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miércoles, 4 de enero de 2023

Ayuntamientos retrasan restricciones a vehículos

Desde el 1 de enero, 149 grandes ciudades (donde viven más de la mitad de los españoles) deberían  aplicar restricciones a la circulación de vehículos por sus centros urbanos, para reducir la contaminación. Pero sólo lo han hecho 20 ciudades: los Ayuntamientos se excusan en que faltaba una norma, aprobada por el Gobierno en el último Consejo de 2022, aunque todos sabían que debían implantar restricciones desde mayo de 2020, cuando el Gobierno aprobó la Ley de Cambio Climático. La mayoría de ciudades dicen que aplicarán restricciones (impopulares) en la segunda mitad de 2023, cuando hayan pasado las elecciones municipales del 28 de mayo. Mientras, la contaminación avanza, causando 30.000 muertes anuales. Y el Tribunal Europeo ha condenado a España por superar desde 2010, en Madrid y Barcelona, los límites europeos de N02. Tenemos 6,6 millones de coches circulando sin etiqueta, un “peligro público” que hay que retirar, lo que exige más ayudas a la compra y puestos de recarga para cambiarlos por coches eléctricos. Nos jugamos la salud.

Enrique Ortega

La contaminación de las ciudades es un problema muy serio, que sufrimos pero cuya gravedad no valoramos suficiente. En 2020 y 2021, la calidad del aire mejoró en casi todos los sitios, por la menor movilidad con la pandemia, pero aún así, todos los españoles respiraban aire insalubre, según los topes de contaminación de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Y a pesar de la mejoría, en 2021, 5 millones de españoles y la cuarta parte del territorio respiraron aire contaminado por encima de los límites europeos (más laxos que los de la OMS). No sólo Madrid y Barcelona superaron los límites por óxido de nitrógeno, NOx, (el 70% causado por el tráfico), sino que también superaron los máximos europeos Granada, Pamplona y Mollet del Vallés. Y en el caso de contaminación por partículas (MP10), estaban incluso peor que Madrid y Barcelona, en 2021, ciudades como Marbella, la Coruña, Málaga y varios municipios canarios, según el Observatorio de Sostenibilidad.

El problema es que en 2022, con la vuelta a la movilidad, la contaminación volvió a dispararse. La contaminación por ozono (causada por vehículos, industrias, centrales termoeléctricas  y ganadería intensiva) se ha multiplicado por 10 hasta septiembre, según Ecologistas en Acción, impulsada por las olas de calor y la sequía, con lo que la mayoría de españoles (el 98% de la población y el 99,7% del territorio) están expuestos a esta contaminación que causa graves problemas respiratorios. Y todo apunta a que la contaminación por NO2 y partículas se agravó también en 2022, aumentando la mortalidad por la contaminación del aire, estimada para España en 30.000 muertes prematuras al año por la Agencia Europea del Medio Ambiente (AEMA), además de los costes laborales y sanitarios, estimados en 50.000 millones de euros anuales. Sin olvidar los problemas sanitarios de la contaminación acústica (el 80% provocada por los coches), a la que están expuestos 1 de cada 5 europeos, según la AEMA.

La última llamada de atención sobre la gravedad de la contaminación del aire en España la dio, el 22 de diciembre pasado, el Tribunal Europeo de Justicia, que condenó a España por superar de forma reiterada desde 2010 los límites fijados por la UE de NO2 en Madrid y Barcelona. La Comisión Europea abrió un expediente a España en 2015, pero lo dejó en suspenso en 2018, al anunciar ambas capitales Planes para reducir el tráfico en el centro de las ciudades. Pero en 2019, el alcalde Almeida ganó las elecciones y anunció que suspendería Madrid Central (sólo lo ha cambiado de nombre, ZBEM, con 185.000 euros de coste), lo que reactivó el expediente y provocó que Bruselas denunciara a España ante el Tribunal Europeo. Ahora, si ambas ciudades no reducen sus emisiones, la Comisión Europea podría apelar ante el Tribunal y solicitar multas. La condena del Tribunal europeo critica también la falta de Planes estatales contra la contaminación en España.

