Mostrando entradas con la etiqueta subsidio de paro. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta subsidio de paro. Mostrar todas las entradas

lunes, 11 de noviembre de 2024

Reforma desempleo y fallos políticas de empleo

El 1 de noviembre entró en vigor la reforma del desempleo asistencial: 1 millón de parados registrados cobrarán algo más (570 euros) y otros 450.000 que no cobraban lo recibirán un tiempo. A cambio, tendrán que declarar el IRPF y cumplir diversas obligaciones para facilitar su contratación (incluso podrán cobrar el paro y trabajar hasta 6 meses). Esta reforma parcial del desempleo está bien, pero el problema de fondo es otro: las oficinas de empleo (SEPE) no funcionan. Sólo consiguen trabajo al 2,2% de los parados, la mayoría de los jóvenes ni se apuntan, hacen cursos largos que no interesan a los parados y las empresas no las utilizan para buscar trabajadores (sólo ETTs privadas y conocidos). Resultado: tenemos el doble de paro que Europa y hay 1 millón de parados que llevan más de un año sin trabajar (585.000 llevan más de 4 años parados). Urge tomar medidas eficaces para ayudarles a trabajar, sobre todo las autonomías, que gestionan (también) las fallidas políticas de empleo.

                            Enrique Ortega

Empecemos por ver cuántas personas cobran hoy el subsidio de desempleo. En septiembre de 2024 (último dato de Trabajo), cobraban alguna ayuda 1.703.095 desempleados, el 66,13% de los parados registrados en las oficinas de empleo (2.575.285 en septiembre). Eso significa que hay 872.190 parados registrados en el SEPE que no cobran ninguna ayuda, porque se les ha acabado el subsidio contributivo (24 meses ) o porque no han cotizado lo suficiente. Pero si miramos otro dato, las personas que “se consideran en paro”, según la EPA del tercer trimestre de 2024 (INE), los parados “estimados” eran 2.754.100 personas en septiembre. Hay 178.815 parados que “no se molestan” en registrarse como parados. Y así, hay más de 1 millón de parados “reales” (1.051.005) que no cobran ningún subsidio en España.

Pero además, los que sí cobran no cobran lo mismo. Hay “2 clases de parados”. Unos, los que tienen un subsidio contributivo, cuya cuantía tiene que ver con lo que cotizaron al desempleo cuando trabajaban y el tiempo cotizado: eran 783.907 parados beneficiarios de prestaciones contributivas en septiembre (el 46% del total) y cobraban de media 988,70 euros al mes. Y luego están el resto de parados que cobran alguna ayuda (919.188 beneficiarios, el 54% del total), un subsidio “asistencial”, por unos meses, porque se les ha acabado el subsidio contributivo o porque no tenían derecho a él por haber cotizado poco o nada. Y esta mitad larga de parados cobran 480 euros al mes. 

Resulta que el seguro de desempleo, aunque es una de las mayores partidas del Presupuesto (22.130 millones gastados en 2023), no llega a un tercio de los parados reales (a 1 millón de parados) y además, supone un ingreso mínimo para casi  otro millón. Por eso, ser parado en España (se cobre o no) es ser “casi pobre”: el 41,4% de los parados eran “pobres” en 2023 (ingresaban menos del 60% de la media española, menos de 916 euros mensuales), frente al 20,2% de pobres que hay entre todos los españoles, el 14,8% entre los jubilados y el 11,9% entre los que trabajaban, según la Red EAPN.

Así que el subsidio de paro, aunque lo critican como un “despilfarro” los neoliberales y muchos empresarios, es claramente “insuficiente”. Lo señala incluso un reciente estudio del Banco de España, que indica dos diferencias con Europa. Una, que la cobertura del desempleo es baja (61% sobre el paro real) y menor que en la mayoría de paises. Y la otra, que el subsidio recibido aquí es más alto, entre el 60 y el 80% del último salario, más que la media en Europa (claro que aquí también los sueldos son mucho más bajos). Además, la Comisión Europea lleva años pidiendo a España que reforme el subsidio de desempleo, no sólo para cubrir a más parados sino para que incluya mecanismos que inciten al parado a buscar más activamente un trabajo y le ayuden mejor a recolocarse. 

Bruselas pidió a España que incluyera la reforma del desempleo dentro del paquete de reformas exigidas a cambio de los Fondos europeos. Pero esta reforma supuso primero un enfrentamiento político entre dos “alas” del Gobierno Sánchez: el Ministerio de Trabajo (Yolanda Díaz) hacía más hincapié en mejorar las ayudas a los parados y la Vicepresidenta económica (entonces Nadia Calviño) estaba más preocupada por exigir una actitud más activa a los parados para buscar trabajo y en las medidas para recolocarles. Al final, se llegó a “un pacto contra reloj” entre ambas, porque era una reforma obligada a aprobar en 2023 para que España cobrara la 4ª entrega de los Fondos Europeos. Y por eso, el Real Decreto se aprobó el 19 de diciembre de 2023, en uno de los primeros Consejos del nuevo Gobierno Sánchez (21 noviembre). Después se envió al Congreso para convalidarse, pero tropezó: en enero de 2024, Podemos votó en contra, como “castigo al Gobierno” por no mejorar la cotización de los parados mayores de 52 años y PP y Vox aprovecharon para hacer “la pinza” y echar atrás la reforma pactada con Bruselas.

El Gobierno, ya fuera de plazo, se puso a la tarea de aprobar otra reforma. Yolanda Díaz quiso “arroparse” en sindicatos y patronal para sacarla adelante. El 8 de mayo de 2024, la ahora vicepresidenta y ministra de Trabajo se hizo una foto con los sindicatos, que apoyaron el nuevo texto de la reforma, que incluía “subir del 100 al 125% lo que se cotiza por los parados mayores de 52 años hasta que se jubilan”. Pero la patronal no apoyó la reforma, alegando que no se había dado “una verdadera negociación” y no se avanzaba en mejorar “la empleabilidad” de los parados ni en reformar las políticas activas de empleo”. Con este apoyo parcial, el Gobierno Sánchez volvió a aprobar la reforma del desempleo, el 21 de mayo, y la reenvió al Congreso, donde finalmente se aprobó el 20 de junio, con el apoyo ahora de Podemos (178 votos a favor) y 171 abstenciones (ahora) de PP y Vox.

