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lunes, 5 de enero de 2026

La cuesta de enero: subidas y ayudas

Tras la resaca de compras de estas Navidades, llega la dura realidad de afrontarlos, de hacer frente a tarjetas y pagos. En un mes, enero, donde muchas empresas aprovechan para subirnos casi todo: teléfono e Internet, luz, agua, basuras, billetes de avión, autopistas, taxis, alquileres, tabaco, paquetes y sellos de Correos, seguros…Así que este enero será más difícil llegar a fin de mes. La contrapartida es que también suben los ingresos de casi 10 millones de pensionistas (más los que menos cobran), 3 millones de funcionarios, 2,4 millones de trabajadores que cobran el salario mínimo y las ayudas del ingreso mínimo vital (IMV) que cobran 785.000 hogares, pensiones, sueldos y ayudas públicas que se revalorizan desde el 1 de enero. Y también aumentan las ayudas al transporte, manteniendo las actuales y creando una tarifa plana que permite viajar barato. Ahora, la clave es ver lo que suben los sueldos este año, porque los precios de los alimentos, la vivienda y la energía seguirán altos en 2026.

                            Enrique Ortega

Enero es el mes elegido por muchas empresas para subir sus tarifas y precios, con el argumento de la subida de costes y del aumento del IPC. Y este año, la lista de subidas es muy amplia. Empezando por la subida de las tarifas del teléfono e Internet, que suelen subir dos veces al año. Esta vez, suben con pocos días de diferencia: el 8 de enero las sube Vodafone (+3,9% de media, entre 1 y 5 euros al mes), el 12 de enero Orange (+3,8%, de 1 a 6 euros al mes) y el 13 de enero Movistar (+4%), mientras Digi no las sube. En los últimos años, las telecos justificaban sus subidas en la previsión de aumento del IPC, pero este año suben mucho más (el IPC puede subir un 2,1%) y lo justifican en que les han subido los costes, sobre todo los productos audiovisuales que ofrecen (fútbol y plataformas).

Otra subida que notaremos será la del próximo recibo de la luz, que será diferente según el contrato que tengamos. Los que tienen un contrato de luz en el mercado “libre” (20 millones de clientes) tendrán subidas del 4 al 7% cuando les toque la revisión anual de su contrato, subidas que ya han anunciado Iberdrola, Endesa o las filiales de Repsol, argumentando que a ellos les ha subido la luz en 2025 (y ahora) porque Red Eléctrica obliga a mantener centrales de gas de guardia (más costosas) para evitar un nuevo apagón como el de abril pasado. El resto de clientes, los que están en el mercado regulado (8,4 millones) ya han sufrido en 2025 esta subida y la seguirán pagando en 2026. Y todos pagarán más este año por la subida de los peajes (un tercio del recibo) que fija la Administración: los peajes de acceso subirán un +4,1% y habrá que pagar en el recibo los demás cargos, que también suben.

Si sube la luz, también subirá la factura del agua que pagamos. En Madrid, el Canal de Isabel II ya anunció una subida de la factura del agua del 3% anual hasta 2030, debido a que lleva años sin subirse y tienen que acometer nuevas inversiones. Aigües de Barcelona también ha anunciado una subida del +2,9% para 2026, mientras otros municipios de su área metropolitana también subirán el agua, hasta el 5,8%. Y Aguas de Bizkaia ha anunciado subida de tarifas del 4% en 2026, lo mismo que muchas ciudades de media España.

También subirán en 2026 las tasas de basuras de la mayoría de municipios, que ya han aplicado en 2025 sus nuevas tarifas, mucho más altas que los anteriores, que volverán a subir este año, para ajustarlas paulatinamente a las nuevas exigencias de recogida de residuos.

Y también pagaremos más al viajar en avión, porque las aerolíneas nos cargarán en los billetes la subida del canon aeroportuario que les ha hecho AENA el 1 de enero, un aumento del +6,44% para afrontar las inversiones en los aeropuertos españoles. También será más caro viajar en coche por autopista: los peajes subirán este año un +2,61% al menos, aunque en las autopistas rescatadas por el Estado subirán menos, un +2%. También podría subir este año el impuesto que paga el gasóleo, porque la Comisión Europea obliga a igualarlo con el de la gasolina, aunque el Gobierno no logró aprobar en 2024 el Decreto que los equipara, por el rechazo del PP, Vox, UPN y Podemos. Pero es una reforma exigida para recibir 460 millones de Fondos europeos, por lo que el Gobierno se ha comprometido a intentar aprobar la equiparación antes de finales de marzo. De conseguirlo, el gasóleo subiría 7 céntimos por litro.

El tabaco ya ha subido el 1 de enero, con nuevos precios para los paquetes de cigarrillos, cigarros y picadura (ver nuevo listado de precios por marcas), aunque todavía fumar es más barato en España que en la mayoría de Europa. Y también han subido ya las tarifas de Correos, tanto los sellos (+7,9%: el franqueo ordinario cuesta 96 céntimos, el doble que en 2015), los certificados y los paquetes (+5,5%). Y han subido también los taxis en la mayoría de España, desde Madrid (+2,36%) y Barcelona (+2,3%) a Sevilla, Málaga, Valladolid, Ferrol o Salamanca, lo que se trasladará también a los vehículos VTC.

Con todo, lo más preocupante volverá a ser la subida de la vivienda, tanto para alquiler como para compra. Se espera otra subida de los alquileres del +10% en 2026, que se sumaría a las fuertes subidas de los años anteriores: +40,3% han subido los alquileres de media en España desde 2019 (+50% en Madrid y +46,15% en Barcelona, según Idealista).. Además, muchos contratos de alquiler (por 5 años) se terminan en 2026, con lo que los propietarios intentarán revisar bastante al alza los nuevos alquileres, con lo que se espera “un aluvión de subidas”. Y en cuanto a los precios de compraventa, están ya en niveles prohibitivos: 2.605 euros/m2 de media, pero 5.089 euros/m2 en Barcelona y 5.758 euros/m2 en Madrid. Y podrían subir otro 15% más este año, según Idealista.

