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jueves, 14 de junio de 2018

La TV de pago gana a la tradicional


Por primera vez en España, la TV de pago (con menos de una década de vida) facturó en 2017 más dinero que la TV tradicional (TVE lleva 62 años y las privadas 28). Y 1 de cada 3 hogares (6,6 millones de familias) están abonados a la TV de pago, la mayoría con paquetes donde las telecos se la ofrecen junto al teléfono e Internet. Pero también hay 2,5 millones abonados a TV de pago extranjeras, como Netflix, Amazon o HBO. El  “pagar para ver lo que uno quiere” en televisión es imparable y la TV de pago llega ya al 60% de hogares europeos. Un cambio que está  revolucionando el sector audiovisual, a golpe de fútbol y series, y que afecta mucho a las TV en abierto (menos publicidad y menos calidad) y a las TV públicas, que necesitarán más recursos para competir. Telecos y plataformas extranjeras nos han creado esta necesidad, la TV a la carta, que será cada vez más cara.

enrique ortega
La televisión tradicional cumplirá 62 años en España este otoño, con TVE emitiendo desde octubre de 1956, aunque las privadas, Telecinco y Antena3, llevan emitiendo sólo desde principios del año 2000. La televisión de pago es mucho más reciente: Movistar inició una prueba piloto en Alicante en enero de 2001, que extendió en 2005 a todas las provincias, pero el lanzamiento de Movistar TV se hizo en 2013, año en que las empresas de telefonía se lanzaron a vender “paquetes múltiples”, donde ofrecían a sus clientes de teléfono un paquete con telefonía fija, móvil, Internet fijo y móvil más TV de pago. Y así hemos llegado a 2017, con 6.590.000 hogares clientes de la TV de pago, un 35% del total de familias españolas y  2,3 millones de abonados más que en 2013, según los últimos datos de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC). Del total de abonados a la TV de pago, la gran mayoría (5,8 millones) lo son a través de su empresa de telefonía, de las telecos, que les han vendido un paquete quíntuple (5,5 millones de contratos).

Pero también hay españoles que han contratado la TV de pago con plataformas extranjeras, multinacionales norteamericanas que ofrecen sus canales por Internet a cambio de un pago mensual. La líder es Netflix, que llegó a España en octubre de 2016 y que ya tenía 1,46 millones de abonados a finales de 2017 (el 9,1% de los hogares), según datos de la CNMC. Le sigue Amazon, con su servicio Prime Video, que funciona desde diciembre de 2016 y tiene ya 566.000 españoles abonados (el 3,5% de hogares). Y HBO, disponible desde noviembre de 2016, que cuenta con 450.000 abonados en España (2,3% de hogares).

Al final, la TV de pago ha ganado ya un 22,3% del consumo total de TV en España, frente al 77,1% de consumo de la TV en abierto, según los datos de la CNMC para 2017, aunque en abril de 2018 batía otro récord, con el 24,1% del consumo de TV (y 75,9% la TV en abierto), según la consultora Barlovento TV.  De este pastel de la TV de pago (ese 22,3% del consumo total de TV, 241 minutos diarios en abril 2018), la mayor tajada se la lleva la TV por cable (10,2% del consumo total de TV), seguida de la TV por Internet (9,2%)  y la TV por satélite (2,9%). En las tres modalidades, la empresa líder es Movistar TV (que ronda el 60% de todos los abonados a la TV de pago), Vodafone (21%), Orange (6%), Euskaltel (4,4%) y Telecable (2,1%), más las plataformas de TV por Internet, donde Netflix ocupa el 2º lugar, tras Movistar, Amazon el 4º (tras Vodafone) y HBO el 6º (tras Orange).

