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lunes, 28 de abril de 2025

Gasto en Seguridad: otro estímulo económico

El Gobierno español acaba de comprometerse con la OTAN y la UE a gastar 10.471 millones más este año en Defensa y Seguridad, para cumplir el objetivo de gastar el 2% del PIB. Para conseguirlo, ha arañado distintas partidas del Presupuesto, con dos promesas: no se recortará el gasto social y el 87% del gasto militar irá a empresas españolas, lo que permitirá crecer más y crear 100.000 empleos. Otra vez, como con la pandemia o Ucrania, se intenta “hacer de la necesidad virtud: aprovechar esta crisis para estimular la economía y dar un salto industrial con la Defensa y la Seguridad. Un empeño en el que está Europa, que busca una autonomía defensiva ahora que se retira Trump, con un Plan (“ReArmar Europa” ) para  gastar 800.000 millones en Defensa en 4 años. La clave es coordinarse los paises para gastar juntos y mejor, no “hacer la guerra” cada uno a su aire. Y que estas enormes inversiones relancen la economía, la industria y la tecnología europea.


La “pinza” de Trump y Putin ha puesto patas arriba el orden internacional, desde la Defensa al comercio y la economía. Y en el caso de Europa, las amenazas de Trump nos han hecho ver que “tenemos que defendernos solos”, que se ha acabado la época en que EEUU se hace cargo de la Seguridad y Defensa de los europeos, financiando el 69% de la OTAN, mientras los grandes paises europeos apenas financian este paraguas de seguridad común (el Reino Unido financia el 6% de la OTAN, Alemania el 5,27%, Francia el 4,7%, Italia el 2,72% y España el 1,24%). “La era del dividendo de la paz hace mucho que se acabó. Estamos en una era de rearme”, dijo recientemente la presidenta de la Comisión, Úrsula Von der Leyen.

De repente, en los últimos meses, la mayoría de los paises europeos se han dado cuenta del peligro, de que “tenemos que defendernos solos” ante un mundo más peligroso y donde EEUU (con o sin Trump) no está dispuesto a ser “el gendarme del mundo”. Esta preocupación por la Defensa y la Seguridad es mayor en los paises europeos que tienen frontera con Rusia (los nórdicos, bálticos y Polonia), pero ha calado en la opinión pública de toda Europa. De hecho, Alemania ha reformado su Constitución para elevar su gasto en Defensa, Polonia ha pedido a Washington el despliegue de armas nucleares en su territorio, los paises bálticos y Polonia estudian volver a desplegar minas antipersona en su frontera con Rusia y hay varios paises europeos (Polonia, Alemania o Francia) que se plantean reimplantar el servicio militar obligatorio (en España se abolió en 2001), que ya tienen 10 paises UE (Estonia, Letonia, Lituania, Dinamarca, Finlandia, Suecia, Croacia, Austria, Grecia y Chipre) y otros 6 europeos (Noruega, Turquía, Ucrania, Moldavia, Bielorrusia y Suiza).

En definitiva, que tras las crisis de la pandemia y la invasión de Ucrania, la llegada al poder de Trump ha desatado en Europa otra nueva crisis, la preocupación por “la autonomía estratégica” de Europa, la necesidad de reforzar la Defensa y la Seguridad europeas. El 4 de marzo, la presidenta de la Comisión lanzó un Plan estratégico, “ReArm Europe” (ReArmar Europa), con una cifra mágica (la misma que la del Plan “Next Generation” contra la pandemia): gastar 800.000 millones en 4 años para dar un salto hacia adelante en la autonomía estratégica de Europa, para financiar proyectos de Defensa y seguridad europeos. El Plan incluye 150.000 millones de créditos europeos (financiados con la emisión de “deuda europea”), que se ponen a disposición de los 27 paises UE (y otros que los pidan), para financiar proyectos de rearme. Y se propone que los 650.000 millones restantes los financien los paises, a cambio de dejarles que gasten más y superen sus déficits (hasta un 1,5% del PIB) sin sancionarles.

Unos días después, el 19 de enero, la Comisión Europea publicó el Libro Blanco sobre la defensa Europea, concretando más el Plan “ReArmar Europa”. Ahí se esbozan las prioridades de inversión en la Defensa y Seguridad europeas: avanzar en los sectores donde Europa tiene más necesidades sin cubrir, realizar compras conjuntas de armamento y seguridad (como con las vacunas), fomentar la creación de una potente industria europea de la Defensa (con la coordinación o fusión de empresas), avanzar en la innovación tecnológica y conseguir una mayor autosuficiencia estratégica, para que los suministros futuros vengan de empresas europeas (ahora, el 60% del armamento paises UE se compra a EEUU).

Al día siguiente de presentarse estos Planes se convocó una Cumbre europea, donde los paises apoyaron estas propuestas de “rearme europeo”, aunque con matices: unos, como Alemania o Francia, están de acuerdo en movilizar fondos nacionales para reforzar su Defensa (300.000 millones Alemania y 200.000 millones Francia) mientras otros, como España y Polonia defienden que haya “un Fondo Europeo de Defensa”, como el Fondo Next Generation” contra la pandemia, que incluya no sólo créditos (los 150.000 millones prometidos por la Comisión) sino subvenciones a fondo perdido (como los del Plan de recuperación), para facilitar que los paises con menos recursos inviertan en Defensa y Seguridad.

En medio de este panorama europeo “de rearme”, España se veía “señalada”, por ser el país europeo que menos gasta en Defensa: 1,4% del PIB en 2024, sólo por detrás de Luxemburgo (1,29%), Eslovenia (1,29%) y Bélgica (1,3%), como Italia (1,49%) pero lejos del 2,12% de Alemania, el 2,06% de Francia o el 4,12% de Polonia (y del 3,71% de USA). Y sobre todo, España no ha cumplido el compromiso firmado por Rajoy en 2014, en la Cumbre de la OTAN de Gales: que todos los paises gastarían el 2% del PIB en Defensa en 2024. El Gobierno Sánchez pensaba cumplirlo más tarde, en 2029, presionado por la falta de Presupuestos y la postura “pacifista” de Sumar y Podemos. Pero estaba en medio de esa “vorágine europea de rearme” y se ha sentido presionado por Italia y Bélgica, que acaban de comprometerse a gastar ese 2% en Defensa este año. Así que, el día antes del plazo dado por la OTAN para enviar sus previsiones, el Consejo de Ministros aprobó (el 22 de abril). aumentar el gasto para alcanzar ese 2% en Defensa este año 2025, no en 2029.

Una vez más, como en la pandemia o la crisis de Ucrania, el Gobierno ha querido “hacer de la necesidad virtud” y propone que España aproveche el reto del “rearme” para dar un salto industrial y tecnológico, para reforzar el crecimiento, la innovación y el empleo con el gasto en Defensa y Seguridad. Así justifica gastar este año 10.471 millones más, para acabar gastando 33.123 millones en Defensa y Seguridad en 2025, el 2% del PIB. Como no hay Presupuesto y resultaría imposible que el Congreso apruebe este mayor gasto (los socios del Gobierno no quieren gastar más y el PP y Vox no quieren apoyar al Gobierno en un mayor gasto con el que están de acuerdo), el Gobierno ha buscado “un atajo”: arañar dinero de otras partidas para conseguir esos 10.471 millones extras.

