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jueves, 15 de enero de 2026

Acuerdo UE-Mercosur: una gran oportunidad

Este sábado se firma en Asunción (Paraguay) el Acuerdo comercial entre Mercosur y la Unión Europea, que se empezó a negociar en 1999. Se crea así la zona de libre comercio más grande del mundo, con 720 millones de consumidores y la cuarta parte del PIB mundial. Ahora, ambos bloques bajarán aranceles, con lo que los productos industriales europeos se venderán mejor en Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay y estos paises nos venderán mejor sus productos, sobre todo alimentos. “Vacas por coches”, resumen algunos, lo que ha provocado protestas de agricultores en toda Europa, que temen la invasión de carnes y alimentos latinoamericanos más baratos y de peor calidad. Pero el acuerdo tiene cupos de importación y cláusulas de salvaguarda. Los expertos creen que va a disparar el comercio y la inversión entre los dos lados del Atlántico, siendo España uno de los paises más beneficiados. Además, el Acuerdo permite a Europa sellar alianzas geopolíticas en un mundo que se reparten China y EEUU. Tiene más ventajas que inconvenientes.

             Protestas agricultores contra Acuerdo UE-Mercosur                                  EFE

Este Acuerdo comercial entre la Unión Europea y Mercosur (Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay) parecía que no iba a llegar nunca. Se empezó a negociar en el siglo pasado (en 1999) y hasta 2019 no hubo un principio de acuerdo, que no cristalizó en un texto firmado por Mercosur y la Comisión Europea hasta el 6 de diciembre de 2024. En principio, el brasileño Lula da Silva, el gran impulsor de este Acuerdo, pretendía firmarlo por todo lo alto en Iguazú (Brasil) el 20 de diciembre, pero unos días antes, la presidenta de la Comisión le anunció que no iba a ser posible y que había que dejarlo para enero. El problema: Francia e Italia, más Polonia, no estaban dispuestos a firmar el Acuerdo, por la presión de sus agricultores. Lula les hizo ver que “estaban hartos de esperar a Europa” y las negociaciones internas en la UE-27 se multiplicaron estas Navidades, hasta que el 9 de enero, un Consejo de la UE consiguió la luz verde, por mayoría cualificada: el apoyo de 15 de los 27 paises UE, la oposición de Francia, Polonia, Austria, Hungría e Irlanda, más la abstención de Bélgica.

El Acuerdo ha sido finalmente posible por las concesiones hechas a Italia (mecanismo de protección para productos sensibles, creación de un Fondo de compensación ante posibles desequilibrios del mercado, refuerzo de los controles fitosanitarios en las fronteras a los alimentos de Mercosur y promesa de reorganizar los pagos de la política agraria, la PAC). Pero todavía hay dos obstáculos internos al Acuerdo en Europa. Uno, que la extrema derecha europea (grupo “Patriots”) ha prometido denunciar el Acuerdo ante el Tribunal de Justicia de la UE (lo que podría retrasar su entrada en vigor). Y el otro, que el Acuerdo tiene que se ratificado por el Parlamento Europeo, donde se espera una votación ajustada. En cualquier caso, la Comisión sigue adelante y quiere dar una imagen de decisión política (tras su paralización ante las amenazas de Trump) firmando el Acuerdo este sábado en Asunción (Paraguay). En el otro lado, la incertidumbre está en el futuro papel del ultraderechista Milei en este Acuerdo.

La esencia de este Acuerdo comercial entre la UE y Mercosur es la creación de la mayor zona de libre comercio del mundo, entre los 27 paises de la UE y los 4 de Mercosur: un inmenso mercado con 720 millones de consumidores (270 millones latinoamericanos) y el 25% del PIB mundial. Para ello, ambas partes se comprometen a reducir drásticamente sus aranceles actuales, la mayoría en un plazo de 10 años: Mercosur liberalizará el 91% de sus importaciones de Europa y la UE el 92% de las suyas desde Mercosur. Eso supondrá que los productos de ambas zonas pagarán muchos menos aranceles (hasta quedarse en cero en unos años) por sus compras y ventas, lo que en el caso de Europa supondrá un ahorro de aranceles de 4.000 millones de euros anuales.

