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lunes, 2 de diciembre de 2024

Mayores 55 años: más activos pero relegados

Las plantillas de las empresas españolas han envejecido y ahora 1 de cada 5 trabajadores tienen más de 55 años, 2 millones más que hace 10 años. Y este verano se ha superado el récord de mayores “activos”, que trabajan o buscan trabajo (5,1 millones). Muchas son mujeres que buscan recuperar el trabajo perdido y sumar ingresos en casa, aunque las mujeres mayores de 55 años están tan discriminadas o más que las jóvenes: tienen menos trabajo y peores empleos, ganan menos, tienen más paro y cobran menos y reciben menos pensiones que los trabajadores mayores. Pero todos, mujeres y hombres mayores, tienen el mismo problema: las empresas no los quieren, tratan de que se vayan o se jubilen y no los contratan si están parados. Aumenta el “edadismo” en la economía, que relega a muchos mayores a seguir parados hasta la jubilación. Urge un Plan para promover el reciclaje y la contratación de estos millones de personas "mayores", para aprovechar su talento y su experiencia.

                       Protesta trabajadores mayores 55 años                            Información Alicante

España tiene una población cada vez más envejecida, como toda Europa, por el aumento de la esperanza de vida y el menor número de nacimientos. El 1 de octubre residían en España 48.946.035 habitantes, según el INE, de los que más de un tercio (el 34,91%) tienen más de 55 años: 17.087.070. Son 3,3 millones de mayores más que hace 10 años, cuando en España vivían 46.507.760 personas, de las que 13.813.959 tenían más de 55 años. De este tercio largo de personas mayores, un 44% son personas en edad laboral, que tienen entre 55 y 64 años: 7.579.865 personas, 1,6 millones más que en  2014. De hecho, dos tercios del aumento de población total que ha tenido España en la última década se ha dado entre las personas que tienen de 55 a 65 años. Y una buena parte de este aumento se debe a los inmigrantes mayores (55 a 65 años), que son ahora 910.860 personas (1 de cada 8 mayores).

De estos 7,5 millones de personas que tienen entre 55 y 65 años, cada vez hay más “activos”, personas que buscan trabajo o trabajan, debido a que muchos “mayores” se han lanzado al mercado laboral tras las dos crisis (financiera y pandemia), sobre todo mujeres. De hecho, este verano se batió el récord histórico de “mayores activos”, superándose los 5 millones de personas con más de 55 años que trabajan o buscan trabajo : en septiembre eran ya 5.092.600 “mayores activos” (un 20,72% del total de activos), según la EPA, lo que supone un tremendo salto en su actividad, dado que hace 10 años (2014), sólo eran “activos” (trabajaban o buscaban trabajo) 3,1 millones de mayores (el 13,5% de todos los activos) y hace 20 años (en 2004), sólo eran activos 2 millones (el 10,2% del total).

Así que los trabajadores “mayores” (más de 55 años) están más activos que nunca en España y también trabajan más que nunca. En septiembre de 2024, tenían un trabajo 4.576.700 ocupados mayores de 55 años (4,21 millones entre 55 y 64 años, 304.700 con 65 a 69 años y 53.100 con más de 70 años), una cifra que supera en algo más de 2 millones a los “mayores” que trabajaban hace 10 años, en septiembre de 2014 (2.557.500). Eso supone que 1 de cada 5 trabajadores (20,97%)  tienen hoy más de 55 años, cuando hace 10 años, el empleo de los “mayores” suponía no llegaba a 1 de cada 7 trabajadores (14,6%). De estos 2 millones de mayores más que trabajan hoy, 1 millón más son hombres y otro millón mujeres. Y el 11% de los “mayores” con trabajo son extranjeros (500.000, la mayoría mujeres).

Una parte de estos “mayores activos”, esos 5 millones con más de 55 años, no han conseguido trabajar y están en paro. En septiembre de 2024, se consideraban “parados” (EPA) un total de  515.900 mayores de 55 años (la mayoría, 494.400 con una edad entre 55 y 64 años, 19.500 parados con 65 a 69 años y 2.000 parados con más de 70 años, que “siguen buscando empleo”). Son menos parados “mayores” que hace 10 años (593.100 en septiembre de 2014), pero la caída es pequeña frente a la del paro total (reducido a la mitad, de 5,42 millones a 2,75 millones), según el INE. Y además, el peso de los parados “mayores” en el total es hoy mayor: son el 18,73% de todos los parados, cuando en 2014 eran el 10,92%.

Hasta aquí, el panorama de la actividad, el empleo y el paro de los mayores de 55 años, un colectivo que ha dado un gran salto en el mercado  laboral, aunque las empresas “renieguen” de ellos en muchos casos y busquen sustituirlos por jóvenes (más “baratos”). Pero el dinamismo laboral de este colectivo de “mayores” esconde una “brecha interna”, una discriminación generalizada por la que las mujeres “mayores” salen perdiendo, según revela un reciente estudio de la Fundación Mapfre: son menos “activas”, tienen menos empleos, más precarios  y puestos menos importantes y peor pagados, más paro y menos subsidio y cobran menos pensiones que los hombres “mayores”.

Empezando por la actividad, de las 4,7 millones de mayores activos entre 55 y 64 años, menos de la mitad son mujeres (2,19 millones) y hay más hombres (2,52 millones), a pesar de que hay más mujeres que hombres en la población total y en esa franja de edad. Y en España, son “activas” sólo el 61,1% de las mujeres “mayores”, frente al 73,5% los hombres. Eso se debe a que muchas mujeres dejan de trabajar al ser madres o para cuidar a sus padres, lo que reduce su porcentaje de “actividad” (buscar trabajo o trabajar). 

En cuanto al empleo, la 2ª discriminación es que las mujeres “mayores” trabajan menos que los hombres “mayores”. En septiembre de 2023, de los 4.576.700 mayores de 55 años que trabajaban, más de la mitad eran hombres (2.489.900 ocupados, el 54,4%) y menos mujeres (2.086.800 ocupadas, el 45,6% del total). Es lo mismo que pasaba 10 años antes: 1.459.200 ocupados hombres y 1.098.400 mujeres. Comparados con Europa, las mujeres “mayores” tienen una tasa de empleo menor: 53% de las mujeres con esa edad trabajan en España, frente al 58% en la UE-27, el 71% en Alemania, el 57,2% en Francia y el 47,2% en Italia.

Además, las mujeres "mayores" sufren otras discriminaciones: tienen más contratos a tiempo parcial (unas, para atender a hijos y mayores y otras, porque no encuentran otro empleo), más contratos temporales y trabajan en sectores “feminizados” (educación, sanidad, comercio y hostelería), que suelen tener sueldos más bajos. Y aunque tienen más formación que los trabajadores hombres mayores (el 40% son universitarias, según la Fundación Mapfre), tienen peores puestos que los hombres (hay 2,5 veces más hombres “senior” que mujeres en puestos directivos)  y peores sueldos. La “brecha” salarial por género es mayor entre los trabajadores mayores de 55 años, según la Fundación Mapfre: un 14,4% menos que los hombres cobran las mujeres que tienen entre 55 y 64 años, una “brecha” mayor que entre 45 y 54 años (cobran 12,1% menos), entre 35 y 44 años (6,9%) o entre 25 y 34 años(1,3%).

