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lunes, 23 de enero de 2023

Los salarios no alimentan la inflación

Este año 2023 debería ser el año en que subieran los salarios, tras haber perdido poder adquisitivo en 2021 y 2022 (-7,5%), al subir mucho menos que la inflación. España es el 2º país europeo donde los trabajadores han perdido más poder adquisitivo, mientras los beneficios empresariales siguen creciendo (+30% las empresas del IBEX). Y además, los salarios bajos han evitado una mayor subida de precios, que en un 80% se debe a la subida de los márgenes empresariales. “Si no hay negociación salarial, habrá conflictos”, amenazan los sindicatos, que piden un 8% de aumento en tres años (2022, 2023 y 2024), mientras la patronal propone subir el 3,5% este año, sin clausulas de revisión. La novedad es que ha caído otro mito económico: que si suben los salarios, se disparará la inflación. Economistas del FMI concluyen que se pueden subir los salarios sin alimentar la inflación. Es hora de subir los salarios, por justicia y para reanimar el consumo de las familias y evitar una recesión. Negocien.

Enrique Ortega

“Nuestros comerciantes e industriales se quejan mucho de los efectos perjudiciales de los salarios altos en el aumento del precio (…).Nada dicen de los efectos perjudiciales de los beneficios elevados. Guardan silencio sobre los efectos perniciosos de sus propias ganancias”. Adam Smith, 1776

Los salarios han vuelto a perder poder adquisitivo en 2022, por 2º año consecutivo. Los 9 millones de trabajadores que firmaron o renovaron su convenio (en 911.187 empresas) pactaron una subida salarial media del +2,78% en 2022, según Trabajo, frente a una subida media de la inflación en España del +8,4%. Eso significa que perdieron un -5,62% de poder adquisitivo. Más los trabajadores que pactaron subidas menores (un 5% pactaron subidas menores al 1%, otro 18% entre 1 y 1,5% y el 25% han tenido subidas entre 1,5 y 2%) y menos los trabajadores que tenían clausula de revisión (total o parcial) para compensar una subida extra de la inflación (ojo: solo la tienen el 21% de los trabajadores con convenio). Y el resto de trabajadores (hay 17,4 millones de asalariados), sin convenio o en pymes que no negocian salarios, han tenido subidas mínimas o se les han congelado los sueldos.

Esta pérdida de poder adquisitivo en 2022 se suma a la de 2021, donde los sueldos en convenio subieron un +1,53% frente a una inflación media del +3,1%. Otra pérdida de poder adquisitivo del -1,6%, que sumada a la de 2023, da una devaluación real de los salarios del  -7,22% en los dos últimos años. En los años anteriores, entre 2012 y 2020, los salarios crecieron más que la inflación (baja o incluso negativa), pero sólo ganaron un +2,97% de poder adquisitivo, que no compensa lo perdido ahora. Y si contemplamos la última década, entre 2012 y 2022, los trabajadores españoles con convenio perdieron un -4,25% de poder adquisitivo, según las estadísticas oficiales. Hay un dato que refleja con claridad esta  “devaluación salarial”, según CCOO: el salario ganado en 2022 está un 12,6% por debajo del de 2008 si descontamos la inflación de estos años. Ganamos menos en términos reales.

Además, España, con salarios más bajos que la Europa rica, es el 2º país de la UE donde los trabajadores han perdido más poder adquisitivo en 2022, tras Eslovaquia, según los datos de Eurostat: un -5,9% en España frente al -4,7% de pérdida en la UE-27, el -4,3% en la eurozona, el -5,7% en Italia, el -4,2% en Alemania, el -3,4% en Portugal y el -1,1% en Francia. Y esto viene pasando desde 2019, porque los salarios españoles crecen menos que la eurozona (6,5% frente al 8% en estos tres años) mientras la inflación se mantiene en línea e incluso es menor (en 2022). Para 2023, la previsión de la Comisión Europea es que los salarios españoles apenas ganen poder adquisitivo (+0,1%: subirán un 4,9% frente al 4,8% la inflación), y que en 2024 ganen otro poco (+0,4: salarios subirán un 2,7% frente a un 2,3% la inflación). Pero no será suficiente para recuperar lo perdido y así, el balance 2019-2024 para España será una pérdida de poder adquisitivo del -5,9%, la tercera mayor de la UE (tras el -6,6% de Italia y el -6,3% de la República Checa, más del doble que la zona euro (-2,4%) y mayor que la pérdida de poder adquisitivo de Alemania (-5,1%) y Francia (-1,3%). En resumen, en 15 de los 27 paises europeos, los trabajadores perderán poder adquisitivo entre 2019 y 2024, con la pandemia y la alta inflación. Y España será el 3º que más pierda.

Este deterioro de los salarios reales ha ayudado a que los precios no subieran más en 2021 y 2022, al contener los costes laborales de la mayoría de empresas. Y por eso, sindicatos y expertos critican que las empresas no hayan sido responsables y que hayan aprovechado esta crisis y el aumento de costes para subir precios y márgenes. Lo ha reconocido la consejera alemana del BCE, Isabel Schnabel, quien en una charla en Galicia constató que “las empresas europeas han subido sus precios por encima de los salarios y del coste de la energía, aumentando sus beneficios”. Y añadió que en algunos sectores, como la hostelería o los transportes, los beneficios empresariales han crecido casi un 20%, más del doble de lo que han subido los salarios nominales  y la factura energética. Lo mismo se denuncia en EEUU, donde algunos expertos destacan que el aumento del margen de las empresas (aumentaron un +42% entre el 1º trimestre de 2020 y el 2º de 2022), muy superior al aumento de sus costes (+16%) es uno de los factores claves que explican la inflación. Y dan un dato llamativo: los márgenes empresariales no habían sido tan altos en EEUU desde 1950.  