Los Planes contra la contaminación del aire en las ciudades se contemplaban en la Ley de Cambio Climático, aprobada por el Gobierno Sánchez en mayo de 2020 y en el Congreso en mayo de 2021, con la abstención del PP y el voto en contra de Vox. Allí ya se establecía que las ciudades de más de 50.000 habitantes (149 localidades en España, donde viven 25 millones de personas, el 53% de la población total) estaban “obligadas a contar con áreas de restricción al tráfico de los vehículos más contaminantes a partir del 1 de enero de 2023”. Pero han pasado casi 3 años y la mayoría de estos municipios no lo han hecho: sólo hay 20 ciudades que han estrenado 2023 con zonas de bajas emisiones (ZBE), 6 ciudades porque las tenían ya antes (Madrid, Barcelona, Pamplona, Hospitalet, San Cugat y Cornellá de Llobregat) y 14 más que las han implantado nuevas este año (Pontevedra, Sevilla, Córdoba, Algeciras, Burgos, Ciudad Real, Talavera, San Cristóbal de la Laguna, Melilla y los municipios madrileños de Fuenlabrada, Parla, Alcobendas, Coslada y Rivas).

Las restantes 129 ciudades han estrenado 2023 sin cumplir con la Ley de Cambio Climático, sin aprobar las zonas de bajas emisiones (ZBE) exigidas. Los Ayuntamientos, sobre todo los controlados por la derecha (recordemos que PP y Vox no apoyaron la Ley), se agarran a que no las han aprobado por culpa del Gobierno, porque estaban esperando “una norma estatal” para regular las ZBE. El Gobierno se defiende diciendo que los Ayuntamientos sabían desde hace casi 3 años (mayo 2020) que el 1 de enero de 2023 debían poner en marcha estas restricciones a los vehículos más contaminantes. Y que el 19 de noviembre de 2021, el Ministerio de Transición Ecológica y la Federación de Municipios (FEMP) presentaron una Guía para poner en marcha las restricciones al tráfico que exigía la Ley. Incluso, el Gobierno adjudicó el año pasado 1.500 millones de Fondos europeos para fomentar la movilidad sostenible, a las que se acogieron 62 ciudades para implantar esas zonas restringidas (ZBE).

Para el Gobierno, esas directrices eran suficientes, por lo que no pensaban aprobar ninguna norma más. Y criticaban que si la mayoría de Ayuntamientos no habían aprobado las ZBE a finales de 2022, era por pura ideología (“negacionismo”) o por no tomar medidas impopulares antes de las elecciones municipales del 28 de mayo. Pero el 27 de diciembre, en el último Consejo de Ministros del año, el Gobierno dio su brazo a torcer: aprobó un real Decreto para regular las zonas de bajas emisiones (ZBE), con una normativa homogénea para toda España. Lo que les ha llevado a hacerlo es dotar a los Ayuntamientos de una norma adicional que les de mayores garantías jurídicas frente a las denuncias de los particulares contra las ZBE, que han proliferado en Cataluña, donde han logrado el apoyo judicial. El texto de este Decreto, que concreta la creación de ZBE, se conoce desde el 1 de abril pasado, fecha en que salió a exposición pública, pero ha exigido cumplir el trámite administrativo hasta finales de diciembre, dando a los Ayuntamientos otra “excusa” para no felicitar el año a sus vecinos restringiéndoles el tráfico en el centro… Y entre que se aprueban ahora las normas municipales y se instalan las cámaras, ya será después del 28-M.

El Decreto ahora aprobado, como en su día la Ley contra el Cambio Climático, busca prohibir el acceso al centro de las ciudades de los vehículos más contaminantes (sin etiqueta o con etiqueta B), estableciendo unas Zonas de bajas emisiones (ZBE) donde se establecen restricciones de acceso (incluso peajes), circulación y aparcamiento, aunque las medidas concretas las deja el Decreto en manos de cada Ayuntamiento. También fija condiciones para establecer una red de puntos mínimos de recarga y los límites al ruido. Además, se establecen sanciones comunes para todas las ciudades, 200 euros de multa (más que ahora, donde oscilan entre 90 y 100 euros). Y además, se acuerda que estas zonas de tráfico restringido han de revisarse cada 4 años, para comprobar su eficacia.

