Mostrando entradas con la etiqueta desabastecimiento medicamentos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta desabastecimiento medicamentos. Mostrar todas las entradas

jueves, 31 de octubre de 2019

Vuelven a bajar los medicamentos


Mañana1 de noviembrebajan 1.287 medicamentos que se dispensan con receta en farmacias y hospitales, tras otra bajada que hubo el 1 de enero y las aprobadas cada año desde 2010. Permitirá ahorrar 118 millones en la factura farmacéutica, 5,30 millones a los ciudadanos, que notarán rebajas de unos céntimos. Pero ojo a los riesgos de estas bajadas. El precio de algunos medicamentos ya no compensa a los laboratorios y optan por exportarlos a paises donde son más caros, provocando aquí desabastecimiento: ahora hay 537 medicamentos “en falta”. Además, si la mitad de los medicamentos con receta cuestan menos de 3,5 euros (y pagamos entre 35 céntimos y 1,70), los laboratorios tienen menos incentivos para investigar y sacar fármacos nuevos. Y estas continuas rebajas hunden a muchas farmacias, esenciales en la atención sanitaria. Así que ojo a las bajadas continuas de precios en lugar de racionalizar las recetas. Luchar contra las enfermedades es caro y no se puede racanear, porque es contraproducente. Lo barato es caro.


Con la crisis, todos los Gobiernos se lanzaron a recortar el gasto farmacéutico, que había batido todos los récords en 2009: casi 1.000 millones de recetas y 12.506 millones de euros de gasto sólo en farmacias, más otros 4.000 millones en hospitales. A partir de 2010, se empezaron a bajar año tras año los precios de referencia (el precio máximo que se financia en los medicamentos con receta: si el medicamento prescrito cuesta más, el farmacéutico está obligado a dispensar uno más barato, un genérico). Y a partir de julio de 2012, el Gobierno Rajoy implantó el copago farmacéutico: los jubilados pagaban el 10% del precio de la receta y los activos entre el 40 y el 60%. El resultado de ambas medidas fue una rebaja drástica de la factura en recetas (por debajo de los 10.000 millones de euros entre 2012 y 2016), aunque ha vuelto a subir en 2017 (10.170 millones) y 2018 (10.476 millones). Y mientras, se ha disparado la factura farmacéutica de los hospitales, al introducirse tratamientos cada vez más costosos contra el cáncer y otras enfermedades: se gastaron  6.864 millones en 2018, un 76% más que en 2009.


En 2019, el repunte del gasto farmacéutico continúa: las recetas crecen un 2% hasta agosto y el gasto en farmacias un 2,57% (7.175 millones) y en hospitales aumenta aún más el gasto farmacéutico, un 7,1% hasta agosto (4.830,5 millones), según Sanidad y Hacienda. Eso hace que el Gobierno Sánchez, en funciones, haya seguido con la política de rebaja de los precios de referencia (el precio que paga por los medicamentos con), aprobando un nuevo decreto que rebaja el precio de 1,286 medicamentos que se dispensan en farmacias y hospitales, con el que obtendrá un ahorro de 118,49 millones (79,44 en hospitales y 39,05 en las ventas en farmacia), de los que sólo 5,31 millones repercutirán en los ciudadanos, que compraremos esos medicamentos unos céntimos más baratos desde el 1 de noviembre. La rebaja oscila entre un -0,4% (el inhalador Ventolín) al 0,8% que baja la heparina Clexane, el -2,76% que baja la Fosfomicina (antibiótico para infecciones de orina) y hasta un -66,27% que baja Invega, un medicamento contra la esquizofrenia. También bajan algunos ibuprofenos más caros, pero no lo notaremos porque no afecta a los que se venden con receta.


Esta nueva rebaja de medicamentos con receta, que se suma a la efectuada el 1 de enero con otros 1.300 medicamentos, puede parecer una muy buena noticia para los consumidores, pero sólo nos vamos a ahorrar unos pocos céntimos y sin embargo tiene tres riesgos que debemos conocer. El primero, que agrave el desabastecimiento de algunos medicamentos, ahora que los laboratorios van a cobrar menos por ellos, aunque el Gobierno ha tomado la cautela, para evitarlo, de no bajar 4 medicamentos básicos (contra el Parkinson, problemas cardiovasculares y para anestesia e infecciones), como ya hizo en enero con otros 29 fármacos. Pero los farmacéuticos (FEFE) ya han alertado que esta nueva bajada puede favorecer el desabastecimiento de los fármacos que cuestan ya menos de 3 euros, porque a ese precio, a los laboratorios les compensa más venderlos en otros paises (donde valen entre un 10 y un 30% más) o dejar de fabricarlos aquí.


