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lunes, 30 de junio de 2025

Los jóvenes, precarios, mal pagados y aislados

Que la situación económica de los jóvenes es alarmante no es noticia, desgraciadamente. Lo más preocupante es que se han beneficiado poco del fuerte crecimiento del empleo tras la pandemia, que siguen teniendo mucho paro y empleos precarios y mal pagados. Y que ahora, con los alquileres y pisos por las nubes, no pueden formar una familia ni emanciparse. Pero además, un reciente informe señala otros dos problemas de fondo para los jóvenes. Uno, que el bajo crecimiento de la población lastra la economía mientras a sus padres les benefició el “baby boom”. Y el otro, que la política y la economía benefician hoy más a los mayores que a los jóvenes, que son menos que los jubilados y no tienen casi protagonismo político. Urge tomar medidas para evitar que malviva toda una generación y acabe siendo utilizada por la extrema derecha. Medidas que van desde la educación y formación a los contratos, los sueldos y condiciones laborales, la conciliación laboral y, sobre todo, la vivienda.

                           Enrique Ortega

El fuerte crecimiento económico de España tras la pandemia se ha traducido en un récord de nuevos empleos, pero los jóvenes se han beneficiado menos de ellos que el resto de la población. Los datos son elocuentes: la ocupación aumentó en casi 1,8 millones de personas (+1.798.500) entre finales de 2019 y marzo de 2025, según la EPA y sólo un 22% de estos nuevos empleos fueron para menores de 30 años (+403.400 empleos) mientras los mayores de 45 años aumentaron su ocupación en +1.734.600 empleos. Los jóvenes de 16 a 19 años sólo aumentaron su ocupación en +8.600 empleos (+5,8%), los de 20 a 24 años en 186.600 empleos (+20,5%) y los de 25 a 29 años en +208.200 empleos (+12,1%), mientras los mayores de 55 años, por ejemplo, ganaron +1.066.400 empleos (+29,42%). 

Y lo mismo pasa con el paro: se redujo de 3.191.900 desempleados a finales de 2019 a 2.789.200 en marzo de 2025 (-402.700 parados), según la EPA, pero sólo bajó el desempleo de los jóvenes (16-24 años) en -12.500 parados (-2,70%), mientras bajaba el paro en 422.000 personas (-19,02%) entre los de 25 a 54 años y subía en +31.000 parados (+6%) entre los mayores de 55 años, por el aumento del paro de larga duración. Y el paro juvenil  (menores 25 años), aunque ha bajado (del 30,5% en 2019 al 25,6% en marzo de 2025), es todavía casi el doble del europeo (14,8%) y cuatro veces el de Alemania (6,8%), según Eurostat.

Así que el crecimiento, el empleo y la bajada del paro han beneficiado menos a los jóvenes, que tienen un problema de entrada: tardan varios años en colocarse y tienen una tasa de empleo más baja que el resto de la población y que en el resto de Europa. Así, en España, la tasa de empleo es del 42,3% entre los 16 y 29 años (trabajan menos de la mitad de los que podrían hacerlo), mientras es del 67% para el conjunto de la población (16 a 64 años). Y si comparamos a nuestros jóvenes con Europa (la estadística de Eurostat se refiere a los jóvenes de 15 a 29 años), en España trabajan el 40,3%, frente al 49,5% en la UE-27, el 62,9% en Alemania, el 48,6% en Francia y el 34,4% en Italia.

Trabajan menos jóvenes en España por 2 razones, según los expertos. Una, por el modelo económico español, que tiene empresas más pequeñas y un menor peso de la industria y la tecnología, con un exceso del sector servicios, que ofrece un empleo más vulnerable. Y la otra, por la menor formación de los jóvenes españoles, con más universitarios pero menos con formación media y FP: hay una “brecha” del 37% entre los empleos que buscan las empresas y la formación de los jóvenes que buscan empleo, según un informe de McKinsey. Y además, eso provoca que España sea el país con más jóvenes “sobrecualificados”: el 35,8% de los graduados superiores (20 a 64 años) están empleados en puestos de baja cualificación (licenciados que trabajan de camareros o cajeros de supermercado), frente a sólo el 21,9% de jóvenes “sobrecualificados” en la UE-27.

El siguiente problema de los jóvenes, cuando ya encuentran un empleo, es que suele ser muy precario y mal pagado. En 2024, el 60,5% de los contratos de los menores de 30 años fueron temporales, según un reciente estudio de Fedea y el Consejo de Economistas. Y además, muchos contratos de los jóvenes son a tiempo parcial, por horas o días: más de la cuarta parte de los jóvenes que trabajan (el 27,7%) tienen uno de estos contratos a tiempo parcial, el doble que el conjunto de trabajadores (la parcialidad global afecta al 14,1% de los ocupados). En consecuencia, en 2024 había 852.900 jóvenes (16 a 29 años) trabajando a tiempo parcial (la mayoría, 518.600, mujeres jóvenes). Y lo más preocupante es que casi la mitad de estos jóvenes que trabajan menos horas (el 46%) lo hacen porque no encuentran un trabajo a jornada completa, según los datos de la EPA.

Con tantos empleos temporales y a tiempo parcial, la consecuencia es que el sueldo de los jóvenes es más bajo que el del resto de los trabajadores.: el salario medio bruto de los menores de 30 años es de 1.558 euros mensuales, un 27% más bajo que la media de sueldos en España, según el estudio de Fedea y el Consejo de Economistas. Y por franjas de edad, hay sueldos aún más bajos: 11.313,36 euros brutos de media ganan los menores de 20 años (el 40% de la media nacional), 15.364 euros es el sueldo medio de los que tienen de 20 a 24 años (el 55% de la media) y 21.039 euros el sueldo anual de los que tienen entre 25 y 29 años (el 75% de la media nacional), según la Encuesta de salarios del INE (2023).

Además de estos bajos sueldos brutos, el sueldo neto de los jóvenes es también bajo, porque pagan impuestos y cotizaciones. Aunque muchos jóvenes no declaran, por sus bajos sueldos, soportan una alta carga fiscal por pago de cotizaciones sociales e IVA. Así, los jóvenes menores de 20 años pagan un 6,45% de su sueldo bruto (11.313 euros anuales) en cotizaciones, los que tienen de 20 a 24 años (y ganan 15,364 euros) pagan un 7,31% entre IRPF más cotizaciones y los que tienen entre 25 y 29 años (que ganan 21.039 euros brutos) pagan un 18,56% entre IRPF y cotizaciones, según el Consejo de Economistas. Y a la hora de comprar y pagar el IVA, los menores de 35 años son los que dedican más parte de sus ingresos a pagar IVA: el 7,7%, frente al 6,6% los que tienen entre 55 y 64 años, el 6,4% los que tienen entre 65 y 74 años y el 6,3% los mayores de 75 años.

Además de la precariedad y los bajos sueldos, los jóvenes llevan una década sufriendo el disparatado precio de la vivienda, tanto la compra (los pisos han subido un +55,4% entre 2014 y 2024) como el alquiler (+81% subida desde 2024). Mientras la mayor parte de sus padres tienen su casa en propiedad (el 70%), sólo el 42% de los hogares jóvenes ha podido comprar o acceder a una vivienda. Y la mayoría tiene que alquilar, algo difícil porque apenas hay alquileres disponibles (cada oferta tiene 35 potenciales inquilinos) y porque su precio está disparado (1.305 euros de media en España, 1.953 euros en Madrid y 2.151 en Barcelona, según Idealista) y obliga a los jóvenes a destinar el 40% y más de su sueldo a pagar el alquiler, algo que limita su emancipación y su movilidad geográfica.

De hecho, los jóvenes se emancipan en España a los 30,3 años (era a los 28,4 años en 2008), frente a los 26,4 años en la UE-27 y los 23 y 24 años a los que se emancipan en Francia o Alemania. Y además, muchos jóvenes, al no ver oportunidades en España, emigran: entre 2021 y 2024 han salido de España 650.000 jóvenes de 18 a 35 años, buscando una oportunidad laboral y vital en el extranjero, según el estudio de Fedea y el Consejo de Economistas. En paralelo, muchos jóvenes no pueden irse a trabajar a otra ciudad distinta a la que viven sus padres (en la hostelería o como profesores, médicos o policías) porque no pueden pagar allí el elevado alquiler (caso de Madrid, Barcelona y las islas).

Junto a todos estos problemas, los jóvenes españoles sufren una “doble desventaja estructural, según el reciente estudio de Fedea y el Consejo de Economistas. La primera, que la demografía no les ayuda (como a sus padres) sino que les supone ahora un lastre: si en el siglo pasado (entre 1980 y 1999), el crecimiento per cápita creció mucho (+59,4%), en gran parte fue por la demografía, el “baby boom” (aportó un 11,15%). Pero ahora, entre 2000 y 20129, el crecimiento per cápita ha sido la tercera parte (+20,34%) ha sido porque la demografía (pocos nacimientos) ha lastrado el crecimiento (-2,76%). A lo claro: la demografía frena ahora el crecimiento de los jóvenes mientras empujó el de sus padres.