Lo que también subirá en 2026 serán las nuevas hipotecas, no sólo porque hay que pedir un mayor importe (el 80% del precio de venta) para afrontar los altos precios, sino porque el Euribor lleva 5 meses consecutivos subiendo (del 2,079% en julio al 2,267% en diciembre), con lo que los bancos cobrarán este año tipos más altos, en torno al 3,5%. Eso sí, los 4 millones de familias que están pagando una vieja hipoteca no tendrán un susto en la próxima revisión anual, porque el Euribor esperado para 2026 (por debajo del 2,5%) será todavía inferior al de 2025.

Y luego hay dos subidas aseguradas para 2026, aunque todavía no podamos decir cuánto. Una es la subida de los seguros, desde el seguro del automóvil y del hogar al seguro de salud, que llevan años subiendo mucho y que volverán  a subir bastante este año, justificándose en el aumento de costes de los talleres y reparaciones, los siniestros en casa y el aumento de los costes médicos en los hospitales privados. Y también están “cantadas” nuevas subidas de los alimentos: frutas y verduras (muy afectadas por el cambio climático y las cosechas), las carnes, los huevos, el café y el chocolate, más la bollería y las bebidas.

En cambio, hay otro gasto importante, el transporte público, que se modera o baja en 2026, por las ayudas que ha prorrogado o ampliado el Gobierno. Por un lado se prorrogan los actuales descuentos al transporte en tren y autobús, manteniendo los descuentos actuales en Cercanías, corta y media distancia y autobús, a los que se añaden un nuevo abono trimestral y un abono de 10 viajes para Cercanías, manteniéndose la gratuidad de todos los viajes para los menores de 14 años (para educar a los menores en el transporte público). Por otro lado, se crea un nuevo bono transporte de 60 euros mensuales (30 euros para menores de 26 años) que permite viajes ilimitados en Cercanías y media distancia de Renfe, además de las líneas estatales de autobuses. Un bono que convive con el resto de ayudas al transporte.

Estas ayudas van a permitir que millones de personas gasten hasta un 75% menos en transporte público en 2026, ahorrándose este año 1.371 millones de euros (el coste de las ayudas). Unas ayudas públicas al transporte que han sido claves estos años, desde 2018 a finales de 2025, en que el Gobierno ha destinado más de 11.000 millones de euros (7.200 millones desde 2022)  a subvencionar los billetes de Cercanías, trenes de media distancia y Avant y los autobuses de líneas estatales, según datos de Transportes.

Un ahorro en transportes que no compensa el rosario de las otras subidas de precios, unas anunciadas y otras silenciosas, que afectarán a nuestros bolsillos en este año 2026. Menos mal que hay colectivos que van a tener también un aumento de ingresos para afrontarlas, básicamente pensionistas, funcionarios y los más desfavorecidos que reciben ayudas públicas, que también se han revalorizado el 1 de enero.

Empecemos por los pensionistas, 9,42 millones de personas que cobrarán algo más por sus pensiones (10,42 millones) ya desde este mes de enero. La subida media de las pensiones es del +2,7% (la subida de la inflación anual de noviembre 2024 a noviembre 2025), lo que supondrá cobrar unos 40 euros más al mes (una jubilación media de 1.512 euros en 2025). Pero los 2,12 millones de pensionistas que cobran pensiones muy bajas, con complementos de mínimos, tendrán una subida mayor: +11,4% para los pensionistas con cargas familiares (y las viudas) y +7% para los que no las tienen. Y para los 471.000 pensionistas que cobran una pensión no contributiva (dos tercios son mujeres), la subida es del +11,4%.

Los 3 millones de personas que trabajan para la Administración Pública cobrarán un +2,5% de subida retroactiva por 2025 y otro +2% de subida salarial en 2026, más otro +4,5% en 2027 y un 2% de subida en 2028, según el acuerdo pactado por el Gobierno, que supone una subida acumulada (por el efecto arrastre) del +11,4% entre 2025 y 2028, un aumento superior a la inflación esperada estos años, para recuperar parte del poder adquisitivo perdido por los funcionarios.

También volverá a subir este año el salario mínimo interprofesional (SMI), que cobran unos 2,4 millones de trabajadores, especialmente mujeres, jóvenes e inmigrantes que trabajan en el campo. De momento, en enero se ha prorrogado el salario mínimo actual (1.184 euros en 14 pagas), a la espera de que el Gobierno apruebe este mes la nueva subida, que se cobrará con efecto retroactivo desde el 1 de enero: los expertos consultados han propuesto que suba entre 37 y 56 euros al mes, mientras la patronal propone una subida de 18 euros (+1,5%) y los sindicatos piden subir 89 euros (+7,5%).

Y también sube el importe del ingreso mínimo vital (IMV) que reciben las familias más vulnerables, actualmente 785.722 hogares (beneficiando a 2,4 millones de personas). En 2025 cobraban entre 658,81 euros un adulto solo y 1.449 euros mensuales las familias numerosas, importes que han subido un 11,4% el 1 de enero, entre 75 y 170 euros más al mes. El problema es que esta ayuda (IMV) sólo llega a la mitad de las personas que están en pobreza severa (4,3 millones, según Cáritas). Y que muchas autonomías han aprovechado el IMV para suprimir o reducir su ayuda, las rentas mínimas de inserción: en los últimos 3 años se han reducido  más de 170.000 beneficiarios y 13 autonomías (Madrid y Aragón en cabeza, un -95%, seguidas de Castilla la Mancha, Castilla y León, Andalucía, la Rioja, Cantabria, Extremadura, Murcia, Asturias, Galicia, Cataluña y Navarra) han reducido su gasto en estas ayudas autonómicas, que sólo llegan a 532.700 personas, el 6,1% de quienes viven en el umbral de la pobreza, según los Directores y Gerentes de Servicios Sociales.

