Mostrando entradas con la etiqueta economía europea. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta economía europea. Mostrar todas las entradas

jueves, 1 de enero de 2026

2026, otro año de mayor crecimiento

2025 ha sido mejor de lo esperado hace meses, cuando se temía una recesión mundial por los aranceles de Trump y los conflictos geopolíticos. A final, el mundo ha crecido casi como en 2024 y Europa languidece, mientras España crece casi el doble que la UE, por 5º año consecutivo. Y todo apunta a que en 2026, la economía mundial crecerá como en 2025, sin sobresaltos, salvo la incertidumbre por las guerras y conflictos o el temor a una crisis bursátil por la burbuja de la Inteligencia Artificial. España volverá a crecer más que el resto de Europa, empujada por el aumento de la población (inmigrantes) y el empleo, que tirarán del consumo, junto a las mayores inversiones por los Fondos europeos (que se acaban).Pero este fuerte crecimiento no puede hacernos olvidar los problemas pendientes: subida de alimentos, alquileres por las nubes, sueldos bajos, jóvenes sin horizonte, deterioro de los servicios públicos (sobre todo la sanidad) y demasiada pobreza y desigualdad. Hay que repartir el crecimiento.
¡Feliz 2026¡


El año 2025 se ha cerrado con la sensación de que ha sido mejor de lo esperado, como ya pasó en 2023 y 2024, sin que los aranceles de Trump o los conflictos geopolíticos nos hayan sumido en una recesión, como algunos temían en primavera. El crecimiento mundial habrá sido del +3,2%, según el FMI, parecido al de 2024 (+3,3%), aunque con diferencias entre Europa (+1,3%), EEUU (+2%) y Asia (+4,5%). Al final, la economía internacional no ha caído en recesión porque los aranceles se han retrasado y suavizado sobre la amenaza inicial, por la capacidad de paises y empresas para reaccionar y adaptarse, por las bajadas de tipos (que reanimaron la inversión y el consumo) y por el alivio de la energía, con precios bajos del petróleo y el gas tras los sustos de años anteriores. Eso sí, en 2025 vimos un mundo más fragmentado, de bloques comerciales y políticamente dividido.

Este año 2026 se presenta bastante parecido, con un cierto dinamismo en la economía mundial, que podría crecer casi lo mismo (+3,1% prevé el FMI), con un crecimiento similar al de 2025 en EEUU (+2,1%), Europa (+1,4%) y China (+4,2%). Por un lado, se notarán más este año los aranceles de Trump, pero también avanzará la búsqueda de nuevos mercados por parte del resto del mundo. Y se esperan tipos bajos y energía barata, con el petróleo rozando los 62 dólares por barril, el precio más bajo desde febrero de 2021. Y se espera además que la inversión siga fuerte, empujada por la Inteligencia Artificial (IA), que movilizó 1,5 billones de dólares en 2025. Precisamente, el auge de la IA es un factor que puede contribuir a un salto de la productividad y el crecimiento, sobre todo en EEUU y China, pero también es un factor de incertidumbre: muchos expertos temen que la burbuja de la IA estalle en 2026 y provoque una debacle de las Bolsas, que han batido todos los récords en 2025.

Pero hay otras incertidumbres en el panorama internacional para 2026, en especial los conflictos geopolíticos (a Ucrania y Gaza de podría sumar Venezuela), la guerra comercial entre USA y China, el aumento de la deuda en EEUU y en todo el mundo (que podría llevar a recortes de gasto y a subidas de tipos), el gasto en Defensa (que impide otros gastos sociales), el progresivo envejecimiento de la población en Occidente y la emergencia climática, que no se afronta con decisión por el auge del negacionismo climático y causará nuevas y costosas emergencias (inundaciones, huracanes, incendios, sequías…).

En Europa, el año 2026 se presenta algo mejor, según las previsiones de otoño de la Comisión Europea: se espera un crecimiento del +1,4% en la UE-27, el mismo que en 2025, pero con una cierta recuperación en Alemania, el motor del continente (espera crecer +1,2%, tras crecer sólo un +0,2% en 2025 y caer un -0,5% en 2024). Francia también crecerá algo más (+0,9% frente a +0,7% en 2025) e Italia (+0,8%, el doble que en 2025), aunque eso se contrapone con un elevado déficit público en los tres paises para 2026 (-4,0% del PIB Alemania, -4,9% Francia y -2,8% Italia), que dificultará reanimar más estas economías, máxime con el estancamiento político en Francia y los enfrentamientos en Italia.

Pero este ligero crecimiento de la UE y de sus tres mayores economías es muy importante para España, porque son nuestros mayores clientes (allí van el 33% de todas nuestras exportaciones) y los europeos que más vienen como turistas (el 31,6% vienen de estos 3 paises europeos). Esto nos ayudará más a crecer en 2026, un año en que la Comisión augura un crecimiento para España del +2,3%, casi el doble que el de la UE-27 (1,4%) y Alemania (1,2%). Con ello, será el 6º año consecutivo (de 2021 a 2026) en que España crecerá más que la media europea: hemos crecido +11,1% entre 2021 y 2025, más del doble de lo que han crecido estos años la UE-27 (+5,2%). Y eso gracias al mayor aumento de la población y del empleo, al turismo, a las exportaciones y a las inversiones promovidas por los Fondos UE.

Este año 2026, el mayor crecimiento español se asentará en dos motores, según las previsiones del Gobierno. Uno, el consumo de las familias, que ha crecido ya en 2025, por el aumento de la población (+475.000 habitantes, por la inmigración) y del empleo (se habrán creado unos 600.000 empleos el año pasado), que han gastado más (y ahorrado menos), también porque los sueldos han subido algo más (+3,49%) que la inflación media esperada (+2,8%) y porque la bajada de tipos ha ayudado a los que tienen una hipoteca o un préstamo. El otro motor del crecimiento, en 2025 y 2026, será la inversión (pública y sobre todo privada), que crece gracias a la inyección de los fondos europeos y a la renovación tecnológica de las empresas, ayudada por la bajada de tipos.

El fuerte consumo de los hogares y la inversión empresarial no sólo tiran del crecimiento sino que reflejan la confianza de empresas y familias en la economía española, reforzadas por una enorme confianza en España de los inversores internacionales, que se demuestra en el aluvión de inversiones en el sector inmobiliario o energético (renovables), pero también en hoteles, turismo, empresas, tecnología y centros de datos. Una confianza que se traduce en que la prima de riesgo, lo que tenemos que pagar de más como país para financiarnos (deuda a 10 años) respecto a Alemania es menor en España (+0,44%) que el extra que tienen que pagar Francia (+0,72%) o Italia (+0,67%).

Todo apunta a que 2026 será el 6º año consecutivo en que España crecerá por encima de su potencial (+1,6%), gracias a una serie de factores que aportan un crecimiento extra, según el análisis de CaixaBank Research: los fondos UE (+0,6% adicional), el aumento de población (+0,5%), los bajos tipos de interés (+0,3%), el alivio de los precios energéticos (+0,1%), el mayor consumo privado (+0,1%) y la mayor inversión en vivienda (+0,1% adicional). Y hay otros factores que restarán crecimiento este año 2026: el menor crecimiento de las exportaciones (restará -0,4% al PIB), el efecto negativo de los aranceles USA (-0,1%), la incertidumbre geopolítica mundial (-0,3%) y la política fiscal contractiva para seguir bajando el déficit público (-0,2%) y otros factores (-0,1%). Ayudas y frenos que se suman al crecimiento “normal” para conseguir ese +2,1% de crecimiento previsto para 2026.

Un crecimiento que no sólo es destacable por superar al de la mayoría de paises sino porque es “más sano” que el fuerte crecimiento de España en los años 90 o al principios de este siglo. Porque España crece con una inflación moderada (3%), creando mucho empleo (+600.000 en 2025), recortando el déficit público (-2,1% en 2026 frente al -3,2% en 2024) y dejándolo por debajo del déficit de Alemania, Francia o Italia, con menos deuda pública (que paga tipos muy bajos) y, sobre todo, con un superávit con el exterior (gracias a los ingresos por turismo, a las exportaciones y a las inversiones extranjeras), algo inédito en el último siglo.