La reducción conjunta de aranceles varía, en porcentajes y plazos, según los productos. En el sector industrial, Mercosur eliminará progresivamente aranceles  (en 10 años la mayoría) al 92% de sus importaciones procedentes de la UE-27. Esto beneficiará la entrada en Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay de productos europeos que hoy se venden allí con elevados aranceles : automóviles y componentes (35% de arancel), bienes de equipo y maquinaria (20%), productos químicos y plásticos (18% de aranceles) y productos farmacéuticos (14%), sobre todo. Además, también bajarán los aranceles que hoy pagan muchos alimentos elaborados europeos en estos paises de Mercosur: quesos (arancel del 28%), vino (27%), aceite, bebidas alcohólicas y lácteos.

A cambio, Europa liberalizará el 82% de las importaciones agroalimentarias que vienen de los paises de Mercosur, rebajando los aranceles que ahora tienen en un plazo de 7 años: los que tienen un arancel inferior al 5% se eliminarán inicialmente, los que pagan entre 5,1 y 10% se reducirán en 4 años y los que pagan más del 10% se liberalizarán en 7 años, un plazo en el que entrarán casi libremente las frutas y hortalizas de Mercosur. También bajan los aranceles a las carnes de Mercosur, pero con varias “salvaguardias para defender a los ganaderos europeos. Una, que se establece un límite máximo (cuotas) a la cantidad de carnes que se pueden importar desde Mercosur con bajos aranceles: 99.000 Tm de vacuno (el 1,5% de la producción total de la UE), 25.000 Tm de carne de cerdo (el 0,1% de la producción UE) y 180.000 Tm de aves de corral (el 1,3% de la producción UE). La segunda, que se vigilará el comercio de estos alimentos y si crece demasiado, se revisará el Acuerdo. Y tercera, que los alimentos que se importen de paises Mercosur deben cumplir con los estándares de seguridad alimentaria que exige la UE (se controlará aleatoriamente en las fronteras).

Hasta aquí, el Acuerdo parecería un intercambio de “coches por vacas, como resumen las quejas de los agricultores, que protestan por toda Europa porque saben que en Mercosur hay explotaciones agrarias y ganaderas muy grandes, con menores salarios y costes, que utilizan productos fitosanitarios en exceso y podrían invadir Europa de carnes y alimentos más baratos, pero de baja calidad. La Comisión Europea insiste en que la rebaja de aranceles afecta sólo a cupos de carnes, que se va a vigilar el flujo de entradas (el Acuerdo contempla frenarlas si se disparan) y que estos alimentos tendrán la misma seguridad alimentaria que el resto. Y además, añaden que los agricultores europeos podrán vender en Mercosur los productos con denominación de origen (357 en toda Europa, 59 en España), manteniéndola allí, lo que les permitirá vender a precios más altos desde aceite y jamón español a quesos italianos o vino francés.

Pero el Acuerdo UE-Mercosur es mucho más que “coches por vacas. El Acuerdo abre los paises de Mercosur a los servicios europeos, que ahora tienen problemas para operar allí, desde los servicios financieros y las telecomunicaciones, correo y mensajería, los transportes (incluido el transporte marítimo internacional), el comercio electrónico y todo el negocio relacionado con las nuevas energías y el medio ambiente. Y algo también muy importante: el Acuerdo abre los paises Mercosur a los mercados de contratación pública, que ahora discriminaban a las empresas extranjeras sobre las locales (para construir una linea de metro o una autopista, por ejemplo). En tercer lugar, el Acuerdo permite a Europa acceder a minerales y materias primas críticas (litio) de los paises de Mercosur, un sector estratégico que hasta ahora intenta copar China (y también Trump).

Y como colofón, dos cuestiones más de interés. Una, que el Acuerdo contempla cumplir los objetivos climáticos del Acuerdo de París (con un compromiso contra las talas masivas y la deforestación). Dos, que se reducen la burocracia y los procedimientos aduaneros para el comercio entre los dos bloques, con ayudas para las pymes europeas, que deberían así aumentar su presencia en los paises de Mercosur.

