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jueves, 3 de noviembre de 2016

Jóvenes "ni-nis" pierden ayudas europeas


Hay dos datos económicos de octubre que han pasado casi desapercibidos. Uno, que España es el 4º país de la OCDE con más jóvenes que ni estudian ni trabajan (“ni-nis”): 1.603.226, el 22,7% de los jóvenes de 15 a 29 años. El otro, que España es el tercer país que menos se ha beneficiado del Plan europeo de empleo juvenil, aprobado en 2013: las ayudas han llegado al 10,7% de “ni-nis” españoles, frente al 60% de “ni-nis” alemanes o el 80% de franceses. Y lo peor: 4 de cada 5 “ni-nis” españoles no se han inscrito aún en este Plan, no saben que existe. Y un tercer dato, de propina : sólo 1 de cada 8 nuevos empleos creados en los últimos tres años han sido para menores de 30 años. Son tres graves muestras de un país y un Gobierno que no afrontan la grave situación de los jóvenes: viven peor que sus padres y con ellos (el 78%). Urge darles prioridad en un Plan de choque contra el paro y en un urgente Pacto educativo, para mejorar su formación y empleo. No podemos dejarles tirados.
 
enrique ortega

Esta ya larga crisis se ha cebado sobre el empleo de los jóvenes: de los 3,8 millones de empleos perdidos en España entre junio de 2008 (el momento mejor) y marzo de 2014 (el peor), un 60% (- 2.283.600 empleos) los perdieron los jóvenes, los menores de 30 años. Y el tajo fue tan tremendo que los jóvenes perdieron en estos 5 años más de la mitad de los empleos que tenían en 2008. Por eso, España es el país desarrollado donde más cayó el empleo juvenil entre 2007 y 2015, según un informe de la OCDE de octubre. Y lo atribuyen a que en España muchos jóvenes trabajaban en la construcción y en la hostelería, con muy poca formación, y por eso la crisis los echó a un lado con más virulencia.

En consecuencia, con esta caída dramática del empleo juvenil, el paro se ha disparado entre los menores de 30 años: si en junio de 2008 había 943.800 parados entre 16 y 29 años, ocho años después, en junio de 2016, los parados jóvenes eran ya 1.249.600, un 32,4% más. Y la tasa de paro se ha duplicado: es del 63,52% entre los jóvenes de 16 a 19 años (era del 41% en 2008), del 43,33% entre los de 20 a 24 años (era del 18,56%) y es del 26% entre los 25 y 29 años (era del 11,8% en 2008). En conjunto, el 42% de los jóvenes de 16 a 25 años está en paro en España en septiembre (EPA tercer trimestre), más del doble que en Europa (19,6%).

Este es el primer problema de los jóvenes españoles: su bajo empleo y su elevado paro, sólo superado por Grecia. Pero hay otro muy preocupante: España es líder en Europa en abandono escolarsegún los recientes datos de Eurostat. Concretamente, un 19,8% de jóvenes españoles (18 a 24 años) habían dejado sus estudios prematuramente (sólo con la ESO o sin terminarla): son 631.520 jóvenes españoles que habían abandonado las aulas en 2015. Un porcentaje que casi duplica la tasa europea de abandono escolar, el 11%, aunque hay 17 paises que la mantienen por debajo del 10%, mientras se acercan a ese nivel Alemania (10,1%) y Reino Unido (10,8%). La causa de este elevado abandono escolar en España es el deterioro del sistema educativo (los recortes) y, sobre todo, las fugas provocadas por la burbuja inmobiliaria y el turismo en la década del 2.000, que provocó la huida de estudiantes a la construcción y el turismo (con un récord de abandono escolar del 32,2% en 2014).

Estos dos problemas, alto paro juvenil y enorme abandono escolar, se traducen en un colectivo de jóvenes llamados ni-nis”: ni estudian ni trabajan. Y lógicamente, aquí España también está en cabeza: somos el cuarto país con más “ninis” de Occidente, un 22,7% de los jóvenes de 15 a 29 años, sólo por detrás de Turquía (29,8%), Italia (26,9%) y Grecia (24,7%). Y muy por delante del porcentaje de “ni-nis” de Europa  y la OCDE (14,6%, ambos), EEUU (14,4%) o Japón (10,1%), según los datos que ha sacado la OCDE en octubre. En los 34 países de la OCDE hay 40 millones de jóvenes “ni-nis”, de los que 13 millones son europeos y 1.603.226 jóvenes españoles “ni-nis” (15-29 años). El mayor porcentaje de “ni-nis” se da entre los jóvenes de 25 a 29 años (19,7% “ni-nis” en Europa y 25% en España), seguidos de cerca por los jóvenes de 20 a 24 años (17,3% “ni-nis” en la UE y 22,2% en España), destacando que el mayor porcentaje de jóvenes que ni estudian ni trabajan se da entre las mujeres, sobre todo entre las madres solteras, según la OCDE.

