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lunes, 16 de abril de 2018

El "suicidio demográfico" de España


Hay noticias claves que pasan desapercibidas. La penúltima: España tiene la natalidad más baja de Europa, 1,33 hijos por mujer, la mitad que en 1976 (2,76 hijos). Y lo peor es que la tendencia seguirá y en 2050 nacerán menos de 1.000 niños diarios. Como además somos el país más envejecido de Europa y un tercio largo de españoles tendrán más de 65 años a mediados de siglo, resulta que nos estamos “suicidando” como país: perdemos población y cada vez habrá menos jóvenes para trabajar, mantener la economía y pagar los impuestos y las pensiones. Y nadie hace nada. Porque mientras a muchos políticos se les llena la boca con “ayudar a las familias”, España es el segundo país de Europa que menos gasta en ayudas a las familias. Y la consecuencia es una natalidad por los suelos. Habría que tomar ejemplo de Francia, líder en nacimientos, que lleva medio siglo apoyando la natalidad como política de Estado, gobierne quien gobierne. Pero aquí estamos a otras cosas.

enrique ortega

Cada vez nacen menos niños en España. En 2017 habrá habido menos de 400.000 nacimientos, algo que no sucedía desde el quinquenio 1995-2000 (363.469-397.000 nacimientos) y que no se ha visto después ni antes (ver gráfico histórico de la natalidad), con más de 400.000 nacimientos en los duros años 40 de la post-guerra civil , cerca de 500.000 anuales en los años 50 y entre 600.000 y 700.000 niños nacidos durante los años del llamado “baby boom”, de 1960 a 1976. A falta de los datos del INE de todo el año, en la primera mitad de 2017 nacieron 187.703 niños en España, una media de 1.025 diarios, casi  la mitad de los nacidos en 1964, el año récord (697.697 nacimientos, 1.911 diarios). Y menos de la mitad de los 2.200 niños que nacen cada día en Francia (con 65,20 millones de habitantes).

Los nacimientos se han desplomado en España, sobre todo con la crisis (518.503 nacimientos en 2008), por una combinación de dos causas. La primera, que hay menos mujeres en edad fértil (entre 15 y 49 años), por la caída de la natalidad en los años 80 y 90: si en 2009 había 11,61 millones de mujeres que podían ser madres, en 2016 había un millón menos (10,61 millones). La segunda razón es que las mujeres españolas esperan cada vez más para ser madres, ocupadas en estudiar o hacerse una carrera profesional: si en 1976, las mujeres eran madres a los 28,5 años de media, en 1996 lo eran ya a los 30,2 años y en 2016 lo eran a los 32 años de media. Y claro, cuanto más tarde, más riesgo de que no tengan hijos.  Un dato llamativo: 1 de cada 4 españolas nacidas en 1975 no van a tener hijos nunca, según un estudio del Centre D’Estudis Demografics.


Al final, el resultado es la caída drástica de la tasa de natalidad en España: 1,33 niños por mujer en 2016, según el INE, una tasa que cae desde 2008 (1,44 niños por mujer) y desde principios del siglo (1,21 en 2000), tras haberse superado los 2 niños por mujer en 1.981 (2,03), 2,76 niños/mujer en 1.975  y haberse llegado a un récord de 2,90 niños por mujer en 1970 (y los 3,15 niños por mujer en 1900).

Con estos datos, España se coloca como el país con la tasa de natalidad más baja de Europa (2016), según los datos que acaba de publicar Eurostat (13 marzo): 1,33 niños por mujer, frente a 1,60 niños por mujer de media en la UE-28. Nos colocamos así en el pelotón de cola de la natalidad europea, junto a los países del sur, Italia (1,34 niños/mujer), Portugal (1,36), Chipre (1,39), Malta (1,37), Grecia (1,38) y Polonia (1,39). El ranking de natalidad europeo lo encabeza Francia (1,92 niños/mujer), Suecia (1,85), Irlanda (1,81), Reino Unido y Dinamarca (1,79). Y somos también el país donde las mujeres son madres más tarde (32 años, tras los 31 años de Italia) y el país donde nacen menos terceros hijos (sólo el 8,7% de los nacidos en 2016, frente al 12,2% en la UE) y menos cuartos (el 2,8% de los nacidos en 2016, mientras en Europa eran el 5,9% de los nacidos).