El Decreto-ley de reforma entró en vigor este 1 de noviembre y afecta al desempleo “asistencial”, no al subsidio contributivo. El primer objetivo es ampliar el número de beneficiarios y aumentar lo que cobran. Para ello, se incluyen en este subsidio asistencial a 450.000 nuevos beneficiarios, de 3 colectivos que hasta ahora no cobraban: 160.000 parados menores de 45 años sin cargas familiares (recibirán 6 meses de subsidio), 260.000 eventuales agrarios de toda España (ahora solo tienen derecho los de Andalucía y Extremadura) y otros 30.000 que son trabajadores “transfronterizos” (marroquíes) en Ceuta y melilla. Estos nuevos beneficiarios y los 919.188 que ya cobraban el subsidio asistencial recibirán, ya este mes, una ayuda mayor: los 480 euros actuales subirán a 570 euros los primeros 6 meses, bajarán a 540 euros los 6 siguientes y volverán a 480 euros los 18 meses restantes (el máximo de este subsidio asistencial son 30 meses, según edad, circunstancias familiares y duración prestación contributiva). Sólo los parados mayores de 52 años seguirán cobrando lo mismo: 480 euros hasta que se jubilen.

El segundo cambio de esta reforma del subsidio asistencial es que se simplifica y se reduce burocracia. A partir de ahora, sólo hay 2 motivos para cobrar este subsidio. Uno, haber agotado la prestación contributiva (por la que se cotiza) o no haber cotizado suficiente para recibirla. Y el otro, ser un parado mayor de 52 años. Para el resto, los que no tengan ahora derecho a prestación, se abre “una pasarela” para que accedan a cobrar el ingreso mínimo vital (IMV), ya fuera del desempleo. Otras novedades pretenden simplificar el “papeleo”: se suprime el mes de espera para solicitar un subsidio, se amplía a 6 meses el plazo para solicitarlo y se recibirá desde el día de la solicitud. Además, se suprime el doble requisito de que justifiquen  rentas bajas el beneficiario y su familia. Eso sí, tendrán que presentar la declaración de la renta (IRPF) cada año, ganen lo que ganen.

El tercer cambio y el principal objetivo de este reforma es promover y facilitar que los parados encuentren trabajo. La primera medida es que a todos los parados que cobren ayudas se les va a exigir ahora la firma de “un acuerdo de actividad”: una serie de obligaciones que ha de cumplir cada parado para mejorar su empleabilidad, desde cursos de formación y adaptación hasta explicar los trabajos que rechacen. Significa que habrá “un mayor control” del parado, no bastará con que renueve su demanda y cobre, como ahora (de hecho, el reconocimiento del subsidio durará ahora 3 meses: luego tendrá que renovar la solicitud). A cambio, la reforma abre una vía inédita a los parados: que puedan aceptar un trabajo (6 meses) sin perder temporalmente el desempleo. Hasta ahora era incompatible y eso hacía que muchos parados renunciaran a trabajos de temporada (verano o Navidad) porque perdían el paro y no les compensaba. Este cambio ahora puede facilitar que los parados acepten trabajos y las empresas “los prueben”. Sólo se ponen dos salvaguardas para evitar fraudes: que no puedan hacerlo empresas con ERE y que una empresa no pueda contratar temporalmente a un parado que haya trabajado con ella el año anterior.

Ahora falta ver cómo se desarrolla esta reforma del subsidio asistencial, si la cobran más parados y si les ayuda a salir del desempleo. Porque esta es la clave: recolocar a los parados, algo que las oficinas de empleo no consiguen. Los datos son muy evidentes, en el pasado y ahora. Así, en la última década (julio 2012 a julio de 2022), las oficinas de empleo sólo intermediaron 4,2 millones de contratos, el 2% de los contratos hechos (mientras las ETTs privadas intermediaron el 16,4% ). Y en 2022, las oficinas de empleo (SEPE), gestionadas por las autonomías, sólo intermediaron el 2,2% de los contratos . Por si no quedara claro, en el último Barómetro del CIS (octubre 2024), cuando se pregunta a los españoles “cómo consiguieron su trabajo actual”, sólo el 1,9% responde que a través de los servicios de empleo (INEM o SEPE). La mayoría dice que lo consiguió por “familiares, amigos y conocidos” (19,5%), llevando su currículo a empresas (18,2%), por “oposición” (14,4%), haciéndose autónomo (13,5%), en Webs de empleo (11,1%) o ETTs (2,5%).

España gasta menos que el resto de Europa en “políticas activas de empleo”, a pesar de que tenemos el doble de paro: en 2024, vamos a gastar 6.400 millones de euros, más del doble que hace una década  pero un porcentaje más bajo (el 0,41% del PIB) que la media europea (0,55% del PIB), Alemania (0,5%), Francia, Dinamarca o Finlandia (gastan 0,65% de su PIB). Este es “el primer contrasentido”: gastamos comparativamente más que toda Europa en pagar a los parados (y aún así, 1 millón no cobran nada hasta esta reforma) y muchísimo menos en ayudarles a buscar trabajo. Y “el 2º contrasentido”: gestionamos mal las políticas de empleo, porque no les interesan ni a los parados.

El primer dato llamativo es que hay 178.815 parados que se consideran como tales cuando les pregunta el INE (EPA) y que no están registrados como parados en las oficinas de empleo (SEPE) : ni se “molestan”, porque piensan que no van a pagarles un subsidio. Pero el desinterés por el SEPE es mayor entre los jóvenes. Salta a la vista con este otro dato: hay 524.000 parados menores de 30 años “estimados” en la EPA (septiembre 2024) y sólo 394.434 parados menores de 30 años registrados en el SEPE. De hecho, un estudio de InfoJobs y Linkedin señala que sólo la mitad (58%) de los parados de 16 a 24 años están registrados en las oficinas de empleo, porque la mayoría busca trabajo en Internet y con la ayuda de amigos y familiares.

