jueves, 23 de marzo de 2017

60 años UE: Europa debate su futuro


Este sábado 25 de marzo, los líderes europeos se reúnen en Roma para celebrar los 60 años del nacimiento de la Unión Europea y reflexionar sobre la Europa del siglo XXI, ya sin Reino Unido. Los grandes paises, con Alemania a la cabeza, apuestan por una “Europa a 2 velocidades”, donde algunos avancen más en Defensa, seguridad o inmigración mientras otros se queden rezagados. Es una mala salida. La receta debería sermás Europa”, más Presupuesto único, más unión bancaria, eurobonos y deuda compartida, más inversiones europeas y, sobre todo, políticas para crear más empleo y reducir el paro, la pobreza y la desigualdad, las grandes preocupaciones de los europeos y el origen de tantos populismos. Hay que avanzar hacia los Estados Unidos de Europa, para ser más fuertes y competitivos en un mundo globalizado, donde si los europeos no lo remediamos, el futuro será de Asia y América. Una Europa más fuerte, no varias Europas y volver al nacionalismo en cada país.
 
enrique ortega

Antes de afrontar el futuro de Europa, será útil echar un vistazo al pasado, a esos 60 años donde Europa ha ido creciendo, lentamente y con muchos problemas, desde los 6 miembros (Francia, Alemania, Italia, Bélgica, Holanda y Luxemburgo) que crearon la Comunidad Económica Europea (CEE) en 1957 a los 12 miembros de 1986 (con Reino Unido, Irlanda y Dinamarca, que entraron en 1973, más Grecia, España y Portugal), los 15 de 1995 (con Austria, Suecia y Finlandia), los  25 de 2004 (tras la entrada de 8 paises del Este, más Malta y Chipre) y los 28 de 2013 (tras la entrada de Rumanía y Bulgaria, en 2007, y de Croacia). Por el camino se creó en 1993 el mercado único (libre circulación de personas, mercancías, servicios y capitales) y en 1999 el euro, ahora con 19 países, la segunda moneda más usada del mundo, mientras se avanzaba menos en fiscalidad, unión bancaria, inmigración o Europa social.

Dos han sido los grandes logros de la Unión Europea en estos 60 años. El primero, asegurar la paz entre los europeos, tras dos Guerras mundiales y muchos siglos antes de conflictos armados. El segundo, una cierta riqueza y prosperidad. Europa salió de la II Guerra mundial exhausta (leer el excelente libro “Postguerra”, de Tony Judt), con 55 millones de muertos, la economía destruida y mucho hambre hasta mediados de los 50, pero en dos décadas se recompuso y a pesar de las crisis (años 70, 80, 90 y la actual), la Unión Europea es la segunda zona del mundo con mayor nivel de vida (29.500 euros per cápita), tras EEUU (51.000 euros per cápita).

Ahora, el Brexit, la salida de la UE de Reino Unido (que intentó ingresar tres veces, por el veto francés) y el cambio geopolítico mundial provocado por la llegada de Trump fuerzan a Europa a replantearse su futuro, aprovechando los 60 años del Tratado de Roma. Pero los problemas están ahí de antes: es la Gran Recesión de 2008 la que ha puesto a prueba la Unión Europea y la que ha desvelado claramente sus fallos, básicamente la falta de liderazgo político y económico para avanzar en el proceso de integración, que ha sido muy lento. Europa tiene una moneda común pero ha avanzado muy poco en otras políticas: fiscales, financieras, deuda, laborales, sociales, Defensa y Seguridad, medioambientales, migratorias, educativas, tecnológicas, digitales… Y con la crisis, se ha notado más esta “no unión”.

El mayor problema de la Unión Europea ha sido lo mal que han gestionado esta crisis sus líderes, los de Bruselas y los de los distintos paises, con Merkel a la cabeza. Hay un dato clave: en octubre de 2009, en el peor momento de esta crisis, Europa y EEUU tenían el mismo nivel de paro, el 10% (ver este gráfico). Y hoy, USA tiene el 4,8% de paro y la zona euro justo el doble, el 9,6%, según Eurostat. ¿Qué ha pasado, por qué el balance es tan diferente? Pues porque ambos continentes han aplicado recetas distintas. Estados Unidos básicamente tres: inyectar liquidez al sistema (bajando tipos, del 5,25% en 2007 al 0,25% en 2008, y comprando deuda), aprobar un enorme Plan de inversiones (800.000 millones de dólares en 2009) para reanimar la economía y bajar los impuestos. Mientras, Europa abandonó sus estímulos en 2010, forzó  recortes a los paises más débiles (Grecia, Portugal, Irlanda y España)  y bajó más lentamente los tipos de interés (en 2008, cuando USA los tenía en el 0,25%, aquí estaban en el 2,5%) para incluso subirlos después (en abril y julio de 2011, el BCE subió los tipos, del 1 al 1,50%), llevando a Europa a una segunda recesión, en 2012 (-0,7% PIB) y 2013 (-0,3%), mientras EEUU crecía ya desde 2010 (+2,5%).