De hecho, España es el 5º país con los medicamentos más baratos de Europa, tras Eslovaquia, Portugal, Estonia y Letonia y se pagan un 15% por debajo de la media de la eurozona, según los datos de la Consultora IMS Health. Y un medicamento cuesta de media en España un 33% menos que en Alemania, Luxemburgo, Finlandia, Bélgica o Irlanda y un 16% menos que Francia o Italia, según Farmaindustria. Eso significa que cada bajada de precios es un incentivo a los laboratorios para que exporten fuera y no vendan dentro. De hecho, las exportaciones de medicamentos se han multiplicado por 19 entre 1995 (562 millones de euros) y 2018 (10.743 millones), según datos de Comercio. Y este año 2019, de enero a agosto (7.698 millones), han crecido un 11%, en parte anticipando el Brexit. Y luego están las exportaciones paralelas (“comercio inverso”), las que hacen fraudulentamente almacenes mayoristas y farmacias (limítrofes con Portugal, Francia o Africa), para vender medicamentos que debían ir a farmacias a paises que los pagan el doble o triple más caros.


Esto explica en parte la falta de algunos medicamentos y vacunas en las farmacias españolas, que llegaron a 900 desabastecimientos en 2017 y que son ahora 537 medicamentos “en falta”, según este listado que publica diariamente la Agencia Española del Medicamento, en tanto el Consejo de Farmacéuticos publica este listado del CISMED con 34 medicamentos en falta durante 3 o más días en  muchas farmacias. El problema del desabastecimiento preocupa a toda Europa (donde hay una gran disparidad de precios) y se debe no sólo al bajo precio de los medicamentos en España sino también a problemas de suministros (las multinacionales farmacéuticas producen en distintos paises) y a saltos puntuales de demanda. Pero los farmacéuticos y muchos expertos coinciden: las rebajas continuas de precios son la principal causa de los desabastecimientos, a pesar del Plan de Garantía de Abastecimiento 2019-22, aprobado el año pasado por Sanidad para evitarlo.


El segundo riesgo de la bajada continuada de precios es que un 50% de los medicamentos que se venden con receta cuesta ya menos de 3,5 eurossegún Farmaindustria, y a ese precio no compensa fabricarlos, lo que alienta el desabastecimiento. Además, la rebaja de precios de enero y noviembre les va a reducir sus ingresos en 174 millones, según Farmaindustria, lo que se “come” el aumento de ventas (148 millones). Y así, les será más difícil invertir en investigación, algo clave para la lucha contra las enfermedades: de hecho, el sector farmacéutico ha subido su gasto en I+D+i a 1.147 millones en 2017 y representa el 20% de toda la investigación industrial que se hace en España. Y somos el segundo país del mundo, tras EEUU, en ensayos clínicos de medicamentos. Pero esto puede ponerse en peligro si les bajan más los ingresos. Ya de hecho fabrican menos fármacos innovadores, sólo 2 de cada 10 nuevos fármacos autorizados.


El tercer riesgo de que los medicamentos bajen año tras año es que se está hundiendo las cuentas de las 22.000 farmacias que hay en España (sobre todo las más pequeñas y las farmacias rurales), que no son “unas tiendas más”, sino un eslabón clave del sistema sanitario (al que más se consulta y quien colabora en los tratamientos). La mayoría de las farmacias facturan hoy menos que en 2009 (475.104 euros de media en 2018, un 24,38% menos de los 590.949 euros en recetas que facturaban en 2009, según datos de Sanidad) y sin embargo sólo tienen un 5% de recetas menos que entonces y 2.000 recetas más por farmacia que en 2014. O sea trabajan más, pero ganan menos porque dispensan recetas más baratas. Y así, hay muchas farmacias en apuros, sobre todo las 3.000 que venden menos de 300.000 euros, básicamente las farmacias rurales que sobreviven gracias a las ayudas autonómicas.


Al final, el hecho de que un medicamento cueste menos de un café (el Adiro cuesta 1,45 euros y un pensionista paga 14,5 céntimos, la mayoría 0,75 céntimos) puede provocar efectos indeseados, como la falta de algunas medicinas, menos investigación y el cierre de las farmacias pequeñas. Y todo ello sin que baje la factura farmacéutica. Primero, porque consumimos demasiados medicamentos, a pesar del copago, con un  abuso en las recetas (médicos con dos minutos por paciente pueden hacer poco más que recetar) y en los antibióticos. Y hay un cierto despilfarro, con las casas llenas de medicamentos y un exceso de automedicación. Además, los nuevos medicamentos son cadavez más costosos y así será cada vez más, sobre todo en los tratamientos hospitalarios. Por eso, lo normal es que la factura farmacéutica siga al alza, aunque hay que reducir el abuso en las recetas.


Por otro lado, el gasto farmacéutico por habitante ha bajado, de 267 euros en 2009 a 224 en 2018, según los datos de Sanidad. Y todavía es un 32% inferior al de la eurozona, según Farmaindustria. Además, el gasto farmacéutico ha reducido su peso en la economía, al pasar del 1,17% del PIB que suponía en 2009 al 0,87% del PIB que suponen las recetas en 2018. Eso se ha conseguido en parte gracias al Pacto alcanzado en 2015 entre el Gobierno Rajoy y el sector farmacéutico: el gasto en medicamentos debe crecer cada año lo que la economía. Y si crece más, se penaliza a las farmacéuticas. En 2017, el gasto creció menos que el PIB (2,60% frente al 2,9%) y en 2018 creció más  (3% frente a 2,4%), con lo que los laboratorios tendrán que pagar 150 millones a Sanidad. Y el sector cree que cumplirán en 2019.