Pero este crecimiento, alto y más sano, no puede esconder los problemas económicos de España que siguen pendientes en 2026. El primero, la sensación que tienen muchos españoles de que “no notan este crecimiento”, porque la mitad tienen problemas para llegar a fin de mes (el 47,4% de los hogares, según el INE), debido a que las subidas de precios se han comido sus sueldos y pensiones. El  problema es que arrastramos la alta inflación de los años pasados (+15,4% subió el IPC entre 2022,2023, 2024 y hasta noviembre de 2025), que ha superado la subida de los salarios (+13,45% en estos 4 años), con lo que los españoles han perdido poder adquisitivo. Y han perdido más los que menos ganan y gastan más en alimentos (subieron +29% estos 4 años), vestido, calzado y vivienda.

Precisamente, la vivienda es otro de los grandes problemas para 2026, porque tiene unos precios prohibitivos tanto para comprar ( 2.605 euros/m2 de media, pero 5.089 euros/m2 en Barcelona y 5.758 euros/m2 en Madrid) como para alquilar: 14,6 euros/m2 de media (1.314 euros por un piso de 90m2), una subida del 40,38% desde 2022, pero 24 euros/m2 en Barcelona (2.160 euros de alquiler) y 22,8 euros/m2 en Madrid (2.052 euros). Esto deja fuera a muchos jóvenes y familias o las obliga a dedicar la mitad de sus ingresos o más al pago de un techo, mientras las autonomías y el Gobierno son incapaces de pactar unas medidas para promover la construcción de muchas más viviendas para alquiler y venta.

Otro gran reto para 2026 es el deterioro de los servicios públicos (sanidad, educación, dependencia, servicios sociales, transportes), que suponen serios problemas para la mayoría y un gasto creciente, que también les dificulta llegar a fin de mes, ya sea en un seguro privado, en la cuota de las guarderías privadas y los colegios concertados, en las Universidades privadas (porque no han conseguido plaza en las públicas, también con matrículas caras), en contratar a una persona para cuidar de los mayores o en pagarles una residencia, en el bono transporte o en los carburantes, los peajes y los seguros.

El mayor problema sigue siendo la sanidad, cada vez más deteriorada por falta de profesionales y recursos, lo que se traduce en que la demora media para ir al médico de cabecera son casi 10 días (9,78), según el último Barómetro del CIS, y una lista de espera de 128 días para el especialista y 118 días para operarse (donde esperan 832.278 pacientes, según Sanidad). Un deterioro que exige más gasto en Sanidad de las autonomías, sobre todo de las que menos gastan por habitante: Murcia (1.511 euros), Cataluña (1.516 euros), Comunidad de Madrid (1.537 euros), Andalucía (1.871 euros), Castilla la Mancha (1908 euros) y Baleares (1.981 euros) , las 6 por debajo del gasto medio en España (2.013 euros/habitante), según los Presupuestos autonómicos para 2026.

Otro gran problema para 2026 es ejecutar los Fondos europeos recibidos y conseguir las subvenciones y créditos pendientes: son 25.000 millones de ayudas a fondo perdido y otros 6.800 millones en créditos, cuya recepción está condicionada a que España apruebe 230 hitos y reformas este año, porque el 31 de agosto se acaban los Fondos europeos. Y no lo vamos a tener fácil, porque al Gobierno Sánchez le faltan apoyos para aprobar en el Parlamento muchas de esas reformas. Y si no se aprueban, no hay Fondos europeos, que han sido y son uno de los factores claves para el crecimiento y el empleo logrados por España.

Otro problema a afrontar en 2026 es reducir la desigualdad y la pobreza, que en 2024 afectó a 9,6 millones de españoles, los que ingresaron menos del 60% de la media (personas que ganan menos de 827 euros al mes en 14 pagas o familias con dos niños que ingresan menos de 1.737 euros mensuales). Son el 19,7% de la población y el objetivo del Gobierno es que este porcentaje baje al 19,4% en 2026 (serían más “pobres”, porque sube la población). Y es especialmente preocupante la pobreza “severa” (los que ingresan menos del 40% de la media), que afecta a 4,3 millones de españoles, en especial mujeres solas con niños (hay 2,5 millones de niños y niñas que viven en “hogares pobres”, según Save the Children), jóvenes, mujeres e inmigrantes.

Y seguimos teniendo el reto del paro, que es el más elevado de Europa, tanto el global (10,5% frente al 6% en la UE-27 y el 3,8% en Alemania) como el paro juvenil (25,3% en España y 15,2% en Europa). Un problema que exige Planes de empleo específicos para jóvenes y mujeres, así como para mayores de 45 años (1.061.100 están parados, el 40,6% de todos los parados, y muchos no van a encontrar ya trabajo nunca). Y también urge reformar de una vez las oficinas de empleo autonómicas (SEPE), que no utilizan las empresas para contratar (acuden a ETTS y conocidos) y tampoco ayudan a los parados a encontrar empleo.

En resumen, 2026 puede ser otro año con una economía internacional que mantenga su crecimiento en medio de la incertidumbre, una economía europea que salga del túnel (débilmente) y una economía española que siga creciendo más que el resto, lo que permitirá llagar a los 23 millones de empleos. Pero hay que resolver los problemas de los precios de los alimentos y la vivienda (alquileres y venta), mejorando los sueldos de una gran mayoría que los tiene bajos y se los come la inflación. Y además, hay que mejorar los servicios públicos, que afectan a la mayoría y a su bolsillo. Pero sobre todo, hay que repartir mejor el crecimiento, que no nota mucha gente, porque existe todavía una gran desigualdad, que sólo pueden corregir los impuestos, las ayudas y las políticas públicas. Pero eso resulta difícil con el actual enfrentamiento político, que impide acuerdos para mejorar la vida de la gente. Algo que se complica mucho más en un año electoral, donde las tensiones políticas podrían afectar negativamente a la recuperación de la economía. Al final, ese es nuestro mayor riesgo. Con todo, que tengan un buen año. ¡Feliz 2026¡  

jueves, 12 de diciembre de 2024

Bajan tipos, pero suben pisos e hipotecas

El Banco Central Europeo (BCE) ha bajado hoy jueves el precio oficial del dinero, un -0,25%, hasta el 3%. Es la 4ª bajada de tipos desde junio, tras las 10 subidas hechas en 2023 y 2024, que pusieron los tipos en el 4,5%. Esta bajada ha sido posible porque los precios siguen moderados, en Europa y en España, pero los tipos son aún demasiado altos, dado que la economía europea está estancada y Alemania en recesión. Pero el BCE no quiere bajarlos más rápido y quedarán en el 2% en 2025, aunque dependerá de los conflictos geopolíticos y las medidas de Trump, que podrían relanzar la inflación. Mientras, familias, empresas y Gobiernos disfrutan ahora de tipos más bajos, pero mucho más elevados que en 2022. Y aunque ha bajado el Euribor (2,395% en diciembre), como los pisos son ahora mucho más caros, hay que pagar más de cuota hipotecaria que en 2021,2022 y 2023. Así que aunque bajen los tipos, comprar piso es más caro.

                            Enrique Ortega

La inflación europea parece controlada (2,3% en noviembre la UE-27 frente al 10,6% que llegó a alcanzar en octubre de 2022) y eso ha decidido al BCE a abrir la mano y volver a bajar hoy un -0,25% los tipos de interés, dejando el tipo de referencia  en el 3%, el precio del dinero que teníamos en 2006. Es la 4ª bajada de tipos que hace el BCE, tras las de junio, septiembre y octubre de 2024, rebajado los tipos oficiales del 4,50 al 3%. Unas bajadas que todavía no compensan las 10 subidas de tipos aprobadas por el BCE entre julio de 2023 y septiembre del 2024, que dispararon el precio del dinero del 0% (en que estaban desde marzo de 2016) hasta el 4,50%, el tipo más alto desde mayo de 2001.

Esta 4ª bajada de tipos del BCE sigue la senda de las bajadas hechas por otros grandes bancos centrales. Así, la Reserva Federal USA, que marca la política monetaria mundial, hizo su 1ª  bajada de tipos en septiembre de 2023, tras haberlos subido 11 veces desde marzo de 2022 (hasta un máximo del 5,25%). Y los bajó por 2ª vez, el 7 de noviembre de 2023, dejándolos en el 4,50% actual. Y el Banco de Inglaterra, que también subió 14 veces sus tipos oficiales (del 0 al 5,25%, entre julio de 2022 y septiembre de 2023), empezó a bajarlos también en agosto de 2024  y por 2ª vez en noviembre pasado, dejándolos en el 4,75% actual.

