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jueves, 3 de octubre de 2019

La salud mental de los españoles tras la crisis


La crisis iniciada en 2008 y sus secuelas han afectado poco a la salud física de los españoles pero ha dañado nuestra salud mental, según un estudio de 2018 realizado por encargo del Ministerio de Sanidad. Y han sido los parados, sobre todo los que llevan varios años sin trabajar, los que sufren más trastornos mentales. Ellos y sus familias, incluidos niños y jóvenes con trastornos de conducta y fracaso escolar. Al final, 9 de cada 100 adultos tienen algún trastorno mental y más de 1 millón de españoles tiene un trastorno mental grave. Y hay 10 muertes por suicidios al día en España, el triple que muertes por tráfico, muchos por depresión y trastornos mentales. La OMS considera que, para 2030, la salud mental será la primera causa de discapacidad en el mundo y el mayor reto sanitario de Europa. Urge tomar medidas para mejorar la salud mental de los españoles y reducir la angustia de parados, trabajadores precarios y familias pobres. Conseguir que la crisis no les supere.


La Gran Recesión de 2018 ha cambiado a fondo nuestras vidas, desde el trabajo y los sueldos a cómo gastamos, dónde vivimos y hasta los hijos que tenemos. Pero, ¿ha afectado también a nuestra salud? Para saberlo, el Ministerio de Sanidad encargó un estudio a 6 expertos universitarios. Y sus conclusiones, publicadas a finales de 2018, son reveladoras: la crisis ha afectado poco a nuestra salud física (de momento: dicen que podría pasarnos factura más adelante) y bastante a nuestra salud mental, empeorándola.

El estudio revela que la salud física de los españoles no parece haber empeorado con la crisis: seguimos con una baja tasa de mortalidad y con una de las mayores esperanzas de vida del mundo, con muchos años de vida saludable y baja mortalidad infantil, aunque advierten que debemos ser cautelosos, porque a veces los efectos negativos de las crisis tardan en manifestarse. Eso sí, hay algunos indicadores sanitarios que han empeorado: han aumentado los tumores y ganan peso entre las causas de muerte, han ido a más la diabetes, hipertensión y obesidad (quizás en parte por el estrés y los malos hábitos por la crisis), hay más enfermedades de corazón y asma (sobre todo entre inmigrantes) y los jóvenes consumen ahora más alcohol, tabaco, drogas y pastillas que antes de la crisis. Y además, los recortes de presupuestos y plantillas (médicos y enfermeras) han deteriorado la asistencia sanitaria, colapsando consultas y urgencias y multiplicando las listas de espera.

Pero lo más llamativo de la crisis ha sido que ha empeorado bastante la salud mental de los españoles, según el estudio, sobre todo “en los varones en edad laboral, especialmente en personas en situación de desempleo o con empleos precarios”. Aquí, en estos dos colectivos, “la prevalencia (riesgo) de padecer una enfermedad mental es del 29,2%, frente al 14,9% en el conjunto de la población ocupada”, concluyen. Y además, los problemas mentales han afectado más a los españoles sin estudios: el 27% han estado en riesgo de padecer un problema mental o depresión, frente al 14,7% entre españoles universitarios. Y no han sido sólo los trabajadores precarios o parados poco formados los que han sufrido o sufren problemas mentales: la enfermedad ha caído sobre sus familias, en especial sobre mujeres (separaciones y malos tratos), niños y jóvenes, que tras sufrir problemas económicos en casa, padecen más problemas de trastornos de conducta, adicciones y fracaso escolar, según un estudio sobre adolescentes de 2016, coordinado por Josep Matalí.