Mientras la mayoría de los 149 ciudades afectadas preparan sus Planes (“sin prisa” hasta que pasen las elecciones), Madrid y Barcelona han estrenado 2023 con pocos cambios en la movilidad, a pesar de la condena europea.  En Madrid, el cambio que ha entrado en vigor el 1 de enero en las ZBE es mínimo: no podrán acceder al centro de la ciudad ni circular por la M-30 los vehículos sin etiqueta (gasolina antes de 2000 y diesel antes de 2006) que no estén “empadronados” en Madrid (que paguen el impuesto de circulación fuera), pero sí podrán hacerlo (hasta 2025) los vehículos sin etiqueta “madrileños” y también los 4.000 vehículos ligeros de reparto con etiqueta B (gasolina a partir 2000 y diesel a partir 2006), gracias a que el alcalde Almeida ha aceptado un año de prórroga para contentar a Vox. Eso sí, estas mínimas restricciones tardarán en aplicarse hasta abril, lo que van a tardar en instalarse y funcionar las 44 cámaras de control  (ahora lo hacen los agentes), con lo que, tras 2 meses de preaviso, las multas llegarán a los madrileños en junio, después de las elecciones. Además, se mantiene que los vehículos con etiqueta B sólo puedan acceder al centro si aparcan en parking público o con invitación de vecinos, lo mismo que los vehículos con etiqueta C que quieran acceder a la ZBEM (no podrán aparcar tampoco en la zona SER).

El Barcelona y su área metropolitana, los vehículos sin etiqueta no podrán acceder de 7 a 20 horas, como ya sucedía en 2022, aunque el 1 de enero se han ampliado las zonas restringidas. Los vehículos con etiqueta B si podrán acceder a la ZBE Rondas y circular por ellas, mientras Barcelona capital avanza en la peatonalización y ampliación del carril bici respecto a Madrid (ver aquí las diferentes políticas municipales contra la contaminación).

Aunque las restricciones al tráfico en las ciudades nos fastidien, son claves para reducir la contaminación del aire (que mata) y las emisiones que provocan el cambio climático. En 2021, el transporte por carretera fue el responsable de más de la cuarta parte de las emisiones de CO2 en España (el 27,6%, según el Ministerio). Y dentro del transporte, el vehículo privado genera el 60,6% de las emisiones (el 27,1% los camiones pesados, el 11,2% los vehículos ligeros y el 1,3% las motos), según la Agencia Europea de Medio Ambiente. Por eso, para reducir drásticamente las emisiones (-55% para 2030), la Unión Europea se ha fijado reducir las emisiones de los vehículos (particulares y profesionales), lo que mejorará además la calidad del aire. El gran acuerdo, alcanzado por la UE-27 en octubre pasado, es prohibir la venta de coches de combustión (gasolina y gasóleo) en 2035.

Pero mientras, ¿qué hacemos con los coches actuales, sobre todo con los que más contaminan? La decisión, en toda Europa, es restringir su circulación, sobre todo la de los coches más antiguos, sin etiqueta, que son responsables de más del 50% de las emisiones totales y del 68% de las partículas en emisión, según la OCU. El problema es que estos coches más viejos, sin etiqueta, son muchos: 6,16 millones de coches en España (el 24,9% del total), según datos de la DGT (2020). Y habría que sumarles, por muy contaminantes, los 8,06 millones de coches con etiqueta B (otro 35,6% del parque). O sea, que para salvar el aire y el clima, habría que sacar de las carreteras (y sobre todo del centro de nuestras ciudades) el 60% de los vehículos. Un reto gigantesco.

Para hacerlo, el único camino es poner restricciones crecientes a los coches más viejos y forzar a sus dueños a cambiarse a coches menos contaminantes, sabiendo que a partir de 2035 sólo se podrán comprar coches eléctricos o híbridos enchufables, ahora testimoniales. Un problema que tiene toda Europa, pero más España: en la UE-27 sólo circulan hoy un 0,5% de vehículos eléctricos (2% en Paises Bajos, 1,1% en Suecia, 0,6% en Alemania o Francia), frente al 0,2% en España. Y un 1,8% de los vehículos europeos son híbridos (en Suecia el 5,1%, en Paises Bajos el 4,1%, en Francia y Alemania el 2,1%), frente al 2,1% en España. Y sobre todo, somos líderes, según las estadísticas europeas, con Portugal (59,9%) y Francia (57,2%) en vehículos diesel: 57,9% del parque total en España, frente al 42,8% en la UE-27, el 12,5% en Paises Bajos y el 31,2% del total en Alemania), que son los que emiten (los viejos) más gases contaminantes y partículas.