Ahora, la clave para afrontar las nuevas subidas de precios va a estar en los salarios, en la subida que se pacte para 2026. Todo indica que la patronal no ofrecerá una subida por encima del 2% (la inflación subirá el 2,1%, según el Gobierno) y que los sindicatos pedirán una subida mínima del 3,5%, para recuperar parte del poder adquisitivo perdido en los últimos años (los sueldos han subido un 13,45% entre 2022 y 2025 y la inflación un 15,4%). Y, sobre todo, pedirán que suban más los sueldos más bajos, porque el 30% de trabajadores ganan menos de 1.582 euros brutos al mes (y otro 40% ganan entre 1.582 y 2.659 euros brutos), según el Decil de salarios de la EPA 2024. Estos bajos salarios explican que casi la mitad de españoles (el 47,4% de los hogares, según el INE) lleguen con dificultad a fin de mes. Y más ahora, con la oleada de subidas de enero.

En definitiva, volvemos a sufrir subidas de precios en múltiples servicios y gastos, sin que tengamos claro lo que van a subir nuestros ingresos este año, lo que explica que muchos españoles no vean bien su economía (según el CIS) aunque España crezca más que la mayoría de paises occidentales. Eso debería obligar a tomar medidas para “repartir mejor el crecimiento, controlando las subidas más impopulares (alimentación, energía, servicios públicos) y aumentando las ayudas a los más vulnerables, con medidas fiscales para que paguen más los que más ganan y menos los que menos ingresan y viven de un sueldo. Y promover una negociación colectiva que suba más los sueldos más bajos, ahora que muchas empresas pueden hacerlo, porque llevan 5 años mejorando ventas y beneficios. Esas son las claves para que el crecimiento lo noten la mayoría de españoles.

lunes, 18 de julio de 2022

Inflación: culpables, beneficiados y paganos

Los precios siguen disparados, desde EEUU a Europa, dañando las cuentas de las familias y recortando el crecimiento. La inflación en España supera el 10%, aunque el petróleo y la luz se moderan, porque suben carburantes, alimentos y casi todo. Y seguirá alta en julio y agosto, por el turismo y la mayor demanda. La culpa no es sólo de Putin y la guerra: los hoteles suben un +45% anual, por ejemplo. Las empresas aprovechan para subir márgenes tras la pandemia y son culpables del 83% de la inflación. Eso ha disparado los beneficios de eléctricas, petroleras, gasistas, intermediarios y supermercados, no del campo. Mientras, todos somos un 10,2% más pobres, en especial las familias con menos ingresos, donde pesa más el gasto de alimentos, luz, energía y vivienda. El Gobierno ha tomado nuevas medidas para compensar a los más perjudicados y subir impuestos a los más beneficiados. Pero queda vigilar la formación de precios, evitar subidas injustificadas a costa de nuestro bolsillo. No todo debe subir.

Enrique Ortega

Hoy se cumplen 140 días de la guerra en Ucrania (estancada) y el mundo se encuentra en medio de otra crisis, sobre todo Europa, provocada por una inflación imparable, con subidas de precios del +9,1% en EEUU (la más alta desde 1981) y el +8,6% en la zona euro, la más alta en décadas. El petróleo ha amainado sus subidas (cuesta ahora sólo un 3,3% más que antes de la invasión), pero los carburantes siguen disparados, porque faltan productos refinados y ha subido la demanda. Lo peor está en el gas, que casi ha duplicado su precio en el último mes y medio, por el temor a que Putin corte el suministro a Europa. Y eso tira al alza del precio de la luz en todos los paises, que ven subir también los alimentos y todos los productos de forma imparable.

Todo apunta a que julio y agosto seguiremos con una alta inflación, derivada del mayor consumo de energía (subirán más los vuelos y carburantes), luz (por las olas de calor) y alimentos, así como hoteles, ocio y servicios. Y no ayuda la caída del euro, que cotiza a la par que el dólar (1x1: en 2008 nos daban 1,5 dólares por euro) que se ha convertido en “moneda refugio”, apoyada por tipos de interés más altos (1,5-1,75% frente al 0% en Europa): todos los artículos de importación, desde el petróleo y el gas a los coches o medicamentos, son  ahora más caros, habrá que pagar más euros por ellos (el euro se ha depreciado -11,3% desde la invasión de Ucrania). Y esto es más preocupante para España, que importa más (342.787 millones) de lo que exporta (316.609 millones).

En medio de esta tormenta de inflación mundial, en España suben algo más los precios que en el resto de Europa: +10,2% de inflación anual en junio, por encima del +8,6% estimado para la zona euro, el +8,5 % de Italia, +8,2% de Alemania y el +6,5%% de Francia, un fenómeno que es habitual (solemos tener más inflación), debido a la menor competencia, la estructura económica (más peso de los servicios) y a los mayores márgenes empresariales en España. Con todo, los “culpables” de la inflación son casi los mismos: los carburantes (el gasóleo ha subido un +42,7% anual y la gasolina un +34,4%), la electricidad (+33,4% anual), los vuelos internacionales (+16% anual) y los alimentos (+12,9%), en especial aceites (+37%), pastas (+28,8%), huevos (+23,9%), frutas frescas (+19,3%), cereales (+18,4%), pollo (+14,1%), legumbres y hortaliza (+14%), pan (+13,9%), vacuno (+13,1%) y patatas (+10,8%), según el INE. Pero ojo: lo que más sube en España el último año son los hoteles: +45%, un alza que poco tiene que ver con la guerra y mucho con recuperarse de la pandemia.

La mayor subida, los carburantes, ha ido a peor en el último mes y medio, aunque llevemos dos semanas con ligeras bajadas. Pero seguimos pagando más por la gasolina y el gasóleo que en el resto de Europa: 2,072 euros litro la gasolina (1,960 euros de media en la UE-27) y 2,022 euros litro el gasóleo (1,952 en la UE-27) y no es por los impuestos (sin impuestos, pagamos 68 céntimos más cara la gasolina y 59 euros más caro el gasóleo).  Con estos precios, recogidos por el Boletín Petrolero europeo, la gasolina está ya 48 céntimos más cara (+30,3%) que antes de la invasión de Ucrania y el gasóleo 54 céntimos más (+36,7%). Y eso, a pesar de que el petróleo está ahora casi en los precios de antes de la guerra (97,89 dólares), aunque suben los productos refinados y el margen bruto de las petroleras.