Los líderes europeos, Bruselas y sobre todo Merkel y Alemania, se empecinaron en “ir contra corriente”, en frenar en 2010 las políticas de dinero barato y reactivación de la economía que aplicaron con éxito EEUU, Reino Unido, Japón, China, Brasil y muchos paises. Optaron por “el fundamentalismo del déficit”, la austeridad, que ha sido “un suicidio para Europa”, porque ha metido a muchos paises en un bucle siniestro: hacen recortes, recaudan menos, aumenta su déficit y su deuda, crecen menos, recaudan menos, tienen que hacer más recortes y así siguiendo. Es lo que ha pasado en Grecia, en Portugal y en España, países que tienen hoy más deuda que en 2010 y donde la austeridad se ha llevado por delante empleos y riqueza, agravando la pobreza y la desigualdad. Y todo con un objetivo, digámoslo claro: se recetaban recortes para asegurar que los paises tenían dinero para pagar los intereses de la deuda de los bancos alemanes y franceses, los más “pillados” por el exceso de deuda en la Europa del sur. Incluso las presiones de Merkel y Bruselas llevaron a Zapatero a cambiar la Constitución, en 2011, con apoyo de Rajoy, para asegurar que el pago de intereses de la deuda tiene prioridad sobre los demás gastos, pensiones incluidas. Inaudito pero cierto.

Esta política de recortes y austeridad podría haber roto el euro y Europa si no hubiera actuado “de bombero” el Banco Central Europeo, el BCE. En noviembre de 2011, con Europa al borde de la segunda recesión (2012 y 2013), Draghi accedió como presidente del BCE y empezó a bajar los tipos de interés, del 1,50% que los encontró al 0% en que los situó en marzo de 2016 y donde siguen ahora. Además, en julio de 2012 soltó a los mercados su famosa frase (“el BCE hará lo necesario para sostener el euro”), que ciertamente salvó la moneda europea y evitó el rescate de España (fue Draghi, no Rajoy), aunque no el rescate bancario. Y en 2013 volvió a calmar a los mercados, con bajadas de tipos y el anuncio de compras de deuda pública y privada, que empezaron en marzo de 2015 (7 años más tarde que en USA y Reino Unido)  y que han inyectado ya 1,4 billones de euros en la débil economía europea. Una inyección de dinero barato que mantendrá hasta 2018.

El BCE ha impedido que el euro y Europa se rompan, pero la economía europea languidece, a pesar de estar “dopada” por el BCE. “No vemos cimientos sólidos en el crecimiento actual”, acaba de decir de Europa la economista jefe de la OCDE. Y es que la zona euro creció un 1,7% en 2016 (1,9% la UE-28) y para 2017 se espera un menor crecimiento, del 1,5%, que será igual en Alemania y menor en Italia (+0,9%), Francia (+1,4%) y Reino Unido (+1%), con un +2,3% en España. Y con tan bajo crecimiento, el empleo crecerá poco (+1%) y el paro se mantendrá en el 9,6%, con casi 21 millones de europeos sin trabajo. Y mientras la economía no despega, hay ya 119 millones de pobres en Europa (un 23,7% de europeos viven con menos del 60% de los ingresos medios, según Eurostat) y ha aumentado la desigualdad, con un 20% de los jóvenes europeos sin trabajo, cuatro veces los de EEUU. Y así, con un continente estancado, que no crece y pierde peso en el comercio mundial (ha perdido cuota, del 42,7%en 2005 al 38% en 2016, según la OMC), con mucha deuda, mucho paro y demasiada pobreza y desigualdad, crece el populismo y los euroescépticos.

¿Qué se puede hacer? Los dirigentes de la Comisión Europea (la mayoría, como su presidente Juncker, culpables del estancamiento económico y político actual por su pésima gestión de la crisis) se han “sacado de la manga” un pretendido Libro Blanco que propone 5 soluciones de futuro resumibles en tres: seguir como estamos, avanzar en la integración o quedarse en un punto medio, ir a una Europa a 2 velocidades donde los paises que quieran avancen en algunos temas y los demás no. Una propuesta, la de una Europa a varias velocidades, que gusta a Alemania (siempre que sea ella quien mande) y que apoyan también Francia (Hollande se va en mayo), Italia (con un líder desconocido y elecciones pronto) y España, donde Rajoy ve la oportunidad de afianzarse en la política europea entre tanto líder caducado. Pero que no gusta a los paises del Este, porque temen quedar relegados frente a un "club de élites" (la centro Europa rica). De momento, lo que Merkel y Rajoy piensan es en avanzar en la Europa de defensa y Seguridad, gastar más en armamento para construir un esbozo de Ejército europeo ante las críticas de Trump. Pero no les preocupa avanzar en crecer más, en recortar el paro y la pobreza, en invertir más, en apostar por la tecnología y la competitividad, los grandes retos del futuro para Europa.

La Europa a 27 tiene hasta la Cumbre de diciembre de 2017, cuando pasen las elecciones en Francia (mayo) y Alemania (septiembre), para decidir entonces por dónde avanza sin Reino Unido y con Trump y la crisis internacional ensombreciendo el panorama. Todo apunta a que si gana Merkel, Alemania seguirá pilotando la futura UE, con el apoyo de Francia, Italia y España, pero sin querer afrontar los problemas de fondo, que exigen más Europa y no varias Europas, con un acuerdo entre distintos paises (no siempre los mismos) para afrontar cada problema.