El principal motivo por el que los españoles contratan una TV de pago es porque su operador de telefonía se lo ofrece (un 47%), normalmente como una oferta de fútbol o series (con un precio inicial más bajo que luego sube). El segundo motivo, según el Panel de Hogares 2016 de la CNMC, es por la series (el 35%) y los deportes (el 31%), también por los documentales (25%) y “por ver menos publicidad” (24% encuestados). Y a la hora de darse de baja de una plataforma de TV de pago, los motivos más importantes son perder las series de referencia (el 23%), el fútbol (20%) o las películas (19%), así como perder servicios o aplicaciones. Y un dato resaltable es que los jóvenes “millenials(nacidos entre 1980 y 1995) son más asiduos que los mayores a los canales de pago, según un estudio de Deloitte. Lo que más se consume en la TV de pago es deportes, series, películas y documentales, mientras en la TV en abierto ganan los concursos, los programas del corazón, noticias y magazines.

Pero si el salto de la TV de pago ha sido grande en abonados (de la nada a casi 6,6 millones), el gran salto lo han dado en facturación, en volumen de negocio: la TV de pago ingresó 2.133 millones de euros en 2017, un 14,6% más que en 2016 y el 43% más que hace 5 años. Y con ello, superó por primera vez el negocio de la TV en abierto, que facturó 1.913 millones de euros en 2017, un 1,08% más que en 2016, según los últimos datos de la CNMC. Este “adelantamiento” de la TV de pago, en menos de una década de existencia, se debe a tres factores. Uno, el gran aumento de abonados (de 3,9 millones en 2013 a 6,59 millones en 2017). Dos, el aumento de ingresos por cuotas (de 1.380 millones en 2014 a 1.968 millones en 2017). Y tres, a la mejora de la publicidad, en general y también para la TV de pago (que ingresó 65 millones en 2017, el 5% de todos sus ingresos, mientras para la TV en abierto, la publicidad ingresada en 2017, 1.780 millones, supone el 93% de sus ingresos).

Cara al futuro, la TV de pago tiene todavía mucho recorrido en España, si tenemos en cuenta que está menos avanzada que en otros países. Así, la TV de pago ha penetrado en el 35% de los hogares españoles, frente al 60% de media en Europa, según un informe de Deloitte, que estima que podría crecer hasta el 80%.Y esa penetración es aún mayor en países como Portugal (90% de hogares abonados a la TV de pago), Francia (75%) o Reino Unido (63% abonados), aunque es menor en Italia (25%).

Lo que está claro es que las telecos han apostado fuerte por la TV de pago, sobre todo porque se les agota el crecimiento con la telefonía (fija y móvil) y tienen que jugarse los ingresos futuros con los datos y la TV de pago. Por eso están apostando fuerte con los contenidos, con la compra y producción propia de series y el pago de los derechos de fútbol: protestan porque la Liga les cobra cada vez más, pero saben que el fútbol es la clave para crecer en abonados e ingresos. Y también las series. Por eso, Vodafone se alió en mayo de 2016 con la plataforma HBO, para ofrecer sus contenidos. Y en mayo de 2018, Movistar ha firmado un acuerdo con su competidor Netflix para incorporar sus contenidos, a finales de 2018, a sus clientes de la TV de pago de España y Latinoamérica.

Este crecimiento de la TV de pago y su apuesta de futuro preocupan y mucho a las TV privadas en abierto, sobre todo a Mediaset (Telecinco, Cuatro) y Atresmedia (Antena 3 y la Sexta), que hasta ahora estaban muy cómodos, tras el “regalo” de Zapatero de quitar la publicidad a TVE en 2009. De hecho, ambos grupos de TV en abierto son hoy un auténtico “duopolio televisivo”, que controlan el 84,7% de la publicidad total en televisión (927 millones Telecinco y 887 millones Atresmedia) cuando sólo tienen el 55,4% de la audiencia, según Infoadex. Un control sobre el mercado publicitario, a través de acuerdos y tejemanejes de sus empresas vendedoras de publicidad, que no se conoce en ningún otro país de Europa, donde los dos mayores grupos audiovisuales sólo controlan del 60 al 77% del mercado publicitario. Un “duopolio” que es duramente criticado por las demás TV privadas y autonómicas.

