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jueves, 24 de marzo de 2022

Ciencia: por fin una Ley con recursos "blindados"

La guerra de Ucrania, la inflación y las protestas sociales nos paralizan, pero hay que hablar también sobre otros temas importantes que siguen ahí. Como la Ciencia, que nos ha salvado con las vacunas en la pandemia, y que ha estado abandonada en España en la última década. En 2022, el Presupuesto en Ciencia se ha casi duplicado, pero todavía gastamos menos que en 2009. Por eso es muy importante la aprobación, en febrero, de la nueva Ley de la Ciencia, que se compromete a gastar un 3% del PIB en Ciencia para 2030, el doble que ahora, “blindando” los recursos al margen de quien gobierne. Y también son importantes los Fondos europeos, porque 1 de cada 6 euros van a la Ciencia. Ahora falta que la Ley se pacte en el Congreso y que se resuelvan los temas laborales de los investigadores, facilitando su vuelta a España y simplificando la burocracia. Apostar por la Ciencia es el mejor pasaporte para el futuro.

Enrique Ortega

La Ciencia es una de las grandes “asignaturas pendientesde España en este siglo XXI, una de las claves para modernizar el país y ser más competitivos. En 2009, estábamos recortando distancias con el resto de Europa, pero la crisis y los drásticos recortes se cebaron en la Ciencia: el gasto se redujo en -21.728 millones entre 2010 y 2016, se han perdido investigadores (-5.000 entre 2009 y 2019) y hay menos empresas que investigan hoy que hace una década. El año 2021 fue el primero en que volvió a aumentar el presupuesto en Ciencia y todavía más en 2022, con 7.879 millones de gasto público en I+D+i, un 12% más que en 2020, pero todavía una cuarta parte menos del gasto público en Ciencia que España hizo en 2019 (10.360 millones). Así que llevamos ya 13 años de retraso

Dentro del Presupuesto en Ciencia para 2022 (7.879 millones), algo menos de la mitad son subvenciones directas (3.411,85 millones), donde se ha hecho el mayor esfuerzo, ya que duplican las subvenciones en Ciencia que se dieron en 2017 (1.721 millones) y casi triplican las concedidas el peor año para la Ciencia (1.396 millones en subvenciones en 2013), siendo la cifra más alta de ayudas públicas a la investigación de la historia (el anterior máximo fueron los 2.575 millones de 2009). El problema es que del Presupuesto total para Ciencia (7.879 millones en 2022), más de la mitad siguen siendo créditos (4.467,70 millones), préstamos que se conceden para I+D+i, que son una manera de “inflar” el Presupuesto total, porque la mayoría de estos créditos (el 75%) no se piden ni gastan.

Así que tenemos mucho más dinero para la Ciencia en 2022, pero más de la mitad de ese dinero son créditos que las instituciones y Universidades no suelen pedir porque sus cuentas no les permiten endeudarse. Al final, el resultado es que gran parte del dinero público disponible para la Ciencia (que es menor al de 2009) no se gasta. Es lo que ha pasado en la última década: en 2009, se gastó el 81,6% de todo lo presupuestado, pero luego bajó drásticamente al 57,6% en 2011, al 38,22% en 2016, al 29, 7% en 2017 (se gastaron menos de 1 de cada 3 euros disponibles), el 51,3% en 2019 y el 52,1% en 2020, el último año del que ha publicado datos Hacienda, según este informe de COTEC.

En definitiva, que hay poco dinero público para la Ciencia y encima sólo se gasta la mitad. La causa es doble. Por un lado, no se gastan todas las subvenciones disponibles (la mitad del Presupuesto) porque los expedientes para conseguirlas son muy complejos, con excesivos trámites que retrasan su ejecución. Por otro, la razón básica es que desde 2012, con Rajoy, la mayor parte del Presupuesto total para Ciencia son créditos que hay que devolver (no subvenciones a fondo perdido) y ni las instituciones ni las Universidades están en situación de devolverlos, con lo que las tres cuartas partes de estos créditos no se piden. En resumen, se “inflan” los Presupuestos para parecer que gastamos en Ciencia, pero no.

