La contaminación del aire en las grandes ciudades es un grave problema en toda Europa. La Agencia Europea del Medio Ambiente estimó en 2021 que 327.000 europeos mueren prematuramente en la UE por la contaminación del aire. Y en España, un informe de Countdown refleja que 22.000 muertes anuales pueden atribuirse a la contaminación, mientras otras fuentes suben a 30.000 muertes. Esta alta mortalidad se debe, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), a que la contaminación del aire aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares y pulmonares, ictus, asma y cáncer de pulmón, además de diabetes, obesidad y problemas de salud mental, junto a más partos prematuros, déficits al nacer y daños cerebrales a los niños. Y recuerdan que los grupos más vulnerables a la alta contaminación son los niños, las mujeres embarazadas, las personas mayores y los enfermos crónicos. Además de los daños a la salud, el Banco Mundial estima que la contaminación tiene unos costes sanitarios y laborales en España de 44.000 millones de euros.
Mostrando entradas con la etiqueta VOX. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta VOX. Mostrar todas las entradas
lunes, 6 de abril de 2026
Zonas bajas emisiones: 100 Aytos rebeldes
Acaba la Semana Santa y volvemos a la rutina, los atascos y la
contaminación de nuestras ciudades, que provoca enfermedades y 22.000
muertes al año en España. La principal culpa es del tráfico, razón
por la que se aprobó en 2021 una Ley de Cambio Climático que obligaba a los Ayuntamientos de las grandes ciudades (+
50.000 habitantes) a establecer Zonas de Bajas Emisiones (ZBE), para
limitar el acceso a los coches más contaminantes. Debían implantarlas el
1 de enero de 2023, pero más de 3 años después, los consistorios de 100
grandes ciudades no las han implantado (10 se niegan a hacerlo). Y la
mayoría de las 53 ciudades que sí lo han hecho aplican las restricciones
en zonas pequeñas y no multan. Además, Madrid acaba de aprobar que los coches
sin etiqueta puedan seguir circulando. Esta actitud se explica porque el
PP y Vox defienden posiciones negacionistas del Cambio Climático,
mientras los límites de contaminación se superan en zonas donde
viven 8,4 millones de españoles. Tremendo. Enrique Ortega
La contaminación del aire en las grandes ciudades es un grave problema en toda Europa. La Agencia Europea del Medio Ambiente estimó en 2021 que 327.000 europeos mueren prematuramente en la UE por la contaminación del aire. Y en España, un informe de Countdown refleja que 22.000 muertes anuales pueden atribuirse a la contaminación, mientras otras fuentes suben a 30.000 muertes. Esta alta mortalidad se debe, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), a que la contaminación del aire aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares y pulmonares, ictus, asma y cáncer de pulmón, además de diabetes, obesidad y problemas de salud mental, junto a más partos prematuros, déficits al nacer y daños cerebrales a los niños. Y recuerdan que los grupos más vulnerables a la alta contaminación son los niños, las mujeres embarazadas, las personas mayores y los enfermos crónicos. Además de los daños a la salud, el Banco Mundial estima que la contaminación tiene unos costes sanitarios y laborales en España de 44.000 millones de euros.
En España, el aumento del número de vehículos (31,3
millones en 2024, 2 millones
más que en 2019) sigue aumentando la contaminación en las grandes ciudades,
sobre todo porque casi un tercio del parque de vehículos tienen más de 20 años
de vida. Eso provoca que casi 8,4 millones de españoles (1 de cada 6
habitantes) viven en ciudades donde se superan los límites vigentes
(Directiva UE
2024/2881 y Decreto 102/2011) de partículas (PM 2,2 y PM 10),ozono
y NO2, afectando a una superficie de 83.000 km2 (el 16,5% del
territorio), según
el último estudio sobre contaminación de Ecologistas en Acción. Pero si
tomamos los nuevos límites de contaminación aprobados por la
Comisión y el Parlamento Europeo para 2030 (más estrictos, la mitad que los
actuales), resulta que 30,95 millones de españoles (2 de cada 3
habitantes) respiran un aire contaminado, en 22 grandes ciudades. Y si
somos más estrictos y aplicamos los límites
de la OMS aprobados en septiembre de 2021 (la cuarta parte de los
vigentes), toda España respira un aire que excede estos límites OMS.
Ante este panorama de contaminación, el Gobierno Sánchez aprobó
en mayo de 2020 la Ley de Cambio Climático, que no fue aprobada por el
Congreso hasta casi un año después, el 8 de abril de 2021, con
la abstención del PP y el voto en contra de Vox. Esta Ley, cuyo
objetivo central era reducir las emisiones de gases de efecto invernadero un
23% para 2030 (sobre las de 1990), incluía una medida muy concreta para
reducir la contaminación en las ciudades: los Ayuntamientos de las
ciudades de más de 50.000 habitantes (y los de más de 20.000 con una alta
contaminación) estaban obligados a implantar
Zonas de Bajas Emisiones (ZBE),
para limitar el acceso a esas zonas (generalmente el centro de las ciudades) de
los vehículos más contaminantes (sin etiqueta). Y les daba una fecha para que
esas zonas restringidas al tráfico se pusieran en marcha: el 1 de enero de
2023 (casi 2 años después).
El problema es que la gran mayoría de consistorios
(gobernados por PP y Vox) han
“remoloneado” para implantar estas ZBE, por ideología y porque no
eran “populares” para muchos ciudadanos. Así, en enero de 2023 sólo la habían
aplicado 10 ciudades (Madrid y Barcelona entre ellas), otras 10 más en enero de
2024 y 29 más en enero de 2025. Y en enero de 2026 sólo se han sumado 8
ciudades más, con lo que son 57 las ciudades grandes (53 de más
de 50.000 habitantes y 4 municipios catalanes con menos de 50.000 habitantes)
que tienen implantada una Zona de Bajas Emisiones (ZBE). Así que de las
153 ciudades obligadas por la Ley de Cambio Climático a instalar zonas de
acceso restringido, 100
ciudades no las aplican más de 3 años después del plazo fijado: 90
están en proceso de instalarlas ("no tienen prisa") y
otras 10 ciudades no han iniciado siquiera el proceso, se han declarado “en
rebeldía” (Telde, Puerto de Santa María, Arona, Orihuela, Valdemoro, Sanlúcar
de Barrameda, Ferrol, Arganda del Rey, Vic y Adeje).
Entre las 90 grandes ciudades que tramitan la instalación de una Zona de Bajas Emisiones (3 años y tres meses después del
plazo legal: ver
listado) hay 3 grandes capitales (Valencia, Murcia y Las
Palmas), 7 ciudades grandes-medianas (Vigo, Gijón, Vitoria, Oviedo,
Jerez, Móstoles y Santa Cruz de Tenerife), otras 25 ciudades de 100.000 a
200.000 habitantes (Alcalá de Henares, Leganés, Burgos, Albacete, Castellón,
Santander, Alcorcón, San Cristóbal de la Laguna, Marbella, Logroño, Huelva, Dos
Hermanas, Tarragona, Parla, Mataró, Algeciras, León, Santa Coloma, Cádiz, Jaén,
Reus, Ourense, Roquetas, Girona y Barakaldo), más otras 55 ciudades de
50.000 a 100.000 habitantes (capitales como Lugo,
Cáceres, Melilla, Toledo, Ceuta, Ciudad Real, Zamora, Huesca o Ibiza y grandes
ciudades como Santiago, Lorca, San
Fernando, San Sebastián de los Reyes, Pozuelo, Vélez Málaga, Torrevieja, Talavera,
Coslada, Manresa, Gandía, Avilés, Majadahonda, Paterna, Sagunto, Collado
Villalba, Irún, Mérida, Granollers, Pinto o Elda).
Pero además, en las 53
grandes ciudades donde sí funcionan las Zonas de Bajas Emisiones (ZBE),
en muchas se dan dos problemas que denuncian expertos y ecologistas.
