Mostrando entradas con la etiqueta robots. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta robots. Mostrar todas las entradas

jueves, 19 de noviembre de 2020

Los robots nos quitarán la mitad del trabajo


La pandemia ha destruido ya 800.000 empleos en España, pero lo peor es que está acelerando la revolución tecnológica y la automatización del trabajo, con lo que se perderán muchos más a medio plazo. El Foro Económico Mundial  lanza una alerta: en 2025, casi la mitad del empleo existente (47%) será para las máquinas, que ahora sólo sustituyen un tercio de los empleos. Y los trabajos que queden, serán muy diferentes a los actuales, lo que obliga a preparar desde ya un reciclaje profesional de los trabajadores y renovar la educación de los jóvenes, priorizando la gestión de datos, la inteligencia artificial, los algoritmos, el Internet de las cosas y la automatización. Hay que apostar por la Ciencia y la digitalización, dos de los destinos de los Fondos europeos. No podemos perder el tren de esta 4ª revolución industrial, que va a trastocar el trabajo de todos. Hay que reciclarse como trabajadores, como empresas y como país. No podemos perder el futuro.

La revolución tecnológica es uno de los tres grandes retos del siglo XXI, junto al cambio climático y el envejecimiento de la población. Ahora estamos en los albores de la Cuarta Revolución Industrial (ver vídeo) que madurará a mediados de este siglo, basada en la combinación de máquinas y procesos digitales a través del Internet de las cosas. Es lo que se llama también Industria 4.0 (ver el clásico libro de Klaus Schwab). No se trata sólo de incorporar máquinas a los procesos productivos (los robots llevan ya décadas entre nosotros). Lo novedoso es combinar nuevas herramientas que están despuntando en los últimos años: procesos digitales, análisis de datos, sensores, tecnología digital, robots, comunicaciones, biotecnología, nanotecnología, drones, impresoras 4D, Internet de las cosas, redes y, sobre todo, inteligencia artificial (que las máquinas puedan “pensar” y comportarse como humanos y hasta mejor).Todo ello, interrelacionado, podría crear redes inteligentes que dirigirán los procesos y se controlarán a sí mismas, con una mínima intervención humana.

Puede parecer “ciencia ficción”, pero cada día se logran nuevos avances que demuestran que esta Cuarta Revolución Industrial (como las tres anteriores, en los siglos XVIII, XIX y XX) es imparable. Y va a revolucionar el empleo en todo el mundo. Ya en 2018, un informe de BBVA Research y la Universidad de Valencia (Ivie) advertía que están en riesgo el 36% de los empleos en España, casi 7 millones. El estudio señalaba los sectores más vulnerables a la sustitución de trabajadores por procesos digitales mecanizados: trabajos administrativos, ventas y servicios, transportes, agricultura, industria, comercio, hostelería, finanzas e inmobiliarias. Y los que menos empleo perderán son educación, sanidad, servicios sociales, energía, las TIC y las actividades científico-técnicas, además de la Administración pública. Y en cuanto a los trabajadores más vulnerables, el estudio señala los asalariados peor formados con tareas rutinarias y los que no dominan las nuevas tecnologías y el teletrabajo, junto a mujeres, inmigrantes y mayores de 55 años, más los que trabajan en pymes.

En 2019, un estudio de la OCDE incidía en este problema del empleo, advirtiendo que un 14% del empleo está en riesgo de automatizarse, sólo en los 36 paises de la organización, con una horquilla que va del 6% (Noruega) al 34% (Eslovaquia). Y ya nos alertaban de que España es uno de los paises que va a perder más empleo con la automatización, un 21,7%, siendo sólo superado en la OCDE por Grecia, Eslovenia y Eslovaquia. Y además de ese 14% de empleo que se perderá (21,7% en España), hay otro 32% del empleo en la OCDE (y un 32,2% en España)  que sufrirá “una transformación radical”. En definitiva,  la OCDE nos advertía que más de la mitad del empleo en España (53,9%) está en riesgo de desaparecer o cambiar drásticamente por la revolución tecnológica.

Y ahora, con la pandemia, estos riesgos se han agravado, porque los paises y las empresas han acelerado sus procesos de automatización y digitalización del trabajo, según destaca el estudio “The Future of Jobs Report 2020”, publicado en octubre por el Foro Económico Mundial. Según su Encuesta a 300 empresas de todo el mundo, el 50% de las compañías han acelerado la automatización del trabajo con el coronavirus y el 80% anuncian que van a ampliar la digitalización en sus procesos productivos. Y en España, aseguran, el cambio ha sido aún mayor: un 64,3% de las empresas han aumentado la automatización del trabajo con la pandemia y el 92,9% de los consultados van a acelerar la digitalización de sus procesos. Esto provocará, según el Foro, que “algunos trabajos perdidos en la pandemia no vuelvan a ofrecerse” y que los que se mantengan en el futuro “requieran nuevas habilidades y nuevas formas de trabajar”. Que “la futura normalidad” llegue con otro tipo de trabajos.

