La luz se ha comportado bien este verano, costando menos en origen (mercado mayorista) que en junio y con un recibo estabilizado para los consumidores, aunque sea mayor que el del verano de 2024 porque este año ha subido el IVA que pagamos (del 10 al 21%) y los peajes (costes fijos del sistema). Concretando, en septiembre, el precio de la electricidad en el mercado mayorista ha sido de 61,04 euros/MWh, según OMIE, una bajada del -10,8% sobre el precio medio de agosto y la tercera bajada mensual consecutiva desde el máximo de junio (72,60 euros/MWh). La rebaja del precio mayorista de la luz en septiembre se debe a que no tuvimos olas de calor (como en agosto), a una menor demanda (menos turistas) y a una fuerte generación eólica y solar (un 53,7% de la luz fue renovable).
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jueves, 9 de octubre de 2025
El sobrecoste político de la luz
El precio de la luz en el mercado
mayorista bajó en septiembre (-10,8%), por tercer mes
consecutivo, recuperándose del apagón. Pero el recibo de la luz que
pagamos apenas ha bajado (13 céntimos), porque aunque la luz sea más
barata en origen (por las renovables), hay que pagar las centrales de gas
disponibles para evitar otro corte. El Gobierno aprobó en junio
un “Decreto antiapagones”, para reforzar la red eléctrica, pero no
consiguió aprobarlo en el Congreso: en julio, lo tumbaron PP, Vox, UPN, Junts, BNG y Podemos.
A falta de estas medidas, los consumidores pagamos en el recibo un
sobrecoste, 2.300 millones anuales. Ahora, el Gobierno busca aprobar
algunas medidas por Decreto-Ley, para no pasar por el Parlamento, como
el apoyo al autoconsumo (560.000 hogares y empresas tienen placas
solares). Y propone invertir 13.590 millones en la red eléctrica,
para multiplicar por 14 su capacidad. Objetivo: electrificar la economía
y que las renovables aporten el 81% de la luz en 2030, abaratando
más nuestro recibo. Enrique Ortega
La luz se ha comportado bien este verano, costando menos en origen (mercado mayorista) que en junio y con un recibo estabilizado para los consumidores, aunque sea mayor que el del verano de 2024 porque este año ha subido el IVA que pagamos (del 10 al 21%) y los peajes (costes fijos del sistema). Concretando, en septiembre, el precio de la electricidad en el mercado mayorista ha sido de 61,04 euros/MWh, según OMIE, una bajada del -10,8% sobre el precio medio de agosto y la tercera bajada mensual consecutiva desde el máximo de junio (72,60 euros/MWh). La rebaja del precio mayorista de la luz en septiembre se debe a que no tuvimos olas de calor (como en agosto), a una menor demanda (menos turistas) y a una fuerte generación eólica y solar (un 53,7% de la luz fue renovable).
Sin embargo, esta rebaja de la luz en septiembre en
origen (-10,8%) no se ha trasladado a los consumidores que
tiene tarifa regulada (PVPC), 8,4 millones (otros 20 millones tienen tarifa
“libre”, que renegocian cada año). Y eso porque el precio mayorista supone sólo
un tercio del recibo final: los otros dos tercios son impuestos, costes fijos
regulados (para pagar la deuda eléctrica, el parón nuclear, la ayuda a las
islas o a las renovables), el transporte y la distribución y los “ajustes del
sistema”. Y aquí está pesando ahora el coste específico que tiene Red Eléctrica
(REE) por mantener disponibles 30 centrales de gas para evitar otro apagón como el
del 28 de abril. Este coste, llamado “operación
reforzada”, pasó de 8,19 euros/MWh en julio a 16,15 euros en agosto y 17,5
euros en septiembre… Un extracoste que pagamos en el recibo (hace un
año eran 10,24 euros) para “evitar apagones”.
Al final, la factura media de la luz que ha pagado un
hogar (con 4,6 KW de potencia y un consumo mensual de 292 kwh) ha sido de 67,61
euros en septiembre, sólo 13 céntimos menos que en agosto
(67,74 euros), menos que en julio (68,12 euros) y casi como en junio (67,43
euros), según
la OCU. Y es una factura algo más cara que hace un año (62,08 en
septiembre 2024) y que hace dos (65,19 en septiembre de 2023) , por la
subida del IVA y los mayores peajes obligatorios este año.
El Gobierno aprobó el 24 de junio un “Decreto
antiapagones” para reforzar la seguridad de la red eléctrica y
evitar a medio plazo este “extracoste” en el recibo por pagar las centrales de
gas. Por un lado, reforzaba la vigilancia y la supervisión del sistema
eléctrico, con
más poder de la CNMC y REE, que deben hacer informes periódicos de
funcionamiento y control de tensión, modificando procedimientos y regulación.
Por otro, se fomenta el almacenamiento de las energías renovables
(baterías) y la electrificación de la economía, para sustituir el uso de
combustibles fósiles (petróleo, fuel, gas) por electricidad renovable. Además,
este “Decreto antiapagones” tenía otro objetivo: dar
un empujón a las energías renovables, flexibilizando
y agilizando los plazos para instalar nuevos
proyectos renovables, incentivando el almacenamiento (ayudas a las
baterías) y facilita que las renovables participen en el control de tensión
del sistema (cobrando por ello). El objetivo es avanzar en los proyectos
renovables, donde el sector debe invertir 200.000 millones.
