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lunes, 19 de octubre de 2020

COVID 19: la pobreza se enquista en España


Llevamos 7 meses de pandemia, con casi 1 millón de contagios, 34.000 muertos y millones de españoles con problemas para trabajar y sobrevivir. Y con 1.100.000 personas más en la pobreza, según Oxfam. La COVID 19 se ha cebado en las personas más vulnerables, ampliando y enquistando una pobreza que ya alcanzaba a 11,87 millones de españoles en 2019, según la Red Europea contra la Pobreza. Son 1 millón más que en 2008, antes de la otra crisis. Ahora, muchos de estos “pobres” son “nuestros vecinos: son españoles (78%), con nivel educativo medio y alto, trabajan (un tercio) y viven en grandes ciudades. Además, España va a distanciarse más de la Europa rica, porque somos el país que más sufre esta pandemia: ya en 2020, bajaremos en el ranking europeo, del 14º al 17º país con más renta, según el FMI. Urge tomar más medidas para paliar el aumento de la pobreza, un cáncer económico, político y social : no podemos reconstruir el país dejando atrás a la cuarta parte de españoles.

España afronta esta pandemia con una elevada pobreza. Europa utiliza desde 2008 un indicador, el AROPE (At Risk of Poverty and Exclusion), que mide las personas en riesgo de pobreza o exclusión social según 3 indicadores: sus ingresos (que ganen menos del 60% del ingreso medio en cada país), la privación material severa (carecen de 4 de 9 bienes, desde comer carne dos veces por semana a no poder pagar los recibos) y hogares con adultos que trabajan pocas horas (menos del 20% de la jornada). Si alguien cumple 1 de estos 3 indicadores, es oficialmente “pobre”. En Europa había 109,2 millones de pobres en 2018, un 21,7% de la población, según el último dato publicado por Eurostat. Y ese año, España era, con 12.047.000 de “pobres” (el 26,1% de la población),  el 7º país europeo con más pobreza (AROPE), solo por detrás de Bulgaria (32,8%), Rumanía (32,5%), Grecia (31,8%), Letonia (28,4%), Lituania (28,3%) e Italia (27,3%), según Eurostat.

La semana pasada se conoció el dato de la pobreza en España en 2019: 11.870.012 personas, un 25,3% de la población, en situación de pobreza o exclusión social (indicador AROPE), por sus bajos ingresos o sus privaciones y subempleo, según la Red Europea contra la Pobreza (EAPN-ES). Son 301.000 pobres menos que un año antes, pero lo grave es que hay más pobres en España que en 2008 (había un 23,8% de población pobre), a pesar de la “recuperación”. Concretamente, hay 1.000.0805 personas más en situación de pobreza, con lo que España ha incumplido el compromiso que Zapatero asumió con Bruselas en 2008, dentro de la Estrategia Europea 2020: reducir el número de pobres entre 1,4 y 1,5 millones entre 2009 y 2019. No sólo no hay menos pobres, sino 1 millón más en la última década, a pesar del crecimiento y la creación de empleo.

Voy a centrarme en el grueso de esa pobreza, en la pobreza monetaria, donde se incluyen a los españoles que ganen menos del 60% de la media: en 2019, los solteros que ganaron menos de 9.009,2 euros anuales (menos de 750 euros al mes) y las familias con 2 hijos que ingresaron menos de 18.919,3 euros anuales (1.576 euros al mes). En total, 9.695.989 personas, el 20,7% de la población española, 653.000 pobres monetarios más que en 2008, antes de la crisis. Eso nos coloca como el 6º país con más pobreza monetaria de Europa, sólo por detrás de Rumania (23,5%), Letonia (23,3%), Lituania (22,9%), Bulgaria (22%) y Estonia (21,9%) y lejos de la media europea de pobreza monetaria (17,1% de la población UE-28 en 2018) y de la pobreza de Italia (20,3%), Reino Unido (18,6%), Grecia (18,5%), Portugal (17,3%), Suecia (16,4%), Alemania (16%), Irlanda (14,9%), Francia (13,4%), Holanda (13,3%), Dinamarca (12,7%), Finlandia (12%) y República Checa (9,6%), según Eurostat.

Esta pobreza monetaria no alcanza a todos los españoles por igual sino que se ceba en algunos colectivos, según el estudio de la EAPN-ES: los parados (el 43,3% son pobres frente al 20,7% de media en España), las familias monoparentales (un adulto con niños, sobre todo mujeres: 41,4% son pobres), los inmigrantes europeos (42,1% pobres) y sobre todo de fuera de la UE (50,2% pobres), los menores de 16 años (el 27,16% viven en familias pobres), los jóvenes de 16 a 29 años (26,5% pobres), los discapacitados (23,8% son pobres), los que tienen sólo estudios primarios (26,5% pobres) y sólo la ESO (24,9%), además de las mujeres: un 21,1% son pobres (5.052.251) frente al 20,2% los hombres (4.644.013 eran pobres en 2019). En general, las familias con niños, con poca formación y contratos precarios que viven en las ciudades son el epicentro de la pobreza en España. Y en el sur (28,4% de pobreza) más que en el norte (14,7%), en especial en Ceuta (40,6% de pobreza), Melilla (55,7%), Extremadura (31,5%), Andalucía (31,3%), Canarias (28,5%) y Murcia (27,7%), mientras apenas hay pobreza en Navarra(7,7%), País Vasco (10%) y Baleares (12%). 

Dentro de esta tremenda bolsa de pobreza, hay dos grupos especialmente vulnerables. Uno son los que sufren la pobreza severa: las personas que ingresan menos del 40% de la media, que ganan menos de 6.006 euros al año (menos de 500 euros al mes), los solteros, y menos de 12.600 euros al año (menos de 1.050 euros al mes), las familias con 2 niños. En 2019 eran 4,3 millones de personas en España, casi la mitad de todos los “pobres monetarios” y el 9,2% de la población española (eran el 7,4% en 2008), según la Red Europea contra la Pobreza (EAPN-ES). Son 938.900 pobres severos más que en 2008, sobre todo parados, madres con niños e inmigrantes.

