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lunes, 19 de octubre de 2020

COVID 19: la pobreza se enquista en España


Llevamos 7 meses de pandemia, con casi 1 millón de contagios, 34.000 muertos y millones de españoles con problemas para trabajar y sobrevivir. Y con 1.100.000 personas más en la pobreza, según Oxfam. La COVID 19 se ha cebado en las personas más vulnerables, ampliando y enquistando una pobreza que ya alcanzaba a 11,87 millones de españoles en 2019, según la Red Europea contra la Pobreza. Son 1 millón más que en 2008, antes de la otra crisis. Ahora, muchos de estos “pobres” son “nuestros vecinos: son españoles (78%), con nivel educativo medio y alto, trabajan (un tercio) y viven en grandes ciudades. Además, España va a distanciarse más de la Europa rica, porque somos el país que más sufre esta pandemia: ya en 2020, bajaremos en el ranking europeo, del 14º al 17º país con más renta, según el FMI. Urge tomar más medidas para paliar el aumento de la pobreza, un cáncer económico, político y social : no podemos reconstruir el país dejando atrás a la cuarta parte de españoles.

España afronta esta pandemia con una elevada pobreza. Europa utiliza desde 2008 un indicador, el AROPE (At Risk of Poverty and Exclusion), que mide las personas en riesgo de pobreza o exclusión social según 3 indicadores: sus ingresos (que ganen menos del 60% del ingreso medio en cada país), la privación material severa (carecen de 4 de 9 bienes, desde comer carne dos veces por semana a no poder pagar los recibos) y hogares con adultos que trabajan pocas horas (menos del 20% de la jornada). Si alguien cumple 1 de estos 3 indicadores, es oficialmente “pobre”. En Europa había 109,2 millones de pobres en 2018, un 21,7% de la población, según el último dato publicado por Eurostat. Y ese año, España era, con 12.047.000 de “pobres” (el 26,1% de la población),  el 7º país europeo con más pobreza (AROPE), solo por detrás de Bulgaria (32,8%), Rumanía (32,5%), Grecia (31,8%), Letonia (28,4%), Lituania (28,3%) e Italia (27,3%), según Eurostat.

La semana pasada se conoció el dato de la pobreza en España en 2019: 11.870.012 personas, un 25,3% de la población, en situación de pobreza o exclusión social (indicador AROPE), por sus bajos ingresos o sus privaciones y subempleo, según la Red Europea contra la Pobreza (EAPN-ES). Son 301.000 pobres menos que un año antes, pero lo grave es que hay más pobres en España que en 2008 (había un 23,8% de población pobre), a pesar de la “recuperación”. Concretamente, hay 1.000.0805 personas más en situación de pobreza, con lo que España ha incumplido el compromiso que Zapatero asumió con Bruselas en 2008, dentro de la Estrategia Europea 2020: reducir el número de pobres entre 1,4 y 1,5 millones entre 2009 y 2019. No sólo no hay menos pobres, sino 1 millón más en la última década, a pesar del crecimiento y la creación de empleo.

Voy a centrarme en el grueso de esa pobreza, en la pobreza monetaria, donde se incluyen a los españoles que ganen menos del 60% de la media: en 2019, los solteros que ganaron menos de 9.009,2 euros anuales (menos de 750 euros al mes) y las familias con 2 hijos que ingresaron menos de 18.919,3 euros anuales (1.576 euros al mes). En total, 9.695.989 personas, el 20,7% de la población española, 653.000 pobres monetarios más que en 2008, antes de la crisis. Eso nos coloca como el 6º país con más pobreza monetaria de Europa, sólo por detrás de Rumania (23,5%), Letonia (23,3%), Lituania (22,9%), Bulgaria (22%) y Estonia (21,9%) y lejos de la media europea de pobreza monetaria (17,1% de la población UE-28 en 2018) y de la pobreza de Italia (20,3%), Reino Unido (18,6%), Grecia (18,5%), Portugal (17,3%), Suecia (16,4%), Alemania (16%), Irlanda (14,9%), Francia (13,4%), Holanda (13,3%), Dinamarca (12,7%), Finlandia (12%) y República Checa (9,6%), según Eurostat.

Esta pobreza monetaria no alcanza a todos los españoles por igual sino que se ceba en algunos colectivos, según el estudio de la EAPN-ES: los parados (el 43,3% son pobres frente al 20,7% de media en España), las familias monoparentales (un adulto con niños, sobre todo mujeres: 41,4% son pobres), los inmigrantes europeos (42,1% pobres) y sobre todo de fuera de la UE (50,2% pobres), los menores de 16 años (el 27,16% viven en familias pobres), los jóvenes de 16 a 29 años (26,5% pobres), los discapacitados (23,8% son pobres), los que tienen sólo estudios primarios (26,5% pobres) y sólo la ESO (24,9%), además de las mujeres: un 21,1% son pobres (5.052.251) frente al 20,2% los hombres (4.644.013 eran pobres en 2019). En general, las familias con niños, con poca formación y contratos precarios que viven en las ciudades son el epicentro de la pobreza en España. Y en el sur (28,4% de pobreza) más que en el norte (14,7%), en especial en Ceuta (40,6% de pobreza), Melilla (55,7%), Extremadura (31,5%), Andalucía (31,3%), Canarias (28,5%) y Murcia (27,7%), mientras apenas hay pobreza en Navarra(7,7%), País Vasco (10%) y Baleares (12%). 

Dentro de esta tremenda bolsa de pobreza, hay dos grupos especialmente vulnerables. Uno son los que sufren la pobreza severa: las personas que ingresan menos del 40% de la media, que ganan menos de 6.006 euros al año (menos de 500 euros al mes), los solteros, y menos de 12.600 euros al año (menos de 1.050 euros al mes), las familias con 2 niños. En 2019 eran 4,3 millones de personas en España, casi la mitad de todos los “pobres monetarios” y el 9,2% de la población española (eran el 7,4% en 2008), según la Red Europea contra la Pobreza (EAPN-ES). Son 938.900 pobres severos más que en 2008, sobre todo parados, madres con niños e inmigrantes.