Este “Decreto antiapagones” contaba con el
apoyo de las eléctricas, de los ecologistas y consumidores y de Bruselas, pero chocó
con un Parlamento donde prima la derrota política del Gobierno sobre el
contenido de lo que se vota. Y así, el 23 de julio, el
Congreso rechazó convalidar el “Decreto antiapagones”, que fue tumbado
por 183 votos en contra (al PP, Vox y UPN se sumaron Junts,
BNG y Podemos). Este rechazo ha provocado que REE siga con su
política de mantener las centrales de gas (su producción ha aumentado
un 33% este año) para asegurar mejor el suministro, dominado por las energías
renovables (con menos mecanismos para afrontar las tensiones del sistema). Y
todo apunta a que este extracoste lo seguiremos pagando en el recibo este año y en 2026, al menos el primer trimestre. Un extracoste que nos supone a los consumidores un
pago extra en el recibo de 2.300 millones anuales…De momento, Red Eléctrica acaba de pedir a la CNMC que apruebe cambios urgentes en las operaciones de la red para evitar nuevos apagones (alerta de que "hay riesgos"), cambios que reconoce subirán temporalmente el recibo de la luz a los consumidores. .
El Gobierno no se resigna a reforzar la seguridad del
sistema eléctrico, aunque la pelea política haya frustrado el Decreto
antiapagones que apoyaba el sector. Y así, va a aprobar algunas de sus medidas por vía Decreto-ley, para
no tener que pasar por el Parlamento, aunque la Comisión de la Competencia (CNMC) las considera "innecesarias". De momento, el Gobierno ultima
un Decreto para fomentar el autoconsumo eléctrico, para facilitar
que particulares y empresas instalen paneles solares y molinos para producir
su propia electricidad, una
vía cada vez más utilizada: son ya 484.000 hogares y 76.000 empresas
las que utilizan este autoconsumo, a un coste cero en su factura (el coste es
la instalación y mantenimiento). Y ahora, el objetivo del Decreto es
facilitarlo más, permitiendo que haya hasta 5 kilómetros desde la instalación
al punto de consumo y facilitando vender los excedentes (un colegio o una
empresa podrá vender un domingo la luz solar que no usa).
En paralelo, el Gobierno, la Comisión de la Competencia
(CNMC) y Red Eléctrica estudian
otras medidas para reforzar la seguridad de la red sin pasar por el
Parlamento. Y en paralelo, está en fase de consulta pública el
Plan de inversiones para la red eléctrica entre 2026 y 2030, que
pretende invertir 13.590 millones en los próximos 5 años, un 65% más que
en 2021-2026. Y con ello, se pretende multiplicar por 14 la capacidad de
la red eléctrica española, para evitar los “cuellos de botella”
actuales y permitir que se “enchufen” a la red más polígonos industriales,
nuevas viviendas, líneas de ferrocarril y puertos, además de nuevos proyectos
tecnológicos (hidrógeno verde, centros de datos). Se trata de evitar la actual
saturación de algunos puntos de la red eléctrica y conseguir una red más
extensa y segura.
Estas importantísimas inversiones en la red eléctrica
han
de ser negociadas ahora con las eléctricas y los futuros usuarios,
además de con las autonomías, en un reparto del pastel que traerá
enfrentamientos. El objetivo de este ambicioso Plan de inversiones es aumentar
la capacidad de la red para hacer frente a la “electrificación
de la economía” (cambiar el petróleo, el carbón y el gas por luz de
origen renovable), pero sin pasarse, sin crear una “burbuja eléctrica” (como
sería aceptar los aumentos de capacidad que piden algunas industrias y muchas
eléctricas), porque estas inversiones en la red se acaban pagando con
nuestro recibo, las financiaremos los consumidores…
Cara al futuro, contar con una red eléctrica más potente y
segura llevará a un aumento de la tarifa eléctrica, que debería ser
compensado por la rebaja que supone producir más de la mitad de la
electricidad con energías renovables, mucho más baratas. De hecho, el
auge de las renovables en España ya han provocado un gran ahorro en la factura:
el precio de la electricidad en España era en 2025 un 32% más barato
que en Europa (cuando en 2019 era más cara), gracias al mayor peso de las
renovables, según
un reciente estudio de Ember, que refleja como en 2019, los combustibles
fósiles (fuel, carbón y gas) determinaban el 75% del precio mayorista de la
electricidad y en 2025 sólo influyen en el 19%.
Ahora, el gran reto es seguir promoviendo las energías
renovables (entre diciembre de 2019 y junio de 2025, España ha
duplicado su capacidad eólica y solar, consiguiendo un liderazgo en Europa). Entre
enero y septiembre de 2025, el 56,8% de la electricidad generada ha
sido renovable, superando la eólica (20,4%) y la fotovoltaica (20%) a la
energía nuclear (19,5%) y al gas (15,5%), con un 13,1% de energía hidráulica. Y tanto en
agosto como en septiembre, el carbón no ha generado ni un
kilovatio de electricidad en España… Ahora, se trata de seguir
avanzando, con más inversiones en las
nuevas instalaciones renovables , sobre todo en seguridad ( instalando inversores,
que convierten la corriente continua en corriente alterna, permitiendo su
vertido a la red) y en la instalación de baterías,
que permitan almacenar la energía renovable que no se consume.