En España, se ha repetido esta situación de Europa y USA: a finales de 2022, los márgenes de las empresas eran un +60% superiores a los de finales de 2019 mientras los salarios sólo crecieron en ese periodo un +4%, según este informe de Intermón Oxfam, que toma los datos de ventas y costes de la Agencia Tributaria, que señalan un margen del 10,4% sobre ventas en el verano de 2022, frente al 8,6% de margen a finales de 2019 y el 8,4% en 2014. Las mayores subidas de márgenes, en 2022, se han dado en la construcción, los servicios, el comercio minorista, la hostelería y el transporte.

Esta fuerte subida de márgenes (superior a la de los costes) y los consiguientes beneficios empresariales son los principales responsables de la inflación en España, según este informe de Oxfam y otros de UGT y CCOO, que cuantifica esa responsabilidad: los beneficios empresariales (las empresas del IBEX aumentaron sus beneficios un +30% en el tercer trimestre de 2022) son responsables del 80% de la inflación de 2022, mientras los salarios lo son del 13,5% y el resto es por los impuestos. Y tanto Oxfam como CCOO sostienen que las alzas de precios se deben a la falta de competencia en muchos sectores (hay oligopolios) y al fuerte aumento de la demanda tras la pandemia, dos factores que han aprovechado sobre todo las grandes empresas y las multinacionales para subir sus precios, más que las pymes. Y añaden que las empresas españolas tienen mayores márgenes que el resto de las europeas desde 2019, sobre todo en el sector energético, finanzas e industrias. Si la inflación es más baja en España (5,5% en España frente a 10,4% en la UE-27), se debe a que los salarios hacen de contrapeso, al ser también más bajos y haber subido menos en estos años.

Ahora, tras dos años de moderación salarial y pérdida de poder adquisitivo, ha llegado la hora de subir más los salarios. “Si no hay negociación, habrá conflictos”, amenaza el líder de UGT, molesto con la actitud de la patronal CEOE, que no tiene prisa por pactar convenios tras haber negociado en 2022 la mitad que un año normal (1.024 convenios, con 2,7 millones de trabajadores, frente a 1.907 convenios y 4,6 millones de trabajadores en 2018). El ambiente negociador no parece propicio, después que la CEOE se levantara en mayo de la mesa negociadora con los sindicatos, argumentando que querían “saltarse una línea roja” al querer incluir en los futuros convenios una clausula de revisión salarial para defenderse ante posibles desviaciones de la inflación. Los sindicatos denuncian que las empresas aprovecharon la reforma laboral de Rajoy (2012) para suprimir esta cláusula en los convenios: si en 2008 la tenían el 70% de los trabajadores con convenio, en 2022 sólo la tenían el 21% (1,9 millones).  O sea, sólo 1 de cada 10 asalariados tienen cláusula de revisión salarial.

La patronal argumenta que les están subiendo todos los costes (energía, transporte, créditos, cotizaciones e impuestos) y que no es momento de subir mucho los salarios, porque además, eso alimentaría la inflación. Y los sindicatos les replican que la inflación sube porque están disparando márgenes y beneficios y que los trabajadores no pueden ser los paganos de la inflación, perdiendo año tras año poder adquisitivo. Las posturas de partida están encontradas: la patronal no acepta subidas superiores al +3,5% en 2023 y los sindicatos pretenden pactar subidas a varios años, que compensen lo poco subido en 2022 y aseguren un mínimo para los años siguientes. No piden “un mundo”, en la mayoría de sectores defienden una subida del 8% a tres años (3,5% en 2022, 2,5% en 2023 y 2% en 2024), pero, eso sí, acompañada de una clausula de revisión que garantice subidas extras si la inflación se dispara. Hay sectores que ya están negociando o han pactado subidas mayores, como construcción (4+3+3=10% en 3 años), sector químico (1+2+2) o banca (+4,5% para 2023). Y CCOO ya ha dicho que están dispuestos a negociar “teniendo en cuenta la situación de cada sector o empresa”.

Un elemento clave es la subida del salario mínimo interprofesional, que debe aprobar el Gobierno pero que influirá en la futura negociación salarial. Ocho paises europeos ya han subido su salario mínimo para 2023, entre un 5 y un 19% de media, desde el 15% que lo ha subido Alemania (a 1.913 euros), el 10% Paises Bajos (a 1.897 euros) o el 5,6% de Francia (hasta 1.692 euros). En España, la propuesta del Comité de Expertos es subir el salario mínimo actual (1.000 euros mensuales en 14 pagas) entre un 4,6% (1.046 euros) y un 8,2% (1.082 euros). Los sindicatos quieren subirlo hasta 1.100 y la patronal no quiere que suba más del 4% (1.040), con lo que se espera una subida “salomónica” del Gobierno, hasta los 1.070 euros (+7%), que beneficiará a un 20% de los asalariados (unos 3,5 millones de trabajadores).