Y no es de extrañar, porque las 4.000 oficinas de empleo (SEPE), mal gestionadas por las autonomías (y de forma muy desigual),  están colapsadas y no tienen ni medios ni personal (8.100 personas, pero necesitarían 12.000, según los sindicatos) ni tecnología (su sistema informático es obsoleto y colapsa con frecuencia) para ayudar a los 2.602.054 parados registrados (octubre 2024). Y sobre todo, no tienen personal cualificado ni realizan un seguimiento para “asesorar a los trabajadores” (uno a uno) a buscar y encontrar empleo, como establece la Ley de Empleo aprobada en febrero de 2023 y que debería estar aplicándose este año. Pero la realidad es otra: sólo 1 de cada 38 parados recibe una oferta de empleo del SEPE, según sus propias estadísticas. El resto, “se busca la vida”…

Mucha culpa de esta ineficacia de la SEPE la tienen las empresas españolas, que se quejan de que “no encuentran trabajadores” pero que apenas utilizan las oficinas de empleo públicas para buscar empleados: se apoyan más en ETTs, redes sociales y conocidos. Baste otro dato: en la web del SEPE hay registradas sólo 74.419 empresas, que tienen registradas 26.710 ofertas de trabajo…Y además, las empresas no colaboran con las oficinas públicas de empleo para promover cursos de formación a parados que les sean útiles para contratarlos después. De hecho, los cursos de formación del SEPE son otro fracaso: asisten menos del 10% de los parados registrados. Y en muchos casos, porque son demasiado largos (más de 600 horas) y poco ligados a la formación que se necesita, además de muy presenciales.

Otra pata que falla en las políticas de empleo son los incentivos a la contratación de parados, generalmente bonificaciones o deducciones en las cotizaciones sociales a las empresas que contratan a determinados trabajadores (mayores, discapacitados, mujeres, jóvenes. Los expertos (AIReF, Funcas) han reiterado que estos contratos subvencionados (15 millones al año) son un coste inútil,un peso muerto”: la mayoría se harían sin la ayuda, que sólo reduce el coste laboral de las empresas. Hay colectivos de parados cuya contratación hay que apoyar, pero por otras vías, como la formación y reconversión. Una urgencia  son los “parados de larga duración” , los que llevan más de 1 año sin trabajar: son ya 1.025.000 parados (el 79%, mayores de 45 años), el 37,21% del total (el 44% en Andalucía y Canarias). Y entre ellos, hay 585.000 que llevan parados más de 4 años. El Gobierno prometió en 2023  un Plan especial para combatir  este “paro enquistado” y no se ha aprobado nada.

En resumen, somos el país con más paro de Europa y el que menos y peor gasta en ayudar a esos 2,7 millones de parados reales a recolocarse. Esa es la reforma del paro que urge y la que no se aborda, porque la gestión del empleo está (también) en manos de las autonomías y cada una gestiona a su aire los recursos públicos de Europa, del Presupuesto estatal y de sus propias cuentas (poco). Así que seguimos fracasando ante “una tasa de paro inadmisible, nuestra gran “asignatura pendiente”.

jueves, 31 de enero de 2019

2018: empleo "récord", para mayores y precario


El año 2018 cerró con la mayor creación de empleo desde 2006: 566.200 nuevos empleos, 76.000 más que en 2017 aunque España creció menos. Pero 9 de cada 10 nuevos empleos fueron para mayores de 40 años, sobre todo en servicios, construcción y el sector público, cayendo en la industria. Y son empleos muy precarios: sólo el 6,5% fueron empleos fijos a jornada completa, mientras la cuarta parte de los empleos temporales duran una semana o menos. El paro bajó algo menos (-462.400 parados en 2018), porque hay más gente buscando trabajo. Y todavía 5 regiones tienen un 20% de paro o más, mientras el 44% de todos los parados no cobran nada (y hay 7 autonomías donde más de la mitad no cobran). En 2019 se espera crear mucho menos empleo (+ 330.000) y hasta 2021 no se recuperará la ocupación de 2007. Por eso, urge aprobar los Presupuestos 2019 y reanimar la economía y los salarios, para evitar que se enfríen más el crecimiento y el empleo en un año difícil


El año 2018 terminó mejor de lo esperado, con una creación de 36.600 empleos en el cuarto trimestre, cuando se habían perdido empleos a finales de 2017 (-50.900) y 2016 (-19.400). La mejoría vino por el empleo creado en el sector público entre octubre y diciembre, ya que el empleo privado cayó ese trimestre, sobre todo en la industria y en los servicios, según la EPA del 4º trimestre 2018. Con esta mejoría, el año 2018 cerró con 566.200 nuevos empleos, 76.000 empleos más que en 2017, a pesar de que la economía creció mucho menos el año pasado (2,5% frente al 3,1% en 2017). Es la mayor creación de empleo desde el inicio de la recuperación (+433.000 empleos creados en 2014, +525.100 en 2015, +413.900 en 2016 y +490.300 empleos en 2017) y el récord histórico de empleo desde 2006 (+687.600 empleos).

 Dicho esto, hay datos preocupantes en la EPA de 2018. El fundamental, que el empleo se está creando de una forma muy desigual. Primero, por sexos: 55,4% de los empleos creados en 2018 fueron para hombres y 44,6% para mujeres. Segundo, por edades: el 90% de los nuevos empleos fueron para mayores de 40 años, sobre todo para personas entre 40 y 55 años (+291.100 empleos) y mayores de 55 años (+221.900 empleos), algo en principio sorprendente, mientras los menores de 40 años sólo consiguieron 53.000 empleos ( en el cuarto trimestre de 2018, los jóvenes perdieron empleo). Tercero, el empleo se creó en 2018 sólo en los servicios (+428.100 empleos, el 75% del total), y la construcción (+136.100), mientras perdía empleo la industria (-3.000 empleos) y se mantenía en el campo (+4.900), destacando el empleo creado en el sector público (+136.300, el mejor dato anual desde 2004). Y dos tercios del nuevo empleo se lo llevaron 5 autonomías: Andalucía (+118.600), Madrid (+108.600), Cataluña (+75.000), Canarias (+41.600) y Baleares (+35.700).

Pero lo más preocupante es la mala calidad del nuevo empleo creado en 2018, como en los años anteriores: el 89,75% de los contratos firmados fueron temporales, según los datos del Ministerio de Trabajo, una cifra muy elevada aunque ligeramente mejor que el porcentaje de temporales de 2011 a 2015 (92%) y de 2016 y 2017 (91%), gracias sobre todo al Plan de actuación de la inspección de Trabajo desde agosto. Lo peor es que una cuarta parte de esos contratos temporales (el 26,68%) se hicieron por una semana o menos. Y además, siguen creciendo los contratos a tiempo parcial, por horas o por días, que supusieron el 35,8% de los contratos firmados en 2018. Los dos datos confirman un hecho que acompaña a la recuperación del empleo desde 2014: el empleo que se crea se reparte mucho, hay una enorme rotación: en 2018 se firmaron 22,29 millones de contratos (otro récord), lo que indica que se hicieron 40 contratos para cada empleo creado (recordemos: 566.200 ocupados más). Al final, un dato del Ministerio de Trabajo resume lo que pasa: sólo 6,5 de cada 100 empleos creados en 2018 fue "de calidad", fijo y a jornada completa.