La otra desventaja, más polémica, es que la política económica y las prioridades de los Gobiernos son los mayores y no los jóvenes, porque son más y votan, según el estudio de Fedea y el Consejo de Economistas. Si en los años 80 y 90, los padres de los jóvenes actuales protagonizaban la economía y la política, sus hijosno tienen aliados, según el estudio, que insiste en el protagonismo económico y político de los mayores. Y se apoyan en que las pensiones se llevan ya el 30% del gasto público y suponen el 12,9% del PIB, siendo “las más generosas de Europa”: la pensión pública  representa el 77% del último salario en España, frente al 62,6% en Paises Bajos, el 59,3% en Italia, el 41,6% en Francia o el 36,8% en Alemania, según datos de Eurostat (2022).

En definitiva, el estudio señala que hay un desequilibrio en las prioridades y el gasto a favor de los mayores (que son más: 10 millones de españoles tienen más de 65 años) y en perjuicio de los jóvenes (hay 7 millones entre los 18 y 30 años), que además se encuentran socialmente más aislados, “pasando de la política” y sin cauces propios de representación institucional (salvo la “atracción” por la extrema derecha en muchos casos). Por eso, estos expertos piden “reequilibrar el contrato generacional”, destinar más recursos a las políticas juveniles y a mejorar la productividad de la economía, para alentar un crecimiento de fondo, al margen de la demografía. Y por eso piden que se cumpla una regla sencilla: por cada nuevo euro que España gaste en mayores, que se gaste otro euro en políticas dirigidas a los jóvenes. Y que en todas las nuevas Leyes y en el Plan de recuperación en marcha, se tenga en cuenta el impacto sobre los jóvenes.

Además de orientar más la política y la economía a los jóvenes, los expertos coinciden en la necesidad de tomar medidas en varios frentes para dar una salida a las nuevas generaciones. Hay que empezar por el principio, por la enseñanza: mejora de la formación en colegios, institutos y Universidades, para adecuarla a lo que necesitan las empresas, mejorando la orientación laboral de los jóvenes y su digitalización. En el mercado laboral, hay que fomentar la contratación indefinida y avanzar en la formación dual (trabajo y formación) y en mejorar las prácticas y becas (el Estatuto del Becario sigue sin aprobarse por el Gobierno, tras anunciarse con los sindicatos hace más de 700 días). Y hay que mejorar la conciliación laboral de las familias jóvenes, con más ayudas por hijos. Pero sobre todo, urge una política de vivienda que facilite el alquiler a los jóvenes, con ayudas hoy escasas e ineficaces.

En resumen, que la situación de los jóvenes es cada vez más preocupante en España, quizás porque los distintos Gobiernos han pensado más en los mayores, que son los que más cotizan, pagan impuestos y votan. Pero si queremos tener futuro como país, hay que cambiar las reglas del juego y pensar que son los jóvenes los que han de protagonizar la modernización de la economía y la mejora del nivel de vida, la digitalización, la descarbonización y el salto formativo y  tecnológico que nos hagan más productivos y competitivos. Sin abandonar a los mayores, pero reequilibrando el “contrato generacional” en España. Urge pactar un Plan de medidas a favor de los jóvenes, a corto y medio plazo, para conseguir que los jóvenes de dentro de 20 años vivan mejor que los de hoy. Se lo debemos.

jueves, 26 de septiembre de 2024

Jóvenes: trabajo más precario y peor pagado

El empleo de los jóvenes ha crecido más que el del resto de españoles. Y también ha bajado porcentualmente más el paro juvenil. Una gran noticia que no puede ocultar otra: los jóvenes siguen teniendo empleos más precarios, a pesar de la reforma laboral: 1 de cada 3 que trabajan tienen un contrato temporal (el doble que todos los trabajadores) y 1 de cada 4 tienen un contrato a tiempo parcial (por horas o días), el doble que todos los empleados. Esta doble precariedad lleva a que los jóvenes cobran sueldos mucho más bajos: ganan una cuarta parte menos que el sueldo medio y 8 de cada 10 jóvenes declaran sueldos inferiores al salario mínimo. Así, la mayoría de jóvenes no pueden hacer planes de futuro, independizarse (sólo el 17%) y comprar o alquilar un piso (carísimos: un alquiler se lleva el 92% de su sueldo). Está claro: o mejoramos los trabajos de los jóvenes y los alquileres o les condenamos a un futuro incierto. Y nadie toma medidas.

                            Enrique Ortega

El alto crecimiento de los últimos años, tras la pandemia, y la reforma laboral (en vigor desde marzo de 2022) han servido para crear muchos más empleos (+1.717.800 ocupados desde diciembre de 2019) y que sean más estables y menos precarios. Curiosamente, la mejora del empleo ha beneficiado más a los jóvenes. Por un lado, los menores de 30 años han conseguido estos años 415.200 nuevos empleos, +15%, casi el doble del aumento del empleo total (+8,6%), según la EPA. Y si analizamos el último año (junio 2023-junio 2024), los menores de 30 años se han llevado la cuarta parte de los empleos creados (108.700 de 426.300), un aumento del +3,5% (frente al 2% que creció todo el empleo). Y ha crecido más el empleo de los más jóvenes (+14,6% entre 16 y 19 años) y los que tienen entre 20 y 24 años (+7,15%), creciendo poco entre 25 y 29 años (+0,6% el último año).

Con ello, los jóvenes españoles batieron en junio 2024 un récord histórico de empleo (trabajaban 3.192.400 jóvenes menores de 30 años) y también un récord de afiliación a la Seguridad Social: 3.328.710 afiliados menores de 30 años. Por otro lado, el paro de los jóvenes ha caído más que el paro general: del 24,8% en junio de 2019 al 19,8% en junio de 2024 (-5%), la tasa juvenil más baja desde 2005, mientras el total del paro bajaba estos 5 años del 14,02% al 11,27% (-2,8%). Y otra vez, bajó más el paro de los más jóvenes (-41% entre 16 a 19 años) y los de 20 a 24 años (-25%) que en el resto (-16,2% paro 25 a 29 años).

Hasta aquí las buenas noticias. Porque cuando se profundiza en el empleo juvenil creado, se ve que el empleo de los jóvenes sigue siendo mucho más precario que el del resto, según revela un reciente estudio de UGT. Así, en junio de 2024 había 1.982.200 asalariados jóvenes (menores de 30 años) con contrato indefinido, el 66,38% de los jóvenes asalariados, frente a un total de 15.498.800 asalariados indefinidos, el 84% del total. Así que un tercio de los jóvenes asalariados (el 33,62%) tienen un contrato temporal, el doble que el conjunto de asalariados (sólo el 16% son temporales). Eso sí, la reducción de la temporalidad entre 2021 y 2024 ha sido mayor entre los jóvenes (-21,2%) que en el conjunto de trabajadores (-9,2%).   Así que la reforma laboral ha beneficiado más a los jóvenes, pero todavía sus contratos son el doble de temporales que los del resto de asalariados. Y además, esa temporalidad es mucho mayor entre los que tienen de 16 a 19 años (63,5% tienen contratos temporales) y entre los que tienen de 20 a 24 años (41,4% contratos son temporales).

El 2º dato que revela la precariedad del trabajo de los jóvenes, según denuncia el estudio de UGT, es que tienen un alto porcentaje de contratos a tiempo parcial (trabajan menos horas de la jornada habitual o menos días a la semana). En junio de 2024, el 25,7% de los contratos de los jóvenes (menores de 30 años) que trabajan son a tiempo parcial, el doble de los contratos a tiempo parcial que tienen el conjunto de los trabajadores, un 13,6%. Y otra vez, los más jóvenes, los que tienen de 16 a 19 años tienen más contratos a tiempo parcial (el 57,4%), al igual que los jóvenes de 20 a 24 años (36,4% con contratos a tiempo parcial), bajando sólo entre los de 25 a 29 años (16,4 % contratos a tiempo parcial).

Una parte de estos jóvenes trabajan menos horas (o días) porque quieren” (el 42,4%), para compaginar el trabajo con los estudios. Algo que sólo hacían el 18,7% hace una década, lo que indica que ahora, con las sucesivas crisis, muchos jóvenes buscan un trabajo por horas (compatible con sus estudios) “para ayudar en casa". Pero casi la otra mitad de jóvenes que trabajan a tiempo parcial (el 42,3%) lo hacen porque no encuentran un trabajo a tiempo completo”. Son “lentejas”: o trabajan sólo unas horas o unos días o siguen en paro. Y esta es la principal razón  para los jóvenes de 25 a 29 años que trabajan a tiempo parcial (el 57,3% lo hacen porque no encuentran otro empleo).

