Enrique OrtegaEl mundo económico y financiero tiene la vista puesta hoy en el Banco Central Europeo (BCE), que debe decidir si aprueba o no la 10ª subida de tipos en los últimos 14 meses. El BCE empezó a aplicar su “receta” de subir tipos contra la inflación el 21 de julio de 2022, con un retraso de cuatro meses sobre la Reserva Federal USA, que empezó a subir los tipos el 17 de marzo. Desde entonces, hace 14 meses, el BCE ha subido los tipos de interés oficiales del 0% en que estaban al 4,25%, tras la última subida del 27 de julio, el precio más caro del dinero en Europa desde el año 2008. Y en estos 14 meses, tras “el ricino monetario”, la inflación en la zona euro ha bajado, pero poco: estaba en el 8,6% en junio de 2022, subió hasta un máximo del 11,1% en noviembre de 2022 y luego ha bajado hasta el 5,3% en agosto de 2023, todavía muy lejos del 2% que es el objetivo del BCE. Y la bajada se debe a la rebaja en los precios del petróleo, el gas y la electricidad, no a la subida de tipos.
jueves, 14 de septiembre de 2023
El dilema de la 10ª subida de tipos
Enrique OrtegaEl mundo económico y financiero tiene la vista puesta hoy en el Banco Central Europeo (BCE), que debe decidir si aprueba o no la 10ª subida de tipos en los últimos 14 meses. El BCE empezó a aplicar su “receta” de subir tipos contra la inflación el 21 de julio de 2022, con un retraso de cuatro meses sobre la Reserva Federal USA, que empezó a subir los tipos el 17 de marzo. Desde entonces, hace 14 meses, el BCE ha subido los tipos de interés oficiales del 0% en que estaban al 4,25%, tras la última subida del 27 de julio, el precio más caro del dinero en Europa desde el año 2008. Y en estos 14 meses, tras “el ricino monetario”, la inflación en la zona euro ha bajado, pero poco: estaba en el 8,6% en junio de 2022, subió hasta un máximo del 11,1% en noviembre de 2022 y luego ha bajado hasta el 5,3% en agosto de 2023, todavía muy lejos del 2% que es el objetivo del BCE. Y la bajada se debe a la rebaja en los precios del petróleo, el gas y la electricidad, no a la subida de tipos.
jueves, 4 de mayo de 2023
7ª subida de tipos: el BCE persiste en su error
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| Enrique Ortega |
Los bancos centrales occidentales siguen “erre que erre” con su vieja receta ortodoxa de atacar la inflación a golpe de subidas de tipos de interés, una política monetaria que ya nos llevó a dos grandes recesiones en los años 80. Primero fue el Banco de Inglaterra, que ya ha subido 11 veces los tipos desde diciembre de 2021, del 0 al 4,25% actual (y espera subirlos otro +0,25% más el 11 de mayo). Luego le siguió la Reserva Federal USA, que desde el 16 de marzo de 2022 ha subido ya 10 veces sus tipos de interés, la última vez ayer 3 de mayo, otro 0,25%, dejándolo en el 5,25% actual, el tipo más alto desde septiembre de 2007 (5,25%). Y hoy le toca mover ficha al Banco Central Europeo (BCE): se espera que suba el tipo oficial del dinero en Europa un +0,25%, hasta el 3,75%, el tipo más alto desde noviembre de 2008 (3,75%). Eso siempre que en el Consejo del BCE de hoy no se impongan “los halcones”, los paises que defienden una subida mayor (Holanda, Alemania, bálticos y nórdicos), del +0,5%, frente a “las palomas” (Italia, Francia, España, Portugal y Grecia), que defienden no subir más los tipos.