El otro colectivo especialmente vulnerable son los niños. La pobreza infantil alcanzaba en 2019 al 27,4% de los menores de 18 años, 2,2 millones de niños y adolescentes (entre 14 y 18 años la sufren más), según EAPN-ES.  Somos el tercer país europeo con más pobreza infantil, tras Rumanía y Bulgaria. Y la mitad, además, sufren pobreza severa (viven en hogares que ingresan menos del 40% de la media española). Esta pobreza infantil se concentra en las familias monoparentales (sobre todo mujeres solas con niños), familias numerosas, inmigrantes y parados, especialmente en las ciudades más pobladas (donde se registra el 49,2% de toda la pobreza infantil). Estos “niños pobres” sufren las carencias de sus padres y otras en su educación: el 22,8% no pueden comprarse ordenador, el 5,3% no tienen Internet en casa y sus calificaciones son peores, lo que fomenta que repitan curso, el abandono escolar y penaliza su futuro laboral, según el informe PISA.

Si España lleva creciendo desde 2014 (+15,6% aumentó el PIB hasta 2019) y se han creado 3 millones de empleos, ¿Por qué tenemos más pobres que en 2008? La razón es que la riqueza creada se ha distribuido de forma desigual y los más pobres son los que menos se han beneficiado de la recuperación. Así, el informe de la Red Europea de la Pobreza revela que el 25% de españoles más pobres han ganado +92 euros de renta por persona entre 2008 y 2019 (+2,3%) mientras el 25% más rico han ganado +1.822 euros de media (+8,9%) y el 50% de clase media restante ha aumentado su renta un 10%. Pero si tenemos en cuenta que parte de esa mejoría de renta “se la ha comido la inflación” (+12,7% de subida entre 2008 y 2019), en realidad todos los españoles tienen hoy menos ingresos reales que en 2008, antes de la otra crisis: 11.680 euros por persona (2019) frente a 10.737 euros (2008), que se quedan realmente en 10.091 euros en 2019 descontado la inflación, un -6%. Una pérdida de poder adquisitivo que es mayor entre el 25% de españoles con menos ingresos (-11,6%) que entre el 25% más rico (-5,9%) y también que entre el 50% intermedio (-4,5 al -5,5% de pérdida de poder adquisitivo desde 2008), según el estudio de la EAPN-ES.

Por eso tenemos hoy más pobres, porque la recuperación ha estado mal repartida y se la ha comido la inflación. Pero además, los pobres de hoy lo son más que los de 2008, porque ha aumentado la llamada “brecha de la pobreza”: el dinero que necesita un pobre para dejar de serlo. En 2019, a la media de los pobres españoles les faltaban 2.622 euros de ingresos anuales para “salir de la pobreza”, 474 euros más de lo que necesitaban para salir en 2018 (2.148 euros). Ahora, en 2019, el porcentaje que un pobre necesita para salir de la pobreza es del 29,1% de sus ingresos medios mientras que en 2008, podía salir de pobre aumentando sus ingresos “sólo” un 25,6%. En resumen, hay más pobres que antes de la crisis y además son más pobres, necesitan más ingresos adicionales que entonces para salir de la pobreza.

Mucha gente no se cree que haya “tantos pobres”, porque identifica pobreza con miseria y cree que pobres son sólo los que piden en los semáforos. Pero pobres son los que ganan menos del 60% de la media del país y eso les pasa a 9,6 millones de españoles. Y además, en la última década, la pobreza se ha ampliado a personas que nunca pensaron en ser pobres, se ha generalizado y alcanza ya a “muchas personas que tenemos cerca”, a nuestros vecinos, como revela la Encuesta hecha por EAPN-ES a 7.000 pobres: la mayoría son españoles (el 78,3%), adultos (27,7% entre 45 y 64 años), con un nivel educativo medio y alto (el 38,5% de los pobres, incluso un 16% son universitarios), que trabajan (un 33% de los pobres tienen empleo) y que viven en grandes ciudades (45,4% de los pobres) y zonas rurales (el 30,4%). Un retrato robot de “los nuevos pobres”, que tienen una renta media de 3.810 euros anuales (2019), 3,6 veces menos que la renta media de “los no pobres” (13.729 euros). Y que tienen un serio problema para llegar a fin de mes, hacer compras y pagar recibos, calentar su vivienda y pagar el alquiler, según esta Encuesta. Y que sobreviven gracias a que piden ayuda a familia o amigos (el 21,4%) y a las ONGs (el 12,3%).

Esta era la fotografía de la pobreza en España a finales de 2019. Hoy, con la pandemia, será mucho peor, como atestiguan las ONGs y las colas del hambre. Y lo peor es que la COVID 19 se ha cebado en las personas más vulnerables, en los más pobres, en España y en los demás paises: el mayor porcentaje de contagios se ha dado en los barrios más pobres, entre familias que viven hacinadas, que no pueden teletrabajar y que en muchos casos no pueden cumplir la cuarentena porque trabajan en la economía sumergida. Por todo esto, lo que pasa no es sólo que aumente la pobreza con la pandemia sino que se enquista entre los colectivos más pobres: familias con niños, parados e inmigrantes.

A nivel mundial, la pobreza aumentará entre 88 y 115 millones de personas en 2020, según el Banco Mundial, por primera vez tras 20 años bajando la cifra de pobres en el mundo (643 millones en 2019). Y aumentará en otros 150 millones de personas en 2021. Lo peor estará en Africa (hay 55 millones de personas pasando hambre extrema en Yemen, Congo, Nigeria, Burkina Faso, Sudán del Sur y Somalia, además de Afganistán, según ha alertado Oxfam Intermón), aunque también en Latinoamérica y Asia, sin olvidar Europa, donde la Comisión Europea advierte que “ha aumentado la pobreza”. En España, Oxfam Intermón estima que la COVID 19 ha aumentado la pobreza monetaria en 1.100.000 personas en 2020, del 20,7% de la población al 23,07%. Tendríamos así 10.942.331 pobres, la peor cifra desde el final de la Guerra Civil. Y podrían ser más en 2021, si se reducen las ayudas a familias, ERTEs y parados y aumentan los despidos y cierras de empresas.