Todas estas inversiones persiguen conseguir el gran objetivo
del Plan
de Energía y Clima (PNIEC 2023-2030) : que el 81% de la electricidad
generada en 2030 sea renovable. Y por supuesto, conseguir una luz mucho más
barata, además de más limpia (con menos emisiones). Son objetivos que deberían
unir a todos los partidos, al Gobierno central y a las autonomías, a los
consumidores. Pero resulta imposible y la energía se ha convertido en otra
bandera política, en medio de un preocupante auge
de las posiciones negacionistas sobre el Cambio Climático. En definitiva,
que la tarifa de la luz debería seguir a la baja (salvo subidas puntuales), por
el peso creciente de las renovables y la baja demanda: de hecho, los precios mayoristas están bajando en octubre. Y los futuros de la electricidad
apuestan por un precio mayorista de la luz de 60 euros/MWh en 2026 (en
septiembre fue de 61 euros) y en torno a 58 euros/MWh entre 2027 y 2030.
Pero todo va a depender de la política, de que
los enfrentamientos partidistas bloqueen o no los cambios y nos hagan pagar más
cara la luz. Y provoquen ir más despacio para conseguir una luz
mayoritariamente renovable. El riesgo es político, no tecnológico:
podemos tener una luz más limpia y barata. No lo impidan políticamente a costa
de nuestro bolsillo.
La luz se ha comportado bien este verano, costando menos en origen (mercado mayorista) que en junio y con un recibo estabilizado para los consumidores, aunque sea mayor que el del verano de 2024 porque este año ha subido el IVA que pagamos (del 10 al 21%) y los peajes (costes fijos del sistema). Concretando, en septiembre, el precio de la electricidad en el mercado mayorista ha sido de 61,04 euros/MWh, según OMIE, una bajada del -10,8% sobre el precio medio de agosto y la tercera bajada mensual consecutiva desde el máximo de junio (72,60 euros/MWh). La rebaja del precio mayorista de la luz en septiembre se debe a que no tuvimos olas de calor (como en agosto), a una menor demanda (menos turistas) y a una fuerte generación eólica y solar (un 53,7% de la luz fue renovable).
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jueves, 26 de junio de 2025
Decreto "antiapagón" y luz más cara
Unos días antes de cumplirse los 2 meses del apagón (28 de abril), se han
hecho públicos tres informes que aclaran poco lo que pasó.
Uno del Gobierno, que reparte culpas entre Red eléctrica (REE) y las
compañías. Otro de REE que culpa a las eléctricas y un tercero de las
eléctricas que culpa a Red Eléctrica. Al final, seguimos sin saber
quien tuvo la culpa y quien debe indemnizar a empresas y
consumidores. Mientras, el Gobierno aprobó este martes un Decreto para
reforzar la seguridad del sistema eléctrico, multiplicando los controles y
las exigencias a las compañías, que tardarán meses en ser efectivas y podrían encarecer
el precio de la electricidad. Y en paralelo, incluye medidas para potenciar las
renovables, mejorando su seguridad y facilitando que almacenen su energía. De
momento, el precio mayorista de la electricidad se ha multiplicado por 4
en junio, por la mayor demanda y la menor producción hidroeléctrica. Y
todo apunta a que el recibo medio subirá entre 5 y 6 euros este mes. Más vigilancia y control para evitar apagones REE
Hay tres informes por falta de uno sobre “el gran apagón” del 28 de abril. El primero, del Gobierno, que lo ha presentado a los 49 días del corte de suministro, aunque tenía de plazo hasta agosto. Es “salomónico”: reparte las culpas entre Red Eléctrica (REE, la empresa que gestiona el sistema eléctrico) y las eléctricas. A REE le achaca un error de planificación: el día anterior, una de las 10 centrales convencionales preparadas para completar la oferta señaló a REE que no iba a estar disponible. Y Red Eléctrica no la sustituyó por otra. A las eléctricas, el informe del Gobierno les achaca dos errores. Uno, que las 9 centrales de refuerzo no absorbieron la tensión extra que se generó en el sistema. Y el otro, que se desconectaron instalaciones (en Granada, Badajoz, Segovia, Huelva y Cáceres) “de forma indebida”, aumentando la tensión en el sistema y llevando al apagón. Y además, cuando REE, ante las oscilaciones previas al apagón (cuyo origen se desconoce), ordenó la entrada de una nueva planta (ciclo combinado de gas), no entró en funcionamiento hasta las 2 de la tarde, hora y media después del apagón.
El segundo informe, presentado un día después (el 18 de
junio) es el
de Red Eléctrica: niega que su programación para el 28 de abril fuera
incorrecta y culpa a las eléctricas de no haber regulado tensión
con sus 9 centrales de apoyo (6 térmicas de gas y 3 nucleares), como era su
obligación (y por lo que cobran). REE les achaca, como el Gobierno, dos
errores: no ayudar a regular la tensión con estas plantas “de apoyo” y
realizar “desconexiones injustificadas” de algunas plantas, que aumentaron la
tensión y aceleraron el apagón. Eso sí, ni el informe de REE ni el del Gobierno
dan nombres de instalaciones y empresas, porque así lo han exigido las
eléctricas en cumplimiento de la Ley (en los informes están “tachados”).