El Parlamento Europeo promovió, desde 2010, que había que dar alguna salida a estos 13 millones de “ni-nis” europeos y consiguió que el Consejo europeo del 7 y 8 de febrero de 2013 hiciera un hueco presupuestario (mínimo, de 6.400 millones hasta 2020) para aprobar un Plan de empleo Juvenil, que salió adelante en la Cumbre europea del 22 de abril de 2013. El Plan se llamó Garantía Juvenil  y suponía ofrecer a los jóvenes europeos (antes de 4 meses desde que acabaran sus estudios o estuvieran en paro) una de estas 3 alternativas: un trabajo, unas prácticas remuneradas o formación.

La iniciativa, aunque con pocos recursos, era buena, pero empezó sufriendo muchos retrasos antes de ser puesta en marcha por los países europeos. Y más en España. El Gobierno Rajoy estuvo meses peleando con Bruselas para que nos adelantaran los fondos (España es el país que recibe la mayor aportación del Plan, casi 1.900 millones) y el resultado  es que el Consejo de Ministros no dio luz verde a  la Garantía Juvenil hasta el 4 de julio de 2014, 14 meses después de que lo aprobara el Consejo Europeo. Y una vez aprobado formalmente, su implantación ha seguido siendo lenta: a finales de 2014 sólo se habían inscrito 20.660 jóvenes, al año (30 junio 2015) sólo 71.101 y han tenido que pasar 2 años para superar los 300.000 inscritos (y eso, tras subir en julio de 2015 la edad para inscribirse en el Plan, de 25 a 29 años). A finales de septiembre de 2016 (último dato oficial) había 341.097 jóvenes inscritos en el Plan de Garantía Juvenil, sólo un 21% de los 1.603.226 jóvenes de 16 a 29 años que ni estudian ni trabajan en España, según la OCDE.

O sea, que 4 de cada 5 “ni-nis” españoles no se han registrado todavía en el Plan de empleo europeo de 2013. Los expertos lo achacan, además del retraso en aprobarlo en España, a que no se ha divulgado suficiente entre los jóvenes, como critica el Instituto de la Juventud. Otra crítica es que el proceso de inscripción resulta complejo. Y otro problema es que la puesta en marcha del Plan la gestionan las autonomías y cada una va a su aire: así, lo están haciendo mejor Andalucía (38% de todos los inscritos), Cataluña (13%) y Madrid (10%) pero van muy lentos en Extremadura, Castilla la Mancha o Murcia (4% inscritos), en Aragón (2%), Baleares y Canarias (3%) o en Ceuta (726 inscritos), la Rioja (933), Navarra (4.797) y País Vasco (4.378 jóvenes inscritos).

Al final, estos retrasos reiterados en la aplicación del Plan de Garantía Juvenil se han traducido en la segunda noticia de este blog: España es el tercer país europeo que menos se ha beneficiado del Plan europeo de empleo juvenil, según el reciente balance de la Comisión Europea: sólo han recibido ayudas un 10,7% de los jóvenes sin trabajo ni formación (ni-nis), él menor porcentaje tras Hungría (3% jóvenes) y Malta (6%), empatados con Italia (10,7%) y muy alejados de Alemania (60% de ni-nis han recibido ayudas) y Francia (80% de jóvenes beneficiados), dos paises con la tercera parte de paro juvenil que España pero que ya tenían preparada toda la infraestructura de webs y solicitudes antes incluso de aprobarse el Plan. Y hay otro problema con España: las ayudas que se han dado a los jóvenes “ni-nis” con dinero europeo han sido sobre todo para formación (55%), sólo un 32% han recibido un trabajo y el resto unas prácticas, mientras en Europa, el 70,2% de jóvenes han recibido un empleo y sólo un 13,6% cursillos o un 16,2 % cursillos. O sea, España no sólo ha conseguido menos ayudas, sino que se han traducido en menos empleos y más cursos que en Europa.

Esta es la dura realidad a la que se enfrentan los jóvenes españoles: tienen el doble de paro y no se benefician de las ayudas europeas, por incompetencia del Gobierno (y su propio “abandono” como “ni-nis”). Y eso les pasa cuando las empresas españolas, que llevan dos años y medio creando empleo (precario sí, pero empleo), tampoco cuentan con ellos, con los jóvenes. El dato es esclarecedor: de los 1.392.300 nuevos empleos creados en España en 2014, 2015 y 2016 (hasta septiembre), sólo 173.600 (un 12,4% han sido para jóvenes menores de 30 años, según la EPA. O sea, que sólo 1 de cada 8 nuevos empleos son para los jóvenes. Con una excepción, este verano: de los 226.000 nuevos empleos creados, 159.200 (nada menos que dos tercios) fueron para menores de 30 años, según la EPA del tercer trimestre. Ahora falta ver los próximos trimestres para saber si se ha iniciado o no un cambio de tendencia. 