Esta fuerte creación de empleo de 2018, mal repartido y precario, ha permitido cerrar el año con 462.400 parados menos, según la EPA, una cifra  inferior a la rebaja del desempleo en los últimos años (-471.000 parados en 2017, -541.700 en 2016, -678.200 en 2015 y -477.900 en 2014), debido a que aumentó el número de españoles que se han animado a buscar trabajo (+103.800 activos en 2018, sobre todo mujeres y jóvenes). Con este dato, la tasa de paro baja al 14,45%, casi la mitad del peor año de la crisis (2013: 26,03% de paro) y la tasa más baja desde 2008 (13,91%) aunque seguimos teniendo más del doble de paro que Europa: 6,6% en la UE-28 y 7,9% en la zona euro, en diciembre de 2018, según Eurostat . Y la tasa de paro juvenil (menores de 25 años) todavía está en el 33,54% en España, frente al 14,9% en Europa.

El paro en España también es desigual, como el empleo, y se concentra en las mujeres (son más de la mitad de los parados: 1.730.200, con una tasa del 16,26%,frente al 12,87% de los hombres), los jóvenes ( 32,24% de paro entre los menores de 29 años), los inmigrantes (21% de paro) y los mayores de 50 años (el 13,15% de paro, el triple que en 2017), donde ya hay 879.500 españoles mayores sin trabajo (y sin muchas posibilidades de conseguirlo), según la última EPA de 2018. Por autonomías, todavía hay 5 regiones con una tasa de paro “insoportable”, que ronda o supera el 20%: Extremadura (21,10% de paro), Andalucía (21,26%), Canarias (19,99%), Ceuta (24,02%) y Melilla (23,85%), con un paro aún mayor en Cádiz (27,35%), Badajoz (24,10%), Huelva (22,79%), Córdoba (22,47%) y Granada (22,44%) .Y otras 3 autonomías que tienen un nivel de paro “europeo” y rondan el 10%, como el País Vasco (9,58%), Navarra (9,99%) y La Rioja (10,30% de paro), junto a Soria (4,35% de paro), Álava (7,39%), Guipúzcoa (7,56%), Lugo (9,16%), Teruel (9,23%), Segovia (9,28%) y Huesca (9,94% de paro). Además, hay más de 1 millón de hogares españoles (1.053.400) con todos sus miembros en paro.

Pero quizás el dato más preocupante es que el paro se enquista y casi la mitad de los parados llevan más de un año sin trabajar: 462.900 llevan parados entre 1 y 2 años y otros 1.089.200 parados llevan más de 2 años en paro, según la EPA del cuarto trimestre de 2018. En total, 1.552.100 parados “de larga duración, el 47% de todos los parados. Una bolsa enorme de “parados crónicos” (668.000 llevan parados más de 4 años, según los datos de UGT), que tienen muy difícil volver a trabajar, básicamente por su elevada edad (un 70% superan los 50 años y dos tercios son mujeres) y su baja formación: el 63% de estos parados de larga duración sólo tienen la ESO e incluso menos. Y además, estar más de un año fuera del mercado laboral reduce un tercio sus posibilidades de contratación.

Mientras ven muy difícil recolocarse, el mayor problema de muchos de estos “parados viejos” es sobrevivir, porque tras meses y años en el paro, se les ha acabado el subsidio. De hecho, a finales de 2018, sólo cobraban el paro el 55,83% de los españoles que se declaran en paro según la EPA: 1.844.843 parados con subsidio, según la última estadística del Ministerio de Trabajo. Y de ellos, la mayoría  (1.053.869 parados) cobraban  un subsidio asistencial, de sólo 430 euros al mes, mientras los 790.974 restantes cobran un subsidio contributivo, por el que cobran 824,80 euros de media (con grandes diferencias, según autonomías, sexo y el trabajo que hayan tenido). Esto significa que un 44,17% de los parados EPA, 1.459.457 parados, no cobran ningún subsidio. Y sobreviven en la pobreza, gracias a ayudas de la familia y amigos y a “chapuzas” en la economía sumergida. La situación es peor en las 7 regiones donde son mayoría los parados que no cobran: Melilla (66,5% parados EPA no cobran), Madrid (59,3%), Canarias (55%), País Vasco (52,5%), Navarra (51,7%), Aragón (51%) y Murcia (50,2% parados EPA no cobran).

Volviendo al empleo, ahora se espera que se debilite en 2019, dado que España va a crecer menos este año: 2,2% frente al 2,6% en 2018, según el Gobierno, y podría ser incluso menos si Europa sigue débil (Alemania va a crecer el 1%) y hay turbulencias en la economía internacional (proteccionismo comercial, petróleo caro, subidas de tipos y crisis en paises emergentes). La estimación del presidente Sánchez, en la Cumbre de Davos, fue que se crearán 330.000 empleos en 2019, menos que en estos 5 años de recuperación (372.500 empleos de media anual: 1.862.200 empleos en total). Y se espera crear otros 350.000 empleos en 2020, año en que también bajará el crecimiento. De ser así, España tendrá que esperar a 2021 o 2022 para recuperar el empleo perdido antes de la crisis, los 20,51 millones de puestos de trabajo de 2007 (ahora hay 19,56 millones: faltan todavía 1 millón de empleos). Serán "14 años perdidos".

Con menos empleo todavía que antes de la crisis y más del doble de paro que Europa, no se pueden echar campanas al vuelo por el récord de empleos de 2018. Y más cuando tenemos el empleo más precario de Europa, con 1 de cada 4 asalariados con contratos temporales (el 26,86% en diciembre de 2018, según la EPA) y con 1 de cada 7 empleos a tiempo parcial (el 14,8% de los empleados), empleos por días o por horas que son “obligados” para dos tercios de estos trabajadores, más “subempleos” que en la mayoría de Europa.