El nuevo dinero para gastar este año en Defensa y Seguridad (10.471 millones) sale de tres fuentes: de reasignar partidas del Plan de Recuperación (como 1.300 millones para Ciberseguridad), de los ahorros conseguidos en el Presupuesto (3.000 millones menos gastados en intereses de la deuda pública, 2.819 millones del Fondo de Liquidez Autonómica o los 1.700 millones en compensar a las autonomías por menores ingresos, que ya no están justificados, 1.680 millones de préstamos de Industria y 1.395 millones del Fondo de contingencia) y por una mayor recaudación fiscal debido al mayor crecimiento y empleo.

El propio Pedro Sánchez explicó, al aprobar este gasto extra, a qué se destina, dejando claro que sólo el 18,75% de este nuevo gasto será para armamento (1.962 millones), para blindados, fragatas y armas, para “equipos de Defensa y disuasión más eficientes y seguros para los soldados españoles”. El resto del gasto (81,25%) no es gasto en armas sino en Defensa y Seguridad. La mayor partida, 3.712 millones (el 35% del gasto extra) se destina a mejorar la situación de las Fuerzas Armadas españolas: aumento de plantillas, mejora de sueldos (más bajos que en Europa), mejor formación y equipamiento. La segunda mayor partida, 3.262 millones (el 31,16%) se destina a mejoras de telecomunicaciones y Ciberseguridad (cada año sufrimos más de 1.000 ciberataques en infraestructuras críticas, desde hospitales a redes de energía y aeropuertos). La cuarta mayor partida (la 3ª es la compra de armamento) se destina a reforzar las Fuerzas Armadas para que atiendan catástrofes naturales (inundaciones, incendios…): se invertirán 1.750 millones (el 17% del gasto extra). Y la 5ª partida son 328 millones (el 3.14%) se destina a mejorar el equipamiento de los 3.000 militares españoles que participan en misiones extranjeras (16).

Pedro Sánchez justificó este mayor gasto militar en que “el mundo ha cambiado” y España se tiene que “implicar en la Defensa de Europa”. Y planteó dos compromisos. Uno, que este mayor gasto militar se va a financiar sin tocar el gasto social: “una economía saneada y dinámica como la española puede invertir en bienestar y en seguridad al mismo tiempo”. El otro, que el 87% de esta inversión en Defensa y Seguridad “se quedará en España”: 9.000 millones del gasto extra irán a empresas españolas de todas las autonomías (“vamos a exigir a las empresas que involucren en los proyectos a pymes y empresas emergentes”). Además, más de un tercio de las inversiones son en “tecnologías de doble uso”, es decir que no sólo suponen una innovación para la defensa sino también para toda la economía.

Al final, la filosofía del Gobierno es otra vez aprovechar una crisis, como la de la pandemia o la invasión de Ucrania, para “hacer de la necesidad virtud”: ya que tenemos que gastar en Defensa y Seguridad , que sirva para que España dé otro salto tecnológico e industrial, para reforzar la industria de la Defensa, Seguridad y Telecomunicaciones, que en España  integran 400 empresas (muchas de ellas “punteras”), con 36.000 empleos. Precisamente, el presidente Sánchez se reunió con ellas en La Moncloa, en marzo, para pedirles que reforzaran sus inversiones y se prepararan para “el rearme europeo”, participando en programas con otras empresas del continente. Con todo este programa inversor en Defensa y Seguridad, el Gobierno espera crecer más (un +0,4/+0,7% adicional del PIB), crear 100.000 nuevos empleos (de calidad) y aumentar la inversión en tecnología un 18%. Otro fuerte estímulo al crecimiento, como lo está siendo el Plan de recuperación.

España no ha querido esperar a que Bruselas concrete su Plan ReArmar Europa para comprometer este gasto extra en Defensa y Seguridad, con el que se presentará a la Cumbre de la OTAN de junio en La Haya. Una Cumbre donde se espera aumentar el gasto militar de la OTAN hasta el 3,5% del PIB en 10 años. Así que España y el resto de Europa tendrán que seguir aumentando su gasto en Defensa y Seguridad en los próximos años, con fondos europeos y nacionales. El objetivo de Bruselas es conseguir un gasto militar y una mayor independencia estratégica en 5 años, la base de un “ejército Europeo”. Para ello, tratarán de reforzar la industria de defensa europea (con programas de inversión y fabricación conjunta), unificando compras y equipos y coordinando prioridades.

El último informe sobre Defensa del Parlamento Europeo, presentado el 2 de abril, refleja las carencias comunitarias, las que deben ser ahora las prioridades europeas: comunicaciones por satélite (habría que integrar las empresas Thales, Airbus y Leonardo, para crear un gigante europeo que compita con los satélites de Elon Musk), los aviones de transporte de tropas y de reabastecimiento en vuelo (ahora son de USA), conseguir cadenas de mando y control integrados y avanzar en artillería y escudos antimisiles. Y es clave avanzar en las compras conjuntas, tras la aprobación por Bruselas del EDIRPA, la norma que obliga a los paises a que el material militar que compren contenga un 65% de material “made in Europe”…

Bueno, parece que Europa “se ha despertado de un sueño” y ahora la mayoría de paises y ciudadanos (por las encuestan) apoyan un mayor gasto en Defensa y Seguridad, sabiendo que no es tanto gastar más en cañones, tanques o aviones como gastar en tecnología, satélites, inteligencia militar y ciberseguridad. Y que no se trata de gastar más sino de gastar mejor y juntos. Porque se da la paradoja de que Europa es la 2ª potencia militar del Planeta, tanto en efectivos como en capacidades y gasto, pero no es eficaz porque no actúa como un solo país, sino que son 27 paises (o 35) “haciendo la guerra por su cuenta”, con sus propias estructuras, sus distintas prioridades y su distinto armamento (un ejemplo: en Europa hay 20 tipos distintos de tanques…). Hay que avanzar en unificar la Defensa y Seguridad del continente, un eslabón clave para conseguir una Europa más integrada y unida.