El otro colectivo especialmente vulnerable son los niños. La pobreza infantil alcanzaba en 2019 al 27,4% de los menores de 18 años, 2,2 millones de niños y adolescentes (entre 14 y 18 años la sufren más), según EAPN-ES.  Somos el tercer país europeo con más pobreza infantil, tras Rumanía y Bulgaria. Y la mitad, además, sufren pobreza severa (viven en hogares que ingresan menos del 40% de la media española). Esta pobreza infantil se concentra en las familias monoparentales (sobre todo mujeres solas con niños), familias numerosas, inmigrantes y parados, especialmente en las ciudades más pobladas (donde se registra el 49,2% de toda la pobreza infantil). Estos “niños pobres” sufren las carencias de sus padres y otras en su educación: el 22,8% no pueden comprarse ordenador, el 5,3% no tienen Internet en casa y sus calificaciones son peores, lo que fomenta que repitan curso, el abandono escolar y penaliza su futuro laboral, según el informe PISA.

Si España lleva creciendo desde 2014 (+15,6% aumentó el PIB hasta 2019) y se han creado 3 millones de empleos, ¿Por qué tenemos más pobres que en 2008? La razón es que la riqueza creada se ha distribuido de forma desigual y los más pobres son los que menos se han beneficiado de la recuperación. Así, el informe de la Red Europea de la Pobreza revela que el 25% de españoles más pobres han ganado +92 euros de renta por persona entre 2008 y 2019 (+2,3%) mientras el 25% más rico han ganado +1.822 euros de media (+8,9%) y el 50% de clase media restante ha aumentado su renta un 10%. Pero si tenemos en cuenta que parte de esa mejoría de renta “se la ha comido la inflación” (+12,7% de subida entre 2008 y 2019), en realidad todos los españoles tienen hoy menos ingresos reales que en 2008, antes de la otra crisis: 11.680 euros por persona (2019) frente a 10.737 euros (2008), que se quedan realmente en 10.091 euros en 2019 descontado la inflación, un -6%. Una pérdida de poder adquisitivo que es mayor entre el 25% de españoles con menos ingresos (-11,6%) que entre el 25% más rico (-5,9%) y también que entre el 50% intermedio (-4,5 al -5,5% de pérdida de poder adquisitivo desde 2008), según el estudio de la EAPN-ES.

Por eso tenemos hoy más pobres, porque la recuperación ha estado mal repartida y se la ha comido la inflación. Pero además, los pobres de hoy lo son más que los de 2008, porque ha aumentado la llamada “brecha de la pobreza”: el dinero que necesita un pobre para dejar de serlo. En 2019, a la media de los pobres españoles les faltaban 2.622 euros de ingresos anuales para “salir de la pobreza”, 474 euros más de lo que necesitaban para salir en 2018 (2.148 euros). Ahora, en 2019, el porcentaje que un pobre necesita para salir de la pobreza es del 29,1% de sus ingresos medios mientras que en 2008, podía salir de pobre aumentando sus ingresos “sólo” un 25,6%. En resumen, hay más pobres que antes de la crisis y además son más pobres, necesitan más ingresos adicionales que entonces para salir de la pobreza.

Mucha gente no se cree que haya “tantos pobres”, porque identifica pobreza con miseria y cree que pobres son sólo los que piden en los semáforos. Pero pobres son los que ganan menos del 60% de la media del país y eso les pasa a 9,6 millones de españoles. Y además, en la última década, la pobreza se ha ampliado a personas que nunca pensaron en ser pobres, se ha generalizado y alcanza ya a “muchas personas que tenemos cerca”, a nuestros vecinos, como revela la Encuesta hecha por EAPN-ES a 7.000 pobres: la mayoría son españoles (el 78,3%), adultos (27,7% entre 45 y 64 años), con un nivel educativo medio y alto (el 38,5% de los pobres, incluso un 16% son universitarios), que trabajan (un 33% de los pobres tienen empleo) y que viven en grandes ciudades (45,4% de los pobres) y zonas rurales (el 30,4%). Un retrato robot de “los nuevos pobres”, que tienen una renta media de 3.810 euros anuales (2019), 3,6 veces menos que la renta media de “los no pobres” (13.729 euros). Y que tienen un serio problema para llegar a fin de mes, hacer compras y pagar recibos, calentar su vivienda y pagar el alquiler, según esta Encuesta. Y que sobreviven gracias a que piden ayuda a familia o amigos (el 21,4%) y a las ONGs (el 12,3%).

Esta era la fotografía de la pobreza en España a finales de 2019. Hoy, con la pandemia, será mucho peor, como atestiguan las ONGs y las colas del hambre. Y lo peor es que la COVID 19 se ha cebado en las personas más vulnerables, en los más pobres, en España y en los demás paises: el mayor porcentaje de contagios se ha dado en los barrios más pobres, entre familias que viven hacinadas, que no pueden teletrabajar y que en muchos casos no pueden cumplir la cuarentena porque trabajan en la economía sumergida. Por todo esto, lo que pasa no es sólo que aumente la pobreza con la pandemia sino que se enquista entre los colectivos más pobres: familias con niños, parados e inmigrantes.

A nivel mundial, la pobreza aumentará entre 88 y 115 millones de personas en 2020, según el Banco Mundial, por primera vez tras 20 años bajando la cifra de pobres en el mundo (643 millones en 2019). Y aumentará en otros 150 millones de personas en 2021. Lo peor estará en Africa (hay 55 millones de personas pasando hambre extrema en Yemen, Congo, Nigeria, Burkina Faso, Sudán del Sur y Somalia, además de Afganistán, según ha alertado Oxfam Intermón), aunque también en Latinoamérica y Asia, sin olvidar Europa, donde la Comisión Europea advierte que “ha aumentado la pobreza”. En España, Oxfam Intermón estima que la COVID 19 ha aumentado la pobreza monetaria en 1.100.000 personas en 2020, del 20,7% de la población al 23,07%. Tendríamos así 10.942.331 pobres, la peor cifra desde el final de la Guerra Civil. Y podrían ser más en 2021, si se reducen las ayudas a familias, ERTEs y parados y aumentan los despidos y cierras de empresas.