Con todo, lo importante es que el Presupuesto en Ciencia (subvenciones y créditos) ha vuelto a subir en 2021 y 2022, tras estar congelado entre 2018 y 2020, por la forzada prórroga de los Presupuestos. Y que además, ahora contamos con una parte de los Fondos Europeos para impulsar a la Ciencia: de los casi 70.000 millones que aportará la UE al Plan de Recuperación, el 16,5% (11.550 millones) serán subvenciones directas (a fondo perdido) para impulsar la investigación, desarrollo, innovación y digitalización, la 2ª partida con más recursos europeos tras la educación y formación (17,6% de los recursos UE). Este dinero ya se incorporó a la Ciencia en el Presupuesto 2021 (España anticipó 1.100 millones europeos) y se notará más en 2022, con 5.418 millones de Fondos Europeos para Ciencia (casi todo, salvo 12 millones, subvenciones a fondo perdido), que se repartirán entre 28 programas ligados a 5 Ministerios (Ciencia, Asuntos Económicos, Universidades, Transportes e Industria y Comercio).

Así que este año 2022, la Ciencia contará en España con 13.298 millones para la Ciencia, entre subvenciones y créditos nacionales y fondos europeos. Una cifra nunca vista desde 2009 y que impone un doble reto: gastarla y gastarla bien. Para ayudar, el Gobierno ha aprobado por fin, el 18 de febrero, la esperada nueva Ley de la Ciencia, que reforma la Ley de 2011. Una Ley que tiene básicamente 2 patas: reducir la burocracia y facilitar el gasto en Ciencia y solventar los múltiples problemas laborales de los investigadores. Y lo más importante: incluye un compromiso, destinar el 3% del PIB español a la Ciencia para 2030, frente al 1,41% que se gastó en 2020. Duplicar el gasto total en Ciencia en esta década.

Este compromiso” de gasto con la Ciencia, gobierne quien gobierne, es una vieja petición de los investigadores españoles, que han visto como cuando hay recortes se empieza por la Ciencia, alejándonos cada vez más del gasto en Europa, según los datos de Eurostat. El mejor año, 2009, el gasto total en Ciencia de España fue del 1,36% del PIB, frente al 1,97% del PIB en la UE-27 (una “brecha” del 0,61%). Y a partir de 2012, con los recortes, el porcentaje de gasto baja, más en España que en Europa (1,19% en España frente al  2,12% en la UE-27: la brecha crece al 0,93%). Y con la recuperación, el gasto en Ciencia sube más en el resto de Europa que en España, manteniendo la “brecha: 1,41% de gasto total en Ciencia en 2020 (último dato oficial) frente al 2,32% en la UE-27, una brecha del 0,91%.

La inversión total en Ciencia en España (1,41% del PIB) no sólo es mucho menor que la media europea (2,32%), sino que es la menor de los grandes paises del continente: 3,14% del PIB gasta Alemania, 2,35% Francia, 1,53% Italia, 3,53% Suecia, 3,48% Bélgica, 3,2% Austria, 2,94% Finlandia o 2,29% Paises Bajos. Pero incluso gastamos menos en Ciencia (comparativamente) que paises económicamente menos desarrollados de Europa, como Eslovenía (2,15%), República Checa (1,99%), Estonia (1,79%), Hungría (1,61%), Portugal (1,62%) y hasta Grecia (gasta 1,49% de su PIB en Ciencia), según Eurostat.

En 2020, el último año con datos publicados, el gasto total  (público y privado) de España en Ciencia fue de 15.768 millones de euros (el 1,41% del PIB), poco más que los 14.581 millones gastados en 2009 (descontando la inflación, el gasto en Ciencia ha caído un -6,3%), según el INE.. Más de la mitad del gasto en Ciencia lo hacen en España las empresas privadas (8.813 millones en 2020), cuyo gasto ha aumentado algo en la última década (gastaban 7.567 millones en 2019). Pero se ha estancado el gasto público (6.954 millones en 2020 frente a 6.985 en 2009), porque lo ha hecho el gasto en Ciencia que hacen el sector público (2.753 millones) y las Universidades (4.202 millones de gasto en investigación en 2020).

Otro problema añadido a que gastemos poco en Ciencia es que lo gastamos de forma muy desigual. Primero, por autonomías. Las tres cuartas partes de todo el gasto (15.768 millones en 2020) se reparte entre sólo 5 autonomías: Madrid (27% del total), Cataluña (23%), Andalucía (10,3%), País Vasco (9,3%) y Comunidad Valenciana (7,8%). Y si tenemos en cuanta la población, la disparidad es enorme: el País Vasco gasta en Ciencia 674 euros por habitante (el doble que la media española: 328,6 euros por persona), Madrid gasta  607,2 y Cataluña 469 euros, mientras Canarias gasta 98 euros por habitante, Extremadura 131 y Andalucía 181 euros por habitante, según COTEC. Y todavía, en 2020, hay 9 autonomías que no han recuperado el gasto en Ciencia de 2009 ni otras 7 regiones el empleo de sus investigadores: La Rioja, Cantabria, Extremadura, Asturias, Canarias, Aragón, Andalucía, Navarra y Castilla la Mancha. La mayoría, en el pelotón de las más pobres.