La otra gran subida, la de la luz, sigue ahí, pero se ha “atemperado” tras la entrada en vigor del tope al gas por la “excepción ibérica”. En España, la luz tuvo un precio medio en el mercado mayorista de 197,2 euros MWh del 1 al 14 de junio y del 15 de junio (cuando entró en vigor el tope al gas) al 30, ha costado 145,5 euros de media. Pero como los consumidores tenemos que pagar ahora una compensación por el tope, el precio final de la 2ª quincena será de 236,8 euros MWh… más caro que antes. Pero ojo, si España no hubiera conseguido esta excepción ibérica, este precio habría sido de 275,9 euros MWh. Así que los consumidores, aunque pagamos más que en mayo, nos hemos ahorrado en junio un -16,7% sobre lo que habríamos pagado sin tener el tope al gas, según el Gobierno. De hecho, el precio mayorista de la luz medio de junio en España (236,8 euros, con compensación) es mucho menor al que han tenido Alemania (262,45), Francia (303,56) e Italia (320,80 euros MWh).

En definitiva, que hemos pagado más cara la luz en junio (subió el recibo un 9,1%, según el INE) pero hubiera subido mucho más si Europa no nos hubiera autorizado el tope al gas, lo que permite a España y Portugal tener ahora la luz más barata del continente (aunque sea carísima). Y lo más importante es que a medida que ruede el tope al gas, se notará más. Así, en las cotizaciones para el 4º trimestre de 2022 (los "futuros"), el precio mayorista de la luz en España (sin compensación) se mantendrá en los 147 euros KWh, frente a los 362 euros que se anticipan para Alemania y los 787 euros para Francia… Eso sí, si Putin corta el suministro, habrá que pagar más de compensación por el tope al gas, pero seguiremos con precios más bajos que el resto de Europa. Por eso Italia y Francia piden extender “la excepción ibérica”.

El tercer gran bloque de subidas, los alimentos, ha ido a peor, con una subida adicional en junio del +1,8%, sobre todo por las frutas (+11%), mientras siguen disparados los precios de aceites, pastas y cereales, huevos y carnes. Pero no es porque agricultores y ganaderos suban precios, aunque les hayan subido los carburantes, la luz, los piensos y fertilizantes. Ellos se quejan de que las subidas que pagamos en el supermercado no les llega a ellos, sino que se quedan por el camino: intermediarios, industrias agroalimentarias, hipermercados y súper. Y cada mes aportan una estadística para demostrarlo, el IPOD, que publica COAG, sobre la diferencia entre los precios en origen y destino de los alimentos.

Según el IPOD de junio, los consumidores pagamos por los productos agrícolas 4,6 veces lo que reciben los agricultores y 2,79 veces más de lo que reciben los ganaderos. Veamos algunos ejemplos: naranjas (de 0,15 euros kilo al agricultor a 1,48 euros de venta: +887%), ajos (de 0,70 a 5,94: +749%), lechuga (de 0,18 a 1,10 euros: +511%), patata (de 0,20 a 1,35: +575%), ciruela (de 0,66 a 4,37: +562%), sandía (de 0,36 a 2,17: +503%), tomates (de 0,66 a 2,46: +273%), aceite de oliva (de 3,38 a 5,11: +51%) ternera (de 4,98 euros a 17,22: +246%), cerdo (de 1,64 a 6,18%: +277%) o leche (de 0,40 a 0,80: +100%)…

¿Por qué suben tanto los precios? Las subidas de la energía, alimentos y materias primas, ya desde agosto pasado y aceleradas por la guerra de Ucrania,  explican parte de la inflación, pero no toda, como se ve claro en la subida de los hoteles, restaurantes y bares (¡disparados¡). Un reciente informe de CCOO, hecho a partir de los datos del INE, revela que el 83,4% del aumento de los precios se debe a la subida de los márgenes empresariales, mientras que los salarios (suben un 2,42% en los convenios firmados en 2022) sólo son culpables del 13,7% de las subidas (y los impuestos del 2,9% restante). Y lo más importante: esto ya pasaba antes de la guerra de Ucrania: en el 4º trimestre de 2021, los márgenes empresariales eran responsables del 106,3% de las subidas de precios.

A lo claro: las empresas han aprovechado el repunte de consumo de 2021, tras las escasas ventas de la pandemia, para recomponer sus márgenes y subir precios, les suban los costes o no (poco en el caso de hoteles y muchos servicios), “aprovechando” la guerra y el aluvión de subidas. El informe revela que los márgenes empresariales han subido más en España que en Europa, sobre todo en las empresas energéticas (han subido márgenes un +60,4% en España frente al +46,5% en la eurozona), los bancos y financieras (han subido sus márgenes un +25,7% en el último año en España, frente a una caída del -0,6% en la eurozona) y el sector manufacturero (+7,4% subida márgenes en España frente al +1,3% en la eurozona). Y también han subido márgenes el comercio, los transportes y la hostelería.

Así podemos perfilar  una lista de “culpables” de la inflación, además de Putin y la guerra. Y esto se traduce en otra lista similar de “beneficiados” por la inflación, empresas y sectores que ahora ganan más, como reflejan sus cuentas públicas. En cabeza, las empresas energéticas: las 6 grandes energéticas del IBEX (Iberdrola, Naturgy, Endesa, Repsol, Cepsa y Enagás) ganaron 10.097 millones de euros en 2021, cuatro veces los beneficios de 2020 y 2019. Y en el primer trimestre de 2022, Repsol ha duplicado sus beneficios (1.392 millones) y Cepsa los ha triplicado (265), mientras Iberdrola los aumentó un 3% y Naturgy, Endesa y Enagás los reducían por temas regulatorios o por no tener extraordinarios (Endesa espera ganar 1.800 euros este año, un 25,4% más que en 2021). Faltaría añadir los beneficios de algunas industrias agroalimentarias, híper y supermercados.