Este aumento del salario mínimo tendrá un “efecto arrastre” sobre todos los salarios, en especial sobre los más bajos. Algo importante porque en España, los salarios son muy bajos, un 21,3% por debajo de la media europea (se cobra 22,9 euros por hora trabajada, frente a 29,10 euros en la UE-27 y 37,2 euros por hora en Alemania). Y el salario mediano es de 1.430 euros netos, según el INE, con un 30% de los trabajadores (5 millones) ganando menos de 1.111 euros netos al mes. Un dato que contrasta con los sueldos de los altos directivos de muchas empresas españolas: acaba de publicarse que hay 211 directivos españoles de banca que ganan más de 1 millón de euros al año. Y que el directivo bancario europeo que más gana trabaja en el Banco Santander: ganó 14,6 millones en 2021… 

Cara a esta próxima negociación salarial de 2023, hay un elemento nuevo que puede ser decisivo: los economistas del FMI acaban de señalar que “se pueden subir los salarios sin que eso alimente la inflación”, lo que desmonta el viejo “mito económico” de que hay que contener las subidas salariales para frenar la inflación. Estos economistas han estudiado 79 periodos históricos, en 38 paises (incluida España) para analizar la relación salarios/precios en un contexto de inflación de costes (no de demanda) como el actual. Y concluyen que la subida de los salarios no provocó una espiral de inflación y que si hay subidas la inflación termina bajando. En definitiva, que “las espirales sostenidas de precios y salarios son poco comunes”. Y que se puede subir salarios sin alimentar la inflación. Y que la clave son las expectativas: que los agentes económicos no apuesten por más inflación, que no se preparen ante ella disparando márgenes o salarios.

Ahora, parece que “hemos tocado techo con la inflación”, según anunció en la Cumbre de Davos la economista jefe del FMI. Y la expectativa es que la inflación baje en 2023 (al 4,8% en España) y en 2024 (al 2,3%). Por eso, empresas y trabajadores deberían pactar subidas que compensaran esta inflación prevista y parte del poder adquisitivo perdido. Las empresas venden más y han recuperado sus beneficios de 2019 en muchos sectores, por lo que pueden hacerlo (las que siguen con problemas, evidentemente no). Y subir más los salarios no es sólo un deber de justicia (repartir el pastel entre empresas y trabajadores, además de reducir la tremenda desigualdad salarial) sino también una necesidad económica: hay que reanimar el consumo de las familias, uno de los motores del crecimiento, y eso exige mejorar sus ingresos, subir más los salarios. Es la mejor vacuna para evitar una recesión en 2023 y mantener las ventas y el empleo. Los empresarios deberían verlo claro: si los trabajadores no ganan más, no podrán gastar más y ellos ganarán menos.

Al final, se trata de pactar la salida de esta nueva crisis, repartiendo el crecimiento entre salarios y beneficios empresariales. Es lo que se llama “un pacto de rentas”. Algo tan viejo como la economía, como refleja este párrafo de Adam Smith, el padre del liberalismo económico, que lo escribió en 1776, en su libro “La riqueza de las naciones”: “Nuestros comerciantes e industriales se quejan mucho de los efectos perjudiciales de los salarios altos en el aumento del precio (…).Nada dicen de los efectos perjudiciales de los beneficios elevados. Guardan silencio sobre los efectos perniciosos de sus propias ganancias. Sólo se quejan de los efectos de las ganancias de otros”… Empresarios: ¡aplíquense el cuento!  

lunes, 15 de noviembre de 2021

Los alimentos suben en cadena

Si ha ido al súper en las últimas semanas, habrá visto que alimentos y otros productos están más caros, desde el pan a los aceites, yogures, refrescos o artículos de limpieza. Una subida en cadena que empieza con unos precios récord en el mundo de cereales, aceites, lácteos, carnes o azúcar, los más altos de la última década según la FAO. Sigue con los transportes (el precio de un contenedor se ha cuadruplicado) y la subida de la energía, plásticos o cartones, que encarecen los costes de la industria. Y la subida de los fertilizantes (+100%), la luz y los carburantes han subido los costes a agricultores y ganaderos, aunque no pueden repercutirlos. Al  final, intermediarios y supermercados rematan y la cadena de subidas es imparable, cuando no usan un “truco” que se generaliza: recortar el peso de los alimentos envasados para “mantener” el precio. Todo apunta a que esta Navidad, los alimentos y productos subirán todavía más, hasta la primavera. Ojo al carro de la compra.
Enrique Ortega

La inflación está disparada, con una subida anual de los precios del +5,4% en octubre, la más elevada en España en casi 30 años (desde septiembre 1991), según el INE. La culpa la tiene la subida de la luz (+62,8% anual) y los carburantes (+ 30,5% el gasóleo y + 26,5% la gasolina), pero también los alimentos, que llevan varios meses subiendo, hasta un +1,8% anual en octubre (+2% los alimentos elaborados). En la lista de subidas destaca la fuerte subida del aceite (+23,9% anual), los refrescos ( +10,7%), la carne de cordero (+7,2%), las pastas (+7%), los alimentos para bebé (+5,3%), los huevos (+4,3%) y la leche (+3,2%), según el INE, aunque suben casi todos los alimentos, artículos de limpieza y demás productos que componen la habitual cesta de la compra.

La subida de los alimentos es una cadena que se inicia en los mercados internacionales, donde el precio de los alimentos básicos ha alcanzado un precio récord en la última década (desde julio de 2011), según el boletín de octubre de la FAO (la agencia de la ONU para la alimentación). El trigo volvió a subir un 5% y ya se ha encarecido un 41% anual, igual que el resto de cereales, desde el arroz al maíz (+38% de subida anual).Los aceites vegetales ya acumulan una subida anual del +60%, desde el aceite de palma, soja o girasol al aceite de oliva, por la falta de mano de obra (por la COVID en algunos paises. Los productos lácteos han subido un 15% en el último año y las carnes otro 25%, con precios internacionales récord desde 1.990. Y el azúcar acumula una subida anual del +50%.