Y además de tener más coches diesel y menos coches eléctricos, España tiene otro problema que agrava la contaminación y las emisiones: tenemos un mayor porcentaje de coches viejos, los que más contaminan, salvo Grecia (16,6 años de media) y los paises del Este (14,3 años Polonia, 16,9 años Rumania): la edad media del parque automovilístico español  es de 13,8 años, frente a 11,8 años de media en la UE-27, los 8,9 años de Dinamarca, los 9,8 años de Alemania, 10,3 de Francia y 11,8 años de Italia.

Así que no queda otra que renovar el parque, con nuevos vehículos menos contaminantes. Pero apenas avanzamos por este camino. En 2022, sólo se vendieron 30.544 coches eléctricos, el 3,76% de los turismos vendidos, según ANFAC. Y otro 5,87% fueron híbridos enchufables (47.785 turismos), lo que da un total de 78.329 vehículos electrificados (9,63% del total de ventas), muy lejos del objetivo de 120.000 vehículos electrificados previstos en 2022. Eso nos sitúa en los últimos lugares en Europa en electromovilidad, sólo por detrás de Hungría y la República Checa, según el Barómetro de la patronal ANFAC. Y lo peor es que, de los coches no eléctricos que se venden (41,93% gasolina, 17,16% diesel, 29,44% híbridos no enchufables y 1,84% gas), los líderes de venta son los SUV, los coches que más combustible gastan y más contaminan: en 2022, acapararon el 58,1% de las ventas totales de turismos y todo terrenos, según ANFAC.

Algo falla cuando se venden tan pocos coches eléctricos, menos que en Europa. La primera razón es el precio: son caros y hay pocos modelos en oferta. Además, todavía tienen poca autonomía. Pero el principal problema es la escasez de puntos de recarga, que disuade a potenciales compradores: sólo hay 16.556 puntos de recarga de acceso público, muy lejos de los 45.000 previstos para 2025 y de los 340.000 previstos por el Gobierno para 2030. Existe un retraso en la instalación en comunidades y garajes, aparcamientos y zonas de servicio, a pesar de los incentivos aprobados. Y tampoco son decisivos los incentivos públicos a la compra de vehículos eléctricos: el Plan MOVES se ha ampliado para 2023 con 400 millones adicionales (a los 400 que tenía en 2022), para conceder ayudas de 4.500 euros para la compra de un coche eléctrico (7.000 euros si achatarra el actual) y 2.500 los híbridos enchufables (5.000 si achatarra el viejo).

Al final, la contaminación sigue creciendo en nuestras ciudades (con un alto coste sanitario y de calidad de vida) y el clima se deteriora con las emisiones, que aumentan tras la tregua de la COVID. Y mientras, los responsables de aprobar restricciones a los vehículos más viejos y contaminantes las retrasan, pensando en las próximas elecciones. Un grave error, porque todos deberíamos ver que no podemos seguir así, envenenando el aire y nuestros cuerpos. Y deberíamos penalizar a los que ponen paños calientes y retrasos a la mejora del aire y de nuestra salud. Hay ciudades como Vitoria o Pontevedra donde los vecinos ya han visto las ventajas de las restricciones al tráfico y las aplauden. El resto deberíamos seguir ese camino, apostar por ciudades más limpias y con menos ruido. Pensemos también en eso al votar este año.

jueves, 9 de marzo de 2017

Contaminación: ultimátum europeo a España


La Comisión Europea lanzó a mediados de febrero un ultimátum a España y otros 4 países: o toman medidas en 2 meses contra la contaminación en las grandes ciudades o les llevarán al Tribunal europeo de Justicia y les impondrán fuertes multas. Bruselas propone recortar el tráfico, fomentar coches menos contaminantes y subir los impuestos al gasóleo, porque somos el 4º país que los tiene más bajos y donde circulan más coches diésel (los más contaminantes). Pero el Gobierno Rajoy no ha hecho nada todavía, quizás porque el automóvil es la tercera industria del país, mantiene 2 millones de empleos y recauda 26.000 millones al año. Mientras, la contaminación causa 400.000 muertes al año en Europa, 26.800 en España (24 veces más que los accidentes de tráfico). Urge tomar medidas de fondo (renovación  del parque con coches más limpios y subida gasoil), no sólo limitar los coches como han hecho Madrid o Barcelona. El coche es importante pero su contaminación nos mata silenciosamente.
 