Las TV privadas en abierto, en especial los grupos Mediaset y Atresmedia, tratan de defenderse del boom de la TV de pago por dos vías. Una, mejorando su plataforma de contenidos en Internet, para lo que se han unido a RTVE, con objeto de unificar la oferta online de los tres operadores. Además, exigen al Gobierno desde hace meses que haga cumplir a las TV de pago las obligaciones de la normativa audiovisual que ellos cumplen: que los contenidos emitidos por las televisiones sean un 51% europeos (de ellos, la mitad españoles), que contribuyan a financiar obras audiovisuales europeas (con el 5/6% de sus ingresos) y que tengan limitada su publicidad (12 minutos por hora de emisión).

Las TV de pago, sobre todo las telecos que hay detrás, argumentan que su negocio “es diferente”, está más ligado a Internet que al mundo audiovisual, y piden que no se les apliquen esas normas de las TV en abierto, mientras se quejan del “duopolio” publicitario de Mediaset y Atresmedia. Y además, piden al Gobierno que cree una Fiscalía especial contra la piratería, porque en España se accede más a contenidos online ilegales (lo hace el 16% de la población, frente al 10% en Europa) y eso les supone unas tremendas pérdidas a las TV de pago: 533 millones al año en películas y otros 171 millones en series.

En medio de esta pelea entre TV de pago y TV en abierto se encuentran las TV públicas, afectadas por esta mayor competencia (por la audiencia y la publicidad) y los recortes del Gobierno y autonomías en los últimos años. El gran problema es TVE, que tras perder 475 millones de euros entre 2010 y2015 (al quitarle la publicidad), parece que ha reajustado sus cuentas y cerró con beneficios 2016 (+0,8 millones) y 2017 (+25 millones), si bien es un intolerable ejemplo de manipulación política que no puede mantenerse más. En cuanto a las televisiones autonómicas, también han mejorado algo sus cuentas (aún reciben 942,7 millones de subvención), no su “independencia” política, pero pierden publicidad (-10% en 2017) y audiencia. El reto de las TV públicas es doble. Por un lado, conseguir un sistema de financiación estable y suficiente, máxime cuando las TV públicas nos cuestan menos que las de otros países: 38,9 euros por habitante frente a 67 euros de media en la UE, 120 en Alemania, 113 en Reino Unido, 66,4 en Francia o 42,7 euros/habitante en Italia, según un estudio de la Universidad de Santiago de Compostela. Y por otro, adaptarse a la competencia creciente de la TV por Internet, deportes y series.

Cara al futuro, lo que está claro es que ha cambiado el modo de ver televisión: estamos pasando del “qué ponen esta noche en la tele” al “qué quieres ver en la tele”. Y de ver lo que nos echan a buscar los programas que nos interesan y verlos cuando queramos, en la tele, el móvil, el ordenador o la tablet. Y ver la tele con el móvil al lado, para comentar al momento algo en redes y WhatsApp o para consultar algo en Google. Y sobre todo los jóvenes, los que han nacido con muchas cadenas disponibles y mucha oferta donde elegir. Una oferta que se va a hacer cada día más compleja, al modo de una TV a la carta, donde las telecos y los operadores internacionales tratan de competir en calidad de contenidos e imagen.

De hecho, la penúltima batalla de las telecos en la TV de pago es emitir contenidos en 4K, una mayor calidad de imagen para la que sólo están preparados los televisores del 9,8% de hogares españoles, según datos de Astra (y los que tengan el TV, necesitan además un descodificador). Pero la carrera está lanzada: Orange emitirá Roland Garros en 4K y pondrá en marcha un canal de series en calidad UHD, Movistar ha lanzado también un descodificador 4K y estudia emitir en ese formato carreras de F-1 y Moto GP, mientras Vodafone ya ofrece 7 canales en 4K y ofrece el descodificador desde marzo de 2016. El “gancho” para que las familias se cambien a televisores 4K y busquen canales de pago que emitan con esta alta calidad será este Mundial de Fútbol de Rusia, que se inicia hoy y donde todas las imágenes que se sirvan serán en 4K (aunque en España los emita Mediaset en TDT “normal). Ya en la pasada temporada, la Liga emitía 2 partidos en 4K y su objetivo es emitir todos los partidos en este formato a medio plazo, otro “gancho” más para la TV de pago.

