La contaminación del aire en las grandes ciudades es un grave problema en toda Europa. La Agencia Europea del Medio Ambiente estimó en 2021 que 327.000 europeos mueren prematuramente en la UE por la contaminación del aire. Y en España, un informe de Countdown refleja que 22.000 muertes anuales pueden atribuirse a la contaminación, mientras otras fuentes suben a 30.000 muertes. Esta alta mortalidad se debe, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), a que la contaminación del aire aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares y pulmonares, ictus, asma y cáncer de pulmón, además de diabetes, obesidad y problemas de salud mental, junto a más partos prematuros, déficits al nacer y daños cerebrales a los niños. Y recuerdan que los grupos más vulnerables a la alta contaminación son los niños, las mujeres embarazadas, las personas mayores y los enfermos crónicos. Además de los daños a la salud, el Banco Mundial estima que la contaminación tiene unos costes sanitarios y laborales en España de 44.000 millones de euros.
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lunes, 6 de abril de 2026
Zonas bajas emisiones: 100 Aytos rebeldes
Acaba la Semana Santa y volvemos a la rutina, los atascos y la
contaminación de nuestras ciudades, que provoca enfermedades y 22.000
muertes al año en España. La principal culpa es del tráfico, razón
por la que se aprobó en 2021 una Ley de Cambio Climático que obligaba a los Ayuntamientos de las grandes ciudades (+
50.000 habitantes) a establecer Zonas de Bajas Emisiones (ZBE), para
limitar el acceso a los coches más contaminantes. Debían implantarlas el
1 de enero de 2023, pero más de 3 años después, los consistorios de 100
grandes ciudades no las han implantado (10 se niegan a hacerlo). Y la
mayoría de las 53 ciudades que sí lo han hecho aplican las restricciones
en zonas pequeñas y no multan. Además, Madrid acaba de aprobar que los coches
sin etiqueta puedan seguir circulando. Esta actitud se explica porque el
PP y Vox defienden posiciones negacionistas del Cambio Climático,
mientras los límites de contaminación se superan en zonas donde
viven 8,4 millones de españoles. Tremendo. Enrique Ortega
La contaminación del aire en las grandes ciudades es un grave problema en toda Europa. La Agencia Europea del Medio Ambiente estimó en 2021 que 327.000 europeos mueren prematuramente en la UE por la contaminación del aire. Y en España, un informe de Countdown refleja que 22.000 muertes anuales pueden atribuirse a la contaminación, mientras otras fuentes suben a 30.000 muertes. Esta alta mortalidad se debe, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), a que la contaminación del aire aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares y pulmonares, ictus, asma y cáncer de pulmón, además de diabetes, obesidad y problemas de salud mental, junto a más partos prematuros, déficits al nacer y daños cerebrales a los niños. Y recuerdan que los grupos más vulnerables a la alta contaminación son los niños, las mujeres embarazadas, las personas mayores y los enfermos crónicos. Además de los daños a la salud, el Banco Mundial estima que la contaminación tiene unos costes sanitarios y laborales en España de 44.000 millones de euros.
En España, el aumento del número de vehículos (31,3
millones en 2024, 2 millones
más que en 2019) sigue aumentando la contaminación en las grandes ciudades,
sobre todo porque casi un tercio del parque de vehículos tienen más de 20 años
de vida. Eso provoca que casi 8,4 millones de españoles (1 de cada 6
habitantes) viven en ciudades donde se superan los límites vigentes
(Directiva UE
2024/2881 y Decreto 102/2011) de partículas (PM 2,2 y PM 10),ozono
y NO2, afectando a una superficie de 83.000 km2 (el 16,5% del
territorio), según
el último estudio sobre contaminación de Ecologistas en Acción. Pero si
tomamos los nuevos límites de contaminación aprobados por la
Comisión y el Parlamento Europeo para 2030 (más estrictos, la mitad que los
actuales), resulta que 30,95 millones de españoles (2 de cada 3
habitantes) respiran un aire contaminado, en 22 grandes ciudades. Y si
somos más estrictos y aplicamos los límites
de la OMS aprobados en septiembre de 2021 (la cuarta parte de los
vigentes), toda España respira un aire que excede estos límites OMS.
Ante este panorama de contaminación, el Gobierno Sánchez aprobó
en mayo de 2020 la Ley de Cambio Climático, que no fue aprobada por el
Congreso hasta casi un año después, el 8 de abril de 2021, con
la abstención del PP y el voto en contra de Vox. Esta Ley, cuyo
objetivo central era reducir las emisiones de gases de efecto invernadero un
23% para 2030 (sobre las de 1990), incluía una medida muy concreta para
reducir la contaminación en las ciudades: los Ayuntamientos de las
ciudades de más de 50.000 habitantes (y los de más de 20.000 con una alta
contaminación) estaban obligados a implantar
Zonas de Bajas Emisiones (ZBE),
para limitar el acceso a esas zonas (generalmente el centro de las ciudades) de
los vehículos más contaminantes (sin etiqueta). Y les daba una fecha para que
esas zonas restringidas al tráfico se pusieran en marcha: el 1 de enero de
2023 (casi 2 años después).
