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jueves, 6 de noviembre de 2025

Teletrabajo, el último "gancho" laboral

Dicen que los lunes ya no hay tantos atascos de tráfico en Madrid, Barcelona y otras grandes ciudades porque ahora bastante gente teletrabaja viernes y lunes. Quizás mucha gente que sigue yendo a trabajar todos los días no lo vea, pero el teletrabajo sigue creciendo, aunque lentamente y con menor peso que en la mayoría de Europa, porque muchas empresas evitan pagar parte de los costes o temen que sus trabajadores “se escaqueen”. Pero también hay empresas, las más dinámicas, que han comprobado que muchos trabajadores (sobre todo los jóvenes) ven el teletrabajo como un  incentivo y lo ofrecen para captar talento o evitar fugas. Eso sí, los empleados públicos apenas teletrabajan y la mayoría de sectores con más empleo tampoco, porque no pueden (turismo, hostelería, comercio, construcción, transporte …).Cara al futuro, es clave ir incluyendo el teletrabajo en más convenios colectivos (hoy son la minoría), para facilitar la conciliación laboral y el mayor reparto de hijos y tareas en el hogar entre hombres y mujeres. Trabajemos más a golpe de click.

                              Enrique Ortega

La pandemia marcó un antes y un después en el teletrabajo, que era marginal en 2009 (sólo trabajaban 1,12 millones de trabajadores, el 5,9% de los ocupados) y poco significativo en 2019 (teletrabajaban 1,64 millones, el 8,3% de la mano de obra, según el INE), para dar un tremendo salto en 2020, con el confinamiento (3.015.200 trabajadores, 1 de cada 6, trabajaron desde casa entre abril y junio de 2020, según la EPA), aunque perdió peso tras el final del estado de alarma y al final del año (2,87 millones teletrabajaron de media en 2020, el 15% de los ocupados en España . Y aunque se recuperó algo el porcentaje en 2021 (15,3%), cayó después en 2022 (13,7% ocupados teletrabajaron) y 2023 (14,1%), al querer recuperar la normalidad y el lugar de trabajo. Pero en 2024, el teletrabajo ha vuelto a subir en España y más de 3,3 millones de empleados teletrabajaron, el 15,4% del total.

A pesar de esta lenta recuperación del teletrabajo, el porcentaje en España es muy inferior a los que teletrabajan en el resto de Europa, donde lo hacen el  22,6% de los ocupados, según la última estadística de Eurostat (datos 2024), un porcentaje mayor que antes de la pandemia (teletrabajaban el 14,4% de los europeos en 2019) y que en 2020 (20,7%), aunque algo inferior al de 2021, el año récord en Europa (24% teletrabajaron). Actualmente, hay grandes diferencias en el teletrabajo por paises. En cabeza están los Paises Bajos (52% de los ocupados teletrabajan) y los paises nórdicos (Suecia, con el 45,6% de teletrabajo, Noruega con el 42,5%, Dinamarca con el 41,1% y Finlandia con el 39,4% teletrabajando), seguidos de cerca por Irlanda (36,5%), Bélgica (36%) y Francia (33,9%). Y están en cabeza, pero más rezagados Austria (28,1%) y Alemania (24% teletrabajan). España (15,4%) está en un grupo retrasado, con Portugal (20,8%), Eslovenia (19%), Chequia (16,5%), Polonia (15,3%), Eslovaquia (13,6%) y Croacia (13,3%), aunque no estamos en el vagón de cola, donde están  Italia (10,3% teletrabajan), Hungría (9%), Grecia (7,8%), Rumanía(3,5%) y Bulgaria (3%).

Lo llamativo en Europa, es que el teletrabajo ocasional (uno o varios días a la semana) sigue ganando terreno al teletrabajo habitual, según los datos de Eurostat. En 2024, el 13,7% de los empleados teletrabajaba ocasionalmente y sólo  el 8,9% de los ocupados lo hacían habitualmente, algo que también pasa en la mayoría de paises con más peso del teletrabajo, como Paises Bajos (el 39,8% trabajan ocasionalmente y sólo el 12,2% habitualmente), Suecia (32,2 ocasionalmente y 11,34% habitual), Finlandia (19,8% ocasionalmente y 19,6% habitual) o Francia (22,8% ocasionalmente y 11,1% habitual). El caso de España es una excepción, ya que teletrabajan más ocupados de forma habitual (el 7,8%) que ocasionalmente (7,6%), algo sólo pasa en Irlanda (20,6% habitualmente y 15,9% ocasionalmente) y en Alemania (12,9% habitual y 11,3% ocasional).

Así que en España vamos rezagados en teletrabajo, pero en el modelo “híbrido” que funciona en toda Europa se impone el teletrabajo habitual, aunque crecen tanto el ocasional como el habitual. Y hay datos de alguna ETT, como InfoJobs, que sitúan ya el teletrabajo en el 25% de los trabajadores ocupados, aunque en su estudio ganan los que trabajan en remoto uno o dos días a la semana (el 19%) sobre los que teletrabajan siempre. La sensación que tienen los expertos en recursos humanos es que está creciendo sobre todo el modelo “híbrido”, que apuesta por permitir el teletrabajo un día a la semana (viernes o lunes) o dos (viernes y lunes), lo que se notaría ya en menores atascos estos dos días de la semana, que siempre han sido “negros” para el tráfico en las grandes ciudades.

Todo indica que sigue habiendo muchas empresas reticentes al teletrabajo, sobre todo a teletrabajar más de 1 o dos días a la semana, porque no quieren superar el 30% del trabajo en remoto, el porcentaje que, según la Ley que regula el Teletrabajo (que entró en vigor el 13 de octubre de 2021), las obliga a dotar a sus empleados del personal necesarios para teletrabajar y pagarles los gastos acarreados (equipos, wifi, electricidad), gastos que son menores y se pueden pactar en caso de teletrabajo ocasional. Además, el teletrabajo se ha convertido en una fuente de recursos y demandas de empleados ante los Tribunales de lo social, lo que disuade a muchas empresas a seguir por ese camino. Y otras, simplemente, no quieren que sus trabajadores teletrabajen porque piensan que es difícil “controlarlos” y porque puede bajar su productividad (hay una cultura de “presentismo en el trabajo”), así como dificultarse el trabajo en equipo.

A pesar de todas estas reticencias, el mayor problema para el teletrabajo es que hay muchas empresas y trabajadores que no pueden teletrabajar, sencillamente, por la actividad y el trabajo que realizan. Y esto es especialmente importante en España, donde hay un gran peso de empleos en actividades y servicios que no permiten el teletrabajo: gran parte del turismo y la hostelería, el campo y la ganadería, la construcción, los cuidados y el servicio doméstico, sanidad, comercio al por menor, transporte, logística, la mayoría de la industria,  actividades artísticas y recreativas. En realidad, nuestra estructura económica sólo permite teletrabajar a 1 de cada 3 ocupados, como mucho, según este estudio de CaixaBank Research.

Las últimas estadísticas del INE sobre teletrabajo (noviembre de 2024) señalan que un 15,1% de los trabajadores preguntados habían teletrabajado en la semana anterior a la entrevista. Y el 17,6% de los ocupados han teletrabajado, más mujeres (18,1%) que hombres, sobre todo las personas de 25 a 54 años  (las que más teletrabajaron, un 16,5% fueron los empleados de 35 a 44 años) y especialmente los trabajadores con estudios universitarios (el 33,4% trabajaron, frente al 12,4% de los que sólo terminaron Secundaria), los autónomos (19,8%) más que los asalariados (17,5%) y más los que trabajan con contrato indefinido y a jornada completa (18,7% teletrabajaron) y los que ganan más (entre los que tienen de 2.500 a 3.000 euros de sueldo, teletrabajaron el 27,1% de los encuestados, y de los que ganan más de 3.000 euros, lo hizo la tercera parte). Y teletrabajan mucho más los ocupados en Melilla (26,7% empleados), Madrid (26,7%) y Cataluña (21,5%) que los de Ceuta (1%), Murcia (5%), Castilla la Mancha (6,3%), Extremadura (7,3%), Asturias (8,1%), Canarias (9,1%) y La Rioja (9,7%).

Cuando el INE les pregunta a los trabajadores cuyo empleo les permite hacerlo por qué no teletrabajan, más de la mitad (58,5%) responden que porque prefieren el trabajo “presencial”, mientras otros responden que no teletrabajan porque su empresa “no tiene voluntad de implantarlo” (dicen el 35,8% de los trabajadores encuestados) o “no dispone de los medios disponibles” (otro 16,5%) o el domicilio del trabajador no está preparado (10,8% respuestas). Las personas que sí han teletrabajado lo han hecho una media de 3,5 días a la semana y lo valoran muy positivamente, con 8,7 puntos sobre 10. Ventajas que señalan: poder autogestionar el tiempo de trabajo (el 87,3%), conciliación de la vida laboral y familiar (87,2%), ahorro de tiempo (86,6%) y de dinero(68,7%), pero sobre todo “evitar desplazamientos” (la principal ventaja para el 95,4% de los encuestados). Como desventajas: falta de contacto con los compañeros (para el 82,2%), desconexión laboral (60,8%), sobrecarga laboral (47%)y falta de recursos técnicos (28,8%) e incomodidad de trabajar en casa (24%).