Las manifestaciones de agricultores por toda Europa han hecho que la opinión pública dude de las ventajas del Acuerdo UE-Mercosur. Pero todos los estudios económicos señalan que el Acuerdo aumentará el comercio entre ambos bloques, con una mejora de las inversiones, el crecimiento y el empleo, en Europa y en Mercosur. De entrada, el Acuerdo es también una oportunidad para los agricultores europeos, porque se abrirá la posibilidad de que vendan más alimentos en Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay, paises que hoy están “cerrados”, por sus altos aranceles a los alimentos importados (entre el 10 y el 55%), lo que explica que los productos agroalimentarios sólo suponen el 5% de las exportaciones UE a Mercosur.

El ejemplo de España es claro: en 2024, sólo conseguimos exportar productos agroalimentarios a los paises de Mercosur por valor de 463 millones de euros, mientas las importaciones de Mercosur a España fueron casi 10 veces más (4.118 millones de euros), según Agricultura. Ahora, con el acuerdo, la industria agroalimentaria española espera vender allí más aceite, vino, quesos, frutas y hortalizas y porcino, aunque también nos llegarán de Mercosur más carnes y azúcar (Ojo: con cuotas), maíz, miel, frutas y zumos de frutas.

Lo que busca este Acuerdo UE-Mercosur es dinamizar el comercio y las inversiones entre los dos lados del Atlántico. El comercio entre ambas zonas podría aumentar en una tercera parte a largo plazo, según el Banco de España, mientras la Comisión estima que las exportaciones europeas podrían aumentar en 84.000 millones de euros y generar 756.000 empleos adicionales. Y otro estudio de Fedea señala que España será uno de los paises europeos que más gane con el Acuerdo: el aumento de los flujos comerciales España-Mercosur podría ser el doble que para toda la UE, por nuestra excelente posición como nexo entre ambos continentes. Además, se espera un impulso de las inversiones europeas en Mercosur (y viceversa): actualmente, la UE es ya el primer inversor extranjero en Mercosur, con 390.000 millones de euros invertidos hasta la fecha.

Con todo, hay un factor clave más de este Acuerdo UE-Mercosur: Europa reacciona y busca su hueco en la pelea geopolítica por el reparto del mundo entre EEUU, Rusia y China, sobre todo ahora que asistimos al furor imperialista de Trump en Latinoamérica. Es una oportunidad histórica para que Europa influya comercial y económicamente en esta zona del mundo donde ahora tiene poca presencia: Mercosur es el 10º socio comercial de la UE (con sólo 55.200 millones exportados allí en 2024), a pesar de que la UE es el 2º socio comercial de Mercosur (tras EEUU), con 56.000 millones importados de allí en 2024.

En el caso de España, el desequilibrio comercial con Mercosur es aun mayor : en 2024 exportamos a estos 4 paises productos por valor 4.405 millones de euros, lo que supone sólo el 1,14% de todas nuestras exportaciones (el 1,20% de enero a octubre de 2025), según los datos de Comercio. A lo claro: exportamos menos a Mercosur (1,2% del total) que a Suiza (1,5% del total), China (1,9%), Marruecos (3,3%) y EEUU (4,7% del total). Y aunque importamos de Mercosur más del doble (10.481 millones en 2024), esas compras suponen sólo el 2,46% de todas nuestras importaciones (2,25% de enero a octubre de 2025). O sea, que les compramos menos (2,25% del total) que a Bélgica (2,4% del total), Marruecos (2,3%), Reino Unido (2,4%), EEUU (6,6%) y China (10,6%).

En definitiva, que si todo va bien, nuestras exportaciones a Mercosur se pueden disparar y ser un mercado clave, no sólo para vender coches y alimentos sino para vender servicios y conseguir contratos públicos, aumentando la inversión española en la zona, aprovechando nuestro idioma y nuestra posición geográfica de “puente” con Europa. Por eso, España tiene mucho que ganar con este Acuerdo, aunque se entiende el recelo de algunos agricultores y ganaderos a que nos invadan las carnes, el azúcar y las frutas de Mercosur. De hecho, el estudio de Fedea señala que nuestra economía crecerá un +0,14% extra el primer año del acuerdo, un +0,17% el 5º año y un +0,23% extra el año 16º, no sólo por el aumento del comercio sino también por las inversiones y el acceso a los contratos públicos.