El problema es que la gran mayoría de consistorios
(gobernados por PP y Vox) han
“remoloneado” para implantar estas ZBE, por ideología y porque no
eran “populares” para muchos ciudadanos. Así, en enero de 2023 sólo la habían
aplicado 10 ciudades (Madrid y Barcelona entre ellas), otras 10 más en enero de
2024 y 29 más en enero de 2025. Y en enero de 2026 sólo se han sumado 8
ciudades más, con lo que son 57 las ciudades grandes (53 de más
de 50.000 habitantes y 4 municipios catalanes con menos de 50.000 habitantes)
que tienen implantada una Zona de Bajas Emisiones (ZBE). Así que de las
153 ciudades obligadas por la Ley de Cambio Climático a instalar zonas de
acceso restringido, 100
ciudades no las aplican más de 3 años después del plazo fijado: 90
están en proceso de instalarlas ("no tienen prisa") y
otras 10 ciudades no han iniciado siquiera el proceso, se han declarado “en
rebeldía” (Telde, Puerto de Santa María, Arona, Orihuela, Valdemoro, Sanlúcar
de Barrameda, Ferrol, Arganda del Rey, Vic y Adeje).
Entre las 90 grandes ciudades que tramitan la instalación de una Zona de Bajas Emisiones (3 años y tres meses después del
plazo legal: ver
listado) hay 3 grandes capitales (Valencia, Murcia y Las
Palmas), 7 ciudades grandes-medianas (Vigo, Gijón, Vitoria, Oviedo,
Jerez, Móstoles y Santa Cruz de Tenerife), otras 25 ciudades de 100.000 a
200.000 habitantes (Alcalá de Henares, Leganés, Burgos, Albacete, Castellón,
Santander, Alcorcón, San Cristóbal de la Laguna, Marbella, Logroño, Huelva, Dos
Hermanas, Tarragona, Parla, Mataró, Algeciras, León, Santa Coloma, Cádiz, Jaén,
Reus, Ourense, Roquetas, Girona y Barakaldo), más otras 55 ciudades de
50.000 a 100.000 habitantes (capitales como Lugo,
Cáceres, Melilla, Toledo, Ceuta, Ciudad Real, Zamora, Huesca o Ibiza y grandes
ciudades como Santiago, Lorca, San
Fernando, San Sebastián de los Reyes, Pozuelo, Vélez Málaga, Torrevieja, Talavera,
Coslada, Manresa, Gandía, Avilés, Majadahonda, Paterna, Sagunto, Collado
Villalba, Irún, Mérida, Granollers, Pinto o Elda).
Pero además, en las 53
grandes ciudades donde sí funcionan las Zonas de Bajas Emisiones (ZBE),
en muchas se dan dos problemas que denuncian expertos y ecologistas.
Una, que la zona a la que se aplica la restricción de entrada
de vehículos es
muy pequeña, con lo que tiene poco impacto real en la reducción
de la contaminación (son ZBE “de cara a la galería”). La otra, que muchos
de los Ayuntamientos que aplican estas restricciones no
multan a los infractores: primero les dieron un plazo de gracia
de un año (avisos sin multa) y después muchos Ayuntamientos los han
prorrogado y no sancionan realmente, otro factor que resta efectividad a
estas 53 ZBE (57 con los 4 municipios pequeños) que si funcionan.
¿Qué ha hecho el Gobierno Sánchez para que los
Ayuntamientos cumplan la Ley? La verdad es que poco,
dado el constante enfrentamiento político con los consistorios gobernados por el
PP (que se abstuvo en la votación de la Ley de CC, pero que ahora está en
una posición más negacionista del Cambio Climático, por presión de Vox). En
2025, tras los 2 primeros años de retraso, el ministro de Transportes (Oscar
Puente) amenazó
a los Ayuntamientos incumplidores a no transferirles los Fondos europeos
destinados a subvencionar el transporte público y fijó una fecha: el 2º
trimestre de 2025. Pero al día de hoy, no
se conoce ningún caso de un Ayuntamiento que no haya recibido estas ayudas.
La otra medida anunciada (sin fecha) es la
aprobación de un Decreto-Ley (de los Ministerios de Transición
Ecológica y Transportes) para obligar a los Ayuntamientos a multar realmente
a los conductores con vehículos contaminantes que entran en las ZBE.
Mientras, la Fiscalía de Medio Ambiente y el Defensor
del Pueblo han
pedido información a los Ayuntamientos sobre sus incumplimientos en la
instalación de ZBE. Y Ecologistas en Acción han llevado a los Tribunales
a varios Ayuntamientos (Valladolid, Santander y Alicante) mientras preparan
otros recursos (contra Valencia y Arganda) por “inacción, fraude o falta de
ambición” en la creación de Zonas de Bajas Emisiones.
Otra medida muy criticada por expertos y ecologistas ha sido
la reciente decisión (25 marzo 2026) del Ayuntamiento
de Madrid de prorrogar
indefinidamente la circulación de los vehículos sin etiqueta (y poder aparcar en las zonas verde y azul de su barrio), siempre que su titular
esté empadronado en la capital. Estos vehículos sin etiqueta (11.309, el
1,08% de los que circulan) ya tuvieron dos prórrogas antes: una
para poder circular hasta finales de 2025 y otra hasta finales de 2026, lo que
provocó que muchos propietarios los vendieran. Y ahora se quejan del cambio
normativo del Ayuntamiento, provocado por una
sentencia del Tribunal Superior de Justicia de
Madrid (17 de septiembre 2024) que anuló la prohibición de
circular aprobada
por el consistorio y recurrida por Vox en noviembre de 2021. Así que
ahora, “bula” para los coches sin etiqueta en Madrid.