En definitiva, nos guste o no, Europa tiene que “rearmarse”, para poder “auto defenderse” en el futuro ante un mundo convulso y de bloques. Tardaremos años y nos costará dinero y grandes esfuerzos, pero no se puede delegar nuestra seguridad en otros. El dilema no es “cañones o mantequilla” sino “seguridad o inseguridad”. Europa no puede aspirar sólo a mantener el Estado de Bienestar de sus ciudadanos porque sin seguridad no hay bienestar. No se trata de ser “militarista” o “pacifista”: la realidad es que hay que invertir para defenderse. Y si encima conseguimos reanimar  la economía, crear empleo y ganar en industrialización y tecnología, mejor.

lunes, 23 de septiembre de 2024

Gobierno UE: recetas para salvar a Europa

La presidenta de la Comisión Europea presentó la semana pasada su nuevo Gobierno, 26 comisarios para los próximos 5 años. Las elecciones de junio han provocado una derechización” del Gobierno europeo, con 14 comisarios del PPE (más la presidenta) y 2 ultraderechistas, frente a 4 socialistas, 5 liberales y un independiente. Pero la presidenta Von der Leyen es pragmática y sabe que el futuro de Europa se juega en la economía. Por eso, la “hoja de ruta” de la nueva Comisión será el informe Draghi, que apuesta porque Europa salga del estancamiento actual y afronte la competencia USA y China con fuertes inversiones en industria y tecnología, nuevas energías, digitalización y defensa, más una mayor integración UE. Draghi propone un gigantesco “Plan Marshall” europeo, invirtiendo 800.000 millones anuales, que saldrían del ahorro e inversión privada, del Presupuesto y la emisión de deuda europea. Si no, advierte que Europa caerá en “una lenta agonía” y estará en peligro nuestro nivel de vida y hasta nuestra democracia.

                       Presidenta Von der Leyen, Teresa Ribera y los nuevos comisarios de la UE

El pasado miércoles, la reelegida presidenta de la Comisión Europea, Úrsula Von der Leyen, se fotografiaba en Bruselas con su nuevo Gobierno, 26 Comisarios que han de ser “examinados” ahora por el Parlamento Europeo (alguno podría ser “rechazado”), para empezar a gobernar en noviembre, durante 5 años. Se trata del Gobierno europeo más “derechizado”, incluso más de lo que reflejaron los resultados de las elecciones europeas de junio. En esas elecciones (720 escaños), los europeos eligieron 188 eurodiputados del PPE (Partido Popular Europeo), 136 de Socialistas y Demócratas y 77 liberales (Renew), los tres grupos que apoyaron la reelección como presidenta de Von der Leyen (PPE, desde la democracia cristiana alemana, la CDU). Pero la extrema derecha avanzó mucho en el nuevo Europarlamento: 84 diputados de Patriotas (el grupo ultra liderado por el húngaro Víctor Orban, donde está VOX), 78 de ECR (liderado por Meloni), otros 25 eurodiputados de ESN (donde están los ultras alemanes y el español “Se acabó la Fiesta”). El resto fueron los 53 eurodiputados de Los Verdes y 46 de La Izquierda (grupos donde están Sumar, Podemos y Ahora Republicas), más los 33 del grupo de No adscritos (Junts).

Ahora, Von der Leyen “ha tomado nota” del auge de la extrema derecha para conformar su nuevo Gobierno, no tanto porque haya Comisarios ultras (ha elegido sólo a 2: uno muy sonado, el italiano Raffaele Fitto, exministro de Exteriores de Meloni, como vicepresidente de Cohesión y Reformas, y Oliver Varhelyi, ligado a Orban, como Comisario de Sanidad), sino porque ha dado un mayor peso a sus correligionarios del PPE que el que obtuvieron en las elecciones de junio: serán 14 Comisarios del PPE (más la presidenta), más de la mitad de los 26 totales y además copando puestos claves: Economía, Defensa, Interior y Migraciones, Agricultura, Pesca, Servicios Financieros y Presupuesto. Los liberales obtienen 5 Comisarios, más que los socialistas (4 Comisarios), junto a  1 independiente. Ningún Comisario ligado a los Verdes o La Izquierda.

El contrapeso de tanto poder para Von der Leyen (muy presidencialista y más ahora que los gobiernos de Francia y Alemania, el tradicional "eje de poder" en la UE,  son más débiles que nunca) serán el liberal francés (macronista) Stéphane Séjourné, vicepresidente ejecutivo de Prosperidad y Política Industrial y, sobre todo, la socialista española Teresa Ribera, nombrada vicepresidenta 1ª de la Comisión (sustituta formal de Von der Layen cuando no esté), responsable de la “Transición limpia, justa y competitiva, además de Comisaria de la Competencia. Con ello, la española Ribera será la Comisaria europea con más poder, uniendo a sus competencias energéticas (transición verde) las de Competencia: dirigirá la política energética UE y parte de la política industrial, al decidir sobre fusiones y vigilar a las multinacionales (su antecesora, la danesa Vestager, ha impuesto multas históricas a Google, Apple y Facebook).

Aunque sea un Gobierno europeo más escorado a la derecha que nunca, la presidenta Von der Leyen es sobre todo pragmática y sabe que se la juega en un terreno: la economía. Porque sabe que la UE está estancada: apenas crece un +0,2% en el 2º trimestre, menos de la tercera parte que EEUU (+0,7%), tras crecer sólo un +03% en el primer trimestre de 2024 y +0,6% en todo 2023 (cuando USA creció cuatro veces más, el +2,4%). Y también sabe que Alemania, la llamada “locomotora europea”, está “gripada”: su PIB ha caído un -0,1% en el 2º trimestre de 2024, tras caer un -0,3% en todo 2023 . Y además, hay otros 5 paises europeos cuyas economías decrecieron en el 2º trimestre, según Eurostat: Irlanda (-1%), Austria (-0,4%), Suecia (-0,3%), Letonia (-0,9%) y Hungría (-0,2%).

Así que Europa tiene problemas graves (la guerra de Ucrania, los inmigrantes, la energía y el cambio climático, la polarización política y el auge de la extrema derecha…), pero la Comisión sabe que la clave para salir adelante es recuperar la economía y la competitividad, afrontar el reto del futuro frente a los avances de EEUU, China y otros paises. Por eso, el lema que ha elegido Von der Leyen para su segundo mandato es claro: “Prosperidad, seguridad y democracia van a ser nuestras prioridades”. Por encima de todo, recuperar el crecimiento europeo, afrontar la transición energética y digital y resolver los problemas de seguridad (Defensa e inmigración), asegurando la democracia y el bienestar europeo.

Pero para conseguirlo, Von der Leyen sabe que Europa tiene que cambiar. Por eso, hace un año, durante el debate del “Estado de la Unión”, encargó a Mario Draghi, expresidente del BCE (2011-2019) y ex primer ministro italiano (febrero 2021-octubre 2022) que elaborara un informe sobre el futuro de Europa. Y Draghi ha elaborado un informe de 400 páginas, titulado “El futuro de la competitividad europea, presentado el 9 de septiembre, que va a ser “la hoja de ruta” de la nueva Comisión Europea para los próximos 5 años. El objetivo es que la economía europea se reconvierta a fondo para competir mejor en el mundo.

En su informe, Draghi parte de señalar el grave problema que tiene Europa: el retraso económico respecto a EEUU, aunque socialmente sea un continente más avanzado. La cifra que aporta es impactante: la UE produjo (PIB) por valor de 46.587,9 millones de dólares en 2023 (a precios constantes, descontada la inflación), un 30% menos del valor de la producción de EEUU (66.762 millones de dólares). Pero lo más grave es que esta brecha entre el valor de lo que produce Europa y EEUU se ha agravado en las dos últimas décadas, porque en 2002 el “gap” era sólo del 17%. Y eso se traduce en un menor nivel de vida en Europa que en EEUU, ahora y desde hace décadas: el ingreso real disponible de los hogares ha crecido el doble en USA que en la UE, según el informe Draghi.