Los expertos laborales aseguran que cada vez son más las empresas que ofrecen teletrabajar en sus ofertas de empleo : el 12% de todas las ofertas de empleo hechas entre enero y agosto de 2025 ofrecían teletrabajar, según InfoJobs, un porcentaje mucho mayor que en 2019 (sólo el 2% de las ofertas), inferior al de 2022 y 2023 (del 18 al 19% de las ofertas) y algo menor al de 2024 (14% ofertas). Pero sobre todo, según un estudio de InfoJobs siguen aumentando las empresas que permiten teletrabajar: en 2025, son el 46% de las empresas que buscan empleados (11% trabajo remoto y 25% teletrabajo híbrido). Y el sindicato UGT señala que en los convenios firmados en 2024, un 20% incluían cláusulas de teletrabajo, aún pocas pero 5 veces más que en los convenios de 2019 (sólo el 4% con teletrabajo).

La realidad es que aunque todavía son una minoría las empresas que ofrecen y permiten teletrabajar, depende mucho del tipo de empresa, su tamaño y, sobre todo del sector. Así, hay tres sectores donde más de la mitad de los anuncios de empleo que ponen en InfoJobs permiten teletrabajar: informática y telecomunicaciones (lo ofrecían el 68% de los anuncios publicados en agosto), Legal (58% de las ofertas para abogados) y finanzas y banca (52%). Y también destacan las ofertas hechas en educación (39% incluyen poder teletrabajar) y recursos humanos (27%), quedando por encima de la media del total de anuncios que incluyen  el teletrabajo (el 12%) las ofertas de empleos para comercial y ventas (16% anuncios lo permiten), ingenieros y técnicos (14%), atención al cliente (14%), calidad, producción e I+D (14%) y marketing y consumo (13%). A la cola del teletrabajo están los anuncios de empleo en turismo y restauración (sólo el 1% incluyen teletrabajar), profesiones, artes y oficios (1%), sanidad y salud (1%), venta al detalle (2%), logística y almacén (2%).

Una novedad en los últimos años es que muchas empresas, sobre todo grandes y dinámicas, están utilizando el teletrabajo como “un gancho” para atraer trabajadores, como un incentivo para captar talento, en España e incluso en el extranjero (permite vivir en un país con un buen clima, alta calidad de vida, relativamente barato y con y excelentes comunicaciones). Eso coincide con una generación de jóvenes que cada vez valoran más el tiempo libre y la libertad para organizarse, por encima incluso de su sueldo. De ahí que, en muchos casos, ofrecer teletrabajar dos días a la semana (o incluso tres) o uno o dos meses al año es una oferta imbatible que permite captar nuevos empleados y evitar que otros se vayan. De hecho, cuando el INE pregunta a los que teletrabajan, el 43% responde que buscarían otro empleo si su empresa vuelve al trabajo 100% presencial. Otro 30% seguirían pero “desmotivados” y el 27% seguirían "pidiendo más sueldo"…

Así que el teletrabajo se ha convertido ya en un incentivo para atraer trabajadores y tener más contentos y motivados a los que ya tienes. Esto es algo que deberían comprender también los gestores públicos, porque los funcionarios y empleados de las distintas Administraciones se quejan de que no pueden teletrabajar, aunque a muchos se les obligó durante la pandemia y algo después, suprimiendo esta posibilidad actualmente en la mayoría de los trabajos públicos, desde la Administración central a las autonomías y Ayuntamientos, donde cada una va a su aire, peleando y negociando con sus trabajadores. Las estadísticas oficiales dicen que la mitad de los funcionarios teletrabajan, pero se refiere sólo a los funcionarios y cuando lo hacen es normalmente un día o algunas horas. Precisamente, los sindicatos de la Administración llevan 5 años pidiendo una norma que desarrolle el teletrabajo en todo el sector público, conciliando la atención al público con el teletrabajo que ofrecen muchas empresas privadas.

En otra década más, el teletrabajo revolucionará el trabajo en España y en toda Europa, por el auge de la digitalización y la inteligencia artificial, empujado por unas nuevas generaciones que se han formado en Internet y que valoran poder teletrabajar tanto o más que el sueldo. Además, puede ser una forma de recuperar el interés por el trabajo de unas nuevas generaciones poco motivadas por contratos precarios, sueldos mileuristas y una organización del trabajo todavía bastante asentada en el “ordeno y mando”. Y encima, el teletrabajo puede ayudar a las mujeres en la equiparación en el hogar: dicen que los hombres teletrabajadores ponen más lavadoras y recogen más a los niños... Pero hace falta preparar al país y a las empresas para un mayor aumento del teletrabajo, con Planes específicos, ayudas e inversiones, para que aumente la productividad y el teletrabajo no sólo sea más cómodo sino más eficaz. Hay que apostar de verdad, en el sector privado y público, por trabajar más a golpe de click.

jueves, 6 de febrero de 2025

Reducción de jornada: ojo a cómo se aplica

El Gobierno ha aprobado la reducción de jornada de 40 a 37,5 horas semanales, para implantarla antes de fin de año. Los españoles trabajan una media de 38,3 horas, así que la rebaja será de 48 minutos semanales. Pero hay 4 sectores donde se reducirá más de hora y media: hostelería, información, comercio y agricultura. Otro cambio: los que tienen un contrato a tiempo parcial, podrán trabajar menos o pedir subida de sueldo. Además, se aprueba la “desconexión digital: no habrá que estar contactado fuera del horario laboral. Y se obliga a las empresas a un control digital de horarios. Ahora queda lo difícil: aprobarlo en el Parlamento, dada la oposición de Junts y PP, que apoyan las críticas  de las empresas, por el alto coste y la imposición legal. Habrá cambios y ayudas a las pymes para adaptarse. Pero la tecnología y los nuevos hábitos llevan al recorte horario. Próxima estación: más teletrabajo y 4 días de trabajo semanal. 

                                        Enrique Ortega

Esta es la 4ª vez en poco más de un siglo que España cambia legalmente la jornada laboral. La primera vez fue el 4 de abril de 1919, cuando el Gobierno de Romanones (liberal) aprobó (tras la huelga de "La Canadiense") la jornada laboral máxima de 48 horas semanales (8 horas por 6 días de trabajo, frente a las 12 horas habituales entonces), adelantándose unos meses al primer Convenio mundial por las 48 horas semanales, aprobado por la OIT en octubre de 1919.Tras el largo paréntesis de la dictadura franquista, el 2º cambio llegó en marzo de 1980: el Gobierno Suárez (UCD) aprobó la jornada de 42 horas semanales. Poco después, en julio de 1983, el Gobierno de Felipe González (PSOE) aprobaba la jornada máxima de 40 horas, que rige hoy. Y casi 41 años después, este martes 4 de febrero de 2025, el Gobierno de coalición (PSOE y Sumar) aprobó  la jornada laboral de 37,5 horas semanales, media hora menos de trabajo al día.

La jornada laboral se ha reducido en todo el mundo en las últimas décadas, de la mano de la tecnología y la digitalización y asentada en un cambio de costumbres, donde se valora cada vez más la conciliación familiar y el ocio. Con ello, el horario de trabajo medio en Occidente (36 paises OCDE) era de 1.742 horas anuales en 2023 (horas efectivas), con los paises más ricos trabajando menos horas (1.343 Alemania, 1.380 Dinamarca, 1.413 Paises Bajos, 1.437 Suecia.  1.500 Francia, 1.524 Reino Unido), salvo EEUU (1.799 horas), Italia (1.734) y Japón (1.524), ocupando España un horario intermedio (1.632 horas anuales). Otra estadística, de Eurostat (2023), que refleja todas las horas (incluidas extras), revela que la jornada laboral media en Europa es de 40,4 horas semanales y que España está en linea, con una jornada total (ojo: de los que trabajan a tiempo completo) de 40,3 horas, algo más que Francia (40 horas) y Alemania o Bélgica (40,2 horas), Paises Bajos (39,3) y Dinamarca (38,9) y menos horas que Italia (40,5), Portugal (41,3) o Suecia (41,5 horas semanales).