enrique ortega

Es la otra cara del Cambio Climático: el crecimiento y el desarrollo insostenibles destrozan no sólo el clima sino también el aire de las ciudades. Así, el 92% de la población mundial vive en lugares donde no se respeta la calidad del aire, según el último informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS), de septiembre 2016. En Europa, un tercio de los ciudadanos respira un aire contaminado, por encima de los límites que establece la Comisión Europea, quien acaba de recordar que cada año se producen 400.000 muertes por contaminación en Europa, de ellas 26.800 en España (24 veces más que las muertes por accidente de tráfico). Precisamente, un 95% de los españoles (44,8 millones de personas) respiran aire contaminado que supera los límites marcados por la OMS, según un informe de Ecologistas en Acción. Y si se toman los límites de la UE (más laxos), un tercio de los españoles (36%, 16,8 millones) respira un aire que infringe las normas europeas.

En el aire que respiramos cada día hay 5 tipos de contaminantes. El que más ha crecido es el dióxido de nitrógeno (NO2), un gas tóxico que procede en un 80% de los vehículos (sobre todo los diésel) y que afecta sobre todo a Madrid, Barcelona y otras 11 grandes ciudades españolas, con 12 millones de habitantes afectados. El contaminante más grave son las partículas PM10 y PM2,5 (M son micrones: milésimas de milímetro de diámetro), cien veces más finas que un cabello, uno de los principales causantes del cáncer de pulmón, según la OMS. El 65% las producen los automóviles (por la combustión y desgaste de frenos, ruedas y pavimento) y el resto las calefacciones, centrales térmicas e industrias. El tercer contaminante y el más extendido (media España incumple los límites europeos) es el ozono troposférico (O3, el “ozono malo”), producido sobre todo en verano por la fotooxidación de NO2 y compuestos orgánicos volátiles (COVs), procedentes de vehículos, calefacciones e industrias. El cuarto contaminante es el dióxido de azufre (SO2), producido sobre todo por algunas industrias (refinerías y químicas) y que afecta sobre todo a la bahía de Algeciras y Tenerife. Y el último contaminante que respiramos es el benzopireno (BaP), producido por el uso de estufas de madera y calefacciones de biomasa: afecta a 9 de cada 10 habitantes urbanos en Europa, según la Agencia Europea de Medio ambiente (AEMA), aunque en España nos afecta menos y hay pocas estaciones de detección.

Está científicamente demostrado que estos cinco contaminantes en el aire afectan muy negativamente a la salud. El ozono troposférico agrava las enfermedades respiratorias y la contaminación de los motores diésel causa cáncer de pulmón y de vejiga, según certificó la OMS en julio de 2012. La contaminación también provoca enfermedades cardiovasculares y arritmias, asma infantil, problemas en los fetos (bajo peso al nacer), crisis cardiorrespiratorias a los ancianos y hasta diabetes y obesidad, según numerosos estudios médicos. Y lo último: en octubre de 2013, la Agencia de Investigación del Cáncer (IARC) clasificó la contaminación ambiental como “cancerígena, sin ninguna duda científica”. De ahí que se estimen 26.800 muertes al año por la contaminación en España, de ellas 2.000 en el gran Madrid y 3.500 en las 40 ciudades del área metropolitana de  Barcelona.

Un  coste muy alto en vidas humanas, al que hay que sumar el deterioro del medio ambiente y los cultivos. De ahí que la contaminación cueste a España entre 20.000 y 42.000 millones al año, según un cálculo de la AEMA, que estima entre 59.000 y 189.000 millones el coste para toda Europa, entre muertes prematuras, costes de hospitalización, enfermos, pérdidas de horas de trabajo y daños en cosechas y medio ambiente.

La Comisión Europea ya aprobó en 2008 una Directiva (2008/50/CE), que entró en vigor en 2010, estableciendo límites para los contaminantes en el aire, sobre todo el NO2 y las partículas PM10 y PM2,5. Ya entonces, las organizaciones ecologistas y la propia OMS se quejaron de que los límites de la Unión Europea eran bastante laxos, por presiones de la poderosa industria automovilística europea : el doble del límite legal en EEUU y 2,5 veces los límites que recomienda la OMS. Pero aun así, los paises europeos no los cumplen y varias ciudades, como Madrid y Barcelona, pidieron incluso moratorias (denegadas por Bruselas) para retrasar cinco años la obligación de aplicar estos límites.