La TV de pago ha irrumpido con fuerza en nuestras vidas y crecerá más en pocos años. El “truco comercial” de las telecos y las plataformas de Internet es que probemos, que “nos enganchemos” a la TV de pago, a elegir lo que queremos ver, sin casi anuncios, en lugar de soportar los anuncios y programas de baja calidad de las TV en abierto. Y luego, una vez que estemos “pillados” por el deporte, las series, películas, documentales o programas de cocina, subirnos poco a poco las tarifas, como ha pasado con los datos e Internet. Ya lo saben: “la otra TV” está muy bien pero hay que pagarla. Y cada año más.

domingo, 3 de febrero de 2013

La doble crisis de los medios de comunicación


La crisis se ha llevado por delante muchas empresas y entre ellas 200 medios de comunicación, con 27.500 periodistas en paro. Una crisis internacional, agravada en 2012 y que tiene tres causas: caída drástica de la publicidad, menos lectores y un cambio de modelo donde los internautas apuestan por el gratis total para informarse. Pero la crisis de los medios no es sólo un problema económico: arrastra consigo a la libertad de expresión y al derecho de todos a informarse, porque unos medios que pierden son poco independientes del poder, las empresas y la banca. Y eso lo sufrimos todos: sin periodismo libre no hay democracia. Resolver esta doble crisis, agravada en España, no es fácil. Obligará a buscar un modelo de negocio en Internet, un pacto con Google (como en Francia), y unos lectores dispuestos a pagar por la independencia y la calidad. Casi nada.
enrique ortega

2012 ha sido un año negro para los medios de comunicación, que ya venían arrastrando una dura crisis desde 2008. Han desaparecido 197 medios de comunicación en España, según el último informe de la profesión periodística: 22 diarios (el último, en febrero 2012, Público, el último periódico nacido en España, en 2007), 10 periódicos gratuitos (tres de los cuatro nacionales: Metro, Qué y ADN), 132 revistas, 2 agencias (Cover y Fax Press), 4 radios y 20 televisiones. Y se han perdido 8.000 empleos, con 27.443 periodistas en paro, ocho veces más que antes de la crisis (2007), tras drásticos EREs en todos los grupos periodísticos.

La crisis de los medios es un problema mundial, desde Estados Unidos (cierre de 152 cabeceras en 2010 y otras tantas en 2011), hasta Europa, con cierres y recortes en Gran Bretaña, Italia, Alemania y Francia. Pero en España, la crisis ha sido más grave porque ha estallado la burbuja mediática, alimentada por la burbuja del ladrillo (constructores metidos a editores) y del crédito (bancos y Cajas detrás de medios, sobre todo regionales): somos el segundo país de Europa con más cabeceras (116, frente a 70 de media en la UE), tras crearse 140 medios durante el boom. Y hay también una burbuja formativa: 40 centros con 70.000 alumnos y 2.600 periodistas licenciados al año (2011).

La burbuja de los medios ha estallado, en España y en otros países, por dos razones. Una, la caída drástica de los ingresos por publicidad: han caído un 42% entre 2007 y 2012, pero a la prensa escrita le han caído un 60%, según Infoadex. La otra, la pérdida de lectores, un 20% en cinco años, según la OJD. Y de esto, mucha “culpa” tiene la irrupción de Internet, que ha llevado a muchos a no comprar periódicos ni escuchar noticias para leerlas en su ordenador, teléfono o tablet. De hecho, de los 24 millones de internautas españoles, el 62% leen las noticias en Internet (50% en Europa). Y la mayoría lo hacen “gratis total”, sin pagar un euro.

Con ello, los medios han entrado en pérdidas: al cierre de 2012, hasta El País perdía dinero, cuando los diarios ganaban 232 millones en 2007. Ello les ha llevado a drásticos recortes de gastos, plantilla y hasta de papel (ABC y El Mundo han reducido 2 centímetros sus cabeceras), intentando vender de todo menos periódicos. Los medios digitales no están mejor, con plantillas exiguas, muchos escribiendo sin cobrar y con poca publicidad. Las radios aguantan regular (ABC Punto Radio ha sido absorbida por la Cope) y las televisiones se llevan el mayor recorte de la publicidad o de los Presupuestos públicos. Aunque las 13 televisiones autonómicas (sin audiencia y sin publicidad) todavía nos van a costar 951 millones de euros en 2013, a pesar de los drásticos recortes en Telemadrid, Canal 9 y 7RMurcia.