En la mayoría de los casos, se han unido una serie de circunstancias: reducción de cosechas por factores meteorológicos adversos (Cambio Climático), menos mano de obra para recolectar (por los efectos de la pandemia y la reducción de movilidad) y, sobre todo, una mayor demanda de alimentos, que choca con una reducción de las reservas en 2020, lo que ha llevado a los intermediarios y paises a aumentar sus compras para acumular stocks.

Y tras estas subidas en origen, el mercado internacional de alimentos se ha visto sometido a una enorme subida y retrasos en los transportes, sobre todo en el tráfico marítimo de contenedores, que mueve el 90% del comercio mundial (ver el interesante libro “El 90% de todo”): el precio de transportar un contenedor se ha cuadruplicado (de 2.500 dólares en 2020 a casi 10.000 en octubre de 2021), encareciendo todos los productos y retrasando su entrega (escasez que tira también al alza de los precios). Y este encarecimiento del transporte es importante para los alimentos, porque muchos de ellos recorren una media de 2.500 kilómetros para llegar al plato de europeos y norteamericanos. Un ejemplo son las naranjas de Sudáfrica, la carne de Argentina, el cordero de Australia, las manzanas de Uruguay, los garbanzos de México, los ajos de China o la panga de Vietnam

En el caso de España, una buena parte de los alimentos que consumimos son importados: este año 2021, hasta agosto (último dato oficial), hemos comprado alimentos extranjeros por valor de 26.586 millones de euros, un 10% más que en los ocho primeros meses de 2020, según los datos de Comercio exterior. Las importaciones que más han crecido son los aceites (+17%, 2.432 millones hasta agosto), las bebidas (+16,9%, 1.052 millones) y el pescado (+9,9%, 4.427 millones importados), destacando las compras fuera de carnes (1.427 millones), frutas y hortalizas (3.904 millones), azúcar, café y cacao (1.959 millones), lácteos y huevos (1.373 millones), tabaco (1.049 millones) y otros alimentos (6.914 millones).

La globalización de la comida” provoca que muchos de los alimentos que compramos tengan que viajar miles de kilómetros hasta llegar al súper y a nuestra mesa. En el caso de España, los alimentos importados que nos llegan recorren 3.829 kilómetros, según un estudio universitario encargado por la ONG Amigos de la Tierra. Eso, ahora, supone cuatro veces más de costes de transporte. Y además, comer productos lejanos contribuye a aumentar las emisiones de CO2: la importación de alimentos y su producción intensiva es responsable del 31% de todas las emisiones mundiales de CO2, según la FAO. Y en el caso de España, se estima que la importación de alimentos provoca 4,2 millones de Tm de CO2 (de un total de 271,2 millones de toneladas emitidas por nuestro país en 2020).

Volviendo a la cadena de alimentos, los importados ya encarecidos en origen suben no sólo por el transporte, también por los retrasos en los envíos (hay “un tapón” en el comercio mundial) y por la subida de muchos otros costes que está sufriendo la industria agroalimentaria: subida de la luz, transporte interior y subida del cartonaje y los plásticos (por la subida internacional y la falta de stocks).

En el caso de los alimentos producidos en España, agricultores y ganaderos llevan meses quejándose de que les están subiendo también los costes y no se los pueden repercutir a la industria agroalimentaria ni a los grandes distribuidores, que les imponen sus condiciones. Los costes al campo han subido de media un 50%, en especial los fertilizantes (han subido un +100%, la electricidad (repercute en muchos ganaderos, por el consumo eléctrico de las granjas, el ordeño y el refrigerado de leche) y los carburantes (el gasóleo para tractores y maquinaria), así como la subida de los plásticos para los invernaderos (+100%). Y denuncian que hay muchos agricultores y ganaderos que producen ya a pérdidas, lo que puede poner en peligro algunas explotaciones (sobre todo, granjas de leche).

Los agricultores y ganaderos se quejan de que no pueden repercutir estas subidas, con lo que se amplía la brecha entre los precios que ellos reciben por los alimentos y los que nosotros pagamos: era de 4,41 veces más en octubre, cuando fue de 4,15 veces hace un año, según el Índice IPOD de COAG. Veamos algunos ejemplos llamativos:  ternera (la pagamos 3,24 veces más que el precio que ellos reciben: a 15,99 euros el kilo cuando les pagan a ellos 3,77 euros/kilo), cerdo (4,34 veces), pollo (2,22 veces), leche (1,42 veces), ajo (pagamos 8 veces más de lo que reciben), cebolla (7 veces), patata (6 veces: les pagan 0,17 euros kilo y nos la cobran a 1,19 euros), tomates (1,92 veces, manzana (4,7 veces), sandía (6,13 veces) o uvas (4,48 veces). La diferencia se queda por el camino: intermediarios, distribuidores, grandes superficies y supermercados.