Y hay otra ventaja geopolítica: se abre una nueva zona económica internacional para que las empresas españolas (y europeas) completen su “cadena de producción”, instalando parte de sus procesos de aprovisionamiento y fabricación y diversificando riesgos al salir de las deslocalizaciones actuales en Asia y norte de África.

En resumen, que “el parto” del Acuerdo de Mercosur ha sido tardío y complejo y la criatura nace en medio de tractoradas por toda Europa. Pero hay que reconocer que es el primer movimiento de los dirigentes europeos para buscar una salida a su aislamiento económico y comercial en medio de la guerra entre EEUU y China. Y que tenemos mucho más que ganar que perder, sobre todo España, aunque hay que estar vigilantes para no dañar al campo europeo (y protegerlo y compensarlo por los efectos negativos). No se trata de un nuevo “Descubrimiento de América”, sino de buscar unos socios complementarios y fiables con quienes intercambiar productos, servicios e inversiones. “Descubrirnos” mutuamente.

jueves, 9 de octubre de 2014

Latinoamérica se resfría (y nos contagia)


Nos crecen los enanos. En el último mes, sufrimos los temores de una tercera recesión en Europa. Y ahora, se desinfla Latinoamérica, donde muchas grandes empresas españolas venden ya más que en España. Primero fue la crisis de Argentina y ahora es Brasil, el gigante latinoamericano, el que está en recesión, lo mismo que Venezuela. Y tanto México como Chile apenas crecen. Todo apunta a que el continente sudamericano estará estancado este año y el que viene, afectado por el poco crecimiento de China y EEUU, la caída de precios de las materias primas y un menor consumo, tras los años del boom. Y esto afecta mucho a España, sobre todo a nuestros bancos y grandes empresas, porque somos el segundo inversor en la región, tras USA. Si Latinoamérica crece menos, España también. Pero hay que aguantar el tirón y mantener posiciones allí, para cuando se recuperen en 2016, porque es una apuesta clave para nuestro crecimiento y empleo futuros. Somos latinoamericanos.
 
enrique ortega

En Latinoamérica se acabó lo bueno, la década dorada iniciada en 2003, tras veinte años de dura y larga crisis. Tras crecer un 4,1% de media entre 2005 y 2009 y un 6% en 2010, se bajó el pistón en 2011 (+4,6%) y se entró en 2012-2013 en un bienio de bajo crecimiento (+2,9 y +2,6%), que se deteriorará más este año 2014, en que el FMI apuesta por un crecimiento de sólo el +1,3% para Latinoamérica, la mitad que en 2013 y la tercera parte que en los buenos tiempos. Y auguran que en 2015 seguirán “estancados” (+2,2%), con la esperanza de despegar en 2016.

Las grandes economías de Latinoamérica están aún peor. Brasil, la sexta economía del mundo (tras superar en 2011 a Reino Unido) ha entrado en recesión (-0,2% en el primer trimestre y -0,6% en el segundo), tras la resaca del Mundial de fútbol: el consumo privado y público (grandes inversiones en infraestructuras) se ha agotado, dejando una estela de enorme deuda (pública y privada), empeorada por la alta inflación y la ralentización de las exportaciones, sobre todo a China, USA y Europa. Argentina, su vecino y principal vendedor, sufrirá más que nadie esta crisis brasileña, con una economía impactada por los problemas de la deuda, la devaluación del peso y la alta inflación (31%), mientras caen el consumo y las exportaciones. Y el FMI acaba de vaticinar que Argentina   estará en recesión este año (-1,7%) y el próximo(-1,5%). México apenas crece (+1,8%), mientras la reforma fiscal retrae el consumo junto a las menores compras USA. Y lo mismo Chile (+2% en julio), afectado por la caída del consumo y del precio del cobre. Y Venezuela estará también este año y el próximo en recesión. Sólo se salvan de la crisis Colombia (aspira a superar a Argentina como tercera potencia regional) y Perú, la economía que más crece.