Mención aparte hay que hacer de RTVE, que en 2012 ha vuelto a tener pérdidas (-105 millones, tras perder -11,5 en 2011), gracias a la decisión del Gobierno Zapatero de quitarle la publicidad en 2010 y, sobre todo, tras los recortes presupuestarios: -204 millones en 2012 y otros 50 en 2013. Con ello, se ha asfixiado a la televisión pública, que ha tenido que recortar drásticamente gastos y programas, lo que le ha llevado en 2012 a perder el liderazgo (12,2% de audiencia), en favor de las privadas, Telecinco (líder, con el 13,9%) y Antena 3 (12,5%). Un duopolio privado, tras la fusión Telecinco-Cuatro y Antena 3-La Sexta, que controla el 86% del mercado publicitario, un poder inédito en Europa (59% en Francia, 66% en Reino Unido, 74% en Alemania y sólo 85% en Italia). Un duopolio  a costa del hundimiento de TVE, que les llevó a tener escandalosos beneficios en 2011 (110,54 millones Tele5 y 93,43 Antena 3), aunque han caído drásticamente en 2012 (a 55 y 7 millones), por la digestión de las fusiones y otra bajada de la publicidad (-18,3%).Y los canales TDT son un fiasco de audiencia (1% Intereconomía, 13TV o MarcaTV)  y de pérdidas ("El Gato al Agua" no paga a sus periodistas desde octubre).

Este 2013, seguirá la crisis de los medios, porque la publicidad volverá a caer (-10,2%) y no se recuperará hasta 2014. Pero el mayor problema lo tiene la prensa escrita, que sigue perdiendo peso frente a la digital: en 2012, la audiencia de los medios digitales creció un 19%, mientras caía la prensa de papel. Y ya tiene más usuarios: 7,2 millones mensuales El País digital (frente a 5,98 millones de audiencia mensual El País papel) y aún más El Mundo (6,98 millones de usuarios digitales frente a 3,77 millones en papel).

En todo el mundo, las empresas de medios buscan un nuevo modelo de negocio, que sin abandonar el papel (algunos sí, como Newsweek) se vuelque en lo digital. Unos apuestan por suscripciones de pago estrictas (Wall Street Journal) y otros por pagos limitados a algunos servicios (The New York Times o ahora Finantial Times). En España, cuesta introducir el pago por noticias, a pesar del intento de los quioscos digitales (Orbyt y Kiosko y Más). Y luego, en Europa, los editores tienen la vista puesta en Google, en cómo sacarle una parte de los ingresos por publicidad que se lleva (80% publicidad de Internet). En Alemania, Merkel ha aprobado una tasa a Google por enlazar contenidos de los medios, pero aún no la ha aprobado el Parlamento. Y también lo han pedido los editores españoles. Pero Google se niega a pagar una tasa y lo más que acepta, como ha hecho en Bélgica, es permitir que los medios ganen más con sus servicios (AdWords). O pactar con Hollande una ayuda (no un cánon) de 60 millones a la prensa francesa, que podría extenderse al resto de Europa.

Si no hay publicidad, los medios tendrán que cobrar por las noticias (de algún modo imaginativo) para sobrevivir. Pero, si lo consiguen, será en precario, recortando costes en perjuicio de la calidad del producto. Y aquí viene el segundo gran problema de esta crisis: unos medios con pérdidas, sin apenas ingresos, son tremendamente vulnerables. Sin beneficios no hay prensa libre sino medios muy dependientes de las empresas, los bancos y el poder (publicidad institucional). No en vano, con las pérdidas y el desmantelamiento de RTVE, el panorama es desolador: sólo hay un periódico (El País) y una radio (la SER), medianamente independientes (necesitan créditos e inversores), mientras la mayoría de los periódicos, diarios digitales, revistas, radios y televisiones (salvo la Sexta) apoyan al Gobierno Rajoy y su política de recortes.