En definitiva, tenemos un grave problema de contaminación
del aire en gran parte de España (recordemos: 2
de cada 3 españoles respiran un aire que supera los límites aprobados por
Europa para 2030, una Directiva que el Gobierno debe transponer) y sin embargo,
dos
de cada tres grandes ciudades incumplen la Ley y no han implantado Zonas
de Bajas Emisiones (ZBE). Y las que sí lo han hecho, ha sido en zonas pequeñas
o no multan a los que entran con coches muy contaminantes. Esto es
especialmente preocupante porque casi el 60% de los coches que circulan en
España no tienen etiqueta (el 29,4%) o tienen etiqueta B
(otro 29,7%), mientras el 36,4% tienen etiqueta C y sólo un 5,8%
tienen etiqueta ECO y un 1,6% tienen etiqueta 0, según
ANFAC. Y el 92,7% de los vehículos que circulan por nuestras
ciudades y carreteras son diesel (58,9%) o gasolina (33,8%), los
motores de combustión que más contaminan (y sobre todo los viejos: 1/3
vehículos tienen más de 20 años).
Nos quejamos de las inundaciones, olas de calor
o los incendios forestales, pero no se toman medidas eficaces
para paliar los efectos de la emergencia climática, sobre todo los relacionados
con el tráfico en las ciudades. Y a
pesar de los informes de los científicos, que aseguran que el origen
del problema está en los combustibles fósiles y en el tráfico, crecen
los políticos negacionistas, en Europa y en España, muchos en los
grandes Ayuntamientos, que no están dispuestos a tomar medidas contra el
tráfico y la contaminación, retrasando y boicoteando las Zonas de Bajas
Emisiones (ZBE). Y no se espera la incorporación este 2026 de muchas de las 100
ciudades pendientes, sobre todo porque en mayo de 2027 hay elecciones
municipales y tanto PP como Vox irán con la bandera “negacionista”.
Nuestra esperanza sigue siendo Europa, aunque en
Bruselas crece el peso de los políticos negacionistas: a la extrema
derecha se ha sumado la mayoría del PP europeo, en una alianza que ha
conseguido un triunfo en diciembre de 2025: retrasar
la prohibición de venta de coches de combustión (gasolina y gasóleo) a
después de 2035, retraso que todavía ha de aprobar el Parlamento europeo.
Pero, de momento, sigue vigente la nueva Directiva de emisiones (Directiva UE
2024/2881), aprobada en octubre de 2024, que reduce
a la mitad los límites actuales de emisiones en los paises
miembros para 2030. España tiene que transponer ahora esta
Directiva y tomar medidas para cumplir estos límites de contaminación más
estrictos (se reducen a la mitad las emisiones permitidas de partículas, ozono
y N02) en 2030. Eso puede reforzar al Gobierno frente a los Ayuntamientos “rebeldes”,
aunque todo va a depender de la duración de la Legislatura y de las
municipales y generales de 2027.
En cualquier caso, reducir la contaminación de nuestras
ciudades (que enferma, mata y cuesta mucho dinero) no debería ser objeto
de “pelea política”, ya que nos afecta negativamente a todos y deberían
pactarse medidas eficaces. Pero la realidad es que la lucha
contra las medidas ambientales es una de las banderas de la extrema
derecha y de la derecha (de momento en autonomías y Ayuntamientos, pero lo
será en toda España si llegan a la Moncloa), a costa de agravar la emergencia
climática y de nuestra salud. Deberíamos apostar por ciudades más
limpias y con menos coches, aunque nos cueste cambiar de hábitos.
Y votar en consecuencia cuando nos toque.
La contaminación del aire en las grandes ciudades es un grave problema en toda Europa. La Agencia Europea del Medio Ambiente estimó en 2021 que 327.000 europeos mueren prematuramente en la UE por la contaminación del aire. Y en España, un informe de Countdown refleja que 22.000 muertes anuales pueden atribuirse a la contaminación, mientras otras fuentes suben a 30.000 muertes. Esta alta mortalidad se debe, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), a que la contaminación del aire aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares y pulmonares, ictus, asma y cáncer de pulmón, además de diabetes, obesidad y problemas de salud mental, junto a más partos prematuros, déficits al nacer y daños cerebrales a los niños. Y recuerdan que los grupos más vulnerables a la alta contaminación son los niños, las mujeres embarazadas, las personas mayores y los enfermos crónicos. Además de los daños a la salud, el Banco Mundial estima que la contaminación tiene unos costes sanitarios y laborales en España de 44.000 millones de euros.
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lunes, 11 de diciembre de 2017
Automóvil: la revolución pendiente
Llueva o no, las grandes
ciudades tienen un grave problema: la creciente
contaminación, que mata a medio millón de europeos cada
año (y a 31.000 españoles),
provocada en un 75% por los coches.
París y Londres prohibirán los coches
diésel en 2024 y los gasolina en 2040, mientras Bruselas fuerza a los
fabricantes a reducir a la mitad las emisiones de los coches europeos para 2030. Tras 131 años de historia, el automóvil de gasoil y
gasolina tiene los años contados. “Quien no
se adapte, desaparecerá”, advierte la Comisión Europea. Es la
hora del coche híbrido y eléctrico. Pero la industria se reconvierte
lentamente y España más: sólo el
0,3% de los coches vendidos son
eléctricos y el Gobierno acaba de aprobar unas ayudas ridículas (20 millones), que sólo incentivarán la compra de
5.600 eléctricos, muy caros y sin postes de recarga. Y no aprueba el Plan Aire II ni sube impuestos a los carburantes y a los coches
más contaminantes. Nos jugamos el aire y
la vida.