Una, que la zona a la que se aplica la restricción de entrada
de vehículos es
muy pequeña, con lo que tiene poco impacto real en la reducción
de la contaminación (son ZBE “de cara a la galería”). La otra, que muchos
de los Ayuntamientos que aplican estas restricciones no
multan a los infractores: primero les dieron un plazo de gracia
de un año (avisos sin multa) y después muchos Ayuntamientos los han
prorrogado y no sancionan realmente, otro factor que resta efectividad a
estas 53 ZBE (57 con los 4 municipios pequeños) que si funcionan.
¿Qué ha hecho el Gobierno Sánchez para que los
Ayuntamientos cumplan la Ley? La verdad es que poco,
dado el constante enfrentamiento político con los consistorios gobernados por el
PP (que se abstuvo en la votación de la Ley de CC, pero que ahora está en
una posición más negacionista del Cambio Climático, por presión de Vox). En
2025, tras los 2 primeros años de retraso, el ministro de Transportes (Oscar
Puente) amenazó
a los Ayuntamientos incumplidores a no transferirles los Fondos europeos
destinados a subvencionar el transporte público y fijó una fecha: el 2º
trimestre de 2025. Pero al día de hoy, no
se conoce ningún caso de un Ayuntamiento que no haya recibido estas ayudas.
La otra medida anunciada (sin fecha) es la
aprobación de un Decreto-Ley (de los Ministerios de Transición
Ecológica y Transportes) para obligar a los Ayuntamientos a multar realmente
a los conductores con vehículos contaminantes que entran en las ZBE.
Mientras, la Fiscalía de Medio Ambiente y el Defensor
del Pueblo han
pedido información a los Ayuntamientos sobre sus incumplimientos en la
instalación de ZBE. Y Ecologistas en Acción han llevado a los Tribunales
a varios Ayuntamientos (Valladolid, Santander y Alicante) mientras preparan
otros recursos (contra Valencia y Arganda) por “inacción, fraude o falta de
ambición” en la creación de Zonas de Bajas Emisiones.
Otra medida muy criticada por expertos y ecologistas ha sido
la reciente decisión (25 marzo 2026) del Ayuntamiento
de Madrid de prorrogar
indefinidamente la circulación de los vehículos sin etiqueta (y poder aparcar en las zonas verde y azul de su barrio), siempre que su titular
esté empadronado en la capital. Estos vehículos sin etiqueta (11.309, el
1,08% de los que circulan) ya tuvieron dos prórrogas antes: una
para poder circular hasta finales de 2025 y otra hasta finales de 2026, lo que
provocó que muchos propietarios los vendieran. Y ahora se quejan del cambio
normativo del Ayuntamiento, provocado por una
sentencia del Tribunal Superior de Justicia de
Madrid (17 de septiembre 2024) que anuló la prohibición de
circular aprobada
por el consistorio y recurrida por Vox en noviembre de 2021. Así que
ahora, “bula” para los coches sin etiqueta en Madrid.
En definitiva, tenemos un grave problema de contaminación
del aire en gran parte de España (recordemos: 2
de cada 3 españoles respiran un aire que supera los límites aprobados por
Europa para 2030, una Directiva que el Gobierno debe transponer) y sin embargo,
dos
de cada tres grandes ciudades incumplen la Ley y no han implantado Zonas
de Bajas Emisiones (ZBE). Y las que sí lo han hecho, ha sido en zonas pequeñas
o no multan a los que entran con coches muy contaminantes. Esto es
especialmente preocupante porque casi el 60% de los coches que circulan en
España no tienen etiqueta (el 29,4%) o tienen etiqueta B
(otro 29,7%), mientras el 36,4% tienen etiqueta C y sólo un 5,8%
tienen etiqueta ECO y un 1,6% tienen etiqueta 0, según
ANFAC. Y el 92,7% de los vehículos que circulan por nuestras
ciudades y carreteras son diesel (58,9%) o gasolina (33,8%), los
motores de combustión que más contaminan (y sobre todo los viejos: 1/3
vehículos tienen más de 20 años).
Nos quejamos de las inundaciones, olas de calor
o los incendios forestales, pero no se toman medidas eficaces
para paliar los efectos de la emergencia climática, sobre todo los relacionados
con el tráfico en las ciudades. Y a
pesar de los informes de los científicos, que aseguran que el origen
del problema está en los combustibles fósiles y en el tráfico, crecen
los políticos negacionistas, en Europa y en España, muchos en los
grandes Ayuntamientos, que no están dispuestos a tomar medidas contra el
tráfico y la contaminación, retrasando y boicoteando las Zonas de Bajas
Emisiones (ZBE). Y no se espera la incorporación este 2026 de muchas de las 100
ciudades pendientes, sobre todo porque en mayo de 2027 hay elecciones
municipales y tanto PP como Vox irán con la bandera “negacionista”.
Nuestra esperanza sigue siendo Europa, aunque en
Bruselas crece el peso de los políticos negacionistas: a la extrema
derecha se ha sumado la mayoría del PP europeo, en una alianza que ha
conseguido un triunfo en diciembre de 2025: retrasar
la prohibición de venta de coches de combustión (gasolina y gasóleo) a
después de 2035, retraso que todavía ha de aprobar el Parlamento europeo.
Pero, de momento, sigue vigente la nueva Directiva de emisiones (Directiva UE
2024/2881), aprobada en octubre de 2024, que reduce
a la mitad los límites actuales de emisiones en los paises
miembros para 2030. España tiene que transponer ahora esta
Directiva y tomar medidas para cumplir estos límites de contaminación más
estrictos (se reducen a la mitad las emisiones permitidas de partículas, ozono
y N02) en 2030. Eso puede reforzar al Gobierno frente a los Ayuntamientos “rebeldes”,
aunque todo va a depender de la duración de la Legislatura y de las
municipales y generales de 2027.
En cualquier caso, reducir la contaminación de nuestras
ciudades (que enferma, mata y cuesta mucho dinero) no debería ser objeto
de “pelea política”, ya que nos afecta negativamente a todos y deberían
pactarse medidas eficaces. Pero la realidad es que la lucha
contra las medidas ambientales es una de las banderas de la extrema
derecha y de la derecha (de momento en autonomías y Ayuntamientos, pero lo
será en toda España si llegan a la Moncloa), a costa de agravar la emergencia
climática y de nuestra salud. Deberíamos apostar por ciudades más
limpias y con menos coches, aunque nos cueste cambiar de hábitos.
Y votar en consecuencia cuando nos toque.
La contaminación del aire en las grandes ciudades es un grave problema en toda Europa. La Agencia Europea del Medio Ambiente estimó en 2021 que 327.000 europeos mueren prematuramente en la UE por la contaminación del aire. Y en España, un informe de Countdown refleja que 22.000 muertes anuales pueden atribuirse a la contaminación, mientras otras fuentes suben a 30.000 muertes. Esta alta mortalidad se debe, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), a que la contaminación del aire aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares y pulmonares, ictus, asma y cáncer de pulmón, además de diabetes, obesidad y problemas de salud mental, junto a más partos prematuros, déficits al nacer y daños cerebrales a los niños. Y recuerdan que los grupos más vulnerables a la alta contaminación son los niños, las mujeres embarazadas, las personas mayores y los enfermos crónicos. Además de los daños a la salud, el Banco Mundial estima que la contaminación tiene unos costes sanitarios y laborales en España de 44.000 millones de euros.
Etiquetas:
aire ciudades,
Ayuntamientos,
contaminación ciudades,
Directiva Europea emisiones,
emisiones contaminantes,
Ley Cambio Climático,
muertes contaminación,
PP,
VOX,
ZBE,
Zonas bajas emisiones
lunes, 7 de julio de 2025
Ola de calor y Bruselas rebaja política climática
La primera ola de calor de este verano ha dejado un
mapa de muertes y problemas en toda Europa, especialmente en España.