Otro estudio, recientemente publicado por el Observatorio Social de la Caixa, ha analizado los efectos del desempleo en la salud mental de los parados españoles, entre 2006 y 2011. Y también concluye que el paro, sobre todo el de larga duración (más de 1 año sin trabajo) ha afectado muy negativamente a la salud mental de estos parados. Concretamente, han comprobado que un aumento del 10% en el paro en la construcción (aumentó del 6 al 24% durante la crisis) aumentó un 3% las enfermedades mentales en estos parados. Y eso, porque el desempleo provoca aislamiento, estrés económico, “auto condena” y sensación de “inutilidad personal”, priva a las personas de rutinas y experiencias compartidas y les quita la posibilidad de “contribuir al bienestar de la familia y la sociedad”, factores que llevan en muchos casos a la depresión y a los trastornos mentales.

El riesgo de sufrir un problema mental se agrava si el parado lleva mucho tiempo sin trabajo, según todos los estudios médicos. Y esto ha pasado más factura en España porque somos el 2º país de Europa (tras Grecia) con más paro de larga duración, según Eurostat: lo sufren el 6,4% de la población activa en España, frente al 2,9% en la UE-28. En junio, último dato de la EPA, había 1.006.900 parados que llevaban más de un año sin trabajar, el 44,71% de todos los parados (y de ellos, 668.342 llevan más de 4 años parados, según el SEPE). El problema afecta sobre todo a los parados mayores de 50 años: son el 70% de los desempleados que llevan más de 4 años sin trabajar. Y además, tienen un futuro oscuro, porque las empresas reconocen que “descartan” de entrada la mayoría de currículos de las personas con más de 55 años, según una encuesta de la Fundación Adecco.

Al final, el paro, el trabajo precario y los bajos salarios que nos ha dejado la crisis han agravado los problemas de salud mental, en España y en el resto del mundo. La propia Organización Mundial de la Salud (OMS) destaca el paro (sobre todo el de larga duración) como “un factor de riesgo” de los problemas mentales, aunque añade otros: horarios excesivos, condiciones de trabajo, inseguridad laboral, falta de trabajo en equipo y, sobre  todo, el “acoso laboral” (“mobbing”). Y todo ello provoca que haya 264 millones de personas en el mundo con depresión, según la OMS, lo que cuesta muchas vidas (se producen 800.000 suicidios al año) y muchas pérdidas económicas (1 billón de dólares al año). Y vamos a más, por lo que la OMS estima que para 2030, la salud mental será “la primera causa de discapacidad en el mundo” y “el principal reto sanitario en Europa”.

En España, la crisis ha agravado la salud mental y ahora los datos son muy preocupantes. El primero, que un 9% de españoles adultos tiene “algún trastorno mental”, lo que supone 3,5 millones de españoles. Y, de ellos, entre el 2,5 y el 3% de la población adulta tiene “un trastorno mental grave”: son más de 1 millón de españoles, según la última estadística aportada por la Confederación Salud Mental España.  El segundo dato llamativo es que los problemas mentales tienen un coste anual que ronda los 80.000 millones de euros (entre el 6 y el 8% del PIB), sumando costes económicos y sanitarios.

Pero el peor coste de los problemas mentales es en vidas humanas: en España se produjeron 3.679 suicidios en 2017, según el INE, más de 10 muertes por suicidio al día (3 de cada 4 son hombres), entre el 65% y el 95% provocadas por depresiones y trastornos mentales, según Salud Mental España. Son la primera causa de muerte no natural en España desde hace 11 años y la tercera causa de muerte entre jóvenes (se suicidan unos 300 al año). En conjunto, duplican las muertes por accidentes de tráfico, superan en 11 veces a los homicidios y 80 veces las muertes por violencia de género. Y además, otras 200 personas intentan suicidarse cada día en España sin conseguirlo, según Salud Mental España.

Los problemas de salud mental se han agravado con la crisis y la perspectiva es que sigan creciendo: el 15% de los adultos españoles tendrán algún problema de trastorno mental a lo largo de su vida, según estima Salud Mental España: son 5,8 millones de personas, casi 1 de cada 6 españoles. Como para que el problema, agravado con la crisis, sea una prioridad para la salud pública. Sin embargo, los expertos denuncian que faltan medios y recursos: hay pocos servicios de atención a los enfermos mentales y las consultas y unidades hospitalarias están colapsadas. La Confederación Salud Mental España se queja de que no se incluya la atención mental en los programas de salud pública y que no exista un Plan de prevención del suicidio, que mata el doble que el tráfico. Y denuncian que hay un “estigma social sobre las enfermedades mentales y el suicidio, que la sociedad y los Gobiernos “miran para otro lado”, cuando debería ser una prioridad en la agenda política, sanitaria y social.