El gran reto de la futura Unión Europea es unirse más, no dispersarse. Y eso pasa por aprobar un potente Presupuesto europeo, que tenga más fondos para sacar a Europa del letargo. Hoy día, el Presupuesto europeo es sólo el 1% del PIB de la UE, mientras en EEUU el Presupuesto federal es el 20% del PIB. Así que hay que conseguir más recursos para Europa, con mayor aportación de los paises y, sobre todo, con nuevos impuestos europeos, como la Tasa Tobin (sobre operaciones financieras) que han aprobado 11 paises y no se aplica, impuestos medioambientales, recargos sobre el IVA y más control fiscalmultinacionales, grandes empresas y los más ricos (que apenas pagan impuestos). Y luego, con más recursos, la futura UE podría gastar más en políticas de empleo y formación, en tecnología y en inversiones públicas, en reindustrialización y digitalización, en política social y en los jóvenes y las mujeres.

Además, la UE debería funcionar como una verdadera Unión y crear ya un Tesoro europeo que emitiera  deuda pública conjuntamente (eurobonos), para que los paises más endeudados y más pobres del sur pagaran menos intereses (Alemania pagaría más y por eso Merkel no quiere). También hay que avanzar en la Unión Bancaria, creando un Fondo europeo de Garantía de depósitos (Alemania tampoco quiere). Y en la Unión Fiscal, para que no suceda como ahora, que las empresas pagan en unos paises el 35% (Bélgica) y en otros el 12,5% (Irlanda). Y en la Europa de la energía, cuando Alemania se busca su gas en Rusia. Y en un seguro de paro europeo, así como prestaciones sociales a 27. Sin olvidar una política realista de inmigración, en vez de plantearse “echar a 1 millón de emigrantes ilegales”, al estilo Trump: Europa es un continente envejecido, el único que perderá población para 2050 (habrá 31 millones menos de europeos) y necesitará emigrantes a medio plazo.

El gran problema de Europa es que se ha quedado a medio camino en su unión y los grandes paises quieren retomar poder y competencias, para crear no una Europa sino varias, al menos tres: los paises ricos del norte, con Alemania y sus paises limítrofes, la retrasada Europa del sur y la más pobre Europa del Este, que no despega y teme quedarse relegada, mientras tienen allí cada vez más poder políticos antieuropeos, como los de Polonia o Hungría. Habría que recuperar el espíritu de los fundadores de Europa, avanzar en la Europa económica, política y social, que defiende la democracia real y la prosperidad, frente al autoritarismo y el populismo. Una Europa más competitiva y abierta, que gane en riqueza y empleo, para que 510 millones de personas no teman la “invasión” de emigrantes que se sumen a los 49 millones actuales. No es un reto fácil, porque Asia y América pelean por dominar el futuro. Pero Europa puede mantenerse, avanzando todos juntos, explotando el potencial de 27 paises, no buscando salvarse cada uno como pueda. Es la hora de unirse más, de avanzar, no de buscar atajos dispersando fuerzas. Más juntos y más Europa.

lunes, 20 de marzo de 2017

Las empresas ganan más que antes de la crisis


Tras 8 años de crisis, España y los españoles no han recuperado aún la producción y la renta  de antes de la crisis. Pero las empresas sí: en 2016 ganaron ya más dinero que en 2008, según el INE. Los beneficios de las empresas cotizadas aumentaron un 13,2% en 2016 y aumentarán otro 24,8% este año, mientras los sueldos suben un 1,1%. Con ello, las empresas han aumentado su trozo del pastel de la renta desde 2008, mientras los trabajadores tocan a menos. Ahora, cuando las empresas entran en su 4º año con beneficios, deberían aprovecharlos para cumplir 4 tareas claves: invertir, crear más empleo estable, pagar más impuestos (para reducir la pobreza y desigualdad)  y subir más los salarios (del 1,8 al 3%), para relanzar el consumo, el crecimiento y el empleo. Es bueno que las empresas ganen más, pero no puede ser a costa de empleo precario y trabajadores pobres. Hay que repartir mejor el crecimiento y los beneficios.
 
enrique ortega

España lleva tres años seguidos creciendo: un +3,2% en 2016 y 2015, tras subir el PIB un +1,4% en 2014. Pero antes, hemos sufrido cinco años de crisis, con bajadas de la producción y la renta en 2009 (-3,6%), 2010 (+0,01%), 2011 (-1%), 2012 (-2,9%) y 2013 (-1,7%). Y por eso, lo que España produjo el año pasado fue todavía menos de lo que producía en 2008, el último año “bueno” antes de estallar la crisis: la riqueza generada (PIB) en 2016 fue de 1.113.851 millones de euros, frente a 1.116.207 millones producidos en 2008. El ministro de Economía ha dicho que este primer trimestre de 2017, España recuperará la producción y el nivel de vida de 2008. Habrán sido 8 años largos de crisis.