Las estadísticas internacionales indican que España no destaca por trabajar más ni menos, está en la media. Pero las estadísticas españolas revelan que los españoles ya trabajan menos de la jornada semanal legal de 40 horas. Si tomamos los datos del INE, la EPA de 2024, los que han trabajado en el 4º trimestre han trabajado 36 horas semanales de media, aunque hay una gran diferencia entre lo que trabajan los empleadores (46,8 horas) y lo que trabajan los asalariados (34,9 horas semanales: 36,9 horas los hombres y 32,7 horas las mujeres). La otra manera de medirlo es ver la jornada pactada en los convenios en 2024, aunque sólo afecta a los asalariados con convenio (10,6 millones). Eso nos indica que la jornada media pactada en 2024 fue de 1.755,74 horas, lo que equivale a 38,32 horas semanales. Y hay sectores, como el campo, la hostelería, el comercio y una parte de la industria que tienen una jornada mayor.

Así que la jornada real ya está por debajo de las 40 horas semanales (38,32 horas), con grandes empresas en torno a las 35/36 horas y otras por encima de las 39 horas. Dada esta desigualdad horaria y la tendencia social a reducir la jornada laboral (a la que hay que sumar una hora larga de ida y otra de vuelta en muchas ciudades), los sindicatos llevan años forzando a un recorte de jornada, para fomentar la conciliación familiar y laboral. Y en paralelo, piden un control efectivo de la jornada, porque muchas empresas “abusan de las horas extras”: no superan las 40 horas semanales, pero “fuerzan” a sus plantillas a hacer horas extras, muchas sin pagarlas (ni cotizar por ellas). Trabajo estima que se hacen 3 millones de horas extras gratis a la semana, con las que las empresas se ahorran 3.254 millones al año (en salarios y cotizaciones), sobre todo en hostelería, comercio, industria y educación.

Por todo ello, el Gobierno de coalición incluyó en su programa para esta Legislatura el recorte de la jornada laboral, tras 41 años sin tocarla. Y lo justifica en que la productividad ha aumentado un 53% desde 1983 pero eso ha beneficiado más a las empresas que a los trabajadores, cuyos sueldos han subido mucho menos y trabajan casi las mismas horas. Además, creen que hay un apoyo social mayoritario (Encuestas) a reducir la jornada y que la medida puede mejorar la productividad y reducir el absentismo. Eso sí, tendrá un coste para las empresas, porque la condición es bajar la jornada legal manteniendo los salarios.

La idea del Gobierno Sánchez era pactar la rebaja de jornada con sindicatos y patronal. Pero no ha sido posible, porque la patronal (CEOE y CEPYME) se retiró de la negociación en diciembre, tras 11 meses de reuniones, argumentando el alto coste de la medida y pidiendo que el horario quedara para la negociación colectiva, no que se impusiera por Ley. Así que la vicepresidenta Yolanda Díaz pactó la rebaja en solitario con CCOO y UGT, el 20 de diciembre. Y aún quedaba otra batalla, en el seno del Gobierno: el ministro de Economía (y el PSOE) querría haber retrasado la rebaja uno o dos años (hasta el final de la Legislatura), buscando como fuera (con ayudas) el acuerdo con la patronal, mientras Yolanda Díaz (Sumar) se ha empecinado en implantar la jornada de 37,5 horas antes de final de año, para “revitalizar” su imagen política tras la continua caída en las Encuestas.

En medio del descuerdo social (sin la patronal) y el pacto político “in extremis” dentro del Gobierno, el Consejo de Ministros aprobó este martes un anteproyecto de Ley con 3 cambios importantes. El primero, la rebaja de la jornada laboral, a 1.712 horas en cómputo anual, que son las 37,5 horas semanales. Eso supone una rebaja de la jornada semanal media pactada en convenio (38,32 horas en 2024) de 48 minutos semanales, según Trabajo.

Pero hay 4 sectores donde la rebaja se va a notar mucho más, porque la jornada se reducirá más de hora y media, según estima Trabajo: hostelería (trabajarán -112 minutos), información y comunicaciones (-109 minutos), comercio (-98 minutos) y agricultura (-97 minutos semanales). En otros sectores, la jornada semanal bajará en torno a una hora: actividades administrativas y auxiliares (-67 minutos), otros servicios (-66 minutos), actividades profesionales, científicas y técnicas (-62 minutos), industrias extractivas (-55), manufacturas (-54 ) y actividades artísticas (-51 minutos semanales). Y se notará poco la rebaja en el transporte y almacenamiento (-47 minutos semanales), la construcción (-37), sanidad y servicios sociales (-23), inmobiliarias (-20) y energía (-13 minutos semanales). Y 4 sectores no tendrán ningún recorte de jornada, porque ya trabajan menos de 37,5 horas: finanzas y seguros, Administración Pública, educación y suministro de agua.

Esta reducción de jornada, a 37,5 horas semanales, afectará a los que tienen contrato a tiempo completo. Pero también afecta a los que tienen jornada a tiempo parcial: podrán trabajar menos (el porcentaje en que baje la jornada completa) o mantener su jornada parcial pero con una subida de sueldo. Así, si alguien trabajaba 30 horas semanales (el 75% de la jornada), ahora trabajará 28,12 horas o, si decide mantener su anterior jornada, la empresa le debe compensar (en este ejemplo, subirle un 6,26% el sueldo).

El recorte de jornada beneficiará, según Trabajo, a 12,5 millones de asalariados (a 2 de cada 3) , de ellos 10,5 millones con un contrato a tiempo completo (que trabajarán algo menos) y 2 millones de trabajadores con contrato a tiempo parcial (1,5 millones son mujeres). En conjunto, los 4 sectores más beneficiados por la rebaja de jornada son el comercio (2.435.500 trabajadores beneficiados), la industria manufacturera (2.073.500 beneficiados), la hostelería (1.424.100 beneficiados ) y la construcción (1 millón de beneficiarios), seguidos muy de lejos por las actividades administrativas (852.600 beneficiados), actividades profesionales, científicas y técnicas (729.600), sanidad y servicios sociales (692.400), transporte y almacenamiento (672.900), información y comunicaciones (626.900), actividades del hogar (601.200), el campo (460.900), la educación (239.200) y las actividades artísticas, ocio y entretenimiento (193.000 beneficiarios).

Por autonomías, las regiones donde se trabajan más horas y cuyos trabajadores notarán más la nueva jornada serán Canarias, Murcia, Andalucía, Comunidad Valenciana, Baleares y Cataluña.

El 2º cambio de la Ley propuesta es que se refuerza el control horario de las empresas, que en muchos casos se hace mal o no se hace (pymes), lo que facilita la proliferación de horas extras y los horarios excesivos. Ahora, se obliga a las empresas a instalar un sistema de control digital, en un plazo de 6 meses tras la aprobación de la Ley, un sistema que debe estar disponible online para la inspección de trabajo y para los sindicatos. Y si no se instala o funciona mal, se multiplican las multas, no por empresa (como ahora), sino por trabajador.

El tercer cambio es también muy importante: se implanta la “desconexión digital”, con lo que los trabajadores ya no estarán obligados a estar en contacto permanente con su empresa (móvil, correo, WhatsApp…) y sus jefes no podrán contactarle fuera del horario laboral, lo que en algunos casos ha provocado estrés laboral y problemas mentales.

La patronal no apoya esta reforma por dos razones básicas. Una, de principios: defiende que el horario laboral es un tema a decidir en la negociación colectiva, entre empresas (patronal) y trabajadores (sindicatos), sin “injerencia” del Gobierno, un argumento que olvida que hay unos 6 millones de asalariados sin convenio, que trabajan en pequeñas empresas, sin capacidad de negociar sus horarios. Y así hemos llegado a la situación actual, donde hay dos tipos de trabajadores: los de grandes empresas, que trabajan menos, y los de empresas pequeñas, que trabajan mucho más (y aún más los autónomos). Por eso, muchos paises fijan por Ley la jornada (como Francia, que la fijó el año 2000 en 35 horas semanales).

La otra crítica, mucho más razonable, es que reducir la jornada tiene un coste. Un estudio de CEPYME lo cifra en 11.792 millones, dos tercios concentrado en el comercio, la industria, la hostelería y las actividades administrativas. Y la patronal CEOE habla de un coste de 24.000 millones, unos 2.000 euros por empleado afectado. Este es un tema que merece la pena analizar con detalle y tratar de resolver con ayudas a las empresas (pymes) y sectores más afectados, como prometió el Gobierno a la patronal si pactaba la rebaja de horarios. También habría que buscar mejoras de productividad para compensar este aumento de costes. Pero, en cualquier caso, no hay que olvidar un dato: las empresas llevan 4 años aumentando márgenes y beneficios, mientras los trabajadores han perdido poder adquisitivo. Ahora se trata de “repartir el crecimiento”, trabajando algo menos a costa de las mayores ventas y beneficios de muchas empresas (no todas).