En el aire que respiramos cada día hay 5 tipos de contaminantes, sobre todo en las grandes ciudades. El más grave son las micro partículas PM10 y PM 2,5 (M son micrones: milésimas de milímetro de diámetro), cien veces más finas que un cabello, uno de los principales causantes del cáncer de pulmón, según la OMS. El 65% las producen los automóviles (por los motores y el desgaste de frenos, ruedas y pavimento) y el resto las calefacciones, centrales térmicas e industrias. El contaminante que más ha crecido es el NO2 (dióxido de nitrógeno), un gas tóxico que procede en un 80% de los vehículos (sobre todo los diésel). El tercer contaminante más extendido es el O3, el ozono troposférico (el “ozono malo”), producido sobre todo en verano por la fotooxidación de N02 y compuestos orgánicos volátiles (COVs), procedentes de vehículos, calefacciones e industrias. El cuarto contaminante es el SO2 (dióxido de azufre), producido sobre todo por las industrias químicas y refinerías. Y el quinto contaminante que respiramos (en España menos) es el benzopireno (BaP), producido por el uso de estufas de madera y calefacciones de biomasa.
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| enrique ortega |
En el aire que respiramos cada día hay 5 tipos de contaminantes, sobre todo en las grandes ciudades. El más grave son las micro partículas PM10 y PM 2,5 (M son micrones: milésimas de milímetro de diámetro), cien veces más finas que un cabello, uno de los principales causantes del cáncer de pulmón, según la OMS. El 65% las producen los automóviles (por los motores y el desgaste de frenos, ruedas y pavimento) y el resto las calefacciones, centrales térmicas e industrias. El contaminante que más ha crecido es el NO2 (dióxido de nitrógeno), un gas tóxico que procede en un 80% de los vehículos (sobre todo los diésel). El tercer contaminante más extendido es el O3, el ozono troposférico (el “ozono malo”), producido sobre todo en verano por la fotooxidación de N02 y compuestos orgánicos volátiles (COVs), procedentes de vehículos, calefacciones e industrias. El cuarto contaminante es el SO2 (dióxido de azufre), producido sobre todo por las industrias químicas y refinerías. Y el quinto contaminante que respiramos (en España menos) es el benzopireno (BaP), producido por el uso de estufas de madera y calefacciones de biomasa.
La contaminación es un problema muy serio en todo el
mundo y en Europa: el 82% de la población de
las ciudades europeas está expuesta a emisiones de micro partículas (PM2,5) superiores a los niveles recomendados por
la OMS, el 9% a niveles elevados de NO2 y el 95% a un exceso de O3 (ozono troposférico), según un
reciente informe de la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA), que cifra en 487.000 las muertes que causa cada año
la contaminación en Europa (31.250 de ellas en España), ocho de cada diez causadas por las partículas (23.000 muertes en España) y el resto por N02 (6.700 muertes) y O3 (1.600 muertes). Y además, añaden,
la mala calidad del aire aumenta los costes médicos en Europa, reduce la
productividad laboral y provoca daños en bosques, lagos, suelos y semillas.
España está mejor que
la media europea en la contaminación del aire, según los últimos datos de la AEMA (2015): 10
microgramos/m3 de media en partículas PM
2,5 frente a 14,1 en la UE-28 (23,5 en Polonia o 18,6 en Italia), 19,4
microgramos/m3 de NO2 frente a 22,9
en la UE-28 (y 26,6 en Alemania o 25,9 en Italia) y 109,4 microgramos/m3 de O3 frente a 114,4 de media en Europa (y
135 en Italia o 130 en Austria). Pero el problema es que la contaminación en
España crece imparable y las grandes capitales, como Madrid o
Barcelona, están entre las ciudades más contaminadas de Europa, junto a París, Londres, Atenas, Berlín o Roma.
De hecho, los datos enviados por el Gobierno a Bruselas, señalan que 7 ciudades españolas superaron en 2016 los límites de N02 fijados por la UE (40 mgr/m3): Granada y su área metropolitana, el área de
Barcelona y Vallés-Baix Llobregat, Madrid y el corredor del Henares, Valencia y
su área de influencia y San Sebastián de la Gomera (Canarias), en los 6
primeros casos “principalmente por el tráfico”. En partículas PM10, sólo se superaron los límites europeos en la zona
central de Asturias. Y en O3, hay 35 zonas españolas que superan los
límites. Lo malo es que en 2017, la
situación no mejora, según los datos de Ecologistas en Acción. Hay 16
ciudades que superaron en noviembre (15 al 19) los límites europeos de
partículas en suspensión PM10 (50
mgr/m3): Huelva (175 mgr/m3), Valencia (145), Lleida (80), Puertollano, Bailén,
Avilés, Santander, Talavera, Valladolid, Barcelona, Sevilla, Murcia, Madrid,
Zaragoza, Granada y A Coruña. Y otras 6
ciudades que superaron el límite europeo diario de NO2 (200 mgr/m3): Madrid
(244 mgr/m3, llegando en una de sus estaciones a 341), Salamanca, Sevilla,
Barcelona, Guadalajara y Zaragoza. Y sólo dos ciudades, Madrid y Valladolid, informaron
a sus ciudadanos y tomaron medidas sobre el tráfico.