La crisis ha hundido a los medios, el cuarto poder, poniendo en grave riesgo la información libre, de la que cada día está más necesitada la sociedad. Muchos de los mejores periodistas están en paro o jubilados, mientras dirigen los medios gerentes agobiados por las deudas y la cotización en Bolsa. Y los lectores desconfían cada vez más de los medios clásicos. Y se vuelcan en Internet, que parece más libre, pero donde falta rigor, calidad, medios y originalidad (8 de cada 10 noticias que circulan en la red proceden de la prensa). Es una mala época para el periodismo  y sin periodismo no hay democracia. Nuestra crisis es la crisis de todos.

domingo, 19 de febrero de 2012

TV: duopolio privado sobre la tumba de TVE


Otro recorte del Gobierno Rajoy ha sido para RTVE: 200 millones, más de un tercio de la subvención que recibe. Con ello, la televisión pública, líder de audiencia, tendrá que recortar su oferta, ya que ni el Gobierno ni las privadas quieren que tenga publicidad. Además, se ha preparado una Ley para privatizar las televisiones autonómicas, un costoso desastre que quedará en manos de productoras, tras un doloroso ajuste. Así  tendrán más poder las televisiones privadas, ahora sólo dos grupos, con las fusiones: Telecinco y Antena 3, con el 86% de la publicidad. Un duopolio construido sobre la tumba de TVE, que debería sobrevivir con dignidad  para mejorar la calidad y la independencia de la oferta televisiva. Pero para eso hay que financiarla mejor.
enrique ortega

El Gobierno Zapatero cavó la tumba de TVE, al quitar la publicidad en 2010, y el Gobierno Rajoy pone la lápida, con un recorte de 200 millones que va a asfixiarla: es más de un tercio de la subvención (547 millones) y un 16,6% de su presupuesto (1.187 millones). Y podría haber más recortes, ya que ha encargado una auditoría (¿no le vale la de la Intervención general del Estado?). Los gestores de RTVE dicen que el recorte les coloca en una situación insostenible, ya que el 80% del gasto está comprometido  y no resultará fácil cortar (han ajustado directivos y sueldos) ,salvo empeorando la oferta de programas y forzando a un nuevo ajuste de plantilla (tras los 4.000 que salieron).

RTVE debe gestionarse mejor, pero su problema no es sólo este recorte: está fallando el esquema de financiación de TVE. La Comisión Europea ha denunciado a España por obligar a las empresas de telecomunicaciones a financiar (con un 0,9% de sus ingresos) a RTVE. Y si el Tribunal de Justicia UE falla en contra, se quedará sin 188 millones anuales, que cobra con dificultades, como los 91 millones de las TV privadas, con lo que cerró 2011 con un déficit de 50 millones (el tercero desde 2009). El Gobierno lo sabe y busca  un nuevo modelo de televisión pública, pero no quiere que RTVE vuelva a tener publicidad, aunque solo piden patrocinios de 3 minutos por hora (ingresarían 100 millones).

En paralelo, el Gobierno Rajoy ha aprobado el 13 de enero una Ley para privatizar las televisiones autonómicas a partir del verano. El objetivo es permitir una gestión privada o mixta de lo que ahora es un servicio público, pésimamente gestionado: las 13 TV autonómicas cuestan 1.588 millones de euros al año entre subvenciones y pérdidas, con una deuda de 1.630 millones. Muchos dirigentes del PP prometieron, antes del 15-M, cerrarlas o venderlas, pero ahora que controlan 11 de las 17 autonomías no han hecho ni una cosa ni otra, aunque todas sufrirán este año fuertes recortes de presupuesto, de canales y programas (quitarán fútbol y Formula 1) y algunas, de personal.

El mayor problema de las autonómicas es su abultada plantilla (10.834 personas, frente a 1.000 en todas las privadas). Y todas pierden porque apenas tienen audiencia (un 10,4 % frente al 17,6% en 2005) ni publicidad: 198 millones en 2011, un 9% del pastel, que les cae año tras año (- 27% en 2011). Ahora, las televisiones privadas huelen este trozo de la tarta y piden al Gobierno que quite también la publicidad a las autonómicas, como hizo ZP, que les regaló en 2010 los 500 millones que ingresaba TVE. Pero si las autonomías quieren privatizar sus televisiones, tendrán que hacer antes duros ajustes de plantilla, quedarse con su deuda  y dejarles la publicidad, que es lo que atraerá a las productoras, que ya gestionan hoy informativos (Secuoya y Vértice) en las TV de Baleares, Murcia, Aragón, Canarias o Madrid.