Otra importante discriminación se da en el paro, por partida doble. Por un lado, las mujeres “mayores” sufren más paro: en septiembre de 2024, había 282.200 mujeres con más de 55 años en paro (el 54,7% del total), frente a 233.700 parados “mayores”.  Y lo más llamativo: la tasa de paro de las mujeres “mayores” en España, el 12,9% de la población activa (2023), no sólo supera a la de los hombres (9,5%) , sino que triplica al paro de las mujeres mayores en la UE-27 (4,5%) y Francia (55) y multiplica por 6 el paro de las alemanas (2%), según Eurostat.  Y por otro lado, las mujeres cobran menos desempleo, tanto porque cotizan por sueldos más bajos como porque han cotizado menos tiempo y a veces no tienen derecho al subsidio contributivo (988 euros mensuales), sólo al asistencial (480 euros). Los datos del SEPE de octubre revelan que 376.912 mujeres mayores de 55 años cobran un subsidio contributivo (y 311.017 parados “mayores”), 872 euros al mes ellas, frente a 1.100 ellos. Eso sí, los parados “mayores” que cobran el desempleo asistencial, a partir de los 52 años y hasta la jubilación, cobran lo mismo sean hombres o mujeres: 480 euros al mes.

Al final de la vida, las mujeres cobran menos pensión que los hombres, porque han cotizado por sueldos más bajos y durante menos años, porque han tenido “años en blanco”, que no han trabajado ni cotizado, por la maternidad o por el cuidado de mayores y dependientes. De ahí que la pensión media de los hombres, en octubre de 2024, sea de 1.514,18 euros, frente a 1.031,07 euros la de las mujeres. Y la pensión de jubilación, 1.659,19 euros de media los hombres frente a 1.145,46 las mujeres. Pero en el caso de jubilarse anticipadamente, también hay discriminación en el cobro: 1.732 euros las mujeres frente a 2.090 los hombres, para jubilaciones entre los 60 y 64 años, y 1,411 euros las mujeres frente a 1.725 euros los hombres en jubilaciones entre los 65 y 69 años, según la Seguridad Social.

Las mujeres “mayores” están discriminadas respecto a los hombres, en actividad, empleo, paro, ingresos, subsidios y pensiones. Pero todos los “mayores”, ellos y ellas, sufren cada día la presión de muchas empresas, que intentan “que se vayan” o se jubilen anticipadamente, o que no están dispuestas a contratar a mayores en paro. Un contrasentido:  que un colectivo muy dinámico y formado, los mayores de 55 años, sufra prejuicios y estereotipos en el mercado laboral, que en muchos casos los lleva a la inactividad, al desempleo de larga duración y a las jubilaciones anticipadas (perdiendo pensión), como señala este informe de Adecco.

Hay sectores enteros, como la banca, las telecomunicaciones o la energía, que han sufrido procesos de “rejuvenecimiento de las plantillas”, a cambio de un alto coste para las empresas y para la Seguridad Social. Y la presión sigue hoy en muchas empresas y sectores, con el objetivo de “renovar” plantillas y ahorrarse costes, al sustituir un empleado con antigüedad y sueldos medios por jóvenes mileuristas y contratos precarios. Es una visión “cortoplacista”, que puede suponer “ahorros” a corto plazo pero donde las empresas pierden lo más valioso: el capital humano. Parece claro que hay que dejar sitio a las nuevas generaciones, pero debería buscarse una “cohabitación” entre trabajadores mayores y jóvenes, promoviendo contratos de relevo, donde el empleado mayor trabaje menos horas y forme a los nuevos, sin perder mucho sueldo y bonificando la contratación de esos jóvenes.

Lo que parece claro es que asistimos a un problema de “edadismo” en el mercado laboral: las empresas apenas contratan a mayores de 45 años y es muy raro que contraten a mayores de 55 años. Los datos son muy evidentes: en octubre de 2024, de los 12.935.916 contratos hechos en España (se hacen muchos al año para un puesto), sólo el 8,92% se hicieron a parados mayores de 55 años, según el SEPE, cuyos datos revelan que los contratos se concentran en los 25-29 años (14,8% del total) y los 30-34 años (12,10%).

 Así que los 515.900 parados con más de 55 años tienen muy difícil encontrar un trabajo. Ellos lo saben: 7 de cada 10 parados mayores de 55 años “creen que no volverán a trabajar nunca”, según una Encuesta de la Fundación Adecco. Solo les queda malvivir con 480 euros de paro hasta que puedan jubilarse (63,65 o 67 años, según lo cotizado y lo que quieran perder si anticipan la retirada). Y eso si cumplen los requisitos para cobrar el paro de mayores de 52 años, que incluyen carecer de otros ingresos y haber cotizado 6 años. En cualquier caso, no sólo buscan trabajo: también recuperar la autoestima, porque se ven sin salida después de sus estudios y muchos años de trabajo.

La Fundación Mapfre propone que el Gobierno y las empresas promuevan trabajos parciales (“mini Jobs”) para recuperar a los parados “mayores”, incentivar que muchos se hagan autónomos (hay 1 millón de mayores de 55 años autónomos, 350.000 mujeres), junto a programas de reciclaje y formación (sobre todo en herramientas digitales), además de  bonificaciones fiscales y de cotizaciones a las empresas que contraten a mayores. Y que se publique e incentive el porcentaje de mayores que tienen las empresas. Otro elemento clave es la reforma y modernización de las oficinas de empleo (SEPE), para que ayuden a recolocarse a los parados y en especial e los mayores que llevan más tiempo sin trabajar.

En resumen, que tenemos un ejército de “mayores” que tienen ganas de trabajar y una formación y experiencia muy valiosas, que las empresas no deberían relegar, porque mejora su eficacia y productividad. No podemos despreciar el talento.

jueves, 13 de enero de 2022

Mayores 55 años: más empleo y más paro

A finales de 2021, España tenía ya más trabajadores afiliados a la Seguridad Social que antes de la pandemia. Hay un dato sorprendente: tres cuartas partes de los nuevos afiliados son mayores de 55 años, cuyo empleo ha aumentado en sanidad, educación, cuidados, limpieza, comercio y hostelería. Pero a la vez, los mayores de 50 años han sido los más activos en buscar trabajo durante la pandemia  y son los únicos donde ha crecido el paro, que baja en el resto de edades: hay 1.300.000 mayores sin empleo, casi el 42% del total de parados, la mitad sin trabajo desde hace más de un año. Y sin perspectivas de encontrarlo, porque el 83% de las empresas no contratan a mayores. Así que sólo les queda esperar en el paro a jubilarse, con recortes si se jubilan antes de tiempo. Ahora que crece el empleo, haría falta un Plan de choque para fomentar la formación y contratación de los mayores de 50 años. Una generación relegada.

Enrique Ortega

El año 2021 se despidió con más afiliados a la Seguridad Social que antes de la pandemia: 19.842.427 afiliados medios en diciembre, más que en febrero de 2020 (19.479.814 afiliados) y que a finales de 2019 (19.429.494 en diciembre), según los datos oficiales. Lo sorprendente es que la gran mayoría de los nuevos afiliados durante la pandemia fueron mayores de 55 años: los afiliados de esta edad aumentaron en +348.858 personas (entre diciembre de 2019 y noviembre de 2021, el último dato por edades), tres cuartas partes de todos los nuevos afiliados durante la pandemia (+465.182 entre diciembre 2019 y noviembre 2021).Entre 16 y 30 años, los afiliados crecieron sólo en 40.023 personas y entre 45 y 54 años aumentaron en 291.747 afiliados, pero bajaron -215.476 afiliados entre 30 y 44 años, los verdaderos “paganos” de la pandemia en cuanto a pérdida de empleos.