Al final de la cadena, somos los consumidores los que pagamos estos mayores costes, con una subida generalizada de casi todos los productos y también los alimentos. Los súper y grandes superficies han tratado de retrasar lo más posible la subida, debido a la guerra de precios que mantienen entre ellas, pero ya han visto que es inevitable. Eso sí, utilizan “trucos” para que no nos demos cuenta al comprar. Uno de ellos es no subir “los productos escaparate”, aquellos en cuyo precio se fija más el cliente. Otro es ofrecer ofertas puntuales y 2x1, con lo que también nos damos menos cuenta de la subida. Y el último “truco”, de las industrias pero con el silencio de las tiendas: ofrecer productos envasados con el mismo precio pero con menos cantidad de producto o con menos unidades. Lo ha denunciado la OCU, con ejemplos concretos: un bote de Cola-Cao que pierde 40 gramos (-5%), una tarrina de Tulipán que pierde 50 gramos (-10%), un paquete de yogures Activia con 5 gramos menos cada uno (-4%), espaguetis y macarrones Gallo con menos peso (-10%) o lomos de merluza Pescanova con 40 gramos menos (de 400 a 360 gramos, -10%)…

En conclusión, por una vía u otra, con ofertas o recortes de cantidad, los alimentos son más caros. Y todo apunta a que así seguirán, porque las causas (subida materias primas, transporte y energía, más los “atascos” en el comercio mundial) van a continuar, al menos hasta la primavera. Y no dudemos que los distribuidores, híper y supermercados aprovecharán la mayor demanda de Navidad para una nueva subida de precios en diciembre. Urge que el Gobierno y  sobre todo las autonomías (tienen transferido el consumo) vigilen los escandallos de costes y los precios, evitando abusos, tanto en la cadena de intermediarios como en los vendedores finales, desde malpagar a los agricultores y ganaderos a recortar el peso de los alimentos envasados sin avisarlo. Y habría que poner “multas ejemplares”, para limitar las malas prácticas y evitar que se generalicen. Porque los alimentos son un gasto imprescindible, con más peso en las familias con menos recursos, a las que les suben muchos costes básicos  (luz, carburantes, alquileres, alimentos…) pero no los sueldos (han subido el +1,55% hasta octubre, la cuarta parte que los precios). Ojo a la cesta de la compra.

miércoles, 23 de diciembre de 2020

La Navidad del coronavirus

 

Estas son las Navidades más raras de nuestra vida. La pandemia no sólo trastocará estas fiestas sino que recortará el gasto navideño, entre un -20% y un -50% según los expertos, lo que afectará muy negativamente al comercio, la hostelería, el ocio, los viajes y el turismo, reduciendo mucho el empleo temporal que se crea por estas fiestas. Pero de lo que se habla menos es de esos 2,5 millones de españoles que están pidiendo ayuda a Cruz Roja, Cáritas y otras ONGs, muchos más que antes de la pandemia. Para ellos, el problema de estas Navidades no es cuántos reunirse o qué comprar sino cómo sobrevivir, cómo comer cada día, pagar el alquiler y los recibos, como ingresar algo. La pandemia ha agravado la pobreza y hay 1 millón más de familias vulnerables, unos 10 millones de personas, que podrían aumentar en 2021, si se reducen las ayudas y se destruye más empleo. Ayudémosles estas Navidades y después, con aportaciones y solidaridad. ¡Feliz no Navidad!  

La Navidad es la gran fiesta anual del consumo, mucho más que una fiesta religiosa (por cierto, copiada por los cristianos de  los romanos, que celebraban en diciembre las fiestas por el nacimiento del sol de invierno y se aprovecharon para celebrar el nacimiento de Jesús). De hecho, en las Navidades de 2019, los españoles gastamos 10.300 millones en poco más de un mes, según  la estimación de la consultora Deloitte, lo que da una media de 554 euros gastados por hogar. Se trata de unas fiestas claves para muchos negocios. Así, para los comercios representa el 60% de la facturación de todo el año. Y en este año, la Navidad es aún más decisiva  porque sus ventas han caído antes un 50% por la pandemia. El otro sector para el que la Navidad resulta clave es la hostelería, porque bares y restaurantes ingresan el 25% de su facturación en Navidad (3.200 millones en 2019, según Deloitte). También son fechas claves para los locales de ocio nocturno (facturaron 1.400 millones en 2019) y para los negocios de ocio, cultura y espectáculos. Y queda un cuarto sector que suele ingresar mucho estas fiestas, las agencias de viajes, compañías aéreas y hoteles (más estaciones de esquí), que facturaron 1.200 millones en la Navidad de 2019.

Esta Navidad 2020, con la pandemia, va a ser muy austera y el gasto navideño podría reducirse entre el -20 y el -50%, según las estimaciones de los distintos sectores. Una Encuesta de la OCU, realizada en noviembre (antes de la 2ª ola de contagios), reflejaba que un 60% de españoles pensaban gastar menos esta Navidad. Y otra Encuesta de la patronal de gran consumo AEOC revelaba que un 87% de los españoles tenían pensado gastarse menos en regalos, un 78% menos en viajes (antes de conocerse las restricciones) e incluso un 61% afirmaba que se iba a gastar menos en juguetes. Y además, la mayoría señalaba que iba a gastar menos en cenas y reuniones de amigos y familiares, debido a la práctica supresión de las “comidas navideñas de empresa” y a los menores encuentros de amigos y familiares. Al final, la encuesta de la OCU estima un gasto navideño de 526 euros por español, un 20% menos que en las Navidades de 2019. Y con grandes diferencias, ya que un tercio gastará menos de 250 euros.

Detrás de este menor gasto navideño están las limitaciones a la movilidad y, sobre todo, la mayor incertidumbre sobre el futuro, que nos hace ser más precavidos al gastar ante lo que pueda pasar en los próximos meses. Pero en el caso de muchos españoles, la causa de este menor consumo navideño es que no pueden gastar, porque se han quedado sin trabajo, están en ERTE o tienen miedo de perder su empleo. Los datos son muy explícitos. Por un lado, hay 697.000 personas que perdieron su empleo entre diciembre de 2019 y septiembre de 2020, según la última EPA. Y hay 687.707 parados más en las listas del desempleo en noviembre que en diciembre de 2019. En total, 3.851.312 personas sin trabajo, de las que sólo 2,5 millones cobran algo (1,4 millones cobran 885 euros al mes y otros 1,1 millones sólo 430 euros mensuales) y otros 1,3 millones de parados no cobran nada. Y hay 746.900 trabajadores en ERTE, cobrando el 75% de su sueldo.