Al final, la mayoría de dirigentes autonómicos acabarán teniendo “su televisión”, gestionada por productoras afines, que sacarán su tajada, con apoyos y ayudas mutuas. Y ello reforzará el poder las televisiones privadas y sus productoras (Mediapro, Globomedia, Endemol, Ganga o New Atlantis), un mercado que tras la absorción de la Sexta por Antena 3 (y antes la de Cuatro por Telecinco), se ha convertido en un duopolio: controlan ya el 86 % del mercado publicitario (en Francia, Alemania o Gran Bretaña, las dos grandes TV privadas controlan del 60 al 77%), aunque sólo tengan el 51,1 % de la audiencia (con sus canales TDT), dominada por la 1 de TVE (14,5%), por tercer año consecutivo. Un duopolio muy poderoso, que preocupa a los anunciantes (les imponen condiciones) y que está deteriorando la oferta televisiva, centrada en los beneficios (150 millones Telecinco y 90 millones Antena 3): “Hacemos televisión para vender publicidad”, dijo una vez el presidente de Telecinco. Clarito.

La crisis y la caída de la publicidad en TV (-9,7 % en 2011 y otro -6% previsto para 2012) hacen que las privadas sean más agresivas con TVE y con las autonómicas. Pero España debe plantearse si quiere o no mantener televisiones públicas. En el caso de TVE, la más barata de las públicas europeas (55 euros al año por familia, frente a los 180 € del canon de la BBC, los 120 € de Francia o el canon de 200 €  de las públicas alemanas), tengamos claro que por el camino de los recortes acabará deteriorándose y cayendo en calidad y audiencia. Y en el caso de las autonómicas, habrá que plantearse si tiene sentido mantenerlas y a qué precio (y si una productora privada puede gestionarla con criterios de servicio público).

No se lleva, pero hay que defender una televisión pública de calidad, independiente y bien gestionada. Y eso tiene un precio, que habrá que pagar. Sobre todo, porque nos tiramos 4 horas al día ante la televisión, un artilugio clave de formación (o de-formación) y de información (o des-información). Hemos pasado de 2 a 40 canales y la oferta es cada vez de peor calidad, con más telebasura y más anuncios. El negocio es así. Por eso no podemos liquidar las televisiones públicas, las de todos. Nos jugamos mucho.