En 2015, a la vista de que los paises no cumplían ni los suaves límites fijados a la contaminación del aire, la Comisión Europea llevó a España y a otros 11 paises europeos al Tribunal Europeo de Luxemburgo, donde están pendientes de decidir las multas que nos imponen. Y ahora, el 15 de febrero de 2017, la Comisión Europea ha aprobado un dictamen de “última advertencia” a 5 paises europeos “por violación constante de los límites de N02 en muchas ciudades”. Se trata de Alemania (incumple los límites en 28 zonas de Berlín, Múnich, Hamburgo y Colonia), Francia (incumple en 19 zonas de París Marsella y Lyon), Reino Unido (incumple en 16 zonas de Londres, Birmingham, Leeds y Glasgow), Italia (incumple en 12 zonas de Roma, Milán y Turín) y España (incumple en 3 zonas, 1 de Madrid y 2 de Barcelona). Junto a esta advertencia, la Comisión lanza a estos cinco países un ultimátum: o toman medidas antes de 2 meses (15 abril) o llevarán el asunto al Tribunal europeo de Luxemburgo, lo que supone arriesgarse a costosas multas.

La nota de la Comisión recuerda además que estos son los casos más flagrantes y reiterados de incumplimiento, pero que la mala calidad del aire es un problema en 23 de los 28 países miembros de la UE, donde se siguen rebasando los límites establecidos por la Directiva de 2008, concretamente en más de 130 ciudades de toda Europa. A la cabeza de las más contaminadas (en N02) está Londres (supera los 90 microgramos/m3, más del doble del límite legal europeo de 40 microgramos), seguida de Stuttgart (88), Múnich (82), París (80), Marsella (78), Lyon (72), Turín (70), Glasgow (68), Florencia (65) y Roma (65). Berlín (61) está en el puesto 12 del ranking de contaminación, Milán (58) en el  17, Ámsterdam (57) en el 19, Fráncfort (56) en el 21, Nápoles (55) en el 22, Lisboa (54) en el 25 y Madrid (53,5) está en el puesto 27, un puesto por delante de Barcelona (52,5 microgramos NO2). Además, en España superan el límite europeo de 40 microgramos de N02 Valencia (46,4), Tarrasa (45,4), Mollet del Vallés (44,4), Sabadell (43,4), San Adrián de Besós (42,4) Granada (42,4), Murcia (42,4), Barberá del Vallés(40,4) y Badalona (40,4).

Si ahora hay tantos paises y ciudades que incumplen la Directiva europea 2008 contra la contaminación, pronto los incumplimientos serán mayores, porque el Parlamento Europeo aprobó en diciembre pasado una nueva Directiva TNE (techos nacionales de emisión), que tendrán que aplicar todos los paises a partir del 30 de junio de 2018. En ella se fijan límites más estrictos para el año 2030 para las emisiones de óxidos de nitrógeno (-63%), partículas finas (-49% PM2,5), compuestos orgánicos volátiles (-40%), S02 (-79%) y amoniaco (-19%), además de incluirse dos nuevos contaminantes a limitar. El metano (gas efecto invernadero) y las partículas conocidas como “carbono negro”. Esta nueva Directiva obliga a España y a los demás paises europeos a aprobar Planes nacionales con inversiones y medidas adicionales para reducir los contaminantes en el aire de aquí a 2030. 

España tiene una contaminación del aire menos grave que Alemania, Francia, Reino Unido o Italia, pero también parte de una situación estructural peorpor cuatro razones. La primera, porque tenemos más coches: somos el cuarto país del mundo con más coches por habitante (479 por 1.000 habitantes), tras Italia (602), Alemania (510) y Francia (495), por delante de EEUU (439) y Japón (450). La segunda, porque además, nuestras ciudades son menos extensas, con lo que se concentran más coches en menos espacio: 5.700 turismos por km2 en Barcelona, 2.600 en Valencia y 2.300 en Madrid frente a 1.500 turismos por km2 en Berlín o Roma y 1.300 en Londres. La tercera, porque tenemos más vehículos antiguos, los que más contaminan: la edad media del parque en España es de 12 años frente a 8 años en la UE.Y el 60% de nuestros vehículos tendrán en 2017 más de 10 años, frente al 35% con esa antigüedad en Reino Unido, el 42% en Francia o el 50% en Italia. Y la cuarta y más importante: somos el país con más coches diésel circulando: un 60% del parque frente al 40% en Europa. Y los diésel emiten 6 veces más NO2 y partículas que los de gasolina.