Si estos datos son preocupantes, lo es más que la natalidad en España va a seguir cayendo en el futuro, según las proyecciones de población hechas por el INE hasta 2065. La principal causa es que se agrava la caída del número de mujeres en edad fértil (15-49 años): habrá 1,8 millones menos en 2031 y 3,5 millones menos (-32,7%) en 2065. Y también subirá la edad a la que las mujeres españolas tienen hijos: de los 31,9 años actuales (2016) se mantendrá en 31,40 para 3031 y subirá a 33 años para 2065. El resultado es que la tasa de natalidad se mantendrá casi igual: 1,36 niños por mujer en 2031 y 1,38 niños en 2065, según el INE. Pero como habrá menos mujeres fértiles, los nacimientos caerán bruscamente: de menos de 400.000 nacimientos en 2017 a 366.402 nacimientos en 2020, 353.595 en 2030, 322.799 en 2050 y 294.003 nacimientos en 2065, menos de la mitad que un siglo antes.

Esto ya sería preocupante de por sí, pero se agrava porque España tiene otro récord demográfico: es el país con menos niños pero también el país con más viejos. España tenía en 2015 un 17,8% de población mayor de 65 años, la tasa de mayores más alta de Europa (9,8% de población mayor de 65 años) y la segunda más alta del mundo tras Corea del Sur (22,5% de mayores 65 años). Y si esto es ya un problema, lo será aún más en el futuro, porque España es uno de los países con mayor esperanza de vida (83,4 años en 2017, 3 años más que la media OCDE), que además crecerá año tras año (llegará a 88 años en 2065). Con ello, España será un país aún más envejecido en 2050: un 36,3% de españoles tendrán más de 65 años a mediados de siglo, frente al 28% de media en la OCDE (34 países desarrollados), el 30,7% en Alemania, el 26,7% en Francia o el 25,4% en Reino Unido, según la OCDE.

No hace falta ser economista para intuir que con este problema demográfico tenemos un grave problema económico: si hoy ya nos faltan jóvenes para trabajar, pagar impuestos y cotizar para pagar las pensiones, en 2050, con muchos menos niños y el doble de viejos (las pensiones pasarán de 9 a 15 millones), el problema será mucho más grave. Porque si en 2013 había 2 activos por 1 inactivo, en 2050 habrá un activo por cada inactivo: la mitad de la población trabajará, pagará impuestos y cotizará para sostener a la otra mitad, según acaba de advertir el FMI, que alerta de que la tasa de actividad de España caerá al 50% en 2050 si no se toman medidas de choque para que nazca y trabaje más gente en España y vengan 5 millones de inmigrantes.

Bueno, aquí estamos, en un país que lleva varias décadas de “suicidio demográfico, viendo caer sus nacimientos y envejecer su población,  y que va a perder 5,4 millones de habitantes para 2066 (seremos 41,068 millones), según las proyecciones del INE. Todos los políticos se llenan la boca de promesas en favor de la familia, las últimas con los Presupuestos 2018, que incluyen ayudas fiscales a las guarderías y la quinta semana de permiso de paternidad. Pero la realidad es que España está a la cola de Europa en ayudas públicas a la familia: somos el 2º país que menos gasta, un 0,7% del PIB (unos 7.800 millones), sólo por detrás de Grecia (0,6% del PIB) y menos de la mitad de gasto que la media europea (1,7% del PIB la UE-28), según Eurostat (2016). Y por supuesto, gastamos mucho menos en familia y natalidad que Dinamarca (4,5% del PIB), Finlandia (3,2%), Chipre (3,1%), Polonia (2,5%), Francia (2,4%), Alemania (1,7%), Italia (1,5%) y Reino Unido (1,4% del PIB).