Esta aceleración de la automatización y digitalización, por la pandemia, trastocará el mapa del empleo en el mundo, según este prestigioso estudio del Foro Económico Mundial: en 2025, casi la mitad del empleo (47%) será para las máquinas y sólo el 53% para los humanos, que hoy tienen dos tercios del empleo (67%) frente a un tercio las máquinas (33%). Y además de cambiar el reparto del trabajo entre humanos y máquinas, se ralentizará la creación de empleo en 2025, porque el 43% de las empresas reducirán su plantilla, debido a la mayor incorporación de tecnología y digitalización en sus procesos de producción.

En conjunto, el Foro estima que 85 millones de trabajos actuales desaparecerán para 2025 y se crearán 97 millones de trabajos nuevos, que tendrán que adaptarse a una nueva “división del trabajo” entre humanos, máquinas y algoritmos. La previsión es que en esta próxima década (2021-2030), los nuevos empleos serán ocupaciones nuevas (trabajos que no existen hoy) o trabajos actuales que van a cambiar drásticamente, incorporando nuevas habilidades. El estudio señalalos empleos del mañana”: gestión de datos (“Big Data”), “Cloud Computing” (computación y servicios en la nube) y Comercio electrónico, Inteligencia Artificial, desarrollo y manejo de robots, gestión de algoritmos, economía ecológica, nuevas funciones de ingeniería y desarrollo de productos, destacando también los expertos en el Internet de las cosas, en “FinTech” (tecnología y finanzas), Project Managers (dirección de proyectos)  y trabajadores para montaje y fabricación.

Este informe sobre el futuro del empleo recalca que el 40% de las competencias que tienen hoy los trabajadores no valdrán dentro de unos años y casi todo el mundo tendrá que reciclarse y apostar por las 4 habilidades que serán las más demandadas en 2025: capacidad de resolución de problemas (pensamiento crítico e innovación, capacidad de análisis, iniciativa y originalidad), autogestión (aprendizaje activo e inteligencia emocional), trabajo en equipo (liderazgo e influencia social) y uso de la tecnología (control, programación y diseño tecnológico).  Esto forzará a más de la mitad de los trabajadores que logren mantener su empleo en 2025 a realizar cursos de formación y reciclaje, mientras un 75% de las empresas apostarán por su recualificación (hoy sólo el 42%).

Todo este cambio drástico en los empleos y la cualificación para mantenerlos provocará una mayor desigualdad laboral para 2025, según este informe del Foro Económico Mundial. Y eso, por dos impactos. Uno, el de la pandemia, que agravará la situación laboral de los trabajadores más precarios y menos formados. Y el otro, más preocupante, el impacto de las nuevas tecnologías, la automatización y la digitalización, que dejará atrás a los trabajadores más vulnerables, provocando incluso  migraciones laborales de unos paises a otros, hacia las regiones y ciudades líderes de la Economía 4.0: China y parte de Asia, Estados Unidos y nuevos paises emergentes (ya hoy, 9 de las 15 ciudades económicamente más importantes del mundo están en China y sólo 1 en Europa, Londres).

Un inciso sobre el “darwinismo tecnológico” que puede provocar esta Cuarta Revolución Industrial: en unos años, puede crecer el número de trabajadores tecnológicamente inadaptados, que sean sustituidos por máquinas y no consigan reciclarse. Será “la clase inútil”, como les llama Yavul Noah Harari (el autor del extraordinario libro “Sapiens”) en su segundo libro sobre el futuro de la humanidad, “Homo Deus”, donde anticipa el problema futuro de unas élites humanas (incluso mejoradas genéticamente y con aditamentos digitales incorporados) que dominarán sobre la gran masa de la población y las instituciones económicas y políticas. Y plantea una cuestión clave: qué ocurrirá con los humanos cuando manden los algoritmos y grandes redes inteligentes controlen la economía y nuestras vidas.

