleos, sobre todo entre los poco cualificados, siendo nula la posibilidad de teletrabajo en los grupos CNO 5,6,8,9 y 0: trabajadores de la restauración, servicios personales y protección, vendedores, operadores de maquinaria, montadores y personal de las fuerzas armadas, según el informe de Randstad. Al final, estas diferencias se acaban viendo por autonomías, por su distinta estructura económica, sectorial y de ocupados. Así, el teletrabajo es más posible en las autonomías más ricas: Madrid (28% ocupados podrían teletrabajar, aunque sólo el 5,1% lo hacían en 2019), Cataluña (25,1%), País Vasco (24,5%), Navarra (23%) y Asturias (22,4%), las cinco por encima de la media de teletrabajo potencial en España (22,3%). Y tienen menos potencial para teletrabajar las más pobres: Extremadura (17,5% de los ocupados, aunque sólo el 5% teletrabajan)), Castilla la Mancha (18,2%), Andalucía (19%), Canarias (19,2%), Murcia (19,3%), la Rioja (19,8%), Castilla y León (19,9%), según Randstad.
Otro estudio más reciente, de CaixaBank en junio, eleva el potencial del teletrabajo en España al 32,6% de los trabajadores (unos 6 millones), menos que en la mayoría de Europa, donde el potencial de teletrabajadores varía desde el 44,2% de los ocupados en Suecia, el 43,5% en reino Unido o el 41,5% en Paises Bajos al 37,7% en Francia, el 36,7% en Alemania, el 35% en Italia, el 33,2% en Portugal o el 32,3% en Grecia, con una media del 37,7% de teletrabajadores potenciales en la eurozona. Como se ve, España es el tercer país europeo con menos potencial para el teletrabajo, debido a las peculiaridades de nuestro modelo económico (que ya hemos sufrido con la pandemia): menos servicios con alto valor añadido que permiten el teletrabajo (información, comunicaciones, servicios financieros) y más servicios minoristas (comercio, hostelería y turismo), construcción o transporte.
Así que nos guste o no, sólo 1 de cada 3 ocupados puede teletrabajar, como mucho. Pueden trabajar a distancia la mayoría de los empleados en actividades financieras y de seguros (hasta un 80% podrían), en empresas de información y comunicaciones (el 78%), e inmobiliarias (hasta el 65%). Y también muchos en la administración pública, educación y sanidad (50%) y en actividades profesionales, científicas y técnicas (45%). Pero pueden teletrabajar muy pocos en la industria (un 25% máximo), el comercio, la hostelería y el transporte (23%), las actividades artísticas y recreativas (un 19%) y en la construcción (sólo un 14%), según este estudio de CaixaBank. Y también depende del puesto de trabajo.
Al margen de que España tenga menor potencial para el teletrabajo que el resto de Europa, por nuestro modelo económico, tenemos también 2 “cuellos de botella” para teletrabajar. Uno, la baja formación digital de los trabajadores: 10,7 millones de trabajadores no se han formado nunca en competencias digitales, según este estudio de UGT, que revela como las empresas españolas han abandonado la formación digital de sus trabajadores. Y más de la mitad de los adultos (el 55%) tiene competencias digitales a nivel básico y sólo un 32% las supera, con sólo un 2,9% de empleados cualificados en TIC (tecnologías de la información y comunicación), frente al 3,7% de media en Europa, según el DESI 2019. Y lo peor: sólo el 17,5% de las empresas españolas contratan expertos TIC.
Precisamente, el 2º cuello de botella para el teletrabajo es el retraso digital de las empresas españolas, sobre todo las pymes. De entrada, sólo la mitad (el 53,3%) de las empresas con menos de 10 empleados proporcionan a sus trabajadores dispositivos que permitan la conexión móvil a Internet para uso empresarial. Y de sus trabajadores, sólo un tercio (33,4%) tiene ese acceso móvil a Internet para trabajar, según el INE. Y más datos: sólo dos tercios de las pymes tienen página web, sólo un 18,17% venden por Internet, un 8% de todas las empresas acceden al Big Data, un 3% a impresoras 3F, un 11% usan robots y sólo la mitad acceden a la nube. En general, nuestras pymes no invierten en herramientas digitales, lo que lleva a España a ser el 5ª país en Europa con más empresas de bajo nivel digital: un 56,8% del total, frente al 45,8% en la UE-28, el 38,4% en Reino Unido, el 41,4% en Alemania y el 50,3% en Francia, según el estudio “Digitalización de la empresa española”, de UGT.
En resumen, que el teletrabajo ha dado un salto con la pandemia y Gobierno, sindicatos y empresas quieren reforzarlo, pero no todo el mundo puede teletrabajar, sólo un tercio como mucho de los empleados y eso según dónde trabajen. Para relanzar el trabajo a distancia, que tiene más ventajas que inconvenientes, España debe volcarse en formar a los adultos y en ayudar a las empresas a digitalizarse, porque estamos muy retrasados. Y eso exige un Plan, dinero y ayudas, para aprobar esta asignatura pendiente, la digitalización de la economía, donde el teletrabajo es una herramienta clave. Avancemos a golpe de clic.