En resumen, que los jóvenes han conseguido más empleos y rebajar más el paro que el resto de trabajadores, pero siguen con trabajos mucho más precarios, con más contratos temporales y a tiempo parcial. La consecuencia de esta doble precariedad” es que ganan menos: su salario medio es una cuarta parte menor al del conjunto de los trabajadores. Según el decil de salarios EPA 2022, el salario medio bruto de los menores de 30 años es de 1.558,3 euros mensuales (por 12 pagas), 18.699,3 euros brutos anuales, el 73,2% del salario medio nacional (2.128,4 euros brutos, 25.536 euros anuales). Y además, estos salarios de los jóvenes han subido menos (un +9,6% desde antes de la pandemia hasta 2022) que los del conjunto de trabajadores (+11,4%), según el estudio de  UGT.

Esa es la media salarial de los menores de 30 años, porque la mayoría de jóvenes, los que trabajan con menos de 26 años ganan aún menos: el 80% tenían un sueldo inferior al salario mínimo a tiempo completo (14.000 euros en 2022), según la Agencia Tributaria. Y también ganaban menos del SMI el 40% de los jóvenes de 26 a 35 años. Otra estadística, la Encuesta de Estructura Salarial del INE (2022) revela que mientras el salario medio de todas las edades era de 26.948 euros brutos, los menores de 20 años ganan 10.597 euros (el 39%), los de 20 a 24 años 15.181 euros (el 56%) y los de 25 a 29 años, 20.459 euros (el 76%). Y el último estudio del Consejo de la Juventud señala que los jóvenes (menores de 30 años) ganan 1.050,77 euros netos al mes.

Con este panorama, trabajos más precarios y sueldos muy bajos, los jóvenes que trabajan tienen difícil sobrevivir y más todavía emanciparse. Por un lado, con la alta inflación de los últimos 3 años (+16% de subidas acumuladas), han perdido poder adquisitivo y el 41,7% de los jóvenes no tiene capacidad para afrontar gastos imprevistos, según el INE, frente al 37,1% el conjunto de españoles. La mayoría de los jóvenes trabajadores tienen problemas para llegar a fin de mes y 1 de cada 5 jóvenes está en situación de pobreza (ingresan menos del 60% de la media del país): un 21,4% de jóvenes son considerados “pobres, según el INE, frente al 20,2% del total de españoles.

La consecuencia inmediata de la alta precariedad laboral de los jóvenes y sus bajos salarios es que no pueden emanciparse: sólo el 17% de los jóvenes menores de 30 años están emancipados en España (el 4,6% de 16 a 24 años y el 39,4% de 25 a 29 años), frente al 31,9% en la UE-27. El resto, viven con sus padres y se emancipan mucho más tarde que en Europa: a los 30,4 años de media, frente a los 26,3 años en Europa.

La clave de que dos tercios de los  jóvenes españoles vivan con sus padres (el 65,6% de los que tienen de 18 a 34 años, frente al 49,6% en la UE-27) no está sólo en su trabajo precario y mal pagado: se agrava por los altísimos precios de la vivienda, en propiedad y en alquiler. Para poder comprar un piso, los jóvenes necesitan tener un 25% del precio ahorrado (o que se lo den sus padres), para la entrada y los gastos iniciales. Y después, pagar una hipoteca media de 750 euros mensuales, que supone el 72% de un sueldo joven medio. Y para pagar un alquiler, ya necesitan 968 euros de media, según el estudio de UGT. Y además, pagar los gastos fijos de la vivienda (agua, luz, Internet y gastos comunitarios). Un estudio del Consejo de la Juventud revela que el coste de un alquiler y sus gastos fijos son ya 1.131 euros al mes, 80 euros más de lo que ganan los jóvenes en España (1.050,77 €) . Y hay que comer, pagar transporte, vivir… Imposible.

Este es el negro panorama de los jóvenes que tienen un trabajo. Pero aún lo tienen peor los jóvenes que lo buscan, que no trabajan y están en paro: 786.000 parados con menos de 30 años en junio 2024, según la EPA. Y cada año hay unos 350.000 jóvenes que terminan sus estudios (Bachillerato y FP más 200.000 licenciados universitarios) y buscan su primer trabajo, una “odisea”. Según las estadísticas, el 25% de estos jóvenes tardan más de 1 año en colocarse, más tiempo cuanto menos formación tengan.

Los datos revelan que España es uno de los paises europeos donde los jóvenes tienen más problemas para trabajar una vez terminados sus estudios, según Eurostat. Así, de los jóvenes (entre 20 y 34 años) que terminaron sus estudios hace entre 1 y 3 años, sólo trabajan en España el 78,7%, frente al 83,5% que lo consiguen en la UE (y el 93,2% en los Paises Bajos, el 91,5% en Alemania o el 80,1% en Francia, bajando al 67,5% en Italia). Este porcentaje (78,7%) es menor para los que acaban Bachillerato o FP de Grado medio (64,2% trabajan en España y el 78,1% en la UE-27) y sube entre los licenciados universitarios (83,1% en España, frente a 87,7% en la UE-27). Esa menor “empleabilidad” explica que la tasa de paro juvenil en España sea la mayor de Europa: 25,5% de paro entre los menores de 25 años, casi el doble que la UE-27(14,5%) y cuatro veces el de Alemania (6,6%). 

¿Por qué los jóvenes españoles tienen más problemas para trabajar? Hay varias causas. Una clave es su formación: muchos jóvenes están poco formados (incluso muchos no han terminado el Bachillerato ni la FP de Grado medio) y, sobre todo, tienen una formación que no es la que piden las empresas. En el caso de los licenciados universitarios (200.000 al año), la mayoría han estudiado carreras no técnicas (no STEM: ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas), con menos demanda por parte de las empresas, que se quejan (un 75%) de  que no encuentran los perfiles de trabajadores que necesitan (big data, ciberseguridad, desarrolladores, TIC, trabajadores digitales…).

Otra razón que explica las dificultades de los jóvenes es su escasa experiencia. Es normal que un joven que busca su primer empleo no tenga experiencia, pero la “culpa” es de las Universidades que les forman y de las empresas, que deberían “forzar las prácticas” durante los años de formación (pero menos de la mitad de los universitarios las hacen). Y luego, hay que reformar el sistema actual de prácticas y becas fin de estudios, para conseguir que los jóvenes aprendan y no sirvan sólo como mano de obra barata para las empresas.

En los últimos años, hay también un cierto “recelo empresarial a contratar jóvenes. Lo revela una reciente Encuesta hecha a 1.200 dirigentes empresariales, donde el 40% piensan quelos graduados universitarios no están preparados para ingresar en el mundo laboral”, alegando 2 causas: que la generación Z (nacidos de 1977 a 2012) “no tiene ética de trabajo” (“pasan mucho”) y “les faltan habilidades de comunicación”. Eso hace que muchas  empresas prefieran contratar a mayores de 30 años (y menores de 45…).

Otra causa de la menor empleabilidad de los jóvenes es que sufren un cierto “tapón generacional: hay menos movilidad laboral y los trabajadores mayores no cambian de trabajo y se quedan más años en las empresas, lo que dificulta el acceso de los jóvenes. Esto lleva a que las plantillas de las empresas españolas estén cada vez más envejecidas y baje el porcentaje de jóvenes: en 2005, el 41% de los ocupados tenían menos de 35 años y ahora son solamente el 25%, mientras los mayores de 45 años copan el 50,1% del empleo total. Y las empresas no hacen apenas contratos de relevo (un trabajador mayor trabaja un 75% y el resto lo cobra de jubilación, mientras le sustituye un joven), porque les supone un mayor coste (en cotizaciones y sueldos reales) y también al Estado (más pensiones).

Y hay otra causa más, muy importante, que explica los problemas de los jóvenes para trabajar: las oficinas de empleo (SEPE) no les ayudan, ni a preparar currículums ni a divulgar demandas ni a recolocarse. Y como los jóvenes lo saben (creen que el SEPE es para “sellar y cobrar el paro”, los que lo cobran), resulta que el 58% de los jóvenes sin trabajo ni siquiera se registran como parados en el SEPE, mientras buscan trabajo por distintos portales privados de empleo (en los que sí confían) y por familiares y conocidos.