Además, tenemos otro problema adicional: España es el país europeo que más sufre la pandemia y sus efectos, el que tendrá este año la mayor recesión entre los paises occidentales, según el FMI: -12,8% de caída del PIB, frente al -4,4% de media mundial, el -8,3% la zona euro, el -10,6% de Italia, el -9,8% de Reino Unido y el -8,8% de Francia pero sólo el -6% que caerá el PIB en Alemania, el -5,4% en Holanda, el -4,7% en Suecia, el -4,5% en Dinamarca el -4% en Finlandia. A lo claro: la Europa rica del norte sufrirá la mitad de recesión por el COVID. Y, en consecuencia, serán después comparativamente más ricos que ahora, donde ya tienen, en 2019, un 130% de la renta media UE (Holanda) o el 123% (Alemania) frente al 91% que tiene España. El FMI estima que España bajará en el ranking mundial de riqueza por habitante en 2020 del puesto 34 al 39. Y en Europa (UE28) bajaremos del 14º al 17º país más rico: nos superarán, además de los 13 paises de antes (Luxemburgo, Irlanda, Dinamarca, Holanda, Austria, Alemania, Suecia, Bélgica, Finlandia, Francia, Reino Unido, Malta e Italia) otros 4 paises nuevos: República Checa, Chipre, Lituania y Eslovenia. Tras la COVID 19, seremos aún más pobres respecto a Europa.

¿Qué se puede hacer contra esta pobreza que afecta a tantos españoles? Lo primero es salir de la recesión, reconstruir el país y mantener el tiempo que haga falta las ayudas a familias, trabajadores y empresas, como insisten el FMI y la Unión Europea, cueste lo que cueste. “Si se retiran antes de tiempo las ayudas, se puede provocar una oleada de quiebras y desempleo”, reiteraba la semana pasada la directora gerente del FMI. Y en paralelo, hay que avanzar en el Plan de recuperación, con el que el Gobierno pretende invertir 772.000 millones en 2021-2023 con dinero de Bruselas, que podrían movilizar hasta 500.000 millones de dinero público y privado en los próximos años. Y crear así 500.000 empleos.

Pero para luchar contra la pobreza no basta con crecer y crear empleo, como recuerda la Red Europea contra la Pobreza, a la vista de la experiencia de la última década: tenemos 1 millón más de pobres que en 2008 a pesar de la recuperación. Hay que redistribuir, concentrando las ayudas en los colectivos más vulnerables (prioridad: agilizar el cobro del ingreso mínimo vital). Y actuar en varios frentes. El primero, aumentar el gasto social y hacerlo más eficaz. España gasta menos que la mayoría de Europa (un 16,9% del PIB frente al 18,65 de media en la UE-28, un 19,4% en Alemania o un 23,4% en Francia) en sanidad, educación, ayudas sociales y a familias o pensiones, en todo menos en paro, según Eurostat (2018). Y además de gastar poco, lo gastamos mal, porque las ayudas benefician porcentualmente más a las familias con ingresos medios y altos, según el FMI: el 40% de las familias más pobres reciben el 30% de las ayudas sociales. De hecho, la OCDE dijo que de sus 34 paises, sólo Grecia, Portugal e Italia hacen una política social peor que España. Además, hay que apoyar a las familias pobres con políticas activas de formación y empleo, con apoyos a la enseñanza de sus hijos y con ayudas a la vivienda (el pago del alquiler se lleva casi la mitad de los ingresos de las familias pobres) y al pago de luz, agua y gas.

Pero todas estas ayudas a los más pobres exigen poder sacar más recursos de algún lado y ese dinero sólo puede venir de los impuestos. Ojo, no lo dicen sólo los partidos de izquierdas, el Banco de España y muchos expertos: el pasado 14 de octubre, el FMI pidió a los paises subir los impuestos a los más ricos y a las empresas rentables, para pagar la factura de esta crisis. Este organismo, que en su día defendió la austeridad, propone ahora seguir gastando y pide que los que más tienen contribuyan a compensar a los más vulnerables. No hay otro camino. Porque no podemos reconstruir el país dejando a 1 de cada 4 ciudadanos atrás. No es una cuestión de caridad, sino de pura necesidad, porque la pobreza es un cáncer social, económico y político. Hay que cortarla de raíz.

lunes, 20 de julio de 2020

Coronavirus: rebrotes graves y tacañería europea


Cumplimos un mes de “nueva normalidad” y los rebrotes se han multiplicado, agravándose en Aragón y Cataluña y obligando a nuevos confinamientos. La culpa es de muchos  ciudadanos, que “han bajado la guardia”, y de algunas autonomías, que carecen de medios para rastrear  los contagios, mientras Sanidad se queda en segundo plano. Urgen Planes de contingencia más serios, sobre todo para las zonas turísticas en agosto. Y más decisión política para aislar zonas y evitar una 2ª oleada del virus, que agravaría los muertos y la recesión. Mientras, se retrasan las ayudas europeas, porque los paises ricos del norte son “tacaños” (no “frugales”) y no quieren pagar la reconstrucción del sur, que también les favorecería a ellos (nos venderían más). Y además, Holanda tiene elecciones en marzo y le presiona la extrema derecha, nacionalista y egoísta. Lo que está en juego es que el sur de Europa se reconstruya más tarde que el norte y sea más pobre, como pasó tras la crisis de 2008. Rácanos e insolidarios.

enrique ortega

La pandemia gana fuerza semana a semana en el mundo y acaba de batir otros tres récords consecutivos: 231.100 nuevos contagios el miércoles 15, 252.500 contagios el jueves 16 de julio, 22 veces los contagios que hubo el 14 de marzo (inicio del estado de alarma) y 242.000 contagios el viernes 27 de julio. Y ha saltado de 13 a 14 millones de contagiados en sólo 4 días, frente a 5 días los dos anteriores y 8 días antes, cuando alcanzar el primer millón de contagiados tardó 3 meses, según los datos de la Universidad  Jhons Hopkins. Hoy son ya 14.507491 contagiados por la COVID 19 en 188 paises.

El epicentro de la pandemia sigue en América, tanto en Estados Unidos (3.670.005 contagiados, +70.000 diarios) como en Latinoamérica (3.610.000 contagiados), donde más crecen ahora los contagios, sobre todo en Brasil (2.046.328 contagiados, +45.403 diarios), Perú (345.537 contagiados, +3.862 diarios), México (331.298, 6.406 diarios), Chile (328.846, +2.493 diarios), Colombia (182.140, +8.037 diarios), Argentina (119.301 contagiados) y Ecuador (72.444, +1.795 diarios). El coronavirus gana terreno también en Asia y Oriente Medio, con 1.038.716 contagiados en India (+34.956 diarios), 271.606 en Irán (+2.388 diarios), 261.917 en Pakistán (+2.085 diarios), 202.065 en Bangladesh (+2.733 diarios), 248.416 en Arabia Saudí (+2.671 diarios) o 106.308 en Qatar, más 217.799 en Turquía (+933 diarios). Y avanza también en África (660.000 contagiados), con un récord en Sudáfrica (337.594 contagiados, +13.172 diarios), seguida de Egipto (86.474), Nigeria (336.663), Ghana (26.572) y Argelia (23.084). Y la pandemia se mantiene en Europa (2.871.834 contagiados), destacando los contagios en Rusia (764.215, +6.406 diarios), Reino Unido (295.631 contagiados, +641 diarios), España (260.255, +628 diarios), Italia (244.216, +230 diarios), Francia (211.426, +534 diarios) y Alemania (202.426 contagiados, +563 diarios).