Cinco días después, el 23 de junio, las
eléctricas presentaron su propio informe,
elaborado por dos consultoras. Ahí se señala como “responsable único” del
apagón a Red Eléctrica, por “falta de planificación” (la generación programada
era ·escasa”, sobre todo en el sur de España) y “mala gestión” (critican que no
se dispusiera de toda la generación hidráulica disponible). Además, rechazan
que sus plantas de apoyo no regularan correctamente la tensión y añaden que
todas las instalaciones que se desconectaron “cumplieron los protocolos”.
Así que entre todos la mataron y el sistema se apagó…Los
informes hablan del cómo pero no del porqué del apagón. No hay
responsabilidades claras ni
ceses o dimisiones. Ahora falta conocer el 4º informe, el de la Comisión
Europea, que podría conocerse después del verano. Y el
informe de la Comisión de la Competencia (CNMC), que tardará meses y
que podría acabar en expedientes con inhabilitaciones y fuertes multas para REE
o para las eléctricas. Y en paralelo, hay empresas y particulares que ya están
pensando en ir a los tribunales para exigir indemnizaciones por el gran apagón”.
Mientras, el 12 de junio se tomó la primera medida
para evitar nuevos apagones: la
CNMC aprobó la revisión de las normas técnicas que regulan
los “servicios de ajuste” del sistema eléctrico, el mecanismo que permite disponer
de centrales de apoyo (normalmente térmicas de gas) frente a posibles tensiones
en el sistema, algo que no funcionó el 28 de abril. Lo más llamativo es que Red
Eléctrica ya había
pedido esta nueva norma… en 2021, a la vista de que la norma
actual es del año 2000 y por la necesidad de dar más seguridad al sistema por
la entrada de renovables. La CNMC ha tardado pues 4 años en aprobar este
nuevo procedimiento de control de tensión que, según muchos expertos, habría
evitado el gran apagón si hubiera estado vigente.
Tras su informe sobre el apagón, el Gobierno ha aprobado
este martes 24 de junio un Decreto-ley para reforzar la
supervisión y resiliencia del sistema eléctrico. Incluye medidas para
controlar mejor el cumplimiento de las obligaciones de los distintos agentes
del sistema, la inclusión de nuevas herramientas para reforzarlo (como la norma
aprobada por la CNMC), además de medidas para impulsar el almacenamiento y la
electrificación. Por un lado, refuerza la vigilancia y la supervisión del
sistema eléctrico, con
más poder de la CNMC y REE, que deben hacer informes periódicos de
funcionamiento y control de tensión, modificando procedimientos y regulación.
Por otro, se fomenta el almacenamiento de las energías renovables (baterías)
y la electrificación de la economía, para sustituir el uso de combustibles
fósiles (petróleo, fuel, gas) por electricidad renovable. Para ello, se bajará
la luz a las industrias más consumidoras, se facilitará la instalación de
postes de recarga de vehículos eléctricos y se fomentará fiscalmente que los
edificios tengan climatización por aerotermia.
Este “Decreto antiapagones” , además de
multiplicar la vigilancia y los controles sobre el sistema eléctrico (para
evitar “sustos futuros”, tiene otro objetivo: dar
un empujón a las energías renovables, que antes del apagón pasaban por
un momento “delicado”: los precios de la luz habían bajado mucho (reduciendo su
rentabilidad), sufrían muchas dificultades burocráticas (retrasos en los
permisos y recursos en los tribunales) , falta de regulación, aumento de costes
y problemas de financiación (por dudas de los inversores). Ahora, este Decreto flexibiliza
y agiliza los plazos para instalar nuevos proyectos renovables,
incentiva el almacenamiento (ayudas a las baterías) y facilita que
las renovables participen en el control de tensión del sistema (cobrando
por ello). El objetivo es avanzar en los proyectos renovables, donde el sector
debe invertir 200.000 millones para cumplir el gran objetivo: que el
81% de la electricidad sea renovable en 2030
(ahora es el 64%).
Parece que, tras el apagón, el Gobierno, la CNMC y Red
Eléctrica “se han puesto las pilas”, con más control de la
operativa y cambios legales para tener un sistema eléctrico (decenas
de operadores, cientos de intermediarios y 700.000 kilómetros de Red) más
regulado y más seguro. Pero ahora queda convalidar
este Decreto antiapagones en el Parlamento, algo que será complicado
por los enfrentamientos políticos. Y luego, queda que las eléctricas
colaboren y operen con más transparencia, algo que no suelen hacer. Basta
recordar las multas que les han impuesto los reguladores en el pasado:
en noviembre de 2015, la CNMC impuso una multa
de 25 millones a Iberdrola, por reducir la producción de algunas centrales
hidroeléctricas `para “manipular” al alza el precio. En julio de 2022, la
CNMC multó a Endesa con 4,9 millones por dos infracciones de “abuso
de posición dominante” en dos nudos de acceso a la red de transporte de
energía. Y en julio de 2023, la
CNM multó a Naturgy con 6 millones por “manipular” el precio en el
mercado eléctrico…
Mientras se sacan conclusiones del apagón para reformar el
sistema eléctrico, los consumidores asistimos a una fuerte subida de
la luz en junio: el precio medio en el mercado eléctrico mayorista (en
origen) ha sido de 69,65
euros por MWh entre el 1 y el 25 de junio,
lo que supone cuadruplicar el precio medio mayorista de mayo (16,97
euros/MWh, el
2º más bajo de la historia) y duplicar con creces el de abril (26,81
euros/MWh), antes del apagón. En este caso, la subida del precio de la luz en
origen no se ha debido a que REE se cubra en salud y tenga disponibles más
centrales de gas (luz más cara), que fue lo que pasó en mayo, sino que este
encarecimiento de la luz en origen se debe a 2 causas:
un fuerte aumento de la demanda, por el calor (+7%, frente al -2,1% y el
-0,8% que cayó en abril y mayo) y una menor generación eléctrica hidráulica
(pocas lluvias), además de la subida del gas (por los ataques
a Irán) en las centrales térmicas. Mientras, la aportación de las renovables
fue similar (62% de la electricidad en junio).