¿Cómo es que creció más la afiliación, el empleo, entre los mayores de 55 años? No hay una explicación oficial, pero podría deberse a que han aumentado las contrataciones de mayores en algunos empleos públicos, como la sanidad, la educación y los cuidados, además de la recuperación de la ocupación en el comercio y la hostelería. Y también que pueden haberse “regularizado” contratos de mayores en la limpieza y las empleadas del hogar (mujeres). Otra explicación puede estar en que han aumentado mucho los autónomos mayores de 55 años, que ya vienen creciendo más que los más jóvenes desde 2008. El hecho cierto es que hay 3 de cada 4 nuevos afiliados son mayores de 55 años.

Los datos de la EPA, la Encuesta del INE que refleja quien trabaja, confirman también estos datos de la SS. La última EPA publicada, del tercer trimestre de 2021, ya indicaba lo mismo: el empleo en España había recuperado con creces las cifras de antes de la pandemia: había 20.031.000 personas trabajando (189.000 más que los afiliados en diciembre, porque incluye a los que trabajan en la economía sumergida, sin estar dados de alta en la SS), frente a 19.966.900 empleados a finales de 2019. Y al dar los datos por edades, se vuelve a confirmar el mismo hecho que con la afiliación: donde más ha crecido el empleo durante la pandemia ha sido entre los mayores de 55 años. Concretamente, había 272.800 mayores más trabajando (septiembre 2021 sobre diciembre 2019), cuando el empleo total sólo mejoró en +64.100 personas. Y eso fue porque bajó el empleo entre los 25 y los 44 años (-437.700), “los “paganos” de la pandemia, y sólo creció entre 16 y 24 años (+104.500) y entre los 45 y los 54 años (+124.100), pero menos que entre los más mayores. Y otro dato: el empleo creció más entre los hombres mayores (+148.700) que entre las mujeres (+124.100).

Junto a esta buena noticia para los más mayores (se han llevado la mayoría del empleo recuperado durante la pandemia), hay otro dato muy malo: son los únicos que han visto aumentar su desempleo con la pandemia. Para el conjunto de trabajadores, el paro registrado (personas apuntadas al desempleo)  era menor a finales de 2021 que en diciembre de 2019: 3.105.905 parados ahora frente a 3.163.605 hace dos años (-57.700 parados). Y el paro bajó en todas las franjas de edad entre 16 y 49 años (más entre 25 y 39 años) pero subió entre los mayores de 50 años: +64.438 parados que antes de la pandemia (la mayoría, +48.811 parados entre los mayores de 59 años), según los últimos datos de Trabajo. Y con ello, casi la mitad de todos los parados (el 41,83%) son mayores de 50 años, un porcentaje mayor que antes de la pandemia (eran el 39,03% del paro total en 2019).

Así que el paro no ha mejorado sino que ha empeorado entre los mayores. Y eso ha pasado no sólo en esta crisis por la pandemia sino también en la anterior crisis financiera de 2008. Y por ello, la tasa de paro de los mayores de 55 años se ha más que duplicado y el número de parados mayores se ha cuadruplicado: ha pasado del 5,82% de paro en 2007 (143.700 parados) al 13,91% en septiembre de 2021 (629.700 parados mayores de 55 años), según la EPA. En paralelo, la tasa de paro global, que era más alta que entre los mayores en 2007 (8,57% de paro) no ha llegado a duplicarse y se asemeja ahora a la de los mayores (14,57%). Y el paro total ha crecido mucho menos (de 1.942,000 a 3.146.700 parados).

Otro problema de los mayores es que están más tiempo en paro que los más jóvenes. Así, en el conjunto de España, algo menos de la mitad de los parados (el 47,95%) llevan más de 1 año sin trabajar, son parados “de larga duración”. Pero entre los parados mayores de 55 años (629.700 en septiembre, según la EPA), dos tercios (el 67,3%) son parados que llevan más de un año sin trabajar (423.800). Y una cuarta parte de ellos, 102.200 mayores de 55 años,  llevan en el paro más de 4 años, según un estudio de Asempleo. Son “irrecuperables”.

¿Cómo se explica que el empleo haya crecido más entre los mayores y sin embargo haya más parados? La razón es que durante la pandemia han aumentado los mayores “activos”, que trabajan o buscan trabajo: más mayores de 50 años que se han lanzado a buscar trabajo para ayudar a sus familias, con menos ingresos y empleo. Los datos son concluyentes: entre diciembre de 2019 y septiembre de 2021, hubo 288.900 españoles “activos” más, que se habían lanzado a buscar trabajo en plena pandemia. Y ese dato se debe a que hubo 392.000 activos más entre los mayores de 55 años (206.300 mujeres y 185.700 hombres), mientras bajaban los activos entre 25 y 44 años (-402.100) y subían algo entre 16 y 24 años (+165.900) y de 45 a 54 años (+133.200), según la EPA del tercer trimestre de 2021.

Así que ya vemos lo que ha pasado: más mayores buscando empleo, más empleo pero insuficiente para cubrir las demandas y por ello más mayores en paro. En líneas generales, los mayores españoles están peor, laboralmente hablando, que los mayores europeos. Empiezan bien, porque su tasa de actividad (62,5% de 55 a 64 años trabaja o busca trabajo) es similar a la europea (63% en la UE, aunque sube al 74% en Alemania). Pero luego empeoran, porque sólo trabajan el 55,5% de los mayores (55 a 64 años) frente al 60,2% en la UE-27 y el 71,5% en Alemania. Y empeoran aún más con las cifras de paro: la tasa de paro de los mayores (de 55 a 74 años) en España (12,1%) casi triplica la europea (4,8% de los mayores en paro) y cuadruplica la de Alemania (2,9%), según Eurostat.

El problema de fondo de los mayores de 55 años (y el de los mayores de 50 años) es que están relegados en el mercado laboral, lo que los expertos llaman “edadismo”: discriminación por edad a la hora de contratar. Lo sabemos todos, pero lo confirmaba una Encuesta de la Fundación Adecco de 2019, antes de la pandemia: el 83% de los responsables de Recursos Humanos de las empresas admitían que “no habían contratado a nadie con más de 55 años en el último año”. Y el 75% de estos responsables laborales lo justificaban en que los conocimientos de estos mayores “estarían obsoletos”.

Así que a los mayores de 50 años sin trabajo sólo les quedan dos caminos: quedarse en el paro o jubilarse si tienen 63 años y han cotizado lo suficiente. Respecto al paro, ahora lo tienen algo mejor, porque desde marzo de 2019, el Gobierno cambió la normativa de Rajoy y permite a los mayores cobrar un subsidio hasta la jubilación desde los 52 años (antes tenían que esperar a los 55). Pero aún así, tienen que cumplir algunos requisitos, como haber cotizado al desempleo al menos 6 años, que sus ingresos no superen el 75% del salario mínimo (723 euros mensuales) y estar oficialmente inscritos en el desempleo. Y con ello, la Seguridad Social cotiza por él hasta la jubilación (el 125% del mínimo, antes de 2019 cotizaban sólo por el 100%). Y el mayor cobra un desempleo, que ahora son 463 euros al mes, hasta que cumpla los años y requisitos para jubilarse.

