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jueves, 20 de marzo de 2025

Alcohol y menores: una Ley urgente

La semana pasada, el Gobierno aprobó una Ley para prevenir el consumo de alcohol en menores, el 4º intento en este siglo. Los datos son escalofriantes: el 56,6% de los menores han bebido en el último mes. Incluso 1 de cada 3 niños de 12 a 14 años han bebido alguna vez. El alcohol, una “droga” según la OMS, nos hace daño a todos (15.000 muertes anuales), pero mucho más a los jóvenes: daña su cerebro, que no se acaba de formar hasta los 23 años. Y más porque muchos jóvenes combinan el alcohol con tabaco, marihuana y cocaína. Hasta ahora, las autonomías controlan (poco) el consumo y los botellones (generalizados). Ahora, esta Ley estatal prohibirá el consumo a los menores, la venta y publicidad y creará programas de prevención y rehabilitación. Si la aprueba el Parlamento, será un gran avance. Pero faltan campañas globales contra el alcohol (socialmente aceptado) y duplicar sus impuestos, los más bajos de Europa. No podemos seguir siendo la reserva alcohólicade Occidente.

               Botellones de jóvenes en toda España

El consumo de alcohol es “una epidemia silenciosa” en todo el mundo, donde hay más de 2.000 millones de personas que lo consumen habitualmente, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), para quien el alcohol es “una droga” adictiva que causa numerosas enfermedades ( más de 200) y 2,6 millones de muertes anuales (15.000 en España). Del total de bebedores en el mundo, 400.000 personas (el 7% de la población mayor de 15 años) viven con trastornos graves de salud por consumo excesivo de alcohol. Y, según la OMS, el consumo afecta de forma más preocupante a los jóvenes de entre 20 y 39 años, que integran el grupo con más muertes por consumo excesivo de alcohol (el 13% del total).

Europa es el continente con mayor consumo de alcohol, según los datos (2019) de la OMS: el 62% de los europeos consumieron alcohol en el último año (frente al 43,8% de media en el mundo, el 60% en América, el 28% en el sudeste asiático, el 29% en Africa y el 4% en oriente Medio). Y los europeos consumimos 14,7 litros de alcohol al año por persona, por delante de América (12,5 litros). En cabeza del consumo per cápita están Rumania (17 litros por habitante), Georgia (14,3), República Checa (13,3), Letonia (13,1) y Alemania (12,2), seguidas a cierta distancia por Irlanda (11,7 litros), Polonia (11,6), Francia (11,3) y España (10,9 litros por habitante), que ocupa el lugar 16º en el ranking de consumo. Pero, en cambio, España ocupa el 2º lugar en el ranking europeo de adultos que consumen alcohol diariamente: lo hacen el 13,5%, sólo por detrás del 21,4% en Portugal y por encima de Italia (12,4%), Francia (10,4%) o Alemania (7,8%), según Eurostat.

En 2024, dos de cada tres españoles adultos (15 a 64 años) habían bebido alcohol en el último mes (un 63,5%), un porcentaje similar al de los que bebían en 1997 (64%), según el Estudio EDADES que elabora Sanidad. Y un 10,5% reconocen que beben alcohol diariamente (15,4% de los hombres y 5,7% de las mujeres). El mayor problema ya no es sólo que el consumo de alcohol sea habitual, sino que es elevado entre los jóvenes, que cada vez empiezan antes a beber alcohol: ahora se inician a los 16,4 años  (15,9 los chicos y 16,9 las chicas), cuando era a los 16,8 años en 1997. El estudio EDADES refleja que dos de cada tres jóvenes (el 63,5%) habían bebido alcohol en el último mes.

Y lo peor: un 9% de los más jóvenes (15-24 años) se ha emborrachado en el último mes (y el 7,5% de los que tienen entre 25 y 34 años), sobre todo en la mitad norte de España, Murcia y las islas. Y se han dado “un atracón” de alcohol (más de 5 bebidas en 2 horas, la mayoría cerveza y combinados de botellón) el 18% de los jóvenes de 15 a 19 años y el 24% de los jóvenes de 20 a 24 años (el 27% de los chicos de esa edad y el 20% de las chicas). Y un tercio de los jóvenes de 15 a 24 años hacen “botellón”. Cuando se les pregunta a los jóvenes por qué beben alcohol, el 52,8% contesta que “porque es divertido y anima las fiestas”, el 35,1% porque “les gusta cómo se sienten después de beber “, el 14% porque creen que “es saludable” y otro 13,6% “para no sentirse excluido y encajar mejor”.