Este aluvión de subidas de tipos en Occidente ha sido la más rápida de la historia y ha provocado ya un conato de crisis financiera, más en Estados Unidos que en Europa, debido a que los bancos (sobre todo medianos) se han encontrado con una cartera de deuda pública y de hipotecas que ahora valen mucho menos, al haberse disparado los tipos, lo que les hace incurrir en pérdidas contables si los clientes quieren recuperar sus depósitos. Eso ha frenado las últimas subidas de tipos en EEUU (+0,25% tres veces este año, tras subidas del +0,50% y del +0,75% cada vez en 2022), aunque no en Europa (el BCE subió un +0,50% en febrero y marzo), a pesar de la crisis del Credit Suisse.
Además, la Reserva Federal USA ha bajado la guardia, sugiriendo que va a frenar la subida de tipos en los próximos meses, porque la economía está creciendo la mitad de los esperado (un +1% en el primer trimestre de 2023) y teme que caigan más bancos. Sin embargo, el BCE no se muestra preocupado porque sus 7 subidas de tipos (en menos de 9 meses) hayan llevado al estancamiento de la economía europea: los 20 paises de la zona euro sólo crecieron un +0,1% en el primer trimestre de 2023 (y un 0% el trimestre anterior), según Eurostat, con Alemania sin crecer nada (+0% en el primer trimestre de 2023), Francia casi nada (+0,2%) e Italia y España creciendo el 0,5% al inicio de este año. Y con la última previsión del Fondo Monetario Internacional (FMI) de que la zona euro sólo crecerá un +0,8% en 2023, cayendo Alemania (-0,1%) y Reino Unido (-0,3%), mientras esperan que EEUU crezca +1,6%, China +5,2%, Japón +1,2% y las economías emergentes +5,2%.
El BCE persiste en su
ortodoxia monetaria y reitera que seguirá subiendo los tipos mientras la
inflación siga elevada, una receta en la que le acaba de apoyar el FMI, quien le
pidió en abril que subiera los tipos (mientras volvía a pedir ajustes
en el gasto a los paises, como en los viejos tiempos…). Eso indica que podría volver a subirlos en junio o julio,
otro +0,25% (hasta el 4%), aunque
sabe que la inflación va a seguir alta
varios años más: su
previsión es que los precios subirán un +5,3% en 2023, un +2,9% en 2024 y
un +2,1% en 2025, tres años por encima de su objetivo “ideal” de inflación para
la eurozona, el 2%. Así que auguran
tipos altos este año y el que viene y no
bajarán los tipos al menos hasta 2025.
El problema es que esta política monetaria ortodoxa es ahora poco eficaz, ya que la inflación actual es diferente a la de otras veces, cuando la economía estaba “recalentada” por un aumento de demanda, que podía “enfriarse” encareciendo el dinero y frenando así el consumo y la inversión, los detonantes de la inflación “de demanda”. Ahora, la inflación tiene un origen diferente, es una inflación “de oferta”: los precios suben porque suben los costes (inflación “de costes”), sobre todo la energía, las materias primas y los alimentos, no porque se haya disparado el consumo y la actividad. Y los tipos altos poco pueden hacer para bajar el precio del petróleo, el gas, la electricidad, los alimentos y las materias primas, así como las consecuencias inflacionistas de la ruptura de las cadenas de suministros o los embudos en el comercio mundial. Y menos, parar la guerra de Ucrania, un detonante de esta inflación disparada desde el verano de 2021. Por eso, esta vez, la subida de tipos es ineficaz para bajar la inflación, sobre todo en Europa.
Los datos demuestran que las duras subidas de tipos apenas bajan la inflación. De hecho, la inflación en la zona euro estaba en el 8,6% en junio de 2022 (antes de la primera subida del BCE, en julio), siguió subiendo hasta un máximo del 10,1% en noviembre (tras las subidas de julio y septiembre), bajó al 8,5% en febrero (casi igual que antes subidas) y ha subido del 6,9 al 7% en abril de 2023, según Eurostat: 7 subidas para bajar la inflación del 8,6 al 7%, más del triple del 2% objetivo del BCE. Y si analizamos la inflación de fondo (subyacente: sin energía y alimentos frescos), ha subido, del +4,6% que estaba en junio de 2022 (antes de la 1ª subida de tipos del BCE) al 7,5% en marzo y el +7,3% con que cerró abril de 2023, casi el doble de la inflación subyacente que teníamos antes de aplicar “el ricino monetario”. Vaya fracaso.