Mientras esto llega o no (la mayoría no lo veremos), resulta más importante y urgente afrontar lo más inmediato, esa pérdida de entre un tercio y la mitad de los actuales empleos en la próxima década, que será más dura en España, porque estamos “en el pelotón de cola” de la Industria 4.0, junto a Italia, Portugal, Polonia, Estonia, Croacia y Bulgaria, según un informe de la Comisión Europea. Y la OCDE critica que en España falten iniciativas de empresas punteras en economía digital, automatización e inteligencia artificial, por falta de apoyo público y de inversión privada (“capital riesgo”), como se da en EEUU, Asia y parte de Europa. Y además, el informe de BBVA Research e Ivie alerta sobre otra limitación: un tercio de los jóvenes españoles “no están preparados para los retos de la transformación digital”.

La pandemia nos ha hecho ver con más claridad lo vulnerables que somos ante el reto del teletrabajo y la digitalización. Y ahora, como señala el informe del Foro, va a acelerar los cambios en el mercado de trabajo, obligando al reciclaje de trabajadores y empresas. Eso exigiría crear una Comisión oficial para estudiar y preparar los cambios, como hizo el Reino Unido. Mientras, el Gobierno ha aprobado un Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, presentado en octubre, que pretende modernizar España, digitalizando la economía y apostando por la inteligencia artificial, la conectividad, la tecnología y la innovación, destinando a ello una quinta parte de los Fondos europeos en los próximos 4 años. Y en paralelo, el Gobierno envió al Congreso, en septiembre, la Estrategia española de Ciencia, Tecnología e Innovación, para duplicar en los próximos 7 años los recursos públicos y privados para la Ciencia (I+D+i), que pasarán del 1,2% sobre el PIB actual al 2,12% en 2027, en línea con el gasto europeo hoy  (2% del PIB).

Estos dos Planes son un principio para apostar por la digitalización y la innovación tecnológica que tanto necesitamos para afrontar el futuro. Pero hace falta mantener el esfuerzo y que, pasada la pandemia, las empresas y los Presupuestos sigan apostando por la revolución tecnológica y la Economía 4.0. Pero falta reciclar el país, adaptarnos todos a esa Cuarta Revolución Industrial. Y eso exige actuar en tres frentes. Primero, el educativo: hay que apostar por la Formación Profesional (FP) y reformar la enseñanza universitaria, para introducir los nuevos conocimientos en los planes de estudio y formar a los jóvenes para los empleos que se van a necesitar dentro de una década. Segundo, el frente laboral: hay que adaptar la legislación a los nuevos empleos, regulando los trabajos de las futuras plataformas de Internet y el aumento de la automatización (quizás, obligando a los robots a cotizar). Y en tercer lugar, hay que prepararse para ayudar a los que se queden atrás, a los “analfabetos tecnológicos”, con formación y reciclaje, sin olvidar subsidios a los no recuperables.

Si algo va a cambiar a fondo en pocos años será el trabajo: la mayoría de los futuros empleos no existen hoy y hay que tener capacidad para detectarlos y prepararse, cambiando a fondo la educación y la formación, la organización en las empresas y la adaptación a los cambios. No será fácil, pero hace falta que Gobiernos, patronal y sindicatos se anticipen y también el mundo educativo, los jóvenes y los trabajadores. El futuro asusta, pero más si no tratamos de anticiparnos: hay que reciclarse, como trabajadores, empresas y país. No podemos perder el tren de esta Cuarta Revolución Industrial, como perdimos las tres anteriores. Ahora tenemos la ventaja de no estar solos, de estar en el tren europeo, que intenta no quedarse atrás respecto a Asia y EEUU. Pongámonos a ello. Nos jugamos el futuro.

lunes, 30 de abril de 2018

Máquinas : 1 de cada 3 empleos peligran


Mañana es el 1º de mayo, un gran “puente” antes que una jornada reivindicativa, a pesar de que el trabajo es más escaso, precario y peor pagado que nunca. Y tampoco nos preocupa mucho el trabajo futuro, aunque podría ser peor: las máquinas inteligentes pueden quitar muchos trabajos que hoy hacen las personas. España es el 8º país que más empleos perderá con la Cuarta Revolución Industrial, hasta un 36% de los empleos actuales (casi 7 millones). Y no sólo se perderán empleos, sino que aumentará la precariedad de los menos formados, en beneficio de una minoría de trabajadores superpreparados, la élite de la digitalización. No vale con lamentarse ante las máquinas inteligentes, habría que prepararse, como hacen otros países: más formación, cambio drástico de la enseñanza, regulación de los nuevos empleos y redes y una mayor redistribución social, para que los que acaben al margen de esta revolución tecnológica no se queden “tirados”. Pero nuestros dirigentes están a otras cosas.