Pero si este consumo de alcohol entre los jóvenes es preocupante, lo son más los datos de consumo entre los menores de edad, reflejados en Estudes 2023: 3 de cada 4 menores (de 14 a 18 años) han bebido alcohol en el último año, el 56,6% lo han bebido en el último mes y un 28% lo han hecho en modo “atracón” (5 bebidas en 2 horas). Y todavía peor: 1 de cada 3 niños de 12 y 13 años han bebido alguna vez alcohol, según Estudes 2023. Los médicos ya han alertado que cada vez hay más ingresos en urgencias de menores y jóvenes, por intoxicación etílica. De hecho, en Castilla y León ingresaron 110 jóvenes en urgencias por alcohol en 2022 y de ellos, 20 eran menores de 14 años. Y en Madrid, ingresaron en urgencias por alcohol 1.936 jóvenes en 2023, el 8,3% de ellos menores de edad…

El alcohol es un grave problema de salud pública en Occidente, según la OMS, para quien el  consumo excesivo de alcohol está detrás de más de 200 enfermedades y de muchos accidentes y traumatismos. Consideran probado que el consumo excesivo causa o agrava muchas enfermedades hepáticas, otras infecciosas (tuberculosis y VIH), enfermedades cardiovasculares, distintos tipos de cáncer (hígado, mama, esófago, colorrectal, cabeza y cuello), trastornos de salud mental y comportamiento (depresión, ansiedad, trastornos alimentarios), así como accidentes de tráfico (en un tercio de muertes hay alcohol por medio) y problemas laborales, sociales y económicos. En España, se tratan unos 25.000 pacientes al año por alcoholismo, pero algún experto asegura que el problema es mucho más grave y que “hay 1 millón de españoles que abusan del alcohol”.

Pero si el alcohol es “una droga” social, que provoca enfermedades y muertes entre los que lo consumen en exceso, es aún más peligroso para los menores y los jóvenes. La razón, según los médicos, es que la formación del sistema nervioso central tarda tiempo en los humanos y el cerebro de un joven no se termina de formar hasta los 21 o 23 años:  el alcohol en edades tempranas afecta a su “córtex cervical” y deteriora sus neuronas y su capacidad cognitiva, dañando sus capacidades (son “más torpes”). Además, les afecta también más al corazón, generando “cardiopatías” en edades tempranas. Y este daño mental y físico se agrava si los jóvenes consumen también drogas junto al alcohol, en especial marihuana, cocaína o éxtasis. De hecho, el consumo del alcohol “desinhibe” y “normaliza” el uso de otras drogas (y también tabaco), dañando más la salud de los jóvenes. Una cuestión preocupante porque un tercio de los jóvenes reconocen “policonsumo de 2 o 3 sustancias (alcohol, marihuana y cocaína) en el último mes.

Cada cierto tiempo, el elevado consumo de alcohol entre los jóvenes salta a la actualidad y el Gobierno de turno se plantea “tomar medidas”. En este siglo, ha habido 3 intentos “fallidos”. El primero, en 2002, con el Gobierno Aznar, cuando su ministro Rajoy (Interior) presentó un proyecto de Ley para frenar el consumo de alcohol entre los jóvenes, Se aprobó, pero la normativa concreta, vigilancia y control quedó en manos de las autonomías (17 estrategias diferentes y poco eficaces). La segunda, en 2007, cuando el Gobierno Zapatero retiró una Ley para reducir el consumo de alcohol “para evitar que fuera un instrumento de confrontación electoral”. Y la tercera, en 2018, cuando la moción de censura y la caída del Gobierno Rajoy impidieron aprobar una Ley ya pactada contra el botellón y el consumo de alcohol entre los jóvenes. Ahora, el Gobierno Sánchez hace el 4º intento, con la aprobación (Consejo de ministros 13 marzo) de la Ley de prevención del consumo de alcohol en menores.