Pero las empresas ya se recuperaron de la crisis en 2016, año en que ganaron por primera vez más que en 2008: 473.032 millones de euros de beneficios (excedentes empresariales) en 2016, frente a 465.182 millones en 2008, según la Contabilidad Nacional del INE. Sin embargo, los trabajadores todavía ganan un 6% menos que en 2008: la masa salarial (remuneración de los asalariados) alcanzó los 526.098 millones en 2016, frente a 559.777 millones de 2008. Y eso porque hay 2,2 millones menos de personas trabajando y los que tienen un empleo han visto bajar o subir muy poco sus salarios en esta crisis.

El resultado de que los beneficios empresariales vayan mejor que los salarios es que se ha producido un cambio en el reparto de la tarta de la renta, en el reparto de la riqueza que España genera. Así, si antes de la crisis, en 2008, los salarios se llevaban el 51,6% de la renta nacional, en 2015 se llevaron sólo un 47,8%, un 4% menos del pastel. Y mientras, los beneficios empresariales han pasado de llevarse el 42,82% de la renta en 2008 al 43,09% en 2015, según los últimos datos del INE, siendo el tercer trozo los impuestos, que también ganan en el reparto del pastel (del 8,8 al 9,23%). Y todo apunta, a falta que el INE publique los datos, que en 2016, los salarios habrán vuelto a perder en el reparto (hasta el 47,2%), a favor de los beneficios empresariales (que subirán al 43,3%).

Volviendo a los beneficios empresariales, 2016 fue el año de su mayor recuperación, con un 13% de mejora global de beneficios, según los datos de la Central de balances del Banco de España. Concretando ya en las 126 mayores empresas que cotizan en Bolsa, sus beneficios aumentaron un 13,32% en 2016, aunque las 35 grandes empresas del IBEX ganaron mucho más, un 65,78% más. ¿Por qué las empresas españolas llevan tres años aumentando sus beneficios, sobre todo en 2016? Básicamente, porque venden más, dentro y fuera de España, y porque han recortado mucho sus costes.

El motor del crecimiento en 2016 fue el consumo, el mayor gasto de las familias y la Administración (tras los recortes de 2012 a 2015). Hay 1,3 millones más de españoles trabajando que en 2013 y aunque sus contratos son muy precarios y sus sueldos bajos, eso se ha traducido en más consumo y más ventas para las empresas, sobre todo porque la inflación media anual ha sido negativa (ha caído) en 2014 (-0,2%), 2015 (-0,5%) y 2016 (-0,2%). Y las ventas no sólo han crecido dentro de España sino también fuera, porque estos últimos tres años han seguido aumentando las exportaciones, alcanzando un récord histórico de ventas fuera de España (254.530 millones en 2016), gracias sobre todo a que nuestras empresas han tirado los precios para competir y a la ayuda de un euro débil. En las grandes empresas, las 35 del IBEX, el negocio fuera de España ha sido clave para aumentar las ventas y beneficios: ya supone un 65,3% de sus ingresos totales (crecen sobre todo las ventas fuera de Europa, en Latinoamérica y Asia), frente al 34,7% del  negocio en España.

Pero si las empresas han ganado más no es sólo porque hayan vendido más sino, sobre todo, porque han recortado mucho sus costes entre 2013 y 2016. Empezando por sus costes salariales. A raíz de la reforma laboral de 2012, los costes laborales unitarios cayeron en 2013 (-0,5%) y 2014 (-0,4%), se estancaron en 2015 (+0,2%)  y apenas subieron en 2016 (+0,8%) ni subirán en 2017 y 2018 (+1,1%), según los datos de la Comisión Europea, siendo España el país que más ha sufrido la devaluación de los salarios estos años, tras Grecia, Portugal, Chipre e Irlanda, donde también cayeron los costes laborales.  Y el resultado es que los costes salariales reales (descontando la inflación) han sido negativos para las empresas, desde 2013 (-0,8%) hasta 2016 (-0,3%) y lo seguirán siendo en 2017 (-0,3% y 2018 (-0,4%), según el informe de febrero de la Comisión Europea.

Todo esto significa que las empresas han podido recomponer sus beneficios gracias a que han recortado los salarios reales de sus trabajadores. Y así, entre 2008 y 2014, el sueldo medio bruto de los españoles ha crecido sólo 81 euros al mes (de 21.883 a 22.858 euros anuales), según el INE. Un aumento del 4,4% que se ha comido con creces la inflación de estos años, del 15,2%, con lo que los trabajadores han perdido poder adquisitivo. Y las subidas de los convenios han sido mínimas. 0,53% en 2013, 0,57% en 2014, 0,48% en 2015 y 1,1% en 2016, el año en que los beneficios de las empresas cotizadas aumentaron un 13,32%. Y para 2017, la patronal CEOE defiende subidas salariales hasta el 1,5%.