En definitiva, que Europa lleva décadas perdiendo terreno económico (y calidad de vida) respecto a EEUU (y a China). La causa, según Draghi, es la menor productividad europea: 55,7 dólares por hora trabajada en Europa (en dólares constantes, deduciendo la inflación) frente a 75,7 dólares por hora en EEUU (eran 46 frente a 57,1 en 2002). Y este deterioro de la productividad se debe, según Draghi, no sólo a la menor innovación y tecnología de la economía europea, sino también a tres factores que han ayudado a Europa en la postguerra mundial y que ahora no van a ayudar: el auge del comercio mundial, la energía barata (importada) y el menor gasto en Defensa (que ha permitido “gastar en otras cosas”, gracias al paraguas de seguridad de la OTAN, financiada sobre todo por EEUU).

Ante este panorama, Draghi es muy realista y teme por el futuro si Europa no toma medidas drásticas: “el PIB de Europa comenzará a menguar a partir de 2050 (“el crecimiento se detendrá en 2040”, por la caída de la población activa) y el “invierno demográfico” agravará la situación si no se compensa con un aumento de la productividad”. En definitiva, añade, el dilema es “cambiar o afrontar una lenta agonía”.

Para Draghi, este preocupante panorama plantea a la Unión Europea un triple reto: acelerar la innovación y encontrar nuevos motores de crecimiento, reducir los precios de la energía (sin dejar de “descarbonizar”) y aprender a reaccionar en un mundo geopolíticamente inestable, donde las dependencias se convierten en vulnerabilidades y la seguridad no puede externalizarse.  Para responder a estos retos, Draghi propone avanzar en varios frentes: una nueva estrategia industrial (basada en la innovación, la tecnología y la digitalización), avanzar en lograr un verdadero mercado único europeo (“más Europa), alinear las políticas industriales, comerciales y de competencia de los 27, aumentar la inversión europea y reformar la gobernanza de la UE, con más coordinación y menos burocracia. Y en paralelo, propone tomar decenas de medidas en 10 sectores relevantes: energía, materiales críticos, digitalización y tecnologías avanzadas, industrias consumidoras de energía, tecnologías verdes, automóvil, industria de Defensa y espacial, farmacéuticas y transporte.

El informe Draghi (ver resumen en español) plantea 3 objetivos de futuro para Europa. El primero, cerrar la “brecha” de productividad con EEUU (y China), que pasa sobre todo por mejorar la tecnología y la innovación en la UE, porque este retraso tecnológico es la causa principal del retraso económico. Draghi cree que aunque Europa haya perdido parte del “tren digital”, aún puede capitalizar “nuevas olas de innovación”, como la Inteligencia artificial (IA) generativa, la integración de la IA en la industria y la tecnología en seguridad y encriptación. El informe refleja que el atraso europeo se asienta en un menor gasto en I+D+i, en la existencia de obstáculos reglamentarios a las empresas innovadoras (muchas se van a USA) y en la falta de un mercado único real, que impide crear grandes empresas tecnológicas (ojo: sólo 4 de las 50 mayores empresas tecnológicas del mundo son europeas). Draghi propone 10 medidas para reducir la brecha de innovación con EEUU, entre ellas invertir más de manera conjunta en los 27, facilitar la formación, promover la coordinación industrial, apoyar la investigación en sectores claves (farmacéutico) y facilitar la consolidación de las telecos UE.

El 2º gran objetivo del informe Draghi es avanzar en la descarbonización de la economía y a la vez de la competitividad (por eso Teresa Ribera controlará la transición verde y la Competitividad). Se trata de aprovechar la lucha contra el cambio climático para reducir el coste de la energía (mucho mayor en Europa que en USA o China), desarrollar una industria de vanguardia ligada a las tecnología limpias y reforzar la seguridad energética, asegurando las cadenas de suministros y la provisión de nuevos materiales, planificando una nueva estrategia para el transporte transfronterizo y para la industria del automóvil.

El tercer gran objetivo para que la UE avance es mejorar la seguridad y reducir la dependencia.  Europa se está quedando rezagada en las cadenas mundiales de suministros, lo que obliga a reducir la dependencia de minerales estratégicos y semiconductores (chips: Europa sólo fabrica del 10% mundial), así como de las principales materias primas, diversificando los paises proveedores o fabricándolas en Europa. Y lo mismo en Defensa: Europa no puede seguir dependiendo de EEUU y necesita desarrollar una política de Defensa, con más gasto y más inversión en tecnología e industria armamentista, para ser más “independiente” (hoy, el 78% del armamento de la UE se fabrica fuera). Y lo mismo en el sector espacial. Se trata no sólo de gastar más en Defensa y seguridad, sino en integrar el gasto por separado que hacen los paises, innovando juntos.

Todas estas propuestas y medidas del informe Draghi tienen un coste: será necesario invertir 800.000 millones de euros al año, una cifra inmensa (el 4,7% del PIB de la UE), que supone cuadruplicar el Plan Marshall (aplicado en la postguerra europea) y superar con creces el Plan de Recuperación aprobado tras la pandemia, que contemplaba invertir 750.000 millones de euros entre 2021 y 2026 (unos 125.000 millones al año). Draghi señala las 3  vías para conseguir estos ingentes recursos: la financiación privada, de las Bolsas (propone crear un único mercado de capitales), la banca (hay que avanzar en la unión bancaria y las fusiones transfronterizas) y los ahorradores (Europa ahorra mucho más que EEUU, pero 300.000 millones de ahorro europeo se desvían a financiar a EEUU), los préstamos del BEI (Banco Europeo de Inversiones) y la financiación pública (el Presupuesto de la UE es ridículo comparado con el de EEUU: un 1% del PIB de los 27) y la emisión de deuda europea, bonos que emitirían conjuntamente los 27 (como se ha hecho con el Plan de Recuperación), para grandes objetivos industriales, tecnológicos y descarbonización.

