En los últimos meses, crece la preocupación de los españoles por el deterioro de los servicios públicos, desde los cribados de cáncer de mama en Andalucía a las Universidades públicas en Madrid, los 32.704 ancianos que murieron en 2025 sin recibir las ayudas a la Dependencia o las familias vulnerables que no reciben el ingreso mínimo vital o las rentas mínimas (sin olvidar los transportes). Un deterioro que ha llevado al Foro de Davos a señalar que 1 de los 5 principales “riesgos” de España es “la insuficiencia de los servicios públicos” , junto a la polarización social, la escasez de talento y mano de obra especializada, la elevada deuda pública y la falta de oportunidades para los desempleados.
Cara a este 2026, no parece que las autonomías vayan a hacer un esfuerzo especial por gastar más en servicios públicos, a pesar de su deterioro. Un ejemplo es el gasto en sanidad, según los Presupuestos aprobados o prorrogados: el gasto por habitante será de 2.013 euros, sólo un +3,5% que en 2025. Y el País Vasco, Extremadura o Navarra gastarán entre 2.373 y 2.288 euros por habitante, un 50% más que el gasto sanitario de Madrid (1.537 euros/habitante), el tercero más bajo, tras Murcia (1.511 euros) y Cataluña (1.516 euros/habitante).
Y así, con esta imposibilidad política de llegar a
acuerdos para pactar una reforma fiscal y una reforma de la
financiación autonómica, los ciudadanos seguiremos sufriendo las consecuencias
de una financiación escasa y mal repartida de nuestros servicios públicos
esenciales. Y cada
vez tendremos más problemas en la sanidad, la educación, la Dependencia
o los servicios sociales, porque el deterioro se acumula y somos más habitantes.
Lo grave es que la incapacidad de los políticos para buscar acuerdos
perjudica nuestra vida diaria.