La otra opción del mayor de 50 años que ve imposible encontrar trabajo es jubilarse. Pero tendrá que esperar al menos hasta los 63 años, siempre que haya cotizado al menos un mínimo de 37 años y 6 meses (exigencia para 2022), que esté dado de alta en la SS y que haya cotizado un mínimo de 2 años en los últimos 15 años. Además, se le recorta un porcentaje de pensión según lo que anticipe la jubilación y lo que haya cotizado. Hasta ahora, esos coeficientes reductores para los que hayan cotizado menos de 38 años y 6 meses iban del 3,26 al 21 % por trimestre anticipado (máximo) y del 2,81% al 13% (mínimo). Ahora, con la reforma de las pensiones que entró en vigor el 1 de enero de 2022, se penaliza más la jubilación anticipada (ver cuadro según lo cotizado y la anticipación).

Así que ahora, el mayor de 50 años sin trabajo y sin perspectiva tiene aún más difícil jubilarse antes, mientras el paro que recibe (si lo consigue) le mantiene en la pobreza. Un panorama muy negro para buena parte de la generación nacida entre 1955 y 1970. Y más cuando no se piensa en ellos para los nuevos empleos, como reconocen las empresas. Habría que mejorar su actual situación y ya se ha lanzado una propuesta, de dos Fundaciones: aprobar una Ley de Igualdad Generacional, similar a la Ley para la Igualdad de Género aprobada en 2007, que prohibiera la discriminación por edad (tanto en la contratación como en el sueldo y despido). Y además, plantean modificar algunas disposiciones vigentes del Estatuto de los Trabajadores, que discriminan a los mayores (no pueden acceder al contrato de aprendizaje, lo que dificulta su reciclaje, y se permite a las empresas extinguir sus contratos con el pretexto de “cumplir medidas de mejora del empleo de la empresa”.

Cambiar la normativa y aprobar una Ley contra la discriminación de los mayores puede estar bien, pero su mejoría (como la de las mujeres) no depende sólo de normas sino de que las empresas y la sociedad asimilen que los mayores son unos trabajadores imprescindibles, que aportan experiencia y eficacia a las empresas y la economía. Y eso pasa por un cambio de mentalidad y medidas concretas que apoyen su contratación y conservación en las plantillas. Dado que tenemos 1.299.390 parados mayores de 50 años y que un tercio llevan más de 1 año sin trabajar, urge poner en marcha un Plan de choque por el empleo de los mayores, con incentivos a su contratación (cotizaciones e impuestos) y proyectos de formación y reciclaje profesional que impliquen a las empresas y autonomías.

La recuperación de la economía y los proyectos financiados con Fondos europeos deberían dar prioridad a integrar a los mayores de 50 años en todos los proyectos, no dejarlos atrás como hasta ahora. Contratar a mayores no “tapona” el empleo de los jóvenes, porque hay tareas para todos y la productividad de las empresas mejoraría potenciando la colaboración de trabajadores jóvenes y mayores. Es una asignatura pendiente para el Gobierno, sindicatos y patronal. No podemos relegar a los trabajadores mayores, la generación que impulsó el crecimiento económico de la democracia. Apóyenlos.

lunes, 1 de abril de 2019

Mayores de 55 años: los "ni-ni-nis" ignorados


Hay medio millón de mayores de 55 años en paro, el triple que en 2007. Y si contamos los mayores de 50 años, superan los 875.000 parados, 1 de cada 4 desempleados. Son los “ni-ni-nis”: ni trabajan, ni cobran el paro ni se pueden jubilar. Desde este mes de abril, los parados de 52 a 55 años van a cobrar el paro, que les quitó Rajoy en 2012, gracias a un decreto aprobado por el Gobierno Sánchez, que permite también a los parados mayores cobrar un subsidio (438 euros) hasta que se jubilen a los 65 años, sin obligarles a jubilarse antes con recortes, como ahora. Pero los mayores no quieren subsidios sino un trabajo, porque todavía están en lo mejor de su vida profesional. El problema es que las empresas no los quieren: ni ven sus currículos. Urge un Plan para emplear a estos mayores parados, con incentivos a las empresas y formación. Que no sean otra “generación perdida”, como sus hijos y nietos.


La crisis de 2008 se ha cebado en los jóvenes, las mujeres y los mayores de 55 años, cuyo paro se ha triplicado con creces en la última década: si había 143.700 parados mayores de 55 años a finales de 2007, eran ya 497.400 parados a finales de 2018, según la última EPA, 3,5 veces más. Y no solo han crecido sino que los parados mayores de 55 años han duplicado su peso entre todos los parados: si en 2007 eran el 7,4% de todos los parados, a finales de 2018 suponían el 15,05% del total. Y más de la mitad (249.700) son mujeres. Si les sumamos los parados de 50 a 55 años (382.100), resulta que tenemos 879.500 parados con más de 50 años y son el 26,6% de todos los parados, más de 1 de cada 4 parados.

El problema de estos parados “mayores” es que tienen muy difícil encontrar trabajo y por eso llevan bastante tiempo en el paro. Así, de los 1.552.100 parados que llevan más de 1 año en paro (1.089.000 de ellos llevan más de 2 años y 600.000 más de 4 años parados), casi la cuarta parte (22%) son parados mayores de 55 años (341.100). Y si les sumamos los parados de 50 a 55 años, pues resulta que son 568.900 parados mayores que llevan más de 1 año en paro, 1 de cada 3 parados (36,65%) de larga duración en España.

En resumen: se han triplicado con creces los parados mayores y se han enquistado en el paro, mes tras mes, sin conseguir salir. Si en las listas del desempleo hay cada vez más proporción de mayores se debe a varias causas: el envejecimiento de la población (hay casi 1 millón más de personas con más de 55 años que hace 10 años), que cada vez buscan más trabajo (su “tasa de actividad ha subido del 62 al 73,8%, porque hay muchos mayores, sobre todo mujeres, que con la crisis se han animado a buscar trabajo para conseguir más ingresos a la familia) y, sobre todo, porque los mayores tienen más dificultades para encontrar trabajo, simplemente por su edad: las empresas no les quieren.

Y no es una frase, sino un hecho: el 52% de los que seleccionan personal en las empresas admiten “descartar automáticamente los currículos de los mayores”, según una Encuesta hecha por la Fundación Adecco a 800 profesionales de “Recursos Humanos”. Según un análisis de las ofertas de empleo, el 26% incluyen la edad como un requisito, limitándolas a menores de 40 años. Y sólo un 2,3% de las ofertas de empleo se dirigen a mayores de 45 años, siendo “insignificantes” las que aceptan mayores de 55 años.

El resultado de estos prejuicios contra los mayores se refleja en este dato del informe de la Fundación Adecco (“#TuEdadEsUnTesoro”): 7 de cada 10 responsables de Recursos Humanos admiten “no haber seleccionado en el último año a ningún trabajador mayor de 55 años”. Y cuando se les pregunta por qué, señalan tres “motivos” de su rechazo: porque temen que los mayores “no encajen” en una plantilla con jóvenes (el 65% de las opiniones),  porque los mayores exigen un sueldo mayor que los jóvenes (señala el 18%) y porque pueden tener sus competencias “desfasadas” por la edad y el paro (17% de opiniones).