enrique ortega

Estamos en la antesala de “la Cuarta Revolución Industrial” (ver vídeo). La Primera revolución industrial se produjo a finales del siglo XVIII, entre 1768 y 1830, con la máquina de vapor y el ferrocarril, provocando el pánico entre los obreros que temían que los telares les quitaran su trabajo. La Segunda Revolución Industrial se produjo a finales del siglo XIX, a partir de 1881, con la introducción de la electricidad y el petróleo, seguida del telégrafo, el teléfono y la producción en cadena (1908). La Tercera Revolución Industrial se produjo a mediados del siglo XX, a finales de la década de los 50 y en los 60 y 70, con la llegada de la electrónica, la informática y las telecomunicaciones.  Y ahora estamos en los albores de la Cuarta Revolución Industrial, que madurará a mediados de este siglo XXI, basada en la combinación de máquinas y procesos digitales a través del Internet de las cosas.

Es lo que también se llama Industria 4.0 (ver clásico libro de Klaus Schwab). No se trata sólo de incorporar máquinas a los procesos productivos (los robots llevan ya décadas entre nosotros).Lo novedoso es combinar nuevas herramientas que están despuntando en los últimos años: procesos digitales, análisis de datos, sensores, tecnología digital, robots, comunicaciones, nanotecnología, biotecnología, drones, impresoras 4D, Internet de las cosas, redes y, sobre todo, inteligencia artificial (que las máquinas puedan “pensar” y comportarse como humanos y hasta mejor). Todo ello, interrelacionado, podría crear redes inteligentes que dirigieran los procesos y se controlaran a sí mismas, con mínima participación humana.

Puede parecer “ciencia ficción”, pero cada día aparecen avances que muestran que esta Cuarta Revolución industrial avanza muy rápido y es imparable. Y por eso, ya hay numerosos estudios que alertan de su negativo efecto sobre el empleo del futuro. En enero de 2016, el Foro Económico Mundial publicaba en Davos su estudio “The Future of Jobs”, donde estimaba que, con la Cuarta Revolución Industrial, se perderían 5 millones de empleos en 15 países industrializados sólo para 2020. Y, lo más importante: que el 35% de los empleos y las competencias que se exigen iban a “cambiar de modo significativo” para 2020. Poco después, en junio de 2016, un estudio de la OCDE alertaba de que Occidente iba a perder “el 9% de sus empleos con la automatización”, revelando que España iba a ser el tercer país más afectado (11,8% empleos perdidos), tras Alemania y Austria (12%). Y hace poco, en abril de 2018, la misma OCDE estimaba que “se van a perder el 15% de los empleos actuales en diez años” (el 20% en España) y que un tercio de todos los empleos (el 32%) van a verse sometidos a “cambios considerables”.

Los cambios están ya ahí y se notarán mucho más para 2030, según todos los expertos. En un par de años, para 2020, la automatización digital se llevará por delante un 3% de los empleos en España (y entre el 1 y el 4% en el mundo), 570.000 puestos de trabajo, según un estudio de la consultora PwC “¿Robarán los robots nuestros empleos”?, publicado en febrero de 2018. Para 2025, la pérdida de empleo en España será del 21% (4 millones de empleos). Y para 2030, cuando la Cuarta Revolución Industrial esté más avanzada, se habrían perdido ya el 34% de los empleos (6,5 millones). El estudio, realizado en 27 países industrializados (incluidos Rusia y Singapur), señala que España será el 8º país más afectado por la automatización digital, por detrás de Eslovaquia (44% empleos en riesgo), Eslovenia y Lituania (42%), República Checa (40%), Italia (39%), EEUU (38%) y Alemania (37%). Y los que menos, los países del norte de Europa (22% Finlandia, 25% Suecia y Noruega, 30% Dinamarca), Rusia (25%), Singapur (26%), Japón (24%) y Corea del Sur (22% empleo en riesgo).

Los sectores que perderán más empleo, según este estudio de PwC, serán el transporte, la logística y la industria (entre el 42 y el 52%) y los que menos la educación (85), con la alimentación y la distribución en medio (-34% empleo). Y la pérdida de empleo con la automatización será mayor entre los hombres (39%) que entre las mujeres (28%), porque trabajan más en la educación, la sanidad y los servicios. Y perderán más el empleo los trabajadores poco formados (44% empleos en riesgo), menos los medio formados (-39% y poco los trabajadores con alta formación (-14%).