Así que no nos extrañe: décadas sin ayudar a la familia y poco apoyo a las mujeres para que sean madres y trabajen a la vez nos ha dejado este “desastre demográfico”, que es una de las mayores hipotecas de nuestro futuro, junto a la baja educación y la poca tecnología. Urge tomar conciencia del problema y conseguir un Pacto por la natalidad, para tratar de revertir la situación en unas décadas. Ahí está el ejemplo de Francia, que ha tardado más de medio siglo en revertir el grave problema demográfico que heredó tras las II Guerra Mundial. Pero lo ha conseguido y es el país líder en natalidad, gracias a que es “una cuestión de Estado”, independiente del partido que Gobierne en cada legislatura.

Las medidas a tomar para impedir el “suicidio demográfico”  son variadas y nos las han mostrado otros países, en especial Francia. La primera, crear un Ministerio de la Familia, como existe en Francia, Alemania, Austria, Bélgica, Luxemburgo o Rumanía, mientras en España es competencia de una subdirección general dentro de la Secretaría de Estado de Servicios Sociales e Igualdad. A partir de esta apuesta política, hay que empezar por subir las ayudas por hijo, que en España son más bajas que en la mayoría de Europa: 24,25 euros mes por cada uno de los cuatro primeros, frente a 133/357/542 euros en Francia, 184/184/190/215 en Alemania, 107/71/71/71 en Reino Unido o 22/34/50/65 euros en Italia. Tanto el Instituto de Política Familiar como Save the Children proponen pagar 100 euros mensuales por hijo y 150 euros para familias monoparentales y pobres.


Otra medida sería mejorar la oferta de guarderías subvencionadas (escasas y caras) y rebajar el IVA de los pañales y productos infantiles que tienen el 21% (se baja el IVA al cine y no a los pañales, que deberían pagar un IVA del 4%). Además, habría que aumentar los permisos de maternidad y sobre todo de paternidad, mejorar las ayudas al alquiler para las familias con hijos, mejorar las becas y fomentar unos horarios laborales que faciliten la natalidad. Y un trato fiscal más favorable a las familias con hijos.

Un elemento clave para fomentar la natalidad es facilitar el trabajo de las mujeres que son madres, para que tengan hijos antes y tengan más que esos 1,33 de media. Este objetivo exige profundos cambios en las empresas y en los convenios, así como en la mentalidad de los hombres, que deben aumentar su ayuda (escasa) en el cuidado de los niños. En Francia, se rebajan las cotizaciones a las madres trabajadoras y además el fomento de la natalidad está presente en todas las políticas públicas, desde los descuentos en servicios públicos a las ayudas al alquiler para parejas jóvenes con hijos. Y claro, nacen más niños.

Tenemos un grave problema de población y en vez de pensar en resolverlo con ayudas eficaces, dejamos que se agrave. Y en unas décadas, estaremos ante un auténtico “suicidio demográfico”: no tendremos niños y jóvenes para sostener la economía ni las pensiones. Y sólo quedarán los recortes y dejar entrar a 5 millones de inmigrantes (como augura el FMI), para compensar la caída de población. Todavía estamos a tiempo de tomar medidas, que son eficaces en varias décadas, como ha demostrado Francia. Pero hay que tomar conciencia de la gravedad del problema y poner medios suficientes. Y volcarse en ello todos, al margen de la política, porque la natalidad debería ser un problema de Estado. Pero me temo que estamos en otras cosas. Sigan con Cataluña y el máster de Cifuentes. No se preocupen por el futuro hasta que se nos caiga encima.

lunes, 12 de enero de 2015

Más muertes que nacimientos: menos españoles


Este año 2015, habrá más muertes que nacimientos en España, algo que no pasaba desde la Guerra Civil. Y lo mismo sucederá en los próximos 50 años, según el INE. Con ello, se agravará la pérdida de población en España, iniciada en 2012 y causada sobre todo por la marcha de inmigrantes y la salida de jóvenes a buscar trabajo. Así, la población española bajará de los 46,4 millones actuales  a 40,8 millones en 2064. Y lo peor no será que seamos menos habitantes, sino que seremos mucho más viejos: dentro de 15 años, uno de cada cuatro españoles tendrá más de 65 años (hoy son el 18%). Y dentro de 50 años, ya serán más de un tercio de los españoles. Con este panorama, menos niños y más viejos, será más difícil  pagar los servicios públicos y las pensiones. Así que habría que “ponerse las pilas” ya y empezar a favorecer  de verdad la natalidad y la familia. Y no usarlo como "arma electoral".
 