Además de no contratar a los parados mayores, muchas empresas han aprovechado la crisis para desprenderse de sus trabajadores mayores, con reconversiones de plantillas (EREs) que han ofrecido indemnizaciones y prejubilaciones a los mayores de 52 y 55 años, sobre todo en la banca (van ya por 100.000 despidos desde 2008) y las grandes empresas. Y en otros casos, han aprovechado la normativa laboral vigente para rejuvenecer plantillas” a costa de la Seguridad Social, con los “contratos de relevo, que cambian un trabajador mayor al que se jubila por uno joven. Un sistema que parecía una buena idea (un trabajador mayor coge una jubilación parcial y sigue trabajando para formar a uno joven) pero que se convirtió en un fraude, porque el trabajador mayor podía concentrar las horas en unos meses o años y jubilarse antes, como si fuera una jubilación anticipada, sin penalización (con el 100% de pensión) y sin tener que formar al joven que teóricamente “le releva”.

Este tipo de contrato de relevo ha permitido a las empresas desprenderse de 340.000 trabajadores mayores entre 2003 y 2018 (en la industria y un 70% en los servicios), con un elevadísimo coste para la Seguridad Social: 30.000 millones de euros en esos años, según un estudio de FEDEA. Por ello, se dio un plazo a las empresas para acabar con esta práctica, una vez pasado lo peor de la crisis: el 1 de enero de 2019. Pero la presión de las multinacionales del automóvil (“o flexibilizáis la normativa laboral o fabricamos en otro país”) llevó al Gobierno Sánchez ha aprobar una excepción, con un decreto aprobado el 7 de diciembre de 2018: la industria y especialmente el automóvil podrán seguir con estas jubilaciones parciales (que cuestan 2.500 millones al año a la SS) 4 años más, hasta enero de 2023. Y en estos años, “limpiarán de mayores” sus plantillas.

Los mayores que no consiguen una de estas “jubilaciones” blandas y favorables y que están en paro, sólo pueden hacer 2 cosas: seguir en el paro intentando cobrar el desempleo (los que tienen entre 52 y 55 años no pueden, porque en 2012 se lo quitó Rajoy) y esperar a la primera edad en que se puedan jubilar, aunque al hacerlo antes pierdan parte de su pensión futura. Pero mejor estar jubilado que parado sin expectativas y cobrando 430 euros. Por eso, crece año tras año el número de mayores que se jubila anticipadamente, aunque pierdan (entre el 6,5 y el 8% de pensión por cada año antes que se jubilen). Así, en 2015, el 43,72% de los que se jubilaron tenían menos de 65 años. Y en 2018, eran el 43%, aunque en enero de 2019 han dado un salto; el 52,46% de los jubilados tenían menos de 65 años (y la mayoría se jubilaron con 61 a 64 años), según datos de la Seguridad Social. En paro, sin perspectivas de trabajo y temiendo por su pensión, se jubilan en cuanto pueden, aun perdiendo pensión.

Hasta aquí el panorama de estos mayores “ni-ni-nis”, ignorados por las empresas y maltratados por el paro y la Seguridad Social, tras los recortes del Gobierno Rajoy en julio de 2012. Ahora, un decreto-ley aprobado el 8 de marzo (BOE 12 marzo) por el Gobierno Sánchez intenta paliar su situación con 6 mejoras importantes. La primera, que volverán a cobrar el desempleo los parados de 52 a 55 años que tengan derecho (6 años cotizados), lo que beneficia a 114.000 parados de esas edades. La segunda, que no tendrán que esperar a tener los 52 años, como antes: podrán solicitar el desempleo antes y cobrarlo cuando cumplan los 52. Tercer cambio: los parados de más de 52 años podrán recibir el subsidio si tienen ingresos inferiores al 75% del salario mínimo, cuando hasta ahora se contaban los ingresos de toda la familia (si tenían la mujer o un hijo que vivía en casa, no tenía derecho al paro). Cuarto cambio, la Seguridad Social cotizará por estos parados mayores el 125% de la base mínima de cotización, frente al 100% que cotizaban por los mayores de 55 años tras el recorte de 2012, lo que mejorará su futura pensión. Quinto cambio, no se recorta el subsidio como hasta ahora cuando el parado venga de un trabajo a tiempo parcial (12.000 mayores cobraban ahora un subsidio “parcial”). Y sexto cambio y el más importante: los parados de más de 52 años (los 114.000 nuevos y los 265.465 parados actuales de más de 55 años con subsidio) podrán cobrar el subsidio (438,80 euros este año) mes a mes y año tras año (renovándolo) hasta que cumplan la edad legal de jubilación (65 años y 8 meses este año) y no se tendrán que jubilar antes con un recorte de la pensión, como pasaba hasta ahora.

En definitiva, que los parados mayores de 52 años podrán cobrar el paro hasta que se jubilen a la edad legal, con el 100% de pensión o lo que les corresponda según su cotización. Todas estas medidas benefician a unos 380.000 parados de más de 52 años que cobrarán subsidio, la mitad de los parados en esa edad (el resto, no han cotizado suficiente o tienen otros ingresos). El decreto-ley, aprobado por el Gobierno Sánchez, que entró en vigor el 13 de marzo (con lo que podría empezar a cobrarse el nuevo subsidio en abril), costará 388 millones este año y otros 875 millones entre 2020 y 2022.

Estos cambios son un avance importante para los parados mayores, pero la mayoría no quiere “vivir del paro” (ojo: 438,80 euros al mes) sino tener un trabajo. Por eso, lo que debería hacer el próximo Gobierno es aprobar un Plan de choque para facilitar el empleo a los mayores de 50 años, ayudándoles a colocarse y dando incentivos a las empresas que los contraten. De momento, este real decreto que mejora el paro de los mayores (BOE 12 marzo) también incluye una bonificación para las empresas que contraten de forma indefinida a parados de larga duración (más de un año en paro): se les bonifican (perdonan) 1.300 euros anuales de cotización por ellos, durante tres años. Y si contratan a mujeres (el 64% de los parados de larga duración son mujeres), se les bonifican 1.500 euros anuales. Ahora, habría que aumentar estas ayudas si contratan parados de larga duración mayores de 50 años.

Además, el Plan de choque debería contemplar una estrategia del servicio público de empleo (SEPE) para ayudar a estos parados mayores a encontrar trabajo, con asesoramiento, planes de recolocación y, sobre todo, con cursos específicos y personalizados de formación, porque uno de los problemas de estos parados mayores es su menor formación. Si en general, la baja formación es un grave problema de los parados españoles (el 51% sólo tienen la ESO o menos, según la EPA), en el caso de los parados mayores de 55 años, dos tercios están poco formados (el 39,5% tiene la ESO y otro 22% menos). Y muchos necesitan reciclarse, tras varios años sin trabajo.

Esta formación a los parados mayores debería ser apoyada y “orientada” por las empresas, lo que exige un “cambio de mentalidad” empresarial, dado que estos parados mayores tienen una experiencia que puede serles muy útil, como señala la Fundación Adecco: ofrecen talento y habilidades que, combinados con los trabajadores más jóvenes, pueden mejorar la competitividad de las empresas. Y de cara al país, más españoles trabajando, cotizando y pagando impuestos en vez de cobrando el paro es una garantía de las futuras pensiones y del Estado del Bienestar. Por eso, volcarse en que más mayores trabajen es doblemente rentable para todos.