Y junio ha sido el mes más cálido de la historia. No es casualidad: la
ONU reitera que la culpa es del Cambio Climático, que el Planeta se está
volviendo “más caliente y más peligroso”. Pero el miércoles, con
Bruselas a 37 grados, la Comisión Europea “suavizó” su política climática,
aprobando “un truco contable”: permite a paises y empresas emitir
más CO2 del previsto si a cambio pagan a otros paises
(pobres) que reduzcan sus emisiones. “Externalizan” la gestión de las emisiones
como algunos proponen hacer con los inmigrantes… Y eso pasa cuando los autócratas
de medio mundo, de Trump a Milei, niegan el cambio climático y el
PP y Vox hacen políticas negacionistas en Murcia, Valencia,
Extremadura o Aragón, además de en sus Ayuntamientos. No nos quejemos
del calor extremo: exijamos a los políticos que aceleren las medidas
contra la emergencia climática. Ya.
Por si alguien tenía dudas del “Cambio Climático”, nos ha caído encima la primera ola de calor del verano, que por primera vez empezó en junio: el domingo 29 fue el día más caluroso en España desde que hay registros (1950) y más de 100 localidades superaron la semana pasada los 40 grados (46 grados en El Granado, Huelva). Y este junio ha sido el más cálido de la historia: 23,6 grados de media, 0,8 grados más que en junio 2017 (anterior récord). La ola de calor no se ha sufrido sólo en España, sino que ha recorrido toda Europa, desde Reino Unido a Turquía, con muertos incluso en Francia e Italia. En España, el sistema MOMO (Instituto Carlos III) estima que ha habido 390 muertos en junio por la ola de calor, más 53 en los dos primeros días de julio, la mayoría mayores de 75 años (338 en junio).
Ya son varios años en que se producen olas de calor,
sobre todo en España y la Europa del sur, con un tremendo saldo de muertes,
incendios forestales y daños a la agricultura y la ganadería, las infraestructuras,
el turismo y las empresas, así como a los
ecosistemas terrestres y marinos. En Europa se produjeron 47.690 muertos
por olas de calor en 2023, según un estudio de Nature Medicine. Y en España, los
datos del sistema MOMO señalan que hubo 3.521 muertos por olas de calor
en 2024. Pero sólo en la primera mitad de 2025 (hasta junio), se estima que
ha habido ya 2.168 muertos por altas temperaturas.
El calor extremo ya no es una novedad en el mundo y menos en
la Europa del sur, donde llevamos varios años sufriendo olas de calor,
especialmente desde 2022. “El Planeta se está volviendo más caliente y
más peligroso: ningún país es inmune”, declaraba
la semana pasada en Sevilla (a más de 40 grados) el secretario general de
la ONU, Antonio Guterres. Y los expertos insisten: “la ola de calor no es
una casualidad, es consecuencia del Cambio Climático, que la hace 5 veces más
probable”, según la plataforma
científica Climate Central. El “mecanismo” es bien conocido: la acumulación
de gases de efecto invernadero (CO2, metano, óxido nitroso, hidrofluorocarbonos,
perfluorocarbonos y hexafluoruro de
azufre) hacen como de “paraguas” que retiene el calor solar y aumenta las
temperaturas. En España, la temperatura media de 2024 fue 1,64
grados más alta que en 1961.
Los expertos
de la ONU (IPPC) calculan
que cada medio grado adicional de calentamiento global de la atmósfera causa aumentos
importantes en la intensidad y frecuencia de las temperaturas extremas. Y
dado que el Planeta sigue calentándose año tras año, estiman que los paises sufriremos
cada vez más olas de calor, que llegarán antes
(normalmente se daban en julio y agosto, pero ahora han sido en junio) y que
serán más graves y duraderas. Así que no nos extrañemos de lo que
está pasando: “el calor extremo ya no es un fenómeno raro, se ha convertido en
la nueva normalidad”, alertó
Antonio Guterres en Sevilla, pidiendo “más ambición” a los Gobiernos en la
lucha contra esta “emergencia climática.
El problema es que el clima empeora cuando en medio mundo se
consolidan los líderes políticos que niegan el Cambio Climático, como
Trump en USA o Milei en Argentina. Los autócratas del mundo y la extrema
derecha han convertido la lucha contra las políticas “verdes”
como uno de sus principales caballos de batalla cultural y política
(junto a los inmigrantes, el feminismo y los impuestos). El
“anti-ecologismo” es una seña de identidad de la extrema
derecha y parte de la derecha internacional, con su corolario de oposición a
cualquier regulación medio ambiental (“imposición
ideológica verde”, dice Vox) para
frenar el Cambio Climático. Y con ello, hay cada vez más paises y Gobiernos que
no toman medidas decididas para reducir las emisiones que provocan y aceleran
las olas de calor.
En Europa, las últimas elecciones en la UE (junio
2024) supusieron una
derechización del Parlamento Europeo y la Comisión, con un mayor peso
de la derecha y la extrema derecha. Por eso, el PP Europeo vetó la Ley
de Restauración de la Naturaleza, que puso salir adelante en el Parlamento
europeo (julio de 2023) gracias al voto de socialistas, liberales, verdes,
izquierda y algunos eurodiputados 'populares' que apoyaban la norma (324 votos a
favor y 312 en contra). Y además, el PPE promovió el aplazamiento
de la entrada en vigor de la Ley de Deforestación y diluyó la Ley
de Biodiversidad. Con la nueva Comisión Europea y la extrema derecha
negacionista ganando terreno en media Europa, ganan peso los que creen
que Europa debe echar
el freno a las políticas climáticas de vanguardia, porque
perjudican a la competitividad de las empresas europeas.
El último ejemplo de esta “nueva ecología europea”
lo dio la Comisión Europea el miércoles pasado, 2 de julio, precisamente cuando
en Bruselas hacía unos inusuales 37 grados… El Gobierno europeo aprobó
una enmienda a la Ley europea del Clima (en vigor desde julio de 2021)
que pretende “flexibilizar” algunas medidas para reducir las
emisiones europeas, manteniendo el mismo objetivo final de la Ley: que se
reduzcan el 90% para 2040 (respecto a las de 1990) y emisiones netas cero para
2050.
La primera
medida “de flexibilización” es
que se permite a los paises, sectores y empresas que en vez de reducir las
emisiones previstas, puedan reducirlas algo menos a cambio de que compren
derechos de emisiones de CO2 a paises y empresas de fuera de la UE. Es
decir, que un sector como el automóvil o la aviación, por ejemplo, pueden
recortar menos sus emisiones de CO2 (desde 2036) siempre que a cambio compren
derechos (paguen) a paises o empresas que hayan reducido emisiones, por ejemplo
una empresa que tiene bosques en Brasil o una sociedad extranjera que ha
invertido en renovables o en mecanismos de absorción de carbono. A lo claro: yo
sigo emitiendo a cambio de pagar a otros (paises pobres y empresas del sur
Global) para que emitan menos. Se trata de “externalizar”
una parte de las emisiones (hasta el 3%), un mecanismo que ya
intentó Italia con sus inmigrantes (en Albania) o que hace Trump con las
prisiones de El Salvador.
Además de este “nuevo mecanismo” para facilitar la
descarbonización de empresas y sectores europeos, la
enmienda aprobada permite otro mecanismo de “flexibilización”: la
reducción de emisiones se podrá compensar entre sectores y empresas, de tal
manera que se evita imponer un plan “rígido” de recorte, lo que ha sido
aplaudido por las empresas. Y además se incluyen nuevos mecanismos para reducir
emisiones y cobrar derechos de CO2, como la reforestación y las técnicas de
captura y almacenaje de CO2 (poco desarrolladas y “poco viables”,
según muchos expertos, que lo consideran una vía de posibles fraudes).
Muchos expertos y ecologistas han
criticado con dureza estas nuevas medidas de Bruselas,
calificándolas de “trucos contables” para retrasar medidas
efectivas contra las emisiones. Y creen que ante la grave emergencia
climática que vivimos, “socaban la credibilidad de las políticas climáticas
europeas”, según
la Oficina Europea de Medio Ambiente (EEB). Para Greenpeace,
las medidas “abren la puerta a hacer trampas para reducir las emisiones”
y critican dejar en manos de terceros una responsabilidad que debe asumir
Europa: “pagar a otros paises (pobres) para que reduzcan tus emisiones en tu
nombre no es liderazgo, es posponer el problema”, añaden, criticando que la
Comisión priorice los criterios económicos (competitividad e inversiones) sobre
la urgencia medioambiental.