Además, tenemos otro problema adicional: España es el país europeo que más sufre la pandemia y sus efectos, el que tendrá este año la mayor recesión entre los paises occidentales, según el FMI: -12,8% de caída del PIB, frente al -4,4% de media mundial, el -8,3% la zona euro, el -10,6% de Italia, el -9,8% de Reino Unido y el -8,8% de Francia pero sólo el -6% que caerá el PIB en Alemania, el -5,4% en Holanda, el -4,7% en Suecia, el -4,5% en Dinamarca el -4% en Finlandia. A lo claro: la Europa rica del norte sufrirá la mitad de recesión por el COVID. Y, en consecuencia, serán después comparativamente más ricos que ahora, donde ya tienen, en 2019, un 130% de la renta media UE (Holanda) o el 123% (Alemania) frente al 91% que tiene España. El FMI estima que España bajará en el ranking mundial de riqueza por habitante en 2020 del puesto 34 al 39. Y en Europa (UE28) bajaremos del 14º al 17º país más rico: nos superarán, además de los 13 paises de antes (Luxemburgo, Irlanda, Dinamarca, Holanda, Austria, Alemania, Suecia, Bélgica, Finlandia, Francia, Reino Unido, Malta e Italia) otros 4 paises nuevos: República Checa, Chipre, Lituania y Eslovenia. Tras la COVID 19, seremos aún más pobres respecto a Europa.

¿Qué se puede hacer contra esta pobreza que afecta a tantos españoles? Lo primero es salir de la recesión, reconstruir el país y mantener el tiempo que haga falta las ayudas a familias, trabajadores y empresas, como insisten el FMI y la Unión Europea, cueste lo que cueste. “Si se retiran antes de tiempo las ayudas, se puede provocar una oleada de quiebras y desempleo”, reiteraba la semana pasada la directora gerente del FMI. Y en paralelo, hay que avanzar en el Plan de recuperación, con el que el Gobierno pretende invertir 772.000 millones en 2021-2023 con dinero de Bruselas, que podrían movilizar hasta 500.000 millones de dinero público y privado en los próximos años. Y crear así 500.000 empleos.

Pero para luchar contra la pobreza no basta con crecer y crear empleo, como recuerda la Red Europea contra la Pobreza, a la vista de la experiencia de la última década: tenemos 1 millón más de pobres que en 2008 a pesar de la recuperación. Hay que redistribuir, concentrando las ayudas en los colectivos más vulnerables (prioridad: agilizar el cobro del ingreso mínimo vital). Y actuar en varios frentes. El primero, aumentar el gasto social y hacerlo más eficaz. España gasta menos que la mayoría de Europa (un 16,9% del PIB frente al 18,65 de media en la UE-28, un 19,4% en Alemania o un 23,4% en Francia) en sanidad, educación, ayudas sociales y a familias o pensiones, en todo menos en paro, según Eurostat (2018). Y además de gastar poco, lo gastamos mal, porque las ayudas benefician porcentualmente más a las familias con ingresos medios y altos, según el FMI: el 40% de las familias más pobres reciben el 30% de las ayudas sociales. De hecho, la OCDE dijo que de sus 34 paises, sólo Grecia, Portugal e Italia hacen una política social peor que España. Además, hay que apoyar a las familias pobres con políticas activas de formación y empleo, con apoyos a la enseñanza de sus hijos y con ayudas a la vivienda (el pago del alquiler se lleva casi la mitad de los ingresos de las familias pobres) y al pago de luz, agua y gas.

Pero todas estas ayudas a los más pobres exigen poder sacar más recursos de algún lado y ese dinero sólo puede venir de los impuestos. Ojo, no lo dicen sólo los partidos de izquierdas, el Banco de España y muchos expertos: el pasado 14 de octubre, el FMI pidió a los paises subir los impuestos a los más ricos y a las empresas rentables, para pagar la factura de esta crisis. Este organismo, que en su día defendió la austeridad, propone ahora seguir gastando y pide que los que más tienen contribuyan a compensar a los más vulnerables. No hay otro camino. Porque no podemos reconstruir el país dejando a 1 de cada 4 ciudadanos atrás. No es una cuestión de caridad, sino de pura necesidad, porque la pobreza es un cáncer social, económico y político. Hay que cortarla de raíz.

lunes, 1 de julio de 2019

Renta de los españoles: más lejos de Europa


Otro año más, la noticia ha pasado desapercibida: España se aleja del nivel de renta de Europa. Somos el país grande que más crece, pero aún así, nuestra riqueza por habitante es el 91% de la media europea, más lejos que en 2017 (92%) y mucho más que antes de la crisis (103%, más que la renta europea, en 2007). Crecemos más, pero somos más pobres porque producimos peor, somos menos eficientes, menos productivos. Un problema que arrastramos desde hace décadas y que tiene que ver con nuestro modelo de crecimiento: muchos hoteles, bares, tiendas y grúas y pocas industrias, poca innovación y tecnología, demasiada precariedad laboral, poca formación de los trabajadores, demasiadas pymes y una organización del trabajo poco participativa y flexible. Son problemas “de fondo”, que exigen un gran Pacto por la mejora de la productividad, para acercarnos al nivel de vida de Europa. Crecer sí, pero con más eficacia. Otra asignatura pendiente para España de la que no se habla.

enrique ortega

La riqueza de un país se mide por el valor de lo que produce en bienes y servicios, el PIB (producto interior bruto). En 2018, España volvió a ser el 5º país de Europa que más produce: 1.208.248 millones de euros de PIB, sólo por detrás de Alemania (3.386.000 millones), Francia (2.353.167 millones), Reino Unido (2.117.724 millones) e Italia (1.756.981 millones de euros), según Eurostat. Pero este es “un dato engañoso”, porque somos uno de los paises más poblados  y eso hace que tengamos un PIB más alto. Si lo “corregimos” con la población y comparamos el PIB por habitante, lo que produce cada español y los demás europeos, salimos mucho peor parados: pasamos del 5º país con más PIB al 14º con más PIB por habitante, el verdadero indicador de la riqueza de un país. Y estamos en ese lugar, el 14º de 28 paises, desde 2007, sin mejorar en el ranking, según Eurostat.