En total, 4,6 millones de españoles con serios problemas de empleo y bajos ingresos (o nulos) como para gastar esta Navidad. Y el resto, preocupados por su futuro y mirándose el bolsillo. Y además, sin “hucha” para aguantar mucho. Porque, ante la pandemia, la tasa de ahorro de los españoles ha subido (ahorran el 22,5% de su renta disponible), pero este ahorro es muy desigual y la mayoría de españoles tienen poco ahorrado: 1 de cada 3 familias llegó a esta pandemia con menos de 2.200 euros ahorrados, según un estudio de la Fundación IE y la Mutualidad de la Abogacía. Y entre los hogares con menos ingresos, el 10% llegó con menos de 200 euros de ahorro, el 20% con menos de 800 y otro 30% con menos de 2.200. Así que España es uno de los paises más vulnerables ante cualquier crisis, porque el ahorro más habitual de una familia ronda los 9.000 euros frente a 10.300 en la zona euro, 11.000 en Francia o 17.000 en Alemania, aunque es más bajo en Italia (7.000 euros) y en Portugal (4.600 euros).

Sin ahorros y con los ingresos y el empleo en el aire, hasta que acabe la pandemia, se entiende que el consumo de haya desplomado y el gasto en estas Navidades sea mucho más bajo, aunque veamos demasiada gente (para evitar contagios) en las tiendas. Pero además de esta situación, que afecta a la mayoría de españoles, hay una minoría muy vulnerable, que son los que peor lo están pasando en esta crisis y en esta Navidad: los que han perdido su empleo o sus ingresos o los que están en ERTE o con empleos que ganan menos. La pandemia puede haber aumentado en 1,1 millones el número de pobres en España, según estima Oxfam Intermón. Con ello, habría ya 10.942.331 españoles en situación de pobreza, un 23,07% de la población (había 9.695.989 españoles en esa situación a finales de 2019, según las estadísticas europeas). Se trata de personas que ingresan menos del 60% de la renta media española, menos de 370 euros al mes los solteros y menos de 776 euros las familias con 2 hijos.

Muchos de estos “nuevos pobres”, que no lo eran en la Navidad de 2019, son jóvenes, mujeres y mayores que trabajaban en el comercio, el turismo y la hostelería, la construcción y algunas industrias, los sectores más castigados por la pandemia. Y además, los que ya eran pobres las Navidades de 2019 son ahora más pobres, porque la pandemia se ha cebado más en las familias que ya eran vulnerables, en los que tenían un empleo precario y viven hacinados en barrios pobres, que han sufrido más contagios. Por todo ello, han aumentado los españoles con problemas esta Navidad: la Cruz Roja atiende a 2.700.000 personas y Cáritas a 1.500.000, en ambos casos, casi un millón más que las Navidades de 2019.

Este enorme grupo de “españoles más vulnerables” tienen serios problemas para subsistir cada día y el primero es comer: el Banco de Alimentos va a entregar este mes de diciembre 1.800.000 comidas, cuando el año pasado eran 1 millón. Y la otra prioridad es resguardarse, tener un techo: Cáritas atiende ya a 40.000 personas sin hogar, un 25% más que antes de la pandemia. Y un 40% de las personas que atiende Cáritas (1.500.000) tienen graves problemas para afrontar los gastos de su vivienda, desde pagar el alquilar a afrontar los recibos (luz, agua, gas, Internet y teléfono), según la encuesta que han realizado entre las personas a las que ayudan (un 16% de ellas no tienen ningún ingreso). Y resaltan que un 9% de estas familias se han visto obligadas a cambiar de residencia, a dejar su casa. Además, el 50% de los atendidos por Cáritas tienen problemas de “pobreza energética”, dificultades para calentar su casa y pagar la luz y el gas. Y muchas de estas familias vulnerables tienen niños: en España hay 2,1 millones de niños pobres, según Save the Children, un 27,4% de los menores de 18 años, que podrían llegar a finales de este año 2020 al 33% de menores pobres (2,5 millones), por la pandemia.

Son demasiados españoles, estos 2,7 millones que atienden las ONGs, como para que les olvidemos esta Navidad. Y tampoco  al resto de españoles pobres, esos 10 millones largos de personas que lo están pasando mal y que en muchos casos son “nuestros vecinos”, no sólo los que piden por la calle. Y como tenemos encima la 3ª ola de la pandemia, su futuro seguirá negro bastantes meses más, porque se va a retrasar y debilitar la recuperación. Eso debe obligar al Estado, al Gobierno central y a los autonómicos, a reforzar sus políticas sociales, en especial a dotar de más medios a los servicios sociales municipales, que atienden cada año a unos 10 millones de personas y están colapsados con la pandemia. Las autonomías tienen que gastar más y no aprovechar el ingreso mínimo vital para recortar sus rentas mínimas, como han hecho Madrid, las dos Castillas y Galicia.