Además de pedir más inversiones en Europa, Draghi pide cambios políticos y de gobernanza: avanzar más decididamente en el mercado único (unión económica, financiera y fiscal), acelerar y racionalizar la toma de decisiones entre los 27 (extender el voto por mayoría cualificada y reducir los vetos), agilizar las decisiones (la UE tarda 19 meses en aprobar nuevos Reglamentos) y reducir el exceso de normativa (entre 2019 y 2024, la UE aprobó 13.000 textos legislativos y resoluciones, frente a 5.500 en EEUU) y de burocracia (hay demasiadas trabas a la actividad y a la innovación). Otro informe pedido por la Comisión, de Enrico Letta, refleja que sólo con avanzar en la integración europea (crear un verdadero mercado único) y reducir las trabas burocráticas, el PIB de la UE crecería un 10% más

Este informe Draghi ha sido muy bien recibido por la nueva Comisión Europea, que lo tendrá como “hoja de ruta” para estos 5 años, aunque algunos expertos y paises han puesto reparos a su financiación, sobre todo a “la emisión de deuda conjunta”, los “eurobonos” de los que reniegan Alemania, Holanda y la Europa rica, porque no quieren aumentar su riesgo y el pago conjunto de intereses. Pero si Europa quiere dar un salto y competir con EEUU y China en las próximas décadas, tiene que reconvertir a fondo su economía y su gobernanza. Y eso cuesta dinero. No hacerlo, meter las propuestas en un cajón tiene un alto coste, del que el propio Draghi advierte: “hemos llegado a un punto en que si no hacemos nada, tendremos que comprometer nuestro bienestar, nuestro medio ambiente o nuestra libertad”. El modelo de vida de 450 millones de personas está en juego. Así de claro.

jueves, 7 de diciembre de 2023

Cumbre de Dubái: Colapso Climático

Primero hablaban del Cambio Climático, luego de la Crisis Climática y ahora “vivimos el Colapso Climático”, según dijo el secretario general de la ONU en la 28ª Cumbre del Clima de Dubái. Los datos de los expertos revelan que las emisiones de CO2 siguen creciendo y que en 2023 batiremos un récord histórico de temperatura y fenómenos climáticos extremos. Pero no necesitamos esos datos para saber que el clima se ha vuelto loco y que nos estamos cargando el Planeta. El problema es que los grandes emisores (China, EEUU, India y Rusia) no aprueban medidas para recortar drásticamente sus emisiones, para no poner en peligro su crecimiento. Y los paises en desarrollo sufren las consecuencias. La ONU reitera las 3 recetas para recortar emisiones y evitar el Colapso Climático: triplicar las renovables, duplicar el ahorro energético y dejar de usar el carbón, el petróleo y el gas en 2050. Pero otra Cumbre del Clima más, escuchamos muchas promesas y pocos hechos. Y pocas inversiones. Estamos al límite.

                  Enrique Ortega

La actividad humana sigue aumentado las emisiones de CO2 y otros gases de efecto invernadero (metano, oxido nitroso, halocarbonos y ozono troposférico), provocando un aumento de la temperatura de la atmósfera y los mares que modifican el clima y la vida en el Planeta. Aunque llevamos 28 años celebrando Cumbres del Clima (la 1º se celebró en Berlín en 1995 y este domingo se clausura la COP28 de Dubái), la realidad es que las emisiones han crecido año tras año. Este 2023 (de enero a octubre), las emisiones mundiales de CO2 han crecido un +0,3%, según los datos de Carbon Monitor, debido a un aumento de emisiones en China (+2,5%), India (+9,6%) y Rusia (+2,4%), aunque se han reducido algo las emisiones en EEUU (-2,2%), Japón (-4,5%) y Europa (-5,6%), destacando las menores emisiones en Alemania (-7,4%), Italia (-6,4%), España (-3,7%), Reino Unido (-2,3%) y Francia (-2,1%), en Brasil (.2,4%) y resto del mundo (-2,4%). 

  Ahora, la previsión presentada por Carbon Monitor para todo 2023 es que las emisiones mundiales  de CO2 aumenten este año un +1,1%, que crezcan sobre todo las emisiones por el carbón (15,2 Gigatones de CO2,+1,1%), el petróleo (12,1 Gigatones, +1,5%), el gas natural (7,9 Gigatones, +0,5%) y la industria cementera (1,7 Gigatones, +0,8%). Y por paises, crecerán este año las emisiones de CO2 de China (+8,2%) e India (+4%), mientras caerán las emisiones de la Unión Europea (-7,4%) y EEUU (-3,4%). Este nuevo aumento de emisiones en 2023 se sumaría a los de 2022 (+1%) y 2021 (+6%), tras el recorte de emisiones en 2020 (-5,4%), por primera vez desde 2015, causado por la recesión derivada de la pandemia.

Con ello, la acumulación de CO2 en la atmósfera volverá a batir un récord histórico, alcanzando a finales de 2023 las 419,3 partes por millón (ppm), un 51% más de la concentración de CO2 que había en la atmósfera en épocas preindustriales (280 ppm en 1850, 315 en 1959, 354 en 1990 y superando las 400 ppm en 2013). De hecho, ya en mayo de 2023 se alcanzó en Hawái una concentración récord de 424 ppm, la más elevada en la atmósfera en los últimos 3 millones de años (según investigaciones en el hielo ártico).

Todas estas emisiones y la concentración récord de CO2 en la atmosfera ya han provocado un aumento récord de la temperatura en la Tierra: +1,4 grados centígrados de media sobre el periodo 1.850-1900, según el último informe publicado por la Organización Meteorológica Mundial (OMM), quien nos recuerda que empezamos el siglo con un aumento de 1,27 grados. Y que 2023 será, con toda seguridad, el año más cálido de la historia. Este fuerte aumento de la temperatura provoca un calentamiento de los mares y un deshielo de las masas polares, modificando los ecosistemas  y elevando el nivel del mar (+4,72 milímetros año, el doble que a principios de siglo). Y además, el aumento de la temperatura de la Tierra está provocando fenómenos climáticos extremos: inundaciones y sequías extremas, ciclones tropicales, episodios de calor extremo y macro incendios forestales. Y, en general, un clima “loco” que provoca muertes, enfermedades y cuantiosos daños económicos.

Estamos viviendo el Colapso Climático en tiempo real y el impacto es devastador”, señaló con preocupación el secretario general de la ONU al inaugurar la Cumbre del Clima de Dubái. Lo grave es que la Cumbre del Clima de París (2015) se planteó el objetivo de que la temperatura no superara los +1,5 grados centígrados a fin de siglo (2100), para poder salvar el Planeta. Y ya este año, la temperatura ha subido esos +1,4 grados. Y, según la ONU, con los Planes de recortes de emisiones para 2030, presentados por los 194 paises adheridos al Acuerdo de París, la temperatura media del Planeta subiría entre +2,1 y +2,8 grados centígrados a fin de siglo, un aumento insostenible. Por eso, la ONU insiste en que los paises deben aumentar sus recortes de emisiones, un -43% de aquí a 2030 (sobre emisiones 2009). No vale prometer que van a conseguir cero emisiones netas para 2050: el recorte de emisiones hay que hacerlo ahora, en esta década, porque luego ya será demasiado tarde.

La ONU y sus expertos han reiterado en la COP 28 de Dubái los 3 objetivos que el mundo debe comprometer para salvar el Planeta: triplicar el peso de las energías renovables para 2030, duplicar el ahorro energético y trazar una hoja de ruta para dejar de utilizar en 2050 los combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas), los grandes responsables de las emisiones de gases de efecto invernadero y de la actual emergencia climática.