Urge algún acuerdo social, entre patronal y sindicatos (con el apoyo del Gobierno y los partidos), para conseguir más empleos “decentes”, con una estrategia de “palo y zanahoria”: palo a las empresas y sectores (hostelería y servicios) que “abusan” de los contratos temporales y por horas para empleos que son estables y con jornadas normales. Hay que reforzar la Inspección de Trabajo y lanzar campañas contra los que defraudan, como se empezó a hacer en agosto. Y “enseñar la zanahoria” al resto, para incentivarles a que hagan contratos fijos y con jornadas normales, con menores cotizaciones e impuestos. Y con un seguimiento periódico y un objetivo: por ejemplo, rebajar del 89,75% al 70% el porcentaje de temporales en los contratos de 2020. Se puede conseguir si se convence a los empresarios que ahora, tras varios años con beneficios,  pueden y deben ofrecer contratos decentes. Y eso pasa también por una reforma normativa, para dar marcha atrás a la reforma laboral de Rajoy de 2012, como piden los sindicatos (han convocado movilizaciones el 8 de febrero) al Gobierno Sánchez, que lo tiene difícil (con 84 diputados), si el PP o al menos Ciudadanos no apuestan por apoyar una estrategia para conseguir más empleos “decentes”.

En paralelo a esta nueva reforma laboral, urge aprobar un Plan de empleo, dirigido especialmente a los jóvenes, las mujeres y los parados de larga duración, los colectivos que tienen más difícil colocarse. Primero, hay que volcarse en su formación (hay 1.504 millones de euros para formación sin gastar, de los ejercicios 2015, 2016 y 2017), con cursos más eficaces y ligados a lo que piden las empresas. Segundo, hay que reformar los servicios públicos de empleo (SEPE), para que no sean unas oficinas burocráticas sino que ayuden realmente a los parados a encontrar empleo, como agencias de colocación. Un avance pueden ser los 3.000 asesores que van a contratar las autonomías para orientar a los jóvenes parados, en cumplimiento del Plan de empleo joven aprobado por el Gobierno en diciembre. Y tercero,   hay que incentivar (ayudas fiscales, cotizaciones) a las empresas que contraten de forma estable parados de larga duración, casi la mitad de los parados.

En tercer lugar, además de promover empleos decentes y la contratación, hay que mejorar la situación de los parados, porque es escandaloso que el 44,7%, casi 1,5 millones de parados no cobren ningún subsidio. Habrá que revisar el seguro de desempleo, para asegurar que cubra a más parados, en coordinación con las prestaciones sociales (renta mínima) que gestionan y pagan las autonomías. Y sin olvidar que estamos en Europa y que, de cara a la futura Comisión Europea, somos los más interesados en que se apruebe un “seguro de paro europeo”.

Para todo esto hacen falta recursos (un Plan de empleo creíble, que gaste en formación, asesoramiento e incentivos a la contratación, exige no menos de 5.000 millones extras anuales y mejorar el seguro de paro exigiría 2.000 millones más) y medios, básicamente más personal para los servicios públicos de empleo: cada empleado del SEPE tiene a su cargo 450 parados mientras en Alemania, cada funcionario atiende a 47 parados y en Reino Unido a 22. En definitiva, España tiene que gastar más en “políticas activas de empleo, porque no es de recibo que teniendo más del doble de paro que Europa, gastemos la mitad: 5.710 millones en 2018, el 0,5% del PIB frente al 1% que gasta la UE-28.

Al final, el buen dato de empleo de 2018 no debería utilizarse como “un espejismo” para ocultar el grave problema de empleo y paro que tiene España y que lo convierte en la primera preocupación de los españoles, según todos los Barómetros del CIS. Eso debería obligar a un gran Pacto por el empleo, para conseguir crear más empleos de calidad y reducir la cifra de parados y su penosa situación. Una medida importante sería aprobar los Presupuestos 2019, porque suponen algo más de gasto social e inversión, más sueldos y pensiones, lo que puede ayudar a crecer más y crear más empleo en 2019, un año difícil. Lo seguro es que si no se aprueban y hay elecciones, perderemos medio año y lo pagará el empleo. Haya o no elecciones, el empleo debería ser la prioridad de todos.

jueves, 28 de abril de 2016

EPA marzo 2016 : menos empleo y más parados (55% no cobran)


El Gobierno y sus medios afines pueden “decir misa”, pero los datos de la EPA del primer trimestre, conocidos hoy, no son buenos. Por un lado, se han perdido 64.600 empleos, a pesar de que la Semana Santa cayó en marzo. Y han perdido muchos más empleos los jóvenes y las mujeres. Por otro, sube el paro en 11.900 personas y no crece más porque hay 52.700 españoles que han dejado de buscar trabajo o se han ido al extranjero. Y el paro juvenil ha subido al 46,49%. Además, aumentan los parados que no cobran nada: ya son el 55% de los parados EPA (y el 63,5% en Madrid). Y encima, la economía crece menos y se espera crear este año sólo 450.000 empleos nuevos, 75.000 menos que en 2015. Pero son empleos muy precarios: el 30% son por una semana o menos. Urge un Plan de choque  contra el paro y por el empleo, nuestro primer problema.
 
enrique ortega

El primer trimestre de cada año suele ser malo para el empleo, porque se pierden los contratos hechos por Navidad. Pero este año jugaba a favor que la Semana Santa ha sido en marzo y no en abril como en 2015. Pero aun así, y a pesar de que la economía sigue creciendo, el empleo ha caído, según la EPA: se han perdido 64.600 puestos de trabajo entre enero y marzo. Eso sí, han sido casi la mitad que el primer trimestre de 2015 (-114.300) y casi un tercio menos que en 2014 (-184.600 empleos). Pero hay que “mirar más” las cifras. Porque la caída del empleo habría sido mayor si no hubiera crecido la ocupación entre los mayores de 55 años (+39.800) y entre los de 40 y 50 años (+30.700), un fenómeno que también se produjo en 2015 y 2014: casi todo el empleo que se crea es para mayores. Así, los jóvenes y menores de 40 años han perdido 133.000 empleos este trimestre… Y de todos los empleos perdidos, 2 los han perdido las mujeres y 1 los hombres.