La Comisión Europea
ya no sabe qué hacer para luchar
contra la creciente contaminación. En 2010 entró en vigor una Directiva (2008/50/CE) que establecía límites
para los contaminantes más peligrosos, el NO2 y las micro partículas PM10 y PM 2,5, límites más laxos que los recomendados por la OMS (2,5 veces menores) y los aplicados por EEUU
(la mitad). Pero aun así, los paises
europeos no los cumplen. Y por ello,
en 2015, la Comisión Europea denunció a 12 paises europeos (entre ellos, España)
al Tribunal Europeo de Justicia, en
Luxemburgo, que está pendiente de imponer multas por incumplimiento de la
Directiva. Y el 15 de febrero de 2017,
la Comisión Europea aprobó un “Dictamen de última advertencia” a 5 paises europeos “por violación
constante de los límites de N02 en muchas ciudades”. Son Alemania (incumple los límites en 28 zonas de Berlín, Múnich,
Hamburgo y Colonia), Francia
(incumple en 19 zonas de París, Marsella y Lyon), Reino Unido (incumple en 16 zonas de Londres, Birmingham, Leeds y
Glasgow), Italia (incumple en 12
zonas de Roma, Milán y Turín) y España
(incumple en 3 zonas, 1 de Madrid y 2 de Barcelona). Junto a la advertencia, la
Comisión lanza a los 5 paises un ultimátum:
o toman medidas o llevará el asunto al Tribunal europeo de Luxemburgo, con lo
que se arriesgan a cuantiosas multas.
Mientras la Comisión
amenaza, algunas ciudades europeas
han empezado a tomar medidas drásticas contra la contaminación, que en un 75% está motivada por el tráfico. Así, París anunció que prohibirá la
entrada de los coches diésel en 2024 y los de gasolina en 2040. Y el Gobierno británico quiere prohibir la venta de coches diésel, gasolina e híbridos en 2040, algo que Noruega y Holanda
adelantarán a 2025 (y la India a 2030). Y ciudades como Berlín, Londres, Estocolmo o Copenhague estudian
también prohibir la entrada de los
coches más contaminantes y establecer peajes al coche privado. Madrid contempla también prohibir la
entrada en la capital de los coches más contaminantes en 2025 y Barcelona
en 2020.
La guerra contra el coche de motor de
combustión, inventado por Karl Benz en 1886, es un hecho, en
Europa y en el mundo. Sobre todo la guerra contra el diésel, que emite
muchas más partículas y NO2 que el motor de gasolina (que emite más CO2). Pero en la
vanguardia de la lucha contra el coche diésel y gasolina no está
Europa, sino China:
es líder mundial en coches eléctricos,
por delante de EEUU, y vende un tercio de los 2 millones de coches eléctricos
vendidos en 2016. Y ya ha introducido una cuota
obligatoria a sus fabricantes, con el objetivo de que un 12% de los coches
sean eléctricos en 2020. Europa está retrasada en esta batalla mundial por el coche eléctrico y los fabricantes europeos se
resisten a dejar sus cadenas de coches diésel y gasolina, que fabrican
el 20% de los coches del mundo.
La Comisión Europea
ha hecho la vista gorda con los
fabricantes europeos de coches, porque son
la primera industria del continente y emplean a 12,6 millones de europeos.
Pero el fraude de las emisiones de Volkswagen, detectado en 2015, ha hecho reaccionar
a Bruselas. Y han tomado dos medidas.
Una, modificar el sistema de medición de emisiones, para que no sea en el laboratorio
sino que se vigilen las emisiones reales
en carretera. El sistema está en vigor desde septiembre, aunque el Gobierno Rajoy ha dado una moratoria
de 16 meses a los fabricantes de automóviles en España (muy poderosos): el
nuevo sistema de detección de emisiones (más riguroso) no se aplicará hasta el 1 de enero de 2019. La otra medida, aprobada el 8 de noviembre, es reducir a la
mitad el tope de emisiones permitidas a los coches fabricados en Europa: de
los 95 grs./km de CO2 fijados para 2021 se pasará a 80 grs. en 2025 (un 15%
menos) y a 66,5 grs. en 2030 (-30% sobre emisiones 2021).
La industria del
automóvil europea se queja de que el recorte de emisiones es “demasiado ambicioso” y exigirá un enorme esfuerzo inversor,
encareciendo mucho los coches. Para ayudarles, la Comisión Europea prevé una inversión
de 378.000 millones de euros anuales hasta 2030, de los que 177.000 sería
financiación barata de la UE y el resto inversión privada de las empresas. Pero
los fabricantes van bastante retrasados
en esta “reconversión” a motores menos contaminantes. De hecho, según la consultora PA Consulting, sólo
cumplirán los topes de emisiones establecidos por Bruselas para 2021 tres fabricantes, Volvo, Toyota y Nissan. Y están muy lejos de cumplir
(en la media de todos sus modelos) Volkswagen,
PSA, Fiat-Chrysler, BMW, Ford y Hyunday-Kia, los fabricantes más
importantes. La Comisión ha amenazado con multas cuantiosas a los fabricantes
que incumplan, pero el automóvil es una industria demasiado poderosa y muy influyente en Alemania y Francia como
para dudarlo y pensar en sucesivas
moratorias, a costa de una contaminación que mata.