Esta Ley, presentada tras 7 meses de consultas y alegaciones, tiene tres puntos básicos. Uno, que prohíbe el consumo de alcohol a menores de 18 años, algo que ahora sólo está regulado en la mitad de autonomías (es ilegal su venta, pero no su consumo). Significa que ahora habrá (si se aprueba la Ley en el Parlamento) una prohibición estatal al consumo, con fuertes multas a los infractores y que habilita a las fuerzas de seguridad a hacer controles para hacer cumplir esta prohibición. El 2º cambio es que no se podrá vender alcohol (ni a adultos) en centros educativos (salvo Universidades) o de ocio que tengan como público mayoritario a menores de edad. Y el 3º, que se restringe aún más la publicidad del alcohol: prohibida en la vía pública y en locales (terrazas, mesas, toldos…) próximos (150 metros) a colegios y lugares donde haya menores, así como la publicidad y el patrocino de las bebidas “00 alcohol” (Tanqueray 00 ha sido patrocinador del Atlético de Madrid…), salvo la cerveza y el vino 00.

Otra novedad de la Ley es que incluye programas de prevención y rehabilitación para los menores que consumen alcohol (y sus familias), incluyendo un protocolo para los hospitales que detecten intoxicación etílica en menores (tendrán que informar de ello y podría incluirse en la historia clínica del menor), algo que ahora no se hace. Y también contempla la Ley programas de concienciación sobre los peligros del alcohol para incluirlos en el sistema educativo, desde el colegio hasta la Universidad. Pero hay una pega: la Ley no contempla recursos ni inversiones para poner en marcha estas medidas, que se tendrán que aplicar “sin aumentar el gasto sanitario y educativo”, para no enfrentarse a las autonomías…

Los médicos y expertos ven un gran avance en esta Ley, si finalmente se consigue aprobar en el Parlamento, algo que el Gobierno Sánchez espera, porque está basada en un informe aprobado por unanimidad de todos los partidos en abril de 2018, en la Comisión Mixta Congreso-Senado, informe que era la base de la Ley de 2018 que cayó por la moción de censura (pero ojo: la polarización podría bloquear ahora la Ley). Pero critican que se ha quedado corta en varios puntos. Por un lado, mantiene lo del “consumo responsable”, que es una falacia (se mantiene por exigencia de las normas europeas), y no se obliga a incluir mensajes de advertencia claros sobre los daños a la salud en las botellas (como se hace con el tabaco). Además, no queda claro cómo se controlará la publicidad en Internet y los influencers (algunos de ellos reiteran las “ventajas” del alcohol). Y, sobre todo, no se suben los impuestos al alcohol, la medida básica propuesta por la OMS.

Y la realidad es que España tiene los impuestos al alcohol más bajos de Europa, lo que es un gran aliciente para el consumo. En el caso de bebidas con 40% alcohol, el impuesto medio en la UE-28 era (en 2021) de 5,13 euros por botella (700 ml), el doble que en España (2,69 euros por botella), el 6º país por la cola en impuestos al alcohol (sólo menos que Chipre, Hungría, Croacia, Rumanía y Bulgaria), la quinta o sexta parte del impuesto que paga el alcohol en Finlandia (14,10 euros por botella), Suecia (13,80), Irlanda (11,92), Reino Unido (9,05). Y muy por debajo también del impuesto en Bélgica (8,38 euros por botella), Grecia (6,86), Francia (5,05), Paises Bajos (4,72), Portugal (3,88),  Alemania (3,65) e Italia (2,90). En el caso de la cerveza , la media europea son 0,14 euros de impuestos (por botella 330 ml) y en España son 0,03 euros (como Alemania), lejos de los o,63 euros de Finlandia y los 0,13 de Francia. Y también en el vino, España cobra el mínimo impuesto europeo permitido.