Ahora, estos cambios en la gestión de las emisiones han de
ser ratificados por los Gobiernos europeos y por el Parlamento Europeo,
algo que parece muy posible. Y el siguiente paso es que
Europa apruebe su Plan Climático 2035, que debía haber presentado en
febrero y que ahora se promete para septiembre. Ahí volveremos a ver si la Comisión
Europea suaviza sus objetivos medioambientales, como se temen muchos expertos y
ONGs. Mientras, la
ONU insiste en que hay que avanzar más, que los paises “se
tienen que poner las pilas” y aprobar Planes de recorte de emisiones más
drásticos y eficaces. Porque con los Planes presentados hasta
ahora por los 192 firmantes del Acuerdo de París, la temperatura de la
Tierra aumentaría 2,6 grados para 2100, un aumento que trastocaría el
clima y la economía, dado que supera con crecer el tope límite de 1,5 grados
fijado como “sostenible” por los expertos.
La ONU y los científicos están muy preocupados porque la
emergencia climática avanza a mayor ritmo y los paises no reducen emisiones
sino que las aumentan: en 2024, las emisiones de CO2 en el mundo fueron
de 37.400 millones Tm de CO”, un +0,8% que en 2023., según
Carbón Monitor. China (responsable del 32% de las emisiones mundiales)
aumentó sus emisiones un 0,2%, EEUU (responsable 13% emisiones totales) las bajó
un 0,6%, la India (8% emisiones mundiales) las aumentó un 4,6%, la Unión
Europea (7% emisiones totales) las bajó un 3,8% y el resto del mundo (38%
emisiones) las subió un 1,1%. Y este año 2025, hasta abril, las emisiones
mundiales han subido otro 3%, según Carbón Monitor. España aumentó sus emisiones de CO2 en 2024
(278 millones Tm, +0,9%).
Ante este panorama, con Trump en plan negacionista (“perfora, niño, perfora”) y China e India “a su aire”, el papel de Europa es aún
más decisivo, aunque avancen los negacionistas. Por todo ello, la
ONU organizó una “Cumbre Climática virtual” el 23 de abril,
donde participaron Brasil y 17 líderes de economías desarrolladas (entre ellos
Pedro Sánchez, de España), China, África y Asia, más paises e islas muy vulnerables
al Cambio Climático, para impulsar Planes nacionales más ambiciosos
contra el Cambio Climático. “Ya hemos negociado bastante: hay que
pasar a la acción”, les dijo Antonio Guterres. El objetivo es tener en
septiembre Planes climáticos hasta 2035 de los 192 paises firmantes del Acuerdo
de París, para darles un impulso definitivo en la próxima
Cumbre del Clima, que se celebrará del 10 al 21 de noviembre en Belém
(Brasil). Será una COP30 clave.
Mientras los dirigentes europeos y mundiales
no afrontan con decisión la lucha contra la emergencia climática (una “guerra
mundial” que estamos perdiendo), los ciudadanos estamos cada vez más
preocupados: el 85% de los ciudadanos europeos consideran que el
Cambio Climático es “un problema grave” , según
el Eurobarómetro de junio. Pero luego apoyan y votan a partidos que, en
muchos casos, niegan ese Cambio Climático y dicen que es “una cuestión
ideológica”, como si no tuviera nada que ver con las olas de calor.
En España, esta contradicción entre lo que piensan
los ciudadanos y algunos de sus partidos es especialmente relevante, porque el
negacionismo de Vox se ha acabado contagiando al PP, que utiliza
cada vez más las políticas ambientales como “una bandera de enganche” para
captar votos. Y además, los pactos PP-Vox en algunas autonomías
han llevado a varios Gobiernos a aprobar medidas que favorecen la crisis
climática, así como en
sus Ayuntamientos (retraso zonas de bajas emisiones y supresión carriles
bici) . En
Murcia, el pacto presupuestario PP-Vox (junio) incluye modificar la
Ley de Protección del Mar Menor y un rechazo explícito “a las políticas medioambientales
europeas”, lo mismo que ha hecho Mazón en
la Comunidad Valenciana para aprobar sus Presupuestos con Vox. Y
también en
Extremadura se han revisado normativas de protección ambiental, como
en Castilla y León, Andalucía, Cantabria y Aragón, con o sin Vox. Da
miedo pensar lo que harían si Feijoo y Abascal llegan a la Moncloa…
Vendrán más olas de calor, antes y más graves y duraderas
Por si alguien tenía dudas del “Cambio Climático”, nos ha caído encima la primera ola de calor del verano, que por primera vez empezó en junio: el domingo 29 fue el día más caluroso en España desde que hay registros (1950) y más de 100 localidades superaron la semana pasada los 40 grados (46 grados en El Granado, Huelva). Y este junio ha sido el más cálido de la historia: 23,6 grados de media, 0,8 grados más que en junio 2017 (anterior récord). La ola de calor no se ha sufrido sólo en España, sino que ha recorrido toda Europa, desde Reino Unido a Turquía, con muertos incluso en Francia e Italia. En España, el sistema MOMO (Instituto Carlos III) estima que ha habido 390 muertos en junio por la ola de calor, más 53 en los dos primeros días de julio, la mayoría mayores de 75 años (338 en junio).
“No podemos retroceder en la acción climática”,
acaba
de decir el Secretario General de la ONU. Pero no parece que esa sea la
prioridad de muchos políticos mundiales, europeos y españoles. Así que no
basta con quejarse de la ola de calor. Habría que salir a la calle y
manifestarse a favor de políticas más decididas contra la emergencia climática,
para salvar el Planeta y nuestras vidas. Y sobre todo, no votar a nadie
que sea “negacionista”. El
Cambio Climático está aquí y es un problema más grave que las guerras,
la inmigración o el paro. Es una cuestión de supervivencia. Y
si retrasamos las medidas o las “suavizamos” nos estamos engañando y poniendo
en peligro. Ya lo sabemos: si no se reducen drásticamente las emisiones, habrá
más olas de calor, más graves y más mortíferas. Seguro.
Etiquetas:
cambio climático,
emisiones CO2,
Europa,
gobierno Sánchez,
muertes por calor,
negacionistas,
ola de calor,
ONU,
política climática,
políticas verdes,
PP,
subida temperatura,
VOX
lunes, 3 de junio de 2024
Elecciones europeas 2024: mucho en juego
Este domingo 9 de junio, 360 millones de europeos elegimos
el gobierno de la Unión Europea para los próximos 5 años. Unas elecciones
cruciales, porque en Bruselas se deciden temas claves para nuestro día
a día y nuestro futuro: la lucha contra el Cambio Climático, la
energía, el control de la inmigración, la seguridad europea y,
sobre todo, la supervivencia económica de Europa frente a Estados Unidos
y China, además de mantener a Europa como el continente más libre y
socialmente avanzado del mundo. En las últimas décadas, el gobierno
europeo lo ha gestionado una alianza de demócratas cristianos,
socialdemócratas y liberales, pero ahora, la extrema derecha (Le
Pen, Meloni, Vox…) pugna por ser el tercer bloque político,
promoviendo una coalición con la derecha más conservadora (parte del PPE) para dar
marcha atrás en muchas políticas, desde el negacionismo climático a la inmigración,
nuevos ajustes o el recorte de libertades. Y defienden más poder de los
paises frente a más Europa. Nos jugamos el futuro. Vota
avanzar, no retroceder. Enrique Ortega
Son las décimas elecciones europeas, desde las primeras de 1979. En las anteriores, en mayo de 2019, el temor político estaba centrado en los efectos del Brexit (salida del Reino Unido de la UE, tras el referéndum de junio de 2016), el riesgo de avance de la ultraderecha nacionalista en Francia, Holanda, Italia y Alemania. Ahora, en estas elecciones del 9 de junio, está en juego el propio proyecto europeo: si avanzamos hacia “más Europa” o si retrocedemos a posturas nacionalistas, con más peso de los Estados y menos avances en la integración económica, financiera, fiscal y política en Europa. De nuevo, elegimos entre “avanzar” o “retroceder” en los Estados Unidos de Europa.