Además, el gasto en Ciencia es muy desigual por sectores: hay 13 sectores de los 33 existentes que ya han recuperado la inversión en Ciencia de 2008, en especial el automóvil (gasta +102,7%), transporte (+62,6%), energía y agua (+28,8%) y farmacia (+19,6%). Mientras los 22 sectores restantes todavía gastan menos en investigación que en 2008, sobre todo construcción (-62,6%), minería (-58,4%) textil y calzado (-49,3%) y muebles (-47,2%), según COTEC. Y también hay mucha desigualdad de gasto según el tamaño de las empresas: han subido un 1% las grandes empresas que investigan pero hay 2.415 empresas menos que investigan hoy que en 2008 (sobre todo han caído pymes).

Para ayudar a remontar este retraso en la última década, la nueva Ley de la Ciencia busca asegurar un gasto (el 3% del PIB) y facilitar la investigación, para gastar mejor. Ahora, uno de los graves problemas de los investigadores es la burocracia, el exceso de papeleo y tiempo para justificar los programas y sus gastos (es muy difícil comprar una silla o un ordenador y hay que justificar facturas de hasta 10 años atrás, incluso un taxi). La nueva Ley de Ciencia simplifica los trámites y la comprobación de los gastos será “por muestreo”, a cargo de la Agencia Estatal de Investigación. Además, se va a conceder una subvención directa a todos los proyectos que ya hayan sido evaluados positivamente por algún responsable del sistema público (autonomías o Universidades). Se trata de agilizar los proyectos.

La otra pata de la nueva Ley de Ciencia es resolver los múltiples problemas laborales que tienen hoy los investigadores y sus responsables. Hasta ahora, la mayoría de los contratos para investigadores eran por obra y servicio, por un máximo de 4 años, con lo que pasado este tiempo se rompían los proyectos y los investigadores tenían que buscar un nuevo grupo en el que trabajar. Además, una parte del sueldo de los investigadores dependía de la evaluación de sus méritos anteriores (los “quinquenios”), lo que penalizaba a los investigadores que trabajaban fuera de España y regresaban, ya que su trabajo exterior no se tenía en cuenta a la hora de pagarles. Ahora, con la reforma laboral, se crea una nueva modalidad de contrato indefinido vinculado a actividades científico-técnicas, a los que se reconocerá los trabajos de investigación realizados en España y en el extranjero.

Además, se aprueba un nuevo contrato para investigadores postdoctorales, de hasta 6 años (ahora eran hasta 5), con una evaluación intermedia y otra final que les permitirá obtener un nuevo certificado R3 que facilitará su acceso posterior a una plaza fija, porque se les reserva un 25% de plazas en los organismos públicos de investigación y en las Universidades. Además, si no encuentran plaza y se les acaba el contrato, la nueva Ley les asegura una indemnización, lo mismo que a los contratados pre-doctorales, que tampoco la tienen  (el Ministerio va a destinar 12 millones a ayudar a instituciones y Universidades a pagar estas nuevas indemnizaciones).

Además de reducir la precariedad y mejorar el sueldo de los investigadores, la Ley abre la vía a la sustitución de jubilados: desde 2012, cuando el Gobierno Rajoy situó en cero la tasa de reposición de investigadores (se jubilaban y no podía cubrirse su plaza), se han perdido 5.000 puestos públicos. Ahora, la tasa de reposición se pasa al 120% (por cada 100 jubilados, 120 puestos), con lo que se estima que se van a incorporar 12.000 investigadores a puestos públicos relacionados con la Ciencia. Y la Ley pretende que una parte sean investigadores españoles que están en el extranjero, a los que se facilita su vuelta. Y también se busca atraer cerebros extranjeros, desarrollando la figura de “investigador distinguido”.