Las subidas de tipos del BCE (y de la Reserva Federal, aunque menos: la inflación ha bajado del 9,1 en junio 2022 al 5% en marzo 2023) no solo han sido ineficaces sino que han tenido un alto coste para familias, empresas y paises, algo que ya sabían de antemano los responsables de la política monetaria (“el ajuste es doloroso, pero necesario para combatir la inflación”, advertían hace meses en el BCE). Y han llevado a la economía europea al estancamiento, a no crecer, encima para apenas bajar la inflación, lo que se traduce en menor empleo e inversión, en no salir de la crisis de la pandemia y la inflación.
La subida de tipos del BCE está dañando especialmente a las familias, porque las 7 subidas aprobadas han disparado el coste de sus hipotecas y créditos. El Euribor, el tipo al que se prestan los bancos entre sí y que marca la revisión de las hipotecas a tipo variable, se ha disparado en los últimos meses: ha pasado de estar 6 años en negativo (desde 2016) a empezar a subir en abril de 2022 (+0,013%), dispararse en agosto (+1,249%), septiembre (+2,233%) y diciembre (+3,018%) para seguir subiendo hasta rozar el 4% en marzo y luego bajar algo (por temor a una crisis financiera), cerrando abril en el +3,757%. Con ello, la familia que tenga que revisar ahora una hipoteca media (180.000 euros a 25 años, contratada al Euribor+1%) pagará 291 euros más al mes (+3.500 euros anuales). Eso coloca a muchos de los 4 millones de hipotecados (con tipos variables) en una situación muy vulnerable, teniendo que dedicar el 40% y más de sus ingresos a pagar la hipoteca, después de que la inflación les haya comido unos sueldos que apenas han subido los dos últimos años.
Además de afectar a los que tienen una hipoteca, la subida de tipos va a dificultar que muchas familias piensen ahora en endeudarse para comprar un piso. Los tipos de las nuevas hipotecas se han encarecido del 1,38% de media en 2021 al 3,664% en marzo de 2023, según el Banco de España (menos, el 3,47%, de media en la zona euro). Con ello, pedir hoy una hipoteca ha subido, hasta una franja del 3,34% al /5,74% para las de tipo fijo y Euribor +0,48/+0,89% las de tipo variable, que los bancos vuelven a recomendar (porque ganan más). Y encima, como se ha producido una caída de la demanda de hipotecas, los bancos han frenado las subidas y a cambio endurecen la concesión, exigiendo más sueldos y garantías. Con todo ello, comprar una casa es ahora más caro y eso disparará la demanda de alquileres, cuyos precios suben cada día. Y en paralelo, la subida de tipos ha encarecido también los créditos consumo (para comprar un coche, un electrodoméstico o un viaje): han pasado del 6,27% en febrero de 2022 al 7,55% en febrero 2023, según el Banco de España.
Lo que no sube apenas es lo que los bancos pagan por los depósitos, salvo a los más ricos y a las grandes empresas (que tienen más poder de negociación): los depósitos a la vista de las familias se remuneran en España al 0,08% (frente al 0,12% en Europa), los depósitos hasta a 2 años al 0,30% (pagan el 1,07% en la zona euro) y los depósitos a más de 2 años se remuneran al 0,51% (1,72% pagan en Europa). Con este “racaneo” en el pago de depósitos, la banca española se ahorra casi 1.500 millones de euros (924,16 millones que dejan de cobrar las familias y 547,97 millones las empresas), según cálculos del BCE. Así que los bancos ganan con la subida de tipos por partida doble: cobran más por el dinero que prestan (hipotecas y créditos) y pagan casi lo mismo por los depósitos. Resultado: los grandes bancos españoles han ganado 5.696 millones netos en el primer trimestre (entre un +10 y un +69% más), después de pagar 1.120 millones por el nuevo impuesto que han recurrido a los Tribunales.