Así que España es la 5ª potencia económica de Europa, pero en realidad somos el 14º país que más produce por habitante, por detrás de paises pequeños mucho más productivos y, por tanto, más ricos. El ranking europeo de riqueza (PIB/habitante) lo encabezan Luxemburgo, con 78.500 euros producidos por habitante en 2018 (el 254% del PIB por habitante de la UE-28:30.900 euros), Irlanda (187% PIB/habitante UE-28), Holanda (129%), Austria (127%), Dinamarca (126%), Alemania (38.100 euros, el 123% de la renta europea), Suecia (121%), Bélgica (115%), Finlandia (110%), Francia (32.100 euros, el 104% de la media UE-28), Reino Unido (104%), Malta (98%), Italia (95%) y España (28.300 euros por habitante, el 91% de la media europea), seguida muy de cerca por Chequia (28.000 euros), que puede darnos el “sorpasso” en cualquier momento.

El problema no es sólo que seamos menos productivos y más pobres que media Europa. Es que, además, estamos más lejos de la mediaeuropea que antes de la crisis, tras el gran acercamiento que hicimos el siglo pasado. España entró en la Unión Europea en 1986 y entonces teníamos el 76% de la renta europea (PIB/habitante). Con el fuerte crecimiento que supuso la adhesión y el boom de la construcción, nos equiparamos al nivel de vida europeo en 2002 (100% del PIB/habitante UE). E incluso lo mejoramos después hasta superar la renta media europea en 2007: conseguimos el 103% del PIB/habitante UE. Pero a partir de ahí, nuestra producción por habitante cayó año tras año, hasta perder el nivel europeo en 2010 (96% del PIB/habitante) y llegar a un mínimo del 90% en 2014. Y aunque se recuperó hasta el 92% en 2017, ha vuelto a bajar al 91% de la renta europea en 2018, según los datos de Eurostat publicados en junio. Eso quiere decir que si en 2007 producíamos 800 euros por habitante más que Europa (26.900 frente a 26.100), en 2018 producimos 2.600 euros menos por habitante (28.300 frente a 30.900). Estamos más lejos de Europa.

Todos nuestros políticos, desde Rajoy a Sánchez, reiteran una y otra vez que España crece más que Europa. Y es verdad: en 2018, la economía española creció un +2,6%, mucho más que la UE-28 y los paises euro (+1,9%) y que los grandes paises europeos, Alemania o Francia (+1,5% cada uno), Reino Unido (+1,4%) o Italia (+1,4%) y más también que Portugal (+2,1%) o Grecia (+2%). Pero lo que no dicen ni explican es que, a pesar de que crecemos más, estamos más lejos de la riqueza media europea. ¿Por qué? Porque crecemos gracias a que trabaja más gente (+556.200 personas en 2018), pero esa nueva gente que trabaja lo hace en los servicios (turismo, hostelería, comercio) y la construcción, sectores que aportan menos valor que otros sectores  en los que más crecen los paises europeos más ricos (industria, exportaciones, tecnología). Y el resultado es que producimos menos por cada trabajador, somos menos eficientes. Y por eso, tenemos menos renta: 2.600 euros menos por habitante que la media UE (el 91% de su PIB/habitante).

La clave para que un país produzca más o menos y sea más o menos rico es la productividad, un indicador que mide la eficiencia con que se utilizan los factores de producción, básicamente el trabajo y el capital (maquinaria, equipos, infraestructuras). Y España tiene un problema “estructural” de baja productividad, que arrastramos desde hace décadas, desde mucho antes de la crisis. Si ponemos el marcador a 100 en 1995, la productividad total de los factores (PTF) en España había caído a 96,74 en el año 2000, a 92,02 en 2007, a un mínimo del 87,13 en 2014 y a sólo 84,49 en 2017 (como en 2009). O sea, que la productividad total cayó en España un -10,5% entre 1995 y 2017, mientras la de Europa mejoró un +4,5%, la de la eurozona un +1,4%, la de Alemania +8,5% y la de Francia +2,2%, en tanto sólo en Italia caía un -9,7%, según un estudio de la Fundación BBVA e Ivie, que explica por qué somos ahora más pobres que media Europa.

Dentro de la productividad total, un componente básico es la productividad del trabajo, lo que se produce por hora trabajada. Este componente de la productividad ha mejorado en España por algo muy simple: hoy se produce más con 1 millón de españoles menos trabajando que en 2007 (se perdieron 3,8 millones de empleos y se han recuperado 2,8). Eso permite que la productividad por hora trabajada haya mejorado en España un +17,5% entre 1995 y 2018, según este estudio de la Fundación BBVA e Ivie. Pero en Europa, la productividad laboral ha mejorado mucho más estos años: un +37,1% en la UE-28 y un +30,7% en la eurozona, con lo que nos hemos vuelto a quedar rezagados (y por eso, producimos menos).

Lo más preocupante es que la productividad del trabajo no mejora y se ha estancado: no creció nada en 2018, por primera vez en 20 años, según el INE. Y lleva cuatro trimestres seguidos cayendo, el último, el primer trimestre de 2019 (-0,4%). Los expertos lo atribuyen a que se están incorporando al empleo trabajadores con poca formación, que trabajan en sectores poco productivos, como el turismo, la hostelería, el comercio y la Administración pública, mientras apenas crece el empleo en la industria y los sectores más productivos. Y todo apunta a que esta tendencia va a seguir, porque las empresas apuestan por actividades con mucho empleo (barato y precario) más que por invertir en personal más formado, equipamiento, innovación y tecnología, que permitirían mejorar la productividad.