Al final, resulta que "la generación más formada de nuestra historia", los jóvenes que tienen menos de 30 años, están en paro o trabajan de forma precaria, con sueldos tan bajos que no les permiten emanciparse y formar una familia. Un drama para muchos jóvenes, que viven peor que sus padres y abuelos, lo que les hace perder interés por la política y la sociedad o radicalizarse. Y que exige medidas que los políticos no toman: reformar la enseñanza (desde el colegio a la Universidad) para formar en lo que necesitan las empresas, una mejor orientación educativa y laboral, una reforma drástica de las oficinas de empleo (para que ayuden a los jóvenes a colocarse), una política de prácticas y formación en las empresas, más ayudas a su contratación y, sobre todo, ayudas directas a los jóvenes para que puedan alquilar una vivienda, con promociones públicas. Un Plan para los jóvenes, porque nos estamos cargando su futuro. Y el nuestro.

jueves, 23 de mayo de 2024

Riqueza muy desigual entre mayores y jóvenes

En España, la desigualdad se ha reducido tras la pandemia y la inflación, por las ayudas públicas, aunque todavía supera la de las dos últimas décadas. Lo más preocupante es que ha crecido la desigualdad generacional, entre los jóvenes y sus padres y abuelos, según un informe del Banco de España. Más desigualdad porque tienen menos ingresos y tienen menos pisos en propiedad (el 31,8% frente el 69,3% de jóvenes propietarios en 2011), con lo que tienen menos patrimonio y riqueza. Y no pueden endeudarse, con lo que dos tercios de los jóvenes se ven obligados a vivir con sus padres hasta los 34 años. Un informe que reitera la idea de otro informe de la Fundación AFI: los jóvenes españoles viven peor que sus padres y abuelos. Un grave problema, que pone en riesgo nuestro futuro y que exige tomar medidas urgentes en la educación, la formación, el empleo, las políticas de vivienda y familia, para reducir la desigualdad de los jóvenes.

                   Enrique Ortega

La última crisis (2020-2022), tras la pandemia, la invasión de Ucrania y la alta inflación, más la drástica subida de tipos del BCE, ha estancado los ingresos reales de las familias: la renta mediana pasó de 32.100 euros por hogar en 2020 (ingresos 2019) a 32.400 en 2022 (+0,93%), aunque subió sobre la de 2017 (29.000 euros). Pero la crisis afectó de forma muy diferente a las familias, según sus ingresos. Así, el 20% de las familias que menos ganan estancaron sus ingresos entre 2020 y 2022 (+0,%, 10.800 euros en ambos años) y los que están en el percentil del 20 al 40% de ingresos los redujeron -0,47%, de 21.000 a 20.900 euros). Sólo mejoró algo el tercer grupo, los que están en el percentil de renta del 40 al 60% mediano, cuyos ingresos crecieron un +0,9% (de 32.100 a 32.400). Y mejoraron más los hogares de la parte media alta (percentil 60 al 80% de renta), cuyos ingresos crecieron un +4,8% (de 46.000 a 48.200 euros). Y más los hogares del percentil 80 y 90, cuyos ingresos medianos subieron un +7,75 (de 66.300 a 71.400). Pero los que salieron mejor parados, entre 2000 y 2020, fueron las familias más ricas (percentil 90 al 100), cuyos ingresos subieron un +11,2% (de 101.800 a 113.200 euros de ingresos anuales), según la Encuesta Financiera de las Familias 2022, que acaba de publicar el Banco de España.

A lo claro: que la crisis y la inflación han hecho más daño a las familias con menos ingresos, aumentando la desigualdad. Pero la Encuesta revela otro hecho menos conocido: hay una llamativa desigualdad generacional, según la edad del cabeza de familia, que revela que los jóvenes son los que han perdido más renta real en esta crisis. Así, los hogares encabezados por un menor de 35 años han bajado su renta mediana de 31.700 euros en 2020 a 29.100 euros en 2022 (-8,2%), según el Banco de España. Y los hogares encabezados por personas de 35 a 44 años han visto caer su renta real un -0,9% (de 37.300 a 35.600 euros). Luego, a partir de esta edad, los hogares sí han mejorado su renta real: los encabezados por personas de 45 a 54 años un +7,3% (de 34.300 a 36.800), los hogares con cabeza de familia entre 55 y 64 años mejoran un +0,55% (de 35.900 a 36.100 euros), los de 65 a 74 años un +4,46%, de 29.100 a 30.400) y los hogares encabezados por mayores de 74 años aumentaron sus ingresos un +9,1% entre 2020 y 2022 (de 19.800 a 21.600 euros).

En definitiva, los hogares jóvenes han perdido más ingresos reales porque tienen peores trabajos (más precarios) y sueldos más bajos, además de beneficiarse menos de las ayudas contra la inflación (que porcentualmente han ayudado más a los que más ganan).Y los mayores se han beneficiado de que las jubilaciones han compensado la inflación.

El estudio del Banco de España avanza hacia otro dato clave, la riqueza neta de los hogares (el valor de sus activos menos sus deudas). Una riqueza (o patrimonio) que apenas ha mejorado en la última crisis, subiendo un +3,7% entre 2022 y 2020 (de 137.600 de riqueza neta mediana a 142.700: la mitad de las familias por encima y la otra mitad por debajo). Pero aquí ha pasado lo mismo que con la renta: los hogares más pobres han visto caer su riqueza neta entre 2020 y 2022, mientras ha crecido entre los más ricos. Así, en el 20% de hogares con menos renta, la riqueza neta cayó un -19,8% (de 45.900 a 36.800 euros), igual que en la franja siguiente (percentil renta del 20 al 40%), en que cayó un -10,9%). En las franjas medias de renta (percentil 40 al 60 y percentil 60 a 80), la riqueza neta subió un +7 y un +1,3%, mejorando mucho más en los dos últimos niveles, los de los más ricos (percentil 80-90 y 90-100), cuya renta subió con la crisis un +9 y un +12% respectivamente.

Otro dato que confirma el aumento de la desigualdad, esta vez de la riqueza neta. Pero de nuevo, lo más llamativo es la desigualdad de riqueza generacional, según la edad del cabeza de familia. Los hogares encabezados por menores de 35 años han perdido un -26% de su riqueza neta entre 2020 y 2022 (de 27.000 a 20.000 euros), lo que contrasta con ese +3,7% que subió la riqueza neta de todos los españoles, según el Banco de España. Los hogares encabezados por personas de 35 a 44 años también perdieron riqueza neta (de 78.800 a 75.700), pero menos (-3,9%), lo mismo que los hogares de 45 a 54 años (de 131.200 a 128.300 euros de renta neta, -2,2%), mientras subió la renta del resto de hogares: +4,7% los encabezados por personas de 55 a 64 años (su riqueza subió de 180.900 a 189.400), +1,3% los de 65 a 74 años (subió de  222.900 a 225.800 euros su riqueza neta) y +18,96% subió la riqueza de los mayores de 75 años (de 186.100 a 221.400 euros).

La clave de este aumento de la desigualdad, sobre todo entre los más jóvenes y sus abuelos, se debe a la distinta composición de la riqueza por edades, a que la vivienda, las acciones y los Fondos tienen poco peso en el patrimonio de los jóvenes y mucho en el de los mayores, lo que mejora su riqueza al revalorizarse el valor de su vivienda o sus inversiones. En el conjunto de los hogares, el activo que más pesa es la vivienda habitual, que supone el 53% de todos los activos reales de los hogares (el 35,4% tienen otras propiedades inmobiliarias, un 10,2% negocios y el 1,4% restante joyas arte y antigüedades). Y lo que sucede es que tres de cada cuatro hogares (el 72,1%) tiene en propiedad su vivienda habitual, pero sólo la tienen el 31,8% de los hogares jóvenes menores de 35 años, según el Banco de España. Eso reduce drásticamente su patrimonio, su riqueza. Y contrasta con el dato de 2011, donde el 69,3% de los jóvenes menores de 35 años tenían su vivienda en propiedad. Un cambio drástico en España, que hace que los jóvenes no se emancipen y tengan menos riqueza.

Lo mismo pasa con la inversión en otros activos inmobiliarios (2ª vivienda, solares y fincas), que se concentran en los hogares más ricos y los mayores, contribuyendo con su revalorización a una mayor riqueza. Y también la inversión en acciones, Fondos y Planes de pensiones, concentrados en los más ricos (aumentando más su riqueza) y entre los mayores (sólo tienen acciones el 8% de los hogares jóvenes y Fondos el 4,9%, frente a 17,8% y el 12,4% de los hogares encabezados por mayores de 65 años), según el Banco de España. Eso sí, las cuentas y depósitos, que apenas rentan las tienen porcentualmente más los hogares pobres y de renta media que los más ricos. Y también más los jóvenes.

Más de la mitad de los hogares españoles (el 57%) tenían algún tipo de deuda en 2022 (35.000 euros de media), un porcentaje mayor que antes de la crisis financiera (en 2002, sólo tenían deuda el 42,5% de los hogares). Pero su peso ha caído, porque las familias han tratado de desendeudarse desde 2008 y ahora sus deudas representan sólo el 9,3% del valor de sus activos (suponía el 12,5% en 2014 y el 11,3% en 2020). Dos tercios de esa deuda de las familias (el 66%) es por la compra de la vivienda habitual y el resto es para afrontar la compra de propiedades inmobiliarias (16,9% de la deuda total) y otras inversiones (17% deuda).