Pero hasta ahoralos jóvenes se han quedando fuera de los nuevos empleos. Y los que consiguen un trabajo, tardan y es muy precario. Los jóvenes que acaban sus estudios necesitan 2 años para encontrar empleo (el doble que los alemanes) y 6 años en encontrar un trabajo fijo (frente a 2 años de alemanes o daneses), que muchas veces no es para lo que estudiaron (el 57% de los jóvenes están “sobrecualificados” para el trabajo que hacen), según un documentado estudio de la OCDE (2015). Y además, los jóvenes sufren más la precariedad que el resto de españoles: un 71% de sus contratos son temporales y un 42% trabajan a tiempo parcial (un tercio, por menos de una semana). Y por ello, su sueldo es muy bajo: el salario medio bruto de un joven de 20 a 24 años era de 11.835 euros brutos (690 euros netos en 14 pagas), la mitad del salario medio español (22.858 euros brutos), según los últimos datos del INE (2014).

Con estos ingresos, los pocos jóvenes que trabajan (2.382.500, el 33,7% de los 7.062.670 jóvenes españoles que tienen entre 16 y 29 años) apenas pueden mantenerse. Y peor están esa mayoría de jóvenes restante, que no tienen trabajo ni ingresos. Todo ello se traduce en una gran penuria económica de los jóvenes, que les impide emanciparse: un 70% de los jóvenes españoles de 22 a 29 años viven con su familia, frente a un 16% en Francia, un 21% en Alemania y un 30% en Reino Unido, según el informe de la OCDE de 2015. Y si ampliamos la franja de edad, de 16 a 30 años, el 78,5 % de los jóvenes españoles viven con sus padres, más hombres (82,6%) que mujeres (74,4%), según datos del Consejo de la Juventud (2014). En definitiva: los jóvenes españoles viven peor que sus padres y con ellos.

Los datos son demasiado abrumadores como para no hacer nada. ¿Qué se puede hacer? Algunos repiten “soluciones mágicas” frente al paro juvenil, “atajos interesados”. Como la receta del FMI, que propuso a Europa, en 2014, bajar el salario mínimo (en España es de 655 euros al mes, una miseria) para animar a las empresas a que contraten a jóvenes. O la patronal CEOE, que ha pedido varias veces al Gobierno aprobar un contrato de formación para menores (… ¡de 35 años¡) que tenga un salario inferior al mínimo (similar a los famosos “mini-jobs”  de 400 euros que tanto se utilizan en Alemania). En definitiva, ofrecerles “contratos basura” aprovechando que casi  la mitad está en paro.

Las medidas a tomar deberían ir por otro lado. La receta básica de la OCDE, en su largo informe sobre España de 2015, es más y mejor formación, mejorar la educación de los jóvenes españoles, desde el Colegio a la Universidad.  Y eso porque consideran que nuestros jóvenes están mal formados, como revela periódicamente el informe PISA. Y además, lo que se les enseña, poco tiene que ver con lo que luego demandan las empresas. Eso exige un cambio en el sistema educativo, con dos objetivos: recuperar parte de los alumnos perdidos (esos 631.520 jóvenes españoles que han abandonado las aulas) y conseguir formarles mejor, a ellos y al resto. Porque el 98% de los empleos del futuro (para 2025) van a ser solamente para los que estén muy formados, para los que tengan educación superior (un 58,4% para universitarios y FP superior) o estudios medios (39,3% de los empleos), según la Fundación BBVA e Ivie. Y en España, hoy, los jóvenes están poco formados para ese reto: un 40% de los jóvenes de 16 a 34 años tienen sólo la ESO (o ni siquiera) frente al 29% en Europa. Y sólo el 30,7% tiene Bachillerato o FP, frente al 45% en Europa. Eso sí, tenemos más universitarios que Europa (29,3% de jóvenes frente a un 26%), pero falla la parte de abajo de la pirámide educativa.

Junto a un gran cambio educativo, el  otro bloque de medidas en favor de los jóvenes deberían ser cambios en la política de empleo: urge poner en marcha un Plan de choque contra el paro centrado en los jóvenes, las mujeres y los mayores de 50 años. Y eso pasa por un mayor esfuerzo en formación, en cursos eficaces para parados jóvenes, ligados a lo que demandan las empresas, junto a un mayor esfuerzo en la formación dual, en acuerdos con empresas para que complementen con prácticas la formación de los jóvenes, sobre todo en la Formación Profesional (FP), que debe relanzarse mucho más (como en Europa). Y urge una reforma de las oficinas de empleo (SEPE), con más medios y personal, para que puedan asesorar a los jóvenes a colocarse (hoy sólo colocan a un 1,7% de los parados).