¿Por qué España produce menos (por persona) que Alemania, Francia, Reino Unido, Italia y otros 10 paises europeos más pequeños? Una parte de la culpa la tiene nuestro “modelo económico”, donde tienen más peso los servicios (turismo, hostelería y comercio) o la construcción y menos la industria (aporta el 16,06% del PIB frente al 25% en Alemania), el sector más productivo y eficiente. Pero esta no es la razón clave, según demuestra el estudio de la Fundación BBVA e Ivie. Somos menos productivos (y menos ricos) que la mitad de Europa por otras 3 causas fundamentales: porque invertimos menos en tecnología, porque tenemos una mano de obra peor formada y porque hay menos inversión. Veámoslas.

El esfuerzo de un país en tecnología e innovación es clave para producir más con la misma gente, para mejorar la productividad y el nivel de vida, según todos los expertos. Y en Ciencia,  España invierte la mitad que Europa: el 1,2% del PIB en I+D+i en 2017 frente al 2,07% de media en la UE-28. Y muy por debajo del gasto público en tecnología de los paises más productivos y ricos: Suecia (gasta el 3,30% del PIB en Ciencia), Finlandia (3,17%), Dinamarca (3,05%), Austria (2,9%), Alemania (2,5%), Francia (2,22%) y Reino Unido (1,66%). Y España ha recortado un -5,8% la inversión pública en I+D+i entre 2009 y 2017, mientras la UE la aumentaba un +22% estos años. Y además, también las empresas españolas gastan menos que las europeas en tecnología e innovación y tenemos menos investigadores (el 2,8% de los activos frente al 3,9% de media en Europa).

Otro factor clave para producir con más eficacia es la formación de los trabajadores. Y aquí, España tiene un tremendo hándicap: tenemos muchos adultos con poca formación (el 40,9% no tiene acabada la ESO frente al 21,8% en la OCDE y el 19,8% en la UE-22) y muchos adultos universitarios (36,4% en España frente al 37,7% en la OCDE y el 34,4% en la UE-22), pero muy pocos adultos con formación intermedia (Bachillerato o FP de grado medio), un 22,7% en España, un 43,8% en la OCDE y un 45,9% en Europa (UE-22), según el Panorama de la Educación 2018 de la OCDE. Y por eso, las empresas se quejan de que no encuentran personal formado y, como hay mucho paro, abusan de contratar universitarios para puestos que no exigen esa formación, lo que resulta una frustración y un despilfarro.

Este  preocupante panorama formativo tiene mucho que ver con que España gasta menos en educación que el resto de Europa: un 4,1% del PIB en 2018 frente al 4,7% de media en la UE y mucho menos que el 6,9% que gasta Dinamarca, el 6,6% de Suecia, el 6,1% de Finlandia, el 5,4% de Francia, el 4,7% de de Reino Unido o el 4,2% de Alemania. Y además de gastar menos en educación (y en formación de adultos y parados), gastamos peor, como indican el alto nivel de alumnos repetidores (1 de cada 3 menores de 15 años, el triple que en la OCDE) y de abandono escolar (18,3% de jóvenes de 20 a 24 años, frente al 10,6% en Europa). Y como resultado, somos el 6º país UE con más jóvenes de 20 a 34 años que ni estudian ni trabajan ("ni-nis"): el 19,6%, frente al 16,5% en la UE-28, el 11,7% en Alemania y el 17,7% en Francia, según Eurostat (2018).

La tercera causa que explica nuestra menor productividad es que España invierte menos, tanto en inversión pública como privada, dos factores que contribuyen a ser más eficientes. Por un lado, la inversión pública se ha recortado drásticamente y supone la mitad que en 2008, lo que no favorece la productividad al haberse reducido inversiones en infraestructuras, obras hidráulicas, transportes o equipamientos que son claves para que un país mejore su productividad. Y en paralelo, las empresas no relanzan sus inversiones en equipamiento, tecnología, digitalización y formación, destinando sus mayores beneficios a reducir deuda, aumentar dividendos y capitalizarse, no a “apuntalar” su futuro con nuevas inversiones.

Además, hay otras causas que también nos restan productividad y riqueza. Una importante, que reiteran la Comisión Europea, el FMI y la OCDE, es la elevada precariedad del empleo en España. Tenemos un 26,9 % de asalariados con contrato temporal, el porcentaje más alto de Europa (media: 14,1%), según Eurostat, muy lejos de la tasa de Reino Unido (5,4%), Alemania (12,6%), Francia (16,7%) o Italia (17,1%). Y está demostrado que los trabajadores con contrato temporal tienen menos incentivos para esforzarse en el trabajo y las empresas dedican menos recursos a formarles, lo que reduce su eficacia laboral y la productividad global del país.

Otra causa clave de la menor productividad, también ligada con las empresas, es la organización del trabajo en España: hay poca participación de los trabajadores en la gestión de las empresas, según revela el estudio de CaixaBank Research. Así, los “jefes” en España ejercen más control sobre sus subordinados (un 41% frente al 24% en Alemania), sólo un 26% de las empresas encuestan las opiniones de sus empleados (un 51% en Alemania) y sólo el 17% toman las decisiones “en equipo” (el 35% en Alemania). La gestión del “ordeno y mando”, muy afincada en la mayoría de empresas españolas, no ayuda a mejorar la productividad.

Otro factor que nos resta productividad (y riqueza) es que en España hay demasiadas pymes y pocas grandes empresas: el 99% de las empresas censadas (ver datos enero 2019) tienen menos de 50 trabajadores y sólo hay un 0,16% de empresas grandes (4.700 empresas con más de 250 empleados), frente al 0,5% en Alemania (más de 9.000 grandes empresas), el 0,4% en Reino Unido o el 0,2% en Francia. Y está demostrado que las grandes empresas son más productivas porque son más longevas (sobreviven más años), exportan más (un factor clave: los paises más exportadores son más productivos y más ricos), se financian mejor y son más innovadoras, según detalla este estudio de CaixaBank Research sobre la productividad.