El primer objetivo, triplicar el peso de las energías renovables en la producción mundial de energía (de 3.400 GW de potencia instalada en 2022 a 11.000 en 2030) se ve posible de alcanzar por los expertos, dadas las enormes inversiones en renovables (eólica y solar, sobre todo) y el avance de la tecnología, que produce electricidad cada vez más barata. De hecho, 117 paises se han comprometido ya a triplicar el peso de las renovables para 2030, acuerdo promovido por la Unión Europea y al que se han sumado EEUU, Canadá, Japón, Reino Unido, Australia, Chile y Colombia. Y también está de acuerdo China. Este empujón a las renovables serviría para generar electricidad 100%% renovable y reducir el consumo de combustibles fósiles en la industria y en los hogares.

Pero no sería suficiente. Por eso, el 2º objetivo de la ONU, más difícil de cumplir, es mejorar la eficiencia energética, duplicando el ahorro de energía de los paises, desde las industrias y el transporte a los particulares. Aquí, los compromisos de los paises son más difusos, salvo el caso de la Unión Europea, que se ha comprometido en hacerlo para 2030. Y queda el tercer objetivo, el más difícil de conseguir y el más importante: suprimir a medio plazo el consumo de los combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas), los grandes culpables de las emisiones de gases de efecto invernadero desde 1850. El objetivo fijado por la ONU es claro: para 2050, no quemar nada de carbón, suprimir el 60% del petróleo consumido actualmente y el 70% del gas natural.

Aquí, los grandes paises consumidores (y productores) de energías fósiles dicen que sí, que van a recortar, pero no quieren comprometer una hoja de ruta, con fechas y porcentajes. EEUU, el primer productor mundial de petróleo y gas, ha aprovechado la guerra de Ucrania y la subida de la energía para reforzar su producción (y consumo), aumentando la producción de fracking (petróleo de esquisto) y concediendo Biden nuevas licencias de extracción de petróleo incluso en Alaska. Y tanto la OPEP como Rusia, los siguientes mayores productores de crudo y gas, siguen invirtiendo en prospecciones y tratando de contener la producción para que no caigan demasiado los precios y el consumo. Y nadie habla de que hay que habrá que dejar el petróleo, el gas y el carbón sin extraer si queremos salvar el Planeta. Porque cuando se queman los combustibles fósiles, en el transporte (terrestre, aéreo o marítimo), en la industria o en la producción de electricidad, generan entre el 80 y un 90% del CO2 total.

Junto a necesidad de no consumir carbón, crudo y gas a medio plazo, la ONU se queja de que la mayoría de los paises están subvencionando ahora los combustibles fósiles:”no podemos salvar a un Planeta en llamas con una manguera de combustibles fósiles”, criticó muy visualmente el secretario general de la ONU en Dubái. Y es que los paises destinaron 7 billones de dólares en 2022 a subvencionar los combustibles fósiles (desde ayudas a las industrias a rebajas de impuestos a los combustibles o ayudas al transporte), 1 billón más de ayudas que en 2020, por la crisis de Ucrania y la inflación, según un estudio del FMI realizado con datos de 170 paises (entre ellos, España, que dedica 10.500 millones de euros anuales a subvencionar los combustibles fósiles). Y la ONU revela que de los 194 paises que han firmado los Acuerdos de París, solo 7 paises (que no cita, el 4% del total) se han comprometido a retirar estas ayudas y subvenciones, ni EEUU, ni la UE, ni China, India o Rusia. Y así, financiando con millones a los combustibles que destruyen el clima, no podemos avanzar.

Lo que hay que hacer para superar la emergencia Climática lo tienen claro los científicos y lo ha reiterado la ONU en esta Cumbre de Dubái: triplicar las renovables, duplicar el ahorro energético y dejar de extraer y consumir carbón, petróleo y gas. Pero las grandes economías no están por la labor de reconvertirse y gastar más en energías limpias. Por un lado, China, India y los grandes paises en desarrollo (G-20) defienden que ellos tienen que seguir creciendo, aunque sea a costa de altas emisiones (China emite el 30,7% del total mundial, USA el 13,6%, India el 7,6%, la UE el 7,4%, Rusia el 4,4% y Japón el 2,8%) , como antes hicieron los paises occidentales (el 17% de las emisiones mundiales entre 1850 y 2021 son “culpa” de EEUU, el 12% de China, el 10% de la UE, el 6% de Rusia y el 5% de India). Y por otro, los paises pobres y en desarrollo, que no emiten apenas CO2 son los que más sufren ahora la emergencia climática (inundaciones, tornados, sequías, hambre, incendios, emigraciones…), sin que los ricos apenas les ayuden: el Fondo verde (creado en 2019 y que debía aportarles 100.000 millones anuales no se cubre) y el nuevo Fondo de pérdidas (para cubrir emergencias) depende de aportaciones “publicitarias”, como las hechas en Dubái.

De momento, EEUU apuesta por recortes de emisiones y energías renovables siempre que no pongan en crisis su potencial fósil y sus inversiones, con el riesgo de que el negacionista Trump gane las elecciones en 2024. Y en China, avanzan en las energías alternativas pero sin desengancharse del carbón, el petróleo y el gas, al menos hasta mediados de siglo, lo mismo que India y otros paises en desarrollo. Y Europa es el continente con más conciencia climática y más compromisos (recorte de emisiones del 56% para 2030, cierre de centrales de carbón, un 80% de electricidad renovable y prohibición de coches de combustión para 2035). Pero en muchos paises europeos está avanzando el “negacionismo climático” (Italia, Hungría, Holanda, Reino Unido, autonomías y Ayuntamientos españoles gobernados por PP y VOX…), empujado por la extrema derecha y parte del PP europeo. Y por eso, habrá que esperar al resultado de las elecciones europeas de junio de 2024.

Además de decisión política, la lucha contra la emergencia climática exige reconvertir a fondo las economías y los hábitos de consumo, lo que exigirá cuantiosas inversiones. Según las estimaciones más conservadoras, financiar la lucha contra el Cambio Climático costará 4,3 billones de dólares anuales (4 billones de euros cada año), que habrá que conseguir de inversiones públicas y privadas, impuestos verdes y al CO2, bonos y créditos. Sólo en Europa, la inversión del Pacto verde superará el billón de euros en esta década. Y España contempla invertir, en el Plan del Clima, 241.000 millones de euros entre 2021 y 2030. Cantidades ingentes, pero no podemos olvidar que no hacer nada tiene un coste mayor: en vidas humanas (la OMS estima que 1 de cada 4 muertos pueden atribuirse a causas ambientales prevenibles), en enfermedades y en daños por el clima extremo: los desastres naturales inducidos por el CC costaron 1,5 billones de dólares en 2022, según un estudio. Y el Banco Mundial cree que por cada dólar  invertido acabaremos obteniendo 4 dólares.

Otro año más asistimos a otra Cumbre del Clima más, donde los expertos y la ONU lanzan advertencias, se oyen buenas palabras y grandes propósitos, pero apenas se aprueban medidas ni inversiones ni ayudas. Y así hasta la Cumbre siguiente. Y mientras, el clima nos alerta cada día, sin que cambiemos nuestro estilo de vida, nuestra forma de producir, consumir y viajar, nuestros impuestos y nuestras inversiones. Y así, llegaremos a un punto de no retorno, donde la situación será tan grave que exigirá medidas más drásticas que ahora. Es lo que suele pasar: la humanidad sólo reacciona al borde del precipicio. No aprendemos.