La nueva Ley de Ciencia está ahora en el Congreso, para el debate de enmiendas y el Gobierno quiere que se apruebe para el verano, con los mayores apoyos políticos posibles, para que dé estabilidad a la Ciencia, al margen de quien gobierne. Los investigadores la han recibido bien, aunque piden que el compromiso de gastar el 3% del PIB se refuerce más, porque la Ley lo condiciona “a las disponibilidades presupuestarias de cada ejercicio”. Y piden, a través de la COSCE (84 sociedades científicas y 46.000 investigadores) que se avance en otras cuestiones: creación de una Oficina de Ciencia en Presidencia del Gobierno y una vicepresidencia, reforzar la Agencia Estatal de Investigación, acelerar de verdad los procesos burocráticos de investigación, un Plan para el retorno de investigadores y corregir a fondo toda la precariedad laboral y salarial de los investigadores.

La nueva Ley de la Ciencia y los mayores fondos, nacionales y europeos, pueden ayudar a recuperar la década perdida para la Ciencia, si se alcanza un pacto político que blinde su futuro y se apoya a los investigadores, facilitando sus contratos y programas. Es hora de promover de verdad la Ciencia, donde nos jugamos la salud, la mayor eficiencia de la economía y el empleo de las próximas décadas. Apostar por la Ciencia es ganar el futuro.

jueves, 11 de mayo de 2017

La recuperación no llega a la Ciencia


El Gobierno Rajoy ha “vendido” que el gasto en Ciencia aumenta en 2017. Falso: sólo crecen los créditos (que no se gastan) pero bajan las subvenciones. Si consideramos todo el gasto descontando la inflación, realmente baja un 0,38%. Y se suma al recorte del 30% sufrido desde 2009, según la OCDE. España se coloca así a la cola de Europa, en el puesto 19 por gasto público en I+D+i, mientras también las empresas gastan menos. Además, existen enormes diferencias de gasto en Ciencia por autonomías: el País Vasco gasta cuatro veces lo que Canarias. La Comisión Europea, la OCDE y el FMI acaban de pedir  al Gobierno (otra vez) que se vuelque con la Ciencia, porque es una razón clave  de que España sea menos productiva y cree menos empleo que Europa. Pero como si nada. Mientras, los investigadores han salido a la calle, pidiendo más gasto y un Ministerio. Y recuperar una década larga perdida para la Ciencia. Nos jugamos el futuro.


enrique ortega



El Gobierno Rajoy ha vuelto a utilizar su “truco presupuestario” con la Ciencia en el Presupuesto 2017, como ya hizo en años anteriores: el gasto total será de 6.501 millones de euros, con un pequeño aumento (+1,1%), pero a costa de subir los créditos (+3,78%) y bajar las subvenciones (-2,6%). Este aumento global es un “espejismo”, porque los créditos (3.896 millones, un 60% del Presupuesto 2017) no se utilizan (Universidades y centros públicos están muy endeudados y no se pueden endeudar más) y al final no se los gastan, mientras las subvenciones (2.604 millones, el 40% del Presupuesto) sí se utilizan. Además, aunque el gasto público en Ciencia sube 71,57 millones (+1,1%), en realidad ese aumento nominal se lo comerá este año la inflación (+1,5% anual), con lo que el gasto real caerá un 0,38%.

Este año 2017, todas las partidas importantes de gasto (salvo los créditos) caen, desde los gastos de personal (-0,6%) hasta las inversiones (-7,8%), pasando por las compras (-2,4%) y las transferencias (-9,9%), según el análisis de COSCE. Y todos los organismos públicos de investigación ven recortados sus Presupuestos: un -0,9% el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (el CSIC, el principal organismo de investigación en España), un -0,8% el Instituto de Salud Carlos III, un -32,41% el Instituto de Investigación Agraria (INIA), un -35,45 la innovación tecnológica en defensa, un -20,95% la innovación en telecomunicaciones (Ciudades digitales, Agenda Digital, Red.es y el Instituto de Ciberseguridad) y un -64,03% los programas para promover la investigación y la tecnología en las empresas.