Y todavía hay otros factores que restan eficacia y productividad a España, como la excesiva regulación y burocracia (España está entre los 10 paises europeos con más restricciones al establecimiento de locales comerciales, según la ComisiónEuropea), la dispersión de normas (17 autonomías), la falta de competencia en muchos sectores (oligopolios), la lentitud de la Justicia, las dificultades de financiación, los elevados costes energéticos, la falta de estabilidad normativa y laboral o el retraso en la digitalización de la economía.

Ya sabemos mejor por qué somos menos productivos y menos ricos. Las empresas, sobre todo las que exportan, han tratado de paliarlo con una receta drástica: despedir gente primero (menos a producir aumenta la productividad), entre 2009 y 2013, y pagar peor a los que trabajan (bajando sueldos a los nuevos y congelando los antiguos), lo que les ha permitido seguir compitiendo por el mundo, a costa de una devaluación de los salarios: el coste por hora trabajada en España era de 16 euros en 2018, frente a 20,90 euros en Europa (+ 30,6%), 26,90 euros por hora en Alemania (+68%) o 24,1 euros en Francia (+50,6 %), según los datos de Eurostat. O sea, ante el hecho de ser menos productivos, España ha buscado “tirar salarios”, ser “la China de Europa”.

No se puede seguir por este camino, de cargar sobre los trabajadores y sus salarios la responsabilidad de competir y producir más (y ser más ricos). Habría que hacer un gran Pacto nacional por la productividad, con múltiples medidas para mejorarla y acercarla a Europa, como propone la Comisión Europea en su informe 2019: gastar el doble en Ciencia, aumentar el gasto en educación, reformar la enseñanza universitaria y apostar por la FP, mejorar la formación de parados y trabajadores, aumentar las inversiones públicas (sobre todo en infraestructuras de transporte), apostar por la digitalización de la economía, facilitar las fusiones de empresas (para aumentar su tamaño), mejorar la calidad del empleo, volcarse en las exportaciones y la internacionalización de las empresas, reducir burocracia y normativas, agilizar la Justicia, fomentar la competencia y aumentar la participación de los trabajadores en la gestión de las empresas. Medidas que deberían apoyar todos los partidos, empresas y sindicatos, porque buscan mejorar la productividad y el nivel de vida.

Pero casi nadie habla de este problema ni preocupa saber por qué somos más pobres que la mayoría de Europa y cómo resolverlo. Y ahí seguimos: arrastrando los problemas de hace décadas sin buscar soluciones. Tenemos que conseguir un país más eficiente, con un modelo económico que nos acerque a la Europa rica del norte, no alejarnos año tras año como ahora. Es otra de las grandes asignaturas pendientes de nuestra democracia. Hagan algo.

lunes, 14 de mayo de 2018

El problema nº 1 : España recauda poco


España es el país con más déficit público de toda Europa. La culpa no es que gastemos más que los demás países, porque somos el 10º país que menos gasta. La causa del “agujero” en nuestras cuentas públicas está en que ingresamos mucho menos: somos el 8º país que menos recauda por impuestos. Si España  recaudara como el resto de Europa, ingresaríamos 81.500 millones más cada año. Y con esos ingresos extras, España no tendría déficit y podría gastar más en pensiones, empleo, sanidad, educación, tecnología y tantas cosas que necesitamos. Por eso, la clave es recaudar más. ¿Cómo? Subiendo algunos impuestos (carburantes e IVA reducidos), recortando beneficios fiscales y haciendo que paguen más impuestos los que pagan poco (grandes empresas, bancos, multinacionales y ricos), no la mayoría de españoles. Pero ni PP ni Ciudadanos quieren hablar de eso y defienden incluso bajar impuestos. Así se agrava el problema. Porque no se pueden tener unos servicios de Suecia con unos impuestos de Marruecos (algunos privilegiados).


enrique ortega


España lleva varios años siendo el país europeo con más déficit público: el 3,1 % del PIB en 2017, el triple que la UE-28 (-1% déficit), por delante de Portugal (-3%), Rumanía (-2,9%), Francia (-2,6%), Italia (-2,3%) y hasta Grecia (superávit 0,8% del PIB). Y este año 2018 también seremos líderes en déficit público, un 2,6% del PIB, 31.000 millones de agujero en las cuentas públicas (ingresos-gastos), cuatro veces más déficit que la media europea (-0,6% del PIB de déficit en 2018), según las últimas previsiones de la Comisión Europea.

La culpa de este déficit público “estructural” en España no está en que gastemos más que los demás países. Al contrario, gastamos menos que la media: un 41% del PIB en 2017 frente al 45,8% en la UE-28 y al 47% del PIB que gastan los países euro. O mucho menos del 56,5% del PIB que gasta Francia, el país con más gasto público, el 48,9% de Italia, el 43,9% de Alemania o el 41,1% de Reino Unido, según los datos de Eurostat (2017). Eso quiere decir que España gasta 55.835 millones menos cada año que la media europea, siendo el 10º país de los 28 con menos gasto público. Y a pesar de eso, somos los que tenemos más déficit.

La culpa es del otro lado de las cuentas, de que ingresamos menos que la mayoría. España recaudó en 2017 el 37,9% del PIB, frente al 44,9% que recaudó la UE-28, el 45,8% que recaudaron los países del euro y la alta recaudación de Francia (53,9% del PIB), Italia (46,6%), Alemania (45,2%) e incluso Reino Unido (39,1% del PIB), según los datos de Eurostat (2017). Eso quiere decir que si España recaudara como los demás países europeos, ingresaríamos 81.456 millones de euros más cada año (o 91.929 millones más si recaudáramos como la media de los 19 países del euro donde estamos). Con ello, podríamos tapar el agujero del déficit y encima gastar más dinero en necesidades públicas, de las pensiones al paro.