En marzo de 2018 se ha publicado el estudio más detallado sobre los efectos de la automatización en España, elaborado por BBVA Research y la Universidad de Valencia (Ivie), a partir de los datos de la EPA. Y la conclusión coincide con el informe de PwC: en España están en riesgo por la Cuarta Revolución Industrial el 36% de los empleos, casi 7 millones. El estudio señala los sectores más vulnerables a la sustitución de trabajadores por procesos digitales mecanizados: trabajos administrativos, ventas y servicios, transportes, agricultura, industria, comercio, hostelería, finanzas e inmobiliarias. Y los que menos empleo van a perder son la educación, la sanidad, los servicios sociales, la energía, las TIC y actividades científico-técnicas, además de la Administración pública. En cuanto a los trabajadores más vulnerables, este estudio señala los asalariados sin responsabilidad y con tareas rutinarias, los menos formados y los que peor dominan el teletrabajo y las nuevas tecnologías, salvándose mejor los más formados y los que tienen puestos de trabajo de responsabilidad. Todo esto será más importante que el sexo, la edad o el tipo de contrato, que también contarán: las mujeres saldrán mejor paradas, los jóvenes peor (hasta los 27 años) y también los mayores de 55 años, los que tienen contratos precarios y los inmigrantes, más los que trabajan en pymes.

Los distintos estudios son unánimes: la Cuarta Revolución Industrial provocará la pérdida de empleo, desde ya y más en 2030 y después. Pero también creará nuevos empleos, muchos todavía hoy inexistentes. El problema es que resulta difícil estimar cuántos nuevos empleos se van a crear con la economía 4.0 y qué empleos serán. El principal temor es que esta Cuarta Revolución Industrial va a un ritmo frenético y se pueden perder empleos con tal velocidad que no dé tiempo a reciclar a los trabajadores para que consigan otros. Dos ejemplos. Hace unas décadas se decía que las máquinas no iban a ser capaces de competir con los humanos. Pero en mayo de 1997, un ordenador, el Deep Blue de IBM, derrotó al campeón mundial de ajedrez Kasparov. Otro caso. En el año 2000, un estudio de la Universidad de Harvard citaba el automóvil como uno de los sectores que tardarían más en ser dirigidos por máquinas. Y sin embargo, el coche autónomo ya es casi una realidad.

Así que puede parecer que hay trabajos que “nunca” van a poder hacer las máquinas y luego resulte posible en muy poco tiempo. Y sobre todo, el ritmo de las investigaciones hace que sea difícil programar los trabajos del futuro en las Universidades de hoy, lo que hace muy vulnerables a los trabajadores actuales (que no saben cómo formarse), sobre todo a los jóvenes que van a trabajar en 2030. Eso sí, está claro que esta Cuarta Revolución Industrial va a exigir formarse en las carreras llamadas STEM (siglas de Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas, en inglés) más biotecnología, análisis de datos, programación y digitalización. Y que los trabajos del futuro requerirán una “formación permanente”.

La Cuarta Revolución Industrial no sólo va a provocar una pérdida de empleos actuales y la creación de otros nuevos, sino que va a aumentar las desigualdades entre los trabajadores, según los expertos. Porque habrá una mayoría de trabajadores poco formados, que harán trabajos poco especializados y en riesgo (mal pagados), y una minoría de trabajadores “superespecializados”, los que alimentarán a las máquinas y programarán los procesos digitales, que disfrutarán de los mejores empleos y salarios. Eso provocará además importantes migraciones laborales” hacia las regiones y ciudades que sean líderes de la Economía 4.0. Y podrían estar en una parte de EEUU y Asia, sobre todo en China: actualmente ya, 9 de las 15 ciudades económicamente más importantes del mundo están en China (en Europa, sólo Londres figura en este ranking).

Hay otro tema de fondo que provocará la Cuarta Revolución Industrial, el “darwinismo tecnológico”: quien no se adapte a las nuevas tecnologías, a los nuevos procesos, y quede fuera de las grandes redes que controlarán el mundo, quedará al margen laboral y socialmente. Si los humanos, durante miles de años, han sido necesarios para la economía y para la guerra, ahora, con las máquinas haciendo muchos de sus trabajos, “perderán valor”. Esa amplia masa de trabajadores que no se adapten será “la clase inútil”, como les llama Yavul Noah Harari, el autor del extraordinario libro “Sapiens”, en su segundo libro sobre el futuro, Homo Deus” (muy recomendable), donde plantea el problema de una futura sociedad donde unas élites humanas (incluso mejoradas genéticamente y con aditamentos digitales incorporados) podrían dominar sobre la gran masa de la población y las instituciones económicas y políticas. La cuestión que plantea es clave: qué ocurrirá con los humanos cuando manden los algoritmos y las grandes redes inteligentes (uno o varios Googles superpoderosos") controlen la economía, el mundo y nuestras vidas.