La pandemia se ha cobrado ya 606.173 muertos en el mundo, la cuarta parte en Estados Unidos (140.534 muertes), seguido de Brasil (79.488), Reino Unido (45.385), México (39.184), Italia (35.045), Francia (30.155), España (28.420 muertos), India (27.497), Irán (14.188), Perú (13.187), Rusia (12.123), Bélgica (9.800) y Alemania (9.092). Los paises con más muertos por habitante (muertes/100.000 hab.) son Bélgica (85), Reino Unido (68), España (60), Italia (58), Suecia (55), Francia (45) y EEUU (42), aunque España tiene una tasa de letalidad (muertos/contagios) más baja (10,9) que Francia (17,3), Bélgica (15,5), Reino Unido (15,4), Italia (14,4), aunque más que Alemania (4,5), según Sanidad.

En España, tras casi un mes de “nueva normalidad”, los nuevos contagios se han disparado: +5.695 en la última semana (del viernes 17, último día con datos de Sanidad, al viernes 10), frente a +2.944 la semana anterior y +2.028 nuevos contagios la primera semana de julio. Y si tomamos los nuevos contagios en los últimos 14 días, son +9.234 (+5.396 la quincena anterior), la peor cifra en los últimos dos meses (desde el 10 de mayo).  Los contagios diarios han dado un salto, desde los 164 el lunes 13 de julio a 263 el martes, 390 el miércoles, 580 el jueves y 628 el viernes, último dato oficial, nuevos contagios centrados en Aragón (252 nuevos el viernes) y Cataluña (121 nuevos contagios diarios), sin olvidar Madrid (+40 el viernes), Euskadi (+39 diarios), Navarra (+34) y Andalucía (+39 el  viernes). También han crecido las hospitalizaciones en la última quincena (de 146 el lunes a 228 este viernes) y los ingresos en UCI (de 8 el lunes a 18 el viernes), pero menos que los contagios, porque los enfermos son más jóvenes y los síntomas más leves. Con todo, ha habido 17 muertos nuevos la última semana, sumando ya  28.420 muertos oficiales por COVID 19.

Desde que se terminó el estado de alarma, el 21 de junio, ha habido en España 224 rebrotes, en casi todas las provincias, de los que 158 están activos. Pero el mayor problema se concentra en dos autonomías: Aragón y Cataluña, donde ya hay “transmisión comunitaria”, lo que significa que los rebrotes no están aislados ni controlados. En Huesca se ha pedido ayuda al Ejército y en Zaragoza, el gobierno regional pide que no se entre ni salga de Zaragoza. En Lleida y su comarca sigue el confinamiento, lo mismo que en algunos barrios de Hospitalet, lo que obliga a tomar medidas de control en Barcelona, donde los contagios se han triplicado. Y siguen apareciendo brotes en Euskadi, mientras remiten en Galicia.

El doctor Simón considera ya que la situación es “preocupante y que ha habido “un poco de relajación” desde el final del estado de alarma. Un comentario diplomático para un comportamiento ciudadano que deja mucho que desear, sobre todo entre los jóvenes, con un exceso de reuniones familiares y de amigos que están detrás de la mayoría de los rebrotes, junto a algunos focos entre inmigrantes que trabajan en tareas agrícolas y viven hacinados. Pero lo que más ha fallado, sobre todo en Cataluña, ha sido la detección y el rastreo de contactos, por falta de medios en atención primaria, que se han querido paliar subcontratando con empresas privadas. Las autonomías tienen 3.516 rastreadores, según los datos aportados por las autonomías, lo que supone un tercio de los que tendría que haber, entre 8.000 y 12.000, según los epidemiólogos. Y además, hay grandes diferencias entre autonomías, con más escasez de rastreadores en Madrid ( 1 por cada 35.003 habitantes), Cataluña (1 por cada 30.882), Asturias (1 por cada 34.067) y Navarra (1 por cada 30.905), según este mapa. Y eso que contratar rastreadores fue una exigencia de Sanidad  a las autonomías ya en junio. 

Frente a unos contagios que se han disparado, las autonomías ha respondido limitando las actividades (bares, comercios, eventos) y obligando al uso permanente de la mascarilla (en 15 autonomías, todas salvo Madrid y Canarias). Está bien, pero es insuficiente. Urgen Planes de contingencia, sobre todo en las zonas turísticas de playa, donde este mes de agosto podrían aparecer los rebrotes. De momento, Sanidad y las autonomías sólo han pactado el jueves (tarde) un “Plan de respuesta temprana” (sic) que pretende asegurar la capacidad sanitaria de detección y atención a nuevos brotes, con tres escenarios de actuación: autonómico, otro de las autonomías y Sanidad cuando el brote afecte a 2 autonomías y uno último, la vuelta al estado de alarma. Pero no se ve una estrategia clara y falta decisión en Sanidad para tomar las riendas del combate contra la pandemia, ante los recelos de las autonomías. Y en estas dudas y “ententes políticas”, aumentan los contagiados y gana el virus.

Parece como si todo el mundo, Gobierno, autonomías y ciudadanos, mirasen para otro lado, a ver si los días pasan y conseguimos llegar a septiembre sin una 2ª oleada de contagios. Pero sin precaución y sin medios, será muy difícil conseguirlo. Y el riesgo es enorme, porque el sistema sanitario sigue sin estar preparado para otra avalancha y la economía tampoco lo aguantaría, agravándose la recesión. Es el mayor riesgo de la incipiente recuperación iniciada en julio. Y si hay una 2ª oleada de contagios, la factura a pagar, en muertos y costes, sería tremenda. Ya sin sustos, la factura de la pandemia llevará el déficit público este año al 11,9% del PIB: -132.041 millones de agujero presupuestario, por más gastos y menos recaudación, según la Autoridad Fiscal independiente (AIReF). Y si hay rebrote y la economía se desploma más, el déficit fiscal podría ser del 14,4% del PIB, -159.780 millones de agujero en las cuentas públicas en 2020 (frente a -34.869 millones de déficit en 2019).