El BCE ha bajado los tipos más veces (4 en vez de 2) y los mantiene más bajos (3% en vez del 4,50 y el 4,75% de USA y Reino Unido) porque la economía europea está estancada y apenas crece: tiene que suavizar “el ricino monetario” que aplicó contra la alta inflación y que ha provocado un mayor debilitamiento de la economía europea. En 2023, la UE-27 sólo creció un +0,4%, siete veces menos que la economía USA (+2,9%) y algo más que Reino Unido (+0,3%), mientras Alemania cerró en recesión (-0,3%). Y para este año 2024, la Comisión Europea prevé un crecimiento bajo, del +0,9% en la UE-27, con Alemania otra vez en recesión (-0,1%), un bajo crecimiento de Italia (+0,7%) y Francia (+1,1%) y mayor en España (+3%). Y mientras, EEUU crecerá el triple (+2,7%) y Reino Unido un +1%.

Así que no está la economía europea como para tener tipos altos, aunque esos mayores tipos de EEUU y Reino Unido estén atrayendo capitales y fortaleciendo el dólar, en perjuicio del euro, que sigue depreciándose casi un -7% (ha llegado a cotizar en noviembre a 1,042  dólares, cuando cotizaba a 1,119 dólares en agosto). Este es otro motivo de preocupación para el BCE, porque si el euro sigue depreciándose y cotiza a 1x1 con el dólar, las importaciones europeas que se hagan en dólares (energía y equipos) serán más caras y eso reanimará la inflación, que ahora parece controlada. Pero de momento, preocupa más el estancamiento de la economía europea, que exige bajar los tipos para reanimarla.

De hecho, muchos expertos critican al BCE por haber aplicado este ajuste monetario tan drástico, esa subida de tipos del 0 al 4,50% en sólo 14 meses, que fue la puntilla para la débil economía europea. Ya insistí al escribir sobre las 10 subidas de tipos de 2022 y 2023 que podía provocar este “estancamiento” y que no era una política correcta, como señalaban muchos expertos, porque la inflación de los últimos años era una inflación de costes (básicamente, por la subida de la energía), una “inflación de oferta” y no la típica “inflación de demanda” que teníamos a principios de siglo, cuando los precios subían por el fuerte crecimiento económico y el exceso de consumo, con lo que la subida de tipos sí resultaba efectiva para “enfriar la economía”. Pero en 2022 y 2023, los precios subieron no por un exceso de consumo sino por la subida del gas, el petróleo y las materias primas, más los embudos en las cadenas de suministro y el comercio internacional. Así que la subida de tipos poco podía hacer y de hecho, la bajada drástica de la inflación se ha conseguido por medidas de los Gobiernos en los mercados energéticos y las ayudas a familias y empresas, no con las subidas de tipos, que han hundido a economías, familias y empresas.

El propio Banco de España, que cree que las subidas de tipos han servido para “anclar las expectativas, para evitar males mayores (que subieran más los salarios y los márgenes empresariales, disparando más la inflación), reconoce y cuantifica el daño que han hecho a la economía española estas subidas de tipos: han restado al crecimiento un -2,65% del PIB entre 2022, 2023 y 2024, lo que supone un coste cercano a los 40.000 millones de euros. Un coste que han sufrido directamente en sus bolsillos las familias (al pagar más por hipotecas y créditos), las empresas y hasta los Gobiernos, al encarecerse su deuda. Y aunque han bajado los tipos, todos pagan ahora mucho más que en 2021 y 2022.

Las familias españolas se han beneficiado de la bajada de la inflación, pero a un alto coste para los que pagan una hipoteca o un crédito. Así, los 4 millones de familias que están pagando una hipoteca se han “empobrecido”, al subirles su cuota mensual: los tipos medios de las hipotecas pasaron del 1,38% en 2021 al 2,96 en 2022 y al 3,80% en diciembre de 2023, estando ahora (octubre 2024) en el 3,20%, todavía por encima de 2021 y 2022, según los datos del Banco de España. Y los créditos personales (para comprar un coche, un electrodoméstico o un viaje) han pasado del 6,10% en 2021 al 7,69% a finales de 2023 para costar en octubre un 7,41%, subiendo también el tipo de las tarjetas. A lo claro: una hipoteca de 150.000 euros, a 25 años y un tipo variable del Euribor+1%, costaba en noviembre de 2021 una mensualidad de 532,85 euros, pasó a 878,81 euros en noviembre de 2023 y ahora cuesta algo menos, 751,42 euros, pero mucho más que hace 3 años.

Las empresas también han sufrido la dureza de la subida de tipos y aún pagan más por el dinero que antes del ajuste. Así, el tipo por descubierto saltó del 1,56% en 2021 al 4,79% en diciembre de 2023 y en octubre estaba en el 4,46%, según el Banco de España. Los créditos de hasta 250.000 euros pasaron del 1,69% en 2021 al 5,33% a finales de 2023 y todavía cuestan el 4,43%.Los créditos de 250.000 euros a 1 millón saltaron del 1,29% en 2021 al 5,08% en 2023 y están ahora en el 4,11%. Y los créditos de más de 1 millón de euros, que costaban el 1,04% en 2021, saltaron al 4,98% en 2023 y estaban en octubre en el 4,22%.

Y la subida de tipos también hizo daño a los Estados, al encarecer su deuda, que siguen colocando a tipos muy altos aunque hayan bajado los tipos. El bono español a 10 años pasó de pagar el 0,415% de interés en noviembre de 2021 al 3,65% en diciembre de 2022 y un máximo del 3,949% en septiembre de 2023, bajando ahora (diciembre 2024) al 2,763%. Eso se traduce en que España tiene que pagar más intereses por su deuda (39.078 millones en 2024, frente a 30.175 millones pagados en 2022), con lo que se puede gastar menos de lo que haría falta en sanidad, educación, dependencia, ayudas públicas y pensiones.

Como se ve, el coste económico y social de la “ortodoxia monetaria” del BCE ha sido alto y no se compensa con las 4 bajadas hechas desde junio. Pero hay un sector que ha salido muy beneficiado estos años: la banca, gracias a los mayores intereses cobrados a familias, empresas y Estados. Así, los 6 grandes bancos españoles aumentaron sus beneficios un +28% en 2022 (ganaron 20.850 millones) y otro +26,4% en 2023 (26.088 millones). Y con el retraso en las bajadas de tipos del BCE, los 6 grandes bancos españoles han ganado un +19,7%% más en 2024 (23.656 millones de enero a septiembre),un beneficio histórico. 

Ahora, el BCE irá decidiendo que hace con los tipos “mes a mes, con un ojo puesto en la inflación y el otro en la marcha de la economía. En principio, su objetivo es aprobar más bajadas de tipos en 2025, al menos 4 más de -0,25% cada una, para dejar los tipos en el 2%, para el verano o para fin de año (si hay problemas por medio). Los riesgos de que repunte la inflación son elevados, por varias causas: los conflictos en Ucrania y Oriente Medio, así como la incertidumbre geopolítica internacional, especialmente la toma de posesión en enero de Donald Trump y el temor a que imponga aranceles a América, China y Europa, que aumentarían la inflación mundial y frenarían el comercio y el crecimiento internacional. Y no ayudará tampoco la tensión política dentro de Europa, con una Comisión más virada a la derecha ( que conlleva un mayor peso de las posturas ortodoxas duras en el BCE), con crisis políticas en Francia y Alemania y un constante enfrentamiento en España.

Así que lo que hagan los tipos en 2025 va a depender mucho de las circunstancias geopolíticas y de su efecto sobre la inflación. Pero de momento, las 4 rebajas ya hechas por el BCE apenas suponen un alivio para las familias, empresas y el Presupuesto, como hemos visto. En el caso de las hipotecas, la bajada del Euribor ya beneficia a los que tienen una hipoteca y revisan anualmente su cuota: cerró noviembre en el 2,5006% (el 8º mes consecutivo que baja), frente al 4,022% de noviembre de 2023 y el 2,828% de 2022 (ojo: en noviembre de 2021 era negativo, -0,487%). Eso supone un “alivio” de 127 euros menos al mes en una hipoteca tipo (150.000 euros a 25 años al Euribor+1%). Y lo mismo pasará en los próximos meses, con pequeñas rebajas: el Euribor puede cerrar el año en el 2,350% (frente al 3,679% en diciembre 2023) y bajar al 2% para el verano de 2025.