Para que estos parados mayores se integren en las empresas hace falta no sólo incentivos y un cambio de mentalidad, también un cambio en la organización laboral y en los procesos de selección de personal. Para ello, la Fundación Adecco propone 5 cambios: seleccionar a partir de “currículos ciegos” (sin edad), un sistema de entrevistas cerrado con preguntas estandarizadas (que no permitan prejuicios por edad), establecer sistemas de puntuación a los candidatos que sean objetivos, formar a los responsables de Recursos Humanos en la diversidad y desarrollar proyectos con equipos de séniors y juniors.

Bueno, prestemos atención y planteemos soluciones a un número importante de españoles, los mayores de 50 años, que se encuentran entre el miedo a perder el trabajo y la angustia de no trabajar ni cobrar el paro ni poder jubilarse. Una “generación perdida” en una economía donde los jóvenes no trabajan porque son jóvenes sin experiencia y los mayores porque tienen demasiada edad. Un sistema que sólo parece querer emplear a la gente entre los 30 y los 50 años, 20 años en una vida que supera los 85 años. Una locura que afecta gravemente a los jóvenes, pero también a sus padres y abuelos. No los olvidemos.

lunes, 26 de junio de 2017

Jubilarse antes, una necesidad para muchos


En 2016 se batió  el récord de españoles jubilados antes de tiempo: 136.941, el 44,6% del total. Y en 2017 sigue esta tendencia, iniciada en 2013, con un 44,1% de prejubilaciones, a los 64,2 años de media, aunque la edad legal sea este año de 65 años  y 5 meses. Los españoles se jubilan antes porque ahora les llega el turno a los prejubilados de los EREs y porque hay muchos mayores de 55 años que, a falta de trabajo y de cobrar el paro, no ven otra salida que jubilarse antes. Son 3 millones de mayores de 55 años “ni-ni-nis”: ni trabajan, ni cobran el paro ni se pueden jubilar. Y en cuanto llegan a los 63 años (y algunos a los 61) se jubilan, aunque pierdan un porcentaje de pensión. No hay que penalizarles con más recortes,  sino darles una salida, aprobar un Plan de choque para ayudarles a encontrar trabajo o asegurarles un subsidio digno hasta los 65 años. No condenarles al limbo de los “ni-ni-nis”.



                                                                                     enrique ortega

Las prejubilaciones cayeron en España con la crisis, entre 2007 y 2011, porque muchos mayores desecharon la idea de jubilarse antes por la necesidad de seguir aportando ingresos en hogares donde habían caído sueldos y empleos. Pero a partir de 2012, las jubilaciones antes de tiempo volvieron a crecer, año tras año, hasta alcanzar en 2016 un récord histórico: 136.941 prejubilaciones, el 44,6% del total, según los datos de la Seguridad Social. Y este año 2017, hasta abril, ha seguido la tendencia. 48.182 jubilaciones antes de los 65 años, un 44,1% del total, con una media de edad de 64,2 años (63,7 años los hombres y 64,5 años las mujeres). Este aumento de las prejubilaciones choca con la primera reforma de las pensiones, aprobada por Zapatero en 2011, que elevó progresivamente la edad de jubilación a 67 años para 2027 (este año 2017 está en 65 años y 5 meses). Y con la segunda reforma aprobada por Rajoy en 2013, que endureció los criterios para jubilarse anticipadamente, aumentando el porcentaje que se pierde por jubilarse antes (hasta el 8% anual).

Pero los datos están ahí y demuestran que, a pesar de las dos reformas, aumenta el porcentaje de los que se jubilan antes de tiempo. Por dos razones. Una, porque ahora están jubilándose los prejubilados de la crisis, los trabajadores de los EREs de la banca y las grandes empresas que tenían pactado jubilarse a los 61 o 63 años. Y, sobre todo, porque hay muchos mayores de 55 años que, a la vista de que no tienen trabajo ni cobran el paro, optan por jubilarse antes, aunque pierdan con ello un porcentaje de su pensión. En España hay casi 3 millones de personas mayores de 55 años que son “ni-ni-nis”: no tienen trabajo, no cobran el paro y no pueden jubilarse. La mayoría de ellos son mayores que “han tirado la toalla” de buscar trabajo y están inactivos (son 2.352.000 entre 55 y 64 años) y otros 560.100 son parados (y el 75% de ellos llevan más de un año sin trabajo).

Estos españoles mayores de 55 años saben que tienen muy difícil encontrar trabajo y comprueban cada día que las empresas no los quieren: el 61% no han sido llamados a ninguna entrevista de trabajo en el último año, aunque el 56% de ellos presenta currículos cada semana, según un estudio de la Fundación Adecco. Su mayor hándicap es la edad, pero también su baja formación: el 70% de los parados mayores de 55 años sólo tiene la ESO o incluso menos y muchos proceden de la construcción y sectores reconvertidos que ahora no tienen futuro (como ellos). Y por todo ello, el 70% de estos parados mayores de 55 años cree que “ya no volverá nunca a trabajar”, según una encuesta de la Fundación Adecco.

Su situación es especialmente preocupante porque la mayoría de estos parados mayores de 55 años no cobra el paro, a pesar de que el 40% sigue teniendo hijos a su cargo y el 35% está pagando todavía una hipoteca, según la Fundación Adecco. Los mayores de 55 años a los que se les acaba el paro tienen derecho a un subsidio de 426 euros al mes hasta que les llega la edad de jubilación (y la Seguridad Social cotiza el mínimo por ellos ese tiempo), pero muchos no lo cobran porque no cumplen los tres requisitos imprescindibles: haber cotizado 6 años al desempleo, haber cotizado al menos 15 años a la Seguridad Social y, sobre todo, que en su familia (contando su esposa o esposo y los hijos menores de 26 años) no haya ingresos superiores a los 530,78 euros mensuales (media de todos los que ingresen algo), un requisito que introdujo el Gobierno Rajoy en 2013 y dejó a muchos mayores fuera del subsidio.

Si los mayores de 55 años son “ni-ni-nis”, no trabajan ni cobran el paro, ¿Qué pueden hacer? ¿Esperar en el limbo  de la pobreza hasta que cumplan los 65 años? Muchos echan cuentas y buscan la vía para jubilarse antes, a los 63 años o incluso a los 61 años. Para jubilarse anticipadamente a los 63 años, el trabajador ha tenido que cotizar al menos 35 años. Y si le han despedido por causas económicas o administrativas y ha estado al menos 6 meses de paro, puede solicitar jubilarse a los 61 años. En ambos casos, la contrapartida es que pierde un porcentaje de la pensión que tendría si esperara a los 65 años y 5 meses. El recorte varía entre el 6,5 y el 8% anual. Pero aun así, le puede compensar  tener una pensión más baja si no cobra nada de paro. Y sobre todo si es autónomo y encima tiene que cotizar a la Seguridad Social para no perder el derecho a pensión: jubilado no cotiza y cobra.

Por todo esto suben las prejubilaciones, porque hay 3 millones de españoles mayores de 55 años que no ven otra salida que jubilarse lo antes que puedan. Aunque esa decisión cargue más las cuentas de la Seguridad Social, que sigue con un abultado déficit (-18.500 millones en 2016). La tendencia del Gobierno Rajoy, de la patronal y de muchos expertos es penalizar más estas prejubilaciones, con más requisitos y más recortes de la pensión resultante, para disuadir a los mayores a jubilarse antes de tiempo. Incluso hay muchas voces, como las del expresidente Aznar, el Banco de España y distintos expertos, que han defendido  ir i más allá y subir la edad de jubilación por encima de los 67 años, quizás hasta los 70.