Al final, en Latinoamérica hay dos bloques económicos que van a dos velocidades. Uno, Mercosur (creado en 1991), integrado por Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay, Bolivia  y Venezuela, que han avanzado poco en su integración comercial y son más proteccionistas frente al exterior, con unas economías estancadas, que apenas van a crecer este año (+1,1%) y en 2015 (+1,5%). El otro bloque, la Alianza del Pacífico, integrado por México, Chile, Colombia y Perú, ha avanzado mucho en su integración comercial y en la liberalización frente a terceros países (USA, UE y Asia), y están creciendo más, tanto este año (+3,3%) como el que viene (+4%). Los inversores y empresas extranjeras apuestan más por los países de la Alianza del Pacífico, porque creen que tienen más potencial a medio plazo y porque les gustan más sus políticas económicas, más “liberales” y menos intervencionistas que las de Mercosur (donde no les gustan los tintes socializantes y populistas).

En cualquier caso, la crisis de toda Latinoamérica está ahí y afecta muy seriamente a España, el segundo inversor en el continente, tras EEUU: la inversión neta española en Latinoamérica asciende a 131.853 millones de euros, un 35% de toda nuestra inversión en el mundo, dirigida sobre todo a las finanzas, telecomunicaciones, energía, infraestructuras y servicios. Y las dos terceras partes se concentran en cuatro países: Brasil (tiene la mitad de toda la inversión española en Latinoamérica), México (18,7%), Argentina y Chile. Aunque desde 2005 se ha ralentizado la inversión española, se ha reanimado en 2013 y 2014, según un estudio de IE Business School, debido a la llegada de nuevas empresas a Colombia y Perú, los “países de moda” en el continente.

De momento, las grandes empresas con presencia en Latinoamérica ya están sufriendo la crisis de Brasil, Argentina, México y Chile por las menores ventas (al caer el consumo) y la devaluación de las divisas (peso argentino y mexicano, real brasileño y nuevo sol peruano), que ha afectado a sus cuentas de 2014, sobre todo a Telefónica, bancos, eléctricas y constructoras. Y es que hay 150 grandes empresas españolas que ya venden más en Latinoamérica que en España. Sólo las 35 empresas del IBEX, facturan allí un tercio de sus ventas totales, que representan un 25% de los beneficios. Y mucho más para algunas: Banco Santander (51% beneficios vienen de Latinoamérica), Telefónica (51% ingresos y 46% beneficios), Endesa (42% beneficios) OHL (40%), BBVA (22% beneficios), Repsol (19% ingresos), Iberdrola (15% beneficios), Mapfre (37,5% primas), Indra (29%), Abertis (22%), Gas Natural (26%), Prosegur (27%), Sacyr (25%)…

La otra vía por la que nos afecta la crisis de Latinoamérica es que ahora les vendemos menos: nuestras exportaciones al continente (8.128,5 millones enero-julio 2014) han caído un -8,6%, especialmente las ventas a Brasil (-14,7%), Chile (-16,7%) y Venezuela (-44,3%), aunque han crecido a México (+8,5%) y a Argentina (+6,8%). Con todo, España está comercialmente muy lejos de Latinoamérica, ya que sólo representa un 5,8% de nuestras exportaciones, un porcentaje mínimo para nuestra penetración inversora. Baste decir que exportamos más a Portugal que a toda Latinoamérica. Y que vendemos más a Canadá, India o Noruega que a Argentina, por poner otro ejemplo significativo.

Ahora queda ver si este enfriamiento de Latinoamérica y la recesión de Brasil, Argentina y Venezuela mejoran o se agravan en los próximos meses, por culpa del débil crecimiento económico mundial, debido al bajo crecimiento USA (+1,7% en 2014, según el FMI), al estancamiento de Europa (quizás crezca menos del 1%) y al menor crecimiento de China (sus compras son claves para Latinoamérica). Otro factor negativo es la retirada de estímulos en EEUU para 2015, lo que hará subir los tipos y el dólar, provocando una fuga de inversores y capitales de Latinoamérica a USA, que debilitará más las monedas latinoamericanas y sus déficit exteriores. Con todo, el mayor riesgo es que distintos países y nuevos gobernantes (hay varias elecciones de aquí a un año) caigan en la tentación de aplicar ajustes y recortes en sus economías, una receta que frenaría más el consumo, las inversiones y el crecimiento, agudizando la recesión, como ya pasó en Latinoamérica en los años 80 y 90. Ahora, sus economías están más saneadas, con menos déficits, y por tanto deberían aplicar reformas pero también medidas para fomentar el consumo y la inversión y reanimar el débil crecimiento.