El problema lo tienen los que piensan en pedir una hipoteca ahora, con los tipos y el Euribor más bajos: tendrán que pagar una cuota mayor que si hubieran pedido la hipoteca en 2021,2022 y 2023. Y eso porque la subida de los pisos se ha comido con creces el ahorro en los tipos de las hipotecas. Veamos las cuentas, a lo claro. Un piso medio en España, de 90m2, costaba 162.900 euros en noviembre de 2021, 170.460 en noviembre de 2022, 182.430 en noviembre de 2023 y 201.960 euros en noviembre de 2024, según el portal Idealista. Y aunque los tipos ahora son más bajos que hace un año, son más altos que hace 2 y 3 años. Así que el coste mensual de una hipoteca para comprarlo (financiando el 80% del valor) era de 462,94 euros en 2021, 706,91 euros en 2022, 855 euros en 2023 y 809,37 euros al mes ahora. Mínimo ahorro.

Pero las cuentas salen peor en las grandes ciudades, donde el coste de los pisos ha subido mucho más. Veamos el caso de Madrid, con los datos el portal idealista. Un piso medio, de 90 m2, costaba 289.120 euros en noviembre de 2021, 252.440 euros en noviembre de 2022, 365.760 euros en noviembre de 2023 y 440.190 euros en noviembre de 2024. Y aunque los tipos ahora son más bajos que hace un año, son más altos que hace 2 y 3 años. Así que el coste mensual de una hipoteca para comprarlo (financiando el 80% del valor) era de 821 euros en 2021, 1.461,60 euros en 2022, 1.714 euros en 2023 y 1.764,09 euros en noviembre de 2024. Siempre más cuota, ahora por la subida de los pisos.

En resumen, que las 4 rebajas de tipos del BCE apenas reducen la cuota de la hipoteca a los que la estaban pagando (-127 euros al mes) y la subirá para la mayoría de los que piensan ahora en hipotecarse y compran piso, porque los precios han subido mucho más de lo que han bajado las hipotecas. Así que no hay que confiarse: sin medidas drásticas para aumentar la oferta de viviendas (los últimos estudios indican que hacen falta 3,5 millones), la mayoría de españoles no podrán pagar una hipoteca, aunque bajen los tipos. Y aunque los bancos han entrado en una nueva “guerra” por colocar hipotecas a tipo fijo, del 3 al 3,5%, aprovechando que “están bajando los tipos”. Sí, bajan, pero no la cuota de la hipoteca que hay que pagar por conseguir una vivienda mucho más cara.

Cara a 2025, la evolución de los tipos será muy incierta, por Trump, las guerras y la incertidumbre geopolítica. Y existen muchos riesgos de que vuelva a subir la inflación. Por eso, habría que evitar que el BCE vuelva a las andadas y frene las bajadas actuales o incluso vuelva a subir tipos. Las medidas contra la inflación deben ser otras, actuando sobre los mercados energéticos y eléctricos, con ayudas y bajadas del IVA, no a golpe de tipos, que frenan la economía y tienen un alto coste para familias, empresas y Estados. Tomen nota.

jueves, 12 de septiembre de 2024

2ª bajada (mínima) de los tipos de interés

El BCE ha bajado hoy los tipos de interés, un -0,25% (al 4%), por 2ª vez este año, tras subirlos 10 veces (del 0 al 4,50%) entre julio de 2022 y septiembre de 2023. Lo justifican porque la inflación europea ha bajado al 2,2% (desde el 10,6% en 2022), pero no ha sido por sus drásticas subidas sino por la bajada de energía, materias primas y alimentos, por cambios en los mercados y medidas de los Gobiernos. No reconocen que su “ricino monetario” ha dañado a familias (hipotecas), empresas (créditos) y paises (deuda), beneficiando sólo a la banca. Y ha provocado el estancamiento de la economía europea: apenas crece (+0,2%), mientras decrecen Alemania, Austria, Irlanda, Suecia, Letonia y Hungría. Saben que tienen que bajar tipos, para reanimar la inversión y el consumo, pero lo hacen poco a poco: el dinero cuesta todavía el 4%, el precio más alto desde 2007. Y así, Europa sigue estancada y crece la tercera parte que EEUU.

                             Enrique Ortega

La inflación parece no ser ya el primer problema de la economía mundial, como lo ha sido en 2022 y 2023. De hecho, en la zona euro, la inflación anual ha caído al 2,2% en agosto, desde el máximo del 10,6% que subía en octubre de 2022, tras la invasión de Ucrania y la drástica subida de la energía y las materias primas. Y en EEUU, los precios subieron el 2,5% anual en agosto, la menor inflación desde febrero de 2021 y muy por debajo de la subida máxima alcanzada en junio de 2022, el 9,1%. Con ello, los bancos centrales de Europa (BCE) y USA (Reserva Federal) han visto el momento de bajar los tipos de interés, tras las drásticas subidas aprobadas en 2022 y 2023, para “atajar” la alta inflación. De hecho, EEUU subió 11 veces sus tipos de interés (entre marzo de 2022 y julio de 2023), desde el 0% al 5,25% actual. Y ahora, la Reserva Federal  planea aprobar la primera bajada el próximo miércoles, 18 de septiembre. Y el BCE, que subió 10 veces sus tipos (entre julio de 2022 y septiembre de 2023), del 0 al 4,50%, ha aprobado hoy su 2ª bajada este año, del -0,25%, tras la primera hecha el 6 de junio pasado.

El BCE, como la Reserva Federal, creen en la subida de tipos como en “un dogma de fe”: es la mejor receta contra la inflación, aunque tenga el coste de hundir la actividad y el crecimiento, frenando el empleo. En el caso de que la inflación esté provocada por un fuerte crecimiento económico, por un exceso de consumo (“inflación de demanda”), el “ricino” de la subida de tipos, al encarecer el dinero, puede ayudar a “enfriar la economía”. Pero lo que ha sufrido el mundo tras la invasión de Ucrania y la “hiperinflación” ha sido una “inflación de oferta”, de costes, provocada por una subida disparada de la energía (petróleo y gas), las materias primas y alimentos, con una rotura adicional de las cadenas de suministro mundial. Y en este caso, subir el precio del dinero no es una receta correcta, como señalan muchos expertos, porque no provoca una bajada del petróleo, el gas o los alimentos y sí daña a  las economías, las empresas y las familias.

Pero tanto el BCE como la Reserva Federal (con más motivo, porque la economía USA si estaba algo “recalentada”, mientras Europa no crece) “han seguido en sus trece”, con una subida de tipos drástica (del 0 al 4,50 (en Europa) o al 5,25% (en USA) y muy rápida (en año y medio), que parece haber bajado la inflación. Pero es sólo “un espejismo”: la inflación ha bajado porque se han ajustado los mercados energéticos (más producción de petróleo en EEUU, medidas de ahorro, cambio en los proveedores de gas) y porque los gobiernos han tomado medidas para bajar el precio de la electricidad y subvencionar la energía, las materias primas y los alimentos, con ayudas a empresas y familias. Y gracias al ajuste de los mercados y a las medidas aprobadas, se ha rebajado la inflación, no por las subidas de tipos. Y a pesar de estas críticas, la Reserva Federal y el BCE llevan meses retrasando las bajadas: el BCE ha esperado a junio y EEUU hará la primera rebaja la próxima semana. Todo por insistir en su “ortodoxia”, en su “fundamentalismo monetario”, tan inútil como dañino.