“Tapar este agujero” va a exigir endeudarse más, aumentar la recaudación con la subida de algunos impuestos (será la gran pelea de los Presupuestos 2021) y contar con ayudas europeas, una parte de ese Fondo de Reconstrucción que ha centrado la reciente Cumbre Europea en Bruselas. Pero España tiene difícil conseguir los 140.000 millones inicialmente prometidos entre 2021 y 2024  (77.000 en ayudas a fondo perdido y 63.000 en créditos a devolver). El problema está en los cuatro paises ricos del norte que más  tienen que aportar al Fondo y que apenas van a recibir, porque se han visto menos afectados por el coronavirus: Holanda, Suecia, Dinamarca y Austria, sin olvidar las reticencias de Finlandia y Alemania, también “paganos”, aunque Merkel juegue de intermediaria (pero en Alemania, una mayoría de políticos y electores no están por “pagar ayudas al sur”).

Estos cuatro paises se autodenominan “frugales”, pero en realidad son “tacaños”: ya pagan más de lo que reciben al Presupuesto europeo (porque son más ricos) y aprovechan la Cumbre para recortar su aportación al futuro Presupuesto UE 2021-2027 y al Fondo de reconstrucción. Por eso, presionan en esta Cumbre para rebajar las ayudas aprobadas por la Comisión, con el apoyo del Parlamento Europeo. Quieren varias cosas: reducir el Fondo (inicialmente, 750.000 millones) , recortar la parte de ayudas (ahora 500.000 millones) y que la mayoría sean créditos, que se devuelvan antes (empezar a amortizarlos en 2026 en lugar de en 2028) y, sobre todo, condicionar lo más posible estas ayudas: que los paises tengan que presentar un Plan de inversiones y reformas y lo tengan que aprobar los 27 por unanimidad (no los técnicos de la Comisión). Así, estos paises del norte, “garantizan” a sus votantes (y a sus mayorías liberales y conservadoras) que se hacen políticas “ortodoxas”. A lo claro: que España no deroga la reforma laboral y “reforma” (recorta) las pensiones.

La batalla en la Cumbre será dura y el Fondo podría retrasarse, aunque en ningún caso estará disponible antes de mayo de 2021, con la idea de que el 60% se reciba entre 2021 y 2022, quizás demasiado tarde para España e Italia. Pero en el fondo de esta batalla hay dos más. Una, la batalla de la Europa del norte por pagar menos y recibir más en la UE, por fortalecerse como la Europa rica. De hecho, quieren recortar aún más el próximo Presupuesto europeo (ridículo: 1,074 billones de gasto en 7 años), a la vez que exigen mantener hasta 2027 el “cheque de descuento” que consiguieron junto al Reino Unido (3.673 millones anuales para Alemania, 15.76 para Holanda, 798 para Suecia, 273 para Austria y 197 para Dinamarca). Menos aportaciones al Presupuesto y al Fondo, mantener el privilegio del cheque y encima controlar la política económica del sur, todo en el mismo paquete.

Y encima, no son tan “paganos”. Gracias al descuento del cheque (40.000 millones de regalo que han recibido entre 2014 y 2020) y a que son paises ricos y con poca población (salvo Alemania), los paises ricos del norte aportan menos al Presupuesto comunitario que los paises del sur: un 0,70% de su renta bruta (RNB) frente al 0,85% que aportaron los paises pobres en el Presupuesto UE 2014-2020, según los datos de la Comisión Europea. Y, en cambio, son los paises que más se benefician del mercado único, de que haya una Europa con 500 millones de personas a las que vender, según este gráfico que también aporta la Comisión Europea: en 118.000 millones se ha beneficiado Alemania, en 62.000 millones Italia, en 55.000 millones Reino Unido, en 52.000 millones Holanda, en 40.000 millones Italia, en 20.500 millones Bélgica, España, Polonia o Austria, en 19.000 millones Suecia y en 16.000 millones Dinamarca. Y si lo ajustamos con la población, resulta que Dinamarca ha ganado 1.682 euros por habitante del mercado único, Austria 1.583 euros, Holanda 1.500, Alemania 1.440 y Suecia 1.302, frente a 763 euros Italia, 589 España y 497 Portugal.

Así que ya sabemos que pagan menos de lo que dicen y ganan más de lo que parece con la existencia de Europa. Y por eso, son los más ricos: tienen una renta por habitante (2018) que supera con creces la media europea (100%: 30.200 euros por habitante): 130% Holanda (39.200 euros por persona), 129% Dinamarca (38.900 euros), 128% Austria (38.700 euros), 123% Alemania (37.000 euros) y 121% Suecia (36.600 euros), frente al 97% Italia (29.100 euros) y el 91% España (27.600 euros de PIB por habitante), según Eurostat. Pero además de querer aportar menos a la reconstrucción de Europa (son “tacaños”, no “frugales”), los paises ricos del norte tienen una potente extrema derecha (Foro por la Democracia, FvD, ganó las elecciones al Senado holandés en 2019), nacionalista y egoísta, que presiona a la derecha popular y a los liberales a no hacer concesiones, a no pagar al sur, so pena de perder votos. Y Holanda tiene elecciones en marzo de 2021, Alemania en octubre y Suecia en 2022. Por eso son doblemente “rácanos: por el bolsillo y el nacionalismo de sus votantes.

Así que, otra vez más, la Europa del norte piensa en sí misma, en pagar poco y en salir cuanto antes de una recesión que les afecta menos que a la Europa del sur. Es un egoísmo suicida, porque si la reconstrucción europea se retrasa, la Europa del sur (Italia, España y Francia) tardará más en salir de la recesión y el proyecto europeo se pone en peligro. Y también las ventas de la Europa rica a la Europa del sur: Alemania tiene superávit comercial con España (nos vende 8.873 millones más de lo que nos compra), Holanda también (4.116 millones de superávit comercial con España en 2019), Suecia (+292,2 millones) y Dinamarca (+43 millones). Por eso son más ricos: nos venden más y crean riqueza y empleo en sus paises. Para seguir haciéndolo, tenemos que salir del agujero. Y para eso, tienen que ayudarnos, porque tenemos una recesión más profunda, menos recaudación y somos menos competitivos. Problemas que deberíamos solucionar de una vez, ante futuras crisis, para no ser tan "vulnerables".