Y a la hora de endeudarse, también hay desigualdad, según la riqueza y la edad de los hogares, revela el informe del Banco de España. Así, en los hogares más pobres (el 20% con menos renta), la carga de la deuda se lleva el 21,3% de la renta, por encima de la media en todos los hogares (supone un 13,7% de la renta). Y también supera el esfuerzo medio en los hogares de renta media baja (16,2% de esfuerzo en percentil 20-40) y media (14,9% en hogares con percentil 40-60). Pero los hogares más ricos están menos endeudados y la carga de la deuda se lleva entre el 13,4% de sus ingresos (percentil 60-80), el 10,4% (percentil 80.90) y el 7,1% de los ingresos (percentil 90-100). Y ojo: el 28% de los hogares más pobres destinan el 40% de sus ingresos a pagar sus deudas (frente al 8,1% la media der endeudados).

Por edades, el esfuerzo de pagar las deudas es alto entre los hogares encabezados por jóvenes menores de 35 años (se lleva el 12,1% de sus ingresos), pero mayor entre los hogares de 35 a 44 años (14,9% de ingresos los lleva atender sus deudas) y 45 a 54 años (14,2%), las edades en que se pagan las hipotecas, bajando el esfuerzo de pagar deudas del 10% de los ingresos en los hogares encabezados por mayores de 65 años. En cualquier caso, la mayoría de los jóvenes no tienen capacidad financiera para endeudarse (por su precariedad laboral y sus bajos salarios), lo que provoca que el 65,9% de los jóvenes españoles de 18 a 34 años vivían en casa de sus padres en 2022, según el Banco de España, cuando en 2008, los no emancipados sólo eran el 52,9% de los jóvenes.

En definitiva, este informe del Banco de España revela que los hogares encabezados por jóvenes menores de 35 años han sido “los perdedores” de la última crisis, ya que redujeron su renta entre 2020 y 2022 y también su riqueza, debido básicamente a que ahora son la mitad que en 2011 los jóvenes que tienen un piso en propiedad. A nivel global, la desigualdad entre los españoles se ha reducido en esta crisis 2020-2022, gracias a las ayudas públicas contra los efectos de la pandemia y la alta inflación. Así, el 10% más rico ha pasado de tener el 54,3% de toda la riqueza neta (2020) al 52,7%. Y el 1% de españoles más ricos tenían al 19,4% de toda la riqueza en 2022, frente al 22,9% que tenían en 2020.

Pero el grueso de la desigualdad entre ricos y pobres sigue ahí, peor que en las dos últimas décadas. Así , el 10% más rico controla todavía más de la mitad de toda la riqueza en España, el 52,7% en 2022, similar a 2014 (52,6%), pero muy superior al porcentaje que controlaban en 2008 (44,4%) y en 2002 (42,9%). Y lo mismo el 1% de superricos: controlaban en 2022 casi la quinta parte de toda la riqueza (el 19,2%), algo menos que en 2014 (20,2%), pero mucho más que en 2008 (15,3%) y 2002 (13,8%). Y si miramos otro indicador, el P80/P20 (la proporción entre la renta del 20% más rico y el 20% más pobre), ha bajado de tener 5,9 veces más de renta en 2019 a 5,5 veces en 2023, según el INE, pero estamos casi como en 2008 (el 20% más rico tenía 5,5 veces la riqueza del 20% más pobre).

Así que queda mucho por hacer para reducir la desigualdad en España, que es mayor a la de la media de Europa (donde el 20% más rico tiene 4,7 veces lo que el 20% más pobre). Pero no basta con medidas fiscales y ayudas para corregir las diferencias de riqueza entre familias. A la vista del informe del Banco de España, el Gobierno debe tomar medidas concretas para reducir la desigualdad generacional, para mejorar la renta y riqueza de los jóvenes, que son la generación que más ha pagado la última crisis y también la crisis financiera de 2008. Y todos los datos revelan que viven peor que sus padres y abuelos.

La OCDE ya alertó a España, en octubre de 2023, que tenemos un grave problema con los jóvenes: altísimo paro juvenil (27,2% frente a 14,6% en la UE-27 y 5,8% en Alemania), baja ocupación (38,8% entre 15 y 29 años, frente al 49,2% en la UE-27 y el 61,7% en Alemania), excesiva precariedad (35% contratos temporales, el triple que en Europa), bajos salarios (el sueldo medio de los menores de 29 años ronda los 13.830 euros, la mitad que en el conjunto de trabajadores) y un acceso casi imposible a la vivienda (en alquiler y compra), lo que les crea marginación, dependencia y hasta problemas de salud mental (los tienen el 16% de los jóvenes españoles, según la OCDE).

Es hora de afrontar la preocupante situación de los jóvenes, por pura justicia social y también porque “es un lastre para el crecimiento potencial del país”, según el informe de la OCDE, que pedía al Gobierno medidas educativas (mejora de la formación desde la escuela a la Universidad, potenciando la FP), medidas laborales (para promover la empleabilidad de los jóvenes y el relevo de los mayores), medidas en vivienda (para promover el alquiler de los jóvenes y las nuevas familias) y otras políticas públicas, desde el ocio a la integración social y política de la juventud, para evitar su aislamiento social o su deriva a posiciones extremistas o populistas. Urge un Plan de medidas en favor de la juventud, a costo y medio plazo, para conseguir que los jóvenes de dentro de 20 años vivan mejor que los de hoy. Es prioritario.

lunes, 6 de noviembre de 2023

Jóvenes sin oportunidades

La OCDE ha dado la alerta en su reciente informe sobre España: los casi 7 millones de jóvenes españoles tienen serios problemas de altísimo paro, poco empleo y precario, bajos sueldos y difícil acceso a la vivienda, lo que hace que dos tercios sigan viviendo con sus padres. Y el 16% de nuestros jóvenes  tienen problemas de salud mental. Toda esta preocupante situación de los jóvenes es “un lastre para el potencial de crecimiento futuro de España”, advierte la OCDE.  Y propone medidas para mejorar la formación de los jóvenes, de la escuela a la Universidad, potenciando la Formación Profesional y contando más con las empresas para saber los perfiles que necesitan. También mejorar las oficinas de empleo, que hoy no sirven para colocar a los jóvenes. Promover viviendas en alquiler para jóvenes, además de ayudas autonómicas que hoy no funcionan. Y un Plan de empleo juvenil para incentivar su contratación y ofrecerles empleos decentes. Hay que dar más oportunidades a los jóvenes: nos jugamos el futuro.
   
                 Enrique Ortega

En España hay casi 7 millones de jóvenes entre 16 y 29 años (6.906.808 en 2022), un 14,5% de toda la población, según el INE. De ellos, el 46% trabajan (3.178.500 a finales de septiembre de 2023), otro 41,3% estudian (2.852.511) y el 12,7% restante (877.164 jóvenes) ni estudian ni trabajan, son “ni-nis”: España es el 4º país europeo con más jóvenes “ni-nis, tras Rumanía (19,8%), Italia (19%) y Grecia (15,4%), por encima de la media europea (11,7%) y sobre todo de Paises Bajos (sólo el 4,2% jóvenes son “ni-nis”), Suecia (5,7%), Portugal (8,4%), Alemania (8,6%), Irlanda (8,7%), Finlandia (9,5%) y Francia (12%).

El problema de fondo de muchos jóvenes españoles empieza en su educación, insuficiente en muchos jóvenes, señala el informe de la OCDE, que habla de que “salen de sus estudios con pocas habilidades”. De hecho, España es uno de los paises occidentales con más porcentaje de jóvenes poco formados: el 26,5% de los jóvenes de 25 a 34 años tiene sólo la ESO o menos, frente al 12,2% en Europa (UE-25) y el 13,8% en la OCDE, según el informe Panorama de la Educación 2023 de la OCDE. Y por el otro lado, España es uno de los paises occidentales con más jóvenes universitarios: el 50,5% de los jóvenes (25 a 34 años) tiene un título, frente al 44,7% en la UE-25 y el 47,2% en la OCDE. Pero, en cambio, tenemos pocos jóvenes con una formación intermedia (Bachillerato o FP), la que consigue muchos empleos: la tienen el 22,9% de los jóvenes españoles frente al 43,1% de los europeos y el 39,4 % en la OCDE. Y ello se debe, en gran medida, al poco peso de la Formación Profesional (FP) en España: sólo la cursaban (en 2021) el 24% de los que estudian al terminar la ESO (la mayoría hacen Bachillerato), frente al 37,2% en Europa, el 55% en Paises Bajos, el 51,5% en Italia, el 36,9% en Francia y el 32,1% en Alemania, según la OCDE.