En cualquier caso, estamos ante un anteproyecto de Ley, aprobado por la vía de urgencia, que ahora pasará las consultas técnicas y legales, para ser aprobado otra vez por el Gobierno y enviado al Parlamento. Así que no se debatirá hasta el verano. Y entonces, el Gobierno deberá lograr el apoyo de Junts, que ya ha dicho que quiere cambios (ayudas a las empresas y quizás más flexibilidad). Y el PP se encontrará con el dilema de votar en contra (como hizo con la reforma laboral, lo que ahora se ve como una equivocación) o abstenerse, dado que todas las Encuestas reflejan que una mayoría de españoles está a favor de reducir la jornada laboral. En cualquier caso, será difícil que los convenios se adapten a tiempo para que el 31 de diciembre estén en vigor las 37,5 horas en todas las empresas.

Parece claro que el mundo, con la digitalización y la tecnología (más aún con la Inteligencia Artificial) va en la dirección de trabajar menos horas. Pero no basta con aprobar una Ley para imponerlo. Es más eficaz pactar la nueva jornada, sector a sector y empresa a empresa, en una negociación donde entren horarios, sueldos, condiciones de trabajo, empleo  y productividad, aportando el Estado las ayudas necesarias para que las empresas más vulnerables se adapten. Esa es la negociación que hará falta una vez se apruebe la Ley, porque si no, lo que ahora es un deseo generalizado (“trabajar menos”) se nos volverá en contra, si se aplica mal y daña al crecimiento y al empleo. Por eso hay que ser flexibles y realistas, no buscar titulares y votos.

Y en paralelo, hay que ir planificando el trabajo del futuro, que será mucho menor que ahora, porque una parte de los empleos los cubrirán ordenadores y máquinas. Hay que ir pensando de otra manera, en repartir el trabajo que haya”, lo que obligará a dar más peso al teletrabajo (creció con la pandemia, pero se ha recortado) y a pensar en la jornada de 4 días a la semana , que ya están estudiando paises punteros como Japón o Reino Unido. Hay que repensar el trabajo actual y su inevitable revolución futura, superando el debate de la jornada: qué trabajos se van a mantener, cuáles cambiarán radicalmente y cómo nos adaptamos. Ese es nuestro verdadero reto.

jueves, 20 de junio de 2024

El teletrabajo vuelve a crecer

Aumentan los empleados que teletrabajan uno o dos días por semana desde casa, el campo o la playa y también los que teletrabajan más de la mitad de su jornada semanal. En total, son 3,05 millones de teletrabajadores, un récord que supera el de 2021 (por la pandemia), aunque estamos por debajo del teletrabajo en Europa. Teletrabajan más las mujeres, los empleados de 35 a 54 años, en información y comunicaciones, finanzas y seguros, energía, actividades profesionales, inmobiliarias y educación, en Madrid, Cataluña, País Vasco, Comunidad Valenciana y Galicia. Mientras, los funcionarios reclaman poder teletrabajar 3 días por semana, como les prometieron, porque ahora sólo teletrabajan 1 día (algunos). En general, las pymes y muchas empresas son reacias a que sus empleados teletrabajen, porque les supone costes y temen “el escaqueo”. Pero está demostrado que en las actividades donde se puede teletrabajar (un tercio), se pierde menos tiempo en viajes y mejora la productividad de las empresas, facilitando la necesaria digitalización de la economía española. Trabajemos más a golpe de clic.

                    Enrique Ortega

La pandemia supuso un gran salto para el teletrabajo en España, que era marginal antes de 2020: en 2009, sólo teletrabajaban en España 1,12 millones de trabajadores, el 5,9% de los ocupados y diez años después, en 2019, sólo trabajaban a distancia 1,64 millones de ocupados, el 8,3% de la mano de obra, según el INE. Pero en 2020, con el COVID-19 y el confinamiento, el salto del teletrabajo fue espectacular: 3.015.200 trabajadores (1 de cada 6 ocupados) optaron por trabajar desde casa entre abril y junio de 2020, según la EPA. Al acabarse el estado de alarma y reanudarse la actividad casi normal, el teletrabajo perdió peso, pero aún cerró con 2,87 millones de españoles teletrabajando en 2020 (el 15% de los ocupados). Y en 2021, con las sucesivas oleadas de COVID, el teletrabajo logró su máximo: 3,03 millones trabajando a distancia (el 15,3% de los ocupados), la mayoría (1,86 millones) teletrabajando más de la mitad de su jornada semanal y el resto (1,16 millones) teletrabajando ocasionalmente, uno o dos días a la semana), según la última EPA.

En 2022, al superarse lo peor de la pandemia, el teletrabajo se desinfló y muchos trabajadores volvieron a sus fábricas y oficinas toda su jornada laboral. De hecho, en 2022 sólo teletrabajaron 2,81 millones de empleados (el 13,7% de los ocupados). Pero en 2023, en la primavera, el teletrabajo repuntó (2,91 millones en el 2º trimestre) y aunque cayó algo en verano (2,71 millones en el tercer trimestre), alcanzó un récord histórico en el último trimestre del año: 3,06 millones de personas teletrabajando. Y la tendencia se ha mantenido al inicio de 2024: 3,05 millones teletrabajando en el primer trimestre (un 14,4% de los ocupados), por encima del récord de 2021, tras la pandemia. Crece el teletrabajo, pero sólo los que teletrabajan “ocasionalmente” (uno o dos días a la semana): han pasado de 1,16 millones en 2021 (el anterior récord) a 1,46 millones a principios de 2024 (+300.000 teletrabajadores ocasionales). Porque los que teletrabajan “habitualmente” (más de la mitad de los días de su jornada semanal) han bajado, de 1,86 millones en 2021 a 1,59 millones en 2024.

Estos datos de la EPA indican claramente que lo que crece son los trabajadores que consiguen que sus empresas les permitan teletrabajar uno o dos días por semana, generalmente viernes o lunes (desde casa o desde una “escapada al campo o a la playa”), como una “compensación” para “retener a los empleados mejor formados y más necesarios”, en lugar de subirles más el sueldo. Son ya el 6,9% de los ocupados, un récord histórico (eran el 5,9% en 2021). Pero el teletrabajo “importante”, el que supone un cambio estructural en las condiciones laborales (trabajar más días a distancia que en la empresa), pierde peso desde 2021 y sólo lo disfrutan el 7,5% de los ocupados en 2024 (9,4% en 2021).

Con todo, este modelo de teletrabajo “híbrido” (1 o 2 días en casa y 3 o 4 días en la empresa) parece ser el que se está imponiendo en España, sobre todo entre los hombres (814.000 teletrabajan “ocasionalmente” frente a 670.000 mujeres) y los empleados de mediana edad (511.900 de los que trabajan ocasionalmente tienen entre 45 y 54 años y otros 384.900 teletrabajadores ocasionales tienen entre 35 y 44 años), básicamente en actividades de servicios, finanzas y seguros y administrativas, especialmente en grandes ciudades.

Analizando a todos los teletrabajadores (ocasionales y habituales), esos 3,05 millones que trabajaban a distancia en el primer trimestre, la mayoría son mujeres (53% del total), que aprovechan el teletrabajo para conciliar su empleo con la atención a niños y a mayores y las tareas del hogar. Y el teletrabajo se concentra entre los empleados de mediana edad (casi 1 millón de los 3 millones que teletrabajan tienen entre 45 y 54 años), así como entre los empleados de 35 a 44 años (800.000 teletrabajan), siendo casi inexistente el teletrabajo entre los menores de 24 años (menos de 90.000). Por sectores, el teletrabajo se concentra en los servicios (el 85%), sobre todo en las finanzas y seguros, la energía, el trabajo administrativo, las inmobiliarias y la educación, según un estudio de Adecco. Y por autonomías, destaca el teletrabajo en Madrid (19,1% de los ocupados, frente al 14,1% de media en España en 2023), por la mayor concentración de sedes centrales de empresas, Cataluña (14,1%), País Vasco (12,6%), Asturias (12,4%), Comunidad Valenciana(11,9%) y Galicia (11,8%).

De los 3,05 millones de empleados que teletrabajan, 2,1 millones son asalariados y el resto autónomos y empresarios, según un detallado estudio de CCOO. La mayoría de asalariados que teletrabajan  son mujeres (el 51,2%) y por sectores, destaca el altísimo teletrabajo de los asalariados de la información y telecomunicaciones (375.000, el 55% de los ocupados), finanzas y seguros (171.000 teletrabajadores, el 39% de ocupados), electricidad y gas (37% ocupados teletrabajan), actividades profesionales, científicas y técnicas (282.000 teletrabajan, el 32%), inmobiliarias (24% teletrabajan) y educación (330.000 teletrabajan, el 23% de ocupados). Hay otros sectores que tienen muchos teletrabajadores pero que suponen un bajo porcentaje del total de ocupados, como la industria (228.000 asalariados teletrabajan), la administración pública (194.000 teletrabajan) o el comercio (134.000). Y 6 autonomías concentran el 82% de todos los asalariados que teletrabajan: Madrid (22,8% asalariados teletrabajan, el doble del 11,6% de media en España), Cataluña (12,4%), País Vasco (11,8%), Comunidad Valenciana (10,7%) , Galicia (10,1%) y Andalucía (9,1%).