Los expertos que asesoraron a Hacienda para elaborar una reforma fiscal (pendiente) ya apostaron por subir el impuesto al alcohol, la cerveza y el vino, no sólo para frenar el consumo sino para aumentar la recaudación: España recaudaría 1.000 millones de euros más al año si gravara el alcohol con la media de impuestos que tiene en Europa. Un dinero que permitiría gastar más en prevención y tratamientos, porque apenas hay unidades de tratamiento del alcoholismo en los hospitales públicos. Y esta “adicción” apenas se trata en los Centros de Salud, porque faltan protocolos y porque la mayoría de pacientes afectados no reconocen que beben demasiado, porque supone “un estigma social”.

En resumen, que tenemos un problema de salud pública, el consumo excesivo de alcohol, algo que está “normalizado” socialmente y que provoca o agrava numerosas enfermedades y muertes. Pero el problema más grave lo tenemos con los jóvenes, que beben cada vez antes y de forma acelerada, con miles de botellones en toda España y cada vez más accidentes o visitas a urgencias. Urge aprobar cuanto antes la Ley para que haya una misma regulación en toda España, pero hay que ser firme en aplicarla y dotar de recursos a las autonomías para que hagan políticas de prevención y rehabilitación, sin dejarse presionar por la industria de las bebidas, los hosteleros y los publicitarios. Y tenemos que subir los impuestos al alcohol, para que España no siga siendo el destino turístico preferido de los bebedores europeos. También necesitamos campañas públicas para que los jóvenes y el resto entendamos que se puede disfrutar sin emborracharse.  

jueves, 4 de octubre de 2018

Drogas: España, en cabeza del consumo europeo


Cada día son más los conductores pillados por conducir drogados. Y basta acudir a conciertos o fiestas populares para oler la marihuana o ver cómo se consume cocaína impunemente. España es una de las puertas de entrada de la droga en Europa: el país líder en incautaciones de cannabis, el 2º en alijos de cocaína y el 3º en heroína y pastillas.  Y los españoles son los segundos consumidores europeos de cocaína, los cuartos de marihuana y los quintos de éxtasis y anfetaminas. Los españoles ya gastan más en drogas que en alcohol, según el INE.Y las drogas  crecen entre los más jóvenes: el 12% de los menores españoles (14-18 años) ha consumido cannabis el último año y el 1,1% cocaína. Hay que tomarse en serio esta lacra, que causa graves problemas familiares, sanitarios y sociales, aumentando el gasto en prevención y tratamiento, de los más bajos de Europa. Un Pacto contra las drogas, entre familias, colegios, empresas  y toda la sociedad.

enrique ortega

Europa se ha convertido en la última década en un gran mercado para toda la droga que se mueve por el mundo. Y además, en los últimos años, una parte de la droga que se consume se produce en el continente, desde plantas de cannabis a nuevas drogas sintéticas que se fabrican en el centro y este de Europa. Y junto a los mercados físicos, la venta directa, está aumentando la venta online, a través de  la Internet oscura”, con nuevas redes que canalizan la venta por Internet de nuevas drogas y opiáceos sintéticos muy peligrosos. Se estima que el negocio de las drogas mueve en Europa unos 32.000 millones de euros, según Interpol (con datos de 2013): 9.300 millones de euros el cannabis (38%), 7.000 millones  las pastillas de MDMA (éxtasis y estimulantes sintéticos, el 22% del mercado), 6.800 millones la heroína (21%) y 5.700 millones la cocaína (18%), repartiéndose el 10% restante las nuevas drogas.

La mayor parte de esta droga entra en Europa por tres grandes rutas. La primera, la que llega de Asia a través de Turquía y los Balcanes, por el Este de Europa. La segunda, la vía que conecta Latinoamérica y los grandes puertos del centro y sur de Europa. Y la tercera, la vía del norte de África, a través de Marruecos, Libia y España.  Y una muestra de la pujanza de estas rutas es que crecen año tras año las incautaciones, más de 1 millón en 2016, según las últimas estadísticas publicadas en 2018 por el Observatorio Europeo de Drogas (EMCDDA). El 71% (763.000 incautaciones) son aprehensiones de cannabis (40% hierba, 29% resina de hachís y 2% plantas), el 9% cocaína y crack (98.000), 5% anfetaminas (34.000), 4% heroína (38.000), 3% MDMA (pastillas) y un 8% todas las demás drogas.