Con esta fuerte subida de la luz en origen, nos subirá
también el recibo de junio, entre 5 y 6 euros de media : de los 60,44
euros que pagamos en mayo (según la OCU) podría subir a unos 66 o 67
euros en junio. Y el recibo también subirá en julio y agosto, por la
mayor demanda de electricidad en verano, la falta de lluvias y el mayor uso de
las centrales de gas (más caro) para que REE se asegure de que no tendremos
nuevos apagones. El “sobrecoste” por este mayor uso de centrales de reserva( los “servicios
de ajuste”) se mantendrá todo el año y hasta que las nuevas medidas
aprobadas por el Gobierno y la CNMC entren en vigor. Ese “extracoste” se traslada
directamente al recibo de los consumidores que tienen tarifa regulada
(PVPC), que son 8,3 millones de clientes, pero no deberían pagarlo los
consumidores que tienen una “tarifa libre” (24,1 millones), al menos
hasta que llegue la revisión anual de su contrato, según
ha advertido ya la CNMC a las eléctricas y comercializadoras. Pero algunas
ya han anticipado que van a subir las tarifas un 7% por estos costes extras…
Cara a los próximos meses, la luz en el mercado mayorista subirá
en verano (hasta los 100 euros/MWh) y bajará en octubre y noviembre (hasta los 85 euros), para bajar en 2026,
año en que los futuros auguran un precio mayorista de 65
euros/MWh, según OMIE. Y a partir de ahí,
los precios mayoristas seguirían bajando en 2027 (58,30 euros) y en 2030
(57,70 euros), gracias a la mayor producción de electricidad renovable (81%
previsto en 2030), lo que permitirá un menor coste del recibo a los
usuarios y una
ventaja competitiva a la industria española. Pero para que esto sea posible, hay que asegurar
que el sistema eléctrico funciona como un reloj, que se hacen los ajustes e
inversiones necesarias, que los que tienen que vigilar vigilen y que los que producen
y transportan electricidad cumplan los protocolos y no hagan trampas. Sólo así,
con vigilancia, normas y responsabilidad se evitará otro gran
apagón.
Hay tres informes por falta de uno sobre “el gran apagón” del 28 de abril. El primero, del Gobierno, que lo ha presentado a los 49 días del corte de suministro, aunque tenía de plazo hasta agosto. Es “salomónico”: reparte las culpas entre Red Eléctrica (REE, la empresa que gestiona el sistema eléctrico) y las eléctricas. A REE le achaca un error de planificación: el día anterior, una de las 10 centrales convencionales preparadas para completar la oferta señaló a REE que no iba a estar disponible. Y Red Eléctrica no la sustituyó por otra. A las eléctricas, el informe del Gobierno les achaca dos errores. Uno, que las 9 centrales de refuerzo no absorbieron la tensión extra que se generó en el sistema. Y el otro, que se desconectaron instalaciones (en Granada, Badajoz, Segovia, Huelva y Cáceres) “de forma indebida”, aumentando la tensión en el sistema y llevando al apagón. Y además, cuando REE, ante las oscilaciones previas al apagón (cuyo origen se desconoce), ordenó la entrada de una nueva planta (ciclo combinado de gas), no entró en funcionamiento hasta las 2 de la tarde, hora y media después del apagón.
Ahora, se va a modernizar
y dotar de un marco retributivo al control de tensión, incluyendo también a
las energías renovables. Pero este nuevo modelo de operaciones no
estará listo hasta la primavera de 2026, con lo que hasta entonces,
lo que hace Red Eléctrica es curarse en salud y tener más centrales
convencionales disponibles, aunque esa medida esté encareciendo el coste de
la luz, para pagar estos “servicios de ajuste”.