En definitiva, se plantea otra vez el enfrentamiento norte-sur en una crisis europea. En la anterior, los paises del norte impusieron su receta de austeridad y recortes al sur, que tardó 6 años en salir, con más desigualdad: si Holanda tenía un PIB por habitante de 36.000 euros en 2008 (+10.200 euros que España), tras esa crisis es más rica (39.200 euros) y está más alejada de España (+11.600 euros de diferencia en 2018). Es lo que pasará ahora: saldrá antes de la crisis, aportará menos al Presupuesto y al Fondo UE, pero cuando nos recuperemos, nos seguirá vendiendo e invirtiendo y será más rica que hoy y más que nosotros todavía. Por 2ª crisis consecutiva, aumentará la desigualdad entre la Europa rica del norte  y la más pobre del sur. Eso es lo que está realmente en juego.

Al final, tras 4 días de dura Cumbre europea, España e Italia han aceptado la madrugada del martes las imposiciones del norte: un Fondo sin recortes (750.000 millones) pero con  menos ayudas directas y más créditos (390.000/360.000) y sobre todo, una cierta "tutela" de los paises tacaños para vigilar que "gastemos bien" y hagamos reformas. El que paga, manda. Y además, los 4 tacaños y Alemania consiguen más rebajas en su aportación al presupuesto europeo (recibirán 52.000 millones de "cheques" en los próximos 7 años, 13.500 Holanda). Todo sea por las ayudas (140.000 millones), que tanta falta nos hacen, aunque sean menores y "vigiladas". Ahora, queda volver y reforzar la estrategia de reconstrucción dentro de España, buscar cómo salir del agujero nosotros mismos, con más recaudación (impuestos) y unidad. Será la batalla interna de los Presupuestos 2021. Esta no la podemos perder.

jueves, 22 de marzo de 2018

España sigue lejos de la Europa rica


Rajoy y de Guindos presumen en Europa del  milagro español”: crecemos más que nadie (falso: 17 países UE crecieron más en 2017) y creamos más empleo (otra mentira: hay 6 países que crearon más). Pero Bruselas ha dado en las últimas semanas dos toques” a España que el Gobierno ha ocultado. Uno, que tenemos el 92% de la renta media europea y 5 autonomías tienen menos del 75%, con lo que estamos peor que cuando Rajoy llegó a la Moncloa. El otro “aviso”, una alerta de la Comisión Europea sobre la elevada precariedad, pobreza y desigualdad en España, a pesar de la recuperación: somos el primer país en contratos temporales, el 7º país con más pobreza y el 4º con más desigualdad. Y los salarios subieron sólo un 0,5% en 2017, en plena "recuperación". La OCDE también ha alertado esta semana sobre el alto paro, la pobreza y la desigualdad en España, pidiendo reformas fiscales, educativas y laborales.Hay que dejar tanto triunfalismo y ponerse a la tarea: conseguir que trabaje más gente y con más eficacia y productividad para que ganen más. Es la vía para acercarnos a la Europa rica. Se puede.


enrique ortega

Durante la transición política, la mayoría de los españoles queríamos entrar en Europa porque pensábamos que era una garantía de democracia y mejor nivel de vida. Y así fue, a pesar de los problemas. Si España tenía en 1986, el año de la adhesión a la UE, un 72% del nivel de vida europeo (PIB por habitante), fue mejorándolo año tras año hasta equipararnos con los europeos en 2002 (100% del PIB/habitante UE)  e incluso mejorar después (101% en 2005) y llegar a un máximo del 103% de su riqueza en 2007. Pero empezó la crisis y España la sufrió más que la mitad norte de Europa, con lo que empezamos a perder su nivel de renta, en2 010 (España tenía el 99% del PIB/habitante de la UE-28), cayendo hasta un mínimo del 90% de su renta en 2015. Eurostat acaba de publicar los últimos datos, de 2016, ocultados por el Gobierno y poco difundidos por los medios: España tiene el 92% de la renta media europea (PIB/habitante), por debajo del 96% (2011) que encontró Rajoy al llegar a la Moncloa.

Según estos datos, que miden lo que produce cada español (deducida la inflación de los países), España ocupa el lugar nº 14 en el ranking de riqueza europeo, a pesar de ser “la cuarta potencia económica de Europa” (somos el 4º país con más PIB, tras Alemania, Reino Unido, Francia e Italia, pero otros países más pequeños producen menos en total pero más por habitante, que es lo que importa). El ranking de riqueza europea lo encabeza Luxemburgo (con el 257% del PIB/habitante medio de Europa, o sea que produce 2,5 veces la media UE por persona), seguido de Irlanda (183% del PIB/habitante UE) y varios países ricos del norte de Europa: Holanda (128% del PIB/habitante UE), Austria (127%), Dinamarca (124%), Alemania (124%) y Suecia (123%). En un segundo bloque están Bélgica (118%), Finlandia (109%), Reino Unido (108%) y Francia (104%). Y luego ya, los 17 países europeos restantes están por debajo de la media de riqueza europea, empezando por Italia (97% del PIB/habitante UE), Malta (96%, que superó a España ya en 2015) y España (26.700 euros producidos por  cada español, el 92% de la media UE-28), a la que sigue muy de cerca la República Checa (25.600 euros por habitante), que nos podría “pasar” en un par de años.

Si estos no son datos para “presumir”, menos lo son cuando bajamos al nivel regional, de la riqueza de las 276 regiones europeas que acaba de publicar Eurostat. Aquí aparece que España tiene 5 regiones en el pelotón de las regiones pobres, de las que tienen el 75% o menos de la riqueza europea: Extremadura (63% del PIB/habitante UE-28, peor que Lituania y similar a la riqueza de Hungría o Polonia), Melilla (67%), Andalucía (68%), Ceuta (73%) y Canarias (75%), según Eurostat. Y lo más preocupante es que son más regiones pobres que antes de la crisis (en 2007 eran 4: Extremadura, Andalucía, Castilla la Mancha y Melilla) y bastantes más que cuando Rajoy llegó a la Moncloa, en 2011, sólo 2 regiones tenían menos del 75% de la renta europea, Extremadura (67%) y Andalucía (73%), ambas peor hoy. En el otro extremo, Rajoy se encontró en 2011 con 7 regiones españolas que todavía tenían más riqueza que la media europea: Madrid (126%), País Vasco (130%), Navarra (124%), Cataluña (113%), La Rioja (109%), Aragón (108%) y Baleares (101%). Pues bien, en 2016, sólo hay 4 regiones españolas más ricas que la media UE: Madrid (125% del PIB/habitante UE), País Vasco (121%), Navarra (114) y Cataluña (110%). Y todas están peor que en 2011.