Penalizar más las prejubilaciones y volver a subir la edad de jubilación por encima de los 67 años serían unas medidas injustas y rechazables por varias razones. Primera, porque con la subida a 67 años, España tiene ya una edad de jubilación que es de las más elevadas de Europa, sólo por detrás de los 68 años de Irlanda, reino Unido y la república Checa, según los datos de la OCDE. Incluso hay paises como Francia donde se jubilan a los 62, otros como Finlandia a los 63 y varios a los 65 años, como Austria, Bélgica o Grecia. Segundo, porque penalizar las prejubilaciones y subir más la edad de jubilación dificultaría aún más el empleo de los jóvenes, en un país donde su tasa de paro es el 40,5%, más del doble que el paro juvenil en Europa (19,5%). Y sobre todo, porque hay más de 1 millón de parados mayores de 50 años (1.042.700), que tienen muy difícil encontrar trabajo, más de la mitad sin ingresos y a los que se condenaría a estar más años “en el limbo”  esperando a jubilarse.

El auge de las prejubilaciones debería llevar al Gobierno y a las fuerzas políticas y sociales no a recortarlas sino a reflexionar que son un síntoma de un problema muy serio: que hay un enorme colectivo de españoles sin salida, los 3 millones de mayores “ni-ni-nis. Y que debería hacerse un Plan de choque específico para darles una alternativa. Por un lado, ayudarles a que encuentren un trabajo, para lo que el Gobierno debería volcarse en su formación y las oficinas de empleo (SEPE) en orientar su búsqueda de empleo, con la aprobación también de ayudas e incentivos fiscales a las empresas que contraten mayores. Por otro, en el caso de que no consigan empleo, deberían asegurarles un subsidio hasta la jubilación, revisando los requisitos actuales y haciendo que la mayoría pueda recibirlo. Y sobre todo los que tienen familia a su cargo, con medidas para ayudarles a pagar su hipoteca. Y en tercer lugar, planes específicos para que los mayores en peor situación se jubilen anticipadamente: no es lo mismo poner pegas a alguien que trabaja y quiere jubilarse a los 63 años que dificultárselo a un mayor “ni-ni-ni” que lleva años parado y sin ingresos.

Tenemos un serio problema con las pensiones, que no salen las cuentas porque los ingresos han caído y los gastos van a crecer mucho más por el envejecimiento de la población. Pero no podemos intentar corregirlo echando la culpa a las prejubilaciones, sobre todo a las de los mayores de 55 años sin trabajo y sin paro que buscan una salida jubilándose antes. Penalizarlos sería un ahorro mínimo y muy injusto. Lo que deberíamos hacer es darles una alternativa, ayudándoles a encontrar trabajo o a sobrevivir con un desempleo digno o una pensión anticipada. Porque no podemos cerrarles el único camino que encuentran tras muchos años “en el limbo”. Estos españoles mayores de 55 años sí que son “una generación perdida”, tras décadas de esfuerzos. Hay que buscarles una salida, no culparles ni penalizarles.

jueves, 28 de abril de 2016

EPA marzo 2016 : menos empleo y más parados (55% no cobran)


El Gobierno y sus medios afines pueden “decir misa”, pero los datos de la EPA del primer trimestre, conocidos hoy, no son buenos. Por un lado, se han perdido 64.600 empleos, a pesar de que la Semana Santa cayó en marzo. Y han perdido muchos más empleos los jóvenes y las mujeres. Por otro, sube el paro en 11.900 personas y no crece más porque hay 52.700 españoles que han dejado de buscar trabajo o se han ido al extranjero. Y el paro juvenil ha subido al 46,49%. Además, aumentan los parados que no cobran nada: ya son el 55% de los parados EPA (y el 63,5% en Madrid). Y encima, la economía crece menos y se espera crear este año sólo 450.000 empleos nuevos, 75.000 menos que en 2015. Pero son empleos muy precarios: el 30% son por una semana o menos. Urge un Plan de choque  contra el paro y por el empleo, nuestro primer problema.
 
enrique ortega

El primer trimestre de cada año suele ser malo para el empleo, porque se pierden los contratos hechos por Navidad. Pero este año jugaba a favor que la Semana Santa ha sido en marzo y no en abril como en 2015. Pero aun así, y a pesar de que la economía sigue creciendo, el empleo ha caído, según la EPA: se han perdido 64.600 puestos de trabajo entre enero y marzo. Eso sí, han sido casi la mitad que el primer trimestre de 2015 (-114.300) y casi un tercio menos que en 2014 (-184.600 empleos). Pero hay que “mirar más” las cifras. Porque la caída del empleo habría sido mayor si no hubiera crecido la ocupación entre los mayores de 55 años (+39.800) y entre los de 40 y 50 años (+30.700), un fenómeno que también se produjo en 2015 y 2014: casi todo el empleo que se crea es para mayores. Así, los jóvenes y menores de 40 años han perdido 133.000 empleos este trimestre… Y de todos los empleos perdidos, 2 los han perdido las mujeres y 1 los hombres.

Otra cuestión importante: el empleo no ha caído más gracias al sector público, a  los 17.600 empleos  que han creado las autonomías (con los nuevos Gobiernos) y el Estado central. Pero en las empresas privadas se perdieron 82.100 empleos, sobre todo en los servicios (a pesar de la Semana Santa). Y los empleos que se han perdido son todos temporales, lo que da idea del vaivén de las cifras: una EPA crea empleos inestables que se pierden en otra. Sólo hay algo positivo: han aumentado los empleos en la industria (+40.300), quizás por el automóvil y la alimentación, aunque se pierden en la construcción, a pesar de la mejoría del sector. Y sólo se ha creado empleo en Cataluña (+25.700), mientras lo perdían Madrid (-28.700), Comunidad Valenciana (-12.800) y Galicia (-11.400).

Al caer el empleo ha subido el paro, en 11.900 personas (en 2015, el paro bajó en 13.100 personas el primer trimestre), hasta llegar a los 4.791.400 parados, un 21% de los españoles en edad de trabajar. Y el paro no ha subido más (lo que ha caído el empleo) porque hay menos españoles buscando trabajo, porque 52.700 españoles se han sumado a la bolsa de “desanimados” y en este primer trimestre se han borrado de las listas del paro o han emigrado al extranjero. Además, el paro juvenil (menores de 25 años) ha empeorado dos décimas y está en el 46,49%: casi la mitad de los jóvenes en edad de trabajar están parados.

Las cifras del paro EPA esconden una serie de datos muy preocupantes. El primero, que hay ya 1.610.900 hogares donde no trabaja nadie (54.300 más que a finales de 2015). El segundo, que hay 6 autonomías con una tasa de paro “impresentable”, entre el 25 y el 30%: Melilla (30,67%), Andalucía (29,70%), Extremadura (29,13%), Ceuta (26,21%, Canarias (26%) y Castilla la Mancha (25,45%), que contrastan mucho con el paro “casi europeo” del País Vasco (12,80%), Navarra (14,25%) o la Rioja (14,38%). Y el tercero, que más de la mitad de los parados llevan más de un año en el desempleo, aunque ha bajado el paro de larga duración (del 59,5 al 57,6%): son ahora 2.763.600 parados, de ellos 2 millones que llevan más de 2 años sin trabajar y 1,5 millones que llevan más de tres años parados.