Y urge que el Gobierno Sánchez modifique su cacareado ingreso mínimo vital (IMV), que tiene una excesiva burocracia y unas exigencias incumplibles por muchos necesitados (los pobres de la COVID tenían ingresos en 2019, por lo que a muchos se les deniega la ayuda)., La consecuencia es sólo ha llegado a la mitad de la mitad de los que decían: lo cobran en diciembre 160.000 hogares, frente a los 850.000 prometidos. El ministro de Seguridad Social ha prometido modificar cuanto antes los requisitos (contemplar los que se han quedado sin ingresos este año y que puedan cobrarlo las personas sin hogar) y agilizar los trámites con las autonomías, para que llegue a esos 850.000 españoles identificados hace unos meses como personas vulnerables, la mayoría abandonados ahora a su suerte y a las ONGs. 

Otra medida que ayudará a los más vulnerables será el decreto anti desahucios aprobado este 22 de diciembre, que incluye también la prohibición de cortar los suministros básicos (luz, agua o gas) a los consumidores que no puedan pagarlos, si lo certifican los servicios sociales. Las medidas antidesahucio aprobadas en marzo y el cierre de los juzgados hasta junio, desplomaron los desahucios, de 9.659 en el primer trimestre a 1.383 en el segundo, pero han repuntado a 7.096 desahucios en el tercer trimestre, según los datos del Poder Judicial. Y lo más preocupante es que dos tercios de estos desahucios son por impago de alquileres (5.190 en el tercer trimestre, cerca de los 6.892 desahucios en el 1º, antes de la pandemia), un dato que se quiere bajar ampliando los supuestos de prohibición de desahucios (con compensación a propietarios) hasta el 5 de mayo, cuando termina el actual estado de alarma.

También podemos ayudarles nosotros, con nuestra solidaridad, más en estas Navidades, pero también después. Hay múltiples vías, desde hacer una pequeña transferencia a alguna ONG (aquí aporto los links para Cáritas, Cruz Roja y el Banco de Alimentos) hasta ayudar a personas de nuestro entorno, de mil maneras.

Y además, deberíamos ser conscientes esta Navidad 2020 de que hay que gastar con moderación, al menos por tres razones. Una, porque las compras compulsivas de estas fiestas ayudan al coronavirus a expandirse, han sido probablemente la causa del repunte y el inicio de la 3ª ola de contagios. La segunda, porque comprar por comprar agrava las emisiones de CO2 y acelera el cambio climático, que los científicos ya han advertido puede traernos otra futura pandemia (sin vacuna). Y la tercera, porque deberíamos cambiar nuestros hábitos e intentar ahorrar, para que la próxima crisis (siempre hay otra) nos pille más preparados, con algo de “hucha” para resistir (a los particulares y a los negocios).

Como se ve, la Navidad y nuestro comportamiento tienen mucho que ver con la economía. Y también con la evolución de la pandemia y el futuro. Piénselo estos días y no se olvide de los que lo pasan mal, de los millones de personas vulnerables, que lo son aún más en estas fiestas. Gaste con moderación y salga poco, para ayudar a salvar vidas. Ya habrá otras Navidades. Quédese en casa ¡Feliz no Navidad!

domingo, 24 de febrero de 2013

Entre parches (Rajoy) y más recortes (Bruselas)


Rajoy dijo en el Congreso que ha evitado que el barco se hunda y que estamos “en la antesala” de la recuperación (algún día acertará). No dijo que su política de recortes ha llevado a la economía a caer más del triple que en 2011 y perder 850.000 empleos. Ahora, Rajoy nos vende  “reanimar la economía”, con 900 millones anuales para crear empleo juvenil (con más contratos basura), una pequeña dosis de crédito e incentivos para que los jóvenes pasen de ser parados a emprendedores. Medidas que están bien, pero que sin consumo y sin ventas, no servirán de mucho: es como dar aspirinas a un enfermo en coma.Hace falta reanimar la economía con estímulos potentes, como han hecho EEUU, Japón, China o Brasil, todos menos Europa. Pero Bruselas no quiere y va a exigir  a España más ajustes: subir impuestos y más recortes, este año y sobre todo para 2014. Una receta que ya conocemos y que nos traerá más recesión y más paro. Así no salimos a flote.  
enrique ortega

Tras 14 meses de Gobierno, Rajoy comenzó su discurso sobre el Estado de la Nación con el mejor balance de su gestión: 5.965.400 parados. Lo que no dijo es que 691.800 son “suyos”, fruto de una política de recortes que ha llevado a España a la recesión, con una caída de la economía (-1,5%) que es casi cuatro veces la que heredó en 2011(-0,4%).

Para Rajoy, “España ya tiene la cabeza fuera del agua” (mejor hubiera dicho: “seguimos con el agua al cuello”). Y presumió de cuatro logros discutibles. Uno, que España no se ha hundido, que no ha habido rescate y ha vuelto la confianza en España. Un dato: la prima de riesgo estaba en 310 cuando tomó posesión en diciembre 2011 y en 354 el día del debate. Y si los mercados nos han dado una tregua, no ha sido tanto por la política de ajustes de Rajoy como por la amenaza del BCE en julio de intervenir. Pero en cualquier momento puede volver el baile, incluso este lunes a tenor del resultado de las elecciones en Italia. El segundo, la reforma financiera, costosa y que aún durará un par de años, a costa de no tener crédito. El tercero, el superávit exterior, aunque no dijo que se debe más al desplome de las importaciones que a las exportaciones, que apenas crecen (+3,8%, la tercera parte que en 2010 y 2011), por la recesión en Europa. Y cuarto, que ha bajado el déficit público al 6,9%: un fracaso, ya que el objetivo era bajarlo al 6,3% del PIB y a pesar de los duros recortes, no se ha conseguido.