A pesar del nuevo salto en el teletrabajo, desde la primavera de 2023, España sigue por debajo del teletrabajo en Europa: ocupamos el puesto 13º en porcentaje de ocupados que teletrabajan, un 14,1% frente al 24,1% de media de ocupados que teletrabajan en la UE-27, según Eurostat (2023). Eso nos sitúa muy lejos de los paises líderes en teletrabajo, como Holanda (56,8% de los ocupados teletrabajan), Suecia (48%), Finlandia (43,3%) o Luxemburgo (43,1%) y también por debajo de Francia o Dinamarca) (el 36,4% de ocupados teletrabajan), de Austria (29,5%), Alemania (25,9%) o incluso Portugal (19,6%), aunque mejor que Italia (donde sólo teletrabajan el 13,1 de los ocupados). Y lo peor es que desde 2019 (antes de la pandemia) ha aumentado “la brecha” de teletrabajo con Europa (del 8,5 al 10% actual).

Una parte del retraso de España en teletrabajo se debe a nuestro modelo productivo: tenemos una economía muy basada en sectores y actividades donde es más difícil el trabajo a distancia (como el turismo, la hostelería y parte del comercio), un exceso de pymes (el 99% de las empresas), poco proclives a la digitalización y el teletrabajo, y una mano de obra menos formada digitalmente (12 millones de españoles no son capaces de manejarse en entornos digitales y otros 7,6 millones más solo acreditan habilidades digitales “básicas”, según este estudio de UGT). Además, nuestra estructura económica sólo permite teletrabajar a 1 de cada 3 ocupados, como mucho, según este estudio de CaixaBank: pueden hacerlo en la mayoría de los servicios, pero no en gran parte de la industria (sólo en un 25%), el comercio, la hostelería y el transporte (sólo el 23%), las actividades artísticas y recreativas (sólo el 19% del personal) o en la construcción (el 14%).

El teletrabajo crece, aunque lentamente, en las empresas privadas, pero ha caído en la Administración y en las empresas públicas. En abril de 2021 estaban teletrabajando un 30% de los empleados públicos (la mayoría 3 días por semana), para atender servicios esenciales. Pero en octubre de 2021, el Gobierno decidió que sólo teletrabajaran  un día los funcionarios de la Administración General del Estado (229.310 funcionarios) , una tendencia que siguieron los 2,3 millones de empleados públicos de autonomías y Ayuntamientos. Y aunque en 2022 aumentaron los empleados públicos que teletrabajaban, por el Plan de ahorro energético que siguió a la invasión de Ucrania, la mayoría de los funcionarios y empleados públicos ya no teletrabajan ( o sólo lo hacen 1 día a la semana). Y eso a pesar de que, en abril de 2021, los sindicatos de la Función Pública firmaron un acuerdo con el ministro Iceta para regular el teletrabajo de los empleados públicos: se les prometió 3 días por semana. Al día de hoy, siguen a la espera de un Decreto del Gobierno que cumpla lo prometido.

En el sector privado, muchas empresas, sobre todo pymes, no acaban de desarrollar el teletrabajo de sus empleados, a pesar de la Ley que regula el teletrabajo, que entró en vigor el 13 de octubre de 2021. En ella se reguló el teletrabajo (“voluntario y reversible”), obligando a las empresas a dotar a sus empleados del equipo necesario para teletrabajar y pagarles los gastos acarreados (equipos, wifi y electricidad), regulando la jornada, el alcance y los sistemas de control (y “desconexión digital”, un derecho de los teletrabajadores). Han pasado casi 3 años y muchas empresas no han aprobado sus Planes para fomentar el teletrabajo, a pesar de que sindicatos y patronal lo incluyeron (Capítulo X) en su V Acuerdo sobre el Empleo y la Negociación Colectiva (AENC), firmado en mayo de 2023. Pero se avanza poco: así, en 2023, sólo se firmaron 181 nuevos convenios colectivos que regulaban el trabajo a distancia, según UGT.

El teletrabajo es una fuente de conflictos y demandas ante los Tribunales de lo Social, básicamente por reclamaciones de gastos que las empresas no asumen y por la falta del material adecuado para teletrabajar, así como por excesos en el control. En general, muchas empresas (sobre todo pymes) no son favorables a que sus empleados teletrabajen, por dos motivos: por el aumento de costes que les supone y por el miedo a que los teletrabajadores “se escaqueen”, un temor a no controlar bien el teletrabajo que hacen y los posibles abusos. Además, pesa mucho la cultura del “presentismo” en el trabajo, la costumbre de “calentar la silla” para justificar el trabajo de los empleados.

Sin embargo, la mayoría de expertos hacen hincapié en los enormes beneficios del teletrabajo. Básicamente, que se evita la pérdida de tiempo en los desplazamientos (hasta 3 horas diarias en las grandes ciudades) y la consiguiente factura para el medio ambiente (contaminación y gasto de combustibles fósiles), además de que el teletrabajo facilita la conciliación familiar y el cuidado de hijos y dependientes. Pero además, teletrabajar puede ser tan productivo o más que el trabajo presencial, ya que evita reuniones y pérdidas de tiempo innecesarias, permitiendo un mayor control de resultados, siempre que la empresa tenga un Plan concreto de teletrabajo y aporte medios y formación. Eso sí, el teletrabajo tiene algunos inconvenientes que hay que anticipar y evitar: menor seguridad y más riesgo de ciberataques, un posible bajón de la creatividad, dificultades para el trabajo en equipo (y el liderazgo) y menores oportunidades para la formación de los nuevos empleados.

La clave del teletrabajo es que la empresa (o la administración pública) tengan un Plan detallado de teletrabajo y destinen personal y medios para aplicarlo. Pero España tiene dos problemas “estructurales”, dos “cuellos de botella” para ampliar el teletrabajo: el primero, la baja formación digital de los trabajadores: 10,7 millones no se han formado nunca en competencias digitales, según la UGT. Sin embargo, el 64% de los adultos tienen competencias digitales básicas, más que en la media europea (54%), aunque sólo tenemos un 4,3% de especialistas TIC, frente al 4,6% en la UE-27, según el estudio DESI 2023. El 2º problema es el retraso digital de las empresas españolas, sobre todo las pymes. En general, invierten poco en herramientas digitales y España es el 5º país europeo con más empresas de bajo nivel digital: el 56,8%, frente al 45,8% en la UE-28, 38,4% en Reino Unido, 41,4% en Alemania y 50,3% en Francia, según este estudio de UGT.

Cara al futuro, una mayoría de los trabajadores está a favor del teletrabajo, un 27% para teletrabajar al 100% y un 38% apuesta por un modelo híbrido (teletrabajo ocasional y trabajo en la empresa), según un estudio de Edenred y Seresco. Incluso para muchos jóvenes, un motivo básico para cambiar de trabajo es que les impidan teletrabajar. Pero la realidad es que muchas empresas se están pensando reducir los días de teletrabajo e incluso suprimirlo, según una reciente Encuesta de EADA, donde las empresas temen por los costes y la pérdida de creatividad con el teletrabajo. Así que cara al futuro, nos debatimos entre un interés creciente de los trabajadores (sobre todo los más jóvenes) por el teletrabajo y una desconfianza empresarial creciente, salvo entre algunas grandes empresas y sectores. Hay que dar un empujón al teletrabajo donde se puede ampliar, porque es una garantía de mejorar la productividad y la digitalización de la economía, dos retos claves para España. Y de conseguir una mejor calidad del trabajo, que nos permita conciliar la profesión, los horarios, la familia y el ocio. Trabajemos más a golpe de clic.

jueves, 23 de septiembre de 2021

Se limita el teletrabajo

La pandemia disparó el teletrabajo: más de 2,5 millones de trabajadores pasaron a trabajar desde casa en el confinamiento. Pero después, con la vuelta a la actividad, el teletrabajo cayó casi a la mitad desde el verano 2020. Y ahora, en septiembre, muchas empresas han decidido que sus teletrabajadores vuelvan a la oficina, permitiendo sólo trabajar desde casa uno o dos días a la semana. La causa: que la mayoría de empresas, sobre todo las pymes, no están preparadas y además quieren ahorrarse los costes que la Ley les obliga pagar a sus teletrabajadores (equipo, mobiliario, conexión a Internet, luz…). Además, el Gobierno ha decidido que los funcionarios del Estado (230.000) vuelvan a trabajar desde el 1 de octubre, teletrabajando sólo 1 día por semana cuando se les prometió 3.Y lo mismo hacen autonomías y Ayuntamientos. Así que el teletrabajo vuelve a ser minoritario y restringido, al contrario que en los paises más desarrollados. Eso dificulta la digitalización de la economía, una asignatura pendiente clave para España. Avancemos a golpe de clic.