Otra cuestión importante: el empleo no ha caído más gracias al sector público, a  los 17.600 empleos  que han creado las autonomías (con los nuevos Gobiernos) y el Estado central. Pero en las empresas privadas se perdieron 82.100 empleos, sobre todo en los servicios (a pesar de la Semana Santa). Y los empleos que se han perdido son todos temporales, lo que da idea del vaivén de las cifras: una EPA crea empleos inestables que se pierden en otra. Sólo hay algo positivo: han aumentado los empleos en la industria (+40.300), quizás por el automóvil y la alimentación, aunque se pierden en la construcción, a pesar de la mejoría del sector. Y sólo se ha creado empleo en Cataluña (+25.700), mientras lo perdían Madrid (-28.700), Comunidad Valenciana (-12.800) y Galicia (-11.400).

Al caer el empleo ha subido el paro, en 11.900 personas (en 2015, el paro bajó en 13.100 personas el primer trimestre), hasta llegar a los 4.791.400 parados, un 21% de los españoles en edad de trabajar. Y el paro no ha subido más (lo que ha caído el empleo) porque hay menos españoles buscando trabajo, porque 52.700 españoles se han sumado a la bolsa de “desanimados” y en este primer trimestre se han borrado de las listas del paro o han emigrado al extranjero. Además, el paro juvenil (menores de 25 años) ha empeorado dos décimas y está en el 46,49%: casi la mitad de los jóvenes en edad de trabajar están parados.

Las cifras del paro EPA esconden una serie de datos muy preocupantes. El primero, que hay ya 1.610.900 hogares donde no trabaja nadie (54.300 más que a finales de 2015). El segundo, que hay 6 autonomías con una tasa de paro “impresentable”, entre el 25 y el 30%: Melilla (30,67%), Andalucía (29,70%), Extremadura (29,13%), Ceuta (26,21%, Canarias (26%) y Castilla la Mancha (25,45%), que contrastan mucho con el paro “casi europeo” del País Vasco (12,80%), Navarra (14,25%) o la Rioja (14,38%). Y el tercero, que más de la mitad de los parados llevan más de un año en el desempleo, aunque ha bajado el paro de larga duración (del 59,5 al 57,6%): son ahora 2.763.600 parados, de ellos 2 millones que llevan más de 2 años sin trabajar y 1,5 millones que llevan más de tres años parados.

Este dato, el elevado “paro antiguo”, explica que cada vez haya más parados que no cobran nada, porque se les ha acabado el desempleo. El dato es estremecedor: hay 2.643.867 parados EPA que no están cobrando nada, según los datos del Ministerio de Empleo. Son ya el 55% de los parados reales, no de los que se apuntan en las listas del paro. Y ese dato es mayor en algunas autonomías: Melilla (65,84% de los parados EPA no cobran), Madrid (63,5%), Murcia (61,06% parados no cobran), Castilla la Mancha (60,88%), Canarias y Ceuta (en ambas, el 58,3% parados EPA no cobran nada). Además, de los parados que sí cobran (2.147.533 en febrero 2016), sólo un tercio cobra un subsidio contributivo (de 810,90 euros mensuales), por el que ha cotizado, y los dos tercios restantes sólo cobran un subsidio asistencial, de 426 euros mensuales.

Precisamente, sindicatos y patronal pactaron con el Gobierno Rajoy, en enero de 2015, que este subsidio asistencial llegara a más parados (a cambio de que hicieran  cursos). Pero el Plan ha sido un fracaso: de los 400.000 parados de larga duración que se pensaba iban a beneficiarse de la ayuda, sólo la han recibido 100.000, debido a que los requisitos para cobrarla eran muy exigentes y que muchos parados no la conocían. Ahora, el Gobierno en funciones ha prorrogado el Plan hasta abril de 2017, pero sin facilitar el acceso a esta ayuda. En el fondo, lo que quieren es “ahorrar con el paro” para bajar el déficit. No en vano, el Gobierno Rajoy ha presupuestado 19.820 millones para pagar a los parados en 2016, frente a los 30.140 millones que se gastaron en el desempleo en 2011. Un recorte que no se justifica con que haya menos parados (que los hay) sino por los cambios que hizo Rajoy en 2012 y 2013, y que redujeron o quitaron el subsidio a muchos parados. De hecho, en 2011 cobraban el desempleo el 55,4% de los parados EPA y ahora lo cobran el 45%.

Lo preocupante no es sólo que el empleo haya pinchado en el primer trimestre y haya crecido el paro. Lo malo es que este año se va a crear menos empleo que en 2015, cuando se crearon 525.100 empleos nuevos. Y eso, sobre todo, porque la economía internacional va a crecer menos y también la economía española: frente al 3,2% de crecimiento en 2015, en 2016 se augura un crecimiento del 2,6%(FMI) o del 2,7%(Gobierno). Y eso se traduce en que se crearán entre 75.000 y 100.000 empleos menos este año (y otros tantos el que viene). Y la tasa de paro seguirá por encima del 20%, más del doble que la europea (9,1% en la UE-28).

Además, el problema de fondo es la precariedad del empleo que se está creando. En el primer trimestre de 2016, de los 4.283.300 contratos firmados, sólo un 9,7% fueron contratos fijos y un 90,3% fueron temporales, según datos del Ministerio de Empleo. Y cada vez por menos tiempo: un 30% de estos contratos temporales hechos en 2016 fueron por una semana o menos, sobre todo a jóvenes y mujeres en la hostelería, el turismo, el ocio, la sanidad, los servicios sociales, trabajos administrativos y de comunicación. Por otro lado, sólo el 65,7% de los nuevos contratos fueron a jornada completa y  más de un tercio (34,3%) fueron ya contratos a tiempo parcial, por horas. Esta precariedad se traduce en despidos posteriores y en bajos salarios (un tercio de todos los asalariados son ya mileuristas) y bajas cotizaciones, lo que provoca un déficit de las pensiones y la Seguridad Social (-12.800 millones en 2015). Una precariedad que frena el consumo y el crecimiento y es un cáncer para la economía.

El tema de fondo, al margen de que una EPA sea mejor o peor, es que España no consigue que trabaje tanta gente como en otros países. Así, la OCDE, que incluye a los 34 países más desarrollados del mundo, han conseguido ya recuperar el empleo que tenían en 2008, antes de la crisis, pero España aún no. Y aquí sigue trabajando mucha menos gente que en los demás países desarrollados: en 2015 trabajaban poco más de la mitad de españoles en edad de hacerlo (16-65 años), un 57,8%, mientras en la Europa del euro (19 países) trabajaban el 64,5%, en la OCDE (34 países) un 66,2%  y en los 7 grandes (G-7) el 69,1 %. Eso significa que si en España trabajara el mismo porcentaje de personas que en la Europa del euro, tendrían que trabajar 2,5 millones de españoles más. Y el paro estaría en el 9%, no en el 21%.