En junio, la ministra de Sanidad en funciones se comprometió en el Senado a elaborar una Estrategia Nacional de Salud Mental antes de fin de año, promesa que va a depender del resultado electoral. Salud Mental España, que colabora en preparar esa estrategia, ha propuesto una serie de medidas, que se centran en cuatro frentes: aprobar un teléfono de 3 cifras (similar al 016 o el 112) para atender a los posibles suicidas, prevenir los problemas emocionales desde la escuela, apoyar a las familias, mujeres e inmigrantes más vulnerables y visibilizar el suicido y los problemas mentales en los medios (Campaña #Habladelsuicidio), para quitarles el negativo "estigma social" que ahora tienen (en Canadá se ha hecho, con buenos resultados).

Quizás venga otra crisis. Pero llegue o no, todavía hay 10 millones de españoles vulnerables, según el informe FOESSA, por problemas de paro, trabajo precario, pobreza, falta de vivienda, aislamiento social y muchos otros. Y si vuelven los problemas, lo sufrirán en su salud, física y mental. Por eso, una de las prioridades del próximo Gobierno debería ser aprobar un Plan de choque por la salud mental concentrado en las “bolsas de desolación”: los colectivos (mayores de 50 años, mujeres y jóvenes), sectores (industria, campo, servicios) y provincias (Melilla, Ceuta, Cádiz, Granada, Jaén, Las Palmas, Sevilla y Badajoz tienen más del 20% de paro) que más sufren la crisis. Y un Plan específico contra el paro de larga duración, el mayor detonante de problemas mentales, con medidas concretas para fomentar la contratación de los mayores de 50 años, mujeres y jóvenes. Y por supuesto, aprobar ese prometido Plan de Salud mental, integrado en una política sanitaria con más medios.

La crisis de 2008 y sus secuelas hasta hoy nos ha cambiado la vida, pero a muchos también la salud, provocando depresiones, trastornos mentales y suicidios, que han hundido a miles de familias. Es hora de mirar de frente ese problema y tratar de paliarlo, con decisión política, medios y apoyo social. Porque la economía debe servir para mejorar la vida de las personas, no para hundir su salud física y sobre todo mental. Crezcamos sanos.

jueves, 19 de junio de 2014

La crisis nos enferma


Esta crisis va a cumplir 6 años y sus secuelas se notan no sólo en nuestros ingresos, nuestro trabajo (o paro) y nuestra forma de vida sino también en nuestra salud: hay más españoles que van al médico cada día con ansiedad, estrés o depresión. Y aumentan los ancianos, niños y padres de familia con problemas de salud, fruto de problemas económicos o de vivienda, estrés en el trabajo, abandono escolar, paro o dificultades familiares. Al final, como la sanidad pública no está preparada para esta avalancha de enfermedades provocadas por la crisis (tenemos un tercio de psicólogos y psiquiatras que Europa), la gente se busca atajos para evadirse y sobrevivir: pastillas (se ha duplicado el consumo de antidepresivos), alcohol y drogas, donde somos líderes europeos en consumo. Es urgente valorar el problema y poner en marcha un Plan sanitario contra la crisis, para que no salgamos de ella enfermos.
enrique ortega

En Europa, el impacto sanitario de la crisis es evidente, según un estudio publicado en la revista Lancet. Han aumentado los suicidios en la mayoría de países, con repuntes destacables en Grecia, Irlanda y Letonia. Una tendencia que es la punta del iceberg de los trastornos psiquiátricos subyacentes, con una mayor incidencia de la depresión, estrés y ansiedad en Inglaterra, Eslovenia, Grecia y España. Otros estudios alertan sobre una mayor incidencia de enfermedades transmisibles, desde nuevos brotes de malaria en Grecia a mayores infecciones de VIH (entre usuarios de droga) en Lituania y Rumanía. Y se detecta un mayor consumo de alcohol y drogas, junto a una peor alimentación, según el informe SEPAS 2014.