Enrique Ortega

El teletrabajo se desinfla en España en el último año. Con el confinamiento, en lo peor de la pandemia, la opción de trabajar desde casa dio un salto histórico: en el 2º trimestre de 2020, un 16,2% de los trabajadores (3.015.200 empleados) trabajaron desde casa, cuatro veces más teletrabajadores que en 2019 (951.800, el 4,8%), antes de la pandemia, según el INE. Pero después, al terminarse el confinamiento (21 junio 2020), muchos teletrabajadores volvieron a sus empresas y el trabajo habitual en casa (más de la mitad de los días) cayó trimestre a trimestre: al 10,3% (2º trimestre), después al 9,9% (4º trimestre), subió al 11,2% (1º trimestre 2021) y cayó definitivamente esta primavera (2º trimestre 2021), al 9,4%, donde se calcula que sólo 1.849.600 empleados han teletrabajado, según Red.es. Y se espera que ahora, en otoño, con la vuelta a una “casi total normalidad, el teletrabajo habitual siga desinflándose.

Lo que se mantiene mejor es el teletrabajo ocasional, el que se hace durante una parte de la jornada inferior a la media, esos empleados que trabajan en su empresa pero también desde casa, aunque sólo uno o dos días por semana. Antes de la pandemia, su porcentaje era testimonial (menos del 1%), pero con el confinamiento aumentó (2,9% en el 2º trimestre de 2020), utilizándolo 539.000 trabajadores, según el INE y Red.es. Y después, cuando se reanudó la actividad, aumentó trimestre a trimestre, alcanzando al 4,2% de los empleados en el 3º trimestre de 2020, un máximo del 5,4% a principios de este año y 5,3% de los trabajadores (1.051.400 empleados) en el 2º trimestre de 2021.

Así que, entre los que teletrabajan habitualmente (9,4% en junio 2021) y los que lo hacen ocasionalmente (5,3%), suman un 14,7% de empleados que de alguna manera trabajan a través de Internet, unos 2.900.000 trabajadores. Eso nos convierte en el 6º país con menos uso del teletrabajo en Europa (donde teletrabajan de una u otra forma el 21,5% de los empleados), sólo por delante de Italia (9,8%), Grecia (10,4%) y cuatro paises del Este, según Eurostat. Y estamos muy lejos de los paises europeos líderes en teletrabajo, que curiosamente son los más avanzados y competitivos, según se ve en este estudio de Adecco: Suecia (40,9% de los ocupados teletrabajan), Holanda (40,1%), Luxemburgo (37,5%), Finlandia y Dinamarca (35,5%), Reino Unido (31,1%), Bélgica (29,9%), Francia (28,3%) y Alemania (18,5%).

¿Por qué estamos más retrasados en teletrabajo? Básicamente, por nuestro modelo productivo (tenemos una economía muy basada en sectores donde es más difícil el trabajo a distancia, como el turismo, la hostelería y el comercio), porque tenemos un exceso de pymes (99% empresas), poco proclives a la digitalización y el teletrabajo, y también por la menor formación digital de nuestros  trabajadores: 12 millones de españoles (un 33,5%) no son capaces de manejarse en entornos digitales y otros 7,6 millones más (un 21% adicional) sólo acredita habilidades digitales básicas, según este estudio de UGT.

Además de ser escaso, el teletrabajo se utiliza en España de una forma muy desigual, tanto por sexo, edad, autonomía y puesto de trabajo. Así, en junio de 2021 (últimos datos de la EPA y Red.es), las mujeres teletrabajaban más que los hombres: un 10% de forma habitual (y otro 5,5% de forma ocasional) frente al 8,9% (y 5,2% esporádicamente) los hombres. Y utilizan más el teletrabajo los empleados de mediana edad (10,3% de los ocupados de 35 a 44 años trabajaban habitualmente a distancia, 9,9% entre los de 25 a 34 años y 9,6% entre los 45 y 54 años), mientras baja entre los más jóvenes (sólo el 4,8% de los empleados de 16 a 24 años teletrabajaba habitualmente). Y también hay grandes diferencias por regiones: están por cima de la media nacional de teletrabajo habitual (9,4% en junio 2021) Madrid (18,7% teletrabajaban) y Cataluña (11,1%), siendo también elevado el porcentaje en Asturias (8,7%), Baleares (8,3%), Comunidad Valenciana y Galicia (7,4%), Andalucía y Canarias (7,1%). Y el teletrabajo habitual es testimonial en Extremadura (4,3%), Ceuta (4,6%), Navarra (5%), Cantabria (5,3%) y Murcia (5,4%), según el INE.

Y lo más importante, la desigualdad por tipo de empresa y empleo: sólo un 22,3% de los ocupados (4,4 millones de trabajadores) pueden trabajar a distancia, según un estudio de Randstad. Y lo detalla por sectores, con datos de la EPA: los que más pueden teletrabajar son los ocupados en los servicios públicos (el 36% de ellos), los trabajadores de las eléctricas, agua y gas (podrían teletrabajar el 30,1%), los trabajadores de las finanzas (45%), los de las inmobiliarias y servicios empresariales (41,5%), los trabajadores educativos y sanitarios (35,9%), los de la industria química (29,8%) y los del papel y artes gráficas). El resto de actividades tienen un potencial de teletrabajo inferior a la media (22,3%), siendo muy bajo en el campo (4,1%), la construcción (13,3%), la industria agroalimentaria (13,8%), el comercio (13,9%) o la industria (14,3%). Y a su vez, los puestos de trabajo que permiten mejor trabajar a distancia son los directivos y gerentes (casi 100% pueden teletrabajar), técnicos y profesionales (59,9%), contables y oficinistas (46,3%), pero muy poco los trabajadores no especializados, vendedores y operadores.

Ahora que el teletrabajo se está desinflando, también se reduce de una forma desigual, según lo confirma esta Encuesta COTS realizada por CCOO en 2021. Si el teletrabajo habitual ha caído del 25,2% de los trabajadores encuestados en 2020 al 9,8% en 2021, el porcentaje es sólo del 2,9% en los trabajadores manuales y un 31,6% en los “no manuales”. Y por puestos de trabajo, el teletrabajo habitual ha caído más en los puestos directivos de las empresas (del 64% que teletrabajaban en 2020 al 20,1% en 2021) y entre los administrativos (del 55,7% al 35,6%) pero menos entre los técnicos (del 45,9% al 32%) y en la industria y la construcción (del 3,9% al 1,4%), que ya tenían un nivel mínimo de teletrabajo.

Con la vuelta de las vacaciones, a principios de septiembre, la mayoría de las empresas españolas han aprobado Planes para la vuelta al trabajo presencial de la mayoría de sus trabajadores, una vez terminado el estado de alarma el 9 de julio (el 9 de agosto, tres meses después, terminó el plazo legal para terminar con el trabajo remoto como medida de contención sanitaria). De momento, la mayoría de las grandes empresas han optado por un modelo híbrido, consistente en adoptar un trabajo 3+2 (3 días de trabajo presencial en la empresa) o 4+1 (sólo 1 día de trabajo a distancia). Y eso por dos razones. La primera y fundamental, porque todavía no han pactado con sus trabajadores, en convenio, la aplicación del Real decreto-ley de trabajo a distancia, aprobado el 22 de septiembre, que daba de un año a tres para adaptarse a las empresas que ya tenían un Plan de teletrabajo antes de la pandemia Y la segunda, que afecta más a las pymes, porque muchas empresas creen que aplicar el teletrabajo sólo les va a aumentar los costes y les crea muchos problemas (seguridad informática, absentismo y abusos, aislamiento de los equipos…).

Concretamente, la nueva normativa sobre teletrabajo obliga a las empresas a compensar a sus teletrabajadores de los gastos, dotándoles de medios informáticos y de trabajo (ordenador, teclado, ratón, cascos, silla ergonómica…) y compensándoles además algunos gastos adicionales, como la luz o la conexión a Internet. En las grandes empresas, la cuestión se ha resuelto (hasta que se pacte en convenio) con la entrega de “un kit de teletrabajo” y el pago de una cantidad fija al mes (de 35 a 55 euros en la mayoría). Pero en las empresas más pequeñas o sin presencia sindical, esto es más difícil y muchos optan por suprimir el teletrabajo, ahora que legalmente se puede por el reflujo de la pandemia.