     

lunes, 8 de noviembre de 2021

Cumbre Clima Glasgow: se acaba el tiempo

Este viernes se clausura la Cumbre de Glasgow, el 26º intento de 196 paises para frenar el Cambio Climático. Tras la presencia de 120 líderes mundiales (ausentes China y Rusia) y múltiples reuniones, no se esperan grandes avances, salvo tres acuerdos parciales no vinculantes sobre el metano, el carbón y la deforestación. La ONU alerta que con los Planes de recortes de emisiones presentados por 120 paises, la temperatura de la Tierra subirá 2,7º y no 1,5º, el tope para impedir los desastres ligados al Cambio Climático. Por eso, pide al mundo recortes adicionales, del -22% al -55% para 2030. Recortes que tienen que empezar ya, no vale prometerlos para 2050. China e India siguen aferrados al carbón mientras Biden tiene problemas para aprobar su Plan y Europa da ejemplo recortando más. España destinará a la transición ecológica el 39% de Fondos UE. Lo grave es que cada país va a su aire y se acaba el tiempo. Nos jugamos el Planeta.

Enrique Ortega

La pandemia supuso una brusca caída de la actividad económica y del consumo de energía, lo que permitió reducir las emisiones de CO2 (-5,4%), por primera vez desde 2015. Pero ha sido un espejismo. Con la reanudación de la actividad y el inicio de la recuperación económica, el mundo ha vuelto a consumir más energía y las emisiones de CO2 volverán a aumentar este año, un +4,9%, la mayor subida desde 2010, según la estimación de Global Carbon Project. Así que volvemos a la casilla de salida, con una previsión de emisiones este año de 36,4 Gigatoneladas,  un volumen similar al de antes de la pandemia (36,7 GTm en 2019). Y eso porque se va a utilizar más el carbón (responsable del 40,38% de las emisiones de CO2), sobre todo en China e India, el gas (responsable del 20,32%) y también el petróleo (causante del 31,59% de las emisiones mundiales de CO2.

Esta vuelta atrás se debe a que esperan en 2021 un aumento de emisiones de CO2 en China (+4%), el mayor emisor del mundo (30,5% del total de emisiones esperadas), en Estados Unidos (+7,6%), el 2º mayor emisor de CO2 (14% emisiones), la Unión Europea (+7,6%), el tercer mayor emisor (7,7% del CO2 total) y la India (+12%), el 4º mayor emisor (7,4%) y el que más verá aumentadas sus emisiones este año 2021. En el resto del mundo (que concentra el 40,65% de emisiones restantes), las emisiones subirán algo menos (+2,7%), según el estudio de Global Carbon Project. Y la ONU lanza otra alerta: sólo el 18% de las inversiones que se están haciendo para recuperar la economía son “verdes”. O sea, que el 82% del gasto para salir de la crisis agravará las emisiones de gases de efecto invernadero.

Lo peor es que a este ritmo de crecimiento de emisiones (desde 2015, cuando se aprobaron los objetivos de la Cumbre del Clima de París), el mundo superará en 11 años el tope de emisiones que podrían permitir no superar la temperatura del Planeta en 1,5º para 2100. Quiere esto decir que si no se toman ya medidas de recorte efectivo de emisiones, en 2032 llegaremos a “un punto de no retorno”. Y por eso, la ONU pide con urgencia un cambio de rumbo: en vez de aumentar las emisiones, como se va a hacer en 2021 (+1,6 Gigatoneladas), habría que reducir 1,4 Gigatoneladas cada año hasta 2050. Y empezar ya a hacerlo.

El último informe de la ONU alerta de que está muy bien que los paises hablen de emisiones netas cero para 2050, pero que hay que hacer recortes drásticos desde ahora para cumplirlo. Y advierte que con los Planes de recortes que han presentado en el último año 120 paises del mundo, las emisiones no se reducirán sino que crecerán un 16% hasta 2030. Y eso provocaría un aumento de la temperatura del Planeta de +2,7º, algo inasumible porque provocaría una catástrofe climática (olas de calor, inundaciones, sequías, huracanes), la subida del nivel del mar y el desastre ecológico (y económico). Por eso han insistido en la Cumbre de Glasgow: hay que hacer más recortes de los anunciados, recortes adicionales del -22% al -50% para 2030 si queremos mantener la subida en +1,5º y salvar el Planeta.

El mensaje es claro: hay una brecha enorme entre los recortes prometidos y los que hacen falta. Hay que recortar más drásticamente las emisiones y de aquí a 2030. Se acaba el tiempo. “Estamos cavando nuestra propia tumba”, dijo en Glasgow el secretario general de la ONU, Antonio Guterres. Y reiteró que no basta con hacer recortes extras de emisiones de 2021 a 2030. La ONU urge a “eliminar el carbón”, en 2030 para los paises industrializados y en 2040 para el resto del mundo. Y eliminar de una vez los subsidios de los Gobiernos a los combustibles fósiles (petróleo, carbón y gas), que recibieron 375.000 millones de euros públicos en 2020, el triple que a las energías limpias (130.000 millones de subvenciones), según este informe de la OCDE. También propone fijar una tasa mundial a las industrias y sectores que producen emisiones de CO2, un mercado similar al que existe en Europa. Y sobre todo, que los paises ricos aporten ya los 100.000 millones de dólares anuales a los paises pobres y en desarrollo, para ayudarles a “descarbonizar" su economía.

De momento, los grandes paises contaminantes no han cogido el guante y se resisten a aprobar recortes extras de emisiones, que les obligarían a grandes inversiones y a un drástico reajuste energético. Sólo la Unión Europea se adelantó, en la Cumbre de diciembre  2020, al aprobar un mayor recorte de emisiones para 2030: si antes prometieron recortarlas un -40%, ahora lo harán un -55%, una decisión apoyada por los 27 paises, aunque hay reticencias al ajuste en Polonia, Hungría y la República Checa. EEUU, China e India no han anunciado recortes adiciones de emisiones para 2030, aunque todos venden que harán fuertes retoques para 2050 (demasiado tarde). De momento, 74 paises, entre ellos la UE, EEUU y Japón han prometido “emisiones cero” (el CO2 que se emita menos el que se recoja) para 2050. China, Rusia, Arabia Saudí y Australia prometen “cero emisiones” para 2060. Y la India, para 2070. A todos, la ONU les insiste: vale, pero díganme lo que va a recortar para 2030.

Y aquí, algunos grandes paises no dan buenas señales contra el Cambio Climático. China (30,5% de las emisiones mundiales) está volviendo al uso del carbón, la energía más contaminante: el Partido Comunista ordenó hace un mes aumentar la producción de carbón para producir electricidad (ya el 65% de sus kilovatios son “negros”), a la vista de la reactivación de la economía y del encarecimiento del gas. Y por eso, desde mediados de octubre, la producción de carbón en China ha aumentado 11,5 millones de toneladas diarias. Y también han pedido a sus refinerías que produzcan más carburantes, para acabar con el racionamiento. Todo indica que China sigue priorizando el crecimiento sobre la ecología.