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lunes, 2 de junio de 2025
Tras el apagón, luz barata y renovable
Se ha cumplido un mes desde el histórico apagón del
28 de abril y seguimos sin saber las causas, mientras parte del
sector y la derecha aprovechan para culpar a las renovables y
pedir que no se cierren las nucleares. Pero en mayo, las renovables
han vuelto a liderar la producción de electricidad (el 61,8%) y no
hemos tenido apagones. Y gracias a ellas, el precio mayorista de la electricidad
ha bajado a un mínimo histórico (el más bajo de Europa), aunque Red Eléctrica ha subido la factura mensual (+3,35 euros) al
mantener en "alerta" centrales de gas. Ahora, el recibo se estabilizará este mes y subirá algo en verano, por el mayor consumo. Eso sí, en el futuro subirán
los costes de la energía solar y eólica, para compensar las
inversiones necesarias en baterías e inversores solares, para evitar “sustos”. Y urge presionar a Francia para aumentar las interconexiones, porque
somos “una isla eléctrica”. Pero necesitamos mayor transparencia
y nuevos protocolos en un sector dominado por las tres grandes
eléctricas. Enrique Ortega
Ha pasado algo más de un mes desde el histórico apagón del 28 de abril, a las 12 horas, 33 minutos y 21 segundos, que dejó a toda España a oscuras durante más de 10 horas. Y, a pesar de las múltiples investigaciones en marcha, hay pocas certezas y muchas dudas. La certeza es que el apagón se originó por tres pérdidas sucesivas de generación eléctrica en Granada (primero en la subestación de Huéneja, cerca de Guadix, de Endesa), Badajoz y Sevilla. Pero a partir de ahí surgen las preguntas. ¿Porqué no funcionaros los cortafuegos, para aislar estas pérdidas de tensión, aunque se intentó hacerlo en 6 ocasiones? ¿Cómo pudo provocarse el apagón un día de baja demanda, donde sobraba energía? (minutos antes del apagón, España estaba exportando electricidad a Portugal y Francia) ¿Tuvo algo que ver el apagón con oscilaciones anteriores detectadas en la red europea? ¿Qué falló en los protocolos y automatismos que tiene Red Eléctrica (REE) y que ha ensayado antes cientos de veces?
Son preguntas que tardarán
meses en responderse, según los investigadores del Gobierno y Red
Eléctrica. Pero entre tanto, voces interesadas ya han culpado del apagón a las renovables,
por ser “menos seguras”, dado que su
energía no es síncrona (es menos estable). Sin embargo, hay hechos que
desmienten esta “peligrosidad”: unos días antes del apagón, el 16 de abril,
hubo bastantes horas en que el 100% de la electricidad generada fue
renovable (hidráulica, solar y eólica), sin que hubiera ningún problema.
Entre enero y abril de 2025, las energías renovables han aportado el 58,64%
de la electricidad generada (25% la eólica, 17% la hidráulica, 14,1% la solar fotovoltaica,
0,8% la solar térmica y 1,7% otras renovables, según
REE). Sin problemas. Y en abril, el mes del apagón, su aportación subió al 64,3%.
Mientras se investigan las causas del apagón, veamos qué
ha pasado con la electricidad este mes de mayo. Primero, habría que
recordar que la
luz bajó drásticamente en abril en el mercado de origen (mayorista),
cerrando a un precio medio de 26,81 euros/MWh, la mitad que en marzo
(53,3 euros/MWh) y la cuarta parte que en enero (96,69 euros) y febrero (108,31
euros), gracias a las lluvias y el sol, que produjeron mucha electricidad
renovable (más barata). Un precio mayorista superior al de abril de 2024 (13,67
euros/MW) pero que es
la tercera parte del precio habitual del mercado mayorista en abril durante
los últimos 5 años (72,32 euros/MWh). Y este precio medio español (26,81
euros/MWh en abril) ha sido el más bajo de los
mercados europeos, porque tenemos más electricidad renovable: 99,85
euros/MWh en Italia, 91 euros en Reino Unido, 78,33 euros en Alemania y 42,21
euros en Francia.
Este bajo precio mayorista de la luz en abril se trasladó
directamente a los 8,3 millones de consumidores que tienen tarifa
regulada (PVPC), que pagaron un recibo medio en abril de 58,62 euros, según
la OCU, menos que el recibo de marzo (65,72 euros), febrero (81,60
euros) y enero (77,53 euros), aunque mayor que el recibo de 1 año antes (48,85
en abril de 2024) porque este
año ha subido el IVA de la luz (del 10 al 21% en enero) y otros
impuestos, además de las tarifas reguladas (que pagan el transporte, la distribución
y otros costes).
Tras la bajada del recibo en abril, básicamente por el
clima, la
previsión era que el recibo siguiera bajando en mayo y hasta el otoño,
para subir algo después hasta fin de año, por el mayor consumo y la menor
aportación de renovables. ¿Qué ha pasado tras el apagón? : el precio
de la luz ha seguido bajando en el mercado mayorista y todo apuntaba a que el recibo de la luz de mayo sería similar o algo menor
para los que tienen tarifa regulada (8,6 millones) y que podría bajar en la próxima
revisión de tarifas a los consumidores que tienen tarifa “libre” (21,4 millones
de clientes).
Para ver lo que ha pasado realmente con el precio de la luz en mayo
hay que analizar dos factores. Uno, que Red Eléctrica (que
gestiona la red) ha querido “curarse en salud” y ha tomado medidas
especiales para evitar otro apagón: ha
aumentado las centrales de gas disponibles, ("de guardia") , para “evitar sustos”, aunque
su electricidad no se vuelque al sistema porque hay muchas renovables. Y eso ha
disparado unos costes que hasta ahora pesaban poco en mercado mayorista, los “servicios
de ajuste”: han alcanzado en
mayo un promedio de 37,2 euros por megavatio hora (MWh), más del doble que
los 17 euros por MWh de abril y casi el doble de los 19,7 euros por MWh de mayo
de 2024, según los registros de Red Eléctrica. Este “sobre coste”, por
tener a mano centrales de gas, supondrá unos 5,5 euros de subida
en el coste mayorista de la electricidad en mayo para los 8,6 millones de consumidores
que pagan la tarifa regulada. Y esa subida se trasladará a
los consumidores del mercado libre (21,4 millones), sobre todo a la industria. De hecho, algunas comercializadoras se plantean cobrar un extra a sus clientes para compensar esta subida coyuntural de los "servicios de ajuste".