En paralelo, la Administración pública también ha dado un paso atrás con el teletrabajo de los funcionarios. Si en abril de 2021 estaban teletrabajando un 30% de los funcionarios (la mayoría 3 días por semana), ahora el Gobierno ha decidido que sólo teletrabajen 1 día por semana, desde el 1 de octubre, mientras los sindicatos denuncian que el ministro Iceta les prometió (en abril de 2021) que podrían seguir teletrabajando en el futuro. La medida afecta a los 229.340 funcionarios de la Administración General del Estado, que volverán a trabajar presencialmente, con el objetivo de terminar con el sistema de cita previa el 31 de diciembre. Lo mismo están haciendo autonomías y Ayuntamientos (donde trabajan otros 2,3 millones de empleados públicos): en la mayoría se ha vuelto al trabajo presencial, salvo excepciones. Así, Cataluña prevé el 100% de atención presencial a finales de septiembre y en el País Vasco sólo teletrabajan 559 funcionarios, el 0,7% de la plantilla. La propuesta del sindicato CSIF es un modelo híbrido de trabajo para los funcionarios: 2 días en la oficina y 3 teletrabajando.

Todo apunta a que el teletrabajo, en las empresas y en la Administración, seguirá cayendo en los próximos meses, con las vacunas y la bajada de los contagios. España perderá así una oportunidad, conseguida con la pandemia, de apuntalar un sistema de trabajo que crece en el mundo y que tiene múltiples ventajas. Básicamente, que se evita la pérdida de tiempo en los desplazamientos (hasta 3 horas diarias en grandes ciudades) y la consiguiente factura para el medio ambiente (contaminación, emisiones, gasto de combustibles fósiles), además de que el teletrabajo facilita la conciliación familiar y el cuidado de hijos y dependientes. Y además, teletrabajar puede ser tan productivo o más que el trabajo presencial, depende de cómo se organice y de que la empresa tenga un Plan y medios. Eso sí, el teletrabajo tiene inconvenientes que hay que prever y evitar: seguridad y más riesgo de ciberataques, un posible bajón en la creatividad, dificultades para el trabajo en equipo (y el liderazgo) y menores oportunidades para la formación y el aprendizaje de los nuevos empleados.

Pero todos estos inconvenientes se pueden contrarrestar, sobre todo si la empresa (o el ente público) tiene un Plan de teletrabajo y pone personal y medios en aplicarlo. Eso sí,  España tiene que resolver dos cuellos de botella para ampliar el teletrabajo. El primero, la baja formación digital de los trabajadores: 10,7 millones de trabajadores no se han formado nunca en competencias digitales, según este estudio de UGT. Y más de la mitad de los adultos (el 55%) tienen competencias digitales a nivel básico y sólo un 32% las supera, con un 3,2% de  empleados cualificados en TIC (tecnologías información y comunicación), frente al 3,9% en Europa, según el DESI 2020. Y lo peor: sólo el 17,5% de nuestras empresas contratan expertos TIC. El 2º cuello de botella para el teletrabajo es el retraso digital de las empresas españolas, sobre todo las pymes. En general, invierten poco en herramientas digitales, por lo que España es el 5º país de Europa con más empresas de bajo nivel digital: un 56,8% del total, frente al 45,8% en la UE-28, 38,4% en Reino Unido, 41,4% en Alemania y el 50,3% en Francia, según el estudio “Digitalización de la empresa española”, de UGT.

En resumen, que la pandemia disparó el teletrabajo y dio una oportunidad a las empresas y a la Administración de avanzar en el trabajo a distancia, comprobando sus ventajas. Pero ahora, el teletrabajo se ha desinflado y corremos el riesgo de dar marcha atrás y volver a la presencialidad, a la cultura de “calentar la silla” y los horarios interminables, a costa de perder tiempo, medio ambiente, calidad de vida y familia.  Además, 6 de cada 10 trabajadores españoles quieren teletrabajar, al menos 2 días a la semana, según un estudio de Adecco. Pero, sobre todo, hay que apoyar el teletrabajo porque es una herramienta clave para digitalizar la economía, un reto donde España se juega su productividad, su empleo y su futuro. Avancemos a golpe de clic.

jueves, 1 de octubre de 2020

Teletrabajo con más garantías


Este 13 de octubre entra en vigor la nueva normativa del teletrabajo, que han utilizado 3 millones de trabajadores durante el estado de alarma, cuatro veces más que en 2019, antes de la pandemia. España se adelanta así a nuevas leyes sobre el teletrabajo que preparan Alemania y Portugal, pero el Decreto, pactado con sindicatos y patronal, tiene dos “trucos”: no afecta a los que teletrabajan por el coronavirus (aunque la empresa les tendrá que dar medios y compensarles gastos) y las empresas que tenían planes para trabajar a distancia tendrán entre 1 y 3 años para modificarlos. Pero la nueva normativa es un buen principio, que debería promover el teletrabajo con o sin pandemia, porque es menor que en el resto de Europa. Y podría ayudarnos a mejorar la productividad, conciliar y reducir atascos y contaminación, aunque sólo un tercio de trabajadores puede teletrabajar. La clave está en formar a los trabajadores y ayudar a las pymes, poco digitalizadas. Trabajemos a golpe de clic.

 

El coronavirus ha dado un tremendo empujón al teletrabajo en España. Entre abril y junio, en pleno estado de alarma, 3.015.200 trabajadores (1 de cada 6 ocupados) optaron por el trabajo a distancia desde sus casas, según la EPA del 2º trimestre de 2020 (INE). Son un 16,2% de los trabajadores, menos de lo que estimaban algunos estudios, como el del IVIE y la Comunidad Valenciana, cuya encuesta reveló que un 34% los españoles teletrabajaron en abril. Pero el salto del teletrabajo es tremendo, porque en 2019 teletrabajaban la cuarta parte de españoles: un 4,8% de los ocupados trabajaban normalmente desde casa (o más de la mitad de los días), según el INE, quien suma otro 3,5% de ocupados que teletrabajaba “ocasionalmente”. Un porcentaje que se había casi duplicado desde 2007 (2,7% ocupados teletrabajaban normalmente) y que era mayor entre los hombres de edad madura y entre las parejas con hijos de Asturias, Baleares y Galicia, según los datos de Estadística.

A falta de datos europeos del teletrabajo durante la pandemia, lo normal es que España haya seguido por detrás de la media europea, como ya sucedía en 2019: nuestro 4,8% de ocupados teletrabajando era inferior al 5,4% de media en la UE-28, al 5,2% de teletrabajo en Alemania y al 7% de Francia, pero sobre todo estaba muy por debajo del trabajo a distancia en los paises nórdicos, desde el 14,1% de ocupados que teletrabajan en Finlandia y Holanda, el 9,9% en Austria y el 7,8% en Dinamarca, según los últimos datos de Eurostat (2019).

¿Por qué estábamos más retrasados en teletrabajo? Básicamente, por nuestro modelo productivo (tenemos una economía muy basada en los servicios (turismo, hostelería y comercio) y porque tenemos un exceso de pymes, poco proclives a la digitalización y el teletrabajo, además de una menor formación digital de los trabajadores: 12 millones de españoles (un 33,5%) no son capaces de manejarse en entornos digitales y otros 7,6 millones (un 21% más) solo acredita  habilidades digitales básicas, según este estudio de UGT.

Ahora, el coronavirus y el confinamiento han servido para relanzar el teletrabajo y los expertos creen que mucho de lo avanzado se va a mantener tras la pandemia. Para impulsarlo, el Gobierno ha negociado desde junio con sindicatos y patronal, para aprobar un Decreto-Ley sobre el teletrabajo, que hasta ahora estaba regulado por un sólo artículo, el 13 (sólo unas líneas), del Estatuto de los Trabajadores, que es de 1980 (aunque se ha retocado por reformas laborales en 1.995, 2000, 2012 y 2015). En Europa, unos paises tienen una regulación legal específica (Francia, Portugal, Italia, Reino Unido y Paises Bajos) y otros lo dejan para que se regule en los convenios de sector o de empresa (Alemania, Suecia o Finlandia), aunque Portugal y Alemania preparan este otoño una Ley específica para el teletrabajo. Todos se rigen por el Acuerdo Marco Europeo del Teletrabajo de 2002 (actualizado en 2005), que establece los principios básicos: que sea voluntario, con acuerdo escrito, cargando con costes del teletrabajador, asegurando sus derechos y protegiendo sus datos y su derecho a desconexión.

El Real Decreto-Ley sobre el trabajo a distancia, aprobado el 22 de septiembre y que entra en vigor el 13 de octubre (para que las empresas se adapten), considera teletrabajo cuando se trabaja a distancia al menos un 30% de la jornada (1,5 días a la semana) durante 3 meses. Debe ser voluntario y reversible: el trabajador o la empresa pueden dejarlo con un preaviso, según concrete el convenio. Y la empresa tiene obligación de dotar al trabajador de los equipos necesarios y pagarle los gastos, según lo que se estipule en un acuerdo escrito o en el convenio de la empresa. Y ahí también ha de fijarse el horario, los medios de control que puede utilizar la empresa, el lugar elegido para teletrabajar, las instrucciones para hacerlo y la duración del acuerdo. 