España es líder en incautaciones de cannabis (158.810 de hierba y 169.538 de resina, 548 toneladas en 2016), según el Informe de Drogas 2018 del EMCDDA, por delante de Francia (31.736 incautaciones de hierba y 77.466 de resina, 71 toneladas), Reino Unido (103.695 incautaciones de hierba y 12.093 de resina, 18,8 toneladas) y Turquía (35.848 incautaciones, pero con 156 toneladas).  En cocaína, España es también líder en incautaciones (41,531 en 2016) pero 2º en cantidad decomisada (15,6 Tm), tras Bélgica (30,3 Tm) y por delante de Reino Unido (5,7 Tm). En heroína decomisada, España ocupa el tercer lugar europeo en incautaciones (7.205) y cantidad decomisada  (253 kg), muy por detrás de Reino Unido (11.075 decomisos y 844 kg) y Francia (4.312 decomisos y 1.085 kg), aunque el líder es Turquía (8.179 decomisos y 5.585 kilos incautados). En MDMA (pastillas), España es el 2º país europeo en incautaciones (3.486 y 394.211 comprimidos), por detrás de Dinamarca (4.015 y 2,2 millones de pastillas), aunque el líder vuelve a ser Turquía (3,7 millones pastillas incautadas).Y en anfetaminas, España ocupa el tercer lugar en incautaciones (5.004), tras Alemania y Finlandia y el 5º en cantidad incautada (520 kg), tras Turquía (3.631 kg), Reino Unido (1.356), Alemania (1.533) y Polonia (961 kilos).

En conjunto, España batió en 2017 el récord de incautaciones de drogas, con 477 Tm. aprehendidas, un 28% más que en 2016, el 80% en Andalucía (49% en Algeciras y zona de Cádiz), según la Memoria de la Fiscalía General del Estado. Han aumentado sobre todo las incautaciones de marihuana (+63%), especialmente las plantas de cannabis (más de 1 millón incautadas) y de cocaína (+162%). Y a la vista de las incautaciones récord hechas ya este año (sobre todo de cocaína y marihuana), 2018 será otro año récord.

A pesar de la creciente eficacia en los controles de fronteras, la mayor parte de la droga consigue entrar en Europa y cada vez se fabrica más dentro. Con ello, año tras año aumenta el consumo de drogas: 92 millones de europeos han probado alguna vez drogas ilegales (56 millones hombres y 36 millones mujeres), algo más del 25% de la población europea adulta, según el “Informe europeo sobre drogas 2018”, elaborado por el  EMCDDA. Son 21 millones más de los estimados por esta Agencia europea antes de la crisis: 71 millones de europeos adultos (un 22%) habían probado las drogas alguna vez en 2008.

La droga ilegal más consumida en Europa es el cannabis, que reconocen haber probado 87,6 millones de adultos europeos (15-64 años), un 26,3% de esa población, según el informe europeo 2018 del EMCDDA. El consumo medio es de 5,5 días a la semana y un 55% de los fumadores lo consume a diario (más del 60% en España), el 1% de los adultos europeos. España es el 4º país que más cannabis consume (el 31,5% de los adultos lo ha probado alguna vez), por detrás de Francia (41,4% lo han fumado), Dinamarca (38,4%) e Italia (33,1%). Si atendemos a los adultos jóvenes (15-34 años) que han consumido cannabis en el último año, son el 14,1% de los europeos. Siendo España el 4º consumidor (17,1% adultos jóvenes lo han fumado último año), tras Francia (21,5%), Italia (20,7%) y República Checa (19,4%). Lo preocupante es que España es el 2º país con más consumo de cannabis en jóvenes de 15 y 16 años: lo han fumado alguna vez el 31%, sólo por detrás de la República Checa (37%), a la par que Francia y muy por delante de Bulgaria (27%), Eslovaquia (26%), Estonia (25%), Polonia (24%), Holanda (22%), Reino Unido, Irlanda, Alemania o Italia (19%).