Tampoco podemos olvidarnos de la banca, aunque algunos digan que no se benefician de la alta inflación. Pero sí de la subida de tipos, que ha aumentado el Euribor desde finales de 2021, encareciendo créditos e hipotecas. Por eso, este primer trimestre de 2022, los 5 grandes bancos (CaixaBank, Santander, BBVA, Sabadell y Bankinter) han ganado 5.262 millones de euros, un +56,04% más que al inicio de 2021 (su mejor año desde 2007, con 19.866 millones de beneficios, tras perder -5.500 millones en 2020). Y ahora, con la subida de tipos que va a aprobar el BCE el 21 de julio, aún ganarán más. Sobre todo porque durante la pandemia se han financiado en el BCE al -0,1% (para asegurar que prestaran) y ahora, al subir los tipos, van a cobrar más por estos depósitos en el BCE y por los créditos. De hecho, algunos expertos les auguran un beneficio extra por este dinero barato de 24.000 millones de euros, con lo que el propio BCE está pensando en ponerles alguna penalización (o impuesto).

Ya sabemos algo más de los culpables y beneficiados por la inflación. Más sencillo es saber quiénes somos “los paganos” de las subidas de precios: los consumidores, ahora un 10,2% más pobres. Si en 2021, el gasto medio de cada familia fue de 29.244 euros (INE), eso significa que la inflación se ha comido ya casi 3.000 euros por hogar. Pero ojo, la subida de precios no es igual para todos: afecta más a las familias más vulnerables, que son las que gastan más (porcentualmente) en lo que más está subiendo. Así, el 20% de las familias con menos ingresos gastan el 64,3% de su presupuesto en vivienda, energía y alimentos, mientras que el 20% más rico sólo gasta en estos bienes y servicios básicos el 41,7% de su presupuesto, según el INE. Así que la inflación va por barrios,  afecta desigualmente a los españoles.

Por eso, las medidas de los Gobiernos para paliar la inflación no deberían ser generalizadas sino selectivas, dirigidas a las familias más vulnerables, como defienden desde hace meses el FMI, la OCDE y la Comisión Europea. El Gobierno Sánchez se ha apuntado a esta tesis, aunque sin olvidar a la clase media, a la mayoría de los votantes, la razón por la que bajó los impuestos a la luz y subvencionó los carburantes (una medida “popular” pero que beneficia más a los que más tienen). Y ahora, al aprobar un 2º paquete de medidas, ha optado por dos que ayudan más a los más perjudicados: abono gratis de cercanías y media distancia de Renfe entre septiembre y diciembre y 100 euros adicionales de beca (de septiembre a diciembre) al millón de jóvenes con beca estatal (de familias con menos ingresos).

Y además, el Gobierno ha apostado por otra medida clave: aprobar (antes de fin de año) un impuesto especial a los sectores y empresas que se benefician de la inflación (eléctricas, petroleras, gasistas) y a la banca, para recaudar 7.000 millones de euros en dos años (2022 y 2023) con los que pagar parte de las medidas contra la inflación (costarán más de 20.000 millones de euros al Estado).Una medida que parece “justa”, aunque el PP critica que es fruto de “la podemización del Gobierno”. Lo que no dicen es que este impuesto a los beneficios extraordinarios de algunos sectores (no “caídos del cielo”, sino de “nuestros bolsillos”) lo propuso la Comisión Europea hace meses y lo aplican ya varios Gobiernos europeos conservadores: Reino Unido, Italia, Grecia y Rumanía (a las empresas energéticas), junto a Hungría (a la banca, telecos y aerolíneas), mientras lo estudia también  Bélgica.

Las nuevas medidas, más la bajada de impuestos, los 20 céntimos al carburante y el tope al gas, junto a los futuros ingresos extras, ayudarán pero son insuficientes. Porque los culpables de la inflación (la guerra, la imparable subida de la energía y los márgenes disparados) siguen ahí, minando nuestros bolsillos. Habría que tomar nuevas medidas a nivel internacional (G-7 y G-20), como un gran acuerdo para aumentar la oferta de crudo y gas no ruso en los mercados, para frenar los precios (la visita de Biden a Arabia Saudí va en esta línea). Y a nivel europeo, aprobar planes de ahorro energético y diversificación del suministro para este invierno, más drásticos de los inicialmente previstos. Y en España, el Gobierno debe vigilar a fondo la formación de precios, en la energía, los alimentos y los principales componentes del IPC, para que no haya empresas que quieran mejorar sus márgenes y beneficios a costa de nuestros bolsillos.

La verdad es que las grandes empresas españolas no han dado muestras de ser muy “patriotas”, de pensar en los consumidores. Basten tres ejemplos deplorables. Uno, la multa de 203 millones impuesta por la Comisión de la Competencia (CNMC) a las 6 grandes constructoras (ACS, Dragados, FCC, Ferrovial, Obrascón Huarte y Sacyr) por acordar precios… ¡durante 25 años (desde 1992): ¡ se han  reunido semanalmente para acordar el reparto de concursos públicos de carreteras, puertos, aeropuertos, hospitales y otras infraestructuras, encareciendo el coste de estas obras públicas (a los contribuyentes). Otro, las multas impuestas por la CNMC a Repsol y Cepsa por pactar precios, la última (de 2015) anulada la semana pasada por el Supremo por haber excedido el plazo al presentar el expediente (no porque no fuera verdad). Y el tercero, la reciente apertura de juicio oral en la Audiencia Nacional contra 4 directivos de Iberdrola por un presunto delito contra el mercado y los consumidores por encarecer artificialmente el precio de la luz en 2013…

Igual son casos aislados, pero parece evidente que hay muchas empresas y sectores que están subiendo injustificadamente márgenes y precios. Una operativa que sólo se puede frenar de dos maneras: con la zanahoria de un “pacto de rentas” (patronal y sindicatos se comprometen a no subir márgenes y salarios para contener precios), que no ha salido cuando lo ha propuesto el Gobierno, o con el palo de una vigilancia generalizada de los precios, para descubrir fraudes como los ya detectados antes en eléctricas, petroleras y constructoras, así como subidas injustificables, lo que exige dotar de más medios a la CNMC. Y otra medida eficaz sería fijar precios máximos (temporales) en algunos bienes y servicios básicos, como ya se hizo con las mascarillas y geles, los test de antígenos, la bombona de butano, el gas o la revisión de alquileres. Cuando el sacrosanto “mercado” abusa, más control.