Este estancamiento del gasto público en Ciencia en 2017 (o recorte, contando la inflación), se suma a los recortes sufridos entre 2009 y 2013: -3.741 millones de euros, 1 de cada 3 euros disponibles (9.673 millones en  2009). Menos de un tercio del recorte es culpa de Zapatero (-1.084 millones entre 2010 y 2011) y más de dos tercios son de Rajoy (-2.657 millones entre 2012 y 2013). El problema añadido es que España recortaba un tercio su gasto en Ciencia mientras los demás países lo aumentaban durante la crisis, con lo que nos hemos quedado aún más retrasados de Europa. De hecho, España es el país occidental que más ha recortado su presupuesto público en Ciencia, un 34,69% entre 2009 y 2013, según datos de la OCDE aportados por COTEC. Un recorte mayor que el de Grecia (-3,12%), Portugal (-7,22%), Italia (-13,64%), Francia (-15,39%) o Irlanda (-18,46%) y que contrasta con el aumento del gasto en Ciencia en Europa (+0,16% en la UE-28) y en los paises punteros, como Alemania (+18,41%), Suecia (+16,29%), Reino Unido (+1,83%), Holanda (+1,51%) o Finlandia (+1,41%).

Pero no sólo ha recortado en Ciencia el Presupuesto del Estado. También las autonomías han reducido un 10% su gasto en Ciencia desde 2010, aumentándolo sólo Andalucía y Murcia, aunque las que más gastan son País Vasco, Navarra, Madrid y Cataluña. Y las empresas privadas también han recortado su gasto en I+D+i, otro 16% entre 2008 y 2015 (6.915 millones). Todos han utilizado la Ciencia para ajustar sus cuentas, a costa de perderse proyectos y plantillas: se han perdido 23.000 empleos, de los que 13.000 son investigadores perdidos, que han ido al paro o han emigrado al extranjero.

Entre 2014 y 2017, los presupuestos en Ciencia se han mantenido, con ligeras subidas, lo que no ha evitado que el recorte final en Ciencia sea del 30% entre 2009 y 2016, según los últimos datos de la OCDE, que contrastan con la subida del gasto en Europa y muchos paises. Con ello, el gasto público español en Ciencia se coloca a niveles de 2006: una década perdida. Y España sigue bajando en el ranking europeo por  gasto público en I+D+i: en 2016 estábamos en el puesto 18, con un gasto público en Ciencia del 1,23% del PIB, muy por debajo del 2,02% de la UE-28 y del objetivo europeo del 3% para 2020. Sólo hay 7 paises europeos que gasten menos en Ciencia (Rumania, Letonia, Bulgaria, Grecia, Eslovaquia, Polonia y Lituania) y estamos muy lejos de los más innovadores: Suecia (3,30% del PIB en Ciencia), Finlandia (3,17%), Dinamarca (3,05%), Austria (2,97%), Alemania (2,86%), Bélgica (2,46%), Francia (2,22%) y Reino Unido (1,66%). Y estamos a la cola de Europa (puesto 27) en el ranking europeo de solicitud de patentes (32 por millón de habitantes).

Y todos estos recortes son contando el gasto que está en los Presupuestos, que no es lo que se gasta de verdad en Ciencia, porque la mayoría de las partidas son créditos que no se consumen. Así, en 2016, el Estado sólo gastó realmente un tercio de lo presupuestado, según las cifras parciales de Economía, debido a la no utilización de los créditos y al cierre del gasto el 1 de agosto para forzar el recorte del déficit. En 2015, el Estado solo gastó la mitad de lo presupuestado, según datos de la Intervención General. Y en conjunto, se estima que el Estado ha dejado de gastar 18.886 millones en I+D+i sobre lo presupuestado entre 2008 y 2015, con lo que el recorte final en Ciencia ha sido aún más drástico.

El problema de la Ciencia en España no es sólo la falta de recursos. Hay un problema adicional de falta de plantillas y de investigadores (6,8 por cada 1.000 empleados frente a 7,9 en la UE, 8,9 en Reino Unido o 9,9 en Francia), que además están muy envejecidos y con poco reciclaje. Además, hay poca inversión en investigación en las Universidades (330 millones de media por Universidad frente a 1.330 millones en Alemania). Una gran disparidad en el gasto en Ciencia por autonomías, que representan un 60% de todo el gasto público en Ciencia: un 1,93% del PIB gasta el País Vasco, 1,71% Madrid, 1,64% Navarra o 1,52% Cataluña frente a sólo un 0,48% de Canarias, un 0,54% de Castilla la Mancha, un 0,66% de Extremadura o un 1,02% de Andalucía (justamente, las regiones más pobres y atrasadas de España). Y, sobre todo, tenemos el problema de que las empresas españolas gastan poco en I+D+i: un 0,65% del PIB frente al 1,3% de media en la UE. Gastan menos y sólo las grandes empresas, que mantienen menos investigadores que en Europa (3,4 por cada 1000 empleos, frente a 6,5 investigadores en las empresas alemanas  y 8,7 en las francesas).