La segunda droga más consumida en Europa es la cocaína: la han probado alguna vez 17 millones de adultos europeos (15-64 años), el 5,1% de esa población. Y es más consumida en el sur y oeste de Europa, con Reino Unido (9,7% adultos la han probado) y España en cabeza (9,1%), seguidos de Irlanda (7,8%), Italia (6,8%) y Dinamarca (6,4%). Y en el último año, 2,3 millones de europeos jóvenes (15-34 años), el 1,9% de esa edad, siendo Reino Unido el país con más consumo  (3% de la población joven probó cocaína en el último año), seguido de Dinamarca (3,9%), Holanda (3,7%) y España (3%), con una media de consumo de 4,1 días por semana y a diario el 24% de los consumidores. Es muy preocupante el consumo de cocaína entre adolescentes (15 y 16 años), porque España está en tercer lugar europeo (el 3% la han probado alguna vez), sólo por detrás de Bulgaria (el 5%) y Polonia (el 4%) . Otro dato impactante: el análisis de los residuos de cocaína en las aguas residuales de 60 ciudades europeas revela que la ciudad con más consumo en 2016 fue Barcelona, por delante de Ámsterdam, Bruselas, París o Londres.

La tercera droga más consumida en Europa, según el estudio del EMCDDA 2018 es la llamada MDMA (3,4-metilendioxi-metanfetamina o éxtasis, normalmente en comprimidos aunque también en polvo o cristal), que han probado alguna vez 13,5 millones de europeos adultos, el 4,1% de la población de 15 a 64 años, siendo los paises líderes Holanda e Irlanda (9,2% la han probado), Reino Unido (9%), República Checa (7.1%), Hungría (4%) y España (3,6%). En el último año, han consumido MDMA un 1,8% de los europeos jóvenes (15-34 años), encabezados por Irlanda, Reino Unido y República Checa, pero con España bastante lejos (consumieron el 1,3%). Pero el consumo de pastillas empeora entre los adolescentes de 15 y 16 años: el 2% de los chicos españoles lo han probado alguna vez, sólo por detrás de la República Checa (5%), Irlanda (4%) y Reino Unido (3%). Y al analizar las aguas residuales, Barcelona vuelve a ser líder en residuos de consumo de MDMA.

La cuarta droga más consumida en Europa son las anfetaminas, un estimulante prohibido que han probado alguna vez 11,9 millones de europeos adultos  (15-64 años), el 3,6% de esa población, según el EMCDDA, siendo los países líderes Reino Unido (9,2%), Dinamarca (7%), Holanda (5,3%), Irlanda (4,1%) y España (3,6%). En el último año, el 1% de los europeos adultos de 15 a 34 años (1,2 millones) consumieron anfetaminas, el 34% a diario, ocupando España el 9º lugar de este ranking de consumo (el 1%), encabezado por Holanda (consumieron  el 3,6%), Estonia (2,5%), Finlandia (2,4%) y Croacia (2,3%). Eso sí, al analizar los residuos de esta droga en aguas residuales, destacan Barcelona y Valencia entre las ciudades europeas.

La quinta droga más consumida en Europa son los opioides, destacando entre ellos la heroína, aunque crece el consumo de opioides sintéticos (metadona, buprenorfina y fentanilos). Los han consumido alguna vez 1,3 millones de europeos adultos (15-64 años), el 0,4% de esa población y su consumo se concentra en Reino Unido (7,9/8,4 casos por 1.000 habitantes), Irlanda (6,1/7 casos), Austria (5,3/5,6), Malta (5,1/6) e Italia (4,6/5,9), quedando España en el lugar nº 14 de Europa (con 1,6/3 casos por 1000 habitantes). El problema de esta droga es que su consumo es muy frecuente (el 63% adictos consumen a diario), muy peligroso  y hay 117.000 europeos en tratamiento que han reincidido.

Al Observatorio europeo de Drogas (EMCDDA) le preocupa el aumento de las nuevas drogas sintéticas, que además se fabrican en laboratorios clandestinos en Europa (sobre todo en Holanda, Bélgica y República Checa), que importan componentes base de China y los envasan con diseño y marketing atractivos, sobre todo para jóvenes, con una creciente distribución a través de “la Internet oscura”. Sólo en 2017 se detectaron 670 nuevas sustancias psicoactivas en Europa, desde cannabinoides sintéticos a estimulantes, opioides, benzodiacepinas (contra la ansiedad, de las que se incautaron medio millón de comprimidos en 2016) y derivados del fentanilo (“escondidos” en vaporizadores nasales o jarabes). El consumo es todavía bajo pero las autoridades europeas alertan porque son drogas muy peligrosas y que se esconden bajo forma de medicamentos falsos en Internet.