El BCE ya había visto que la economía europea estaba estancada en el primer trimestre (creció sólo un +0,3%), como lo había estado en todo 2023 (la UE creció un +0,6%, la cuarta parte que EEUU: +2,4%), pero esperó al 6 de junio para hacer su 1ª bajada de tipos (desde la 10ª subida, hecha el 14 de septiembre de 2023), un mínimo recorte del 0,25% (dejando los tipos al 4,25%). Su argumento para seguir con la “ortodoxia” era que la inflación seguía alta (ojo: está por debajo del 3% desde febrero de 2024, cuando estaba en el 10,6% en octubre de 2022) y que temían por un repunte de los salarios en Europa (que relanzaran la inflación). Ahora, el BCE ha decidido su 2ª subida (mínima otra vez: -0,25%, dejando los tipos en el 4%) por dos datos. Uno, que la inflación en la zona euro ha bajado al +2,2% en agosto, la más baja desde abril de 2021. Y el otro, que las subidas salariales se han moderado (los costes salariales aumentaron un +3,6% en el 2º trimestre, tras crecer un 4,7% en el primero).

Pero el dato que les debía haberles preocupado más es que, tras la drástica y rápida subida de tipos (recordemos: del 0 al 4,5% en 14 meses), la economía europea está estancada: la UE-27 ha crecido sólo un +0,2% en el 2º trimestre de 2024, según Eurostat, menos que en el 1º (+0,3%), la tercera parte que en todo 2023 (+0,6%) y muy por debajo de lo que crecía Europa antes de la pandemia, la invasión de Ucrania y el inicio de la drástica subida de tipos (+2,2% en 2019 y +3,4% en 2022). Y otro dato: la UE-27 creció en el 2º trimestre (+0,2%), menos de la tercera parte que EEUU (+0,7%), a pesar de que los tipos de la Reserva Federal eran más altos (5,25% frente al 4,50%), lo que significa que Europa estaba estancada mientras EEUU seguía creciendo mucho más, aunque ahora temen un estancamiento próximo.

Y lo peor, lo que tendría que haber llevado al BCE a una mayor rebaja de tipos hoy (y en los próximos meses) es que Alemania, la locomotora europea está “gripada”: cayó en 2023 (decreció un -0,3%, mientras España crecía un +2,4% y Francia un +1%) y sigue estancada (creció un 0,2% en el primer trimestre) e incluso cayendo (-0,1% en el 2º trimestre de 2024). Y no es un caso aislado: en el 2º trimestre ha caído también el PIB en otros 5 paises europeos: Irlanda (-1%), Austria (-0,4%), Suecia (-0,3%), Letonia (-0,9%) y Hungría (-0,2%). Así que la economía UE pasa por un mal momento y no se merece que el BCE mantenga un precio del dinero tan alto: el 4% actual es el más elevado desde junio de 2007 (4%) y contrasta con el 0% que costaba el dinero en Europa entre 2016 y 2022.

Así que ya sabemos a dónde nos ha llevado la “ortodoxia monetaria” del BCE, que pone por delante la bajísima inflación (el 2% como objetivo, que no se conseguirá hasta finales de 2025) al crecimiento, la inversión y el empleo. Ese debería ser el debate económico ahora: Europa debería aceptar una inflación en torno al 3%, a cambio de tipos más bajos (del 2 al 3%) y un mayor crecimiento y empleo en el continente. Pero casi nadie habla de esto.

Mientras, la política de tipos altos (que se mantiene), ha tenido (y tiene) un alto coste para familias, empresas y paises, a los que el BCE perjudica con su ortodoxia (y lo sabe). Las familias europeas llevan dos años largos pagando más por sus hipotecas, lo que perjudica su poder adquisitivo y su consumo. En España lo saben bien las 4 millones de familias que están pagando una hipoteca y cuya cuota mensual les ha subido drásticamente, de la mano del Euribor: de ser negativo hasta marzo de 2022 (-0,237%), se puso en positivo en abril  y llegó a un máximo del 4,160% en octubre de 2023, encareciendo drásticamente las hipotecas (del 1,3% en 2021 al 3,94% en octubre de 2024). Y aunque ahora ha bajado del 3%, con las dos bajadas de tipos del BCE y las previstas, todavía las hipotecas son mucho más caras que hace dos años. Un ejemplo: una hipoteca de 150.000 euros a 25 años, que paga el Euribor+1%, cuesta ahora 805,57 euros al mes, que es menos que hace un año (883,28 euros en agosto 2023) pero mucho más que hace dos (654,12 euros en agosto 2022).

Además de pagar más por las hipotecas, a pesar de la rebaja de agosto (84,6 euros al mes sobre agosto de 2023), las familias también han visto subir los tipos de sus créditos al consumo, para comprar un coche, irse de vacaciones o cambiar muebles: han subido del 6,10% en 2021 al 7,13% en 2022 y al 8,23% en octubre de 2023, aunque ahora estén en el 7,63% (julio 2024), según el Banco de España. Y también las empresas llevan dos años pagando más por sus créditos. Así, una pyme ha visto subir un crédito de 250.000 euros del 1,69% en 2021 al 3,53% en 2022 y al 5,25% en noviembre de 2023, aunque ahora paguen el 4,66%, según el Banco de España. Y los créditos a empresas superiores al millón de euros han subido del 1,04% (2021) al 4,95% en 2023, aunque ahora están al 4,72%.

También los paises han pagado en sus Presupuestos la drástica subida de tipos del BCE, al encarecerse el interés que tienen que pagar a los inversores para colocar la deuda pública. Así, el bono español a 10 años ha pasado de pagar el 0,41% de interés en noviembre de 2021 al 2,46% en noviembre de 2022 y un máximo del 3,94% en septiembre de 2023, bajando al 3,41% en junio de 2024 y al 2,94% en septiembre de 2024. Eso se traduce en que España tiene que pagar ahora más intereses por su deuda (39.078 millones en 2024 frente a 30.175 en 2022) y por eso puede gastar menos de lo que haría falta en sanidad, educación, dependencia, ayudas públicas o pensiones.

Como se ve, el coste económico y social de la “ortodoxia monetaria” del BCE es muy elevado, aunque hay un sector que sale muy beneficiado: la banca. En España, las familias y empresas han pagado 47.971 millones de euros más en intereses por hipotecas y créditos entre 2022 y 2023 (+14.035 millones los hogares y +33.936 millones las empresas), según los datos del Banco de España. Y esta subida de tipos y márgenes (más la mayor remuneración por el dinero que tienen depositado en el BCE)  ha permitido a los bancos europeos tener beneficios récord. Así, los 6 grandes bancos españoles aumentaron un 28% sus beneficios en 2022 (20.850 millones) y otro 26,4% en 2023 (26.088 millones). Y con el retraso en las bajadas de tipos, los 6 grandes bancos españoles han ganado en el primer semestre de 2024 otros 15.286 millones de euros (+23,4%), el primer semestre mejor de su historia.

Ahora, el BCE anticipa que hará otra pequeña rebaja de tipos (otro -0,25%) el 12 de diciembre, con lo que acabaríamos 2024 con un precio del dinero al 3,75%, el tipo que teníamos en mayo de 2023 y el tipo más alto desde octubre de 2008 (3,75%). Y que seguirá siendo “prudente” en las bajadas durante 2025 (podría aprobar 4 más), con lo que se cerraría el próximo año con los tipos al 2,75%. Eso claro, si no repunta la inflación por la energía y otras causas geopolíticas. Así que nos vaticinan tipos altos (hipotecas y créditos caros), aunque la economía europea siga estancada: se espera un débil crecimiento del 1% este año y un mínimo 1,7% en 2025, siempre por debajo de EEUU.