La tarea no es sencilla, pero lo grave es que se hace muy poco mientras se están perdiendo varias generaciones de españoles, en el paro y la apatía, sin darles una salida educativa ni profesional. No podemos tolerar el drama de los ni-nis, que 1 de cada 4,5 jóvenes españoles ni trabaje ni estudie, no sepan qué hacer con su vida. Es un fracaso de todo el país, que hipoteca la vida de todas las familias y nuestro futuro. Incluso la política y la democracia.

lunes, 12 de septiembre de 2016

Curso escolar 2016-2017: muchas incertidumbres


Esta semana acaban de volver al colegio o al instituto más de 8 millones de niños y adolescentes, que cursan Primaria, ESO, Bachillerato o FP. Y comienzan un nuevo curso lleno de incertidumbres. La principal, como hace un año, si se va a aplicar la LOMCE y si habrá reválidas en junio próximo para 700.000 estudiantes de 4º de la ESO y 2º de Bachillerato. Pero además, los centros no saben su presupuesto, porque las autonomías no van a recibir más dinero del Estado, al prorrogarse para 2017 los Presupuestos de este año, por falta de Gobierno. Y mientras, los padres tendrán que hacer frente a nuevos gastos, desde los libros al comedor o transporte escolar, sin que haya más becas ni ayudas. Entre tanto, es un clamor la petición de un Pacto educativo, que asegure recursos y estabilidad a la enseñanza, para reducir el abandono escolar (España es líder en Europa) y mejorar la formación para que los jóvenes encuentren trabajo. Urge un Pacto educativo este curso.
 
enrique ortega

Otro curso más, aumentan los  niños y jóvenes que inician el curso escolar: serán unos 8.150.000 alumnos de enseñanzas no universitarias, 39.000 más que el curso pasado. Bajarán algo los inscritos en educación infantil, 1.800.000 (por la menor natalidad y los altos precios) y subirán ligeramente los alumnos de primaria (2.925.000), ESO (1.870.000) y Bachillerato (700.000), aunque el mayor aumento se dará, otro año más, en Formación Profesional (790.000 alumnos), por la mejora de los cursos y las mayores salidas profesionales. Se espera una ligera caída de la enseñanza pública, que acoge al 68% de los alumnos, mientras sube ligeramente la concertada (24%) y se estabiliza la enseñanza privada (8%). Eso sí, las diferencias son grandes por autonomías: hay regiones con una mayor penetración de la enseñanza pública, como Castilla la Mancha (82,1%), Extremadura (80%), Canarias (78,5%) o Andalucía (75%) y otras donde la pública casi iguala a la enseñanza concertada y privada, como el País Vasco (sólo 51,1% de alumnos en la pública) y Madrid (54,9%).

Un curso con más alumnos y también con más profesores, porque muchas autonomías (controladas en su mayoría por la izquierda) han aprobado oposiciones para cubrir plazas de profesores, tras haber desaparecido 33.684 docentes (el 8,1%) entre 2012 y 2015 por los recortes y no cubrir jubilaciones, según datos de CCOO. El problema es que las autonomías, que financian el 84% del gasto español en educación, van a tener problemas financieros este curso, no sólo porque les está cayendo la recaudación (como a Hacienda), sino porque van a tener menos ingresos de los previstos, al no poderse aprobar un nuevo Presupuesto para 2017 y prorrogarse el actual, por falta de Gobierno. De hecho, el Gobierno en funciones ya les ha dicho que, al no haber nuevo Presupuesto, tendrán que rebajar su déficit en 2017 al 0,3% y no al 0,7% prometido en abril, lo que les obligará a gastar 4.000 millones menos. En todo, pero sobre todo en educación, sanidad e inversiones, los principales gastos. Y por si fuera poco, el Gobierno en funciones advierte que sin Presupuestos, no se podrán subir las becas este curso 2016-2017...

Y todo eso será un problema extra para una educación que lleva con recortes desde 2010. Según los datos oficiales de Educación, el Presupuesto educativo ha pasado de un máximo de 53.895 millones en 2009 (el 4,99% del PIB) a 46.469 millones en 2015, el 4,23% del PIB. Eso supone un recorte de gasto de 7.426 millones de euros en 6 años. Y este año 2016, aunque el Presupuesto ha aumentado en 208 millones, han sido básicamente para la aplicación de la LOMCE, para financiar los nuevos ciclos de la FP básica y la elección de los nuevos itinerarios en 3º y 4º de la ESO. Con lo que, en realidad, para las partidas ordinarias de la enseñanza, ha habido este curso menos Presupuesto que el pasado. Como ya pasó en 2014-2015 y como volverá a suceder este nuevo curso, al prorrogarse el actual Presupuesto. Con ello, las autonomías y los centros tendrán que hacer malabarismos para aumentar profesores, mejorar su oferta y ofrecer más servicios. Un dato esclarecedor: en Cataluña habrá este nuevo curso 1.010 colegios en barracones, 14 más que el curso pasado…