¿Se puede conseguir trabajar como los europeos del euro? Por supuesto, aunque no es fácil y requiere tiempo y políticas adecuadas, sobre todo un cambio de modelo económico y empresarial (más industria, empresas más grandes, más innovación y tecnología). Pero antes, hay cosas que se pueden hacer. Por un lado, crecer más, para intentar así crear más empleo. Para ello, el futuro Gobierno debe presionar a Europa en dos sentidos. Uno, que pongan en marcha un Plan de inversiones europeo (acelerar el Plan Juncker) y que los países del norte (sobre todo Alemania) reanimen sus economías con más gasto y más inversiones, para tirar del lento crecimiento europeo. Por otro, hay que renegociar el déficit público, para que no haya más recortes y el futuro Gobierno español pueda reanimar la economía, con inversiones y gastos necesarios, gracias a una mayor recaudación (de los que pagan pocos impuestos: grandes empresas, multinacionales y ricos, no de la mayoría de contribuyentes).

Pero no basta con intentar crecer y crear más empleo, algo que al final depende de las empresas. El Gobierno puede y debe incentivar ese empleo, no sólo con inversiones públicas sino con políticas activas de empleo, tomando medidas en dos frentes: mejorar la formación de los parados (la mitad no tiene la ESO terminada) y reformar las oficinas de empleo (SEPE), que ahora no funcionan (sólo colocan al 2% de los parados). Hay que volcarse en buscar una salida a los 4.791.400 parados reales, sobre todo a ese casi 60% que lleva más de un año sin trabajar, para que no pierdan el tren del empleo para siempre. Y eso pasa por reciclarles y ayudarles, con orientadores de empleo y la colaboración activa de las empresas. Pero eso exige más medios, hoy muy escasos: España cuenta con 1 funcionario del SEPE por cada 269 parados, frente a 1 por 47 en Alemania (con el 6,1% de paro), 1 por 36 en Dinamarca o 1 funcionario por cada 22 parados en Reino Unido.

Crear más empleo es cuestión de voluntad política, de dinero y de medios. Hace falta un Plan de choque contra el paro, que podría empezar con 4.000 millones de euros, el doble de los 2.000 que ha aprobado  Francia, tras decretar un “Estado de excepción contra el paro” (con la mitad de paro, el 10,2%). Que no se diga que no hay dinero: el Gobierno Rajoy en funciones se va a gastar 500 millones en devolver media paga extra para los funcionarios. Y perderemos otros 2.641 millones este año sólo por su bajada de impuestos a las empresas. El próximo Gobierno tiene que ponerse a la tarea, pactar un Plan de choque y buscar el dinero debajo de las piedras. Dejar de hacer triunfalismo (“somos el país que crea más empleo de Europa”) y pensar que uno de cada cinco españoles está en paro y trabaja mucha menos gente que en Europa. Ese es nuestro mayor problema, lo que nos preocupa a la mayoría. No lo olviden.

jueves, 28 de enero de 2016

EPA 2015: empleo precario y mucho paro "viejo"


Otra vez más, el Gobierno y sus medios afines han lanzado las campanas al vuelo con la EPA de hoy: subida histórica del empleo y bajada récord del paro. Es verdad. Pero hay que mirar las tendencias. El empleo creció en el cuarto trimestre mucho menos que en 2014, lo que indica que se frena. Y los menores de 40 años siguieron perdiendo empleos. Además, sólo el 4,66% de los contratos firmados en 2015 fueron indefinidos y a tiempo completo: un 95,44% del empleo creado es precario (y mal pagado). Y el paro ha bajado más porque hay menos españoles buscando trabajo. Otro dos datos preocupantes: el 60% de los parados llevan más de 1 año sin trabajar y más de la mitad de los parados EPA no cobran nada (el 54,7%). No es pues para tirar cohetes, porque además seguimos con el doble de paro que Europa (20,9%). Menos triunfalismo y más medidas. Urge un Pacto social por el empleo.
 

enrique ortega


España lleva año y medio creando empleo, pero el ritmo se ha desacelerado en el cuarto trimestre, al igual que la economía: si a finales de 2014 se crearon 65.100 empleos, a finales de 2015 se han creado sólo 45.500 empleos, gracias a las rebajas y el turismo, según la EPA de hoy. En todo el año, el empleo sí ha crecido más que en 2014: 525.100 nuevos empleos frente a 433.900 en 2014, aunque la economía ha crecido más del doble (+3,2% en 2015 frente a +1,4% en 2014). Lo preocupante de este mayor empleo son tres datos. Uno, que está centrado en los servicios (+421.000 empleos, por el turismo y el comercio) y la agricultura (+50.800), empleos muy temporales, y no en sectores más estables, como la industria (+24.600) y la construcción (+28.100 empleos). Dos, que no llega a los jóvenes: el empleo de los menores de 40 años cae globalmente y crece en los mayores, sobre todo entre los mayores de 55 años (+241.600 empleos), algo poco comprensible. Y tres, que es un empleo muy precario.

Para comprender la mala calidad del empleo que se crea, baste un dato: sólo el 4,66% de los contratos firmados en 2015 (nada menos que 18,57 millones, muchos por cada puesto) son contratos “buenos”, indefinidos y a tiempo completo. O sea, que el 95,44% son precarios. En unos casos, son contratos temporales (el 92% de los contratos firmados en 2015), cada vez por menos tiempo: un tercio son por menos de un mes y la cuarta parte duraron menos de 1 semana. Y muchos (un 35,58% de los firmados en 2015) son contratos a tiempo parcial, por horas, aunque en muchos casos encubren el fraude de un contrato por cuatro horas en el que se trabajan ocho o diez. Y algo muy llamativo: las grandes empresas, que han aumentado sus beneficios en 2015, sólo han hecho contratos temporales el año pasado, según la central de balances del Banco de España. Y banca y energía siguen perdiendo empleos.