En España, la crisis ha aumentado casi un 20% los problemas de depresión, presentes en casi la mitad (47,5%) de los pacientes que acuden a los centros de salud, según el Consejo de Psicólogos. En Andalucía, la región con más paro (36%) y más pobreza (4 de cada 10 andaluces), la depresión es la tercera causa de consulta en atención primaria, según un informe de la Junta de Andalucía. En toda España, los médicos de familia están desbordados y un 20% de todo lo que recetan son ansiolíticos, los segundos medicamentos más vendidos.

Los síntomas de la depresión de  muchos españoles son cansancio, ansiedad, estrés y apatía. Muchos son parados y padres de familia con problemas y mujeres agobiadas por sacar adelante su casa. No siempre presentan un cuadro de depresión: muchas veces han somatizado sus problemas y acuden al médico con hipertensión, desnutrición y obesidad, diarreas, dolores de estómago, mareos, palpitaciones o anemias. Pero el origen está en la ansiedad, el estrés o la depresión que tienen detrás. Y que es difícil de curar.

El colectivo más vulnerable son los casi 6 millones de parados, sobre todo la mitad larga que ya no cobra ningún subsidio (3.262.215 desempleados, la mayoría llevan más de 2 años sin trabajo). El 40% tiene dificultad para dormir, muchos tienen relaciones tensas con la familia y problemas sexuales. Y un riesgo de padecer una enfermedad mental cinco veces mayor que un ocupado, según el Congreso de Psiquiatría. Otro factor de riesgo es tener un familiar en paro (mujer o hijo) y el tercero, no poder pagar la hipoteca. Así, los padres de familia en paro, con hijos o mujer sin trabajo y con riesgo de desahucio son los más proclives a enfermar.

Y al suicidio. En España hay 10 suicidios al día, 3.539 casos en 2012 (último dato), habiendo crecido desde 2010, probablemente por la crisis. El 90% de los suicidas tienen trastornos mentales y el problema es especialmente grave entre los hombres de 25 a 34 años, donde el suicidio es la primera causa de muerte en España, por delante de los tumores. En algunos países europeos tienen planes de prevención, pero en España sólo lo tiene Cataluña.

Los que tienen un trabajo tampoco se libran de los problemas de salud (casi uno de cada cinco trabajadores enfermó en 2013, según el INE), por el temor a perder su empleo, el endurecimiento de las condiciones laborales o la precariedad en el empleo. El estrés laboral afecta al 40% de los asalariados, según el INE. Y aumenta el riesgo de sufrir una enfermedad cardiovascular, según la Fundación Española del Corazón. Además, el estrés aumenta las bajas laborales (un tercio son por depresiones), deteriora la productividad (se pierden unos 5.000 millones al año) y aumenta los accidentes laborales.

Los problemas de la vivienda son otro factor de riesgo para la salud (depresión, insalubridad, enfermedades contagiosas), sobre todo el pago de la hipoteca (el 77% de familias en riesgo de desahucio sufren ansiedad, según la PAH), o el alquiler, el hacinamiento (hijos que vuelven a la casa de sus padres) y la pobreza energética (dificultad para pagar luz, agua y calefacción), que afecta ya 7 millones de españoles, provocando 7.000 muertes al año (sobre todo entre ancianos), según el estudio ACA. Un 70% de las personas atendidas por problemas de infravivienda o alquiler presentan problemas de salud mental, según un informe de Cáritas.