Además de la penuria económica, a las autonomías, los centros, sus profesores y alumnos les preocupa  lo que va a pasar con la LOMCE, la Ley educativa aprobada en 2013 por el PP (en solitario) y que todos los demás grupos han prometido derogar si gobiernan. De momento, el gobierno en funciones del PP la sigue aplicando y el pasado 29 de julio, el Consejo de Ministros aprobó un real decreto para obligar a las autonomías a establecer, antes de finales de noviembre, las condiciones de las reválidas que han de hacer obligatoriamente (en junio próximo) los 700.000 alumnos de 4º de la ESO y 2º de Bachillerato. De entrada, 13 autonomías están en contra de hacer estas reválidas (12 no gobernadas por el PP más Castilla y León), que han sido también criticadas por el Consejo escolar del Estado, los profesores (el 80,7% las rechaza, según una encuesta hecha por la Universidad Autónoma de Madrid), los sindicatos (amenazan con movilizaciones este otoño) y varias asociaciones de padres. Todos creen que estas pruebas excluyen a los alumnos con problemas y no mejoran la enseñanza.

Pero el Gobierno en funciones insiste en obligar a las autonomías a que fijen ya las condiciones de estas reválidas, ya que serán ellas las que establezcan las preguntas y el calendario, lo que supondrá una disparidad en las pruebas entre regiones. La reválida de 4º de la ESO, que sólo se hace en 5 países europeos (Italia, Reino Unido, Portugal, Estonia y Malta), sería esta primera vez una prueba piloto, pero en el futuro, si se mantiene, sería un filtro obligado para pasar al Bachillerato (contaría un 30% en la nota final y el otro 70% la nota media de toda la ESO). La reválida de 2º de Bachillerato, que se hace también en 23 países europeos, será esta primera vez una prueba, sin contar como nota, pero será obligatoria para acceder a la Universidad, ya que sustituye al anterior examen de Selectividad. Y lo peor es que cada Universidad diseñará su prueba, con lo que puede haber desigualdad entre los alumnos según donde la hagan.

Esta “guerra” de las futuras reválidas inquieta a los centros, profesores, alumnos y familias, mientras el ministro de Educación en funciones insiste que la LOMCE es una Ley orgánica y “hay que cumplirla. Y amenaza incluso con tomar medidas contra las autonomías que no lo apliquen, como ya hicieron el curso pasado con la prueba al final de 6º de Primaria: 7 de cada 10 estudiantes no hicieron este examen, incluido en la LOMCE, y 7 autonomías acabaron denunciadas ante la alta inspección educativa (Cataluña, Andalucía, Aragón, Cantabria, Comunidad Valenciana, Extremadura y Baleares), con expedientes aún no resueltos. Ahora, todo va a depender de los pactos políticos y del futuro Gobierno. De que se confirme la LOMCE o de que se pacte una nueva Ley orgánica antes de junio próximo.

Otra novedad de este curso, impuesta por la LOMCE, es que se refuerzan Lengua, Matemáticas y Ciencias, mientras se dejan de lado las enseñanzas artísticas (música, dibujo y artes plásticas) y la filosofía. Por ejemplo, este nuevo curso deja de ser obligatoria en 2º de Bachillerato la Filosofía (sigue en 1º), lo que ha provocado una movilización de intelectuales y docentes que ha llevado a que 10 autonomías la sigan manteniendo como obligatoria en todas o en algunas especialidades, mientras no será obligatoria en otras 7 autonomías que no han “apostado” por la Filosofía (Galicia, Madrid, Castilla y León, País Vasco, Navarra, Canarias y la Comunidad Valenciana. Otra muestra de disparidad educativa entre autonomías.

Además de las materias a enseñar y la escasez de Presupuestos, los centros se enfrentan a buscar fórmulas para mejorar la calidad de la enseñanza, tras los recortes que han llevado a aumentar los alumnos por clase, reducir las clases de refuerzo y los desdobles y reducir la atención a la educación especial. Y hay que plantearse mejorar las plantillas de docentes (675.000), no sólo para recuperar los 33.684 perdidos sino para mejorar su situación laboral, lo que se traduciría en una mayor eficacia docente. De hecho, hay una gran precariedad laboral, con muchos interinos sin plaza (10.000 más que en 2009), con una plantilla de profesores muy envejecida y mal pagada: los recortes en los salarios brutos han sido, entre 2010 y 2016, de entre el 44% (maestros) y el 57% (profesores de secundaria y catedráticos), según un estudio de FETE-UGT. Y se mantienen grandes diferencias por regiones: el salario bruto de un maestro de primaria es mucho menor en Galicia (1.971 euros) que en el País Vasco (2.335 euros) y lo mismo en secundaria (2.231 euros en Galicia frente a 2.934 en Ceuta o Melilla).