Pero en paralelo a este “sobrecoste”, en mayo ha bajado
el resto del precio mayorista de la electricidad, porque la mayoría de la
luz se ha generado con renovables (otro mes más), más baratas: en mayo, el 61,8% de la electricidad generada fue renovable,
casi como en abril (64,36%), gracias al enorme peso de la solar (25,7%), la hidráulica (17,4%), la eólica (16,9%) y otras renovables (1,8%). Eso lleva a que el precio mayorista de la
electricidad (en origen) haya sido de 16,91 euros/MWh en mayo, el 2º precio más bajo de la historia reciente (tras los 13,67 euros/MWh de abril de 2024), casi la mitad
del precio mayorista de abril de 2025 (26,81 euros/MWh) y que en mayo de 2024 (30,4
euros/MWh). Y llevamos ya 70 días consecutivos donde los precios de la luz han sido "cero" o "negativos" en las horas centrales del día (por la energía solar). Además, en mayo volvimos a tener el precio mayorista más barato de Europa: 16,91 euros/MWh frente a 95 euros en Italia, 85 en Reino Unido, 66 en Alemania y 20 en Francia.
Con todo, la preocupación ahora no son los
precios de la luz (moderados) sino asegurar el suministro y que no haya
más apagones. Algunos expertos interesados y el
PP (y Vox) proponen ampliar la vida de las centrales nucleares,
como “garantía de suministro”. Pero es una
posición más ideológica (poner en duda las renovables) que económica. Por
un lado, las eléctricas ya pactaron en 2019 con el Gobierno el cierre de las
5 centrales nucleares, entre 2027 (la 1ª, Almaraz en otoño de 2027) y
2035. Ahora, las mismas eléctricas proponen ampliar la vida útil de estas
centrales, pero piden a cambio “que
se reduzca su fiscalidad”. A lo claro: piden que se les reduzca el
coste de los residuos (muy elevado), a costa de subir el precio de esta
luz nuclear a los consumidores, algo a lo que se niega el Gobierno. Y además de
costosos, los residuos nucleares son peligrosos durante siglos.
La clave es seguir con las energías renovables,
porque España tiene un potencial de sol y viento (y agua) que nos han
convertido en líderes
en Europa, permitiendo tener la electricidad más barata del
continente, lo que facilita la instalación de empresas (Centros
de datos, por ejemplo) y la electrificación de la industria
(sustituyendo el petróleo y el gas), a precios muy competitivos. Un salto en
las renovables que ha sido impresionante: generaban un tercio de la
electricidad en 2009 (32,65%), pasaron a aportar casi la mitad en
2019 (49,3%), ya suponen dos tercios de la electricidad generada (64,3% en abril). Y el objetivo del
Gobierno, en su Plan energético (PNIEC), es que generen el 81% de la electricidad en 2030.
Hay que seguir apostando por las renovables, como hace toda
Europa, pero con seguridad, porque los expertos coinciden en señalar que
una
red con muchas renovables es más difícil de gestionar que una red con
energías tradicionales. Pero se puede hacer,
gracias a la tecnología. Por un lado, hay que invertir en centrales de
bombeo en las centrales hidroeléctricas: en caso de necesidad sueltan agua
de arriba abajo y generan rápidamente electricidad. Y en el caso de las centrales
solares fotovoltaicas y las eólicas, hay dos tecnologías que las hacen “más
seguras”. Una, la instalación de inversores
(convierten la corriente continua en corriente alterna, permitiendo su vertido
a la red). Y la otra, la instalación de baterías,
que permitan almacenar la energía renovable que no se consume.
Los expertos
denuncian que las propuestas normativas que se han presentado desde REE para
hacer obligatorios estos inversores en las plantas fotovoltaicas y
eólicas “duermen en un cajón del Ministerio y de la CNMC”. Y también se ha
pospuesto la regulación de los almacenamientos de baterías, donde
España está muy retrasada: al cierre de 2024 sólo había 3,3 GWh de
almacenamiento (el 4% de toda Europa) y el objetivo es subir esa capacidad a
22,5GWh en 2030, para lo que vamos muy retrasados (el sector se queja de que las autorizaciones para el almacenamiento se retrasan entre un año y medio y dos). Antes del apagón, el
Ministerio había puesto en marcha un Plan de ayudas, con 700 millones de
Fondos europeos, para cofinanciar proyectos de almacenamiento a gran escala de
renovables. Pero sigue pendiente de aplicación la orden ministerial sobre
capacidad aprobada en diciembre de 2024.
Hace meses que muchos expertos piden al Gobierno y a Red
Eléctrica que aumente las inversiones en la Red, para evitar
problemas. Pero hasta ahora, ha
sido muy “conservador”, aprobado una inversión en redes para 2021-2026 de
sólo 5.684 millones, menos de lo que querían las eléctricas: el
Gobierno no quiso invertir más en redes porque eso suponía cargar más el
recibo a los consumidores. Ahora, tras el apagón, parece claro que hará falta un
Plan inversor para fortalecer las redes eléctricas (ojo: 700.000
kilómetros), para hacerlas más seguras (aunque el riesgo cero no
existe).