Pero las empresas no sólo han recortado sus costes salariales, también sus costes financieros. Primero, porque han aprovechado su aumento de ventas y beneficios para devolver deuda, para “desendeudarse”: si en 2009 las empresas españolas debían 1.200.000 millones de euros, a finales de 2016 debían ya “solo” 915.743 millones de euros (82% del PIB, algo más que las empresas europeas). Y además, han pagado menos intereses por esta menor deuda, porque los tipos han bajado: si en 2012 pagaban por la deuda empresarial un 5,47%, en 2016 han pagado un 3,94%. El ahorro en intereses ha sido importante y un ejemplo puede ser Telefónica: si en 2012 pagaba 3.659 millones de gastos financieros, en 2016 ha pagado 2.219 millones, un tercio menos. Este ahorro financiero ha permitido aumentar los beneficios de muchas empresas, que además han conseguido también créditos más baratos: si en 2011, las empresas españolas pagan un 4% por la financiación bancaria, en 2016 pagaban menos del 2,4%, lo que supone un 40% de ahorro financiero.

Las empresas también han ahorrado estos años en costes energéticos y logísticos. Por un lado, ha bajado entre 2014 y 2016 el petróleo y con él el gasóleo y el transporte. Y también la electricidad, un coste básico en muchas empresas: entre 2013 y 2016, la tarifa eléctrica para uso industrial ha pasado de 1,101 euros por kilovatio a 0,086 euros, lo que supone una rebaja en la factura del 14,85%, según datos del Ministerio de Industria. Un ahorro importante para las empresas, aunque todavía paguen la luz un 30% más cara que en Europa.

En definitiva, que las empresas españolas llevan tres años mejorando sus beneficios gracias a la mejora de ventas, a la baja inflación y al recorte de muchos de sus costes, sobre todo los salarios. Ahora, la previsión es que, en 2017, las empresas aumenten aún más sus beneficios, un 24,3% las empresas del IBEX, según el consenso de mercado recogido por Factset. Y eso porque se espera que sigan creciendo el consumo y las ventas, aunque quizás menos que en 2016, porque la economía crecerá menos (entre el 2,3 y el 2,5%) y por los temores en la economía y el comercio internacional, ante la política de Trump y la incertidumbre política en Europa. También preocupa que suban los tipos de interés en Europa, ante las subidas en EEUU (la última fue el 15 de marzo), y que eso aumente el coste de la deuda y los créditos de las empresas. Y el petróleo y la luz ya están subiendo en los últimos meses, lo que también podría encarecer los costes energéticos y logísticos  de las empresas.

Por todo ello, no es seguro que la mayoría de las empresas puedan aumentar sus beneficios en 2017 y 2018, aunque las previsiones son optimistas. Pero pase lo que pase, ha llegado la hora de que las empresas asuman cuatro grandes retos, ahora que sus cuentas están más saneadas y han salido de la crisis: invertir más, crear más empleo estable, pagar más impuestos para recomponer las cuentas públicas y el estado del Bienestar y, sobre todo, subir más los salarios, tras cuatro años de sacrificios de los trabajadores.

Invertir más debía ser una de las prioridades de las empresas ahora que tienen beneficios. Y eso porque la inversión empresarial es uno de los principales motores del crecimiento y del empleo del país. Y aunque ha subido desde 2013, la inversión de las empresas en renovar sus instalaciones ha sido en 2016 de 78.489 millones, todavía  un 8% por debajo de la inversión empresarial hecha en 2008. Y muchas grandes empresas se dedican a repartir más dividendo entre sus accionistas o a hacer compras especulativas en vez de invertir parte de sus beneficios en modernizarse. Las empresas deberían aprovechar sus mayores beneficios para “fortalecer sus cimientos”, para invertir en innovación y tecnología, en digitalizar su actividad. Porque el gasto empresarial en I+D+i se ha reducido un 15% entre 2008 y 2015, según datos del INE, y hay 5.000 empresas que han dejado de investigar, un tercio de las 15.000 que lo hacían en 2008. Y en paralelo, las empresas españolas deben afrontar más decididamente el reto digital, porque están retrasadas respecto a las europeas, ocupando el puesto 17 en el ranking europeo de digitalización de empresas.

Otra prioridad de las empresas españolas, ahora que tienen más beneficios, debería ser crear más empleo, porque España tiene el doble de paro que Europa. La creación de empleo se ha ralentizado (de 433.900 empleos creados en 2014 a 525.100 en 2015 y 413.900 empleos en 2016) y este año se espera que sea aún menor : 370.162 empleos nuevos, según estima la Comisión Europea. Las empresas, aunque ganan más, tienen muchas reticencias a contratar y apuestan por tener “plantillas muy justas”, a las que fuerzan a hacer muchas horas extras: a finales de 2016 había 7.778.400 trabajadores (50,5% de los asalariados) haciendo horas extras, de media 5,48 millones a la semana, más de la mitad  sin cobrarlas. Eso evita crear 150.000 empleos nuevos. Y aunque para 2017 se espera que mejoren los beneficios empresariales, sólo el 45% de las empresas se plantean crear empleo este año: otro 35% no aumentará plantilla y un 20% la recortará, según la consultora KPMG.