Y mientras, los alumnos y sus familias ven cada año cómo les sube la factura del colegio o instituto, mientras han bajado las becas (hay 200 millones y 40.000 beneficiarios menos que en 2011) y las ayudas, para libros, comedor o transporte (de 126 a 46 millones de euros). Y lo peor es que becas y ayudas son cada vez más desiguales entre autonomías (ver listado). Para este curso, vuelven a subir los libros de texto (un 1,1%), el gasto de comedor y el transporte, así como las matrículas, uniformes y otros gastos. Actualmente, tener un hijo en edad escolar supone un gasto en septiembre de unos 600 euros, entre libros (de 200 a 400 euros), uniformes (200-300 euros), comedor (110 euros),  transporte (80-100 euros) y gastos de matrícula o abono mensual, que aunque se dice “voluntario” es realmente obligatorio en los centros concertados. Y luego, ese gasto se mantiene, con extraescolares, seguros, APAS y otros extras, en unos 250 euros mensuales por niño. No es extraño que el gasto educativo haya sido el único, junto al sanitario, que ha aumentado en las familias con la crisis, un 36,7% entre 2010 y 2016, según la Encuesta de Presupuestos familiares del INE.

Una educación polémica, desigual, sin medios, cara para las familias y que encima lleva al abandono escolar de uno de cada cinco alumnos: España es líder en Europa, con un 20% de jóvenes que dejan sus estudios, el doble que en la UE (11% de abandono escolar). Urge pues, otro curso más, afrontar este grave problema y mejorar un sistema educativo que además no prepara a los jóvenes para el trabajo, ya que casi la mitad (46,5%) está en paro. Por eso, desde la comunidad educativa se pide un Pacto educativo, un acuerdo que establezca unas normas para varias décadas, al margen de quien gobierne, y terminar con los vaivenes legislativos que nos han traído las 7 leyes educativas de la democracia. Todo el mundo habla de la necesidad del Pacto, pero los políticos son incapaces de firmarlo, por lo que muchos plantean que se geste primero entre la comunidad educativa, expertos y familias.

La base de cualquier Pacto educativo debería ser asegurar una financiación suficiente para la educación, al margen de Gobiernos y coyunturas. España gasta hoy un 4,2% de su riqueza (PIB) en educación, por debajo de la media europea, que es del 5 al 6% del PIB. Eso obligaría a gastar más, a recuperar primero los 7.500 millones perdidos desde  2009 y luego aumentar unos 10.000 millones más de gasto cada año. Y crear un fondo interno de homogeneización, para que no haya autonomías que gasten más y otras menos en educación. Después, hay que fortalecer las plantillas y los centros, con más recursos para educación infantil y la Formación Profesional, por la que hay que apostar decididamente, para ponernos a nivel europeo. Y en paralelo, revisar contenidos y formas de estudio, buscando una educación más práctica, más ligada a lo que demanda el futuro y las empresas, sin olvidar la importancia formativa de las enseñanzas artísticas y sociales. Y todo ello, con una mayor participación de centros, profesores, expertos y familias y una menor politización de la educación.

España tiene el doble de paro que Europa porque tenemos una estructura económica y empresarial menos competitiva pero también porque tenemos una peor educación, según los últimos datos de la OCDE (“Panorama de la educación 2014”): un 45% de los españoles adultos (25-64 años) tienen un nivel educativo bajo (sólo con la ESO acabada o ni siquiera), frente al 21% en Europa (UE-21) o el 24% de la OCDE (34 paises más desarrollados), y muy lejos de Suecia (12% de adultos poco formados), Alemania (14%), Finlandia (15%), Reino Unido (22%), Irlanda (25%) o Francia (27%). En el medio, también tenemos menos adultos con formación media (bachillerato y FP Básica): un 22% en España frente al 48% en Europa y el 44% en la OCDE. Y sin embargo, por arriba, estamos en cabeza de universitarios: un 32% en España frente al 29% en la UE y el 33% en la OCDE. Así nos va. Esto es algo que hay que arreglar a medio plazo, pero hay que empezar ya, con otra enseñanza. A ver si este es el último curso antes de un cambio educativo a fondo. Es uno de los grandes retos del país.

jueves, 22 de enero de 2015

Poco empleo y más parados (55% no cobran)


2014 ha sido el primer año que se ha creado empleo en España desde 2007. Una buenísima noticia, con tres “peros”: los nuevos empleos son todavía pocos (se ha frenado la creación de empleo al final del año y hemos recuperado menos empleos perdidos que otros países), son precarios (casi todos temporales y un tercio por horas) y muy vulnerables (la mitad sólo van a durar 5 años). En realidad, se está repartiendo el poco empleo que se crea, con varios contratos por cada puesto de trabajo. Y además, este escaso empleo no cubre el aumento de personas que buscan trabajo, con lo que el paro subió en el cuarto trimestre de 2014. Y hay 2 millones de parados que no tienen ofertas, por su edad (mayores de 45 años), su inexperiencia (jóvenes) o su baja formación. Y casi dos tercios de los parados llevan ya más de un año sin trabajar y más de la mitad sin cobrar nada. Urge crecer más para crear más empleo y mejorar la formación y los incentivos para que el empleo llegue a más parados.
 