En resumen, tenemos precios altos para rato y conviene saber por qué suben, quien se beneficia y qué podría hacerse para atajar las causas de fondo, porque no vale con poner parches bien intencionados. Al final, se trata de repartir mejor los costes de la inflación. Que no ganen unos pocos a costa de la mayoría.

lunes, 1 de agosto de 2016

Verano 2016: todo lleno de turistas y más caro


Los que cogen vacaciones (sólo 6 de cada 10 españoles) se van a encontrar todo lleno, sobre todo islas y costas. Y eso porque este verano vendrán a España 2,5 millones más de turistas extranjeros, la mitad  “prestados” por Turquía, Egipto, Túnez, por su inseguridad. Pero España corre el riesgo de “morir de éxito”: se teme un colapso en los aeropuertos y hay zonas, como Barcelona o Mallorca, donde la invasión de extranjeros agobia. Además, el cartel de “completo” ha disparado los precios de todo para este verano. Por eso, los españoles gastarán más y lo compensarán cogiendo menos días de vacaciones. Al final, 2016 será el cuarto año consecutivo de récord de turistas, 74,7 millones, casi el doble que en 2010. Pero al sector le preocupa que los turistas gasten menos y piden una reconversión para modernizar la oferta y conseguir un turismo de calidad. Menos turistas que gasten más y vengan todo el año, no un turismo masivo “low cost”. No matemos la gallina de los huevos de oro.
 
enrique ortega

La mitad del negocio turístico, la primera industria española, lo sostienen los turistas extranjeros. Y este verano se espera un aluvión de llegadas, que vengan 2,5 millones más que el pasado, 27,5 millones entre julio y septiembre. La mitad de estos nuevos turistas son “prestados”, según la patronal turística Exceltur: familias europeas que antes viajaban en verano a Turquía, Egipto, Túnez o Grecia y que este año vienen a España huyendo de posibles ataques terroristas y de los refugiados. También ayuda este año la bajada de los billetes de avión, que reflejan por fin la caída del petróleo, aunque juega en contra la subida del euro frente al dólar (un +2,7% sobre el verano pasado) y la libra (ha caído un 13,3% este año y un 18,5% sobre julio de 2015). Casi la mitad de los turistas extranjeros que vengan serán británicos (23%) y franceses (16%) y se espera un aumento de alemanes y nórdicos y que se recupere el turismo ruso (que antes iba a Turquía). Este turismo extranjero se va a concentrar este verano en Baleares, Canarias, Andalucía, Cataluña, el litoral valenciano y murciano y en el País Vasco, según las previsiones de Coyuntur.

La otra mitad del negocio turístico lo mantienen los españoles, que van a viajar más este verano, tras varios años de pocas vacaciones. Eso sí, sólo 6 de cada 10 españoles cogen vacaciones, porque el 40% de las familias (8,3 millones de hogares) no pueden costearse ni una semana (y en Canarias, Andalucía y Murcia, más de la mitad de las familias no toman vacaciones), según la Encuesta de Condiciones de Vida del INE. Ya en Semana Santa y en primavera se ha notado un mayor gasto turístico y se espera una mayor afluencia de españoles en Baleares, Canarias, Andalucía, Levante y hasta en el norte de España. También habrá más españoles que viajen fuera, sobre todo por Europa, ante el abaratamiento de los vuelos, pero el 70% de los españoles se quedará de vacaciones en España.

Y además de sufrir la invasión de turistas extranjeros, notarán que han subido mucho los precios, como ya empezó a pesar el verano pasado, tras años de estancamiento e incluso caídas de precios. Ya lo notaron al reservar el hotel (cuyas tarifas han subido entre un 5 y un 10%, superando ya las de 2008) o el apartamento, que ha subido un 11% este verano (según Tecnitasa), con un precio medio de 664 euros por semana (que se duplica en las islas). También han subido los alquileres de coches, el ocio, los bares y restaurantes. Por todo ello, la mayoría de las familias españolas han optado por controlar sus gastos (buscando destinos más baratos) y a la vez recortar sus vacaciones, con una media de 7 a 10 días.

Entre el aluvión de extranjeros y la recuperación del turismo nacional, este será otro verano récord de turistas y otro año récord. El sector apuesta por cerrar 2016 con 74,7 millones de turistas, 6,5 millones más que en 2015, según la patronal Exceltur. Y eso supondría que el PIB turístico crecería este año un 4,4%, casi el doble que el conjunto de la economía (+2,7%). Pero el sector no se engaña: un 30% de este crecimiento (1,4% del PIB turístico total) se debe a los turistas “prestados” por Turquía, Egipto, Túnez y Grecia, que aportarán más de la mitad de los nuevos turistas que vengan a España este año (3,7 millones de los 6,5 millones más) y de lo que se gasten más (1.500 millones de euros de los 2.700 millones extras previstos). Y lo advierten porque, en cualquier momento, estos turistas “prestados” pueden perderse, si se reduce la amenaza terrorista en algunos paises competidores.

La otra preocupación del sector turístico español es que cada año vienen más turistas pero gastan menos: el gasto medio por turista ha caído a 692 euros en junio de 2016, frente a un gasto de 804,7 euros en 2011 y 1.108 euros en el año 2000, según datos de Exceltur a partir de las estadísticas del Banco de España. Y el gasto diario está sólo en 88,37 euros. Ello se debe a dos factores. Uno, el fundamental, que los turistas vienen por menos días (la estancia media ha bajado a 6,9 días) y el otro, que gastan menos. Y este menor gasto se debe al crecimiento del turismo “low cost”: los turistas que vienen en vuelos de bajo coste gastan menos que los que llegan en vuelos normales, también los que vienen sin paquete turístico y los que vienen a apartamentos no reglados en vez de a hoteles y alojamientos oficiales.