Una tercera tarea de empresas que ganan más dinero debería ser pagar más impuestos. Con la crisis y, sobre todo, con la rebaja de impuestos que aprobó  a las empresas el Gobierno Zapatero en 2007, se ha derrumbado la recaudación de Hacienda con el impuesto de sociedades: de ingresarse 44.823 millones en 2007 se pasó a recaudar 16.611 millones en 2011. Y el Gobierno Rajoy, aunque aumentó la recaudación por sociedades hasta los 18.713 millones en 2014, les bajó el tipo a las empresas, al 28%, con la reforma fiscal de 2015. Al dispararse el déficit, se vio obligado a subir este impuesto 8.000 millones para 2017, año en que confía recaudar 25.099 millones, todavía casi la mitad que en 2007. Y eso porque las grandes empresas se benefician de múltiples bonificaciones y exenciones, con lo que pagaron sólo el 7,6% sobre sus beneficios en 2015, frente al 18% que pagan las pymes y el 21 % de media los demás contribuyentes. La patronal CEOE ha atacado duramente al Gobierno Rajoy por subirles este año los impuestos (“el discurso de Montoro con las empresas es más agresivo que el de Podemos”…, han dicho), pero el propio ministro de Hacienda les ha replicado que han subido los impuestos “para preservar la cohesión social”. Y así es. En un país con una de las mayores tasas de pobreza y desigualdad de Europa, es crucial que las empresas con beneficios paguen más impuestos para mejorar el Estado del Bienestar y corregir las desigualdades, para ayudar a los españoles que más han sufrido la crisis.

Y el cuarto reto de unas empresas con más beneficios es subir más los salarios a sus trabajadores, tras cuatro años de sacrificios, mejorando además la calidad del empleo, con más contratos estables y a jornada completa (que hoy son 1 de cada 20 nuevos contratos). Es inadmisible que la patronal CEOE no se siente a negociar con los sindicatos, que piden subidas del 1,8 al 3% para 2017, según sectores y empresas, un aumento bastante razonable para empresas que esperan ganar este año un 24,3% más. Subir más los salarios, a cambio de mejoras en la productividad, es una condición básica para que las empresas vendan más, porque sólo con sueldos más altos y contratos más estables se puede recuperar el consumo y las ventas en España, el verdadero motor del crecimiento y el empleo. Los empresarios españoles tienen que entender que no pueden seguir compitiendo a base de sueldos miserables y contratos basura, que no podemos aspirar a ser “la China de Europa”. Que tienen que invertir en renovar, modernizar y digitalizar su actividad, para competir en producto y calidad, no tirando precios y salarios y pagando pocos impuestos.

En resumen, es una buena noticia que las empresas ganen ya más que antes de la crisis, pero han de “compartir” sus beneficios con más inversión, más empleo, más salarios y más impuestos, para que esos mayores beneficios generen futuro y riqueza para todos, no solo para ellos. Si no lo hacen, que no se quejen luego de la mala imagen de los empresarios.

jueves, 16 de marzo de 2017

España, guerras comerciales y globalización


Malas noticias para el mundo: EEUU tuvo en enero el mayor “agujero” comercial de los últimos 5 años, por China y México, tras cerrar 2016 con un déficit de 502.000 millones de dólares, el mayor desde 2012. Son datos que alimentarán la retórica proteccionista de Trump y desatarán guerras comerciales. Pero EEUU no es un perdedor de la globalización: ha aumentado sus exportaciones y su cuota comercial desde 2005, aunque han ganado más China, México y Corea. Quien más ha perdido es Europa, sobre todo Francia, Reino Unido y Alemania. España es el único país europeo que mantiene su cuota comercial y el 6º país del mundo que más ha aumentado sus exportaciones, que cerraron 2016 con un récord histórico. La crisis ha forzado a nuestras empresas a vender más fuera, tirando precios y salarios. Pero ahora, con la tormenta que amenaza al comercio mundial, urge un Plan de apoyo a las exportaciones españolas, para que no retrocedan. Mucho crecimiento y empleo depende de ellas.
 
enrique ortega

La globalización es la nueva forma de organización del capitalismo en las tres últimas décadas y consiste en tomar el mundo como mercado, para producir y vender. El otro día compré en el súper un chuletón de carne polaca sacrificada en Dinamarca y envasada en Francia. Y cada día usamos un móvil hecho en China o un coche fabricado en Eslovaquia con piezas alemanas y componentes españoles. Esta globalización ha trastocado la economía y a los paises, con claros ganadores y perdedores. El país ganador con la globalización es China, la “fábrica del mundo”, que en 2005 era el tercer exportador mundial, por detrás de Alemania y EEUU, y que hoy es el primero, tras triplicar en estos 11 años sus exportaciones (de 762.050 a 2.180.000 millones de dólares). Y el gran perdedor, según los datos de la Organización Mundial del Comercio (OMC) ha sido Alemania, que en 2005 lideraba el ranking de paises exportadores y ahora está en tercer lugar, tras China y EEUU, después de aumentar poco sus ventas exteriores en esta década larga (de 969.960 a 1.338.000 millones de dólares).