enrique ortega

En 2015 se esperan más muertes que nacimientos, según las últimas previsiones de población del INE. Es algo que ya pasa en Alemania (desde 1975), Italia, Portugal, Grecia y algunos países del Este de Europa, pero que no sucedía en España desde la Guerra Civil. El récord de nacimientos se produjo en 1976, cuando nacieron en España 677.456 niños, 1.856 al día. Y después de tres décadas largas de crecimiento, en 2008 ya sólo nacieron 517.779 niños, 1.424 al día. Ahora, con la crisis, llevamos cinco años seguidos de caída de los nacimientos, hasta los 408.902 en 2014, 1.120 al día. Y seguirán bajando en los próximos 15 años, según el INE, hasta los 299.279 nacimientos en 2028, 819 al día, menos de la mitad que tras la muerte de Franco. Y todavía bajarán a 229.435 en 2063, 628 nacimientos diarios.

La cigüeña viene menos sobre todo por dos causas. Una, porque hay menos mujeres españoles en edad fértil (entre 15 y 49 años), por la crisis de natalidad de los años 80 y principios de los 90. Y la otra, porque las mujeres tienen menos hijos: 1,27 niños por mujer en 2014, la mitad que en 1976 (2,8 niños por mujer) y menos que las mujeres europeas (1,56 hijos de media en la UE, 1,8 en Reino Unido y 2 hijos en Suecia, Irlanda o Francia). Una tasa de natalidad que aún bajará a 1,24 hijos/mujer en 2029 y a 1,22 en 2064. Una tercera razón es que hay menos mujeres inmigrantes, que tienen más hijos (1,44 de media frente a 1,28 hijos las españolas en 2012). Además, hay otras causas vinculadas a la crisis: el temor al futuro es el mejor anticonceptivo. Y con tanto paro, salarios bajos, contratos precarios y recortes de ayudas (becas, servicios sociales, alquileres, bono social luz y agua, discapacitados…), son muchas las familias que se plantean traer más hijos al mundo (el 30% de los niños españoles crece ahora sin hermanos). Y más cuando la mujer no tiene nada fácil ser trabajadora y madre a la vez (el 23% deja de trabajar para cuidar a sus niños).

La mortalidad empezó a crecer en 1976 (299.007 defunciones) y marcó un récord en 2012 (401.122 muertes), para bajar en 2013 y 2014 (395.196 defunciones). Pero subirán en los próximos 15 años (411.392 defunciones en 2028) y, sobre todo, para dentro de 50 años, cuando mueran ya 559.858 españoles (2063), el doble que los nacimientos (229.435), según el INE. Eso se debe al envejecimiento de la población, a que hay más ancianos porque vivimos más años: si al final de la Guerra Civil, la esperanza de vida en España era de 50 años (en 1941), a la muerte de Franco era ya de 73,34 años (1.976), en 2013 eran 82,5 años, en 2039 viviremos hasta los 86,29 años de media y en 2063 hasta los 90,95 años, gracias a los avances de la medicina y a una vida más saludable. De hecho, España es el país con más esperanza de vida de Europa: 82,5 años frente a 82,4 de Italia o 82,1 de Francia.

Más muertes que nacimientos, ya desde 2015 y hasta 2063 (como mínimo), agravarán la caída de población en España, que se produce desde 2012 por otra razón: la salida de inmigrantes y de españoles al extranjero. El saldo migratorio (entradas-salidas) empezó a ser negativo en 2010, se agravó en 2012 (-142.552) y en 2013 (-256.849), para suavizarse en 2014 (-84.669) y 2015 (-66.386), aunque el INE cree que seguirán emigrando más de los que entren hasta el año 2021, el primero en que volverán a entrar más extranjeros de los que se van. Y así seguirá hasta 2063.