Cara al futuro, la Autoridad Fiscal independiente (AIReF) ha propuesto al Gobierno un Plan para ahorrar entre 1.000 y 2.000 millones en gasto farmacéutico entre 2020 y 2022. La propuesta básica es implantar un sistema de subasta, en el que los laboratorios pujarían por ofrecer al mejor precio los medicamentos que financia Sanidad, un sistema que funcionaba en Andalucía con Susana Díez y que ahora quiere suprimir el nuevo Gobierno regional de PP y Ciudadanos. Según AIReF, las subastas permitieron a Andalucía ahorrar 560 millones en medicamentos entre 2012 y 2017. Pero laboratorios y farmacéuticos están en contra. El sector farmacéutico teme que la subasta penalice a los laboratorios más innovadores, en beneficio de laboratorios indios, chinos y de Europa del Este, que ofrecen medicamentos menos innovadores y de menor calidad, mientras los medicamentos de marca facilitan los tratamientos y la farmacovigilancia. Y los farmacéuticos creen también que estos laboratorios que “tiran precios” ofrecen menos garantías, que la subasta favorecería los desabastecimientos (ha pasado en Andalucía) y afectaría negativamente a las cuentas de las farmacias. 


La propuesta de AIReF incluye también una reforma del sistema de precios de referencia (para considerar la indicación terapéutica y no el principio activo, como ahora) y responsabilizar más a las autonomías en el sistema de fijación de precios a los nuevos fármacos. Precisamente, el 4 de noviembre entra en vigor un nuevo sistemaValtermed, implantado por Sanidad para monitorizar la eficacia de los nuevos fármacos, empezando por 7 medicamentos innovadores de uso hospitalario, que ya se financian, para medir su efectividad real.


En paralelo, el Ministerio de Sanidad ha presentado en octubre un Plan para incentivar el uso de los medicamentos genéricos (los que tienen la patente caducada), como otra forma más de ahorrar gasto, dado que en España estos fármacos tienen menos peso (47,2% de las unidades vendidas  y 22,8% del valor) que en Europa. El sector farmacéutico está en contra de esta propuesta, porque dice que la comparación es errónea, dado que en España, los medicamentos de marca han bajado de precio y cuestan lo que los genéricos, para poder ser financiados con el sistema de precios de referencia. Y con ello, el 80% de los medicamentos de marca que se dispensan con receta están a precio de genérico. Y con más calidad, aseguran. Por ello, fomentar los genéricos en contra de los medicamentos de marca es distorsionar la competencia y penalizar a los laboratorios innovadores frente a los laboratorios indios, chinos o de la Europa del Este que controlan el mercado de genéricos.


Además, la AIReF propone a Sanidad  modificar el copago farmacéutico, para resolver dos problemas actuales. Uno, que paguen lo mismo por las medicinas (el 10%) un pensionista con 600 euros de pensión que uno con 2.000. Y otro, que un trabajador con el salario mínimo (900 euros) pague más por las medicinas (el 40%) que un pensionista que gane el doble. Se estudia que todo el mundo, sea trabajador o pensionista, pague según su nivel de ingresos


Al margen de estas propuestas sobre cómo ahorrar, lo que está claro es que habría que reducir el consumo no justificado de fármacos (acabar con el armario que tenemos en casa)  y centrarse en financiar los fármacos necesarios e innovadores, que cada vez serán más caros. Y eso exige pagar los medicamentos por lo que vale producirlos, sin racanear con bajadas continuas pero sin pagar precios imposibles que a veces exigen los laboratorios por sus nuevos fármacos. Seguir adelante con el Pacto con la industria farmacéutica y no racanear en investigación, para que sigan apareciendo medicamentos que salvan vidas. Hay que moverse entre dos polosahorrar (para que no hagan falta más copagos) y financiar los fármacos lo suficiente para que no falten y se innoven. Un difícil equilibrio.













jueves, 20 de diciembre de 2018

Faltan medicamentos (lo barato es caro)


El 1 de enero bajan la mayoría de medicamentos, unos céntimos: nos ahorraremos 8,44 millones de euros en la farmacia. Pero lo que parece una buena noticia, no lo es: los medicamentos llevan bajando desde 2010 y su precio no compensa en algunos casos, con lo que los laboratorios dejan de producirlos o los exportan a paises europeos donde cuestan un 30% más, como también hacen (fraudulentamente) algunos mayoristas y farmacias. El resultado es el desabastecimiento: han faltado más de 1.000 medicamentos a finales de noviembre y ahora hay más de 400 en falta. Los recortes de precios impuestos se nos han vuelto en contra: el que muchos medicamentos cuesten menos que un café (el Adiro, 1,48 euros, aunque un jubilado paga 15 céntimos) desalienta la oferta de fármacos y la investigación de otros nuevos, además de hundir a las pequeñas farmacias. Urge racionalizar el gasto por otras vías y saber que luchar contra las enfermedades es caro y no se puede racanear, porque es contraproducente. Lo barato es caro.