Junto a las familias, las empresas también llevan meses perdiendo con la inútil subida de tipos del BCE. El tipo medio de los créditos de menos de 250.000 euros, a pymes, ha subido del 1,70% (febrero de 2022) al 4,05%, los créditos de 250.000 euros al millón han triplicado su coste (del 1,35 al 3,93%) y los créditos superiores al millón de euros han cuadruplicado su coste, del 0,83% (febrero 22) al 3,87% (febrero 2023), según el Banco de España. Además de pagar más por financiarse, las empresas tienen ahora más difícil conseguir créditos. Y si miramos a los paises, los Gobiernos tienen más dificultades para colocar su deuda pública, que en el caso de España es muy elevada (1,5 billones): ahora tienen que pagar más intereses a los inversores, por la subida de tipos del BCE. Así, el tipo del bono español a 10 años ha subido del 0,76% (febrero 2022) al 3,657% (diciembre 2022) y al 3,306 ayer. Con ello, más dinero del Presupuesto para pagar la deuda (estaban previstos 31.275 millones en 2023, la 2ª mayor partida tras las pensiones) y menos para gastos sociales.
Como se ve, muchos y
elevados costes para familias,
empresas y paises derivados de la equivocada
política de tipos del BCE y otros bancos centrales. Pero la presidenta del
BCE y los consejeros “halcones” no se fijan en estos costes y defienden “seguir erre que erre”, volver a subir tipos (otro +0,25%, hasta el 4%) en la próxima reunión del 15 de junio. Y luego, esperar y ver, sin
prisa para bajar tipos hasta 2025. Les importan poco los daños a las
familias vulnerables, que no se puedan financiar algunas pymes o que pueden tener problemas para colocar su deuda Italia, Grecia, Portugal o España.
Tampoco temen que algún banco europeo
pueda entrar en crisis, como los bancos USA, porque tienen
el mismo riesgo: los bancos han acumulado mucha deuda pública estos
años, deuda que ahora vale menos de lo
que indican sus libros (la vieja deuda baja su rentabilidad cuando la nueva
sube). Y si tienen que venderla, para afrontar retiradas de depósitos,
incurrirían en pérdidas. Nada de esto les preocupa: ortodoxia, ortodoxia, ortodoxia.
Seguir recetando ricino para purgar la
economía aunque el enfermo entre en coma. Todo vale para bajar la inflación.
El problema es que la
inflación apenas baja e incluso hay el riesgo de que suba, por el repunte del petróleo (tras el recorte de
producción de la OPEP y Rusia), las subidas de los alimentos y materias primas
y el posible recrudecimiento de la guerra en Ucrania. Y sobre todo, porque no
se afrontan las causas de fondo de la inflación actual: el mal funcionamiento de los mercados
energéticos, el lento avance en la lucha contra el Cambio climático, la subida desorbitada de los alimentos y materias primas, los
embudos en las cadenas de producción y comercio, el debilitamiento del comercio
mundial… Y, sobre todo, el aumento
de los márgenes empresariales, que están disparando los beneficios de algunos sectores y empresas a costa del
bolsillo de los consumidores.
El propio BCE acaba de reconocer que los márgenes empresariales han contribuido a dos tercios del crecimiento de la inflación en 2022, sobre todo en la energía, agricultura, industria, construcción, hostelería y restauración. Pero en lugar de pedir a las empresas que moderen sus márgenes, que suben más que los salarios, vuelven a subir los tipos. Y, de paso, dan otra receta a los Gobiernos europeos: que retiren los estímulos para luchar contra la inflación (rebajas de impuestos, ayudas, etc.), porque están ayudando a que no caiga más el consumo y los precios… Ojo, en España, el consumo de las familias ha caído en los últimos 6 meses (según el INE) a pesar de los estímulos, por la inflación y la subida de tipos. Si no existieran, como pide el BCE, la crisis sería peor, sobre todo para los más desfavorecidos. Aún así, defienden quitarlos. Y subir tipos. No les importan las consecuencias. Es la vieja ortodoxia neoliberal que triunfó en la política europea durante la crisis financiera de 2008. Ahora, los Gobiernos están en otra onda, pero el BCE no, como denuncia el Nobel Stiglitz. Aunque sean “independientes”, alguien debería pararles los pies.