Estados Unidos, por mucho que diga Trump, no es una “víctima” de la globalización, sino que también ha salido ganando: se mantiene el segundo en el ranking exportador mundial (como en 2005) y es el 2º país que ha ganado más cuota comercial desde 2005 (un +0,57%, hasta el 9,24%), tras China (+5,97% de cuota entre 2005 y 2016, con el 13,1% del comercio mundial), por delante de los otros tres únicos paises más que también han ganado cuota en estos once años : Corea (+0,41%), México (+0,33%) y Brasil (+0,06%), según la OMC. Eso sí,  las exportaciones USA han aumentado un 61,8% (entre 2005 y 2016), menos que las de China (+179,1%), México (+76%) y Corea (+ 74,8%), los tres paises que más han aumentado sus ventas exteriores en los últimos once años.

El gran perdedor de la globalización ha sido Japón, el 4º país en el ranking de exportadores, que se ha dejado un 1,66% de su cuota comercial (4,18% ahora). Pero a nivel de continentes, el gran perdedor ha sido Europa, que ha pasado de tener el 42,7% de las exportaciones mundiales (2005) al 38% (2016), mientras Asia era el único continente que ganaba un 7% de cuota comercial, perdiendo también cuota Latinoamérica (-0,3%) y Norteamérica (-0,1%), según los datos de la OMC. Y Europa ha perdido un 4,7% de cuota porque la han perdido sus cuatro mayores paises, Francia (-1,29%), Reino Unido (-1,18%), Alemania (-0,8%, con un 8,67% del comercio mundial) e Italia (-0,69%), que han perdido mercados mundiales en beneficio de China y otros paises emergentes.

En este contexto, España ha salido bien parada de la globalización: no ha perdido apenas cuota de mercado en el mundo (-0,03% entre 2005 y 2016), tenemos un 1,72% del comercio mundial (ocupamos el lugar 17 en el ranking de paises exportadores) y, sobre todo, somos el 6º país del mundo donde más han crecido las exportaciones desde 2005, un 49,3%, sólo por detrás de China (179,1%), México (+76,4%), Corea (+74,8%), EEUU (+61,8%) y Brasil (+60,4%), muy por delante del crecimiento que han tenido las exportaciones en Holanda (+39,2%), Alemania (+38,9%), Italia (+23,1%), Bélgica (+17,2%), Rusia (+14,2%), Canadá (+9,8%), Francia (+8,2%), Japón (+8,1%) y Reino Unido (+4,4%).

Así que Europa tiene un serio problema exportador, de competitividad frente al resto del mundo, del que se salva España, gracias al enorme esfuerzo hecho sobre todo desde 2012: entre 2000 y 2007, las exportaciones españolas crecieron menos que el comercio mundial (+4,7% frente al 7,4%), con lo que España perdió cuota comercial, pero entre 2012 y 2016, las exportaciones españolas han crecido más que las mundiales (+4,4% frente al 3%) y hemos ganado cuota en el mercado mundial, mientras la perdían Alemania y los principales paises europeos. Eso se debe a la crisis, que ha forzado a las empresas españolas a vender fuera al caer las ventas dentro, y sobre todo a que los exportadores han “tirado precios”, gracias a tres años de inflación negativa (2014 a 2016) y a una rebaja de salarios y costes financieros, además de la ayuda extra de un euro débil (desde 2015).

Gracias a estos factores, las exportaciones españolas cerraron 2016 con un récord histórico: 254.530 millones de euros de ventas exteriores, un 37,5% más que en 2007 (185.023 millones). Y en 2016, España aumentó sus exportaciones lo mismo que creció el comercio mundial (+1,7%), pero mucho más que Europa (-0,1%) y que la zona euro (+07%), que Alemania (+1,2%), Italia (+1,1%), Francia (-0,9%) y Reino Unido (-0,2), e incluso más que China (-6,4%), USA (-3,2%) o Japón (-7,4%), según los datos del Ministerio de Economía. Y este “tirón exportador” fue de gran ayuda para la economía, ya que aportó el 0,5% del 3,2% que creció el país en 2016. Y para muchas grandes empresas, como las del IBEX, las ventas fuera de España suponen ya dos tercios de sus ingresos (y de su empleo).

Pero ahora, de cara a 2017 y 2018, la “euforia exportadorade España choca con dos duras realidades externas. Una, que el comercio mundial ha “pinchado” y crece por debajo de la economía mundial, en 2016 y también este año 2017, donde la OMC espera un aumento del comercio mundial del 1,8 al 3%, que probablemente será realmente menor. Y la otra gran incertidumbre  es Trump y su amenaza de guerras comerciales con China y México, además del recorte de todas las compras norteamericanas al exterior. El riesgo de una “tormenta comercial” en el mundo es grande y más tras publicarse hace unos días que el déficit comercial de enero en EEUU ha sido de 44.300 millones de dólares, el mayor “agujero comercial” norteamericano desde marzo de 2012, provocado por el aumento del déficit con México (+22%) y China (+12,5%), las dos “bestias negras” de Trump. EEUU ya cerró 2016 con un déficit comercial de -502.000 millones de dólares, el mayor de los últimos 5 años, un 60% debido al déficit comercial con China (-300.000 millones de dólares). Y Trump ya ha dicho que el abultado déficit comercial es “un riesgo para la seguridad nacional”.