Mientras la economía europea no despega, algo que no parece preocupar al BCE, la presidenta de la Comisión ultima su Gobierno y se plantea las prioridades para los próximos 5 años. En Bruselas sí preocupa el estancamiento de la economía europea, frente a EEUU y a China, y por eso la Comisión encargó un informe a Mario Draghi, anterior presidente del BCE y ex primer ministro italiano. El informe, divulgado este martes, apuesta por un Plan de reactivación de la economía europea, invirtiendo 800.000 millones al año (inversión privada, pública y emisión de deuda europea) en apostar por la innovación y la tecnología, la reindustrialización, las energías limpias, la industria de la defensa  y avanzar en la integración europea, desde los mercados de capitales a la banca y la competencia. Un nuevo “Plan Marshall” para Europa, de origen europeo, para mejorar la competitividad y reducir distancias con EEUU y China. Un objetivo crucial. Pero el BCE debe contribuir al salto de la economía europea recortando más rápidamente los tipos. Aunque suba algo la inflación. Peor es el estancamiento económico actual, que frena el empleo y la calidad de vida. Recapaciten.

jueves, 14 de diciembre de 2023

Los tipos no bajarán hasta primavera

Hoy 14 de diciembre, el Banco Central Europeo (BCE) mantendrá estables los tipos de interés. Será el 2º mes consecutivo de “tregua”, tras 10 subidas de tipos desde julio de 2022, hasta  el 4,50%, el tipo más alto en 22 años. La bajada de la inflación (no por la subida de tipos sino por la bajada de energía y materias primas), ha permitido que el BCE pare las subidas, como han hecho EEUU y Reino Unido. Pero insisten que “no hay que bajar la guardia” y que tardarán en bajar tipos, al menos hasta la primavera (entre marzo y junio). Y poco a poco (-1% en todo 2024), así que el dinero será caro varios años más. El BCE pide “paciencia” con los tipos altos a familias (que siguen pagando más por sus hipotecas), empresas y paises (deuda). Pero la realidad es que Europa está estancada: hay 13 paises que decrecen (7 en recesión). Y urge bajar tipos para reanimar el crecimiento. Dilema: inflación algo más alta o menos empleo.

                 Enrique Ortega

Parece que este otoño ha terminado la racha de subidas de tipos de interés en el mundo. Ayer 13 de diciembre, la Reserva Federal USA volvió a tomar la iniciativa y decidió mantener estables sus tipos de interés oficiales. Era la 4ª “pausa” en la subida de tipos (tras las de junio, septiembre y noviembre), después de las 11 subidas de tipos aprobadas por la Reserva Federal USA desde marzo de 2022 (cuando los tipos eran del 0%) y que han situado el precio oficial del dinero en EEUU en el 5,25%, el tipo más alto desde marzo de 2001. Al final, la bajada de la inflación norteamericana (al 3,1% en noviembre, tras marcar un máximo del 9,1% en junio de 2022) y la debilidad del empleo y el crecimiento han llevado a la Reserva Federal USA a mantener estables los tipos (sin anunciar futuras bajadas). Y hoy 14 de diciembre, el Banco de Inglaterra ha seguido ese camino: mantener los tipos en el 5,25%, la 3ª “tregua” consecutiva (tras las de septiembre y noviembre), después de las 14 subidas de tipos aprobadas por las autoridades británicas desde diciembre de 2021.

El tercero en mover ficha ha sido el Banco Central Europeo (BCE), que hoy 14 de diciembre decidirá también mantener los tipos de interés, una 2ª “tregua” consecutiva (después de la aprobada el 26 de octubre), tras las 10 subidas de tipos aprobadas desde el 27 de julio de 2022, que han dejado el precio oficial del dinero (que estaba en el 0% desde marzo de 2016) en el 4,50%, el tipo más alto desde mayo de 2021. La última vez que el BCE subió tipos fue el 14 de septiembre, del 4,25 al 4,50%.

La nueva decisión del BCE de no subir más los tipos (de momento) se basa sobre todo en que se ha moderado la inflación en la zona euro: en noviembre, los 20 paises del euro tenían una inflación media del 2,4%, -0,5% que en octubre y la cuarta parte de inflación que un año antes (+10,1% de inflación en noviembre de 2022). Y ha bajado aún más en Alemania (+2,3% en noviembre, frente al +11,3% un año antes), Italia (+0.7% frente al +12,6% en noviembre de 2022), Holanda (+1,4% frente al +11,3%) y Bélgica (-0,7% de inflación anual en noviembre, frente a +10,5% un año antes), aunque es más alta que la media euro en Francia (+3,8% frente al +7,1% un año antes) y España (+3,2% frente al +6,7%), según Eurostat.

Pero ojo, la inflación se ha moderado en la zona euro no por la drástica subida de los tipos de interés del BCE sino porque se han moderado las subidas de la energía, los alimentos y las materias primas. Por un lado, han surtido efecto las medidas tomadas para aumentar las reservas de gas y petróleo (tras el bloqueo de compras a Rusia), se ha frenado también la demanda en los paises (por un invierno más suave) y, sobre todo, han sido muy efectivas las ayudas contra la inflación aprobadas por los paises europeos, además de medidas específicas como la excepción ibérica (tope al precio del gas en la generación de electricidad). La realidad es que ahora, el precio del crudo está a la baja, como el del gas, y también los precios de muchas materias primas y alimentos, lo que ha rebajado la inflación en Europa, más baja (2,4%) incluso que en EEUU (3,1%) y Reino Unido (4,6%).

Pero ahora el problema no es la inflación sino que estas 10 subidas de tipos han agravado el estancamiento de la economía europea. El dinero caro ha frenado el consumo de las familias (se encarece el crédito y las hipotecas)  y la inversión empresarial, así como el coste de la deuda de los paises (limitando sus gastos), lo que ha recortado la actividad, que ya era débil antes de las subidas de tipos, por la “resaca” de la pandemia. Pero ahora, el “parón económico” es evidente, como atestiguan las previsiones de invierno de la Comisión Europea: la zona euro (20 paises) ha decrecido un -0,1% en el tercer trimestre de 2023, tras apenas crecer (+0,1%) en los dos primeros trimestres (y caer otro -0,1% en el 4º trimestre de 2022), según Eurostat.

 Así que la zona euro lleva un año estancada. Y si tomamos toda la UE (27 paises), su economía no ha crecido nada (+0%) en el tercer trimestre de 2023. Pero lo peor es que hay 13 paises europeos cuya economía cayó en el último trimestre (3º de 2023): Alemania (-0,1%), Francia (-0,1%), Chequia (-0,5%), Dinamarca (-0,1%), Estonia (-1,3%), Irlanda (-1,9%), Luxemburgo (-0,1%), Paises Bajos (-0,2%), Austria (-0,5%), Portugal (-0,2%), Eslovenia (-0,2%), Finlandia (-0,9%) y Suecia (-0,3%), mientras España creció un +0,3% y Bélgica un +0,4%, según Eurostat. Y lo peor: hay 7 paises europeos que están en recesión, con su economía cayendo los 2 últimos trimestres: Paises Bajos, Austria, Luxemburgo, Dinamarca, Suecia, Irlanda y Estonia.

Un panorama económico desolador en Europa, mientras EEUU crece algo más pero poco (+1,3% en el tercer trimestre) y Reino Unido también se estanca (+0% en el último trimestre). Este estancamiento lleva a algunos expertos a pedir que el BCE empiece ya a bajar los tipos, para “reanimar” la débil economía europea. Pero las autoridades monetarias europeas, tan “ortodoxas” ellas, no están por la labor: “No es el momento de cantar victoria sobre la inflación”, declaró el 21 de noviembre Christine Lagarde, la presidenta del BCE. Y después recordó que el objetivo del BCE (como el de la Reserva Federal USA) es que la inflación no supere el 2%, algo que no se espera hasta 2025. Por eso mantienen los tipos y no los bajan. Su receta, reiteró Lagarde, es “tipos altos, paciencia y perseverancia”. Es la filosofía que defienden los demás bancos centrales, en especial la Reserva Federal USA.

A todos les preocupa que la inflación repunte este invierno, con una posible subida de la energía (algo que los expertos en crudo y gas no contemplan, mientras la OPEP y Rusia recortan sus producciones para que no caigan más los precios), las materias primas (el indicador de precios de Bloomberg cae un -10% desde septiembre) o los alimentos (el índice de precios de alimentos de la FAO ha caído un -10,7% en el último año), junto a los posibles “ imprevistos” por los conflictos geopolíticos (Gaza y Ucrania).

Pero, en realidad, las autoridades del BCE tienen dos preocupaciones menos “confesables. Una, que suban los salarios (están subiendo más que en los dos años pasados) y eso provoque que las empresas suban precios (no les preocupó que las empresas subieran sus márgenes y eso haya sido la causa principal de la inflación en 2022). Y la otra, que Europa no ajuste sus cuentas públicas, que los Gobiernos no recorten las ayudas aprobadas a familias y empresas y no se aprueben a tiempo las anteriores reglas fiscales (que el déficit no supere el 3% del PIB), que deberían regir en la zona euro en 2024. De momento, la estimación es que Bélgica tenga en 2024 un déficit público del -4,9% del PIB, Francia e Italia mantengan un -4,4% de déficit público y España no lo baje del -3,2% en 2024 (aunque el Gobierno promete bajarlo al -3%). Y por eso, el BCE amenaza: o recortáis gasto público o mantengo los tipos altos. Y lo mismo con los salarios: o se moderan las subidas (+5% este año, tras varios años perdiendo poder adquisitivo los trabajadores europeos) o el BCE seguirá con los tipos altos. Todo por bajar como sea la inflación.