Mientras esto llega  o no (la mayoría no lo veremos), resulta más importante afrontar lo más inmediato, esa pérdida de un tercio del empleo en sólo 12 años. Hay países que llevan ya varios años preparándose, sobre todo Alemania, que trabaja en la Industria 4.0 desde 2011, con la colaboración del Gobierno y sus multinacionales. Y lo mismo Estados Unidos, Japón, Reino Unido, los países nórdicos, Corea del Sur, Singapur y China, que puso en marcha un plan para digitalizar sus industrias básicas ya en 2008. De hecho, los expertos de Google han advertido que China superará a EEUU en inteligencia artificial para 2025.

Entre tanto, España sigue con su retraso digital y sin invertir en Ciencia, a pesar de las advertencias internacionales. Un informe de la Comisión Europea sitúa a España en el pelotón de cola de la Industria 4.0, entre los países que llama “titubeantes”, junto a Italia, Portugal, Polonia, Estonia, Croacia y Bulgaria. Y la OCDE critica que falten iniciativas de empresas punteras en economía digital, en automatización e inteligencia artificial, por falta de apoyo público y de inversión privada (capital riesgo), como se da en USA, Asia y parte de Europa. Y además, añade el informe de BBVA Research e Ivie, un tercio de los jóvenes españoles “no están preparados para los retos de la transformación digital”.

España tiene que “ponerse las pilas” y sumarse a los países que afrontan los retos de la Cuarta Revolución Industrial”, para que sea una oportunidad de futuro no sólo un riesgo. Habría que crear una Comisión oficial, como ha hecho Theresa May en Reino Unido, para estudiar el futuro del trabajo y las medidas a tomar. Por un lado, aprobar un Plan de modernización digital con presupuesto y medios (no la inútil Agenda Digital aprobada en 2013), con participación pública y de las empresas privadas. Por otro, resulta clave actuar en tres frentes, como propone el informe de BBVA Research e Ivie. Uno, el educativo: reformar a fondo las enseñanzas universitarias, para enseñar los empleos del futuro, reformando toda la formación de parados y ocupados, para reciclarlos a fondo. Otro frente es la regulación del mercado laboral, para adaptarlo a un tipo de trabajo distinto, más flexible pero que debe ser regulado (caso de las plataformas de servicios hoy), asegurando derechos frente al todo poderoso mundo digital. Y el tercero, la protección social y la redistribución: muchos van a quedar por el camino y eso obliga a ayudarles desde el Estado (renta básica), que debe resolver el problema de recaudar más con menos empleos. Y eso plantea también un dilema a la supervivencia de las pensiones y el Estado del bienestar en el futuro.

El futuro asusta a cualquiera, pero más si no se prepara. No podemos ir contra las máquinas inteligentes, como los obreros no podían ir contra los telares y las cadenas de montaje. Hay que intentar sacar lo más positivo posible de la tecnología y que mejore el mundo y nuestras vidas, no lo destruya. Pero eso exige reciclarse, adaptarse, como personas y como país. Otros lo están empezando a hacer y España no. Corremos el riesgo de perder este tren y quedar en el pelotón de países de segunda fila, que no protagonicen el futuro. Pero también en esto, nuestros políticos están al margen. Y los sindicatos y la mayoría de empresas y trabajadores. Urge afrontarlo.   


lunes, 7 de agosto de 2017

Cuatro libros sobre el trasfondo de la crisis


En vacaciones tenemos más tiempo para leer y aquí traigo cuatro libros de interés, para conocer mejor qué hay detrás de esta larga crisis que ha cambiado drásticamente la economía y nuestras vidas. Uno explica a los jóvenes españoles (y a todos) qué ha pasado y por qué viven peor que sus padres. Otro profundiza sobre el capitalismo mundial, asentado en inversores y empresas que se hacen millonarios a costa de “secuestrar” las instituciones, los Gobiernos y hasta la Justicia. El tercero explica con datos y ejemplos concretos cómo las grandes empresas, la banca y los más poderosos controlan el poder político, legislativo, judicial y mediático en España. Y el cuarto nos habla de los robots, que avanzan imparables, desde el hogar a la medicina, las empresas y las guerras, y que nos van a quitar muchos empleos en pocos años. Cuatro libros serios, críticos, fáciles de leer y muy ilustrativos sobre lo que pasa. Que los disfruten y aprendan. ¡Felices vacaciones¡


                                                                         enrique ortega
 
Empecemos por el libro que habla de lo más cercano, la situación española hoy, centrada especialmente en los jóvenes: “Abuelo: ¿cómo habéis consentido esto?”, escrito por Joaquín Estefanía, un colega con el que he compartido varias décadas de periodismo económico. En el libro, el periodista intenta explicar a sus nietas porqué hoy muchos jóvenes españoles viven peor que sus padres (los llaman “la Generación Cangrejo”), aunque sea la generación más preparada de nuestra historia. Estefanía traza un mapa de la situación actual de los jóvenes en España, a los que califica de ser “los más perjudicados de la crisis”. Y para explicarles por qué hemos llegado hasta aquí, se remonta a los años 80 y 90, en Estados Unidos y Europa, y el auge del neoliberalismo y la desregulación, que redujeron el papel del Estado y favorecieron a unos mercados cada vez más poderosos y peligrosos.