jueves, 12 de marzo de 2020
Deuda pública: dejamos una costosa herencia
En los últimos meses, la Comisión Europea ha dado tres “toques de atención” a España por la deuda pública, el problema español que más les preocupa junto al paro y la baja productividad. Somos el 7º país con más deuda pública de Europa y llevamos 6 años con más de un billón de euros de deuda, el triple que antes de la crisis, aunque ha bajado su peso al 95,5% del PIB. El problema es que hay que pagarla y los intereses (31.398 millones en 2019) son el 2º mayor gasto del Presupuesto, más que seguridad, Defensa, empleo, salud y educación juntos. Y si no hacemos nada, para 2030 seguiremos debiendo el 95% del PIB, según la Comisión Europea, que pide recortar más el déficit y la deuda. Hay otra vía: ingresar más, como el resto de Europa (+83.000 millones). Urge un Pacto político para reducir la deuda pública al 60% del PIB para 2030. Si no, les dejaremos una costosa herencia a nuestros hijos y nietos.
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| enrique ortega |
Uno de los graves problemas que ha tenido España a lo largo de su historia ha sido la deuda, el excesivo endeudamiento de los Gobiernos, por gastar más de lo que ingresaban, según explica el profesor Francisco Comín en su interesante libro “La crisis de la deuda soberana en España 1500-2015 ”. Empezó con los Reyes Católicos y se aceleró con Carlos V, que dejó en herencia a Felipe II la primera bancarrota de nuestra historia, en 1557, a la que siguieron muchas más, con los Austrias y los Borbones. El primer récord “moderno” de deuda pública se alcanzó en 1879 (con Cánovas del Castillo y Alfonso XII), cuando la deuda pública alcanzó el 165% del PIB. En 1898, al acabar la guerra de Cuba, seguía en el 124% y empezó el siglo XX con el 101% de deuda en 1909. Luego bajó, tras la I (39%) y II Guerra Mundial (59% del PIB), y más tras la Guerra Civil, hasta un 22,4% de deuda en 1944, alcanzando un mínimo en 1975, a la muerte de Franco: el 7,3% del PIB (39.819 millones de euros de hoy).
Con la Transición y la democracia, aumentaron las demandas de gasto y la deuda pública española se triplicó en tres años, hasta el 22,2% del PIB en 1977. Y se duplicó para 1993 (56,1% del PIB), tras los fastos del 92 (Olimpiada y Expo) y la crisis, alcanzando un máximo del 67,4% del PIB en 1996. A partir de ahí vienen los años de “vacas gordas” y la “burbuja inmobiliaria”, que permiten bajar la deuda a un mínimo en 2007: el 35,6% del PIB (384.662 millones de deuda). Pero viene la gran recesión de 2008 y Zapatero aumenta el gasto y la deuda, que deja al irse, a finales de 2011, en el 69,5% del PIB (744.323 millones). Y Rajoy, a pesar de su histórico aumento de impuestos y sus recortes, no puede afrontar el desplome de ingresos y el enorme coste de las ayudas a autonomías, Ayuntamientos, Cajas y al desempleo, que disparan la deuda pública hasta un máximo del 100,7% del PIB en 2014 (1.039.388 millones). Y Rajoy se fue, en mayo de 2018, dejando a Sánchez una deuda del 98,2% delPIB, 1.155.000 millones de euros, un 55% más de deuda que cuando llegó a la Moncloa.
En estos dos años de Gobierno Sánchez, la deuda pública ha crecido algo en millones (sigue por encima del billón de euros desde 2014) pero ha reducido su peso sobre el PIB. Y así llegamos al dato de 2019, recientemente publicado por el Banco de España: 1.188.893 millones de euros (un máximo histórico de deuda, el triple que en 2007) y el 95,5% del PIB, el porcentaje de deuda más bajo desde 2012 (tras reducirse -2,1% en 2019, la mayor reducción anual del peso de la deuda desde 2007).