En definitiva, tenemos muchos jóvenes con poca formación, demasiados que estudian carreras sin salida y pocos con estudios intermedios y FP, lo que más buscan las empresas. Una formación deficiente, que es fruto de nuestro menos gasto en educación, de unos planes de estudios muy memorísticos y poco prácticos, un profesorado insuficiente y precario (que precisa reciclarse) y una enseñanza pública colapsada por alumnos con problemas. Todo ello se traduce en altas tasas de repetición de los jóvenes (un 7,6% en ESO, el porcentaje más alto en Europa, donde sólo repiten curso el 2,2%) y en un mayor abandono escolar temprano (jóvenes que no estudian al acabar la ESO): un 13,9% en España frente al 9,7% en la UE. Además, los jóvenes españoles tienen peores resultados educativos en matemáticas, ciencias y comprensión lectora, según los informes PISA.

Con esta deficiente formación, a los jóvenes españoles les resulta más difícil trabajar que al resto de jóvenes europeos, también porque nuestra estructura económica (más pymes,  más servicios y menos industria, menos innovación y tecnología) ofrece menos empleo (75% de los adultos europeos trabajan frente al 64,5% de españoles). El informe de la OCDE revela que son más los jóvenes españoles que van directamente al paro al acabar sus estudios (el 9%, frente al 4% en la UE, el 2% en Alemania y el 3% en Holanda) y menos los que encuentran directamente un trabajo. La mayoría han de esperar 4 años o más, en el subempleo y en empleos precarios. Y al final, la tasa de ocupación de los jóvenes españoles no llegaba al 40% en 2022 (38,8% entre 15 y 29 años), según Eurostat, mientras en la UE-27 trabajan casi la mitad de los jóvenes (49,2%), el 79,3% en Paises Bajos, el 64,2% en Dinamarca, el 63,9% en Austria, el 61,7% en Alemania, el 58,7% en Irlanda, el 57,2% en Finlandia y Suecia, el 48,6% en Francia o el 43,1% en Portugal, estando sólo peor en Italia (33,8% jóvenes trabajando) y Grecia (33,1%).

Además de trabajar menos, los jóvenes españoles tienen trabajos muy precarios. Por un lado, tienen un mayor porcentaje de contratos temporales que el resto de españoles, aunque esta temporalidad se ha reducido con la reforma laboral de 2022: un 68,11% de los contratos son temporales entre que trabajan entre 16 y 19 años, un 47,86% entre 20 y 24 años y un 26,48% entre 25 y 48 años, frente al 17,25% de contratos temporales entre todos los españoles que trabajan, según la EPA de septiembre. Y esa tasa de temporalidad de los jóvenes en España (35% entre los 16 y 29 años) es el triple que la media europea. Además, los jóvenes tienen un mayor porcentaje de empleo a tiempo parcial (por horas o por días): el 48,6% de los jóvenes que  trabajan con 16 a 19 años, el 30,9% de los ocupados con 20 a 24 años y el 14,3% de los que trabajan con 25 a 29 años. Eso da una media de un 22,5% de contratos a tiempo parcial entre los jóvenes (16 a 29 años), frente al 12,6% con trabajo parcial entre todos los ocupados en España. Y lo más importante: el 44% de los jóvenes que trabajan pocas horas(o días) lo hacen “obligados”, porque no encuentran un trabajo a tiempo completo, mientras en Europa sólo les pasa esto al 17% de los jóvenes que trabajan a tiempo parcial, según este informe de Trabajo.

Los jóvenes no sólo tienen trabajos más precarios, más contratos temporales y a tiempo parcial, sino que un tercio largo están “sobre cualificados”, realizan un trabajo para el que no necesitan la alta formación que tienen (economistas trabajando en un bar o abogadas de cajeras de supermercado): España lidera la sobre cualificación en la UE, con un 36,1% de nuestros universitarios, frente al 22,1% de los licenciados europeos, según Eurostat.

Con tanto empleo precario, los jóvenes españoles tienen sueldos más bajos que el resto de trabajadores: si el sueldo medio en España era de 25.896,22 euros brutos en 2021 (1.900 euros netos al mes en 12 pagas), según el INE, un joven de menos de 20 años ganaba casi la tercera parte (9.180 euros brutos, 675 euros netos al mes en 12 pagas),  un joven de 20 a 24 años ganaba la mitad (13.224 euros brutos, menos de 1.000 euros mensuales en 12 pagas) y un ocupado con 25 a 29 años ganaba una cuarta parte menos (19.089 euros brutos, sobre 1.400 euros netos al mes en 12 pagas). En definitiva, el sueldo medio de los menores de 29 años ronda los 13.830 euros brutos al año, la mitad que el conjunto de trabajadores. Y  los universitarios ganan menos de 1.500 euros al mes en los 4 años siguientes a licenciarse, según un estudio del BBVA e IVIE.

Estos bajos ingresos de los jóvenes les llevan a muchos a una situación real de pobreza y exclusión social, que se considera cuando alguien gana menos del 60% de los ingresos medios del país. En España, en 2022, había 9.522.000 personas en situación de pobreza, un 20,4% de los españoles, según los datos oficiales publicados por el INE. Y de ellos, 1.474.000 eran “pobres jóvenes”, de 16 a 29 años, según la EAPN. En consecuencia, los jóvenes son el 2º grupo de edad con más tasa de pobreza (el 22,5%), solo por detrás de los niños (27,7% de menores de 16 años viven en hogares “pobres”) y por encima de la tasa de pobreza de los de 30 a 44 años (19,2%), de 45 a 64 años (18%) y de los jubilados (18,7% pobres).

Con estos ingresos tan bajos, a los jóvenes les cuesta mucho emanciparse y aún más formar una familia, sobre todo en la última década, al haberse disparado los alquileres: han subido un +68,7% desde 2014 hasta ahora, según Idealista, y el alquiler medio está ya en 11,8 euros por metro cuadrado, lo que implica que un piso de 90 m2 se alquila ya por 1.062 euros (y por mucho más en Madrid, Barcelona y las grandes ciudades). Si el sueldo medio de un joven era de 1.089 euros en 2022 (según el Consejo de la Juventud), pagar un alquiler le suponía de media el 83,9% del sueldo. Y sumando los recibos obligatorios, se “comería” el 93,6% del sueldo.

 Por eso, la mayoría de los jóvenes españoles no pueden emanciparse, como alerta el reciente informe de la OCDE sobre España: el 66% de nuestros jóvenes (de 18 a 34 años) viven con sus padres, frente a una media del 49% en la UE-27. Y somos el 4º país europeo donde más jóvenes siguen viviendo con sus padres, tras Grecia (72% no se emancipan), Portugal (71%) e Italia (69%).Y este altísimo porcentaje de jóvenes que siguen viviendo  con sus padres (66%) contrasta con el bajísimo porcentaje en los paises nórdicos (13% en Suecia, 16% en Dinamarca) y el bajo porcentaje en centro Europa (31% jóvenes viven con sus padres en Alemania, 36% en Paises Bajos, 37% en Reino Unido, 43% en Francia y 44% en Bélgica), según el informe de la OCDE.

Esta imposibilidad de independizarse (el 65% de los jóvenes que viven con sus padres querrían dejar el hogar familiar), junto al elevado paro juvenil (el 27,8% de los menores de 25 años están en desempleo en España, el doble que en la UE-27, con 14,2% de paro, y cinco veces el paro de los jóvenes alemanes, el 5,8%), la tremenda precariedad de su trabajo y el bajo sueldo de la mayoría provocan una gran insatisfacción en los jóvenes y aumentan su desinterés por participar en la sociedad donde viven y en la política. Y esa insatisfacción se manifiesta además en problemas de salud mental: un 16% de los jóvenes españoles encuestados por la OCDE reconocen haber sufrido algún trastorno mental (más del doble que en 2017). Y sólo la mitad buscó ayuda profesional. Otro estudio reciente, de la Fundación Mutua y FAD Juventud, alerta que el 59,3% de los encuestados (de 15 a 29 años) “reconocen padecer problemas de salud mental. Y un 31,7% de ellos están tomando fármacos por ello.

Este informe de la OCDE sobre España es tajante, tras analizar esta falta de oportunidades de nuestros jóvenes, su baja tasa de emancipación y su preocupante salud mental: “es un lastre para el potencial futuro de España”. Y a continuación, la OCDE aporta una serie de medidas para corregir lo que considera un hecho: que los jóvenes españoles “tienen más difícil que los de otros paises de su entorno la transición a una vida adulta independiente, productiva y feliz”. Proponen  al futuro Gobierno actuar sobre todo en la educación, el empleo, la vivienda y la salud mental de los jóvenes.