Es interesante todo el análisis que Estefanía hace de esta crisis y sus orígenes en 2008, porque resume las causas y los culpables, con datos y muchas citas y anécdotas que nos ayudan a comprender por qué el mundo entró en la Gran Recesión, analizando la actitud de los dirigentes europeos y los errores de la austeridad impuesta por Bruselas. Precisamente, un interesante apartado lo dedica a Europa, para explicar los lectores jóvenes cómo se ha desvirtuado el inicial “espíritu europeo”. Y también incide en el papel clave de la globalización, denunciando que las multinacionales, el capital financiero y las élites económicas han “secuestrado” las instituciones en todo el mundo.

Una vez hecho el diagnóstico de cómo hemos llegado hasta aquí, el libro de Estefanía analiza los movimientos de contestación, desde Ocuppy Wall Street (USA) a los indignados y el movimiento del 15-M. Y el periodista  les lanza un mensaje claro a sus nietas y a los demás jóvenes: tienen que afrontar su destino, no pueden confiar en los políticos y las instituciones tradicionales, tienen que buscar soluciones ellos, porque existe un muro entre los jóvenes y el resto de la sociedad que han de saltar ellos, con sus diferentes tipos de organización y contestación, con sus propuestas, con su pelea política y social. Al final, no les da alternativas sino que les propone que las busquen ellos mismos, porque han quedado relegados del futuro y el poder político gobierna para una minoría poderosa, no para los jóvenes.

Una cosa más: Estefanía ha preparado una película documental para complementar este libro: “La Quinta Internacional”, dirigida por Gerardo Herrero, que podemos ver a principios de 2018. Quiere ser como el “Inside Job” (película documental sobre la crisis de 2008 que recibió el Oscar de 2011) español. No se la pierdan.

Visto el panorama en España, resulta muy interesante leer el segundo libro, que explica muchas claves del comportamiento del sistema capitalista en el mundo, tras la crisis: “La corrupción del capitalismo, escrito por el riguroso economista y profesor británico Guy Standing. Se trata de un análisis pormenorizado de cómo en el capitalismo actual los que prosperan son los inversores, rentistas, financieros y multinacionales que no crean riqueza sino que viven de las rentas e intereses, gracias a que controlan Gobiernos, instituciones y mercados, ayudados por la globalización, en perjuicio de la industria, los trabajadores y la clase media, cada vez más empobrecida. El gran mérito de este libro es que analiza el sistema capitalista en su conjunto, para que veamos cómo han ido ganando peso en las leyes y desregulaciones, en las rebajas de impuestos, en la captación de subvenciones, en la fijación de precios, en la falta de controles y cómo gracias a haber “secuestrado” las instituciones, desde los años 80 (Reagan y Thatcher) hasta hoy son más poderosos y más ricos.

No es un panfleto contra el capitalismo sino un análisis de cirujano de su forma de actuar, antes y después de esta crisis, y cómo han ido captando el Estado, los partidos, las instituciones, la Justicia  y los medios de comunicación para diseñar un sistema a su favor, que agrava la desigualdad y pone en peligro la misma democracia. Y es muy revelador el análisis que hace de la globalización y los nuevos tratados comerciales internacionales, que estudia con detalle para justificar que son la vía que siguen hoy las multinacionales y el capital financiero para aumentar su poder y relegar el de los paises y las leyes nacionales, con una progresiva “mercantilización de la política”. Muy recomendable el análisis que hace del  fallido  Tratado comercial UE-EEUU (el TTIP).

Impresiona este libro, porque está repleto de hechos y datos y porque nos ayuda a entender lo que pasa cada día, desde EEUU y Europa a España. Y, sobre todo, porque nos deja un cierto sentimiento de impotencia: ese 1% cada vez más poderoso y más rico, que controla lo que pasa al margen de los Gobierno y la política, en perjuicio del 99% de nosotros. Al final, el profesor Standing plantea que hay que lograr ”la eutanasia del rentista”, de estos poderosos, algo que sólo se puede lograr con la presión y contestación de la mayoría. Nada fácil.