Así que, por ahora, los tipos de interés no suben pero tampoco bajan. Las estimaciones de los expertos en política monetaria apuestan porque no habrá bajada de tipos hasta la próxima primavera: el BCE podría aprobar la primera bajada en su reunión del 7 de marzo (como pronto), dejarla para el 11 de abril o retrasarla al 6 de junio, según cómo evolucione la inflación, los salarios y el gasto público en Europa. Y lo mismo la Reserva Federal USA, donde no se esperan rebajas de tipos hasta primavera. Y en ambos casos, las rebajas serán poco a poco y reducidas. La Reserva Federal estima que los tipos bajarán -0.75% en 2024 (al 4,50%), otro -1%  en 2025 (hasta el 3,50%) y un recorte adicional del -0,75% en 2026 (hasta el 2,75%). Eso significa que si los tipos están hoy al 4,50% en Europa, podían estar dentro de un año en el 3,5% como mucho. Y los tipos no bajarían del 3% hasta 2025. Y volver a los tipos cero de antes, será algo impensable en años.

Así que la rebaja de tipos no será una ayuda en los próximos meses, al menos para familias, empresas y paises. En España, la no subida de tipos del BCE (en octubre y ahora en diciembre) han servido para bajar el tipo del Euribor, el interés al que se prestan los bancos europeos entre así. Si octubre 2023 cerró con un Euribor mensual en máximos (4,160%), en noviembre bajó al 4,022% y en diciembre ronda el 3,75% (3,758% ayer). Pero esta bajada del Euribor no ayuda a las familias, que ven aumentar el coste mensual de sus hipotecas cuando les toca la revisión anual, dado que el Euribor está mucho más alto que hace un año. Así, los que revisen su hipoteca en diciembre, con el Euribor mensual de noviembre (4,022 frente a 2,828 en noviembre de 2022), tendrán una subida de 133 euros al mes (1.236 euros al año), para una hipoteca media (150.000 euros a 25 años al Euribor+1%). Y esta subida de la hipoteca será la segunda, porque ya hace un año les subió la mensualidad, una media de 250 euros (3.000 anuales). Así que ahora pagarán de media 880 euros al mes por su hipoteca, cuando hace dos años pagaban 527 euros (+67%).

Este es el efecto más evidente de la subida de tipos del BCE sobre los 4 millones de españoles hipotecados. Pero además, la subida de tipos (y el retraso en la bajada) desalienta a otras familias y jóvenes que necesitan una hipoteca, ahora más cara y difícil de conseguir, porque los bancos están restringiendo su concesión y prestando menos: sólo financian el 62,2% del dinero que se necesita cuando en 2004 financiaban el 65,3% (y a muchos, casi el 100%). Esta subida de tipos ya ha provocado una caída de las hipotecas concedidas (de febrero a septiembre) y una caída en la venta de pisos (que frena la actividad constructora y el empleo). Además, los tipos tan altos han encarecido también el crédito al consumo de las familias, para un viaje o comprar coche: del 6,10% que pagaban en 2021 han pasado a pagar el 8,23% en octubre, según el Banco de España. Y también el coste de las tarjetas de crédito (se paga un interés ahora del 18,19%). Menos consumo, menos crecimiento, menos empleo.

Las empresas también están sufriendo los altos tipos al tener que pagar créditos más caros. Las pymes pagan ahora por un crédito de hasta 250.000 euros un tipo del 5,11%, frente al 1,69% que pagaban en 2021, según el Banco de España. Los créditos de 250.000 euros a 1 millón han subido el 1,29 al 4,94%. Y los créditos de más de 1 millón de euros, para grandes empresas, del 1,04 al 5,14%. Menos inversión, menos empleo. Y también se encarece el coste de la deuda pública: si el bono a 10 años se colocaba en febrero de 2022 pagando un interés del 0,76%, en diciembre de 2022 ya había que pagar un 3,657%. Y aunque ha bajado algo, ayer había que pagar un interés del 3.115%. Estos altos tipos, mantenidos por el BCE, obligarán a destinar 31.275 millones en 2023 al pago de intereses de la deuda pública, la 2ª mayor partida del gasto público tras las pensiones.

En definitiva, que las familias, empresas y paises estamos pagando una elevada factura por estos altos tipos de interés, los más caros de los últimos 22 años. Y la consecuencia es que la economía europea está estancada y hay 13 paises con sus economías cayendo (y 7 de ellos en recesión), con España creciendo un mínimo del +0,3% trimestral. Urge un debate sobre si el BCE sigue con su ortodoxia (aunque sea “independiente”, lo que significa también que sus directivos no se eligen democráticamente) o “levanta el pie” y ayuda a reanimar la economía, empezando a bajar los tipos ya y con fuerza. 

El dilema es claro: o se empecinan en bajar la inflación al 2% (y eso supone tipos altos, por encima del 3% hasta finales de 2025) o flexibilizan ese objetivo, buscando contener la inflación en el 3%, por ejemplo, a cambio de crecer algo más y con ello crear más empleo. Se trata de elegir entre ese 2% de inflación a costa del estancamiento y el freno al empleo  o algo más de inflación a cambio de reanimar la economía, la inversión y el empleo en los próximos meses. Por desgracia, hoy casi nadie plantea este debate y este dilema. Pero afecta mucho nuestras vidas. No lo olviden cuando oigan a expertos defender “el rigor” (mortis...) del BCE. Es otro “ajuste”, el monetario.

lunes, 25 de septiembre de 2023

Las exportaciones (flojas) ayudan menos

España es un país muy abierto al exterior y por eso nos afecta mucho la actual debilidad de la economía internacional y el estancamiento de Europa: llevamos 4 meses (de abril a julio) en que las exportaciones españolas crecen menos que en los dos últimos años (cuando batieron récords) y eso está afectando negativamente a algunas regiones (Canarias, Andalucía, Valencia y Murcia), a muchas empresas y al empleo (las exportaciones mantienen 4,6 millones de empleos). Por eso, aunque no salga en los medios, preocupa el “pinchazo” de las exportaciones y la debilidad del comercio mundial. Sobre todo, porque las exportaciones de bienes y servicios han aportado la mitad del crecimiento de España en 2022 y 2023, pero no van a ayudarnos nada en 2024 y 2025, según el Banco de España. Por eso, urge que el futuro Gobierno priorice un Plan para reanimar las exportaciones españolas, con ayudas, como ha hecho Alemania. Nos jugamos fuera de España una buena parte del crecimiento y el empleo interno. Apóyenlos.

                 Enrique Ortega

Uno de los tres “motores” que tiran de la economía (el consumo, las inversiones y las exportaciones) está “gripado” en los últimos meses: las exportaciones españolas. Batieron un récord histórico de crecimiento en 2021 (+21,2%), en 2022 (+22,9%) y en el primer trimestre de 2023 (+14,6%), pero “han pinchado” y llevan cuatro meses decreciendo respecto al año pasado. Ya en el segundo trimestre de 2023 (abril a junio), las exportaciones de bienes cayeron un -4% sobre el inicio de 2022. Y en julio de 2023 han vuelto a caer un -5% sobre ese mismo mes del año pasado, según el dato publicado por Comercio el jueves pasado. Con ello, las exportaciones españolas han alcanzado los 230.397 millones de euros de enero a julio de 2023, un récord histórico (se ha exportado más en 7 meses que en todo 2010, 2011 y 2012) pero sólo un +3,3% más que el año pasado. O sea, que las exportaciones crecen, pero la sexta parte que antes. Han “pinchado”. Sobre todo en Canarias (-40,5%), Andalucía (-9%), Murcia (-5,2%) y Comunidad Valenciana (-2,2%).