La deuda pública se reparte hoy, según el Banco de España, entre la Administración central (Estado y otros organismos), que tienen el grueso de la deuda (el 91%), 1.083.835 millones a finales de 2019, las autonomías (294.883 millones: 78.600 Cataluña, 47.877 la Comunidad Valenciana, 35.770 Andalucía y 33.692 Madrid, en septiembre 2019), los Ayuntamientos (23.345 millones) y la Seguridad Social (55.024 millones en 2019), la entidad que más ha disparado su deuda (la ha triplicado desde los 17.173 millones que debía en 2016). Y eso se debe a que, con la crisis y la precariedad en sueldos y empleos, las cotizaciones no alcanzan para pagar las pensiones y como el Gobierno Rajoy se comió ”la hucha” de las pensiones, el Estado tuvo que prestar a la Seguridad Social en 2017, 2018 y 2019, aumentando su deuda 37.851 millones en esos tres años.
La deuda pública española, aunque haya reducido su peso, es muy abultada y preocupa mucho en Bruselas. Tanto, que la nueva Comisión Europea ha dado tres “toques de atención” a España en los últimos tres meses. El primero, el 17 de diciembre de 2019, a través de este Informe sobre el mecanismo de Alerta 2020, en el que llama la atención sobre los 13 paises europeos que tienen “desequilibrios económicos” (Italia, Grecia, Chipre, Francia, Alemania, Paises Bajos, Suecia, España, Portugal, Irlanda, Bulgaria, Croacia y Rumanía). Y al referirse a España, resalta los tres “desequilibrios” que les preocupan: la deuda (pública y privada), el elevado paro y el estancamiento de la productividad, nuestras 3 principales “asignaturas pendientes”.
El segundo “toque” fue en enero de 2020, a través de este Informe sobre la sostenibilidad de la deuda pública en Europa. Aquí, la Comisión vuelve a mostrar su preocupación por la deuda española, recordando que “España es uno de los 8 paises más vulnerables de Europa por su elevado endeudamiento”. Los datos son claros: España es el 7º país europeo con más deuda pública (97,9% del PIB en el tercer trimestre de 2019), por detrás de Grecia (178,2%), Italia (137,3%), Portugal (120,5%), Bélgica (102,3%), Francia (100,5%) y Chipre (97,8%), según la última estadística de Eurostat. Y tenemos una deuda muy por encima de la media europea (80,1% la UE-27), de Alemania (61,2%) y Reino Unido (84,2%). Además, a nivel mundial, ocupamos el puesto 20ª del ranking de paises más endeudados del mundo, encabezado por Japón (238% del PIB), Grecia, Barbados, Líbano e Italia.
Lo preocupante, advierte este informe de la Comisión Europea de enero, no es que la deuda española sea elevada sino que no se va a reducir en la próxima década: estiman que pasará del 97,6% del PIB en 2018 al 96,6% en 2020 (ya es menor hoy: el 95,5% en 2019), al 96,7% en 2025 y el 95,7% del PIB en 2030. O sea, que crecerá en millones de euros y apenas bajará un 2% en peso sobre la economía. La deuda se hará crónica esta década. Y eso, creen, por dos razones. Una, porque crecerá el gasto en pensiones, sobre todo si se actualizan con el IPC y no se implanta el “factor de sostenibilidad”, la reforma aprobada por Rajoy en 2013 para pagar las pensiones según la esperanza de vida. Y la otra razón, porque la población española va a envejecer mucho en las próximas décadas y creen que eso va a disparar el gasto no sólo en pensiones sino también en sanidad, dependencia y asistencia social.