Los datos son aplastantes: estamos más lejos de Europa que antes de la crisis y que en 2011. Todos y peor aún las regiones españolas más pobres. Así que “de milagro nada”. Baste una comparación sencilla. Alemania produce casi el triple (PIB 2016: 3.144.050 millones de euros) que España (PIB 2016: 1.118.852 millones). Y Francia (PIB 2016: 2.228.857) casi el doble, según Eurostat. Si descontamos el efecto de que Alemania tiene casi el doble de habitantes (82,8 millones) que España (46,5 millones) y Francia un tercio más (67 millones), resulta que Alemania y Francia producen comparativamente mucho más que España y por eso son más ricos. Concretamente, España produce dos tercios de lo que produce Alemania (26.700 euros de PIB /habitante frente a 36.000 euros, en 2016) y una cuarta parte menos que Francia (26.700 euros frente a 30.400 euros). Producimos menos por español que cada alemán o francés y por eso tenemos peor nivel de vida que ellos.

La siguiente pregunta es obligada ¿Por qué producimos menos que alemanes, franceses y otros 11 países europeos? La respuesta es sencilla y doble: porque trabajamos menos gente y porque trabajamos peor.

Primero, producimos menos porque trabajamos menos gente. Los datos son muy evidentes: en España trabajan el 62,57% de los españoles de 16 a 64 años (EPA diciembre 2017), frente al 67,7% de ocupados en la UE-28, el 65,2% de Francia, el 74,4% en Reino Unido o el 75,4% de Alemania, según los datos de la OCDE, que revelan que España es el tercer país con menos gente trabajando en Europa, sólo por detrás de Grecia (53,9% adultos trabajan) e Italia (57%). Quiere esto decir que si en España trabajara tanta gente como la media en Europa (67,7%), habría 1.543.000 españoles más trabajando y creando riqueza. Y si fuéramos como Alemania, habría 3.850.000 españoles más trabajando (sobre todo mujeres y jóvenes hoy inactivos) y mejoraría el nivel de vida de todo el país.

Segundo, producimos menos también porque los que trabajan lo hacen peor, con menos eficiencia, son menos productivos que en Alemania, Francia y otros 11 países europeos. El indicador de productividad más utilizado es el ranking mundial de competitividad del Foro Económico mundial, que analiza a 137 países. En el informe 2017-2018, España ocupa el lugar 34 del mundo en competitividad (ha empeorado del puesto 32 en 2016-2017), por detrás de 16 países europeos, entre ellos 12 que nos ganaban en riqueza más Suiza, Islandia, Estonia y República Checa, más competitivos que España (sólo ganamos a Italia, en el puesto 43 del ranking, y a los países del Este).  El informe nos da baja nota en innovación, en acceso al crédito, en regulación laboral, en exceso de regulación y burocracia, en impuestos y en formación de la mano de obra, valorando alto infraestructuras y sanidad. Otro ranking de competitividad, de la escuela de Negocios IMD, nos sitúa en el puesto 34 del mundo y en el puesto 18 en Europa, sólo por delante de Italia (39) y Portugal (34).

La siguiente pregunta es más difícil de contestar: ¿por qué trabajamos menos gente y trabajamos peor? Primero tiene que ver con la estructura de nuestra economía, muy asentada en los servicios (turismo y hostelería o comercio) y la construcción pero poco en la industria, que proporciona una riqueza más estable: en España, la industria aporta un 19% del PIB frente al 25% en Alemania. Además, España tiene un nivel tecnológico medio-bajo y la mayoría de lo que producimos tiene un bajo “valor añadido” (a lo claro: son productos de medio o bajo valor) y es muy sensible al precio y a la competencia de terceros países. Algo que tiene mucho que ver con el abandono de la Ciencia, a la que España destina, tras los recortes de Rajoy, el 1,19% del PIB frente al 2,03% en la UE-28 o el 2,94% en Alemania, según Eurostat.

Un factor importante es el tamaño de las empresas: las grandes suelen ser más productivas que las medianas y pequeñas, porque aprovechan mejor las economías de escala (al fabricar más, les bajan los costes medios), consiguen mejor financiación, utilizan más tecnología, exportan más, forman y pagan mejor  y crean un empleo más estable. En España, el 99% de las empresas censadas (ver datos enero 2018) tienen menos de 50 trabajadores y sólo hay un 0,15% de empresas grandes (4.487 empresas con más de 250 empleados), frente al 0,5% en Alemania (más de 9.000 grandes empresas), el 0,4% en Reino Unido o el 0,2% en Francia.

También es un factor clave de riqueza y competitividad exportar más o menos, porque se crea riqueza vendiendo fuera. España ha dado un gran salto exportador en la última década, con la crisis, y las ventas exteriores aportan ya más de un tercio del crecimiento (32,9% del PIB en 2016). Pero hay otros países europeos con mucho más poder exportador, que se traduce en más riqueza: Irlanda (exporta el 121,6% de su PIB), Alemania (exportaciones suponen el 46% del PIB), Bélgica (82,9% del PIB), Holanda (82,4%), Malta (139,6% del PIB), Dinamarca (53,6% del PIB), países la mayoría más pequeños que España pero más ricos por el empuje de sus exportaciones, como República Checa (exportaciones suponen el 79,5% del PIB), Eslovenia (77,4%) o Hungría (89,5%), según los datos del Banco Mundial. Con ello, España es el 5º país europeo con menos peso de las exportaciones, porque hay pocas empresas que exporten (menos de 50.000 de forma habitual) y la exportación sólo es importante en 5 regiones, que suponen dos tercios del total: Cataluña (25,6%), Andalucía (11,2%), Madrid (11%), Comunidad Valenciana (10,6%) y País Vasco (8,6%).