Este “pinchazo” de las exportaciones españolas es un mal generalizado en todos los paises, donde los exportadores también están sufriendo en los últimos meses la debilidad de la economía internacional, el menor crecimiento de China, la guerra en Ucrania, los “tapones” y enfrentamientos en el comercio mundial y el estancamiento de Europa, con Alemania en recesión. De hecho, la exportación española está superando mejor que la mayoría de paises este “bache comercial generalizado: nuestras exportaciones crecen ese +3,3% hasta finales de julio, más del doble que las de los 20 paises de la zona euro (+1,2%), más que las de toda la UE (+1,8%) y que las exportaciones de Alemania (crecen +2,7%), Italia (+2,3%), Japón  y China (+1,5%) o EEUU (caen un -2% este año), superándonos sólo Francia (+6,5%) y Reino Unido (+6,1%), según Eurostat. Este menor “`pinchazo” se debe a que los productos españoles, al tener nosotros una menor inflación que la mayoría de paises (y los salarios más bajos) son más competitivos.

¿Qué exportaciones y a qué paises se han desinflado? Por un lado, las ventas fuera que más están cayendo son las de productos energéticos (derivados del petróleo, carbón y gas), productos químicos, electrodomésticos y electrónica y textil, mientras siguen tirando las exportaciones de automóviles (crecen un 31,9% este año, cuando el pasado caían por estas fechas), bienes de equipo (maquinaria) y alimentos, aunque menos que en 2022. Y por paises, las exportaciones caen este año (sobre 2022) a EEUU (-1,3%), Asia (-4,7%, aunque crecen un 0,2% con China), Oriente Medio (-6,7%) y Africa (-8,9%, por el desplome de las exportaciones a Argelia, aunque crecen un 4,7% a Marruecos). Y siguen creciendo, aunque la sexta parte, las exportaciones a Europa (+4,7% este año frente al 24,3% en 2022) y a Latinoamérica (+19,6% hasta julio, frente al 32,9% en 2022).

Para el resto del año 2023, las perspectivas son que las exportaciones sigan cayendo sobre el año pasado o se estanquen, rondando los 400.000 millones de euros vendidos fuera, tras el récord histórico de 2022: 389.208 millones de euros exportados, más del doble de los 186.780 millones exportados en 2010. Hay varios factores que juegan a la contra de las exportaciones en lo que queda de año. El primero y fundamental, el débil crecimiento de la economía internacional, como alertó en agosto la OCDE: creció sólo un +0,4% en el 2º trimestre, una décima menos que en el primer trimestre. Y el FMI prevé que las economías avanzadas crezcan sólo un +1,5% este año (casi la mitad del 2,7% de 2022), algo más EEUU (1,8%) y mucho menos la eurozona (+0,9%), con una recesión en Alemania (-0,3%). Y con este débil crecimiento, el comercio mundial y las exportaciones irán también al ralentí: crecerá sólo un +1,7% (frente al +2,7% en 2022), el menor crecimiento desde 2019 (salvando la caída de 2020 por la COVID), debido al débil crecimiento, la alta inflación, los elevados tipos de interés y la guerra de Ucrania, según la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Junto a este panorama gris de la economía y el comercio para los próximos meses, tampoco ayudará a los exportadores el euro. Tras unos meses muy débil (entre julio y noviembre de 2022 cotizó por debajo de 1 dólar por euro), lo que ayudaba a vender fuera a los exportadores europeos, el euro subió  este año, hasta alcanzar una cotización récord el 17 de julio (1,1236 dólares por euro), con lo que los productos europeos eran un 12% más caros, frenando nuestras exportaciones fuera de la eurozona. Ahora, con la debilidad de la economía europea y la menor subida de tipos que EEUU (4,5% frente al 5,5%), el euro lleva dos meses a la baja, cotizando el viernes a 1,0660 dólares, lo que ha abaratado los productos europeos un -5,2%. Pero aún son un 7% más caros que hace un año. Ahora, se espera que el euro se estabilice en los niveles actuales o baje muy poco, con lo que no ayudará a los exportadores.

Al final, se desinflen más o menos las exportaciones españolas, lo realmente preocupante es que van a ayudar menos a que la economía crezca y cree empleo. Porque el sector exterior es uno de los motores claves de la economía española: entre las exportaciones de bienes (389.208 millones de euros aportados en 2022) y las exportaciones de servicios (otros 94.800 millones ingresados por empresas españolas que venden fuera servicios de consultoría, financieros, tecnológicos, telecomunicaciones, información y ocio), aportaron el 41,7% del PIB español en 2022 (aportaban sólo el 23% en 2009). A lo claro: casi la mitad de la riqueza, se genera fuera de España. Y ese sector exterior mantiene 4,6 millones de empleos, casi 1 de cada 4 puestos de trabajo existentes.

Y este sector exterior nos ha salvado la economía y el empleo en varias ocasiones. Primero, durante la crisis financiera (2008 a 2015): en 2009, por ejemplo, el PIB español cayó un -3,6%, pero hubiera caído mucho más (también el empleo) si las exportaciones no hubieran aportado ese año un +2,8% al crecimiento español. La segunda vez fue con la pandemia, en 2020: las exportaciones cayeron menos que la economía (-1,9% frente al -10,8% que cayó el PIB). Y ahora, han ayudado decisivamente a la recuperación, sobre todo en 2022, según el INE: la economía creció un 5,8%, la mitad por las exportaciones (aportaron un 2,9% al PIB). Y en el primer trimestre de 2023, el sector exterior salvó a la economía de caer: aportó un +0,4% al PIB, el doble de la aportación de la demanda interior (+0,2%), permitiendo que la economía española creciera un +0,6% ese primer trimestre.

El panorama ha cambiado en el 2º trimestre de 2023, ya que “el pinchazo” de las exportaciones” ha restado crecimiento a la economía española, según el INE: la aportación exterior fue negativa (-0,5%) y sólo la demanda interior (+1%) permitió que la economía creciera (+0,5% en el 2º trimestre). Ahora, podría pasar lo mismo el resto del año, aunque el Banco de España cree que todavía este año 2023, el sector exterior ayudará a la economía, aportando casi la mitad del crecimiento total (+1,2% del +2,3% previsto que aumente el PIB). Pero esa ayuda se va a acabar en 2024 y 2025, por el pinchazo de las exportaciones: en 2024, el sector exterior restará -0,3% al crecimiento anual (que bajará por eso al 1,8%) y en 2025 no aportará casi nada (+0,1% a un PIB que crecerá un 2%), según el Banco de España.

Esta perspectiva de unas exportaciones más débiles, por la ralentización de la economía y el comercio mundial, deberían forzar al futuro Gobierno (cuando lo haya, algo también incierto) a tomar medidas para impulsar el sector exportador y con ello, la economía y el empleo. Habría que actuar a dos niveles. Uno, inmediato, con un Plan de choque para impulsar las exportaciones de bienes y servicios, en línea con el Plan de apoyo a sus empresas y su economía que acaba de aprobar Alemania (32.000 millones de ayudas en 4 años). Habría que incluir ayudas financieras, fiscales y de promoción de la exportación, sobre todo en las regiones y sectores donde más se hayan reducido las ventas exteriores.

Y  a medio plazo, habría que tomar medidas estructurales para corregir los problemas “de fondo” que tienen las exportaciones españolas: están demasiado concentradas, en origen (sólo 25.000 empresas exportan más de 50.000 euros al año, las tres cuartas partes de ellas concentradas en Cataluña, Madrid, País Vasco, Comunidad Valenciana, Galicia y Andalucía) y en destino (el 74,6% de las exportaciones van a Europa y sólo un 8% a EEUU, China y Japón) y dominan los productos con poco valor (sólo el 6,8% de las exportaciones tienen alta tecnología, frente al 17,7% de las exportaciones europeas), según reconoce el Club de Exportadores.

En resumen, que las exportaciones nos han salvado el crecimiento y el empleo en las últimas crisis, pero ahora se han desinflado, por culpa del enfriamiento de la economía internacional, la guerra en Ucrania, el estancamiento en Europa y los problemas de China y del comercio mundial. Y si no las reanimamos, corremos el riesgo de crecer menos y perder empleo. Por eso, cuidar el flanco exterior de nuestra economía y nuestras empresas es clave para todos, aunque no se hable ni se escriba de ello. Apóyenlos.