Este dato, el elevado “paro antiguo”, explica que cada vez haya más parados que no cobran nada, porque se les ha acabado el desempleo. El dato es estremecedor: hay 2.643.867 parados EPA que no están cobrando nada, según los datos del Ministerio de Empleo. Son ya el 55% de los parados reales, no de los que se apuntan en las listas del paro. Y ese dato es mayor en algunas autonomías: Melilla (65,84% de los parados EPA no cobran), Madrid (63,5%), Murcia (61,06% parados no cobran), Castilla la Mancha (60,88%), Canarias y Ceuta (en ambas, el 58,3% parados EPA no cobran nada). Además, de los parados que sí cobran (2.147.533 en febrero 2016), sólo un tercio cobra un subsidio contributivo (de 810,90 euros mensuales), por el que ha cotizado, y los dos tercios restantes sólo cobran un subsidio asistencial, de 426 euros mensuales.

Precisamente, sindicatos y patronal pactaron con el Gobierno Rajoy, en enero de 2015, que este subsidio asistencial llegara a más parados (a cambio de que hicieran  cursos). Pero el Plan ha sido un fracaso: de los 400.000 parados de larga duración que se pensaba iban a beneficiarse de la ayuda, sólo la han recibido 100.000, debido a que los requisitos para cobrarla eran muy exigentes y que muchos parados no la conocían. Ahora, el Gobierno en funciones ha prorrogado el Plan hasta abril de 2017, pero sin facilitar el acceso a esta ayuda. En el fondo, lo que quieren es “ahorrar con el paro” para bajar el déficit. No en vano, el Gobierno Rajoy ha presupuestado 19.820 millones para pagar a los parados en 2016, frente a los 30.140 millones que se gastaron en el desempleo en 2011. Un recorte que no se justifica con que haya menos parados (que los hay) sino por los cambios que hizo Rajoy en 2012 y 2013, y que redujeron o quitaron el subsidio a muchos parados. De hecho, en 2011 cobraban el desempleo el 55,4% de los parados EPA y ahora lo cobran el 45%.

Lo preocupante no es sólo que el empleo haya pinchado en el primer trimestre y haya crecido el paro. Lo malo es que este año se va a crear menos empleo que en 2015, cuando se crearon 525.100 empleos nuevos. Y eso, sobre todo, porque la economía internacional va a crecer menos y también la economía española: frente al 3,2% de crecimiento en 2015, en 2016 se augura un crecimiento del 2,6%(FMI) o del 2,7%(Gobierno). Y eso se traduce en que se crearán entre 75.000 y 100.000 empleos menos este año (y otros tantos el que viene). Y la tasa de paro seguirá por encima del 20%, más del doble que la europea (9,1% en la UE-28).

Además, el problema de fondo es la precariedad del empleo que se está creando. En el primer trimestre de 2016, de los 4.283.300 contratos firmados, sólo un 9,7% fueron contratos fijos y un 90,3% fueron temporales, según datos del Ministerio de Empleo. Y cada vez por menos tiempo: un 30% de estos contratos temporales hechos en 2016 fueron por una semana o menos, sobre todo a jóvenes y mujeres en la hostelería, el turismo, el ocio, la sanidad, los servicios sociales, trabajos administrativos y de comunicación. Por otro lado, sólo el 65,7% de los nuevos contratos fueron a jornada completa y  más de un tercio (34,3%) fueron ya contratos a tiempo parcial, por horas. Esta precariedad se traduce en despidos posteriores y en bajos salarios (un tercio de todos los asalariados son ya mileuristas) y bajas cotizaciones, lo que provoca un déficit de las pensiones y la Seguridad Social (-12.800 millones en 2015). Una precariedad que frena el consumo y el crecimiento y es un cáncer para la economía.

El tema de fondo, al margen de que una EPA sea mejor o peor, es que España no consigue que trabaje tanta gente como en otros países. Así, la OCDE, que incluye a los 34 países más desarrollados del mundo, han conseguido ya recuperar el empleo que tenían en 2008, antes de la crisis, pero España aún no. Y aquí sigue trabajando mucha menos gente que en los demás países desarrollados: en 2015 trabajaban poco más de la mitad de españoles en edad de hacerlo (16-65 años), un 57,8%, mientras en la Europa del euro (19 países) trabajaban el 64,5%, en la OCDE (34 países) un 66,2%  y en los 7 grandes (G-7) el 69,1 %. Eso significa que si en España trabajara el mismo porcentaje de personas que en la Europa del euro, tendrían que trabajar 2,5 millones de españoles más. Y el paro estaría en el 9%, no en el 21%.

¿Se puede conseguir trabajar como los europeos del euro? Por supuesto, aunque no es fácil y requiere tiempo y políticas adecuadas, sobre todo un cambio de modelo económico y empresarial (más industria, empresas más grandes, más innovación y tecnología). Pero antes, hay cosas que se pueden hacer. Por un lado, crecer más, para intentar así crear más empleo. Para ello, el futuro Gobierno debe presionar a Europa en dos sentidos. Uno, que pongan en marcha un Plan de inversiones europeo (acelerar el Plan Juncker) y que los países del norte (sobre todo Alemania) reanimen sus economías con más gasto y más inversiones, para tirar del lento crecimiento europeo. Por otro, hay que renegociar el déficit público, para que no haya más recortes y el futuro Gobierno español pueda reanimar la economía, con inversiones y gastos necesarios, gracias a una mayor recaudación (de los que pagan pocos impuestos: grandes empresas, multinacionales y ricos, no de la mayoría de contribuyentes).

Pero no basta con intentar crecer y crear más empleo, algo que al final depende de las empresas. El Gobierno puede y debe incentivar ese empleo, no sólo con inversiones públicas sino con políticas activas de empleo, tomando medidas en dos frentes: mejorar la formación de los parados (la mitad no tiene la ESO terminada) y reformar las oficinas de empleo (SEPE), que ahora no funcionan (sólo colocan al 2% de los parados). Hay que volcarse en buscar una salida a los 4.791.400 parados reales, sobre todo a ese casi 60% que lleva más de un año sin trabajar, para que no pierdan el tren del empleo para siempre. Y eso pasa por reciclarles y ayudarles, con orientadores de empleo y la colaboración activa de las empresas. Pero eso exige más medios, hoy muy escasos: España cuenta con 1 funcionario del SEPE por cada 269 parados, frente a 1 por 47 en Alemania (con el 6,1% de paro), 1 por 36 en Dinamarca o 1 funcionario por cada 22 parados en Reino Unido.

Crear más empleo es cuestión de voluntad política, de dinero y de medios. Hace falta un Plan de choque contra el paro, que podría empezar con 4.000 millones de euros, el doble de los 2.000 que ha aprobado  Francia, tras decretar un “Estado de excepción contra el paro” (con la mitad de paro, el 10,2%). Que no se diga que no hay dinero: el Gobierno Rajoy en funciones se va a gastar 500 millones en devolver media paga extra para los funcionarios. Y perderemos otros 2.641 millones este año sólo por su bajada de impuestos a las empresas. El próximo Gobierno tiene que ponerse a la tarea, pactar un Plan de choque y buscar el dinero debajo de las piedras. Dejar de hacer triunfalismo (“somos el país que crea más empleo de Europa”) y pensar que uno de cada cinco españoles está en paro y trabaja mucha menos gente que en Europa. Ese es nuestro mayor problema, lo que nos preocupa a la mayoría. No lo olviden.