Ahora, tras salirse EEUU del Tratado Comercial del Pacífico (TPP), denunciar el Tratado comercial con Canadá y México (NAFTA) y paralizar el Tratado comercial con Europa (TTIP), Trump quiere recortar las importaciones norteamericanas, poniendo aranceles (impuestos) y trabas a las exportaciones chinas, mexicanas, latinoamericanas, asiáticas y europeas, lo que provocará una nefasta ola de proteccionismo que frenará aún más el comercio mundial. Y forzará a China a querer vender más en Europa, ya que lo tiene más difícil en USA. Todo ello en un momento en que exportar es más difícil, porque sube la inflación en España (más que en Europa) y subirán los tipos y los costes energéticos y financieros, además de los salarios (tras cuatro años "devaluados"). Y también será un problema en 2017 el Brexit (Reino Unido es nuestro 4º mayor cliente y podemos perder exportaciones entre 500 y 1.000 millones de euros, según un informe del Gobierno español) y el estancamiento económico y la incertidumbre política de Europa, con un pequeño crecimiento en Francia, Italia y Portugal, tres paises donde van el 30% de las exportaciones españolas.

Por todo ello, España debería aprobar un Plan de apoyo a las exportaciones, para ayudar a las empresas a vender fuera ahora que será más difícil. Y ese Plan de choque debería centrarse en tres frentes: diversificar productos a exportar, diversificar paises donde vender y ampliar el número de empresas y regiones exportadoras, junto a medidas de apoyo financiero (faltan créditos y avales para exportar), ayudas institucionales (más gasto en promoción exterior y Ferias) y mejor asesoramiento (consultoría y Oficinas comerciales).

El primer gran reto para reforzar la exportación española es diversificar lo que vendemos fuera. Hoy, las tres cuartas partes de lo que exportamos (el 78%) se concentra en 4 sectores, de los que somos tremendamente dependientes: bienes de equipo, maquinaria (29,3% del total), automóviles (17,7%), alimentos (16,9%) y productos químicos (14,1%). Basta con que una multinacional del automóvil decida recortar su producción o haya heladas y se estropeen las cosechas para que pinchen seriamente nuestras exportaciones. Y además, la mayoría de lo que exporta España son productos de tecnología baja (alimentos, ropa y calzado) y media (plásticos, metales y automóviles) y sólo un 10% de lo exportado tiene un alto contenido tecnológico, los productos donde hay más demanda mundial. Y así resulta que exportamos productos de menos valor, donde competimos en precio, no en tecnología y calidad.

El segundo reto es diversificar también los paises a los que vendemos, porque estamos demasiado centrados en Europa: supuso el 72% de las exportaciones en 2016 (un 66,3 en la UE-28 y un 51,8% en la zona euro). Y eso supone que las exportaciones españolas están concentradas en los mercados que crecen menos y no en los que crecen más, que son los mercados asiáticos y americanos. Las exportaciones españolas a Asia son un 6,1% del total (frente al 10% en Alemania y Francia) y también son bajas las exportaciones a Latinoamérica (5,3% del total), Oriente Medio (3,3%) o África (6,4%), las zonas con más potencial futuro.

El tercer reto es ampliar las empresas y regiones españolas que exportan. Ya ha habido un gran avance, al alcanzarse las 148.794 empresas que exportaron en 2016 (un 46,7% más que en 2008), pero sólo la tercera parte de ellas exportan con regularidad (49.792 empresas). Y de ellas, son sólo 5.000 empresas las que exportan casi todo (el 87,5% del total). Así que la gran mayoría de las 3,2 millones de empresas españolas no exportan ni tienen esta “vía de escape” cuando las ventas interiores no dan más de sí. Además, la exportación está demasiado concentrada en 5 regiones españolas, que acaparan dos tercios de las ventas exteriores: Cataluña (24,7%), Andalucía (11,7%), Madrid (11,5%), Comunidad Valenciana (10,9%) y País Vasco (8,4%). En las 12 autonomías restantes, la exportación ayuda muy poco al crecimiento y el empleo.

En resumen, España ha salido bien parada de la globalización y exporta con más fuerza que muchos paises europeos, pero todavía tiene mucho que hacer, porque exportamos casi la mitad que Italia (con una economía similar) y la cuarta parte (en relación al PIB) que Bélgica, Holanda, República Checa, Eslovaquia, Eslovenia o Hungría, economías muchos menores. Así que no caigamos en un “falso triunfalismo exportador. Y más cuando el mundo está preocupado por la caída del comercio mundial y las amenazas proteccionistas de Trump, que serán muy negativas para todos. Hay que pactar un Plan de apoyo a las exportaciones, con medios, para no retroceder y ganar mercados, un factor clave para crecer más y crear más empleo en España. Y para eso, no basta con tirar precios y salarios como hasta ahora, intentar ser “la China de Europa”, sino modernizar la economía y las empresas, industrializar más el país, innovar y gastar en tecnología y digitalización, para ofrecer productos y servicios más competitivos, de más valor y calidad. Mejorar el “made in Spain”.