El tercer “toque” por la deuda pública nos lo ha dado la Comisión Europea el 26 de febrero, en su Informe sobre España 2020: reconoce que el peso de la deuda ha bajado pero cree que “es muy alto” y reitera que España “afronta riesgos en la sostenibilidad presupuestaria a medio plazo” por las pensiones y el envejecimiento de la población. No se creen que el Gobierno Sánchez consiga bajar el déficit público del 2% del PIB (prevén que pasará del 2,5% en 2018 al -2,3 % en 2019, el -2,2% en 2020 y al -2,1% en 2021). Y para financiarlo, creen que España seguirá con una deuda muy alta, que sólo bajará al 96% del PIB en 2021 (ahora ya sabemos que eran demasiado pesimistas: estaba en el 95,5% a finales de 2019).
Para las autoridades europeas, España tiene que corregir su déficit para rebajar su deuda. Y proponen, por un lado, aumentar la recaudación, porque tenemos “un nivel de imposición bajo en relación a los gastos”, sobre todo en el IVA, IRPF, sociedades e impuestos verdes. Y por otro lado, insisten en reformar las pensiones, no actualizándolas con el IPC y aplicando mecanismos de ajuste para afrontar una mayor esperanza de vida, porque si no se hace, no será posible reducir el déficit y la deuda a medio plazo. Y ya en 2020, van a mirar con lupa el proyecto de Presupuestos, porque creen que España debe ajustar sus gastos y su déficit entre 6.500 y 10.000 millones de euros para cumplir con Bruselas.
Entre tanto, el Gobierno Sánchez ha aprobado en el Congreso un nuevo “techo de gasto” para 2020, base de los próximos Presupuestos, donde contempla menos déficit y menos deuda que las previsiones de la Comisión Europea. En el déficit público, apuestan por rebajarlo al -1,8% del PIB en 2020 (-2,2% la Comisión) y dejarlo en un nivel mínimo del -0,9% en 2023.Y en la deuda pública, prevén bajarla al 94,6% del PIB en 2020 (96,6% la Comisión) y dejarla en un mínimo de 89,8% del PIB en 2023.
Aún creyendo estas previsiones, que van a depender mucho de que no haya otra crisis (se desplomarían los ingresos y aumentarían los gastos), ese 89,8% del PIB de deuda pública en 2023 sería demasiado elevado. Estaríamos mejor pero seguiríamos siendo “un país muy vulnerable”, al que en cualquier momento podrían “poner de rodillas” los inversores (los famosos “mercados”) y una subida de tipos. Porque si la deuda pública no preocupa hoy tanto como en 2012, se debe a que el Banco Central Europeo (BCE) nos ha salvado, tanto por comprar deuda como por bajar los tipos de interés al mínimo. Y eso nos ha dado “un gran respiro” para la deuda. Si el 27 de julio de 2012, para colocar la deuda (bono a 10 años), España tuvo que pagar un interés del 7,56%, un año después ya pagaba el 4,80%. Y a principios de marzo de 2020 paga sólo el 0,25% por el bono a 10 años. Y la famosa “prima de riesgo” que nos atenazaba cada día (la diferencia entre el interés de la deuda española y alemana) ha pasado de 511 puntos en 2012 a 83 ahora (0,25 paga la deuda española a 10 años y -0,58% la deuda alemana, que “cobra” ahora por colocarla).
Pero esto puede cambiar cualquier año: el BCE dejar de comprar deuda pública (lo iba a hacer en 2020, pero lo retrasa por la desaceleración europea) y los tipos subir. Y ojo: con un 1% que suba el coste de colocar la deuda pública, España pagaría 3.600 millones más de intereses. Es lo malo de tener tanta deuda y de que crezca cada año: que hay que financiarla, pagando por la deuda en circulación y emitiendo más deuda nueva (para “tapar” o financiar el nuevo déficit). De hecho, en 2019 España emitió 196.504 millones de deuda nueva y este año 2020 está previsto emitir 196.504 millones de euros. Por eso somos muy “vulnerables”: porque dependemos de que nos presten 538 millones diarios.