miércoles, 6 de abril de 2011

El derroche de las TV autonómicas y locales

Cada día, los habitantes de 13 autonomías y más de 100 grandes ciudades españoles pueden ver los programas de sus televisiones regionales o municipales, junto a TVE y las privadas. Pero no les sale gratis: ver la televisión propia les cuesta más de 120 euros al año por familia. Las TV autonómicas y locales tienen unos 2.000 millones de Presupuesto, el 70% del gasto del Ministerio de Educación. Y la mayoría son subvenciones de autonomías y Ayuntamientos, que no evitan unas pérdidas acumuladas de 1.500 millones de euros. Unas televisiones caras y muy politizadas, cuyo futuro se debate en estas elecciones. Unos quieren privatizarlas, otros quitarles la publicidad y otros cerrarlas. Algo habrá que hacer con ellas.
Con las autonomías, en los ochenta llegaron las primeras TV regionales (la vasca ETB en 1982, la catalana TV-3 en 1983, Tele Madrid  y la andaluza Canal Sur en 1989), que no han parado de aumentar (las últimas, en 2005, Canal Extremadura y la balear IB3). Hoy, 13 autonomías tienen TV propia, con 34 canales en total, más las correspondientes radios autonómicas. Y las cuatro autonomías sin TV institucional (Cantabria, Castilla y León, Navarra y La Rioja) subvencionan programas de TV privadas.
En 2010, el presupuesto de estas 13 TV autonómicas ascendió a 1.860 millones de euros, de los que la publicidad sólo cubre el 15%. El resto son subvenciones (813 millones) y pérdidas (775 millones), que acaban saliendo del presupuesto autonómico, del bolsillo de los ciudadanos. En 2009, las televisiones autonómicas costaban una media de 110 euros por hogar, según un estudio de Deloitte. Las más caras eran las TV de Baleares (219 euros por familia), Euskadi (191 €), Aragón (145€), Andalucía (121 €) y C. Valenciana (117 €).El problema es que tienen un alto coste, están sobredimensionadas de personal (10.000 personas, cuatro veces la plantilla de las TV privadas) y tienen poca publicidad (les ha caído un 39% desde 2006) por su baja audiencia, que además está cayendo con la TDT: sólo superan el 10% de share TV-3 (14,8%), Canal Sur(12,7%) y la TV de Galicia(12,3%). En consecuencia, viven de las subvenciones y acumulando unas pérdidas de 1.480 millones de euros.
En paralelo, unas 100 grandes ciudades españolas mantienen TV municipales, con más de 100 millones de presupuesto, en su mayoría con cargo a los Ayuntamientos, que cubren sus pérdidas. La mayoría están en Andalucía (más de 30 TV municipales, destacando Giralda TV en Sevilla, con 4 millones de presupuesto, Málaga o Cádiz con más de 2 y Jerez con 1,3 millones) y en Cataluña (con más de 18 TV municipales, la principal la barcelonesa BTV, con 18 millones de presupuesto y 1,6 millones de deuda). Son TV con más de 600 trabajadores, elevados costes y  una escasa audiencia (1,3% para todas las locales, incluyendo privadas) y con una publicidad que cayó un 40% en 2010.
Ante este panorama, la receta de las TV privadas es la misma que se aplicó a RTVE: quitarlas la publicidad y financiarlas con el presupuesto autonómico/ municipal o con un canon. Una mala solución a la vista de lo que ha pasado con RTVE: ha tenido que prejubilar a 4.000 empleados, ha recortado costes y aun así ha cerrado 2010 con un déficit de 47,1 millones porque no ha funcionado el sistema de financiación aprobado: las operadoras de telecomunicaciones y las TV privadas (junto a la tasa radioeléctrica) han aportado 142 millones menos de los previstos. Y además, una parte de estos ingresos están recurridos por Bruselas ante el Tribunal de Luxemburgo, con lo que el próximo Gobierno se puede encontrar con que ha de buscar otra vez como financiar a RTVE o hacer más recortes. Eso sí, los 500 millones de euros que facturaba RTVE por  publicidad  (que ahora se cubren con una subvención del Presupuesto de 579 millones) se los han repartido entre Telecinco (200 millones) y Antena 3 (104 millones), dos cadenas que han disparado sus beneficios en 2010 (+ 79,6 T5 y + 45,6% A3), gracias al desmantelamiento financiero de RTVE, un logro más en el balance de ZP.
Ahora, no debería repetirse este error estratégico (¿intencionado?) con las TV autonómicas y municipales. Está claro que algo hay que hacer, porque no es de recibo que Cataluña, por ejemplo, tenga un presupuesto de 481 millones para su RTV autonómica y tenga que cerrar los quirófanos por la tarde o tener los institutos a media luz  por su agujero presupuestario. O que un Ayuntamiento se gaste más en RTV que en servicios sociales. Son televisiones caras, poco independientes y muy politizadas, y con una programación discutible, más comercial que de servicio público, que puja por programas como la Fórmula 1 (Canal Nou) o la Champions (TV-3 o Canal Extremadura). El PP dice en esta campaña electoral que quiere cerrarlas o privatizarlas, pero está por ver que lo hagan, ya que son “un juguete” muy tentador. Otra opción (peligrosa) es externalizar los servicios, en manos de productoras de “amiguetes”. Pero algo hay que hacer tras el 22-M: sanearlas, dimensionarlas, hacer una programación sensata y centrada en la región o la ciudad. Y buscar un modelo de financiación realista y estable. Si no, la pelota de las pérdidas las abocará a la subasta o al cierre.