Precisamente, una de las mayores preocupaciones del sector turístico es el “boom” de los apartamentos particulares alquilados por extranjeros (y españoles) a través de plataformas de Internet (Airbnb, HouseTrip, Only-apartments, Homeaway, Niumba…). De hecho, en España ya hay 2,7 millones de apartamentos de este tipo frente a 2,4 millones de plazas en alojamientos regulados. Y la patronal turística se queja de competencia desleal y de falta de regulación y garantías para los turistas, añadiendo que evaden a Hacienda el pago de 800 millones anuales. Y piden una regulación homogénea en todas las autonomías, que les obligue a dotaciones, garantías y pago de impuestos como los demás. Pero, mientras, están llenos (sobre todo en Barcelona) y son el destino de un turismo que apenas gasta en España.

El Gobierno Rajoy lleva varios años presumiendo de los récords de turistas extranjeros, que han pasado de los 46 millones que llegaron el año 2.000 a los 74,7 millones que se esperan en 2016, que será el 4º año consecutivo de récord de turistas. Pero el sector no es tan triunfalista. Por un lado, advierten de que España puede “morir de éxito”. Primero, porque las infraestructuras no den abasto ante la avalancha. De hecho, los controladores aéreos ya han alertado que faltan medios para atender a tantos vuelos como los programados este verano. Y además, el aluvión de turistas ya está provocando el hartazgo de los vecinos en algunas zonas de España, como el centro de Barcelona o algunas partes de Mallorca (Magaluf). Si no se controlan las llegadas, se puede producir un “empacho turístico” muy negativo.

Pero el éxito del turismo español encubre más problemas. Quizás el más preocupante, que la primera industria del país no es capaz de crear empleo suficiente, estable y bien pagado en el segundo país con más paro de Europa. A pesar de los récords, el empleo turístico sólo ha crecido en 88.124 personas en 2016 (enero-junio), aunque supone 1 de cada 5 nuevos empleos que se crean. Y se trata de un empleo casi todo temporal (95%) y por horas (el 35%), con mucho fraude (contratos de camareros por 4 horas que trabajan 12 y cobran 8) y sueldos muy bajos: un trabajador de hostelería gana de media 13.636 euros brutos al año, según el INE (2014), un 41,4% menos que el sueldo medio en España (22.858 euros brutos). Y mucho del empleo tiene baja formación, lo que perjudica la calidad de la oferta turística.

Otro serio problema del turismo español, a pesar de tanto récord, es su gran estacionalidad: en verano llegan el 80% de los turistas extranjeros, cuando el turismo estival supone el 70% de las llegadas en todo el mundo. Y además, está muy concentrado en 6 autonomías: Cataluña, Baleares, Canarias y Andalucía captan el 73% del turismo extranjero y si les añadimos la Comunidad Valenciana y Madrid, acaparan el 90,45%, quedando menos del 10% para las 11 autonomías restantes. Y muchas de esas “regiones turísticas estrella” tienen ya una oferta turística deteriorada, con hoteles e infraestructuras viejos, que habría que remodelar y modernizar, para lo que el sector pide un “Plan Renove”, una reconversión, con ayudas públicas y fondos europeos (del Plan Juncker, que está bastante parado). Y en paralelo, una política turística volcada en captar nuevos mercados, como Asia y América, ya que el 89,6% de los turistas que vienen a España proceden de Europa.

Y luego, hay que recomponer la oferta, para que España no sea sólo un destino de turismo de sol y playa (que siempre será) sino que también atraiga un turismo de negocios (que gasta el doble), cultural, deportivo, gastronómico, de compras o sanitario, para atraer visitantes de más calidad y mayor gasto todo el año. Eso requiere a las empresas españolas reordenar y modernizar su oferta y digitalizar la industria turística, utilizando Internet como palanca comercial y de marketing, tratando de captar un mayor trozo del pastel turístico español, cuya mayor tajada se la quedan los tour operadores extranjeros (alemanes y británicos), que controlan las llegadas y la mayoría del gasto de los extranjeros que vienen a España.

Un año más, hay que alegrarse de que el turismo vaya bien y bata récords: da trabajo directa o indirectamente a casi 3 millones de españoles. Pero hay que pensar seriamente si no se ha llegado demasiado lejos con tanto récord, si esta industria no debe repensar su futuro, junto al Gobierno y las autonomías, para no “morir de éxito”, para no convertirse en un país atiborrado de turistas, que acaben agobiados por tanta gente y unos precios disparados. Y que matemos “la gallina de los huevos de oro”. El sector pide un Plan de futuro, a 20 años vista, que planifique qué turismo queremos y cómo conseguirlo. Debería ser otra de las prioridades del futuro Gobierno. No hay que dormirse en los récords.

miércoles, 16 de enero de 2013

La cuesta de enero durará todo el año


Antes de la crisis, hablábamos de la cuesta de enero: los gastos extra de la Navidad hacían difícil llegar a fin de mes. El problema ahora es que todo 2013 será una gran cuesta de enero, porque los precios no dejan de subir (luz, agua, carburantes, transportes o servicios), como los impuestos, tasas y cotizaciones, mientras los salarios y pensiones se congelan o bajan y hay más españoles sin ingresos por quedarse en paro. Con ello, en 2013 volveremos a perder poder adquisitivo, después de haberse comido la inflación en 2012 un euro diario de nuestro sueldo, pensión o desempleo. Y España es el tercer país europeo que ha perdido más poder adquisitivo con la crisis. Urge un Plan de choque contra las subidas de precios, para rebajar la inflación, que sube por los márgenes empresariales y costes, no por los salarios.
enrique ortega

En 2012 se ha repetido el peor de los escenarios: una economía en recesión con precios altos. El IPC cerró en el 2,9%, medio punto más que un año antes (2,4% en 2011), por la subida del IVA en septiembre, junto al alza de carburantes, alimentos, medicamentos y tasas universitarias. Con ello, la mayoría de españoles han vuelto a perder poder adquisitivo en 2012. Los 8 millones de pensionistas, a los que su pensión subió el 1% en 2012, han perdido unos 15,80 euros al mes (1,9% sobre la pensión media, 831,64 euros mensuales), 221,20 euros en el año. Los 3 millones de parados que cobran algo (la otra mitad no cobra nada) han perdido entre 8,10 euros (los que cobran un subsidio asistencial de 426 euros) y 25 euros al mes (subsidio contributivo, 862,20 euros), unos 300 euros al año. Y de los 14,2 millones de trabajadores asalariados, los 3 millones de funcionarios con el sueldo congelado han perdido toda la subida del IPC (2,9% de su salario), más la extra de Navidad. El resto, cuya subida salarial media (convenios) hasta noviembre era del 1,29%, habrán perdido un 1,61% de su sueldo: si el salario medio neto es 1.345,44 euros (INE 2011), eso supone una pérdida para 11,2 millones de trabajadores de 21,65 euros mes, 303 euros en el año.