Para España, que Latinoamérica se desinfle es una mala noticia, que no ayuda a la recuperación (máxime cuando Europa sigue estancada, como reconoce Draghi). Pero hay que aguantar el tirón y seguir allí, con las inversiones de nuestros bancos y empresas y tratando de exportar más. Por dos razones. Una, porque es la región del mundo con más potencial a medio plazo: tienen energía, agua, alimentos, grandes superficies cultivables, materias primas y una población joven que está saliendo de la pobreza (lentamente). Y otra, la fundamental, porque España tiene una ventaja comparativa (idioma, cultura, presencia) para aprovechar mejor que nadie ese potencial cuando Latinoamérica salga del bache, probablemente en 2016. Van a necesitar de todo y España puede ser su principal socio, si seguimos apostando por estar allí y salir de esta crisis con ellos. Pero hay una tercera razón: sin Latinoamérica, nuestras empresas no pueden mantener las ventas y el empleo (y menos crecer y aumentar plantillas). Así que hay apechugar con su resfriado y  contagiarse lo menos posible. Y seguir haciendo las Américas.

viernes, 12 de noviembre de 2010

Fracaso del G-20 y ahora cada país a lo suyo

La Cumbre del G-20 ha terminado esta madrugada en Seúl como se preveía: buenas palabras y ninguna decisión concreta. Sólo una declaración de principios para que los paises sean buenos (“que se abstengan de manipular sus monedas”) y pasar el muerto del problema al Fondo Monetario Internacional (“que elaboren un Plan de crecimiento sostenido y equilibrado”). Tanto líder y tanto gasto para acabar hablando del mar y de las flores.

Pero no podía esperarse otra cosa. En la cumbre se enfrentaban dos bloques de paises. Uno,  los que venden fuera más de lo que compran, con lo que crecen más que nadie y crean empleo: China, Rusia, Japón, Indonesia, Corea, Argentina y Alemania (una excepción entre los paises ricos). Y el otro, los paises que apenas crecen y además consumen más de lo que producen, importan más de lo que exportan y crean empleo en otros paises, no en los suyos: Estados Unidos, Francia, Italia, Canadá, Australia, España y Brasil (otra excepción, entre los emergentes).

La pelea era, pues, un intento de que China y los paises emergentes (y Alemania) no exporten tanto, para que Estados Unidos y los paises “ricos” puedan exportar más y crear empleo, ya que el consumo y la inversión, los otros dos motores del empleo, están gripados. Y todos ponían como excusa que “el otro hacía trampas”, depreciando su moneda para exportar más. La “guerra de las divisas” era en realidad la guerra por crear empleo.  

Al final, no se ha conseguido poner un tope a los agujeros comerciales y los 20 se han ido de Seúl con una idea: voy a seguir vendiendo donde pueda y como pueda. Tengo millones de parados y unas elecciones a uno o dos años vista como para llegar a acuerdos que pongan en peligro mi mayor o menor crecimiento. Y así, el mundo seguirá dividido entre los que no consumen, exportan, crecen y mantienen el empleo (China y los emergentes, más Alemania)  y los que consumen más de lo que producen, no crecen y pierden empleo (EEUU y la mayoría de paises desarrollados).

España ha pasado de puntillas por esta Cumbre (empleo verde y footing de Zapatero), pero es el país con mayor “agujero comercial” de los 20, el que tiene un mayor porcentaje de déficit exterior, junto a Turquía y Sudáfrica. Y curiosamente, el país que menos va a crecer de los 20 este año y el que tiene más paro. No es casualidad: si importamos mucho más de lo que exportamos, creamos riqueza y empleo fuera, no dentro. Un problema que tiene que ver con nuestra productividad y con nuestro modelo económico. Y que habría que afrontar con rigor, al margen de banderas políticas y elecciones. Es nuestra guerra particular, al margen de la del G-20.