Otros problemas sanitarios derivan de la mala alimentación, agravada con la crisis: más comida basura y grasas o bollería industrial, menos consumo de frutas, verduras, pescados y carnes y un mayor riesgo de obesidad ligada a la pobreza, según el informe SEPAS 2014. Sin olvidar que 2 millones de españoles comen cada día gracias a los Bancos de Alimentos y ONGs. Y que muchos niños escolarizados están malnutridos. La crisis también afecta a la sexualidad de las personas y a su descendencia: en 2013 hubo 80.000 nacimientos menos que en 2008 y las mujeres tienen menos hijos (1,38) y más tarde (32 años).

Al final, los colectivos más vulnerables en su salud, tras los padres de familia, son los ancianos, jóvenes y niños. La mortalidad aumentó en España en 2012 (último dato INE), por segundo año consecutivo (402.950 muertes, frente a 371.478 en 2006), básicamente porque el país ha envejecido, aunque la crisis aumenta la mortalidad de los ancianos por varias vías: recorte ayudas a la dependencia, congelación de pensiones, copago de medicamentos (menos medicación enfermos crónicos), pobreza energética y angustia por ayudar a los hijos. En niños y adolescentes, la crisis familiar, el abandono escolar y la alta tasa de paro juvenil (56%) son el caldo de cultivo de problemas: 1 de cada 8 niños y adolescentes, más de un millón de jóvenes, presentan trastornos mentales, según el Libro Blanco de la Psiquiatría infantil.

Este cúmulo de problemas superan a una sanidad pública ahogada por los recortes (-9.148 millones entre 2010 y 2014, un 14,3% menos de recursos) y donde la salud mental ya era el pariente pobre antes de la crisis: se la dedica 5 de cada 100 euros de gasto sanitario, frente al 10% en Europa. Y sólo tenemos 6 profesionales especializados (psicólogos o psiquiatras) por cada 100.000 habitantes, frente a 18 en Europa (53 en Alemania). Con ello, el problema les cae encima a los médicos de familia (sin una formación específica), que echan mano de lo más sencillo: recetar pastillas.

El consumo de antidepresivos se ha duplicado en España con la crisis, pasando de 30 dosis por 1.000 habitantes (2000) a 64 (2012), frente a 50 en Francia o Alemania y 56 en la OCDE. En 2013 ya se vendieron 39,2 millones de envases, a los que hay que sumar otros 55 millones de envases de tranquilizantes, 14 millones de antipsicóticos y 22 millones de sedantes. Un consumo que crea dependencia, ya desde la juventud (11,6% entre menores 18 años).

Otros atajos contra los problemas, además de las pastillas, son el alcohol y las drogas, donde España lidera las estadísticas europeas. El alcohol  crece incluso entre los más jóvenes: más de la mitad de los menores (14-18 años) han hecho botellón en el último mes y se han emborrachado en el último año, según el último estudio de Sanidad. Y somos el segundo consumidor europeo de cocaína y el tercero de cannabis, que ha consumido 1 de cada 4 menores el último año. El abuso del alcohol y las drogas se revela en este dato estremecedor: la mitad de los muertos en accidentes de tráfico (2012) habían consumido alcohol o drogas.

Son datos suficientes como para urgir a tomar medidas. Primero, hay que evaluar el alcance del problema, como han hecho Andalucía y Cataluña, creando un Observatorio en la sanidad pública. Y luego, poniendo en marcha un Plan especial de salud contra la crisis, con múltiples medidas: unidades de detección en los centros de salud (con atención prioritaria a parados padres de familia, ancianos, niños y adolescentes), formación específica a los médicos de familia, creación de más unidades especializadas (psicólogos y psiquiatras) en la sanidad pública, formación en empresas y colegios y refuerzo de la medicina de empresa. Y una campaña decidida contra el consumo de pastillas, drogas y alcohol, con medidas eficaces para reducir su consumo entre los jóvenes.

La crisis y la errónea política de austeridad han atacado nuestro bienestar y nuestra forma de vida, en un proceso del que tardaremos años en salir. Pero hay que procurar salir sanos, sin secuelas y sin caer en los atajos de pastillas, drogas o alcohol, que nos hunden como personas y como país. Hay que salir de la crisis, pero lo más sanos posible. Es lo mínimo.