Una vez leído este libro, conocí la existencia de un libro escrito en España por un colectivo de juristas y notarios  que venía a ahondar en el secuestro de las instituciones españolas por los más poderosos, la tesis de Standing pero analizada en España: Contra el capitalismo clientelar”, del colectivo Sansón Carrasco, uno de los libros revelación del año. Trata sobre las relaciones de los principales empresarios y banqueros españoles con el poder político, el legislativo y el judicial, con nombres y apellidos que todos conocemos. Y también con los medios de comunicación, algo que casi nadie nos cuenta (por razones obvias).

El libro es un análisis riguroso, repleto de datos, nombres y hechos contrastados que revelan los mecanismos por los que el poder económico y financiero influye y presiona a los órganos reguladores (CNMC, CNMV, Banco de España), a los Gobiernos, a los legisladores (detallan los procesos de cómo se hacen las leyes, muchas de ellas borradores que llegan hechas de consultoras y despachos de abogados), a las instituciones y, lo más escandaloso, a los Tribunales y la Justicia. Y explica la relación entre poder económico/financiero y altos cargos de la Administración, además de analizar exhaustivamente el fenómeno del trasvase de políticos a las empresas (las “puertas giratorias”, con 77 exministros y políticos en empresas del IBEX). Y todo el trabajo en España de los grupos de presión (los lobbies), aún sin regular.

Si todo el libro es esclarecedor, resulta especialmente interesante la parte dedicada a la banca y sus relaciones con el poder, los Gobiernos, los partidos y la Justicia, con numerosos ejemplos de comportamientos polémicos en temas como la crisis bancaria, la colocación de activos a particulares o los desahucios. Ahí se ve con hechos que los Gobiernos (Rajoy y antes ZP) han legislado siempre a su favor, en perjuicio de los particulares.

Al final, el colectivo Sansón y Carrasco, como antes el profesor Standing, desconfían que el capitalismo clientelar tenga solución por la vía de los partidos políticos o las instituciones, porque son rehenes de los poderosos, como la democracia. Y por eso sólo confían en que sean los particulares, los ciudadanos, los que corrijan estas corruptelas del sistema, primero conociéndolas y luego criticándolas y oponiéndose a ellas, como un  gran movimiento social. De entrada, este colectivo de juristas y notarios colaboran en esta tarea con una web en la que denuncian el capitalismo clientelar día a día: “Hay derecho?”. No se la pierdan.

Y vayamos al cuarto libro, que también analiza el trasfondo de lo que pasa desde una perspectiva tecnológica: “La imparable marcha de los robots”, del periodista y escritor Andrés Ortega (por cierto, nieto de Ortega y Gasset). Para mí ha sido un descubrimiento, porque creía que los robots eran algo del futuro, pero Ortega dedica una buena parte del libro a analizar los múltiples ámbitos en que los robots están ya presentes hoy, desde los hogares a la industria, la agricultura, las finanzas (más de la mitad de las operaciones de bolsa las hacen robots), la medicina, la educación, la música, el teatro, los automóviles, la pesca, la minería… y hasta la guerra: EEUU tiene más de 7.000 drones y ya hay robots de ataque que prefiguran como serán las guerras del futuro.

El libro plantea que los robots han aumentado con la globalización y han abierto una brecha entre los paises que más desarrollan los robots (Japón, EEUU, Alemania, China y Corea) y el resto, lo que va a cambiar la economía y la geopolítica en las dos próximas décadas, agravando la desigualdad entre paises, empresas e individuos, según su mayor o menor relación con los robots. El tema central es en qué medida las máquinas nos van a quitar trabajo y aquí el libro aporta numerosos estudios que indican que sí, que se perderán entre el 30 y el 60% de los empleos, al ser sustituidos por máquinas. Además, el libro plantea los dilemas éticos y morales del auge de los robots y sobre todo de la inteligencia artificial, que para algunos expertos (como Stephen Hawking o Bill Gates) es “más peligrosa que las armas nucleares”. Y por supuesto, los robots de combate autónomos, que muchos quieren prohibir.

Al final, Ortega cree que el avance de los robots será imparable y cambiará radicalmente nuestras vidas, pero no en medio siglo sino en los próximos 10 o 20 años. Y por ello plantea que los paises deberían plantearse ahora el problema, para buscar formas de compartir el futuro con  las máquinas. Y se queja de que en España ni los partidos ni el Gobierno ni nadie plantean este problema, que exigiría un Pacto social para afrontar ese inquietante futuro.

Bueno, espero que alguno de estos libros les interese, lo lean y  les ayude a entender mejor lo que pasa. ¡Felices vacaciones¡  Y hasta septiembre.