Y aunque no haya nervios en los mercados y encontremos quien nos compre la deuda (el 48% son extranjeros, el 22% la tiene el BCE, un 17% los bancos españoles, un 10% las aseguradoras y un 4,5% fondos de inversión y de pensiones), hay que gastar una barbaridad en pagar intereses: 31.398 millones de euros en 2019, la 2ª partida de gasto más importante del Presupuesto tras las pensiones (153.864 millones). Gastamos más en pagar la deuda a los inversores que en Seguridad (8.879 millones), Defensa (8.537 millones), fomento del empleo (5.985 millones), sanidad (4.292 millones) y educación (2.722 millones) juntos. El pago de la deuda es una hipoteca tan costosa que ya hemos pagado 321.000 millones de euros en intereses entre 2008 y 2019. Daría para pagar las pensiones más de 2 años.
En definitiva, que tener tanta deuda pública nos hace un país muy vulnerable frente a los inversores (extranjeros y nacionales) y supone una pesada losa para las cuentas públicas, que no pueden gastar más en lo que hace falta (desde empleo a educación o vivienda) porque antes (lo exige el reformado artículo 135 de la Constitución) tenemos que pagar los abultados intereses de la deuda (han pasado de 15.928 millones en 2008 a 31.500 en 2018 y 2019). Por eso hay que reducir la deuda como sea: es un lastre para los próximos años, ya que dos tercios de la deuda (67%) está colocada a más de 10 años.
Para el Gobierno Sánchez, como para Felipe II o la Restauración decimonónica, la deuda pública es un problema crucial de España, aunque se hable poco de él. La propia vicepresidenta económica, Nadia Calviño, ha señalado que “la deuda pública es uno de los tres grandes problemas estructurales de España, junto al paro y la pobreza”. La cuestión es cómo resolverlo. Y aquí, muchas recetas van en la línea de la Comisión Europea: hay que recortar gastos, rebajar el déficit para reducir la deuda. Pero la solución no es tan fácil.
España tiene más deuda pública porque tiene más déficit (el 2º de Europa, tras Chipre y empatados con Francia). Pero si tenemos más déficit no es porque gastemos mucho sino porque ingresamos muy poco. Lo indican con claridad los datos de la propia Comisión Europea. España gastó en 2019 el 41,7% del PIB, frente al 45,9% de media que gastó la UE-27. O sea, el gasto público español es 52.279 millones de euros menos al año que la media europea. Y, a pesar de eso, tenemos más déficit porque ingresamos mucho menos: el 39,3% del PIB en 2019 frente a una media del 46% del PIB en la UE-27.Eso se traduce en 83.398 millones menos de recaudación cada año. Por eso tenemos más déficit y más deuda.
Así que la solución para rebajar la deuda no puede ser la de siempre de los ideólogos neoliberales y austericidas: más recortes. Sobre todo en un país que necesita gastar más en casi todo, desde el empleo a la tecnología pasando por la educación, la sanidad, la dependencia, la vivienda o la modernización de la economía, porque los recortes han sido muy drásticos y además llevamos décadas gastando menos que Europa. La verdadera solución está en ingresar más, para destinar una parte de la mayor recaudación a rebajar la deuda y otra parte a afrontar los gastos más urgentes. Y se puede hacer, si se implanta una reforma fiscal (en sociedades, IRPF, IVA, nuevos impuestos e impuestos “verdes”) y una eficaz lucha contra el fraude que permita recaudar “como Europa”.
El problema de la deuda pública es tan serio que exige un gran Pacto político, con el objetivo de bajarla al 60% del PIB para 2030, por ejemplo. Eso exigiría acuerdos en el gasto (una reforma realista de las pensiones y pactar las prioridades de gasto del país en la próxima década) y acuerdos sobre cómo recaudar más y cómo repartir más justamente los impuestos. Es difícil conseguirlo, pero si no lo hacemos, apenas se rebajará la deuda y dejaremos una pesada herencia a nuestros hijos y nietos. Piénselo.
lunes, 12 de noviembre de 2018
Más deuda: la peor herencia de Rajoy
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| enrique ortega |