enrique ortega

El año 2014 terminó para el empleo peor de lo que iba en primavera y verano: si en el primer trimestre se continuó destruyendo empleo (- 184.600 ocupados), en el segundo cambió radicalmente la tendencia (se crearon +402.400 empleos), que continuó en el tercer trimestre (+151.000 empleos), pero el empleo se desinfló en el cuarto trimestre, porque sólo se han creado otros +65.100 empleos, a pesar del tirón de las Navidades. En conjunto, 2014 se ha cerrado con una creación neta de 433.900 empleos, tras seis años seguidos de destrucción de empleo (2008-2013).

Una creación de empleo que es una gran noticia, pero su ritmo se ha reducido y todavía es poco, tanto por el gran número de parados (5,45 millones) como porque sólo se ha recuperado la séptima parte del empleo perdido con la crisis: un 16,2% de los 3.802.800 empleos perdidos desde septiembre de 2007. Somos el país europeo, junto a Grecia, que menos empleo perdido ha recuperado: Alemania ha creado ya el doble de lo perdido (1.961.900 frente a 855.300) y Reino Unido el triple (2.144.900 frente a 751.800), mientras Francia ha recuperado ya el 73,7% (447.500 creados frente a 606.800 perdidos), Irlanda el 31,5% (101.900 frente a 321.000), Italia el 27% (379.600 frente a 1.408.700 destruidos), Portugal el 19,3% (140.500 frente a 724.400) y Grecia el 9,2% (107.000 frente a 1.159.700).

Los nuevos empleos siguen concentrados en los servicios (+344.200 ocupados en 2014), debido al tirón del turismo y el comercio (rebajas) y entre los autónomos (+ 65.000 en 2014), porque muchos parados (sobre todo jóvenes) han cobrado el paro de una vez para montar un negocio. También se ha creado empleo en sanidad y educación, porque la Administración ha utilizado contratos temporales a interinos para cubrir las plazas de los despedidos (-163.206 funcionarios entre 2012 y julio 2014). Y se crea poco empleo en la industria (+98.000 en 2014) y la construcción (+40.000), mientras cae en el campo (-48.400). En todo 2014, de cada 100 nuevos empleos, 58 han ido a los hombres y 42 a las mujeres.

Otra pega al nuevo empleo creado en 2014: es muy precario. El 92% de los contratos firmados fueron temporales y sólo un 8% indefinidos, con lo que un 24,2 % de los asalariados  trabajan ya con un contrato temporal. Y el 35,3% fueron contratos a tiempo parcial, por meses, días e incluso por horas: un 40% de los nuevos empleos duran menos de un mes, un 16,5% entre 1 y 6 meses y sólo el 43,5% restante son por más de 6 meses. Con ello, un 16 % de todos los empleados tiene ya un contrato a tiempo parcial. Y no porque quieran trabajar menos: el 70% es porque no encuentra un empleo a tiempo completo y su jornada media es de 10 horas semanales. En conjunto, lo que está pasando es que hay mucha rotación, que los pocos empleos que hay se reparten mucho: en 2014 se firmaron 16,72 millones de contratos, para  415.700 nuevos empleos. Da 40 contratos por cada empleo.

Al ser contratos tan precarios (y mal pagados), son bastante vulnerables, en caso de que las empresas tengan algún apuro. De hecho, de cada 100 empleos generados durante la crisis, sólo 55 se han mantenido 5 años más tarde, según un informe del BBVA e Ivie. O sea, que casi la mitad (45%) de este empleo precario tiene poco futuro, frente a otros países, donde el nuevo empleo dura más (en Alemania, el 75% sobrevive a los 5 años y en Italia el 68%). Y en los autónomos, el 61% de los nuevos negocios no sobrevive a los cinco años.

Poco empleo, precario y muy vulnerable. Pero quizás lo peor es que no llega a la mitad de los parados, que no se aprovechan del cambio de tendencia. Por dos razones. Primera, porque casi dos de cada tres parados (61,5%) lleva más de un año sin  trabajar, 3.352.900 parados a finales de 2014 (de ellos, 2,38 millones llevan más de 2 años parados). Son parados de larga duración, siete veces más que al comienzo de la crisis (eran 500.000 en 2007). Y sus posibilidades de encontrar trabajo se rebajan al 6,7% (frente al 26,5% del resto), según un estudio de Asempleo. La mayoría son padres de familia de 30 a 44 años (40% del total), mayores de 45 años (35%), jóvenes e inmigrantes. Y su situación se agrava porque la mayoría de estos “parados con antigüedad” tienen poca formación: 2,3 millones no acabaron la educación secundaria, según el INE.