A finales de noviembre, saltó la alarma: llegó a haber más de 1.000 medicamentos con problemas de suministro, que no se encontraban en muchas farmacias, algunos muy populares como Nolotil, Adiro o Dalsy. Ahora, algunos se han repuesto, pero hoy todavía hay 405 medicamentos con desabastecimiento, según este listado que publica la Agencia española del Medicamento (AEMPS). El año 2017 llegó a haber 900 con problemas. Y eso que este listado sólo incluye los medicamentos con “desabastecimiento, pero los farmacéuticos tienen otro listado, el CISMED, que incluye los medicamentos  con “problemas de suministro”, donde hay más demanda que oferta, un barómetro previo al desabastecimiento y que detecta medicamentos “difíciles de conseguir” para las farmacias cada día.

El desabastecimiento de medicamentos provoca muchos problemas, sobre todo a los pacientes, que se ven obligados a hacer una “ronda de farmacias” para buscarlos y luego ir al médico para que les recete otro alternativo (casi todos lo tienen), que suele causar problemas a los más ancianos (porque cambia la caja o el color o el tamaño de las pastillas). Para los médicos es otro problema, porque colapsa más las consultas de los Centros de salud pidiendo el cambio de medicamento. En los hospitales, las encuestas revelan que el 25% sufren problemas de suministro a diario y el 45% semanalmente, con lo que gestionarlo les lleva 5 horas semanales. Y las farmacias pierden también mucho tiempo llamando a almacenes para encontrar medicamentos o vacunas. Y además, se ha denunciado que las farmacias rurales y las pequeñas tienen más difícil encontrar las medicinas que escasean.

¿Por qué faltan algunos medicamentos? En un 38% de casos, se debe a problemas en el proceso de fabricación del medicamento, según el análisis hecho por la Agencia (AEMPS) de los 590 medicamentos en falta el primer semestre de 2018. Un proceso que es complejo y multinacional: el principio activo se compra en un país (muchos en China e India), se empaqueta en otro y se vende en un tercero, con lo que cualquier problema trastoca la cadena y el suministro final. Es lo que pasó con Adiro: la materia prima (acido acetil salicílico) se produce en Asturias pero Bayer lo envía a Alemania para su envasado y ha chocado con obras en la planta de Leverkusen, provocando desabastecimiento, que intenta resolver  importando las cajas de su fábrica de Milán. En el caso de Nolotil, el laboratorio que lo vende (Boehringer) compra el principio activo (metamizol magnésico) a Sanofi, que ha tenido problemas de suministro y como vende en 100 paises, elige cómo repartir la escasez. En otros casos, se ha debido a un incremento puntual de la demanda (12%) o a un “retraso en la entrega” (21% según la AEMPS). Muchas veces, la multinacional farmacéutica tiene un pico de demanda en un país y “desvía” medicamentos de otro: es lo que pasó en 2017 con Clexane (heparina), en falta en España porque se exportó parte de la producción fabricada en España a Alemania (donde la pagan más cara).

Pero en un 47% de los casos, los desabastecimientos de medicamentos se deben “a causas desconocidas”, según una reciente denuncia de la Federación Internacional Farmacéutica (FIP), que pide “más transparencia” sobre un problema sanitario grave, que afecta a toda Europa, no sólo a España. Y en este 47%, muchos expertos incluyen una causa que cada vez cobra más peso, sobre todo en España: el bajo precio de los medicamentos. “El desabastecimiento de medicamentos se debe a los bajos precios en España”, denunció en octubre el Colegio de Farmacéuticos de Orense. Y es que, con las rebajas impuestas desde 2010, el 55% de los medicamentos tienen un precio de venta con IVA inferior a 3,50 euros (los usuarios pagamos 1,40 euros o menos). Y con estos precios, a muchos laboratorios no les compensa fabricarlos. Y como venden en 100 paises, planifican para venderlos en los paises con los precios más caros, exportando cada vez más los medicamentos que se fabrican en España. Baste recordar que España es uno de los paises europeos con los medicamentos más baratos, sólo por delante de Portugal, Eslovenia, Letonia y Estonia. Y una medicina cuesta de media un 33% menos en España que en Alemania, Luxemburgo, Finlandia, Bélgica o Irlanda y un 16% menos que en Francia o Italia.

Con estas diferencias de precio, la tentación de vender fármacos en otros paises, a costa de reducir la oferta en España, es muy grande. Baste decir que las exportaciones  de medicamentos se han multiplicado por 18 entre 1995 (562 millones de euros) y 2017 (10.061 millones), aunque este año bajan un 4% (7.719 millones hasta septiembre). Y luego están las exportaciones paralelas (“comercio inverso”), las que hacen fraudulentamente almacenes mayoristas y farmacias (limítrofes con Portugal o Francia), para vender medicamentos que debían  ir a farmacias españolas a paises que los pagan el doble o el triple.


Por todo esto es preocupante que el Gobierno Sánchez haya aprobado otra Orden ministerial para bajar los medicamentos el 1 de enero de 2019, como se viene haciendo desde 2010, en aplicación del sistema de precios de referencia, creado en 1997 para pagar menos a los laboratorios por las medicinas: la sanidad pública solo financia un precio máximo por medicamento recetado y si el fármaco tiene un precio superior, el farmacéutico está obligado a suministrar al paciente un medicamento más barato, preferentemente genérico (con la patente caducada). Es una forma de presionar a la baja los precios de los medicamentos de marca y forzar la venta de genéricos (más baratos), que ya suponen en España el 81% de los medicamentos vendidos y el 55% de las ventas.