Ya no es sólo que España gaste poco y mal en Cienciadesde el Estado, autonomías, Universidades y empresas. Es que además tenemos un problema educativo que no ayuda, que tiene un impacto muy negativo sobre la innovación, como señala el Informe COTEC 2016. Por un lado, la educación de los jóvenes españoles es muy deficiente, como revelan dos datos. Uno, que los jóvenes de 15 años tienen peores puntuaciones que la media de Europa y la OCDE en matemáticas, lectura y ciencia, según revelan los informes PISA. Y el otro, que España es líder en abandono escolar en Europa: un 20% de jóvenes abandonan sus estudios, casi el doble de la media europea (11%), según Eurostat. Y por otra parte, tenemos también una población adulta poco formada: un 25,4% de los trabajadores españoles tienen baja cualificación, frente al 9,4% de media en la OCDE. Como dice el Informe COTEC, este bajo nivel educativo y formativo no ayuda al avance de la Ciencia y la innovación.

Mientras Rajoy sigue “racaneando” con la Ciencia, los organismos internacionales reiteran año tras año que España tiene un grave problema de innovación y tecnología, que explica en buena medida nuestra baja productividad (puesto 33 en el ranking mundial) y que trabajen pocos españoles (el 59,5% de los adultos frente al 66,6% en UE-28, según Eurostat).En diciembre 2016, la misión del FMI criticó a España por las escasas ayudas públicas que destina a los programas de innovación de las empresas privadas y pidió más eficacia en el gasto público en I+D+i. En febrero de 2017, el informe sobre España de la Comisión Europea criticaba la falta de coordinación en materia de Ciencia entre el Estado central y las autonomías, pidiendo un mayor gasto empresarial y una mayor colaboración entre la investigación pública y la privada, señalando el exceso de rigidez y burocracia en las Universidades y la falta de evaluación sistemática del gasto en I+D+i. Y en marzo de 2017, el informe de la OCDE sobre España pidió simplificar los trámites para que las empresas consigan bonificaciones fiscales para inversiones en investigación, a la vez que más ayudas directas y no créditos para la Ciencia.

Todas estas llamadas de atención del FMI, la Comisión Europea y la OCDE no sirven de mucho. Ya en julio de 2014, la Comisión Europea realizó un Informe sobre la Ciencia en España, donde hacía 10 recomendaciones que se resumen en tres: tenemos que gastar más (mínimo, 1.000 millones más de gasto público al año), aumentar las plantillas de investigadores y gastar mejor, reformando los centros públicos de investigación (fusiones), modificando la carrera de investigador, coordinando mejor los esfuerzos de las 17 autonomías, estado, Universidades y empresas, evaluando mejor y de forma sistemática los programes de investigación y favoreciendo fiscalmente la innovación de las empresas privadas. Han pasado casi 3 años y apenas se ha avanzado, ni en el gasto ni en cómo investigar mejor.

Ante este parón de la Ciencia, tras una década perdida, los investigadores salieron a la calle el 22 de abril para pedir recursos y medidas, resumidas en este Manifiesto por la Ciencia, centrado en 4 propuestas: firma de un Pacto de Estado por la Ciencia, restitución del Ministerio de Ciencia y creación de una Oficina independiente que asesore el Gobierno en temas de tecnología, además de la creación de una Agencia independiente (al estilo del European Research Council europeo) que gestione un Fondo estable de inversión en Ciencia procedente de los Presupuestos. Los investigadores creen que habría que pactar unos recursos estables para la Ciencia, al margen de la política, hasta recuperar unos 9.000 millones de gasto público al año (el nivel europeo), un tercio más que  ahora (6.501 millones para 2017). Y no sólo gastar más sino gastarlo mejor, de forma más coordinada y eficiente.

Todo el mundo habla de la importancia de la Ciencia, pero sigue relegada, en este Presupuesto y en los últimos 8 años, en la política y en las empresas. Y con ello, España pierde el tren del futuro, porque de la innovación y la tecnología depende nuestra productividad, empleo y riqueza. No podemos seguir en el vagón de cola de la Ciencia europea si aspiramos a ser un país puntero. Dejen de mirar para otro lado y acuerden ya un Pacto por la Ciencia, con dinero y medidas eficaces para recuperar esa década perdida y avanzar hacia un país más moderno, más competitivo y con más empleo. El pasaporte es la Ciencia.