Vayamos al paro. El total de españoles que se consideran parados (EPA) era en diciembre de 4.779.500 personas, un 20,9%, más del doble que Europa (9,5%). El paro ha bajado el año pasado en 678.200 personas, más que en 2014 (-477.900 parados) y la mayor caída del paro de la serie histórica. Pero ya no hay más datos para presumir. Primero, porque esta mayor caída del paro se debe a que en 2015 han vuelto a aumentar los españoles “desanimados”, que ya ni buscan trabajo: hubo 153.200 activos menos, que se fueron a casa o al extranjero. Y segundo, porque todavía hay 1.536.600 hogares españoles donde no trabaja nadie y cinco autonomías (casi la mitad de España) con una tasa de paro impresentable: Melilla (32,64%), Andalucía (29,83%), Extremadura (28,07%), Canarias (26,75%) y Castilla la Mancha (24,97%). Y casi la mitad de los jóvenes españoles están en paro (46,24%).

Pero hay dos datos más muy preocupantes sobre el paro. El primero, que cada vez hay más “paro antiguo”, parados que llevan más de 1 año sin trabajo: son ya 2.845.300 parados, un 59,53% del total. Y de ellos, 2 millones llevan más de dos años  en paro y 1,5 millones más de tres. Son sobre todo mayores de 45 años, la mayoría con poca formación (esa es otra: el 66,8% de todos los parados, dos de cada tres, no tiene acabado la ESO). Y el segundo dato, que tiene mucho que ver con “la antigüedad” del paro: cada vez cobran menos parados. A finales de 2015, sólo cobraban algún subsidio 2.162.456 parados, según el Ministerio de Empleo. Y de ellos, sólo 812.261 cobraban la prestación contributiva (807 euros al mes) mientras los restantes (2 de cada 3 parados con subsidio) sólo cobraban una prestación asistencial de 426 euros al mes. Pero lo verdaderamente grave es que hay 2.617.044 parados EPA que no cobran nada, el 54,76% del total. Y aún es peor en cuatro autonomías, donde, ahora mismo, dos tercios de los parados no cobran nada: Melilla (66,4% parados EPA no cobran nada), Madrid y Murcia (63,2% parados no cobran) y Castilla la Mancha (60,5%). Una legión de parados sin salida y condenados a la pobreza.

Frente al triunfalismo de Rajoy en la campaña electoral (“hemos creado un millón de empleos”), ahora ya se puede hacer el balance de su legislatura: trabajan en España 58.800 personas menos que cuando llegó a la Moncloa (18.094.200 ocupados frente a 18.153.000) y hay 507.800 parados menos (4.779.500 parados, un 20,9%, frente a 5.287.300, un 22,56%), aunque esto se debe a que hay 566.600 españoles menos buscando trabajo (22.873.700 activos frente a 23.440.300), porque se han “desanimado” o han emigrado. Y para redondear el balance: ahora cobran subsidios el 45,24% de los parados EPA y en diciembre de 2011 cobraban el 55,4% de los parados estimados. No es para presumir.

Vayamos al futuro. Todos los organismos internacionales y expertos creen que España va a crecer menos en 2016 (+2,7%) que en 2015 (+3,2%). Por ello, todas las previsiones coinciden en que España creará menos empleo este año que en 2015. ¿Cuánto? La Comisión Europea cree que el empleo aumentará un 2,5%, como la patronal CEOE, mientras los expertos privados lo bajan al 2,4%. Eso supone crear entre 435.000 y 452.000 nuevos empleos en 2016, frente a los 525.000 creados realmente en 2015. Y la mayoría cree que el paro estará entre el 19 y el 20%, por lo que habría que esperar otros 10 años para bajarlo al nivel que estaba antes de la crisis (el 8%). Y seguiríamos con más del doble de paro que Europa (9,2% previsto para 2016).

No podemos conformarnos con estos resultados. España debería tomar medidas para crecer mucho más y crear más empleo en los próximos años. El gobierno francés, con sólo el 10% de paro, acaba de declarar “el estado de excepción contra el paro y destinará este año 2.000 millones de euros para poner en marcha un Plan de choque que incluye formación a los parados, incentivos a los contratos estables y fomento de los contratos de formación para jóvenes. Mientras, en España, con el doble de paro, nadie propone un Pacto social por el empleo, con medidas excepcionales para abordar el primer problema de los españoles.

¿Se puede crecer más y crear más empleo? Sí, como ya expliqué en este blog. Lo primero es hacer otra política económica, en España y en Europa. Para ello, el futuro Gobierno debería presionar en Bruselas para que se ponga en marcha el Plan Juncker  de inversiones públicas europeas (315.000 millones), a la vez que se insiste a Alemania y los países ricos del norte que “tiren” de la economía europea, con más gasto y más inversiones, que beneficiarían a los países con más paro del sur. Y ya en España, es clave que el futuro Gobierno reanime la economía, con más inversiones públicas en sectores y empresas que pueden crear empleo (reindustrialización, exportaciones, innovación y tecnología, energía y medio ambiente). Y para ello, deben recaudar más (se pueden conseguir 30.000 millones extras de la lucha contra el fraude, las multinacionales, grandes empresas y los más ricos), para poder financiar esta reactivación de la economía y a la vez reducir el déficit público, como exige Bruselas (piden 13.000 millones de recortes, que hundirían el empleo).

Pero no basta con intentar crecer más y crear más empleo, algo que está más en manos de las empresas. El Gobierno tiene la responsabilidad de incentivar y promover ese empleo, con políticas activas de empleo, tomando medidas en dos frentes: mejorar la formación de los parados (recordemos: 3.192,500 parados, dos de cada tres, no tienen la ESO acabada) y reformar las oficinas de empleo (SEPE), que ahora no funcionan (sólo colocan al 2% de los parados). Hay que volcarse  en buscar una salida a los parados, sobre todo a ese 60% que llevan más de un año sin trabajar. Y eso pasa por reciclarles y por ayudarles con orientadores de las oficinas de empleo, hoy casi inexistentes: España cuenta con un funcionario del SEPE por cada 269 parados frente a 1 por 47 en Alemania, 1 por 36 en Dinamarca y 1 por 22 en Reino Unido, países con un tercio de paro.

Crecer y crear más empleo es cuestión de voluntad política, de dinero y de medios. Si Francia destina 2.000 millones a un Plan de choque, aquí harían falta al menos 4.000 millones. Y una política decidida a promover el empleo como sea, mejorando la estructura económica y empresarial, promoviendo la innovación y la exportación, formando a parados y empleados en los trabajos que necesitan las empresas. Una gran cruzada nacional por el empleo, con los recursos y medios que hagan falta y el apoyo de todos. Eso es lo que exige la EPA de hoy, no más triunfalismos vanos. Muchos millones de españoles lo están esperando.