Pero quizás el factor decisivo sea la baja formación de los españoles. Los últimos datos de la OCDE (“Panorama de la educación 2017”) son impactantes: un 41,7% de los españoles adultos (25-64 años) tienen un nivel educativo bajo (sólo con la ESO acabada o ni siquiera), frente al 20,3% en Europa o el 22,4% en la OCDE, el peor dato de todos los países europeos, salvo Portugal (53,1% poco formados), muy lejos del 13,1% de poco formados de Alemania, el 20,2% de Irlanda, el 21,9% de Francia, el 22,9% de Holanda, el 35,7% de Reino Unido o el 39,9% de Italia. En el medio, tenemos menos adultos con formación media (un motor de crecimiento y riqueza): el 22,5% de españoles tienen Bachillerato o FP, frente al 46,4% de media en Europa y el 44,2% en la OCDE, con lo que somos el 2º país europeo con menos personas de formación media, tras Reino Unido (18,4%), muy alejados de Alemania (58,2% adultos con Bachillerato o FP), Francia (43,5%), Italia (42,4%), Holanda (41,1%), Irlanda (37%) y hasta Grecia (41,4%) o Portugal (23,1%). Eso sí, por arriba, tenemos más universitarios que la mayoría: un 35,7% de los adultos en España, frente al 33,4% en Europa y el 36,7% en la OCDE, el 28,3% en Alemania o el 34,6% en Francia.

Estas serían las causas básicas de que seamos más pobres que la Europa rica, las razones que explican por qué trabajamos menos gente y trabajamos peor que otros 13 países europeos. Si tuviéramos un Gobierno que no sólo pensara en hacer triunfalismo barato y una “oposición” que denunciará los problemas de fondo, estos temas estarían en la agenda política, como lo están las pensiones, el paro o las mujeres. Pero son problemas “complejos” y la política va al día a día y a la consigna fácil. Aunque aquí está la clave de todo: o conseguimos trabajar más gente y trabajar mejor o casi nada tendrá arreglo.

Esa es la primera lección de los datos europeos, la “brecha” con la Europa rica. Pero la Comisión Europea acaba de publicar, el 7 de marzo, un informe económico y social que cuestiona el milagro español, alertando del alto nivel de precariedad laboral, pobreza y desigualdad en España, a pesar de la recuperación. Primero, ya somos el país europeo con más porcentaje de empleo temporal (lo tienen el 27,5% de los asalariados) y también el que tiene más empleo a tiempo parcial no deseado (el 60% de los que trabajan por horas). Pero, además, el 40% de los empleos indefinidos tampoco son seguros: se pierden antes de 1 año, según un estudio del blog Nada es gratis. O sea, un empleo como para presumir poco. Y además, los que trabajan tienen bajos salarios, que han perdido peso a favor de los beneficios empresariales: si en 2008, los salarios se llevaban la mitad de la riqueza del país (el 50,1% del PIB), en 2017 se llevan sólo el 47,3% del pastel, mientras crecen los beneficios empresariales (del 41,7% al 42,4%) y los impuestos (del 8,2 al 10,3%). Y en 2017, en plena "recuperación", los salarios subieron sólo un 0,5%, según el INE, mientras la inflación media anual subía el 2%. Eso después de que los salarios hayan bajado en España un -4.4% de 2010 a 2017, según Benchmarking Working Europe 2018.

En segundo lugar, la Comisión Europea alerta a España de que la pobreza ha crecido en España, a pesar de la recuperación: si en 2008 afectaba al 23,8% de españoles, en 2011, al llegar Rajoy subió al 26,7% y en 2016, último dato de Eurostat (índice AROPE) alcanzaba al 27,9%, a 12.989.405 españoles que estaban en el umbral de la pobreza (por bajos ingresos, servicios o alto paro), 2 millones de “pobres” más que antes de la crisis (y +389.543 desde que está Rajoy). Y de ellos, casi 3 millones están en pobreza severa, malviviendo con menos de 342 euros al mes. Un dato que coloca a España como el 7º país con más pobreza de Europa, tras Grecia (35,6%), Italia (30%) y cuatro países del Este, Bulgaria (40,4% pobres), Rumanía (38,8%), Lituania (30,1%) y Letonia (28,5%). No son datos para presumir…

La tercera alerta de Bruselas es el aumento de la desigualdad en España, el mayor sufrido por un país durante la crisis. La renta media (10.708 euros por persona en 2016) ha caído un 0,3% sobre la de 2018, pero a la mitad de españoles con menos renta les ha caído entre un 2,2 y un 12% mientras la otra mitad ganan ya más que antes. Con ello, el 20% de españoles más ricos ganan ahora 6,6 veces lo que el 20% más pobre, cuando en 2008 la diferencia era de 5,6 veces. Y así, España se ha convertido en el 4º país europeo con más desigualdad entre ricos y pobres, sólo por detrás de Bulgaria, Letonia y Rumania. Lo peor es que la Comisión Europea denuncia que las políticas gubernamentales y fiscales no han servido estos años para reducir la pobreza y la desigualdad en España. Pero Rajoy no toma nota.

Esta misma semana, el lunes 19, la OCDE daba otra alerta sobre la recuperación en España, en su informe "Apuesta por el crecimiento 2018": España mantiene una "brecha" de riqueza con los países avanzados y la desigualdad es superior a la media de la OCDE (34 países desarrollados), con un mayor aumento de la pobreza (incluso infantil)  y menores ayudas a las familias desfavorecidas. Y propone al Gobierno mejorar las políticas de empleo (destaca que gasta la mitad que la OCDE) y las ayudas a los parados de larga duración, reformas fiscales que Montoro no atiende (bajar impuestos a los salarios más bajos, subir los impuestos al gasóleo, subir el IVA y los impuestos medioambientales), reformas educativas (mejorar la educación profesional y universitarias de los jóvenes, pero formados que en la OCDE) y laborales (reducir la dualidad fijos/temporales), para mejorar el empleo y la productividad, más bajos que en la OCDE.  

Así que la Comisión Europea, la OCDE y los datos (oficiales) no revelan un “milagro económico español” por ningún lado. Estamos más lejos de la Europa rica y la recuperación no ha servido para evitar tener el 2º paro más alto de Occidente, un empleo más precario, peores sueldos y más pobreza y desigualdad. Lo dicen las estadísticas y los organismos internacionales. Hay que dejar “el triunfalismo y afrontar  los problemas de frente, los que causan que tengamos menos empleo y seamos menos productivos y más pobres. Los expertos de aquí y de fuera ya no han dado las recetas: más industria, más tecnología, empresas más grandes, más exportación, más formación y educación, más productividad, mayor recaudación, más gasto social, mejores salarios, más y mejor empleo. Empiecen por algún lado, pero muévanse para que en unas décadas vivamos mejor, más cerca de la Europa rica. Se puede.