En conjunto, entre menos nacimientos, más muertes y salida neta de inmigrantes, España perderá población en las próximas décadas: perderemos un millón de habitantes (1.022.852) en los próximos 15 años (seremos 45,4 millones para 2029 frente a 46,4 el 1 de enero 2015) y más de 5,6 millones en los próximos 50 años (habrá 40,8 millones en España en 2064), según las proyecciones del INE. Pero no todas las regiones perderán población: la ganarán, en los próximos 15 años, Melilla (+12,9%), Ceuta (+8,4%), Baleares (+4,8%), Canarias (+2,9%), Madrid (+1,7%) y Murcia (+0,1%), estancándose Andalucía. Y las 12 autonomías restantes perderán población, sobre todo  Castilla y León (-9%), Asturias (-8,3%), Galicia (-7,6%), La Rioja (-5,4%), País Vasco (-5%) y Comunidad Valenciana (-4,8%).

España no sólo perderá población sino que la que tenga será mucho más vieja, porque nacerán muchos más niños y los mayores vivirán más años. Así, dentro de 15 años (2029), uno de cada cuatro españoles tendrá más de 65 años (11,3 millones, el 24,9% de la población), cuando ahora son el 18,2% (8,4 millones). Y  dentro de 50 años, habrá ya 15,8 millones de españoles mayores de 65 años (38,72% de la población). Y de ellos, más de la mitad  (8,84 millones) tendrán más de 80 años (el 21,6% de la población, cuatro veces lo que hoy). Un porcentaje de viejos mayor que en Europa, donde los +65 rondarán el 30%.

Un país con menos población y mucho más envejecida tiene un gran reto por delante, con dos graves consecuencias: habrá menos gente para trabajar (y pagar impuestos y pensiones) y más gente para gastar, para pedir servicios: educación, sanidad (más viejos y octogenarios, más costes), Dependencia (más residencias y asistencia) y servicios sociales, además de duplicarse el gasto en pensiones. Las cuentas son claras: si hoy hay 1,9 activos por cada inactivo (menores de 16 y mayores de 65 años), en 2029 habrá ya 1,6 y en 2064 habrá sólo 1  activo por cada inactivo.  Y será muy difícil sostener las pensiones y el Estado del bienestar.

Lo peor será dentro de 20 años, a partir de 2035, según los expertos. Es el plazo que España tiene para tratar de ajustar su demografía, fomentando desde ahora su natalidad. Para equilibrar las cuentas, señalan los demógrafos, haría falta tener 2,1 hijos por mujer, frente a los 1,27 de hoy. Eso exige que nazcan 280.000 niños más cada año, 767 nacimientos más cada día que ahora (1.120 diarios en 2014). Algo que no es fácil, pero que es necesario promover si España no quiere caer en la bancarrota social en 50 años.

Para que las familias tengan más hijos hay que promover desde ya un Plan de fomento de la natalidad, asentado en cuatro patas. Una, establecer más ayudas a las familias, desde guarderías y enseñanza a la sanidad, el transporte, la vivienda, la luz, el agua, el subsidio de paro o las ayudas a la Dependencia. Dos, establecer una fiscalidad de apoyo a la natalidad, incorporando propuestas como mejorar la pensión a los que tengan más hijos (Campaña “Más hijos, más pensión) o contabilizar como tiempo cotizado los años en que las madres cuidan a sus pequeños. Tres, avanzar en las políticas de conciliación laboral en las empresas, ampliando el permiso de paternidad (de 2 a 4 semanas como prometieron e incumplieron ZP y Rajoy), creando más guarderías y racionalizando horarios. Y cuatro, favoreciendo el trabajo de la mujer, con más paro y peores sueldos y empleos por su potencial maternidad.