El objetivo de
estas medidas es que en 2030, el 80% de
los coches tengan motores diésel y gasolina que contaminen la mitad. Y que el 20% restante sean coches híbridos y
eléctricos. Para impulsarlos, la Comisión acaba de aprobar un paquete de 1.000 millones de inversión, 800 para mejorar los
puntos de carga y 200 millones para investigar en baterías. Y han advertido a
los fabricantes que si pierden este reto eléctrico, Europa se verá invadida por
coches híbridos y eléctricos de China, India, Corea, Japón y EEUU. “El
diésel desaparecerá y lo hará más rápido de lo que pensamos. Quien no se
adapte, desaparecerá del mercado”, ha vaticinado la comisaria europea de Industria.
España está muy
retrasada en esta batalla europea por unos coches menos contaminantes.
Primero, porque tenemos una serie de problemas estructurales de partida: tenemos más coches (somos el 4º país del mundo en coches por habitante, 479 por 1.000, sólo por detrás de Italia, 602, Alemania,
510, y Francia, 495), más viejos (la
edad media del parque es de 12 años, frente a 8 en la UE) y más coches diésel (un 60% del parque frente al 40% en Europa), circulando
además en unas ciudades menos extensas (5.700 turismos
por km2 en Barcelona, 2.600 en Valencia o 2.300 en Madrid frente a 1.500
turismos por km2 en Berlín o Roma y 1.300 en Londres). Y segundo, porque el Gobierno Rajoy no toma medidas (deja
el problema a los Ayuntamientos y autonomías) y las que toma son insuficientes.
La última “medida
estrella” del Gobierno Rajoy ha sido aprobar, en noviembre, el Plan Movalt para “incentivar el coche eléctrico”. Y ha destinado la
ridícula cifra de 20 millones de euros,
para ayudar (con 5.500 euros por turismo) a la compra de 5.600 coches
eléctricos (el anterior Plan, el Movea, agotó sus fondos en 24 horas). Y destina otros 15 millones a instalar postes de
carga (no hay) y 15 más a “investigación”. Una miseria de Plan, comparado con las ayudas en el resto de Europa, claramente insuficiente para incentivar el coche eléctrico en
un país donde solo se han vendido 3.205 coches eléctricos entre enero y octubre, el 0,3% de
las ventas, con lo que estamos a la cola de Europa (1,2% de las ventas), muy lejos de Reino Unido (1,7%
ventas), Francia (1,5%), Alemania (1,3%) o Portugal (1,4%) y sólo en línea con
Italia (0,2% venta coches eléctricos), según European Alternative Fuels.
Mientras, estamos a la espera de que el Gobierno Rajoy
apruebe el Plan Aire II (2017-2019), pero por
el borrador que se conoce, es poco ambicioso en los objetivos y carece de recursos para poner en marcha medidas eficaces. Los expertos
creen urgen dos medidas fiscales
contra la contaminación de los coches. Una, subir los impuestos a los
carburantes, porque en España la gasolina paga un 27% menos de impuestos (18 céntimos
menos/litro) y el gasóleo un 25,6% menos
(14 céntimos menos/litro) que la media europea. La otra, cambiar el impuesto de circulación, para penalizar no sólo la emisión de C02
(que hoy penaliza a los coches de gasolina, al emitir un 20% más) sino sobre
todo la emisión de NO2 y partículas
(los coches de gasoil emiten 4 veces más que los de gasolina). Y trazar un Plan
con las grandes refinerías (como hizo Obama en USA), para invertir en reducir las emisiones de los carburantes
mientras persistan los motores de combustión. Y sobre todo, hay que volcarse en
fomentar los coches híbridos y
eléctricos (el Gobierno Rajoy vetó en febrero una proposición no de Ley del PDCat, porque
costaba 17 millones), con más ayudas al comprador y más postes de recarga (sobre todo para
furgonetas de reparto y flotas de empresas), dando ejemplo la Administración
con un mayor uso de los coches oficiales eléctricos, autobuses (sólo 33 en
Madrid) y taxis eléctricos (hay 70 en toda España, entre 67.000 taxis).
Y sobre todo, hay que planificar mejor el transporte público en las ciudades (ver
opiniones viajeros en esta encuesta de la OCU), con más rutas, flotas y personal (recortados desde 2008),
fomentando también su uso vía tarifas y aparcamientos disuasorios, además de
ampliar los trenes de cercanías. Y fomentar las flotas (eléctricas) de coche compartido, junto a promover los carriles
bici, sobre todo en ciudades medianas y pequeñas (hoy colapsadas). Y todo ello sin olvidar nuestras industrias (ver las 10 que más contaminan) y calefacciones,
responsables de ese otro 25% de la
contaminación en nuestras ciudades.
Queramos o no, el
coche es un problema grave para nuestras ciudades y todos tendremos que ayudar,
comprando coches menos contaminantes (mucho más caros) y pagando más impuestos
en carburantes y matriculaciones, peajes de acceso a las ciudades y
aparcamientos. Y en muchos casos, siendo obligados a dejar el coche en casa y
coger el transporte público. Porque lo contrario es envenenarnos. Hay que tomárselo en serio ya. Todos, pero sobre todo el Gobierno y
los Ayuntamientos, cueste lo que cueste.