Los apagones nunca se pueden evitar al 100%, pero parece
claro que su riesgo es mucho menor si España invierte en fortalecer la red
eléctrica y prepararla para tener un 81% de electricidad renovable .Eso pasa por un
cambio en los Protocolos de actuación de Red Eléctrica (REE), porque
los actuales son de 1996. Los
expertos creen que habría que cambiar al menos un tercio de las más
de 60 normas técnicas con que opera REE, sobre todo las normas
relacionadas con niveles de tensión y frecuencia, protecciones, automatismos,
restricciones, planes de seguridad, coordinación de operadores y conexiones
internacionales. Pero dos
son los cambios más urgentes. Uno, exigir a las energías
fotovoltaicas y eólicas que ofrezcan las mismas garantías de firmeza y
control de tensión que el resto de energías : la tecnología existe aunque es cara,
por lo que hay que “obligar/incentivar” a las empresas a utilizarla. Y la
otra, la revisión a fondo de los cortafuegos de emergencia, porque los
“deslastres” utilizados fueron insuficientes.
Además, el apagón debería obligar a una mayor
transparencia en el sector eléctrico, un negocio en régimen de monopolio
(Endesa, Iberdrola y Naturgy suministran el 80% de la energía), donde hay más
de 500 empresas operando (distribuidoras y comercializadoras), más una red
con miles de kilómetros, estaciones y subestaciones, donde operan las
propias eléctricas y coordina Red Eléctrica (Redeia), una empresa con un
20% de capital público y el 80% restante en manos privadas (sobre todo Fondos
de inversión). Ahora, con el apagón, se
ha visto que ni
el Gobierno ni REE controlan lo que pasa en este mercado y en toda la red.
Y que el Gobierno ha remoloneado para invertir más porque eso obligaba a
subirnos más la parte regulada del recibo. Si hay que invertir más para
hacer una red más segura y prevenir apagones, habrá que hacerlo. Y eso pasa por
forzar a las eléctricas (que
ganaron 11.249 millones en 2024) a que financien la mayor parte, no nosotros
como clientes. Luz y taquígrafos.
Ha pasado algo más de un mes desde el histórico apagón del 28 de abril, a las 12 horas, 33 minutos y 21 segundos, que dejó a toda España a oscuras durante más de 10 horas. Y, a pesar de las múltiples investigaciones en marcha, hay pocas certezas y muchas dudas. La certeza es que el apagón se originó por tres pérdidas sucesivas de generación eléctrica en Granada (primero en la subestación de Huéneja, cerca de Guadix, de Endesa), Badajoz y Sevilla. Pero a partir de ahí surgen las preguntas. ¿Porqué no funcionaros los cortafuegos, para aislar estas pérdidas de tensión, aunque se intentó hacerlo en 6 ocasiones? ¿Cómo pudo provocarse el apagón un día de baja demanda, donde sobraba energía? (minutos antes del apagón, España estaba exportando electricidad a Portugal y Francia) ¿Tuvo algo que ver el apagón con oscilaciones anteriores detectadas en la red europea? ¿Qué falló en los protocolos y automatismos que tiene Red Eléctrica (REE) y que ha ensayado antes cientos de veces?
Eso significa que, con la electricidad a mitad de precio, en
mayo debería haber bajado el recibo medio para los consumidores de tarifa
regulada. Pero al haber subido los “servicios de ajuste” (la tarifa por
tener “a mano” más centrales de gas) y los precios "futuros" (que pesan ahora un 40% en la factura), el recibo final ha subido un poco en mayo: si en
abril pagaron 49,62 euros en un recibo medio, en mayo pagarán 52,97 euros (+3,35 euros) , según el simulador de la CNMC. A partir de ahora, se espera que el clima mantenga un
alto porcentaje de generación renovable y que el precio mayorista se
mantenga estable en junio y subiendo algo en julio y agosto (por el mayor consumo, que obligará a reforzar las centrales de gas), para subir en otoño e invierno, como anticipa el
mercado de futuros : 41 euros en junio y 70 euros en el tercer trimestre, según OMIE, para cerrar a 61,05 euros en 2026 y
58,25 en 2027). Y lo mismo el recibo, que podría rozar los 63 euros de
media este año (61,90
euros en 2024, según la OCU).
Otro elemento clave para asegurar el suministro eléctrico y
reforzar las redes es mejorar
la interconexión eléctrica con Europa, dado que la Península es “una
isla eléctrica”: la interconexión con Europa no llega al 3% de la
electricidad (2.800 MW), cuando la Comisión Europea estableció en 2014 que
debía ser del 10% en 2020 y del 15% en 2030. El problema está en las
reticencias de Francia a que España exporte electricidad barata a
Europa y en el
alto coste económico (y ecológico) de las conexiones proyectadas.
Actualmente hay 2 conexiones terrestres con Francia (a través de Euskadi
y Cataluña) y está prevista otra conexión a través del Golfo de Vizcaya para
2028 (3.100 millones de inversión) y dos conexiones terrestres más, una por
Navarra para 2035 (2.609 millones) y otra por Aragón, para 2041 (con
un coste de 2.372 millones). La semana pasada, el propio Sánchez
pidió a la presidenta Von der Leyen que intervenga para acelerar estas
interconexiones.
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