El problema pues no es que España gaste mucho sino que recauda muy poco. Y este problema no es nuevo, lo teníamos ya antes de la crisis. Así, en 2004, en plena burbuja inmobiliaria,  España recaudaba poco  más que ahora: un 38, 7% del PIB (37,9% en 2017), frente al 44% la UE-28 (5,3% de diferencia). Y aunque marcó un máximo en 2007 (41,4 % del PIB de recaudación en España, frente al 44,7% en Europa), luego cayó la recaudación (hasta un 36% en 2011, frente al 44% en Europa) y apenas se ha recuperado hasta el 37,9% actual, a pesar de tres años de fuerte crecimiento, manteniéndose un 7% de diferencia con Europa. O sea, que con crisis o con recuperación, España recauda bastante menos.

¿Por qué España recauda menos? Básicamente, “porque España tiene un sistema impositivo muy ineficiente”, señala un reciente informe de FEDEA. Al compararnos con el resto de Europa, demuestra que España recauda porcentualmente menos en todos los impuestos, desde el IRPF y el IVA a los impuestos especiales, las tasas y el impuesto de sociedades. Veámoslo en cada impuesto.

En el impuesto sobre la renta (IRPF), España es el tercer país europeo que menos recauda, sólo por detrás de Grecia y Portugal, según este estudio de Fedea: un 7,5% del PIB de media, frente al 10% de media europea, el 9% de Alemania o Francia, el 12% de Italia o el 27% de Dinamarca. Y eso no porque tengamos unos tipos del IRPF bajos (los marginales, por cada euro más de renta, son de los más elevados de Europa), sino porque los tipos efectivos que realmente se pagan son bajos. Y eso, porque en el IRPF hay muchos beneficios fiscales, que restan ingresos: 14.800 millones en 2016, un 18,6% de la recaudación perdida. Además, con los tipos y exenciones, la presión fiscal de las familias españolas es inferior a la europea: un matrimonio paga por IRPF una media del 13,9% de los ingresos, frente al 14,5% de media en la UE-28, según la OCDE. Y también las cotizaciones sociales son más bajas.

En el IVA, somos también el tercer país europeo que menos recauda, tras Irlanda e Italia: el 6,3% del PIB frente al 6,9% de media en la UE. Y eso después de que  el IVA haya subido dos veces (en 2000 y en 2012), hasta el 21%, un tipo en línea con la media europea (del 19% que se paga de IVA en Alemania al 25% en Suecia o Dinamarca). El problema vuelve a estar en las bonificaciones, en que hay muchos productos y servicios que pagan el IVA reducido (10%) y superreducido (4%), con lo que el tipo efectivo del IVA en España, el que realmente se paga es del 15,2% frente al 20,1% de media en la UE-28, según el estudio de Fedea. Y eso porque sólo en 2016, con esas bonificaciones de tipos a muchos artículos y servicios (como el discutible 10% de IVA que pagan hoteles y restaurantes), se dejó de recaudar 22.333 millones de euros, lo que supuso perder el 32% de la recaudación potencial por IVA.

En el impuesto de Sociedades (que pagan las empresas), la recaudación en España está también a la cola de Europa: el 2,3% sobre el PIB, por debajo del 2,5% que recauda la Europa del euro. Y estos ingresos se han desinflado no sólo por la crisis (caída ingresos del ladrillo) sino porque los Gobiernos (ZP y Rajoy) han bajado el tipo nominal, del 35% al 25% actual,  inferior a la media de la UE (28%) y de países como Francia o Bélgica (34%), Italia (31%) o Alemania y Portugal (30%), según el informe de FEDEA. Y además, ese tipo no se aplica, porque también aquí hay beneficios fiscales en cantidad: 3.800 millones de euros en 2016, el 15% de la recaudación que se pierde. Y con ello, las grandes empresas, gracias a las deducciones fiscales que consiguen, pagan un tipo efectivo del 7,3%, menos que las pymes (15% beneficios) y que la mayoría de contribuyentes (14,9% ingresos). Y se da incluso el caso de que hay grandes empresas, como el Santander o el Corte Inglés, que han conseguido algunos años que Hacienda les devuelva…

Un inciso importante sobre el impuesto de Sociedades. La legislación les permite a las grandes empresas ahorrarse impuestos futuros con "créditos fiscales" que se les conceden por hacer provisiones sobre activos, aportaciones a Planes de pensiones de empleados y pérdidas en alguna filial. En noviembre de 2011, el Gobierno Rajoy autorizó a los bancos a apuntarse 50.000 millones de euros en activos fiscales diferidos (los DTA), créditos fiscales que les permitirían pagar menos impuestos en el futuro. Y gracias a ellos, los 4 grandes bancos tienen 58.717 millones en créditos fiscales, que les permitirán ahorrarse unos 15.000 millones en impuestos en los próximos años (sólo 6.000 el Santander). Y si sumamos los créditos fiscales de las demás empresas del IBEX, sobre todo eléctricas, petroleras, telecos y constructoras, suman 100.000 millones de créditos fiscales, un "premio" para que se ahorren 25.000 millones en impuestos estos años. Por eso la recaudación de Sociedades cayó a la mitad (23.143 millones en 2017 frente a 44.823 en 2007), mientras nosotros pagamos más.

Veamos ahora los impuestos especiales (carburantes, alcohol y tabaco), donde España también recauda menos que el resto de Europa: un 2,1% del PIB frente al 2,3% de media en la UE-28 y el 3% en Dinamarca, Finlandia, Reino Unido o Grecia. El alcohol paga en España la mitad de impuestos que en Europa (0,10% PIB frente al 0,20%). El tabaco paga un 78,8% del precio de venta, a medias entre el 62,5% de Luxemburgo y el 87,5% de Grecia. Y donde hay una gran diferencia es en los carburantes: en el diesel, España es el 5º país UE con menos  impuestos (0,573 euros/litro frente a 0,667 en Alemania, 0,941 en Francia o 1,01 euros en Italia) y en la gasolina, el 7º país donde se pagan menos impuestos (0,683 euros/litro frente a 0,880 en Alemania, 0,890 en Reino Unido, 0,941 en Francia o 1,014 en Italia).