Aún más preocupante es el caso de India, aunque emita menos (7,4% del CO2 total). Se niega a presentar recortes concretos para 2030 (más allá de que va a potenciar las energías limpias) y sigue apostando por el carbón: con él obtiene el 70% de su energía y tiene previstas o en construcción 50 nuevas centrales eléctricas de carbón. Rusia (4,7% emisiones totales) no ha prometido recortes concretos para 2030 y tiene el hándicap de ser uno de los mayores productores de petróleo, gas y carbón del mundo. Y Japón, el 5º país más contaminante del mundo (3% emisiones mundiales), ha prometido aumentar su recorte de emisiones un -46% para 2030 (frente al -16% antes, aunque sigue con una alta dependencia del carbón.

Estados Unidos, el 2º mayor emisor del mundo (14% del total), ha prometido en Glasgow recortar a la mitad sus emisiones y su nuevo presidente, Joe Biden, lleva meses empeñado en demostrar que su país va a liderar la lucha contra el Cambio Climático, tras el fatídico paréntesis de Trump. Ya en la reciente Cumbre de Roma del G-20 presumió de una cifra: 550.000 millones de dólares que va a invertir contra el Cambio Climático. Pero tiene problemas en casa para aprobarlo: dos senadores demócratas (conservadores) están vetando el Plan en el Congreso, donde tampoco cuenta con el apoyo republicano.

Los mayores avances contra el Cambio Climático se dan en Europa (7.7% de las emisiones globales, donde la Comisión Europea ha aprobado el Next Generation EU, un ambicioso Plan de inversiones de 750.000 millones de euros, un 30% de ellos para políticas contra el cambio climático, a las que también destinarán un tercio del Presupuesto UE 2021-2027 (1,07 billones de euros).  En el caso de España, la transición energética es la prioridad del Plan de recuperación 2021-2023, con una inversión total de 28.152 millones de euros, el 39,1% de los Fondos Europeos esperados. Y en el Presupuesto para 2022 ya se incluyen 13.750 millones de inversiones verdes: renovables, hidrógeno verde, movilidad urbana, apoyo coche eléctrico, rehabilitación de viviendas, transporte ferroviario, infraestructuras hidráulicas, residuos…

A la vista de este panorama de los principales paises contaminantes, no parece que el mundo  avance suficiente contra el Cambio Climático. Y en paralelo, los paises pobres (que emiten poco porque crecen poco), se quejan de falta de medios para “descarbonizarse y de que los paises ricos no aportan los 100.000 millones anuales para ayudarles (deberían haberlos depositado en 2020). Al final, el problema de fondo es evidente: todas las economías (más las grandes) han de hacer una profunda “reconversión energética”, cambiando a fondo su economía, lo que exige cuantiosas inversiones: será necesario invertir entre 1 y 4 billones de dólares al año hasta 2030. Y un total de 17 billones para conseguir el objetivo “cero emisiones en 2050, según el FMI. Una cifra que asusta a los Gobiernos y a las empresas, por lo que retrasan lo más posible tomar medidas drásticas. Pero si no se hace, las consecuencias del Cambio Climático serán dramáticas y su coste mucho mayor.

De momento, no parece que el mundo haya aprendido de la pandemia para afrontar unido una lucha decidida contra el Cambio Climático. Eso sí, en Glasgow ha habido mucho “postureo” y se han “vendido” tres acuerdos que tienen 2 problemas: no son vinculantes ni globales. El primero, propiciado por EEUU y la UE, un Compromiso Global por el metano, el 2º gas más responsable del calentamiento global (un 25%) tras el CO2 (responsable del 66%). Se pretende reducir las emisiones (causadas por la ganadería, los cultivos de arroz y los vertederos) un -30% para 2030. Pero el acuerdo, respaldado por 103 paises, no cuenta con el apoyo de China, India o Rusia. El segundo acuerdo de Glasgow, propiciado por Reino Unido, pretende frenar la deforestación mundial en 2030. Cuenta con el apoyo de más de 100 paises, entre ellos Brasil, China, Rusia y EEUU, pero los ecologistas lo critican porque se da otra década para que algunos paises sigan destrozando los bosques (que absorben casi el 30% del CO2). Y el tercer acuerdo no vinculante pretende limitar el uso del carbón: lo han firmado 40 paises, pero no los 4 mayores consumidores del mundo, China, EEUU, India y Australia.

Además de estos “Acuerdos para la galería” (que no vinculan a los firmantes), la Cumbre de Glasgow ha sido aprovechada por el mundo financiero para vender que “el dinero es verde”: 450 grandes aseguradoras, Fondos de inversión y bancos (entre ellos los españoles) han firmado una “Alianza Financiera para el Cero neto” (GFANZ) en la que se comprometen a alcanzar emisiones cero en 2050 y movilizar 130 billones de dólares para luchar contra el Cambio Climático. Suena muy bien, si no fuera porque desde 2015 (firma del Acuerdo de París) los 60 mayores bancos del mundo han invertido 4 billones de dólares en petróleo, gas y carbón, en energías fósiles, según Reclaim Finance (25.736 millones el Santander y 17.452 millones el BBVA). Y la mayoría de los bancos siguen financiando empresas contaminantes, un grifo que les pide cortar la Agencia Internacional de la Energía.

Los bancos se han puesto las pilas contra el Cambio Climático porque saben que los desastres naturales y medio ambientales van a repercutir en sus balances. Según un reciente estudio del Banco Central Europeo (BCE), el Cambio Climático puede recortar un 4% la riqueza europea para 2030 y causar pérdidas al 40% de las empresas para 2050. Y eso generaría riesgos de crédito en la banca. De hecho, la banca española sería la 3ª más afectada en Europa, tras la de Grecia y Portugal: el BCE estima que un 60% de las empresas españolas podrían tener sus créditos expuestos por el Cambio Climático. Y eso no sólo porque los riesgos medioambientales son mayores en el sur de Europa sino también porque el 80% de créditos que dan nuestros bancos van a empresas con altas emisiones.

La ONU reitera Cumbre a Cumbre que el deterioro ambiental avanza y que cada vez queda menos tiempo. Pero casi nadie escucha y los paises tratan de recuperar sus economías antes que salvar el clima. Nadie quiere ir más adelante en los recortes que el resto (salvo la UE), porque el ajuste energético tiene un alto coste a corto plazo, aunque muchos beneficios a medio y largo plazo: el principal, la supervivencia del Planeta. Y aunque los ciudadanos se manifiesten en contra del Cambio Climático (los jóvenes), tampoco lo consideramos una prioridad vital. Y no estamos dispuestos a cambiar de hábitos: coger menos el coche, viajar menos en avión, pagar más impuestos por los carburantes, ahorrar energía en casa, consumir menos, comer menos carne o comprar menos alimentos importados y más de proximidad… Así no salvamos el Planeta.