Ahora, vigilados por Bruselas, Rajoy seguirá con los recortes previstos para 2013 (“no hay que retroceder ni un milímetro”, dijo de cara a Bruselas y los mercados), pero vendiendo, de cara adentro, que va a “estimular” la economía. Y lanzó un “Plan” de 10 folios que se resume en tres medidas: incentivos a la contratación de jóvenes, algo más de crédito y estímulos para que haya más emprendedores (autónomos). Un Plan con más palabras que dinero.

Para facilitar la contratación de los jóvenes (55% en paro), el Gobierno dedicará 3.500 millones en cuatro años, 900 anuales, una cifra ridícula si la comparamos con los 40.000 millones de ayudas públicas recién entregadas a la banca. Se permite a las empresas contratar temporalmente (6 meses) a parados menores de 30 años y se abre la puerta a los contratos a media jornada (minijobs con mini sueldos), incentivando la contratación de jóvenes parados con rebaja de cotizaciones y que cobren el paro y monten un negocio. La segunda medida pretende conseguir 45.000 millones más de financiación, aunque la mitad es pública (ICO) y los bancos sólo pondrán 10.000 millones (ayudándoles con el riesgo), una cifra ridícula si se piensa que los tres grandes (Santander, BBVA y la Caixa) redujeron sus créditos en 35.000 millones el año 2012. Y la tercera, facilidades para que haya más emprendedores.

Son medidas que están bien, pero tienen un problema: no van a funcionar mientras la economía esté en recesión. Porque mientras no se reanime el consumo y las ventas, las empresas no pensarán en contratar (ni jóvenes ni parados mayores de 30 años, de los que el Gobierno se ha olvidado), ni regalando cotizaciones o contratos basura. Y tampoco se pedirá crédito, suponiendo que la pyme o el autónomo consigan dar garantías al banco. Y para hacerse empresario, hay que ver una economía viva, que consuma e invierta, no un país sumido en la recesión. Y saber qué empresa montar: En España sobran pymes y autónomos, faltan grandes empresas, sobran empresas en los servicios y faltan industrias y tecnología. No vale crear 30.000 nuevas empresas de un empleado (autónomos) en actividades sin futuro que al primer problema cierran.

El “Plan de estímulo” de Rajoy es mejor que los recortes de antes, pero no deja de ser un parche de cara a la galería, una aspirina para una economía en coma. Así no salimos del agujero. Y menos, con la última previsión de Bruselas : en 2013 la actividad volverá a caer (-1,4%, frente al –0,5% que dice el Gobierno) y el paro seguirá creciendo hasta el 27%, tras perderse otros 500.000 empleos. No valen paños calientes: hay que cambiar de política y poner a España a trabajar, recaudando 50.000 millones más (ya he explicado en este blog que se puede, sin subir impuestos a la mayoría de la población) y destinando una parte a reanimar de verdad la economía, con un enérgico Plan con cinco patas: un ambicioso programa de formación y reciclaje de los 6 millones de parados, un Plan de empleo con medidas valientes no sólo para jóvenes sino para mujeres y mayores de 45 años, un Plan para reducir el endeudamiento de familias y empresas , una potente inyección de crédito y liquidez en la economía y un programa de ayudas a la inversión y la exportación de los sectores con más futuro (industria, turismo, automóvil, agroalimentación, TIC y nuevas tecnologías, energías renovables, educación, industria sanitaria, dependencia y algunas infraestructuras…).

Es algo que ya está inventado, son los Planes de estímulo de verdad que han puesto en marcha Estados Unidos, Japón, China, Brasil y la mayoría del mundo, salvo Europa, donde la receta de salir de la crisis con recortes nos ha llevado a la recesión. Hay otro camino y se ha visto aquí en España con el Plan PIVE del automóvil: gastando 75 millones públicos en ayudar a las ventas, se ha recaudado el doble en impuestos, evitando pagar más paro. Lo contrario, los recortes, llevan a más recesión, menos ingresos, menos consumo, más paro, menos crecimiento, alto déficit, más recortes, menos crecimiento, más paro… Un círculo vicioso.

Pero ni Rajoy ni Merkel ni los fundamentalistas de Bruselas quieren verlo. Y ahora, la Comisión Europea se descuelga con que hay que seguir con los ajustes: les preocupa 2014, donde tras dos años de recesión, las cuentas públicas volverían a tener un agujero del 7,23%, en vez del 3% impuesto por Bruselas. Saben que cumplir este objetivo es imposible y están dispuestos a darnos árnica” a cambio de más ajustes, de más recortes, ya este año 2013 y más para 2014. No lo quieren decir en público todavía, pero exigirán a  España dos cosas: subir impuestos para 2014 (otra vez IRPF, IVA y todo lo que se pueda) y seguir con los recortes en pensiones, desempleo, Administración (funcionarios, autonomías y Ayuntamientos) y servicios públicos (educación, sanidad, servicios sociales y Dependencia). Más de lo mismo.

Más impuestos y nuevos recortes que van a profundizar la recesión y destruir más empleo. Ya sin ellos, la previsión de Bruselas es hoy que España seguirá en la UVI en 2013, sin consumo, sin ventas, con la economía cayendo otro año más (-1,4%) y con más paro (27%). Así, Rajoy tendrá que empezar el próximo debate del Estado de la Nación, en febrero de 2014, diciendo que la recuperación ya está aquí… con 6.500.000 parados. Un drama insoportable para una de cada dos familias. Puede evitarse. Cambien, por favor.