Ahora, el Gobierno ha revisado a la baja el precio de 15.500 presentaciones farmacéuticas (se venden 17.500), la mayoría medicamentos que se venden en farmacias (12.825) y 2.916 utilizados en hospitales. Todos bajan unos céntimos y las mayores rebajas (ver listado nuevos precios) se notarán en algunos ibuprofenos (que bajan del 65 al 81%, medicamentos contra el colesterol (bajan del 5,25% al 48%), anticonceptivos y medicamentos contra el asma. La rebaja para los particulares será de 8,44 millones, pero los laboratorios recortarán sus ingresos otros 248,25 millones en 2019, según los datos de Sanidad.

Los riesgos de esta nueva rebaja de medicamentos son básicamente dos. Uno, que se agrave el desabastecimiento de algunos medicamentos, ahora que los laboratorios van a cobrar menos por ellos, aunque el Gobierno no ha bajado nada 29 medicamentos básicos para “evitar una indeseable situación de falta de suministro de medicamentos esenciales”, como reconoce textualmente la Orden de Sanidad. Y la otra, que los laboratorios reduzcan su investigación de nuevos fármacos, tras 8 años de recortes de precios. De momento, el sector farmacéutico ha subido su gasto en I+D+i (1.147 millones en 2017, el 20% de toda la investigación industrial hecha en España) y somos el segundo país del mundo, tras EEUU, con más ensayos clínicos de medicamentos. Pero los laboratorios instalados en España producen menos fármacos innovadores: sólo lo son 2 de cada 10 medicamentos autorizados. Y llevamos 18 años sin nuevos fármacos contra el Alzheimer, 20 años sin nuevos antibióticos y 30 años sin ansiolíticos innovadores, según denunciaron los farmacéuticos de Orense.

La otra consecuencia negativa de que las medicinas cuesten menos que un café es que las rebajas de precios están afectando muy negativamente a las cuentas de las 22.046 farmacias españolas, que no son “unas tiendas más” sino un eslabón clave del sistema sanitario (el más cercano y “confiable”). La mayoría de las farmacias venden más medicamentos que en 2010, dispensan más recetas, pero facturan menos, entre un 10 y un 20% menos, y además les han bajado los márgenes. Y el mayor problema se concentra en las 3.000 farmacias que venden menos de 300.000 euros, sobre todo las 903 farmacias rurales con “viabilidad económica comprometida” y que malviven gracias a ayudas autonómicas.

Los riesgos de esta política de precios de los medicamentos, muy alejados de Europa, son claros. Y la ventaja, el ahorro en la factura farmacéutica, no es tan evidente: el gasto en farmacias se rebajó del récord de 11.135 millones en 2011 a 9.183 millones en 2013, pero luego no ha parado de subir desde 2014, hasta los 10.170 millones en 2017 (y crece otro 3,34% este año, con 8.738 millones gastados este año, hasta octubre), según los datos de Sanidad. Y a ello hay que sumar otros 6.500 millones de gasto farmacéutico en hospitales, que crece el doble que en las farmacias, por los costosos tratamientos. Pero aunque el gasto farmacéutico total (16.619 millones en 2017) sea muy importante, hay que señalar que su peso en la economía es todavía menor que en 2010 (supondrá el 1,43% del PIB en 2018, frente al 1,57% en 2010). Y que España, aunque sea “un paraíso de las recetas” (900.000 al año), gasta menos en medicamentos de farmacia que la mayoría de Europa: 223 euros per cápita, frente a 326 euros de media en la eurozona, 479 euros en Alemania, 382 euros en Francia o 250 euros en Italia, según Farmaindustria con datos de la OCDE (2016).

Aunque gastemos menos que Europa, el gasto farmacéutico es tremendo y se lleva el 24% de todo el gasto sanitario (70.804 millones en 2018). Y lo peor es que todo apunta a que aumentará en los próximos años, por tres factores: el envejecimiento de la población (más viejos que viven más años y consumen muchas medicinas), el aumento de las enfermedades crónicas (un 45% de adultos hoy las padecen y serán más en el futuro) y los nuevos tratamientos para algunas enfermedades (oncología, trasplantes, enfermedades autoinmunes, esclerosis múltiples…), que son muy costosos. Eso obliga a racionalizar el gasto farmacéutico, para compensar este mayor coste con algunas medidas de ahorro que no sea el desplome de precios de los medicamentos, sencillo pero muy arriesgado porque puede agravar los desabastecimientos y las “fugas” de medicamentos y laboratorios.