Con todo, el gran temor es que se produzca “un cambio
político de fondo” en la gestión de la política europea, en el
Parlamento Europeo y luego en la Comisión, el gobierno de los 27. En las
últimas décadas, el
proyecto europeo lo ha liderado una coalición integrada por conservadores
socialcristianos (177 diputados en 2019), socialdemócratas (140 diputados) y
los liberales y centristas (102 diputados
en el grupo Renew Europa), que tienen la mayoría, con los Verdes (72) y La
Izquierda europea (37 escaños), en el Parlamento de Estrasburgo (705 escaños
tras la salida del Reino Unido). Pero en los últimos años han
crecido los grupos de extrema derecha, muy poderosos en Francia (Le Pen),
Italia (Meloni y Salvini), Polonia (PiS), Hungría (Fidesz), (Alemania (AfD) y
Holanda (Partido por la Libertad), aunque están presentes en todos los
parlamentos europeos, salvo en Irlanda, Eslovenia y Lituania.
Si los grupos de extrema derecha ya consiguieron un
21,8% de los votos en las elecciones europeas de 2019 (19,29% si restamos a la ultraderecha británica), ahora se espera que
crezcan en las elecciones del 9-J. Y con ello, la
extrema derecha podría convertirse en el tercer grupo político de Europa, ampliando
los diputados que ya tienen los 2
grupos ultraderechistas presentes en Estrasburgo: 73 diputados de Identidad
y Democracia (Le Pen, Alternativa para Alemania, Salvini y Partido por la
Libertad de Holanda) y 68 diputados de ECR, Conservadores y Reformistas
(Meloni, el polaco PiS, el francés Reconquista y el español VOX). Y podrían unírseles
los futuros eurodiputados del húngaro Víktor Orban, cuyos 13
eurodiputados fueron
expulsados en 2021 de las filas del grupo popular europeo (PPE), tras
múltiples encontronazos políticos.
La derecha europea, el PPE (donde está el PP español) es consciente
del “cambio político” y ha querido anticiparse con un “cambio de
estrategia”: la candidata del PPE a presidenta de la Comisión Europea, Úrsula
von der Leyen (líder de la CDU, democracia cristiana alemana), enfrentada
desde hace años con el presidente del PPE (Manfred Weber, líder de la CSU, los
socialcristianos alemanes), está dispuesta a compensar la pérdida esperada
de diputados propios (el PPE bajará a 170), socialdemócratas (entre 130 y
140) y sobre todo de centristas y liberales (esperan bajar a 85), más verdes
(43) y de izquierdas (30) con
una alianza futura con parte de la extrema derecha, a la que hasta
ahora los conservadores europeos han impuesto “un cordón sanitario”,
sobre todo en Alemania.
En concreto, Von der Leyen dice que está
dispuesta a gobernar con los diputados de Meloni, porque aunque sea de
extrema derecha, es “europeísta” y está contra Putin (y contra
los inmigrantes ilegales, a los que deporta a Albania, contra el aborto y la
homosexualidad, además de contra muchas libertades, siendo su aliado en España el líder
de Vox, Santiago Abascal). Este cambio de los conservadores europeos ha
sido criticado por el líder de los socialdemócratas, el luxemburgués Nicolas
Schmit, que amenaza
con romper la coalición con Von der Leyen si pacta con Meloni.
Así que en estas elecciones se juega si sigue
gobernando la alianza conservadora-social- liberal o si
el gobierno de Bruselas se escora a la derecha, empujado por la
ultraderecha y los populistas, que tienen en común ser más “nacionalistas”,
apostar por mantener el poder de los paises en muchas cuestiones y frenar los
avances en la integración europea en temas
claves como el Cambio Climático, la independencia energética, la
inmigración, la política de seguridad y, sobre todo, los avances en el mercado único
y la integración económica, fiscal y financiera, para conseguir unos Estados
Unidos de Europa. Los grandes retos de Europa.
El primer gran reto de Europa (y del mundo) es afrontar
la Crisis Climática. Hasta ahora, el continente ha sido el líder en
la lucha contra las energías fósiles y en el desarrollo de las energías verdes,
aprobando en
2019 el Pacto Verde Europeo, con un objetivo pionero
en el mundo: reducir las emisiones de gases de efecto invernadero un 55% hasta
2030 y dejarlas en cero emisiones netas para 2050. Para ello, la
Comisión ha aprobado estos años múltiples Planes e inversiones, pero le ha
costado aprobar en el Europarlamento la
Ley de Restauración de la Naturaleza, que salió adelante el 24 de febrero
de 2024, con los votos en contra de la extrema derecha europea y parte de
los conservadores. Ley duramente criticada por los agricultores
europeos y que ahora debe ser ratificada por los paises, en el Consejo
de Medio Ambiente del 17 de junio, tras las elecciones del 9-J.
Si la ultraderecha y la derecha más conservadora y
negacionista (como el PP español) avanzan en estas elecciones europeas, podría
haber una marcha atrás en las políticas medioambientales, a pesar de
que el
80% de los hábitats europeos están en mal estado (la Ley sólo pretende
restaurar el 20% que está peor para 2030). Si avanza la derecha negacionista,
cobrará fuerza la resistencia económica y empresarial contra los
impuestos verdes y las normas anti-emisiones, con la “excusa” de que el
liderazgo medio ambiental de la UE pone en peligro la competitividad y los
empleos de las empresas europeas. Y eso sería especialmente grave para el sur
de Europa, muy afectado por la Crisis Climática.
El segundo gran reto es regular la inmigración a Europa. El
problema es serio, porque en 2023 llegaron a la UE un total de 255.332
inmigrantes irregulares, una cifra elevada pero muy distante de los 1,04
millones que llegaron en 2015, tras la guerra de Siria. Eso sí, Europa sigue
siendo un continente atractivo para los millones de jóvenes sin futuro de
África, Oriente Medio, Asia y América, como lo demuestra que las
solicitudes de asilo se hayan vuelto a disparar: el récord fue en 2015
(1.216.868 solicitudes), bajó a menos de la mitad en 2018 (564.115) y luego ha
crecido año tras año, hasta llegar a 1.049.020 solicitudes de asilo en 2023,
según
Eurostat (320.025 en Alemania, 160.460 en España, 145.095 en Francia,
130.565 en Italia y 55.605 en Austria). Un problema, la llegada de inmigrantes,
que hay que canalizar aunque Europa necesita empleo extranjero, por
su alto
envejecimiento: el 21% de los europeos tienen más de 65 años y en
2050 serán mayores el 29,5%. De hecho, la ONU ha alertado que Europa
necesita 60,8 millones de inmigrantes para 2050.
Los gobiernos europeos han intentado tomar
medidas para regular la inmigración, tras la avalancha de 2015, sin
conseguirlo: han puesto “parches” a las llegadas, que han sufrido
Grecia, Italia y España, junto a Alemania, entre el desinterés del resto,
mientras 3.000 inmigrantes morían en el Mediterráneo. Finalmente, la Comisión y
los paises han buscado aprobar un Pacto
sobre Migración y Asilo antes de estas elecciones, temiendo que luego
sea más difícil lograrlo. Se
aprobó el 10 de abril en el Europarlamento, con muchas críticas tanto de la
derecha como de la izquierda (322 votos a favor, 266 en contra y 31 abstenciones).
Y el Consejo
ratificó el 14 de mayo este Pacto migratorio que endurece la entrada y el
asilo de inmigrantes, permitiendo que los paises del norte puedan comprar su
insolidaridad pagando 20.000 euros por los inmigrantes que les toquen y no
acojan.