El primer conjunto de medidas que proponen se refieren a la mejora de la educación, desde la escuela a la Universidad, con programas concretos para reducir el abandono escolar, la mejora de la formación de los docentes y una enseñanza que mejore las habilidades de los alumnos. Y se centran sobre todo en potenciar más la Formación Profesional, donde faltan plazas públicas (300.000 según los sindicatos) y donde la nueva formación dual (que contempla impartir entre un 25% y un 35% de prácticas, unas 500 horas anuales) exige más de 1 millón de empresas que colaboren. Y sobre la formación universitaria, la OCDE pide que las empresas participen más con las Universidades en los planes de estudio.

Otro frente donde proponen cambios es en las políticas de empleo, para que las oficinas públicas de empleo ayuden más a los jóvenes a colocarse, sobre todo a conseguir el primer empleo (ahora, sólo el 2% encuentra empleo gracias a las oficinas de empleo). Advierten que los jóvenes españoles apenas acuden al SEPE: sólo el 25% contactan con las oficinas para buscar trabajo, frente al 53% que lo hacen en la UE o el 52% en Francia. Proponen más gasto y más personal (España destina la mitad que Europa) para conseguir que los jóvenes tengan más acceso a un trabajo, como se hace por ejemplo en Holanda.

Otra propuesta de la OCDE es que España aumente el parque público de viviendas, que sólo son 300.000 viviendas,  el 2,5% del parque total, frente al 9,3% en Europa (el 30% en Paises Bajos, 17,5% en Reino Unido y el 5% en Alemania). Urge promover más viviendas en alquiler (públicas y privadas), para afrontar los 120.000 viviendas que se necesitan cada año (y sólo se terminan 80.000), la mayoría para los jóvenes. Y mejorar las ayudas públicas a los jóvenes que conceden las autonomías, que la OCDE considera insuficientes: sólo benefician al 10% de los jóvenes en Madrid, por ejemplo, según lo que ingresan los jóvenes (los que ganan menos de 1.800 euros) y que el alquiler sea inferior a 900 euros al mes. Y además, la OCDE propone más atención a la atención pública mental de los jóvenes españoles.

En resumen, la OCDE propone mejorar las oportunidades de los jóvenes españoles, con más  empleo, mejores sueldos y alquileres más asequibles, para lo que se deben mejorar la educación y la contratación de los menores de 29 años, su inserción laboral, las ayudas al alquiler y a su salud mental. Urge mejorar el empleo de los jóvenes, su trabajo y su sueldo, facilitarles una vivienda y formar una familia. Conseguir que vivan mejor que nosotros.

lunes, 6 de febrero de 2023

Las plantillas han envejecido

En España trabajan ahora casi tantas personas como en 2007 (20,5 millones). Pero hay una importante diferencia: dos de cada tres trabajadores (64,18%) tienen más de 40 años, mientras en 2007, la mayoría de los que trabajaban tenían menos de 40 años (54,23%) y los mayores de 40 años eran minoría (45,77%). Así que en estos últimos 15 años, las plantillas se han envejecido, básicamente porque los más jóvenes (menores de 30 años) consiguen menos empleos: de ser 1 de cada 4 ocupados en 2007 han pasado a ser ahora 1 de cada 7 ocupados. Y son los que más han perdido empleo con  la crisis financiera, la pandemia y la inflación. Además, los más jóvenes tienen contratos más precarios y ganan menos: 1.123.000 trabajadores jóvenes (menos de 35 años) ganan el salario mínimo. Para mejorar la productividad  de la economía y aumentar el empleo total (menor al de Europa), las empresas deben contratar a más jóvenes y rejuvenecer plantillas, con ayudas públicas. Abran paso a los jóvenes.

Enrique Ortega

En los últimos 15 años, España ha casi recuperado el empleo que tenía antes de la crisis financiera: del récord de 20.510.600 ocupados alcanzado en 2007 (septiembre) se cayó al mínimo de 16.634.700 ocupados en 2013 (marzo), para recuperar una gran parte en 2019 (19.966.900 ocupados en diciembre), perder una parte con la COVID (19.344.300 ocupados a finales de 20020) y ganar empleo en 2021 y 2022, cerrando el año pasado con 20.463.900 ocupados, casi los mismos empleos de 2007, según la EPA. Hemos vuelto a la ocupación histórica de antes de la crisis financiera, pero con un cambio muy importante: hoy, la mayoría de los que trabajan tienen más de 40 años (el 64,18%), cuando hace 15 años no llegaban a la mitad de los trabajadores (45,77%). Y han perdido peso los trabajadores menores de 40 años: eran mayoría en 2007 (54,23%) y ahora son la tercera parte (35,82%).

El cambio en la edad de los que trabajan lo resume muy bien este dato, en 2007, había 11,12 millones de trabajadores menores de 40 años y hoy son sólo 7,33 millones (-34%). Y los mayores de 40 años, que eran 9,3 millones de trabajadores en 2007, han subido hoy a 13,13 millones (+40%), según la EPA (INE). Un cambio silencioso en la estructura por edades del empleo, causado por el envejecimiento de la población y por el menor peso del empleo joven, por la pérdida de ocupación de los jóvenes en las últimas crisis y sus menores posibilidades para conseguir los nuevos empleos creados.

Otra vez más, los datos de la EPA son muy explícitos sobre la caída del empleo de los más jóvenes. Si en 2007, casi 1 de cada 4 trabajadores tenía menos de 30 años (eran 4.952.700 ocupados, el 24,14% del total), a finales de 2022, los trabajadores jóvenes sólo suponían 1 de cada 7 trabajadores (2.875.100, el 14,03% del total). Y así, ahora trabajan 2 millones menos de jóvenes que en 2007 (-41,94%). Por el otro lado, los mayores de 45 años han pasado de ser un tercio de los trabajadores en 2007 (6.621.100 ocupados, el 32,27% del total) a ser ahora casi la mitad (10.145.700 trabajadores, el 49,55% del total). Y así, ahora trabajan 3.524.600 mayores de 45 años más (+53,23%) que en 2007. Y eso se traduce en un envejecimiento generalizado de las plantillas: si la edad media de los que trabajaban en 2007 eran 39,7 años, ahora roza los 45 años.

¿Qué ha pasado? Además del hecho evidente de que los jóvenes de 2007 tienen hoy 15 años más, el problema es que los más jóvenes han perdido mucho empleo con las tres crisis que hemos sufrido y además, no han conseguido la mayoría de los nuevos empleos creados en estos años, que han ido sobre todo a los mayores de 45 años. Veámoslo crisis a crisis.

En la crisis financiera de 2008-2013, España perdió 3.875.900 empleos. Dos tercios de estos empleos suprimidos los perdieron los más jóvenes: -2.663.300 empleos perdieron los trabajadores que tenían entre 16 y 29 años, según la EPA, una caída de su empleo del -53,7%, que fue mayor entre los más jóvenes (-85,3% del empleo perdieron los que tenían entre 16 y 19 años y -60,42% los que tenían entre 20 y 24 años). Los trabajadores con edades medias (entre 30 y 44 años) perdieron -1.345.800 empleos (-15,06%, una caída un tercio menor a la de los más jóvenes). Y los mayores de 45 años acabaron ganando empleo a pesar de la dura crisis: a principios de 2013 ya trabajaban +133.800 mayores que en 2007, perdiendo sólo algo de empleo (-3,5%) los de 45 a 49 años.

En el siguiente ciclo, la recuperación económica de 2013 a 2019, España ganó 3.332.200 empleos, el 86% de los perdidos con la crisis financiera. Pero otra vez, los más jóvenes salieron peor parados: las personas de 16 a 29 años recuperaron 482.800 empleos, sólo el 18,12% de los perdidos antes. Los trabajadores de edad “mediana” (30-44 años) ganaron 308.000 empleos, el 22,8% de los perdidos. Y el tercer bloque, los mayores de 45 años, volvió a salir ganando: aumentan 2.541.400 empleos. Y como también habían ganado empleo durante la crisis (+133.800), resulta que, a finales de 2019, hay 2,67 millones de trabajadores mayores de 45 años ocupados que en 2007 (aumentan su empleo un +40%).

Seguimos. En 2020 estalla la 2ª crisis, por el COVID 19, y España pierde -622.600 empleos en 2020 (-3,11%). Pero otra vez, el balance es muy desigual por edades. Los más jóvenes (16 a 29 años) son porcentualmente los que más empleos pierden: -288.800 empleos, el -10,4% del empleo que tenían a finales de 2019. Los trabajadores de edad “mediana” (30-44 años) perdieron -465.600 empleos, un -5,89% de los que tenían en 2019. Y de nuevo, los mayores de 45 años ganaron empleo en vez de perderlo (salvo los de 50 a 54 años): +131.800, un +1,4% del empleo que tenían antes de la pandemia, según la EPA.