Una primera medida es reducir el número de recetas injustificadas, provocadas en muchos casos por la falta de tiempo de los médicos para atender a los pacientes (“receto y vete”), la inexistente medicina preventiva y la insuficiente mejora de hábitos de vida, dos vacunas contra las recetas, junto a campañas públicas para no despilfarrar en el consumo de fármacos (tenemos en casa decenas de cajas para tirar) y automedicarse menos. Los expertos insisten en que consumimos demasiados sedantes, estimulantes y sobre todo antibióticos: 1 de cada 2 españoles los ha tomado en el último año y los reciben 1 de cada 2 pacientes hospitalizados, según Sanidad, que considera “inadecuadas” entre el 40 y el 50% de las prescripciones de antibióticos, tanto en atención primaria como en hospitales. Un abuso que no sólo sube el gasto sino que crea un problema de resistencia a los antibióticos (superbacterias), que será en 2050 la primera causa de muerte en el mundo (con 10 millones de fallecimientos). Y controlar más el gasto farmacéutico hospitalario, el que más crece.

Mientras se intenta frenar el gasto farmacéutico, urge tomar medidas para evitar los desabastecimientos de medicinas, un grave problema sanitario que preocupa en toda Europa. Y más ante el Brexit. Las Agencias del Medicamento europeas han elaborado un Plan de trabajo hasta 2020 para reducirlos, con medidas como facilitar la autorización de nuevos fármacos, permitir prospectos en varios idiomas (para poder llevar los medicamentos a los paises donde falten) y un mayor control del camino que siguen las medicinas desde la fábrica a la farmacia, con la entrada en vigor (el 9 de febrero de 2019) de la “trazabilidad obligatoria”, la incorporación a los medicamentos de unos "códigos  Data Matrix 2D" que facilitarán detectar los medicamentos falsificados (el 1%) y vigilar si un medicamento ha sido desviado a otro país. Sin embargo, no se contemplan sanciones europeas a los laboratorios responsables de desabastecimientos ni restricciones a las exportaciones entre paises.

En España, la Agencia del Medicamento prepara un nuevo Plan 2019-2021 para garantizar el suministro de medicamentos. Mientras, habría que tomar algunas medidas urgentes como agilizar las alertas a los médicos (para que no receten medicamentos con problemas de suministro) y permitir a los farmacéuticos que tengan más autonomía para cambiar medicamentos no disponibles (pueden hacerlo en muchos casos, pero no cambiar cápsulas por comprimidos, ni inyectables, insulinas, medicamentos contra el asma o de especial control), para que el paciente no tenga que ir a por otra receta. Y se podría obligar a los almacenes a tener un stock de medicamentos susceptibles de desabastecimiento, como hacen en Portugal. También urge crear un canal de urgencia online para distribuir medicamentos escasos y que los farmacéuticos no tengan que ir  “a la caza de una medicina” o los pacientes “peregrinar” de farmacia en farmacia (“tienen Adiro en tal farmacia”, como nos dicen cuando buscamos algo en el Corte Inglés o Decathlon). Y por supuesto, una mayor vigilancia de laboratorios, mayoristas y farmacias para que no desvíen medicamentos que hacen falta aquí a otros paises para ganar más con ellos.

En definitiva, cuando vaya a la farmacia en enero verá que las medicinas le costarán unos céntimos menos. Pero piense que el que sean tan baratas no le beneficia, porque puede provocar que mañana no encuentre algún medicamento o que para conseguir un tratamiento contra el cáncer, su hospital tenga que comprarlo en el extranjero, 30 veces más caro, como ya ha pasado con Aspen Pharmacare, que en 2014 dejó de producirlos en España. Y piense que aunque cuesten menos que un café, no hay que tomar medicinas por tomarlas ni tenerlas almacenadas en casa, porque su coste para el país es tremendo. Y si no lo racionalizamos entre todos, desde los médicos a los pacientes, habrá más copagos. Y si racaneamos al pagar los medicamentos, faltarán y no se innovarán. Al final, lo barato es caro.

jueves, 7 de mayo de 2015

Tope de gasto a los medicamentos


Montoro tiene preparado “un regalo envenenado” a los Gobiernos autonómicos que salgan de las elecciones del 24-M: prestarles dinero sin interés para que financien la sanidad a cambio de que recorten el gasto farmacéutico, poniéndole un tope en otoño. Lo justifica porque ha subido la factura farmacéutica en 2014, tras cuatro años cayendo y a pesar del copago implantado en 2012. El mayor gasto se debe al envejecimiento, a que hay 120.000 nuevos mayores cada año que gastan más en medicinas, aunque paguen 8 ó 18 euros al mes. España ya gasta en medicamentos menos que Europa y no se debía recortar más ni rebajar  drásticamente el precio de las medicinas, de las más baratas de Europa. Porque cuando los medicamentos cuestan lo que una cerveza, los laboratorios no investigan y se exportan (legal e ilegalmente) a otros  países donde pagan más, faltando en España. Hay que huir del recorte fácil y apostar por una medicación responsable, que evite el despilfarro.
 
enrique ortega

Ha subido el gasto farmacéutico, en 2014 y en 2015, tras cuatro años de fuertes recortes. En 2014, aumentaron un 1,05% las recetas prescritas (868,63 millones, 18,6 por español al año) y un 1,92% el gasto en recetas, que fue de 9.359,97 millones de euros, según Sanidad. Los mayores aumentos del gasto farmacéutico se dieron en Melilla (+8,96%), Extremadura (+5,96%), Madrid (+5,39%), Ceuta (+4,77%) y Navarra (+4,10%), bajando solo en el País Vasco (-3,80%) y Galicia (-1,64%). Y en 2015 sigue aumentando  la factura farmacéutica en recetas: 2.374,8 millones entre enero y marzo, un 1,84 % más que en 2014. Además ha que sumar el gasto farmacéutico en hospitales públicos, que también subió un 1,2%, hasta los 4.658 millones, en 2014. Y Farmaindustria prevé que crezca otro 2,8% este año 2015 (más del triple que el gasto en recetas).