Pero este Pacto migratorio in extremis, manifiestamente
insolidario, no resuelve el problema: dos días después del acuerdo del
Consejo Europeo, el 16 de mayo, 15
paises europeos enviaron una carta a la
Comisión en la que pedían que “explorara acuerdos para
crear Centros de acogida fuera de la UE para inmigrantes rescatados en el mar”,
al igual que quiere hacer el británico Rishi Sunak en Ruanda (la carta de la
vergüenza la enviaron Dinamarca, República Checa, Bulgaria, Estonia,
Grecia, Italia, Chipre, Letonia, Lituania, Malta, Paises Bajos,
Austria, Polonia, Rumanía y Finlandia). Si en esos paises y en el
resto de Europa avanza la extrema derecha, el endurecimiento de las políticas
migratorias será una realidad. A pesar de que el porcentaje de extranjeros sólo
supera el 10% de la población en 7 paises UE: Suecia (20,4%), Alemania (19,5%%), España
(17,1%), Francia (13,1%), Portugal (16,1%), Grecia (11,3%) e Italia (10,9%). En
total, hay 63,6
millones de europeos nacidos en el extranjero, el 13,3% del total
(15,3% en EE. UU.).
El tercer gran reto europeo es la defensa y seguridad,
sobre todo tras la invasión de Ucrania por Putin (febrero 2022) y ante el temor
de que Trump gane la presidencia de EEUU. Parece claro que Europa no
puede dejar la defensa y seguridad del continente en manos de la OTAN,
una organización financiada en un 67% por EEUU. Ya en 2020, la Comisión
y los paises aumentaron
el gasto europeo en Defensa, que pasará de 214.000 millones (2021) a
284.000 millones en 2025. Y se creó, en 2021, un Fondo
Europeo de Defensa, dotado con 7.921 millones hasta 2027 para promover
la investigación y desarrollo de nuevas armas, dentro de una Política de Defensa
Europea, que contempla fomentar una industria armamentística europea y
un Mercado Común de la Defensa, para evitar que pase lo que ahora: el 80% del
gasto que ha hecho la UE para defender Ucrania ha servido para crear
empleos en USA, Turquía o Corea, no en Europa.
Cara al futuro, los paises tendrán que afrontar la creación
de un Ejército Europeo, que complemente a la OTAN, aumentando el
gasto en Defensa y Seguridad. Actualmente, sólo
11 de los 31 paises de la OTAN gastan más del 2% del PIB en Defensa (3,90%
Polonia, 3,50% USA, 3,01% Grecia, 2,73% Estonia, 2,54% Lituania, 2,45%
Finlandia, 2,44% Rumania, 2,43% Hungría, 2,27% Letonia, 2,07% Reino Unido y
2,03% Eslovaquia), mientras Francia gasta 1,90%, Alemania 1,57%, Italia
1,46% y España 1,26% del PIB en 2023. Ya este 2024, la OTAN espera
que dos tercios de los paises gasten más del 2% en Defensa, una prioridad,
como la Seguridad (física y cibernética) para el próximo Gobierno europeo.
Y llegamos al cuarto gran reto europeo, el
fundamental: mejorar
su competitividad, asegurar su lugar en un mundo cada vez más
complejo y dominado por Estados Unidos y China. “Europa
puede morir”, alertó el presidente Macron en la Sorbona, al abrir
la campaña de las europeas. El temor es que Europa pierda el
tren del futuro, desde la tecnología y la digitalización a los chips y la
inteligencia artificial, que las empresas europeas no sean capaces de
competir en los mercados mundiales con los gigantes norteamericanos y
chinos. Hay dos datos preocupantes. Uno, que el
déficit comercial de la UE con China se ha duplicado: de -182.300 millones
en 2020 saltó a -396.800 millones en 2022, aunque ha bajado a -291.600
millones en 2023. El otro, que la mayor parte del ahorro
europeo lleva años “fugándose” del continente, a inversiones
punteras en Estados Unidos y China.
Europa necesita buscar su lugar en el mundo, ser
más competitiva y con empresas punteras para sobrevivir en un siglo que
estará dominado por USA, China y quizás India. El miedo es que Europa
no avance en su integración, porque país a país será incapaz de
sobrevivir. Para saber qué hacer, la Comisión
encargó dos informes, a los exministros italianos Enrico Letta y Mario Draghi.
El informe de Letta (“Mucho
más que un mercado”) propone
cambios estructurales en 3 grandes áreas: telecomunicaciones,
energía y finanzas. Tres sectores donde Europa tiene muchas empresas
pequeñas y necesita conseguir grandes multinacionales (con fusiones
europeas), para competir con USA y China. Y pone como ejemplo la industria
aeronáutica: Airbus es líder mundial porque es una empresa
europea (Francia, Alemania y España). Si fuera sólo la empresa de un país, la líder sería
la norteamericana Boeing…
Este ejemplo de Airbus hay que replicarlo en las
telecomunicaciones, la energía, la banca, las empresas tecnológicas, las
farmacéuticas, las de armamento, las automovilísticas, los chips, la
inteligencia artificial, etc., etc., movilizando esfuerzos e inversiones
europeas. Y para ello, Europa
debe avanzar en el mercado único, en una mayor integración
presupuestaria (el Presupuesto de la UE-27 es ridículo comparado con el de
los paises, el de USA o China), fiscal (más impuestos a nivel europeo y
menos nacionales) y financiera (fusiones para lograr gigantes
financieros europeos y crear una gran Bolsa europea).
Para competir en un mundo globalizado y muy
competitivo, hay que avanzar en más Europa, en construir
de verdad los Estados Unidos de Europa, no potenciar los nacionalismos
como defiende la ultraderecha y gran parte de los conservadores europeos. Sólo
así Europa podrá ser más competitiva, crecer más y crear empleos estables,
mientras busca reducir las
desigualdades entre la
Europa del norte y la del sur, que se han agravado: la renta
media disponible por habitante de Alemania (23.107 euros) es 1,34 veces
la de España (17.254 euros) y más del doble que la renta por habitante
de Bulgaria (9.671 euros en 2022).
Como vemos, muchos son los retos que tiene por
delante Europa y que nos afectan a todos. Por eso son
claves estas elecciones, porque no son lo mismo las recetas que
proponen los conservadores moderados, socialdemócratas o liberales que la
derecha menos evolucionada y la ultraderecha. Está en juego el modelo de
Europa, no solo sus libertades sino también sus posibilidades de competir
mejor en el mundo, de crear riqueza, empleo e igualdad, en un continente más
sostenible y que integre a nacionales y extranjeros. Al final, se trata de apostar
por más Europa, para conseguir una España mejor. Avanzar y no
retroceder. Vota.
Son las décimas elecciones europeas, desde las primeras de 1979. En las anteriores, en mayo de 2019, el temor político estaba centrado en los efectos del Brexit (salida del Reino Unido de la UE, tras el referéndum de junio de 2016), el riesgo de avance de la ultraderecha nacionalista en Francia, Holanda, Italia y Alemania. Ahora, en estas elecciones del 9 de junio, está en juego el propio proyecto europeo: si avanzamos hacia “más Europa” o si retrocedemos a posturas nacionalistas, con más peso de los Estados y menos avances en la integración económica, financiera, fiscal y política en Europa. De nuevo, elegimos entre “avanzar” o “retroceder” en los Estados Unidos de Europa.
Etiquetas:
cambio climático,
Comisión Europea,
competitividad,
Defensa,
elecciones europeas 2024,
extrema derecha,
inmigración,
Meloni,
Parlamento europeo,
PP,
PPE,
Seguridad europea,
socialdemócratas,
VOX
jueves, 21 de septiembre de 2023
Retrocesos frente a la Crisis Climática
Las olas de calor del verano y las inundaciones han dejado
claro que estamos ante una grave Crisis Climática
(no un “Cambio Climático”: demasiado
suave). Pero no hacemos nada para
atajarla. Es más, las emisiones de CO2
aumentan
este año, tras subir en 2021 y
2022. Y eso, porque los paises han
subvencionado las energías fósiles para reducir la inflación, con ayudas a
los carburantes, la luz y el gas,
alimentando emisiones. Y encima, en
Europa avanzan las posiciones
negacionistas, con el Partido Popular Europeo (incluido el PP español) votando en contra (en julio y
septiembre) de 2 Leyes para proteger la naturaleza y reducir la contaminación.