En resumen, que la inflación se ha comido casi un euro al día de nuestros ingresos en 2012, unos 43.000 millones de euros, según algunas estimaciones. Y desde 2010, España es el tercer país europeo donde los salarios han perdido más poder adquisitivo: un -6% (2010-2012), tras Portugal (-10%) y Grecia (-20%), mientras crecía el poder  adquisitivo en países del norte, como Alemania (+1,5%).

El año 2013 ha empezado con nuevas subidas de precios: luz (sube en enero por triplicado, del 3 al 8% según usuarios, y volverá a subir varias veces más este año), carburantes (han subido entre 3,5 y 4,5 céntimos por litro al caducar la exención fiscal a los biocombustibles), el agua (+18% en Barcelona y el 4,2% en Madrid), peajes de las autopistas (+2,4% las estatales y +3,5% las de la Generalitat, tras encarecerse +13,5% en las tres subidas de 2012), tasas aeroportuarias (+6,3%, 0,85 euros por billete), trenes de cercanías y regionales (+3%), metro y autobús, cuota de abono del teléfono fijo (+2,9%, que repercutirá en la tarifa del ADSL) y tarifas de Correos (+2,95%), sólo en enero. Y hay que añadir las subidas de tasas que han hecho Ayuntamientos y autonomías: basuras, aparcamientos, grúa, multas, servicios funerarios, talleres y escuelas municipales, polideportivos…

Además, en 2013 pagaremos más impuestos. Se mantiene la subida del IRPF, que supone una reducción de ingresos de 250 euros para un sueldo bruto de 30.000 euros (1.850 euros netos en 14 pagas), a sumar a los 250 euros perdidos en 2012. Además, seguiremos pagando  la subida del IVA y el impuesto de Patrimonio, salvo en Madrid. Las autonomías han bajado las deducciones autonómicas del IRPF y han subido para este año el impuesto de sucesiones (que recupera Castilla y León) y los impuestos de transmisiones y actos jurídicos documentados, estableciendo nuevos impuestos Cataluña, Baleares y Comunidad Valenciana. Y los Ayuntamientos, suben este año el IBI, entre el 7% (Madrid) y el 10% (Valencia), además de actualizarse el catastro en 200 ciudades, a 2.5 millones de propietarios. Y también suben el impuesto de plusvalías (+50% en Madrid), el de actividades económicas (IAE, un 2%) y múltiples tasas y servicios.

Y recordemos que en 2013 volverán a subir las tasas universitarias y se aplicarán las nuevas tasas judiciales, que se suman al copago farmacéutico (y al re-copago en Madrid y Cataluña) y a varios copagos sanitarios. Además, la Seguridad Social ha subido sus cotizaciones en 2013: un 5% las bases máximas de cotización  y un 0,6% las mínimas.

Subidas de precios y más impuestos, cotizaciones, tasas y copagos para unas familias con los mismos ingresos o menos. Por un lado, en 2013 habrá otros 467.648 españoles que perderán su empleo (según las previsiones de la Comisión Europea), sobre todo en el sector público. Y los 3 millones de parados que cobran desempleo volverán a perder ingresos, tanto por la inflación como por la reforma que ha reducido su subsidio (cobran menos a partir del 6º mes y sólo el 50% de la base reguladora). Y se temen nuevos recortes a los parados este año. Los 8 millones de pensionistas también perderán poder adquisitivo, sobre todo los que ganan más de 1.000 euros (el 30%), cuya pensión subirá el 1% (el resto, el 2%). Los funcionarios, con el sueldo congelado por tercer año, volverán a perder todo lo que suba el IPC en 2013: un 2,1 % según la estimación de la Comisión Europea. Y los 11,2 millones de asalariados restantes podrían tener una subida máxima del 0,6% (II Acuerdo patronal-sindicatos), aunque la mayoría de empresas congelarán salarios o incluso los bajarán.

Con ello, la mayoría de las familias tendrán todavía más difícil llegar a fin de mes en 2013, ya que la inflación y los impuestos se comerán parte de sus menguantes ingresos. Eso, además de hacernos más pobres, tiene un efecto nefasto sobre la economía: caerá más el consumo y no se reanimarán las ventas y la inversión. Empeora la recesión y se agrava el paro. Por eso, inflación con recesión (estanflación)  es el peor  de los mundos.

Hace falta estimular el consumo y la economía y para ello es urgente contener la inflación y bajar impuestos y tasas a los que menos tienen (subiéndoselos al resto). Poner en marcha un Plan de choque contra la inflación. La culpa de los precios altos no la tienen los salarios (están subiendo un 0,7% en los últimos convenios pactados), sino los márgenes empresariales (crecen un 3,5% frente al 0,6% los salarios, según el INE) y los costes, tanto energéticos como financieros, de transporte y comercialización. Y falta competencia y transparencia en la fijación de precios, con demasiados monopolios de hecho (luz, gas, carburantes, agua, telefonía…).

Salarios chinos e inflación alemana no nos hace más competitivos sino más pobres. Y así no hay consumo ni ventas ni economía que se recupere. Pero ni Bruselas ni Rajoy quieren verlo. Y con ello, la cuesta de enero nos va a durar hasta finales de año. Por lo menos.