El aumento del gasto farmacéutico se debe, sobre todo, al envejecimiento de la población, a que aumenta el número de españoles mayores de 65 años, que suelen gastar más en medicamentos. Así, en enero de 2015 había 8.572.779 españoles mayores de 65 años, 641.615 más que en enero de 2010. Y no es sólo que haya 120.000 nuevos jubilados cada año, que “tiran” más de recetas. Es que casi un tercio de todos los jubilados son mayores de 80 años (2.726.024 españoles), los que porcentualmente necesitan más medicinas. Además, los nuevos medicamentos (sobre todo hospitalarios)  también son más costosos. Y, sobre todo, se ha difuminado el “efecto ahorro” inicial del copago implantado por el Gobierno Rajoy en julio de 2012: al principio, los jubilados (y los activos) se “cortaron” un poco de pedir recetas, al tener que pagar una parte, pero luego volvió a aumentar el gasto (y el despilfarro en muchos casos), porque se habían “acostumbrado” a pagar (entre 8 y 18 euros al mes la mayoría de los jubilados).

Con ello, se ha roto la rebaja del gasto farmacéutico, la mayor hecha en Europa (salvo Grecia), al reducirse la factura en recetas en 3.322,4 millones entre 2009 (el año récord de gasto, con 12.505 millones) y 2013 (9.183,2 millones de gasto). Un ahorro del 27% en cuatro años, forzado por varias medidas tomadas primero por Zapatero (imposición de rebajas de precios a laboratorios y descuentos a farmacias) y luego por Rajoy: copago a los pensionistas (10%) y a los activos (40-60%) y retirada de medicamentos financiables por el SNS (el 1 de septiembre de 2012 salieron 412 fármacos de la financiación pública, “el medicamentazo”). Además, el gasto por receta es también menor por la creciente penetración de los genéricos más baratos (47,9% de las medicinas en valor y 78,3% en unidades dispensadas)  y por las sucesivas rebajas de precios impuestas a los laboratorios, la última en septiembre de 2014. Eso sí, mientras, el gasto farmacéutico en hospitales no ha dejado de crecer, pasando de 4.380 millones (2010) a 4.658 (en 2014).

Ahora, la subida del gasto farmacéutico preocupa al Gobierno y sobre todo a las autonomías, porque muchas no están pagando las recetas a sus farmacias, a las que adeudan varios meses por falta de liquidez. Es el caso de Cataluña, Murcia, Valencia, Baleares, Canarias y Extremadura, donde han tenido que destinar 1.683 millones del Fondo de Liquidez Autonómica (FLA) concedido por Hacienda a pagar recetas. Ahora, el ministro Montoro promete destinar más dinero (sin interés) en 2015 a un Fondo para financiar la sanidad y los fármacos, pero con una condición: que las autonomías pongan un tope al gasto farmacéutico, que no podrá crecer más que la economía (+2/2,5% este año).

Y ya lo han aprobado, vía una enmienda a las Leyes de financiación de las comunidades, aprobada en solitario por el PP el 9 de abril en el Congreso (con el voto en contra de todos los demás partidos). Con ello, las autonomías tendrán que enviar antes del 30 de junio sus datos de gasto farmacéutico (y sanitario) entre enero y mayo de 2015. Y si ha crecido más que la economía, la Comisión Delegada del Gobierno para Asuntos Económicos les aprobará medidas para recortar el gasto (farmacéutico y sanitario), que deberán aplicar si no quieren perder dinero del futuro Fondo sanitario. Los partidos se han quejado de que es una injerencia “anticonstitucional” del Gobierno en la gestión autonómica. Y los médicos (OMC) han  criticado con dureza este tope al gasto farmacéutico, ligado a la economía y no a la salud. Mientras, la industria farmacéutica va a firmar (a finales de mayo) un pacto con Hacienda (no con Sanidad), aceptando este tope de gasto, porque prefieren asegurarse un crecimiento a medio plazo (el de la economía) que estar al albur de rebajas y recortes según vaya el gasto ( y además, les han prometido a cambio acelerarles el plazo de autorización de nuevos medicamentos, más caros).

Nadie está en contra en poner orden en el gasto farmacéutico, donde hay todavía despilfarro: muchos pensionistas que “tiran de receta” (con la colaboración de algunos médicos y las consultas “a minuto”) y acumulan medicamentos sin usar o caducados. El problema es que Gobierno y autonomías están utilizando el gasto farmacéutico (14,5% del gasto sanitario) como la vía fundamental para recortar el gasto sanitario: el 79% del ajuste sanitario se ha hecho en los medicamentos. Y al hacerlo, el Gobierno “se ha pasado de frenada: si hasta 2010 había mucho despilfarro, hoy España tiene un gasto en recetas por debajo de la media europea (0,88% del PIB, inferior al 1% que propone Bruselas). Y el gasto farmacéutico público total por habitante era en España de 232 euros (2002), un 23% inferior a la eurozona (301 euros) y aún más bajo que el de Francia (383,6 euros) y Alemania (384,7 euros), según Eurostat. Y en 2014 subió a 300 euros por habitante (recetas y hospitales), un gasto menor que en Europa y similar al de España 2005, según Farmaindustria.