En las herencias, el impuesto de sucesiones y donaciones, España recauda cada año 3.250 millones menos que la media europea. Y nos quedan las tasas y precios públicos, donde España es el 2º país con menos recaudación de Europa, tras Irlanda: recauda el 2,2% del PIB, frente al 3,1% de la UE-28, el 3,2% de Alemania, el 4% de Francia y el 7,5% de Finlandia.

En resumen, como se ha visto, España recauda menos en todos los impuestos, no tanto porque tengamos los tipos más bajos (que también) sino porque deja de ingresar cada año 40.000 millones en beneficios fiscales por IRPF, IVA y Sociedades, de los que se benefician unos españoles (los que tienen Planes de pensiones, los restaurantes o las grandes empresas con filiales en el extranjero) y no otros, en perjuicio de la recaudación general. Y además, hay mucho fraude fiscal, en el IVA, en impuestos especiales, Sociedades y el IRPF (menos), estimado en unos 40.000 millones de euros anuales por los Técnicos de Hacienda (GESTHA). Por todo ello ingresamos menos que Europa (81.500 millones menos).

El resultado de esta “ineficacia fiscal” es que España lleva 4 años creciendo y sin embargo, en 2017 recaudó menos que en 2007: 198.100 millones de euros frente a 200.676 millones recaudados en 2007, según Hacienda. En el IRPF ya recaudamos más que antes de la crisis (77.038 frente a 72.614 millones), igual que en el IVA (63.647 millones frente a 55.851, el mayor “salto” en la recaudación total) y en impuestos especiales (20.308 frente a 19.786 millones en 2007), pero donde está “el gran agujero” es en el impuesto de sociedades: en 2017 se recaudaron 23.143 millones, casi la mitad que en 2007 (44.823 millones). Y eso a pesar de que las empresas llevan tres años largos con beneficios y ganan ya más que en 2008 (267.680 millones en 2017 frente a 169.206, según el INE) . Y su porcentaje de beneficio bruto, el 42,8% de la producción, es de los más elevados de Europa (40% de media en la UE).

Así que hay margen para recaudar más, en todos los impuestos pero sobre todo en Sociedades, haciendo que las grandes empresas, bancos y multinacionales paguen más impuestos, lo mismo que los más ricos, que pagan “legalmente” poco acogiéndose a empresas pantalla o a SICAV (y a paraísos fiscales). La Comisión Europea ya le ha dicho a España que debe recaudar más por IVA (quitando el IVA reducido y superreducido a muchos productos y atacando más el fraude del IVA podría recaudar 16.000 millones más) y subir los impuestos al gasóleo y a la gasolina (otros 2.000 millones más de ingresos), así como varios impuestos medioambientales (otros 2.000 millones extras). Pero el ministro Montoro se niega, mientras confía en aumentar la recaudación con el puro crecimiento de la economía y con un nuevo impuesto, sobre las tecnológicas, que no estará listo hasta 2019 (lo tiene que aprobar Europa) y que sólo reportará entre 600 y 1.500 millones extras al año.

La mejora de la recaudación, esos 81.500 millones más que nos faltan cada año para “recaudar como europeos”, pasa por una reforma fiscal en todos los impuestos, haciendo que paguen más los que hoy pagan “legalmente menos” (grandes empresas, bancos, multinacionales y los más ricos), no la mayoría de los españoles, que ya pagan el 83% de todos los impuestos (empresas y ahorradores pagan el 17% restante). Pero eso supone hacer pagar más impuestos a sectores poderosos, con mucha influencia política y mediática, razón por la que no lo quieren aplicar ni el PP ni Ciudadanos, que defienden bajadas de impuestos, este año (incluso han bajado “de tapadillo” el impuesto al juego online, del 25 al 20%) y sobre todo en 2019, de cara a las próximas elecciones. Un camino que recortaría aún más la recaudación y nos impediría gastar más en lo que hace falta.

Porque la urgencia de recaudar más es porque ayudaría a solucionar los mayores problemas de España. Si conseguimos ingresar 40.000 millones más (de los 81.500 menos que recaudamos respecto a Europa), podríamos reducir drásticamente el déficit (10.000 millones) y destinar los 30.000 millones restantes a gastos públicos que nos hacen mucha falta: luchar contra el paro (4.000 millones), las pensiones (10.000 millones), paliar la pobreza (4.000 millones), mejorar la sanidad y la educación (2.000 millones cada una), paliar el déficit en Dependencia (1.000 millones) y destinar el resto (4.000 millones) a tecnología, infraestructuras, digitalización y modernización de la economía, para asentar la recuperación. Pero todo eso no puede hacerse con el sistema fiscal ineficiente que tenemos y sin una lucha más decidida contra el fraude fiscal, con más medios (hay 1.928 contribuyentes por inspector frente a 860 en Francia o 729 en Alemania).

En resumen, el problema nº 1 es que España recauda poco y si lo resolviéramos, recaudando como el resto de Europa, tendríamos mucho futuro ganado. No podemos exigir unas pensiones y unos servicios públicos “europeos” cuando tenemos una recaudación fiscal tercermundista. Si queremos un país más moderno, un mejor Estado del Bienestar, más empleo y mejores pensiones, alguien tendrá que pagarlo. Y deben ser los que hoy pagan menos, no la mayoría de españoles que viven de una nómina y ya pagan bastante. O se recauda más o no se podrá gastar más en lo que hace falta  y seguiremos con el déficit público muchos años. Este debería ser el gran debate, pero nadie lo hace hoy día (tampoco la "oposición") . Así nos va.