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lunes, 26 de enero de 2015
Respiramos un aire que mata
Las primeras semanas
de 2015, la contaminación se
agravó en Madrid y Barcelona, saltando
todos los límites por el buen tiempo y la falta de lluvias. Pero no se trata de un problema coyuntural: la mayoría de los españoles (como los
demás europeos) respiramos un aire muy contaminado, que provoca enfermedades y
mata. De hecho, la contaminación provoca 450.000 muertes al año en Europa, de ellas 26.800 en España. Son 20
veces los muertos que causan los accidentes de tráfico. Ahora que se
acercan las elecciones, los partidos volverán a hablar de la contaminación,
pero nadie afronta con seriedad el
problema. Y España está pendiente de varias multas europeas por incumplir
los límites comunitarios. Urge tomar medidas para penalizar el
diésel, cambiar de coche, fomentar el transporte público y obligar a
eléctricas, refinerías y grandes industrias a contaminar menos. Porque en
cuanto crezcamos más y no llueva, el aire será más peligroso. No podemos seguir respirando veneno.
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| enrique ortega |
En noviembre, la Agencia
Europea del Medio Ambiente (AEMA) volvió a dar la voz
de alarma: hasta el 98% de la población europea vive en
lugares que rebasan los límites de contaminación del aire que marca la
Organización Mundial de la Salud (OMS). Y si se toman los límites de
contaminación de la Unión Europea, menos estrictos, un tercio de los
europeos respira un aire
contaminado por encima de los límites UE. Una contaminación que provoca enfermedades (respiratorias,
cardiovasculares, cáncer) y muertes:
sólo en Europa se producen 450.000 muertes al año por la
contaminación, según la
AEMA. Y de ellas, 26.800 son en España,
20 veces más mortalidad que los
accidentes de tráfico (1.131 muertos en 2014). Además, la contaminación deteriora el medio ambiente y las cosechas,
provocando daños a dos tercios de la superficie cultivada en España, según la
AEMA.
En España, un 95% de la población (44,8 millones de
españoles) respira aire contaminado,
que supera los límites marcados por la OMS, según el último informe
de Ecologistas en Acción. Y si se toman los límites de la UE (más laxos), un
tercio de los españoles (36%, 16,8 millones) respiran un aire que infringe las normas europeas. Hay 5
tipos de contaminantes en
el aire que respiramos. El más extendido es el ozono troposférico (O3, el ozono “malo”), producido sobre todo en
verano por la fotooxidación de NO2 y compuestos
orgánicos volátiles (COVs),
procedentes de vehículos, calefacciones e industrias. Media España incumple los límites europeos de O3 (Madrid, sur de
Castilla y León, mitad sur de España, la Rioja, valle del Ebro y Cataluña),
afectando a unos 23 millones de habitantes. El contaminante que más crece es el
dióxido de nitrógeno (NO2), un gas
tóxico que procede en un 80% de los vehículos (diésel) y que afecta a Madrid,
Barcelona y otras 11 grandes ciudades, con 12 millones de habitantes afectados.
Es el
que ha subido mucho este mes de enero.
Y el único contaminante donde España
tiene más porcentaje de población afectada que Europa.
El tercer contaminante, las partículas PM 10 y PM 2,5,
procedentes de los vehículos diésel (35-50%), las calefacciones, centrales térmicas e industrias, es el menos
extendido pero el más grave, porque
las partículas más pequeñas (PM 2,5) penetran fácilmente en el aparato
respiratorio y pueden llegar al torrente sanguíneo. La OMS fija un límite anual
de 10 microgramos por metro cúbico y tanto Barcelona (14) como Madrid (10) lo
han rebasado en ocasiones. El cuarto contaminante, el dióxido
de azufre (SO2) lo producen
sobre todo las industrias (refinerías
y químicas), afectando a la bahía de Algeciras y Tenerife. Y el último contaminante
en detectarse, el benzopireno
(BaP), producido por el uso de estufas de madera y calefacciones de biomasa,
está afectando a 9 de cada 10 habitantes urbanos en Europa, según el estudio de
la AEMA. Y en España hay pocas estaciones
de detección.
Está científicamente
demostrado que estos cinco
contaminantes en el aire afectan muy negativamente
a la salud. El ozono troposférico agrava las enfermedades respiratorias y la contaminación de los motores diésel
causa cáncer de pulmón y de vejiga,
según certificó la OMS en julio de 2012. La contaminación también provoca enfermedades cardiovasculares
y arritmias, asma infantil, problemas en los fetos (bajo peso al nacer),crisis cardiorrespiratorias a los ancianos y
hasta diabetes y obesidad,
según numerosos estudios médicos. Y lo último: en octubre de 2013, la Agencia
de Investigación del Cáncer (IARC) clasificó
la contaminación ambiental como “cancerígena,
sin ninguna duda científica”. De ahí que se estimen 26.800 muertes al año por la contaminación en España, de ellas 2.000 en el gran
Madrid y 3.500 en
las 40 ciudades del área metropolitana
de Barcelona.
Un coste muy alto en vidas humanas, al que
hay que sumar el deterioro del
medio ambiente y los cultivos. De ahí que la contaminación cueste a España entre 20.000 y 42.000
millones al año, según un
cálculo de la AEMA, que estima entre
59.000 y 189.000 millones el coste para toda Europa, entre muertes
prematuras, costes de hospitalización, enfermos, pérdidas de horas de trabajo y
daños en cosechas y medio ambiente. Además, la contaminación puede acarrear más costes a España,
porque estamos pendientes
de tres multas de Bruselas (Tribunal Europeo de
Justicia), una al Estado y dos a los Ayuntamientos de Madrid y Barcelona, por
expedientes abiertos al incumplir desde 2010 la normativa
europea sobre contaminación ambiental. Y Bruselas ha rechazado
el Plan del Gobierno Rajoy que pretendía eximir de cumplir
la normativa europea hasta 2020 a 34 instalaciones industriales, la mayoría
centrales de carbón (la Robla, As Pontes, Anclares o Velilla). Ahora, tendrán que adaptarse o cerrar.