Son medidas que hay que tomar cuanto antes, porque tardan años en dar fruto, con más nacimientos. Ya hemos visto los frutos del modelo de familia "triunfadora” con 1 hijo y los recortes hechos a la natalidad y a la familia: somos uno de los países con menos niños y más viejos de Europa y con un serio problema para asegurar el futuro de las pensiones y del Estado del Bienestar. Hace falta tomar conciencia de este reto histórico y volcarse en resolverlo con dinero, con conciencia colectiva y voluntad política. No usar la familia como un reclamo electoral para las dos votaciones de este 2015. Necesitamos un pacto demográfico para salvar el futuro.

lunes, 23 de septiembre de 2013

Menos hijos: la cigüeña está en crisis


La crisis, que ha cumplido cinco años, tiene unas consecuencias inmediatas y palpables: paro, menos sueldo, precariedad laboral, recortes sociales y más pobreza y desigualdad. Otras se notan a medio plazo, como la caída de la natalidad: los nacimientos llevan cuatro años seguidos cayendo, con la crisis, y ahora nacen dos tercios de los niños que en 1976. Con ello, los hijos por mujer han caído a 1,32, cuando harían falta 2,1 niños por familia para cubrir el efecto sustitución, para asegurar las pensiones y el Estado del Bienestar : tendrían que nacer 280.000 niños más cada año. Para eso, hace falta una política de ayudas a la familia (como otros países) y no recortes, como está haciendo el Gobierno Rajoy con becas, ayudas, desempleo, pensiones y Dependencia. Y apoyar el trabajo de la mujer, la conciliación laboral y familiar y más ayudas fiscales a las familias. Sin más niños no hay futuro.
 
enrique ortega

En 1976, a poco de morir Franco, en España nacieron 677.456 niños, 1.856 al día. Después de tres décadas largas de crecimiento, en 2008 ya sólo nacieron 517.779, 1.424 al día. Y con la crisis, llevamos cuatro años seguidos de caída fuerte de la natalidad, con 453.637 nacimientos en 2012, 1.242 al día, un tercio menos que en 1976, según el INE. En consecuencia, hemos pasado de 18,7 nacimientos por  1.000 habitantes (1976) a la mitad, a 9,7 (2012). Y con varias autonomías muy por debajo de esa media: Asturias (7,1 hijos por 1.000 habitantes), Castilla y León (7,5), Galicia (7,6), Canarias (8,2), Extremadura (8,5) y Cantabria (8,6).

Dos son las causas inmediatas de esta caída de la natalidad. Una, obvia, que las mujeres tienen menos hijos: 1,32 hijos de media, la mitad que en 1976 (2,80 hijos por mujer) y menos que la mayoría de mujeres europeas (1,59 hijos de media en la UE, 1,8 en Reino Unido y 2 hijos en Suecia o Francia). Además, los tienen más tarde: a los 31,6 años de media (en 1976 a los 28 años). Y la otra, demográfica, que ahora hay menos mujeres en edad fértil (15-49 años, según el INE), porque estamos pagando la crisis de natalidad de los años 80 y primera mitad de los 90. Y además, hay menos mujeres inmigrantes, que tienen más hijos (1,44 hijos de media frente a 1,28 hijos las españolas).

Pero hay otras causas vinculadas a la crisis: el temor al futuro es el mayor anticonceptivo. Y con 6 millones de parados, una de cada 5 familias con la mitad de sus miembros en paro y una de cada 10 sin ningún ingreso, los salarios congelados o bajando, los precios y los impuestos subiendo, pocas familias se animan a tener hijos ahora. Y si 4 de cada 10 familias sobreviven gracias a las prestaciones sociales, los recortes de los tres últimos años han sido la puntilla a la natalidad: menos becas y ayudas (comedor, libros de texto, transporte), subidas de tasas y guarderías, copago de recetas y servicios sanitarios, recortes en el subsidio de desempleo, recortes en las ayudas a la Dependencia, limitaciones al  bono social de luz y agua para las familias numerosas, recortes de ayudas autonómicas y municipales a las familias y pérdida de poder adquisitivo de las pensiones que ayudan a muchas familias. En total, menos ingresos y mucha incertidumbre como para plantearse traer más hijos al mundo.