Y en España, con el PP (y Vox) gobernando 11 autonomías y
44 grandes ciudades, se está dado marcha atrás en las zonas de bajas emisiones o suprimiendo carriles bici. Ojo: la defensa
del medio ambiente es de sentido común y no debe tener un sesgo político.
Nos jugamos la salud, la economía y el Planeta. Es pura supervivencia. Enrique Ortega
La ONU acaba de dar otra alerta ("hemos abierto las puestas del infierno") sobre la Crisis Climática, la enésima en los últimos años: las emisiones de CO2 y otros gases de efecto invernadero, culpables del “Cambio Climático”, siguen aumentando en 2023, un +0,3% en el primer semestre, por un mayor consumo de los combustibles fósiles (petróleo, gas, carbón) en la industria y el transporte, aunque han bajado las emisiones de los hogares y la producción de electricidad. Y esto es grave porque ya subieron las emisiones de CO2 en 2022 (+1%) y en 2021 (+6%), tras la bajada (por la recesión derivada del COVID) en 2020 (-5,4%), por primera vez desde 2015. Con ello, se ha vuelto a batir el récord de CO2 en la atmósfera: en mayo de 2023, en Hawái, se alcanzaron las 424 partes por millón (ppm), el doble que al inicio de la Revolución Industrial (280 ppm en 1850) y la mayor concentración en los últimos 3 millones de años…
La ONU acaba de dar otra alerta ("hemos abierto las puestas del infierno") sobre la Crisis Climática, la enésima en los últimos años: las emisiones de CO2 y otros gases de efecto invernadero, culpables del “Cambio Climático”, siguen aumentando en 2023, un +0,3% en el primer semestre, por un mayor consumo de los combustibles fósiles (petróleo, gas, carbón) en la industria y el transporte, aunque han bajado las emisiones de los hogares y la producción de electricidad. Y esto es grave porque ya subieron las emisiones de CO2 en 2022 (+1%) y en 2021 (+6%), tras la bajada (por la recesión derivada del COVID) en 2020 (-5,4%), por primera vez desde 2015. Con ello, se ha vuelto a batir el récord de CO2 en la atmósfera: en mayo de 2023, en Hawái, se alcanzaron las 424 partes por millón (ppm), el doble que al inicio de la Revolución Industrial (280 ppm en 1850) y la mayor concentración en los últimos 3 millones de años…
El último
informe de la ONU advierte que este récord de emisiones de CO2 ya han
provocado una subida de la temperatura
mundial de 1,15 grados sobre el año 1850, muy cerca del tope marcado en la
Cumbre del Clima de París (2015): no superar en 1,5 grados para el año 2100. A
este ritmo de emisiones, la temperatura subiría hasta 2,8 grados a
finales del siglo, lo que provocaría un caos climático, con
graves efectos para la salud, la agricultura y la alimentación y el Planeta,
afectando más a algunas zonas y paises. Y recuerdan que la Crisis Climática ya
ha provocado graves
daños el mundo: más de 2 millones de muertes y 4,3 billones
de dólares de pérdidas, sólo entre 1970 y 2021, afectado más a los
paises en desarrollo (que se han llevado el 90% de las muertes y el 60% de las
pérdidas).
En definitiva, que aunque los desastres naturales (olas de
calor, sequías, inundaciones, tornados, malas cosechas y hambre) son cada día
más patentes, el mundo no aprende y sigue
aumentando sus emisiones y alimentando la Crisis Climática. Unos más que
otros. Así, entre enero y finales de julio de 2023, las emisiones mundiales de
CO2 y otros gases de efecto invernadero han crecido un +0,5%, según los últimos datos
de Carbon Monitor, aumentando las emisiones en el transporte terrestre
(+0,8%), vuelos internacionales (+0,3%), industria (+0,2%) y vuelos nacionales
(+0,1%), bajando sólo en la generación de electricidad (-0,1%).
Las emisiones bajan este año en Europa (-4,3%), más en Alemania (-5,5%)
e Italia (-5,4%) que en España (-2,6%)
o Reino Unido (-1,3%), en EEUU (-3,6%), en Japón (-5,2%) y en Brasil (-2,6%),
pero suben en China (+3,7%), India (+6,7%) y Rusia (+3,2%), tres paises claves porque emiten
casi la mitad del total de CO2 mundial (30,3% China, 7,62% India y 5,1%
Rusia). Los tres defienden que no pueden poner en peligro su crecimiento futuro
y que los paises desarrollados llevan siglo y medio contaminando, además de que
emiten más CO2 por habitante. De hecho, EEUU
emite 14,24 Tm de CO2 por habitante y la UE 8,39 Tm frente a 8,73 Tm China y
1,90 India, aunque Rusia produce 13,52 Tm per cápita.
Visto el panorama actual, la ONU se queja de que los
paises no toman medidas para reducir
sus emisiones y las que toman son para aumentarlas. Así, denuncian que
en los últimos dos años, casi todos los paises (sobre todo los desarrollados)
han aprobado más ayudas y subvenciones a los combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón, los grandes
responsables de las emisiones de gases de efecto invernadero), dentro de Planes
para atajar la inflación. Sólo en 2022, las ayudas públicas mundiales a la
utilización de combustibles fósiles fueron de 7 billones de dólares (6,5 billones de euros), 1 billón más que en 2020, según
un informe del FMI. La mitad de estas ayudas públicas las han dado Asia
oriental (China) y EEUU, el resto India, Rusia y la Unión Europea, precisamente
los grandes emisores de CO2. España
concedió en 2022 unos
10.500 millones de euros en
ayudas públicas a los combustibles fósiles, desde la subvención a los
carburantes (20 céntimos), al gas (industrias y particulares) y a la generación
de electricidad (subvención al gas), lo que ha beneficiado a consumidores,
eléctricas, gasistas y petroleras pero a la vez ha “alimentado” las emisiones. Por eso, la ONU pide suprimir estas ayudas y destinar esos
billones a promover energías limpias.
Otro tema preocupante en la lucha contra la Crisis Climática
es el
avance
de las posturas negacionistas en Europa,
el continente que más ha apostado por el
medio ambiente. El auge de la extrema
derecha en la mayoría de paises europeos ha llevado a la derecha europea a asumir parte de sus
postulados “negacionistas”, para no perder votos. Y así, en los últimos meses,
hemos asistido a dos votaciones en el
Parlamento Europeo donde el
Partido Popular Europeo (y también el
PP español) han votado en contra de dos Leyes promovidas por la
Comisión Europea dentro del llamado Pacto
Verde europeo.
La primera Ley, la
Ley de Restauración de la Naturaleza (LRN) procede de un Reglamento
aprobado en junio de 2023 por la Comisión Europea para restaurar los
ecosistemas europeos, el 80% dañados. La Ley, que pretende restaurar al menos el 20% de las zonas terrestres y marítimas europeas
para 2030, salió
adelante en el Parlamento europeo el pasado 12 de julio, con 336 votos a favor, 12 abstenciones y 300 votos en contra del PP europeo (y
del PP español), junto a la extrema
derecha europea (y Vox). Dos meses después, el 13 de septiembre, esos
mismos partidos votaron en contra de la
nueva Directiva de la Calidad del Aire,
promovida también por la Comisión Europea para establecer límites más severos a los
indicadores de contaminación, para 2035, en línea con los límites que
recomienda la OMS. Y eso porque la contaminación
atmosférica provoca
más de 300.000 muertes al año en la UE (24.000 en España). A pesar de
ello, la propuesta de Directiva tuvo 226
votos en contra (PP europeo y español, más la ultraderecha europea y Vox),
46 abstenciones y 363 votos a favor.