Luchar contra la
contaminación del aire no es fácil
y en Europa hay dos
modelos. Uno, el de París,
Milán o Bolonia, que opta por actuar cuando hay un episodio de
contaminación: dejar circular sólo matrículas pares un día e impares otro,
limitar la velocidad, fomentar las bicis… Y el otro, el de Berlín, Londres, Estocolmo o Copenhague, con medidas más
estructurales: más impuestos al coche, peajes por entrar en las ciudades,
prohibición acceso al centro vehículos “sucios”, rebaja precio transportes
públicos… En España, Madrid
optó en julio por subir el precio del aparcamiento a los coches más
contaminantes y quiere aplicar medidas como las de París en febrero. Y la
Generalitat aplicó en Barcelona
este 9 de enero un protocolo que incluyó reducir la velocidad en vías rápidas
(de 100 a 90), informar al ciudadano e “instar” a las eléctricas y cementeras a
reducir emisiones. Pero no aplicó dos
medidas del protocolo que serían más efectivas: subir un 25% peajes autopistas y aparcamientos municipales y reducir a la
mitad el precio de los transportes públicos.
La normativa contra
la contaminación está en manos de autonomías
y Ayuntamientos, pero es clave que Europa fije unos límites
estrictos, para forzar a cumplirlos. Y, por desgracia, la nueva Comisión Europea ha descartado aprobar
una normativa más estricta contra la contaminación, como le
pide la OMS, el conocido paquete Aire limpio para fijar techos de emisión más estrictos a partir de
2020. Baste decir que el límite legal
europeo para la contaminación por partículas, que ha entrado en vigor en
2015, es el doble del que
existe en EEUU y 2,5 veces el recomendado por la OMS. Y todo ello porque Bruselas
se ha plegado a las presiones de las
grandes industrias, eléctricas y multinacionales del automóvil, que no quieren límites más estrictos de
contaminación, argumentando la crisis y el empleo. De hecho, la nueva normativa
de emisión de coches deja a los fabricantes hasta 2021 para adaptarse. Y
podrán compensar fabricar más contaminantes con fabricar híbridos y eléctricos.
España tiene un
problema de contaminación más grave que el resto de Europa por tres razones. Primera, porque tenemos más coches: somos el cuarto país del mundo con más
coches por habitante (480 por 1.000), tras Italia (602), Alemania (510)
y Francia (495), por delante de EEUU (439) y Japón (450). Segunda, porque nuestros coches son más
viejos y contaminan más: la edad media del parque son 11,3 años (8 años
en la UE) y la mitad de los vehículos
tienen más de 10 años. Tercera, somos
“un
país diésel”: un 60% de vehículos circula con gasóleo,
frente al 37% en Europa. Y dos de
cada tres coches
vendidos en 2014 fueron diésel.
Un carburante que emite seis veces más
de NO2 y partículas PM10 que la gasolina. Además, tenemos un gran parque de
centrales térmicas de carbón (3 están
entre
las 100 empresas más contaminantes de Europa: Andorra, Almería y
Compostilla, las tres de Endesa), químicas
y refinerías (la de Repsol en Tarragona está en ese ranking).
El Gobierno Rajoy aprobó
en abril de 2013 el Plan
Aire 2013-2016, que pretende crear un marco común para todas las
ciudades (cada Ayuntamiento va a su aire)
y promover tres
medidas concretas: limitar la velocidad, poner colores
a los coches (según contaminen) para posibles limitaciones de acceso a
las ciudades y subir el impuesto de
circulación a los más contaminantes. Pero el Plan apenas se ha aplicado, salvo las ayudas a la renovación de vehículos comerciales (Plan PIMA aire)
e industriales (Plan
PIMA Transporte), junto al mantenimiento del Plan
PIVE, que ha renovado 755.000 vehículos entre 2012 y 2014.
Habría que hacer mucho más para
reducir la contaminación. A corto plazo, subir los impuestos al gasóleo como piden Bruselas
y el
FMI (equipararlo con la gasolina supondría subirlo 7 céntimos por
litro), aumentar impuestos a los
coches más contaminantes, limitar la
velocidad en las ciudades, fomentar
el transporte público con mejoras del servicio y bajadas de precios,
subir los aparcamientos y fomentar el uso híbridos y eléctricos
en las flotas de autobuses, empresas y vehículos comerciales. Y a medio plazo,
pactar con las petroleras la fabricación de carburantes menos contaminantes (como ha
hecho Obama en USA) y con los fabricantes la producción más barata de
coches híbridos y eléctricos.
Junto a un Plan de incentivos y créditos para recortar las emisiones de calefacciones colectivas y grandes empresas
(sobre todo eléctricas, químicas, refinerías, acerías y cementeras).
Todo eso cuesta
tiempo y dinero, pero más caro es no hacer nada, en muertes y en costes
múltiples. Y más cuando llegue la recuperación, ya que tenemos el aire muy contaminado cuando el consumo de carburantes y
electricidad ha caído con la crisis.
¿Qué pasará cuando la economía despegue? Hay que afrontarlo
antes, con realismo y sin demagogias
electorales. Tenemos que cambiar
todos, automovilistas, propietarios
de viviendas, transportistas y empresas (sobre todo). No podemos seguir envenenando el aire. Es un suicidio colectivo.
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