El creciente consumo de drogas preocupa especialmente por los jóvenes, que acceden cada vez antes: en España, a los 15 años el cannabis y a los 15,2 años de media la cocaína y a los 14 años los hipnosedantes y alucinógenos sin receta, según el informe Estudes 2016 hecho entre adolescentes de 14 a 18 años. El 12% de los encuestados reconoce que ha fumado marihuana en el último año, el 1,1% que ha consumido cocaína, el 0,7% spice (cannabinoide sintético) y el 0,5% salvia o ketamina. Y quizás lo más preocupante: el 30% de estos jóvenes (14-18 años) han consumido más de una sustancia en el último mes ("policonsumo": alcohol, drogas o tabaco), o sea mezclan drogas y alcohol, un coctel muy dañino para su salud. Y lo peor: muchos jóvenes creen que "fumar un porro no hace daño". Pero no es así: el cannabis daña más el cerebro de los adolescentes que el alcohol, según un estudio recién publicado en The American Journal of Psychiatry.

Pero el problema de las drogas no está sólo en los jóvenes, aunque preocupe más: lo grave es que su consumo se ha extendido mucho en España. Un dato: en 2017, los españoles se gastaron 5.936 millones de euros en narcóticos, más que en alcohol (5.563 millones), según los últimos datos del INE, que lleva dos años evaluando el alcance económico del gasto en drogas en España, un 0,90% del gasto total de los hogares. Otro indicador claro del alza y generalización del consumo de drogas son los controles de tráfico: en 2016, más de 100.000 conductores dieron positivo en los controles de droga y alcohol y ahora Tráfico está más preocupado por la conducción con drogas (marihuana y cocaína) que por el alcohol. Y el 43% de los 589 conductores fallecidos en accidentes de tráfico analizados por el Instituto Nacional de Toxicología tenían presencia de alcohol, drogas o psicofármacos. Y lo mismo el 32% de los peatones muertos por accidente.

El consumo de drogas no sólo causa muertes (8.000 en Europa en 2016, según el informe del Observatorio Europeo EMCDDA, 390 de ellas en España), sino que provoca enfermedades (VIH y hepatitis graves) y trastornos en la salud, afectando muy negativamente al desarrollo psicosomático de los adolescentes y provocando un elevado gasto sanitario, económico y sobre todo social, al destruir a los drogadictos y sus familias. Frente a este auge del consumo, sobre el que apenas se habla, España es uno de los paises europeos que menos gasta en luchar contra las drogas, menos del 0,05% del PIB (menos de 583 millones al año), muy lejos del 0,2% del PIB que gasta Reino Unido ( 4.650 millones de euros anuales) o del 0.06-0,19% de gasto público en drogas que dedican Francia, Alemania, Italia y Holanda, según el último informe  del EMCDDA europeo. Hacen falta más recursos para campañas de prevención dirigidas a toda la población y especialmente a los jóvenes (colegios, Institutos y Universidades), reiterando los daños reales de las drogas que parecen “menos peligrosas”, como la cocaína o la marihuana (cada vez más potente, con más concentración de THC: un porro de hoy es como 5 porros del año 2.000, según los expertos). Y más recursos y medios para que la sanidad pública ayuda a prevenir el consumo y consiga un tratamiento temprano.

Tenemos una sociedad que ha salido de esta crisis (muchos todavía no notan la recuperación) con mucho estrés, mucha tensión y muchos problemas sin resolver. Y sin ver claro el futuro, sobre todo los jóvenes. Un terreno abonado para que aumente el consumo de drogas, la promesa de evadirnos de la realidad unas horas. Pero la realidad no cambia por eso y a cambio destrozamos nuestro cuerpo (más los adolescentes), nuestra mente y nuestro bolsillo. Es hora de afrontar el problema de las drogas, en Europa y España, como una "epidemia social". Sin paños calientes y con medios. Tenemos que ganar esta batalla.