Y vayamos al cuarto ciclo, la crisis de la inflación y la guerra de Ucrania, que se superó con  la recuperación del empleo en 2021 y 2022, año que España cerró con 497.000 empleos más que antes de la pandemia (en 2019), rozando los 20,5 millones de empleos de 2007. Esta vez, los más jóvenes (16 a 29 años) tuvieron que esperar a 2022 para recuperar el empleo de 2019 (porque en 2021 seguían con menos). Y ganaron +102.900 empleos sobre 2019 (+3,71%). Una novedad  es que los trabajadores de edad media (30-44 años) no han conseguido todavía recuperar el empleo de 2019: pierden aún -355.300 empleos (-4.49%). Y los que vuelven a ganar empleo son los mayores de 45 años: a finales de 2022 trabajaban +849.400 mayores más que antes de la pandemia (+9,13%, el triple de aumento que los más jóvenes). Así que llevan 15 años ganando empleo, pase lo que pase, y por eso ahora los mayores de 45 años suponen dos tercios de los trabajadores.

Al final, la reflexión es que los jóvenes son los primeros que pierden empleo con las crisis y los que tienen más difícil recuperarlo y ganar empleos nuevos. Por eso, además, la tasa de paro de los más jóvenes (29,6% entre 19 y 25 años)  duplica con creces la tasa de paro española (13,1% en diciembre). Y somos el país europeo con más paro juvenil, duplicando la media europea (15% de paro juvenil en la UE-27) y multiplicando por 6 la tasa de paro juvenil de Alemania (5,8% en diciembre de 2022), según Eurostat.

No es sólo que los jóvenes en España tengan el doble de paro que en el resto de Europa sino que además tienen una menor tasa de empleo, trabajan porcentualmente menos jóvenes aquí: sólo están ocupados el 36,2% de los jóvenes de 15 a 29 años, frente al 47,4% que trabajan en la UE-27 y el 68,1% de los jóvenes en Alemania, según Eurostat. O sea que si España consiguiera que los jóvenes trabajaran como en el resto de Europa, habría 703.500 jóvenes (15 a 29 años) más trabajando. Y si la ocupación fuera como en Alemania, deberían trabajar aquí 2 millones más de jóvenes que los que trabajan (son 2.875.100).

Además de trabajar menos los jóvenes (menos que hace 15 años y menos que en Europa), sufren también otro problema: tienen peores contratos. Por un lado, son líderes en contratos temporales: a finales de 2022, había 1.049.900 jóvenes (16-29 años) con contrato temporal, el 36,5% de los que tenían trabajo asalariado, cuando en el conjunto de España, los contratos temporales los tenían solo el 17,92% de los asalariados. Y eso que la reforma laboral ha conseguido aumentar los contratos fijos de los jóvenes, 359.700 más que hace un año (en 2021, el 51,55% de sus  contratos eran temporales). Y además, hay 756.000 jóvenes (16 a 29 años) con contrato a tiempo parcial, por días o por horas: lo tienen 1 de cada 4 jóvenes ocupados (el 26,4%), sobre todo mujeres jóvenes (un tercio con contrato a tiempo parcial),  cuando en el conjunto de empleados sólo lo tienen el 13,6% de los ocupados.

En definitiva, los más jóvenes tienen más contratos precarios y por eso tienen sueldos más bajos que el resto de trabajadores. Eso se debe a que tienen más proporción de contratos temporales (cobran un 70% del sueldo que tienen los contratos fijos, según el INE) y de contratos a tiempo parcial (que cobran el 36% de un contrato a jornada completa). Además, la mayoría de los más jóvenes que trabajan tienen poca antigüedad en su empleo, que es un componente clave de los salarios: los que llevan menos de 1 año trabajando ganan el 57% del sueldo de los que llevan 10 años o más, según el INE.

El resultado es que los salarios de los jóvenes son mucho más bajos que los del resto de trabajadores, según la estadística del INE (2021): el sueldo medio de los que trabajan con 16 a 24 años es de 1.234,9 euros brutos, 1.037 euros netos al mes, 393 euros menos (-27,5%) que el salario mediano de todos los trabajadores. Y dos tercios de los asalariados menores de 25 años ganaban un salario neto inferior a 1.147 euros netos mensuales. Eso se traduce en que 1 de cada 3 jóvenes menores de 24 años cobran el salario mínimo. Y también 1 de cada 5 trabajadores de 25 a 34 años. En total, 1,35 millones de trabajadores jóvenes (menores de 35 años) cobran el salario mínimo, que ha subido a 1.080 euros en 14 pagas.

Con este bajísimo nivel de ingresos y un tercio de contratos precarios, resulta casi imposible que los jóvenes se emancipen, aunque tengan trabajo (menos aún los 486.000 menores de 25 años que están en paro). De hecho, sólo el 15,9% de los jóvenes españoles (de 16 a 34 años) están emancipados, viven fuera de la casa de sus padres, la mitad que en Europa (donde la tasa de emancipación alcanza el 32,1%). Y eso, porque además de tener menos empleo y peores sueldos, chocan con el problema de los altos precios de los alquileres y la dificultad para conseguir y pagar una hipoteca, lo que retrasa el formar una familia y ser padres, agravando así la baja natalidad en España.

Este evidente envejecimiento de las plantillas en España, del que no se habla tiene unas consecuencias muy negativas sobre la economía y la protección social: tener menos porcentaje de jóvenes trabajando hace más difícil la necesaria transición tecnológica y agrava un problema estructural de Espala, la baja productividad. Además, si España tuviera la tasa de empleo juvenil de otros paises, contaría con más trabajadores para cotizar y pagar impuestos, lo que despejaría el futuro de las pensiones y del Estado del Bienestar.

¿Qué se puede hacer? A corto plazo, incentivar la contratación de jóvenes en las empresas, bonificando sus contratos. El 10 de enero, el Consejo de Ministros aprobó un Decreto-Ley para destinar 1.821 millones a bonificar la contratación de colectivos con problemas: discapacitados, mujeres, mayores de 45 años y jóvenes. La idea es concentrar las ayudas y dirigirlas a crear empleos fijos. En el caso de los jóvenes, la medida estrella es bonificar con 275 euros al mes (durante 3 años) la contratación de jóvenes de menos de 30 años con baja cualificación. Además, se bonifica también (con 366 euros al mes) la contratación de jóvenes desempleados para sustituciones por embarazo, lactancia o cuidados. Y se bonifica la cotización de los nuevos contratos de formación en alternancia para la Formación Profesional (compatibilizan trabajo y formación en las empresas). Y se bonifican también los contratos formativos y de relevo (un joven por un mayor) que se hagan indefinidos, así como los contratos de investigadores. El problema es que estas ayudas no entrarán en vigor hasta el 1 de septiembre

A medio y largo plazo, hacen falta otras medidas. Primero en el campo de la formación y la educación, porque España tiene demasiados jóvenes poco formados (por la lacra del abandono escolar, que afecta al 13,3% de los jóvenes de 18 a 24 años): un 27,7% de los jóvenes (25 a 34 años) tienen la ESO o menos, frente al 11,8% de media en Europa y el 14,2% en Occidente, según la OCDE. Eso obliga a reformar la educación, desde la escuela a la Universidad, promoviendo más la Formación Profesional (sólo un 12% de los jóvenes españoles están matriculados en FP, frente al 25% en la UE-27 y el 40% en Alemania) y reformando las enseñanzas universitarias, para que se adapten mejor al mercado de trabajo. Porque igual que tenemos más jóvenes en paro, también tenemos más licenciados en paro y un alto porcentaje de universitarios en trabajos básicos: un 34,5% de los universitarios realizan trabajos para los que estánsobrecualificados”, frente a un 21% en la UE-27.

Y además de facilitar su contratación y mejorar su formación, España necesita más jóvenes, fomentar la natalidad, para aumentar el número de empleados, cotizantes y contribuyentes. Porque cada año nacen menos niños (337.380 en 2021 frente a 397.632 en 2000) y hay menos jóvenes que se incorporan al mercado de trabajo: si en 1.995 entraron 750.000 jóvenes mayores de 16 años, en 2005 entraban sólo 450.000 y ahora rondan los 200.000. Así, ya tenemos un problema de falta de mano de obra (que cubren los inmigrantes), pero se agravará para 2050, con la baja natalidad y el menor empleo por la tecnología. Así que urge aumentar la natalidad y los jóvenes en edad de trabajar, con ayudas a las familias, a la vivienda y a la conciliación laboral de las mujeres, que ayudarían a rejuvenecer plantillas.

Al final, la reflexión es que España crea empleo pero se reparte mal, beneficiando más a los que tienen más edad, que están “taponando” su relevo con jóvenes, a los que se destina ahora para cubrir vacantes y empleos de temporada, desde las rebajas a la Navidad o el verano. No se fomenta ni la formación adecuada ni el empleo de los jóvenes y acabamos contando con una “generación perdida, desmotivada, que ha sufrido muy negativamente las últimas tres crisis. Hay que abrir paso a los jóvenes.