De momento, el Gobierno Rajoy no ha dicho nada del ultimátum de Bruselas, que exige tomar medidas urgentes antes del 15 de abril y aprobar además un Plan antes del verano de 2018 para cumplir la nueva Directiva europea. En España, lo más urgente es subir los impuestos al gasóleo, algo que ha pedido en su ultimátum (15 febrero) la Comisión Europea, que también lo reiteró en su Informe 2017 sobre España (22 febrero 2017) y en su último informe sobre las políticas ambientales de la UE-28 (3 febrero 2017), tres veces en un mes, tras pedirlo el FMI y la OCDE en múltiples ocasiones. Y eso porque España es el 4º país con los impuestos al gasóleo más bajos: suponen un 50,7% del precio final, cuando en la eurozona son el 57,5%, en Alemania el 56,1%, en Francia el 57,1%, en Italia el 59,6% y en Reino Unido el 56,3%. No se justifica que el gasóleo pague un 5% menos de impuestos, 6 céntimos/litro menos que la gasolina, cuando contamina seis veces más. Por eso somos el país con más turismos diésel de Europa (sin contar camiones y furgonetas, con gasoil, que suponen el 94% del transporte, frente al 75% en Europa, donde pesan más el tren y el barco).

Subir el impuesto al gasoil al nivel de la eurozona supondría subirlo 8,2 céntimos por litro, algo a lo que se niega el Gobierno Rajoy, que no ha subido nunca  este impuesto desde 2011. Pero la Comisión Europea cree que España debería subir además otros impuestos medioambientales, porque somos el tercer país que menos recauda por ellos (tras Lituania y Eslovaquia), a pesar de ser el país europeo que más ha aumentado las emisiones de CO2). Con ello, Bruselas pide al Gobierno que suba los impuestos “verdes” a las empresas y particulares que más contaminan, desde eléctricas y refinerías a cementeras, químicas y acerías. Igualar los impuestos verdes a la eurozona nos permitiría recaudar 6.700 millones de euros más, muy necesarios para luchar contra las emisiones de CO2 y la contaminación.

Harían falta más medidas. Unas dirigidas a renovar el parque de vehículos, sustituyendo coches de gasóleo por coches de gasolina menos contaminantes y más híbridos y eléctricos. España es el 10º país europeo en venta de coches híbridos (31.019 matriculados en 2016) y eléctricos (4.746), que representan sólo el 2,6% de las ventas, muy lejos de Francia, Noruega o Reino Unido, los líderes de un mercado europeo que sólo vende 200.000 coches “alternativos” (híbridos y eléctricos) , de los más de 15 millones de coches vendidos en 2016. Para animar este cambio, habría que subir el impuesto de matriculación a los coches más contaminantes y fomentar (con ayudas e incentivos fiscales) el cambio a coches híbridos y eléctricos, sobre todo de autobuses, taxis, flotas de vehículos comerciales y de reparto, vehículos  de grandes empresas y vehículos de las Administraciones públicas. Y en paralelo, habría que negociar con las grandes petroleras para que redujeran a medio plazo los elementos contaminantes de los carburantes, como hizo Obama en EEUU.

Además, urge fomentar de verdad el transporte público en las ciudades, con tarifas atractivas, mejora del servicio y la calidad, junto a más aparcamientos en zonas de acceso. Y limitar de una vez el tráfico en el centro de las ciudades, sobre todo a los coches más viejos (Barcelona prohibirá circular en 2019 a los vehículos con más de 20 años), una medida inicialmente polémica pero muy efectiva a medio plazo (como lo fue la prohibición de fumar en lugares públicos). Y por supuesto, tomar también medidas para reducir la contaminación de las calefacciones (favoreciendo el cambio de calderas y los sistemas de ahorro) y, sobre todo, de las grandes empresas que contaminan  zonas industriales (vea las 10 que más contaminan) y cuyos contaminantes acaban en los pulmones de personas que viven a cientos de kilómetros.

Todos estamos enganchados al automóvil, pero debemos saber que es el principal causante de la contaminación, sin olvidar las viviendas y las industrias. Reducir la contaminación a niveles saludables exige tiempo y dinero, sin demagogias ni “medidas milagro”, al margen de quienes sean los políticos que manden en cada ciudad.  Pero hay que empezar ya, tomando medidas eficaces, aunque sean duras y costosas. Porque más duras y costosas son las 73 muertes diarias que causa el aire contaminado cada día. En silencio, pero mata.