Ahora, ambas Leyes
medioambientales, aprobadas con
fuerte oposición en el Parlamento Europeo, deben concretarse en una negociación entre la Comisión, el
Parlamento y los distintos Gobiernos europeos. Pero el
ambiente político es complicado, porque la derecha europea (PP europeo)
está virando hacia posiciones negacionistas, preocupada por el ascenso de la
extrema derecha ante las elecciones
europeas de junio de 2024. Y además, crecen las posturas negacionistas, para “suavizar”
las medidas medioambientales en muchos paises, no sólo en Polonia y
Hungría. Así, el gobierno italiano de la ultraderechista Meloni
bloquea los nuevos límites que estudia la Comisión Europea para las emisiones de coches a partir de 2030. Y Alemania
ha tenido problemas internos para
aprobar la “Ley
de calefacción”, para promover bombas de calor frente a las calefacciones
de gas. En general, avanzan las posturas
contrarias a medidas de defensa del medio ambiente, con la excusa de que atacan la economía, los agricultores y el nivel de
vida. Ayer mismo, el Gobierno británico anunció que revisará a la baja sus objetivos medioambientales "para no dañar a la economía y a los británicos" .
En España, con el
avance de la derecha y la extrema derecha en las elecciones autonómicas y municipales
de mayo, también han avanzado
las posiciones negacionistas del Cambio Climático y las medidas
medioambientales, con cada vez más políticos, medios y ciudadanos que critican
lo que denominan “la
religión climática de Occidente”. Y eso está suponiendo un
retroceso en la lucha contra el Cambio Climático promovida por la Ley de 2020.
Primero, en las 11 autonomías
donde gobierna el PP (en 5, con la ultraderecha de Vox), ya se han dado
muestras de una “menor sensibilidad
medioambiental”: reducción normas medioambientales, ampliación de regadíos,
reducción espacios protegidos, fomento de la caza, reversión políticas europeas (como en el uso
de pesticidas), freno limitaciones pesqueras… Por un lado, los políticos de Vox
se han hecho con varias consejerías
de Agricultura (Castilla y León, Extremadura, Comunidad Valenciana, Aragón)
y en otros casos se ha suprimido la consejería de Medio Ambiente (Baleares) o
se le ha dado a Vox el control de parte de las inversiones medioambientales
(Murcia y el Mar Menor).
Después, en las 44
capitales y grandes ciudades que ahora gobierna el PP (en muchas, con Vox),
también se están dando retrocesos en las
políticas medioambientales. Por un lado, varios Ayuntamientos han
suprimido los carriles bici, algunos ya construidos (con Fondos
europeos): es el caso de Valladolid,
Elche, Palma de Mallorca, Gijón o Logroño (donde se ha eliminado un carril
bici subvencionado ya con 2 millones de Fondos del programa UE Next Generation
para luchar contra el Cambio Climático, como también Valladolid, Elche o
Gijón). Y por otro, la mayoría de Ayuntamientos, en especial los gobernados por
el PP y Vox, han paralizado
la entrada en vigor de las Zonas de Bajas Emisiones (ZBE), para limitar
el tráfico en el centro de las ciudades, proyectos que habían recibido también
dinero de la UE.
Veamos el negacionismo
de estos Ayuntamientos para reducir la contaminación, cuando los expertos
denuncian que cada año mueren por la contaminación 24.200 españoles y que es
la causa principal de que aumenten los enfermos de cáncer en España. La Ley
contra el Cambio Climático, aprobada por el Gobierno Sánchez en 2020,
establecía que las 149 ciudades con más
de 50.000 habitantes (donde viven la mitad de los españoles) tenían que
poner en marcha, el 1 de enero de 2023,
unas Zonas de Bajas Emisiones (ZBE) para restringir el tráfico en los
centros urbanos y así reducir la contaminación. La realidad fue que sólo
aprobaron estas restricciones 20 ciudades,
con la excusa de que no les había dado tiempo a implantar los sistemas de
acceso, aunque la realidad es que no querían hacerlo por la cercanía de las
elecciones municipales (28-M). Pero, pasadas las elecciones, la realidad es
que, a primeros de agosto, sólo
están activas las ZBE en 14 ciudades: Madrid, Barcelona, Sevilla, Zaragoza,
Pontevedra, Hospitalet, Badalona, Pamplona, Sant Cugat del Vallés, Rivas
Vaciamadrid, Cornellá, A Coruña, Córdoba, la Línea de la Concepción y Badalona.
Y en otras 120 siguen en trámite, mientras no se sabe nada del resto.
Ahora, al menos 6
ciudades gobernadas por el PP (y Vox) han indicado que buscan retrasar
o reducir las Zonas de Bajas Emisiones (ZBE): Gijón (ahora permite aparcar en el centro coches sin etiqueta), Valladolid (quiere reducir la zona ZBE
y retrasarla a finales de 2024), Castellón
y Lorca, Majadahonda (el Ayuntamiento ya votó en febrero que no pondrá en
marcha la ZBE) y Elche. El
último Ayuntamiento “rebelde” ha sido Badalona,
cuyo alcalde (por mayoría absoluta) es el exlíder del PP catalán García Albiol:
este 25 de septiembre van a aprobar paralizar la ZBE aprobada por el anterior
consistorio (y por la que recibieron 2 millones de euros de Fondos UE)
y fijar una moratoria de 3 años para aplicarla.
El Gobierno ya ha reaccionado ante esta “rebeldía
negacionista” de la derecha, que incumple la Ley vigente contra el
Cambio Climático. Por un lado, la
ministra de Transición Ecológica amenazó el martes con llevar al
Ayuntamiento de Badalona y a los demás a
los Tribunales. Y por otra, el
Ministerio de Transportes ha recordado a los Ayuntamientos que el Gobierno
transfirió 1.500 millones de euros de
Fondos europeos para que los municipios implantaran carriles bicis o Zonas
de Bajas emisiones. Y que si no lo hacen, tendrán que devolverlos.
En resumen, que la crisis Climática avanza, en el mundo y en
España, y los Gobiernos siguen financiando las energías fósiles (para intentar
rebajar la inflación) y avanzan las posturas negacionistas (promovidas por la
ultraderecha y “asumidas” por una gran parte de la derecha), en Europa y en
España. Malas noticias, porque la
realidad es que los síntomas de la Crisis Climática se agravan y causan cada
día muertes y daños. Sólo en 2021, los daños por el Clima en Europa
fueron de 15.154 millones de euros, según
Eurostat. Y rondan los 500.000 millones las pérdidas por causas climáticas en Europa desde 1.980, sin olvidar
los miles de muertos por las olas
de calor (6.000
en España en 2022), incendios, desastres naturales, contaminación
y enfermedades asociadas). Y a eso hay que sumar los daños en la agricultura y las cosechas (que disparan el precio de
los alimentos), en el turismo y las infraestructuras y en la economía, sobre
todo en la Europa del sur y el este y sur de España.
Urge una reflexión: la
lucha contra la Crisis Climática debería ser una cuestión “de sentido común”,
al margen de la política: hay que preservar el medio ambiente para evitar
una crisis climática que acabe con vidas, cultivos, la economía y el Planeta. Los científicos
llevan años diciéndonos qué hay que hacer: dejar de utilizar los
combustibles fósiles y cambiar el modelo de vida y crecimiento, para que sea
sostenible. Aprobar medidas concretas
para reducir más drásticamente las emisiones de CO2 (un -43% en 2030 y
0 emisiones netas para 2050, según la ONU)
y reducir la contaminación que mata. Salvar
el medio ambiente no debe ser de izquierdas ni de derechas. Es algo obvio, una cuestión de supervivencia.
Etiquetas:
cambio climático,
carriles bici,
Comisión Europea,
Crisis Climática,
daños climáticos,
emisiones CO2,
energías fósiles,
muertes climáticas,
ONU,
PP,
recorte emisiones,
VOX,
Zonas bajas emisiones
Suscribirse a:
Entradas (Atom)