¿Cuál es el problema de este drástico recorte del gasto farmacéutico?  Los bajos precios de los medicamentos, forzados por las sucesivas rebajas impuestas a los laboratorios desde 2010. Con ello, el precio medio de las medicinas en España está un 15% por debajo de la media de la eurozona (y un 31% más bajo que en Alemania), según Farmaindustria. Y con los últimos precios de referencia, implantados en septiembre de 2014, el Gobierno ha obligado a los laboratorios a que apliquen el precio del país que lo tenga más bajo en Europa. O sea que si ya teníamos los fármacos más baratos tras Portugal, Eslovaquia y Estonia, ahora acabarán siendo los más baratos de Europa. Algo que suena bien, pero tiene dos problemas.

El primer problema es que si caen drásticamente los precios de los medicamentos, los laboratorios tienen menos incentivos para investigar y descubrir otros nuevos. De hecho, el gasto en I+D+I de la industria farmacéutica (líder en investigación) ha caído desde 2010. Y sólo 2 de cada 10 medicamentos autorizados son innovadores, lo que tiene mucho que ver con que cada vez se venden medicamentos más baratos: un 51% cuestan menos de 3,5 euros y sólo un 14% valen más de 20 euros, habiendo bajado drásticamente la cuota de los medicamentos innovadores (del 4,1% en 2010 al 2,8% en 2014).

El segundo problema es que si cae drásticamente el precio de los medicamentos en España, los laboratorios tenderán a exportarlos fuera, a países como Alemania, Gran Bretaña, Holanda, Bélgica y países del Este, donde los precios están hasta un 30% más altos. Y también se exportan medicamentos ilegalmente, a través de redes de farmacias (que “distraen” medicamentos y vacunas destinados a los españoles) y almacenes que exportan ilegalmente, con un 80-150% de beneficio: ya hay 80 imputados (entre boticarios y almacenes) y más de 200 farmacias investigadas, en distintas operaciones desde 2014. Ahora, la Agencia del Medicamento ha preparado un Plan para cruzar datos de compras y ventas y reducir este fraude, que además va a ser perseguido con más penas: el 1 de julio entra en vigor el nuevo Código Penal, que establece de 1 a 4 años de prisión e inhabilitación profesional para un delito que hasta ahora sólo tenía sanciones administrativas.

La consecuencia de tener medicamentos con precios muy bajos, que cuestan lo que una cerveza, es que se exportan más (legal e ilegalmente) y eso provoca desabastecimientos de algunas medicinas en España, en farmacias y en los hospitales, sobre todo algunas vacunas, anticancerígenos y fármacos contra los efectos de la quimioterapia, los trasplantes, la leucemia, la epilepsia y el Parkinson. Actualmente, existen 185 medicamentos “en falta”, según esta lista que publica cada día la Agencia Española del Medicamento. La mayoría se sustituyen por otros, pero eso causa incertidumbre a muchos pacientes.

Otro efecto de esta carrera (inútil) por rebajar como sea la factura farmacéutica es que se está cargando muchas farmacias, cuyas cuentas no les salen por el doble efecto de la caída de ventas (más recetas con menos gasto) y el aumento de los descuentos forzados, más la morosidad de muchas autonomías. Con ello, la caída de márgenes ha sido del 34% en los últimos cinco años y eso lleva a que un 20% de las 21.559 farmacias españolas estén con problemas y un 5% (más de 1.000) en riesgo de cerrar, según Cofares, poniendo en peligro un eslabón clave de la asistencia sanitaria en España. Y en cuanto a los usuarios, el recorte se está dando en los medicamentos financiados, que son cada día menos. Y por el resto, los medicamentos “libres” (39% ventas, casi la mitad de las unidades vendidas), cada vez pagamos más. De hecho, la Cruz Roja ha advertido que un tercio de las familias que les piden ayuda es para comprar medicinas que no cubre la sanidad pública.

Hay que poner orden en el gasto sanitario, eso es indudable. Pero no con un tope ligado a lo que crezca la economía. Hace falta un gran acuerdo con los médicos para que receten menos, lo imprescindible, porque se abusa de los medicamentos (sobre todo de los antibióticos) y muchos de los nuevos fármacos que sacan los laboratorios no son innovadores (no aportan ventajas y si un mayor precio). Y hace falta una campaña de mentalización a los pacientes, sobre todo a los mayores, para evitar el abuso y el despilfarro. Sin olvidar los hospitales, que tendrían que vigilar más su gasto farmacéutico,  sin amenazar con copagos a los pacientes. Pero luego, habrá que pagar los medicamentos por lo que valen, sin racanear en el pago para rebajar el déficit a costa de que no se investigue o se exporte y falten medicinas en España. Esto es muy serio y no puede decidirse con criterios contables. La salud no tiene precio.