Y un factor clave, la penosa situación de la mujer en España: hay dos millones menos de mujeres trabajando que hombres (para una población similar), debido entre otras cosas a que la maternidad juega en su contra para encontrar trabajo. Y un 23% de mujeres dejan su trabajo para cuidar a sus hijos pequeños, por culpa de la falta de guarderías (o su alto precio), de ineficaces políticas laborales de conciliación y de la escasa ayuda de sus maridos. Y con la crisis, las empresas han reducido un 40% sus ayudas para conciliación laboral. En consecuencia, tener hijos tiene un alto coste para las mujeres y cada vez se lo piensan más si quieren hacer una carrera profesional.

Por todo esto (demografía, crisis y penalización a la mujer), la natalidad cae y seguirá cayendo, según el INE, que estima 14,6 millones de nacimientos en España en los próximos 40 años, un 24% menos que en los 40 años anteriores. Por ello y por la marcha de los inmigrantes, la población española ha caído en 2012, por primera vez en la historia reciente, y seguirá cayendo: España perderá 4,7 millones de habitantes en los próximos 40 años. Y además, como crece la esperanza de vida, seremos menos españoles y más viejos: en 2052, un 37% de la población tendrá más de 64 años. Menos niños y más jubilados, un grave problema: menos a cotizar (en 2052 habrá una persona en edad de trabajar por cada niño o jubilado) y a pagar impuestos, en perjuicio de las pensiones y el Estado del Bienestar (sostener la educación, la sanidad, la atención a la Dependencia y los servicios sociales).

El problema es serio porque para mantener el equilibrio y cubrir el efecto sustitución (padres por hijos) haría falta tener 2,1 hijos por mujer, frente a los 1,32 actuales. Eso exige que nazcan 280.000 niños más cada año para asegurar el relevo generacional, según el Instituto de Política Familiar. Algo difícil en España, que está a la cola de Europa en gasto social destinado a las familias y uno de los pocos que no tiene una prestación universal por hijo: muchos países conceden 110/120 euros mensuales por hijo (en Alemania, 180 euros al mes) y aquí sólo 24 euros al mes para familias que ganen menos de 12.000 euros. Y además, se ha recortado el catálogo de ayudas (estatales, autonómicas y municipales).

El Gobierno, que prometió el oro y el moro para las familias en la campaña electoral, ha anunciado un Plan integral de apoyo a la Familia para 2013, aunque parece que se retrasa hasta 2014, mientras sigue haciendo recortes que penalizan a las familias. Frente a promesas más ideológicas que concretas, hace falta una política decidida de ayuda a la familia y fomento de la natalidad, asentada en cuatro patas. Una, establecer un Plan de ayudas a las familias, desde guarderías y enseñanza o sanidad al transporte, la vivienda, la luz, el agua o el cobro del desempleo o las ayudas a la Dependencia. Dos, establecer una fiscalidad de apoyo a la familia y a la natalidad, incorporando propuestas como la de mejorar la pensión de los que tengan más hijos (campaña de recogida de firmas “Más hijos, más pensión”) o que cuente como tiempo cotizado los años en que las madres cuidan a sus niños pequeños. Tres, avanzar en las políticas de conciliación laboral en las empresas, ampliando el permiso de paternidad (de 2 a 4 semanas, como prometieron ZP y Rajoy), creando más guarderías y racionalizando horarios. Y cuatro, dar prioridad a las familias más vulnerables: familias numerosas, familias monoparentales con hijos y familias con algún discapacitado.

España y la Europa del sur, que siempre habían tenido más hijos, están ahora por detrás de la Europa rica del norte, que apoya más a la familia y a la natalidad. Apuestan por el futuro. Porque un día saldremos de la crisis y nos encontraremos con que nos faltan jóvenes para trabajar y cotizar, para sostener las pensiones y las prestaciones del Estado del Bienestar. Y aumentar la población no se improvisa, hay que pensar en mejorar la natalidad a veinte años vista. Empezar ya, sin demagogias, con ayudas de verdad. Apostar porque nazcan más niños es garantizarnos el futuro. Penalizar los nacimientos, como ahora, es un suicidio.