Eso sí, el pacto alcanzado entre patronal y sindicatos con el Gobierno, traducido en el Decreto-Ley, deja dos vías de adaptación. Una, que la nueva normativa no se aplica a los que teletrabajen por la pandemia, aunque el decreto-Ley sí obliga a las empresas a proveer de equipos a los trabajadores que trabajen a distancia y el convenio “establecerá la forma de compensar los gastos”. La otra vía de flexibilidad es que se permite a las empresas que ya tenían un Plan de trabajo a distancia que pacten con sus trabajadores la adaptación a esta Ley, en el plazo de 1 año (y hasta 3 años).

La nueva normativa del teletrabajo, que deberá ahora traducirse en miles de acuerdos empresa a empresa, se va a aplicar también entre los trabajadores públicos, tras el acuerdo alcanzado entre la Administración pública, autonomías, Ayuntamientos y todos los sindicatos de funcionarios. Ahora hay que negociarlo y aplicarlo institución a institución, con el objetivo de que una buena parte de los 3 millones de empleados públicos puedan teletrabajar, garantizando a la vez la atención presencial a los ciudadanos. De momento, 2,5 millones de funcionarios podrán solicitar el teletrabajo a partir de este 1 de octubre.

La pandemia nos ha dejado claro las enormes ventajas del teletrabajo para quien pueda utilizarlo. A nivel global, el trabajo a distancia mejora la productividad de la economía, porque reduce pérdidas de tiempo y aumenta el rendimiento de los trabajadores, a la vez que reduce la rotación de empleados y los costes en instalaciones. En España, el teletrabajo podría aumentar la productividad entre un +6,2% anual (si lo utiliza la mayoría de los que pueden hacerlo) y un +1,4% anual (si se incorpora una minoría), según este estudio de CaixaBank. Y para valorar este impacto, recuerda que España tiene un serio problema de baja productividad, que sólo creció un +0,3% anual entre 2000 y 2018. Otra ventaja del teletrabajo es que favorece la conciliación laboral y puede ayudar a mejorar la natalidad, que tanta falta hace. Y una tercera, que reduce la movilidad, sobre todo en las grandes ciudades, donde un tercio de los desplazamientos son al trabajo. Eso supone menos costes y menos contaminación, a la vez que modifica la venta de viviendas: los que teletrabajan buscarán casa fuera de las ciudades, pisos más grandes (despacho) y con algo de jardín, según este otro estudio de CaixaBank.

Y además, la mayoría de los españoles están a favor del teletrabajo, más tras la experiencia durante el confinamiento, aunque muchos se hayan quejado de imprevisión y falta de medios. Así, una Encuesta de las Cámaras de Comercio, hecha en septiembre, revela que el 84% de los españoles querría trabajar desde casa durante más de la mitad de la semana. Y la mayoría, el 74% creen que su trabajo se lo permite. Pero, por desgracia, no es así. Sólo un 22,3% de ocupados (4,4 millones) pueden trabajar a distancia, según un estudio publicado en marzo por Randstad.  Y lo detalla por sectores, con los datos de la EPA y el INE: los que más pueden teletrabajar son los ocupados en los servicios públicos (el 36%), seguidos de los trabajadores de las eléctricas, agua y gas (podrían teletrabajar el 30,1%), los trabajadores de las finanzas (45%), los de inmobiliarias y servicios empresariales (41,5%), los trabajadores educativos y sanitarios (35,9%), los de la industria química (29,8%) y los del papel y artes gráficos (28%). El resto de actividades tienen un potencial de teletrabajo inferior a la media (22,3%), siendo muy bajo en la agricultura, ganadería y pesca (4,1%), construcción (13,3%), industria agroalimentaria (13,8%), comercio (13,9%) o en la industria (14,3%).

Además, el teletrabajo es muy desigual según los puestos de trabajo en cada sector, siendo mayor entre los directivos y gerentes (casi 100%), técnicos y profesionales (59,9%), contables y trabajadores de oficina (46,3%), pero muy bajo en el resto de empleos, sobre todo entre los poco cualificados, siendo nula la posibilidad de teletrabajo en los grupos CNO 5,6,8,9 y 0: trabajadores de la restauración, servicios personales y protección, vendedores, operadores de maquinaria, montadores y personal de las fuerzas armadas, según el informe de Randstad. Al final, estas diferencias se acaban viendo por autonomías, por su distinta estructura económica, sectorial y de ocupados. Así, el teletrabajo es más posible en las autonomías más ricas: Madrid (28% ocupados podrían teletrabajar, aunque sólo el 5,1% lo hacían en 2019), Cataluña (25,1%), País Vasco (24,5%), Navarra (23%) y Asturias (22,4%), las cinco por encima de la media de teletrabajo potencial en España (22,3%). Y tienen menos potencial para teletrabajar las más pobres: Extremadura (17,5% de los ocupados, aunque sólo el 5% teletrabajan)), Castilla la Mancha (18,2%), Andalucía (19%), Canarias (19,2%), Murcia (19,3%), la Rioja (19,8%), Castilla y León (19,9%), según Randstad.

Otro estudio más reciente, de CaixaBank en junio, eleva el potencial del teletrabajo en España al 32,6% de los trabajadores (unos 6 millones), menos que en la mayoría de Europa, donde el potencial de teletrabajadores varía desde el 44,2% de los ocupados en Suecia, el 43,5% en reino Unido o el 41,5% en Paises Bajos al 37,7% en Francia, el 36,7% en Alemania, el 35% en Italia, el 33,2% en Portugal o el 32,3% en Grecia, con una media del 37,7% de teletrabajadores potenciales en la eurozona. Como se ve, España es el tercer país europeo con menos potencial para el teletrabajo, debido a las peculiaridades de nuestro modelo económico (que ya hemos sufrido con la pandemia): menos servicios con alto valor añadido que permiten el teletrabajo (información, comunicaciones, servicios financieros) y más servicios minoristas (comercio, hostelería y turismo), construcción o transporte.

Así que nos guste o no, sólo 1 de cada 3 ocupados puede teletrabajar, como mucho. Pueden trabajar a distancia la mayoría de los empleados en actividades financieras y de seguros (hasta un 80% podrían), en empresas de información y comunicaciones (el 78%), e inmobiliarias (hasta el 65%). Y también muchos en la administración pública, educación y sanidad (50%) y en actividades profesionales, científicas y técnicas (45%). Pero pueden teletrabajar muy pocos en la industria (un 25% máximo), el comercio, la hostelería y el transporte (23%), las actividades artísticas y recreativas (un 19%) y en la construcción (sólo un 14%), según este estudio de CaixaBank. Y también depende del puesto de trabajo.

Al margen de que España tenga menor potencial para el teletrabajo que el resto de Europa, por nuestro modelo económico, tenemos también 2 “cuellos de botella” para teletrabajar. Uno, la baja formación digital de los trabajadores: 10,7 millones de trabajadores no se han formado nunca en competencias digitales, según este estudio de UGT, que revela como las empresas españolas han abandonado la formación digital de sus trabajadores. Y más de la mitad de los adultos (el 55%) tiene competencias digitales a nivel básico y sólo un 32% las supera, con sólo un 2,9% de empleados cualificados en TIC (tecnologías de la información y comunicación), frente al 3,7% de media en Europa, según el DESI 2019. Y lo peor: sólo el 17,5% de las empresas españolas contratan expertos TIC.

Precisamente, el 2º cuello de botella para el teletrabajo es el retraso digital de las empresas españolas, sobre todo las pymes. De entrada, sólo la mitad (el 53,3%) de las empresas con menos de 10 empleados proporcionan a sus trabajadores dispositivos que permitan la conexión móvil a Internet para uso empresarial. Y de sus trabajadores, sólo un tercio (33,4%) tiene ese acceso móvil a Internet para trabajar, según el INE. Y más datos: sólo dos tercios de las pymes tienen página web, sólo un 18,17% venden por Internet, un 8% de todas las empresas acceden al Big Data, un 3% a impresoras 3F, un 11% usan robots  y sólo la mitad acceden a la nube. En general, nuestras pymes no invierten en herramientas digitales, lo que lleva a España a ser el 5ª país en Europa con más empresas de bajo nivel digital: un 56,8% del total, frente al 45,8% en la UE-28, el 38,4% en Reino Unido, el 41,4% en Alemania y el 50,3% en Francia, según el estudio “Digitalización de la empresa española”, de UGT.

En resumen, que el teletrabajo ha dado un salto con la pandemia y Gobierno, sindicatos y empresas quieren reforzarlo, pero no todo el mundo puede teletrabajar, sólo un tercio como mucho de los empleados y eso según dónde trabajen. Para relanzar el trabajo a distancia, que tiene más ventajas que inconvenientes, España debe volcarse en formar a los adultos y en ayudar a las empresas a digitalizarse, porque estamos muy retrasados. Y eso exige un Plan, dinero y ayudas, para aprobar esta asignatura pendiente, la digitalización de la economía, donde el teletrabajo es una herramienta clave. Avancemos a golpe de clic.