La otra razón es que hay pocas ofertas de empleo (una vacante por cada 102 parados, la tercera parte que en Europa)  y por eso, las empresas pueden elegir entre muchos candidatos, dejando fuera a más de la mitad de los parados. Así, los parados mayores de 55 años sólo reciben el 0,5% de las ofertas, los parados de 45 a 55 años el 6,1% y los jóvenes de 16 a 24 años el 7,71%, frente al 53,1% que reciben los de 25 a 34 años y el 32,52% de ofertas para los de 35-44 años, según el informe Infoempleo Adecco. O sea, que los parados de más de 45 años y los menores de 24 (suman el 45% de los parados) tienen muy pocas posibilidades de conseguir uno de los nuevos empleos. Y menos los que carecen de formación y experiencia.

Por ambas razones, la mitad de los parados tiene muy difícil aprovechar la mejora del empleo y más en Andalucía, Canarias, Castilla la Mancha y Comunidad Valenciana, las regiones con menos ofertas de empleo, según ese informe. Y menos los que buscan trabajo en construcción, agricultura o servicios, los sectores con menos ofertas. Al final, eso lleva a expertos, como el catedrático José Ramón Cuadrado o los economistas de Fedea, a afirmar que hay 2 millones de parados que tienen muy difícil volver a trabajar. Son los mayores de 45 años, muchas mujeres y jóvenes sin formación ni experiencia. Un drama.

El paro ha bajado en 2014 en 477.900 personas, aunque subió en el cuatro trimestre (+30.100), porque crecieron más las personas que buscaban trabajo que el empleo: es lo que va a pasar en el futuro. Todavía hay 5.457.700 parados, un 23,70 % de los españoles en edad de trabajar y más del doble que en Europa (10% de paro en 2014). Y hay tres datos preocupantes. Uno, que seis autonomías rondan o superan el 30% de paro: Andalucía (34,23%), Canarias (31,08%), Ceuta (32,46%), Melilla (29,52%), Extremadura (29,96%) y Castilla la Mancha (28,50%). Dos, que todavía hay 1.766.300 hogares donde todos sus miembros están en paro. Y la tercera, que más de la mitad de los parados no cobran nada: 2.995.371 parados, un 55% de los parados EPA. Y del 45% de parados que sí cobran (2.462.329 parados a finales de noviembre), sólo un 40% cobran una prestación contributiva (809,50 euros al mes, 52,70 euros menos que en 2012) y el 60% restante cobran un subsidio asistencial de 426 euros al mes. Subsidio que también cobrarán este año (sólo durante 6 meses) 354.860 parados de larga duración, sólo uno de cada 8 parados que no cobran nada.

Así que negro futuro para la mitad de los parados, que además no cobran. Por eso urge crear más empleo y mientras mejorar las ayudas a los parados, pero de verdad. Este año 2015, el Gobierno esperaba crear 348.000 nuevos empleos, según el Presupuesto 2015, aunque Rajoy habla ahora de crear entre 550.000 y 600.000 empleos en 2015. Una cifra “electoralista” (para redondear el millón de empleos con 2014), que contrasta con los 350.000 empleos que espera crear la patronal CEOE y mucho más con los 130.000 empleos que espera el FMI. En cualquier caso, son pocos para 5,  millones de parados y los jóvenes que se incorporan cada año a buscar trabajo. Por eso, los economistas de FEDEA dicen que, a este ritmo, harían falta 15 años para recuperar el empleo perdido. Y la OIT vaticina que para 2019, España todavía tendrá un 21,5% de paro, 4,8 millones de parados. Demasiados.

Urge pues, crecer más y crear más empleo. Para crecer más, hace falta reanimar el consumo (mejorando salarios y bajando impuestos a las rentas medias y bajas), reducir el endeudamiento privado (renegociando deuda e hipotecas), fomentar el crédito y la inversión privada y pública (aún a costa de reducir menos el déficit), fomentando la reindustrialización, la fusión de empresas (las grandes crean más empleo), la innovación, tecnología y educación. Y en paralelo, hay que mejorar el acceso de todos los parados a los nuevos empleos, con políticas de empleo más agresivas y con más recursos (España, el país con más paro de Europa junto a Grecia, sólo gasta 4.746 millones al año en políticas activas de empleo), más una reforma de verdad de los servicios de empleo (SEPE), que se centre en colocar a los que no contrata nadie: mayores de 45 años, mujeres y jóvenes sin experiencia.

Tienen que dejar de hacer triunfalismo y demagogia con el empleo. Se está creando empleo, sí, pero poco, precario y sin mucho futuro. Y la mitad de los parados ni lo “huelen”: ni encuentran trabajo ni lo van a encontrar, mientras no se les forme y se les ayude, incentivando su contratación. Y al ritmo que vamos, muchos se van a jubilar sin trabajar y otros, los jóvenes, van a tener que esperar aún mucho para colocarse. Por eso, urge crear mucho más empleo para mucha más gente. Debería ser el gran objetivo de 2015. No ganar las elecciones.